Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una oportunidad para reflexionar sobre el poder de esta acción natural que nutre y vincula. Es una semana para acompañar a quienes la están viviendo o están por comenzar, una invitación a fortalecer la salud desde el amor.
En este marco, Reina Madre, red de clínicas especializadas en salud de la mujer, se suma con actividades gratuitas para mamás lactantes, personas que desean acompañar desde el corazón y familias que han transitado experiencias difíciles, pero están listas para vivir una lactancia amorosa y exitosa.
A lo largo de estos días se ofrecerán talleres vivenciales, charlas con especialistas, dinámicas de integración y momentos de conexión diseñados para crear confianza, compartir experiencias y generar redes reales de apoyo. Porque para Reina Madre cada historia de lactancia es única y merece ser acompañada con respeto, sensibilidad y cuidado profundo.
Las actividades se realizarán en 12 de las 14 clínicas del país, en espacios cálidos, humanos y respaldados por el conocimiento médico más actual:
Coyoacán, viernes 1 al miércoles 6 de agosto, 11:00 a 13:00 h
Toluca, lunes 4 de agosto, 12:00 a 13:00 h, martes 5 de agosto, 12:00 a 12:30 h, miércoles 6 de agosto, 12:30 a 13:30 h, y jueves 7 de agosto, 12:00 a 13:00 h
Durante estas jornadas se hablará sobre el inicio de la lactancia, el manejo de mitos, técnicas básicas, alimentación complementaria, conciliación con el trabajo y la importancia del acompañamiento emocional. Todo con un enfoque informado, libre de juicios y centrado en las verdaderas necesidades de cada familia.
Los talleres y charlas serán impartidos por el equipo especializado de Reina Madre, quienes acompañan con conocimiento, sensibilidad y compromiso a las familias cada día.
“Más allá de sus beneficios a la salud, la lactancia es un acto de amor que construye vínculos profundos y transforma la forma en que una familia se conecta con su bebé. Queremos acompañar a las mamás en este proceso, las invitamos a participar en nuestras actividades gratuitas, diseñadas para informar y crear redes reales de apoyo, en espacios respaldados por el conocimiento médico más actual.” Destaca la Dra. Jazmín Flores de Lucio, Médico Pediatra Neonatólogo del Hospital Reina Madre Toluca.
Lactancia materna: alimento, consuelo y vínculo
La leche materna es más que sustento físico. Es una herramienta poderosa para la salud de madres y bebés. El ritmo de una respiración chiquita, el calor de un abrazo, y la mirada entrelazada durante una toma son momentos que construyen amor. Por su composición personalizada y en constante ajuste, la leche materna se convierte en el mejor comienzo para la vida.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS):
La lactancia materna exclusiva por seis meses reduce el riesgo de leucemia infantil en un 19%.
Disminuye en un 60% el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.
Reduce en un 35% la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
Disminuye el riesgo de obesidad infantil en un 13%.
Mejora el desarrollo cognitivo y los ingresos en la adultez.
En las madres, disminuye el riesgo de cáncer de mama, ovario, enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.
Juntos por la lactancia: apoyamos, compartimos, nutrimos. Aprovecha este espacio para aprender, sanar, reconectar y celebrar una experiencia tan íntima como poderosa. Para más información visita reinamadre.mxo sus redes sociales.
Formula E anunció hoy que se ha convertido en el primer deporte en obtener la certificación de la ruta hacia cero emisiones netas (Net Zero Pathway) de BSI, reafirmando su liderazgo en sostenibilidad dentro del deporte a nivel mundial y marcando un nuevo estándar global para una acción climática creíble.
Tras una auditoría independiente, rigurosa y exitosa, el Campeonato Mundial ABB FIA de Formula E logró oficialmente la certificación Net Zero Pathway de BSI (British Standards Institution) correspondiente a la Temporada 9 (2022/23), lo que confirma que cuenta con objetivos sólidos y basados en ciencia para la reducción de emisiones. Este reconocimiento está respaldado por una huella de carbono verificada y un sistema de gestión alineado con las Directrices ISO para Cero Emisiones Netas (IWA 42:2022), el marco globalmente reconocido para desarrollar estrategias net zero basadas en ciencia y con credibilidad.
Elevando el estándar de credibilidad climática en el deporte
A diferencia de muchas declaraciones de “cero emisiones netas” que dependen únicamente de compensaciones, la certificación Net Zero Pathway de BSI va más allá de los compromisos genéricos al verificar que los datos de huella de carbono, los planes de reducción y las metodologías cumplan con los más altos estándares internacionales.
Esta certificación también posiciona al campeonato por delante de regulaciones cada vez más estrictas como la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa de la UE (CSRD), garantizando que patrocinadores, equipos, socios y aficionados puedan confiar en la veracidad de sus compromisos ambientales.
La norma, la más reciente dentro del conjunto de estándares de BSI, prioriza reducciones reales y medibles de emisiones de gases de efecto invernadero en operaciones y cadenas de valor. Solo se otorga certificación a organizaciones como Formula E que demuestran planes de descarbonización transparentes y basados en estándares, auditorías anuales y avances verificados hacia metas de corto, mediano y largo plazo.
BSI es una de las organizaciones de normalización independientes más respetadas del mundo, encargada de definir, desarrollar y evaluar buenas prácticas y marcos de referencia de alto nivel, para asegurar que afirmaciones como trabajar hacia “cero emisiones netas” sean creíbles, consistentes y confiables a nivel mundial.
La ruta de BSI está alineada con ISO 14064-1 (cuantificación y reporte de gases de efecto invernadero) y las Directrices ISO para Cero Emisiones Netas (IWA 42), las primeras pautas globales que definen qué significa realmente “net zero” en la práctica.
Juntas, estas herramientas ayudan a las organizaciones a evitar riesgos de greenwashing, cumplir con las expectativas de inversionistas, reguladores y consumidores, y demostrar que sus compromisos climáticos están respaldados por evidencia clara, revisión de terceros y acciones concretas de reducción.
Una nueva línea de meta: la ruta hacia cero emisiones netas
El renovado compromiso del deporte con el “net zero” creíble responde a estos nuevos estándares globales, con un enfoque mucho más fuerte en un proceso científico de reducción de carbono y una ruta clara hacia la eliminación continua de emisiones, en lugar de simplemente declarar una condición de cero emisiones basada en compensaciones.
Compromiso con una acción climática verificada
Al sumarse a la Net Zero Pathway de BSI, Formula E se compromete a: Reducir las emisiones de Alcance 1 y 2 en un 50% y las de Alcance 3 en un 27.5% para 2030 (en comparación con la Temporada 5, 2018–19 como línea base).
Priorizar la reducción de emisiones en sus operaciones, desde el uso máximo de electricidad renovable, logística más eficiente, combustibles sostenibles, hasta la reducción de residuos y experiencias sostenibles para aficionados y alimentos en cada carrera.
Alcanzar un nivel creíble de cero emisiones netas idealmente para 2040, y a más tardar en 2050, en línea con el Marco de Acción Climática para el Deporte de la CMNUCC.
Julia Pallé, vicepresidenta de sostenibilidad de Formula E, comentó:
“Desde el primer día, Formula E ha empujado los límites de lo que el deporte puede representar, demostrando que el automovilismo de élite y la sostenibilidad pueden avanzar juntos. Sin embargo, recientemente las reglas del juego han cambiado. Muchas organizaciones hacen promesas, pero sin avances reales. Los estándares debían evolucionar para priorizar reducciones reales por encima de declaraciones sin respaldo.”
“Convertirnos en el primer deporte certificado bajo la Net Zero Pathway de BSI demuestra que nuestra acción climática no es solo una promesa: es una estrategia sólida, respaldada por ciencia y datos, y verificada por el organismo de estándares más reconocido del mundo.”
“Nuestra misión es clara: reducir continuamente nuestro impacto ambiental, mientras apoyamos a nuestro ecosistema y a las comunidades donde competimos. Esta nueva certificación nos permite correr con orgullo y propósito, sabiendo que nuestras acciones resisten el más alto escrutinio, con transparencia y confianza.”
Matt Page, vicepresidente senior de Assurance Services, EMEA en BSI, agregó:
“Estamos en un punto crítico del camino global hacia cero emisiones netas, y todos tenemos un papel que desempeñar. Como el primer deporte motor en lograr esta certificación, Formula E marca un nuevo precedente para la industria. Esto no es solo un reconocimiento técnico; es una señal clara de que cuando la sostenibilidad está respaldada por estándares confiables y verificación independiente, se convierte en algo más que un objetivo. Se transforma en un sistema de cambio duradero y creíble.”
“Formula E no solo tiene la oportunidad de inspirar dentro de la pista, sino también de ser sostenible en cómo se lleva a cabo. Formula E merece reconocimiento por dar el ejemplo, inspirar a los aficionados, impulsar un cambio real y construir un legado que motive acciones en el resto del mundo deportivo.”
El 24 de julio de 2025 marcó un nuevo hito preocupante para la humanidad: agotamos los recursos del 2025 disponibles en el planeta. Esto significa que, a partir de esa fecha, vivimos “a crédito ecológico”, utilizando bienes y servicios que la Tierra ya no puede regenerar este año. Este fenómeno, conocido como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, se adelantó casi una semana respecto a 2024, lo que refleja una aceleración en nuestra presión sobre los ecosistemas y una reducción constante de la biocapacidad planetaria.
De acuerdo con edie, la Red de la Huella Global, que calcula cada año cuándo se sobrepasan los límites ecológicos, nos entrega una alarma en forma de fecha: la vida moderna, basada en el consumo insostenible, exige más de lo que el planeta puede dar. Este llamado a la reflexión es especialmente relevante en el contexto de los recursos del 2025, donde cada jornada transcurrida nos acerca a un punto sin retorno.
La situación expone una contradicción clara entre nuestro modelo económico y la resiliencia natural, desafiándonos a repensar la forma en que interactuamos con el entorno.
Un termómetro planetario: recursos del 2025 agotados antes de tiempo
La fecha en la que se agotan los recursos del 2025 no es fortuita: se determina a partir de la biocapacidad del planeta y la huella ecológica que dejamos. Al dividir la capacidad regenerativa de la Tierra entre el consumo humano, se establece un calendario ecológico cada vez más limitado. En 1970, el Día de la Sobrecapacidad se celebró el 25 de diciembre; hoy, nos enfrentamos a un agotamiento casi cinco meses antes, revelando el incremento continuo en la demanda de recursos. Este adelanto en la fecha crítica evidencia que nuestros patrones de consumo, en el marco de los recursos del 2025, han sobrepasado los límites que el planeta puede sostener.
La aceleración de este fenómeno impacta tanto en la biodiversidad como en la salud pública, evidenciando una urgente necesidad de actuar para evitar consecuencias irreversibles. En este sentido, la situación de los recursos del 2025 se convierte en un espejo que refleja nuestra responsabilidad colectiva.
Radiografía global: quién vive dentro y quién rebasa los recursos
No todos los países se ubican en la misma línea cuando hablamos de los recursos del 2025. Por ejemplo, Uruguay e Indonesia alcanzan su día de sobrecapacidad en noviembre o diciembre, demostrando una gestión relativamente equilibrada de sus recursos naturales. En contraste, países como Qatar y Luxemburgo agotan sus recursos del 2025 ya en febrero, lo cual evidencia una demanda desproporcionada.
Naciones como Estados Unidos, Canadá, Bélgica y el Reino Unido también figuran entre los que sobrepasan su cuota ecológica de manera alarmante, reflejando una falta de convergencia global en estrategias de sostenibilidad.
La disparidad en el consumo genera tensiones en el ámbito internacional, donde se hace necesario un rediseño de acuerdos y responsabilidades para equilibrar el uso de los recursos. Cada nación debe asumir su parte en la protección y regeneración de nuestro planeta.
De “usar y tirar” a regenerar: redefiniendo los recursos del 2025
El sistema económico actual, basado en el paradigma de “extraer-fabricar-eliminar”, ha sido uno de los principales responsables de agotar los recursos del 2025. Este modelo lineal impulsa un ciclo de consumo que ignora los límites naturales.
La Fundación Ellen MacArthur ha señalado que aproximadamente el 45 % de las emisiones globales se relacionan con este esquema, evidenciando que el impacto ambiental es directo y severo. El desperdicio de alimentos, por sí solo, genera entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales, haciendo que nuestro consumo desmedido se refleje en el deterioro acelerado de los recursos del 2025.
La degradación de la biodiversidad y la pérdida masiva de especies, documentadas por WWF, subrayan el costo ecológico de estos hábitos insostenibles. Este escenario exige una transformación integral hacia modelos económicos que prioricen la regeneración y eficiencia, marcando un nuevo rumbo para el futuro del planeta.
Más allá de la transición energética: reconfigurando la extracción
La conversación global se ha enfocado intensamente en la transición hacia energías renovables. Sin embargo, esta medida por sí sola no detiene el consumo excesivo de materias primas que impulsa el agotamiento de los recursos del 2025.
Expertos en sostenibilidad destacan la necesidad de reducir la extracción de materiales en al menos un 30 % y fomentar un robusto sistema de reciclaje y reutilización. Esta estrategia invita a rediseñar procesos productivos y adoptar un enfoque de economía circular que trascienda fronteras y sectores.
El rediseño industrial implica repensar desde la fabricación hasta la disposición final de los productos, minimizando la huella de consumo. Solo así se podrá lograr un equilibrio que permita que los recursos del 2025 y los posteriores se administren de forma sostenible, sin comprometer la regeneración natural.
