El diablo viste a la Moda 2… o todo lo que está mal en el mundo

Devil Wears Prada 2 o ‘El diablo viste a la Moda 2’ es una vitrina — como la propia Andy lo repite constantemente — a todo lo que está mal en el mundo… incluido el marketing, la visión de la responsabilidad corporativa, el mundo empresarial y la sociedad misma… y lo hace en una crítica tan deliciosa que termina siendo culposamente divertida.

La secuela podría haberse apoyado cómodamente en la nostalgia y repetir la fórmula de su predecesora; tiene guiños, claro, pero su aporte más significativo no es ese sino la crítica sin disfraces a cómo los medios modernos están erosionando el alma de los contenidos, cambiando sustancia por clickbait y profundidad por videos de dopamina efímera.

Esto convierte a esta secuela en un producto inesperadamente valioso.

El mundo de hoy, lo «woke» y la crisis de medios con valor

La cinta arranca con Runway en medio de una crisis de relaciones públicas, tras publicar un artículo, sin la revisión de Miranda, sobre Speedfash, una marca de moda rápida que les mintió sobre las condiciones laborales en sus fábricas. Cuando la bomba estalla, la situación trae de vuelta a Andy al lado de su icónica ex-jefa, con la misión de recuperar la imagen de la marca usando su “expertise” editorial, que recién fue galardonada en premios al periodismo.

¿Una crisis por un artículo sobre una marca que maltrata a sus colaboradores? Suena un poco woke, ¿no? tal vez, pero lo que es un pretexto para arrancar la cinta, se mantiene como trasfondo.

En múltiples artículos hemos mencionado que el movimiento woke tiene aristas genuinamente valiosas. El problema no es su esencia, sino la sobreactuación: la corrección exagerada que lo arrinconó hasta el punto en que hoy se halla, donde gran parte de la población lo rechaza.

La crisis de los media «con valor» y la transformación de todo

Todo parece ideal para la reincorporación de Andy, pero al volver, se topa con una realidad incómoda: el periodismo de fondo —y los contenidos profundos en general— está en terapia intensiva. La audiencia consume temas ligeros, rápidos y baratos. El video aplasta a lo escrito. Los anunciantes dictan reglas. Y los clicks mandan sobre todo lo demás.

Nigel se lo dice tan crudo como es. Runway ya casi no es una revista: quedan unos pocos ejemplares impresos que nadie compra, y el negocio real es online. La profundidad está muriendo — y eso era antes de la IA, así que hoy es peor. Como dato: las noticias falsas circulan 7 veces más rápido que las verdaderas.

Lo interesante es que la película no se queda en los medios. Usa la imagen de un edificio histórico que el nuevo interés romántico de Andy —ignorando su valor cultural— pone a la venta a través de departamentos remodelados. Esto, como una alegoría de lo que está pasando en todas las industrias: todas están en disrupción debido al pragmatismo, la búsqueda de ganancias rápidas y la IA.

Los dientes de lo woke

Como dijimos, todo arranca con el preteexto de un tema que mucha gente descartaría como “woke”: los derechos laborales (en el artículo de Runway). Y puede parecer exagerado, pero piensa: ¿dejarías de comprar calzado, ropa, accesorios de tu marca favorita porque trata mal a sus colaboradores? En la teoría todos decimos sí, pero nadie lo hace. Sin embargo, estos temas tienen dientes y muy afilados.

Así que si la crisis de medios es la piedra angular de la cinta, hay un segundo tema que no pasa desapercibido: la responsabilidad corporativa. La película lo muestra con muchísima mordacidad, pero el mensaje es serio — fallar en estos temas tiene consecuencias reales.

¿Cómo lo hace? A través de situaciones que cualquier persona en una empresa reconocería: el lenguaje incluyente que no sabes si usar o no, la cultura body positive que no sabes si apoyar públicamente, o la palabra «suicidio» que alguien (incluso la directora) pronuncia en una junta y congela la sala. Son momentos jocosos en pantalla, pero en la vida real son minas que pueden hundir a una empresa o cuando menos meterla en una crisis justo como le sucede a Runway.

El Diablo viste a la moda 2 y la RSE

La solución corporativa: corten todo y reporten rentabilidad

La muerte del CEO del holding al que pertenece Runway viene a complicar todo. Su hijo, heredero del imperio y nuevo dueño de Runway —un junior sin pasión por la revista— tiene una idea “brillante” para evolucionar el negocio: traer a un escuadrón de consultores de negocio. De esos que llegan sin conocer la cultura del cliente, pero cuya fórmula favorita es recortar para ahorrar y —al menos en Excel— reportar rentabilidad y mejoras en la empresa.

Miranda los llama sin dudar: ¡sepultureros!

Lo sé, muchos dirán que esas consultorías tipo McKinsey tiene razón al proponer recortes y eficientar operaciones. ¿Para qué pagar un departamento editorial completo, con oficinas y sueldos, si puedes pagarle a unos cuantos influencers y llegar a una audiencia más grande? El argumento es válido en una hoja de cálculo.

El problema es que nos regresa al punto de partida: la muerte de la profundidad en un mundo donde lo que importa son los views y los clicks. Todo lo demás es gasto… incluyendo puestos de trabajo.

Como cereza envenenada del pastel, una traición se gesta y la otrora renombrada publicación está a punto de venderse en una operación que la hará perder la visión que siempre ha tenido… Lo irónico es que todos tratan de salvarla a su modo, lo que complica aún más el clímax, que exquisitamente se desarrolla en Milán y es aderezado con la icónica Lady Gaga que tiene un enfrentamiento sutil de poder a poder con Miranda. Una joya.

Es en este caos donde la cinta llega a su punto más alto. En medio de traiciones, pragmatismo e intereses cruzados, Miranda se detiene y le dice a Nigel —su mano derecha, el único que se ha mantenido íntegro desde el principio:

“En un mundo en el que todos gritan y se quejan y se quejan y meten la pata y tratan de encubrirlo… ahí estás tú. Siempre has estado tú.”

El Diablo viste a la moda 2 y la RSE

¿Qué es en esencia El Diablo viste a la Moda 2?

Un espejo. Sin filtros.

Complaciente, es cierto. Hilarante, sí. Un duelo de actuaciones entre cuatro diamantes del cine, correcto. Pero más allá de la superficie, la secuela de Devil Wears Prada es un escaparate a la sociedad actual, a la podredumbre de un sistema que nos ha vendido el vacío vestido de poder y lujo, disfrazado de significado.

Ya no existen los CEOs visionarios que se sentían realizados con construir algo, generar empleo, ofrecer al mundo valor y obtener en ello una ganancia justa. No. Hoy deben ser ostentosos y maximizar los beneficios cada trimestre o la junta los echa. Y en un entorno así de cortoplacista, los objetivos solo se alcanzan explotando a los trabajadores, engañando a los clientes, retrasando los pagos a los proveedores o, peor aún, todo a la vez. Esto a nivel empresarial.

