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¿Está en riesgo el Mundial? A 100 días crecen tensiones por Irán, inseguridad en México y política migratoria

A cien días del silbatazo inicial, la conversación sobre el fútbol ha quedado en segundo plano. Lo que debería ser una fiesta global enfrenta hoy un entorno geopolítico complejo, marcado por conflictos armados, decisiones migratorias controvertidas y desafíos de seguridad en los países anfitriones. El balón aún no rueda, pero la narrativa ya está cargada de tensión. El torneo que prometía unión continental vive horas de escrutinio internacional.

El Mundial del 2026 no solo es un evento deportivo: es un escaparate reputacional para gobiernos, instituciones y marcas. En un contexto donde la responsabilidad social y la coherencia política son observadas con lupa, cada decisión trasciende lo deportivo. La pregunta ya no es si habrá espectáculo en la cancha, sino si el entorno permitirá que la competencia conserve su espíritu integrador.

Mundial del 2026 bajo la sombra del conflicto con Irán

De acuerdo con Forbes, el reciente bombardeo de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, seguido de represalias de Teherán, añadió un nuevo factor de incertidumbre al torneo. La tensión escaló al punto de provocar la suspensión temporal de la Finalissima que disputarían España y Argentina en Doha, en medio de ataques dirigidos hacia Catar. El fútbol volvió a quedar atrapado en una lógica que lo supera.

Irán, ya clasificado, tiene programados sus tres partidos de fase de grupos en suelo estadounidense. Aunque el gobierno de Estados Unidos aseguró que las restricciones de visado no aplicarán a jugadores ni cuerpo técnico, el contexto diplomático introduce interrogantes logísticos y simbólicos. ¿Puede garantizarse un ambiente de neutralidad cuando hay hostilidades abiertas?

El desafío no es solo operativo, sino ético. Para un torneo que se promueve como espacio de encuentro, la participación de un país en conflicto directo con uno de los anfitriones tensiona el discurso de unidad. En términos de gobernanza deportiva, el Mundial del 2026 enfrenta uno de los dilemas más delicados de su historia reciente.

Restricciones migratorias: el impacto social del Mundial del 2026

Más allá del caso iraní, aficionados de más de una decena de países enfrentan restricciones de entrada a Estados Unidos. Ciudadanos de Costa de Marfil, Haití y Senegal tienen vetado el acceso, mientras que otras nacionalidades deben sortear congelaciones o retrasos en la emisión de visados.

El gobierno estadounidense implementó el sistema “FIFA PASS”, que prioriza citas de visado para quienes ya cuentan con boletos. Sin embargo, la medida no elimina la percepción de exclusión. Cuando el país albergará 78 de los 104 partidos —incluida la final en el MetLife Stadium—, la restricción a comunidades específicas erosiona la narrativa de apertura.

Para especialistas en responsabilidad social, el punto crítico es claro: la accesibilidad es parte del legado. Un evento que limita la presencia de aficionados por decisiones políticas corre el riesgo de profundizar desigualdades y generar impactos reputacionales que trasciendan el torneo.

riesgo el Mundial

De la euforia de 1994 a la polarización actual

Estados Unidos ya fue anfitrión en 1994, en un campeonato que marcó un antes y un después. Aquel torneo —recordado por el penal fallado de Roberto Baggio en la final ante Brasil— consolidó cifras récord de asistencia y proyectó una imagen de modernidad y apertura. Fue una celebración del deporte como lenguaje común.

Treinta y dos años después, el escenario es distinto. El país enfrenta una profunda polarización política y social. La retórica unilateralista contrasta con la naturaleza global del torneo. Legisladores como el senador Chris Van Hollen han subrayado la contradicción entre promover un evento de unión mientras se adoptan políticas excluyentes.

El contraste histórico es inevitable. Donde antes hubo consenso y entusiasmo, hoy predominan tensiones que cuestionan la coherencia entre discurso y acción. El deporte, una vez más, refleja el momento político de su sede.

Política migratoria y percepción de seguridad

Las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para arrestar y deportar migrantes han generado protestas y un debate nacional. Encuestas recientes indican que una mayoría de estadounidenses considera que estas acciones han “ido demasiado lejos” y que podrían hacer al país menos seguro.

En este contexto, la llegada masiva de aficionados internacionales plantea preguntas logísticas y de derechos humanos. La percepción de riesgo no solo afecta la asistencia, sino también la experiencia de quienes planean viajar.

Para el Mundial del 2026, la gestión migratoria no es un tema secundario: es parte del entorno que definirá su legado. La coherencia entre hospitalidad y política pública será observada por patrocinadores, organizaciones civiles y la opinión pública global.

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México: violencia y narrativa de confianza

México, coanfitrión del torneo junto con Estados Unidos y Canadá, enfrenta sus propios desafíos. La reciente ola de violencia tras la muerte en un operativo militar de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), generó inquietud internacional.

Montserrat Hidalgo, oficial de la sede de Guadalajara, aseguró que existe un protocolo de coordinación con fuerzas de seguridad en todos los niveles de gobierno y que la seguridad está garantizada. No obstante, la percepción externa suele construirse a partir de titulares, no de protocolos.

En clave de responsabilidad social, el reto es doble: proteger a visitantes y comunidades locales sin militarizar el entorno ni vulnerar derechos. El equilibrio entre seguridad y normalidad será determinante para el éxito del torneo en territorio mexicano.

La FIFA, entre diplomacia y reputación

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, expresó confianza en México como organizador y evitó pronunciarse con firmeza sobre los ataques internacionales. Su cercanía con el presidente estadounidense, a quien otorgó el primer Premio de la Paz de la FIFA, ha sido interpretada por algunos sectores como un gesto político.

La gobernanza deportiva enfrenta aquí una prueba de independencia. La credibilidad institucional depende de su capacidad para mantener distancia de agendas nacionales y priorizar principios universales.

El Mundial del 2026 no solo pondrá a prueba infraestructuras y selecciones; también examinará la solidez ética de sus organizadores. En un entorno hiperconectado, cada gesto será amplificado y evaluado.

Un torneo que redefine el concepto de legado

El fútbol ha sobrevivido a guerras, crisis económicas y tensiones diplomáticas. Sin embargo, el contexto actual obliga a replantear el significado de “éxito”. No bastará con estadios llenos y audiencias récord. El verdadero indicador será la capacidad de garantizar inclusión, seguridad y coherencia entre discurso y práctica.

A cien días del inicio, el Mundial del 2026 se convierte en un espejo de su tiempo. Si logra transformar la tensión en diálogo y el conflicto en oportunidad de encuentro, su legado será histórico. Si no, quedará como ejemplo de cómo la geopolítica puede desbordar incluso la fiesta deportiva más grande del planeta.

¿Qué pasó con el cero neto y por qué urge recuperar su narrativa?

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En los últimos años, el cero neto pasó de ser un compromiso corporativo casi obligatorio en las agendas ESG a convertirse en blanco de cuestionamientos políticos y económicos. Lo que antes se comunicaba como una meta colectiva y estratégica hoy se presenta, en ciertos discursos, como una carga excesiva: costosa, lenta e incluso prescindible ante la presión inflacionaria y la crisis del costo de vida. Sin embargo, aunque el tono del debate haya cambiado, la evidencia científica no lo ha hecho.

El riesgo de esta narrativa regresiva no es reputacional; es estructural. Postergar el cero neto implica comprometer la seguridad alimentaria, la competitividad sectorial y la estabilidad económica de largo plazo. En sectores clave —como el de alimentos y bebidas en Escocia, valorado en 5,200 millones de libras— el retraso en la transición climática no solo vulnera metas gubernamentales, sino que expone a las empresas a un escrutinio creciente por parte de compradores internacionales, inversionistas y consumidores cada vez más exigentes.

Cero neto: del compromiso estratégico a la narrativa de carga

Existe un cambio inquietante en el discurso público sobre sostenibilidad pues, tal como señala edie, hoy el cero neto, que surgió como una respuesta técnica a la urgencia climática, enfrenta una “fatiga política” alimentada por soluciones de corto plazo y mensajes simplificadores. Algunos sectores incluso han sugerido “pausas” o “reinicios” en los objetivos ambientales, como si el calentamiento global respondiera a calendarios electorales.

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Este giro discursivo tiene consecuencias profundas. Cuando el cero neto se percibe como un obstáculo para la rentabilidad o la productividad, las decisiones empresariales tienden a ralentizar inversiones en transición energética, innovación tecnológica y descarbonización de cadenas de suministro. La percepción condiciona el progreso, particularmente en una era digital donde la opinión pública y el escrutinio social influyen directamente en la reputación corporativa.

Sin embargo, es clave recordar que el cero neto no es un eslogan ni un destino único; es un proceso de transformación productiva. Requiere innovación, colaboración sectorial y resiliencia organizacional. Presentarlo como una carga invisibiliza sus beneficios sistémicos: reducción de riesgos físicos y regulatorios, acceso a nuevos mercados, eficiencia operativa y fortalecimiento de la licencia social para operar.

Competitividad, resiliencia y el caso del sector alimentario

El caso de la industria escocesa de alimentos y bebidas resulta ilustrativo. Con un valor estimado en 5,200 millones de libras, este sector enfrenta riesgos directos derivados del colapso climático: alteraciones en patrones de cultivo, escasez hídrica, afectaciones a la pesca y volatilidad en cadenas de suministro. Menos de una de cada 20 empresas del sector se considera plenamente preparada para el cero neto, una cifra que revela la brecha entre ambición y ejecución.

Desde mariscos hasta galletas de mantequilla o whisky, la transición hacia el cero neto no se limita al cumplimiento normativo o al conteo de carbono. Se trata de proteger la competitividad global de un sector emblemático. En mercados internacionales, los grandes compradores ya incorporan criterios ambientales estrictos en sus procesos de adquisición. No adaptarse implica perder contratos, reputación y posicionamiento estratégico.

Además, la sostenibilidad es un vector de diferenciación. La agricultura regenerativa, la gestión avanzada del desperdicio de alimentos y la innovación en empaques de bajo impacto no solo reducen emisiones; generan eficiencias, fortalecen marcas y responden a una demanda creciente por productos responsables. El cero neto, entendido como hoja de ruta sectorial, se convierte así en una ventaja competitiva y no en un sacrificio financiero.

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Recuperar la narrativa: de tecnicismos a historias de valor

Uno de los desafíos centrales del cero neto es cultural. Durante años, la conversación se enmarcó en términos técnicos —factores de emisión, líneas base, alcances 1, 2 y 3— que, aunque fundamentales para la gestión, no necesariamente movilizan voluntades. La sostenibilidad comunicada exclusivamente en lenguaje técnico pierde capacidad de inspirar acción colectiva.

Recuperar la narrativa implica traducir métricas en historias humanas: productores que protegen recursos naturales, comunidades que fortalecen su resiliencia climática, empresas que innovan para reducir impactos sin sacrificar calidad. Ejemplos como pequeños productores artesanales que reducen emisiones o grandes compañías que transforman prácticas “de la granja a la mesa” demuestran que la acción es posible en cualquier escala.

El liderazgo sectorial también desempeña un papel crucial. Iniciativas como programas de compromiso de emisiones netas en industrias específicas muestran que la sostenibilidad puede ser práctica, rentable e inspiradora. Compartir casos de éxito no es marketing verde; es una estrategia para modificar percepciones y demostrar que el cero neto es alcanzable y económicamente racional.

En un contexto político complejo, el liderazgo empresarial implica avanzar incluso cuando el viento sopla en contra. La transición no será lineal, pero detenerla enviaría una señal de vulnerabilidad estratégica frente a mercados que avanzan con mayor decisión.

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El cero neto como imperativo estratégico

La pregunta no es si el cero neto sigue siendo viable; es si podemos permitirnos abandonarlo. En un entorno de crisis climática creciente, presiones regulatorias y consumidores más informados, la inacción representa un riesgo mayor que la transición. Recuperar la narrativa significa volver a posicionar la sostenibilidad como motor de resiliencia, crecimiento y liderazgo global.

Para las empresas comprometidas con la responsabilidad social, el desafío es claro: sostener el rumbo incluso cuando el discurso público fluctúa. El cero neto no es una concesión política ni una moda corporativa; es el siguiente capítulo en la construcción de economías competitivas, seguras y preparadas para el futuro. La reputación y prosperidad de los sectores estratégicos dependerán de que esta historia no quede inconclusa.

¿Crecimiento para quién? ONU critica modelo económico que beneficia a los ultra ricos

El debate sobre el crecimiento económico ha cambiado de tono. Lo que durante décadas se presentó como una fórmula incuestionable de progreso hoy enfrenta críticas cada vez más contundentes desde organismos internacionales, académicos y sociedad civil. La pregunta ya no es cuánto crece una economía, sino a quién beneficia realmente ese crecimiento y qué costos sociales y ambientales implica.

En ese contexto, la ONU ha encendido una alerta sobre el modelo económico que beneficia a los ultra ricos, señalando que la estructura actual prioriza ganancias y consumo de élites globales mientras millones de personas siguen atrapadas en la pobreza. La discusión no es ideológica, sino estructural: ¿puede sostenerse un sistema que genera riqueza récord y, al mismo tiempo, profundiza desigualdades y crisis ecológicas?

El modelo económico que beneficia a los ultra ricos bajo la lupa de la ONU

Según un artículo de The Guardian, el señalamiento proviene de Olivier De Schutter, relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, quien ha sido enfático: la economía global debe reorganizarse para servir a la mayoría y no a las “demandas frívolas y destructivas” de las élites más acaudaladas.

De Schutter advierte que los gobiernos han priorizado un crecimiento “social y ecológicamente destructivo”, orientado a maximizar utilidades corporativas y satisfacer patrones de consumo de alto impacto ambiental. El problema, explica, no es el crecimiento en sí mismo, sino su diseño y sus incentivos.

Cuando los recursos limitados se destinan a mansiones en lugar de vivienda social, o a vehículos de lujo en vez de transporte público masivo, el sistema se vuelve ineficiente e incapaz de garantizar derechos básicos. Esa lógica, sostiene, es la que sostiene el actual modelo económico que beneficia a los ultra ricos.

 económico que beneficia a los ultra ricos

Más allá del PIB: repensar el éxito económico

Una de las iniciativas más relevantes en curso es el impulso para reemplazar el PIB como principal indicador de éxito económico. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha promovido la necesidad de métricas que integren bienestar, sostenibilidad y reducción de desigualdad.

En paralelo, un panel del G20 sobre desigualdad global es encabezado por el economista Joseph Stiglitz, quien desde hace años cuestiona la obsesión por el crecimiento indiscriminado. Ambos esfuerzos coinciden en que medir solo producción ignora impactos sociales y ambientales.

Romper el “tabú” de cuestionar el crecimiento como fin en sí mismo podría redefinir la agenda post-2030. Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, esta conversación no es nueva, pero sí adquiere un nuevo peso político.

Hoja de ruta contra la pobreza: alternativas concretas

En abril, De Schutter presentará su hoja de ruta para erradicar la pobreza “más allá del crecimiento”. El documento surge de una coalición informal integrada por agencias de la ONU, academia, sindicatos y sociedad civil.

