A lo largo de los últimos años, Shake Shack México ha demostrado que la responsabilidad social va más allá de sus cocinas. En cada Mes del Orgullo, la marca encuentra nuevas formas de sumar esfuerzos por una sociedad más equitativa y empática. Este 2025 no fue la excepción: con el lanzamiento de una campaña solidaria en colaboración con The Trevor Project México, Shake Shack volvió a poner en alto su compromiso con la diversidad, la inclusión y el bienestar de las juventudes LGBTQ+.
La iniciativa, impulsada durante el mes de julio a través de sus canales digitales, consistió en donar el 50% de las ganancias generadas por la venta de su edición especial “Vanilla Cookies & Cream Shake” a The Trevor Project MX, una organización que ofrece apoyo emocional y trabaja activamente en la prevención del suicidio entre jóvenes de la comunidad LGBTQ+.
Un apoyo que salva vidas desde la RSE
Gracias a la participación activa de sus comensales, seguidores y aliados, la campaña logró recaudar $637,369.00 MXN, monto que será destinado a fortalecer los servicios de atención, acompañamiento psicológico y contención en situaciones de crisis que brinda The Trevor Project en México, a través de sus plataformas de atención gratuita, segura y disponible las 24 horas.
Para Shake Shack México, esta suma representa mucho más que una cifra: es un reflejo de la empatía colectiva y del poder que tiene la comunidad para provocar cambios reales cuando se une por una causa.
The Trevor Project MX: un canal de ayuda para quienes más lo necesitan
The Trevor Project llegó a México en 2023 con un propósito claro: ser un puente de apoyo para jóvenes LGBTQ+ que atraviesan momentos difíciles o se sienten en riesgo. Su plataforma brinda atención a través de WhatsApp y chat, con personal capacitado para responder con sensibilidad y eficacia a cualquier situación de crisis. Desde entonces, ha acompañado a miles de jóvenes en todo el país, muchos de los cuales descubren en este espacio un primer contacto seguro para hablar de lo que les duele.
Para el equipo de Trevor Project MX, el respaldo de marcas como Shake Shack México no solo significa un impulso económico, sino también una oportunidad clave para visibilizar su labor y llegar a más personas que podrían necesitar ayuda urgente, pero no saben dónde buscarla.
Una comunidad que responde con amor
La campaña tuvo una recepción muy positiva entre nuestros invitados. Saber que al pedir una malteada estaban ayudando a alguien que lo necesita generó un gran sentido de comunidad. Además de disfrutar de una bebida con causa, los consumidores se llevaron a casa un sticker conmemorativo, como recordatorio de que cada acción cuenta.
Más allá de la recaudación, esta campaña sirvió para abrir conversaciones importantes, sensibilizar al público y reforzar el papel que juegan las empresas como agentes de cambio social.
Compromiso con causa desde la cocina
Con esta campaña, Shake Shack México —parte de Grupo Restaurantero Gigante— reafirma su voluntad de construir una sociedad más justa e inclusiva, y de utilizar su presencia en el mercado para amplificar mensajes de respeto, diversidad y empatía. Esta es ya la cuarta edición de su campaña de Orgullo, y la primera en la que The Trevor Project MX es beneficiaria directa.
En palabras de Javier, director de marketing y recaudación de la organización:
“Que una marca como Shake Shack se sume a nuestra misión nos llena de esperanza. Esta campaña no solo nos ayudó a llegar a más personas, también le recordó a muchas juventudes que no están solas, y que hay un lugar al que pueden acudir cuando más lo necesitan”.
Una malteada que nos recuerda lo importante: amar, apoyar y actuar
Shake Shack México ha demostrado que no se necesita cambiar el menú para cambiar el mundo. A veces, lo que se requiere es compromiso, visión y una red de aliados —clientes, organizaciones y colaboradores— que creen en el poder de las causas justas.
Desde Grupo Restaurantero Gigante celebran estas acciones que combinan sabor y solidaridad, y que nos recuerdan que la responsabilidad social también se vive en cada decisión que se toma como marca.
En el mundo empresarial actual, garantizar la salud y el bienestar de los colaboradores no es solo un valor ético, sino una estrategia esencial para la productividad y sostenibilidad. Las empresas que adoptan una cultura preventiva y humana generan entornos más seguros, mejor clima organizacional y mayor sentido de pertenencia entre su personal.
Corporativo Kosmos es un ejemplo destacado en este rubro debido a su compromiso con la salud en el trabajo, respaldado por la implementación de la norma internacional ISO 45001. A través de esta certificación voluntaria, el corporativo ha fortalecido sus procesos, reduciendo riesgos laborales y promoviendo el desarrollo integral de su equipo.
Salud en el trabajo: eje estratégico en Corporativo Kosmos
La norma ISO 45001 brinda el marco necesario para prevenir accidentes laborales y fomentar entornos laborales saludables y es por ello que Corporativo Kosmos la aplica a través de múltiples acciones que incluyen campañas médicas, prevención de riesgos ergonómicos y psicosociales, y capacitaciones constantes, tal como lo explica Guillermo Hernández, jefe médico del Corporativo:
“Buscamos que los colaboradores tengan mejor salud y estilo de vida, y no solo ellos, sino también sus familias”.
Estas medidas no solo se aplican de forma correctiva, sino preventiva, con acciones como revisiones médicas periódicas, tomas de presión y glucosa, pláticas sobre el plato del buen comer y seguimiento de factores de riesgo:
“Cada plática, cada revisión, es una herramienta para que el personal se sienta cuidado y respaldado”.
Guillermo Hernández, jefe médico del Corporativo.
La implementación de esta estrategia ha generado resultados positivos tanto para el bienestar de los colaboradores como para la empresa, la cual ha identificado una menor rotación de personal, mayor identificación con la empresa y mejor ambiente laboral:
“Somos responsables de nuestro personal. Es importante que se sientan cómodos, seguros y valorados”.
Guillermo Hernández, jefe médico del Corporativo.
Capacitar, concientizar y prevenir: pilares de una cultura organizacional humana
La norma ISO 45001 no es obligatoria, pero Corporativo Kosmos la ha asumido como parte integral de su cultura. La empresa cumple con la normatividad de la STPS e incorpora medidas como pasillos delimitados, rutas de evacuación, brigadas de seguridad, y equipo de protección adecuado para cada función. Gracias a la implementación de esta normativa, la compañía ha logrado reducir accidentes y aumentar la eficiencia operativa.
Uno de los grandes aciertos de Corporativo Kosmos ha sido ir más allá de la capacitación técnica para apostar por la concientización de cada uno de los colaboradores y hacerles ver que prevenir y evitar riesgos es una medida que no solo los beneficia y protege a ellos, sino todas y todos:
“Capacitar es que escuchen una charla. Concientizar es que entiendan lo que puede pasar si no se cuidan”.
Wendy Flores, Gerente de Seguridad y Medio Ambiente.
Además, se promueven programas como “Me cuidas, te cuido y nos cuidamos”, que fomenta la corresponsabilidad entre compañeros. “Si tú te accidentas, me afecta también a mí y nos afecta a todos”, explica Wendy Flores, otra colaboradora del Corporativo Kosmos. Gracias a este tipo de iniciativas, la salud en el trabajo se convierte en una responsabilidad compartida y una herramienta poderosa para elevar la productividad y la seguridad.
ISO 45001: una decisión voluntaria que marca la diferencia
Aunque ninguna ley obliga a las empresas a certificarse en la ISO 45001, Corporativo Kosmos ha decidido implementarla como parte de su compromiso con la excelencia. Esto ha permitido reducir costos operativos, bajar la prima de riesgo y brindar condiciones más seguras para todos:
“Esta norma ayuda a diferenciarnos de otras compañías: no solo hacemos las cosas, las hacemos cuidando a nuestra gente”.
Guillermo Hernández, jefe médico del Corporativo.
Además, la aplicación de estas medidas va desde lo técnico hasta lo humano. Cada accidente es analizado a fondo para identificar su causa: desde el uso inadecuado de herramientas hasta el estrés emocional de un colaborador. “Incluso si alguien tiene problemas en casa, buscamos apoyarlo. La salud física y emocional son igual de importantes”, agrega Wendy.
Asimismo, el enfoque integral de salud en el trabajo se extiende a la familia. Se ofrecen servicios como revisiones visuales gratuitas, actividades recreativas fuera del horario laboral e inclusión de familiares en campañas preventivas: “El objetivo es que todos se sientan parte de una gran familia. Así lo vivimos día con día”, concluye Guillermo.
Bienestar de los colaboradores como ruta al éxito: Corporativo Kosmos
Corporativo Kosmos ha entendido que el cuidado del personal es la base de toda operación eficiente y humana. Su apuesta por la ISO 45001 no solo ha elevado sus estándares internos, sino que ha reafirmado su compromiso con el respeto, la prevención y el bienestar de cada colaborador.
Gracias a la integración de acciones concretas, campañas constantes y procesos de mejora continua, esta empresa demuestra que sí es posible construir un entorno laboral sano, donde la seguridad y la salud sean prioridad. Su modelo es un referente para otras compañías que desean avanzar en esta dirección.
La visión de Corporativo Kosmos no se limita a cumplir una norma, sino que busca transformar la experiencia laboral en una más digna, segura y consciente. Al hacerlo, confirma que invertir en las personas es la mejor estrategia para alcanzar el éxito colectivo y sostenible.
Aunque los manglares cubren apenas 1% de la superficie terrestre, su impacto es inmenso: actúan como barreras naturales que protegen las costas de tormentas y huracanes y son el hogar de cientos de especies marinas, aves y otros seres vivos. Esto los hace un ejemplo de ecosistemas vulnerables que pueden beneficiarse con programas de educación ambiental.
En el marco del Día Mundial de la Conservación de los Ecosistemas de los Manglares, que se conmemora el 26 de julio, las iniciativas de educación ambiental que promueven la conciencia ecológica y la acción comunitaria en favor de los ecosistemas más vulnerables de México son de gran importancia. Clarios y su reconocida marca LTH® reafirman su compromiso con la protección del medio ambiente a través de sus Eco Jornadas LTH.
Cuando los niños descubren en talleres de educación ambiental que al cuidar un ecosistema protegen también lo que puede ser el hogar de especies fascinantes como monos, lagartos y hasta jaguares, en el caso de los manglares, algo cambia en su forma de ver la naturaleza. Dejan de verla como algo lejano y empiezan a entender que cuidarla también está en sus manos. Esa conexión es poderosa, y es justo lo que buscan las Eco Jornadas: sembrar conciencia desde la infancia, a través del asombro, el juego y el conocimiento.
Las Eco Jornadas LTH son mucho más que una actividad educativa: son una plataforma de transformación social y ambiental. A través de talleres, dinámicas y pláticas interactivas, se fomenta la participación activa de niñas, niños y jóvenes en la protección del medio ambiente, brindándoles herramientas para entender la conexión entre sus acciones diarias y la salud del planeta.
En este contexto los programas de educación ambiental como las Eco Jornadas cobran especial relevancia, ya que ayudan a visibilizar la importancia de los ecosistemas y el papel que cada persona puede jugar en su conservación.
Gracias a este esfuerzo sostenido, miles de familias han modificado hábitos, adoptado prácticas responsables y replicado ese conocimiento en sus comunidades, demostrando que la concientización ambiental tiene un impacto profundo y duradero cuando se siembra desde la infancia.
En más de 15 años, las Eco Jornadas LTH, que actualmente operan en más de 30 ciudades de México, han beneficiado a más de 1 millón 400 mil niños y alcanzado a más de 5 millones de personas, de forma indirecta. Todos ellos han recibido información sobre reciclaje, biodiversidad y cambio climático, siempre con un enfoque práctico y cercano.
A través de las Eco Jornadas, LTH impulsa experiencias que despiertan la curiosidad, fortalecen el aprendizaje y siembran en las nuevas generaciones el compromiso con un entorno más sano y equilibrado.
Nota informativa: ¿Por qué son importantes los manglares?
México alberga el 6% de los manglares del planeta, lo que lo coloca como el cuarto país con mayor superficie de este ecosistema.
Un kilómetro cuadrado de manglar puede evitar pérdidas por tormentas de hasta 33 millones de dólares al año.
Los manglares almacenan hasta 1,000 toneladas de carbono por hectárea.
Más de 1,500 especies de plantas y animales dependen de ellos, siendo clave para la alimentación y economía de muchas comunidades.
A través de las Eco Jornadas, LTH impulsa experiencias que despiertan la curiosidad, fortalecen el aprendizaje y siembran en las nuevas generaciones el compromiso con un entorno más sano y equilibrado.
La Asociación Civil sin fines de lucro Ecología y Compromiso Empresarial (ECOCE, A.C.), da un paso hacia adelante al incursionar en la separación, el manejo y el reciclaje de los empaques plásticos flexibles (EPF) de la mano de Greenback Recycling Technologies, Ltd (Greenback), empresa global con sede en el Reino Unido, con quien ha firmado una alianza de colaboración, la cual fue protocolizada a través de la firma de Philippe G. von Stauffenberg, CEO de Greenback, Jorge Terrazas, director General de ECOCE y Adrián Velasco, director de Empaques Flexibles de ECOCE.
