Más control y más opciones para una mejor experiencia: estos son los principios detrás del lanzamiento en México de Uber Mujeres, la solución que permite a las usuarias de la app de Uber elegir viajes con conductoras mujeres y que a partir de esta semana se estará implementando de forma gradual en cinco ciudades del país: Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Los Cabos y Cancún.
“Uber Mujeres es resultado de nuestro compromiso de largo plazo para priorizar la experiencia de las mujeres en la plataforma. Desde el lanzamiento en 2020 de Ellas -la opción que permite a conductoras elegir viajes con mujeres- hemos escuchado que las usuarias quieren tener una función equivalente en la app. Entendemos la importancia de la movilidad para el desarrollo y oportunidades de las mujeres, y es por ello que esta solución busca contribuir a que más mujeres puedan llegar a donde se lo propongan, como ellas elijan”, afirmó Cecilia Román, Gerente de Comunicación de Uber.
Atendiendo a este interés de las usuarias y buscando a la vez la mejor forma de promover una experiencia confiable, Uber Mujeres se anuncia con tres modalidades de uso flexibles:
1. Preferencias para todos mis viajes: permite configurar la app para priorizar la asignación de conductoras en cada solicitud de viaje. Si el tiempo de espera es elevado, el viaje puede ser ofrecido a más conductores. Se activa desde la app en Cuenta > Configuración > Preferencias de viaje.
2. Viaje anticipado (a través de Uber Reserve): Para situaciones donde se busca mayor previsibilidad, las usuarias pueden programar un viaje con anticipación (hasta 30 minutos antes) y seleccionar la opción Uber Mujeres para viajar con una conductora.
3. Viaje inmediato*: Las usuarias pueden seleccionar la opción Uber Mujeres directamente en la app al momento de solicitar un viaje. Si la app no encuentra a una conductora cercana o el tiempo de espera es demasiado largo, le preguntará a la usuaria si desea esperar más o si acepta ser redirigida a un conductor.
En los próximos días las usuarias de las ciudades mencionadas recibirán en su correo electrónico y notificaciones de la app más información sobre esta nueva opción. A las usuarias, identificadas inicialmente a partir de un modelo de inferencia mediante Inteligencia Artificial, se les requerirá realizar una confirmación de género la primera vez que utilicen Uber Mujeres.
“Como una empresa cuya tecnología está presente en el día a día de millones de mujeres, nos enorgullece seguir ofreciendo opciones de movilidad confiable mediante tecnología pionera en la industria, controles y equipos especializados. Manteniendo la seguridad como una prioridad en absolutamente todas las interacciones con nuestra plataforma, Uber Mujeres es una apuesta más integral por brindarles a nuestras usuarias más formas de moverse como ellas decidan. En Uber tenemos la convicción de que si mejoramos nuestra plataforma para las mujeres la mejoramos para todas las personas.”, concluyó Román.
La impresión monocromática es la perfecta combinación entre ahorro de recursos financieros y ecológicos
En el competitivo entorno corporativo actual, la gestión documental enfrenta un desafío constante para conciliar la productividad con la responsabilidad ambiental. Los centros de copiado y las oficinas con elevados volúmenes de impresión gastan una enorme cantidad de papel y de energía eléctrica a diario, pero hoy la implementación de políticas de sustentabilidad ya no es una simple estrategia de imagen corporativa, sino una necesidad financiera ineludible.
Disminuir la huella ecológica implica una reducción significativa de los gastos operativos mensuales. Este cambio estructural profundo comienza con la transición a equipos especializados. Por lo que incorporar una impresora láser monocromática dentro de la flota tecnológica, es el paso más lógico para aquellos negocios que desean optimizar al máximo sus recursos.
Estos equipos están diseñados para trabajar de forma continua consumiendo solo una fracción de los insumos que requieren sus equivalentes en color. La arquitectura interna simplificada del equipo, hace que se empiece a ahorrar desde el mismo momento en el que se enciende. De esta manera, es posible imprimir miles de hojas sin desperdiciar recursos de forma innecesaria, protegiendo en el proceso tanto el capital de la organización como los recursos naturales del planeta.
La mecánica del ahorro inteligente
Es realmente asombroso el impacto económico que tiene el hecho de imprimir a laser todo en blanco y negro, cuando se miran los números a largo plazo. Los cartuchos de polvo negra son mucho más productivos, ya que pueden procesar una cantidad superior de folios antes de necesitar ser cambiados. Esta durabilidad disminuye la frecuencia de compra de insumos liberando presupuesto para otros gastos importantes de la empresa.
La forma de manejar el papel también ha tenido un cambio significativo en los últimos años, ya que haciendo uso de las dos caras de la hoja se reduce, lógicamente, a la mitad el consumo de celulosa.
Por otro lado, los modelos más recientes integran estados de suspensión profunda que disminuyen el consumo de energía a niveles prácticamente inapreciables en los momentos en los que el dispositivo no se halla en uso. Salir de este estado pasivo se hace en cuestión de segundos y evita que los operarios pierdan tiempo esperando delante de la máquina.