Gobiernos bajo presión: integrando los recursos del 2025 en las políticas climáticas
La cuenta regresiva para la COP30 en Brasil ha encendido la alarma sobre la urgente necesidad de integrar consideraciones ambientales en las políticas gubernamentales. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) deben incorporar no solo metas de reducción de emisiones, sino también estrategias para gestionar adecuadamente los recursos del 2025.
Este enfoque más holístico es crucial para garantizar que las políticas climáticas aborden la totalidad de la crisis ambiental, no limitándose únicamente a la transición energética.
Integrar la gestión de los recursos del 2025 en la agenda política implica un replanteamiento de prioridades y una inversión en sistemas de reciclaje y eficiencia. Sin este cambio integral, las metas del Acuerdo de París permanecerán fuera de alcance, y la deuda ecológica se incrementará año tras año.
El rol estratégico de la responsabilidad social en tiempos críticos
Ante el marcado agotamiento de los recursos del 2025, la responsabilidad social corporativa asume un papel fundamental en la transformación de modelos de negocio. Las empresas ya no pueden limitarse a políticas internas aisladas; deben integrar prácticas sostenibles en cada eslabón de su cadena de valor.
El compromiso de las organizaciones debe ir más allá de la imagen y convertirse en un motor de cambio que impulse una verdadera regeneración ecológica.
El reto es implementar estrategias que reduzcan la dependencia del modelo extractivo y promuevan el reciclaje y la reutilización de forma estructural. Iniciativas de responsabilidad social, orientadas a la optimización de los recursos del 2025, pueden marcar la diferencia en la trayectoria de nuestro consumo global.
Cambiar el rumbo antes de cruzar el punto de no retorno
El hecho de haber agotado los recursos del 2025 tan prematuramente es una advertencia inequívoca del deterioro de nuestro equilibrio ecológico. Vivimos por encima de los límites que la Tierra puede regenerar, hipotecando el bienestar de las futuras generaciones.
Es imperativo que, como sociedad, adoptemos medidas transformadoras en todas las esferas: políticas, corporativas y personales, para reparar y cuidar el patrimonio natural.
El desafío consiste en reestructurar nuestros patrones de consumo, rediseñar la economía y asumir responsabilidades compartidas para evitar que esta crisis se intensifique. El momento de actuar es ahora, antes de que el planeta cruce el umbral irreversible, y los recursos del 2025 se conviertan en una lección amarga para la humanidad.
Vivimos rodeados de evidencia climática: olas de calor, incendios, sequías e inundaciones más frecuentes. Sin embargo, paradójicamente, muchos ya no se sorprenden ni reaccionan. ¿Qué está ocurriendo? La normalización de eventos extremos está desdibujando el sentido de urgencia necesario para actuar. Aquí entra en juego un fenómeno psicológico inquietante.
Se le conoce como el efecto “rana hervida”, una metáfora que explica cómo las personas, al enfrentarse a un cambio gradual, pueden volverse insensibles al peligro hasta que es demasiado tarde. De acuerdo con The Guardian, aunque su origen es anecdótico, su poder para explicar la inacción frente al cambio climático es cada vez más aceptado por la comunidad científica. Pero ¿cómo enfrentamos un problema que parece disolverse en la rutina?
Qué es el efecto “rana hervida” y por qué nos está costando reaccionar
Imagínate una rana dentro de una olla con agua que se calienta lentamente. Al no detectar un cambio brusco, la rana no reacciona hasta que el calor se vuelve letal. Algo similar nos sucede con la crisis climática: aunque los efectos son cada vez más intensos, su progresión es lo suficientemente gradual como para pasar desapercibida en nuestra conciencia colectiva.
Este fenómeno nos lleva a adaptar nuestras expectativas sobre lo que consideramos “normal”. Si un verano con 45 grados se repite dos años seguidos, ya no lo vemos como extraordinario, sino como la nueva norma. Así, la urgencia se diluye y la capacidad de respuesta se debilita.
Lo más preocupante es que, mientras nos acostumbramos a vivir en un mundo más hostil, también reducimos la presión para exigir cambios estructurales. El efecto “rana hervida” nos está paralizando justo cuando más acción necesitamos.
Los datos binarios: una nueva forma de comunicar lo urgente
Ante esta desconexión emocional, un grupo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon decidió cambiar la narrativa. En lugar de mostrar gráficos de temperatura —cifras abstractas que pocos comprenden a fondo—, probaron un enfoque más visual y dicotómico: ¿el lago se congeló o no?
El experimento reveló algo revelador. Las personas que vieron si el lago ficticio se congelaba cada año —en vez de revisar cambios graduales de temperatura— identificaron con mayor claridad el impacto del cambio climático. La pérdida del hielo les pareció tangible, inmediata y alarmante.
Esta forma de mostrar los efectos en términos de sí/no —es decir, datos binarios— activa de forma más potente la percepción del problema. Al eliminar las zonas grises, se genera un antes y un después claro, lo que facilita la toma de conciencia y, potencialmente, la acción.
El rol de la comunicación en responsabilidad social
Esta investigación ofrece una lección crucial: no basta con tener los datos, hay que saber cómo presentarlos. La manera en que comunicamos la crisis climática puede marcar la diferencia entre la apatía y el compromiso.
Es momento de replantear nuestras estrategias. En lugar de hablar solo de grados centígrados o partes por millón, podríamos mostrar ejemplos binarios y cotidianos: ¿todavía florecen los cerezos en febrero?, ¿el río sigue fluyendo en mayo?, ¿la cosecha se dio o no se dio este año? Pequeños detalles que cuentan grandes verdades.
Así, podemos evitar caer en el efecto “rana hervida” al que nuestra audiencia también está expuesta. Porque si seguimos comunicando la emergencia con los mismos códigos de siempre, quizás estemos contribuyendo, sin querer, a su invisibilización.
La crisis climática avanza, y con ella, nuestra capacidad de asombro disminuye. Comprender qué es el efecto “rana hervida” nos permite reconocer este patrón de indiferencia colectiva y romperlo. La buena noticia es que podemos cambiar la narrativa: traducir lo complejo en lo comprensible, lo gradual en lo evidente, y lo normalizado en lo urgente.
Como especialistas en responsabilidad social, tenemos la responsabilidad —y la oportunidad— de ser traductores del cambio. Tal vez, solo necesitamos recordar que, a veces, una imagen clara y directa dice mucho más que mil datos.
La Generación Z no conoció un mundo sin crisis climática. Incendios forestales, inundaciones, temperaturas extremas y pérdida de biodiversidad formaron parte del paisaje cotidiano con el que crecieron. A diferencia de generaciones anteriores, no recibieron advertencias sobre el cambio climático: lo vivieron en carne propia como telón de fondo de su desarrollo.
De acuerdo con Sustainable Brands, este contexto definió sus valores, decisiones de consumo y aspiraciones laborales. La sostenibilidad no es para ellos una tendencia, sino una necesidad. En este escenario, la participación de la Gen Z en sustentabilidad se vuelve una de las fuerzas más poderosas de transformación social, empresarial y cultural.
Un nuevo enfoque de consumo
La participación de la Gen Z en sustentabilidad se refleja de forma clara en sus decisiones como consumidores. Según el estudio “Tendencias Socioculturales 2025” de Sustainable Brands® e Ipsos, el 59 % de los encuestados de esta generación prefiere marcas nuevas que ofrezcan opciones sostenibles, incluso por encima de marcas conocidas. Este dato revela una ruptura con la lealtad de marca tradicional.
Además, el 49 % ha dejado de consumir productos de marcas que solía comprar, optando por otras más responsables ambiental y socialmente. Esta nueva lógica de consumo no solo exige coherencia a las marcas, sino que también penaliza el greenwashing o la falta de transparencia.
Para la Generación Z, consumir es un acto político. Y en un ecosistema digital, esta postura se amplifica: evalúan, comparten y denuncian. Las redes sociales se convierten en una plataforma para visibilizar prácticas corporativas y exigir cambios reales.
De compradores a creadores
Pero esta generación no se conforma con exigir. La participación de la Gen Z en sustentabilidad también se expresa en la creación de soluciones concretas. Se estima que el 84 % planea o ya ha creado su propio negocio, muchos de ellos con un enfoque directo en resolver desafíos ambientales.
Ejemplos como el de Harper Moss, quien fundó CarbonZero.eco a los 16 años para promover la agricultura regenerativa con biocarbón, o el de Jake Berber y Ding Jie Tan, que desarrollaron café sin granos para proteger el cultivo del cambio climático, ilustran cómo el emprendimiento joven tiene una clara vocación ecológica.
Este tipo de innovaciones demuestran una voluntad de pasar del diagnóstico a la acción. La Gen Z busca incidir, no solo opinar. Lo hace desarrollando tecnología, reformulando modelos productivos y colaborando para escalar soluciones viables.
Liderazgos colaborativos e inteligentes
Una característica clave de esta generación es su capacidad para liderar en comunidad. La participación de la Gen Z en sustentabilidad incluye redes de colaboración, tecnología y una visión empresarial centrada en el impacto colectivo. Así lo demuestra el trabajo de fundadoras como Nuha Siddiqui y Kritika Tyagi, quienes con erthos diseñaron biomateriales de alto rendimiento como sustitutos del plástico convencional.
Desde Zevero, otros jóvenes emprendedores diseñaron una plataforma basada en inteligencia artificial que ayuda a las empresas a visualizar y reducir sus emisiones de alcance 3, que pueden representar hasta el 75 % del total de gases de efecto invernadero corporativos. Su objetivo: facilitar que las compañías pasen de la intención a la acción.
Este tipo de liderazgo joven no se centra en el protagonismo individual, sino en generar condiciones para que otros también puedan actuar. La colaboración y la tecnología son herramientas estratégicas, no complementos.
La sostenibilidad como rutina organizacional
Una de las principales enseñanzas que la Generación Z promueve es que la sostenibilidad debe ser parte de la operación diaria. No basta con promesas o campañas de comunicación: la responsabilidad ambiental debe integrarse a todos los niveles, desde el empaque hasta las decisiones del consejo directivo.
Las herramientas desarrolladas por jóvenes emprendedores permiten a las empresas tener datos más precisos y accionables. Así, la sostenibilidad deja de ser una aspiración abstracta para convertirse en una práctica cotidiana. Esta generación busca ayudar a las empresas a identificar puntos críticos y tomar decisiones estratégicas.
Para esta generación, no hay excusas: existen los recursos y el conocimiento necesarios. Ahora toca convertir la sostenibilidad en un eje estructural del negocio, no en una acción periférica.
Proyectos que escalan e inspiran
En todo el mundo, la participación de la Gen Z en sustentabilidad se traduce en iniciativas con alto potencial de impacto. En Reino Unido, Anahita Laverack y Ciaran Dowds fundaron Oshen, empresa que utiliza microembarcaciones autónomas para recopilar datos oceánicos de forma segura y ecológica. Su innovación sustituye grandes embarcaciones y reduce el impacto ambiental.
Estos proyectos no son casos aislados, sino parte de una ola de jóvenes emprendedores que piensan global desde el inicio. La escalabilidad, la replicabilidad y el uso de datos son principios centrales de sus modelos de negocio, al igual que la sostenibilidad y la ética.
A través de redes y alianzas, las ideas jóvenes se difunden rápidamente. Su impacto no solo es local: también inspira a otras generaciones y sectores a actuar con más decisión y menos retórica.
Un cambio de paradigma
Para muchos observadores externos, la participación de la Gen Z en sustentabilidad puede parecer una moda o una presión temporal. Pero los hechos desmienten esa percepción. Se trata de un cambio estructural, impulsado por una generación que no concibe un mundo empresarial sin responsabilidad social y ambiental.
Esta generación está marcando nuevos estándares de transparencia, innovación, colaboración y sentido de urgencia. Y lo está haciendo no desde la queja, sino desde la propuesta. Las empresas que comprendan este cambio podrán aprovechar una oportunidad invaluable para crecer con legitimidad y visión de futuro.
Integrar a la Generación Z no es solo una cuestión de inclusión: es una estrategia de supervivencia y evolución para cualquier organización que quiera permanecer relevante en los próximos años.
La participación de la Gen Z en sustentabilidad es uno de los motores más poderosos del cambio actual. Esta generación exige, actúa y colabora con una determinación que incomoda a las estructuras tradicionales, pero que también ofrece nuevas rutas para el desarrollo empresarial, social y ambiental
Frente a desafíos globales urgentes, su voz no puede ser ignorada. Escucharla, integrarla y aprender de ella no es solo un deber generacional, sino una vía para construir un futuro más resiliente, ético y sostenible para todas las generaciones.
En el camino hacia un futuro libre de carbono, el almacenamiento de energía se ha convertido en una pieza clave para escalar el uso de fuentes renovables. Google, uno de los gigantes tecnológicos más influyentes del mundo, ha decidido tomar la delantera en esta transición energética. La empresa ha realizado una inversión estratégica en Energy Dome, una scaleup italiana que está revolucionando el almacenamiento con un sistema basado en dióxido de carbono.
Según edie, con esta apuesta, Google reafirma su ambición de operar con energía limpia 24/7 en todas las redes donde tiene presencia. A través de una tecnología que no solo promete una mayor duración de almacenamiento que las baterías tradicionales de iones de litio, sino también mayor resiliencia energética, el gigante digital está marcando un precedente en responsabilidad social empresarial y sostenibilidad.