Durante la firma de este convenio que se celebró este jueves 24 de julio , Jorge Terrazas, director General de ECOCE A.C., manifestó que “La presencia de Greenback en México no sólo representa una inversión en infraestructura tecnológica, sino también una apuesta por la innovación, la circularidad y el compromiso ambiental. Por ello, desde ECOCE hemos reenfocado nuestra agenda en cuatro vertientes clave dentro de las cuales nuestra mira hacia los empaques plásticos flexibles es una prioridad para la organización, con el sentido de crear un mercado y darle valor a estos materiales”.
Por su parte Philippe G. von Stauffenberg, CEO de Greenback, informó que esta empresa desarrolladora de proyectos sustentables utiliza tecnologías especializadas en reciclaje químico avanzado, está enfocada en recuperar el valor de residuos plásticos complejos que hoy no tienen solución comercial viable, y detalló que su misión “Es cerrar el ciclo de los plásticos posconsumo difíciles de reciclar, mediante tecnologías innovadoras que generan materiales reciclados con valor industrial alineados con la economía circular. Desde 2023 estamos en México, país al que seleccionamos como piloto para implementar nuestra primera planta de reciclaje químico en la que se trabaja en convertir residuos como envolturas de botana, empaques de pan de caja o dulces en aceites reutilizables (pyrolysis oil), que pueden reintegrarse a cadenas productivas”. Philippe enfatizó que, “Gracias al software de trazabilidad denominado eco2Veritas™ que desarrollamos en Greenback, podemos darle la confianza a nuestros clientes como ECOCE, Nestlé y Bimbo, emitiendo certificados de circularidad del plástico posconsumo y certificados de origen mediante el uso de la inteligencia artificial, el internet de las cosas y el Blockchain.”
Adrián Velasco, director de Operaciones de Empaques Flexibles de ECOCE comentó que “En la Asociación estamos trabajando, dándonos a la tarea de encontrar el mejor camino para poder reciclar este tipo de materiales, y evitar que los 1.5 millones de toneladas que se generan en México al año, representen un problema de contaminación para el país. El proyecto de reciclaje de empaques flexibles es una de las vertientes de enfoque de 2025, cuyo objetivo es priorizar estos materiales y crear un mercado valorizable, para fomentar su reciclado, por lo que esta alianza con Greenback es un paso hacia adelante.
Gracias a sus cualidades, los empaques plásticos flexibles (EPF) –informa Velasco-, son los más utilizados en la actualidad, produciéndose cerca de 50 millones de toneladas en el mundo, lo que representa alrededor de un 40% de todos los empaques plásticos. El problema es que, así como tienen características benéficas para la conservación de alimentos, se han considerado como ‘desechables’, complicando su reciclaje y reutilización”, señaló el directivo.
Algunas de las características de dichos empaques son: un bajo peso en relación a su superficie, lo que se traduce en que su transporte resulte barato, eficiente y con una huella ambiental mucho más baja en comparación a otros materiales. Son versátiles para adaptarse a los requerimientos de embalaje de distintos tipos de productos y, sobre todo, son reciclables en la medida que sean diseñados y dispuestos correctamente.
Durante el evento, los expertos también señalaron que los empaques plásticos flexibles (EPF) son materiales que pueden convertirse en muchos otros productos, como macetas, pérgolas y una gran diversidad de mobiliario; de ahí la importancia de hacer conciencia en la población y fomentar su recolección, para que se pueda empezar a generar condiciones de reciclabilidad y se aborden otros desafíos como el reciclaje químico, rediseño, reutilización, así como otras estrategias que abonen a su correcta gestión.
El Premio Zayed a la Sostenibilidad de los EAU, galardón global pionero que ha transformado la vida de más de 400 millones de personas, cerró oficialmente las postulaciones para su ciclo 2026. Se recibieron 7,761 postulaciones de 173 países en las seis categorías de Salud, Alimentos, Energía, Agua, Acción por el Clima y Escuelas Secundarias Globales, reflejando el papel continuo del Premio en el impulso de soluciones de alto impacto frente a los desafíos globales más apremiantes.
En su 17.ª edición, el Premio empodera a pequeñas y medianas empresas (PYMEs), organizaciones sin fines de lucro y escuelas secundarias para desarrollar e implementar innovaciones sostenibles que mejoren la vida de las personas, especialmente en comunidades vulnerables y desatendidas. Desde energía limpia y acceso a la atención médica hasta agricultura regenerativa y agua potable, las postulaciones de este año reflejan un creciente enfoque en modelos impulsados por la tecnología y liderados por la comunidad que amplían el acceso donde más se necesita.
Las propuestas aumentaron un 30% en comparación con el ciclo anterior. Se observó un aumento notable en los proyectos que integran tecnologías de vanguardia, como IA, la captura directa de carbono en el aire y herramientas de tecnología financiera, con enfoques comunitarios, lo que evidencia cómo la innovación, la equidad y el impacto a largo plazo convergen de forma significativa.
El Dr. Sultan Ahmed Al Jaber, Ministro de Industria y Tecnología Avanzada de los EAU y Director General del Premio Zayed a la Sostenibilidad, declaró: “El número récord de postulaciones para el ciclo de este año refleja un creciente compromiso global con soluciones prácticas y escalables que generen un impacto a largo plazo. Observamos un impulso especialmente fuerte en los sistemas alimentarios, donde las tecnologías inteligentes están contribuyendo a impulsar la productividad y la resiliencia. En todas las categorías, el uso creciente de la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas destaca cómo se está aprovechando la innovación para impulsar el progreso inclusivo liderado por las comunidades. El Premio Zayed a la Sostenibilidad sigue centrado en reconocer a los pioneros que generan un impacto medible y promueven el desarrollo sostenible en todo el mundo.”
El análisis preliminar muestra que alrededor del 85% de todas las postulaciones provienen de economías emergentes y en desarrollo, con las principales contribuciones de India, Etiopía, Uzbekistán, Brasil e Indonesia. También hubo una alta participación de países desarrollados como Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos de América, ambos dentro de los 10 países con más postulaciones.
La categoría de Alimentos (1,630) y Acción por el Clima (1,880) atrajeron el mayor número de inscripciones, reflejando la urgencia global en torno a la seguridad alimentaria, la protección del ecosistema y la resiliencia ante desastres. Le siguieron Salud (1,497), Escuelas Secundarias Globales (1,070), Agua (863) y Energía (821).
Las postulaciones a la categoría de Salud crecieron más del 60% este año, con entradas centradas en diagnósticos habilitados por IA, tecnología portátil y atención descentralizada. Muchos también exploraron la logística sostenible habilitada por tecnología y la mejorada trazabilidad para fortalecer los sistemas de atención médica.
En Alimentos, se evidenciaron avances en agricultura de precisión y agri-robótica, con sistemas inteligentes y drones que ayudan a aumentar el rendimiento agrícola y fomentan la circularidad en los sistemas alimentarios.
En Energía, las postulaciones revelaron un creciente interés en el almacenamiento térmico de energía, combustibles de bajo carbono y la transformación energética en general, incluyendo soluciones para preparar los sistemas energéticos frente a la demanda futura.
En la categoría de Agua, se propusieron formas innovadoras de ampliar el acceso a agua dulce, como la generación atmosférica de agua, la desalinización de bajo consumo energético, y herramientas tecnológicas financieras para promover una distribución más transparente y equitativa.
Las postulaciones en Acción por el Clima abordaron tanto la mitigación como la adaptación, incluyendo soluciones basadas en la naturaleza, captura directa de carbono, herramientas predictivas para la resiliencia y la preparación ante desastres, y conservación comunitaria con base en el conocimiento indígena.
Las postulaciones lideradas por jóvenes en la categoría de Escuelas Secundarias Globales mostraron un notable aumento en el compromiso juvenil con la sostenibilidad, con proyectos que van desde monitoreo climático con IA y riego inteligente en huertos escolares, hasta filtración de agua de bajo costo y seguimiento y reutilización de residuos mediante tecnología.
Tras el cierre del período de inscripciones, el premio entra ahora en la etapa de evaluación. Todas las postulaciones serán preseleccionadas por una consultora independiente de investigación y análisis. Luego un Comité de Selección compuesto por expertos del sector de renombre mundial evaluará las candidaturas cualificadas y pre seleccionará a los candidatos. El tercer y último nivel del proceso de evaluación es el Jurado, que se reunirá en octubre para elegir por unanimidad a los ganadores de cada categoría.
Los ganadores se anunciarán el 13 de enero de 2026 durante la Ceremonia de Premiación del Premio Zayed a la Sostenibilidad en el marco de la Semana de la Sostenibilidad de Abu Dhabi. Cada ganador en las categorías para organizaciones recibirán US $1 millón, mientras que seis escuelas representando a diferentes regiones del mundo recibirán US $150,000 cada una para implementar o expandir sus proyectos de sostenibilidad.
Cada compra que hacemos es un acto de voto. Con cada peso que destinamos a un producto o servicio, respaldamos prácticas, valores y estructuras que muchas veces desconocemos. En un mundo cada vez más consciente del impacto social, ambiental y ético de nuestras decisiones, adoptar una mirada crítica y reflexiva sobre el consumo ya no es un lujo, sino una responsabilidad.
A través de 10 preguntas que un consumidor responsable debería hacerse, te proponemos un viaje de introspección y análisis que te permita alinear tu consumo con tus valores, evitando caer en trampas como el greenwashing o el consumo impulsivo disfrazado de “consciencia”.
10 preguntas que un consumidor responsable debería hacerse
1. ¿Realmente lo necesito?
Detrás de muchas compras hay una emoción disfrazada de necesidad. Antes de comprar, es crucial detenerse y preguntarse si el objeto cumple una función concreta o si simplemente responde a una ansiedad momentánea. Esta pregunta es el primer filtro para evitar el consumo excesivo, que es uno de los principales motores de la crisis climática y del agotamiento de recursos.
De hecho, uno de los grandes retos para las y los consumidores responsables es aprender a diferenciar entre deseo y necesidad. Reflexionar sobre esto nos permite reducir nuestra huella ambiental, minimizar residuos y priorizar el uso consciente de los recursos, lo cual es esencial para transitar hacia una economía verdaderamente sostenible.
2. ¿Quién lo hizo y en qué condiciones?
Conocer el origen de lo que consumimos es fundamental. ¿Fue producido por trabajadores con condiciones justas y salarios dignos? ¿Incluyó trabajo infantil o forzoso? Esta pregunta invita a profundizar en la cadena de valor y evaluar si la empresa garantiza derechos laborales y prácticas éticas.
En una era donde la transparencia es clave, cada vez más marcas comunican sus procesos, pero no todas lo hacen de forma honesta. Como consumidores responsables, es nuestro deber ir más allá del marketing y buscar certificaciones o reportes verificables que respalden las declaraciones de responsabilidad social.
3. ¿Cuál es su impacto ambiental?
Entre las preguntas que un consumidor responsable debería hacerse, esta se vuelve imprescindible en un contexto de emergencia climática. ¿Cuánta agua, energía o recursos naturales se requirieron para producirlo? ¿Se usaron químicos dañinos o procesos contaminantes?
Analizar el ciclo de vida del producto —desde su fabricación hasta su disposición final— permite entender su verdadero costo ambiental. Elegir opciones que reduzcan el impacto, como productos reciclables, biodegradables o fabricados localmente, contribuye a un modelo más sustentable.
4. ¿Tiene una alternativa más sostenible?
Muchas veces, la necesidad que tenemos puede resolverse con otra opción: reparar en vez de reemplazar, alquilar en lugar de comprar o adquirir algo de segunda mano. Cuestionar la unicidad del producto abre la puerta a decisiones más inteligentes y responsables.
Esta pregunta también desafía el modelo de consumo lineal y promueve la economía circular. Elegir alternativas sostenibles no solo reduce residuos, sino que incentiva la innovación en empresas que apuestan por productos duraderos, modulares y menos contaminantes.
5. ¿La empresa es coherente con sus valores?
No basta con que el producto sea “verde” si la empresa detrás de él explota a sus trabajadores o evade impuestos. Una de las preguntas que un consumidor responsable debería hacerse es si hay coherencia entre lo que dice la marca y lo que hace en sus distintas áreas.
La coherencia corporativa implica que la responsabilidad social esté integrada a la estrategia del negocio, y no solo en campañas publicitarias. Buscar empresas con políticas claras de sustentabilidad, ética empresarial y transparencia es clave para fomentar un cambio sistémico.
6. ¿Este producto promueve la equidad?
Reflexionar sobre quién se beneficia (o perjudica) con esta compra es esencial. ¿Fomenta la inclusión de comunidades marginadas? ¿Apoya a productores locales o a mujeres emprendedoras? ¿O perpetúa desigualdades estructurales en la cadena de suministro?
