Los créditos de carbono están ganando terreno en las estrategias climáticas corporativas. Un estudio de Climate Impact Partners (CIP), realizado entre 600 altos responsables de la toma de decisiones climáticas en Reino Unido y Estados Unidos, revela que el 81% de quienes utilizan o planean utilizar estos instrumentos considera que son esenciales para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas. Además, el 90% de los compradores afirma que han contribuido al cumplimiento de objetivos organizacionales durante los últimos 12 meses.
Sin embargo, los resultados positivos conviven con una contradicción: mientras las empresas reconocen el valor climático y comercial de estas inversiones, el temor a las críticas y las acusaciones de ecoblanqueo limita su comunicación pública. El reto para las organizaciones no consiste únicamente en financiar proyectos de mitigación, sino en demostrar que sus contribuciones son creíbles, complementan la reducción de sus propias emisiones y generan beneficios verificables.
¿Por qué los créditos de carbono son importantes para alcanzar el cero neto?
El informe de CIP, titulado Marcando la pauta: La perspectiva de las organizaciones de la sociedad civil, muestra que los mercados voluntarios de carbono ocupan un lugar cada vez más relevante en la planificación climática empresarial. Entre los responsables de la toma de decisiones que utilizan o planean utilizar estos instrumentos, el 81% los considera esenciales para cumplir sus objetivos de cero emisiones netas.
La perspectiva también apunta al largo plazo: el 66% prevé que seguirán siendo cruciales para sus planes climáticos dentro de seis años. Este dato sugiere que las empresas no los consideran necesariamente una medida temporal, sino una herramienta que podría formar parte de sus estrategias durante la transición hacia modelos de negocio con menores emisiones.
No obstante, su papel requiere una distinción importante: comprar créditos de carbono no equivale a reducir directamente las emisiones propias de una empresa. Estos instrumentos suelen financiar proyectos que evitan, reducen o eliminan emisiones fuera de las operaciones o la cadena de valor del comprador. Por ello, su contribución climática debe entenderse como un complemento de los esfuerzos de descarbonización, no como un sustituto de ellos.
Para las áreas ESG, la cuestión central es cómo integrar estas inversiones en una estrategia climática con objetivos medibles, plazos definidos y mecanismos de rendición de cuentas.

¿Qué beneficios empresariales generan los créditos de carbono?
Los resultados de CIP indican que la inversión climática puede aportar beneficios que van más allá de los compromisos ambientales. El 90% de los compradores encuestados afirmó que los créditos contribuyeron al cumplimiento de sus objetivos organizacionales durante los últimos 12 meses.
Entre los beneficios reportados destacan:
- 38% registró una mayor confianza en la marca.
- 37% señaló un crecimiento de los ingresos.
- 36% informó una mejora en la reputación.
- 35% identificó beneficios en la captación de clientes.
Los resultados también varían según el modelo de negocio. Entre las empresas que venden directamente al consumidor (B2C), el 43% reportó aumentos directos en sus ingresos relacionados con estas iniciativas. Además, el 48% de las compañías con contacto directo con consumidores señaló beneficios en la retención y fidelización de clientes.
En las empresas que operan entre negocios (B2B), los incentivos pueden ser diferentes. Allí, los créditos también se relacionan con la gestión de riesgos climáticos y con las expectativas de las partes interesadas. De hecho, el 58% de los compradores B2B encuestados afirmó que alcanzar el cero neto no es posible dentro de su propia organización.
Estos datos muestran que la acción climática puede alinearse con objetivos comerciales concretos. Sin embargo, los beneficios reportados por las empresas no demuestran por sí solos la eficacia ambiental de cada crédito ni permiten concluir que la compra sea la causa exclusiva de los resultados financieros. Para evaluar su valor integral, es necesario analizar tanto la calidad de los proyectos como su contribución a la estrategia empresarial.

¿Qué hace que un crédito de carbono sea confiable?
El crecimiento del mercado no depende únicamente de la cantidad de empresas dispuestas a invertir. La integridad ambiental de los proyectos es determinante para que la financiación produzca resultados reales y las organizaciones puedan respaldar sus declaraciones climáticas.
