Más de la mitad de las horas laborales en México ya son automatizables: el reto de una transición responsable

La automatización dejó de ser una posibilidad lejana para convertirse en un proceso que ya está transformando la manera en que las personas trabajan. En México, el 59% de las horas laborales automatizables podría ejecutarse con tecnologías disponibles actualmente, de acuerdo con un análisis del McKinsey Global Institute sobre el futuro del trabajo en América Latina.

Sin embargo, detrás de esta cifra no solo existe una oportunidad económica, sino también un desafío social para las empresas: garantizar que la adopción tecnológica no ocurra a costa de las personas. La pregunta central ya no es únicamente qué tareas pueden hacer las máquinas, sino cómo preparar a los colaboradores para convivir con ellas.

El estudio estima que esta transformación podría generar hasta 204,000 millones de dólares anuales de valor económico en México hacia 2030, impulsada principalmente por sectores como la manufactura. Pero para que ese beneficio sea sostenible, las organizaciones deberán asumir un papel activo en capacitación, reconversión laboral y protección del talento.

La automatización no significa necesariamente la desaparición masiva de empleos. El análisis de McKinsey aclara que la medición corresponde a actividades específicas dentro de los puestos de trabajo y no al número de plazas que podrían eliminarse. El verdadero cambio estará en la forma en que las personas realizan sus funciones.

¿Qué significa que 59% de las horas laborales automatizables puedan transformarse?

Hablar de horas laborales automatizables implica analizar aquellas actividades dentro de una ocupación que una tecnología puede realizar con las capacidades actuales. Esto incluye desde procesos digitales ejecutados por software hasta tareas físicas realizadas mediante robots, sin que esto signifique que un puesto completo pueda sustituirse.

McKinsey analizó cerca de 800 ocupaciones en cada país estudiado para identificar qué actividades tienen mayor potencial de automatización. En México, el resultado muestra una combinación entre herramientas digitales capaces de resolver procesos cognitivos y sistemas físicos aplicados principalmente en operaciones industriales.

A nivel regional, América Latina presenta un promedio de 57% de actividades potencialmente automatizables. México se encuentra por encima de esta cifra, con 59%, una proporción que refleja tanto su capacidad industrial como el peso de sectores donde la tecnología puede integrarse rápidamente.

La diferencia frente a otras economías también revela un reto: mientras algunas regiones automatizan principalmente mediante software, América Latina mantiene una alta presencia de actividades físicas. Cerca de la mitad de las horas laborales de la región requieren capacidades físicas, frente a una tercera parte en Estados Unidos y Europa.

México ante una oportunidad económica de 204,000 millones de dólares

La automatización representa una oportunidad significativa para las organizaciones mexicanas. Bajo un escenario intermedio de adopción tecnológica, McKinsey calcula que el país podría liberar hasta 204,000 millones de dólares anuales hacia 2030, la cifra más alta entre las economías latinoamericanas analizadas.

El potencial económico está relacionado con una mayor productividad, reducción de actividades repetitivas y la posibilidad de que los colaboradores dediquen más tiempo a tareas de mayor valor estratégico. En este escenario, la tecnología no solo sustituye procesos, también puede ampliar las capacidades humanas.

México y Brasil concentrarían cerca de 75% del valor económico regional generado por la automatización. En el caso mexicano, aproximadamente una quinta parte estaría vinculada con la manufactura, debido al tamaño de su industria, su fuerza laboral y la presencia de cadenas globales de producción.

No obstante, este beneficio dependerá de cómo las empresas implementen la transformación. La automatización puede generar eficiencia, pero también profundizar desigualdades si únicamente beneficia a las organizaciones sin considerar el desarrollo profesional de quienes forman parte de ellas.

La brecha entre automatización y talento: el desafío de las habilidades en IA

Aunque la tecnología avanza rápidamente, la preparación de la fuerza laboral mexicana mantiene un ritmo más lento. La demanda de habilidades relacionadas con inteligencia artificial creció entre 2023 y 2025, pero todavía representa una proporción limitada del mercado laboral.

Actualmente, las vacantes que solicitan conocimientos de IA se acercan al 15% de las ocupaciones en México, aunque estas representan apenas 2.4% del empleo nacional. Esto muestra que la adopción de nuevas capacidades todavía no alcanza el ritmo al que avanzan las herramientas tecnológicas.

A nivel regional, la demanda de fluidez en IA aumentó casi 11 veces en ese periodo. Además, este crecimiento ya no se concentra únicamente en perfiles técnicos: cada vez más áreas administrativas, operativas y comerciales requieren personas capaces de utilizar herramientas inteligentes en sus actividades diarias.

La transformación laboral exige cambiar la idea de que aprender tecnología es responsabilidad exclusiva de especialistas. La inteligencia artificial comienza a integrarse en múltiples profesiones, por lo que desarrollar nuevas competencias será una necesidad transversal para trabajadores y organizaciones.

La responsabilidad empresarial frente a la automatización laboral

Ante este escenario, las empresas tienen un papel clave para construir una transición laboral responsable. Si la automatización permite aumentar la productividad, también debe convertirse en una oportunidad para fortalecer el talento humano mediante programas de capacitación, actualización y movilidad interna.

Las organizaciones que incorporen nuevas tecnologías deberán preguntarse qué ocurrirá con las personas cuyas tareas cambien. La respuesta no puede limitarse a reemplazar funciones, sino que debe considerar estrategias para que los colaboradores adquieran nuevas habilidades y puedan participar en los nuevos modelos de trabajo.

La capacitación continua será uno de los principales compromisos empresariales. Preparar a los equipos en competencias digitales, análisis de datos, pensamiento crítico y uso responsable de inteligencia artificial permitirá que la tecnología sea una herramienta de crecimiento y no una fuente de exclusión laboral.

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, la automatización plantea una nueva dimensión del cuidado hacia los colaboradores. Así como las compañías gestionan impactos ambientales o sociales en sus cadenas de valor, también deberán gestionar el impacto humano de la transformación tecnológica.

Más allá del reemplazo: trabajadores que colaboran con máquinas

Uno de los principales hallazgos del análisis es que la automatización cambiará la distribución de tareas dentro de muchos puestos, más que eliminar completamente las ocupaciones. Los trabajadores podrían asumir nuevas responsabilidades relacionadas con supervisar sistemas, interpretar información y tomar decisiones estratégicas.

De acuerdo con el estudio, 66% de las habilidades solicitadas por empleadores latinoamericanos se utiliza tanto en actividades automatizables como en aquellas que todavía dependen del criterio humano. Esto demuestra que la colaboración entre personas y tecnología será una característica central del futuro laboral.

Las capacidades relacionadas con bases de datos y procesamiento de información financiera tienen mayor exposición a la automatización. En contraste, aquellas vinculadas con interacción humana, empatía y resolución de situaciones inesperadas mantienen una menor posibilidad de sustitución.

El reto para las empresas será identificar qué habilidades humanas deben fortalecerse. La creatividad, comunicación, liderazgo, pensamiento crítico y capacidad de adaptación serán elementos esenciales en equipos donde las máquinas asumirán cada vez más tareas repetitivas.

Construir una transición tecnológica con enfoque social

La automatización no solo es un asunto tecnológico; también es un tema de responsabilidad empresarial. Las decisiones que tomen hoy las organizaciones definirán si esta transformación amplía oportunidades o genera nuevas brechas entre quienes tienen acceso a las habilidades del futuro y quienes quedan rezagados.

Las empresas deberán integrar la capacitación como parte de su estrategia de sostenibilidad y gestión de talento. Invertir en las personas permitirá reducir riesgos laborales, mejorar la adaptación al cambio y generar confianza durante los procesos de transformación digital.