Esta dimensión social muchas veces queda opacada frente a la ambiental. Sin embargo, una compra verdaderamente responsable debe también preguntarse si contribuye al desarrollo económico equitativo y justo, especialmente en contextos vulnerables o históricamente excluidos.
7. ¿Está diseñado para durar?
La obsolescencia programada es una de las estrategias más cuestionables del mercado actual. Consumir productos diseñados para fallar implica mayores costos económicos, sociales y ambientales a largo plazo. Preguntarse por la durabilidad de lo que adquirimos es un acto de responsabilidad.
Optar por productos de calidad, con garantías extendidas, repuestos disponibles y posibilidad de reparación es apostar por un consumo más consciente y resiliente. Además, este enfoque presiona a las empresas a rediseñar su propuesta de valor hacia la sustentabilidad real.
8. ¿Qué pasará con este producto cuando ya no lo necesite?
Toda compra debe contemplar su fin de vida. ¿Es reciclable, compostable o reutilizable? ¿Existe un sistema adecuado para su disposición? Esta es una de las preguntas que un consumidor responsable debería hacerse antes de adquirir algo, sobre todo si contiene materiales no biodegradables.
El enfoque de ciclo cerrado o cradle-to-cradle cobra fuerza aquí. Pensar en el “después” nos obliga a asumir la corresponsabilidad en la gestión de residuos, algo que no podemos delegar únicamente al Estado o al productor.
9. ¿Estoy comprando por convicción o por presión social?
Muchas decisiones de compra se toman por moda, estatus o presión social. El consumo simbólico es poderoso, pero puede alejarnos de nuestros verdaderos valores. Reflexionar sobre esta motivación nos ayuda a mantenernos fieles a una ética personal.
En tiempos de redes sociales y marketing emocional, desarrollar una identidad de consumo alineada con la responsabilidad social es un ejercicio de conciencia que requiere autoconocimiento, pensamiento crítico y valentía para decir “no” cuando es necesario.
10. ¿Estoy dispuesto a pagar el precio real?
Los productos éticos y sustentables muchas veces cuestan más, porque su precio incluye el pago justo a los trabajadores, el respeto al medio ambiente y la inversión en innovación responsable. Esta pregunta interpela nuestro nivel de compromiso.
Entre las preguntas que un consumidor responsable debería hacerse, esta es quizás la más incómoda, pero también la más reveladora. ¿Queremos seguir pagando precios bajos a costa de los derechos de otros o del planeta? La elección está en nuestras manos, y también la transformación del mercado.
Ser un consumidor responsable no se trata solo de elegir productos “verdes” o marcas con buen marketing social. Implica cuestionar, investigar, comparar y, sobre todo, actuar con coherencia ética. Las 10 preguntas que un consumidor responsable debería hacerse antes de comprar son una brújula que nos guía hacia un consumo más informado, justo y sustentable.
Cada una de estas preguntas no busca generar culpa, sino conciencia. Porque el consumo consciente no es una moda, es una herramienta de transformación que puede empujar a las empresas a mejorar, al planeta a sanar y a las personas a vivir con mayor integridad.
Mientras el mundo avanza hacia compromisos climáticos más ambiciosos, la industria de la aviación sigue en la mira por su elevado impacto ambiental. Con el regreso de los vuelos internacionales tras la pandemia, también vuelve una vieja inquietud: ¿cómo reducimos las emisiones sin frenar el desarrollo aéreo?
La iniciativa CORSIA —basada en la compra de créditos de carbono— prometía ser la solución, pero su limitada efectividad ha dejado a la industria en una posición crítica. Hoy más que nunca, queda claro que la aviación sostenible no se logrará con mecanismos de compensación, sino con soluciones tecnológicas desde el origen.
Compensaciones insuficientes: el punto de quiebre de CORSIA
CORSIA nació como una estrategia global para mitigar el impacto climático de la aviación, pero está mostrando fisuras alarmantes. Apenas un proyecto ha generado créditos válidos bajo sus lineamientos, lo que refleja una grave escasez para una industria que necesita soluciones inmediatas.
El mercado voluntario de carbono (VCM) tampoco puede abastecer la creciente demanda, lo que pone en riesgo la credibilidad climática de las aerolíneas. En este contexto, insistir en la compensación sin atender el origen del problema es perpetuar una ilusión.
De acuerdo con Sustainable Brands, la aviación sostenible requiere una transformación de fondo. Por eso, exploramos cinco innovaciones destacadas que están reconfigurando el horizonte del sector, cada una desde un enfoque único, pero complementario.
1. Electrificación del cielo: pilas de sodio líquido
Una de las principales barreras de la aviación eléctrica es el peso de las baterías. Un equipo del MIT está enfrentando ese desafío con una pila de combustible alimentada por sodio líquido, que promete una densidad energética tres veces mayor a la del litio.
Este sistema, desarrollado por la startup Propel Aero, no requiere recarga, solo la reposición del sodio. Además de ser más ligero y seguro, puede adaptarse a aeronaves comerciales de corto y mediano alcance. Un salto hacia una aviación sostenible libre de combustibles fósiles.
Para las marcas con compromisos climáticos, esta tecnología abre nuevas posibilidades: vuelos de negocios menos contaminantes y cadenas logísticas alineadas con una transición energética real.
2. De residuos a combustible: poliestireno reciclado como SAF
La Universidad de Illinois ha dado un giro innovador al transformar poliestireno residual en etilbenceno, componente esencial de los combustibles sostenibles de aviación (SAF). Este avance contribuye a resolver dos problemas: la contaminación por plásticos y la baja disponibilidad de SAF de calidad.
El proceso reduce entre 50 % y 60 % las emisiones frente al etilbenceno fósil y tiene menor costo. Aunque aún en etapa de laboratorio, ya se perfilan alianzas para escalar la producción con flujos constantes de residuos.
Para empresas que buscan cerrar el círculo de sus materiales y reducir emisiones de transporte, esta es una apuesta por una aviación sostenible desde la economía circular.
3. Aerobrew: e-SAF producido a escala con CO₂ capturado
La suiza Metafuels está revolucionando el campo del SAF con su sistema Aerobrew, que convierte CO₂ capturado y hidrógeno verde en metanol, y luego en combustible sintético de aviación. Lo destacado es su eficiencia y compatibilidad total con aeronaves actuales.
El proyecto ya recibió inversión y se espera que su planta en Dinamarca produzca 12,000 litros diarios de e-SAF. Un paso importante hacia el reemplazo masivo del combustible fósil en la industria aérea.
Para compañías globales con metas climáticas, Aerobrew representa una forma tangible de apoyar una aviación sostenible, mientras reducen emisiones de Alcance 3 sin frenar sus operaciones.
4. IA contra las estelas: menos impacto sin cambiar de avión
Las estelas de condensación, aunque visualmente inofensivas, representan hasta 60 % del impacto climático de los vuelos. La startup británica Satavia desarrolló DECISIONX, una plataforma basada en IA que permite planificar rutas evitando zonas donde se forman estas estelas.
Este ajuste de ruta, aunque leve, tiene un fuerte potencial climático. Además, genera métricas verificables que pueden convertirse en créditos de carbono con base científica, no especulativa.
Una opción ideal para organizaciones que buscan disminuir emisiones indirectas de viajes corporativos y tener impacto sin cambiar de aeronave ni de combustible. Inteligencia al servicio de la aviación sostenible.
5. Aviones solares para datos sostenibles
La empresa Radical ha creado un avión autónomo de gran altitud propulsado por energía solar, diseñado para misiones de meses sin aterrizar. Aunque no transporta personas, sí transporta información: desde monitoreo ambiental hasta conectividad.
Estos sistemas pueden reemplazar satélites costosos o contaminantes, ofreciendo mayor precisión, menores emisiones y versatilidad para sectores como agricultura, telecomunicaciones o conservación.
Para las empresas comprometidas con infraestructura verde o reportes ESG robustos, estas aeronaves son una muestra de cómo la aviación sostenible puede impulsar no solo personas, sino propósitos.
Dejar de compensar y empezar a innovar
La era de las compensaciones como solución principal está llegando a su fin. Lo que la industria aérea necesita —y lo que el planeta exige— es innovación de fondo, colaborativa y acelerada.
Cada una de estas cinco soluciones muestra que la aviación sostenible es posible, pero no se logrará con estrategias cosméticas. Se logrará con ciencia, inversión y decisión.
Desde la energía solar hasta la inteligencia artificial, la transformación ya está en marcha. La pregunta no es si volar de forma sostenible es posible, sino si estamos dispuestos a ser parte del cambio desde ahora.
En un momento en el que la inteligencia artificial se enfrenta a crecientes cuestionamientos éticos en el ámbito académico, ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable con una herramienta diseñada para marcar la diferencia: su nuevo modo de estudio. Esta función no solo responde dudas, sino que acompaña al usuario en un proceso reflexivo, interactivo y adaptado a su nivel de conocimiento.
OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, ha dado un paso al frente en la conversación global sobre el uso ético de la IA, especialmente tras registrarse más de 7,000 casos comprobados de trampa con IA en instituciones del Reino Unido tan solo en el último ciclo escolar. Este nuevo modo busca frenar esa tendencia, sin frenar el acceso al conocimiento.
ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable desde la raíz del problema
De acuerdo con The Guardian, las universidades del mundo enfrentan una creciente ola de plagio digital, muchas veces propiciada por el mal uso de herramientas como la IA generativa. ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable al poner sobre la mesa una alternativa clara: aprender, no copiar. Su nuevo modo de estudio prioriza el razonamiento del usuario por encima de las respuestas automáticas.
En lugar de entregar ensayos completos o soluciones cerradas, esta función lleva al estudiante por un recorrido paso a paso, con preguntas que ayudan a reflexionar sobre lo que realmente entiende. Por ejemplo, al consultar sobre el teorema de Bayes, el sistema pregunta primero cuál es tu nivel de matemáticas y qué buscas lograr.
Este enfoque pedagógico responde a una necesidad urgente: fomentar el pensamiento crítico. En palabras de Jayna Devani, líder internacional de educación en OpenAI, el objetivo es construir una cultura de uso constructivo y ético de la IA, y no solo castigar su mal uso.
Tecnología con conciencia: una nueva forma de tutoría digital
Uno de los puntos más innovadores del modo de estudio es su capacidad para adaptarse a distintas formas de aprendizaje. ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable mediante una interfaz que no dicta respuestas, sino que dialoga con el estudiante. La IA se convierte en tutor, no en autor.
Gracias a su capacidad para procesar imágenes, este modo también puede interactuar con exámenes pasados o ejercicios escaneados, permitiendo a los estudiantes identificar sus errores y corregirlos en tiempo real. Así, la tecnología se convierte en un medio para entender, no para evadir.
Este cambio de paradigma implica reconocer a la IA como una aliada educativa, siempre que su uso esté guiado por valores claros. El acompañamiento de expertos en educación, científicos y docentes en el desarrollo de esta herramienta es prueba del compromiso de OpenAI con la ética y la responsabilidad.
Prevención antes que castigo: una estrategia basada en la educación
El diseño del modo de estudio parte de una premisa sencilla pero poderosa: evitar que los estudiantes caigan en atajos antes de que estos se conviertan en la única ruta. ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable desde la prevención, ofreciendo una opción pedagógica que resulta más atractiva que la trampa.
La clave está en la experiencia del usuario. Al mantener la atención centrada en el proceso de aprendizaje, los estudiantes son guiados hacia la construcción del conocimiento. Esta práctica fortalece su autonomía, sus habilidades analíticas y su criterio, en lugar de atrofiarlos con soluciones inmediatas.
Aunque siempre existirá la posibilidad de ignorar esta herramienta, OpenAI confía en que el diseño atractivo, útil y funcional del modo de estudio incentive a los jóvenes a optar por la vía del conocimiento auténtico.
Una respuesta colaborativa a un problema global
Resolver el dilema del uso irresponsable de la IA en la educación no depende de una sola empresa, y OpenAI lo sabe. Por eso, ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable como parte de una estrategia más amplia: invitar a la industria educativa a un diálogo conjunto sobre evaluación, ética y transparencia.
Jayna Devani fue clara al afirmar que es urgente definir reglas claras sobre qué constituye un uso adecuado de la IA. Las universidades, gobiernos, tecnológicas y comunidades educativas deben trabajar en conjunto para sentar estas bases. El modo de estudio representa apenas el primer ladrillo en esa construcción.
El éxito de esta herramienta dependerá no solo de su diseño, sino del compromiso social que se teja alrededor. Si se logra una cultura de responsabilidad compartida, el impacto de la IA en la educación podrá ser realmente transformador y justo.
La responsabilidad digital como principio educativo
Con el lanzamiento del modo de estudio, ChatGPT impulsa el aprendizaje responsable no como una tendencia pasajera, sino como una filosofía de largo plazo. Esta herramienta refleja una evolución en la relación entre tecnología y educación, donde el acceso a la información se combina con el deber ético de comprenderla.
La implementación de este nuevo enfoque no solo responde a una necesidad operativa, sino a un ideal social: educar para el pensamiento, no para la memorización. Y en ese camino, la IA se convierte en un puente, no en un atajo.