Según el informe de CIP, el 84% de los compradores actuales prioriza la calidad sobre el precio. Esta preferencia refleja una mayor atención a los criterios que permiten distinguir las contribuciones climáticas sólidas de aquellas cuyo impacto resulta cuestionable.
Para evaluar una cartera de créditos, las empresas deben examinar aspectos como:
- Adicionalidad: si el proyecto genera beneficios climáticos que no se habrían producido sin esa intervención.
- Cuantificación y verificación: si las reducciones o eliminaciones de emisiones se calculan con metodologías sólidas y son verificadas de forma independiente.
- Permanencia: si el carbono retirado de la atmósfera puede mantenerse almacenado durante el periodo previsto, considerando los riesgos de reversión.
- Fugas: si la intervención desplaza las emisiones a otra zona o actividad y reduce así el beneficio neto.
- Salvaguardas sociales y ambientales: si el proyecto respeta los derechos de las comunidades y evita daños colaterales.
Estos criterios son especialmente relevantes para las organizaciones que necesitan justificar sus decisiones ante inversionistas, clientes, empleados y reguladores. Una cartera más barata no necesariamente ofrece una mejor relación entre costo e impacto si sus resultados son inciertos o difíciles de demostrar.
La calidad, por tanto, no debería evaluarse solo como una característica del producto adquirido, sino como parte de la gestión de riesgos, la gobernanza climática y la credibilidad de las declaraciones ESG.
¿Por qué las empresas tienen miedo de hablar de sus inversiones climáticas?
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es la distancia entre los resultados que las empresas atribuyen a sus compras y su disposición a comunicarlos.
Solo el 22% de los compradores activos se siente seguro al hablar públicamente sobre sus créditos de carbono, mientras que el 69% ha reducido o detenido sus comunicaciones públicas debido al escrutinio de los medios de comunicación. Además, el 58% de los responsables de la toma de decisiones identifica la preocupación por la reputación como una de las principales barreras internas antes de comprar estos instrumentos.
La cautela tiene una explicación: las afirmaciones ambientales sin evidencia suficiente pueden exponer a una empresa a acusaciones de ecoblanqueo. Presentar una compensación como si eliminara la huella completa de un producto o negocio, por ejemplo, puede crear una impresión engañosa si no se explica qué emisiones se redujeron directamente y cuáles se abordaron mediante proyectos externos.
Pero el silencio también tiene consecuencias. Cuando las compañías que ya participan en el mercado evitan compartir sus experiencias, otras organizaciones pierden referencias para evaluar los proyectos, comprender sus riesgos y decidir si deben invertir. CIP advierte que esta falta de casos visibles puede frenar la incorporación de nuevos compradores y limitar el capital disponible para iniciativas climáticas.
El desafío no consiste en comunicar más a cualquier precio, sino en hacerlo con mayor precisión. Las empresas necesitan explicar qué financian, qué resultados se han verificado, qué límites tiene la contribución y cómo se relaciona con sus propios objetivos de reducción de emisiones.

¿Qué necesitan las empresas para comunicar sus créditos de carbono sin caer en el ecoblanqueo?
La verificación independiente y los marcos de comunicación creíbles pueden ayudar a reducir la incertidumbre. El informe de CIP señala que el 94% de los altos responsables de la toma de decisiones recibiría favorablemente una declaración clara y creíble a nivel de producto que demuestre el apoyo voluntario a proyectos de carbono de alta calidad.
Este interés apunta a una necesidad empresarial: contar con información comprensible y verificable para explicar la contribución climática sin exagerar sus alcances.
Para avanzar, las organizaciones pueden adoptar varias medidas:
- Vincular la compra con una estrategia de descarbonización. Establecer metas de reducción de emisiones propias y explicar cómo las contribuciones externas las complementan.
- Exigir evidencia verificable. Documentar la metodología, la certificación, la trazabilidad y los resultados de los proyectos financiados.
- Comunicar con precisión. Evitar expresiones ambiguas como “cero emisiones” o “carbono neutral” si no se explican las condiciones, el alcance y los límites de la afirmación.
- Involucrar a las áreas clave. Alinear sostenibilidad, comunicación, asuntos legales, finanzas y dirección para que las declaraciones públicas coincidan con la evidencia disponible.
