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¿Adiós a las metas verdes? Starbucks recorta sus objetivos ecológicos mientras busca ahorrar 2,000 MDD

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Durante años, Starbucks construyó parte de su identidad corporativa alrededor de una promesa ambiental ambiciosa: convertirse en una empresa que devolviera al planeta más recursos de los que consumía. En 2020, la compañía estableció para 2030 metas que incluían reducir a la mitad sus emisiones, residuos y extracción de agua frente a una línea base de 2019. Ahora, en medio de una reestructuración para ahorrar 2,000 millones de dólares, varios de esos compromisos han sido reducidos, eliminados o puestos en revisión.

El giro es especialmente relevante porque Starbucks fue una de las grandes compañías que ayudaron a colocar los objetivos ambientales cuantificables en el centro de la estrategia empresarial. Sin embargo, los resultados de algunas de sus metas muestran lo difícil que ha sido cumplirlas: sus emisiones totales siguen por encima de 2019 y los residuos enviados a vertederos también habían aumentado. Ahora, Starbucks recorta sus objetivos ecológicos mientras intenta recuperar rentabilidad y simplificar su operación, abriendo una pregunta para inversionistas y consumidores: ¿se trata de una corrección necesaria o de un retroceso que puede terminar costándole más a la compañía?

¿Qué objetivos ambientales está cambiando Starbucks?

El nuevo informe de impacto de Starbucks presenta un “conjunto de objetivos de sostenibilidad más específicos”, pero varios compromisos que formaban parte de su estrategia ambiental de 2020 ya no aparecen con la misma ambición.

Entre los principales cambios están:

  • Agua: desapareció el objetivo de conservar o reponer 50% del agua utilizada en sus operaciones directas y producción de café.
  • Residuos: ya no aparece la meta de reducir 50% los residuos enviados a vertederos.
  • Plásticos: el objetivo de reducir 50% los materiales derivados de combustibles fósiles en los envases para 2030 fue sustituido por una reducción de 5% en plásticos vírgenes.
  • Material reciclado: la meta de que 50% de los envases para clientes incorporaran material reciclado se redujo a 25%, además condicionada a la disponibilidad de contenido reciclado.
  • Emisiones: Starbucks mantiene por ahora el objetivo de reducir 50% sus emisiones absolutas de alcance 1, 2 y 3 para 2030, pero reconoce que lo está reevaluando.

La diferencia entre las metas anteriores y las actuales es importante. No se trata únicamente de cambiar indicadores: en algunos casos se reduce de manera considerable la magnitud de la transformación que Starbucks esperaba conseguir.

Starbucks recorta sus objetivos ecológicos

¿Por qué Starbucks recorta sus objetivos ecológicos?

La respuesta de la compañía está vinculada directamente con su estrategia Back to Starbucks, impulsada por el CEO Brian Niccol para recuperar el desempeño del negocio y reducir costos.

Starbucks busca generar 2,000 millones de dólares en ahorros, mientras ejecuta una reestructuración que ha incluido cierres de tiendas y despidos corporativos. En septiembre de 2026, la compañía anunció además el cierre de otras 250 cafeterías en Norteamérica, como parte de este proceso.

En su informe de impacto, Starbucks explica que está reevaluando sus objetivos a partir de lo que ha aprendido y de las condiciones externas, incluidas las regulaciones emergentes, los cambios en estándares internacionales y sus “realidades operativas actuales”. La empresa también afirma que necesita alinear su hoja de ruta de sostenibilidad con su salud financiera y sus prioridades operativas.

El argumento plantea una tensión cada vez más común para las empresas: ¿qué compromisos ambientales permanecen cuando la prioridad pasa de acelerar la transformación a reducir costos y recuperar márgenes?

¿Qué tan cerca estaba Starbucks de cumplir sus metas verdes?

La historia de Starbucks demuestra que establecer un objetivo ambicioso no garantiza que la empresa esté avanzando al ritmo necesario para cumplirlo.

En 2020, la compañía planteó tres grandes metas ambientales para 2030: reducir 50% las emisiones de alcance 1, 2 y 3; conservar o reponer 50% del agua utilizada en sus operaciones y producción de café; y reducir 50% los residuos enviados a vertederos, todo frente a una línea base de 2019.

