El viaje del Osito Bimbo

Por Edgar López

El Osito Bimbo tiene que viajar. Una semana está en Monterrey, la siguiente en Madrid y después en Bogotá. Va porque es su trabajo: visitar las panaderías, ver cómo van las cosas y ayudar a que todo funcione bien.
Para llegar a esos lugares casi siempre se sube a un avión. Y los aviones, cuando vuelan, usan combustible que deja emisiones en el aire. Aunque el avión no sea de Bimbo y el combustible tampoco lo compre Bimbo, esas emisiones se cuentan como parte de su huella, porque los viajes ocurren por trabajo de la empresa.

Por eso Bimbo decidió hacer algo. Llegó a un acuerdo con Aeromexico para impulsar el uso de un combustible diferente. Se llama SAF y puede generar menos emisiones asociadas a los vuelos. Con este acuerdo, las reducciones asociadas a esos viajes pueden medirse y reconocerse.

Hasta aquí llega la historia del Osito Bimbo.

Grupo Bimbo no es un osito. Es un oso mucho más grande. Opera en decenas de países, mueve miles de rutas de distribución y trabaja con una extensa red de agricultores, proveedores y transportistas. Y los grandes osos dejan huellas mucho más profundas.

Por eso esta alianza me parece interesante. No tanto por el tamaño de la huella que busca reducir hoy, sino por la pregunta que deja abierta para mañana.
Si una empresa puede ayudar a reducir las emisiones de los vuelos que utiliza, ¿podrá hacer lo mismo con otras huellas más grandes? ¿Con la logística? ¿Con sus proveedores? ¿Con las cadenas de valor que sostienen su operación?
Porque una cosa es seguir las pequeñas huellas del osito que todos conocemos. Y otra muy distinta es comenzar a seguir los rastros del gran oso que hay detrás.

El viaje del Osito Bimbo puede terminar aquí.
La historia del gran oso apenas comienza.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Cambio climático podría comprometer la eficacia de los medicamentos

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El cambio climático suele analizarse por sus efectos sobre los ecosistemas, la disponibilidad de agua o la seguridad alimentaria. Sin embargo, existe una consecuencia menos visible que comienza a preocupar a especialistas en salud pública: el impacto de las temperaturas extremas sobre los tratamientos médicos que millones de personas utilizan diariamente. A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, surgen nuevos riesgos que podrían afectar directamente la atención sanitaria.

Lo que antes era considerado un problema de almacenamiento o logística está adquiriendo una dimensión mucho más amplia. Autoridades sanitarias y organismos meteorológicos advierten que el aumento sostenido de las temperaturas puede alterar las condiciones bajo las cuales medicamentos y dispositivos médicos fueron diseñados para funcionar. Este escenario plantea desafíos que conectan la crisis climática con la salud humana de una manera cada vez más evidente.

Cambio climático y eficacia de los medicamentos: una relación que preocupa

Las autoridades sanitarias del Reino Unido han alertado sobre un fenómeno que podría agravarse durante las próximas décadas: el calor extremo puede afectar la estabilidad de numerosos tratamientos médicos. Muchos medicamentos están formulados para conservarse a temperaturas inferiores a los 25°C, una condición que resulta cada vez más difícil de garantizar durante las olas de calor.

Vehículos estacionados, mochilas, habitaciones con exposición directa al sol o incluso el transporte público pueden alcanzar temperaturas muy superiores a las recomendadas. Cuando esto ocurre, algunos componentes activos comienzan a degradarse, reduciendo la capacidad del tratamiento para producir los efectos esperados.

Este problema no distingue entre categorías terapéuticas. Tabletas, inhaladores, parches hormonales, insulina y autoinyectores de emergencia pueden verse afectados por condiciones de calor prolongado, generando incertidumbre sobre su desempeño cuando más se necesitan.

Los medicamentos refrigerados enfrentan riesgos mayores

Algunos tratamientos son especialmente sensibles a las variaciones de temperatura. La insulina y determinados antibióticos líquidos requieren una cadena de frío constante para conservar sus propiedades terapéuticas.

La interrupción de estas condiciones puede comprometer la calidad del producto incluso antes de que el usuario note algún cambio visible. Esto representa un desafío creciente para pacientes que dependen diariamente de estos medicamentos para controlar enfermedades crónicas.

Ante este panorama, las autoridades recomiendan revisar cuidadosamente las instrucciones de almacenamiento incluidas en los prospectos y conservar los medicamentos en los lugares más frescos del hogar, evitando dejarlos en automóviles o espacios expuestos al calor.

Cuando la tecnología médica también sufre por las altas temperaturas

El problema no se limita a los fármacos. Diversos dispositivos médicos pueden experimentar alteraciones en su funcionamiento cuando son utilizados o almacenados en ambientes demasiado cálidos.

Los monitores de glucosa, por ejemplo, podrían generar lecturas menos precisas si son expuestos a temperaturas elevadas. Esto puede afectar la toma de decisiones de las personas que viven con diabetes y dependen de información exacta para controlar su condición. La situación adquiere relevancia si se considera que los veranos están registrando temperaturas récord con mayor frecuencia. Equipos diseñados para climas históricamente templados podrían enfrentar dificultades operativas en escenarios donde el calor extremo se convierta en una nueva normalidad.

¿Cómo afecta el calor al organismo y a los tratamientos?

Las altas temperaturas no solo impactan a los medicamentos; también modifican la forma en que el cuerpo responde a ellos. El calor incrementa el riesgo de deshidratación y puede alterar diversos procesos fisiológicos relacionados con la absorción y acción de ciertos tratamientos.

Los diuréticos, por ejemplo, favorecen la pérdida de líquidos, mientras que algunos medicamentos para la presión arterial pueden dificultar la regulación de la temperatura corporal. Asimismo, tratamientos utilizados para la diabetes pueden incrementar la vulnerabilidad frente a episodios de deshidratación.

Esta combinación de factores puede hacer más difícil reconocer señales tempranas de agotamiento por calor, aumentando el riesgo de complicaciones, especialmente durante periodos de temperaturas extremas.

Eficacia de los medicamentos y grupos especialmente vulnerables

La disminución de la eficacia de los medicamentos no es el único riesgo asociado al calor. Algunas personas presentan una vulnerabilidad adicional debido a su edad o condición de salud.

Los adultos mayores, los niños pequeños y quienes viven con enfermedades cardíacas o renales pueden experimentar mayores complicaciones durante las olas de calor. Síntomas como mareos, dolor de cabeza, fatiga, confusión o deshidratación severa pueden aparecer con mayor facilidad en estos grupos.

Además, ciertos medicamentos utilizados para tratar afecciones dermatológicas, trastornos mentales o enfermedades crónicas pueden incrementar la sensibilidad de la piel a la radiación solar, aumentando el riesgo de quemaduras y reacciones cutáneas graves.

La adaptación climática también debe llegar al sector salud

El debate sobre la eficacia de los medicamentos está dejando de ser exclusivamente farmacéutico para convertirse en un asunto de adaptación climática. Organismos internacionales han documentado que las olas de calor son hoy más frecuentes e intensas que hace apenas unas décadas, una tendencia que continuará conforme aumenten las temperaturas globales.

Este escenario obliga a replantear protocolos de almacenamiento, transporte y uso de medicamentos desarrollados bajo condiciones climáticas distintas. Las infraestructuras sanitarias, las cadenas de suministro y los programas de atención médica deberán prepararse para responder a un entorno más cálido y exigente.

La salud pública enfrenta así un desafío multidimensional donde convergen ciencia, sostenibilidad, infraestructura y prevención. La capacidad de adaptación será clave para proteger a millones de pacientes en las próximas décadas.

La crisis climática está revelando impactos que trascienden los fenómenos ambientales visibles. El riesgo de que las altas temperaturas afecten la eficacia de los medicamentos demuestra cómo el calentamiento global puede influir directamente en aspectos esenciales de la vida cotidiana y la atención médica.

Garantizar la eficacia de los medicamentos en un mundo cada vez más cálido requerirá nuevas estrategias de almacenamiento, mayor educación para pacientes y sistemas de salud preparados para responder a condiciones extremas. La relación entre clima y salud ya no es una preocupación futura: se ha convertido en una realidad que demanda atención inmediata.

¿Pueden los gigantes tecnológicos ayudar a recuperar recursos hídricos? Google responde 

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Durante años, la conversación sobre sostenibilidad en el sector tecnológico se ha centrado en la energía, las emisiones de carbono y el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial. Sin embargo, existe otro recurso indispensable para el funcionamiento de la infraestructura digital que cada vez gana más protagonismo: el agua. Los centros de datos, responsables de sostener gran parte de la actividad digital global, dependen de este recurso para operar de manera eficiente.