Toda esta ingeniería interna trabaja de forma silenciosa para proteger la rentabilidad del negocio, asegurando un flujo de trabajo continuo y libre de interrupciones costosas.
Reducción del impacto ambiental directo
Además de las ventajas puramente financieras, la impresión laser en escala de grises reduce mucho la presión sobre los ecosistemas del mundo. Para fabricar un solo cartucho de color se necesita una compleja mezcla de químicos y de plásticos derivados del petróleo.
Si por el contrario, solo se usa un suministro negro, se reduce mucho la cantidad de desechos tóxicos que terminan en los vertederos locales. Para las empresas que se dedican a tratar los desechos tecnológicos, el reciclaje de estos consumibles es mucho más sencillo de gestionar.
Las oficinas comprometidas con el medioambiente logran cumplir más fácilmente sus metas de reducción de emisiones de carbono al unificar su parque de impresoras. Un centro de copiado que sea sustentable envía un mensaje muy poderoso de conciencia ecológica a todos sus clientes y proveedores.
Estas tecnologías limpias son una prueba de que existe un verdadero compromiso con las generaciones futuras y que se está estableciendo un estándar muy alto de calidad y responsabilidad corporativa.
Los cinco líderes en eficiencia monocromática
El mercado tecnológico cuenta con opciones muy diversas para dotar cualquier puesto de trabajo de herramientas de gran nivel ecológico.
Ricoh
Esta empresa cuenta con una clara trayectoria como fabricante de impresoras laser corporativa de extrema resistencia. Sus monocromáticos se imponen en la industria gracias a sistemas patentados de recuperación de polvo que aprovechan cada partícula al máximo nivel posible.
Esta marca consigue el mejor equilibrio entre la vertiginosa velocidad y el reducido impacto medioambiental.
HP
Un puesto más que merecido por su presencia global y fiabilidad demostrada. Sus series de oficina cuentan con sensores inteligentes de papel, que impiden que se atranque y minimizan el desperdicio de hojas blancas por error.
Su software de gestión remota permite a los administradores ver en tiempo real el consumo energético para aplicar ajustes de ahorro adicionales de forma totalmente instantánea.
Brother
Una marca que apuesta por las pymes. La compañía hizo que la tecnología láser de bajo costo operativo estuviera disponible para todos, con tambores de imagen independientes del cartucho principal. Esta separación física evita tirar piezas que todavía tienen una larga vida útil, beneficiando directamente al medioambiente global.
Canon
Sin duda, destaca por la nitidez de sus textos y su firme compromiso con la ecología. Sus ingenieros crearon tecnologías de fijación de imagen que funcionan a temperaturas de fusión mucho más bajas, lo que reduce el consumo total de energía de la máquina durante cada ciclo de trabajo pesado.
Kyocera
Por último, en cuanto a Kyocera, hay que destacar sus componentes cerámicos de durabilidad casi infinita. Sus máquinas solo requieren el cambio del depósito de polvo negro durante toda su vida útil evitando la generación progresiva de residuos plásticos innecesarios. Esta característica hace que sus potentes equipos sean los aliados perfectos para cualquier plan empresarial sostenible.
Devil Wears Prada 2 o ‘El diablo viste a la Moda 2’ es una vitrina — como la propia Andy lo repite constantemente — a todo lo que está mal en el mundo… incluido el marketing, la visión de la responsabilidad corporativa, el mundo empresarial y la sociedad misma… y lo hace en una crítica tan deliciosa que termina siendo culposamente divertida.
La secuela podría haberse apoyado cómodamente en la nostalgia y repetir la fórmula de su predecesora; tiene guiños, claro, pero su aporte más significativo no es ese sino la crítica sin disfraces a cómo los medios modernos están erosionando el alma de los contenidos, cambiando sustancia por clickbait y profundidad por videos de dopamina efímera.
Esto convierte a esta secuela en un producto inesperadamente valioso.
El mundo de hoy, lo «woke» y la crisis de medios con valor
La cinta arranca con Runway en medio de una crisis de relaciones públicas, tras publicar un artículo, sin la revisión de Miranda, sobre Speedfash, una marca de moda rápida que les mintió sobre las condiciones laborales en sus fábricas. Cuando la bomba estalla, la situación trae de vuelta a Andy al lado de su icónica ex-jefa, con la misión de recuperar la imagen de la marca usando su “expertise” editorial, que recién fue galardonada en premios al periodismo.
¿Una crisis por un artículo sobre una marca que maltrata a sus colaboradores? Suena un poco woke, ¿no? tal vez, pero lo que es un pretexto para arrancar la cinta, se mantiene como trasfondo.
En múltiples artículos hemos mencionado que el movimiento woke tiene aristas genuinamente valiosas. El problema no es su esencia, sino la sobreactuación: la corrección exagerada que lo arrinconó hasta el punto en que hoy se halla, donde gran parte de la población lo rechaza.