Entre las propuestas destacan una renta básica universal, garantías de empleo, condonación de deuda y un impuesto a la riqueza extrema. La lógica es clara: priorizar necesidades básicas y creación de valor social por encima del consumo suntuario.

Para países desarrollados, el financiamiento de servicios públicos podría provenir de gravar riqueza, activos financieros, bienes inmuebles y actividades altamente contaminantes, en lugar de depender de una expansión económica permanente.

Países en desarrollo: atrapados en el modelo económico que beneficia a los ultra ricos

Desde 2020, De Schutter ha visitado decenas de países de ingresos bajos y medios. Su diagnóstico es contundente: muchos están atrapados en un esquema que los obliga a crecer para pagar deuda externa, exportando materias primas o productos de bajo valor agregado. Esto implica producir para grandes compradores en cadenas globales de suministro, no para satisfacer necesidades locales ni respetar límites ecológicos. El resultado suele ser degradación ambiental, salarios bajos y escasa prosperidad compartida.

En otras palabras, el modelo económico que beneficia a los ultra ricos también condiciona a economías enteras a priorizar mercados del norte global sobre el bienestar interno, profundizando dependencias estructurales.

económico que beneficia a los ultra ricos

Un organismo permanente contra la desigualdad

Como parte de su propuesta, De Schutter plantea crear un organismo permanente de la ONU dedicado a supervisar la lucha contra la desigualdad, con un funcionamiento similar al del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

La idea es no solo recopilar evidencia, sino evaluar herramientas de política pública que permitan reducir la dependencia del crecimiento y avanzar hacia economías redistributivas y sostenibles “por diseño”.

Este enfoque busca evitar el patrón actual: crecer de manera destructiva y luego intentar compensar los daños con programas sociales o políticas ambientales correctivas.

 económico que beneficia a los ultra ricos

Transición planificada, no recesión improvisada

Un punto clave del debate es distinguir entre una recesión no planificada y una transición deliberada. De Schutter subraya que no se trata de promover estancamiento, sino de redirigir prioridades con control democrático y planificación estratégica.

La diferencia es fundamental para el sector empresarial y para quienes lideran estrategias ESG. No es una invitación al colapso económico, sino a rediseñar incentivos, impuestos y métricas de éxito.

El desafío radica en construir consensos políticos amplios antes de que el descontento social sea capitalizado por movimientos populistas que ofrecen respuestas simplistas a problemas complejos.

Redefinir prosperidad en tiempos de límites planetarios

La crítica al modelo económico que beneficia a los ultra ricos no es un ataque al mercado, sino una invitación a repensar su propósito. En un mundo con límites planetarios evidentes y desigualdades crecientes, insistir en un crecimiento ciego puede resultar no solo injusto, sino inviable.

La oportunidad está en construir una agenda post-2030 que concilie justicia social, sostenibilidad ambiental y viabilidad económica. Si esa transición no se logra con liderazgo y visión de largo plazo, el vacío será ocupado por discursos que prometen soluciones rápidas, pero profundizan fracturas. La pregunta sigue abierta: ¿crecimiento para quién?

Retrocede el acceso a la salud en México mientras la seguridad social avanza de forma desigual

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En los últimos ocho años, el país ha vivido una paradoja silenciosa. Mientras algunos indicadores sociales muestran avances, otros revelan retrocesos que tocan directamente la vida cotidiana de millones de personas. El acceso a la salud en México es uno de ellos: pasó de ser una cobertura casi universal en papel a convertirse en una deuda pendiente que hoy afecta a más de un tercio de la población.

De acuerdo con El Economista, las cifras del Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía no solo muestran números, sino historias concretas: familias que deben recorrer kilómetros para encontrar atención, adultos mayores que enfrentan enfermedades crónicas sin respaldo institucional y mujeres que quedan fuera del sistema por condiciones estructurales. En contraste, la seguridad social crece, pero no para todos y no al mismo ritmo.

El deterioro del acceso a la salud en México: una caída de casi 20 puntos

En 2016, 84 de cada 100 personas contaban con cobertura médica. Para 2024, la cifra cayó a 66 de cada 100. Esto implica que el acceso a la salud en México retrocedió casi 19 puntos porcentuales en menos de una década, dejando a un 34% de la población sin protección efectiva, ya sea pública o privada.

No se trata únicamente de afiliación administrativa. El SIDS evalúa la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios bajo un enfoque basado en derechos humanos. Es decir, no basta con estar registrado en una institución; la atención debe ser oportuna y resolutiva.

Este retroceso plantea preguntas estructurales para quienes trabajamos en responsabilidad social: ¿cómo pueden las empresas hablar de bienestar laboral o productividad si una proporción significativa de la población enfrenta barreras para ejercer un derecho tan básico?

acceso a la salud en México

Seguridad social: avance cuantitativo, desigualdad persistente

Mientras la salud retrocede, la seguridad social muestra un avance de casi seis puntos. Pasó de 45.9% en 2016 a 51.8% en 2024. Es un crecimiento relevante, aunque insuficiente si se considera que apenas la mitad de los mexicanos está afiliada a instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.

Este crecimiento está vinculado, en parte, a dinámicas del mercado laboral formal. Sin embargo, México mantiene altos niveles de informalidad, lo que limita la expansión estructural del sistema.

El resultado es una mejora estadística que no necesariamente se traduce en universalidad. La seguridad social avanza, sí, pero lo hace con brechas profundas entre regiones, géneros y grupos etarios.

Brechas regionales que duplican realidades

Las diferencias entre entidades federativas son contundentes. En 2024, estados como Nuevo León y Baja California Sur registraron niveles iguales o superiores al 80% de población sin carencia por acceso a salud.

En contraste, Chiapas apenas alcanzó 36.7%. Es decir, la cobertura efectiva en algunos estados del norte es más del doble que en ciertas entidades del sureste. Esta disparidad territorial evidencia que el lugar de nacimiento sigue determinando las oportunidades de bienestar.

Aunque 93.3% de la población afirma que tardaría menos de dos horas en llegar a un hospital, la infraestructura no es homogénea. Oaxaca, Chiapas y Guerrero presentan rezagos vinculados a condiciones geográficas y limitaciones históricas en inversión pública.

acceso a la salud en México

El acceso a la salud en México frente a la desigualdad territorial

Cuando observamos el mapa completo, el acceso a la salud en México se convierte en un indicador de desigualdad estructural. No es solo un problema de presupuesto, sino de diseño institucional y capacidad de implementación diferenciada.

La brecha en seguridad social también refleja esta fragmentación. En estados del sur como Chiapas, Oaxaca y Guerrero apenas uno de cada cuatro habitantes cuenta con este derecho. Mientras tanto, en Coahuila o Nuevo León la cobertura supera el 71%.

Este contraste confirma que la conversación sobre derechos sociales no puede desvincularse del desarrollo regional. La inversión privada, los programas de impacto social y las políticas públicas deben alinearse para cerrar estas brechas históricas.

Adultos mayores: pensiones no contributivas al alza

Un dato positivo emerge entre la población de 60 años y más no económicamente activa. El acceso a pensiones no contributivas pasó de 32.6% en 2016 a 40.1% en 2024. Llama la atención que entidades como Oaxaca, Chiapas y Guerrero registren coberturas superiores al 55%. En regiones con alta vulnerabilidad, este mecanismo se convierte en un salvavidas económico.

Sin embargo, el incremento en pensiones no sustituye la necesidad de sistemas contributivos sólidos. La sostenibilidad financiera y la suficiencia de los montos siguen siendo temas centrales en la agenda pública.

acceso a la salud en México

Brechas de género: la desigualdad que persiste

Las diferencias entre mujeres y hombres son especialmente visibles en seguridad social. En 2024, 51.8% de las mujeres mayores de 15 años participó en el mercado laboral, frente a 79.2% de los hombres. Aunque la brecha se redujo respecto a 2016, sigue siendo de 27.3 puntos porcentuales. La maternidad profundiza esta desigualdad: solo 63.3% de las mujeres de 25 a 44 años con hijas o hijos participa en el mercado laboral, frente a 81.3% de quienes no tienen descendencia. La corresponsabilidad sigue siendo una asignatura pendiente.

El panorama es aún más crítico entre mujeres indígenas adultas mayores en zonas rurales: 96.7% nunca ha cotizado en una institución de seguridad social. Esta cifra no solo refleja exclusión económica, sino una deuda histórica con poblaciones tradicionalmente marginadas.

El retroceso del acceso a la salud en México no puede analizarse de forma aislada. Está conectado con el empleo formal, la desigualdad territorial, la brecha de género y la capacidad institucional. Si bien la seguridad social muestra avances, estos no compensan la caída en cobertura médica efectiva.

Para el sector empresarial, la academia y las organizaciones sociales, estos datos representan una hoja de ruta. Hablar de sostenibilidad implica asumir que la salud y la seguridad social no son solo políticas públicas, sino pilares del desarrollo económico y de la cohesión social. Sin una garantía real y equitativa de derechos, cualquier estrategia de crecimiento será, inevitablemente, incompleta.

¿Qué tienen en común Slim, Harp y Los Ángeles Azules?

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Carlos Slim y Alfredo Harp Helú tienen cosas en común. Empresarios, filántropos, trayectorias visibles. No sorprende ver sus nombres asociados en el ecosistema social mexicano.

Pero ¿qué tiene que ver con ellos Los Ángeles Azules?

Más de lo que parece.

Revisamos el “Directorio de organizaciones donatarias cuya autorización fue revocada o cancelada. Ejercicio 2025”; en él, el Instituto Carlos Slim de la Educación A.C., la Fundación Alfredo Harp Helú A.C. y la Fundación de Iztapalapa para el Mundo, Los Ángeles Azules A.C. aparecen en el mismo listado de revocaciones.

Y esa coincidencia abre una conversación interesante.

No es sobre celebridades

Lo primero que hay que decir es lo obvio: no estamos hablando de personas físicas, sino de figuras jurídicas. Asociaciones civiles que operaban bajo la autorización para recibir donativos deducibles de impuestos.

El documento no emite juicios morales ni evalúa el impacto social de cada organización. Señala, en todos los casos, el mismo motivo: que no reúnen los requisitos relativos a la autorización para recibir donativos deducibles conforme a las disposiciones legales vigentes.

Es una determinación administrativa.

Pero no es irrelevante.

¿Qué implica perder la donataria?

En México, la autorización como donataria permite a una organización emitir recibos deducibles para que personas físicas y empresas puedan descontar fiscalmente sus aportaciones.

Para muchas estructuras de inversión social, esta figura es un habilitador central. Facilita alianzas corporativas, da certidumbre fiscal y forma parte del andamiaje institucional de la organización.

Cuando la autorización se revoca, la organización deja de poder emitir esos comprobantes a partir de la fecha en que surte efectos la resolución. Eso puede afectar su modelo de financiamiento y, en algunos casos, su posicionamiento ante aliados empresariales.

No necesariamente implica irregularidades graves. Puede tratarse de incumplimientos técnicos, omisiones administrativas o falta de actualización de requisitos. El documento no detalla cada caso.

Pero sí deja algo claro: la autorización no es permanente ni automática.

Instituto Carlos Slim de la Educación A.C

El punto estructural

Slim, Harp y Los Ángeles Azules no comparten sector ni modelo operativo. Comparten algo más relevante: la necesidad de sostener una arquitectura institucional capaz de cumplir con una figura fiscal que no distingue tamaño, prestigio ni popularidad.

El listado 2025 no se limita a estos nombres. El reporte enumera más de 70 organizaciones cuya autorización fue revocada, a lo largo de 19 páginas, además de una cancelación adicional. Incluye asociaciones de educación, salud, asistencia social, cultura, deporte y desarrollo comunitario.

No es un fenómeno aislado ni marginal.

Es un recordatorio.

En el ecosistema social mexicano, la legitimidad no descansa únicamente en la causa, en la trayectoria o en el capital simbólico de quienes están detrás. También descansa en el cumplimiento administrativo y fiscal continuo.

Slim, Harp y Los Ángeles Azules

Una señal para empresas y para el sector

Para las áreas de responsabilidad social e inversión social corporativa, el mensaje es igualmente relevante. Verificar periódicamente el estatus fiscal de las organizaciones aliadas no es un trámite menor; es parte de una debida diligencia coherente con cualquier estrategia ESG seria.

La profesionalización del sector social no es solo una aspiración narrativa. Es una condición estructural.

Y quizá ahí está la verdadera similitud entre estos nombres tan distintos: frente al cumplimiento fiscal, todos operan bajo las mismas reglas.

Aquí el enlace al directorio de organizaciones cuya autorización fue revocada o cancelada 2025.

Corporativo Kosmos y Banco de Tapitas fortalecen la nutrición de niñas y niños con cáncer

En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil —conmemorado cada 15 de febrero—, Corporativo Kosmos, la empresa de servicios de alimentación más grande de México, y Banco de Tapitas—organización que transforma taparroscas en recursos para costear tratamientos oncológicos, medicamentos, prótesis y hospedaje— unieron esfuerzos para reconocer la valentía y fortaleza con la que niñas, niños y adolescentes enfrentan esta enfermedad.

Dicha alianza no sólo refrenda el compromiso de ambas organizaciones con brindar apoyo a menores con cáncer, sino que visibiliza la importancia de extenderles la mano más allá del tratamiento médico, así como proporcionarles espacios de esparcimiento y contención emocional.

Corporativo Kosmos brinda apoyo a menores con cáncer

El evento se llevó a cabo en Casa Tapitas CDMX, el albergue de Banco de Tapitas que brinda hospedaje a los llamados “tapipacientes” y a sus familias cuando deben trasladarse a la capital para recibir tratamiento. Este espacio se ha convertido en una pieza clave dentro del modelo de acompañamiento integral de la organización, pues permite a las familias reducir gastos de hospedaje y alimentación en momentos de alta vulnerabilidad. Edgar Cabrera, presidente y fundador de Banco de Tapitas, resume así el impacto de este servicio:

Llegar a un hogar seguro, con techo, comida y ropa limpia, les da mejores condiciones para seguir adelante y les ahorra gastos que muchas veces no podrían costear”.

Durante el convivio, niñas, niños y adolescentes pintaron, dibujaron y convivieron entre sí. Después, compartieron los box lunch donados por la Fundación Pablo Landsmanas, el brazo social de Corporativo Kosmos, que desde 2024 brinda apoyo a menores con cáncer a través de donaciones de alimentos para convivios como este, así como con 250 despensas mensuales, las cuales se entregan a las familias para fortalecer su alimentación.

En el encuentro también se reflexionó sobre la importancia de la detección oportuna de este padecimiento, que, cómo señaló Cabrera: 

Cada año en México se diagnostican más de 5,000 casos de cáncer infantil y muchos se detectan en etapas tardías. Hacemos un llamado a estar atentos a los signos y acudir al médico ante cualquier sospecha”.

Bultos o inflamaciones inusuales, fatiga extrema, moretones frecuentes, fiebre persistente, dolores de cabeza acompañados de vómito, cambios repentinos en la vista, manchas blanquecinas en el ojo o pérdida de peso inexplicable, son, según especialistas, algunas de las señales de alerta por las que es preciso acudir al médico a revisarse para descartar cualquier peligro de cáncer en menores, sin olvidar que la detección temprana puede marcar la diferencia entre un pronóstico favorable y uno adverso.