A medida que aumenta la demanda de servicios digitales, también crecen las preguntas sobre el impacto ambiental de las empresas tecnológicas. ¿Es posible expandir la infraestructura digital sin ejercer una presión excesiva sobre las comunidades y ecosistemas locales? Google cree que sí. Con una nueva estrategia respaldada por inversiones millonarias y metas ambiciosas, la compañía busca demostrar que el crecimiento tecnológico y la gestión responsable del agua pueden avanzar de la mano.

La apuesta de Google para recuperar recursos hídricos antes de 2030

El anuncio más relevante de Google es su compromiso de devolver más agua de la que consumen sus centros de datos para el año 2030. La iniciativa forma parte de una estrategia integral de gestión hídrica que busca reducir los impactos locales asociados al crecimiento de la infraestructura digital.

Para lograrlo, la empresa presentó un paquete de financiamiento de 17 millones de dólares destinado a proteger cuencas hidrográficas y fortalecer proyectos ambientales en distintas regiones de Estados Unidos. Esta inversión se suma a una visión de largo plazo que busca equilibrar las necesidades operativas de los centros de datos con la conservación de los recursos naturales.

La meta no es menor. En 2025, Google reportó haber devuelto más de siete mil millones de galones de agua a los suministros locales. Para 2030, la compañía estima que sus proyectos permitirán reponer más de 19 mil millones de galones anuales, una cantidad que supera ampliamente el volumen total de agua que consume actualmente.

¿Por qué los centros de datos necesitan recuperar recursos hídricos?

Los centros de datos son el corazón de la economía digital moderna. Desde motores de búsqueda y aplicaciones de navegación hasta sistemas bancarios y plataformas de atención médica, millones de procesos dependen de estas instalaciones para funcionar sin interrupciones.

El desafío es que los servidores y chips generan grandes cantidades de calor durante su operación. Para mantener niveles óptimos de rendimiento, muchas instalaciones utilizan sistemas de refrigeración por agua, una tecnología que puede reducir el consumo energético en aproximadamente un 10 % frente a los métodos tradicionales basados únicamente en aire.

Aunque Google asegura que su huella hídrica representa menos del 1 % del volumen de agua que los estadounidenses utilizan cada año para regar jardines, la compañía reconoce que el impacto debe evaluarse a nivel local. Por ello, el objetivo de recuperar recursos hídricos no solo responde a una cuestión ambiental global, sino también a la necesidad de proteger las comunidades donde se ubican sus operaciones.

Un modelo basado en datos, transparencia e infraestructura

Como parte de su estrategia, Google desarrolló un marco de trabajo compuesto por cinco pilares para gestionar el agua de forma responsable. Uno de los elementos más relevantes es la evaluación previa de las cuencas hidrográficas antes de construir nuevas instalaciones.

Cuando una región presenta riesgos elevados relacionados con la disponibilidad de agua, la empresa puede optar por sistemas de refrigeración por aire o por el uso de agua reciclada. Esta decisión busca evitar que los nuevos desarrollos incrementen la presión sobre fuentes hídricas vulnerables.

recursos hídricos

La compañía también ha destinado más de 500 millones de dólares al fortalecimiento de infraestructura pública relacionada con agua potable, tratamiento de aguas residuales y sistemas de reutilización. Estas inversiones apoyan a municipios que enfrentan limitaciones presupuestales para modernizar redes de distribución, detectar fugas o mejorar la eficiencia de sus servicios.

A ello se suma una política de transparencia basada en reportes anuales sobre el consumo de agua y el avance de los proyectos de reposición. Un ejemplo es la colaboración desarrollada en el condado de Douglas, Georgia, donde las aguas residuales tratadas son reutilizadas para la refrigeración de centros de datos.

De la conservación de humedales a la agricultura sostenible

Los 17 millones de dólares anunciados recientemente financiarán proyectos en siete estados de Estados Unidos. La iniciativa busca generar beneficios ambientales tangibles mediante acciones adaptadas a las necesidades específicas de cada territorio.

En Georgia, los recursos permitirán restaurar humedales dentro del Área de Gestión de Vida Silvestre del Río Flint. En Iowa, la colaboración con organizaciones ambientales y autoridades agrícolas ayudará a productores locales a convertir miles de acres en sistemas de pastizales permanentes que reducen el uso de fertilizantes y mejoran la calidad del agua.

Otros proyectos contemplan la ampliación de infraestructura verde en Michigan, la restauración de bosques de llanura aluvial en Minnesota y la recuperación de humedales en Missouri. Mientras tanto, Nebraska recibirá apoyo para programas de detección de fugas y Texas contará con inversiones destinadas a fortalecer el acceso comunitario al agua y a la infraestructura necesaria para su gestión.

Estas iniciativas reflejan una visión más amplia de lo que significa recuperar recursos hídricos: no se trata únicamente de devolver volúmenes de agua, sino también de mejorar la salud de los ecosistemas, fortalecer la resiliencia de las comunidades y proteger la calidad del recurso a largo plazo.

La creciente expansión de la infraestructura digital está obligando a las empresas tecnológicas a replantear su relación con los recursos naturales. En este contexto, el agua se ha convertido en uno de los indicadores más relevantes para medir el impacto ambiental de los centros de datos y la capacidad de las compañías para operar de manera responsable.

La estrategia de Google muestra cómo las inversiones en infraestructura, la restauración de ecosistemas, la transparencia y la innovación tecnológica pueden converger en un mismo objetivo. Aunque los resultados finales se conocerán en los próximos años, el compromiso de recuperar recursos hídricos y devolver más agua de la que consume plantea un precedente importante para una industria que busca crecer sin comprometer el futuro de las comunidades y las cuencas hidrográficas que la sostienen.

¿Por qué apostar por ESG? 9 beneficios para las empresas

La conversación sobre sostenibilidad ha dejado de ser exclusiva de especialistas y organismos internacionales para convertirse en un tema central en las salas de juntas. Hoy, inversionistas, consumidores, colaboradores y reguladores observan con atención cómo las empresas responden a desafíos como el cambio climático, las desigualdades sociales, la transparencia corporativa y la gestión de riesgos. En este contexto, los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) se han consolidado como una herramienta estratégica para generar valor a largo plazo.

Aunque el concepto ESG fue formalizado en 2004 a partir del informe “Who Cares Wins” impulsado por el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, su crecimiento ha sido especialmente acelerado en los últimos años. La expectativa de que los activos globales gestionados bajo criterios ESG superen los 40 billones de dólares para 2030 refleja el interés de los mercados por organizaciones capaces de equilibrar rentabilidad, sostenibilidad y responsabilidad empresarial.

Más allá de responder a las exigencias de los inversionistas, las empresas están descubriendo que incorporar estos criterios puede traducirse en ventajas competitivas, eficiencia operativa y una mayor capacidad de adaptación. Los beneficios ESG ya no se perciben únicamente como una cuestión reputacional, sino como una oportunidad para fortalecer el negocio desde múltiples frentes.

Beneficios ESG: una ventaja competitiva que marca la diferencia

Las empresas que integran criterios ESG suelen diferenciarse en mercados cada vez más exigentes. Los consumidores valoran cada vez más las prácticas responsables y están dispuestos a premiar con su preferencia a las marcas que demuestran un compromiso genuino con la sostenibilidad y el impacto social.

Esta diferenciación también influye en otros grupos de interés. Empleados, proveedores, autoridades y socios comerciales observan con atención las acciones corporativas, por lo que una estrategia ESG sólida puede convertirse en un elemento decisivo para fortalecer el posicionamiento de una organización frente a sus competidores.

1. Atrae inversionistas y acceso a financiamiento

La inversión sostenible continúa ganando terreno en los mercados globales. Cada vez más inversionistas consideran los factores ambientales, sociales y de gobernanza como parte de sus procesos de evaluación antes de asignar recursos a una empresa.

La transparencia en la divulgación de información ESG permite que las organizaciones demuestren cómo gestionan riesgos y oportunidades de largo plazo. Esto genera confianza entre inversionistas y prestamistas, facilitando el acceso a capital y mejores condiciones de financiamiento.

2. Mejora el desempeño financiero

La sostenibilidad no solo genera valor reputacional; también puede impactar directamente en los resultados económicos. Medidas como la eficiencia energética, la optimización de recursos o la reducción de desperdicios suelen traducirse en ahorros significativos para las empresas.

Además, una gestión responsable ayuda a disminuir riesgos asociados con multas, sanciones regulatorias o problemas operativos. Como resultado, muchas organizaciones fortalecen su rentabilidad mientras avanzan en sus objetivos de sostenibilidad.

3. Genera lealtad y confianza en los clientes

Las nuevas generaciones buscan consumir productos y servicios alineados con sus valores. Para muchos consumidores, la transparencia y el compromiso social son factores tan importantes como la calidad o el precio.

Cuando una empresa comunica de manera clara sus iniciativas ambientales y sociales, fortalece la relación con sus clientes. Esta conexión emocional contribuye a construir confianza, aumentar la fidelidad y generar una comunidad más comprometida con la marca.