La crisis de los media «con valor» y la transformación de todo
Todo parece ideal para la reincorporación de Andy, pero al volver, se topa con una realidad incómoda: el periodismo de fondo —y los contenidos profundos en general— está en terapia intensiva. La audiencia consume temas ligeros, rápidos y baratos. El video aplasta a lo escrito. Los anunciantes dictan reglas. Y los clicks mandan sobre todo lo demás.
Nigel se lo dice tan crudo como es. Runway ya casi no es una revista: quedan unos pocos ejemplares impresos que nadie compra, y el negocio real es online. La profundidad está muriendo — y eso era antes de la IA, así que hoy es peor. Como dato: las noticias falsas circulan 7 veces más rápido que las verdaderas.
Lo interesante es que la película no se queda en los medios. Usa la imagen de un edificio histórico que el nuevo interés romántico de Andy —ignorando su valor cultural— pone a la venta a través de departamentos remodelados. Esto, como una alegoría de lo que está pasando en todas las industrias: todas están en disrupción debido al pragmatismo, la búsqueda de ganancias rápidas y la IA.
Los dientes de lo woke
Como dijimos, todo arranca con el preteexto de un tema que mucha gente descartaría como “woke”: los derechos laborales (en el artículo de Runway). Y puede parecer exagerado, pero piensa: ¿dejarías de comprar calzado, ropa, accesorios de tu marca favorita porque trata mal a sus colaboradores? En la teoría todos decimos sí, pero nadie lo hace. Sin embargo, estos temas tienen dientes y muy afilados.
Así que si la crisis de medios es la piedra angular de la cinta, hay un segundo tema que no pasa desapercibido: la responsabilidad corporativa. La película lo muestra con muchísima mordacidad, pero el mensaje es serio — fallar en estos temas tiene consecuencias reales.
¿Cómo lo hace? A través de situaciones que cualquier persona en una empresa reconocería: el lenguaje incluyente que no sabes si usar o no, la cultura body positive que no sabes si apoyar públicamente, o la palabra «suicidio» que alguien (incluso la directora) pronuncia en una junta y congela la sala. Son momentos jocosos en pantalla, pero en la vida real son minas que pueden hundir a una empresa o cuando menos meterla en una crisis justo como le sucede a Runway.
La solución corporativa: corten todo y reporten rentabilidad
La muerte del CEO del holding al que pertenece Runway viene a complicar todo. Su hijo, heredero del imperio y nuevo dueño de Runway —un junior sin pasión por la revista— tiene una idea “brillante” para evolucionar el negocio: traer a un escuadrón de consultores de negocio. De esos que llegan sin conocer la cultura del cliente, pero cuya fórmula favorita es recortar para ahorrar y —al menos en Excel— reportar rentabilidad y mejoras en la empresa.
Miranda los llama sin dudar: ¡sepultureros!
Lo sé, muchos dirán que esas consultorías tipo McKinsey tiene razón al proponer recortes y eficientar operaciones. ¿Para qué pagar un departamento editorial completo, con oficinas y sueldos, si puedes pagarle a unos cuantos influencers y llegar a una audiencia más grande? El argumento es válido en una hoja de cálculo.
El problema es que nos regresa al punto de partida: la muerte de la profundidad en un mundo donde lo que importa son los views y los clicks. Todo lo demás es gasto… incluyendo puestos de trabajo.
Como cereza envenenada del pastel, una traición se gesta y la otrora renombrada publicación está a punto de venderse en una operación que la hará perder la visión que siempre ha tenido… Lo irónico es que todos tratan de salvarla a su modo, lo que complica aún más el clímax, que exquisitamente se desarrolla en Milán y es aderezado con la icónica Lady Gaga que tiene un enfrentamiento sutil de poder a poder con Miranda. Una joya.
Es en este caos donde la cinta llega a su punto más alto. En medio de traiciones, pragmatismo e intereses cruzados, Miranda se detiene y le dice a Nigel —su mano derecha, el único que se ha mantenido íntegro desde el principio:
“En un mundo en el que todos gritan y se quejan y se quejan y meten la pata y tratan de encubrirlo… ahí estás tú. Siempre has estado tú.”
¿Qué es en esencia El Diablo viste a la Moda 2?
Un espejo. Sin filtros.
Complaciente, es cierto. Hilarante, sí. Un duelo de actuaciones entre cuatro diamantes del cine, correcto. Pero más allá de la superficie, la secuela de Devil Wears Prada es un escaparate a la sociedad actual, a la podredumbre de un sistema que nos ha vendido el vacío vestido de poder y lujo, disfrazado de significado.
Ya no existen los CEOs visionarios que se sentían realizados con construir algo, generar empleo, ofrecer al mundo valor y obtener en ello una ganancia justa. No. Hoy deben ser ostentosos y maximizar los beneficios cada trimestre o la junta los echa. Y en un entorno así de cortoplacista, los objetivos solo se alcanzan explotando a los trabajadores, engañando a los clientes, retrasando los pagos a los proveedores o, peor aún, todo a la vez. Esto a nivel empresarial.