Historias que revelan la dimensión humana del acompañamiento

Más allá de las cifras, el evento buscó ser un espacio de contención emocional y creación de redes de apoyo, por lo que, en medio del convivio, padres y madres compartieron sus historias. Edgar Alcalá, padre de una niña con síndrome de Down y diagnóstico de tumor maligno, relató:

“No puedo tener un trabajo fijo porque entre consultas y terapias es complicado. Tengo que buscar qué hacer para llevar el sustento al hogar. Sin embargo, saber que cada mes tienes tu despensa es un gasto menos y ayuda muchísimo”.

Ante este tipo de contextos que obligan a los miembros de la familia a dejar de trabajar o dividirse para acompañar al paciente, el respaldo alimentario se vuelve un pilar del apoyo a menores con cáncer y sus familias.

Por su parte, Juana Rojas, madre de Samuel —diagnosticado con leucemia mieloide aguda—, explicó que el proceso ha implicado ocho años de tratamientos y secuelas y destacó la importancia de no sólo enfocarse en los tratamientos, sino en dar a los pacientes momentos de recreación como este, pues, afirma: “El 50% es el tratamiento y el otro 50% es la calidad de vida. Estos momentos de distracción les ayudan anímicamente”.

Además, agregó, Juana, las despensas que la Fundación Pablo Landsmanas les hace llegar cada mes, para ellos se traducen en ahorro directo y un respiro ante los gastos médicos y contingencias económicas que enfrentan:

Este apoyo que nos otorga la Fundación Pablo Landsmanas nos ayuda mucho en la economía familiar porque al tener tú una canasta básica ya ese dinero lo ocupas para otra cosa, entonces ahí está el aporte. Muchísimas gracias a la fundación por ayudarnos a todos, nos hacen sentir que no estamos solos”.

En cuanto a Banco de Tapitas, la alianza con la Fundación Pablo Landsmanas ha significado el poder fortalecer su capacidad de respuesta a los beneficiarios, ya que, como destacó Edgar Cabrera: “Gracias a este recurso podemos generar ahorros y destinarlos a medicamentos. No tenemos palabras para agradecerles el que apoyen a todas estas familias”.

Sin duda, en escenarios donde la nutrición suele descuidarse por falta de recursos, donaciones como esta constituyen una parte esencial del apoyo a menores con cáncer, pues ayudan a fortalecer a cada hogar.

apoyo a menores con cáncer

Compromiso que nutre y transforma realidades

En hogares donde un diagnóstico de cáncer infantil implica reducir ingresos, abandonar empleos y asumir gastos médicos constantes, contar con una despensa mensual representa certidumbre en medio de la incertidumbre y demuestra que la responsabilidad social empresarial genera verdadero impacto cuando incide en necesidades esenciales como la alimentación.

La alianza de Corporativo Kosmos con Banco de Tapitas, es otra prueba de la efectividad del modelo de intervención de la Fundación Pablo Landsmanas, mismo que entiende que la nutrición es parte integral del tratamiento y del bienestar emocional de los infantes y sus familias durante la lucha contra este tipo de enfermedades. Así, alimentar también es acompañar, sostener y transformar realidades desde lo más básico y humano.

Turquía, futura sede de la COP31: el país con peor desempeño sostenible en Europa

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Turquía fue designada como sede de la COP31, una elección que ha abierto una discusión incómoda para la comunidad internacional especializada en sostenibilidad, pues, mientras las Conferencias de las Partes han sido concebidas como espacios de liderazgo climático y coherencia multilateral, el país anfitrión de la próxima cumbre aparece hoy como el peor evaluado en desarrollo sostenible entre 35 naciones europeas analizadas por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU (SDSN). 

La paradoja no es menor: quien alberga la conversación global sobre clima no logra avances significativos en ninguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por ello, la elección de la sede de la COP31 no solo tiene implicaciones logísticas, sino simbólicas y políticas. En un contexto donde la implementación de la Agenda 2030 está estancada en Europa y el discurso climático pierde fuerza, optar por un país con retrocesos en acción climática y alta dependencia de combustibles fósiles envía una señal ambigua

La sede de la COP31 frente a un desempeño sostenible rezagado

Según la evaluación de la SDSN, Turquía enfrenta “grandes desafíos” para cumplir objetivos vinculados con la protección de la naturaleza, la reducción de desigualdades, la generación de empleo de calidad y el desarrollo de ciudades sostenibles. No se trata de rezagos marginales, sino de una falta de avances estructurales en prácticamente todos los ODS.

Particularmente preocupante es el retroceso en acción climática. El informe señala que el progreso del país en esta materia se ha revertido en los últimos años y que persisten “desafíos importantes” para corregir la trayectoria. Este dato adquiere mayor peso considerando que la sede de la COP31 será el epicentro de negociaciones sobre mitigación y adaptación global.

sede de la COP31

El contraste con otras naciones europeas es notorio. Países como Finland, Suecia, Dinamarca, Austria y Noruega encabezan el ranking regional. Aunque ningún Estado está plenamente encaminado a cumplir todos los ODS, el diferencial de desempeño subraya la magnitud del reto que enfrenta Turquía como anfitriona.

Energía fósil y metas insuficientes: la brecha climática

Cerca del 75% de la matriz energética turca depende de combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas— distribuidos de forma relativamente equilibrada. Desde el año 2000, sus emisiones relacionadas con la energía casi se han duplicado, una tendencia incompatible con la urgencia climática global.

En el marco del Acuerdo de París, Turquía se comprometió a reducir en 41% sus emisiones para 2030 bajo un escenario “sin cambios” (BAU). Sin embargo, este compromiso ha sido ampliamente considerado insuficiente, ya que las emisiones seguirían aumentando hasta 2038 antes de comenzar a descender. Es decir, el recorte es relativo a una proyección de crecimiento, no a niveles absolutos actuales.

Si bien el país cuenta con un plan nacional de adaptación climática 2024–2030 que abarca 11 sectores —incluyendo agricultura e infraestructura urbana—, la distancia entre planificación y transformación estructural es significativa. Que la sede de la COP31 recaiga en una economía con esta trayectoria plantea dudas sobre la coherencia entre discurso y desempeño.

sede de la COP31

Una narrativa global debilitada

La COP31 se celebrará en Antalya bajo un esquema de coorganización entre Turquía y Australia, siendo Australia la presidencia formal del encuentro. Además, se prevé un evento previo en el Pacífico para ampliar la participación de los estados insulares, lo que sugiere un esfuerzo por equilibrar representación geográfica.

No obstante, el contexto europeo revela una tendencia más amplia: ninguna de las 35 naciones evaluadas está en camino de cumplir más que un puñado de los 17 ODS. Las referencias a estos objetivos han disminuido en políticas y discursos de la Unión Europea, en parte por la percepción de que la meta 2030 es inalcanzable en su totalidad.

Designar como sede de la COP31 a un país con el peor desempeño regional puede reforzar el escepticismo público sobre la efectividad de estos foros multilaterales. Cuando la narrativa climática ya enfrenta desgaste por crisis geopolíticas, inflación y fatiga social, la coherencia simbólica adquiere un peso estratégico. La legitimidad de las cumbres depende no solo de los acuerdos que produzcan, sino de la congruencia que proyecten.

¿Coherencia o pragmatismo político?

La elección de Turquía como sede de la COP31 puede interpretarse como un gesto de inclusión geopolítica o como una apuesta por integrar a economías rezagadas en la conversación climática. Sin embargo, también expone una tensión estructural: ¿puede un país con retrocesos en acción climática liderar simbólicamente la negociación global sobre sostenibilidad?

Para la comunidad interesada en promover la responsabilidad social, el desafío es doble. Por un lado, exigir mayor coherencia entre discurso y desempeño; por otro, aprovechar la visibilidad de la COP31 para impulsar compromisos más ambiciosos y verificables. Si la narrativa climática se diluye, la confianza en la gobernanza ambiental global se erosionará aún más. La seriedad de estas cumbres depende de que liderazgo y ejemplo avancen de la mano.

La administración de Trump busca retirar sistema de prevención ante riesgos químicos

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La arquitectura regulatoria que ha sostenido durante más de tres décadas la prevención ante riesgos químicos en Estados Unidos enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos. La administración vinculada a Donald Trump ha iniciado un proceso para desmantelar componentes clave del Programa de Gestión de Riesgos (RMP, por sus siglas en inglés), un sistema federal que obliga a miles de instalaciones industriales a anticipar, mitigar y reportar posibles catástrofes químicas. 

El debate no ocurre en abstracto, pues, entre 2004 y 2025, Estados Unidos registró en promedio un accidente químico cada dos días con afectaciones a personas o al medio ambiente. Cerca de 180 millones de personas viven a pocos kilómetros de una planta sujeta al RMP. En este contexto, debilitar un sistema de prevención ante riesgos químicos implica mucho más que ajustar cargas regulatorias: supone reconfigurar la gestión del riesgo sistémico en materia de salud, medio ambiente y estabilidad comunitaria.

El RMP: tres décadas de construcción institucional en prevención ante riesgos químicos

El Programa de Gestión de Riesgos fue aprobado por el Congreso en 1990 como parte de una revisión de la Clean Air Act, tras una serie de accidentes mortales en instalaciones químicas alrededor del mundo. La norma exige que más de 12,500 instalaciones de alto riesgo desarrollen protocolos para prevenir catástrofes o, en su defecto, limitar sus consecuencias. Esto incluye tecnologías de detección de liberaciones químicas, sistemas de supresión de incendios y planes detallados de respuesta de personal ante emergencias.

prevención ante riesgos químicos

En 2024, la administración Biden finalizó una actualización normativa que tardó 12 años en elaborarse y que fortaleció significativamente el sistema. Entre otros elementos, exigía la implementación de tecnologías modernas de prevención, medidas de respaldo en caso de fallas en la primera línea de defensa y la sustitución de sustancias peligrosas por alternativas más seguras cuando fuera posible.

Además, la reforma incorporó un enfoque de “doble desastre”, obligando a las instalaciones a prepararse para escenarios donde fenómenos climáticos extremos —huracanes, incendios forestales o terremotos— impactan plantas químicas. El antecedente del huracán Harvey en 2017, que provocó explosiones en la planta Arkema en Texas, evidenció cómo la falta de información oportuna puede agravar los daños y exponer a socorristas a gases tóxicos sin advertencia previa.

Sin embargo, a inicios de 2025, empresas químicas solicitaron a la nueva EPA bajo Trump derogar estas disposiciones, argumentando que eran “demasiado costosas de implementar”. La Agencia ha respondido que busca reglas “más claras y viables”, eliminando requisitos que, según su postura, generan costos sin mejorar resultados de seguridad.

Accidentes reales, no riesgos teóricos: impactos en salud y medio ambiente

La discusión sobre la prevención ante riesgos químicos no puede reducirse a un debate contable. Tal como expone The Guardian, casos recientes, como la explosión en una planta siderúrgica de Clairton, Pensilvania, que dejó 10 heridos o la explosión de Roseland, Luisiana que dispersó crudo hasta 32 kilómetros de distancia, afectando viviendas, muestran la materialidad del riesgo.

Marc Boom, ex asesor de políticas de la EPA y hoy directivo en la Environmental Protection Network, lo expresó con contundencia:

Estas normas existen porque las explosiones catastróficas y los vertidos tóxicos no son riesgos teóricos, sino eventos reales que devastan comunidades”.

Sus palabras resumen una tensión central en la gestión de riesgos industriales: cuando la regulación se debilita, la externalización de costos hacia comunidades y sistemas de salud se incrementa.

prevención ante riesgos químicos

Los datos históricos son elocuentes. Desde 2004, los accidentes químicos han provocado decenas de muertes y miles de personas lesionadas. En términos ambientales, cada incidente implica potenciales emisiones tóxicas, contaminación de cuerpos de agua y degradación de suelos, con impactos que pueden extenderse por años. Para las comunidades cercanas —a menudo de menores ingresos— esto significa exposición crónica a contaminantes, depreciación de activos inmobiliarios y riesgos sanitarios acumulativos.

Además, si estos eventos se leen desde la óptica ESG, representan, sin duda, riesgos financieros materiales: litigios, sanciones, pérdida de licencia social y afectaciones reputacionales que inciden directamente en el valor corporativo.

Transparencia, trabajadores y gobernanza: el retroceso institucional

Otro de los movimientos más controvertidos ha sido la eliminación de una herramienta pública que permitía a comunidades y primeros respondedores consultar un mapa con la ubicación de instalaciones peligrosas y las sustancias utilizadas. Aunque la ley exige que esta información sea pública, la EPA la trasladó a una sala física de lectura, bajo argumentos de seguridad nacional.

Para defensores ambientales, esta decisión debilita la capacidad de respuesta local y reduce la rendición de cuentas. La transparencia es un componente esencial de cualquier sistema de prevención ante riesgos químicos: sin acceso a datos, ni comunidades ni socorristas pueden prepararse adecuadamente.

Otro elemento clave es el rol de los trabajadores. La norma de 2024 otorgaba mayor poder a empleados y sindicatos: consulta obligatoria en planes de emergencia, autoridad para detener labores en situaciones de peligro, capacitación especializada y mecanismos formales para reportar riesgos no atendidos. Rick Engler, ex miembro de la Junta de Seguridad Química, calificó la iniciativa de la administración como un intento de “cambiar el equilibrio de poder de los trabajadores a los ejecutivos corporativos”.

prevención ante riesgos químicos

Desde la perspectiva de gobernanza corporativa, debilitar estos mecanismos no solo incrementa el riesgo operativo, sino que contradice estándares internacionales en materia de debida diligencia y derechos laborales. La seguridad industrial no es un costo accesorio; es un componente estructural de la resiliencia empresarial.

Riesgo sistémico y responsabilidad corporativa

Desmantelar o debilitar el RMP no es simplemente una modificación regulatoria: es una señal estratégica sobre cómo se concibe la relación entre Estado, industria y sociedad. En un país donde 180 millones de personas viven cerca de instalaciones sujetas al programa, reducir estándares de prevención ante riesgos químicos incrementa la probabilidad de desastres con impactos humanos, ambientales y financieros de gran escala.

Para el sector empresarial comprometido con la sostenibilidad, el mensaje es claro: la gestión responsable del riesgo químico no puede depender exclusivamente del vaivén político. Las compañías que aspiren a liderazgo ESG deberán sostener —e incluso superar— los estándares regulatorios mínimos. En un entorno de creciente escrutinio social y climático, invertir en prevención no es ideología; es estrategia de largo plazo y condición indispensable para la licencia social para operar.

¿Puede la información de sostenibilidad abrir la puerta a amenazas cibernéticas?

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La creciente sofisticación de la información de sostenibilidad, especialmente en materia de Alcance 3, ha permitido a las empresas mapear con un nivel de detalle sin precedentes sus cadenas de suministro. Hoy sabemos con mayor precisión de dónde provienen los materiales, cómo se transportan, qué proveedores concentran mayor impacto ambiental y qué geografías sostienen procesos críticos. Sin embargo, como Sustainable Brands ha señalado, este mismo mapa que fortalece la gestión ESG podría estar revelando vulnerabilidades estratégicas si no se integra a una visión de riesgo más amplia.