Google apuesta por baterías de CO₂: una nueva era en almacenamiento energético
La frase Google apuesta por baterías de CO₂ ya empieza a resonar con fuerza en el sector energético. Y no es para menos. La compañía ha invertido en una tecnología que utiliza CO₂ comprimido para almacenar el exceso de electricidad renovable cuando abunda en la red. El proceso no solo permite guardar energía, sino que transforma el gas en líquido, almacenándolo de manera eficiente y económica.
Cuando la demanda de energía supera la oferta renovable, el sistema invierte el proceso: el CO₂ líquido se convierte nuevamente en gas, activando una turbina que regresa electricidad a la red. Este modelo, desarrollado por Energy Dome, representa una solución a los retos de intermitencia de las energías limpias.
Al ofrecer un sistema que puede descargarse entre ocho y 24 horas, frente a las cuatro horas que ofrecen muchas baterías de iones de litio, esta alternativa se perfila como una de las más prometedoras en la categoría de tecnologías LDES (Long-Duration Energy Storage).
Un primer paso en Cerdeña: de piloto a planta comercial
Energy Dome no es solo una promesa en papel. Su primer proyecto a gran escala ya es una realidad en Cerdeña, Italia. Se trata de una planta de 20 MW que recientemente entró en operación comercial, pero que lleva más de tres años probando su efectividad a menor escala.
Este hito es significativo no solo para la empresa italiana, sino también para toda la industria energética. El respaldo de Google llega en un momento en que las pruebas de concepto se convierten en operaciones reales, capaces de alimentar comunidades enteras con energía limpia, estable y gestionable.
We’re partnering with Energy Dome to scale their CO₂ Battery tech through our first long-duration energy storage investment. These batteries can store energy for 24 hours before it's dispatched, bridging the gap between when wind or solar energy is generated and when it's needed…
Al sumarse a este esfuerzo, Google no solo demuestra su compromiso con una transición energética realista, sino que también se posiciona como catalizador para escalar esta tecnología a nivel global.
Energía limpia 24/7: de ambición a estrategia global
Desde 2022, Google opera con un 64 % de energía libre de carbono en todas sus redes, pero su meta es mucho más ambiciosa: lograr un 100 % para 2030. En este contexto, Google apuesta por baterías de CO₂ como un componente clave de su estrategia de descarbonización operativa.
El crecimiento acelerado de sus centros de datos, impulsado por el auge de la inteligencia artificial, representa un desafío energético importante. Por eso, la compañía busca tecnologías escalables y probadas que puedan acompañar este ritmo, como las de Energy Dome.
Maud Texier, directora de energía para la región EMEA en Google, lo resume así: “Estamos comprometidos a impulsar nuestras operaciones con energía limpia, y la solución de almacenamiento de Energy Dome puede ayudarnos a lograr un progreso rápido”.
De Bélgica a India: una red de aliados por el planeta
El compromiso de Google no se limita a una sola ubicación. La visión es clara: escalar la tecnología de Energy Dome en todas las geografías clave. Ya se han firmado contratos con empresas energéticas en Italia, Estados Unidos e India, como Engie, Alliant Energy y NTPC.
Esta red de aliados no solo permitirá llevar la energía limpia a más rincones del planeta, sino que también contribuye a construir una infraestructura más robusta y menos dependiente de combustibles fósiles. Google apuesta por baterías de CO₂ como una vía para fomentar alianzas público-privadas que aceleren esta transición.
Al extender la colaboración con socios locales, Google se involucra activamente en el fortalecimiento de las capacidades energéticas regionales, promoviendo tanto la seguridad energética como el acceso equitativo a la electricidad.
Implicaciones sociales y ambientales: más allá del negocio
Esta inversión de Google va más allá del retorno financiero. Implica un impacto positivo en las comunidades al ofrecer soluciones sostenibles, accesibles y escalables para el suministro energético. Las baterías de CO₂ pueden ser una pieza fundamental para lograr redes más resilientes, especialmente en países en desarrollo donde la intermitencia energética afecta el bienestar y el desarrollo social.
Google apuesta por baterías de CO₂ no solo como una solución tecnológica, sino como una contribución tangible a la justicia energética y climática. Esta tecnología tiene el potencial de democratizar el acceso a energía limpia y fomentar entornos más equitativos y sostenibles.
El almacenamiento de larga duración, cuando se combina con políticas públicas adecuadas y alianzas estratégicas, puede acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con energía asequible, industria sostenible y acción climática.
LDES como catalizador de la transformación energética
Las tecnologías LDES representan la próxima gran ola en la transición energética. Permiten estabilizar redes cada vez más integradas con fuentes renovables como la solar y la eólica, cuya producción varía según el clima y la hora del día. Google, al apostar por una solución pionera como la de Energy Dome, demuestra que el sector privado puede liderar con visión de largo plazo.
Además, su decisión de diversificar el respaldo a otras tecnologías LDES en diferentes etapas de desarrollo muestra una estrategia clara para impulsar un ecosistema de innovación energética. Con este enfoque, la empresa contribuye a acelerar la curva de adopción y abaratar los costos para nuevos actores.
El respaldo financiero y operativo de una empresa como Google puede ser justo lo que se necesita para que estas tecnologías pasen de ser emergentes a convertirse en estándares del futuro energético.
Cuando la innovación se encuentra con la responsabilidad
Que Google apuesta por baterías de CO₂ no es un gesto aislado, sino parte de una visión de futuro donde la innovación tecnológica se alinea con la sostenibilidad y la responsabilidad social. Este movimiento no solo busca alimentar los centros de datos del mañana, sino construir un presente más justo, resiliente y limpio.
Al apoyar tecnologías con potencial transformador, Google se convierte en un agente de cambio con impacto global. Su inversión en Energy Dome demuestra que es posible conjugar ambición empresarial con conciencia climática, y que las grandes compañías tienen un papel esencial en la transición energética que el planeta exige.
Más que una apuesta, es una declaración de principios. Una donde la energía del futuro empieza hoy, y el CO₂, por fin, juega a favor del planeta.
La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ya no es solo una estrategia para mejorar la reputación de una organización; es un puente real hacia un desarrollo sostenible que impacta comunidades, cadenas de valor y modelos de negocio. En un contexto global que exige acción urgente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU marcan la ruta para alinear propósitos empresariales con soluciones a los retos del siglo XXI.
Cumplir con los ODS no es una tarea exclusiva de gobiernos o de grandes instituciones multilaterales: el sector privado tiene un papel clave. Las empresas, sin importar su tamaño, pueden acelerar el cumplimiento de estas metas si integran la RSE de forma auténtica, estratégica y medible. Pero ¿cómo traducir esto a acciones reales, sostenibles y con impacto probado?
De la filantropía a la estrategia: el cambio de paradigma
Durante años, la RSE fue confundida con la filantropía o acciones aisladas de buena voluntad. Sin embargo, el nuevo enfoque la convierte en una palanca estratégica capaz de articular innovación, propósito y resultados sostenibles. Las empresas que logran este cambio de mentalidad están más cerca de cumplir con los ODS de forma integral.
Al migrar de lo anecdótico a lo estructural, la RSE se convierte en una herramienta transversal que toca todas las áreas del negocio: operaciones, talento, gobernanza, relaciones con grupos de interés y más. Así, las decisiones empresariales se alinean con el bien común sin sacrificar competitividad.
Esta evolución no solo atiende el llamado ético, también responde a nuevas exigencias regulatorias y de mercado, donde consumidores e inversionistas valoran la coherencia entre discurso y acción.
Cumplir con los ODS desde el core del negocio
Para cumplir con los ODS de forma real, las organizaciones deben dejar de verlos como una agenda externa y comenzar a integrarlos en su modelo de negocio. Es decir, identificar cuáles ODS se relacionan directamente con su giro, operaciones y cadena de valor.
Por ejemplo, una empresa del sector agroalimentario puede incidir directamente en el ODS 2 (Hambre Cero), mientras que una tecnológica podría contribuir al ODS 9 (Industria, Innovación e Infraestructura). Este enfoque permite definir indicadores claros, establecer metas medibles y diseñar proyectos transformadores desde el corazón del negocio.
La clave está en priorizar. No se trata de abarcarlos todos, sino de seleccionar los más relevantes y generar impacto profundo. Esto crea una narrativa sólida y coherente, que a la vez posiciona a la empresa como agente de cambio.
Aliados estratégicos: la colaboración como acelerador
La implementación efectiva de la RSE para cumplir con los ODS no se logra en solitario. Las alianzas multisectoriales permiten escalar esfuerzos, compartir recursos y articular soluciones más completas a desafíos complejos.
Universidades, ONGs, gobiernos locales, cámaras empresariales y hasta startups sociales pueden ser aliados clave. Su conocimiento del contexto, su experiencia técnica o su capacidad de conexión comunitaria permiten fortalecer la intervención empresarial y generar un impacto sostenible.
Además, la colaboración transparente y horizontal refuerza la legitimidad de las acciones, abre oportunidades de innovación compartida y fomenta la creación de valor social y económico simultáneamente.
Medición e impacto: demostrar lo que se transforma
En el contexto actual, ya no basta con decir que se hace RSE. Es indispensable demostrar cómo se contribuye a cumplir con los ODS a través de indicadores claros, reportes integrados y métricas que capturen tanto resultados como procesos.
Medir el impacto social y ambiental permite tomar mejores decisiones, ajustar estrategias y comunicar de forma más efectiva. Además, contribuye a evitar acusaciones de greenwashing o social washing, pues respalda las acciones con evidencia.
Existen múltiples marcos y metodologías que pueden ser útiles, desde la GRI hasta los Estándares de Impacto de B Lab. La clave está en seleccionar aquellos alineados con la naturaleza del negocio y los ODS priorizados.
Comunicación con propósito: narrar para movilizar
Una estrategia sólida de RSE que busca cumplir con los ODS debe ir acompañada de una comunicación auténtica, centrada en la transformación real y no en la autopromoción. Contar historias de impacto puede inspirar a otros actores, fortalecer la reputación corporativa y movilizar comunidades.
La narrativa debe ser transparente, centrada en personas y basada en datos. Es importante visibilizar tanto los logros como los desafíos, mostrando que el camino hacia el desarrollo sostenible es complejo pero posible.
Además, al vincular los ODS con temas cercanos a la audiencia —como equidad, salud, educación o cambio climático— se facilita la apropiación del mensaje y se amplía el alcance de la acción social.
Gobernanza y cultura organizacional: el rol de los líderes
Ninguna estrategia de RSE logra cumplir con los ODS si no está respaldada desde la alta dirección. Los líderes deben ser los principales embajadores del cambio, promoviendo una cultura organizacional alineada con los principios del desarrollo sostenible.
Esto implica incluir criterios ESG en la toma de decisiones, formar equipos multidisciplinarios, fomentar la participación interna y establecer mecanismos de rendición de cuentas. La sostenibilidad no debe ser un área aislada, sino un lenguaje común en toda la organización.
Cuando la cultura interna refleja el compromiso externo, se fortalece la coherencia, se reducen los riesgos reputacionales y se crea una base sólida para una transformación genuina y duradera.
Cumplir con los ODS a través de la RSE no es una tarea sencilla, pero sí una oportunidad sin precedentes para alinear el propósito empresarial con las necesidades más urgentes del planeta. La clave está en integrar estos objetivos en el corazón del negocio, colaborando, midiendo, comunicando y liderando con autenticidad.
Las empresas que entienden esta conexión no solo están construyendo un mejor futuro para todos, sino que están generando ventajas competitivas en un mundo que cada vez valora más el impacto positivo. La RSE deja de ser un extra para convertirse en la estrategia que transforma.
IKEA anunció una nueva alianza con Someone Somewhere, marca mexicana que colabora con comunidades indígenas artesanales, para lanzar una colección especial a partir de textiles que los clientes ya no utilizan. Esta iniciativa forma parte del compromiso global de IKEA por impulsar la sostenibilidad y circularidad desde lo local.
Bajo el nombre de ÅTERSTÄLLA 2026, la nueva colección dará una nueva vida a materiales como sábanas, toallas o cortinas, que serán deshilados y convertidos en hilo, mismo que se transformará en nuevas telas y finalmente, en productos contemporáneos que honran la sostenibilidad, el diseño y el trabajo artesanal mexicano.
Será hasta el 31 de agosto, que los miembros del programa de IKEA Family podrán llevar textiles usados que estén limpios, secos y ser de algodón o poliéster a las tiendas de IKEA en Oceanía, Guadalajara y Puebla donde se recibirán los siguientes artículos:
Sábanas
Fundas de edredón o almohada
Manteles
Fundas de cojín
Toallas
Cortinas
Al ser entregados en el área de Atención al Cliente y cumplir con los requisitos, los participantes recibirán un cupón de $200 MXN, válido en compras mínimas de $800 MXN en muebles y accesorios, con vigencia hasta el 1 de octubre del año en curso.
Textiles con historia, no con fecha de caducidad
IKEA ya había desarrollado colecciones a partir de textiles sobrantes generados en sus tiendas. Sin embargo, esta nueva campaña busca ir más allá e involucrar a los propios consumidores, transformando materiales que ya no utilizan en objetos con un nuevo propósito.
Con esta iniciativa IKEA refuerza su visión de que cada pequeño paso cuenta en la construcción de un futuro más sostenible. Además de reducir el impacto ambiental, esta propuesta activa una cadena de valor que promueve el consumo responsable y fortalece la economía local.
IKEA invita a sus clientes a participar y ser parte del cambio, demostrando que lo que ya no se usa, puede volver a tener valor.
