El agua es indispensable para producir alimentos, fabricar prendas y mantener en funcionamiento numerosas industrias. Sin embargo, su disponibilidad no es el único factor que determina la continuidad de las operaciones: la calidad del agua también representa un riesgo empresarial. Cuando las actividades productivas deterioran los recursos hídricos, las consecuencias pueden extenderse a las comunidades, los proveedores y las propias compañías.
Aunque cada vez más organizaciones establecen objetivos para reducir su consumo de agua, la gestión de su calidad todavía presenta rezagos. Una investigación de Ceres sobre gestión responsable del agua identifica una brecha entre los compromisos corporativos y las condiciones de las cuencas donde operan las empresas. El desafío consiste en comprender que proteger este recurso exige actuar tanto dentro de las instalaciones como a lo largo de las cadenas de suministro.
La calidad del agua como riesgo empresarial
De acuerdo con un artículo de Trellis, laa demanda de productos ejerce presión sobre los recursos hídricos. Las operaciones industriales pueden liberar contaminantes y sustancias químicas persistentes en cuerpos de agua cercanos, mientras que las actividades agrícolas pueden incrementar la presencia de sedimentos y nutrientes. Estos procesos pueden favorecer la proliferación de algas y comprometer el agua de la que dependen las comunidades y las actividades económicas.
Las consecuencias también pueden reflejarse en las finanzas de las compañías. Las multas, los costos de limpieza, las interrupciones productivas y los daños reputacionales son algunos de los riesgos asociados con una gestión deficiente. Para industrias como la alimentaria, la de bebidas y la fabricación de semiconductores, disponer de agua con características adecuadas es esencial para mantener sus procesos y garantizar la continuidad operativa.

Las empresas avanzan, pero persisten brechas en la gestión hídrica
El informe de referencia de Ceres, publicado en 2025 y basado en la evaluación de 71 empresas globales, reveló que el 41 % había establecido objetivos relacionados con la calidad del agua, frente al 23 % registrado en 2023. También aumentó la divulgación de las acciones previstas y de los avances alcanzados.
Sin embargo, el progreso sigue siendo desigual: el 83 % de las compañías evaluadas tenía objetivos relacionados con el uso del agua. Además, establecer metas no garantiza resultados si estas no consideran las condiciones de cada territorio ni identifican dónde es más urgente intervenir. La gestión hídrica requiere objetivos medibles, evaluaciones de riesgo y acciones vinculadas con las necesidades ambientales locales.
Adaptar los objetivos corporativos a las condiciones locales
No todas las cuencas hidrográficas enfrentan los mismos desafíos. Por eso, las empresas necesitan conocer las condiciones de los lugares donde operan y de los que obtienen sus recursos. Identificar los contaminantes presentes, las necesidades de las comunidades y los requisitos normativos permite establecer prioridades acordes con los riesgos de cada región.
Este enfoque también implica evaluar las sustancias que se descargan en los cuerpos de agua y gestionar sus impactos antes de que ocasionen daños. Para ello, las compañías pueden apoyarse en el conocimiento local, los análisis de escenarios y las herramientas de medición. El objetivo es ir más allá del cumplimiento normativo y desarrollar estrategias que respondan a las necesidades de los territorios donde tienen presencia.
Cargill y Kering: acciones para mejorar la calidad del agua
Cargill, empresa agroindustrial y comercializadora de alimentos, se comprometió a reducir 5,000 toneladas métricas de contaminantes en regiones con escasez de agua para 2030. Para avanzar hacia esa meta, promueve mejores prácticas agrícolas que disminuyen la escorrentía de nutrientes y desarrolla proyectos de restauración de tierras y cuencas hidrográficas en zonas agrícolas.
Hasta la fecha, la compañía había reducido 1,580 toneladas métricas de contaminantes en áreas con escasez hídrica de su cadena de suministro. Para dar seguimiento a sus avances, utiliza metodologías como el Sistema de Contabilidad de Beneficios Volumétricos del Agua 2.0, que permite mantener criterios consistentes para medir y reportar los resultados.
