Según Obama, que ha puesto como ejemplo los esfuerzos de otros países como España, «una economía basada en energía renovable no es una fantasía del más allá, no es parte de un futuro lejano».
La semana pasada, en defensa de su masivo paquete de estímulo económico con una factura que se aproxima al billón de dólares, Obama viajó hasta una compañía de Ohio dedicada a la fabricación de piezas para turbinas propulsadas por el viento. Y durante su visita a Cardinal Fastener & Specialty Co., el presidente electo se encargó de recordar que la empresa acababa de contratar a dos nuevos empleados pese a la ingente destrucción de empleo en EE.UU. tras un año de recesión.
La «photo-opportunity» de Obama en Ohio sirve para resumir el argumento central de una política energética basada en que la búsqueda de alternativas sostenibles es la clave para que la mayor economía vuelva a recuperar su prosperidad perdida. Un argumento donde pesa más la creación de puestos de trabajo que el cambio climático. Y que se enfrenta a grandes gastos precisamente cuando el precio del petróleo ha caído a sus niveles más bajos en cuatro años y medio, en reflejo del retroceso en el consumo asociado con la crisis económica global.