Recuerdo el caso. CIBanco ha sido señalado por temas de lavado de dinero. Y sí, eso pesa, y el costo ha sido tremendo. Pero también recuerdo que, en sus informes, solía mostrar estructura, políticas, controles y lenguaje específico sobre prevención de lavado de dinero (PLD). No era perfecto, pero la gestión era visible.
CIBANCO / Informe de Sustentabilidad 2023
Entonces observo a Actinver. Reviso su informe de sostenibilidad 2023. Y encuentro algo interesante: el tema apenas aparece. Hay solo 3 menciones a “lavado de dinero” y 2 a “prevención de lavado”, sin mayor desarrollo. No se menciona la sigla PLD, ni aparece el término financiamiento al terrorismo (FT). Hablan de ética, cumplimiento y riesgos… pero todo de forma general, sin entrar a lo sensible ni a lo estructural.
Informe de sostenibilidad 2023 – Actinver
Por curiosidad, comparo menciones clave entre ambos informes:
“Lavado de dinero”: 12 veces en CIBanco, 3 en Actinver.
“PLD”: 7 veces en CIBanco, 0 en Actinver.
“Ética”: 129 veces en CIBanco, 53 en Actinver.
“Riesgos”: 55 en CIBanco, 45 en Actinver.
Antes de cerrar, le doy también un vistazo al informe de sostenibilidad de Fibra Shop. Y sí, el término “lavado de dinero” aparece, aunque de forma general y sin mucho desarrollo. Hay una política de anticorrupción y prevención que lo menciona junto con otras herramientas de integridad. Pero, al igual que en otros casos, no se detallan estructuras, responsables ni mecanismos operativos claros.
Informe Anual de Sustentabilidad 2023 – Fibra Shop
No lo incluyo para comparar directamente. Pero sí para reconocer que estas decisiones también se explican desde quien las toma. Y a veces, la gestión de riesgos termina viéndose más como requisito regulatorio que como convicción estratégica.
Y me quedo pensando…
¿Será que Actinver sí gestiona PLD, aunque no lo parezca?
¿Será que Fibra Shop exige y verifica más de lo que comunica?
¿Será que este tema se volverá material para ambos en sus próximas actualizaciones de materialidad?
¿Será que también conviene comunicar el por qué se elige a quien se elige?
¿Será que, al final, la sostenibilidad sí pesa para ganar —o perder— negocio?
No tengo respuestas definitivas.
Solo una decisión visible, algunos datos que contrastan…y una intuición que sigue generando nuevas expectativas.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
En un mundo laboral donde las generaciones más jóvenes valoran tanto el bienestar como el sueldo, el concepto de salario emocional ha cobrado gran relevancia. Ya no basta con ofrecer un salario competitivo: las personas buscan trabajar en empresas que se preocupen por su salud mental, su equilibrio vida-trabajo y su desarrollo personal. Esta tendencia está transformando el diseño de políticas laborales y redefiniendo lo que significa ser una empresa responsable.
Desde la perspectiva de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), integrar beneficios no monetarios es mucho más que una estrategia de atracción de talento: es un reflejo del compromiso ético con quienes conforman la organización. Saber qué es el salario emocional y cómo implementarlo, permite a las empresas construir entornos laborales más humanos, sostenibles y productivos, alineándose con prácticas de RSE auténticas y con impacto real.
¿Qué es el salario emocional?
Para entender qué es el salario emocional, primero hay que mirar más allá del dinero. Se trata de un conjunto de beneficios intangibles que mejoran la calidad de vida laboral, como el reconocimiento, la flexibilidad de horarios, el sentido de pertenencia, o el acceso a programas de bienestar. Son incentivos que apelan al corazón más que a la cartera.
Aunque no aparece en la nómina, el salario emocional tiene un valor incalculable para muchas personas. Un entorno laboral saludable, un liderazgo empático y la oportunidad de desarrollo profesional suelen pesar más que un aumento económico. Especialmente en contextos donde el estrés y el burnout son comunes, estos factores pueden marcar la diferencia.
Saber qué es el salario emocional implica también reconocer su impacto en la retención y fidelización del talento. Las personas comprometidas con su organización no siempre lo están por el sueldo, sino por cómo se sienten dentro de ella. Esto convierte al salario emocional en un pilar estratégico para la sostenibilidad empresarial.
Una herramienta estratégica para la RSE
Incorporar políticas de salario emocional no es solo una moda, sino una práctica profundamente conectada con los valores de la RSE. Al preocuparse por el bienestar de su capital humano, las empresas demuestran un compromiso genuino con su entorno interno, y esto forma parte de su impacto social.
El salario emocional genera valor compartido: las personas se sienten reconocidas y, en consecuencia, aumentan su productividad y compromiso. Este círculo virtuoso beneficia a la empresa y también a la sociedad, al promover modelos laborales más humanos y sostenibles. Así, el bienestar laboral deja de ser un lujo para convertirse en una responsabilidad corporativa.
Organizaciones líderes en sostenibilidad ya han incorporado indicadores de salario emocional en sus reportes de RSE. Desde encuestas de clima laboral hasta programas de salud mental, estos esfuerzos demuestran que cuidar a las personas es también una forma de cuidar la reputación, la cultura organizacional y la productividad.
Más allá de los beneficios tradicionales
A diferencia de las prestaciones legales o económicas, el salario emocional es personalizado y evolutivo. Un mismo beneficio puede tener impactos distintos dependiendo de la etapa de vida o las aspiraciones de cada persona. Por eso, escucharlas y entenderlas es el primer paso para diseñar políticas emocionales efectivas.
Ejemplos de salario emocional van desde ofrecer home office, días de cumpleaños libres, hasta facilitar mentorías o voluntariado corporativo. Todas estas acciones, aunque no impliquen desembolsos directos, generan altos niveles de satisfacción. La clave está en que son percibidas como señales de aprecio y confianza.
Al preguntarnos qué es el salario emocional, también debemos reflexionar sobre su implementación justa. No se trata de aplicar beneficios sin estrategia, sino de construir una cultura organizacional coherente que lo respalde. Solo así se convierte en una herramienta poderosa de motivación y lealtad.
Salud mental y balance vida-trabajo
En un entorno laboral cada vez más demandante, el cuidado de la salud mental se vuelve esencial. El salario emocional, en este contexto, puede incluir acceso a terapia psicológica, espacios de descanso, desconexión digital o jornadas más flexibles. No es un gasto, sino una inversión en resiliencia organizacional.
Promover el equilibrio entre la vida personal y profesional no solo mejora el bienestar, sino que reduce ausentismo, rotación y errores. Las empresas que entienden esto posicionan su cultura como un activo diferenciador frente a otras ofertas laborales. El resultado: equipos más felices y con mayor rendimiento.
Al integrar la salud emocional en su agenda de RSE, las organizaciones demuestran que comprenden las necesidades reales de sus colaboradores. Y en un mundo que ya no tolera ambientes tóxicos, este tipo de prácticas puede marcar la diferencia entre ser una empresa del pasado o una del futuro.
Reconocimiento y sentido de pertenencia
Uno de los componentes más potentes del salario emocional es el reconocimiento. Saber que tu trabajo tiene impacto, y que alguien lo valora, puede ser más gratificante que cualquier bono económico. Celebrar logros, dar retroalimentación constructiva o promover el desarrollo son formas sencillas pero efectivas de hacerlo.
Además, el sentido de pertenencia es fundamental. Las personas quieren sentirse parte de algo más grande que ellas mismas. Iniciativas como redes internas de apoyo, comités de inclusión o eventos de integración ayudan a fortalecer los lazos entre colaboradores y con la misión de la empresa.
Saber qué es el salario emocional es entender que no se trata solo de “apapachar”, sino de construir una cultura basada en el respeto, la conexión y el propósito. Cuando las personas sienten que pertenecen, su nivel de compromiso y orgullo por la empresa se multiplica.
Cómo implementarlo de forma auténtica
Hablar de salario emocional no significa crear una lista de “beneficios cool” para presumir en redes sociales. Su implementación debe ser coherente con los valores de la organización, medible y adaptada a las realidades del equipo. Escuchar activamente y co-crear las iniciativas con los colaboradores es vital.
Una buena práctica es comenzar con diagnósticos internos: encuestas de satisfacción, entrevistas o focus groups. Estos instrumentos permiten identificar qué aspectos valoran más las personas y dónde hay áreas de oportunidad. La clave está en usar esa información para diseñar soluciones reales y útiles.
Por último, incorporar el salario emocional en la estrategia de RSE permite fortalecer los compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 3 (salud y bienestar) y el ODS 8 (trabajo decente). Así, no solo se beneficia el equipo interno, sino también la imagen pública y la ética empresarial.
Entender qué es el salario emocional y cómo se vincula con la RSE es clave para construir organizaciones más humanas y sostenibles. En una época donde el talento exige algo más que cheques puntuales, estas prácticas se vuelven fundamentales para atraer, motivar y retener a las personas.
Incorporarlo de forma auténtica no solo fortalece la cultura organizacional, sino que se convierte en una poderosa herramienta de impacto social. Las empresas que lo entienden no solo cuidan a su gente, sino que también se posicionan como agentes de cambio en el nuevo paradigma laboral.
En los últimos meses, las alarmas sobre el desarrollo de la inteligencia artificial no han dejado de sonar. Lejos de consolidarse como una herramienta confiable, la IA generativa ha mostrado tendencias preocupantes: desde reproducir desinformación y alucinaciones hasta responder con sesgos graves a preguntas sensibles. A pesar del enorme potencial de estos sistemas, su desempeño reciente ha comenzado a deteriorar la percepción pública y empresarial sobre su confiabilidad y utilidad real.
De acuerdo con Time, las causas de esta debacle reputacional de la IA no se limitan a errores accidentales. Experimentos como el reciente con Grok, el modelo de Elon Musk, evidencian lo sencillo que es manipular la IA para que reproduzca discursos de odio, glorifique a figuras históricas violentas o confunda la verdad. Estos fallos estructurales revelan que la IA está perdiendo confianza no solo por sus limitaciones técnicas, sino por la falta de responsabilidad y control sobre su evolución.
Cuando Grok evidenció el peor rostro de la IA
La actualización ideológica que recibió Grok, el chatbot de Musk, dejó en claro lo riesgoso que es modificar modelos de IA sin comprensión total de sus efectos. Después de ser reentrenado, Grok no solo dejó de identificar afirmaciones falsas, sino que comenzó a difundir clichés antisemitas y elogios a figuras totalitarias. Esta modificación no fue un error técnico, sino una decisión humana que alteró la orientación del modelo sin considerar las consecuencias sociales.
El caso expuso una verdad incómoda: no sabemos realmente cómo reaccionan los modelos a ciertos ajustes. La llamada “caja negra” de la IA impide entender los procesos internos que producen resultados. Al mismo tiempo, los sistemas están diseñados para replicar patrones dominantes en los datos que consumen, aunque estos sean falsos, sesgados o peligrosos.
Esta dependencia del “pensamiento colectivo” hace que los modelos repliquen desinformación con confianza absoluta, incluso cuando se enfrentan a hechos verificados. No solo se trata de reproducir opiniones; se trata de disfrazar falsedades como verdades universales, lo que implica un riesgo ético grave.
La lección de Grok debería bastar para alertar a los responsables del desarrollo de IA: sin mecanismos claros de supervisión, la inteligencia artificial puede ser usada como un arma de desinformación masiva en lugar de una herramienta de avance social y científico.
IA está perdiendo confianza en sectores clave
Según un estudio reciente de Yale, el 40 % de los directores ejecutivos expresaron preocupación por el entusiasmo desmedido en torno a la IA. Aunque reconocen su utilidad en áreas como codificación o automatización de tareas, muchos se muestran escépticos sobre su fiabilidad en el manejo de contenido informativo. Esa desconfianza no es gratuita: investigaciones muestran que la IA falla en identificar datos simples o cae fácilmente en simplificaciones erróneas.
El problema no es nuevo, pero la escala lo es. Modelos de IA responden de forma diametralmente opuesta a las mismas preguntas según la plataforma usada, lo que demuestra la falta de estandarización y control. Las alucinaciones —respuestas ficticias que parecen verosímiles— persisten como uno de los mayores desafíos, y los nuevos modelos más sofisticados alucinan aún más.
Además, la IA está perdiendo confianza porque ha dejado de priorizar los hechos por encima de la popularidad de las ideas. Al seleccionar respuestas con base en su frecuencia o consenso percibido, los modelos terminan favoreciendo la desinformación que circula ampliamente sobre verdades poco difundidas.
Esto se ve agravado por el hecho de que los resúmenes generados por IA ya están reemplazando enlaces a fuentes verificadas en los buscadores. En este escenario, la precisión queda supeditada a la conveniencia, una señal clara de que la IA no puede aún reemplazar al juicio humano informado.
El impacto global de la desinformación algorítmica
Uno de los aspectos más alarmantes es cómo actores maliciosos están explotando esta vulnerabilidad. Países como Rusia han inundado internet con artículos falsos diseñados para alimentar a los modelos de IA. En una prueba reciente, el 24 % de los modelos no detectó desinformación rusa, y algunos incluso citaron medios como Pravda como fuentes legítimas.
Esto refleja que la IA está perdiendo confianza también a nivel geopolítico. No solo reproduce los sesgos de sus desarrolladores o del pensamiento colectivo, sino que se convierte en una plataforma ideal para amplificar campañas de propaganda encubierta. La manipulación de datos con fines políticos se ve facilitada por modelos incapaces de distinguir intencionalidad o malicia.