El problema no radica en transparentar, sino en fragmentar. Cuando la información de sostenibilidad se trata exclusivamente como un conjunto de datos ambientales y no como inteligencia corporativa integral, se pierde la oportunidad de anticipar amenazas emergentes, incluidas las ciberfísicas. En un entorno donde las cadenas de suministro dependen de sistemas digitales y tecnología operativa interconectada, la frontera entre sostenibilidad y ciberseguridad se vuelve cada vez más difusa.

El mapa de Alcance 3: cuando la información de sostenibilidad revela más de lo esperado

La contabilidad de Alcance 3 exige identificar proveedores de mayor impacto, relaciones críticas y dependencias profundas en contextos geográficos específicos. Este ejercicio, que muchas empresas nunca habían realizado con tal precisión, genera uno de los activos más valiosos de la organización: un mapa detallado de su arquitectura operativa.

En ese mismo conjunto de datos convergen impactos ambientales y riesgos estratégicos. Los proveedores con mayor intensidad energética o volumen de producción suelen ser también los más críticos para la continuidad del negocio. Concentración geográfica, alternativas limitadas y alta integración operativa son características que comparten tanto el riesgo climático como el riesgo sistémico.

La información de sostenibilidad madura, entonces, no solo identifica huellas de carbono; expone nodos críticos. Si estos datos no se protegen adecuadamente o no se analizan desde una perspectiva de ciberseguridad, pueden convertirse en una guía involuntaria para actores maliciosos interesados en interrumpir operaciones clave.

Aquí emerge una tensión estructural: los equipos de sostenibilidad producen datos estratégicos, pero rara vez participan en discusiones sobre seguridad cibernética o tecnológica. La brecha organizacional deja un espacio donde el riesgo puede acumularse sin ser plenamente reconocido.

información de sostenibilidad

De SolarWinds a Aurora: la lección ciberfísica

La industria del software ya vivió una versión de este aprendizaje. Incidentes como el ataque a SolarWinds y la vulnerabilidad de Log4j demostraron que la superficie de ataque no es solo el código propio, sino cada dependencia integrada en la cadena de suministro digital. La respuesta fue el desarrollo de la seguridad de la cadena de suministro de software, con seguimiento riguroso de dependencias y verificación de procedencia.

En el ámbito físico, la amenaza puede ser aún mayor. La llamada prueba Aurora, realizada por el Idaho National Laboratory en 2007, mostró cómo la manipulación remota de sistemas industriales podía provocar la destrucción física de un generador de 27 toneladas. No se trató de un sofisticado malware, sino del aprovechamiento de protocolos industriales sin autenticación robusta.

La diferencia clave es el “radio de explosión”. Mientras una intrusión en software puede exfiltrar datos, un ataque a sistemas de tecnología operativa (OT) puede detener líneas de producción, alterar controles ambientales o comprometer la seguridad física. En sectores como alimentos, farmacéutica o logística de cadena de frío, el impacto no es informativo: es tangible y potencialmente peligroso.

La información de sostenibilidad que identifica qué proveedores operan infraestructuras críticas podría, en manos equivocadas, facilitar la identificación de puntos vulnerables. La pregunta ya no es si existe el riesgo, sino si las organizaciones lo están integrando en sus matrices de evaluación.

información de sostenibilidad

Dónde reside el riesgo y qué preguntas no estamos haciendo

Muchas empresas consideran el riesgo ciberfísico como un problema exclusivo de infraestructuras públicas. Sin embargo, la manufactura moderna opera con sistemas SCADA, centros de datos con sistemas de gestión de edificios y cadenas logísticas automatizadas. Un ataque exitoso a estos sistemas puede generar interrupciones físicas con impacto financiero inmediato.

En niveles inferiores de la cadena de suministro, el riesgo se amplifica. Fabricantes contratados y socios logísticos gestionan tecnología operativa cuya seguridad es, en la práctica, la seguridad de su cliente. No obstante, los cuestionarios de seguridad para proveedores suelen centrarse en TI y omitir la evaluación profunda de OT.

Las preguntas críticas sobre hardware y firmware rara vez se plantean: ¿dónde fue fabricado el equipo?, ¿qué actualizaciones recibe?, ¿qué comunica y a quién?, ¿qué acceso retiene su fabricante? Casos recientes atribuidos a grupos como Volt Typhoon han evidenciado accesos persistentes a entornos de tecnología operativa con fines de disrupción estratégica.

La brecha es estructural. Seguridad informática, adquisiciones y sostenibilidad operan como silos. La información de sostenibilidad contiene el mapeo necesario para iniciar preguntas sobre procedencia tecnológica y exposición ciberfísica, pero no suele activarse como insumo para una evaluación integral de riesgos.

información de sostenibilidad

Integrar la información de sostenibilidad en la arquitectura de riesgo

La expansión de los programas de Alcance 3 ha convertido a la información de sostenibilidad en uno de los activos más estratégicos de la empresa. Limitar su uso a reportes ambientales desaprovecha su potencial como herramienta de inteligencia corporativa. Integrarla en evaluaciones de riesgo cibernético y ciberfísico es un paso lógico en la madurez ESG.

Para las organizaciones comprometidas con la responsabilidad social, el desafío no es reducir la transparencia, sino fortalecer su gobernanza. Mapear impactos implica también mapear dependencias críticas. En un entorno donde las amenazas digitales pueden traducirse en consecuencias físicas, la sostenibilidad y la ciberseguridad ya no son agendas paralelas: son dos caras de la resiliencia empresarial.

Greenpeace alerta: envases aptos para microondas liberan microplásticos y químicos tóxicos

¿Con qué frecuencia calentamos comida en el microondas sin cuestionar el recipiente que la contiene? Sopas instantáneas, platillos listos para consumir o simplemente las sobras del refrigerador suelen ir directo al microondas en envases de plástico. Sin embargo, de acuerdo con una investigación reciente de Greenpeace International, esta práctica cotidiana podría estar incrementando nuestra exposición a microplásticos en envases y a sustancias químicas potencialmente peligrosas.

El informe ¿Estamos fritos? Los riesgos ocultos para la salud de las comidas preparadas envasadas en plástico advierte que el calentamiento en microondas aumenta significativamente la liberación de partículas microscópicas y compuestos químicos desde los recipientes hacia los alimentos.

Microplásticos en envases: lo que analizó el estudio

El informe de Greenpeace compiló y revisó 24 artículos científicos revisados por pares enfocados en la toxicidad de los plásticos en contacto con alimentos. La conclusión es clara: cuando los alimentos se almacenan y posteriormente se calientan en recipientes plásticos, la liberación de microplásticos en envases y sustancias químicas aumenta de forma significativa.

Un estudio citado encontró que recipientes de poliestireno y polipropileno almacenados en refrigeración o congelación liberaron entre 100,000 y 260,000 partículas de microplástico al ser calentados. Tras cinco minutos en el microondas, la cifra se elevó a entre 326,000 y 534,000 partículas liberadas directamente en los alimentos. No se trata de trazas marginales, sino de cientos de miles de partículas por evento.

microplásticos en envases

Además, el análisis destaca que existen aproximadamente 16,000 sustancias químicas asociadas a la producción y uso de plásticos. De ellas, alrededor de 4,200 han sido identificadas como preocupantes por su potencial toxicidad, mientras que miles carecen de clasificación clara. La evidencia también señala que 1,396 sustancias químicas presentes en plásticos en contacto con alimentos ya han sido detectadas en el cuerpo humano.

Plásticos: ¿Cómo llegan a nuestro cuerpo?

Los micro y nanoplásticos no solo provienen de envases alimentarios; están presentes en múltiples artículos domésticos y en el ambiente global. Han sido encontrados desde las cimas montañosas y el hielo ártico hasta organismos en la base de la cadena alimentaria. La exposición humana ocurre principalmente por ingestión, inhalación y contacto dérmico.

En el caso de los microplásticos en envases, el calor actúa como catalizador. El microondas puede degradar la estructura del plástico y facilitar la migración tanto de partículas físicas como de aditivos químicos hacia los alimentos. Esto incluye sustancias añadidas intencionadamente, como estabilizadores o plastificantes, y también las denominadas NIAS (sustancias añadidas no intencionadamente), que pueden surgir como subproductos o impurezas durante la fabricación o el calentamiento.

Por otro lado, la incertidumbre científica es, en la actualidad, uno de los mayores desafíos en materia. Si bien algunos compuestos —como el antimonio utilizado en la producción de PET— son reconocidos por su toxicidad, muchos otros carecen de estudios de largo plazo. Un caso citado en la investigación mostró cómo un estabilizador UV reaccionó con el almidón de papa durante el calentamiento, generando un compuesto químico previamente desconocido. La historia de industrias como la del tabaco, el asbesto o el plomo demuestra que esperar “pruebas definitivas” puede traducirse en costos sanitarios y económicos irreversibles.

microplásticos en envases

Mercado en expansión y riesgo sistémico

El crecimiento del mercado global de comidas preparadas añade una dimensión estructural al problema. Se estima que en 2025 este mercado alcanzará un valor de 190,000 millones de dólares, con un volumen global cercano a 71 millones de toneladas en 2024 y un promedio de 12.6 kg por persona. Los principales mercados incluyen China, Estados Unidos, Japón, México y Rusia.

Este modelo de consumo intensivo implica un aumento proporcional en la producción y uso de envases plásticos. Si la liberación de microplásticos en envases se confirma como riesgo significativo, el problema no será marginal, sino masivo. Las cadenas de valor alimentarias, el retail y las plataformas de entrega a domicilio se convierten en actores clave en esta discusión.

Estas estimaciones abren interrogantes críticos sobre debida diligencia, transparencia y responsabilidad extendida del productor ante cuestiones como el etiquetado de “apto para microondas”, las cuales podrían generar una falsa percepción de seguridad si no consideran la migración de partículas y químicos bajo condiciones reales de uso.

microplásticos en envases

¿Qué podemos hacer? Acciones desde lo individual hasta lo sistémico

Ante las preocupaciones que estos hallazgos generan, Greenpeace propone una serie de acciones con las que podemos frenar y accionar ante la contaminación plástica:

Consumidores

  • Optar por recipientes de cerámica o vidrio para calentar alimentos.
  • Evitar recalentar comida en envases plásticos, incluso si son “aptos para microondas”.
  • Solicitar a supermercados y restaurantes reducir el uso de plásticos de un solo uso.

Empresas

  • Comprometerse con el objetivo de “cero liberación” de microplásticos y químicos peligrosos hacia los alimentos, con metas verificables hacia 2035.
  • Invertir en innovación de materiales seguros y sistemas de reutilización.
  • Eliminar mensajes engañosos sobre la seguridad de envases plásticos.

Gobiernos:

  • Impulsar un Tratado Global de Plásticos jurídicamente vinculante que reduzca la producción mundial al menos 75% para 2040.
  • Aplicar el principio de precaución en regulación de envases alimentarios.
  • Establecer incentivos para modelos de reutilización y alternativas no tóxicas.
microplásticos en envases

Precaución, responsabilidad y transición urgente

La evidencia sobre microplásticos en envases plantea una advertencia clara: estamos ante un riesgo emergente que combina exposición masiva, incertidumbre científica y expansión de mercado. Ignorar las señales tempranas podría replicar errores históricos donde la inacción costó vidas y recursos.

Desde la perspectiva de responsabilidad social, el desafío no es solo técnico, sino ético. Reducir la dependencia del plástico y acelerar la transición hacia sistemas de reutilización no es una opción radical, sino una estrategia preventiva. La protección de la salud pública y la credibilidad empresarial dependen de actuar antes de que la evidencia definitiva llegue demasiado tarde.

Por tercer año consecutivo, Mercado Libre es la empresa más responsable del sector comercio electrónico en México

Mercado Libre fue reconocida como la empresa más responsable del sector de comercio electrónico en el ranking Merco ESG México 2025, elaborado por el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa (Merco), en su 13ª edición en el país.

Para la compañía líder de comercio electrónico, el liderazgo empresarial implica una responsabilidad con el país y con las comunidades donde opera. Su compromiso ha estado en impulsar el crecimiento de millones de emprendedores y PyMEs, así como en democratizar el acceso a servicios financieros digitales con una mirada de triple impacto y una estrategia de sustentabilidad integrada a los ejes de negocio.

Con 26 años de presencia en México, Mercado Libre se ha consolidado como un actor estratégico en el desarrollo económico y social del país, impulsando la democratización del comercio electrónico y la inclusión financiera digital; desempeño que fue evaluado por uno de los monitores reputacionales más relevantes, que mide a las empresas en criterios ambientales, sociales y de gobernanza mediante una metodología multistakeholder basada diversas evaluaciones y fuentes de información.

Además de liderar su sector, Mercado Libre se posicionó dentro del top 15 del ranking general en Responsabilidad ESG México 2025 con la posición 11.

Los criterios de evaluación y resultados de esta edición son públicos y pueden consultarse en el sitio oficial del Monitor Empresarial de Reputación Corporativa.Mercado Libre fue reconocida como la empresa más responsable del sector de comercio electrónico en el ranking Merco ESG México 2025, elaborado por el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa (Merco), en su 13ª edición en el país.

comercio electrónico en México

Para la compañía líder de comercio electrónico, el liderazgo empresarial implica una responsabilidad con el país y con las comunidades donde opera. Su compromiso ha estado en impulsar el crecimiento de millones de emprendedores y PyMEs, así como en democratizar el acceso a servicios financieros digitales con una mirada de triple impacto y una estrategia de sustentabilidad integrada a los ejes de negocio.

Con 26 años de presencia en México, Mercado Libre se ha consolidado como un actor estratégico en el desarrollo económico y social del país, impulsando la democratización del comercio electrónico y la inclusión financiera digital; desempeño que fue evaluado por uno de los monitores reputacionales más relevantes, que mide a las empresas en criterios ambientales, sociales y de gobernanza mediante una metodología multistakeholder basada diversas evaluaciones y fuentes de información.

Además de liderar su sector, Mercado Libre se posicionó dentro del top 15 del ranking general en Responsabilidad ESG México 2025 con la posición 11.

Los criterios de evaluación y resultados de esta edición son públicos y pueden consultarse en el sitio oficial del Monitor Empresarial de Reputación Corporativa.

En México, 8 de cada 10 personas prefieren contenido digital

En México, el consumo de información es cada vez más digital. De acuerdo con el Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del total de la población alfabeta de 12 años y más (103.9 millones), 62.5% leyó libros; 45.7%, páginas de internet, foros o blogs; 29.6%, revistas; 24.8%, periódicos y 20.9%, historietas, cómics o mangas. 

Bajo ese contexto saturado de información, el reto actual para atraer la atención de las audiencias jóvenes hacia contenidos más especializados es cada vez mayor, la apuesta por contenidos de interés o adecuados a las nuevas generaciones, no es sencillo, y medios como Opinión 51 –plataforma que se consolidó como el único medio en México integrado exclusivamente por mujeres columnistas con más de 100 autoras–, quiere orientar y economizar el tiempo de búsqueda. Así es como surge OPI, un asistente inteligente diseñado para acompañar a cada lectora y lector en su recorrido por la plataforma. 