Además, será necesario establecer políticas internas que acompañen la transición: diagnósticos de habilidades, planes de reskilling y upskilling, comunicación transparente y mecanismos para escuchar las inquietudes de los colaboradores.

La tecnología puede convertirse en un motor de progreso cuando está acompañada de una visión humana. La verdadera innovación no consiste únicamente en implementar nuevas herramientas, sino en asegurar que las personas puedan evolucionar junto con ellas.

El avance de las horas laborales automatizables en México representa una de las transformaciones más importantes para el futuro del trabajo. La posibilidad de generar miles de millones de dólares mediante tecnología abre una oportunidad económica relevante, pero también plantea preguntas sobre el papel de las empresas frente a sus colaboradores.

La automatización será inevitable, pero sus impactos no están predeterminados. La diferencia estará en la manera en que las organizaciones decidan implementarla: como un proceso centrado únicamente en eficiencia o como una estrategia responsable que combine innovación, productividad y desarrollo humano.

Preparar a las personas para trabajar junto con las máquinas será una de las principales responsabilidades empresariales de los próximos años. En este nuevo escenario, las compañías que logren equilibrar tecnología y talento estarán mejor posicionadas para construir un futuro laboral más competitivo e inclusivo.

¿Por qué el voluntariado corporativo es una inversión social de alto impacto? El ejemplo de Fundación Gigante

Cuando se habla de las acciones que las empresas realizan para generar un impacto positivo en las comunidades, generalmente se piensa en donaciones económicas, la entrega de productos, las campañas de apoyo o los programas sociales de largo plazo. Si bien, durante muchos años, estas iniciativas fueron las principales herramientas con las que las organizaciones buscaban contribuir al bienestar colectivo, hoy el voluntariado corporativo está cobrando una relevancia cada vez mayor como una de las estrategias de inversión social más valiosas para las organizaciones que buscan generar un cambio sostenible.

Las empresas han descubierto que involucrar directamente a sus colaboradores en acciones sociales no solo multiplica el impacto que generan en las comunidades, sino que también fortalece la cultura organizacional, incrementa el sentido de pertenencia y desarrolla habilidades personales y profesionales entre quienes participan.

¿Qué es un voluntariado corporativo?

El voluntariado corporativo es una iniciativa impulsada por las empresas mediante la cual sus colaboradores participan, de manera organizada y voluntaria, en actividades que buscan atender necesidades sociales, ambientales o comunitarias. Generalmente estas acciones se realizan en alianza con organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas o comunidades, con el objetivo de aprovechar el talento, el tiempo y las capacidades de los equipos de trabajo para generar beneficios colectivos.

A diferencia de una donación tradicional, el voluntariado implica la participación activa de las personas. Esto convierte a los colaboradores en protagonistas del impacto social, fortaleciendo su compromiso con los valores de la empresa y creando vínculos mucho más cercanos con las causas que apoyan.

Existen múltiples modalidades de voluntariado, las cuales permiten a las empresas adaptar sus programas a sus objetivos sociales y al perfil de sus colaboradores. Algunos de ellos son:

  • Voluntariado comunitario. Los colaboradores participan directamente en actividades de beneficio social como rehabilitación de espacios públicos, jornadas de limpieza, construcción, mantenimiento o mejoramiento de infraestructura.
  • Voluntariado educativo. Consiste en impartir talleres, mentorías, asesorías académicas o actividades de formación dirigidas a estudiantes, docentes o comunidades.
  • Voluntariado ambiental. Incluye acciones de reforestación, conservación de ecosistemas, limpieza de áreas naturales, reciclaje y educación ambiental.
  • Voluntariado profesional o pro bono. Los colaboradores ponen al servicio de organizaciones sociales sus conocimientos técnicos o profesionales en áreas como finanzas, derecho, comunicación, recursos humanos o tecnología.
  • Voluntariado solidario. Se desarrolla durante situaciones de emergencia o desastres naturales mediante actividades de apoyo a comunidades afectadas.

De la solidaridad a la inversión social: los beneficios del voluntariado corporativo

Durante mucho tiempo el voluntariado empresarial fue visto únicamente como una actividad altruista. No obstante, actualmente las organizaciones comprenden que representa una verdadera estrategia de inversión social capaz de generar valor compartido para todos los actores involucrados.

En las comunidades, los beneficios son evidentes. Los voluntariados permiten rehabilitar espacios públicos, fortalecer escuelas, impulsar proyectos ambientales, apoyar organizaciones sociales y mejorar la calidad de vida de miles de personas. Además, al involucrar directamente a la ciudadanía, favorecen la participación comunitaria y fortalecen el tejido social.

Pero el impacto también ocurre dentro de las empresas. Diversos estudios han demostrado que los colaboradores que participan en programas de voluntariado desarrollan capacidades, mejoran sus habilidades de comunicación,  y presentan mayor motivación. Además, cuando las personas experimentan de primera mano el impacto de su trabajo fuera de la empresa, se fortalece su conexión con el propósito organizacional y con los valores corporativos.

Para las empresas, esta estrategia también genera beneficios reputacionales, pues los programas de voluntariado fortalecen la confianza de clientes, inversionistas, aliados y comunidades, al demostrar que el compromiso social va más allá de los discursos y se traduce en acciones concretas.

Por todo ello, impulsar programas de voluntariado corporativo representa una de las formas más efectivas de generar impacto social sostenible, al mismo tiempo que fortalece el talento humano y consolida una cultura organizacional basada en la colaboración, la solidaridad y el propósito compartido.

El voluntariado Fundación Gigante: un ejemplo de transformación compartida

Un ejemplo claro de cómo el voluntariado puede convertirse en una estrategia de alto impacto es el voluntariado Fundación Gigante, realizado en la escuela Guadalupe Flores Alonso.

En esta jornada, coordinada por Fundación Gigante en la que participaron colaboradores de Grupo Gigante, así como alumnos del plantel y padres de familia, quienes unieron esfuerzos para pintar y rehabilitar distintas áreas de la escuela, especialmente el patio y la zona de juegos, además de intervenir espacios relacionados con la seguridad escolar con el objetivo fue ofrecer a niñas y niños un entorno más digno, seguro y agradable para aprender y convivir.

Esta actividad se sumó a las acciones realizadas como parte del Programa Educación Responsable, impulsado conjuntamente por Fundación Gigante y Proed, el cual busca integrar el aprendizaje académico con el desarrollo emocional, social y creativo de los estudiantes, promoviendo una mejor convivencia escolar mediante la participación activa de docentes, alumnos y familias en la construcción de ambientes educativos más saludables y participativos.

Más allá de la mejora física de las instalaciones, el voluntariado Fundación Gigante logró generar un impacto profundo en todos los participantes. Los colaboradores experimentaron de primera mano cómo su tiempo y esfuerzo podían transformar un espacio educativo, mientras que la comunidad escolar fortaleció el sentido de colaboración y pertenencia al participar en la rehabilitación de su escuela.

Alejandra Escobal, gerente de Fundación Gigante, destacó el propósito de la iniciativa:

Venimos con varios voluntarios de Grupo Gigante a rehabilitar la escuela, a dejar bonita la zona de juegos de los niños para que tengan una escuela digna“.

Para quienes participaron como voluntarios, la experiencia también representó una oportunidad para comprender el verdadero alcance de estas acciones, como en el caso de Leslie Flores, colaboradora de Grupo Gigante, quien compartió:

Yo imaginaba que solamente era pintar unas paredes o unos pisos, pero la verdad es que es más que eso; estamos aportando un granito de arena para que aquellos niños que estudian en esta escuela también se sientan inspirados de seguir aprendiendo“.

