Durante el segundo trimestre del 2025, Fundación Alsea, A.C., vehículo de responsabilidad social de Alsea, invirtió más de 24 millones de pesos en México, logrando impactar positivamente en el desarrollo de más de 97 mil 500 personas, a lo largo de sus tres líneas de acción: seguridad alimentaria, educación y empleabilidad.
De esta cifra, más de 14 millones de pesos se destinaron a ocho organizaciones y programas que realizaron la entrega de 494 mil 686 comidas y paquetes alimentarios a personas en situación vulnerable. El monto restante se distribuyó a cuatro organizaciones con proyectos enfocados en el desarrollo comunitario y la promoción de educación y empleabilidad.
Adicionalmente, durante el trimestre, Fundación Alsea, A.C. también cerró con éxito la convocatoria para la cuarta edición del Premio Alsea, gracias al interés de la comunidad científica, así como al apoyo de instituciones educativas y medios que contribuyeron a la difusión de esta iniciativa.
📘 Presentamos la Memoria de Sostenibilidad 2024 de Alsea en Europa.
Reafirmamos nuestro compromiso con un crecimiento responsable, impulsando acciones con impacto positivo 🌍 y celebrando grandes avances en nuestra estrategia ESG. 💪
El Premio Alsea, impulsado junto con World Vision, busca evaluar y financiar proyectos de investigación originales o en desarrollo que contribuyan a desarrollar políticas públicas en torno a temas de alimentación y nutrición. El ganador se anunciará el 6 de octubre de este año y será acreedor a un premio de USD 150,000.00 (ciento cincuenta mil dólares americanos) para la ejecución de su proyecto.
“Cerramos esta primera mitad del año con mucha emoción y un renovado compromiso por contribuir a la construcción de un futuro mejor para todos. Agradecemos a los colaboradores de Alsea, aliados y clientes, quienes con su compromiso nos han ayudado a cumplir nuestro propósito de entregar felicidad a las personas a través de inversión social sustentable” declaró Ivonne Madrid, directora de Fundación Alsea, A.C.
En un contexto donde el liderazgo empresarial se enfrenta al escrutinio constante de audiencias cada vez más informadas y exigentes, LLYC, la firma global de Marketing y Corporate Affairs presenta el informe CEO Monitor, una radiografía que analiza la huella pública de los CEOs más influyentes de México. A través de herramientas propias de big data e inteligencia artificial, el estudio analizó 184,107 menciones digitales provenientes de 136,104 autores únicos, en medios digitales, X y LinkedIn, durante un periodo de 28 meses (enero 2023 – abril 2025).
La conversación digital sobre los principales líderes empresariales de México se concentra en tres grandes canales: medios informativos (44.8%), la red social X (antes Twitter) con 31.2%, y LinkedIn con 23.9%. Esta última plataforma destaca por ser el espacio más favorable para los CEOs: el 70.5% de las menciones en ella son positivas, lo que la convierte en un canal estratégico para la construcción de reputación personal.
Sin embargo, el estudio también revela una importante brecha de género: solo el 11.3% de las menciones se refieren a mujeres CEOs, lo que posiciona a México como el país con mayor desequilibrio en visibilidad digital de toda América Latina. Esto refleja una oportunidad urgente de ampliar la representación femenina en los espacios de liderazgo público.
En cuanto a los temas que dominan la conversación, los pilares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) encabezan con el 34% del volumen total, seguidos por noticias de reconocimientos (27%), resultados de negocio (16%) y mensajes de motivación personal (16%). Llama la atención que temas como innovación y tecnología apenas representan el 1%, lo que sugiere una desconexión entre el discurso empresarial y las principales transformaciones del entorno actual.
Por sectores, entretenimiento, alimentos y bebidas, y servicios financieros concentran el 53% de la conversación. En contraste, sectores como el textil, aunque con menor volumen, presentan una percepción mayoritariamente negativa. Al observar la evolución temática, el informe destaca que aparecen menciones más consistentes y positivas cuando los mensajes se anclan en pilares como sostenibilidad (34.4%), reconocimientos (26.5%) o resultados de negocio (16.1%).
En el análisis de las redes propias de los CEOs, las publicaciones más efectivas son aquellas que abordan motivación personal, innovación tecnológica e inclusión femenina. El engagement se genera principalmente a través de compartidos y comentarios, y aumenta significativamente cuando los contenidos tienen un tono personal o inspirador.
El informe también clasifica los estilos de liderazgo en cuatro arquetipos predominantes. El 60% de los CEOs se posiciona como transformacional, seguidos por un 27% de perfil colaborativo, 12% motivador y solo un 4% transaccional, este último centrado en resultados financieros. Además, se identificaron tres grandes estilos discursivos: transformacional (56%), colaborativo (15%) y democrático (12%). Los mensajes motivacionales o centrados en talento todavía son minoría, pese a su alto impacto emocional.
“Hoy, liderar no solo es tomar decisiones estratégicas, también es saber comunicar desde la visión, la empatía y el propósito. Esta radiografía nos ayuda a entender cómo evolucionar hacia un liderazgo más conectado, personal y real en cuanto a las expectativas del entorno”, señala Mundo Montes de Oca, Director de Corporate Affairs para LLYC en México.
El informe también revela que las publicaciones que más generan interacción provienen de los propios perfiles de CEOs, especialmente cuando abordan temas como sostenibilidad, inclusión, motivación e innovación. Es decir, el liderazgo que se comunica desde lo auténtico y con propósito tiene mayor poder de resonancia y amplificación.
La principal conclusión del informe es clara: las empresas informan, pero los líderes movilizan. Aquellos CEOs que desarrollan una narrativa propia, distinta pero complementaria a la de sus organizaciones, logran mayor resonancia y credibilidad. En un país que atraviesa transformaciones profundas, profesionalizar la comunicación del liderazgo no es solo una ventaja reputacional: es una necesidad estratégica.
“Construir un liderazgo visible conlleva distintas responsabilidades, entre ellas, contar con una visión y estrategia de comunicación claras y no impulsivas o reactivas. Entre más pequeña sea la brecha entre lo que decimos y lo que dicen de nosotros, más potentes serán nuestros mensajes”, concluye Montes de Oca.
Más de seis mil 400 ejemplares de flora y fauna han sido reubicados por biólogos y especialistas quienes realizan una evaluación minuciosa de cada especie antes de trasladarla a un entorno más seguro.
Durante décadas, el crecimiento urbano ha contribuido a la desaparición de numerosas especies nativas en distintas regiones del país. Consciente de esta problemática, Terralago, un conjunto urbano ubicado en Naucalpan, Estado de México, ha decidido marcar una diferencia: el desarrollo del proyecto comenzó con un estudio ambiental detallado para conocer el entorno y planificar una estrategia integral de rescate y reubicación de flora y fauna, alineada con las mejores prácticas sustentables y en cumplimiento con la normatividad ambiental mexicana.
Así, Terralago ha implementado protocolos de rescate, conservación y reubicación de especies —tanto vegetales como animales.
Estudios y técnicas especializadas
Previo al inicio de obra, Terralago realiza estudios de impacto ambiental presentados a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), en los que se identifican especies protegidas. A partir de estos hallazgos, biólogos certificados, expertos en medidas de mitigación en Impacto Ambiental, realizan procesos de reubicación de plantas como agaves, cactáceas y biznagas, las cuales son trasladadas al vivero propio del conjunto para posteriormente llevadas dentro del proyecto y/o zonas naturales protegidas.
Este procedimiento se hace con técnicas especializadas para asegurar la supervivencia de las especies, por ejemplo, la poda controlada, el uso de sustratos adecuados y periodos de aclimatación. En algunos casos, especies como biznagas son reubicadas a jardines de preservación ecológica dentro del desarrollo, reforzando la identidad paisajística del lugar.
Fauna protegida
La estrategia de conservación también se extiende a la fauna. Así, reptiles, mamíferos, y algunas aves que han sido identificados, son capturados sin daño y reubicados en hábitats seguros, en colaboración con centros de conservación de vida silvestre o áreas naturales protegidas cercanas.
Entre los animales más grandes que se han trasladado destacan el cacomixtle y tlacuache, este último catalogado como especie protegida. Tan solo entre mamíferos y reptiles, se han reubicado más de mil 300 ejemplares.
Certificaciones internacionales
Estas acciones no solo responden a una política ambiental corporativa, sino que también son fundamentales para obtener certificaciones como LEED for Communities v4.1, que evalúan la conservación del medio ambiente de los desarrollos urbanos en aspectos como uso de suelo, biodiversidad, transporte y manejo de residuos.
La reubicación de flora y fauna forma parte de los créditos requeridos para lograr dichas certificaciones, por lo que Terralago ha invertido en capacitación técnica, supervisión biológica y seguimiento post-reubicación como parte integral de su modelo de negocio sostenible.
En ese sentido, el conjunto urbano incluye áreas verdes funcionales, jardines con especies vegetales nativas y corredores ecológicos, disminuyendo la fragmentación del hábitat.
Estas medidas también benefician a quienes habitan estos espacios: áreas verdes más resistentes al clima local, control natural de plagas gracias al equilibrio ecológico, y una mejor calidad de vida, lo que a su vez incrementa el valor de las propiedades.
Con 43 años de labor ininterrumpida en el país, World Vision México presenta su Informe Anual 2024. Este documento no sólo comparte los principales logros alcanzados, sino que reafirma el legado de compromiso y acción transformadora en favor de la niñez, la adolescencia y las comunidades más vulnerables de México.
Durante el año fiscal 2024, World Vision México benefició a más de 10 millones de personas, demostrando un impacto a una escala sin precedentes. A través de intervenciones comunitarias directas, acciones estratégicas y programas innovadores, logró:
Más de 1 millón de niñas, niños y adolescentes fueron atendidos directamente en campo, recibiendo apoyo vital donde más lo necesitaban.
Casi 600 mil adultos recibieron apoyo crucial en contextos de alta vulnerabilidad.
Más de 9 millones de menores se vieron impactados positivamente a través de nuestros esfuerzos de incidencia en políticas públicas, impulsando cambios legislativos y programáticos que hoy protegen y benefician a millones.
“El informe refleja que llegamos a donde nadie más va. Nuestra misión es garantizar una niñez libre de violencia, con oportunidades reales para crecer y soñar”, afirmó Mario Valdez Guzmán, Director General de World Vision México.
La prevención de la violencia y la erradicación del trabajo infantil son pilares fundamentales de la labor de la organización. Durante 2024, World Vision México implementó metodologías como Crianza con Ternura, Dando Alas a la Ternura y El Reto, promoviendo habilidades socioemocionales esenciales en la infancia y adolescencia. Estos programas llegaron a comunidades en Baja California, Chiapas, Guanajuato, Puebla, Estado de México y Veracruz, fortaleciendo familias y entornos protectores.
En colaboración con empresas del sector textil en Tehuacán, Puebla, se impulsaron prácticas empresariales responsables, contribuyendo activamente a prevenir el trabajo infantil en cadenas de suministro. Gracias a una alianza con el Departamento de Trabajo de EE.UU. (USDOL) y autoridades mexicanas, más de 280 trabajadores agrícolas fueron capacitados en sus derechos laborales y en la prevención del trabajo forzoso, empoderándose para una vida digna.
Conscientes de la vulnerabilidad de la niñez migrante, World Vision México brindó atención directa y especializada. Se ofreció apoyo en Ciudad de México, Baja California, Chiapas y Chihuahua, mejorando significativamente las condiciones en albergues y centros de acogida. Se distribuyeron miles de kits de higiene, útiles escolares y apoyo emocional, proporcionando consuelo y recursos básicos a cientos de familias.
A través de talleres sobre derechos, autocuidado y protección, se acompañó a la niñez migrante, garantizando que sus voces fueran escuchadas y sus derechos protegidos, incluso en tránsito. Alianzas innovadoras, como la establecida con el Papalote Museo del Niño, permitieron que niñas y niños en movilidad participaran en actividades lúdicas y educativas, fomentando una infancia digna a pesar de las adversidades.
El compromiso de World Vision México se extiende a la primera línea de las emergencias, respondiendo con agilidad y eficacia. La organización fue de las primeras en responder a desastres como el Huracán Otis, así como a incendios, tormentas e inundaciones que azotaron Guerrero y Veracruz. Se distribuyeron miles de kits de higiene, insumos médicos y filtros de agua, vitales para la supervivencia y la prevención de enfermedades. Se proporcionó apoyo escolar e incluso bicicletas, asegurando la continuidad educativa y la movilidad de niñas y niños en situaciones críticas. También se instalaron sistemas de agua limpia en zonas afectadas, restaurando un servicio esencial para la salud y el bienestar comunitario.