“En un momento en que la inteligencia artificial está siendo utilizada para acelerar procesos y sustituir el trabajo humano, nosotras la estamos utilizando no para que te resuma, sino para que te haga pensar más y mejor. La IA, al servicio de que las voces humanas se lean más y más fuerte”, detalló Pamela Cerdeira, directora y fundadora de Opinión 51.

Y es que el estudio anual que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) llamado Módulo de Lectura (MOLEC), indica que la población de 12 años y más a nivel nacional destaca en la actualización conceptual y metodológica, manteniendo el hábito de la lectura.

contenido digital

La lectura mediante redes sociales mostró un alcance elevado, con 83.5 millones de personas que declararon leer en plataformas como Facebook, WhatsApp, X, entre otras. De ese total, 83.8% combinó su lectura con algún otro material, mientras que el 16.2% se limitó únicamente a redes sociales. 

OPI surge de dos preguntas estratégicas: ¿cómo impulsar a las y los lectores a leer más contenido de calidad que les permita tener una visión más crítica y completa del mundo?, y ¿cómo sustituir el leer rápido de nuestros tiempos, por el pensar mejor? 

OPI es un modelo de lenguaje que recomienda  a los usuario de Opinión 51 lecturas según sus intereses. La tecnología se convierte así en una brújula editorial que ordena, sugiere y conecta, sin sustituir el criterio humano, por el contrario, empoderándolo.

Advierten impactos en la atención médica por interpretaciones erróneas del sexo y el género en EE. UU.

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El debate sobre la atención médica en Estados Unidos ha entrado en una nueva fase marcada por decisiones políticas que están transformando el acceso a servicios de salud para distintos grupos poblacionales. En medio de cambios regulatorios impulsados por la administración de Donald Trump, especialistas en biología, genética y salud pública advierten que la discusión ha dejado de centrarse únicamente en políticas sanitarias para convertirse en un cuestionamiento directo al conocimiento científico.

Según The Guardian, diversos científicos y defensores de derechos humanos señalan que las interpretaciones erróneas del sexo y el género están influyendo en decisiones gubernamentales que podrían modificar profundamente la manera en que se brinda atención médica. Más allá del impacto inmediato en personas trans, expertos alertan que estas medidas podrían sentar precedentes que afecten a todo el sistema sanitario estadounidense y a millones de pacientes.

Cuando la política redefine la ciencia médica

Durante los últimos meses, varios sistemas hospitalarios en Estados Unidos comenzaron a cancelar programas de atención de afirmación de género, particularmente para menores de edad. Clínicas reconocidas como Mount Sinai, NYU Langone o University of Utah Health han reducido o eliminado estos servicios tras cambios regulatorios federales que condicionan financiamiento público.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) prepara una norma que impediría que Medicaid y Medicare financien tratamientos relacionados con la transición de género en pacientes menores de 18 años. Esto incluye bloqueadores de pubertad, terapias hormonales y otros acompañamientos médicos considerados esenciales por múltiples asociaciones médicas.

Para especialistas como el genetista Jey McCreight, estas decisiones no responden a evidencia científica sólida, sino a narrativas políticas que utilizan conceptos simplificados de la biología humana. Según advierten, limitar la atención médica bajo estos argumentos podría abrir la puerta a restricciones en otros ámbitos sanitarios.

Interpretaciones erróneas del sexo y el género en la legislación sanitaria

Investigadores sostienen que muchas políticas recientes parten de definiciones rígidas del sexo biológico que no reflejan el consenso científico actual. Jess McLaughlin, profesora de ciencias biológicas, explica que reducir el sexo únicamente a categorías binarias ignora décadas de investigación genética y médica.

Las interpretaciones erróneas del sexo y el género han sido utilizadas para justificar legislación dirigida a restringir derechos de personas trans, pero también están influyendo en cómo se diseñan programas públicos de salud. Expertos advierten que cuando la ley se construye sobre conceptos científicos incompletos, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del grupo inicialmente afectado.

Además, la retórica institucional ha cambiado el lenguaje médico, sustituyendo términos como “atención de afirmación de género” por expresiones que sugieren procedimientos extremos o innecesarios, lo que contribuye a generar desinformación entre la población y dentro del propio sistema sanitario.

La biología humana: más compleja que un sistema binario

Uno de los principales puntos de controversia radica en la afirmación política de que el sexo biológico es inmutable desde la concepción. Científicos señalan que esta idea ignora procesos fundamentales del desarrollo humano, ya que las células reproductivas ni siquiera existen en etapas tempranas del embarazo.

La biología muestra una diversidad mucho mayor: existen variaciones cromosómicas como XXY, hombres con cromosomas XX o mujeres con combinaciones distintas a XY. También hay personas intersexuales cuyas características físicas y genéticas no encajan en categorías tradicionales.

Según investigadores, los cromosomas funcionan más como instrucciones iniciales que como resultados definitivos. Factores hormonales, ambientales y médicos influyen en cómo se desarrolla el cuerpo, lo que demuestra que la biología humana opera con múltiples variables y no con definiciones absolutas.

Consecuencias directas en pacientes y profesionales de salud

El impacto de estas políticas ya comienza a reflejarse en la práctica médica cotidiana. Profesionales de la salud reportan mayor incertidumbre clínica y restricciones que dificultan ofrecer tratamientos basados en evidencia científica.

Pacientes trans enfrentan cancelaciones de tratamientos o interrupciones forzadas, incluso en contextos como centros penitenciarios, donde nuevas disposiciones eliminan terapias hormonales y restringen expresiones básicas de identidad. Especialistas advierten que estas decisiones pueden incrementar problemas de salud mental y riesgos médicos graves.

Al mismo tiempo, médicos también pueden verse afectados por la desinformación. Cuando el personal sanitario opera bajo conceptos equivocados sobre sexo y género, aumenta la probabilidad de diagnósticos tardíos o tratamientos inadecuados.

Interpretaciones erróneas del sexo y el género y sus efectos más allá de la población trans

Expertos subrayan que las interpretaciones erróneas del sexo y el género no solo impactan a personas trans. Ya existen reportes de hombres cisgénero que han enfrentado obstáculos para recibir tratamiento contra el cáncer de mama debido a nuevas interpretaciones administrativas sobre quién puede acceder a ciertos servicios.

Este fenómeno evidencia cómo las políticas basadas en simplificaciones biológicas pueden generar exclusiones inesperadas dentro del sistema de salud. Cuando las categorías médicas se vuelven restrictivas, pacientes con necesidades reales quedan fuera de protocolos diseñados originalmente para protegerlos.Además, científicos temen que este enfoque pueda extenderse a debates sobre vacunas, salud reproductiva o discapacidad, ampliando el alcance de decisiones políticas sobre áreas tradicionalmente guiadas por evidencia científica.

Ciencia, desinformación y confianza pública en riesgo

Diversos investigadores consideran que el problema central no es únicamente regulatorio, sino cultural: la creciente desconfianza hacia la ciencia. Según especialistas, debilitar la investigación y desacreditar el conocimiento experto facilita la difusión de narrativas que influyen en políticas públicas sin respaldo empírico.

Cuando la información científica se sustituye por discursos ideológicos, el sistema de salud pierde uno de sus pilares fundamentales: la toma de decisiones basada en evidencia. Esto afecta tanto a pacientes como a instituciones médicas que dependen de estándares claros para operar.

En este contexto, la discusión trasciende la identidad de género y se convierte en un debate sobre gobernanza, ética pública y responsabilidad institucional en la protección del bienestar colectivo.

El debate actual en Estados Unidos revela cómo las decisiones políticas pueden transformar profundamente la atención médica cuando se apoyan en conceptos científicos incompletos o distorsionados. Las advertencias de investigadores apuntan a que limitar tratamientos basados en interpretaciones erróneas del sexo y el género podría generar efectos estructurales que trasciendan a un solo grupo social.

Más allá de la controversia ideológica, el reto central radica en preservar sistemas de salud sustentados en evidencia, inclusión y rigor científico. Para especialistas en responsabilidad social y para la sociedad en general, el caso estadounidense plantea una pregunta clave: ¿qué ocurre cuando la ciencia deja de ser el punto de partida para diseñar políticas públicas que impactan la vida y la salud de millones de personas?

El impacto del clima extremo que está dejando sin seguro a miles de viviendas

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La conversación sobre la crisis climática suele centrarse en temperaturas récord, incendios forestales o huracanes cada vez más intensos. Sin embargo, existe una consecuencia menos visible que comienza a transformar silenciosamente la vida cotidiana y la estabilidad económica global: la pérdida del acceso al seguro de vivienda. Hoy, el impacto del clima extremo ya no solo se mide en daños materiales, sino en la creciente imposibilidad de proteger aquello que millones de personas han construido durante años.

Según The Guardian, lo que antes era considerado un respaldo financiero básico comienza a desaparecer en algunas regiones del mundo. Casas ubicadas en zonas vulnerables están dejando de ser asegurables, generando incertidumbre no solo para propietarios, sino también para bancos, gobiernos y mercados financieros. El impacto del clima extremo está revelando que la resiliencia climática no es únicamente ambiental, sino profundamente económica y social.

El impacto del clima extremo y el nuevo riesgo de viviendas inasegurables

El aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos está modificando la lógica tradicional del sector asegurador. Inundaciones recurrentes, lluvias extraordinarias, incendios forestales y huracanes más destructivos elevan el número de reclamaciones y, con ello, el costo de las primas hasta niveles inaccesibles para muchas familias.

Especialistas en sostenibilidad advierten que este fenómeno ocurre de forma simultánea en distintas regiones del planeta. En Estados Unidos, por ejemplo, las primas han aumentado significativamente en zonas expuestas a tormentas o sequías extremas, mientras algunas aseguradoras privadas han optado por retirarse del mercado, trasladando la carga a sistemas públicos de último recurso.

Este escenario confirma que el impacto del clima extremo está redefiniendo qué territorios pueden considerarse habitables desde una perspectiva financiera, una discusión que apenas comienza a tomar fuerza en agendas públicas y corporativas.

Cuando el seguro falla, también lo hace la economía

El seguro suele percibirse como un servicio individual, pero en realidad funciona como una infraestructura invisible que sostiene al sistema económico moderno. Sin cobertura, los créditos hipotecarios pierden viabilidad, los bancos enfrentan mayores riesgos y las inversiones inmobiliarias se vuelven inciertas.

Diversas aseguradoras globales han advertido que regiones completas podrían volverse económicamente inviables si continúan aumentando los costos derivados de eventos climáticos extremos. Reguladores internacionales incluso han señalado que la pérdida de asegurabilidad podría convertirse en un riesgo sistémico capaz de generar inestabilidad financiera.

En este contexto, el impacto del clima extremo deja de ser un problema ambiental aislado y se convierte en un desafío estructural que amenaza la estabilidad del modelo económico actual.

Comunidades atrapadas: los nuevos “prisioneros hipotecarios”

Uno de los efectos más preocupantes ya comienza a observarse en Europa y otras regiones vulnerables: propietarios que no pueden vender sus viviendas porque estas ya no pueden asegurarse. Sin seguro, las hipotecas pierden valor y el mercado inmobiliario se paraliza.

En localidades afectadas por lluvias persistentes o inundaciones recurrentes, algunas familias quedan literalmente atrapadas en propiedades que representan un riesgo financiero creciente. Incluso autoridades locales han tenido que intervenir comprando viviendas que ya no podían protegerse frente a futuros desastres.

Más allá de las cifras económicas, existe también un impacto emocional profundo. Personas afectadas por inundaciones describen ansiedad constante cada vez que llueve, demostrando que el cambio climático también deja huellas psicológicas duraderas.

El aumento global de poblaciones en riesgo climático

Las proyecciones científicas muestran que esta problemática apenas comienza. Estudios recientes estiman que para 2035 el número de personas expuestas a inundaciones podría aumentar un 25 % en regiones densamente pobladas como el delta del río Perla en China, donde viven cerca de 86 millones de personas.

Esto implica que la presión sobre los sistemas de seguros continuará creciendo a escala global. A medida que más territorios enfrenten riesgos climáticos acumulativos, la capacidad del sector asegurador para absorber pérdidas será cada vez más limitada.

El desafío no solo radica en responder a desastres actuales, sino en anticipar cómo el desarrollo urbano, la planificación territorial y la adaptación climática deberán evolucionar para evitar crisis sociales más amplias.

Soluciones colaborativas: el caso de Flood Re

Ante este panorama, algunos países han comenzado a experimentar modelos innovadores de colaboración entre gobiernos y aseguradoras. En el Reino Unido, el programa Flood Re redistribuye el riesgo mediante un pequeño cargo aplicado a todas las pólizas, permitiendo que hogares ubicados en zonas inundables accedan a seguros asequibles.

Desde su creación en 2016, más de 600 mil viviendas han podido mantener cobertura gracias a este esquema. La iniciativa demuestra que la cooperación público-privada puede convertirse en una herramienta clave para enfrentar los efectos financieros del cambio climático.

Sin embargo, expertos advierten que estos programas son soluciones temporales si no se fortalecen simultáneamente las medidas de adaptación, infraestructura resiliente y prevención de riesgos.

Vivir con el agua: adaptación y corresponsabilidad

La discusión actual ya no gira únicamente en torno a evitar riesgos, sino a aprender a convivir con ellos. Desde modificaciones estructurales en viviendas hasta nuevas regulaciones urbanas, la resiliencia comienza a integrarse en decisiones de diseño, construcción y gestión territorial.

Autoridades locales, aseguradoras, empresas de servicios y ciudadanos comparten ahora una responsabilidad común. Elevar instalaciones eléctricas, instalar sistemas de protección contra inundaciones o rediseñar comunidades enteras son acciones que empiezan a formar parte de una nueva normalidad climática.

Al mismo tiempo, persiste una brecha significativa: millones de personas en el mundo nunca han tenido acceso a seguros, pese a ser quienes enfrentan mayor vulnerabilidad frente a desastres climáticos.

El avance de la crisis climática está revelando una verdad incómoda: la seguridad financiera también depende de la estabilidad ambiental. Cuando el seguro desaparece, no solo se pierde una póliza, sino una red de protección que sostiene hogares, inversiones y economías completas. El impacto del clima extremo evidencia que la adaptación climática ya no es opcional, sino una condición para la estabilidad social futura.

Las aseguradoras han sido históricamente expertas en evaluar riesgos, y sus advertencias actuales deberían interpretarse como una señal clara de urgencia. Si regiones enteras comienzan a volverse inasegurables, la conversación sobre sostenibilidad deberá ampliarse hacia modelos económicos resilientes, planificación responsable y acción colectiva inmediata frente al impacto del clima extremo.

¿Puede internet ser sostenible? El impacto detrás de cada clic

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Cada día realizamos cientos de acciones digitales casi sin pensarlo: enviamos mensajes, vemos videos, hacemos búsquedas o interactuamos con herramientas de inteligencia artificial. Desde la pantalla de un smartphone, todo parece limpio e intangible, lejos de chimeneas industriales o combustibles fósiles. Sin embargo, detrás de cada clic existe una infraestructura energética compleja que mantiene funcionando el ecosistema digital global.