Además, el crecimiento de sitios generados por IA —más de 1,200 identificados hasta ahora en 16 idiomas— alimenta un ecosistema donde la verdad es difícil de rastrear. Imágenes y videos falsos se difunden con rapidez, y los modelos no siempre logran distinguir su origen o intencionalidad.
La retroalimentación de información falsa dentro de estos modelos deteriora aún más su precisión. Cuanto más se entrenan con desinformación, más distorsionan sus respuestas. Este fenómeno pone en riesgo no solo el periodismo, sino la integridad de procesos educativos, políticos y sociales que dependen de fuentes fiables.
¿Hay futuro para la IA responsable?
A pesar de todo, la IA no está condenada al fracaso. Algunos ejemplos recientes muestran cómo puede complementar procesos periodísticos de investigación y análisis de datos con gran eficiencia. La clave, sin embargo, está en asumir que la IA es una herramienta, no una fuente de verdad autónoma.
El periodismo, por ejemplo, puede beneficiarse del uso ético de la IA como apoyo técnico. ProPublica ha demostrado cómo puede aprovecharse para procesar grandes volúmenes de información en poco tiempo sin sustituir el análisis humano. Pero este tipo de usos requieren control, verificación y supervisión editorial.
Lo mismo aplica a otras industrias. La creatividad, la novedad y el pensamiento crítico siguen siendo competencias humanas esenciales que la IA no puede replicar. Más preocupante aún, estudios muestran que los usuarios que no usan IA tienden a generar ideas más creativas, revelando que la herramienta puede limitar más de lo que aporta.
Por ello, es urgente que las empresas, gobiernos y organizaciones impulsen políticas de regulación, transparencia y educación en torno al uso de IA. Si no se recupera la confianza desde la base, el desarrollo tecnológico no solo se desacelerará, sino que avanzará por caminos peligrosos e incontrolables.
La confianza debe construirse con responsabilidad
La idea de una IA omnipresente y útil está en jaque. Si bien su potencial sigue vigente, los fallos recientes y la facilidad con la que puede ser manipulada muestran que aún carece de las garantías necesarias para operar con plena legitimidad. Por eso, la IA está perdiendo confianza en todos los sectores donde la precisión, la veracidad y la responsabilidad son imprescindibles.
Para revertir este declive, el sector tecnológico debe priorizar la ética, la rendición de cuentas y la transparencia. A fin de cuentas, no se trata de detener el avance de la tecnología, sino de asegurarse de que este avance no nos arrastre hacia una era de desinformación automatizada y decisiones sin fundamento.
La inflación alimentaria no es solo una cuestión económica: también es una alerta ambiental. En los últimos años, los precios de productos básicos como tomates, huevos y café se han disparado. Durante ese mismo periodo, las temperaturas extremas, huracanes e inundaciones también se han intensificado, creando un patrón que preocupa a economistas y ambientalistas.
Una investigación publicada en Environmental Research Letters demuestra que no es coincidencia. Las condiciones meteorológicas extremas están correlacionadas directamente con aumentos inmediatos en los precios de alimentos. Así, el aumento de precio en comestibles ya no puede analizarse sin considerar los impactos del cambio climático.
Eventos climáticos extremos y su efecto en la despensa
El informe mapea 16 eventos climáticos desde 2022 que afectaron cultivos clave, provocando alzas drásticas en los precios. Sequías en California y Arizona elevaron los precios de verduras en un 80 %. Olas de calor en Japón causaron un incremento del 48 % en el arroz. Estos fenómenos no son aislados, son consecuencia directa del calentamiento global.
David Ortega, economista de alimentos, señala que no solo la sequía impacta los cultivos: también lo hacen las inundaciones, huracanes y heladas inusuales. La producción de cítricos en Florida, por ejemplo, se redujo considerablemente tras los huracanes de 2024, generando escasez y nuevos aumentos de precio en comestibles.
La situación no se limita a Estados Unidos. En México, las sequías de 2023 provocaron un aumento del 20 % en los precios de verduras, y en Brasil, el café subió un 55 % por condiciones similares. Estos aumentos globales reflejan una tendencia estructural que demanda atención urgente.
A new study by the Barcelona Supercomputing Center warns that extreme weather driven by climate change is pushing up global food prices and threatening public health and societal stability.
— The American Geographical Society (@AmericanGeo) July 23, 2025
Como advierte el estudio, los alimentos son perecederos y los mercados están interconectados. Esto significa que el impacto de un fenómeno climático puede sentirse rápidamente en los precios, incluso a nivel internacional.
Aumento de precio en comestibles: ¿quién paga más?
Los efectos del cambio climático sobre los precios de alimentos golpean con mayor dureza a las personas de bajos ingresos. Estas familias destinan una mayor proporción de su presupuesto a comida, por lo que cualquier variación genera desajustes severos. Es aquí donde el aumento de precio en comestibles se convierte en una amenaza a la equidad social.
Programas como SNAP en Estados Unidos también se ven afectados. El valor de la ayuda alimentaria se vuelve insuficiente ante los aumentos inesperados. Andrew Hultgren explica que esta variabilidad añade incertidumbre financiera a familias ya vulnerables, dificultando decisiones básicas sobre otros gastos esenciales.
Además, las consecuencias no son iguales en todos los países. En regiones como África occidental, donde se produce el 60 % del cacao mundial, las temperaturas sin precedentes elevaron el precio del producto un 300 % en solo dos meses. Esta falta de diversificación geográfica agrava el problema.
El estudio advierte que esta combinación de inseguridad alimentaria y fenómenos climáticos extremos podría provocar mayor inestabilidad política, económica y social a nivel global. No solo estamos pagando más por los alimentos: estamos poniendo en riesgo la estabilidad de comunidades enteras.
¿Es solo el clima? La respuesta es más compleja
Aunque el cambio climático es un factor clave, los investigadores destacan que existen otras variables que amplifican el problema. La guerra en Ucrania, interrupciones logísticas y la recuperación postpandemia también influyen. Sin embargo, el componente climático es el que más presión constante ejerce sobre los precios.
Ortega menciona que 2022 fue un punto crítico: el mayor aumento de precios en alimentos en una generación. Aunque algunas crisis son temporales, el clima extremo persistente plantea una amenaza de largo plazo. Por eso, el aumento de precio en comestibles es una expresión tangible de una crisis más amplia.
Además, la inflación alimentaria complica los mandatos de bancos centrales, que enfrentan desafíos para mantener la estabilidad de precios. Según el estudio, la volatilidad climática podría debilitar la credibilidad institucional y dificultar la formulación de políticas monetarias efectivas.
En otras palabras, el clima ya no solo es una preocupación ambiental: se ha convertido en un riesgo económico que permea los sistemas financieros, las políticas públicas y las decisiones cotidianas de millones de consumidores.
Adaptación, inversión y acción urgente
Frente a este panorama, los expertos subrayan la necesidad de actuar con rapidez. Ortega afirma que se requiere inversión pública en ciencia y tecnología: variedades de cultivos resistentes, pronósticos climáticos más precisos y seguros agrícolas eficaces. Pero esto solo será posible con una política climática coherente.
Hultgren destaca que la adaptación ya está en marcha. Muchos agricultores están ajustando sus decisiones de siembra en función de precios y previsiones. Pero estas decisiones solo son viables si se cuenta con información adecuada. Sin datos, el margen de maniobra se reduce y las pérdidas aumentan.
La cooperación internacional también será clave. Ningún país puede enfrentar esta crisis solo. Las redes de distribución, los precios globales y la estabilidad del mercado dependen de una gobernanza climática responsable y una acción sostenida desde todos los sectores.
El aumento de precio en comestibles es solo el síntoma visible de una transformación profunda que exige responsabilidad política, ética empresarial y participación ciudadana. Ignorarla no hará que desaparezca. Solo actuando podremos contener sus efectos más devastadores.
El precio real de una despensa más cara
La relación entre el cambio climático y los precios de los alimentos es clara, urgente y alarmante. No estamos frente a fenómenos aislados ni ante una inflación común: estamos experimentando el costo social de un modelo económico que no ha sabido adaptarse al planeta que habitamos. El aumento de precio en comestibles es una señal clara de que nuestras decisiones colectivas deben cambiar.
Para quienes trabajan en responsabilidad social, este es un llamado a liderar desde la evidencia, impulsar inversiones con impacto y exigir políticas que pongan la seguridad alimentaria y climática al centro. La pregunta ya no es cuánto costará adaptarse, sino cuánto más podemos permitirnos no hacerlo.
Aunque la economía circular promete beneficios ambientales y económicos, su adopción entre los consumidores sigue siendo limitada. El problema no es solo la falta de infraestructura o políticas públicas, sino también la percepción individual de quienes deciden qué comprar, cómo y por qué. Hoy, la transición hacia modelos más sostenibles enfrenta un obstáculo crucial: la falta de confianza.
La desconfianza en la economía circular está frenando el impacto positivo que muchas empresas esperan lograr. De acuerdo con Sustainable Brands, aunque una gran mayoría de consumidores afirma tener motivaciones ambientales para modificar sus hábitos, al momento de comprar productos reacondicionados, de segunda mano o reciclados, surgen dudas profundas sobre calidad, higiene y seguridad. ¿Qué está fallando?
Un estudio que conecta confianza y circularidad
El estudio Circularidad Global 2025, elaborado por el British Standards Institute (BSI) y el Cambridge Institute for Sustainability Leadership (CISL), encuestó a más de 8,000 personas en distintos países para entender su relación con la economía circular. El hallazgo más relevante fue contundente: la adopción de comportamientos circulares depende directamente del nivel de confianza que los consumidores tienen en los productos y servicios que se ofrecen bajo este modelo.
Si bien el 68 % de los encuestados afirma estar motivado por razones ambientales, esa intención no se traduce en acción. Por ejemplo, solo el 33 % compraría electrónicos usados, y apenas un cuarto de la muestra estaría dispuesto a adquirir alimentos “feos” o imperfectos. La brecha entre intención y acción se sostiene, en gran parte, por la desconfianza en la economía circular. Como lo señaló Susan Taylor Martin, directora ejecutiva de BSI:
“La economía circular representa una oportunidad inmensa, pero requiere que las marcas demuestren valor genuino. No basta con promesas sostenibles; se necesita evidencia tangible de calidad y confiabilidad”.
¿Qué motiva la desconfianza en la economía circular?
El informe revela que existen razones claras que explican la desconfianza en la economía circular. A continuación, se enumeran las más destacadas:
Calidad, seguridad e higiene: 56 % de los encuestados desconfía de la calidad de productos reacondicionados, el 50 % teme por su seguridad, y el 48 % tiene reparos por motivos de higiene.
Costo y conveniencia: El 19 % indicó que los obstáculos prácticos como precios elevados o incomodidad en el acceso son barreras reales.
Falta de transparencia y greenwashing: 31.6 % desconfía de las afirmaciones de sostenibilidad por temor a que sean engañosas o incompletas.
Hábitos arraigados y desconocimiento: La educación limitada sobre economía circular y la resistencia al cambio dificultan una adopción masiva.
Complejidad en las cadenas de suministro: Desde el lado empresarial, adaptar los modelos lineales a circulares requiere cambios estructurales y colaboración intersectorial.
¿Cómo ganarse la confianza del consumidor?
Disrupción positiva
El cambio debe ser profundo. Reimaginar los modelos tradicionales no es opcional si se quiere que la circularidad escale. Las marcas deben liderar este cambio desde nuevos modelos de negocio como el alquiler, el recommerce o los productos imperfectos, y mostrarlos como opciones deseables, no solo responsables.
Garantía de calidad
La promesa de sostenibilidad debe ir acompañada de evidencia de que los productos circulares funcionan igual o mejor que los tradicionales. Esto implica priorizar durabilidad, rendimiento y seguridad, eliminando la percepción de que “usado” es sinónimo de inferior.
Validación externa
Las certificaciones confiables pueden ser decisivas para generar confianza. Etiquetas reconocidas y pruebas independientes de calidad ayudan a contrarrestar la desconfianza, brindando al consumidor un criterio objetivo al momento de decidir.
Transparencia total
La desconfianza en la economía circular se agrava cuando los mensajes son vagos. Las marcas deben ser claras sobre el impacto real de sus productos y prácticas, ofreciendo datos comprobables que respalden sus afirmaciones y eliminando ambigüedades.
Incentivos económicos
Casi la mitad de los consumidores considera que recibir dinero a cambio de reciclar los motivaría a participar. Subvenciones, reembolsos o beneficios por prácticas circulares pueden ser más eficaces que sanciones o impuestos.
Colaboración intersectorial
Para que el cambio sea sistémico, se requiere colaboración entre empresas, gobiernos, ONGs y consumidores. Establecer estándares comunes, plataformas compartidas y normas claras puede construir la base de una economía circular confiable.
Reconstruir la confianza para transformar el consumo
La economía circular no será efectiva si los consumidores no creen en ella. Más allá de campañas verdes o productos ecológicos, la confianza se construye desde la experiencia, la transparencia y la consistencia. La desconfianza en la economíacircular es un síntoma de la distancia que aún existe entre el ideal sostenible y la realidad del mercado.
Frente a este reto, las marcas tienen la oportunidad de convertirse en agentes de cambio, demostrando que el consumo responsable no implica sacrificar calidad ni seguridad. Solo a través de un esfuerzo conjunto entre innovación, educación y política pública podrá lograrse una transición real y duradera.
Superar la desconfianza en la economía circular no es tarea sencilla, pero sí urgente. El éxito de este modelo depende de que el consumidor no solo crea en su valor ambiental, sino que lo perciba como una opción viable, accesible y segura en su día a día. En esa percepción, se juega el futuro de un modelo económico más justo y sostenible.