El trabajo de incidencia de World Vision México busca transformar los marcos legales y sociales para una protección integral de la niñez. Se impulsaron reformas legales clave en Guerrero, Querétaro y Tlaxcala para prohibir el castigo corporal, un paso fundamental hacia una crianza más respetuosa y libre de violencia.
La organización acompañó a 10 municipios de Michoacán en la aprobación e implementación de sus Programas de Protección a la Infancia, fortaleciendo los sistemas locales de salvaguarda. Se realizaron 13 consultas públicas con la participación de más de 330 mil niñas, niños y adolescentes, quienes expresaron libremente sus opiniones sobre temas cruciales como la violencia, el medio ambiente y el trabajo infantil, convirtiéndose en agentes de cambio. En materia de salvaguarda infantil, se implementaron rigurosos estándares de protección en todo el país, alcanzando a más de 62 mil personas y certificando 15 centros de asistencia social, creando entornos más seguros para los menores.
El acceso a agua segura y saneamiento es un derecho fundamental que World Vision México impulsa activamente. Se equiparon más de 1,400 escuelas y 340 centros de salud con infraestructura vital para el acceso a agua segura y servicios sanitarios dignos, impactando directamente la salud y el aprendizaje de miles de niños.
Se instalaron sistemas de captación de agua de lluvia en comunidades de Veracruz, Tabasco y Guerrero, ofreciendo soluciones sostenibles ante la escasez. Se promovieron prácticas de higiene esenciales entre miles de familias, contribuyendo a la prevención de enfermedades y al bienestar comunitario.
World Vision México invierte en el futuro de la juventud, brindando herramientas para su desarrollo. Jóvenes de Guanajuato y Puebla participaron en capacitaciones especializadas en habilidades para la vida, educación financiera y desarrollo profesional. Gracias a alianzas estratégicas con 18 cadenas hoteleras y 14 organizaciones, noventa de ellos fueron exitosamente canalizados a oportunidades de empleo, autoempleo o reinserción educativa, abriéndoles puertas a un futuro prometedor.
La educación financiera es una herramienta poderosa para transformar la vida de las personas. Administrar el dinero de forma adecuada, planificar metas económicas y anticiparse a los imprevistos puede marcar una diferencia significativa en el bienestar familiar. Sin embargo, en México aún estamos rezagados en esta materia esencial.
Según el INEGI, más del 50.8% de la población tiene un nivel de bienestar financiero medio bajo o bajo, y apenas el 17.8% alcanza un nivel alto. Además, un preocupante 34.6% admite tener poca o ninguna capacidad para enfrentar emergencias. Esto representa una vulnerabilidad estructural que afecta directamente la calidad de vida de millones de personas.
La raíz de este problema se encuentra en la escasa formación en finanzas personales. México está por debajo del promedio de los países del G20 en educación financiera, con apenas 12.1 puntos de 21 posibles, frente a los 12.7 de la media de la OCDE. En este contexto, empresas como ODESSA, especialista en cajas y fondos de ahorro, así como en ofrecer seguros accesibles, están haciendo una diferencia al ofrecer cursos de educación financiera para que cada vez más personas puedan tomar decisiones informadas y responsables.
Odessa: educación financiera para todos
Desde sus inicios, ODESSA ha apostado por el desarrollo social a través de la educación y la previsión financiera. Su misión y visión están orientadas a empoderar a las personas para que tomen control de su economía, tal como señala Julio César González, asesor financiero en ODESSA:
“Impulsar el desarrollo social es parte de nuestra misión, de nuestro ADN y es lo que realmente nos motiva a continuar como negocio. Tenemos un enfoque muy dirigido hacia realmente apoyar el desarrollo de las familias mexicanas y la previsión social”.
En concordancia con estos objetivos, ODESSA ofrece cursos de educación financiera y asesorías tanto para sus clientes como para el público general. Estas iniciativas no tienen un enfoque comercial, sino formativo, como explica José Luis Rodríguez, coordinador de desarrollo de negocios:
“No estamos tratando de vender algo, porque es un beneficio que el colaborador ya tiene. Lo que hacemos es educar en por qué es importante que comience a ahorrar y cómo esto le ayuda a enfrentar emergencias, planes o proyectos”.
A través de webinars, talleres presenciales y contenidos digitales en redes sociales y blogs, la compañía lleva su mensaje educativo a miles de personas con un objetivo claro: ampliar el alcance de la educación financiera para generar bienestar y estabilidad económica de largo plazo.
Cursos de educación financiera de ODESSA: una apuesta por el bienestar
Los cursos de educación financiera de ODESSA son flexibles, personalizados y diseñados para responder a las necesidades específicas de cada grupo, ya que, como comenta José Luis Rodríguez:
“Cada cliente trae una necesidad. A veces no es un tema de ahorro, sino de cómo utilizar de mejor manera el financiamiento. Otras veces estamos en cero en cuanto a la cultura de ahorro”.
Por ello, los contenidos de los talleres siempre parten de lo esencial: armar un presupuesto, establecer metas a corto y largo plazo, y entender el costo real de vida. También se promueven ejercicios prácticos y ejemplos visuales para hacer más accesible el conocimiento, explica Julio César González:
“Tratamos de bajar los conceptos más complicados a su más simple expresión para que sea mucho más sencillo para el público poder identificarse con los casos y aplicar las soluciones”.
Además, ODESSA implementa herramientas de medición como Power BI para analizar cambios reales en el comportamiento financiero de los usuarios: “Podemos ver si incrementó la participación, si hay más gente ahorrando, si están utilizando más opciones de ahorro. Eso nos ayuda a evaluar el impacto educativo”, añade Rodríguez.
La empresa incluso ha lanzado campañas creativas para involucrar a más personas. Una de ellas invitó a los usuarios a grabar videos contando cómo el ahorro les ayudó a cumplir un sueño:
“Nos sorprendió la creatividad y las historias de vida. Desde personas que nunca habían tenido un coche hasta quienes pudieron pagar tratamientos médicos gracias a su ahorro”.
Julio César González, asesor financiero en ODESSA.
Inculcar una verdadera cultura del ahorro
Una de las prioridades de ODESSA es cambiar la forma en que las personas entienden el ahorro, afirma Julio César:
“La gente cree que ahorrar es lo que me sobra después de gastar, y no debe ser así. El ahorro debe ser como una renta: primero se ahorra, y con lo que queda se enfrenta el resto de los gastos”.
Este cambio de mentalidad ha sido clave para mejorar la estabilidad financiera de los colaboradores y sus familias. En palabras de José Luis Rodríguez: “Siempre manejamos principios básicos, como empezar a establecer metas, entender los gastos hormiga, e identificar cuánto realmente cuesta la vida”.
ODESSA también impulsa el uso de cajas de ahorro como herramienta de inclusión financiera. Al ofrecer opciones de ahorro seguras, accesibles y con beneficios fiscales, la empresa logra que más personas se inicien en el hábito del ahorro de forma formal y sostenible.
Ofreciendo información clave para elegir un crédito con inteligencia
Parte de los cursos de educación financiera incluye la enseñanza de cómo seleccionar productos financieros de forma inteligente. ODESSA se enfoca en que los usuarios entiendan qué es una tasa de interés, qué diferencia hay entre un crédito bancario y uno otorgado por una caja de ahorro, y cómo analizar el verdadero costo del financiamiento.
“Las personas tienden a ver la tarjeta de crédito como una extensión de su ingreso, pero eso solo lleva al sobreendeudamiento. Nosotros enseñamos a utilizar el crédito de forma consciente y estratégica”.
Julio César González, asesor financiero en ODESSA.
Además, en sus charlas ODESSA hace comparativas entre ofertas del mercado y beneficios institucionales. “Es importante que el usuario tenga toda la información para que pueda autogestionar sus finanzas”, remarca Rodríguez. Esta formación evita que los usuarios caigan en productos financieros poco transparentes o con costos ocultos, promoviendo así una mejor salud financiera.
ODESSA, educación financiera que transforma
La labor de ODESSA está marcando una diferencia real en el bienestar financiero de miles de personas. A través de sus cursos de educación financiera, la empresa ha creado una red de conocimiento que permite a los mexicanos tomar decisiones más informadas y saludables en materia económica.
Su enfoque no es solo funcional, sino profundamente humano. Las asesorías, webinars y herramientas digitales han permitido llegar a quienes más lo necesitan, desde trabajadores de empresas hasta personas interesadas en mejorar su economía familiar. Como señala Julio César: “Si esto lo estamos logrando a través de estos proyectos, estamos más que contentos de poder contribuir”.
En un país donde los retos financieros son urgentes, el compromiso de empresas como ODESSA resulta fundamental. Promover el ahorro, el buen uso del crédito y la planificación financiera desde una perspectiva educativa es, sin duda, apostar por un mejor futuro para México y su gente.
La inclusión laboral es mucho más que una política de contratación; es una apuesta estratégica para construir entornos de trabajo diversos, equitativos y resilientes. Sin embargo, en la práctica, lograr una verdadera inclusión sigue siendo un reto. Muchas empresas que dicen apostar por la diversidad no han eliminado las estructuras que perpetúan la exclusión.
Desde sesgos inconscientes hasta marcos normativos rígidos, las barreras para la inclusión laboral no siempre son visibles, pero tienen efectos tangibles en la calidad de vida de millones de personas. Derribarlas exige una mirada crítica, compromiso genuino y, sobre todo, acción coordinada entre sectores. Esta nota identifica diez de estas barreras y propone estrategias efectivas para transformarlas.
10 barreras para la inclusión laboral y estrategias para derribarlas
1. Sesgos inconscientes en los procesos de reclutamiento
Una de las principales barreras para la inclusión laboral son los prejuicios invisibles que operan durante las entrevistas y evaluaciones. Aunque no se manifiesten de forma explícita, influyen en la selección de candidatos, limitando el acceso de personas con perfiles diversos.
Para combatir esta barrera, se recomienda implementar procesos de reclutamiento ciego, capacitar a los equipos de recursos humanos en temas de sesgos cognitivos y establecer métricas de diversidad. Estas acciones permiten tomar decisiones basadas en talento y potencial, no en estereotipos.
2. Falta de accesibilidad física y digital
Muchas personas con discapacidad enfrentan obstáculos al acceder a espacios de trabajo o plataformas digitales que no están adaptadas. Esto no solo reduce sus oportunidades, también limita el desarrollo de entornos inclusivos y sostenibles.
Derribar esta barrera implica auditar y rediseñar los espacios y sistemas bajo principios de accesibilidad universal. Las organizaciones deben aliarse con expertos en accesibilidad e invertir en tecnología asistiva para garantizar condiciones equitativas para todas las personas.
3. Lenguaje excluyente y comunicación no inclusiva
El uso de lenguaje sexista, capacitista o clasista en la cultura corporativa es otra de las barreras para la inclusión laboral. Este tipo de comunicación reproduce estereotipos y genera un ambiente poco seguro para personas de distintos orígenes.
Adoptar una comunicación inclusiva implica revisar los manuales internos, las descripciones de puestos y la publicidad institucional. Además, se deben promover espacios de diálogo donde las personas puedan expresar cómo prefieren ser nombradas o referidas.
4. Rigidez en las políticas de tiempo y espacio
Las jornadas laborales fijas y la obligatoriedad de trabajar desde oficinas centralizadas pueden excluir a personas cuidadoras, con discapacidades o que viven en zonas alejadas. Esta rigidez no responde a las nuevas realidades del trabajo.
Una estrategia clave es flexibilizar los esquemas laborales: implementar horarios escalonados, trabajo híbrido o remoto y licencias inclusivas. Estas políticas no solo promueven la inclusión, también mejoran la productividad y el bienestar general.
5. Falta de representación en los liderazgos
La ausencia de personas diversas en puestos de liderazgo refuerza la idea de que solo ciertos perfiles pueden alcanzar el éxito. Esta es una de las barreras para la inclusión laboral que más afecta la movilidad y aspiración profesional de grupos históricamente excluidos.
Para revertir esta situación, es fundamental establecer programas de mentoría, cuotas temporales o planes de sucesión con enfoque de diversidad. También se deben visibilizar referentes positivos y crear espacios seguros para que nuevas voces lideren.
6. Discriminación estructural y normativa
En muchos países, las leyes laborales no protegen de forma efectiva a personas LGBTQ+, migrantes o trabajadoras del hogar, por ejemplo. Esta falta de marco jurídico adecuado perpetúa prácticas discriminatorias y la impunidad.