Desde la comunidad educativa, el profesor Misael Onofre resaltó el valor de involucrar a toda la comunidad escolar durante la jornada de rehabilitación, agradeciendo la participación conjunta de padres de familia, alumnos y voluntarios, así como el apoyo recibido para hacer posible la mejora de los espacios escolares.

Este tipo de iniciativas demuestran cómo una actividad donde todos son agentes activos del cambio se crean vínculos entre todos los actores, se fomenta la participación ciudadana y se generan experiencias que dejan una huella tanto en quienes reciben el apoyo, como en quienes deciden involucrarse.

Apostar por el voluntariado es apostar por el impacto social

El voluntariado Fundación Gigante es un ejemplo de cómo una acción colectiva puede transformar un entorno educativo y, al mismo tiempo, fortalecer el compromiso de quienes participan, pues cada jornada de servicio representa una oportunidad para construir espacios más dignos y consolidar una cultura organizacional basada en la empatía y la colaboración, mientras se promueve la participación social, se generan comunidades más unidas y se incentivan valores como la solidaridad.

Por eso, invertir en este tipo de iniciativas significa apostar por una estrategia de impacto social sostenible, capaz de crear valor para todos los involucrados y de demostrar que las empresas pueden convertirse en agentes activos de cambio dentro de las comunidades donde operan.

“Negocio social”: cuando el marketing toma prestado un concepto técnico

Por Edgar López

Hace poco más de un año comenté una campaña del Dr. Simi porque me pareció un ejercicio notable de construcción simbólica. Recientemente, otra pieza del mismo grupo me volvió a llamar la atención.

En un spot que se escucha con mucha frecuencia en la radio nacional, Farmacias de Similares presenta la Simi Casa Museo —junto con su kiosco y el Café Simi— bajo una premisa que suena generosa y contundente:

“Es un negocio social porque ganan los que menos tienen”.

El anuncio explica que la Simi Casa Museo tiene tres objetivos: divertir, enseñar y ayudar. Señala que lo obtenido por entradas, kiosco y café se entregará a fundaciones enfocadas en personas con discapacidad, adultos mayores y mejoramiento del medio ambiente. Incluso menciona una primera entrega mínima de $300,000 tras un periodo experimental con entrada gratuita.

Hasta ahí, la iniciativa puede entenderse como una acción positiva: un espacio cultural que busca generar recursos para causas sociales. Sin embargo, el spot va más lejos. No solo comunica una donación o una iniciativa con causa; hace una distinción explícita entre dos tipos de negocios: los comerciales, donde gana el dueño, y los sociales, donde ganan quienes menos tienen.

Esa distinción es muy poderosa desde el punto de vista del marketing. En pocos segundos, la campaña no vende una entrada, un café o una visita al museo, sino una idea sobre la naturaleza del grupo: la existencia de negocios cuyo propósito sería generar beneficio para otros. Es una forma eficaz de convertir una iniciativa específica en un símbolo reputacional más amplio.

Ese es, quizás, el efecto más relevante a observar. Cuando una organización construye un atributo reputacional a partir de una unidad de negocio específica, ese atributo rara vez permanece contenido. Tiende a expandirse hacia el resto de la marca, incluyendo las operaciones comerciales de mayor escala que no comparten esa misma estructura. Es un mecanismo conocido en branding: el halo de una parte pequeña bien comunicada termina iluminando al conjunto.

No hay nada inherentemente indebido en ese efecto. Toda estrategia de marca busca, hasta cierto punto, que sus mejores atributos se generalicen. Pero cuando el atributo en cuestión es un término técnico como “negocio social”, el riesgo cambia de naturaleza: ya no es solo que una buena percepción se extienda, sino que una condición estructural específica —no distribuir dividendos, reinvertir el total de las utilidades— parezca aplicarse, por asociación, a un negocio que en realidad opera bajo una lógica distinta y mucho más grande.

El punto no es cuestionar el valor de la Simi Casa Museo. El punto es la palabra elegida para construir ese posicionamiento.

“Negocio social” no nació como un recurso publicitario. Es un concepto con desarrollo académico y empresarial, popularizado sobre todo por Muhammad Yunus, para referirse a empresas creadas con el propósito central de resolver un problema social, operar de manera financieramente sostenible y reinvertir sus utilidades para ampliar el impacto. No se trata únicamente de donar recursos; se trata de un modelo de negocio con una lógica, una estructura y una expectativa de rendición de cuentas distintas.

Por eso la diferencia importa. Una cosa es una empresa o una unidad de negocio que destina parte de sus ingresos o utilidades a causas sociales. Otra cosa es un negocio social. Ambas pueden ser valiosas, pero no significan lo mismo.

Quizá no necesitaba adoptar ese término para comunicarlo. Pudo llamarse, con la misma calidez y mayor precisión, “un negocio con causa”.

Esta discusión va más allá de un spot. En la comunicación con propósito ocurre algo cada vez más frecuente: conceptos que nacieron en el mundo del emprendimiento social, la sostenibilidad o la responsabilidad corporativa migran al lenguaje publicitario porque comunican bien, no siempre porque describan con exactitud lo que está ocurriendo. Ha pasado con palabras como economía circular, carbono neutral, regenerativo, comercio justo o impacto social.

El problema no suele ser la mala fe. El problema es que, cada vez que un concepto técnico se usa de manera laxa, pierde algo de su capacidad para significar. Y eso afecta especialmente a quienes sí operan bajo esos modelos con rigor.

Quizá esa sea la pregunta que vale la pena dejar sobre la mesa para quienes diseñamos comunicación con propósito: no solo si el mensaje emociona o si la campaña funciona, sino si la palabra que elegimos describe con precisión lo que la organización efectivamente es.

Porque cuando una campaña usa un concepto técnico para construir reputación, la creatividad ya no basta. También necesita precisión.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Cómo podría el cambio climático reducir el tamaño del cerebro de algunas especies?

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Los océanos no solo regulan el clima del planeta, también albergan algunas de las formas de vida más sorprendentes que existen. Entre ellas destacan los calamares, animales capaces de resolver problemas, aprender de la experiencia y comunicarse mediante complejos cambios de color. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que estas extraordinarias capacidades podrían verse comprometidas por el aumento del dióxido de carbono en los mares.

Aunque durante años se ha hablado de la acidificación oceánica y de sus efectos sobre corales o moluscos, ahora la ciencia apunta hacia una consecuencia mucho más inquietante. Un estudio reciente sugiere que la exposición a altos niveles de CO₂ puede reducir significativamente el tamaño del cerebro de ciertas especies de calamar, ampliando el panorama de las consecuencias del cambio climático sobre la biodiversidad y los ecosistemas marinos.

Las sorprendentes habilidades de los calamares frente a las consecuencias del cambio climático

De acuerdo con un artículo de TIME, los calamares son considerados algunos de los invertebrados más inteligentes del planeta. Sus aproximadamente 375 especies habitan todos los océanos y destacan por su capacidad para navegar laberintos, coordinar estrategias de caza en grupo, reconocer personas e incluso recordar soluciones aprendidas para escapar de situaciones complejas.

Su cerebro posee un nivel de complejidad comparable, neurona por neurona, al de algunos mamíferos como los perros. Junto con pulpos y sepias, representan un ejemplo extraordinario de evolución cognitiva entre los invertebrados. Precisamente por ello, cualquier alteración en su sistema nervioso despierta una profunda preocupación entre la comunidad científica.

Un experimento revela una reducción cerebral alarmante

Para comprender cómo influye el aumento del dióxido de carbono en estos animales, investigadores de la Universidad de Acadia, en Canadá, y de la Academia Sinica, en Taiwán, criaron calamares de arrecife de aleta grande recién nacidos en dos ambientes distintos. Un grupo permaneció en agua con niveles actuales de CO₂ y otro fue expuesto a concentraciones proyectadas para el año 2100.