La reciente revelación de cartas enviadas a nombre de la Administración Trump a menores migrantes ha causado una profunda alarma entre defensores de derechos humanos. De acuerdo con información de El Financiero, estos documentos, se insta a los niños a abandonar inmediatamente Estados Unidos bajo amenaza de ser deportados, multados o incluso enjuiciados. La dureza del lenguaje ha encendido las alertas en sectores legales, religiosos y comunitarios que trabajan por la protección de esta población vulnerable.
Trump lanza advertencia a niños migrantes en un contexto legal y emocionalmente frágil, afectando a decenas de menores que ingresaron legalmente al país bajo programas humanitarios. Las consecuencias psicológicas de esta amenaza son graves, especialmente para menores sin representación legal o cuyas familias viven con miedo. Líderes como la pastora Julie Contreras lo describen como un retroceso inaceptable en derechos humanos:
“Estados Unidos está perdiendo su humanidad, las iglesias y otros santuarios ya no ofrecen garantías”.
Trump lanza advertencia a niños migrantes con cartas amenazantes
Las cartas recibidas por niños migrantes en Illinois llevan un mensaje contundente desde las primeras líneas: “Es hora de que salgas de Estados Unidos”. Estas misivas, firmadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), informan a los menores que su permiso de entrada ha sido cancelado o lo será pronto, exigiendo su salida inmediata del país. Las consecuencias por no hacerlo incluyen detención, procesos judiciales y sanciones.
La política afecta particularmente a niños que llegaron a Estados Unidos entre 2014 y 2016 como “menores no acompañados” y que fueron reunificados con familiares ya residentes. Aunque ingresaron legalmente bajo programas humanitarios, ahora están siendo tratados como amenazas a la seguridad migratoria, según denuncias de líderes comunitarios.
La advertencia de Trump es una muestra de cómo los derechos básicos pueden ser erosionados con acciones administrativas. Contreras señala que este acto es “una barbaridad”, y señala que el trauma de recibir una carta oficial con tono amenazante desde el gobierno más poderoso del mundo impacta profundamente la salud mental de los menores.
Vulnerabilidad jurídica y falta de defensa para los menores
Una de las grandes preocupaciones es que muchos de estos menores no cuentan con representación legal. Por la manera en que ingresaron al país, sus padres o familiares no pueden representarlos ante un juez migratorio. La falta de abogados especializados los deja en una situación crítica ante un sistema judicial complejo y adverso.
En marzo, la administración Trump recortó los fondos federales destinados a la defensa legal de menores migrantes. Solo tras una demanda colectiva de 11 organizaciones se restablecieron parcialmente estos recursos. Sin embargo, líderes como Davina Casas temen que el sistema ya esté colapsado: “Incluso con los fondos, no hay capacidad suficiente para atender la demanda”.
Trump lanza advertencia a niños migrantes justo cuando más desprotegidos están. Según la ley contra la trata de 2008, el gobierno estadounidense está obligado a ofrecer asistencia legal y repatriación segura. Pero los hechos muestran que estas garantías están siendo ignoradas sistemáticamente, especialmente bajo la presión de políticas restrictivas y represivas.
Efectos psicológicos: del miedo al trauma infantil
Los efectos de estas cartas no son solo legales, sino también emocionales. Al menos tres niños buscaron refugio en iglesias como la de United Giving Hope, acompañados por madres o tías. Un cuarto menor quedó al cuidado exclusivo de la congregación porque sus padres, indocumentados, temen presentarse públicamente.
Activistas como Contreras señalan que esta experiencia genera un daño emocional severo. “Estos niños no son criminales, son víctimas. Están siendo aterrorizados”, advirtió. El hecho de que Trump lanza advertencia a niños migrantes no como una política general, sino de forma directa y personalizada, convierte esta acción en una forma de intimidación institucional.
Además, muchos de estos menores ya habían comenzado a integrarse en sus comunidades: iban a la escuela, tenían amigos, hablaban inglés y consideraban a Estados Unidos su hogar. Recibir una orden de salida y amenaza de proceso penal destruye ese sentido de pertenencia y causa una ruptura emocional difícil de reparar.
El sistema de protección para menores no acompañados, en riesgo
La legislación vigente establece que los menores no acompañados deben ser puestos bajo el resguardo de la Oficina de Reubicación de Refugiados (ORR), que se encarga de su protección mientras se resuelven sus casos. Sin embargo, organizaciones defensoras advierten que este sistema está siendo socavado gradualmente.
Casas, líder de la Organización Monarquía, explicó que muchos niños ven revocado su permiso sin previo aviso y son trasladados a centros de detención. “Ya no tienen cómo defenderse ni con quién. Muchos están solos”, lamentó. Este cambio administrativo, sin debate público ni justificación clara, pone en entredicho la legalidad del proceso.
En este contexto, Trump lanza advertencia a niños migrantes no solo refleja una política de endurecimiento migratorio, sino también una fractura ética en la forma en que el país trata a sus residentes más vulnerables. La falta de transparencia, sumada al debilitamiento de las garantías legales, configura un escenario alarmante para cualquier defensor de los derechos humanos.
Entre la legalidad y la ética: una llamada de alerta
El envío de cartas intimidantes a menores migrantes marca un precedente inquietante en la política migratoria estadounidense. Trump lanza advertencia a niños migrantes no como un acto aislado, sino como una señal del rumbo que podría tomar el país si la presión por endurecer la migración sigue sobrepasando los marcos de la justicia y la humanidad.
Para la comunidad especializada en responsabilidad social, este caso exige atención urgente. No solo se trata de leyes, sino de principios éticos fundamentales que están en juego. Las instituciones, iglesias y defensores deben permanecer vigilantes para proteger el derecho de los niños a una vida libre de miedo, incluso cuando las leyes parecen volverse en su contra.
En el marco del Día del Perro (21 de julio) y el Día Mundial del Perro Callejero que se celebra el 27 de julio, Mitsubishi Motors de México y Zadrigman (@zadrigman) defensor animal comprometido con la protección y rescate de perros y gatos en situación de calle, celebran el éxito de su reciente campaña de donación de alimento. Lo que comenzó como una meta ambiciosa de recaudar 3 toneladas de croquetas, se transformó en un movimiento solidario que logró reunir 7.2 toneladas.
Gracias al resultado que superó por mucho a la cantidad de kilos que se esperaban recaudar, la ayuda se repartió con algunos de los refugios más necesitados con los que Zadrigman colabora, entre ellos el albergue “Huellitas Amecameca”, hogar de más de 400 perritos y gatitos rescatados.
Con el apoyo de cientos de personas que donaron y la participación del “Escuadrón Patitas”, parte del alimento recolectado fue cargado en el vehículo oficial de rescate de Zadrigman, una pick up Mitsubishi L200 GSR, y en varias unidades adicionales, que por su capacidad todoterreno y de carga, fueron clave para transportar de manera eficiente y segura el alimento hasta el refugio en el Estado de México.
“Nos llena de orgullo saber que la pick up L200 GSR forma parte de una causa que salva vidas y mejora el bienestar animal en México. Esta donación ayudará mucho a los albergues y en Mitsubishi estamos comprometidos con poner nuestro granito de arena para sumar a la labor de Zadrigman” comentó Ah-Kin Vázquez- Presidente y CEO de Mitsubishi Motors de México.
Huellitas Amecameca es un albergue con más de 400 animales rescatados de maltrato y situación de calle, el cual subsiste gracias a la ayuda que reciben de los empleados y de la gente, por lo que los invitamos a sumar con donaciones en dinero o en especie.
Así mismo, todos los perritos y gatitos que viven en el albergue buscan un hogar para siempre, por lo que también están disponibles para adopción y así brindarles una segunda oportunidad. Para ver las fotos y más detalles de los animalitos, los invitamos a seguir sus redes
Instagram: @huellitasameca
Facebook: @ Huellitas Amecameca A.C.
Con esta iniciativa, Mitsubishi Motors demuestra que una marca con propósito va más allá de ofrecer vehículos con la más alta calidad, también busca generar un impacto positivo en la sociedad, empatía y trabajo en equipo.
En México, aún existen desafíos importantes para garantizar que las mujeres e infancias, accedan a oportunidades reales de educación, salud y desarrollo. Frente a este contexto, Fundación Instituto Natura inicia una nueva etapa con la integración de las causas sociales de Avon, reafirmando su compromiso con una transformación sistémica, con una visión de largo plazo, basada en la articulación y colaboración.
Silvia Ojeda, directora de Fundación Instituto Natura México, mencionó:
“Hoy consolidamos una sola ruta con propósito: fortalecer la educación, los derechos y la salud de las mujeres, y el desarrollo integral de las Consultoras de Belleza. Cuando unimos fuerzas, el impacto no solo crece, se multiplica”
Educación
En un país donde 1 de cada 3 niñas y niños de tercer grado no comprende lo que lee, la Fundación trabaja para garantizar que aprender a leer y escribir a tiempo no sea un privilegio, sino un derecho. A través de la implementación de la Política Estatal de Aprendizajes en 8 estados, en alianza con autoridades educativas y socios estratégicos, más de 1 millón de estudiantes han sido alcanzados por acciones concretas que priorizan la alfabetización, las matemáticas y las habilidades socioemocionales desde los primeros años de escuela.
Derechos y Salud de las Mujeres
La violencia de género sigue siendo una de las problemáticas más urgentes en México: 7 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de agresión. En 2024, Fundación Instituto Natura ha sensibilizado a más de 3.6 millones de mujeres a través de campañas informativas y ha destinado más de 6 millones de pesos a organizaciones que brindan refugio, atención legal y apoyo psicológico.
El compromiso con la salud de las mujeres también se refuerza. Solo en 2023 se registraron más de 23 mil nuevos casos de cáncer de mama en México. En 2024, Fundación Instituto Natura impulsó campañas de detección temprana y ha destinado más de 6 millones de pesos a organizaciones que brindan orientación y acceso a estudios clínicos. Gracias a estas acciones, más de 24 mil mujeres han sido sensibilizadas sobre los signos de alerta y la importancia de realizarse su mastografía cada año. Porque la información puede salvar vidas.
Desarrollo Integral de Consultoras de Belleza
Promover la transformación social de la red es relevante para la regeneración social por ello contribuimos al desarrollo integral delas Consultoras de Belleza a través de su formación educativa de una oferta enfocada principalmente en digitalización, finanzas y bienestar emocional. Además, comprometidos con su salud se desarrolló un protocolo exclusivo de atendimiento en salud mamaria para acceder a un diagnóstico oportuno a través de una mastografía. Y, en la defensa de sus derechos, se implementó un protocolo de primera escucha, con el objetivo de ofrecer contención emocional y orientación segura frente a situaciones de violencia.
Las Consultoras son el corazón de la red y su impacto va mucho más allá: con cada producto con causa que venden, activan un círculo virtuoso que transforma no solo sus vidas, sino también las de sus comunidades.
Lo recaudado por la venta de la línea Creer Para Ver de Natura y de los Productos con Causa de Avonse destina íntegramente a iniciativas que impactan en la educación, derechos y salud de las mujeres, y desarrollo integral de consultoras.
Porque cuando elegimos con propósito, no solo apoyamos una causa: multiplicamos oportunidades. Ese es el poder de una red que cree en el presente y transforma el futuro.
Por Coco Medina, Staff Regional Manager de Innovación y Posicionamiento en Hospitality para Latinoamérica y Caribe de Vingcard | ASSA ABLOY
La industria de la hospitalidad enfrenta un momento decisivo: satisfacer las demandas de los viajeros que buscan opciones más amigables con el ecosistema, mientras mitigan su impacto ambiental. En este contexto, las auditorías de sostenibilidad surgen como una herramienta indispensable para hoteles y estancias que buscan alinear sus operaciones con los principios de responsabilidad ambiental, eficiencia operativa y seguridad.
De acuerdo con el informe de Viajes Sustentables 2024, 94% de la comunidad viajera considera la sostenibilidad como un aspecto importante a la hora de reservar un hotel o estancia, de ahí que en la hospitalidad moderna se apueste por adoptar un enfoque proactivo a través de ecosistemas tecnológicos que garanticen una operación sustentable, la cual, sea medible por medio de auditorías periódicas que permitan a los hoteles acceder a certificaciones que los avalen como espacios ecológicamente responsables, impulsando con ello una ventaja competitiva, mientras ofrecen una experiencia única y ambientalmente responsable a los viajeros.
A medida que los hoteles y estancias enfrentan los desafíos que plantea el cambio climático, la escasez de recursos, así como la responsabilidad tanto con el medio ambiente como con cada huésped, las auditorías de sostenibilidad ayudan a la promoción de prácticas éticas, la reducción del impacto ambiental y fomentan una hospitalidad de mejora continua.
Comprendiendo las auditorías de sostenibilidad
Las auditorías de sostenibilidad en la hospitalidad son evaluaciones constantes a las operaciones de un hotel en relación con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG). Estas auditorías evalúan el cumplimiento de estándares establecidos e identifican áreas de mejora, lo que permite a los hoteles optimizar su desempeño en términos medioambientales. Las auditorías de sostenibilidad abarcan diversos factores, incluyendo el consumo de energía, la gestión de residuos, el uso del agua, las prácticas laborales y el compromiso con la experiencia del huésped. Todo ello impulsado por ecosistemas tecnológicos que permiten la medición, monitoreo y gestión integral de la operatividad, seguridad y eficiencia del hotel o estancia.