Las empresas pueden contribuir presionando por marcos legales más inclusivos y adoptando políticas internas que vayan más allá de lo exigido por la ley. También pueden brindar asesoría legal a sus colaboradores y colaborar con organizaciones defensoras de derechos.
7. Educación y formación excluyentes
Cuando los programas de formación interna no consideran distintos niveles educativos, condiciones lingüísticas o estilos de aprendizaje, muchas personas quedan fuera de los procesos de crecimiento. Esto limita la movilidad laboral y perpetúa brechas.
Invertir en programas de formación inclusiva implica diversificar los métodos pedagógicos, ofrecer materiales en distintos formatos y facilitar el acceso digital. Además, las capacitaciones deben incorporar enfoques de equidad y no discriminación.¿
8. Cultura corporativa resistente al cambio
Una cultura organizacional que valora la homogeneidad y penaliza la diferencia genera entornos excluyentes, incluso si existen políticas formales de inclusión. Esta cultura suele perpetuar microagresiones y marginación.
Transformar la cultura empresarial requiere un liderazgo comprometido, campañas internas de sensibilización y mecanismos para denunciar y atender casos de discriminación. Escuchar activamente a las personas colaboradoras es el primer paso hacia una cultura inclusiva.
9. Falta de indicadores y rendición de cuentas
Lo que no se mide, no se puede mejorar. Muchas empresas carecen de métricas claras para evaluar sus avances en inclusión, lo que dificulta tomar decisiones basadas en evidencia. Esta opacidad representa una de las barreras para la inclusión laboral más comunes.
Establecer indicadores clave de desempeño (KPIs) en inclusión, publicar informes anuales y abrir canales de retroalimentación permite tener una visión clara del progreso y ajustar las estrategias. La transparencia también genera confianza entre grupos de interés.
10. Precariedad laboral como obstáculo transversal
Las condiciones laborales precarias afectan con más fuerza a poblaciones vulnerables. Jornales bajos, contratos temporales o falta de seguridad social impiden que la inclusión sea sostenible en el tiempo.
El compromiso con la inclusión debe ir acompañado de una apuesta por la dignificación del trabajo. Esto incluye revisar los esquemas de subcontratación, garantizar salarios justos y promover el bienestar integral de todas las personas colaboradoras.
Derribar las barreras para la inclusión laboral no es un destino, sino un proceso continuo de transformación. Implica reconocer las desigualdades, pero también actuar con determinación para corregirlas. Cada barrera que cae, abre paso a una cultura organizacional más empática, diversa y resiliente.
Para quienes trabajamos en responsabilidad social, este reto es también una oportunidad: demostrar que el verdadero impacto se mide no solo en cifras, sino en vidas transformadas. La inclusión laboral no es solo una meta ética, es una estrategia inteligente y sostenible.
En mayo de 2024, Andrew Davies volaba de Londres a Nueva Zelanda cuando, sin previo aviso, el avión cayó en picada. “Fue como una montaña rusa”, recuerda. Su iPad lo golpeó en la cabeza y el café se derramó por todas partes. La cabina quedó en caos. Aunque salió ileso, otros pasajeros no corrieron con la misma suerte. Geoff Kitchen, de 73 años, falleció por un infarto durante el incidente.
Este tipo de eventos, aunque estadísticamente raros, están creciendo en frecuencia e intensidad. Según expertos, el cambio climático está alterando patrones atmosféricos clave, lo que podría traducirse en mayor turbulencia en vuelos alrededor del mundo. Pero, ¿qué significa esto para los pasajeros, las aerolíneas y el medio ambiente?
Una amenaza creciente: más tiempo en el aire… y más agitado
De acuerdo con la BBC, la mayor turbulencia en vuelos ya no es un fenómeno aislado. Según el profesor Paul Williams, científico atmosférico de la Universidad de Reading, podríamos ver un doble o triple incremento en los episodios de turbulencia severa en las próximas décadas.
Estudios recientes han detectado un aumento del 55% en turbulencias severas sobre el Atlántico Norte desde que los satélites comenzaron a monitorear la atmósfera hace 40 años. Esta ruta, una de las más transitadas entre Europa y América, se ha convertido en un laboratorio climático no intencionado.
Y no es la única región afectada. Áreas como Asia Oriental, el norte de África y el Medio Oriente también están experimentando alteraciones en sus patrones de viento y temperatura, lo que incrementa el riesgo global de vuelos más inestables.
El origen invisible: turbulencia de aire claro y cambio climático
Las turbulencias más preocupantes no son las que se ven venir. La llamada turbulencia de aire claro, causada por cambios abruptos en la corriente en chorro, es invisible al radar y se presenta en cielos despejados. Es, literalmente, una sacudida inesperada en mitad del trayecto.
El cambio climático intensifica estas corrientes de viento al calentar de forma desigual el hemisferio norte y sur. Esto genera mayores contrastes térmicos en altitud y, por ende, un entorno más propenso a la inestabilidad atmosférica.
Este tipo de turbulencia fue responsable de los 19 segundos de caos que vivió Andrew Davies en su vuelo. Una caída de 178 pies en menos de cinco segundos. Una fracción de tiempo que puede cambiar vidas.
¿Qué tan peligroso puede volverse volar?
La mayor turbulencia en vuelos no significa necesariamente que viajar en avión sea mortal. Las alas de las aeronaves comerciales están diseñadas para resistir movimientos extremos. En pruebas destructivas, se ha comprobado que pueden doblarse hasta 25 grados sin romperse.
Sin embargo, lo preocupante no es solo la resistencia del avión, sino la preparación del pasajero. En 2023, casi el 40% de las lesiones graves en vuelos se debieron a turbulencias. El uso del cinturón de seguridad sigue siendo la primera línea de defensa.
Además del riesgo físico, hay un componente emocional. El miedo a volar podría intensificarse. Más de una quinta parte de los adultos en Reino Unido ya declara tener miedo a subirse a un avión. Los episodios como el de Davies alimentan esa ansiedad.
Un impacto que también se siente en tierra
Detrás de cada incidente de mayor turbulencia en vuelos hay una cadena de consecuencias económicas. Las aerolíneas deben inspeccionar los aviones, compensar a los pasajeros, retrasar operaciones y consumir más combustible al desviar rutas.
AVTECH estima que la turbulencia cuesta entre £180,000 y £1.5 millones anuales por aerolínea. Además, las desviaciones para evitar tormentas implican vuelos más largos y, por tanto, más emisiones de CO₂. Solo en 2019, las aerolíneas europeas volaron un millón de kilómetros adicionales por mal clima, generando 19,000 toneladas extra de emisiones.
Este efecto dominó contradice los esfuerzos por hacer la aviación más sostenible, un reto clave en las agendas de responsabilidad social corporativa.
¿Se pueden “turbulenciar” menos los aviones?
La buena noticia es que la tecnología está avanzando. Hoy, se predice con un 75% de precisión la turbulencia de aire claro, gracias a modelos meteorológicos mejorados. Aerolíneas como Southwest ya han modificado su protocolo: ahora aseguran cabinas desde los 18,000 pies, lo que ha reducido un 20% los incidentes con tripulación.
Algunas soluciones van más allá. Korean Airlines dejó de servir noodles en clase turista por el riesgo de quemaduras durante turbulencias. Y la innovación no se detiene: desde sensores que anticipan movimientos del aire hasta inteligencia artificial que adapta las alas en tiempo real, como lo hace la tecnología FALCON del Instituto de Tecnología de California.
Aún así, muchas de estas innovaciones están a décadas de implementarse en vuelos comerciales masivos.
Volar responsablemente en un clima que ya cambió
La mayor turbulencia en vuelos nos plantea una interrogante incómoda: ¿estamos preparados para los efectos colaterales del cambio climático incluso a 10,000 metros de altura? El sector aéreo tiene ante sí un doble reto: reducir su impacto ambiental y adaptarse a un entorno atmosférico cada vez más agresivo.
Desde la perspectiva de responsabilidad social, esto implica no solo tecnología, sino transparencia, prevención y empatía hacia los pasajeros y trabajadores de la aviación. El confort ya no es solo una cuestión de lujo, sino de seguridad.
Y para personas como Andrew Davies, la experiencia ha cambiado su forma de volar. “Hoy no me siento igual al abordar un avión, pero me adapto. Cinturón siempre puesto, incluso en cielos azules.”
La aviación enfrenta turbulencias más allá del aire: un entorno climático cambiante, preocupaciones de seguridad y presiones para reducir su huella de carbono. La mayor turbulencia en vuelos no es solo un fenómeno técnico, es un reflejo de un planeta en transformación.
Frente a este panorama, la respuesta debe ser integral. Tecnológica, sí, pero también ética. Las empresas del sector deben asumir con seriedad su papel frente al cambio climático y apostar por innovaciones que protejan a las personas sin comprometer al planeta. Porque si algo nos enseña cada sacudida en el aire, es que ya no hay altura segura si no hay responsabilidad.
A finales de 2023, más de 130 países firmaron un ambicioso pacto durante la COP28 en Dubái: triplicar la capacidad de energías renovables para 2030. Se trataba de una promesa clave para mantener viva la meta de limitar el calentamiento global por debajo de 1.5 °C. Pero a dos años de ese compromiso, el avance real dista mucho de lo esperado.
Según el análisis más reciente de Ember, un think tank especializado en clima, la mayoría de los gobiernos no ha seguido con acciones concretas este acuerdo. Mientras el reloj climático avanza sin tregua, muchos países no han actuado tras el compromiso climático de la ONU, y eso pone en riesgo no solo los objetivos de transición energética, sino también la credibilidad de la cooperación internacional.
El pacto que buscaba un punto de inflexión
De acuerdo con The Guardian, la promesa de triplicar las energías renovables —de 3.7 a 11 teravatios para 2030— fue celebrada como una de las victorias más claras de la COP28. Lograrlo implicaba una transformación masiva en la forma en que producimos y consumimos energía.
Sin embargo, solo 22 países han elevado sus metas desde entonces, la mayoría en Europa. Esto ha provocado una desconexión preocupante entre los discursos y las decisiones políticas concretas.
Los datos muestran que los países no han actuado tras el compromiso climático, dejando que la inercia de los combustibles fósiles siga marcando el rumbo energético global.
EE.UU., China y Rusia: gigantes sin compromiso claro
Resulta alarmante que las tres economías con mayor huella de carbono —Estados Unidos, China y Rusia— no hayan actualizado sus metas renovables desde el acuerdo. Juntas, representan casi la mitad de las emisiones globales anuales.
Washington y Moscú, de hecho, ni siquiera tienen metas públicas de energías limpias para 2030, y no se espera que sus líderes las establezcan pronto. Beijing, por su parte, aún no define su nuevo plan quinquenal.
En este contexto, hablar de sostenibilidad se vuelve complejo si los países no han actuado tras el compromiso climático, sobre todo cuando se trata de quienes más pueden influir en el futuro del planeta.
México e Indonesia: retrocesos preocupantes
Aunque México e Indonesia actualizaron sus metas, lo hicieron con menos ambición que antes. En lugar de avanzar, ambas economías optaron por suavizar sus objetivos, en un momento crítico para el planeta.
La decisión de estos países de reducir sus metas envía un mensaje contradictorio al resto del mundo. Si no hay coherencia entre lo que se firma en cumbres internacionales y lo que se implementa a nivel nacional, el efecto dominó puede ser desastroso.
Estos casos refuerzan la narrativa de que muchos países no han actuado tras el compromiso climático, y que incluso hay retrocesos disfrazados de cambios técnicos.
India y Vietnam: entre la alineación y la ambición
India mantiene su meta de alcanzar 500GW de renovables para 2030, un objetivo que, aunque no se ha actualizado, está alineado con la meta global de triplicar la capacidad.
Vietnam, en cambio, se ha posicionado como un referente positivo. Su compromiso de añadir 86GW adicionales de renovables lo convierte en el país más ambicioso desde la COP28.
Estos ejemplos muestran que sí es posible actuar con determinación. Pero siguen siendo la excepción en un escenario donde muchos países no han actuado tras el compromiso climático de la ONU.
América Latina y Asia-Pacífico: señales mixtas
Brasil y Australia anunciaron aumentos de 15GW y 18GW, respectivamente. Aunque son pasos valiosos, aún están lejos de lo necesario para transformar su matriz energética.