Pero en la esfera social no estamos mejor. Las redes sociales nos han hecho banales. Nadie vale por lo que es, nadie se conforma con ser… hay que demostrar. Hay que aparecer en Instagram con bolsas de lujo o el outfit de moda, jugando golf, bebiendo en el mejor club de la ciudad o en un jet. Emily lo expresa perfecto: “el comercio minorista de lujo es el único sector de la moda que genera ganancias”, refririéndose a cómo hoy los objetos que mostramos son lo que nos “define”.

Vemos a la misma Emily acicalándose en un ritual de belleza, mientras pretende educar a sus hijos a distancia, haciendo clara mofa de un mundo que no sabe lo que es la paternidad responsable pero ha normalizado inyecciones y sueros de belleza para olas de personas, insatisfechas con su apariencia.

De modo que sí, el empaque es una maravilla por donde se le mire —actuaciones, guión, música, locaciones, comedia— pero detrás de ello, la crítica es dura a todos los niveles. Ovación de pie.

El diablo anda suelto…

Este artículo se publicó inicialmente en el sitio de Luis Maram.


Luis Maram, Marketing y sostenibilidad
Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación

Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas

Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.

Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.

Modera Martha Herrera panel sobre cadenas de valor y la guía de mujeres en la nueva agenda ESG

Al considerar que las mujeres juegan un papel cada día más importante en el desarrollo de las empresas en la región, y para aportar herramientas para cerrar la brecha de género en tecnología y sostenibilidad, el Tecnológico de Monterrey organizó el Foro Women In, Mujeres que cambian el rumbo, en el que participó Martha Herrera. 

La consejera de empresas y de organizaciones de la sociedad civil moderó el panel “Hacia cadenas de valor responsables: Mujeres guiando la nueva agenda ESG de la región”, donde se dialogó sobre el papel que juegan las mujeres en las empresas en la actualidad. 

En su primera intervención en el panel, en el que participaron Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep; Carmen Garza T Junco, Fundadora y Directora de Fundación Frisa; y Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa; Herrera señaló que la organización de las empresas ha cambiado de forma radical y cada vez es más necesario atender factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés). 

“Las condiciones de la cadena de valor ha cambiado. Hay más presión regulatoria, hay más presión de los inversionistas, hay consumidores más informados, hay más necesidad de atraer, pero también de retener el talento, entonces, son muchas las presiones que tienen las pequeñas y medianas empresas que son parte de las cadenas de valor de las grandes empresas y si no hay este acompañamiento para lograrlo, pues difícilmente vamos a lograr tener un país con criterios ESG en su totalidad”, refirió la también gestora social. 

Herrera agregó que ella tiene más de 35 años de participar en los procesos de sostenibilidad, responsabilidad social y criterios ESG en muchas empresas, lo que le ha permitido ver como las mujeres son líderes en este movimiento. 

“Las mujeres sí hemos jugado un rol fundamental en redefinir esas prioridades (de políticas ESG), en articular esas alianzas y sobre todo en empujar esa ese pensamiento transformador, porque eso es lo que se requiere dentro de las organizaciones y las empresas”, señaló. 

En su participación, Carmen Garza T Junco señaló que la transformación de las comunidades es una prioridad para Frisa, por lo que se han enfocado en la creación de nuevos espacios educativos.  

“Creo que hay muchos ejemplos de cosas que podemos hacer en alianza, que pueden migrar a esa la sostenibilidad, cuando lo ves como un win-win.

“Actualmente, desde Frisa, les platico porque es un proyecto que nos trae muy muy emocionados, estamos alineando el modelo de negocio, fomentando la creación de una nueva preparatoria técnica y al principio me decían: ‘Bueno, es que esto es del área de Fundación, es como un área hacia la comunidad’. Y no, la verdad es que es un tema de sostenibilidad”, explicó Carmen Garza T Junco. 

Por su parte, Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa, explicó que desde Oxxo se han enfocado en que las marcas locales lleguen más lejos. 

“A veces no le pegas, o sea, de repente tienes una meta de energía renovable y creciste en otro lado que no se puede avanzar y también por qué no le pegaste. En cadena de valor, lo comenté hace rato, la parte de proveedores locales o proveedores es súper importante, los que son de la comunidad”, dijo. 

Y finalmente, Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep, explicó que la colaboración es uno de los temas en los que hay que centrarse.  

“Creo que ya lo hemos escuchado múltiples veces aquí, la colaboración, colaboración, no solamente entre empresas, sino entre diferentes sectores (…). En verdad, es solamente la colaboración la que nos va a llevar a ese punto donde queremos estar”, refirió.

Para cerrar el diálogo, Herrera agregó que durante su paso por la Secretaría de Igualdad e Inclusión se enfocó en que las empresas se sumaran a los criterios ESG y que desde el Gobierno se les diera un reconocimiento por ello. 

“Yo creo que nos queda claro a todos con esta conversación que los temas ESG no son temas periféricos, deben, deben ser temas estratégicos de cualquier organización, no nada más de las empresas, de los gobiernos, de las universidades, de las organizaciones y de las empresas para lograr realmente tener un Nuevo León y un México responsable, un México sostenible, que esté pensando en la vanguardia, que esté cambiando esos modelos de negocio y que esté tomando este tema no como declaraciones de escritorio, sino realmente en las decisiones, en las alianzas, en las métricas y lograr realmente incorporar a las pequeñas y medianas empresas es fundamental”, enfatizó Herrera. 

Fórmula E lanza el Gen4: el primer auto de carreras del mundo cero residuos

La sostenibilidad ya no es un discurso aspiracional dentro del deporte motor; hoy es una exigencia tangible que redefine la forma en que se diseñan, operan y evalúan las competencias. En este contexto, la Fórmula E presenta el Gen4, un modelo que combina alto rendimiento con principios de economía circular, posicionándose como el primer auto de carreras cero residuos en la historia del automovilismo profesional.

Este avance no solo responde a la evolución tecnológica del campeonato, sino a una presión creciente por integrar criterios ESG en industrias tradicionalmente intensivas en recursos. Así, el Gen4 no se limita a ser un vehículo más rápido: es una plataforma de innovación que demuestra cómo el auto de carreras cero residuos puede convertirse en un estándar replicable para otros sectores.

Rendimiento extremo con lógica sostenible

El Gen4 eleva significativamente los parámetros de desempeño dentro de la Fórmula E. Con una velocidad máxima superior a los 320 km/h y una aceleración de 0 a 96 km/h en apenas 1.8 segundos, el monoplaza marca un nuevo referente en la categoría. Además, logra reducir hasta 10 segundos por vuelta respecto a su antecesor en fases de clasificación.