Entre los múltiples beneficios, el cumplimiento de la normativa medioambiental a partir de la recopilación de datos y la trazabilidad ofrecida por el seguimiento tecnológico y protocolario a lo largo de la cadena de suministro, se convierten en dos aspectos fundamentales en los que la innovación, en conjunto con las auditorías sostenibles marcan una diferencia para la los hoteles y la hospitalidad del futuro.
Cumplimiento con regulaciones y normas
A medida que se implementan regulaciones ambientales más estrictas, estancias y hoteles deben cumplir con estas leyes para evitar consecuencias legales y sanciones. En el caso de México, se ha reforzado el marco regulatorio ambiental, a través de instrumentos como la Ley General de Cambio Climático y el Programa de Turismo Sustentable.
En este panorama, las auditorías ayudan a los hoteles a evitar sanciones como las impuestas hace un par de años a 15 hoteles en Quintana Roo por no operar de forma eficiente conforme a su Plan de Manejo de Residuos, en estos escenarios es donde las auditorías preventivas ayudan a identificar riesgos y evitar penalizaciones.
Un ecosistema tecnológico proporciona una plataforma sólida para la recopilación de datos fundamental para llevar a cabo auditorías de sostenibilidad efectivas. La tecnología además de mejorar la experiencia de los huéspedes, también proporciona valiosos insights sobre el funcionamiento interno de los hoteles, permitiendo una mejor gestión de los recursos y un seguimiento más preciso del cumplimiento de las normas ambientales.
La integración de herramientas avanzadas de recopilación de datos en los sistemas permite a los hoteles transformar su operación hacia un modelo de sostenibilidad medible y accionable. A través de plataformas que monitorean el consumo energético en tiempo real, los hoteles identifican patrones de uso, desde el gasto en calefacción o enfriamiento hasta el funcionamiento de equipos comunes, facilitando con ello la detección de puntos de mayor emisión. De manera paralela, es posible implementar sensores especializados que rastrean el consumo de agua en todas las áreas, ofreciendo insights para optimizar su uso y reducir desperdicios. Además, los sistemas de gestión de residuos no solo permiten medir la cantidad de materiales reciclados, sino que también analizar las tendencias de desecho para diseñar estrategias de economía circular.
De esta forma, al realizar auditorías de sostenibilidad de manera constante, gracias a la recopilación de datos, hoteles y estancias pueden identificar brechas de cumplimiento y tomar medidas correctivas en el momento indicado, mitigando así riesgos legales y fomentando una operación más responsable con el medio ambiente.
Trazabilidad que genera confianza
Las auditorías sustentables no se limitan sólo a la operatividad de un hotel o estancia, sino a cada aspecto que lo compone, incluyendo la cadena de suministro. A través de tecnología y prácticas rigurosas, un ecosistema tecnológico de hospitalidad moderna puede realizar un aproximado anual de 701 auditorías de sostenibilidad a proveedores de materiales directos, llevando la responsabilidad ambiental un paso más lejos al enfocarse en la cadena de suministro y el cumplimiento de estándares ecológicos. Este esfuerzo es fundamental para la industria hotelera pues garantiza a los hoteles que los proveedores tecnológicos con los que trabajan no solo cumplen con las normativas locales e internacionales, sino que también adoptan prácticas sostenibles que minimizan su impacto ambiental.
Gracias a esta trazabilidad que ofrecen las auditorías sostenibles, los hoteles y estancias pueden implementar códigos QR que los huéspedes pueden escanear para verificar el origen de los materiales utilizados en las instalaciones y servicios. Esta iniciativa permite a los viajeros acceder fácilmente a información detallada sobre la cadena de suministro de los productos que consumen o utilizan durante su estancia.
Así, cuando un huésped escanea el código QR, accede a un informe completo que incluye datos sobre el fabricante, las prácticas de producción y la sostenibilidad de los materiales. Por ejemplo, puede conocer si los productos de limpieza son ecológicos, cómo se obtuvieron los muebles y si los alimentos servidos en el restaurante provienen de fuentes locales y sostenibles. Esto aumenta la confianza de los huéspedes en la calidad y responsabilidad del hotel, mientras les permite tomar decisiones conscientes sobre su impacto ambiental, estableciendo con ello una experiencia y relación distinta con el hotel o estancia.
Al proporcionar esta transparencia, los hoteles cumplen con las expectativas de los viajeros modernos y establecen un nuevo nivel de calidad y estándar en la industria de la hospitalidad en términos de responsabilidad social y ambiental.
La industria de la hospitalidad se encuentra ante un horizonte lleno de oportunidades ofrecidas por el compromiso con el medio ambiente. Las auditorías de sostenibilidad, respaldadas por ecosistemas tecnológicos avanzados, se convierten en una brújula que guía a hoteles y estancias hacia un futuro donde la eficiencia operativa, la responsabilidad ambiental y la conexión humana convergen.
Para conocer cómo un ecosistema tecnológico puede ayudar a mejorar la experiencia de los viajeros de forma sustentable, visita: https://www.vingcard.com
Cuando una figura pública con millones de seguidores habla, sus palabras no solo hacen eco: moldean percepciones, normalizan conductas y pueden, incluso, abrir la puerta a retrocesos sociales. Así ocurrió con Javier “Chicharito” Hernández, quien recientemente se volvió tendencia por declaraciones que encendieron el debate sobre el machismo y el rol de los atletas como modelos de conducta.
Con frases que invitan a las mujeres a “encarnar su energía femenina” cuidando y limpiando, y que señalan que están “fracasando” por erradicar la masculinidad, el delantero de Chivas provocó una oleada de indignación que alcanzó a autoridades, figuras públicas, colectivos e incluso a su propio club y patrocinadores. El caso abre una conversación urgente: ¿qué sucede cuando un deportista influye negativamente en los valores de equidad e inclusión?
El problema no es el mensaje, es el megáfono
Las declaraciones del Chicharito Hernández no son nuevas en el ecosistema digital. En redes sociales abundan los contenidos que promueven la idea de que los hombres deben liderar y las mujeres obedecer, bajo una aparente narrativa de “energías complementarias”. Lo preocupante es que esta vez, el mensajero no es un influencer cualquiera: es un futbolista que representa a México, con voz en medios internacionales.
En una sociedad aún marcada por brechas de género, este tipo de discursos no son inocuos. Al provenir de un ídolo del deporte, ganan legitimidad entre jóvenes que están en proceso de formar su identidad. ¿Qué significa para un niño o una niña que su referente afirme que “las mujeres están fracasando”? ¿Qué refuerza eso en los hogares, escuelas o equipos deportivos?
La responsabilidad social de los líderes de opinión —como los atletas— implica ser conscientes del impacto de sus palabras. En lugar de promover estereotipos de género, deberían usar su plataforma para fomentar la igualdad y el respeto. Lo contrario es una falta grave.
Instituciones que sí levantaron la voz
Frente al revuelo, diferentes voces se alzaron. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que las declaraciones del Chicharito Hernández reflejan que “tiene mucho que aprender sobre las mujeres”. Fue clara: las mujeres pueden ser lo que quieran ser, desde madres y líderes hasta comandantas de las Fuerzas Armadas. Su mensaje no fue para polemizar, sino para educar.
La Secretaría de las Mujeres también tomó postura. Con un comunicado en redes sociales, condenaron la difusión de mensajes sexistas y subrayaron que las mujeres tienen derecho a elegir su camino fuera de los estereotipos. Lo importante no fue solo el contenido del mensaje institucional, sino que marcó una postura pública, oficial y firme.
Este tipo de respuestas son fundamentales en un entorno mediático que tiende a trivializar los discursos discriminatorios. La omisión de instituciones puede leerse como complicidad. En contraste, su posicionamiento deja claro que los valores democráticos y de equidad deben ser defendidos sin titubeos.
Postura institucional: Chivas, Puma y la FMF
El Club Deportivo Guadalajara, al que actualmente pertenece Chicharito, publicó un breve comunicado en el que reiteró su compromiso con la equidad de género y el respeto dentro y fuera de la cancha. Aunque no mencionaron directamente al delantero, dejaron en claro que “el futbol debe ser una plataforma para la inclusión, el respeto y el cambio positivo”. Fuentes internas señalaron que se ha abierto un proceso de revisión interna sobre el impacto de estas declaraciones.
Por su parte, la marca deportiva Puma —patrocinadora oficial del jugador— declaró que no comparte ni respalda las opiniones emitidas. En su mensaje, reafirmaron su política global de respeto y equidad, y aseguraron que “se mantendrán atentos a los desarrollos para garantizar que sus embajadores representen adecuadamente los valores de la marca”.
La Federación Mexicana de Futbol (FMF) también emitió un posicionamiento breve pero contundente. Subrayó que todos los jugadores que forman parte de las selecciones nacionales o de los clubes afiliados deben conducirse con responsabilidad y apego a los principios de igualdad y no discriminación. “Nuestro compromiso con el respeto y la equidad es inquebrantable”, señalaron.
— Federación Mexicana de Futbol (@FMF) July 23, 2025
Estas posturas institucionales reflejan un cambio de época: las organizaciones deportivas ya no pueden guardar silencio ante discursos que promuevan la desigualdad. Su respuesta también sienta un precedente sobre el tipo de liderazgo que esperan de quienes portan su camiseta o su escudo.
Respuesta femenina desde la cancha
Una de las respuestas más contundentes provino del mismo entorno de Chicharito: sus compañeras del equipo femenil de Chivas. Jugadoras como Blanca Félix y Daniela Delgado compartieron un video que contextualiza el debate: limpiar no es opresión, pero reducir el rol de las mujeres al cuidado del hogar sí lo es.
Este gesto trasciende el simple acto de compartir contenido. Representa una postura colectiva de mujeres deportistas que, día a día, luchan por un espacio en un ambiente históricamente masculinizado. Ellas conocen bien lo que significa desafiar estereotipos y alzar la voz dentro de una industria que aún carga con sesgos estructurales.
El gesto también deja claro que el futbol no es una sola voz ni un discurso unificado. Hay muchas narrativas en juego, y la de las mujeres en el deporte está cada vez más presente, más firme y más incómoda para quienes prefieren mantener privilegios intactos.
Influencia digital con consecuencias reales
Las declaraciones del Chicharito Hernández son solo una parte del fenómeno más amplio de cómo los atletas han pasado de ser solo deportistas a convertirse en influenciadores ideológicos. Sus redes sociales, más allá del entretenimiento, se convierten en espacios donde se reproducen modelos sociales, para bien o para mal.
Con esa visibilidad viene una gran responsabilidad. Ya no se trata solo de meter goles o dar entrevistas. Ahora, sus palabras tienen el poder de reforzar o desmontar estructuras de poder. Y eso implica que los clubes, las marcas patrocinadoras y las instituciones deportivas también deben decidir si quieren asociarse con ese tipo de mensajes.
El deporte, como parte de la cultura popular, tiene el potencial de transformar mentalidades. Pero también puede reforzar violencias. Lo que está en juego no es una opinión personal, es el impacto social que genera.
¿Libertad de expresión o violencia simbólica?
Uno de los argumentos más comunes para defender al delantero es la libertad de expresión. Sin embargo, conviene recordar que cuando alguien con poder comunica ideas que refuerzan estereotipos y justifican desigualdades, no se trata solo de una “opinión”. Es violencia simbólica.
Este tipo de violencia no se ve ni se mide con facilidad, pero tiene efectos profundos: desde la normalización del machismo en los hogares hasta el debilitamiento de los esfuerzos por alcanzar la igualdad. Además, cuando se presenta envuelta en frases dulces o discursos motivacionales, puede ser aún más peligrosa.
Reconocerlo no es censura. Es una manera de proteger a las audiencias y de exigir a las figuras públicas que estén a la altura del contexto. Especialmente cuando hablamos de un país que enfrenta graves problemas de violencia de género.
Lo sistémico detrás de una voz
Más allá de señalar a un jugador, lo relevante es entender qué estructuras permiten que este tipo de mensajes sean producidos, difundidos y aplaudidos. Las declaraciones del Chicharito Hernández no solo revelan su pensamiento, sino también un sistema que sigue premiando el machismo disfrazado de tradición.
El problema no es un hombre diciendo que “las mujeres deben cuidar el hogar”. El problema es que miles lo celebren, lo compartan, lo defiendan. Y que existan sistemas —educativos, deportivos, mediáticos— que no educan en equidad y que se benefician de estos discursos polarizantes.
Por eso, la conversación no debe quedarse en la polémica de redes. Debe llevarnos a revisar los mensajes que damos en casa, en la cancha, en las aulas. Porque no se trata solo de corregir a un futbolista, sino de transformar las ideas que lo formaron.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) ha marcado un antes y un después en la historia de la justicia climática. Por primera vez, el máximo tribunal de las Naciones Unidas ha dejado claro que el daño climático por combustibles fósiles no es solo una cuestión ética o ambiental, sino una responsabilidad legal que puede derivar en compensaciones y reparaciones.
De acuerdo con The Guardian, la decisión, impulsada por una histórica campaña de jóvenes del Pacífico y el Estado de Vanuatu, plantea un precedente poderoso: los Estados que no actúen con firmeza frente al uso de combustibles fósiles podrán enfrentar consecuencias legales. Esta opinión consultiva, aunque no vinculante, refleja la legislación internacional vigente y se proyecta como una herramienta estratégica para las futuras negociaciones climáticas.
Un fallo histórico con alcance global
El dictamen de la CIJ no deja lugar a interpretaciones ambiguas: los Estados están legalmente obligados a prevenir el daño climático por combustibles fósiles. Omitir esta responsabilidad puede traducirse en violaciones al derecho internacional, especialmente si continúan permitiendo subsidios, licencias o producción de hidrocarburos sin considerar su impacto ambiental.