Según un artículo de eco-business, reproducir una hora de video en línea, por ejemplo, puede consumir alrededor de 0,037 kWh de electricidad, equivalente a mantener encendido un ventilador de techo durante varias horas. Cuando esta actividad se multiplica por miles de millones de usuarios conectados simultáneamente, surge una pregunta inevitable para empresas, gobiernos y especialistas: ¿es posible avanzar hacia la sostenibilidad del Internet sin frenar la innovación tecnológica?

La sostenibilidad del Internet y la paradoja digital

El crecimiento tecnológico ha traído consigo una paradoja difícil de ignorar. Las herramientas digitales permiten optimizar procesos, reducir traslados y mejorar la eficiencia energética en múltiples industrias, pero al mismo tiempo incrementan la demanda global de electricidad. Según diversos estudios, las Tecnologías de la Información y la Comunicación ya representan alrededor del 3,4 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

El Dr. Lawrence Wee, de la Autoridad de Desarrollo de Medios de Infocomunicación de Singapur (IMDA), advierte que el impacto ambiental del consumo digital suele subestimarse. Cada búsqueda, transmisión o interacción con sistemas de inteligencia artificial activa servidores que operan de forma continua, consumiendo energía incluso cuando el usuario no es consciente de ello.

Esta tensión define el debate actual sobre la sostenibilidad del Internet: las mismas soluciones digitales que ayudan a enfrentar el cambio climático también pueden intensificar el consumo energético si no se diseñan bajo criterios de eficiencia desde su origen.

Centros de datos: el corazón energético del mundo digital

Internet no vive en la nube; vive en centros de datos físicos distribuidos alrededor del mundo. Estas instalaciones albergan servidores responsables de sostener plataformas digitales, pagos electrónicos, servicios en la nube y aplicaciones cotidianas. Su operación requiere electricidad constante y sistemas avanzados de refrigeración para evitar el sobrecalentamiento.

Singapur representa un caso particularmente ilustrativo. En apenas 734 kilómetros cuadrados concentra cerca de 70 centros de datos con una capacidad informática aproximada de 1,4 gigavatios. Esta densidad tecnológica ejerce presión directa sobre el suministro energético, el uso del suelo y los límites nacionales de emisiones.

Ante estas restricciones, el país comenzó hace más de una década a impulsar estándares de eficiencia energética específicos para climas tropicales. La estrategia demuestra que el crecimiento digital ya no puede separarse de la planificación ambiental y energética.

Cuando el hardware ya no es suficiente

Durante años, la conversación sobre eficiencia digital se centró en mejorar equipos y servidores. Sin embargo, el auge de la computación en la nube y la inteligencia artificial evidenció que optimizar únicamente la infraestructura física resulta insuficiente para reducir el impacto ambiental.

Hoy el foco se desplaza hacia un enfoque integral que incluye operaciones gubernamentales, empresas tecnológicas y desarrollo de software. IMDA impulsó así un marco de sostenibilidad digital que promueve compras tecnológicas responsables, diseño eficiente de aplicaciones y herramientas para medir el consumo energético del software.

Este cambio marca un punto clave: la energía que consume internet no depende solo de los centros de datos, sino también de cómo se diseñan las plataformas, algoritmos y servicios digitales que utilizamos diariamente.

Software verde: diseñar código pensando en la energía

El concepto de software ecológico comienza a ganar relevancia dentro del sector tecnológico. La idea es sencilla pero transformadora: realizar las mismas tareas digitales utilizando menos energía, mediante decisiones inteligentes de programación y arquitectura tecnológica.

Expertos en innovación tecnológica señalan que muchas aplicaciones ejecutan procesos innecesarios o utilizan modelos de inteligencia artificial más grandes de lo requerido. Reducir el movimiento de datos, optimizar el código o elegir modelos más pequeños puede disminuir significativamente el consumo energético sin afectar el rendimiento.

Las organizaciones que han adoptado prácticas de computación verde han logrado reducciones promedio del 17 % en consumo energético, alcanzando incluso mejoras cercanas al 90 % en algunos casos. Esto demuestra que eficiencia ambiental y eficiencia operativa pueden avanzar juntas.

Medir para transformar: el reto invisible del impacto digital

Uno de los principales obstáculos para avanzar hacia entornos digitales más responsables es la falta de medición clara. Muchas empresas desconocen cuánta energía consumen realmente sus aplicaciones o servicios digitales, lo que dificulta establecer estrategias de mejora.

Para responder a este desafío surgieron metodologías como la especificación de Intensidad de Carbono del Software (SCI), desarrollada por la Green Software Foundation y recientemente convertida en estándar internacional. Este marco permite calcular la huella de carbono del software y comparar resultados entre organizaciones.

Cuando las empresas comienzan a medir, suelen descubrir ineficiencias ocultas: cargas de trabajo activas sin necesidad, sistemas sobredimensionados o procesos automatizados que operan permanentemente. La visibilidad se convierte así en el primer paso hacia decisiones tecnológicas más sostenibles.

IA, crecimiento digital y el futuro de la sostenibilidad del Internet

La expansión acelerada de la inteligencia artificial está redefiniendo el debate global sobre energía y tecnología. Gobiernos y empresas empiezan a reconocer que el desarrollo digital depende cada vez más de la disponibilidad de energía limpia y de bajas emisiones.

Especialistas en políticas públicas advierten que la sostenibilidad digital ya no es únicamente una cuestión técnica, sino estratégica. La adopción masiva de IA puede impulsar productividad e innovación, pero también generar nuevos cuellos de botella energéticos si no se integra con políticas climáticas y transición energética.

En este contexto, países como Singapur buscan posicionarse como centros de computación verde, alineando innovación tecnológica con gestión ambiental. Este enfoque integral podría convertirse en referencia internacional para equilibrar competitividad digital y acción climática.

Innovación tecnológica con límites planetarios

El aumento constante del streaming, el comercio electrónico y las herramientas de inteligencia artificial anticipa un crecimiento sostenido del consumo energético digital en los próximos años. Incluso con mejoras en chips y hardware, la demanda seguirá creciendo a medida que más aspectos de la vida cotidiana migran al entorno online.

Frente a este escenario, la conversación sobre la sostenibilidad del Internet deja de ser una discusión futura para convertirse en una prioridad inmediata. Diseñar software eficiente, impulsar energías limpias y desarrollar estándares globales serán factores determinantes para reducir el impacto ambiental del ecosistema digital.

La transición exige colaboración entre gobiernos, industria tecnológica, academia y usuarios. Porque, aunque internet parezca intangible, su huella energética es profundamente real y cada decisión tecnológica contribuye a definir su impacto ambiental.

Internet se ha convertido en una infraestructura esencial para el desarrollo económico, social y ambiental del siglo XXI. Sin embargo, su crecimiento plantea una responsabilidad compartida: garantizar que la innovación digital avance dentro de los límites del planeta. Comprender la energía detrás de cada transmisión, búsqueda o interacción con IA permite replantear la forma en que diseñamos y utilizamos la tecnología.

La sostenibilidad digital no implica frenar el progreso, sino hacerlo más inteligente. Si gobiernos, empresas y desarrolladores integran criterios ambientales desde el diseño tecnológico, el futuro digital podrá ser no solo más rápido y conectado, sino también verdaderamente sostenible. Porque el reto ya no es únicamente conectar al mundo, sino hacerlo de manera responsable.

De riesgo a resiliencia: claves para fortalecer la cadena de suministro

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Durante décadas, las cadenas de suministro fueron diseñadas bajo una lógica de eficiencia: menores costos, rapidez y expansión global. Sin embargo, el contexto actual ha cambiado radicalmente. En los últimos 40 años, la frecuencia de desastres climáticos con impactos económicos millonarios se ha cuadruplicado, evidenciando cómo el cambio climático puede exponer vulnerabilidades estructurales y detener operaciones enteras en cuestión de días.

Según un artículo de edie, a este escenario se suman tensiones geopolíticas, transformaciones regulatorias y nuevas exigencias sociales que están redefiniendo el comercio internacional. Se estima que para 2025 más de 400 mil millones de dólares en flujos comerciales habrán sido reconfigurados por escaladas arancelarias, mientras que los conflictos armados ya son identificados como uno de los mayores riesgos globales para las operaciones empresariales. En este entorno incierto, fortalecer la cadena de suministro dejó de ser una decisión operativa para convertirse en una prioridad estratégica.

Un entorno global que exige fortalecer la cadena de suministro

Las empresas enfrentan hoy una convergencia inédita de riesgos ambientales, políticos y económicos. Eventos climáticos extremos, cambios regulatorios y reconfiguraciones comerciales impactan simultáneamente la disponibilidad de insumos, la logística y la estabilidad de proveedores. Esta realidad obliga a repensar modelos que durante años parecían inamovibles.

El desafío no radica únicamente en reaccionar ante interrupciones, sino en anticiparlas. El Informe de Riesgos Globales advierte que los conflictos armados representan actualmente la amenaza más urgente para la continuidad operativa, lo que evidencia que fortalecer la cadena de suministro implica integrar análisis geopolítico, gestión climática y planificación estratégica en un mismo enfoque empresarial.

fortalecer la cadena de suministro

Transparencia, ESG y nuevas reglas del mercado

El crecimiento de los marcos regulatorios y de sostenibilidad está redefiniendo la manera en que las organizaciones gestionan sus redes de abastecimiento. Hoy, el 73 % de las grandes empresas busca verificación externa para sus divulgaciones de sostenibilidad, reflejando una creciente presión por demostrar trazabilidad y transparencia.

La sostenibilidad ya no se limita a reportes corporativos; ahora forma parte del desempeño operativo diario. Las cadenas de suministro modernas requieren visibilidad digital, monitoreo constante y datos verificables que permitan responder tanto a inversionistas como a consumidores cada vez más informados y exigentes.

Riesgos humanos: la dimensión social que no puede ignorarse

Más allá de los desafíos ambientales y comerciales, persisten riesgos sociales profundos dentro de las cadenas globales. A pesar de avances regulatorios y esfuerzos corporativos, cerca de 28 millones de personas en el mundo continúan sometidas a trabajo forzoso, según la Organización Internacional del Trabajo.

Esta realidad evidencia que la resiliencia no puede construirse únicamente desde la eficiencia logística. Incorporar debida diligencia en derechos humanos, monitoreo social y estándares laborales sólidos se vuelve esencial para proteger tanto a las personas como a la reputación empresarial en mercados cada vez más vigilados.

Del enfoque reactivo a la resiliencia estratégica

Uno de los mayores riesgos actuales no es la disrupción en sí misma, sino permanecer en un modelo reactivo. El informe MESH 2025 de BSI revela una brecha significativa: aunque el 72 % de las organizaciones considera prioritaria la resiliencia en su estrategia directiva, solo el 38 % cuenta con un mapeo completo de proveedores.

Esta falta de visibilidad limita la capacidad de respuesta ante crisis. Más de la mitad de las empresas experimentó interrupciones relevantes entre 2024 y 2025, pero menos de un tercio tenía estructuras preparadas para mitigarlas. Pasar del riesgo a la resiliencia implica transformar procesos heredados y adoptar una gestión integral basada en anticipación y aprendizaje continuo.

Desarrollar resiliencia sostenible requiere abandonar la lógica tradicional de compra transaccional. Las organizaciones más avanzadas están construyendo relaciones estratégicas con proveedores basadas en confianza, inversión compartida y objetivos comunes de largo plazo.

Crear un propósito compartido más allá de los KPI permite alinear crecimiento económico con sostenibilidad y gestión del riesgo. Comunicar estrategias, coinvertir en eficiencia energética, herramientas digitales de trazabilidad o capacitación climática fortalece la preparación conjunta frente a crisis futuras y genera estabilidad operativa para ambas partes.

Datos e inteligencia para anticipar riesgos

La resiliencia comienza con el conocimiento. No es posible gestionar aquello que no se mide, por lo que recopilar y compartir datos con proveedores se vuelve un elemento central para comprender vulnerabilidades reales dentro del sistema.

Medir indicadores como continuidad del suministro, tiempos de recuperación, emisiones de Alcance 3 o calidad de la relación con proveedores permite construir paneles de riesgo dinámicos. Estos sistemas facilitan ajustes constantes, reconocimiento a proveedores de alto desempeño y decisiones más ágiles frente a mercados cambiantes.

Comprender el impacto para priorizar decisiones

No todos los riesgos tienen el mismo nivel de urgencia. Evaluarlos según impacto, probabilidad y tiempo de recuperación permite desarrollar mapas estratégicos que orienten recursos hacia los puntos más críticos.

Clasificar riesgos entre críticos, monitoreables o aceptables ayuda a superar modelos rígidos de auditoría y avanzar hacia esquemas adaptativos. En este sentido, fortalecer la cadena de suministro implica comprender todo el ecosistema: proveedores, operaciones internas, logística, clientes y tecnologías que sostienen la operación global.

El panorama actual demuestra que las cadenas de suministro ya no pueden gestionarse únicamente bajo criterios de eficiencia o costo. La combinación de crisis climáticas, tensiones geopolíticas y exigencias sociales está obligando a las empresas a rediseñar profundamente sus modelos operativos hacia esquemas más resilientes, transparentes y colaborativos.

Las organizaciones que logren evolucionar hacia una resiliencia proactiva no solo reducirán riesgos, sino que también generarán ventajas competitivas sostenibles. Invertir en alianzas sólidas, inteligencia basada en datos y sostenibilidad permitirá no solo resistir la disrupción, sino transformar la incertidumbre en una oportunidad para innovar, crecer y fortalecer la cadena de suministro en el largo plazo.

¿Por qué se proponen pruebas de sexo en los Juegos Olímpicos?: ONU refuta plan

El debate sobre la implementación de pruebas de sexo en los Juegos Olímpicos ha vuelto al centro de la conversación global, no solo en el ámbito deportivo, sino también en el científico, social y de derechos humanos. Mientras algunos gobiernos impulsan políticas basadas en definiciones rígidas del sexo biológico, organismos internacionales y especialistas advierten que estas propuestas parten de interpretaciones incompletas de la ciencia y podrían generar impactos mucho más amplios que el deporte competitivo.

En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas ha cuestionado iniciativas que buscan reforzar controles biológicos estrictos para determinar quién puede competir en determinadas categorías deportivas. Expertos señalan que detrás de estas medidas existen interpretaciones erróneas del sexo y el género, utilizadas cada vez con mayor frecuencia para justificar decisiones políticas que afectan la salud, la inclusión y el acceso a derechos fundamentales.

El origen del debate olímpico y las interpretaciones erróneas del sexo y el género

De acuerdo con The Guardian, las discusiones sobre pruebas de sexo en el deporte no son nuevas, pero han adquirido una dimensión distinta ante recientes políticas impulsadas en Estados Unidos y otros países. Estas iniciativas parten de la idea de que el sexo biológico puede definirse de manera simple, fija e inmutable, algo que la comunidad científica considera una simplificación extrema de la realidad biológica.