En tiempos donde la responsabilidad social se vuelve un diferenciador crucial para las marcas y desarrolladores de tecnología, OpenAI abre la conversación, lidera con el ejemplo y demuestra que una inteligencia artificial también puede ser una herramienta para el bien común.
La responsabilidad social ha evolucionado mucho más allá de la filantropía ocasional. Sin embargo, todavía persisten ideas equivocadas que limitan su verdadero potencial. A pesar de los avances en normativas, estrategias ESG e indicadores de impacto, ciertos discursos continúan repitiéndose, distorsionando la percepción pública y profesional del concepto.
Este artículo aborda los 15 mitos sobre la responsabilidad social que siguen rondando tanto en conversaciones informales como en la toma de decisiones estratégicas. Desmitificarlos no solo ayuda a mejorar la comprensión del tema, sino que también fortalece el diseño de programas más efectivos, medibles y alineados con el core business. Si trabajas en sostenibilidad, comunicación o relaciones con grupos de interés, esta lectura es para ti.
15 mitos sobre la responsabilidad social que necesitas dejar atrás
Mito 1: La responsabilidad social solo es para grandes empresas
A menudo se cree que las PyMEs no tienen recursos suficientes para implementar prácticas responsables. Sin embargo, la responsabilidad social no es una cuestión de tamaño, sino de compromiso y alineación con valores. Las pequeñas empresas tienen incluso una ventaja: mayor agilidad para conectar con sus comunidades y adaptarse rápidamente.
Empresas familiares, cooperativas o negocios locales pueden generar un gran impacto con acciones enfocadas en su entorno inmediato. Desde relaciones laborales dignas hasta el manejo ético de residuos, cada acción suma. El mito de que solo las grandes corporaciones pueden ser socialmente responsables limita la participación de actores clave en la transformación sostenible.
Mito 2: Es solo una moda pasajera
Este es uno de los mitos sobre la responsabilidad social más comunes, especialmente en contextos donde la rentabilidad parece ser el único objetivo. No obstante, la presión social, los marcos regulatorios y las expectativas de consumidores e inversionistas han demostrado que la RSE llegó para quedarse.
Los informes anuales de sostenibilidad, las certificaciones y el auge de las finanzas responsables demuestran que no se trata de una moda, sino de una evolución estructural. Empresas que no se adaptan a estas exigencias corren el riesgo de perder competitividad y legitimidad.
Mito 3: Es lo mismo que hacer donaciones
Reducir la responsabilidad social a donaciones ocasionales es quedarse en la superficie. Aunque la filantropía puede formar parte de una estrategia más amplia, la verdadera RSE implica prácticas empresariales éticas y sostenibles integradas al modelo de negocio.
Desde cadenas de suministro responsables hasta políticas de diversidad, la responsabilidad social es sistémica. Pensar que basta con donar para cumplir con ella es una visión reduccionista que impide generar un impacto real y medible.
Mito 4: No aporta beneficios tangibles
Muchas empresas aún dudan en invertir en RSE porque creen que no genera un retorno medible. Este es uno de los mitos sobre la responsabilidad social más perjudiciales para su avance. Estudios demuestran que los programas bien diseñados fortalecen la reputación, mejoran la atracción de talento y reducen riesgos operativos.
Además, hay evidencia de que una cultura organizacional responsable mejora la productividad y reduce la rotación. Las empresas que miden su impacto social también acceden a nuevos mercados y fondos de inversión con criterios ESG.
Mito 5: Solo se relaciona con el medio ambiente
Si bien la dimensión ambiental es crucial, la responsabilidad social abarca también el respeto a los derechos humanos, el gobierno corporativo, la inclusión, la equidad y la relación con las comunidades. Limitar su definición a lo ecológico es simplificar un enfoque integral.
Una estrategia efectiva considera factores sociales, económicos y ambientales en conjunto. Desde el salario digno hasta la ética en la IA, el concepto ha evolucionado para adaptarse a los desafíos contemporáneos.
Mito 6: Es exclusiva del área de RSE o sustentabilidad
La idea de que solo un departamento debe encargarse de la responsabilidad social es otro error común. Para que una empresa sea verdaderamente responsable, cada área —finanzas, recursos humanos, operaciones— debe asumir su parte.
Cuando la RSE se transversaliza, su impacto es más profundo. El compromiso del liderazgo y la capacitación del personal son claves para que la responsabilidad social no sea un adorno institucional, sino parte del ADN organizacional.
Mito 7: Solo las empresas privadas deben practicarla
Gobiernos, ONGs y universidades también deben rendir cuentas de su impacto social y ambiental. Aunque las empresas suelen estar más expuestas al escrutinio público, toda institución tiene una responsabilidad con su entorno.
Las alianzas intersectoriales están demostrando que solo colaborando entre sectores podemos enfrentar retos complejos como el cambio climático o la desigualdad. La responsabilidad social no distingue giros ni formatos jurídicos.
Mito 8: La responsabilidad social es cara
Integrar la sostenibilidad en las operaciones no siempre implica grandes gastos. Muchas veces, se trata de eficientar recursos, revisar procesos y cambiar prioridades. A largo plazo, estos ajustes suelen generar ahorros y evitar pérdidas por malas prácticas.
Además, existen certificaciones, plataformas colaborativas y herramientas de autodiagnóstico accesibles para distintos tamaños de empresa. La clave está en diseñar una estrategia a la medida de cada organización.
Mito 9: Los consumidores no lo valoran
Este mito ha sido ampliamente desmentido por estudios de mercado. Los consumidores, especialmente las nuevas generaciones, están cada vez más informados y exigen coherencia entre lo que las marcas dicen y hacen.
Las empresas que comunican de forma honesta sus avances en responsabilidad social fortalecen la lealtad del cliente y su diferenciación en el mercado. No se trata de aparentar perfección, sino de mostrar un camino de mejora continua.
Mito 10: Es lo mismo que el marketing social
Aunque pueden complementarse, la RSE no es una campaña publicitaria. El marketing social busca influir en comportamientos, mientras que la responsabilidad social transforma la forma en que una empresa opera de forma estructural.
Confundir ambos términos puede llevar a prácticas oportunistas, como el greenwashing. La reputación no se construye con slogans, sino con acciones consistentes y medibles.
Mito 11: Es incompatible con la rentabilidad
Este es uno de los mitos sobre la responsabilidad social más arraigados. En realidad, la RSE bien implementada fortalece la sostenibilidad financiera. Empresas con buenas prácticas sociales y ambientales son menos propensas a crisis reputacionales y legales.
Además, múltiples fondos de inversión priorizan compañías con criterios ESG. La rentabilidad y la responsabilidad no son opuestas; son parte de una nueva visión de negocios más resiliente y centrada en el largo plazo.
Mito 12: Solo aplica en países desarrollados
Aunque algunas tendencias globales surgieron en países del norte global, la RSE tiene una profunda relevancia local. En América Latina, por ejemplo, responde a problemáticas como la informalidad, la pobreza o la desigualdad de género.
Ignorar el contexto local impide que la responsabilidad social sea efectiva. Cada región tiene desafíos específicos y, por tanto, necesita enfoques ajustados a su realidad.
Mito 13: Se trata de cumplir con la ley
Cumplir la ley es una obligación mínima, no una muestra de responsabilidad. La RSE va más allá del marco legal: propone generar valor compartido, prevenir riesgos y anticiparse a cambios regulatorios.
Las empresas responsables no se conforman con lo legalmente exigido, sino que buscan excederlo para generar confianza y legitimidad entre sus grupos de interés.
Mito 14: Se trata de quedar bien ante el público
Si bien la percepción pública importa, una estrategia basada únicamente en agradar corre el riesgo de ser vacía. La verdadera responsabilidad social busca generar impacto, incluso si eso no siempre es visible o mediático.
Muchas de las mejores prácticas suceden puertas adentro: respeto a la jornada laboral, inclusión de grupos vulnerables, gobernanza ética. La coherencia vale más que la espectacularidad.
Mito 15: Es imposible medir su impacto
Medir impacto en responsabilidad social es un reto, pero no es imposible. Existen metodologías, indicadores y marcos de reporte como los ODS, GRI o SASB que permiten evaluar avances y áreas de oportunidad.
La clave está en definir objetivos claros desde el inicio y seleccionar métricas relevantes para cada tipo de proyecto. Lo que no se mide, no se mejora, y este principio también aplica a la sostenibilidad.
Más allá del mito, hacia la transformación real
Desmontar estos mitos sobre la responsabilidad social no solo nos ayuda a entender mejor el concepto, sino que nos permite diseñar estrategias más coherentes, efectivas y alineadas con las verdaderas necesidades del entorno. La RSE ya no es opcional ni superficial: es parte esencial de la competitividad empresarial y del desarrollo sostenible.
Al reconocer lo que sí es y lo que no es responsabilidad social, podemos construir un camino más auténtico, libre de etiquetas erróneas y más orientado al impacto. Porque solo con conocimiento, coherencia y compromiso lograremos que la sostenibilidad no sea un lujo, sino una práctica cotidiana.
La reciente campaña de American Eagle con Sydney Sweeney ha generado una polémica inesperada en redes sociales, donde críticos acusan a la marca de usar un mensaje que refuerza discursos ligados a la supremacía blanca y la eugenesia. El anuncio, protagonizado por la actriz estadounidense conocida por sus papeles en Euphoria y White Lotus, utiliza un juego de palabras entre “genes” y “jeans” que, para algunos, resulta problemático en el contexto sociopolítico actual.
Más allá del marketing, esta controversia invita a reflexionar sobre el poder del lenguaje en la publicidad y cómo las empresas deben ser especialmente cuidadosas para evitar mensajes que puedan interpretarse como excluyentes o que refuercen desigualdades históricas. La campaña, que buscaba celebrar la autenticidad y estilo de Sweeney, terminó por tocar un nervio que obliga a repensar la responsabilidad social en la comunicación de marca.
Un juego de palabras con impacto inesperado
De acuerdo con edie, la campaña de American Eagle con Sydney Sweeney se basa en un video donde la actriz aparece frente a un cartel que dice “Sydney Sweeney has great genes”, pero la palabra “genes” es tachada para ser reemplazada por “jeans”. En otra parte del anuncio, Sweeney explica con tono casual que los genes determinan características heredadas como color de ojos o cabello, pero que sus jeans son “azules”, haciendo énfasis en la prenda.
Este juego de palabras aparentemente inocente fue recibido con reacciones encontradas. Mientras algunos vieron una campaña fresca y divertida, otros señalaron que la alusión a “genes” —particularmente en una mujer blanca, rubia y de ojos azules— no puede separarse del contexto histórico y social de la eugenesia y la supremacía blanca. Así, lo que fue un simple juego lingüístico se convirtió en motivo de debate sobre los mensajes implícitos en la publicidad.
La importancia de este apartado radica en el reconocimiento de que las palabras en la publicidad no son neutras y que, al escoger ciertos términos o imágenes, las marcas deben evaluar cuidadosamente el posible impacto social.
La polémica en redes sociales: ¿un eco de supremacía blanca?
En plataformas como X (antes Twitter) y TikTok, varios usuarios calificaron la campaña como “insensible” o “desafortunada”, argumentando que usar a una mujer con rasgos considerados “ideales” y destacar sus “genes” podría interpretarse como un guiño a ideologías racistas. Una usuaria expresó:
“En un país donde la diversidad está en debate, poner énfasis en la genética de alguien como Sydney Sweeney se siente muy fuera de lugar”.
Esta percepción conecta con un contexto político donde se ha cuestionado la reducción de programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) en Estados Unidos, lo que amplifica la sensibilidad respecto a mensajes que pueden interpretarse como exclusión o discriminación. La campaña de American Eagle con Sydney Sweeney quedó entonces en el ojo del huracán, como ejemplo de cómo la comunicación puede ser interpretada en clave política.
No obstante, hay que subrayar que estos cuestionamientos reflejan una creciente demanda social para que las marcas adopten un enfoque más responsable y consciente sobre los símbolos y términos que emplean.
Apoyo desde la derecha política y la narrativa anti-“woke”
Por otro lado, la campaña recibió elogios de algunos sectores conservadores que interpretaron el anuncio como una crítica implícita a la cultura “woke” y las políticas de inclusión. Usuarios en redes celebraron que la marca usara la imagen de Sydney Sweeney para desafiar lo que llaman “publicidad políticamente correcta”.
Este apoyo refleja una polarización creciente en la opinión pública sobre temas de diversidad y responsabilidad social, donde ciertos mensajes pueden ser vistos como provocadores o reafirmantes de valores tradicionales. En este contexto, la campaña de American Eagle se convierte también en un símbolo de la batalla cultural en curso.
Así, la campaña no solo ha puesto en evidencia la sensibilidad social alrededor del lenguaje y la imagen, sino también la complejidad de comunicar sin generar rupturas en un público cada vez más fragmentado.