Durante la presentación del documento en La Haya, el presidente de la CIJ, Yūji Iwasawa, advirtió sobre la dimensión existencial de la crisis climática. Subrayó que sus efectos ya no son futuros o hipotéticos, sino actuales y tangibles en los ecosistemas y comunidades.
La opinión consultiva de 133 páginas cubre un amplio espectro legal, pero tiene un foco claro: las emisiones derivadas del carbón, el petróleo y el gas, que son los principales responsables del calentamiento global causado por el ser humano.
Estados responsables… también por lo que hace el sector privado
Uno de los elementos más disruptivos del fallo es que extiende la responsabilidad estatal a las acciones del sector privado. Esto significa que los gobiernos no solo deben regular las emisiones públicas, sino también las corporativas, cerrando así la puerta a la impunidad climática empresarial.
El tribunal sostuvo que los Estados tienen la obligación de supervisar las actividades empresariales que agraven el daño climático por combustibles fósiles. No basta con firmar tratados internacionales; se requiere implementar políticas nacionales que alineen el comportamiento corporativo con el derecho ambiental internacional.
En un mundo globalizado, donde las empresas transnacionales operan en múltiples jurisdicciones, este mensaje es contundente: ningún país puede escudarse en la libertad de mercado para justificar su inacción ante la emergencia climática.
El precedente de Vanuatu y la fuerza del activismo legal
Este dictamen no surgió por casualidad. Detrás hay años de trabajo de jóvenes líderes de las islas del Pacífico, quienes con apoyo de Vanuatu lograron que la ONU solicitara a la CIJ esta opinión. Su reclamo partió de una premisa tan simple como poderosa: los Estados que más contaminan deben rendir cuentas.
Durante las audiencias de diciembre de 2023, se escucharon testimonios conmovedores de representantes de naciones vulnerables. Países insulares expusieron cómo sus comunidades ya enfrentan la subida del nivel del mar, la erosión de sus territorios y crisis alimentarias causadas por el clima.
Aunque las decisiones de la CIJ son consultivas, tienen un valor moral y jurídico incuestionable. En palabras del ministro de Cambio Climático de Vanuatu: “Esta es una victoria para la justicia climática y para quienes por décadas han exigido equidad desde la periferia del poder global”.
Más allá del Acuerdo de París: otros tratados también obligan
Un punto clave del dictamen es que desmantela el argumento de que los compromisos climáticos se limitan a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y al Acuerdo de París. Según la CIJ, otros instrumentos internacionales también son aplicables.
Se mencionan tratados como la Convención sobre el Derecho del Mar, el Protocolo de Montreal, la Convención de Viena y la Convención de Diversidad Biológica. Todos ellos, en conjunto, obligan a los Estados a actuar con diligencia para evitar un mayor deterioro ambiental.
Este reconocimiento amplía el marco jurídico con el que se pueden interponer demandas, fortaleciendo la posición de comunidades afectadas que buscan justicia más allá de los mecanismos tradicionales de gobernanza climática.
Principios clave: equidad, precaución y responsabilidad común
El fallo también refuerza principios del derecho internacional consuetudinario como el desarrollo sostenible, la equidad intergeneracional, el principio de precaución y las responsabilidades comunes pero diferenciadas. Estos principios no son retóricos, sino ejes que deben guiar la política pública.
En términos prácticos, esto implica que los Estados desarrollados, con mayores capacidades y mayores niveles históricos de emisiones, tienen una mayor carga en la solución del problema. Y que la justicia climática debe incluir tanto el presente como el futuro.
El principio de precaución cobra especial relevancia: cuando haya incertidumbre científica sobre los efectos de una actividad, debe prevalecer la protección del medio ambiente. Una orientación ética que también es, ahora, legal.
Reparar, compensar, restaurar: las formas de restitución
Cuando se produzca daño climático por combustibles fósiles, los Estados podrían ser obligados a reparar infraestructuras, restaurar ecosistemas o incluso pagar indemnizaciones. El dictamen es claro: el daño causado no puede quedar impune ni sin remediación.
La CIJ señala que incluso si resulta complejo demostrar un vínculo causal directo —como en el caso de emisiones globales—, no es imposible. La evidencia científica actual es suficiente para sostener reclamos legales fundados.
Este tipo de compensaciones podrían convertirse en precedentes para casos futuros. Activistas climáticos consideran que la opinión abre la puerta a litigios contra los grandes emisores y podría reconfigurar el mapa de la justicia ambiental internacional.
Una advertencia clara a los Estados y empresas
El fallo de la CIJ es una llamada urgente para que gobiernos y empresas dejen de postergar la transición energética. El daño climático por combustibles fósiles ya no es solo una preocupación moral o ambiental, sino una fuente de responsabilidad jurídica.
Quienes ignoren esta advertencia se arriesgan a enfrentar reclamos legales por parte de comunidades afectadas, ONGs y otros Estados. Y lo que está en juego no es solo dinero: es la posibilidad de garantizar un planeta habitable para las futuras generaciones.
La justicia climática ha dejado de ser una aspiración y ha comenzado a materializarse en tribunales internacionales. A partir de ahora, los compromisos climáticos deberán ser más que promesas: deberán ser acciones verificables… o enfrentarán consecuencias.
El fútbol es pasión, pero también es resistencia. Y en el contexto del cambio climático, los desafíos físicos a los que se enfrentan los jugadores profesionales se intensifican cada vez más. El reciente Mundial de Clubes, celebrado en Estados Unidos, dejó un precedente alarmante: el rendimiento y la salud de los futbolistas están en juego si no se toman medidas urgentes frente al calor extremo.
De acuerdo con un artículo de TIME, con temperaturas que superaron los 35 °C en varias sedes, y una “cúpula de calor” instalada en buena parte del país, este torneo sirvió como ensayo para algo mucho mayor: el Mundial 2026. ¿Está la FIFA preparada para enfrentar las consecuencias de organizar partidos en ciudades cada vez más afectadas por olas de calor? ¿Qué tan sostenible puede ser un torneo si ignora la realidad climática?
Un ensayo sofocante: el Mundial de Clubes como advertencia
El Mundial de Clubes 2024 fue más que un torneo; fue una alerta. La victoria del Chelsea sobre el PSG en un sofocante MetLife Stadium dejó claro que el calor ya no es un obstáculo ocasional, sino un enemigo constante. Con temperaturas que rondaron los 29 °C durante la final, y otras jornadas alcanzando los 37 °C, jugadores como Enzo Fernández reportaron síntomas de mareo y fatiga extrema.
Este torneo, celebrado en 12 sedes de EE.UU., fue un pequeño ensayo para el Mundial 2026. Pero también evidenció que las condiciones actuales pueden poner en riesgo la integridad física de los deportistas. “Imposible entrenar”, dijo Enzo Maresca, entrenador del Chelsea, en medio de una emergencia de calor en Filadelfia.
Más allá de lo deportivo, el torneo mostró cómo el calor extremo está convirtiéndose en una amenaza sistémica para el fútbol.
Si no se toman medidas, la sostenibilidad del espectáculo se verá comprometida, no solo en lo físico, sino también en lo ético.
La tensión del cuerpo: cómo afecta el calor a los atletas
Durante la actividad física intensa, el cuerpo genera calor y necesita mecanismos para enfriarse. Pero cuando el entorno también es extremo, esos mecanismos colapsan. Madeleine Orr, experta en ecología deportiva, advierte que la combinación de calor y humedad impide que el sudor cumpla su función, provocando fatiga, náuseas y, en casos graves, golpes de calor.
Ejemplos trágicos abundan. En 2020, un jugador australiano murió durante un entrenamiento por un golpe de calor. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, Daniil Medvedev afirmó que podría morir si seguía compitiendo. El 75 % de atletas encuestados en 2023 por World Athletics confirmaron que el cambio climático ya afecta su rendimiento.
El calor extremo en el Mundial 2026 no será solo un tema de rendimiento, sino de supervivencia. El organismo bajo estrés pierde su capacidad de respuesta, y lo que está en juego ya no es un gol, sino la vida misma.
Choque de intereses: salud vs. rentabilidad
FIFPRO, el sindicato global de futbolistas, lleva años advirtiendo sobre la saturación del calendario, la falta de descanso físico y mental, y la ausencia de diálogo con la FIFA. La lógica económica está desplazando a la sostenibilidad humana, según su presidente, Sergio Marchi.
Aunque la FIFA anunció un acuerdo sobre periodos de descanso, el consenso fue alcanzado sin la presencia de FIFPRO. La reunión incluyó a exdirigentes expulsados por corrupción, lo que ha incrementado la desconfianza hacia el organismo rector del fútbol.
Frente al calor extremo en el Mundial 2026, esta desconexión entre quienes juegan y quienes deciden puede tener consecuencias graves. La rentabilidad del torneo no puede construirse a costa de cuerpos deshidratados y jugadores lesionados.
¿Estándares suficientes? El debate sobre el WBGT
La FIFA utiliza el índice WBGT (temperatura de globo y bulbo húmedo) para determinar si se deben hacer pausas de hidratación. Originalmente, el umbral era de 89.6 °F (32 °C), pero tras presión de FIFPRO se redujo a 82.4 °F. Aun así, varios partidos del Mundial de Clubes superaron esa marca.
Según Vincent Gouttebarge, médico de FIFPRO, superar los 40 °C en la temperatura corporal central provoca deshidratación crítica, pérdida de control muscular y, en casos extremos, pérdida de conciencia. El profesor Christopher Tyler señala que muchos jugadores simplemente bajan su intensidad para no colapsar.
Pero jugar más lento no es solución; es resignación. Y ante el calor extremo en el Mundial 2026, resignarse puede significar normalizar condiciones peligrosas que van en contra del espíritu del deporte.
La lógica de los horarios: ¿qué hora es segura para jugar?
Uno de los puntos más polémicos es la hora de inicio de los partidos. Durante el Mundial de Clubes, casi la mitad de los encuentros se jugaron al mediodía o a las 3:00 p.m., en momentos de máximo calor. En Cincinnati, los suplentes del Dortmund ni siquiera salieron a ver el primer tiempo por las altas temperaturas.
FIFPRO advirtió que jugar en ciudades como Monterrey, Miami o Dallas durante la tarde representa un “riesgo extremadamente alto” de lesiones por estrés térmico. Cambiar los horarios es una opción, pero enfrentaría resistencia de televisoras y patrocinadores que priorizan las audiencias en Europa y Asia.
Sin embargo, como dijo Diego Maradona en 1986: “Sin nosotros, no habría espectáculo”. Ajustar los horarios no es solo una cuestión logística, sino una decisión ética en favor del bienestar de quienes hacen posible el Mundial.
Ciudades calientes, sedes problemáticas
Un estudio reciente de la Universidad Queen’s de Belfast estimó que, en junio y julio, 14 de las 16 ciudades sede del Mundial 2026 tendrán temperaturas superiores a 28 °C. Seis de ellas superarán los 30 °C de manera constante durante las tardes.
Esto significa que el calor extremo en el Mundial 2026 no será un evento aislado, sino una constante. Y si bien algunos estadios cuentan con techos retráctiles —como en Dallas, Houston o Atlanta—, solo el 37.5 % de los partidos se jugarán en esas sedes.
La localización geográfica del torneo ya marca un reto estructural. Y si no se adapta el calendario o las infraestructuras, el riesgo se convertirá en una característica inherente del torneo.
Soluciones al calor: tecnología y prevención
Equipos como Chelsea y Real Madrid ya están probando estrategias como ventiladores con agua pulverizada, chalecos refrigerantes o carpas calefactadas para aclimatar a sus jugadores. También se ha promovido el uso de inmersión en agua fría para prevenir daños por calor.
Pero estas medidas siguen siendo parciales y, muchas veces, de acceso desigual entre equipos. Instalar techos, crear zonas de sombra o utilizar enfriamiento ambiental activo son medidas que podrían marcar una diferencia si se implementan de forma generalizada.
Más allá del entrenamiento físico, el Mundial 2026 necesita una estrategia climática integral que proteja a los protagonistas del juego desde el silbatazo inicial hasta el pitido final.
¿Un nuevo modelo de organización deportiva?
El “Tetris de la programación”, como lo llamó Madeleine Orr, se ha vuelto más complicado con la expansión del torneo a 48 equipos y 104 partidos. Esta complejidad hace que tomar decisiones basadas en la salud parezca una tarea imposible, pero no debería serlo.
La sostenibilidad en el deporte no se limita al medio ambiente: incluye la salud, la seguridad y la justicia para los atletas. El diseño de torneos debe incorporar variables climáticas desde el inicio, no como un parche posterior.
El calor extremo en el Mundial 2026 no es solo un desafío deportivo, sino una oportunidad para repensar la forma en que concebimos el espectáculo global. Priorizar el bienestar humano es una apuesta por el futuro del deporte.
El fútbol, como todo, no es ajeno al cambio climático. El calor extremo en el Mundial 2026 puede convertirse en el villano invisible de un evento que debería unir al mundo. Las decisiones que tome hoy la FIFA definirán si el torneo será recordado por su pasión o por su negligencia.
La sostenibilidad ya no es una opción, sino una obligación ética. Si queremos seguir celebrando la fiesta del fútbol, debemos garantizar que quienes la hacen posible no sufran sus consecuencias. Porque sin jugadores sanos, no hay juego. Y sin responsabilidad, no hay Mundial que valga.