Los resultados mostraban avances en algunos indicadores, pero también obstáculos importantes:

  • En 2024, las emisiones totales habían aumentado 3% frente a 2019.
  • Los residuos enviados a vertederos habían aumentado 6% frente a 2019.
  • La extracción total de agua se había reducido apenas 1% frente a la línea base.
  • El uso de envases para clientes fabricados con materiales reciclados o biobasados alcanzaba 23%, lejos de la antigua meta de 50%.
  • Solo 2.6% de las bebidas vendidas en tiendas operadas por Starbucks se servían en vasos reutilizables en FY2024.

El contraste es relevante: mientras la empresa reportaba mejoras en eficiencia, sus indicadores absolutos no avanzaban necesariamente en la dirección necesaria para cumplir las metas de 2030.

Starbucks recorta sus objetivos ecológicos

¿El problema está en las operaciones o en la cadena de valor?

Uno de los mayores desafíos de Starbucks está fuera de sus propias cafeterías.

La compañía ha logrado avances importantes en sus emisiones directas. En FY2025 reportó una reducción de 17% en las emisiones de alcance 1 y 2 respecto de FY2019 y mantuvo el suministro equivalente a 100% de electricidad renovable para sus cafeterías operadas directamente, fuera de China. También verificó más de 13,000 establecimientos bajo prácticas de reducción de energía, agua y residuos, superando su meta de 10,000 para 2025.

Pero las emisiones de alcance 3 —asociadas con la cadena de suministro, agricultura, manufactura, transporte y otros procesos indirectos— representan la mayor parte de su huella climática. El reto es especialmente complejo porque Starbucks puede mejorar sus tiendas y, aun así, mantener una huella elevada si aumentan su volumen de ventas, su consumo de materiales o las emisiones asociadas con el café y otros insumos.

Este es uno de los grandes desafíos de las metas climáticas corporativas: reducir la intensidad de las emisiones no necesariamente significa reducir las emisiones absolutas.

¿Qué pasó con los vasos y el problema de los residuos?

El caso de los vasos muestra por qué los compromisos ambientales de Starbucks tienen una dimensión operativa y no solamente reputacional.

La compañía ha señalado avances en materiales y reciclabilidad, y en febrero de 2026 sus vasos fríos de polipropileno obtuvieron en Estados Unidos la designación “Widely Recyclable” de How2Recycle.

Pero Starbucks también enfrenta un problema estructural: las bebidas frías representan una proporción creciente de sus ventas y muchas se sirven en vasos de plástico. Una prueba realizada por Beyond Plastics concluyó que ninguno de los vasos analizados por la organización terminó reciclándose, aunque Starbucks cuestionó la metodología y señaló que los dispositivos electrónicos utilizados para rastrearlos pudieron haber afectado su manejo.

El dato importa porque evidencia una diferencia que los líderes de sostenibilidad conocen bien: que un producto sea técnicamente reciclable no significa que vaya a reciclarse en el mundo real.

Starbucks recorta sus objetivos ecológicos

¿Starbucks está sola en el retroceso de sus metas climáticas?

No. El movimiento ocurre dentro de una tendencia corporativa más amplia.

Un análisis de The Conference Board publicado en julio de 2026 encontró que 84% de las compañías del S&P 500 habían divulgado objetivos climáticos en 2025, pero la mayoría de las empresas con metas para alcance 1 y alcance 3 no habían conseguido reducciones significativas en sus emisiones. Además, solo 24% de los ejecutivos de sostenibilidad encuestados dijeron tener plena confianza en que sus empresas alcanzarían sus objetivos climáticos.

El costo también aparece como un factor central: 55% de los ejecutivos consultados señalaron el costo, la asignación de capital o el retorno de inversión como la principal razón que podría llevar a retrasar o modificar objetivos climáticos.

En el sector energético estadounidense, el movimiento es incluso más visible. S&P Global reportó en septiembre que dos terceras partes de las 30 mayores utilities estadounidenses habían cancelado o se habían quedado atrás respecto de sus objetivos de transición hacia cero emisiones.

Así, Starbucks recorta sus objetivos ecológicos en un momento en que las metas ambientales corporativas enfrentan una prueba de realidad: ya no basta con anunciarlas; las empresas tienen que financiar, ejecutar y demostrar avances en plazos cada vez más cercanos.