Este incremento se explica por una potencia de hasta 600 kW —71% superior a la generación previa—, así como por mejoras en aerodinámica y estabilidad. El rediseño estructural, que incluye una carrocería más larga y neumáticos más anchos, permite gestionar esta potencia sin comprometer el control ni la seguridad.

Uno de los diferenciales más relevantes del Gen4 es su concepción bajo principios de circularidad. La Fórmula E ha diseñado este monoplaza para ser construido íntegramente con materiales reutilizables, integrando además más de un 20% de contenido reciclado en su composición.

La incorporación de fibra de carbono reciclada y materiales de base biológica responde a una lógica clara: reducir la dependencia de recursos vírgenes y minimizar los residuos generados a lo largo del ciclo de vida del vehículo. En este sentido, el auto de carreras cero residuos se posiciona como un caso de referencia sobre cómo aplicar la sostenibilidad en procesos de alta complejidad técnica.

Eficiencia energética: regeneración como ventaja competitiva

Más allá de los materiales, el Gen4 destaca por su capacidad de gestión energética. Su sistema de propulsión permite recuperar cerca del 50% de la energía utilizada durante la carrera, alcanzando niveles de regeneración de hasta 700 kW. Este enfoque no solo mejora la eficiencia del vehículo, sino que también reduce la demanda energética total, alineándose con objetivos globales de descarbonización. La integración de una batería de 55 kWh y un sistema de tracción integral de doble motor refuerza esta estrategia, equilibrando potencia y sostenibilidad.

El desarrollo del Gen4 es resultado de un ecosistema colaborativo en el que participan fabricantes líderes como Porsche, Jaguar, Stellantis, Nissan, Lola Cars y Mahindra.

Este modelo de co-creación permite acelerar la innovación y trasladar aprendizajes del entorno competitivo hacia soluciones comerciales. En consecuencia, el Gen4 no solo impacta al deporte, sino que también contribuye al desarrollo de tecnologías aplicables en la movilidad cotidiana.

De la pista a la estrategia ESG

El lanzamiento del Gen4 también puede leerse como una declaración estratégica. Para la Fórmula E, este modelo representa la consolidación de un enfoque donde la sostenibilidad forma parte del núcleo del negocio, y no de acciones periféricas.

En un entorno donde las empresas enfrentan mayores exigencias de transparencia y resultados, iniciativas como el auto de carreras cero residuos ofrecen evidencia concreta de que es posible integrar desempeño ambiental sin sacrificar competitividad ni innovación.

Desde la perspectiva de los pilotos, el Gen4 mantiene —e incluso amplifica— la esencia del automovilismo. Figuras como Lucas di Grassi destacan su aceleración y comportamiento dinámico, mientras que Jake Dennis subraya su velocidad y capacidad de ofrecer carreras más intensas.

Estas opiniones confirman que la transición hacia modelos más sostenibles no implica renunciar a la emoción, sino redefinirla. El Gen4 demuestra que la innovación ambiental puede coexistir con experiencias de alto impacto para audiencias globales.

Auto de carreras cero residuos: hacia un nuevo estándar sectorial

El concepto de auto de carreras cero residuos trasciende el ámbito deportivo. Su implementación abre la puerta a nuevas formas de diseñar productos, gestionar recursos y medir impactos en industrias diversas.

A medida que la sostenibilidad se convierte en un criterio de competitividad, este tipo de desarrollos pueden acelerar la adopción de prácticas más responsables, consolidando un cambio sistémico que va más allá del automovilismo. El Gen4 marca un punto de inflexión en la evolución de la Fórmula E y en la narrativa del deporte motor. Su capacidad para integrar rendimiento, eficiencia y circularidad lo posiciona como un referente en innovación sostenible.

En este contexto, el auto de carreras cero residuos no solo redefine lo que ocurre en la pista, sino también las expectativas sobre el papel de la tecnología en la construcción de un futuro más responsable. El reto ahora será escalar estas soluciones y convertirlas en la norma, no en la excepción.

Radar Expok, Abril 2026, Semana 5

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¿Bienestar o productividad? Por qué las empresas deben involucrarse en la salud mental

La conversación sobre bienestar laboral ha evolucionado rápidamente, pero aún persiste una tensión estructural: ¿hasta qué punto las organizaciones priorizan la productividad por encima de la salud mental? Hoy, la evidencia es contundente: las empresas deben involucrarse en la salud mental no solo por razones éticas, sino por su impacto directo en la sostenibilidad del negocio. Ignorar este vínculo ya no es una opción viable en entornos corporativos cada vez más exigentes.

En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, especialistas en bienestar y salud ocupacional han reiterado que la gestión de los riesgos psicosociales es una responsabilidad compartida, pero con un peso significativo en las organizaciones. Cuando las empresas deben involucrarse en la salud mental, el enfoque no puede limitarse a beneficios aislados; requiere una transformación estructural en la forma de gestionar el talento, el liderazgo y la cultura organizacional.

El costo invisible: cómo los riesgos psicosociales afectan a los colaboradores

Los datos revelan una realidad preocupante: cerca del 60% de los colaboradores buscan apoyo en salud mental dentro de sus organizaciones. Esta cifra no solo evidencia una demanda creciente, sino también un desgaste emocional acumulado que tiene origen, en gran medida, en el entorno laboral.

De acuerdo con la psicóloga clínica Selene Romero:

“sí hay una responsabilidad que se extiende no nada más en tu trabajo, sino qué pasa con el colaborador que los mandaste desgastado a su casa”.

Esta afirmación subraya que el impacto del trabajo trasciende la jornada laboral, afectando la vida personal y las relaciones de los colaboradores.

empresas deben involucrarse en la salud mental

Aunque el 60% de las consultas están relacionadas con problemas familiares o de pareja, estos no pueden analizarse de forma aislada. Las condiciones laborales, como cargas excesivas o falta de conciliación, actúan como detonantes que exacerban conflictos personales, amplificando el impacto de los riesgos psicosociales.

A nivel global, la magnitud del problema es aún más clara. La Organización Internacional del Trabajo estima que 840,000 personas mueren cada año por factores asociados a riesgos psicosociales, además de una pérdida equivalente al 1.37% del PIB mundial. Estos datos confirman que las empresas deben involucrarse en la salud mental como una prioridad estratégica.

El rol empresarial: corresponsabilidad y gestión de riesgos psicosociales

El marco normativo en México establece claramente que las empresas deben gestionar los riesgos psicosociales en el trabajo. Sin embargo, más allá del cumplimiento legal, existe una responsabilidad estructural en reconocer el impacto que las condiciones laborales generan en los colaboradores.

Las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una lógica preventiva. Esto implica no solo ofrecer servicios de atención psicológica, sino identificar y mitigar factores de riesgo como jornadas extensas, cargas de trabajo desproporcionadas o entornos laborales hostiles.