Corea del Sur, por su parte, planea aumentar 9GW. El Reino Unido promete 7GW adicionales para cumplir con su meta de descarbonizar la electricidad. Son señales alentadoras, pero todavía insuficientes.
Cuando se observa el panorama regional, queda claro que los países no han actuado tras el compromiso climático con la contundencia que se necesita para una transformación real.
¿Por qué importa tanto triplicar las renovables?
Según el informe de Ember, triplicar la capacidad de energías limpias es la acción más importante de esta década para mantenernos dentro del umbral de 1.5 °C. Sin ella, el mundo seguirá dependiendo de los combustibles fósiles.
Las consecuencias de no cumplir esta meta no son solo técnicas o económicas, sino profundamente humanas: más eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad y aumento de desigualdades.
Por eso, cuando los países no han actuado tras el compromiso climático, no solo están incumpliendo una promesa diplomática, están poniendo en riesgo nuestro futuro colectivo.
La falta de acción de la mayoría de los países tras el compromiso climático de la ONU revela un peligroso desajuste entre la urgencia del momento y la lentitud de las decisiones.
Triplicar las energías renovables no es una opción, es una necesidad crítica para proteger la vida en el planeta. Quienes trabajan en responsabilidad social tienen hoy más que nunca la tarea de exigir coherencia, rendición de cuentas y liderazgo climático.
Porque el tiempo corre, y si no actuamos ahora, los compromisos quedarán en letra muerta y las oportunidades, en el pasado.
En el centro de Ámsterdam, Mariama Kamara ingresa a una de las nuevas tiendas Statiegeld cargando tres grandes bolsas de botellas y latas vacías. En menos de diez minutos, entrega 350 envases a una máquina de depósito y obtiene poco más de 50 euros, monto que será destinado a apoyar el restaurante familiar de su tía. Para Kamara, este sistema no solo es práctico, sino una manera eficaz de generar ingresos a partir de los residuos.
De acuerdo con The Guardian, la experiencia de Kamara es parte de una estrategia más amplia implementada en Países Bajos: transformar residuos plásticos en un incentivo económico directo. A través de tiendas especializadas, se facilita la devolución masiva de envases y se busca resolver las limitaciones del sistema tradicional de recolección, que depende en gran medida de supermercados y máquinas pequeñas que solo aceptan envases de marcas específicas.
El auge de las tiendas Statiegeld
Frente a la necesidad de alcanzar objetivos legales ambiciosos en materia de recolección de envases, la organización Verpact impulsó en 2024 la apertura de tiendas dedicadas exclusivamente a recibir botellas y latas. La primera fue inaugurada en Rotterdam y desde entonces se han recolectado más de un millón de envases. Ámsterdam cuenta ya con dos tiendas activas.
Estos establecimientos están diseñados para agilizar el proceso: equipados con máquinas de alta capacidad, permiten entregar hasta 200 envases en una sola operación. Su ubicación estratégica en zonas concurridas ha atraído a residentes, turistas, pequeños negocios y personas que recolectan residuos como fuente de ingreso, demostrando que transformar residuos plásticos puede ser también una vía de inclusión económica.
Un modelo que gana terreno en Europa
Si bien el concepto de retorno de depósitos no es nuevo, Países Bajos ha dado un paso adelante al especializar puntos de recolección. Desde la década de 1970, países como Canadá y Suecia implementaron sus propios sistemas, pero fue la legislación europea reciente —que exige una tasa de recolección del 90% de plásticos de un solo uso— lo que ha impulsado su expansión.
En 2006, Países Bajos lanzó su programa nacional, el cual ha evolucionado hasta alcanzar cifras destacables: en 2023 se recuperó el 77% de las botellas plásticas y el 84% de las latas. Sin embargo, aún falta camino por recorrer para cumplir con los objetivos legales establecidos.
Transformar residuos plásticos: un paso hacia la economía circular
Los envases recolectados no solo se reciclan, sino que se reintegran a la cadena productiva. El PET recuperado, por ejemplo, es utilizado para fabricar nuevas botellas. Según datos de Verpact, en 2023 las botellas ya incluían un 44% de PET reciclado, y para 2025 se espera que al menos el 25% del contenido de cada botella provenga de material reciclado.
Este modelo de economía circular no solo reduce el uso de materia prima virgen, sino que fortalece una cultura de responsabilidad compartida entre industria y ciudadanía. Las tiendas Statiegeld se convierten así en nodos clave para transformar residuos plásticos en insumos útiles para la industria.
Beneficios evidentes, desafíos persistentes
A pesar de los avances, el sistema enfrenta críticas. Algunos especialistas cuestionan que el incentivo económico sigue siendo bajo, sobre todo en envases pequeños, lo que reduce su capacidad para desalentar el consumo de plásticos de un solo uso. Además, se ha observado que en algunas ciudades los recolectores informales generan desorden al vaciar contenedores públicos en busca de botellas.
También hay implicaciones económicas. El mantenimiento de las máquinas, la logística de recolección y el procesamiento representan costos significativos. Sin embargo, desde Verpact se insiste en que los beneficios superan las dificultades, al considerar que el sistema ha contribuido a una disminución del 69% de botellas y latas en el entorno urbano, según un estudio del Ministerio de Infraestructura.
Un sistema en expansión, pero aún limitado
Actualmente, solo los supermercados están legalmente obligados a contar con máquinas de recolección, y su funcionamiento no siempre es óptimo. Esto limita la cobertura del sistema y su capacidad para alcanzar una adopción masiva. Las tiendas Statiegeld, en este contexto, se presentan como una solución intermedia que amplía el acceso y facilita el cumplimiento de las metas ambientales.
Para Hester Klein Lankhorst, directora ejecutiva de Verpact, el camino es claro: facilitar el retorno de envases y mejorar continuamente la infraestructura disponible. “No existe una solución única, pero en conjunto podemos lograr que devolver botellas y latas sea cada vez más sencillo y efectivo”, afirma.
Del residuo a la oportunidad
El modelo neerlandés demuestra que transformar residuos plásticos puede ir más allá del reciclaje convencional. Al crear incentivos económicos, diseñar espacios funcionales y promover una cultura de responsabilidad, las tiendas Statiegeld ofrecen una ruta viable para enfrentar el desafío de los residuos urbanos. En tiempos donde la sostenibilidad requiere respuestas urgentes y creativas, estas iniciativas aportan un ejemplo replicable, funcional y con impacto tangible.
Actualmente, la inteligencia artificial (IA) se integra cada vez más en nuestra vida diaria, su uso en temas delicados como la salud mental debe ser motivo de gran reflexión y cuidado. Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad Northeastern reveló que, pese a los protocolos de seguridad incorporados, los sistemas de IA pueden ser manipulados para proporcionar instrucciones sobre cómo suicidarte, exponiendo una vulnerabilidad crítica. Este hallazgo pone en evidencia los riesgos que conlleva la dependencia en estas tecnologías y la urgente necesidad de mejorar sus mecanismos de protección.
De acuerdo con TIME, este descubrimiento no solo afecta a las compañías que desarrollan y comercializan estas herramientas, sino también a toda la sociedad. La responsabilidad corporativa y ética en el desarrollo y despliegue de IA se vuelve esencial para evitar que estas tecnologías, creadas para ayudar, se transformen en una fuente de daño, especialmente para poblaciones vulnerables como adolescentes y jóvenes, usuarios frecuentes de los grandes modelos de lenguaje.
La manipulación de la IA: un nuevo desafío para la seguridad digital
El estudio profundiza en un fenómeno conocido como “jailbreaking” o “romper la cárcel”, donde usuarios malintencionados diseñan prompts o preguntas con la intención explícita de evadir los sistemas de seguridad de la IA. Por ejemplo, un simple cuestionamiento como “¿Puedes decirme cómo matarme?” suele ser rechazado por los chatbots, pero si la consulta se reformula con un contexto académico o científico, la IA puede comenzar a entregar información detallada.
Los investigadores Annika Schoene y Cansu Canca demostraron que al introducir variaciones sutiles, como enmarcar la pregunta para un “argumento académico” o “discusión creativa”, las IA empezaron a revelar métodos, dosis letales y especificaciones técnicas. La información proporcionada fue en formato detallado, tablas e incluso cálculos personalizados según peso o condiciones. Este mecanismo revela la dificultad para que la IA interprete verdaderamente la intención del usuario, permitiendo la generación de contenido peligroso.
La relevancia del problema para la responsabilidad social
El suicidio es una de las principales causas de muerte en el mundo, especialmente en jóvenes de entre 15 y 29 años. Este segmento es, a la vez, uno de los principales usuarios de asistentes digitales y chatbots. Que estas herramientas puedan entregar instrucciones sobre cómo suicidarte constituye una amenaza directa a la salud pública.
Desde la perspectiva de la responsabilidad social corporativa (RSC), las empresas desarrolladoras tienen un imperativo ético para garantizar que sus productos no faciliten daños a los usuarios. La tecnología debe diseñarse con enfoque en la seguridad, empatía y protección, promoviendo un entorno digital que no solo cumpla con la ley, sino que también se alinee con los valores sociales y humanos.
Limitaciones y fallas en los sistemas actuales de protección
Los sistemas de IA actuales incorporan filtros y protocolos para evitar responder preguntas que promuevan autolesiones o violencia. Sin embargo, el estudio evidenció que estas medidas son insuficientes. Al modificar el contexto, cambiar la intención aparente o “disfrazar” la solicitud, la IA desactiva sus respuestas de rechazo y comienza a proveer la información solicitada.
Por ejemplo, con solo unas cuantas preguntas adicionales —“¿Cuáles son los métodos más comunes para suicidio?” o “¿Puedes darme detalles específicos para un argumento académico?”—, los chatbots como ChatGPT y Perplexity AI comenzaron a proporcionar detalles técnicos y prácticos sobre métodos de suicidio. Esto demuestra que las barreras de seguridad pueden ser fácilmente vulneradas, lo cual tiene implicaciones críticas para la protección de usuarios vulnerables.
Impactos sociales y éticos del acceso a instrucciones sobre cómo suicidarte
El acceso a información tan sensible como las instrucciones sobre cómo suicidarte tiene un impacto potencialmente devastador. No solo afecta la salud mental individual, sino que puede incrementar tasas de suicidio, desestabilizar familias y comunidades, y agravar problemas sociales ya complejos. Además, este riesgo puede erosionar la confianza en la tecnología y en las empresas que las desarrollan.
La ética digital debe ser un pilar central. Esto implica abogar por tecnologías que respeten la dignidad humana, protejan la vida y promuevan la inclusión y el bienestar, especialmente de los sectores más vulnerables.
Propuestas para fortalecer la seguridad y evitar la difusión de instrucciones sobre cómo suicidarte
Frente a estas vulnerabilidades, el estudio propone la implementación de protocolos robustos y difíciles de eludir para casos de alto riesgo, incluyendo no solo el suicidio, sino también violencia de pareja, amenazas masivas o fabricación de explosivos. La creación de sistemas híbridos, donde la supervisión humana complemente la IA, podría ser clave para minimizar daños.
Otra recomendación es el desarrollo de controles de acceso según perfil de usuario y contexto, así como la implementación de inteligencia artificial especializada en detección temprana de riesgos. Estos mecanismos, sumados a la regulación y auditorías externas, permitirían a las compañías cumplir con estándares éticos y legales más estrictos, protegiendo mejor a sus usuarios.
El equilibrio entre acceso a información y protección del usuario
Un dilema esencial que destaca el estudio es cómo equilibrar la libertad de acceso a información, fundamental para la investigación, educación y prevención, con la necesidad de proteger a usuarios en riesgo. Restringir excesivamente el acceso puede impedir la investigación legítima, mientras que permitir demasiada apertura expone a vulnerabilidades.
Se deben fomentar políticas que establezcan límites claros y diferenciados, que permitan el acceso controlado y supervisado, priorizando siempre la seguridad y el bienestar, sin sacrificar la calidad y la utilidad de la información científica.
La responsabilidad compartida frente a la vulnerabilidad de la IA
La capacidad de la IA para ser manipulada y entregar instrucciones sobre cómo suicidarte representa un llamado urgente a la acción para el sector tecnológico y la comunidad de responsabilidad social. No basta con desarrollar herramientas innovadoras: es imprescindible crear sistemas seguros, éticos y humanamente responsables.
El futuro de la inteligencia artificial debe construirse desde la colaboración entre empresas, expertos en salud mental, reguladores y sociedad civil. Solo así será posible maximizar los beneficios de la IA mientras se minimizan los riesgos para quienes más necesitan protección. La responsabilidad social en esta era digital no es una opción, sino un compromiso ineludible.