Pero en la esfera social no estamos mejor. Las redes sociales nos han hecho banales. Nadie vale por lo que es, nadie se conforma con ser… hay que demostrar. Hay que aparecer en Instagram con bolsas de lujo o el outfit de moda, jugando golf, bebiendo en el mejor club de la ciudad o en un jet. Emily lo expresa perfecto: “el comercio minorista de lujo es el único sector de la moda que genera ganancias”, refririéndose a cómo hoy los objetos que mostramos son lo que nos “define”.
Vemos a la misma Emily acicalándose en un ritual de belleza, mientras pretende educar a sus hijos a distancia, haciendo clara mofa de un mundo que no sabe lo que es la paternidad responsable pero ha normalizado inyecciones y sueros de belleza para olas de personas, insatisfechas con su apariencia.
De modo que sí, el empaque es una maravilla por donde se le mire —actuaciones, guión, música, locaciones, comedia— pero detrás de ello, la crítica es dura a todos los niveles. Ovación de pie.
Luis Maram, Marketing y sostenibilidad Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas
Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.
Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.
Al considerar que las mujeres juegan un papel cada día más importante en el desarrollo de las empresas en la región, y para aportar herramientas para cerrar la brecha de género en tecnología y sostenibilidad, el Tecnológico de Monterrey organizó el Foro Women In, Mujeres que cambian el rumbo, en el que participó Martha Herrera.
La consejera de empresas y de organizaciones de la sociedad civil moderó el panel “Hacia cadenas de valor responsables: Mujeres guiando la nueva agenda ESG de la región”, donde se dialogó sobre el papel que juegan las mujeres en las empresas en la actualidad.
En su primera intervención en el panel, en el que participaron Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep; Carmen Garza T Junco, Fundadora y Directora de Fundación Frisa; y Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa; Herrera señaló que la organización de las empresas ha cambiado de forma radical y cada vez es más necesario atender factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés).
“Las condiciones de la cadena de valor ha cambiado. Hay más presión regulatoria, hay más presión de los inversionistas, hay consumidores más informados, hay más necesidad de atraer, pero también de retener el talento, entonces, son muchas las presiones que tienen las pequeñas y medianas empresas que son parte de las cadenas de valor de las grandes empresas y si no hay este acompañamiento para lograrlo, pues difícilmente vamos a lograr tener un país con criterios ESG en su totalidad”, refirió la también gestora social.
Herrera agregó que ella tiene más de 35 años de participar en los procesos de sostenibilidad, responsabilidad social y criterios ESG en muchas empresas, lo que le ha permitido ver como las mujeres son líderes en este movimiento.
“Las mujeres sí hemos jugado un rol fundamental en redefinir esas prioridades (de políticas ESG), en articular esas alianzas y sobre todo en empujar esa ese pensamiento transformador, porque eso es lo que se requiere dentro de las organizaciones y las empresas”, señaló.
En su participación, Carmen Garza T Junco señaló que la transformación de las comunidades es una prioridad para Frisa, por lo que se han enfocado en la creación de nuevos espacios educativos.
“Creo que hay muchos ejemplos de cosas que podemos hacer en alianza, que pueden migrar a esa la sostenibilidad, cuando lo ves como un win-win.
“Actualmente, desde Frisa, les platico porque es un proyecto que nos trae muy muy emocionados, estamos alineando el modelo de negocio, fomentando la creación de una nueva preparatoria técnica y al principio me decían: ‘Bueno, es que esto es del área de Fundación, es como un área hacia la comunidad’. Y no, la verdad es que es un tema de sostenibilidad”, explicó Carmen Garza T Junco.
Por su parte, Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa, explicó que desde Oxxo se han enfocado en que las marcas locales lleguen más lejos.
“A veces no le pegas, o sea, de repente tienes una meta de energía renovable y creciste en otro lado que no se puede avanzar y también por qué no le pegaste. En cadena de valor, lo comenté hace rato, la parte de proveedores locales o proveedores es súper importante, los que son de la comunidad”, dijo.
Y finalmente, Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep, explicó que la colaboración es uno de los temas en los que hay que centrarse.
“Creo que ya lo hemos escuchado múltiples veces aquí, la colaboración, colaboración, no solamente entre empresas, sino entre diferentes sectores (…). En verdad, es solamente la colaboración la que nos va a llevar a ese punto donde queremos estar”, refirió.
Para cerrar el diálogo, Herrera agregó que durante su paso por la Secretaría de Igualdad e Inclusión se enfocó en que las empresas se sumaran a los criterios ESG y que desde el Gobierno se les diera un reconocimiento por ello.