- Dar seguimiento a los resultados. Revisar el desempeño de los proyectos y actualizar las afirmaciones cuando cambien los datos o aparezcan riesgos nuevos.
La gobernanza es esencial en este proceso. El estudio indica que, en promedio, 2.4 partes interesadas internas participan en cada decisión corporativa de compra. Esto refuerza la necesidad de establecer responsabilidades claras y evitar que la adquisición de créditos sea una decisión aislada del área de sostenibilidad.
Además, el 31% de los responsables de la toma de decisiones climáticas en Estados Unidos identifica las expectativas de los inversionistas como un factor determinante para comprar créditos, frente al 19% en Reino Unido. La diferencia muestra que las motivaciones pueden variar por mercado y que las empresas deben comprender qué esperan sus grupos de interés antes de diseñar sus estrategias de inversión y comunicación.
¿Cómo están utilizando las empresas las alianzas climáticas?
Las colaboraciones entre compañías y proveedores especializados muestran algunas de las formas en que las organizaciones buscan integrar las contribuciones climáticas a sus planes de sostenibilidad. Climate Impact Partners trabaja con empresas de distintos sectores para apoyar proyectos que complementan sus estrategias de reducción de emisiones.
Entre los ejemplos que comunica CIP se encuentran:
- Microsoft: mantiene una colaboración con Climate Impact Partners desde 2012. Según la información de la organización, la cartera gestionada incluye más de 50 proyectos en 30 países.
- Deloitte Norte y Sur de Europa: colabora en un programa climático alineado con el marco de mitigación Beyond Value Chain Mitigation de la iniciativa Science Based Targets (SBTi), enfocado en la acción climática más allá de la cadena de valor.
- Fujitsu: trabaja con CIP para conectar sus ambiciones climáticas con sus objetivos empresariales y compromisos de cero emisiones netas.
- Trainline: participa en una alianza que vincula su actividad en el sector del transporte con iniciativas climáticas más amplias.
- Aviva: colabora en iniciativas de acción climática que, de acuerdo con CIP, han beneficiado a más de un millón de personas.
Estos casos ilustran distintos enfoques de colaboración, pero no constituyen por sí mismos una evaluación independiente de los resultados de cada proyecto. Para determinar su eficacia, sería necesario revisar los créditos adquiridos, los estándares aplicados, las emisiones asociadas y los resultados ambientales y sociales verificados.
Para los equipos ESG, la lección es que las alianzas pueden facilitar el acceso a proyectos y conocimientos especializados, pero la responsabilidad sobre las declaraciones climáticas sigue siendo de cada empresa. Elegir un proveedor reconocido no elimina la necesidad de diligencia debida ni sustituye la evaluación del impacto.
Créditos de carbono y cero neto: ¿qué deberían priorizar los líderes ESG?
El estudio de CIP apunta a una conclusión relevante para las empresas: existe una percepción extendida de que los créditos pueden contribuir a los objetivos climáticos y generar valor comercial, pero el miedo al escrutinio limita la comunicación y puede frenar la participación de nuevos compradores.
El 81% que los considera esenciales refleja la importancia que han adquirido en las estrategias corporativas. Sin embargo, esa cifra no significa que sean indispensables para todas las empresas ni que cualquier compra garantice avances hacia el cero neto. El resultado describe la opinión de quienes utilizan o planean utilizar estos instrumentos, no un consenso de todas las organizaciones ni una prueba independiente de su eficacia.
La prioridad para los líderes ESG debe ser distinguir entre la contribución financiera a proyectos climáticos y la reducción efectiva de las emisiones de la propia organización. Los créditos de carbono pueden aportar financiación a iniciativas relevantes, pero su valor depende de la integridad de los proyectos, de la transparencia con que se comunican y de que no desplacen las medidas necesarias para transformar las operaciones.
Si las empresas quieren convertir el potencial del mercado en avances climáticos duraderos, necesitan combinar inversiones de calidad con reducciones propias, verificación independiente y rendición de cuentas. La confianza no se construye ocultando las decisiones climáticas ni presentándolas como una solución absoluta, sino mostrando con evidencia qué se ha logrado, qué falta por hacer y cómo cada contribución encaja en una trayectoria creíble hacia el cero neto.