La ausencia de respuesta oficial y el mensaje de la marca
Hasta el momento, ni American Eagle ni Sydney Sweeney han emitido comentarios públicos para responder a las acusaciones. La marca, sin embargo, sí promovió la colaboración con Sweeney en el diseño de “The Sydney Jean”, un modelo que incluye un motivo de mariposa en el bolsillo trasero como símbolo de conciencia sobre la violencia doméstica.
Además, American Eagle ha declarado que el 100% de las ganancias de este jean serán donadas a Crisis Text Line, una organización que brinda apoyo confidencial de salud mental. Desde la empresa, la campaña fue descrita como una celebración del estilo icónico de la marca, destacando el carisma y autenticidad de la actriz.
Esta acción muestra que, más allá de la controversia, la marca intenta proyectar un compromiso social, aunque la polémica evidencie la necesidad de reforzar la sensibilidad en la comunicación para evitar malinterpretaciones.
Lecciones para la comunicación responsable en la publicidad
La polémica generada por la campaña de American Eagle con Sydney Sweeney deja varias lecciones para profesionales de la responsabilidad social. Primero, que el contexto histórico y social debe ser un filtro clave en la construcción de mensajes publicitarios. Un juego de palabras que puede parecer inocuo tiene el potencial de tocar fibras sensibles relacionadas con identidades, inclusión y justicia social.
Segundo, la importancia de anticipar cómo diversos públicos pueden interpretar un mismo mensaje. En un entorno mediático hiperconectado, la reacción puede ser rápida y global, con impactos en la reputación corporativa y la confianza del consumidor.
Finalmente, la controversia muestra que el compromiso social de una marca debe ir más allá de iniciativas filantrópicas o simbólicas, e incluir una estrategia integral de comunicación inclusiva y consciente.
La campaña de American Eagle con Sydney Sweeney evidencia cómo un mensaje publicitario puede generar interpretaciones muy diversas, desde acusaciones de supremacía blanca y eugenesia hasta apoyo a un discurso anti-“woke”. En un contexto social y político polarizado, la responsabilidad social en la comunicación se vuelve más crítica que nunca.
Para las empresas, el reto consiste en equilibrar creatividad y autenticidad con una sensibilidad profunda hacia la diversidad y los posibles impactos simbólicos. La reflexión y el diálogo que ha despertado esta campaña son un llamado a fortalecer prácticas de comunicación responsables que fomenten la inclusión y eviten malentendidos que pueden dañar la reputación y confianza social.
Starbucks México, operado por Alsea, mantiene vivo el corazón de su compromiso con los caficultores del país a través de la edición 2025 de “Todos Sembramos Café”, su iniciativa insignia de impacto social en origen. Desde su inicio el 23 de junio y hasta el 4 de agosto, el programa ha reunido la participación de clientes y fanáticos de Starbucks que han decidido sumarse a esta causa, para donar 815,000 plantas de café resistentes a la roya a comunidades productoras de Chiapas, Veracruz y Puebla.
Esta nueva etapa consolida más de una década de trabajo continuo con el campo mexicano. En sus 11 ediciones, “Todos Sembramos Café” ha transformado la vida de más de 20,000 caficultores y ha permitido la donación de más de 4.8 millones de plantas. Para 2025, se espera alcanzar las 5.6 millones de plantas entregadas.
“Cada año renovamos nuestro compromiso con quienes cultivan el café que disfrutamos todos los días. A través de ‘Todos Sembramos Café’, no solo impulsamos la renovación de cafetales, también fortalecemos el acceso a capacitación técnica, salud y prácticas sostenibles que empoderan a las comunidades. Este año, además de mantener activa la campaña en tiendas, hemos acercado el programa a nuevas regiones, abriendo espacios para escuchar directamente a quienes viven el café desde su raíz”, señaló Sarai Jiménez, directora de Construcción de Marca y Reputación en Alsea Starbucks.
Testimonios de norte a sur
Como parte de las acciones 2025, Starbucks México llevó el mensaje del programa a dos de las ciudades más representativas del país.
En Monterrey, especialistas del Farmer Support Center, caficultores y representantes del gobierno de Nuevo León participaron en el foro “Todos Sembramos Café: 11 años sembrando el futuro del campo cafetalero”. Este espacio sirvió para compartir historias reales de transformación y difundir buenas prácticas agrícolas que hoy se implementan en comunidades de Chiapas, Veracruz, Puebla y Nayarit.
En Ciudad de México, el programa se vivió a través de una experiencia sensorial dirigida a los Partners de todo el país, que día con día hacen realidad este programa, quienes conocieron los avances del programa en voz de los propios caficultores.
Un programa que innova y crece
“Todos Sembramos Café” se acompaña de esfuerzos integrales que promueven una agricultura más resiliente. Junto al Farmer Support Center de Starbucks en Chiapas, se han desarrollado iniciativas como la implementación de estaciones meteorológicas, distribución de ecomills que reducen hasta 90 % el uso de agua en el beneficio húmedo, y la producción de fertilizantes orgánicos a partir de composta.
Fundación Aleatica anuncia la tercera edición del Premio Somos Seguridad Vial, una iniciativa de innovación abierta que impulsa soluciones efectivas y sostenibles para enfrentar los principales retos de seguridad vial en México, donde los hechos viales causan más de 16 mil fatalidades al año.
Esta edición amplía su alcance al incorporar por primera vez a startups con proyectos en etapa de implementación, que se suman a las Organizaciones de la Sociedad Civil que tradicionalmente han participado, diversificando enfoques y fortaleciendo el impacto de las soluciones para abordar desafíos como: exceso de velocidad; falta de equipamiento y conductas de riesgo en motociclistas; no uso del cinturón de seguridad en todos los ocupantes de vehículos; consumo de alcohol o estupefacientes al conducir; uso de celular y otros distractores; rebases inseguros y prevención de atropellamientos.
Las iniciativas deberán estar orientadas y diseñadas para implementarse en las zonas aledañas a las concesiones de Aleatica en México.
Además, todos los y las participantes recibirán una capacitación estratégica impartida por Global Alliance of NGOs for Road Safety, red líder internacional con más de 400 afiliados y presencia en más de 100 países reconocida por su experiencia en formación y fortalecimiento de capacidades en seguridad vial. Este acompañamiento brindará a los equipos de las organizaciones y startups herramientas de alto nivel para escalar su impacto, alinear sus proyectos con estándares globales y ganar visibilidad nacional e internacional.
Adicionalmente, todos los proyectos participantes recibirán un acompañamiento estratégico que incluye seis horas y media de capacitaciones para fortalecer sus propuestas. Los equipos finalistas, además, contarán con una sesión personalizada de dos horas (1:1) para prepararse rumbo al Pitch Day, la instancia final en la que presentarán lo mejor de cada iniciativa ante el jurado. Los proyectos deberán responder a alguno de los siguientes retos:
● Seguridad sobre dos ruedas para fortalecer el motociclismo seguro, a través de intervenciones integrales.
● Transformando puntos de riesgo para una infraestructura que priorice a los usuarios.
● Cultura vial en movimiento para promover comportamientos responsables en toda la pirámide de movilidad.
Se buscan proyectos que combinen innovación, evidencia, sostenibilidad, escalabilidad y relevancia, en el marco del Enfoque de Sistema Seguro. Se otorgarán tres premios de $400,000, $350,000 y $300,000 MXN (IVA incluido), que suman $1,050,000 para las propuestas ganadoras.
Fechas relevantes:
● Candidaturas y presentación de propuesta: 23 julio al 26 de agosto
● Capacitaciones para fortalecer propuestas: 2, 5, 9 y 12 septiembre
● Cierre de convocatoria: 12 de octubre
● Selección de finalistas: 24 de octubre
● Capacitación Perfect Pitch: 3 y 10 de noviembre
● Pitch Day y Premiación: 26 de noviembre
Con esta iniciativa, Fundación Aleatica reafirma su compromiso con una movilidad más segura y sostenible, en alineación con el Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030, que busca reducir a la mitad las fatalidades y lesiones causadas por hechos viales en todo el mundo.
Convocamos a medios especializados, redes de innovación, colectivos ciudadanos y actores del ecosistema emprendedor a difundir esta convocatoria y sumarse a esta misión compartida.
Grupo Bimbo se enorgullece en anunciar su firme compromiso de eliminar colorantes artificiales de todo su portafolio de productos para finales del 2026. Este paso representa un avance significativo en el compromiso de la Compañía de ofrecer recetas simples y naturales en todo su portafolio global.
Hoy en día, el 99% de los productos de consumo diario de Grupo Bimbo— incluyendo sus principales categorías de pan, bollería, tortillas, bagels y english muffins—ya son libres de saborizantes y colorantes artificiales. Estas categorías representan aproximadamente el 50% de las ventas netas globales de la Compañía y más del 70% de las ventas en Estados Unidos.
Adicionalmente, la ATNI1 ha reconocido a Grupo Bimbo como una de las cuatro principales empresas de alimentos a nivel global, por su compromiso con mejorar la calidad nutricional de sus productos, implementar prácticas de mercadotecnia responsables y ampliar la accesibilidad a su portafolio de productos.
“Seguimos avanzando hacia nuestros objetivos de salud y bienestar,” comentó Rafael Pamias, Director General de Grupo Bimbo. “Para finales de este año, esperamos que el 100% de nuestro portafolio de pan, bollería y productos para el desayuno ofrezca una nutrición positiva, alcanzando una calificación de 3.5 o superior en el Health Star Rating2. De cara al futuro, estamos ampliando nuestro enfoque con una meta ambiciosa: lograr que para el 2026, todos nuestros productos estén libres de colorantes artificiales. Y para el 2030, aspiramos a que el 100% de nuestros productos horneados y botanas estén elaborados con recetas simples y naturales—garantizando que continúen siendo seguros, nutritivos, accesibles y al alcance de las familias en todo el mundo.”
Este compromiso refuerza el liderazgo de Grupo Bimbo en salud y bienestar, así como su Propósito de Alimentar un mundo mejor.
1 Access to Nutrition Initiative (ATNI) es una fundación global que desafía activamente a la industria alimentaria, a los inversionistas y a los responsables de políticas públicas para impulsar sistemas alimentarios más saludables.
2 Health Star Rating (HSR) es un estándar internacional creado en Australia y Nueva Zelanda. Su metodología evalúa el perfil nutricional de alimentos y bebidas envasados, asignándoles una calificación que va de 0.5 hasta 5 estrellas.
Cuando se habla de responsabilidad social empresarial, es común imaginar grandes corporativos con fondos millonarios y áreas especializadas. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas (pymes) también tienen un papel crucial en la transformación social y ambiental de sus comunidades. Y sí, es posible hacerlo sin contar con grandes presupuestos.
En un país como México, donde más del 99% de las empresas son pymes, apostar por modelos sostenibles e inclusivos no es solo deseable, sino urgente. Lo importante no es el tamaño de la inversión, sino la claridad del propósito, la creatividad de las acciones y el compromiso con el entorno. Esta nota propone un camino realista y estratégico para implementar prácticas de impacto desde lo local y con lo disponible.
Cambiar la lógica: del gasto al valor
Muchas pymes creen que ser responsables socialmente es un lujo. En realidad, es una inversión a largo plazo que fortalece la reputación, mejora el clima laboral y genera fidelidad entre clientes. La clave está en redefinir qué significa valor: no solo ingresos, sino relaciones sostenibles.
Implementar prácticas de impacto no implica contratar consultores costosos, sino observar lo que ya se hace e identificar cómo mejorarlo. ¿Puedes reducir residuos? ¿Puedes ofrecer horarios flexibles o contratar a personas en situación vulnerable? La RSE no empieza con dinero, sino con intención.
Un ejemplo claro: una panadería que dona su excedente diario a un comedor comunitario. No hay un costo adicional, pero sí un enorme beneficio reputacional y social. Se trata de hacer visible el impacto desde la operación cotidiana.
Diagnosticar desde dentro
El primer paso para implementar prácticas de impacto es conocerse: entender qué recursos tienes, cómo operas y cuáles son los riesgos sociales o ambientales asociados a tu negocio. Esto no requiere una auditoría compleja, sino honestidad y autodiagnóstico.
Puedes empezar con una matriz muy sencilla: identificar actividades clave, posibles impactos (positivos y negativos) y acciones correctivas o potenciadoras. Muchas organizaciones civiles ofrecen talleres gratuitos o herramientas abiertas para este tipo de análisis.
Además, incluir al equipo en este proceso genera pertenencia. Hacer una lluvia de ideas con el personal puede dar origen a ideas valiosas y prácticas que no habías considerado, desde campañas internas hasta alianzas comunitarias.
Voltear a ver a la comunidad
Las pymes están ancladas al territorio. Eso les da una ventaja sobre las grandes empresas: conocen de cerca a su comunidad. Por eso, muchas de las mejores estrategias para implementar prácticas de impacto surgen del diálogo con actores locales.
Puedes empezar preguntando: ¿qué necesita mi comunidad que yo, como pyme, puedo ofrecer? Tal vez sea capacitar a jóvenes, dar espacio a artistas locales o promover el consumo responsable entre tus clientes. La acción más efectiva es la que responde a un contexto real.