Investigadores como Jey McCreight, especialista en genómica humana y fundador de Beyond X&Y, advierten que muchas propuestas públicas se apoyan en interpretaciones erróneas del sexo y el género que ignoran décadas de investigación científica. Según especialistas, cuando estas nociones se trasladan al deporte internacional, pueden derivar en medidas discriminatorias disfrazadas de criterios técnicos.

El cuestionamiento de la ONU surge precisamente porque las pruebas obligatorias podrían excluir a atletas con variaciones biológicas naturales, incluyendo personas intersexuales, cuya existencia demuestra que la biología humana no opera bajo categorías estrictamente binarias.

pruebas de sexo en los Juegos Olímpicos

Ciencia vs política: cuando la biología se simplifica

Diversos científicos han alertado que las políticas recientes impulsadas por la administración de Donald Trump reflejan una comprensión limitada de cómo funciona realmente el sexo biológico. Jess McLaughlin, profesora de ciencias biológicas, señala que la biología humana involucra cromosomas, hormonas, genética y procesos de desarrollo que no siempre coinciden entre sí.

Por ejemplo, aunque muchas personas poseen cromosomas XX o XY, existen múltiples combinaciones como XXY o variaciones celulares mixtas. Esto significa que determinar el sexo únicamente mediante un criterio biológico único resulta científicamente insostenible.

La Organización Mundial de la Salud ha reiterado que el sexo se relaciona con características físicas y fisiológicas complejas, mientras que el género responde también a dimensiones sociales y personales. Ignorar esta distinción alimenta narrativas públicas que distorsionan la evidencia científica.

Restricciones médicas y sus efectos más allá del deporte

El debate olímpico ocurre paralelamente a cambios regulatorios en el sistema de salud estadounidense. El Departamento de Salud y Servicios Humanos propone limitar la cobertura médica para tratamientos de afirmación de género, incluyendo bloqueadores hormonales y terapias para menores de edad.

Como consecuencia, hospitales y centros médicos relevantes han comenzado a cerrar programas especializados, reduciendo significativamente el acceso a atención médica para jóvenes trans. Expertos advierten que estas decisiones no solo afectan a una población específica, sino que podrían sentar precedentes para restringir otros tratamientos médicos.

Según McCreight, utilizar información científica distorsionada para regular la atención sanitaria representa una señal de alerta para toda la sociedad, ya que abre la puerta a decisiones políticas que influyen directamente en la práctica médica basada en evidencia.

Interpretaciones erróneas del sexo y el género y su impacto en derechos humanos

Uno de los principales señalamientos de especialistas es que las interpretaciones erróneas del sexo y el género no solo impactan a atletas o personas trans, sino que pueden afectar múltiples agendas de derechos humanos. Investigadores advierten que estas narrativas también han sido utilizadas para cuestionar derechos reproductivos, políticas de inclusión y atención a personas con discapacidad.

La retórica institucional incluso ha reemplazado términos médicos por expresiones ideológicas, como denominar a la atención de afirmación de género “procedimientos de rechazo del sexo”. Para la comunidad científica, este cambio de lenguaje redefine el debate público y genera desinformación que dificulta decisiones informadas.

Desde la perspectiva de responsabilidad social, el riesgo radica en cómo los discursos oficiales influyen en percepciones colectivas y terminan moldeando políticas públicas con efectos estructurales.

La complejidad biológica que desafía las pruebas de sexo

Uno de los argumentos centrales contra las pruebas de sexo obligatorias es que la biología humana funciona como un sistema dinámico. Los cromosomas ofrecen instrucciones iniciales, pero múltiples mecanismos biológicos regulan cómo se expresan esas características a lo largo de la vida.

McLaughlin compara este proceso con un guion teatral: aunque exista una base genética, el resultado final depende de numerosos factores biológicos y ambientales. Además, características visibles utilizadas comúnmente para identificar el sexo pueden modificarse mediante tratamientos hormonales o procesos naturales.

Esta realidad científica cuestiona la idea de que el sexo pueda determinarse únicamente mediante observación física o pruebas únicas, lo que vuelve problemáticas las propuestas aplicadas al ámbito olímpico.

Cuando la desinformación médica afecta a toda la población

Especialistas advierten que las consecuencias de estas políticas ya comienzan a extenderse más allá de las personas trans. En algunos sistemas de salud, hombres cisgénero han reportado dificultades para acceder a tratamientos contra el cáncer de mama debido a nuevas interpretaciones administrativas sobre el sexo biológico.

Asimismo, profesionales médicos también pueden verse influenciados por información incorrecta, generando diagnósticos inadecuados o retrasos en tratamientos. Este fenómeno evidencia cómo las interpretaciones erróneas del sexo y el género pueden debilitar la calidad del sistema sanitario en su conjunto.

Para expertos en salud pública, el problema central no es únicamente ideológico, sino operativo: cuando la política redefine conceptos científicos, se compromete la atención médica basada en evidencia.

El debate sobre las pruebas de sexo en los Juegos Olímpicos refleja una discusión mucho más profunda sobre ciencia, derechos humanos y gobernanza global. Lo que comienza como una medida deportiva puede convertirse en un precedente que influya en políticas sanitarias, educativas y sociales a escala internacional.

La respuesta de la ONU pone sobre la mesa una pregunta clave para gobiernos, organizaciones y empresas comprometidas con la responsabilidad social: ¿cómo garantizar decisiones públicas alineadas con evidencia científica y respeto a la diversidad humana? Reconocer la complejidad biológica y evitar las interpretaciones erróneas del sexo y el género no solo es un asunto de inclusión, sino también de integridad institucional y sostenibilidad social a largo plazo.

Las 10 mejores fundaciones empresariales de México

¿Qué hace que una fundación empresarial trascienda la filantropía tradicional y se convierta en un verdadero agente de transformación social? La respuesta no está únicamente en el monto de sus donativos, sino en la capacidad de construir modelos de intervención sostenibles, medibles y alineados con las necesidades estructurales del país. Hoy, las fundaciones empresariales de México más relevantes son aquellas que combinan visión estratégica, transparencia, alianzas multisectoriales y una clara orientación a resultados de largo plazo.

Las mejores organizaciones de este ecosistema comparten atributos que las distinguen: trabajan con ejes de impacto definidos, generan programas escalables, articulan esfuerzos con sociedad civil, academia y gobiernos, y alinean sus acciones con marcos globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Además, entienden que la inversión social debe poder traducirse en indicadores cuantificables. 

En ese sentido, las fundaciones empresariales de México que están liderando el sector son aquellas que han logrado convertir la responsabilidad social en infraestructura de bienestar. Por eso, características como su enfoque estratégico, su gobernanza,  y su capacidad para generar innovación social y escalar soluciones, han hecho de las siguientes organizaciones algunas de las que más están contribuyendo a generar oportunidades, atender a grupos vulnerables y combatir desigualdades en nuestro país. 

Estas son las 10 mejores fundaciones empresariales de México

1. Fundación Gigante

Fundación Gigante ocupa el primer lugar entre las mejores fundaciones empresariales de México por la madurez de su modelo de acción social, construido sobre una lógica de intervención estratégica, medición de resultados y alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su fortaleza no radica únicamente en la diversidad de causas que impulsa, sino en la claridad con la que organiza su impacto a partir de tres pilares de atención: salud, educación y atención a desastres naturales. Esta estructura le permite equilibrar la respuesta a necesidades urgentes con proyectos de desarrollo de largo plazo, generando valor social sostenido en comunidades vulnerables. 

Uno de los elementos que más la distingue dentro del ecosistema de fundaciones empresariales de México es la transparencia con la que comunica el alcance de su inversión social y la distribución de resultados. Por ejemplo, durante 2025 canalizó más de 27 millones de pesos a más de 25 proyectos, beneficiando a 56,601 personas. De este total, 46,227 beneficiarios corresponden al eje de educación, 10,343 al pilar de salud y 31 a acciones vinculadas con desastres naturales, una distribución que revela una apuesta estratégica por la formación de capacidades como base del desarrollo. 

Entre sus iniciativas destacan Educación Responsable, Una Beca Gigante, Escuelas con Agua y Paquetes de Útiles Escolares, programas que reflejan la amplitud y especialización de su portafolio social. No obstante, uno de sus programas más importantes son los Proyectos Productivos, con los cuales se capacita a personas de comunidades vulnerables para adquirir algún oficio o aprender actividades productivas locales que les permitan ser autónomos. En 2025, la fundación canalizó al menos 2.4 millones de pesos a este rubro, beneficiando de forma directa a más de 800 personas y 200 familias,  quienes, además de adquirir habilidades, pudieron fortalecer capacidades económicas tanto individuales, como comunitarias.

2. Fundación Carlos Slim

Fundación Carlos Slim se mantiene como una de las organizaciones más sólidas del país por la escala de su arquitectura de impacto. Su modelo destaca por trabajar simultáneamente en educación, salud, empleo, desarrollo económico, cultura y ayuda en desastres, bajo una lógica de formación integral de capital humano. Lo que la vuelve especialmente relevante es su capacidad para articular a la iniciativa privada con gobiernos, academia y sociedad civil, logrando que sus programas no sean esfuerzos aislados, sino plataformas de transformación de alcance nacional y regional.

Su dimensión es difícil de igualar: más de 56 millones de menores beneficiados en educación y más de 6 millones de personas impactadas en salud. Estos resultados, sumados a su oferta de becas, talleres, plataformas digitales y servicios médicos, la consolidan como una de las fundaciones empresariales de México con mayor capacidad para democratizar oportunidades y cerrar brechas estructurales.

3. Fundación BBVA México

Fundación BBVA México destaca por haber convertido la educación en una estrategia de movilidad social de largo plazo. Su valor diferencial es que no se limita al otorgamiento de apoyos económicos, sino que diseña trayectorias integrales que acompañan a los estudiantes desde secundaria hasta universidad, fortaleciendo competencias académicas, personales y profesionales. Esta visión sistémica la coloca entre las fundaciones empresariales de México más efectivas en reducción de desigualdades.

Su programa insignia, Becas BBVA para Chavos que Inspiran, beneficia a más de 50 mil estudiantes y se complementa con mentoría voluntaria de colaboradores, lo que agrega una dimensión humana al proceso formativo. Esa combinación entre financiamiento, seguimiento y redes de apoyo es lo que ha hecho de su modelo uno de los más robustos y replicables del país. 

4. Fundación Televisa

Fundación Televisa ocupa una posición destacada dentro de las mejores fundaciones empresariales de México por su capacidad para transformar talento en oportunidades de movilidad social. Su modelo de acción se concentra en educación, emprendimiento, nutrición, salud, vivienda y cultura audiovisual, lo que le permite atender distintas dimensiones del desarrollo humano. La fortaleza de la fundación está en la escalabilidad de sus programas y en la capacidad de convertir la visibilidad mediática y la red de aliados corporativos en plataformas de alto alcance. 

Programas como Bécalos y Posible son prueba de esa capacidad de impacto. Tan solo en 2024, Bécalos benefició a más de 1 millón de niños, jóvenes y adultos, y ha otorgado más de 600 mil becas a lo largo de 19 años, mientras que Posible registró más de 15 mil emprendedores en su convocatoria nacional. Este enfoque integral convierte a Fundación Televisa en una de las fundaciones empresariales de México más relevantes para impulsar educación de calidad, innovación y creación de empleos sostenibles.

5. Fundación Walmart de México

Fundación Walmart de México sobresale por haber convertido la capacidad logística y operativa de la empresa en una plataforma de alto impacto social. Su modelo combina voluntariado, apoyo en emergencias, combate al hambre y fortalecimiento de pequeños productores, lo que le permite responder tanto a crisis inmediatas como a procesos de desarrollo económico local. Esta cercanía con las comunidades, apalancada en la presencia territorial de sus tiendas y clubes, le da una ventaja única frente a otras fundaciones empresariales de México.

Uno de sus mayores diferenciadores es la integración entre talento humano y músculo operativo. Voluntariado2k movilizó a más de 34 mil asociados en 2024 en acciones de limpieza, convivencia hospitalaria y apoyo comunitario, mientras que su programa de Apoyo en Situaciones Emergentes ha beneficiado a más de 734 mil personas en 20 años mediante donación de alimentos y productos de primera necesidad, así como otros apoyos a las personas afectadas. Este modelo demuestra cómo una estructura empresarial robusta puede traducirse en resiliencia y bienestar colectivo.

mejores fundaciones empresariales de México

6. Fundación Azteca

Fundación Azteca se distingue por su apuesta de largo plazo por la juventud, la educación y la formación del liderazgo social. Su propuesta busca empoderar a las nuevas generaciones con herramientas académicas, desarrollo del carácter y visión de libertad, creando una ruta de movilidad social basada en mérito y talento. Además, complementa este trabajo con ejes de medio ambiente, cuidado animal y fortalecimiento de organizaciones civiles, lo que amplía su alcance más allá del ámbito educativo.

Los resultados refuerzan su compromiso: más de 132 mil vidas transformadas mediante programas educativos, 51 mil hectáreas reforestadas y más de 500 organizaciones fortalecidas en todo México. Su programa Plantel Azteca es uno de los mejores ejemplos de escalabilidad, con 17 escuelas en distintos estados que han servido como plataforma para desarrollar líderes jóvenes con visión nacional.

7. Fundación Helvex

Fundación Helvex destaca por su especialización temática en uno de los recursos más estratégicos para el país: el agua. Bajo la visión de “educar para preservar”, ha construido un modelo que combina cultura hídrica, infraestructura social y profesionalización técnica para grupos vulnerables. Esta capacidad de vincular sostenibilidad ambiental con inclusión productiva la convierte en una de las fundaciones empresariales de México más consistentes en impacto social y ecológico.

Entre sus programas más relevantes se encuentran Construyendo Sonrisas, mediante el cual ha donado más de 400 mil productos hidrosanitarios que han beneficiado a más de 10 millones de personas, y Técnicos por el Agua, enfocado en capacitación y certificación técnica. Además, su trabajo con mujeres en instalaciones hidrosanitarias y habilidades para la vida demuestra cómo una causa especializada puede traducirse en oportunidades económicas, salud y bienestar comunitario. 

8. Soriana Fundación

Soriana Fundación se ha consolidado como una de las fundaciones empresariales de México más relevantes por su enfoque directo en necesidades básicas que determinan la calidad de vida: niñez, alimentación y apoyo a la comunidad. Su modelo destaca por intervenir sobre problemáticas muy concretas con soluciones de alta pertinencia territorial. Esta capacidad de traducir la inversión social en mejoras tangibles para familias y comunidades rurales la vuelve especialmente efectiva en contextos de vulnerabilidad.

Entre sus iniciativas más representativas se encuentran el Programa Estufas Ecológicas y Gota a Gota. En los últimos tres años, el primero ha instalado 953 estufas seguras y eficientes, beneficiando a más de 4,000 personas, mientras que el segundo impulsó 87 sistemas de captación pluvial en Yucatán, Veracruz y Chiapas, con impacto en más de 460 personas. Este enfoque práctico y focalizado explica por qué Soriana Fundación figura entre las mejores del país.