4. Hace más sostenibles las operaciones

Implementar criterios ESG implica analizar procesos internos para identificar oportunidades de mejora. Esto permite reducir consumos innecesarios, optimizar recursos y disminuir impactos ambientales.

Al mismo tiempo, las organizaciones desarrollan capacidades para responder a nuevas exigencias regulatorias y de mercado. Esta preparación facilita la adaptación ante un entorno empresarial que evoluciona constantemente. Aunado a ello, otro de los aspectos menos visibles, pero más relevantes, de los beneficios ESG es su capacidad para fortalecer las relaciones con proveedores, distribuidores y aliados estratégicos. Una visión sostenible permite construir cadenas de valor más eficientes, colaborativas y preparadas para los desafíos del futuro.

Las organizaciones que impulsan prácticas responsables en toda su operación suelen identificar nuevas oportunidades de crecimiento, mejorar su capacidad de escalamiento y generar relaciones comerciales más sólidas y duraderas.

5. Amplía las oportunidades de crecimiento

La sostenibilidad puede convertirse en una puerta de entrada a nuevos mercados. Las empresas que incorporan criterios ESG suelen estar mejor posicionadas para responder a las expectativas de clientes, inversionistas y socios comerciales.

Además, las prácticas responsables fortalecen las relaciones con distintos grupos de interés, lo que facilita la creación de alianzas estratégicas y la identificación de oportunidades de expansión que antes podían parecer inaccesibles.

6. Impulsa la innovación

Los desafíos ambientales y sociales exigen nuevas soluciones. Por ello, muchas empresas encuentran en ESG un motor para desarrollar productos, servicios y procesos más eficientes y sostenibles.

La búsqueda de alternativas responsables también fomenta la adopción de tecnologías emergentes y modelos de negocio innovadores. Esto permite a las organizaciones mantenerse competitivas en un mercado caracterizado por el cambio constante.

7. Atrae y retiene talento

Las nuevas generaciones buscan trabajar en organizaciones que compartan sus valores y tengan un propósito claro. Para muchos profesionales, el impacto social y ambiental de una empresa influye directamente en sus decisiones laborales.

Las compañías que priorizan ESG suelen proyectar una imagen de innovación, responsabilidad y compromiso. Esto facilita la atracción de talento altamente calificado y contribuye a mejorar la permanencia y satisfacción de los colaboradores.

8. Fortalece el compromiso de los empleados

Cuando las personas perciben que su trabajo contribuye a objetivos más amplios que la rentabilidad, aumenta su sentido de pertenencia. Los programas relacionados con sostenibilidad, diversidad o impacto comunitario pueden generar una mayor conexión con la organización.

Este compromiso se traduce en equipos más motivados, mejor clima laboral y mayores niveles de productividad. A largo plazo, la cultura organizacional se fortalece y se convierte en una ventaja competitiva difícil de replicar.

9. Incrementa la resiliencia de la cadena de suministro

Las cadenas de suministro enfrentan riesgos cada vez más complejos, desde tensiones geopolíticas hasta fenómenos climáticos extremos. Los marcos ESG ayudan a las empresas a identificar vulnerabilidades y diversificar sus fuentes de abastecimiento.

Además, fomentan prácticas de transparencia y rendición de cuentas que permiten anticipar posibles interrupciones. Como resultado, las organizaciones desarrollan una mayor capacidad para responder a escenarios inciertos y mantener la continuidad de sus operaciones.

La evolución de los mercados demuestra que la sostenibilidad ya no es un elemento complementario dentro de la estrategia empresarial. Los criterios ESG se han convertido en una herramienta para fortalecer la competitividad, gestionar riesgos y responder a las expectativas de una sociedad cada vez más consciente de los impactos corporativos.

Lejos de ser una tendencia pasajera, los beneficios ESG muestran cómo las empresas pueden generar valor económico mientras contribuyen al bienestar social y ambiental. Aquellas organizaciones que integren estos principios de forma auténtica y estratégica estarán mejor preparadas para liderar en un entorno donde la confianza, la transparencia y la sostenibilidad son factores decisivos para el éxito.

Racismo y homofobia: así planea la FIFA proteger a los futbolistas en el Mundial 2026

El fútbol moderno se juega en más escenarios que nunca. Además de los estadios, los entrenamientos y las transmisiones televisivas, existe otro espacio donde los jugadores están constantemente expuestos: las redes sociales. Cada gol, cada error y cada decisión dentro del campo puede desencadenar miles de reacciones en cuestión de segundos, algunas de ellas cargadas de violencia, discriminación y odio.

Con el crecimiento de las plataformas digitales, los insultos racistas, misóginos y homófobos se han convertido en una preocupación cada vez más visible para federaciones, clubes y atletas. Lo que antes podía limitarse a un sector de aficionados en las gradas ahora tiene el potencial de llegar a millones de personas alrededor del mundo. Ante esta realidad, la FIFA busca reforzar su estrategia para crear entornos más seguros durante la próxima Copa del Mundo.

La organización ha decidido ampliar el uso de herramientas basadas en inteligencia artificial para combatir este fenómeno durante el torneo de 2026. La apuesta no solo responde a la necesidad de proteger la integridad de los jugadores, sino también a la creciente preocupación por el impacto que el discurso de odio tiene sobre la experiencia deportiva y el bienestar emocional de quienes participan en ella.

A medida que se acerca uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, la FIFA considera que la tecnología puede desempeñar un papel clave para reducir la exposición de los atletas a mensajes ofensivos y discriminatorios, una problemática que ha acompañado al fútbol durante los últimos años y que parece intensificarse en el entorno digital.

Cómo protegerá la FIFA a los futbolistas en el Mundial 2026

La FIFA anunció que ofrecerá de manera gratuita su Servicio de Protección en Redes Sociales a todas las federaciones participantes en la Copa del Mundo de 2026. Esta iniciativa fue introducida después del Mundial de Qatar 2022 y representa uno de los esfuerzos más importantes del organismo para enfrentar el abuso digital en el deporte.

El sistema utiliza inteligencia artificial para identificar, filtrar y ocultar comentarios ofensivos publicados en las redes sociales de equipos y jugadores. La tecnología analiza alrededor de 30 mil palabras clave relacionadas con expresiones de odio, discriminación y ataques personales, permitiendo detectar contenido problemático en cuestión de segundos.

Una de las características más llamativas del sistema es que los mensajes no son eliminados de forma visible para quien los publica. El usuario responsable del comentario sigue viendo su publicación como si permaneciera activa, aunque en realidad ha sido ocultada para el resto de las personas y reportada para su posible investigación posterior.

La FIFA también contempla consecuencias para quienes incurran en estas conductas. Entre las posibles sanciones se encuentra la restricción para adquirir boletos de competiciones organizadas por la propia FIFA o incluso por clubes que adopten mecanismos similares en sus canales digitales.

Actualmente, la tecnología puede operar en plataformas como Facebook, Instagram, YouTube, TikTok y Threads. Sin embargo, no funciona en X, la red social propiedad de Elon Musk, debido a que esta plataforma mantiene visibles los comentarios ocultos y presenta limitaciones para este tipo de moderación.

La experiencia que impulsó esta protección para los futbolistas en el Mundial 2026

La expansión de estas herramientas responde a una realidad que el fútbol ha enfrentado repetidamente en los últimos años. Jugadores de distintas ligas y selecciones han sido objeto de campañas de odio que trascienden la crítica deportiva y derivan en ataques racistas, homófobos o misóginos.

Uno de los episodios más recordados ocurrió tras la final de la Eurocopa 2020. Después de fallar sus respectivos penales, Bukayo Saka, Marcus Rashford y Jadon Sancho fueron víctimas de una avalancha de insultos racistas en redes sociales. Las imágenes y mensajes difundidos en internet generaron indignación internacional y reabrieron el debate sobre la responsabilidad de las plataformas digitales frente al discurso de odio.

Casos como este impulsaron la adopción de nuevas herramientas tecnológicas capaces de actuar con mayor rapidez que los sistemas tradicionales de moderación. Para muchos clubes y organizaciones deportivas, la velocidad de respuesta se convirtió en un factor fundamental para evitar que el contenido ofensivo alcanzara una difusión masiva.

La preocupación también ha estado presente en el fútbol inglés. El Tottenham Hotspur, por ejemplo, condenó públicamente los ataques racistas dirigidos contra el defensor Kevin Danso después de un error cometido durante un partido frente al Brighton. Situaciones similares han llevado a varias instituciones deportivas a buscar soluciones permanentes para proteger a sus jugadores.

De Serena Williams al fútbol mundial

La tecnología utilizada por varios clubes y que ahora respalda parte de la estrategia de la FIFA tiene un origen que va más allá del fútbol. Respondology, una de las empresas involucradas en este esfuerzo, surgió como respuesta a la ola de comentarios racistas y sexistas que recibió la tenista Serena Williams después de publicar una fotografía junto a su bebé recién nacido durante el US Open de 2019.