Además, generar alianzas con ONGs locales, universidades o colectivos puede ampliar tu alcance sin demandar grandes inversiones. Lo que para ti puede ser un recurso menor, para otros actores puede marcar una diferencia.
Medir lo que realmente importa
Implementar buenas prácticas no sirve de mucho si no se pueden medir. Pero no estamos hablando de reportes extensos o complejos. Se trata de indicadores simples, que ayuden a entender si las acciones están generando valor.
Por ejemplo, si decides implementar prácticas de impacto enfocadas en reducir tu huella ambiental, mide los kilos de residuos reciclados al mes. Si tu enfoque es social, mide cuántas personas beneficiadas o horas de voluntariado aportadas.
Medir permite ajustar, celebrar logros y, sobre todo, comunicar de forma honesta. La transparencia construye confianza. Incluso con recursos limitados, una pyme puede mostrar resultados tangibles si define metas claras desde el principio.
Apostar por la comunicación auténtica
Uno de los errores más comunes es querer comunicar como lo haría una gran marca. Pero la autenticidad es una ventaja competitiva para las pymes. No necesitas campañas costosas; necesitas contar buenas historias reales.
Explica por qué decidiste implementar prácticas de impacto, qué desafíos enfrentaste y qué lograste. Usa redes sociales, newsletters o incluso tu propio empaque para contar historias. Las personas conectan con propósitos, no con cifras frías.
Además, involucrar a tus clientes y proveedores en tus acciones multiplica el alcance. Por ejemplo, si organizas una colecta, invítalos a participar. Así, tu impacto se convierte en una red de colaboración.
Crear una cultura desde lo cotidiano
La sostenibilidad no es un proyecto aislado: es una forma de hacer empresa. Por eso, más allá de acciones puntuales, el reto para las pymes es integrar la responsabilidad social en la cultura interna.
Esto significa que todas y todos en la empresa entiendan por qué implementar prácticas de impacto es importante, y cómo pueden aportar desde su rol. Desde apagar las luces al salir, hasta proponer mejoras en productos o procesos.
La cultura se construye con coherencia. Si el liderazgo predica con el ejemplo, si se reconocen las buenas prácticas y se aprende de los errores, entonces la sostenibilidad deja de ser una carga y se convierte en motivación.
La buena noticia es que no necesitas millones para transformar tu entorno. Lo que se necesita es voluntad, visión y constancia. Las pymes tienen un potencial inmenso para implementar prácticas de impacto significativas, escalables y auténticas.
En un contexto en el que la ciudadanía espera más de las empresas —no solo productos, sino compromiso—, las pymes pueden diferenciarse si hacen de la sostenibilidad parte de su ADN. El primer paso no cuesta dinero: cuesta decisión.
Y tú, ¿ya comenzaste a generar impacto desde lo que está en tus manos?
Durante años, la “S” de ESG ha sido la letra menos definida del acrónimo. Mientras los avances ambientales y de gobernanza encuentran terreno fértil en métricas claras y certificaciones técnicas, lo social ha sido más complejo de cuantificar, especialmente en sectores como la construcción, donde los ladrillos pesan más que las personas. Sin embargo, el contexto actual exige que lo social deje de ser intangible.
De acuerdo con edie, hoy, más del 90% de las empresas del S&P 500 reportan avances en materia ESG. Pero si buscamos que nuestras ciudades reflejen los valores que promovemos en papel, debemos replantear cómo entendemos la “S” de ESG. Porque los edificios no existen por sí mismos: existen para quienes los habitan, los transitan y los hacen comunidad.
De letra olvidada a prioridad estratégica
En el contexto del entorno construido, la “S” de ESG ha sido la más difícil de operacionalizar. Tradicionalmente relegada a iniciativas filantrópicas o beneficios reputacionales, su impacto en la construcción ha sido poco claro. ¿Cómo se mide la inclusión o el bienestar en el acero y el concreto?
Lo que antes era un diferencial se está convirtiendo en una expectativa básica. Los desarrollos que no consideran factores sociales desde la planeación ya no son competitivos. Y no solo se trata de imagen: cada vez más, el impacto social forma parte del rendimiento financiero de los activos inmobiliarios.
Para muchos inversionistas, esta evolución representa una oportunidad. Aquello que no se medía empieza a convertirse en una ventaja comparativa. La industria ya no pregunta si debe integrar la “S” de ESG, sino cómo hacerlo efectivamente.
Inversión con impacto: una nueva exigencia del capital
El cambio no solo viene desde dentro de las empresas, sino también desde quienes ponen el capital. Más del 80% de los inversionistas globales reconocen que es posible generar rendimientos positivos al enfocarse en resultados ambientales y sociales. Y el 59% planea aumentar su asignación hacia estas inversiones en el próximo año.
Esto cambia radicalmente el juego para la industria de la construcción. Ya no basta con tener certificaciones verdes o compromisos públicos; los inversionistas quieren ver evidencia clara de cómo los proyectos benefician a la sociedad y no solo al medio ambiente.
El rendimiento ya no se mide exclusivamente en metros cuadrados vendidos o rentados, sino también en inclusión, salud comunitaria, generación de empleo y cohesión social. La “S” de ESG es, cada vez más, una fórmula de negocio sólida.
El desafío de medir lo intangible
A diferencia de las toneladas de CO₂ evitadas, el valor social es más difícil de traducir en cifras concretas. La salud mental, la equidad, el sentido de pertenencia o la integración comunitaria son indicadores relevantes, pero complejos de monitorear.
Esto no significa que no puedan ser medidos, sino que requieren nuevos marcos, herramientas y voluntad para cambiar la forma de hacer ciudad. Aquí es donde entra el valor de esquemas como BREEAM, que han comenzado a integrar la dimensión social a lo largo del ciclo de vida de los edificios.
Con modelos como este, lo intangible se convierte en criterio de diseño, en eje de operación y en métrica de evaluación. La “S” de ESG se vuelve un componente indispensable para quienes buscan construir con visión a largo plazo.
BREEAM: de la intención al indicador
Durante más de 30 años, el marco BREEAM ha demostrado que el impacto social no es solo medible, sino también rentable. Al incluir aspectos como salud, bienestar, cohesión y empleo local en sus criterios, ha ayudado a redefinir lo que significa un edificio de calidad.
Esto desafía la idea —aún vigente en algunos sectores— de que el valor social está en conflicto con la rentabilidad. De hecho, estudios como el de Savills revelan que los edificios sostenibles generan una prima del 12% en el mercado residencial y hasta siete veces más ingresos por rentas de oficinas.
Integrar la “S” de ESG en las estrategias de construcción no solo mejora la calidad de vida, también mejora los estados financieros. Es, literalmente, una inversión en el futuro.
Casos que inspiran: 22 Bishopsgate y el poder de la comunidad
Un ejemplo contundente de esta nueva visión es el edificio 22 Bishopsgate en Londres. Certificado con nivel BREEAM Excelente, no solo destaca por su eficiencia energética, sino por convertirse en el primer “pueblo vertical” de Europa.
Más de 9,300 m² fueron destinados a espacios comunitarios enfocados en salud, bienestar e inclusión. Alimentado con energía 100% renovable, el proyecto logró retención de inquilinos, rentas premium y un impacto socioeconómico superior a los mil millones de libras.
Este caso demuestra que construir con la “S” de ESG en mente genera beneficios tangibles y medibles. No se trata de añadir amenidades por moda, sino de construir entorno que respondan al propósito de generar valor colectivo.
Construir futuro: la “S” como ventaja competitiva
Los entornos construidos no pueden quedarse atrás en un mundo donde los desafíos sociales son tan urgentes como los climáticos. En una era de mayor escrutinio regulatorio, inversionistas más conscientes y usuarios más exigentes, el valor social ya no es negociable.
Convertir lo social en ventaja competitiva significa traducir conceptos como inclusión o salud en decisiones de diseño, operación y mantenimiento. Significa también comunicar estos impactos de forma clara, con evidencia, y no con promesas vagas que pueden caer en greenwashing social.
Adoptar estándares como BREEAM es una vía probada para avanzar. Pero, más allá de la certificación, se trata de entender que la “S” de ESG es la base sobre la cual se construyen las ciudades del mañana.
La “S” de ESG no es un extra. Es el centro del valor social en el entorno construido. Al reconocer su importancia y diseñar proyectos desde y para las personas, podemos construir no solo edificios, sino comunidades resilientes, saludables y sostenibles. La ciudad del futuro no será solo inteligente o ecológica, será profundamente humana. Y eso empieza, ladrillo a ladrillo, entendiendo el verdadero peso de lo social.
Todo comenzó con un suéter rosa de acrílico barato. Al girar en la lavadora, uno de sus hilos se desprendió y, junto con cientos de miles de microfibras sintéticas más, comenzó un viaje insospechado. Invisible para el ojo humano, ese fragmento diminuto no solo evadió los filtros del sistema de aguas residuales, sino que también encontró una ruta directa hacia el entorno natural.
Así viajan los microplásticos: del hogar al campo, del campo al organismo, del organismo a los sistemas más remotos del planeta y a lo más íntimo del cuerpo humano. Esta es la historia de un contaminante que no conoce límites y que, sin control, pone en riesgo la salud de los ecosistemas y de toda forma de vida que los habita.
Del drenaje al campo: fertilizante con trampa
De acuerdo con The Guardian, en muchos países desarrollados, los lodos de depuradora, cargados de nutrientes orgánicos, son reutilizados como fertilizantes agrícolas. Lo que parece una estrategia sustentable se convierte en un problema silencioso cuando ese lodo también contiene plásticos. Una planta de tratamiento en Gales detectó que hasta el 1 % del peso del lodo era plástico.
Este sistema —aparentemente circular— se transforma así en una vía de entrada masiva de microplásticos al suelo agrícola. Millones de toneladas de estos residuos se esparcen inadvertidamente sobre los cultivos. Así viajan los microplásticos desde nuestras lavadoras hasta el pan que consumimos, infiltrándose en una cadena alimentaria que no estaba diseñada para convivir con materiales sintéticos.
Al integrar el plástico al suelo, estamos convirtiendo a los cultivos en transmisores de una contaminación que no solo daña el entorno, sino que también alcanza al cuerpo humano con efectos aún desconocidos a largo plazo.
Ecosistemas del subsuelo: cuando los gusanos comen plástico
Bajo la superficie, donde la vida se organiza en redes complejas de microorganismos, raíces e invertebrados, los microplásticos siguen su trayecto. Las lombrices, esenciales para la salud del suelo, ingieren estas fibras al confundirlas con materia orgánica. Un estudio reciente reveló que una de cada tres lombrices ya contiene plásticos en su sistema digestivo.
El impacto es profundo y silencioso. Al no poder digerir el material, estos organismos pierden peso, presentan daños celulares y reducen su capacidad de fertilizar la tierra. Babosas, caracoles, ácaros y nematodos también son víctimas de esta intoxicación silenciosa, lo que compromete toda la estructura del suelo.
Así viajan los microplásticos por el corazón mismo de los ecosistemas terrestres, afectando funciones fundamentales como la retención de agua, el ciclo de nutrientes y la biodiversidad microbiana, todos esenciales para la seguridad alimentaria.
De los insectos a las aves, y de allí al humano
Un simple gusano contaminado se convierte en comida para un erizo, un ratón o un pájaro. Un estudio detectó fibras de poliéster —algunas rosadas— en los excrementos de erizos silvestres, ratificando la forma en que los plásticos ascienden por la cadena alimentaria. Las aves, como vencejos y mirlos, no solo los ingieren al cazar insectos contaminados, sino también los inhalan.
La carne, la leche y la sangre de animales de granja ya contienen microplásticos. Esto indica que el viaje del hilo rosado no es exclusivo de los ecosistemas naturales: se integra también a los sistemas agroindustriales. En consecuencia, los humanos ingerimos en promedio 50,000 partículas plásticas al año, según estimaciones recientes.
Así viajan los microplásticos hasta nuestros pulmones, nuestra sangre, incluso hasta la placenta humana y el cerebro. No hay órgano que haya escapado de su presencia, y todavía no comprendemos del todo las consecuencias médicas y epigenéticas de esta exposición constante.
El viento, la lluvia y el mar: esparciendo plástico por el planeta
Tras pasar por múltiples organismos, el ciclo de vida de un microplástico no se agota. Cuando un animal muere, la fibra vuelve al suelo, lista para reiniciar su trayectoria. Si el terreno es arado, el hilo puede quedar expuesto al viento y ser transportado a kilómetros de distancia. O puede ser arrastrado por lluvias intensas hasta un río, y de ahí, al océano.
Este fenómeno se conoce como la “espiral del plástico”. En Estados Unidos, estudios han detectado microplásticos incluso en parques nacionales como el Gran Cañón y Joshua Tree. En el Ártico, el hielo marino contiene hasta 12,000 partículas por litro, arrastradas por corrientes oceánicas y vientos contaminados.