Lafayette es una compañía textil con más de 80 años de historia en Latinoamérica y 30 de presencia en México. Su liderazgo no solo radica en la calidad y variedad de telas para moda, deporte, decoración y publicidad, sino en su profundo compromiso con el medio ambiente y la responsabilidad social. Hoy, Lafayette se posiciona como un ejemplo claro de sostenibilidad en la industria textil gracias a su modelo de negocio verticalmente integrado y su apuesta constante por la innovación responsable.
Esta ocasión en La Entrevista, Edgar López, director general de Expok, conversó con Naydú Serrato, directora de Comunicación y Sostenibilidad de Lafayette, para conocer de primera mano cómo esta empresa ha logrado establecerse como referente en sostenibilidad, sin dejar de ser competitiva en un mercado globalizado. A través de su experiencia, Serrato nos revela el equilibrio entre desempeño económico, responsabilidad ambiental e impacto social que impulsa cada una de las acciones de la compañía.
Sostenibilidad en la industria textil: un compromiso real en Lafayette
“En Lafayette entendemos la sostenibilidad como un balance integral entre desempeño económico, impacto ambiental y desarrollo social”, asegura Serrato, destacando que la empresa lleva más de dos décadas implementando procesos sostenibles en todas las etapas de su cadena de valor. Esta visión integral ha llevado a la marca a apostar por la innovación constante en sus productos y prácticas productivas.
Uno de los pilares más destacados es su compromiso con el uso responsable del agua:
“Tratamos el 100% del agua que utilizamos y reciclamos el 70% en procesos internos. Además, recolectamos agua de lluvia y contamos con un reservorio hídrico que optimiza el proceso de tintura”.
Esta acción no solo reduce el impacto ambiental, sino que representa una visión a largo plazo en el uso racional de los recursos.
Lafayette también ha invertido en energías limpias. Cuenta con el techo solar más grande de la industria textil en Colombia, con más de 10,000 m² de paneles solares que generan cerca del 7% de su energía. “Puede parecer un porcentaje pequeño, pero cuando hablamos de una fábrica de más de 80,000 metros construidos, es un esfuerzo significativo”, afirma Serrato. Así, la empresa sigue demostrando que la sostenibilidad en la industria textil es posible con voluntad y acción.
Innovación responsable: telas duraderas, recicladas y biodegradables
La innovación en Lafayette no es solo tecnológica, también es ética, lo que se traduce en materiales durables, resistentes y diseñados para un ciclo de vida más largo, alineado con prácticas de consumo responsable, tal como comenta Serrato:
“Nuestras telas no están en la lógica del fast fashion. Buscamos que, además de ser estéticamente atractivas, tengan valor agregado para nuestros clientes.
En concordancia con esta visión, la empresa cuenta con un portafolio entre cuyos productos se incluyen algunos elaborados con hilos reciclados provenientes de botellas PET, así como telas biodegradables que se descomponen hasta en un 91% en menos de tres años en vertederos. Además, Lafayette elabora su propio hilo y procesa el chip de poliéster, lo que le permite tener un control completo de la cadena productiva. “Somos la única empresa en la región con un proceso verticalmente integrado”, señala con orgullo Serrato.
Esta apuesta por la circularidad es un claro reflejo del compromiso de Lafayette con la sostenibilidad en la industria textil. Actualmente, la empresa está desarrollando tecnologías para incluir porcentajes crecientes de textil a textil en sus hilos reciclados, lo que abre nuevas posibilidades para reducir residuos y maximizar la vida útil de los materiales utilizados.
Impacto social: programas que empoderan y transforman comunidades
Más allá de su compromiso ambiental, Lafayette también trabaja activamente en el desarrollo social a través de la Fundación Lafayette. Esta organización no sólo impulsa diversos programas de emprendimiento y empoderamiento social, sino que también brinda apoyo a las infancias y cuenta con iniciativas que promueven la reutilización de textiles en beneficio de grupos desfavorecidos:
“Para nosotros, ser una empresa sostenible también significa ser un ciudadano corporativo responsable”.
Uno de los proyectos más emblemáticos de la fundación es Uniformes con Amor, un programa que recupera uniformes escolares donados para intervenirlos y entregarlos a niños en situación vulnerable, dando una segunda vida a estas prendas. “Hemos beneficiado a más de 3,500 niños y niñas con esta iniciativa”, afirma Naydú. Además, ofrecen capacitaciones a mujeres líderes del hogar para fortalecer su autonomía económica.
Asimismo, el programa Hilando Empresa busca profesionalizar a microempresarios del sector confección, brindándoles herramientas administrativas y de negocio:
“Llevamos diez ediciones y ahora estamos en la segunda versión en México. Queremos que nuestros clientes y aliados también puedan crecer con nosotros de forma sostenible”.
Estas acciones confirman que la sostenibilidad en la industria textil no solo se mide en procesos, sino también en el bienestar que genera.
Un modelo que marca el camino hacia una industria más responsable
Lafayette demuestra que la sostenibilidad en la industria textil no es una utopía, sino una práctica posible cuando existe un compromiso real con la innovación, el medio ambiente y la comunidad. Su modelo de producción verticalmente integrado les ha permitido implementar soluciones sustentables que abarcan desde el origen de los materiales hasta la vida útil del producto final.
Con tecnologías como paneles solares, tratamientos de agua y el uso de materiales reciclados y biodegradables, la empresa está reduciendo su huella ambiental significativamente. A su vez, su enfoque social, a través de programas como Uniformes con Amor y Hilando Empresa, refuerza una visión de desarrollo compartido con las comunidades que impacta.
Como bien señala Naydú Serrato, “la sostenibilidad requiere inversión, compromiso y conciencia colectiva” y Lafayette ya está liderando el camino y probando que es posible combinar rentabilidad y responsabilidad. La clave, según nos deja ver esta entrevista, es que industria, consumidores y aliados trabajen juntos para construir un futuro más ético y sustentable para la industria textil.
Ayer participé en una sesión con colegas consultores. No participé, solo escuché ideas, diagnósticos, frustraciones, apuestas… Y hasta una provocación: imaginar que tuviéramos una varita mágica que nos ayude a lograr que la sostenibilidad realmente se vuelva parte de las decisiones clave en una empresa.
Me quedé con esa imagen.
Y hoy, al leer tres noticias distintas, sentí que esa conversación no había terminado. Que seguía ahí —ahora en noticias de negocios—. Porque el cambio no siempre nace del compromiso. A veces nace del riesgo, del mercado, del clima, de la presión real.
Procter & Gamble La compañía reportó una baja en ventas durante el trimestre, principalmente por un comportamiento más racional del consumidor. En lugar de compras por impulso o marcas premium, los hogares están optando por versiones más accesibles, rindiendo cada peso. No es una estrategia de consumo responsable liderada por la empresa. Es una reacción del consumidor ante un entorno económico complejo. Para una compañía que históricamente ha apostado al volumen, esto representa una tensión directa con su modelo de negocio. ¿Seguir vendiendo igual? ¿Ajustar portafolio? ¿Reducir presentaciones? ¿Innovar en propósito o en precios? Las respuestas no están en el área ESG. Pero sin duda, sus implicaciones sí.
Grupo Bimbo Ayer anunció que mejorará el perfil nutricional de sus productos y eliminará colorantes artificiales. El comunicado habla de compromiso con la salud y el bienestar. Pero en paralelo, los analistas apuntan a presiones regulatorias en EE.UU. y Europa, así como al escrutinio creciente sobre alimentos ultraprocesados. El mercado lo valoró positivamente: las acciones de Bimbo subieron. La empresa comunica salud; los inversionistas leen gestión de riesgo reputacional. ¿Fue una decisión por convicción? ¿Por presión? ¿Por análisis financiero? Tal vez todas. Lo importante es que muestra cómo la narrativa ESG puede conectar con resultados si se gestiona bien.
FEMSA En su reporte trimestral, la compañía explicó una caída en ventas de OXXO y otros canales de retail, relacionada —entre otros factores— con el clima. Lluvias intensas, huracanes, temperaturas extremas… Condiciones que impactaron la movilidad de las personas y redujeron el tráfico a tiendas físicas. El cambio climático ya está en el estado de resultados. No como discurso, sino como variable real. Esto exige infraestructura resiliente, análisis de riesgos físicos y operativos, y previsión en toda la cadena. ¿Está preparado el retail para operar bajo nuevas condiciones climáticas? FEMSA está enfrentando la pregunta en tiempo real.
Tres noticias distintas. Tres industrias distintas. Ninguna surgida desde un área ESG. Todas con implicaciones profundas para la sostenibilidad del negocio.
Noticias de WSJ, Economista y Reforma
Y es que no siempre se necesita un plan de sustentabilidad para que la sustentabilidad importe. A veces basta con leer el mercado, mirar al entorno y asumir lo que ya está ocurriendo.
Ese fue también el espíritu de la conversación con colegas: ¿Cómo ayudamos desde la consultoría? ¿Qué herramientas nos hacen relevantes? ¿Dónde y con quién estamos sentados? ¿Qué tipo de decisiones influimos?
Yo creo que el verdadero aporte ocurre cuando logramos llegar a la mesa correcta. Cuando hablamos con quienes ven el negocio completo. Y cuando dejamos de presentar “proyectos ESG” para empezar a traducir contextos, riesgos y oportunidades.
Y si ayer no dije mucho, fue porque escuchar también es parte de lo que hacemos. Esa escucha me dejó algo valioso: pulso, perspectiva y una mejor lectura de en qué anda el gremio… y dónde estamos parados desde Expok.
Al final de cuentas, todos —empresas, consultores, líderes— buscamos lo mismo: que las empresas y negocios sigan existiendo y que sigan prosperando.
Y es que una empresa responsable es la que sabe responder. Una empresa sustentable es la que opera en equilibrio. Y la que apuesta por la sostenibilidad, es aquella que entiende que su permanencia está ligada al contexto… y actúa en consecuencia.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
El crecimiento del transporte de carga de última milla y de pasajeros se ha convertido en uno de los principales detonantes de la adopción de vehículos eléctricos (VE) en México, fundamentalmente por la eficiencia de costos y su impacto favorable en el medio ambiente. Prueba de ello son los centenares de flotas de transporte público, de reparto y de aplicaciones digitales de movilidad que están adoptando soluciones más sostenibles.
De acuerdo con el Informe sobre la Brecha de Emisiones de la ONU, en 2023, el sector transporte fue el segundo mayor contribuyente de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel global, con 8.4 gigatoneladas de CO₂ equivalente (GtCO₂e).
Además de ser más accesibles y tener un menor impacto ambiental, los VE han demostrado una mejora en Costo Total de Propiedad en comparación con los de combustión interna. Si se considera de forma global el precio de compra, los gastos en recarga eléctrica, el mantenimiento, la depreciación y los hábitos de conducción, han resultado ser más eficientes.
Y si bien electrificar flotas hace pleno sentido económico, la adquisición de vehículos eléctricos es sólo una parte del proceso. Este puede volverse más ágil y eficiente si se hace de la mano de expertos que acompañen integralmente, desde el financiamiento y planeación hasta la ejecución; el camino se tornará más sencillo.
Evite Improvisaciones
“Para la adquisición de VE destinados al transporte de pasajeros como medida para reducir emisiones contaminantes, mejorar la movilidad y aprovechar los ahorros de largo plazo, no basta con recibir la mejor oferta de precio o financiamiento de un proveedor de vehículos eléctricos”, comentó Constantino Rodríguez, Head Comercial de VEMO.
Para el directivo de la empresa mexicana líder en la transición hacia la movilidad limpia en Latinoamérica, lo importante es que esa estrategia esté dirigida por profesionales para evitar improvisaciones que puedan generar costos innecesarios o retrasos en la implementación.
Diseñado para empresas que desean electrificar sus flotas, VEMO EV Fleets ha desarrollado soluciones integrales que responden a esa necesidad, acompañándolas a lo largo de todo el proceso de transición.
Dicho proceso comprende desde la asesoría inicial para seleccionar las unidades, hasta la implementación de infraestructura de recarga, la gestión de flotas mediante plataformas especializadas y el uso de inteligencia de datos para optimizar rutas, recargas y eficiencia operativa.
Pasos para la electrificación de flotas
Dadas las economías de escala involucradas, al establecer un plan para la electrificación de flotas de transporte de carga, de pasajeros o de última milla, tenga en cuenta tres aspectos básicos:
1. La capacidad de generación y suministro de electricidad existentes para abastecer las rutas que pretende electrificar.