Aquel episodio evidenció la rapidez con la que el contenido ofensivo podía propagarse en las redes sociales y el limitado alcance de los mecanismos tradicionales de moderación. Frente a este escenario, la empresa desarrolló herramientas capaces de detectar y ocultar mensajes abusivos antes de que alcanzaran grandes niveles de visibilidad.

Con el paso del tiempo, la plataforma comenzó a colaborar con organizaciones deportivas de distintas disciplinas, incluyendo equipos de la NFL, Nascar y diversas marcas comerciales. Posteriormente, el fútbol se convirtió en uno de sus principales campos de acción debido al volumen de ataques registrados contra jugadores y clubes.

Actualmente, tanto Tottenham Hotspur como Arsenal utilizan esta tecnología para gestionar la conversación en sus canales digitales. Además, Respondology colabora con la campaña “No Room For Racism” de la Premier League, una de las iniciativas más relevantes contra la discriminación en el fútbol inglés.

Cuando la salud mental también entra al terreno de juego

Más allá de la lucha contra la discriminación, la FIFA y los clubes consideran que este tipo de herramientas pueden contribuir a proteger la salud mental de los deportistas. La presión que enfrentan los jugadores de élite no termina cuando concluye un partido; en muchos casos continúa en internet durante horas o incluso días.

Según Erik Swain, cofundador y director ejecutivo de Respondology, muchos futbolistas revisan sus teléfonos móviles inmediatamente después de abandonar el campo. Es común que busquen conocer las reacciones de aficionados, periodistas y especialistas, exponiéndose también a grandes cantidades de mensajes negativos.

Para quienes atraviesan momentos difíciles dentro de la competencia, esta exposición puede convertirse en una carga emocional adicional. Los errores deportivos suelen amplificarse rápidamente en las redes sociales, donde las críticas pueden transformarse en ataques personales y campañas de acoso.

Swain sostiene que la tecnología permite reducir significativamente ese impacto al impedir que los mensajes de odio lleguen a las cuentas de los atletas. Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial no solo funciona como una herramienta de moderación, sino también como un mecanismo preventivo orientado a proteger el bienestar psicológico de los jugadores.

El desafío de moderar el mayor evento deportivo del planeta

La Copa del Mundo de 2026 representa un reto de enormes dimensiones para cualquier sistema de protección digital. El torneo contará con decenas de partidos distribuidos en distintos países y generará una actividad sin precedentes en redes sociales.

De acuerdo con Swain, existe la expectativa de que el volumen de ataques aumente considerablemente durante la competencia. Uno de los factores que podrían influir en este fenómeno es la creciente popularidad de las apuestas deportivas, particularmente en Estados Unidos, donde su legalización se ha expandido en gran parte del territorio.

La combinación entre audiencias masivas, emociones intensas y una interacción digital permanente crea un escenario especialmente complejo para los jugadores. Un solo error dentro del campo puede convertirse en tendencia global en cuestión de minutos y desencadenar miles de comentarios negativos.

Frente a esta realidad, la empresa asegura que su sistema está preparado para operar a gran escala. Según Swain, la inteligencia artificial utilizada puede comprender prácticamente cualquier idioma, así como referencias culturales y contextos específicos, permitiendo detectar expresiones ofensivas más allá de simples palabras clave.

Los límites del discurso digital

La adopción de estas herramientas también ha abierto una conversación sobre la necesidad de establecer normas de convivencia en los espacios digitales vinculados al deporte. Para diversos clubes, la moderación de comentarios no implica restringir la crítica legítima, sino definir límites claros frente a conductas discriminatorias.

Swain explica que organizaciones como Arsenal consideran que los canales digitales deben funcionar bajo principios similares a los que existen dentro de los estadios. Un aficionado puede expresar su desacuerdo con el desempeño de un jugador o un entrenador, pero no debería utilizar espacios oficiales para difundir mensajes racistas o de odio.

Esta visión busca trasladar al entorno digital los mismos estándares de comportamiento que ya existen en los recintos deportivos. De la misma forma que una persona puede ser expulsada de un estadio por comportamientos discriminatorios, los clubes buscan generar consecuencias para quienes reproduzcan estas conductas en internet.

La tendencia parece ganar terreno. De hecho, el Manchester United implementó un código de conducta para redes sociales en 2024, y Swain considera que un número cada vez mayor de clubes de la Premier League adoptará medidas similares durante los próximos años.

Un Mundial que busca ser más seguro dentro y fuera de la cancha

La decisión de reforzar la protección de los futbolistas en el Mundial 2026 refleja cómo la conversación sobre discriminación ha evolucionado en el deporte. Si durante años los esfuerzos se concentraron en combatir conductas dentro de los estadios, hoy el desafío también pasa por los espacios digitales donde interactúan millones de aficionados.

La FIFA considera que la tecnología puede convertirse en una aliada para enfrentar una problemática que trasciende fronteras, idiomas y competiciones. La posibilidad de ocultar mensajes de odio antes de que alcancen grandes audiencias representa un cambio significativo en la manera de gestionar la violencia digital en el deporte.

Aunque la inteligencia artificial no eliminará por completo el racismo, la misoginia o la homofobia, sí puede reducir su alcance y proteger a quienes suelen convertirse en blanco de estos ataques. En un torneo que concentrará la atención de todo el planeta, esa protección podría marcar una diferencia importante para los futbolistas en el Mundial 2026.

Más allá de los avances tecnológicos, la apuesta de la FIFA también plantea una reflexión más amplia: si existen herramientas capaces de reducir el daño causado por el odio en internet, el desafío ya no es únicamente desarrollarlas, sino decidir utilizarlas para construir entornos más seguros, respetuosos e inclusivos para todos los actores del deporte.

El problema no es el consumidor. Es el buffet

Por Edgar López.

Hace algunos años participé en una reunión con el equipo directivo de una cadena hotelera. Habíamos identificado una oportunidad evidente dentro de la operación: reducir el desperdicio de alimentos en los buffets de desayuno.

La propuesta era sencilla. Nada de restricciones, sanciones o discursos moralistas. Apenas algunos mensajes discretos invitando a los huéspedes a servirse únicamente lo que pensaban consumir.

El chef ejecutivo escuchó la propuesta y respondió sin rodeos:

“Nuestros huéspedes vienen a pasarla bien, no a sentirse culpables”.

Recuerdo haber interpretado aquella respuesta como resistencia. Después de todo, estábamos hablando de toneladas de alimentos desperdiciados cada año. Un impacto ambiental medible, costos operativos evitables y una oportunidad clara de mejora.

Durante mucho tiempo pensé que el chef estaba equivocado.

Hoy creo que simplemente estaba viendo una parte del problema que yo todavía no entendía.

Hace unas semanas en The Economist encontré una investigación desarrollada por especialistas de Norce en Noruega y la Università di Bologna, como parte del proyecto europeo CHORIZO. La pregunta era simple: ¿qué provoca que las personas desperdicien más comida en un buffet?

Para responderla construyeron un entorno virtual y analizaron cómo cambiaba el comportamiento de los participantes bajo distintas condiciones: variedad de platillos, duración del servicio, tamaño de los platos y señales del entorno.

Contenido del artículo
Artículo . The Economist

Los resultados fueron tan intuitivos como reveladores: Las personas tendían a servirse más cuando había mayor variedad. También cuando percibían abundancia. Y también cuando el contexto sugería que los demás harían lo mismo.

En otras palabras, el desperdicio no aparecía necesariamente porque las personas fueran irresponsables o indiferentes. Aparecía porque el sistema estaba diseñado para producir exactamente ese resultado.

Lo más interesante vino después- La intervención más efectiva para reducir el desperdicio no fue una campaña de sensibilización. No fue un mensaje sobre sostenibilidad. No fue una invitación a actuar responsablemente.

Fue reducir el tamaño de los platos.

Nada más.

No cambiaron a las personas.

Cambiaron el entorno donde las personas tomaban decisiones.

Y al hacerlo no solo redujeron el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental. También disminuyeron costos operativos y mejoraron el uso de recursos en una actividad económica que opera en un país marcado por profundas desigualdades sociales.

Fue imposible no volver a pensar en aquella conversación con el chef. Y también fue imposible no relacionarla con otro estudio que había leído días antes.

El reporte People and Climate Change 2026 de Ipsos muestra que la preocupación por el cambio climático sigue presente en buena parte del mundo. Sin embargo, también revela algo interesante: cada vez menos personas creen que su acción individual puede marcar una diferencia significativa.

En México, por ejemplo, la proporción de quienes consideran que no actuar frente al cambio climático equivale a fallar a las generaciones futuras cayó ocho puntos porcentuales en los últimos cinco años.

La explicación fácil sería hablar de apatía.

La explicación más probable parece ser otra.

Agotamiento.

Osea, la sensación de que el esfuerzo individual tiene límites cuando los sistemas siguen empujando en dirección contraria.