Selene Romero lo resume con claridad: “como empresa somos responsables del desgaste emocional que se genera en la jornada”. Esta perspectiva redefine el rol organizacional, trasladándolo de un modelo reactivo a uno proactivo en la gestión del bienestar.

No obstante, la corresponsabilidad también implica la participación activa de los colaboradores. El acceso a servicios de bienestar debe complementarse con una cultura que incentive su uso, reconociendo que el autocuidado es un componente esencial en la ecuación.

empresas deben involucrarse en la salud mental

Liderazgos tóxicos: el factor crítico que las empresas no pueden ignorar

Uno de los elementos más determinantes en la salud mental laboral es el estilo de liderazgo. Los llamados “jefes tóxicos” representan un riesgo directo para el bienestar de los equipos, al generar ambientes de trabajo donde predominan la presión, la falta de empatía y la inseguridad psicológica.

El médico ocupacional Leonardo Rodríguez advierte:

“si tenemos líderes que mantienen un ambiente tóxico […] los factores de riesgo psicosocial van a persistir”.

Esta afirmación evidencia que el liderazgo no solo influye en la productividad, sino que define la calidad del entorno laboral.

Las actitudes asociadas a liderazgos tóxicos incluyen micromanagement, comunicación agresiva, falta de reconocimiento y desinterés por el bienestar del equipo. Estas prácticas no solo afectan la salud mental, sino que erosionan el compromiso y la confianza organizacional.

Avanzar hacia liderazgos responsables implica desarrollar competencias emocionales, fomentar la empatía y establecer métricas que evalúen no solo resultados, sino también el impacto en las personas. En este sentido, las empresas deben involucrarse en la salud mental integrando el liderazgo como eje central de su estrategia.

empresas deben involucrarse en la salud mental

Productividad sostenible: cómo equilibrar desempeño y bienestar

El falso dilema entre bienestar y productividad ha sido uno de los principales obstáculos para avanzar en la agenda de salud mental. Sin embargo, la evidencia demuestra que ambos elementos son interdependientes: equipos saludables son más productivos, resilientes e innovadores.

Para lograr este equilibrio, las organizaciones deben implementar medidas concretas. Entre ellas, destacan la gestión adecuada de cargas de trabajo, la promoción de la desconexión digital, el diseño de esquemas flexibles y la evaluación continua del clima laboral.

Asimismo, es fundamental integrar indicadores de bienestar en los sistemas de medición del desempeño. Esto permite visibilizar la salud mental como un activo estratégico y no como un costo operativo.

Finalmente, las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una perspectiva sistémica, donde cada decisión organizacional —desde la estrategia hasta la operación diaria— considere su impacto en las personas. Solo así será posible construir modelos de productividad verdaderamente sostenibles.

Del discurso a la acción en salud mental corporativa

El debate sobre si priorizar el bienestar o la productividad está quedando obsoleto. Hoy, la evidencia apunta a una conclusión clara: las empresas deben involucrarse en la salud mental como parte integral de su estrategia de negocio y de su compromiso ESG. No hacerlo implica no solo riesgos humanos, sino también operativos y reputacionales.

El reto ahora es pasar del discurso a la acción. Esto requiere liderazgo, inversión y una transformación cultural profunda. En un entorno donde el talento es el principal activo, cuidar la salud mental no es solo una responsabilidad ética, sino una condición indispensable para la sostenibilidad empresarial.

Casi el 100% de compromisos climáticos en carne y lácteos es greenwashing: Análisis

La conversación climática ya no es marginal. Hoy, el consenso científico y social sobre la emergencia ambiental atraviesa gobiernos, empresas y consumidores, incluso frente a corrientes negacionistas que aún persisten. En este contexto, las industrias buscan posicionarse como parte de la solución, integrando discursos sostenibles en su narrativa corporativa. Sin embargo, entre lo que se promete y lo que realmente se ejecuta, comienza a abrirse una brecha difícil de ignorar.

La industria agroganadera, particularmente la cárnica y láctea, se ha convertido en un caso emblemático de esta tensión. Mientras sus informes de sostenibilidad destacan compromisos climáticos ambiciosos, nuevas investigaciones apuntan a que estos esfuerzos podrían ser más discursivos que reales. El fenómeno del greenwashing en carne y lácteos no solo cuestiona la credibilidad empresarial, sino que también pone en jaque la capacidad del mercado para impulsar cambios ambientales genuinos.

Greenwashing en carne y lácteos: promesas que no aterrizan

Un análisis reciente de la Universidad de Miami examinó 1,233 afirmaciones ambientales de 33 grandes empresas del sector. El resultado es contundente: el 98% de estas declaraciones pueden clasificarse como greenwashing o ecopostureo. Este dato no solo evidencia una tendencia preocupante, sino que redefine la manera en que se deben interpretar los compromisos climáticos corporativos.

Más allá de la cifra, lo relevante es el tipo de afirmaciones predominantes. Muchas de ellas se centran en metas futuras, como alcanzar la neutralidad de carbono en 2030 o restaurar recursos hídricos a gran escala, sin detallar rutas claras ni mecanismos verificables. En otras palabras, el greenwashing en carne y lácteos se construye sobre promesas aspiracionales que carecen de sustento operativo.

El lenguaje climático como estrategia reputacional

El estudio revela que el 68% de las afirmaciones analizadas están relacionadas con el clima. Esto demuestra cómo la crisis ambiental se ha convertido en el eje central del discurso de sostenibilidad empresarial. Hablar de emisiones, neutralidad o impacto climático ya no es opcional: es parte del estándar comunicativo.

Sin embargo, esta centralidad también abre la puerta a su instrumentalización. Cuando el lenguaje climático se utiliza sin respaldo técnico o científico, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un recurso reputacional. Así, las empresas logran posicionarse como responsables sin necesariamente modificar sus operaciones de fondo.

Evidencia débil, narrativa fuerte

Solo el 29% de las afirmaciones analizadas contaban con algún tipo de evidencia de respaldo, y en apenas tres casos se trataba de evidencia científica académica. Este desbalance entre narrativa y sustento revela un problema estructural en la comunicación corporativa.

La falta de pruebas no solo debilita la credibilidad de las empresas, sino que también dificulta la toma de decisiones informadas por parte de consumidores e inversionistas. En este escenario, el discurso sostenible corre el riesgo de convertirse en una simulación cuidadosamente construida.

Compensar no es descarbonizar

De las 33 empresas analizadas, 17 han adoptado compromisos de cero emisiones netas. No obstante, el estudio señala que estos planes se basan principalmente en mecanismos de compensación, en lugar de reducciones reales de emisiones.

Este enfoque replica patrones ya observados en industrias como la de النفط y gas, donde la compensación funciona como una solución parcial, pero no estructural. Apostar por offsets sin transformar los modelos productivos perpetúa el problema bajo una apariencia de acción climática.