¿Reducir los objetivos realmente ayudará a Starbucks a ahorrar?

Aquí aparece una cuestión que no puede resolverse únicamente con el anuncio de ahorro de 2,000 millones de dólares.

Eliminar o reducir metas puede disminuir ciertos costos asociados con investigación, materiales alternativos, infraestructura, medición, auditorías o transformación de procesos. Pero eso no significa automáticamente que el impacto financiero total sea positivo.

Para una compañía como Starbucks, la sostenibilidad está vinculada con aspectos estratégicos del negocio: disponibilidad futura de café, resiliencia de los productores, costos de agua y energía, materiales de empaque, regulación, expectativas de consumidores y percepción de inversionistas.

La propia compañía reconoce que el cambio climático y las condiciones de producción afectan al futuro del café. Su reporte de 2026 señala que ha invertido 200 millones de dólares en sostenibilidad cafetalera y que distribuyó 100 millones de árboles de café seleccionados por su desempeño frente a condiciones climáticas adversas.

Por eso, una reducción de objetivos puede producir ahorros en el corto plazo y, al mismo tiempo, trasladar costos hacia otras áreas del negocio si aumenta la exposición a riesgos ambientales o regulatorios.

¿Qué significa el retroceso para inversionistas y consumidores?

Para los inversionistas, el punto no es necesariamente si una meta es más ambiciosa o más modesta. El elemento crítico es la credibilidad de la estrategia.

Cuando una compañía establece públicamente una meta cuantificable, los mercados pueden evaluar su desempeño contra una referencia. Si posteriormente la modifica, elimina o sustituye sin explicar con suficiente detalle qué cambió, por qué cambió y qué indicador ocupará su lugar, aumenta la dificultad para evaluar su desempeño ambiental.

El riesgo reputacional tampoco es menor para Starbucks. La sostenibilidad forma parte de una identidad corporativa que la compañía desarrolló durante años. Por ello, el retroceso puede ser interpretado por algunos consumidores y grupos de interés como una pérdida de coherencia entre el propósito comunicado y las prioridades actuales.

La cuestión no es que Starbucks deba mantener cualquier meta independientemente de su viabilidad. Una revisión puede ser razonable si existen nuevas tecnologías, cambios regulatorios o información que demuestre que un objetivo requiere ajustes. El problema aparece cuando la revisión reduce la ambición sin ofrecer una ruta igualmente clara, medible y verificable hacia el impacto que se había prometido.

Starbucks recorta sus objetivos ecológicos

¿Qué significa el giro de Starbucks para las metas climáticas corporativas?

El caso Starbucks refleja una tensión que probablemente será cada vez más frecuente: las empresas establecieron metas climáticas durante una etapa de expansión de los compromisos ESG y ahora deben ejecutarlas en un escenario de presión sobre costos, cambios regulatorios y mayor escrutinio sobre el retorno de las inversiones ambientales.

Eso no significa que todas las revisiones sean greenwashing ni que toda meta original deba mantenerse intacta. Pero sí plantea una exigencia mayor de transparencia. Si una empresa reduce una meta porque descubrió que su metodología era insuficiente, debe explicar cómo corregirá el rumbo. Si la reduce porque los costos son demasiado altos, debe mostrar qué riesgos está aceptando a cambio. Y si la modifica por cambios regulatorios, debe explicar por qué el nuevo estándar sigue siendo suficiente frente al impacto ambiental que busca reducir.

En el caso de Starbucks, Starbucks recorta sus objetivos ecológicos mientras intenta ahorrar 2,000 millones de dólares y reconstruir su negocio. El movimiento puede ayudar a concentrar recursos en sus prioridades financieras, pero también pone a prueba uno de sus activos intangibles: la credibilidad de una marca que durante años hizo de la sostenibilidad una parte visible de su propuesta corporativa.

La pregunta para Starbucks y para las empresas que siguen este camino no es únicamente cuánto cuesta cumplir una meta ambiental. También es cuánto puede costar dejar de tenerla cuando consumidores, inversionistas y otros grupos de interés ya incorporaron esos compromisos a sus expectativas sobre la compañía.

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