Contenido del artículo
Ipsos – People and Climate Change 2026

Durante buena parte de mi carrera he trabajado bajo una idea que sigo considerando correcta: antes de pedir un cambio de comportamiento hay que construir consciencia.

Sin consciencia difícilmente hay cambio. Sin información, las personas tienen pocas razones para actuar de forma distinta. Lo sigo creyendo.

Lo que cambió es que ahora entiendo mejor dónde termina el alcance de esa lógica.

Porque incluso una persona informada, consciente y genuinamente dispuesta a actuar puede terminar comportándose de manera distinta cuando el entorno está diseñado para facilitar exactamente lo contrario.

Puede querer desperdiciar menos. Consumir de forma más responsable. Elegir opciones más sostenibles.

Y aun así hacer otra cosa.

No necesariamente porque sea incongruente, sino porque está respondiendo a los incentivos, señales y facilidades que tiene frente a sí.

Quizá por eso la idea del “consumidor incongruente” siempre me ha parecido insuficiente. Lo que solemos llamar incoherencia podría ser, en muchos casos, un comportamiento perfectamente predecible dentro de sistemas diseñados para producir exactamente ese resultado.

Si eso es cierto, una parte de la conversación sobre sostenibilidad está ocurriendo en el lugar equivocado. Hemos dedicado enormes esfuerzos a comunicar, educar y sensibilizar, pero relativamente pocos a rediseñar los sistemas donde esas decisiones ocurren.

Ocho años después sigo creyendo en la consciencia y en la capacidad de las personas para cambiar. Lo que ya no creo es que podamos seguir diseñando sistemas para el exceso y sorprendernos cuando obtenemos exceso como resultado.

Ahora, mientras termino este artículo, me pregunto cuántos de los problemas que intentamos resolver desde la sostenibilidad se parecen a este caso del buffet.

Pienso en las ciudades que durante décadas se diseñaron para el automóvil y que después intentan convencer a las personas de caminar más, usar la bicicleta o utilizar el transporte público.

Pienso en los envases de un solo uso que llenan anaqueles completos mientras las campañas invitan al consumidor a reciclar más.

En ambos casos la conversación suele comenzar en el comportamiento individual, cuando buena parte del resultado ya fue definido mucho antes, desde el diseño del sistema.

Quizá el buffet no era una excepción. Quizá era una metáfora.

Y quizá una de las preguntas más útiles para quienes trabajamos en sostenibilidad no sea cómo cambiar a las personas, sino cuándo participar en las decisiones que terminan moldeando su comportamiento.

Porque cuando la conversación empieza después de que alguien decidió el tamaño del plato, la sostenibilidad ya no está diseñando el sistema.

Está intentando corregir sus consecuencias.

Provecho.


Edgar

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Turismo responsable en México: cómo proteger los destinos y viajar de forma sostenible

México es uno de esos países que parecen contener varios mundos dentro de uno solo. En un mismo viaje es posible caminar entre ruinas mayas, nadar en cenotes de agua cristalina, recorrer ciudades coloniales llenas de historia y disfrutar playas que aparecen en las postales más famosas del planeta. No es casualidad que millones de viajeros lleguen cada año atraídos por esa diversidad tan especial.

Turismo responsable en México
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Sin embargo, hay una pregunta que cada vez cobra más relevancia: ¿cómo disfrutar de estos lugares sin afectar aquello que los hace únicos? Ahí entra en escena el turismo responsable. Y no, no se trata de renunciar a la comodidad ni de convertir las vacaciones en una misión imposible. Más bien consiste en tomar decisiones conscientes que beneficien tanto al visitante como al destino. En este contexto, también es importante planificar los viajes con antelación y contar con un seguro de viaje anual en México, una opción que puede brindar tranquilidad y protección durante todo el año a quienes viajan con frecuencia. 

A decir verdad, muchas personas ya practican formas de turismo responsable sin darse cuenta. Elegir negocios locales, respetar áreas protegidas o informarse sobre las costumbres de una comunidad son acciones sencillas que generan un impacto positivo. Lo interesante es que, cuando millones de viajeros hacen pequeños cambios, los resultados pueden ser enormes.

México ofrece una oportunidad extraordinaria para poner en práctica esta manera de viajar. Su patrimonio natural y cultural es inmenso, pero también requiere cuidado constante. Por eso, hablar de protección y planificación sostenible no es una moda pasajera; es una necesidad cada vez más evidente.

¿Qué significa realmente el turismo responsable?

A veces se piensa que el turismo responsable está reservado para expertos en medio ambiente o para viajeros especialmente comprometidos. La realidad es mucho más simple. Se trata de viajar considerando las consecuencias de nuestras acciones y procurando que el impacto sea positivo.

Imagine una ciudad histórica como una casa que recibe invitados todos los días. Si cada visitante deja basura, hace ruido excesivo o ignora las reglas básicas, la casa terminará deteriorándose. En cambio, cuando los invitados muestran respeto, el lugar puede mantenerse en buenas condiciones durante mucho tiempo. La lógica es exactamente la misma.

El turismo responsable también implica valorar la cultura local. México posee tradiciones que han sobrevivido durante siglos, desde celebraciones populares hasta formas de artesanía transmitidas entre generaciones. Cuando los viajeros compran productos elaborados por artesanos locales o participan respetuosamente en actividades culturales, contribuyen a mantener vivas esas expresiones.

Y hay otro aspecto que suele pasar desapercibido. El dinero que se gasta durante un viaje puede convertirse en una herramienta poderosa para apoyar economías regionales. Hospedarse en pequeños establecimientos familiares, comer en restaurantes locales o contratar guías certificados ayuda a distribuir mejor los beneficios del turismo.

¿La mejor parte? Estas decisiones suelen ofrecer experiencias más auténticas. Muchas veces son precisamente esos encuentros con las personas del lugar los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos del viaje.

México y sus tesoros: una riqueza que merece cuidado

México alberga una biodiversidad impresionante. Selvas tropicales, desiertos, arrecifes coralinos, montañas y reservas naturales forman parte de un patrimonio que atrae visitantes de todo el mundo. A esto se suman sitios arqueológicos, pueblos mágicos y ciudades reconocidas por organismos internacionales por su valor histórico.

Pero existe una paradoja interesante. Cuanto más popular se vuelve un destino, mayor es la presión que enfrenta. Algunas playas han experimentado problemas relacionados con residuos; ciertas áreas naturales reciben más visitantes de los que pueden soportar cómodamente; y varias comunidades buscan equilibrar el crecimiento turístico con la preservación de su identidad cultural.

¿Significa eso que debemos dejar de visitar estos lugares? En absoluto. Lo importante es hacerlo de manera responsable. Respetar senderos señalizados, evitar extraer elementos naturales, reducir el consumo innecesario de recursos y seguir las recomendaciones de las autoridades son prácticas fundamentales.

También conviene recordar que la protección no se limita al medio ambiente. Las comunidades locales forman parte esencial de la experiencia turística. Respetar sus costumbres, solicitar permiso antes de tomar fotografías cuando sea apropiado y mostrar interés genuino por sus tradiciones fortalece la relación entre visitantes y residentes.

Curiosamente, los destinos que logran conservar su autenticidad suelen ser los que mantienen su atractivo durante más tiempo. Es una especie de círculo virtuoso: cuidar el lugar permite que continúe siendo especial para futuras generaciones.

Planificación sostenible: pequeños cambios que marcan la diferencia

Cuando se habla de planificación sostenible, algunas personas imaginan procesos complicados llenos de restricciones. En realidad, suele consistir en acciones bastante prácticas. De hecho, muchas pueden aplicarse sin alterar la experiencia del viaje.

Por ejemplo, elegir temporadas menos concurridas ayuda a reducir la presión sobre los destinos y, además, permite disfrutar de espacios más tranquilos. No es raro descubrir que una playa o una ciudad resultan incluso más agradables cuando no están saturadas de visitantes.

Otro punto importante es la gestión de recursos. Algo tan simple como llevar una botella reutilizable, reducir el desperdicio de alimentos o moderar el consumo de agua puede generar beneficios significativos. Parece poco, pero imagine miles de viajeros actuando de la misma manera.

La movilidad también merece atención. Siempre que sea posible, caminar, utilizar transporte público o compartir trayectos reduce emisiones y ofrece una perspectiva más cercana del entorno. A veces los mejores descubrimientos ocurren precisamente durante esos recorridos tranquilos que no estaban previstos en el itinerario.

Y hablando de planificación, existe un aspecto que muchas veces se subestima: la preparación previa. Informarse sobre condiciones climáticas, normas locales, requisitos de entrada y medidas de seguridad ayuda a evitar inconvenientes y permite tomar decisiones más responsables durante la estancia.

Protección y prevención: el complemento indispensable del viaje

Viajar implica aventura, descubrimiento y momentos inolvidables. Pero también requiere cierta preparación. Honestamente, nadie organiza unas vacaciones esperando enfrentar problemas; aun así, los imprevistos pueden aparecer en cualquier momento.