“Yo creo que nos queda claro a todos con esta conversación que los temas ESG no son temas periféricos, deben, deben ser temas estratégicos de cualquier organización, no nada más de las empresas, de los gobiernos, de las universidades, de las organizaciones y de las empresas para lograr realmente tener un Nuevo León y un México responsable, un México sostenible, que esté pensando en la vanguardia, que esté cambiando esos modelos de negocio y que esté tomando este tema no como declaraciones de escritorio, sino realmente en las decisiones, en las alianzas, en las métricas y lograr realmente incorporar a las pequeñas y medianas empresas es fundamental”, enfatizó Herrera.
La sostenibilidad ya no es un discurso aspiracional dentro del deporte motor; hoy es una exigencia tangible que redefine la forma en que se diseñan, operan y evalúan las competencias. En este contexto, la Fórmula E presenta el Gen4, un modelo que combina alto rendimiento con principios de economía circular, posicionándose como el primer auto de carreras cero residuos en la historia del automovilismo profesional.
Este avance no solo responde a la evolución tecnológica del campeonato, sino a una presión creciente por integrar criterios ESG en industrias tradicionalmente intensivas en recursos. Así, el Gen4 no se limita a ser un vehículo más rápido: es una plataforma de innovación que demuestra cómo el auto de carreras cero residuos puede convertirse en un estándar replicable para otros sectores.
Rendimiento extremo con lógica sostenible
El Gen4 eleva significativamente los parámetros de desempeño dentro de la Fórmula E. Con una velocidad máxima superior a los 320 km/h y una aceleración de 0 a 96 km/h en apenas 1.8 segundos, el monoplaza marca un nuevo referente en la categoría. Además, logra reducir hasta 10 segundos por vuelta respecto a su antecesor en fases de clasificación.
Este incremento se explica por una potencia de hasta 600 kW —71% superior a la generación previa—, así como por mejoras en aerodinámica y estabilidad. El rediseño estructural, que incluye una carrocería más larga y neumáticos más anchos, permite gestionar esta potencia sin comprometer el control ni la seguridad.
Uno de los diferenciales más relevantes del Gen4 es su concepción bajo principios de circularidad. La Fórmula E ha diseñado este monoplaza para ser construido íntegramente con materiales reutilizables, integrando además más de un 20% de contenido reciclado en su composición.
La incorporación de fibra de carbono reciclada y materiales de base biológica responde a una lógica clara: reducir la dependencia de recursos vírgenes y minimizar los residuos generados a lo largo del ciclo de vida del vehículo. En este sentido, el auto de carreras cero residuos se posiciona como un caso de referencia sobre cómo aplicar la sostenibilidad en procesos de alta complejidad técnica.
Eficiencia energética: regeneración como ventaja competitiva
Más allá de los materiales, el Gen4 destaca por su capacidad de gestión energética. Su sistema de propulsión permite recuperar cerca del 50% de la energía utilizada durante la carrera, alcanzando niveles de regeneración de hasta 700 kW. Este enfoque no solo mejora la eficiencia del vehículo, sino que también reduce la demanda energética total, alineándose con objetivos globales de descarbonización. La integración de una batería de 55 kWh y un sistema de tracción integral de doble motor refuerza esta estrategia, equilibrando potencia y sostenibilidad.
El desarrollo del Gen4 es resultado de un ecosistema colaborativo en el que participan fabricantes líderes como Porsche, Jaguar, Stellantis, Nissan, Lola Cars y Mahindra.
Este modelo de co-creación permite acelerar la innovación y trasladar aprendizajes del entorno competitivo hacia soluciones comerciales. En consecuencia, el Gen4 no solo impacta al deporte, sino que también contribuye al desarrollo de tecnologías aplicables en la movilidad cotidiana.
De la pista a la estrategia ESG
El lanzamiento del Gen4 también puede leerse como una declaración estratégica. Para la Fórmula E, este modelo representa la consolidación de un enfoque donde la sostenibilidad forma parte del núcleo del negocio, y no de acciones periféricas.
En un entorno donde las empresas enfrentan mayores exigencias de transparencia y resultados, iniciativas como el auto de carreras cero residuos ofrecen evidencia concreta de que es posible integrar desempeño ambiental sin sacrificar competitividad ni innovación.
Desde la perspectiva de los pilotos, el Gen4 mantiene —e incluso amplifica— la esencia del automovilismo. Figuras como Lucas di Grassi destacan su aceleración y comportamiento dinámico, mientras que Jake Dennis subraya su velocidad y capacidad de ofrecer carreras más intensas.
Estas opiniones confirman que la transición hacia modelos más sostenibles no implica renunciar a la emoción, sino redefinirla. El Gen4 demuestra que la innovación ambiental puede coexistir con experiencias de alto impacto para audiencias globales.
Auto de carreras cero residuos: hacia un nuevo estándar sectorial
El concepto de auto de carreras cero residuos trasciende el ámbito deportivo. Su implementación abre la puerta a nuevas formas de diseñar productos, gestionar recursos y medir impactos en industrias diversas.