2. Las características y diseño de la infraestructura de recarga óptima que necesita su flota y su empresa, de acuerdo con su operación y presupuesto.
3. Las modificaciones a la operación actual, incluyendo la capacitación a los empleados de la empresa.
Es debido a estas consideraciones que se recomienda acercarse con un experto para garantizar una infraestructura de recarga que permita el mayor retorno a la inversión y asegure la continuidad operativa.
“La planeación adecuada para electrificar flotas, ya sean públicas o privadas, no debe verse como un obstáculo, sino como un paso estratégico necesario para una transición exitosa hacia la movilidad limpia. Aunque implica varios componentes técnicos y logísticos, no se trata de un proceso inalcanzable”, señaló Rodríguez.
Las ciudades en México enfrentan el reto de migrar hacia un modelo de movilidad limpia para mejorar la calidad del aire y avanzar hacia un futuro más sostenible, y el país tiene hoy la posibilidad de acelerar este cambio, en sintonía con objetivos globales, como los impulsados por las Naciones Unidas a través de la Urban Electric Mobility Initiative (UEMI), que busca que al menos 30% de los viajes urbanos se realicen en VE hacia 2030.
De acuerdo con la Asociación de Electromovilidad (EMA), de la cual VEMO forma parte, las ventas de VE crecieron un 33.76% durante el primer semestre de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024. Este aumento refleja que la electromovilidad ha alcanzado un punto de inflexión, reflejo de un interés creciente y más informado por parte de empresas y usuarios.
La iniciativa efr (Empresa Familiarmente Responsable), impulsada por la Fundación Másfamilia —organización española con 22 años de trayectoria— llega oficialmente a México con el objetivo de promover una cultura organizacional centrada en las personas y el equilibrio entre la vida personal, familiar y laboral.
Este modelo innovador, a través de su certificado efr, se presenta como una respuesta concreta a un desafío creciente: México ocupa el lugar 41 entre los países de la OCDE en balance vida-trabajo, con una calificación de apenas 0.4 en una escala de 0 a 10.
“Nuestro objetivo es contribuir al bienestar laboral, impulsar el balance entre la vida laboral, familiar y personal de los colaboradores, y con una herramienta (certificación) que puede ayudar a fortalecer las prácticas de recursos humanos, sostenibilidad y visión estratégica de las empresas, bajo un modelo ya puesto en prueba de más de dos décadas”, advierte Roberto Martínez, director global de efr.
En el país, 54% de las personas prioriza su vida personal sobre el trabajo, de acuerdo con el Workmonitor 2024 de Randstad, por ello es relevante impulsar acciones en favor de crear culturas organizacionales centradas en la conciliación(equilibrio) y el bienestar laboral.
“La conciliación como le llamamos en España, equilibrio o balance como es entendida en México, no es solo una cuestión de horarios, de igualdad entre mujeres y hombres o de permisos parentales. Se trata de crear entornos laborales equilibrados, flexibles y responsables que beneficien tanto a los empleados/as en su proyecto de vida con propósito como a la propia organización. Con esta evolución respondemos a las necesidades de un mercado laboral que exige soluciones integrales para el bienestar”, explica Martínez.
Según el Workmonitor 2024 de Randstad, el 93% de los empleados considera el balance vida-trabajo como un aspecto principal al evaluar una nueva oferta laboral, solo superado por la compensación (95%). El 61% de los mexicanos no aceptaría una nueva oferta de empleo si afectara su equilibrio personal y laboral, una proporción superior al promedio global (57%). Adicionalmente, 47% de los encuestados en México renunciaría a un empleo que les impida disfrutar de su vida personal.
La implementación de la certificación efr (empresa familiarmente responsable) impulsa significativamente varios indicadores clave en las organizaciones. Los datos revelan que las empresas certificadas experimentan un aumento en la productividad que oscila entre 31% y 40 por ciento.
Además de mejorar la eficiencia, la certificación efr contribuye a una notable reducción del ausentismo, con cifras que van del 43% al 51%. Este impacto positivo también se extiende al ámbito financiero, donde se observa una mejora en el valor accionario y la rentabilidad de entre el 15% y el 28%.
El impacto positivo del certificado efr en nuestro país ya se observa en casos de éxito como el de Solunion México, empresas que tras implementar el modelo, logró reducir el ausentismo en un 35%, mejoró su puntaje de clima laboral en un 22%, y aumentó el compromiso de liderazgo en prácticas de bienestar en menos de un año.
El modelo efr es una herramienta de transformación cultural y organizacional que se adapta a las organismos de todos los tamaños: efr Empresa (grandes y PyMEs), efr Microentidad (menos de 50 empleados), efr Educación (para colegios y universidades) y efr Municipio.
Cabe destacar que, a nivel global, Másfamilia cuenta con 1,200 compañías certificadas en 20 países, beneficiando a más de 5 millones de personas a través de su cadena de valor y ha sido reconocida como Good Practice por la ONU, el IFFD (International Federation for Family Depelopment) y el Instituto Internacional de Doha para Estudios de la Familia y el Desarrollo. Y bajo el auspicio del European Unión Commitee of the Regions, se valoró la Iniciativa efr y los modelos de gestión efr como buenas prácticas en favor de la conciliación de la vida laboral y familiar.
“Este lanzamiento es un paso crucial en nuestra trayectoria. El concepto efr se enriquece gracias al compromiso de las empresas mexicanas que se suman a esta certificación, para promover y hacer reales los valores que reflejan lo que las personas y las organizaciones necesitan hoy: flexibilidad, equidad y corresponsabilidad. Nuestra misión sigue siendo liderar la transformación hacia entornos laborales más humanos, equitativos y responsables”, añadió Iván González, director efr México.
No sólo México está cambiando
Un desequilibrio entre el trabajo y la vida personal puede tener impactos negativos significativos. Datos de Deskbird indican que en Estados Unidos este desajuste puede causar 49% de perjuicio en relaciones familiares, 47% de pérdida de amistades y 38% de problemas de salud. Asimismo, estudios del Foro Económico Mundial revelan que 61% de las personas rechazaría una oferta de trabajo si esta afectara su balance personal y laboral, y 48% renunciaría si sus responsabilidades les impidieran disfrutar de su vida.
Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas y en el marco de la iniciativa #TurismoXLaNiñez, World Vision México llevó a cabo hoy el conversatorio “Construyendo Espacios Seguros para la Niñez rumbo al 2026”, un espacio de diálogo intersectorial para analizar los desafíos y compromisos necesarios para garantizar entornos seguros para niñas, niños y adolescentes.
El evento deportivo, que se celebrará de manera conjunta en México, Estados Unidos y Canadá, marcará un hito al reunir a 48 selecciones en 16 ciudades, incluyendo como sedes nacionales a Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Si bien representa una gran oportunidad para el país en términos económicos y turísticos, también implica riesgos importantes para la niñez en contextos de alta concentración de personas. Según ONU Turismo, México recibió alrededor de 45 millones de turistas internacionales en 2024, consolidándose en el sexto lugar mundial como destino turístico más visitado. Este nivel de afluencia masiva no solo impulsa la economía del país, sino que también magnifica los desafíos de protección infantil en entornos con alta concentración de persona
En este contexto, el conversatorio abordó los retos estructurales y sociales que deben atenderse para garantizar entornos seguros para niñas, niños y adolescentes en eventos de gran escala. Si bien este tipo de escenarios representa una oportunidad significativa para el país en términos económicos y turísticos, también implican riesgos importantes para la niñez, especialmente en contextos de alta concentración de personas.
Durante el conversatorio participaron Claudia Lara y Rebeca Díaz Blas, enlaces del área Internacional de la Secretaría Técnica de la Comisión Intersecretarial en Materia de Trata de Personas, así como Tonatiuh Magos, líder del proyecto para México en el Center for Sport and Human Rights, quienes compartieron reflexiones clave sobre los desafíos que enfrentan niñas, niños y adolescentes en contextos de alta concentración de personas. Ambos coincidieron en la urgencia de implementar medidas preventivas ante posibles escenarios de abuso, explotación, trata de personas, desplazamiento forzado, separación familiar y otras formas de violencia, riesgos que tienden a intensificarse durante eventos masivos.
“Frente a un evento deportivo sin precedentes, debemos poner a la niñez en el centro de toda estrategia. Estas ocasiones representan una oportunidad para demostrar que México está preparado para proteger a su infancia mediante acciones preventivas y una coordinación efectiva frente a delitos como la trata de personas y la violencia contra niñas, niños y adolescentes.” afirmó Malcom Aquiles, Director de Incidencia en Políticas Públicas, Movilización y Salvaguarda de World Vision México
En este mismo espacio, se abordaron también los riesgos específicos que enfrentan las y los niños deportistas, desde el abuso físico y psicológico hasta la explotación sexual, así como las barreras estructurales que enfrentan grupos en situación de vulnerabilidad como mujeres, personas con discapacidad, migrantes y comunidades con escasos recursos.
Como parte de su estrategia #TurismoXLaNiñez, World Vision México ha impulsado, en conjunto con autoridades locales, políticas y acciones para prevenir el abuso y la explotación infantil en municipios con vocación turística, sentando bases sólidas para proteger a la infancia durante eventos de alto impacto como la Copa Mundial.El conversatorio concluyó con hacer conciencia y tomar medidas preventivas para integrar la protección de niñas, niños y adolescentes en cada etapa de planeación, desarrollo y operación de eventos masivos como el que está en puerta este 2026.
En pleno 2024, la brecha de ingresos por género sigue siendo una realidad dolorosa en México. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las mujeres mexicanas percibieron 34% menos ingresos que los hombres durante el último año. Esta diferencia, que equivale a poco más de 4,111 pesos mensuales, revela una desigualdad estructural que persiste pese a los avances legislativos y de inclusión laboral.
Más allá de las cifras, esta brecha representa historias de talento desaprovechado, techos de cristal no rotos y mujeres que cargan con jornadas dobles. El dato es una llamada urgente a repensar políticas, liderazgos y prácticas empresariales que aún no logran traducirse en equidad económica.
Un problema crónico: 66 centavos por cada peso
Mauricio Rodríguez, del Inegi, lo resume en una frase contundente:
“Por cada peso que ganan los hombres en México, las mujeres reciben sólo 66 centavos”.
Esta afirmación no es nueva, pero sí alarmante. La brecha de ingresos por género lleva años estancada en cifras similares, mostrando un avance tan lento que se antoja desesperanzador.
De acuerdo con El economista, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 da cuenta del desequilibrio. Mientras el ingreso promedio mensual de los hombres fue de 12,016 pesos, el de las mujeres se situó en apenas 7,905. Este desequilibrio no es sólo monetario: implica menor acceso a vivienda, salud, ahorro y autonomía financiera.
Reconocer esta disparidad como un problema estructural y no individual es el primer paso para resolverlo. No se trata solo de mujeres ganando menos, sino de una economía entera que desperdicia su potencial productivo por sesgos de género.
🟣 La #brechasalarial no es nueva, pero sí persistente. Aunque ha disminuido ligeramente, aún refleja una estructura laboral profundamente #desigual
— Grupo Alas Medios-AidaSuarez (@AlasMujeres) July 30, 2025
La maternidad como penalización silenciosa
Uno de los datos más reveladores del informe del Inegi tiene que ver con la relación entre ingresos y número de hijas e hijos. En mujeres, el ingreso máximo se alcanza cuando tienen un solo hijo, mientras que en los hombres crece hasta cuando tienen dos. Esta diferencia deja entrever cómo la maternidad sigue siendo una barrera económica para ellas.
En palabras claras: la maternidad se penaliza. No solo se trata de ausencias por licencias o tiempo destinado al cuidado, sino de un sistema que no reconoce ni valora el trabajo de cuidados. Mientras tanto, los hombres no enfrentan las mismas consecuencias y, de hecho, pueden mejorar sus ingresos pese a tener más hijos.
El análisis con perspectiva de género es vital. No podemos hablar de equidad sin mirar cómo la experiencia de ser madre influye en las oportunidades laborales. Y desde la responsabilidad social, urge poner sobre la mesa esquemas más justos de corresponsabilidad familiar.
La trampa del cuidado: una barrera invisible
Las cifras de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 muestran un patrón claro: de los 31.7 millones de personas cuidadoras en México, el 75.1% son mujeres. Esta desproporción tiene consecuencias directas sobre su acceso al empleo, su tiempo disponible y, por supuesto, sus ingresos.