Tras 90 días de desarrollo, los científicos realizaron resonancias magnéticas a los ejemplares. Los resultados mostraron que los calamares expuestos al mayor nivel de dióxido de carbono presentaban un volumen cerebral 49 % menor que el del grupo de control. Las regiones más afectadas fueron los lóbulos ópticos y el tracto óptico, fundamentales para procesar la información visual y coordinar conductas esenciales.

Los investigadores todavía buscan explicar el mecanismo detrás de este fenómeno. Una de las hipótesis plantea que el cerebro no recibe suficiente energía durante el desarrollo, mientras que otra apunta al estrés oxidativo y a una posible atrofia cerebral derivada de las nuevas condiciones ambientales.

Consecuencias del cambio climático en la conducta y supervivencia de los calamares

Este hallazgo se suma a investigaciones previas que ya habían documentado alteraciones importantes en el comportamiento de estos animales. Un estudio publicado en Communications Biology mostró que apenas siete días de exposición a niveles elevados de CO₂ redujeron en un 65 % la actividad de caza de calamares adultos, mientras que los ejemplares expuestos desde el nacimiento cazaron 42 % menos durante sus primeros meses de vida.

Aunque los animales utilizados en el experimento no sobrevivieron para observar directamente sus cambios de conducta, los investigadores consideran probable que la disminución del volumen cerebral afecte su capacidad para tomar decisiones. Más que convertirlos en depredadores menos eficientes, podrían volverlos más indecisos al momento de alimentarse, reaccionar ante amenazas o interactuar con otros individuos.

Las implicaciones también alcanzan aspectos sociales. Los calamares dependen en gran medida de señales visuales para comunicarse y realizar rituales de apareamiento. Si las regiones cerebrales encargadas de interpretar estos estímulos continúan deteriorándose, podrían modificarse tanto la organización de sus poblaciones como sus posibilidades de reproducción.

Un llamado para proteger los océanos y su biodiversidad

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima que los océanos absorben cerca del 30 % del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas. Como consecuencia, la acidez del agua ha aumentado aproximadamente un 30 %, afectando ya a corales, ostras, caracoles marinos y numerosos organismos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.

Las proyecciones indican que la acidificación oceánica podría incrementarse entre un 100 % y un 150 % antes de finalizar este siglo. Si este escenario se cumple, especies altamente desarrolladas como los calamares podrían enfrentar alteraciones neurológicas similares a las observadas en laboratorio, ampliando aún más las consecuencias del cambio climático sobre la vida marina.

Para las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad, estos descubrimientos representan un recordatorio de que la reducción de emisiones no solo busca frenar el aumento de la temperatura global. También significa proteger procesos biológicos invisibles que sostienen la diversidad, la productividad de los océanos y el funcionamiento de cadenas alimentarias completas.

Durante décadas, el impacto del cambio climático sobre la biodiversidad se ha medido principalmente por la pérdida de hábitats o la disminución de poblaciones. Sin embargo, estudios como este muestran que las afectaciones pueden alcanzar incluso el desarrollo cerebral de especies altamente inteligentes, ampliando la comprensión de las consecuencias del cambio climático en niveles antes poco explorados.

La evidencia científica sigue revelando que los océanos responden de manera compleja al incremento del dióxido de carbono. Comprender estos procesos resulta indispensable para impulsar políticas públicas, estrategias empresariales y acciones de conservación que contribuyan a reducir las consecuencias del cambio climático, antes de que sus efectos transformen de forma irreversible la vida marina.

¿Fin del desplazamiento infinito? Exigen a Meta retirar esta función adictiva

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Las redes sociales han transformado la manera en que las personas se informan, se entretienen y se relacionan. Sin embargo, el diseño detrás de estas plataformas también ha despertado cuestionamientos sobre su impacto en la salud mental y el bienestar digital. Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno al contenido, sino a la arquitectura tecnológica que mantiene a millones de usuarios conectados durante horas.

En este contexto, la Unión Europea ha puesto bajo la lupa a Meta, al considerar que varios elementos presentes en Facebook e Instagram incentivan un consumo excesivo de contenido. La investigación abre un nuevo capítulo en el debate sobre la responsabilidad de las grandes tecnológicas y el papel que deben asumir para proteger a usuarios vulnerables, especialmente menores de edad, frente a las funciones adictivas de Meta.

La Unión Europea pone en la mira las funciones adictivas de Meta

El más reciente movimiento regulatorio de la Comisión Europea representa uno de los desafíos más importantes para Meta desde la entrada en vigor de la Ley de Servicios Digitales (DSA). Tras una investigación, el organismo concluyó de manera preliminar que la empresa no evaluó correctamente los riesgos que el diseño de Facebook e Instagram representa para la salud física y mental de millones de personas.

Entre los elementos señalados destacan el desplazamiento infinito, la reproducción automática de videos y los sistemas de recomendaciones altamente personalizadas. Según la Comisión, estas herramientas están diseñadas para mantener la atención del usuario durante más tiempo, incentivando un consumo continuo de contenido casi sin interrupciones.

Para el regulador europeo, estas dinámicas favorecen que las personas entren en una especie de “piloto automático”, donde resulta difícil detener el uso de la plataforma. Este efecto sería especialmente preocupante entre adolescentes y otros grupos considerados vulnerables.

funciones adictivas de Meta

¿Por qué preocupa el diseño de Facebook e Instagram?

Más allá del tiempo que una persona permanece conectada, la Comisión Europea sostiene que el verdadero problema radica en la forma en que estas plataformas moldean el comportamiento de los usuarios. El algoritmo prioriza contenidos con mayor capacidad de generar interacción, alimentando un ciclo constante de consumo digital.

La investigación también señala que Meta habría pasado por alto información disponible sobre los hábitos nocturnos de menores de edad, quienes permanecen consumiendo reels e historias durante largos periodos. Esto ha reavivado el debate sobre la responsabilidad que tienen las plataformas para reducir riesgos asociados con el uso intensivo de redes sociales.

Otro de los puntos cuestionados son las herramientas actuales de bienestar digital. Para la Comisión, las alertas sobre tiempo de pantalla pueden ignorarse fácilmente y los controles parentales solo resultan eficaces cuando madres y padres cuentan con suficientes conocimientos tecnológicos para configurarlos correctamente.

Las funciones adictivas de Meta podrían cambiar por obligación legal

Como parte de sus exigencias, la Unión Europea pidió a Meta modificar aspectos centrales del funcionamiento de sus plataformas. La propuesta contempla que la reproducción automática y el desplazamiento infinito dejen de estar activados por defecto, permitiendo que el usuario tenga un mayor control sobre su experiencia.

Asimismo, el organismo plantea incorporar pausas realmente efectivas durante el uso continuo de las aplicaciones, así como revisar el algoritmo de recomendaciones para que deje de estar tan enfocado en maximizar el nivel de interacción y permanencia dentro de la plataforma.

Estas medidas reflejan un cambio de paradigma en la regulación tecnológica. Ya no solo se busca controlar el contenido que circula en internet, sino también cuestionar los mecanismos de diseño capaces de influir en la conducta de millones de personas de manera casi imperceptible.

Meta responde y enfrenta posibles sanciones millonarias

La compañía aún tiene la posibilidad de impugnar las conclusiones preliminares presentadas por la Comisión Europea. De acuerdo con declaraciones realizadas al The New York Times, Meta manifestó su desacuerdo con el informe y aseguró que este no refleja adecuadamente las acciones implementadas para proteger a los adolescentes.

No obstante, si la investigación concluye que existe un incumplimiento de la Ley de Servicios Digitales, la empresa podría enfrentar una sanción de hasta el 6% de su facturación anual global. Se trataría de una de las multas más significativas contempladas por la legislación europea para plataformas digitales.