A medida que la sostenibilidad se convierte en un criterio de competitividad, este tipo de desarrollos pueden acelerar la adopción de prácticas más responsables, consolidando un cambio sistémico que va más allá del automovilismo. El Gen4 marca un punto de inflexión en la evolución de la Fórmula E y en la narrativa del deporte motor. Su capacidad para integrar rendimiento, eficiencia y circularidad lo posiciona como un referente en innovación sostenible.
En este contexto, el auto de carreras cero residuos no solo redefine lo que ocurre en la pista, sino también las expectativas sobre el papel de la tecnología en la construcción de un futuro más responsable. El reto ahora será escalar estas soluciones y convertirlas en la norma, no en la excepción.
Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
Trendy – Rincón de la infamia
¿Renunciar a un trabajo tóxico es un privilegio? Consejo de Emily Blunt abre debate sobre precariedad laboral
La conversación sobre bienestar laboral ha evolucionado rápidamente, pero aún persiste una tensión estructural: ¿hasta qué punto las organizaciones priorizan la productividad por encima de la salud mental? Hoy, la evidencia es contundente: las empresas deben involucrarse en la salud mental no solo por razones éticas, sino por su impacto directo en la sostenibilidad del negocio. Ignorar este vínculo ya no es una opción viable en entornos corporativos cada vez más exigentes.
En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, especialistas en bienestar y salud ocupacional han reiterado que la gestión de los riesgos psicosociales es una responsabilidad compartida, pero con un peso significativo en las organizaciones. Cuando las empresas deben involucrarse en la salud mental, el enfoque no puede limitarse a beneficios aislados; requiere una transformación estructural en la forma de gestionar el talento, el liderazgo y la cultura organizacional.
El costo invisible: cómo los riesgos psicosociales afectan a los colaboradores
Los datos revelan una realidad preocupante: cerca del 60% de los colaboradores buscan apoyo en salud mental dentro de sus organizaciones. Esta cifra no solo evidencia una demanda creciente, sino también un desgaste emocional acumulado que tiene origen, en gran medida, en el entorno laboral.
“sí hay una responsabilidad que se extiende no nada más en tu trabajo, sino qué pasa con el colaborador que los mandaste desgastado a su casa”.
Esta afirmación subraya que el impacto del trabajo trasciende la jornada laboral, afectando la vida personal y las relaciones de los colaboradores.
Aunque el 60% de las consultas están relacionadas con problemas familiares o de pareja, estos no pueden analizarse de forma aislada. Las condiciones laborales, como cargas excesivas o falta de conciliación, actúan como detonantes que exacerban conflictos personales, amplificando el impacto de los riesgos psicosociales.
A nivel global, la magnitud del problema es aún más clara. La Organización Internacional del Trabajo estima que 840,000 personas mueren cada año por factores asociados a riesgos psicosociales, además de una pérdida equivalente al 1.37% del PIB mundial. Estos datos confirman que las empresas deben involucrarse en la salud mental como una prioridad estratégica.
El rol empresarial: corresponsabilidad y gestión de riesgos psicosociales
El marco normativo en México establece claramente que las empresas deben gestionar los riesgos psicosociales en el trabajo. Sin embargo, más allá del cumplimiento legal, existe una responsabilidad estructural en reconocer el impacto que las condiciones laborales generan en los colaboradores.
Las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una lógica preventiva. Esto implica no solo ofrecer servicios de atención psicológica, sino identificar y mitigar factores de riesgo como jornadas extensas, cargas de trabajo desproporcionadas o entornos laborales hostiles.
Selene Romero lo resume con claridad: “como empresa somos responsables del desgaste emocional que se genera en la jornada”. Esta perspectiva redefine el rol organizacional, trasladándolo de un modelo reactivo a uno proactivo en la gestión del bienestar.
No obstante, la corresponsabilidad también implica la participación activa de los colaboradores. El acceso a servicios de bienestar debe complementarse con una cultura que incentive su uso, reconociendo que el autocuidado es un componente esencial en la ecuación.
Liderazgos tóxicos: el factor crítico que las empresas no pueden ignorar
Uno de los elementos más determinantes en la salud mental laboral es el estilo de liderazgo. Los llamados “jefes tóxicos” representan un riesgo directo para el bienestar de los equipos, al generar ambientes de trabajo donde predominan la presión, la falta de empatía y la inseguridad psicológica.
“si tenemos líderes que mantienen un ambiente tóxico […] los factores de riesgo psicosocial van a persistir”.
Esta afirmación evidencia que el liderazgo no solo influye en la productividad, sino que define la calidad del entorno laboral.
Las actitudes asociadas a liderazgos tóxicos incluyen micromanagement, comunicación agresiva, falta de reconocimiento y desinterés por el bienestar del equipo. Estas prácticas no solo afectan la salud mental, sino que erosionan el compromiso y la confianza organizacional.
Avanzar hacia liderazgos responsables implica desarrollar competencias emocionales, fomentar la empatía y establecer métricas que evalúen no solo resultados, sino también el impacto en las personas. En este sentido, las empresas deben involucrarse en la salud mental integrando el liderazgo como eje central de su estrategia.