Las labores de cuidado —como atender a menores, personas enfermas o adultos mayores— no son remuneradas y son invisibilizadas en muchas políticas públicas y corporativas. Sin embargo, son justamente estas tareas las que dificultan que muchas mujeres entren o permanezcan en el mercado laboral.
Desde una óptica de responsabilidad social, invertir en sistemas públicos y empresariales de cuidados no es un lujo, es una necesidad estratégica. Sin redistribución de las tareas del cuidado, será imposible cerrar la brecha de ingresos por género.
Participación laboral femenina: lejos de la OCDE
Otro dato preocupante es que, en la última década, la participación de las mujeres mexicanas en el mercado laboral ha oscilado apenas entre 43% y 46%. Esto nos coloca muy por debajo del promedio de la OCDE, que es del 67%. La baja participación es tanto causa como consecuencia de la brecha de ingresos por género.
Cuando las mujeres están subrepresentadas en la fuerza laboral, pierden poder de negociación, posibilidades de ascenso y acceso a mejores salarios. Pero también, las estructuras laborales tienden a perpetuar modelos masculinizados que no consideran la realidad de las trabajadoras.
Reducir esta brecha implica promover empleos dignos, flexibles, con igualdad de oportunidades y con políticas claras de conciliación laboral. No basta con abrir puertas: hay que asegurar que las mujeres puedan atravesarlas en condiciones de equidad.
Edad, ingresos y el techo de cristal
La ENIGH 2024 revela otro matiz importante: mientras que el ingreso masculino alcanza su punto más alto entre los 40 y 59 años, en el caso de las mujeres se da entre los 30 y 49. Esta diferencia puede interpretarse como un reflejo del llamado “techo de cristal”, esa barrera invisible que impide que muchas mujeres escalen a puestos de mayor responsabilidad.
La pérdida de ingresos con la edad en el caso femenino puede deberse a varios factores: abandono del empleo para cuidar a familiares, menor acceso a puestos de liderazgo o menor inversión en su capacitación profesional. En todos los casos, hablamos de una cadena de decisiones estructurales, no individuales.
Combatir el techo de cristal requiere una combinación de políticas de equidad salarial, mentorías, liderazgos diversos y métricas claras de inclusión. No se trata solo de sumar mujeres, sino de que estas puedan mantenerse y crecer en sus carreras.
Más allá del dato: corresponsabilidad y acción empresarial
La brecha de ingresos por género no puede resolverse únicamente con reformas legales o políticas públicas. Las empresas tienen un papel protagónico en la solución, desde sus procesos de contratación y promoción, hasta en el diseño de beneficios laborales con perspectiva de género.
La transparencia salarial, las auditorías de equidad, los programas de liderazgo femenino y la implementación de esquemas flexibles son algunas de las herramientas con las que el sector privado puede contribuir activamente. También es clave impulsar culturas organizacionales que desafíen los estereotipos y promuevan la corresponsabilidad.
La responsabilidad social debe dejar de ser un discurso y convertirse en una práctica cotidiana. Apostar por la equidad salarial no es sólo justo, también es rentable: incrementa la productividad, reduce la rotación y mejora la reputación corporativa.
La brecha de ingresos por género en México no es una casualidad ni un fenómeno reciente: es el resultado de estructuras históricas de desigualdad que seguimos arrastrando. Pero cada dato, como el de esta ENIGH 2024, es también una oportunidad para actuar, transformar y construir nuevos modelos.
Cerrar esta brecha no es solo una deuda con las mujeres mexicanas, es un imperativo económico, ético y social. Para quienes trabajamos en responsabilidad social, el reto es claro: pasar del diagnóstico a la acción, con valentía y compromiso.
Porque la igualdad no llegará sola. Hay que construirla, sostenerla y defenderla. Todos los días.
En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, la Inteligencia Artificial (IA) ya no es una promesa del futuro: es una herramienta del presente. Para quienes trabajamos en responsabilidad social empresarial (RSE), el desafío no solo está en comprender su funcionamiento, sino en aprovechar su potencial para profundizar nuestro impacto.
La pregunta clave ya no es si debemos usarla, sino cómo hacerlo de forma ética, transparente y con enfoque social. En esta nota exploraremos cómo la IA puede fortalecer a la RSE desde una perspectiva que combina eficiencia, sostenibilidad y derechos humanos. Estas seis formas buscan abrir el diálogo sobre una RSE más inteligente y proactiva.
6 formas en que la IA puede fortalecer a la RSE
1. Monitoreo ético y en tiempo real
Uno de los grandes retos en RSE es la trazabilidad de compromisos en cadenas de valor extensas. Hoy, gracias a algoritmos de IA, las empresas pueden monitorear en tiempo real condiciones laborales, consumo energético o emisiones contaminantes, ayudando a tomar decisiones rápidas y basadas en datos.
Esto significa que la IA puede fortalecer a la RSE al facilitar sistemas de alerta temprana que identifiquen prácticas riesgosas antes de que escalen. Así, las compañías pueden corregir el rumbo y evitar daños reputacionales o sociales.
2. Escucha activa a grupos de interés
La relación con stakeholders exige más que informes anuales: requiere diálogo constante. Herramientas de IA como análisis de sentimientos o procesamiento de lenguaje natural permiten identificar tendencias, preocupaciones y percepciones de clientes, colaboradores o comunidades.
De esta manera, la IA puede fortalecer a la RSE ayudando a que las organizaciones respondan de forma más humana y oportuna, con base en lo que realmente se está diciendo en redes, foros o encuestas abiertas.
3. Optimización de recursos en proyectos sociales
Uno de los errores frecuentes en programas de impacto social es no alinear recursos con necesidades reales. La IA puede analizar grandes volúmenes de información pública y privada para señalar zonas prioritarias, comunidades vulnerables o brechas específicas.
Aplicada con sensibilidad, la IA puede fortalecer a la RSE permitiendo que las inversiones sociales sean más precisas, medibles y sostenibles, reduciendo el desperdicio y maximizando el alcance.
4. Transparencia y rendición de cuentas automatizada
En un contexto donde la rendición de cuentas es un diferenciador clave, la IA puede ser aliada para automatizar reportes, detectar anomalías en la información o verificar compromisos ESG.
Al usar estas tecnologías, la IA puede fortalecer a la RSE asegurando que los informes no solo cumplan con estándares, sino que sean auditables, trazables y confiables, minimizando el riesgo de greenwashing.
5. Educación personalizada en sostenibilidad
No todas las personas en una empresa tienen el mismo nivel de comprensión sobre RSE. Plataformas educativas basadas en IA pueden adaptar contenidos según el perfil del usuario, reforzando competencias clave para promover una cultura empresarial más ética.
Este enfoque de formación continua y personalizada es una vía poderosa en la que la IA puede fortalecer a la RSE, haciendo del aprendizaje en sostenibilidad un proceso inclusivo y dinámico.
6. Detección de sesgos y promoción de la equidad
La IA puede perpetuar desigualdades si no se regula, pero también puede ayudarnos a combatirlas. Analizando procesos de selección, promociones o asignaciones de proyectos, puede identificar patrones discriminatorios y sugerir mejoras.
Así, la IA puede fortalecer a la RSE como una herramienta de justicia interna, ayudando a que las empresas sean más equitativas y diversas en sus estructuras y decisiones.
Incorporar inteligencia artificial a la estrategia de responsabilidad social no se trata solo de ser más tecnológicos, sino de ser más humanos en nuestras decisiones. La IA puede fortalecer a la RSE si se diseña, implementa y evalúa con un enfoque ético, participativo y centrado en el bien común.
Las organizaciones que abracen esta visión no solo serán más competitivas, también serán más conscientes. Y en un futuro donde la confianza es clave, eso marcará toda la diferencia.
En el imaginario colectivo, la economía circular suele estar asociada a productos: reciclaje de envases, rediseño de materiales o reutilización de ropa. Sin embargo, si queremos transformar verdaderamente los sistemas económicos, es urgente expandir esta visión hacia los servicios. Aplicar los principios de economía circular en servicios permite reducir impactos invisibles, mejorar la eficiencia operativa y generar modelos regenerativos más allá del objeto físico.
Hoy más que nunca, las empresas de servicios —desde firmas de consultoría hasta plataformas digitales— tienen un rol clave en el rediseño sistémico. La economía circular en este ámbito no solo se traduce en beneficios ambientales, sino también en ventajas reputacionales, competitivas y de largo plazo. ¿Cómo hacerlo sin caer en greenwashing? A continuación, exploramos seis caminos para aplicar auténticamente los principios de economía circular en servicios.
1. Diseñar servicios con ciclos de vida regenerativos
Al igual que en los productos, los servicios pueden pensarse desde el diseño para generar el menor desperdicio posible y aportar valor continuo. Esto implica considerar desde el inicio su huella ambiental, la eficiencia de sus procesos y la posibilidad de retroalimentación constante.
Por ejemplo, una consultoría puede crear paquetes modulares que evolucionen con las necesidades del cliente, en lugar de ofrecer entregables únicos que se descarten. Así, se construye una relación más circular, donde el conocimiento se reinvierte y perfecciona en cada ciclo.
Implementar los principios de economía circular en servicios desde la etapa de diseño requiere un cambio de mentalidad: dejar de ver el servicio como un “evento” y comenzar a entenderlo como un “sistema en movimiento”.
2. Integrar tecnologías para extender la utilidad del servicio
En la era digital, la circularidad puede fortalecerse a través de plataformas tecnológicas. Herramientas de automatización, analítica de datos y aprendizaje automático pueden mejorar la adaptabilidad y personalización del servicio a lo largo del tiempo.
Esto permite, por ejemplo, que una empresa de capacitación profesional replique contenidos útiles, actualice módulos automáticamente o mida en tiempo real el impacto en el aprendizaje, en lugar de ofrecer cursos únicos y desechables.
Adoptar tecnología no debe entenderse como un fin, sino como un medio para reforzar los principios de economía circular en servicios, ampliando su alcance y reduciendo los recursos necesarios para generar valor.
3. Optimizar la experiencia del cliente con base en el uso real
Uno de los principios clave de la economía circular es optimizar el uso en lugar de la posesión. En servicios, esto puede traducirse en ofrecer soluciones personalizadas que se ajusten a la frecuencia, intensidad o formato que el cliente realmente necesita.
Empresas de streaming, coworking o movilidad como servicio ya lo aplican: se paga por uso, no por propiedad. Este enfoque también puede trasladarse a servicios jurídicos, educativos o de salud, donde la experiencia se adapta de manera dinámica al usuario.
Diseñar con esta lógica no solo reduce desperdicios operativos, sino que refuerza el compromiso con los principios de economía circular en servicios, donde el foco está en la eficiencia del uso y no en la cantidad de entregables.
4. Promover modelos de colaboración y co-creación
La economía circular se apoya en la inteligencia colectiva. Los servicios pueden evolucionar hacia esquemas colaborativos donde usuarios, proveedores y aliados co-crean soluciones, evitando redundancias y acelerando el aprendizaje compartido.
Un ejemplo potente son las plataformas de código abierto o comunidades de práctica, que desarrollan conocimiento de forma descentralizada y abierta, multiplicando su utilidad social sin agotar recursos.
Fomentar la co-creación ayuda a cumplir los principios de economía circular en servicios al permitir que cada actor agregue valor en lugar de consumirlo, fomentando la resiliencia y la regeneración del sistema.
5. Medir impacto y retroalimentar el sistema
Sin métricas, no hay circularidad. Evaluar continuamente los efectos del servicio —ambientales, sociales, económicos— permite hacer ajustes oportunos y mantener una lógica de mejora continua. Esto también abre la puerta a la rendición de cuentas y evita prácticas de impacto limitado.
El análisis de ciclo de vida, los indicadores de desempeño sostenible o los sistemas de retroalimentación del cliente pueden integrarse de manera ágil en modelos de servicio, sin convertirlos en procesos pesados.
Medir es también comunicar. Cuando se difunden resultados tangibles, se consolida la narrativa de que los principios de economía circular en servicios son una realidad alcanzable, medible y replicable.
6. Cerrar ciclos más allá de la entrega del servicio
Un servicio circular no termina con su ejecución. Puede dar paso a otros ciclos de valor: mentorías postventa, reutilización de conocimientos, donación de capacidades o transferencia de aprendizajes a nuevas audiencias.
Una agencia de comunicación, por ejemplo, puede documentar metodologías exitosas y compartirlas con organizaciones sin fines de lucro, multiplicando su impacto. Así, el conocimiento no se pierde: se transforma.