Más allá del impacto económico, el caso podría sentar un precedente para otras compañías tecnológicas que utilizan estrategias similares de retención de usuarios. La discusión sobre las funciones adictivas de Meta podría extenderse rápidamente al resto de la industria digital.

El caso abierto por la Unión Europea marca un momento decisivo para el futuro de las plataformas digitales. La discusión ya no se limita a la moderación de contenidos o la privacidad de los datos, sino que pone el foco en la responsabilidad ética del diseño tecnológico y en cómo determinadas decisiones de producto pueden influir directamente en la salud y el bienestar de las personas.

Si las conclusiones de la investigación prosperan, las funciones adictivas de Meta podrían convertirse en el primer gran ejemplo de cómo la regulación obliga a replantear la experiencia digital desde una perspectiva de responsabilidad social. Más que restringir la innovación, el objetivo parece ser construir entornos tecnológicos donde captar la atención no implique comprometer el bienestar de quienes los utilizan.

Brecha de género en la religión: Generación Z podría reducirla

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Durante décadas, la religión ha reflejado una diferencia constante entre hombres y mujeres. Diversos estudios mostraban que ellas tendían a otorgar mayor importancia a la fe, asistir con más frecuencia a los servicios religiosos y participar activamente en la vida de sus congregaciones. Sin embargo, las generaciones más jóvenes están comenzando a modificar un patrón que parecía inamovible.

Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno a quién es más religioso, sino a las razones detrás de un cambio que despierta el interés de investigadores, líderes religiosos y especialistas en ciencias sociales. La Generación Z está transformando las dinámicas tradicionales y obligando a replantear cómo la religión dialoga con temas como la igualdad, la identidad y los valores contemporáneos.

La brecha de género en la religión comienza a cambiar

De acuerdo con un artículo de TIME, la brecha de género en la religión ha sido una constante en las encuestas durante décadas. Históricamente, las mujeres declaraban con mayor frecuencia que la religión ocupaba un lugar central en sus vidas, mientras que los hombres mostraban niveles menores de compromiso religioso. Sin embargo, los datos más recientes sugieren que esa distancia podría estar reduciéndose entre quienes hoy tienen entre 18 y 29 años.

Una encuesta de Gallup reveló que, durante 2024-2025, el 42% de los hombres jóvenes afirmó que la religión era “muy importante” en su vida, un incremento considerable respecto al 28% registrado apenas dos años antes. En contraste, únicamente el 29% de las mujeres del mismo grupo de edad expresó el mismo nivel de importancia, invirtiendo una tendencia que había predominado durante años.

Para Frank Newport, científico sénior de Gallup, este cambio representa un hallazgo relevante porque, por primera vez en mucho tiempo, hombres y mujeres jóvenes presentan niveles estadísticamente similares en varias mediciones de religiosidad. Incluso, en algunos indicadores, los hombres aparecen ligeramente por encima.

¿Los hombres jóvenes realmente son más religiosos?

Aunque los resultados de Gallup han llamado la atención, no todos los especialistas coinciden en que exista un verdadero resurgimiento religioso entre los hombres jóvenes. Instituciones como el Instituto de Investigación de Religión Pública (PRRI) y el Centro de Investigación Pew no han encontrado evidencias igual de contundentes que respalden ese crecimiento.

Los expertos señalan que existe una diferencia importante entre considerar que la religión es relevante y participar activamente en una comunidad religiosa. Asistir regularmente a ceremonias, involucrarse en actividades de la congregación o mantener prácticas espirituales constantes son indicadores distintos que no muestran el mismo incremento observado en las respuestas sobre identidad religiosa.

Brecha de género en la religión

Por ello, algunos investigadores consideran que el fenómeno podría reflejar un cambio en la percepción o en la identidad cultural de los jóvenes, más que un aumento real de la práctica religiosa cotidiana.

Política, identidad y redes sociales: factores que influyen

Otra explicación que ha cobrado fuerza relaciona este fenómeno con la transformación del panorama político estadounidense. Diversos especialistas sostienen que parte del aumento observado entre los hombres jóvenes se concentra particularmente entre quienes se identifican con posiciones conservadoras.

Para algunos politólogos, la religión podría estar funcionando también como una expresión de identidad política. En ese contexto, el crecimiento de comunidades digitales vinculadas a discursos conservadores e incluso espacios conocidos como la “manosfera” podría estar reforzando el interés de algunos hombres por determinadas expresiones religiosas.

Sin embargo, varios líderes religiosos consultados sobre el tema aseguran que, desde la experiencia de sus congregaciones, no perciben un aumento motivado principalmente por afinidades partidistas. En cambio, consideran que algunos jóvenes buscan respuestas espirituales frente a la incertidumbre social y personal que caracteriza a esta generación.

La brecha de género en la religión también refleja el alejamiento de las mujeres

Mientras continúa el debate sobre el comportamiento de los hombres jóvenes, muchos investigadores consideran que la brecha de género en la religión se está reduciendo principalmente porque cada vez más mujeres se alejan de las instituciones religiosas.

Los datos respaldan esta hipótesis. Según PRRI, el porcentaje de mujeres jóvenes sin afiliación religiosa pasó del 29% en 2013 al 43% en 2025. De manera similar, Pew ha identificado que la disminución de la religiosidad femenina explica buena parte del cierre de la diferencia histórica entre ambos géneros.

Gallup también muestra una tendencia de largo plazo significativa. Si hace poco más de una década el 51% de las mujeres jóvenes afirmaba que la religión era muy importante en su vida, actualmente esa cifra se ha reducido hasta el 29%, reflejando un cambio generacional profundo.

El peso del sexismo dentro de algunas comunidades religiosas

Entre las razones que podrían explicar este alejamiento aparece con frecuencia la percepción de desigualdad de género dentro de algunas tradiciones religiosas. Diversas investigadoras sostienen que muchas mujeres cuestionan estructuras donde continúan predominando los liderazgos masculinos y los roles tradicionales.

Especialistas como Gina Zurlo, profesora de Cristianismo Mundial en Harvard, destacan que históricamente las mujeres han sostenido gran parte del trabajo cotidiano de las iglesias: enseñan, organizan actividades, acompañan comunidades y transmiten la fe entre generaciones. Sin embargo, su participación no siempre se traduce en espacios de liderazgo o toma de decisiones.

A ello se suma la permanencia de discursos que enfatizan la subordinación femenina o limitan el acceso de las mujeres a determinados cargos religiosos. Para muchas jóvenes, estas dinámicas resultan incompatibles con los valores de igualdad que hoy defienden en otros ámbitos de su vida.

Experiencias personales que impulsan nuevas decisiones

Más allá de las estadísticas, numerosas mujeres han compartido experiencias que explican por qué decidieron alejarse de sus comunidades religiosas. Historias relacionadas con relaciones abusivas, discriminación o interpretaciones rígidas de los roles de género aparecen con frecuencia en testimonios públicos y redes sociales.

La creadora de contenido Jubilee Dawn Huerta ha explicado que comenzó a cuestionar sus creencias después de vivir un matrimonio donde las enseñanzas religiosas eran utilizadas para justificar conductas abusivas y exigir sumisión. Su historia se ha convertido en un punto de encuentro para miles de mujeres que narran vivencias similares.

Estos relatos muestran que el debate ya no se limita a la práctica religiosa, sino que también involucra temas como los derechos de las mujeres, la autonomía personal y la construcción de relaciones igualitarias dentro de los espacios de fe.