Greenwashing en carne y lácteos: un problema sistémico

Aunque el fenómeno no es exclusivo de esta industria, su impacto es particularmente relevante debido a la alta huella ambiental del sector. La producción de alimentos de origen animal genera emisiones significativamente mayores en comparación con otras alternativas, lo que amplifica las consecuencias del greenwashing.

Además, los informes de sostenibilidad no solo informan: también construyen percepción. Una narrativa bien articulada puede mejorar la imagen corporativa y atraer inversión, incluso si no está respaldada por cambios reales. Aquí radica uno de los principales riesgos del greenwashing en carne y lácteos.

Regulación y verificación: el siguiente paso

Expertas subrayan la necesidad de fortalecer los mecanismos de regulación y verificación de las declaraciones ambientales. Esto implica no solo estándares más estrictos, sino también marcos metodológicos claros que permitan evaluar la veracidad de las afirmaciones.

El estudio destaca precisamente el uso de un modelo estructurado con 13 subcategorías para identificar greenwashing, lo que representa un avance en la cuantificación del fenómeno. Aun así, persisten desafíos, como la subjetividad inherente al análisis cualitativo.

Consumidores informados, mercados más exigentes

El impacto del greenwashing no se limita al ámbito corporativo. También influye en el comportamiento del consumidor y en la presión que se ejerce sobre los responsables políticos. Si las empresas logran proyectar una imagen de sostenibilidad sin cambios reales, se reduce la urgencia percibida de რეგulación.

Por ello, la educación del consumidor se vuelve clave. Identificar promesas vacías, exigir transparencia y valorar la evidencia científica son pasos fundamentales para contrarrestar estas prácticas y fomentar una competencia basada en impactos reales.

Entre la ilusión y la acción

El hallazgo de que casi el 100% de las afirmaciones climáticas en la industria cárnica y láctea pueden considerarse greenwashing plantea una pregunta incómoda: ¿estamos avanzando realmente hacia sistemas alimentarios sostenibles o solo perfeccionando su narrativa?

Cerrar esta brecha requiere más que buenas intenciones. Se necesitan estándares robustos, verificación independiente y una transformación profunda de los modelos productivos. Solo así será posible pasar del discurso a la acción y construir una sostenibilidad que no dependa de percepciones, sino de resultados tangibles.

EE.UU. golpea derechos electorales y abre paso a la discriminación racial

La reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre el caso Louisiana contra Callais marca un punto de inflexión en la arquitectura legal de los derechos civiles en el país. En un fallo dividido de 6 contra 3, la Corte modificó sustancialmente la aplicación de la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales de 1965, debilitando uno de los principales mecanismos para combatir la discriminación racial en los procesos electorales. Aunque formalmente no la declara inconstitucional, en la práctica la vuelve mucho más difícil de aplicar.

El cambio central radica en elevar significativamente la carga probatoria para demostrar discriminación racial, exigiendo evidencia de intención explícita por parte de los legisladores. Este giro jurídico ocurre en un contexto donde la discriminación racial rara vez se manifiesta de forma directa, lo que limita la capacidad de las minorías para defender su derecho al voto. Para especialistas en responsabilidad social, este fallo no solo redefine el marco electoral, sino que reabre debates sobre inclusión, equidad y gobernanza democrática.

Discriminación racial y redistritación: el desmantelamiento de una protección histórica

Durante décadas, la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales permitió impugnar mapas electorales que, aunque aparentemente neutrales, generaban efectos de discriminación racial. Este enfoque basado en resultados —y no en intención— fue clave para garantizar representación política a comunidades históricamente marginadas.

La nueva interpretación del tribunal rompe con este principio. Ahora, los demandantes deben probar que los legisladores actuaron con intención explícita de discriminar, una exigencia que, en la práctica, limita severamente la aplicabilidad de la ley. Esto representa un retroceso significativo en la lucha contra la discriminación racial estructural.

Además, el fallo introduce restricciones adicionales al diseño de mapas alternativos, impidiendo considerar la raza incluso cuando esta es un factor determinante en la desigualdad electoral. Esta contradicción metodológica debilita aún más las herramientas legales disponibles para las minorías.

discriminación racial

El resultado es un marco donde la discriminación racial puede persistir bajo justificaciones aparentemente neutrales, como criterios partidistas o geográficos. Esto abre la puerta a una nueva generación de disputas legales con menores probabilidades de éxito para los grupos afectados.

Impacto en minorías raciales: dilución del poder político

Las implicaciones del fallo son especialmente graves para los votantes afroamericanos y otras minorías raciales, particularmente en estados del sur donde la polarización electoral sigue estando fuertemente marcada por líneas raciales. La decisión permite rediseñar distritos que diluyen su influencia política sin consecuencias legales claras.

Históricamente, la creación de distritos de mayoría minoritaria ha sido una herramienta fundamental para garantizar representación. Sin embargo, bajo el nuevo estándar, estos distritos podrían desaparecer o reducirse significativamente, afectando directamente la capacidad de las minorías para elegir representantes alineados con sus intereses.

El caso de Luisiana es ilustrativo. A pesar de que los votantes negros representan aproximadamente un tercio de la población, el mapa electoral previo solo contemplaba un distrito de mayoría negra. La intervención judicial había buscado corregir esta inequidad, pero el nuevo fallo revierte esa lógica.

En este contexto, la discriminación racial adopta formas más sofisticadas, donde la exclusión no es explícita, pero sí sistemática. La dificultad para probar intención discriminatoria convierte al sistema electoral en un espacio menos accesible y equitativo para amplios sectores de la población.

discriminación racial

Estados Unidos y el retroceso en inclusión: una tendencia estructural

Este fallo no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia de debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales. Desde la decisión de 2013 que eliminó el requisito de supervisión federal en estados con historial de discriminación, el marco de protección ha sido progresivamente erosionado.

Para analistas ESG, este tipo de decisiones plantea riesgos reputacionales y sistémicos. La gobernanza democrática es un componente clave del entorno en el que operan las empresas, y su deterioro puede afectar la estabilidad institucional y la confianza en los mercados.

Además, el discurso que acompaña estas decisiones —centrado en la “neutralidad racial”— ignora las desigualdades históricas que siguen moldeando la realidad social. Este enfoque puede legitimar prácticas que perpetúan la discriminación racial bajo una apariencia de igualdad formal.

En conjunto, estos elementos sugieren que Estados Unidos avanza hacia un modelo menos inclusivo, donde las garantías legales para la equidad se reducen. Para el ámbito de la responsabilidad social, esto implica repensar el rol de las empresas en la defensa de valores democráticos y derechos fundamentales.

discriminación racial

Democracia en tensión y desafíos para el ESG

El debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales representa un desafío estructural para la democracia estadounidense. Al limitar las herramientas para combatir la discriminación racial, el sistema corre el riesgo de consolidar desigualdades que afectan no solo a las minorías, sino a la legitimidad del proceso democrático en su conjunto.