Por eso la protección forma parte del turismo responsable. No se trata únicamente de proteger el entorno o las comunidades locales, sino también de cuidar el bienestar propio y el de quienes nos acompañan. Una planificación adecuada permite responder mejor ante situaciones inesperadas, desde retrasos de transporte hasta emergencias médicas.

Además, cuando un viajero está bien informado, suele actuar de forma más consciente. Conoce las áreas que requieren especial cuidado, comprende las normas de conservación y puede adaptarse con mayor facilidad a las condiciones del destino. En otras palabras, la prevención beneficia a todos.

México continúa consolidándose como uno de los destinos turísticos más fascinantes del planeta. Su riqueza cultural, natural e histórica es extraordinaria. Sin embargo, mantener ese patrimonio requiere la colaboración de gobiernos, empresas, comunidades y visitantes.

Al final, el turismo responsable no consiste en viajar menos, sino en viajar mejor. Significa disfrutar cada experiencia entendiendo que los lugares que admiramos hoy merecen seguir existiendo mañana. Y, pensándolo bien, ¿no es esa la esencia de cualquier viaje memorable? Dejar una huella en nuestra memoria sin dejar una carga innecesaria en el destino que nos recibió.

Santander México emitirá tarjetas de débito 100% libres de PVC: un paso firme hacia una banca más sostenible

En línea con su compromiso con la innovación responsable y la sostenibilidad ambiental, a partir de ahora las tarjetas de débito que emita Banco Santander México estarán fabricadas con materiales 100% libres de PVC, una medida que representa un avance significativo en la reducción del uso de plásticos convencionales en la industria financiera.

Estas nuevas tarjetas, desarrolladas con el apoyo tecnológico de Thales, líder global en tecnología ,están elaboradas con PETG 100% reciclado, un material libre de cloro, altamente resistente y con una menor huella ambiental frente al PVC tradicional, con lo que Santander México será pionero en la adopción de prácticas más sostenibles y la reducción de residuos, contribuyendo activamente a la protección del medio ambiente con una solución que combina innovación, eficiencia y responsabilidad ambiental y establece un nuevo estándar para la banca mexicana.

Una decisión con impacto ambiental positivo

Actualmente, más del 90% de las tarjetas bancarias en el mundo se fabrican con PVC, un plástico complejo de reciclar y que libera sustancias tóxicas durante su producción y disposición final. Su sustitución por materiales reciclados y libres de cloro, como el PETG, permite reducir significativamente la generación de residuos y las emisiones contaminantes asociadas a su ciclo de vida.

En una primera fase, Santander México producirá aproximadamente 500 mil tarjetas de débito mensuales bajo este nuevo modelo, con una inversión estimada de 96 millones de pesos anuales. En etapas posteriores, se prevé ampliar la fabricación libre de PVC a otros productos del portafolio, avanzando hacia una operación más limpia y circular.

Actualmente, Santander México ya emplea PVC reciclado en el 85% de sus tarjetas y ha alcanzado el 100% en algunos productos. Con esta transición hacia materiales 100% libres de PVC, el banco refuerza su estrategia de sostenibilidad y se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, en particular los relacionados con la producción y el consumo responsables.

Esta iniciativa consolida a Santander México como una de las instituciones financieras más comprometidas con la gestión ambiental, integrando la sostenibilidad como eje estratégico de su modelo de negocio, y reafirma su convicción de impulsar soluciones que generen valor económico, social y ambiental y contribuyan al desarrollo de una banca más responsable.

Los 10 líderes mejor posicionados de Forbes Iconoclast 50: ¿qué tan responsables son?

La influencia empresarial nunca había sido tan visible ni tan cuestionada como en la actualidad. Ante un panorama marcado por crisis climáticas, desigualdad económica, transformaciones tecnológicas aceleradas y una creciente demanda de transparencia, la sociedad ya no evalúa a los grandes líderes únicamente por la riqueza que generan o por el tamaño de las compañías que dirigen. Cada vez más, la pregunta es qué hacen con ese poder y cómo contribuyen a resolver algunos de los desafíos más importantes de nuestro tiempo.

La nueva clasificación Forbes Iconoclast 50 reconoce a figuras que están redefiniendo industrias enteras a través de la innovación, la tecnología, las finanzas, el entretenimiento y la filantropía. Sin embargo, para quienes observamos el mundo desde la óptica de la responsabilidad social, resulta igualmente relevante analizar si estos personajes también están dejando una huella positiva más allá de sus resultados financieros. 

Por eso, a continuación, presentamos una selección asada en el top 10 de los líderes de Forbes Iconoclast 50, pero exploramos qué tan comprometidos están con generar valor social, ambiental o humano desde sus respectivas posiciones de influencia.

¿Los líderes de Forbes Iconoclast 50 también buscan generar impacto?

1. Bill Ackman: del activismo financiero a la filantropía estratégica

Con una fortuna estimada en 9,000 millones de dólares, Bill Ackman es uno de los inversionistas más influyentes de Wall Street y fundador de Pershing Square Capital Management. Durante los últimos años ha consolidado una posición dominante en Howard Hughes Holdings, empresa que busca convertir en una versión moderna de Berkshire Hathaway. Su capacidad para influir en mercados y compañías lo ha convertido en una de las figuras más reconocidas del activismo financiero contemporáneo.

Sin embargo, una parte importante de su legado se está construyendo fuera del sector financiero. Ackman es firmante de The Giving Pledge, iniciativa impulsada por Warren Buffett y Bill Gates mediante la cual los multimillonarios se comprometen a donar al menos la mitad de su patrimonio. A través de la Pershing Square Foundation, fundada en 2006, ha destinado cientos de millones de dólares a proyectos relacionados con educación, salud, desarrollo económico, investigación científica, justicia social y conservación.

Más allá de las cifras, lo interesante es su enfoque de “filantropía de impacto”, que busca financiar soluciones escalables capaces de generar cambios duraderos. En una época donde muchas empresas aún separan sus actividades comerciales de sus compromisos sociales, Ackman representa una tendencia creciente entre líderes empresariales que buscan utilizar el capital como herramienta de transformación.

2. Sam Altman: el arquitecto de la IA y el debate sobre su impacto social

Pocas personas han moldeado la conversación tecnológica de los últimos años tanto como Sam Altman. Como CEO de OpenAI, la organización responsable de ChatGPT, se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la revolución de la inteligencia artificial. Forbes estima su patrimonio en 3,500 millones de dólares, una cifra que refleja el enorme crecimiento de una tecnología que promete transformar prácticamente todos los sectores económicos.

Su papel en materia de responsabilidad social ha generado opiniones divididas. Por un lado, Altman ha impulsado investigaciones sobre renta básica universal y ha financiado estudios para comprender cómo los avances tecnológicos podrían afectar el empleo y la distribución de la riqueza. También ha defendido públicamente la necesidad de crear mecanismos que permitan compartir los beneficios de la inteligencia artificial con una población más amplia.

Por otro lado, OpenAI enfrenta cuestionamientos relacionados con la gobernanza de la IA, la concentración de poder tecnológico y los riesgos asociados a una comercialización acelerada. Su caso ilustra uno de los dilemas más complejos de la actualidad: cómo equilibrar innovación, crecimiento económico y responsabilidad social en una tecnología con potencial transformador sin precedentes.

3. Dario Amodei: cuando la seguridad tecnológica se convierte en una causa

Si Sam Altman representa la expansión acelerada de la inteligencia artificial, Dario Amodei simboliza la preocupación por sus consecuencias. El fundador y CEO de Anthropic abandonó OpenAI junto con otros investigadores para desarrollar modelos de IA enfocados en la seguridad y el bienestar humano. Su fortuna ronda los 7,000 millones de dólares y su empresa se ha convertido en uno de los principales competidores del sector.

Lo que distingue a Amodei es que ha convertido la seguridad tecnológica en parte central de su misión empresarial. Anthropic opera como una corporación de beneficio público y ha impulsado investigaciones pioneras sobre alineación de IA, transparencia y prevención de riesgos. Además, el ejecutivo ha rechazado públicamente el uso de sus sistemas para vigilancia masiva y ha manifestado reservas sobre el desarrollo de armas completamente autónomas.

Aunque algunos críticos consideran que la seguridad puede convertirse en una ventaja competitiva dentro del mercado de la IA, resulta innegable que Amodei ha contribuido a colocar temas éticos en el centro de una conversación que durante años estuvo dominada únicamente por el crecimiento y la innovación. Su liderazgo demuestra que la responsabilidad también puede expresarse mediante decisiones sobre qué tecnologías no desarrollar.

4. Paolo Ardoino: la apuesta por expandir el acceso tecnológico

Paolo Ardoino es uno de los personajes más influyentes del ecosistema de criptomonedas. Como CEO de Tether, la empresa detrás de la stablecoin USDT, controla una organización cuya capitalización se ha multiplicado durante los últimos años. Forbes estima su patrimonio en 38,000 millones de dólares y lo considera una de las figuras clave para entender la evolución del sistema financiero digital.