9. Fundación ManpowerGroup

Fundación ManpowerGroup ocupa un lugar estratégico dentro de este listado por su especialización en inclusión laboral y acceso al empleo digno. Su fortaleza está en atender a poblaciones históricamente excluidas del mercado formal, como jóvenes sin experiencia, adultos mayores, personas refugiadas, personas con discapacidad, comunidad LGBT+ y víctimas de trata o trabajo forzado. Esta vocación de cerrar brechas de empleabilidad la convierte en una de las fundaciones empresariales de México con mayor capacidad para transformar vidas mediante autonomía económica.

Programas como Caminemos Juntos han permitido colocar a más de 14,231 personas en empleos formales desde 2001, gracias a la articulación con empresas, sociedad y gobierno. A ello se suman iniciativas de capacitación, sensibilización en diversidad e inclusión y fortalecimiento de habilidades para la búsqueda de empleo, consolidando un modelo que no solo inserta talento, sino que también transforma culturas corporativas.

10. Fundación Aleatica para la Seguridad Vial

Fundación Aleatica para la Seguridad Vial A. C. cierra este listado como una de las fundaciones empresariales de México más destacadas en movilidad segura y prevención de siniestros viales. Como brazo social de Aleatica, trabaja para reducir lesiones graves y muertes por hechos de tránsito mediante incidencia pública, concientización y generación de conocimiento basado en evidencia. Bajo el enfoque de Sistema Seguro, impulsa políticas, programas de formación y herramientas que priorizan la protección de los usuarios más vulnerables y promueven entornos de movilidad más seguros y sostenibles.

Entre sus programas más destacados se encuentra Somos Seguridad Vial, iniciativa que reconoce proyectos de organizaciones civiles y startups enfocados en atender factores de riesgo, así como en prevenir fatalidades y lesiones graves. Tan solo entre 2023 y 2025, el programa benefició a cerca de 27 mil jóvenes y capacitó a alrededor de 70 formadores. También resalta el Monitor de Seguridad Vial, una herramienta basada en datos públicos que la organización publica cada año y que permite identificar los principales retos del país en materia, orientar decisiones y visibilizar las zonas y grupos con mayor riesgo vial.

Cuando la RSE se convierte en desarrollo para el país

Las mejores fundaciones corporativas no solo financian causas: diseñan soluciones, construyen alianzas y desarrollan modelos replicables que elevan el estándar de la responsabilidad social en México. Su capacidad para concentrarse en áreas clave de impacto como educación, salud, agua, empleabilidad, medio ambiente o resiliencia comunitaria demuestra que la acción estratégica del sector privado puede complementar y potenciar el desarrollo nacional.

En conjunto, estas fundaciones empresariales de México son prueba de que la acción coordinada, la transparencia y la especialización temática son herramientas fundamentales para impulsar un país más justo, competitivo y sostenible. Cuando las empresas entienden que su legado también se mide en bienestar colectivo, las fundaciones dejan de ser un brazo filantrópico y se convierten en verdaderos motores de transformación social.

Saber comunicar el propósito: por qué Toks es referente en responsabilidad social

En el marketing actual no basta con vender productos. Las marcas hoy compiten por algo más complejo: significado.

El consumidor ya no compra solo un platillo o una experiencia. Esto es verdad que lo puede hacer una vez, pero en un paradigma donde las marcas buscan lealtad y permanencia, el cliente compra sus valores, su coherencia, su postura ante el mundo.

Pensémoslo en casos que son icónicos como Patagonia, Anthropic, Dove, Stella McCartney, Natura. No solo son marcas, son íconos y en distintos momentos han mostrado su compromiso con el medio ambiente, la buena gobernanza, la diversidad, la inclusión, entre otros propósitos.

No podemos ser ciegos idealistas y pensar que las personas solo compran por sus valores. Eso es una melosa utopía. Los individuos adquirimos bienes y servicios primeramente por una combinación de precio, calidad y satisfacción y enseguida comienzan los añadidos de valor que pueden ser de muchos tipos, pero sin duda, los sostenibles tienen mucho peso actualmente.

¿Y cómo logran esto las marcas? ¿Cómo se construyen banderas así? El primer paso es haciendo y el segundo, comunicando.

Para explicar un poco mejor esto nos fuimos al sitio web de Toks, de Grupo Restaurantero Gigante, quien sin duda se ha sabido colocar entre las preferencias del consumidor mexicano en el sector restaurantero. En él, la presencia del tema de responsabilidad social no es un apartado de letra chiquita en el fondo de su página. Está presente y muy visible en el menú principal.

Comunicación de RSE de Toks

Cuando uno analiza la comunicación de esta sección de Responsabilidad Social de Toks, es evidente que no estamos frente a una página de compromiso o decorativa del sitio web. Estamos frente a una declaración estratégica: la sostenibilidad no es un departamento aislado, es parte del modelo de negocio.

Eso cambia todo.

Del “qué” al “quién”: cuando la cadena de valor tiene rostro

Muchas marcas hablan de impacto en términos fríos: toneladas compradas, comunidades beneficiadas, métricas de producción.

Toks hace algo distinto.

En lugar de hablar por ejemplo, solo de café, presenta a las personas detrás del mismo. Nombres propios. Historias. Contextos. Territorios.

cadena de valor de Toks

Esa decisión es profundamente estratégica.

Cuando el consumidor conoce la historia de un productor en la Reserva de la Biósfera del Volcán Tacaná, el producto deja de ser un commodity. Se convierte en narrativa. Se convierte en vínculo.

Eso es storytelling aplicado a la sostenibilidad.

Aquí hay una lección clave para cualquier marca: las personas conectan con personas. Las cifras generan credibilidad, pero las historias generan memoria.

Humanizar la cadena de valor es transferir el valor emocional del origen hacia el punto de consumo. Es transformar la experiencia en algo más que transaccional.

Proyectos productivos: coherencia, estructura y trazabilidad

Desde 2003, Toks ha integrado pequeños productores a su cadena de suministro. Pero lo verdaderamente interesante no es solo la acción, sino cómo la comunica.

Cada proyecto tiene nombre, origen geográfico y contexto social. No son menciones superficiales; son historias con continuidad en el tiempo.

Toks es referente en responsabilidad social

Eso construye algo que en comunicación corporativa es oro puro: trazabilidad visible.

Cuando un comensal entiende que la miel que consume tiene origen en Guerrero y genera impacto real en una comunidad específica, la percepción de marca cambia. Se fortalece la confianza. Se fortalece la reputación.

Toks hace esto con cada Proyecto Productivo. La comunicación aquí no es propaganda. Es pedagogía del propósito.

Y educar a tu audiencia y clientes es una de las formas más sofisticadas de construir lealtad.

Alineación estratégica con los ODS: cuando el discurso tiene marco global

Muchísimas empresas colocan los Objetivos de Desarrollo Sostenible como íconos decorativos en su sitio. Pero cuando una marca articula sus acciones bajo ese marco, está diciendo algo importante: no solo queremos hacer cosas buenas, queremos medirlas bajo estándares globales.

Impactar en múltiples ODS no es un claim menor. Lo verdaderamente brillante es la capacidad de síntesis: cada objetivo está vinculado a acciones concretas, entendibles y comprobables.

ODS en Toks

Cuando la comunicación logra traducir marcos complejos en acciones claras, cumple dos objetivos simultáneos. Es accesible para el consumidor promedio y defendible ante inversionistas y analistas.

Eso es comunicación de reputación bien ejecutada.

UX con propósito: cuando la responsabilidad social es navegable

Un error frecuente en comunicación corporativa es saturar con documentos extensos y lenguaje técnico.

Toks entiende algo fundamental: la experiencia también comunica valores.

La navegación es clara. El contenido es visual. Hay recursos que facilitan la comprensión. Y para quien busca profundidad, existe el reporte completo.

Eso responde a distintos niveles de interés: el usuario curioso, el consumidor consciente, el analista financiero, el stakeholder institucional.

Cuando la sostenibilidad es fácil de entender, se vuelve accesible. Cuando es accesible, se vuelve parte de la conversación. Y cuando entra en la conversación, se convierte en cultura de marca.

Del marketing de la interrupción al marketing del significado

El eslogan “Ser parte del cambio se siente bien” no funciona como frase aspiracional si no está respaldado por estructura, datos y coherencia.

Aquí está la clave estratégica: Toks no comunica responsabilidad social para verse bien. La comunica porque es parte del modelo de negocio.

Eso marca la diferencia entre responsabilidad social cosmética y sostenibilidad integrada.

En un entorno donde el consumidor es cada vez más crítico, y donde la reputación se construye y destruye en redes sociales, la autenticidad no es opcional. Es estratégica.

En un mercado saturado de promesas vacías, la comunicación de Toks destaca porque humaniza, estructura y demuestra. La marca cuenta con el Distintivo H desde 1998, con el Distintivo Empresa Socialmente Responsable desde 2005 y están adheridos al Pacto Mundial desde 2006.

Toks responsabilidad social

Ha entendido que el propósito no se declara: se diseña, se ejecuta y se comunica con coherencia.

Y esa es la verdadera lección para cualquier marca que quiera trascender la transacción y convertirse en referente.

Porque hoy el marketing más poderoso no es el que interrumpe. Es el que significa.

Y cuando una marca logra eso, no solo vende. Construye legado. Por todo esto, claramente, Toks es referente en responsabilidad social.

De presencial a virtual: conferencias online reducen hasta 94% las emisiones y 90% el consumo energético

Durante décadas, asistir a una conferencia internacional implicó vuelos intercontinentales, hoteles llenos, traslados constantes y grandes recintos funcionando durante varios días. Para muchas industrias, estos encuentros representaban innovación, networking y crecimiento profesional. Sin embargo, también escondían una huella ambiental pocas veces cuestionada dentro de la conversación empresarial y académica.

De acuerdo con Eco-Business, la pandemia de COVID-19 cambió abruptamente esta dinámica. Lo que comenzó como una solución temporal para mantener la continuidad laboral terminó acelerando una transformación estructural en la industria global de eventos. Hoy, el debate ya no gira únicamente en torno a la conveniencia digital, sino al impacto de las conferencias online como una herramienta real para reducir emisiones y replantear la sostenibilidad de los encuentros profesionales.

El impacto de las conferencias online frente a una industria altamente emisora

Antes de 2020, la industria mundial de eventos era un gigante económico. Solo en 2017 reunió a más de 1.500 millones de participantes provenientes de 180 países, generando billones de dólares en actividad económica y millones de empleos. Sin embargo, detrás de esta escala también existía un costo ambiental considerable asociado principalmente al transporte aéreo, hospedaje y operación de sedes.

Investigaciones recientes publicadas en Nature Communications estiman que las conferencias globales llegaban a generar entre 0,138 y 5,31 gigatoneladas de CO₂ equivalente al año, cifras comparables con las emisiones anuales de países completos. Este contexto llevó a científicos y organizadores a analizar cómo el impacto de las conferencias online podría convertirse en una estrategia climática tangible y medible.

Una reducción ambiental difícil de ignorar

Los resultados del estudio son contundentes: trasladar conferencias presenciales a plataformas digitales puede reducir hasta un 94 % la huella de carbono y alrededor del 90 % del consumo energético. Las emisiones restantes provienen principalmente del uso doméstico de electricidad y de la infraestructura digital necesaria para sostener las conexiones en línea.

Aunque los centros de datos y el uso de dispositivos también consumen energía, su impacto sigue siendo significativamente menor frente a miles de vuelos internacionales, transporte terrestre y operaciones logísticas asociadas a eventos masivos. En términos climáticos, la diferencia resulta estructural más que marginal.

Además, los investigadores estiman que la adopción generalizada de eventos virtuales podría reducir entre 0,13 y 5 gigatoneladas de CO₂e a nivel global, contribuyendo directamente a extender el margen disponible para cumplir los objetivos climáticos internacionales.

El modelo híbrido: equilibrio entre conexión humana y sostenibilidad

No todas las organizaciones están dispuestas a abandonar completamente la presencialidad, y ahí surge el modelo híbrido como alternativa estratégica. Según el estudio, combinar asistencia física limitada con participación virtual puede reducir hasta dos tercios de la huella ambiental sin sacrificar más del 50 % de la experiencia presencial.

Este enfoque permite conservar espacios clave de interacción humana mientras disminuye significativamente los desplazamientos internacionales. Para muchos expertos, el futuro de los eventos no será completamente digital, sino inteligentemente distribuido.

El Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN en 2021 mostró este cambio en acción: miles de asistentes participaron presencialmente en Marsella mientras otros miles lo hicieron en línea, ampliando el alcance del evento y democratizando el acceso global.

Accesibilidad: el beneficio social menos discutido

Más allá del clima, uno de los hallazgos más relevantes tiene que ver con la inclusión. Una encuesta realizada por Nature reveló que el 74 % de los participantes considera que las conferencias virtuales deberían continuar después de la pandemia, principalmente por razones de accesibilidad.

Profesionales que antes no podían viajar por costos, restricciones migratorias, responsabilidades familiares o limitaciones físicas ahora pueden participar activamente en conversaciones globales. Esto redefine quién tiene voz dentro de espacios tradicionalmente exclusivos.

El impacto de las conferencias online también se conecta con agendas de equidad, diversidad del conocimiento y reducción de brechas profesionales entre regiones.

El reto invisible: reinventar el networking digital

A pesar de sus beneficios ambientales y sociales, las conferencias virtuales enfrentan un desafío persistente: la creación de conexiones humanas significativas. Muchos asistentes señalan la llamada “fatiga de Zoom” y la dificultad para replicar conversaciones espontáneas que ocurren en pasillos o sesiones informales.

Organizar eventos digitales efectivos también exige mayores esfuerzos de diseño, interacción y experiencia del usuario. Los organizadores han tenido que reinventar dinámicas de participación, espacios virtuales de encuentro y formatos colaborativos para mantener el compromiso de las audiencias.

Paradójicamente, esta complejidad ha impulsado innovación en la industria de eventos, obligando a repensar qué hace realmente valiosa una conferencia más allá del lugar físico.

Repensar los eventos como parte de la acción climática corporativa

El cambio hacia formatos virtuales o híbridos comienza a integrarse dentro de estrategias ESG y planes corporativos de descarbonización. Reducir viajes de negocios y eventos masivos se perfila como una de las acciones más inmediatas y medibles para disminuir emisiones organizacionales.

Incluso cuando se realizan encuentros presenciales, los expertos sugieren medidas complementarias como elegir sedes cercanas a los participantes, priorizar transporte de baja emisión o adoptar menús basados en plantas para reducir el impacto ambiental total.

Así, el impacto de las conferencias online deja de ser únicamente una solución tecnológica para convertirse en una decisión estratégica alineada con los compromisos climáticos globales.

La pandemia aceleró un experimento global inesperado: demostrar que gran parte del intercambio profesional puede ocurrir sin mover millones de personas alrededor del planeta. Lo que inicialmente fue una respuesta de emergencia hoy abre una conversación más profunda sobre cómo equilibrar colaboración, innovación y sostenibilidad.

Lejos de reemplazar completamente la interacción humana, las conferencias virtuales y los modelos híbridos parecen perfilarse como el nuevo estándar responsable. En un contexto donde el tiempo para reducir emisiones es limitado, replantear cómo nos reunimos podría convertirse en una de las decisiones más simples —y a la vez más poderosas— para avanzar hacia una economía baja en carbono.