Para los líderes en sostenibilidad y responsabilidad social, este contexto exige una postura más activa. La defensa de la inclusión y la equidad ya no puede limitarse al ámbito corporativo interno, sino que debe extenderse al entorno institucional. En un escenario donde la discriminación racial se vuelve más difícil de detectar pero no menos presente, la vigilancia, la transparencia y el compromiso serán elementos clave para sostener una agenda ESG creíble y efectiva.

Del consumo al desecho: los 7 países que más exportan plástico al extranjero

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La crisis global del plástico ya no es sólo un problema ambiental, sino que se ha convertido en un problema estructural de gobernanza internacional. En este contexto, los países exportadores de plástico juegan un papel determinante en la redistribución global de residuos, ya que trasladan el impacto ambiental hacia economías con menor capacidad de gestión. Este fenómeno revela una dinámica compleja donde el consumo interno y la responsabilidad extendida del productor no siempre están alineados.

En los últimos años, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico ha aumentado, particularmente tras las restricciones impuestas por China a la importación de residuos. Esto obligó a redirigir los flujos hacia el sudeste asiático, América Latina y África, generando nuevas tensiones socioambientales. Entender quién exporta, cuánto exporta y hacia dónde lo hace es clave para evaluar la coherencia de los compromisos ESG en el ámbito global.

Países exportadores de plástico: liderazgo global y destinos clave

De acuerdo con los datos más recientes del Basel Action Network (BAN), los principales países exportadores de plástico incluyen a Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Bélgica, Francia y Países Bajos. Estas economías concentran gran parte del comercio internacional de residuos plásticos, consolidando un sistema donde los países desarrollados externalizan el tratamiento de sus desechos.

Con base en el resumen anual global más reciente del BAN, los países exportadores de plástico hacia economías fuera de la OCDE presentan una distribución clara tanto en volumen como en concentración geográfica. Japón lidera con 615,742 toneladas exportadas en 2024, posicionándose como el principal actor en el comercio internacional de residuos plásticos bajo este criterio.

Le siguen países europeos con volúmenes relevantes: Alemania exportó 235,411 toneladas, mientras que los Países Bajos alcanzaron 200,573 toneladas, consolidándose como hubs logísticos clave dentro del sistema global. Bélgica registró 81,688 toneladas, y el Reino Unido 77,857 toneladas, lo que refleja el peso estructural de Europa en la externalización de residuos plásticos.

países exportadores de plástico

Estados Unidos, aunque históricamente dominante, aparece con un volumen significativamente menor en este segmento específico, con 61,926 toneladas exportadas a países no OCDE. Australia, por su parte, registra 27,921 toneladas, evidenciando que incluso economías con menor escala participan activamente en estos flujos internacionales.

Estos datos muestran que los países exportadores de plástico no operan únicamente en función de su generación total de residuos, sino de su capacidad para insertarse en redes comerciales que permiten redirigirlos hacia destinos específicos. En términos geográficos, los principales receptores siguen concentrándose en Asia y otras regiones en desarrollo, lo que refuerza la lógica de desplazamiento de impactos ambientales hacia mercados con menor capacidad de regulación y gestión.

Por otro lado, es importante mencionar que los destinos de estas exportaciones han cambiado significativamente tras las restricciones asiáticas. Malasia, Vietnam, Indonesia, Turquía y Tailandia se han convertido en receptores clave, absorbiendo grandes volúmenes de residuos. Este desplazamiento ha generado presiones en sistemas locales de gestión de residuos que, en muchos casos, carecen de infraestructura adecuada.

El patrón revela una asimetría estructural: mientras los países exportadores de plástico mantienen estándares ambientales elevados en sus territorios, transfieren los riesgos a regiones con regulaciones más laxas. Esto cuestiona la integridad de las estrategias de sostenibilidad que muchas de estas economías promueven a nivel internacional.

Además, el comercio de residuos plásticos no siempre garantiza reciclaje efectivo. Una proporción significativa termina en vertederos informales o es incinerada, amplificando impactos ambientales y sociales. Este contexto refuerza la necesidad de replantear los modelos de producción y consumo desde una perspectiva sistémica.

países exportadores de plástico

Estados Unidos: variaciones en sus exportaciones de residuos plásticos

Estados Unidos se mantiene como uno de los principales países exportadores de plástico a nivel global, aunque con variaciones importantes en sus flujos comerciales en los últimos años. Tras el cierre del mercado chino, el país redirigió sus exportaciones hacia nuevos destinos, especialmente en Asia y América del Norte, consolidando una red diversificada pero inestable.

En términos agregados, las exportaciones estadounidenses muestran una tendencia a la baja en 2025. Los envíos hacia países que no pertenecen a la OCDE descendieron a 125 millones de kg/año, frente a los 148 millones de kg/año en 2024. Asimismo, las exportaciones hacia países de la OCDE también registraron una ligera disminución, pasando de 265 millones de kg/año en 2024 a 260 millones de kg/año en 2025, lo que refleja un ajuste generalizado en los volúmenes exportados.

A nivel territorial, la actividad exportadora se concentra en ciertos estados clave. Nueva Jersey lidera con el 22% del total, seguido por California con 17% y Texas con 10%, lo que evidencia una geografía industrial específica vinculada a infraestructura logística y capacidades de procesamiento. En cuanto a materiales, destaca que las exportaciones de residuos plásticos de PVC hacia países no OCDE alcanzaron 1,1 millones de kg/año en 2025, manteniendo nichos específicos dentro del comercio global.

Respecto a los destinos, el comportamiento es mixto. Canadá se consolida como el principal receptor, con un aumento a 144 millones de kg/año en 2025, seguido por México, aunque con una caída significativa a 70 millones de kg/año desde 87 millones en 2024. En Asia, los flujos muestran ajustes relevantes: Malasia disminuyó a 20 millones de kg/año, India a 32 millones, y Vietnam a 17 millones, mientras que Indonesia registró un incremento notable hasta 35 millones de kg/año.

Desde una perspectiva ESG, estos datos evidencian una transición más que una reducción estructural. Aunque los volúmenes totales tienden a moderarse, la redistribución hacia distintos mercados confirma que Estados Unidos sigue dependiendo del comercio internacional de residuos como mecanismo de gestión. Esto refuerza las críticas sobre la falta de una estrategia integral que priorice la reducción en origen sobre la externalización del impacto.

países exportadores de plástico

Unión Europea vs EUA: compromisos divergentes en sostenibilidad

La Unión Europea también figura entre los principales países exportadores de plástico, pero su enfoque regulatorio presenta diferencias relevantes frente a Estados Unidos. A nivel discursivo y normativo, la UE ha impulsado políticas más ambiciosas en economía circular, incluyendo restricciones a plásticos de un solo uso y objetivos de reciclaje más estrictos.