Aunque Tether suele aparecer en titulares por su peso dentro de los mercados cripto, Ardoino ha buscado posicionar a la compañía en iniciativas que van más allá de las finanzas digitales. Según Forbes, la empresa ha destinado más de 10,000 millones de dólares a sectores como inteligencia artificial, educación, telecomunicaciones, infraestructura tecnológica, agricultura y centros de datos. La narrativa impulsada por Ardoino gira en torno a la creación de herramientas que amplíen el acceso a servicios financieros y tecnológicos en regiones con menor inclusión económica.

Si bien todavía existe debate sobre el impacto social real de las criptomonedas, su caso plantea una pregunta relevante para los especialistas en sostenibilidad: ¿pueden las tecnologías financieras convertirse en herramientas de inclusión? La respuesta aún está en construcción, pero Ardoino forma parte de un grupo de líderes empresariales que están intentando vincular innovación tecnológica con desarrollo económico en mercados emergentes.

5. Brian Armstrong: innovación financiera y nuevas formas de inclusión económica

Brian Armstrong, cofundador y CEO de Coinbase, posee una fortuna estimada en 9,100 millones de dólares y ha sido una de las figuras más influyentes en la expansión de las criptomonedas hacia el mercado masivo. Bajo su liderazgo, Coinbase se convirtió en la primera empresa nacida del ecosistema cripto en incorporarse al índice S&P 500, un hito que consolidó la legitimidad financiera del sector.

Aunque su nombre suele asociarse al crecimiento de los activos digitales, Armstrong también ha desarrollado iniciativas con un fuerte componente social. En 2018 creó GiveCrypto, organización filantrópica orientada a distribuir recursos económicos mediante criptomonedas a personas en situación de pobreza alrededor del mundo. La premisa era sencilla: utilizar la tecnología financiera para ampliar el acceso a oportunidades económicas en regiones desatendidas por el sistema bancario tradicional.

Asimismo, ha promovido la innovación abierta y el desarrollo de herramientas que permitan ampliar el acceso a servicios financieros digitales. Sus defensores consideran que las criptomonedas pueden convertirse en mecanismos de inclusión para millones de personas sin acceso a infraestructura financiera formal; sus críticos, en cambio, cuestionan la volatilidad y los riesgos asociados al sector. No obstante, su trayectoria invita a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar las nuevas tecnologías en la construcción de sistemas económicos más accesibles e inclusivos.

6. Laura y John Arnold: convertir una fortuna en una herramienta para el cambio sistémico

Pocas historias ilustran mejor la evolución de la filantropía moderna que la de Laura y John Arnold. Él construyó su fortuna como operador energético y gestor de fondos de inversión; ella desarrolló una sólida trayectoria en gestión pública y filantropía. Juntos acumulan un patrimonio estimado en 2,800 millones de dólares y forman parte de los líderes de Forbes Iconoclast 50 que han decidido dedicar una parte significativa de sus recursos a resolver problemas sociales complejos.

Lo que distingue a los Arnold es la magnitud de su compromiso. Según Forbes, han donado más de 2,000 millones de dólares, equivalentes al 42% de su fortuna, convirtiéndose en una de las parejas más generosas del mundo en términos proporcionales. Tan solo en el último año, su fundación otorgó cerca de 900 subvenciones para apoyar iniciativas relacionadas con la reforma de la justicia penal, la educación superior, la investigación científica y el fortalecimiento de instituciones públicas.

A diferencia de la filantropía tradicional basada en donativos puntuales, la fundación Arnold Ventures apuesta por atacar las causas estructurales de los problemas. Sus inversiones buscan generar evidencia, promover políticas públicas efectivas y fortalecer programas que puedan escalarse a nivel nacional. Este enfoque los ha convertido en referentes de una filantropía orientada a resultados.

En una época donde las desigualdades económicas son objeto de creciente debate, los Arnold representan una visión según la cual el éxito financiero debe traducirse en una responsabilidad proporcional con la sociedad. Su trabajo demuestra que la influencia puede utilizarse no solo para generar riqueza, sino también para transformar sistemas que afectan la vida de millones de personas.

7. Connie y Steve Ballmer: invertir en movilidad social para las nuevas generaciones

Con una fortuna conjunta cercana a los 133 mil millones de dólares, Connie y Steve Ballmer podrían limitarse a administrar uno de los patrimonios más grandes del mundo. Sin embargo, desde su retiro de Microsoft, la pareja ha convertido la filantropía en uno de los ejes centrales de su legado. Forbes destaca que han donado aproximadamente 6,500 millones de dólares, incluidos 1,500 millones tan solo en 2025.

A través de The Ballmer Group, han enfocado sus esfuerzos en mejorar la movilidad económica de niños y familias en situación de vulnerabilidad. Una de sus iniciativas más recientes fue la asignación de 170 millones de dólares a programas de educación infantil dirigidos a familias de bajos ingresos en el estado de Washington. La organización trabaja además en áreas como salud, vivienda, educación y bienestar infantil, con especial énfasis en romper ciclos intergeneracionales de pobreza.

El compromiso de Steve Ballmer también incluye la promoción de la transparencia gubernamental. A través de USAFacts, una plataforma independiente financiada por él, busca acercar datos públicos confiables a la ciudadanía y fortalecer la participación democrática mediante información verificable.

Su caso demuestra que la responsabilidad social puede adoptar múltiples formas. Más allá de los donativos, los Ballmer han apostado por construir instituciones, fortalecer capacidades y generar información que permita tomar mejores decisiones colectivas. Se trata de una visión de largo plazo que busca crear oportunidades sostenibles para las futuras generaciones.

8. Warren Buffett: la influencia filantrópica que redefinió el capitalismo moderno

Hablar de Warren Buffett es hablar de una de las figuras más influyentes de la historia empresarial contemporánea. Con una fortuna estimada en 140 mil millones de dólares y seis décadas al frente de Berkshire Hathaway, el llamado “Oráculo de Omaha” ha moldeado generaciones enteras de inversionistas y líderes empresariales.

Sin embargo, su huella más profunda podría estar fuera de los mercados financieros. Buffett es cofundador de The Giving Pledge, iniciativa que invita a multimillonarios de todo el mundo a comprometer la mayor parte de su riqueza a causas filantrópicas. Además, ha donado decenas de miles de millones de dólares principalmente a la Fundación Bill y Melinda Gates y a otras organizaciones familiares, convirtiéndose en uno de los mayores filántropos de la historia moderna.

Lo notable de Buffett es que ha utilizado su influencia para cambiar la conversación sobre la riqueza. Mientras durante décadas el éxito empresarial se midió por la acumulación de capital, él promovió la idea de que quienes poseen fortunas extraordinarias tienen también una responsabilidad extraordinaria con la sociedad. Aunque suele mantener un perfil discreto respecto a sus acciones sociales, su ejemplo ha influido en cientos de líderes empresariales alrededor del mundo.

9. Steve Cohen: el desafío de equilibrar desarrollo económico e impacto comunitario

Steve Cohen es conocido principalmente por ser uno de los gestores de fondos más exitosos de Wall Street y propietario de los New York Mets. Con un patrimonio estimado en 23 mil millones de dólares, ha transformado Point72 Asset Management en una organización cada vez más institucionalizada y menos dependiente de una sola figura de liderazgo.

Su contribución en materia social se ha desarrollado principalmente a través de la Steve & Alexandra Cohen Foundation, organización que durante años ha destinado recursos a salud, investigación médica, educación y apoyo a veteranos militares. Uno de sus focos más destacados ha sido la salud mental, un tema históricamente subatendido dentro de la filantropía estadounidense.

Asimismo, Cohen impulsa uno de los proyectos de regeneración urbana más ambiciosos de Nueva York: la transformación de los alrededores del Citi Field en un complejo de entretenimiento valorado en más de 8,000 millones de dólares. Aunque el proyecto ha generado debate sobre sus implicaciones urbanas, sus promotores argumentan que podría traducirse en empleo, inversión y desarrollo económico para Queens.

10. Ryan Coogler: utilizar la narrativa para impulsar representación e inclusión

A diferencia de muchos integrantes de esta lista, Ryan Coogler no construyó su influencia desde las finanzas o la tecnología, sino desde el cine. Con una fortuna estimada en 25 millones de dólares, el director y productor estadounidense se ha convertido en una de las voces más influyentes de Hollywood gracias a películas como Fruitvale Station, Creed, Black Panther y Sinners.

Su impacto social radica en la forma en que ha utilizado el entretenimiento para ampliar la representación de comunidades históricamente marginadas. Black Panther, por ejemplo, no solo fue un éxito de taquilla; también se convirtió en un fenómeno cultural que visibilizó referentes afrodescendientes en una industria donde durante décadas predominaron otras narrativas.