Una transformación con implicaciones para la responsabilidad social

Los cambios que experimenta la Generación Z representan un desafío para las organizaciones religiosas, pero también ofrecen aprendizajes para cualquier institución interesada en fortalecer la inclusión y la equidad. Comprender por qué ciertos grupos se sienten representados mientras otros se distancian resulta clave para construir espacios más diversos.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social, escuchar las inquietudes de las nuevas generaciones implica revisar prácticas, reconocer desigualdades y promover ambientes donde todas las personas puedan participar en condiciones de respeto e igualdad. La confianza institucional depende, cada vez más, de la capacidad para responder a esas expectativas.

La evolución de la religiosidad entre los jóvenes demuestra que las transformaciones sociales rara vez obedecen a una sola causa. Mientras algunas encuestas apuntan a un mayor interés religioso entre los hombres, otras evidencias indican que el cambio responde principalmente al alejamiento de las mujeres de instituciones que consideran poco alineadas con sus valores y expectativas.

Más allá de cuál explicación termine consolidándose, la discusión sobre la brecha de género en la religión refleja un fenómeno más amplio: las nuevas generaciones buscan coherencia entre sus convicciones y las organizaciones de las que forman parte. Para las comunidades religiosas, así como para cualquier institución comprometida con la responsabilidad social, el reto será construir espacios verdaderamente inclusivos, donde la igualdad deje de ser un ideal y se convierta en una práctica cotidiana.

¿Es posible tomar decisiones objetivas? El desafío de los sesgos en las empresas

Todos creemos que las mejores decisiones dentro de una organización se toman con base en datos, resultados y competencias. Sin embargo, la realidad es más compleja. Detrás de una contratación, una promoción o la asignación de un proyecto estratégico pueden intervenir factores invisibles que alteran la percepción de quienes toman decisiones, incluso cuando existe la intención de ser imparcial.

Estos mecanismos, conocidos como sesgos en las empresas, representan uno de los desafíos más importantes para construir culturas organizacionales más inclusivas, innovadoras y competitivas. Aunque forman parte del funcionamiento natural del cerebro humano, identificarlos y reducir su impacto se ha convertido en una prioridad para aquellas organizaciones que buscan colocar a las personas en el centro de sus decisiones.

¿Qué son los sesgos en las empresas y por qué afectan las decisiones?

Cuando un líder entrevista a un candidato, evalúa el desempeño de un colaborador o decide quién asumirá un nuevo reto, rara vez piensa que su criterio puede estar influenciado por prejuicios inconscientes. Sin embargo, esto ocurre con mucha más frecuencia de la que se imagina.

De acuerdo con el Economista, la especialista en liderazgo, comunicación y manejo de emociones, Tania Plasencia, explica que los sesgos son atajos mentales que utiliza el cerebro para procesar información con mayor rapidez. De acuerdo con el Códice de Sesgos Cognitivos, existen entre 180 y 200 tipos identificados. Entre los más frecuentes se encuentran el sesgo de confirmación, que impulsa a buscar información que respalde las propias creencias, y el efecto halo, donde una característica positiva o negativa termina definiendo la percepción completa sobre una persona.

Aunque estos procesos son naturales, cuando predominan sobre la evidencia pueden conducir a contrataciones poco objetivas, promociones basadas en afinidades personales o evaluaciones que dejan de lado las competencias reales del talento.

Cuando la afinidad pesa más que el talento

En muchas organizaciones existe una tendencia silenciosa a rodearse de personas que piensan igual. Sin proponérselo, algunos líderes terminan privilegiando perfiles que confirman sus ideas antes que aquellos capaces de cuestionarlas o aportar nuevas perspectivas.

Para Tania Plasencia, este comportamiento también responde a factores culturales. En contextos donde predomina una baja autoestima organizacional, es común que algunos mandos medios busquen colaboradores que no representen una amenaza para su posición, sino que validen constantemente sus decisiones. El problema es que esta práctica limita el desarrollo del talento sin importar su género, edad, religión o experiencia.

Las consecuencias van mucho más allá del clima laboral. Cuando las empresas favorecen la afinidad sobre las capacidades, disminuye la diversidad de pensamiento, se reducen las posibilidades de innovación y se desaprovechan perfiles que podrían fortalecer la competitividad del negocio.

Cómo reducir los sesgos en las empresas desde el liderazgo

Reconocer que los prejuicios existen es el primer paso para disminuir su influencia. Ningún líder está completamente libre de ellos, pero sí puede desarrollar herramientas que le permitan tomar decisiones más objetivas y justas.

Una de las estrategias más efectivas consiste en fortalecer la capacitación de quienes ocupan puestos de liderazgo y establecer procesos de evaluación sustentados en habilidades, competencias y resultados medibles, en lugar de percepciones personales. Esto permite disminuir la influencia de factores subjetivos durante la contratación, evaluación o promoción del talento.

Cada vez más organizaciones incorporan prácticas como los currículums sin fotografía o sin datos personales, así como matrices estandarizadas para evaluar candidatos. Si bien las grandes empresas han mostrado avances importantes en este ámbito, todavía existe una amplia oportunidad para que las pequeñas y medianas empresas profesionalicen sus procesos de gestión del talento.

Una cultura organizacional que aprende a cuestionarse

Construir organizaciones más equitativas no depende únicamente del área de Recursos Humanos. El cambio comienza cuando el liderazgo entiende que cada decisión impacta directamente en la experiencia de las personas y en la cultura de la empresa.

Esto implica definir criterios claros para reconocer el desempeño, ofrecer esquemas de flexibilidad cuando las circunstancias personales lo requieran y generar ambientes donde cada colaborador pueda desarrollarse sin temor a ser juzgado por aspectos ajenos a su trabajo. La corresponsabilidad en los cuidados familiares, por ejemplo, debe entenderse como una necesidad humana y no como una condición asociada al género.

Además, la creación de comités de ética fortalece los mecanismos para reportar situaciones que afecten el ambiente laboral, mientras que herramientas como la inteligencia artificial pueden ayudar a identificar patrones en las evaluaciones de desempeño y detectar posibles áreas de mejora antes de que se conviertan en problemas estructurales.

Eliminar por completo los sesgos probablemente sea imposible, porque forman parte de la manera en que funciona el cerebro humano. Sin embargo, aceptar su existencia permite diseñar procesos más transparentes, fortalecer la objetividad y construir organizaciones donde el talento tenga mayores oportunidades de desarrollarse por sus capacidades y no por percepciones subjetivas.

En un entorno donde la responsabilidad social también se refleja en la forma de liderar, revisar los criterios con los que se toman las decisiones representa una ventaja competitiva. Las empresas que cuestionan sus propios procesos no solo impulsan una cultura más justa, sino que también crean equipos diversos, innovadores y preparados para responder a los desafíos del futuro.

La RSE también se juega en la cancha: FIFA dona 1 MDD a Venezuela

En un momento en el que el fútbol concentra la atención mundial por la cuenta regresiva hacia la Copa Mundial de la FIFA 2026, el organismo rector del deporte recordó que su influencia también puede extenderse más allá de los estadios. La reciente donación de la FIFA de un millón de dólares para apoyar la respuesta humanitaria en Venezuela demuestra que el deporte también puede convertirse en una plataforma para movilizar recursos y generar esperanza en medio de una crisis.

La tragedia ocurrió tras un inusual doblete sísmico que sacudió el norte de Venezuela, dejando miles de personas fallecidas, heridas y desplazadas. Ante un desastre de esta magnitud, las acciones solidarias de organismos internacionales, empresas y fundaciones cobran especial relevancia. En este escenario, el respaldo de la FIFA reabre la conversación sobre el papel que las organizaciones deportivas desempeñan dentro de la agenda global de la responsabilidad social.