Así viajan los microplásticos a lo largo de todo el planeta, alcanzando incluso lugares prístinos. Su resistencia a la degradación les permite mantenerse activos durante siglos, contaminando sin descanso.
Dentro de las plantas: raíces, tallos y frutos contaminados
En las etapas finales de su fragmentación, los microplásticos se transforman en nanoplásticos, tan pequeños que pueden infiltrarse en las células de las raíces de las plantas. Estudios recientes los han detectado en hojas, tallos y frutos, donde afectan procesos celulares clave como la fotosíntesis y el transporte de nutrientes.
Wheat, lettuce and rice have been found to contain these particles, marking one more stage in their journey into the human diet. This microscopic contamination is nearly impossible to detect in food products, making it a silent but widespread health risk.
Así viajan los microplásticos no solo entre organismos vivos, sino entre sistemas de cultivo, modelos de producción y mercados alimentarios. Su presencia ya no es anecdótica: es estructural.
La responsabilidad que no se asume
Desde los años 50, hemos producido más de 8.300 millones de toneladas de plástico. La gran mayoría sigue existiendo, de alguna forma, en nuestro entorno. Gran parte de esta responsabilidad recae en industrias como la moda rápida, los envases de consumo masivo y la agroindustria, que aún no asumen el costo de esta contaminación.
Emily Thrift, investigadora de la Universidad de Sussex, afirma que sin penalizaciones y políticas fuertes, el ciclo del plástico no se detendrá. El consumidor individual puede reducir su impacto, pero no tiene las herramientas para cambiar el sistema. La rendición de cuentas debe escalar a nivel institucional y corporativo.
Así viajan los microplásticos, alimentados por modelos económicos que priorizan el volumen y la velocidad sobre la sostenibilidad y la salud del planeta.
Repensar el futuro desde el primer hilo
Esta historia —aunque ficticia en su narración— se basa en datos científicos reales y en una urgencia ineludible. Ese hilo rosa representa más que una fibra plástica: simboliza la fragilidad de nuestras decisiones cotidianas y la magnitud de sus consecuencias.
Comprender cómo viajan los microplásticos es un llamado a transformar nuestras cadenas de producción, nuestras políticas públicas y nuestras exigencias ciudadanas. Si queremos frenar su avance, debemos actuar desde el origen: antes de que se fabrique ese suéter barato, antes de que el hilo llegue al drenaje.
Solo así podremos romper la espiral y redibujar un planeta donde el plástico ya no sea parte inevitable de nuestra biología.
En la era digital, cada clic, búsqueda o publicación que hacemos deja una huella. A menudo pensamos en la contaminación ambiental, pero ignoramos la invisible huella que dejamos al usar internet, almacenar datos o enviar correos. Esta huella digital también tiene un impacto ambiental, ya que la energía requerida para alimentar centros de datos, redes y dispositivos es considerable.
Reducir tu huella digital es una forma inteligente y necesaria de participar activamente en la lucha contra el cambio climático. No solo se trata de proteger tu privacidad, sino también de tomar decisiones conscientes sobre tu comportamiento en línea. Esta guía presenta 12 formas de reducir tu huella digital que puedes aplicar de inmediato, tanto a nivel personal como desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial.
12 formas de reducir tu huella digital
1. Limpia tu bandeja de entrada y archivos en la nube
Cada correo electrónico almacenado en servidores consume energía. Eliminar correos viejos, especialmente los que contienen archivos adjuntos pesados, es una de las formas más simples de reducir tu huella digital. Lo mismo aplica para documentos, fotos o videos en la nube que ya no necesitas.
Además, desuscribirte de boletines que no lees reduce el número de correos entrantes y, por ende, el uso de servidores. Mantener tu nube ordenada y actualizada también es una práctica clave de higiene digital con impacto ambiental positivo.
2. Evita los correos innecesarios
Un simple “gracias” o “recibido” puede parecer inofensivo, pero si se multiplica por millones de usuarios, representa una carga energética considerable. Opta por una comunicación más eficiente y directa, sobre todo en entornos corporativos.
Los correos electrónicos generan emisiones a lo largo de su vida útil: desde su redacción hasta su almacenamiento. Reducir el número de envíos diarios es una de las formas de reducir tu huella digital más eficaces en organizaciones.
3. Optimiza el uso de videollamadas
Las videollamadas consumen muchos más recursos que una llamada de voz o un correo electrónico. En reuniones internas que no requieren cámara, puedes optar por el modo solo audio para minimizar el impacto.
Además, promueve una cultura laboral que no abuse del tiempo en videoconferencias. Esta práctica no solo mejora la eficiencia, sino que contribuye significativamente a reducir la demanda energética de las plataformas digitales.
4. Cierra pestañas y apps que no estás usando
Mantener abiertas múltiples pestañas o aplicaciones en segundo plano incrementa el uso de memoria y energía en tus dispositivos. Es una forma silenciosa pero constante de contaminar sin darnos cuenta.
Hacer una limpieza habitual de lo que realmente estás usando en el momento optimiza el rendimiento y disminuye el consumo innecesario de energía. Es una de las formas de reducir tu huella digital que no requiere esfuerzo, solo atención.
5. Configura el modo oscuro y el ahorro de energía
El modo oscuro en apps y dispositivos no solo es estéticamente atractivo, también ayuda a consumir menos energía, especialmente en pantallas OLED. Configurar tus gadgets para que utilicen menos brillo y se apaguen automáticamente tras cierto tiempo es muy recomendable.
Además, el uso de “modo ahorro” en smartphones y laptops reduce la actividad en segundo plano. Este ajuste disminuye el consumo energético y alarga la vida útil del dispositivo, impactando positivamente el medio ambiente.
6. Elige motores de búsqueda responsables
Algunas alternativas como Ecosia o Lilo donan parte de sus ingresos a proyectos de reforestación o sostenibilidad. Cambiar tu buscador habitual por uno de estos puede parecer un detalle mínimo, pero suma a largo plazo.
Promover el uso de tecnologías con propósitos socioambientales es una excelente estrategia de responsabilidad social digital. También puedes incorporar estos buscadores en los equipos de tu organización.
7. Reduce el tiempo de streaming
Ver series o escuchar música en streaming consume enormes cantidades de energía al requerir transmisiones constantes desde servidores. Descargar tus contenidos preferidos cuando sea posible es una alternativa más eficiente.
Evita dejar videos o playlists encendidos como ruido de fondo. Usar plataformas que permitan reproducción offline o establecer límites de tiempo de uso también contribuyen a una navegación más sostenible.
8. Actualiza solo cuando sea necesario
Muchas veces actualizamos aplicaciones o sistemas operativos sin evaluar si realmente necesitamos las nuevas funciones. Cada descarga requiere energía, tanto para ti como para los servidores de las empresas tecnológicas.
Adoptar una política de actualización consciente ayuda a reducir el tráfico digital innecesario. También puedes desactivar las actualizaciones automáticas para decidir cuándo y cómo hacerlas.
9. Desinstala apps que no usas
Cada aplicación instalada representa datos que se sincronizan, almacenan y actualizan constantemente. Eliminar las que no usas libera espacio y disminuye la actividad digital de tu dispositivo.
Esto no solo mejora el rendimiento, también reduce el número de procesos en segundo plano que consumen energía. Es una de las formas de reducir tu huella digital más sencillas y efectivas.
10. Apaga y desconecta tus dispositivos
Dejar tu computadora o router encendidos todo el tiempo, incluso en modo reposo, sigue generando un consumo energético constante. Apagar y desconectar equipos cuando no se están usando es clave.
Además, esta práctica prolonga la vida útil de tus dispositivos, lo que evita generar desechos electrónicos con frecuencia. La reducción del consumo eléctrico es una medida directa y medible.
11. Gestiona bien tus contraseñas y cuentas
Mantener cuentas inactivas abiertas o perfiles sin uso genera almacenamiento innecesario en servidores. Cerrar cuentas que ya no usas y evitar duplicados es parte del buen manejo digital.
Además, usar un gestor de contraseñas te permite reducir el tiempo de conexión y el número de intentos de acceso, lo cual también impacta el rendimiento energético de los sistemas.
12. Educa y promueve una cultura digital sostenible
Adoptar estas medidas es importante, pero también lo es compartirlas con otros. Generar conciencia sobre el impacto de nuestras acciones en línea es esencial para un cambio estructural.
Puedes incorporar estas prácticas en campañas de responsabilidad social, formaciones internas o incluso en las políticas de uso digital de una empresa. Educar es la base de cualquier transformación significativa.
¿Por qué tu huella digital importa?
La mayoría de las personas desconoce que el mundo digital también tiene una huella de carbono. Los centros de datos que almacenan tus fotos, correos y búsquedas funcionan 24/7 y requieren una cantidad enorme de electricidad. Si esta energía proviene de fuentes no renovables, el impacto ambiental es aún mayor.
Los hábitos digitales sostenibles se están convirtiendo en una necesidad. Desde las políticas corporativas hasta las decisiones individuales, reducir la huella digital puede ser un diferenciador clave en las estrategias de sostenibilidad. Además, se alinea con las exigencias de consumidores conscientes y regulaciones emergentes.
Digitalización sí, pero con conciencia
La digitalización no es el enemigo, pero sí lo es su uso irresponsable. El crecimiento exponencial del tráfico de datos sin planes sostenibles genera presión sobre los recursos naturales y las infraestructuras energéticas. Por ello, adoptar formas de reducir tu huella digital no significa frenar la innovación, sino dirigirla de forma ética y responsable.
Muchas empresas líderes en sostenibilidad ya están integrando métricas de huella digital en sus reportes ESG. Es el momento de que más organizaciones y usuarios individuales hagan lo mismo, adoptando una visión integral del impacto que generan sus decisiones tecnológicas.
Las formas de reducir tu huella digital no requieren grandes inversiones ni conocimientos técnicos avanzados. Solo necesitan voluntad y coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, tanto en nuestra vida personal como profesional. Estos cambios, aunque parezcan pequeños, se acumulan y generan un impacto positivo.
Incorporar una perspectiva crítica sobre el uso de la tecnología es parte esencial de vivir en un mundo sostenible. Cada acción digital es una decisión con consecuencias. Elegir una navegación más responsable es también una manera de cuidar al planeta y promover una cultura de conciencia digital para las próximas generaciones.
La informalidad laboral en 2025 ha alcanzado su punto más alto en los últimos años. Según cifras del INEGI, de los 60.2 millones de personas ocupadas en México, 33 millones trabajan en condiciones informales. Esto significa que más de la mitad de la población activa carece de acceso a derechos laborales básicos como seguridad social, prestaciones o contratos formales.
A pesar de una baja marginal en la tasa de desocupación, el crecimiento sostenido de la informalidad laboral en 2025 pone en evidencia un problema estructural que impacta el desarrollo económico, social y humano del país. El empleo informal no solo representa una forma de subsistencia, sino una trampa que perpetúa la desigualdad y limita el bienestar colectivo.
Un crecimiento sostenido, mes a mes
Este año inició con 32.2 millones de personas en la informalidad. Aunque se trata de una cifra elevada, la verdadera alerta comenzó con una escalada mensual constante: febrero cerró con 32.3 millones; marzo con 32.5; abril con 32.7 y mayo con 32.9. En junio, la cifra alcanzó los 33 millones, marcando un récord sin precedentes.
Este incremento paulatino revela una tendencia preocupante: la informalidad laboral en 2025 no es un fenómeno coyuntural, sino el reflejo de un sistema que no ha logrado absorber la demanda laboral con empleos formales y dignos. Cada mes suma miles de personas más que se incorporan al mercado sin una red de protección.
Este comportamiento es consistente con los registros históricos. En 2020, la informalidad se ubicó en 53%; en 2021 aumentó a 55.4%; en 2022 fue de 55.8% y en 2023 de 55.5%. En 2025, la tasa alcanzó 54.8%, un punto porcentual por encima del año anterior.
Impacto estructural en la calidad de vida
La informalidad no sólo se mide en cifras: se refleja en jornadas laborales interminables, salarios bajos, inseguridad económica y falta de protección ante enfermedades, accidentes o vejez. Las condiciones precarias se han normalizado para millones de personas que, aunque trabajan, siguen atrapadas en contextos de vulnerabilidad.
Beatriz Robles, Directora de Operaciones de Manpower México, lo resume claramente:
“Más de 33 millones de personas laboran hoy sin acceso a prestaciones, con bajos ingresos y en condiciones precarias. Esto impacta directamente en la productividad, la seguridad social y el bienestar”.
El trabajo informal se ha convertido en el espejo de una brecha estructural: es donde desembocan quienes no logran acceder al empleo formal por falta de oportunidades, educación o redes de apoyo. Mientras no se ataque este núcleo, el círculo vicioso de la desigualdad persistirá.
¿Por qué no se crean suficientes empleos formales?
El mercado laboral mexicano no ha logrado generar los más de un millón de empleos formales que se requieren cada año para absorber el crecimiento poblacional. La informalidad laboral en 2025 refleja esa deuda histórica que no sólo no se ha saldado, sino que se ha agravado.