Por su parte, Kering, grupo de la industria de la moda, trabaja para disminuir el uso de metales pesados, sustancias químicas peligrosas y microplásticos en sus procesos industriales y en su cadena de suministro de materias primas. Entre sus acciones se encuentra la inversión de sus curtidurías en procesos libres de metales y cromo, así como la identificación de 10 cuencas prioritarias para restaurar ecosistemas, mejorar la calidad y el suministro de agua y fortalecer la resiliencia ante fenómenos climáticos extremos.
Las cadenas de suministro también concentran riesgos hídricos
Uno de los principales desafíos para las empresas es identificar los impactos que ocurren fuera de sus propias instalaciones. Las cadenas de suministro pueden concentrar riesgos importantes, pero la falta de información dificulta determinar dónde se originan, qué medidas son necesarias y cómo asignar los recursos para reducirlos.
El caso de Levi Strauss & Co. muestra la importancia de ampliar esa perspectiva. Mediante el marco de la Red de Objetivos Basada en la Ciencia (SBTN, por sus siglas en inglés), la compañía evaluó su huella hídrica y ambiental desde las materias primas hasta la fabricación de prendas. El análisis identificó que aproximadamente el 38 % de los impactos sobre el agua dulce, medidos en kilogramos de fósforo equivalente, se produce durante la fabricación de ropa, principalmente en los procesos de lavandería.
Como parte de sus compromisos, Levi Strauss busca que todas sus instalaciones de descarga directa cumplan el nivel Fundamental de las Directrices de Aguas Residuales de ZDHC y que el 25 % alcance el nivel Progresivo, más estricto, para 2030. Estos criterios establecen límites para las aguas residuales y ofrecen una referencia para impulsar mejores prácticas en la industria de la confección y el calzado.

Medir los impactos para fortalecer la gestión hídrica
Las empresas necesitan herramientas que permitan evaluar sus impactos, definir objetivos medibles y dar seguimiento a su cumplimiento. El marco SBTN es una de las referencias utilizadas para analizar las dependencias ambientales y establecer metas que contribuyan a reducir el daño a la naturaleza, incluidos los ecosistemas de agua dulce.
Otra herramienta es la Guía de Contabilidad de Beneficios de la Calidad del Agua, del Instituto de Recursos Mundiales. Esta permite evaluar cómo iniciativas como la recarga de acuíferos y la agricultura regenerativa pueden responder a desafíos hídricos compartidos, así como cuantificar beneficios relacionados con la salud del suelo y las condiciones locales.
La transparencia también forma parte de este proceso. Los requisitos de divulgación, los marcos de información relacionados con la naturaleza y las iniciativas de reporte ambiental están impulsando una mayor atención sobre los impactos corporativos. En este contexto, Ceres prevé evaluar en su informe de referencia sobre el agua de 2027 cómo evolucionan las estrategias empresariales y en qué medida se adoptan mejores prácticas.
Proteger el agua también significa proteger el negocio
La contaminación del agua no es únicamente un problema ambiental: también está vinculada con la continuidad operativa, la estabilidad de las cadenas de suministro, los costos empresariales y las relaciones con las comunidades. Los casos de Cargill, Kering y Levi Strauss muestran distintas maneras de incorporar objetivos específicos, evaluar impactos y extender las acciones más allá de las instalaciones propias.
El reto para las empresas es pasar de los compromisos generales a estrategias que respondan a las condiciones de cada cuenca y permitan medir resultados. Identificar dónde se generan los impactos, involucrar a los proveedores y transparentar los avances puede ayudar a reducir riesgos y fortalecer la resiliencia empresarial. Gestionar el agua de manera responsable no consiste solamente en consumir menos, sino también en conservar su calidad para las actividades económicas, las comunidades y los ecosistemas que dependen de ella.