Coogler también ha impulsado programas de mentoría y oportunidades para jóvenes cineastas, especialmente provenientes de comunidades subrepresentadas. A través de su productora Proximity Media ha promovido la diversidad frente y detrás de cámaras, contribuyendo a transformar una industria que continúa enfrentando retos en materia de inclusión.

Su trayectoria demuestra que la responsabilidad social no siempre se expresa mediante fundaciones multimillonarias o grandes donaciones. En ocasiones, el impacto consiste en cambiar quiénes cuentan las historias, quiénes aparecen representados y quiénes tienen acceso a nuevas oportunidades dentro de sectores con enorme influencia cultural.

El valor de influir con propósito

La selección de estos líderes de Forbes Iconoclast 50 confirma que el liderazgo empresarial está siendo evaluado bajo criterios cada vez más amplios. Más allá de la riqueza, las empresas y la sociedad esperan que las personas con mayor influencia contribuyan a resolver desafíos como la desigualdad, la inclusión, el acceso a oportunidades o la sostenibilidad ambiental. Aunque sus niveles de compromiso son distintos, todos muestran que el impacto social se ha convertido en una dimensión inseparable del liderazgo contemporáneo.

Para el mundo de la responsabilidad social, esta tendencia representa una señal positiva: influir ya no debería significar únicamente generar negocios, sino también impulsar cambios que beneficien a la sociedad. En una época marcada por múltiples desafíos globales, el verdadero legado de estos líderes de Forbes Iconoclast 50 no dependerá únicamente de sus fortunas o empresas, sino de su capacidad para utilizar su poder, recursos y visibilidad para construir un futuro más justo, inclusivo y sostenible.

Cómo los chatbots están impulsando la inclusión de personas con discapacidad

La conversación sobre inclusión suele centrarse en la eliminación de barreras físicas, pero la verdadera participación social va mucho más allá de la accesibilidad en los espacios. Para millones de personas con discapacidad intelectual, los desafíos cotidianos también incluyen comunicarse, expresar necesidades, interactuar con otras personas y desenvolverse con confianza en entornos sociales o laborales. Estas habilidades, que muchas veces se dan por sentadas, son fundamentales para construir autonomía y fortalecer la participación en la comunidad.

En este contexto, la tecnología está comenzando a desempeñar un papel cada vez más relevante. Tal como apunta The Conversation, el avance de la inteligencia artificial y al desarrollo de herramientas diseñadas desde criterios de accesibilidad está haciendo posible que los chatbots puedan convertirse en aliados para la inclusión de personas con discapacidad. Más que sustituir la interacción humana, estas soluciones ofrecen espacios seguros de aprendizaje, práctica y acompañamiento que pueden ayudar a reducir barreras sociales y ampliar oportunidades de desarrollo personal y profesional.

La tecnología como herramienta para la inclusión de personas con discapacidad

La discapacidad intelectual implica limitaciones significativas en habilidades relacionadas con el aprendizaje, el razonamiento y la adaptación a diferentes situaciones de la vida diaria. Por ello, hablar de inclusión de personas con discapacidad requiere adoptar una visión más amplia que la simple accesibilidad física. La inclusión también implica generar condiciones que favorezcan la comunicación, la comprensión y la participación activa en distintos ámbitos de la vida. Esto incluye desde la posibilidad de mantener una conversación hasta acceder a oportunidades educativas y laborales.

Las habilidades sociales juegan un papel fundamental en este proceso. Saber expresar una opinión, solicitar ayuda, comprender normas sociales o participar en una entrevista de trabajo puede influir directamente en la autoestima, la independencia y el sentido de pertenencia de una persona. Sin embargo, estas capacidades no siempre se adquieren de manera espontánea y, en muchos casos, requieren entrenamiento constante y apoyos específicos.

Aquí es donde la tecnología puede marcar una diferencia significativa. Cuando está diseñada desde las necesidades reales de las personas usuarias, puede convertirse en una herramienta de aprendizaje accesible, flexible y adaptable. El verdadero valor de la innovación no radica únicamente en su sofisticación tecnológica, sino en su capacidad para responder a desafíos concretos y mejorar la calidad de vida de quienes la utilizan.

El móvil como un espacio familiar para aprender y desarrollar habilidades sociales

Uno de los factores que explican el potencial de los chatbots en este ámbito es que aprovechan entornos tecnológicos que muchas personas ya utilizan de manera cotidiana. Los teléfonos móviles y las aplicaciones de mensajería forman parte de la vida diaria de un número creciente de personas con discapacidad intelectual, lo que reduce las barreras de adopción y facilita la interacción con nuevas herramientas.

Cuando una aplicación utiliza una interfaz similar a plataformas conocidas como WhatsApp, el aprendizaje puede resultar más intuitivo y menos intimidante. Las personas usuarias interactúan en un entorno familiar donde pueden responder preguntas, seleccionar opciones y practicar diferentes escenarios de comunicación a su propio ritmo.

inclusión de personas con discapacidad

Además, los chatbots ofrecen ventajas que resultan especialmente valiosas para el aprendizaje. Permiten repetir situaciones tantas veces como sea necesario, recibir retroalimentación inmediata y avanzar gradualmente en el desarrollo de nuevas habilidades. Este enfoque favorece la adquisición de conocimientos sin la presión que pueden generar algunas interacciones sociales presenciales.

Otro aspecto clave es el diseño inclusivo. Elementos como el lenguaje sencillo, la lectura fácil, la interacción mediante voz o texto y los mensajes claros contribuyen a crear experiencias más accesibles. La tecnología, en este sentido, no solo debe ser funcional, sino también comprensible y cercana para quienes la utilizan.

CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB: dos ejemplos de innovación con impacto social

El potencial de los chatbots para impulsar la inclusión de personas con discapacidad ya se está materializando en proyectos concretos. Uno de ellos es CapacitaBOT, una aplicación diseñada para fortalecer habilidades sociales mediante conversaciones guiadas, lenguaje sencillo y refuerzos positivos.

Su objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual a aprender cómo iniciar, mantener y finalizar conversaciones, una habilidad esencial para desenvolverse en diferentes contextos sociales. La aplicación funciona en dispositivos Android e incorpora interacción por voz a través de tecnologías desarrolladas con IBM Watson, ofreciendo una experiencia accesible y adaptada a las necesidades de sus usuarios.

Más allá del aprendizaje técnico, CapacitaBOT permite practicar situaciones similares a las que las personas enfrentan en su vida cotidiana. Esto contribuye a generar confianza, reducir la ansiedad asociada a ciertas interacciones y fortalecer competencias que favorecen una mayor participación social.

Por otro lado, INCLU-SÍ LAB aborda un desafío igualmente relevante: la inclusión laboral. Esta aplicación fue diseñada para ayudar a personas con discapacidad intelectual a prepararse para entrevistas de trabajo, mejorar sus habilidades comunicativas y fortalecer su autonomía durante los procesos de búsqueda de empleo.

La herramienta permite practicar preguntas frecuentes, organizar información personal y recibir orientación mediante formatos escritos y orales, tanto desde dispositivos móviles como desde computadoras. Además, incorpora técnicas de inteligencia artificial que enriquecen la experiencia de aprendizaje y facilitan una interacción más personalizada con cada usuario.

Ambos casos demuestran que la innovación tecnológica puede convertirse en un vehículo para generar oportunidades reales de inclusión cuando se desarrolla desde una perspectiva centrada en las personas y sus necesidades.

Una IA que acompaña, fortalece y genera autonomía

Uno de los debates más frecuentes en torno a la inteligencia artificial gira en torno a su capacidad para sustituir actividades humanas. Sin embargo, experiencias como las de CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB muestran una perspectiva diferente: la IA puede actuar como un complemento que fortalece los apoyos existentes sin reemplazar a educadores, profesionales o familias.

En el caso de las personas con discapacidad intelectual, un chatbot puede ofrecer algo especialmente valioso: un entorno seguro donde practicar, equivocarse, corregir errores y volver a intentarlo sin miedo al juicio social. Esta posibilidad resulta fundamental para desarrollar confianza y prepararse para situaciones que posteriormente ocurrirán en el mundo real.

La IA también puede contribuir a personalizar los procesos de aprendizaje. Al adaptarse al ritmo y las necesidades de cada usuario, estas herramientas pueden ofrecer apoyos más flexibles y accesibles que favorezcan una experiencia de aprendizaje continua y significativa.

No obstante, el potencial de estas tecnologías también implica responsabilidades. Para que la inclusión de personas con discapacidad sea realmente efectiva, es necesario que las herramientas digitales se diseñen con criterios de accesibilidad, participación y derechos humanos. Las personas destinatarias deben formar parte del proceso de creación y evaluación de estas soluciones para garantizar que respondan a necesidades reales y no generen nuevas barreras.

La verdadera innovación no consiste únicamente en desarrollar sistemas cada vez más avanzados, sino en garantizar que sus beneficios puedan llegar a quienes históricamente han enfrentado mayores obstáculos para participar plenamente en la sociedad.