El crecimiento económico no ha sido suficiente ni incluyente. Muchos de los sectores con mayor capacidad de generación de empleo, como la industria o los servicios, enfrentan obstáculos como altos costos fiscales, baja productividad o burocracia, lo cual desalienta la contratación formal.
Además, la falta de políticas públicas eficaces para incentivar la formalización y apoyar a las micro y pequeñas empresas refuerza el ciclo de la informalidad. Sin estímulos ni simplificación de trámites, la formalidad sigue siendo inaccesible para muchos emprendedores y trabajadores.
Más allá del empleo: informalidad y desigualdad
La informalidad laboral no es solo una variable económica: es también un fenómeno que reproduce y amplifica desigualdades sociales. Afecta más a mujeres, jóvenes y personas con bajos niveles de escolaridad, acentuando la brecha en acceso a oportunidades y bienestar.
Sin derechos laborales ni acceso a servicios como guarderías, salud o jubilación, estos grupos enfrentan mayores obstáculos para romper el ciclo de la pobreza. Además, el empleo informal limita las posibilidades de movilidad social y desarrollo profesional a largo plazo.
Esta situación tiene consecuencias directas en la cohesión social. En un país donde más de la mitad de los trabajadores no tiene garantizado lo mínimo, resulta complejo construir una sociedad equitativa y resiliente ante crisis económicas o sociales.
El rol del sector privado: urgencia de corresponsabilidad
La solución al problema de la informalidad no puede venir sólo del gobierno. Las empresas, especialmente las grandes y medianas, deben asumir un rol activo en la construcción de un mercado laboral más justo. Esto implica invertir en talento, formalizar cadenas de valor y promover relaciones laborales éticas.
Como señala Manpower, “si queremos reducir la informalidad y fortalecer el empleo, necesitamos crear un entorno que promueva la inversión y facilite la generación de trabajos formales”. Un mercado laboral robusto requiere la participación decidida del sector empresarial.
Programas de inclusión laboral, formación dual, apoyo a proveedores para formalizarse y respeto a los derechos laborales deben ser parte de una estrategia integral de responsabilidad social empresarial. Sin acciones concretas, el discurso de sostenibilidad se queda corto.
Políticas públicas que pongan a las personas al centro
En paralelo, es indispensable que el Estado priorice políticas públicas que fomenten la formalización. Esto incluye desde incentivos fiscales hasta capacitación laboral, acceso a financiamiento para pequeñas empresas y simplificación administrativa.
También es necesario que la informalidad laboral en 2025 se aborde con un enfoque interseccional, reconociendo las barreras específicas que enfrentan ciertos grupos poblacionales. Sin datos desagregados ni acciones focalizadas, los esfuerzos serán insuficientes.
Finalmente, urge consolidar un sistema de seguridad social universal, donde el acceso a salud, pensión y protección social no dependa exclusivamente de la formalidad. De lo contrario, millones seguirán fuera del radar institucional.
La informalidad laboral en 2025 no es sólo una cifra récord: es un reflejo de las fallas estructurales que arrastra el mercado laboral mexicano. Los 33 millones de personas que trabajan sin derechos nos recuerdan que el desarrollo sostenible no puede construirse sobre la precariedad.
Reducir esta cifra no será tarea de un solo sector. Gobierno, empresas y sociedad civil deben actuar con urgencia, responsabilidad y visión de futuro. Sólo así podremos garantizar que el trabajo sea, verdaderamente, una vía para mejorar la vida.
La hepatitis se ha convertido en la segunda causa infecciosa de muerte en el mundo, según el Informe Mundial sobre las Hepatitis 2024, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con 1.3 millones de fallecimientos anuales. Esta realidad evidencia una alerta global, ya que, pese a los avances en diagnóstico y tratamiento, el estancamiento en la cobertura de pruebas y terapias ha frenado el progreso.
Cada día, 3 mil 500 personas mueren por hepatitis B o C y se generan más de 6 mil nuevas infecciones. Esta situación es preocupante y pone en entredicho el cumplimiento de los objetivos de la OMS de erradicar la enfermedad hacia 2030, a menos que se tomen medidas inmediatas y sostenidas. Una de las principales recomendaciones de la organización es ampliar el acceso a pruebas y a vacunas contra la hepatitis, que siguen siendo una de las principales herramientas de prevención.
Por ello, en el marco del Día Mundial contra la Hepatitis, que se conmemora el 28 de julio, es fundamental reconocer a las empresas que adoptan acciones responsables para mitigar los daños humanos causados por esta enfermedad. Tal es el caso de Corporativo Kosmos, que desde su estrategia de responsabilidad social empresarial (RSE) está contribuyendo a prevenir y detectar la hepatitis entre sus colaboradores, inspirando a otras compañías a sumar esfuerzos en favor de la salud pública.
Prevención desde dentro: acciones responsables de Corporativo Kosmos
Corporativo Kosmos, empresa líder en servicios de alimentación en México, ha demostrado un compromiso firme con la salud y el bienestar de sus comunidades. Por ello, desde su estrategia de RSE, impulsa diversas iniciativas enfocadas en el cuidado integral de su plantilla laboral, entendiendo que el bienestar interno también fortalece la sostenibilidad empresarial.
En respuesta al aumento de casos de hepatitis a nivel global, la compañía ha desarrollado estrategias para detectar y prevenir esta enfermedad entre su personal, mediante acciones que promueven la salud individual, refuerzan la cultura de prevención dentro de la empresa y contribuyen a un entorno laboral más seguro y consciente.
¿Qué es la hepatitis y cómo identificarla?
La hepatitis es una inflamación del hígado que puede presentarse de forma aguda o crónica. Puede ser causada por virus, sustancias tóxicas, consumo excesivo de alcohol o trastornos autoinmunes. De los cinco tipos virales existentes (A, B, C, D y E), los más comunes en México y el mundo son la hepatitis A, B y C.
Entre los síntomas más comunes de esta enfermedad se encuentran:
Fiebre
Fatiga
Pérdida de apetito
Náusea y vómito
Dolor abdominal
Orina oscura
Heces de color arcilla
Dolor en las articulaciones
Ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos)
No obstante, es importante mencionar que algunas personas pueden ser portadoras asintomáticas, lo que refuerza la importancia de las pruebas de detección como medida preventiva. Frente a esta realidad, Corporativo Kosmos ha mantenido su compromiso con la salud de su equipo, incorporando campañas internas de prevención y diagnóstico oportuno de la hepatitis como las que se mencionan a continuación.
Vacunas contra la hepatitis y Ferias de la Salud: la estrategia de Corporativo Kosmos
Para Corporativo Kosmos, cuidar la salud de sus colaboradores es parte esencial de su responsabilidad social. Conscientes del impacto que tienen las enfermedades infecciosas en la vida laboral y personal, la empresa organiza dos Ferias de la Salud cada año en sus instalaciones, reforzando con ellas su política de bienestar.
En estas ferias, además de servicios como chequeos médicos generales, pruebas de glucosa y colesterol, medición de peso y talla, talleres de nutrición e higiene bucal, se aplican vacunas contra diferentes enfermedades, entre ellas vacunas contra la hepatitis A y B. Asimismo, se realizan pruebas para detectar esta enfermedad como parte de los servicios médicos recurrentes disponibles para los empleados en estas campañas.
Las Ferias también incluyen pruebas rápidas de VIH, orientación médica personalizada para casos de hipertensión, y actividades educativas que refuerzan la cultura del autocuidado y proporcionan a los colaboradores información sobre cómo prevenir y detectar diversas enfermedades de manera oportuna. Con acciones como estas, Corporativo Kosmos contribuye a mantener entornos laborales más saludables y con mayor conciencia preventiva.
La salud de los colaboradores: una prioridad para Corporativo Kosmos
El compromiso de Corporativo Kosmos con la salud de sus colaboradores es una muestra de cómo las empresas pueden formar parte activa en la solución de problemas de salud pública. A través de iniciativas como las Ferias de la Salud, la empresa ha logrado integrar estrategias efectivas de prevención y detección de enfermedades como la hepatitis.
La aplicación de vacunas contra la hepatitis y la realización constante de pruebas para su detección, reflejan una visión empresarial que prioriza la vida y el bienestar, y se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estas acciones permiten generar una cultura interna de responsabilidad y cuidado colectivo.
En un contexto global donde la hepatitis continúa cobrando miles de vidas al año, es indispensable que más organizaciones sigan el ejemplo de Corporativo Kosmos. La responsabilidad social debe ser un valor institucional y una práctica constante que coloque a las personas en el centro de toda decisión empresarial.
En San Luis Potosí, una sucursal de Domino’s colocó un espectacular con esta frase provocadora: “En esta ciudad hay dos cosas seguras: los baches… y una Domino’s en tu mesa.”
La reacción fue inmediata: clausura del local por parte del gobierno municipal. El argumento fue técnico, pero la incomodidad claramente fue política. Una marca —no un ciudadano cualquiera— había señalado, con humor, un problema público evidente. Y eso bastó para desatar consecuencias.
Reforma – Nacional – 28 jul 2025
Este episodio puede parecer anecdótico. Pero si se conecta con otra nota publicada el mismo día por La Jornada, el asunto se vuelve más estructural. Según datos del Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC), en la Ciudad de México se reciben cada día 169 denuncias por baches durante la temporada de lluvias. Solo se atiende el 25%. Hay más de 9,000 reportes sin resolver. Y mientras tanto, vecinos rellenan hoyos por su cuenta, peatones con discapacidad enfrentan riesgos constantes, y repartidores y taxistas asumen los costos ocultos de circular por una ciudad rota.
La Jornada – Capital – 28 jul 2025
Así que no, no se trata solo de un chiste publicitario. Se trata de un problema real, que afecta directamente la vida urbana… y también la operación de muchas marcas.
En 2018, Domino’s lo entendió bien. En Estados Unidos, lanzó la campaña Paving for Pizza, en la que reparó baches en decenas de ciudades con un argumento claro: si el delivery es parte de nuestra promesa, las calles también lo son. La campaña fue premiada, replicada y citada como un ejemplo de marketing social con impacto directo en producto, reputación y comunidad.
Pero en México, lo que ocurrió en San Luis Potosí fue distinto. No hubo pavimentación. No hubo estrategia institucional. No hubo campaña. Solo una frase —posiblemente aislada, improvisada, sin respaldo del corporativo ni del operador nacional (Alsea)— que generó visibilidad, pero sin estructura.
Y cuando una marca toca un tema social sin preparación ni respaldo, los resultados pueden alejarse mucho de los deseados.
Porque cuando se hace bien, el marketing social no solo posiciona. También construye valor real para:
Colaboradores, como motociclistas que entregan producto en condiciones adversas.
Consumidores, que esperan calidad, no excusas.
Comunidades, que comparten el mismo espacio público.
Gobiernos, que podrían ver en estas acciones un aliado y no una amenaza.
Reguladores, atentos a las inversiones con propósito.
Medios, interesados en historias verdaderas con impacto visible.
Accionistas, que valoran la reputación como activo estratégico.
Lo que hizo Domino’s en Estados Unidos fue una gran campaña. Pero esa acción no se conectó con la ejecución que, de forma aislada, surgió en una sucursal de México. Ese desfase revela uno de los mayores retos que enfrentan hoy las estrategias de RSC y/o de Inversión Responsable: lograr que las cosas se hagan bien en todos los lugares donde la marca tiene presencia.
En este contexto, los socios operadores —como Alsea — juegan un papel clave. Alsea ha demostrado ser un ejecutor sólido de campañas de marketing social con marcas como Starbucks , donde los mensajes con propósito han sido bien implementados y alineados con los valores globales.
Pero en el caso de Domino’s Pizza , es posible que la madurez institucional aún no esté al mismo nivel. Y ese puede haber sido el origen del tropiezo.
Domino´s Pizza: A better slice for everyone
Ojalá este episodio sirva para reflexionar sobre eso: sobre cómo una causa ciudadana puede convertirse en oportunidad para una marca, siempre y cuando se entienda a fondo el valor del marketing social, la coherencia del mensaje y la necesidad de una ejecución estructurada y sustentable.
Porque cuando el atributo central de tu marca es el delivery —como lo es para Domino’s—, el estado de las calles no es un tema ajeno: es parte del producto, de la experiencia y de la promesa.
Y más aún si se considera que Domino’s compite directamente con actores como Little Caesars Pizza, cuya propuesta de valor elimina el riesgo del trayecto al apostar por pizzas “hot and ready” que no dependen del tiempo de entrega ni del pavimento para cumplir su promesa.
En ese contexto, asegurar que la pizza llegue caliente, intacta y a tiempo no es solo una operación logística: es una narrativa de marca. Y en temporada de lluvias, esa narrativa se pone a prueba en cada calle.
Medidor de impacto del bache – web: pavingforpizza.com
Así que si alguien quiere comprobarlo, puede hacerlo fácil: Hagamos la prueba. Pidamos una pizza. Y veamos qué llega primero: ¿La entrega prometida o el siguiente bache?
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.