Productividad sostenible: cómo equilibrar desempeño y bienestar
El falso dilema entre bienestar y productividad ha sido uno de los principales obstáculos para avanzar en la agenda de salud mental. Sin embargo, la evidencia demuestra que ambos elementos son interdependientes: equipos saludables son más productivos, resilientes e innovadores.
Para lograr este equilibrio, las organizaciones deben implementar medidas concretas. Entre ellas, destacan la gestión adecuada de cargas de trabajo, la promoción de la desconexión digital, el diseño de esquemas flexibles y la evaluación continua del clima laboral.
Asimismo, es fundamental integrar indicadores de bienestar en los sistemas de medición del desempeño. Esto permite visibilizar la salud mental como un activo estratégico y no como un costo operativo.
Finalmente, las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una perspectiva sistémica, donde cada decisión organizacional —desde la estrategia hasta la operación diaria— considere su impacto en las personas. Solo así será posible construir modelos de productividad verdaderamente sostenibles.
Del discurso a la acción en salud mental corporativa
El debate sobre si priorizar el bienestar o la productividad está quedando obsoleto. Hoy, la evidencia apunta a una conclusión clara: las empresas deben involucrarse en la salud mental como parte integral de su estrategia de negocio y de su compromiso ESG. No hacerlo implica no solo riesgos humanos, sino también operativos y reputacionales.
El reto ahora es pasar del discurso a la acción. Esto requiere liderazgo, inversión y una transformación cultural profunda. En un entorno donde el talento es el principal activo, cuidar la salud mental no es solo una responsabilidad ética, sino una condición indispensable para la sostenibilidad empresarial.
La conversación climática ya no es marginal. Hoy, el consenso científico y social sobre la emergencia ambiental atraviesa gobiernos, empresas y consumidores, incluso frente a corrientes negacionistas que aún persisten. En este contexto, las industrias buscan posicionarse como parte de la solución, integrando discursos sostenibles en su narrativa corporativa. Sin embargo, entre lo que se promete y lo que realmente se ejecuta, comienza a abrirse una brecha difícil de ignorar.
La industria agroganadera, particularmente la cárnica y láctea, se ha convertido en un caso emblemático de esta tensión. Mientras sus informes de sostenibilidad destacan compromisos climáticos ambiciosos, nuevas investigaciones apuntan a que estos esfuerzos podrían ser más discursivos que reales. El fenómeno del greenwashing en carne y lácteos no solo cuestiona la credibilidad empresarial, sino que también pone en jaque la capacidad del mercado para impulsar cambios ambientales genuinos.
Greenwashing en carne y lácteos: promesas que no aterrizan
Un análisis reciente de la Universidad de Miami examinó 1,233 afirmaciones ambientales de 33 grandes empresas del sector. El resultado es contundente: el 98% de estas declaraciones pueden clasificarse como greenwashing o ecopostureo. Este dato no solo evidencia una tendencia preocupante, sino que redefine la manera en que se deben interpretar los compromisos climáticos corporativos.
Más allá de la cifra, lo relevante es el tipo de afirmaciones predominantes. Muchas de ellas se centran en metas futuras, como alcanzar la neutralidad de carbono en 2030 o restaurar recursos hídricos a gran escala, sin detallar rutas claras ni mecanismos verificables. En otras palabras, el greenwashing en carne y lácteos se construye sobre promesas aspiracionales que carecen de sustento operativo.
El lenguaje climático como estrategia reputacional
El estudio revela que el 68% de las afirmaciones analizadas están relacionadas con el clima. Esto demuestra cómo la crisis ambiental se ha convertido en el eje central del discurso de sostenibilidad empresarial. Hablar de emisiones, neutralidad o impacto climático ya no es opcional: es parte del estándar comunicativo.
Sin embargo, esta centralidad también abre la puerta a su instrumentalización. Cuando el lenguaje climático se utiliza sin respaldo técnico o científico, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un recurso reputacional. Así, las empresas logran posicionarse como responsables sin necesariamente modificar sus operaciones de fondo.
Evidencia débil, narrativa fuerte
Solo el 29% de las afirmaciones analizadas contaban con algún tipo de evidencia de respaldo, y en apenas tres casos se trataba de evidencia científica académica. Este desbalance entre narrativa y sustento revela un problema estructural en la comunicación corporativa.
La falta de pruebas no solo debilita la credibilidad de las empresas, sino que también dificulta la toma de decisiones informadas por parte de consumidores e inversionistas. En este escenario, el discurso sostenible corre el riesgo de convertirse en una simulación cuidadosamente construida.
Compensar no es descarbonizar
De las 33 empresas analizadas, 17 han adoptado compromisos de cero emisiones netas. No obstante, el estudio señala que estos planes se basan principalmente en mecanismos de compensación, en lugar de reducciones reales de emisiones.