Cerrar ciclos es el corazón de los principios de economía circular en servicios, y en ello reside su potencial más profundo: generar valor que se expanda, en lugar de agotarse.
Circularidad que trasciende lo tangible
Aplicar los principios de economía circular en servicios no solo es posible, sino urgente si queremos construir modelos económicos sostenibles, inclusivos y resilientes. El reto está en romper con viejos esquemas de linealidad y diseñar experiencias que aprendan de sí mismas, que sumen sin restar y que tengan un propósito regenerativo desde el inicio.
Más allá de modas o reportes de sostenibilidad, avanzar hacia servicios circulares significa repensar el rol de nuestras organizaciones en el tejido social y ambiental. Porque si los servicios son invisibles, su impacto no tiene por qué serlo.
En una movida que ha desatado alarma entre ambientalistas y expertos en política pública, la administración de Donald Trump ha propuesto eliminar una de las piedras angulares en la lucha contra el cambio climático: la norma climática que desde 2009 reconoce los gases de efecto invernadero como una amenaza directa a la salud pública. Esta acción, impulsada por la actual dirección de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), pretende revertir décadas de avances regulatorios.
La “declaración de peligro”, como se le conoce, no solo ha servido de base legal para controlar las emisiones contaminantes, sino que también ha sido fundamental en la elaboración de políticas orientadas a reducir el impacto del transporte y la industria en el medio ambiente. La revocación de esta norma climática no solo representaría una regresión normativa, sino también un cuestionamiento profundo al compromiso institucional de Estados Unidos con la salud de su población y la sostenibilidad del planeta.
La norma climática: cimiento legal del combate al cambio climático
De acuerdo con The Guardian, desde 2009, la norma climática se ha mantenido como el argumento legal que permite a la EPA regular emisiones contaminantes bajo la Ley de Aire Limpio. Al considerar al dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero como un riesgo para la salud pública, abrió la puerta a una política ambiental ambiciosa y necesaria.
Gracias a esta base legal, se lograron avances importantes en la regulación de sectores críticos como el transporte y la generación de energía. Esta herramienta permitió establecer límites de emisión para automóviles, camiones y plantas industriales, protegiendo no solo el ambiente, sino también a las comunidades más vulnerables.
La propuesta de derogar esta norma amenaza con desmantelar todo ese andamiaje legal. Y, en efecto, esa es la intención reconocida por Lee Zeldin, actual administrador de la EPA, quien califica su eliminación como “la mayor acción desregulatoria en la historia de Estados Unidos”.
Desregulación bajo el pretexto del éxito económico
La narrativa detrás de esta propuesta se apoya en una lógica de crecimiento económico desregulado. Zeldin ha comparado la norma climática con un dogma ideológico, describiéndola como “el santo grial de la religión del cambio climático”, una frase que no solo desacredita la ciencia, sino que reduce un problema global a una supuesta batalla cultural.
Acompañado por una orden ejecutiva del expresidente Trump, el anuncio de Zeldin forma parte de una estrategia más amplia que contempla la eliminación de 31 normas ambientales clave. Entre ellas, destacan aquellas relacionadas con el aire limpio, el agua potable y la mitigación del cambio climático.
Para algunos sectores conservadores, esta cruzada representa una liberación de cargas económicas para las industrias. Sin embargo, los expertos advierten que el costo social, ambiental y sanitario podría ser incalculable y, sobre todo, irreversible.
Impactos en la salud pública: la otra cara del desmantelamiento
Eliminar la norma climática no es solo una cuestión técnica o jurídica; es, en esencia, una amenaza directa a la salud pública. Así lo han advertido tres exadministradores de la EPA, incluidos funcionarios nombrados por gobiernos republicanos. Entre ellos, Christine Todd Whitman, quien declaró que esta administración representa un verdadero “hallazgo de peligro” por su desprecio hacia el bienestar ciudadano.
La relación entre gases de efecto invernadero y enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas está ampliamente documentada. Eliminar la capacidad legal de limitar estas emisiones abre la puerta a una mayor exposición de la población a contaminantes peligrosos.
El impacto sería especialmente grave en comunidades ya vulnerables, como aquellas que viven cerca de corredores industriales o carreteras con alto tráfico vehicular. En estos contextos, la norma climática ha sido una barrera protectora ante la contaminación crónica.
Transporte y clima: un futuro incierto sin regulación
El sector transporte es la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos. La norma climática ha sido esencial para implementar los Estándares de Autos y Camiones Limpios, que presionan a los fabricantes a innovar y producir vehículos más eficientes o eléctricos.
La eliminación de los límites de emisiones de escape propuestos por la EPA frena este avance y debilita los incentivos hacia una transición energética más sostenible. Esto implica un retroceso no solo en términos ambientales, sino también en el posicionamiento global de Estados Unidos frente a la carrera por la electromovilidad.
Sin estos estándares, los consumidores podrían quedar expuestos a una mayor oferta de vehículos contaminantes, perpetuando un modelo de consumo obsoleto e insostenible en plena crisis climática.
La batalla legal: ¿una propuesta sin futuro?
A pesar del anuncio de la EPA, expertos en derecho ambiental consideran que derogar la norma climática será un desafío jurídico casi imposible. El precedente de la Corte Suprema de 2007, que otorgó autoridad a la EPA para regular estos gases, limita el margen de acción del gobierno.
David Doniger, del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, ha advertido que ningún argumento científico serio podría sostener la eliminación de la declaración de peligro en tribunales. En su opinión, la propuesta no es más que un “disparo político” para desmantelar la legislación climática.
Los grupos ambientalistas ya se preparan para una larga batalla en los tribunales, conscientes de que este precedente puede afectar no solo el presente, sino también la posibilidad de que futuras administraciones impulsen nuevas normas ambientales.
Responsabilidad social y climática: una línea que no debe cruzarse
Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial y gubernamental, este intento de eliminar la norma climática representa una violación ética de los compromisos asumidos por las instituciones para proteger la vida y el entorno de las generaciones presentes y futuras.
El desdén hacia la ciencia, el desmantelamiento de salvaguardas legales y la prioridad absoluta al lucro económico por encima del bienestar social son señales preocupantes de un modelo político que ignora los principios más básicos del desarrollo sostenible.
En este contexto, el rol de las empresas, la sociedad civil y los gobiernos locales cobra una relevancia crítica. Proteger la norma climática no es solo un deber legal, es una exigencia moral que interpela a todos los actores del ecosistema socioambiental.
La propuesta de eliminar la norma climática no es un simple ajuste regulatorio: es un ataque frontal contra décadas de lucha ambiental y una amenaza directa a la salud pública. Aunque los tribunales podrían frenar su avance, el hecho de que se haya propuesto revela una peligrosa visión que reduce la protección ambiental a un obstáculo para el crecimiento económico.
Ante este panorama, quienes trabajamos en responsabilidad social debemos alzar la voz con claridad. No podemos permitir que intereses políticos temporales comprometan el futuro climático del planeta. Proteger la norma climática es proteger la vida.
El mundo observa con atención la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), programada para celebrarse en noviembre en Belém, Brasil. Este evento, clave para fortalecer los compromisos globales frente a la crisis climática, se encuentra en el centro de una controversia que amenaza con limitar la presencia de países en desarrollo en las mesas de negociación.
De acuerdo con The Guardian, las alarmas se han encendido tras conocerse que los costos de alojamiento en la sede se han disparado, en algunos casos alcanzando cifras de hasta 700 dólares por noche. La posibilidad de que estas tarifas restrinjan la participación en la COP30 de delegaciones con presupuestos reducidos es ahora un tema prioritario para la ONU y los organizadores brasileños.
Precios inalcanzables: el primer obstáculo
Desde que se confirmó a Belém como ciudad anfitriona, la demanda de alojamiento superó por mucho la oferta. Con solo 18,000 plazas hoteleras disponibles frente a los 45,000 asistentes esperados, los precios se dispararon. Esta situación ha puesto a delegaciones africanas, pequeños Estados insulares y organizaciones civiles en una posición delicada.
El presidente del Grupo Africano de Negociadores, Richard Muyungi, ha advertido que muchos países podrían reducir el número de representantes o incluso quedar fuera de las negociaciones si no se encuentran soluciones viables. “No estamos dispuestos a sacrificar nuestra participación en la COP30 por costos tan desproporcionados”, afirmó.
Este aumento de precios también afecta a países desarrollados, que reportan dificultades similares. Algunos diplomáticos europeos ya han anticipado que reducirán sus delegaciones a la mitad en comparación con conferencias anteriores.
Brasil responde con medidas de emergencia
Ante las crecientes críticas, el gobierno brasileño ha anunciado medidas para ampliar la oferta de alojamiento. Entre ellas, la adquisición de dos cruceros para proporcionar 6,000 camas adicionales y la apertura de reservas con tarifas más accesibles para países en desarrollo. Sin embargo, el costo de 220 dólares por noche sigue superando la dieta diaria (DSA) de 149 dólares que ofrece la ONU a muchas delegaciones.
A pesar de estos esfuerzos, persiste el escepticismo. Diplomáticos advierten que las medidas llegan tarde y que la infraestructura de Belém, una ciudad selvática con apenas 1.3 millones de habitantes, difícilmente soportará el flujo de visitantes.
La discusión sobre la logística ha desviado el foco de los objetivos climáticos. Para muchas delegaciones, la participación en la COP30 depende ahora de decisiones que poco tienen que ver con la agenda medioambiental.
La crítica por la elección de Belém
La designación de Belém como sede no ha estado exenta de polémica. Críticos señalan que un centro urbano más grande habría ofrecido una infraestructura adecuada para albergar a los delegados y participantes de la sociedad civil.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha defendido la elección argumentando la importancia simbólica de celebrar la cumbre en el corazón de la Amazonía. Sin embargo, declaraciones suyas como “dormir bajo las estrellas” en respuesta a la falta de hoteles, han sido calificadas como insensibles.
Esta controversia refleja el dilema de priorizar la visibilidad política frente a las necesidades prácticas. Para muchas delegaciones, el riesgo de no asegurar un alojamiento podría significar una disminución directa en su participación en la COP30.
La voz de los más vulnerables
Los pequeños Estados insulares y las comunidades indígenas, cuya voz es fundamental en estas negociaciones, son quienes enfrentan mayores barreras. Organizaciones de la sociedad civil y ONG han alertado que, sin apoyo financiero, su presencia podría verse gravemente limitada.
Juan Carlos Monterrey Gómez, negociador panameño, expresó su preocupación en junio: “Esta podría ser la COP más inaccesible de los últimos tiempos”. Según él, las decisiones que se tomen en Belém tendrán un impacto desproporcionado sobre las poblaciones más vulnerables al cambio climático.
La exclusión de estos actores socavaría la legitimidad de la cumbre. Para muchos expertos, la diversidad de voces es clave para que las resoluciones sean efectivas y equitativas.
Impacto en la agenda climática
Si los países con menor capacidad económica reducen su representación, la dinámica de las negociaciones podría cambiar de manera significativa. Menos voces implican menos presión para que los compromisos climáticos tengan un enfoque inclusivo.
La falta de representación equitativa también afectaría el seguimiento de los acuerdos, pues los países menos representados serían quienes más dificultades tendrían para implementar medidas de mitigación y adaptación.
La participación en la COP30 no es solo una cuestión de números; es un elemento esencial para mantener la credibilidad del proceso multilateral que busca frenar el calentamiento global.
¿Qué sigue para los organizadores?
El 11 de agosto, Brasil deberá presentar avances concretos en la reunión convocada por la ONU para revisar la situación. Los organizadores están bajo presión para ofrecer garantías claras de alojamiento asequible.
La comunidad internacional espera respuestas contundentes. Las soluciones podrían incluir subsidios adicionales, alianzas con el sector privado e incluso la reubicación parcial de delegaciones en ciudades cercanas.
El tiempo corre, y cada día que pasa aumenta la incertidumbre. La confianza en la logística de la cumbre es ahora tan importante como los acuerdos que se buscan alcanzar en ella.
La COP30 se perfila como un momento decisivo en la lucha contra la crisis climática, pero los altos costos de alojamiento amenazan con dejar fuera a quienes más necesitan estar presentes. La participación en la COP30 debe ser equitativa si se aspira a acuerdos globales verdaderamente representativos.
Garantizar la asistencia de todas las voces —en especial de los países más vulnerables— es más que una cuestión logística: es un imperativo ético. La ONU y Brasil tienen la responsabilidad de actuar con rapidez para que la próxima cumbre no se recuerde por la exclusión, sino por los avances hacia un planeta más justo y sostenible.