Donación de la FIFA: una respuesta ante la emergencia

La donación de la FIFA asciende a un millón de dólares y será canalizada mediante el Fondo Humanitario de la Fundación FIFA, mecanismo creado para responder a emergencias alrededor del mundo. Los recursos estarán destinados a fortalecer el trabajo de organizaciones humanitarias y aliados locales que ya operan en las comunidades afectadas por el terremoto.

El anuncio fue realizado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien expresó la solidaridad de la comunidad futbolística internacional con el pueblo venezolano. En su mensaje destacó que el fútbol posee una capacidad única para unir a las personas e inspirar esperanza, especialmente cuando las comunidades enfrentan momentos de profunda incertidumbre.

Más allá del monto económico, la decisión representa una intervención rápida que busca acelerar la atención de las necesidades más urgentes. En los primeros días posteriores a un desastre natural, el acceso a alimentos, agua potable, refugios temporales y atención médica suele marcar la diferencia entre una recuperación ordenada y una crisis prolongada.

¿Qué ocurrió en Venezuela y por qué fue un sismo fuera de lo común?

Los terremotos registrados en Venezuela llamaron la atención de la comunidad científica debido a una característica poco frecuente: se trató de un denominado “doblete sísmico”. En apenas 39 segundos ocurrieron dos terremotos principales con magnitudes de 7.2 y 7.5, cuyos epicentros estuvieron separados por apenas unos kilómetros.

A diferencia de una secuencia convencional de sismo principal y réplicas, ambos movimientos presentaron intensidades comparables. Especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) consideran probable que el primer terremoto haya desencadenado el segundo, configurando un fenómeno que ocurre en muy pocas ocasiones.

Las consecuencias fueron devastadoras. Miles de personas perdieron la vida, otras tantas resultaron heridas y numerosas comunidades quedaron con daños severos en infraestructura, viviendas y servicios básicos. La magnitud del desastre hizo necesaria la movilización de ayuda internacional para respaldar las labores de rescate y reconstrucción.

El Mundial 2026 también envía un mensaje de solidaridad

Mientras Estados Unidos, México y Canadá reciben la atención global como sedes del Mundial 2026, la FIFA decidió aprovechar la visibilidad del torneo para enviar un mensaje que trasciende el ámbito deportivo. Antes de los encuentros se ha guardado un minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto venezolano.

Este gesto simbólico recuerda que los grandes eventos deportivos también pueden convertirse en espacios para sensibilizar a millones de personas sobre problemáticas sociales y humanitarias. La enorme audiencia del fútbol internacional permite visibilizar situaciones que, de otro modo, podrían perder presencia en la conversación pública.

La combinación entre acciones simbólicas y apoyo financiero fortalece el alcance de este tipo de iniciativas. La solidaridad no solo se comunica mediante discursos, sino también a través de decisiones concretas que movilizan recursos hacia quienes más los necesitan.

Donación de la FIFA y responsabilidad social: mucho más que filantropía

La responsabilidad social ha dejado de ser exclusiva del sector empresarial. Hoy también involucra a organizaciones deportivas, ligas, federaciones y clubes cuya capacidad de influencia alcanza prácticamente todos los continentes.

En este contexto, la donación de la FIFA refleja una visión donde el deporte asume un papel activo frente a desafíos sociales y humanitarios. Más allá de organizar competencias internacionales, la institución reconoce que su alcance puede contribuir a fortalecer procesos de recuperación cuando ocurren desastres naturales.

donación de la FIFA

Este tipo de acciones también responde a una expectativa creciente de la sociedad. Los grupos de interés esperan que organizaciones con alto nivel de exposición pública utilicen sus recursos, liderazgo y capacidad de convocatoria para generar un impacto positivo más allá de su actividad principal.

La Fundación FIFA y el poder del deporte para generar impacto

La Fundación FIFA nació con el propósito de utilizar el fútbol como herramienta para impulsar proyectos sociales, educativos y humanitarios alrededor del mundo. Entre sus principales líneas de acción se encuentran la protección infantil, el acceso al deporte, el desarrollo comunitario y la respuesta ante emergencias.

Su Fondo Humanitario permite canalizar recursos hacia organizaciones especializadas que ya trabajan sobre el terreno, facilitando que la ayuda llegue con mayor rapidez a las comunidades afectadas. Este modelo también favorece la colaboración con actores locales que conocen las necesidades específicas de cada región.

La experiencia acumulada por la Fundación demuestra que el deporte puede convertirse en un vehículo para promover resiliencia, inclusión y reconstrucción social, especialmente cuando las comunidades atraviesan situaciones de alta vulnerabilidad.

¿Qué deja esta decisión para el futuro de la responsabilidad social?

Las crisis humanitarias seguirán representando uno de los principales desafíos globales durante los próximos años. Frente a este panorama, resulta cada vez más evidente que ningún actor puede responder por sí solo. Gobiernos, organismos internacionales, empresas, organizaciones civiles y entidades deportivas necesitan construir respuestas conjuntas.

La actuación de la FIFA muestra cómo una institución cuya actividad principal gira en torno al entretenimiento también puede asumir un compromiso social tangible. Esta visión fortalece la idea de que la responsabilidad social no depende únicamente del giro de una organización, sino de la manera en que utiliza su capacidad de influencia para generar bienestar colectivo.

La tragedia que vive Venezuela vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la cooperación internacional frente a los desastres naturales. Cuando los recursos llegan de forma oportuna y se coordinan con organizaciones locales, aumentan las posibilidades de atender las necesidades inmediatas y acelerar la recuperación de las comunidades afectadas.

En un contexto donde el Mundial 2026 mantiene a la FIFA bajo los reflectores, la decisión de destinar recursos humanitarios recuerda que el impacto del deporte también puede medirse fuera de la cancha. Más allá de los resultados deportivos, iniciativas como esta evidencian que la solidaridad, la responsabilidad social y la capacidad de movilizar apoyo global también forman parte del legado que una organización puede construir.

CANIPEC y el Consejo Consultivo del Agua firman convenio para impulsar la gestión sustentable del agua en México

La Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos y la Asociación Nacional de la Industria de Productos del Cuidado Personal y del Hogar A.C. (CANIPEC) y el Consejo Consultivo del Agua, A.C. (CCA) firmaron un Convenio General de Colaboración, en el que ambas organizaciones formalizan una alianza estratégica orientada a promover la gestión sustentable del agua en México, a través de la investigación, la educación y la generación de una cultura responsable en torno a este recurso.

El convenio fue suscrito por el Lic. Carlos Berzunza Sánchez, presidente ejecutivo de CANIPEC y el Lic. Raúl Rodríguez Márquez, presidente del Consejo Directivo del CCA, durante una reunión realizada esta mañana en la Ciudad de México.

Con esta firma, las instituciones establecen las bases generales para desarrollar proyectos de investigación científica, programas de especialización y actualización profesional, así como campañas de comunicación y educación dirigidas a sensibilizar a la población sobre el uso, cuidado y la problemática actual del agua en el país. El convenio sienta las bases para futuros proyectos específicos conforme a las prioridades que se definan desde la CANIPEC y el CCA.

El Consejo Consultivo del Agua es un organismo ciudadano, plural e independiente, integrado por especialistas y representantes de los sectores académico, social y económico, reconocido por su capacidad de incidencia en la implementación de políticas públicas en materia hídrica.