No obstante, los datos del BAN evidencian una paradoja: a pesar de estos compromisos, la UE continúa exportando grandes volúmenes de residuos plásticos. Turquía se posiciona como el principal destino, concentrando una proporción significativa de estas exportaciones, lo que genera cuestionamientos sobre la coherencia entre política interna y práctica externa.

En comparación, Estados Unidos exporta volúmenes similares pero con menor narrativa de sostenibilidad. Esto genera un contraste interesante: mientras la UE lidera en compromisos formales, ambos bloques participan activamente en la externalización de residuos.

El análisis comparativo sugiere que la diferencia no radica únicamente en los volúmenes exportados, sino en la gobernanza del sistema. La UE ha comenzado a implementar controles más estrictos sobre exportaciones, incluyendo restricciones a países no pertenecientes a la OCDE. Estados Unidos, en cambio, carece de un marco equivalente a nivel federal.

Más allá de las cifras: implicaciones para el futuro del ESG

El comportamiento de los países exportadores de plástico plantea desafíos críticos para la agenda ESG global. La externalización de residuos contradice principios fundamentales como la responsabilidad extendida del productor y la trazabilidad de impactos.

Además, este modelo dificulta la transición hacia una economía circular real. Mientras los residuos sigan siendo exportados en lugar de gestionados localmente, se perpetúa un sistema lineal disfrazado de reciclaje. Esto afecta la credibilidad de las estrategias corporativas y gubernamentales en sostenibilidad.

Para los líderes empresariales, el reto es claro: no basta con cumplir regulaciones locales si los impactos se trasladan a otras geografías. La gestión responsable del plástico debe considerar toda la cadena de valor, incluyendo el destino final de los residuos.

Finalmente, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico seguirá intensificándose. En un entorno donde la transparencia y la rendición de cuentas son cada vez más relevantes, las decisiones sobre residuos plásticos se convertirán en un indicador clave de liderazgo ESG.

SBTi se reinicia: ¿siguen sus objetivos realmente alineados con la ciencia?

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Recientemente, la iniciativa Science Based Targets (SBTi) ha publicado una actualización de sus normas, una reconfiguración que ha abierto, de nueva cuenta, el debate sobre la credibilidad de los objetivos climáticos corporativos. Bajo el nuevo esquema, SBTi se reinicia en un momento crítico, cuando las empresas enfrentan crecientes presiones regulatorias, financieras y reputacionales para demostrar avances tangibles en descarbonización. Este ajuste no es menor: redefine el equilibrio entre ambición climática y viabilidad operativa, abriendo preguntas clave sobre la integridad del marco.

Para los especialistas en sostenibilidad, el cambio implica una lectura más compleja del progreso ESG. Si bien SBTi se reinicia con el objetivo de ampliar la adopción empresarial, también introduce tensiones respecto a su alineación con la ciencia climática. La discusión ya no gira únicamente en torno a quién establece objetivos, sino a qué tan consistentes son estos con la trayectoria de 1,5°C propuesta por la comunidad científica. En este contexto, entender los matices de la actualización es fundamental para la toma de decisiones estratégicas.

SBTi se reinicia: de la ambición teórica a la viabilidad operativa

El ajuste normativo elimina la exigencia de reducciones lineales rígidas hacia 2030, permitiendo a las empresas redistribuir sus esfuerzos de mitigación a lo largo del tiempo. Anteriormente, se requería una reducción anual de al menos 4,2% en emisiones de Alcance 1 y 2, lo que implicaba recortes acumulados cercanos al 42% para 2030. Este umbral fue considerado, en muchos casos, poco realista.

Con la actualización, algunas empresas podrían reducir ese compromiso a aproximadamente 21% en el mismo periodo. Para el Alcance 3, los objetivos también se flexibilizan, pasando de reducciones superiores al 20% a cerca del 15%. Esta modificación responde a una necesidad práctica: muchas organizaciones no contaban con capacidades técnicas o financieras para cumplir con las metas anteriores.

SBTi se reinicia

Desde una perspectiva estratégica, el cambio busca evitar la exclusión de empresas del sistema SBTi. Diversos consultores señalaron que varias organizaciones habían abandonado el proceso debido a la dificultad de cumplir con los requisitos previos. La flexibilización, por tanto, reabre la puerta a actores que habían quedado fuera del marco.

Sin embargo, esta transición hacia objetivos más alcanzables también implica una redefinición del concepto de liderazgo climático. La pregunta central ya no es únicamente quién participa, sino bajo qué nivel de ambición lo hace. Esto reconfigura los criterios de diferenciación dentro del ecosistema ESG.

Impacto para las empresas: entre oportunidad y disrupción estratégica

Para las empresas que aún no habían establecido objetivos, el nuevo marco representa una oportunidad clara. La posibilidad de diseñar trayectorias de reducción menos abruptas facilita la alineación interna y la aprobación por parte de la alta dirección, un obstáculo frecuente en procesos de descarbonización.

No obstante, el cambio introduce un elemento de inequidad temporal. Las empresas que ya habían presentado o validado objetivos bajo las normas anteriores no pueden ajustar sus compromisos retroactivamente. Esto genera tensiones internas, especialmente en organizaciones donde alcanzar dichos objetivos implicó inversiones significativas o negociaciones complejas.

Además, la forma en que se comunicó la actualización ha sido objeto de crítica. La falta de transparencia previa y el anuncio tardío generaron incertidumbre en el mercado. Para los especialistas en RSE, esto pone en evidencia la importancia de la gobernanza en iniciativas globales como SBTi.

Desde el punto de vista operativo, las empresas deberán revisar sus hojas de ruta climáticas. La redistribución de esfuerzos puede liberar recursos en el corto plazo, pero también exige una planificación más rigurosa para evitar concentrar riesgos en etapas futuras del proceso hacia cero emisiones netas.

SBTi se reinicia

Alineación con la ciencia: ¿compromiso diluido o pragmatismo necesario?

Uno de los puntos más sensibles del debate es la coherencia de estos cambios con las recomendaciones del IPCC. La ciencia climática establece que es necesario reducir aproximadamente un 43% de las emisiones globales para 2030 para mantener el objetivo de 1,5°C. Bajo este parámetro, la flexibilización de SBTi genera dudas legítimas.

Aunque la iniciativa sostiene que el nivel de ambición general no ha cambiado y que el objetivo de cero emisiones netas para 2050 se mantiene, la redistribución de reducciones implica mayores emisiones acumuladas en el corto plazo. Este factor es crítico, ya que el presupuesto de carbono global depende no solo del destino final, sino de la trayectoria.