Por su parte, CANIPEC representa a la industria del cuidado personal y del hogar en México como el puente de comunicación y cercanía entre industria, autoridad y consumidores para comprender y atender las necesidades de la sociedad actual y futura, garantizando ser una industria confiable, transparente, que se rige bajo un marco estricto de regulación y que brinda seguridad, accesibilidad y confiabilidad. Para las empresas afiliadas a CANIPEC, este convenio representa una oportunidad para:

  • Acceder a conocimiento técnico y especializado en gestión sustentable del agua, que podrá traducirse en mejores prácticas dentro de sus procesos y cadenas de valor.
  • Participar en campañas de comunicación y sensibilización de alcance nacional, fortaleciendo el compromiso ambiental y la reputación de la industria ante consumidores y autoridades.
  • Sumarse a programas de capacitación y actualización profesional en temas de sustentabilidad hídrica.
  • Contar con mayor cercanía e interlocución con un organismo con capacidad reconocida de incidencia en políticas públicas relacionadas con el agua.
  • Impulsar, de manera conjunta, proyectos de investigación e innovación orientados al uso responsable y eficiente del agua.
CANIPEC y el Consejo Consultivo del Agua

Carlos Berzunza Sánchez, presidente ejecutivo de CANIPEC, señaló que “Para la industria de Cuidado Personal y del Hogar el agua es un recurso estratégico, presente en procesos, productos y el uso cotidiano de los mismos, por lo que las empresas innovan para optimizar cada etapa. Este convenio representa una oportunidad para fortalecer la colaboración con un aliado técnico de primer nivel, con quien podemos sumar esfuerzos para impulsar una cultura del uso responsable del agua y desarrollar acciones concretas que contribuyan a la seguridad hídrica del país. Estamos convencidos de que es mediante el trabajo conjunto entre industria, autoridades y sociedad que podremos construir soluciones para uno de los mayores desafíos de México.”

Por su parte, Raúl Rodríguez, presidente del Consejo Consultivo del Agua, destacó que “México requiere de la suma de esfuerzos y de trabajar en colectivo por una mejor gestión del agua en todos los sectores, “los desafíos que atraviesa el país en materia hídrica demandan que autoridades, sector productivo, academia y la sociedad en general trabajemos en una agenda común que atienda retos y genere propuestas sólidas que garanticen la seguridad hídrica del país”.

A partir de la firma de este convenio general, CANIPEC y el Consejo Consultivo del Agua trabajarán en la definición de acciones específicas que detallarán las primeras iniciativas conjuntas, entre las que se contempla el desarrollo de campañas educativas y proyectos de investigación orientados a fortalecer la cultura del cuidado del agua entre la población y la industria.

Mitsubishi Motors de México y Zadrigman buscan superar las 7 toneladas de alimento para perritos

En el marco del Día Mundial del Perro que se celebra el 27 de julio, Mitsubishi Motors de México anuncia la segunda edición de “Operación Patitas 2026”, una iniciativa creada en alianza con el rescatista animal Zadrigman (@Zadrigman), con el objetivo de recaudar alimento para perritos en situación vulnerable y apoyar a refugios que diariamente trabajan por brindarles una segunda oportunidad a lomitos sin hogar.

Tras el éxito de la primera edición, en la que se lograron reunir más de 7 toneladas de alimento, este año la campaña busca superar esa cifra con el crecimiento de sus centros de acopio, ahora reforzados con la integración de ocho Distribuidores Mitsubishi Motors, que estarán recibiendo los donativos.

¿Cómo donar alimentos?

Cualquier persona podrá sumarse llevando donativos de croquetas a los distribuidores participantes del 6 al 21 de julio, de 9 a 18 horas. Los donativos podrán ser alimento de cualquier marca y tamaño, siempre en bolsa cerrada.

Distribuidores participantes:

  • Mitsubishi San Ángel 
  • Mitsubishi Insurgentes
  • Mitsubishi Coapa
  • Mitsubishi Tláhuac
  • Mitsubishi Satélite
  • Mitsubishi Vallejo
  • Mitsubishi Aeropuerto
  • Mitsubishi Cuautitlán

Además, quienes deseen conocer a Zadrigman podrán hacerlo en los Distribuidores seleccionados, donde habrá activaciones especiales y obsequios para los asistentes únicamente en estos días y horarios:

  • Viernes 10 julio
    • Mitsubishi San Ángel: 10:00- 13:00 hr
    • Mitsubishi  Insurgentes: 15:00- 18:00 hr
  • Domingo 12 julio
    • Mitsubishi  Coapa: 10:00- 13:00 hr
    • Mitsubishi  Tláhuac: 15:00- 18:00 hr
  • Viernes 17 julio
    • Mitsubishi Satélite: 10:00- 13:00 hr
    • Mitsubishi Vallejo: 15:00- 18:00 hr

alimento para perritos
 



Con esta firma, las instituciones establecen las bases generales para desarrollar proyectos de investigación científica, programas de especialización y actualización profesional, así como campañas de comunicación y educación dirigidas a sensibilizar a la población sobre el uso, cuidado y la problemática actual del agua en el país. El convenio sienta las bases para futuros proyectos específicos conforme a las prioridades que se definan desde la CANIPEC y el CCA.

El Consejo Consultivo del Agua es un organismo ciudadano, plural e independiente, integrado por especialistas y representantes de los sectores académico, social y económico, reconocido por su capacidad de incidencia en la implementación de políticas públicas en materia hídrica.


Acceder a conocimiento técnico y especializado en gestión sustentable del agua, que podrá traducirse en mejores prácticas dentro de sus procesos y cadenas de valor.
Participar en campañas de comunicación y sensibilización de alcance nacional, fortaleciendo el compromiso ambiental y la reputación de la industria ante consumidores y autoridades.
Sumarse a programas de capacitación y actualización profesional en temas de sustentabilidad hídrica.
Contar con mayor cercanía e interlocución con un organismo con capacidad reconocida de incidencia en políticas públicas relacionadas con el agua.
Impulsar, de manera conjunta, proyectos de investigación e innovación orientados al uso responsable y eficiente del agua.
Carlos Berzunza Sánchez, presidente ejecutivo de CANIPEC, señaló que “Para la industria de Cuidado Personal y del Hogar el agua es un recurso estratégico, presente en procesos, productos y el uso cotidiano de los mismos, por lo que las empresas innovan para optimizar cada etapa. Este convenio representa una oportunidad para fortalecer la colaboración con un aliado técnico de primer nivel, con quien podemos sumar esfuerzos para impulsar una cultura del uso responsable del agua y desarrollar acciones concretas que contribuyan a la seguridad hídrica del país. Estamos convencidos de que es mediante el trabajo conjunto entre industria, autoridades y sociedad que podremos construir soluciones para uno de los mayores desafíos de México.”

Por su parte, Raúl Rodríguez, presidente del Consejo Consultivo del Agua, destacó que “México requiere de la suma de esfuerzos y de trabajar en colectivo por una mejor gestión del agua en todos los sectores, “los desafíos que atraviesa el país en materia hídrica demandan que autoridades, sector productivo, academia y la sociedad en general trabajemos en una agenda común que atienda retos y genere propuestas sólidas que garanticen la seguridad hídrica del país”.

A partir de la firma de este convenio general, CANIPEC y el Consejo Consultivo del Agua trabajarán en la definición de acciones específicas que detallarán las primeras iniciativas conjuntas, entre las que se contempla el desarrollo de campañas educativas y proyectos de investigación orientados a fortalecer la cultura del cuidado del agua entre la población y la industria.

Al término de la colecta, Zadrigman y Mitsubishi Motors realizarán la entrega del alimento recaudado a los refugios beneficiados, reafirmando su compromiso de generar un impacto positivo en favor del bienestar animal.

Para el traslado y entrega de alimento a los refugios, Mitsubishi transportará todos los donativos recaudados en los siete Distribuidores en varias pickup L200 GSR,  gracias a su capacidad de carga de 1 tonelada y arrastre de 3.5 kg, así como los 4 modos de manejo 4×4 y su sistema 4WD que le permiten accesar en terrenos irregulares en cualquier parte de la Ciudad.