En términos prácticos, esto significa que incluso si las empresas cumplen sus objetivos a largo plazo, el retraso en las reducciones iniciales podría dificultar el cumplimiento del objetivo climático global. Algunos expertos advierten que el supuesto de que todos los actores cumplirán sus metas podría ya no ser suficiente para sostener la narrativa de alineación con 1,5°C.

No obstante, también existe un argumento pragmático. Sin una base amplia de empresas comprometidas, la ambición teórica pierde impacto real. Desde esta óptica, SBTi se reinicia como un mecanismo de inclusión que prioriza la participación masiva sobre la exigencia extrema, aunque ello implique concesiones en el corto plazo.

SBTi se reinicia

Redefiniendo el estándar de la ambición climática corporativa

El hecho de que SBTi se reinicia marca un punto de inflexión en la evolución de los estándares ESG. La iniciativa parece transitar de un enfoque normativo rígido hacia uno más adaptativo, donde la viabilidad empresarial adquiere mayor peso. Este giro puede fortalecer la adopción global, pero también diluir la percepción de rigor científico.

Para los líderes en sostenibilidad, el desafío será interpretar correctamente este nuevo contexto. Más allá del cumplimiento formal, las empresas deberán evaluar si sus estrategias climáticas siguen siendo coherentes con los límites planetarios. En un entorno donde la credibilidad ESG está bajo escrutinio, la ambición voluntaria podría convertirse en el nuevo diferenciador competitivo.

HSBC invita a participar en ELIS, el premio que reconoce a las compañías a la vanguardia ESG 

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La sostenibilidad empresarial ya no se mide por compromisos declarativos, sino por resultados concretos, métricas verificables y su capacidad para integrarse al corazón del negocio. Bajo esta lógica, HSBC, en colaboración con EY, ha abierto la convocatoria a la quinta edición del Premio ELIS HSBC, una iniciativa que busca identificar a las empresas que están traduciendo la agenda ESG en ventajas competitivas reales.

A cinco años de su lanzamiento, el Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable (ELIS) se ha consolidado como un espacio de referencia para reconocer estrategias que generan impacto tangible en México, al tiempo que impulsan innovación, crecimiento y resiliencia. Más que un distintivo, el premio opera como una plataforma que conecta sostenibilidad con negocio y posiciona a las organizaciones frente a los desafíos —y oportunidades— del futuro.

ELIS: una plataforma que conecta sostenibilidad y negocio

Desde su origen, ELIS ha buscado algo más que reconocer iniciativas aisladas. Su propuesta radica en identificar y visibilizar estrategias integrales que incorporen la sostenibilidad en el núcleo del negocio, generando impacto tangible y valor a largo plazo. En este sentido, el Premio ELIS HSBC se distingue por promover una visión donde la sostenibilidad no es un área paralela, sino un eje transversal de crecimiento, innovación y competitividad.

A lo largo de sus ediciones, el premio ha logrado consolidar una comunidad de empresas que no solo responden a los desafíos actuales —como el cambio climático, la desigualdad o la gobernanza corporativa—, sino que están redefiniendo las reglas del juego. Este enfoque resulta especialmente relevante en un entorno donde inversionistas, reguladores y consumidores exigen cada vez mayor transparencia y compromiso.

Premio ELIS HSBC

Para HSBC, esta iniciativa también refleja su propia estrategia: acompañar a sus clientes en la transición hacia una economía baja en carbono, alineando capital, conocimiento y soluciones financieras. Así, ELIS se posiciona como una extensión de este compromiso y que funciona como un espacio de reconocimiento, aprendizaje y proyección.

Categorías y criterios de evaluación del Premio ELIS HSBC

El Premio ELIS HSBC evalúa a las empresas a partir de cinco categorías clave que reflejan los pilares del enfoque ESG:

  • Ambiental: estrategias orientadas a la reducción de emisiones, economía circular y conservación de la biodiversidad.
  • Social: iniciativas que generen impacto positivo en comunidades, promuevan condiciones laborales dignas y reduzcan desigualdades.
  • Gobernanza: integración de la sostenibilidad en políticas corporativas, gestión de riesgos y mejores prácticas de gobierno corporativo.
  • Climate Tech: desarrollo o implementación de tecnologías innovadoras para la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Mención honorífica en Transición Climática: reconocimiento especial a proyectos que destaquen por su enfoque integral en descarbonización y transición justa.

Un elemento clave es que las estrategias participantes deben haber sido implementadas al menos 12 meses antes de la convocatoria y demostrar un impacto cuantificable en México. Este criterio refuerza la credibilidad del premio y asegura que las iniciativas reconocidas trascienden el discurso y tengan resultados medibles.

Quiénes pueden participar: perfil, proceso y fechas clave

La convocatoria está dirigida a empresas legalmente constituidas en México, con actividad económica en el país y ventas superiores a los 250 millones de pesos al cierre de 2025. Es importante considerar que no podrán participar instituciones financieras, organizaciones no gubernamentales y tampoco fundaciones, así como entidades con actividades ilícitas o contrarias a la normativa.

El proceso de inscripción está diseñado para ser estructurado y transparente:

  • Registro: del 27 de abril al 30 de junio de 2026
  • Envío de evidencias: hasta el 10 de julio de 2026
  • Evaluación y deliberación: a cargo de un jurado independiente
  • Resultados: 15 de octubre de 2026, durante la ceremonia de premiación

Las empresas interesadas deberán registrarse en la plataforma oficial, crear un usuario, completar el formulario correspondiente y cargar la documentación que respalde la implementación de sus estrategias.

Premio ELIS HSBC

Más allá de cumplir con un requisito administrativo, este proceso representa una oportunidad para que las organizaciones estructuren, midan y comuniquen sus avances en sostenibilidad, un ejercicio cada vez más valorado en los mercados.

Un reconocimiento que impulsa la competitividad

Participar en ELIS no es únicamente aspirar a un reconocimiento; es integrarse a una conversación estratégica sobre el futuro de los negocios. En un entorno donde la sostenibilidad define cada vez más la capacidad de las empresas para atraer inversión, talento y clientes, iniciativas como el Premio ELIS HSBC funcionan como aceleradores de posicionamiento y credibilidad.

Para las compañías líderes en ESG, este tipo de plataformas ofrecen visibilidad, validación externa y la posibilidad de compararse con estándares de alto nivel, pero, sobre todo, permiten consolidar una narrativa de valor que conecta propósito con resultados.

Para aquellas organizaciones que ya están transformando su modelo de negocio o buscan dar el siguiente paso, ELIS representa una oportunidad concreta para demostrar que la sostenibilidad, bien ejecutada, no solo es responsable, sino también rentable y estratégica. La invitación a ser parte está abierta. ¡Participa dando click aquí