Este enfoque replica patrones ya observados en industrias como la de النفط y gas, donde la compensación funciona como una solución parcial, pero no estructural. Apostar por offsets sin transformar los modelos productivos perpetúa el problema bajo una apariencia de acción climática.
Greenwashing en carne y lácteos: un problema sistémico
Aunque el fenómeno no es exclusivo de esta industria, su impacto es particularmente relevante debido a la alta huella ambiental del sector. La producción de alimentos de origen animal genera emisiones significativamente mayores en comparación con otras alternativas, lo que amplifica las consecuencias del greenwashing.
Además, los informes de sostenibilidad no solo informan: también construyen percepción. Una narrativa bien articulada puede mejorar la imagen corporativa y atraer inversión, incluso si no está respaldada por cambios reales. Aquí radica uno de los principales riesgos del greenwashing en carne y lácteos.
Regulación y verificación: el siguiente paso
Expertas subrayan la necesidad de fortalecer los mecanismos de regulación y verificación de las declaraciones ambientales. Esto implica no solo estándares más estrictos, sino también marcos metodológicos claros que permitan evaluar la veracidad de las afirmaciones.
El estudio destaca precisamente el uso de un modelo estructurado con 13 subcategorías para identificar greenwashing, lo que representa un avance en la cuantificación del fenómeno. Aun así, persisten desafíos, como la subjetividad inherente al análisis cualitativo.
Consumidores informados, mercados más exigentes
El impacto del greenwashing no se limita al ámbito corporativo. También influye en el comportamiento del consumidor y en la presión que se ejerce sobre los responsables políticos. Si las empresas logran proyectar una imagen de sostenibilidad sin cambios reales, se reduce la urgencia percibida de რეგulación.
Por ello, la educación del consumidor se vuelve clave. Identificar promesas vacías, exigir transparencia y valorar la evidencia científica son pasos fundamentales para contrarrestar estas prácticas y fomentar una competencia basada en impactos reales.
Entre la ilusión y la acción
El hallazgo de que casi el 100% de las afirmaciones climáticas en la industria cárnica y láctea pueden considerarse greenwashing plantea una pregunta incómoda: ¿estamos avanzando realmente hacia sistemas alimentarios sostenibles o solo perfeccionando su narrativa?
Cerrar esta brecha requiere más que buenas intenciones. Se necesitan estándares robustos, verificación independiente y una transformación profunda de los modelos productivos. Solo así será posible pasar del discurso a la acción y construir una sostenibilidad que no dependa de percepciones, sino de resultados tangibles.
La reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre el caso Louisiana contra Callais marca un punto de inflexión en la arquitectura legal de los derechos civiles en el país. En un fallo dividido de 6 contra 3, la Corte modificó sustancialmente la aplicación de la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales de 1965, debilitando uno de los principales mecanismos para combatir la discriminación racial en los procesos electorales. Aunque formalmente no la declara inconstitucional, en la práctica la vuelve mucho más difícil de aplicar.
El cambio central radica en elevar significativamente la carga probatoria para demostrar discriminación racial, exigiendo evidencia de intención explícita por parte de los legisladores. Este giro jurídico ocurre en un contexto donde la discriminación racial rara vez se manifiesta de forma directa, lo que limita la capacidad de las minorías para defender su derecho al voto. Para especialistas en responsabilidad social, este fallo no solo redefine el marco electoral, sino que reabre debates sobre inclusión, equidad y gobernanza democrática.
Discriminación racial y redistritación: el desmantelamiento de una protección histórica
Durante décadas, la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales permitió impugnar mapas electorales que, aunque aparentemente neutrales, generaban efectos de discriminación racial. Este enfoque basado en resultados —y no en intención— fue clave para garantizar representación política a comunidades históricamente marginadas.
La nueva interpretación del tribunal rompe con este principio. Ahora, los demandantes deben probar que los legisladores actuaron con intención explícita de discriminar, una exigencia que, en la práctica, limita severamente la aplicabilidad de la ley. Esto representa un retroceso significativo en la lucha contra la discriminación racial estructural.
Además, el fallo introduce restricciones adicionales al diseño de mapas alternativos, impidiendo considerar la raza incluso cuando esta es un factor determinante en la desigualdad electoral. Esta contradicción metodológica debilita aún más las herramientas legales disponibles para las minorías.
El resultado es un marco donde la discriminación racial puede persistir bajo justificaciones aparentemente neutrales, como criterios partidistas o geográficos. Esto abre la puerta a una nueva generación de disputas legales con menores probabilidades de éxito para los grupos afectados.
Impacto en minorías raciales: dilución del poder político
Las implicaciones del fallo son especialmente graves para los votantes afroamericanos y otras minorías raciales, particularmente en estados del sur donde la polarización electoral sigue estando fuertemente marcada por líneas raciales. La decisión permite rediseñar distritos que diluyen su influencia política sin consecuencias legales claras.
Históricamente, la creación de distritos de mayoría minoritaria ha sido una herramienta fundamental para garantizar representación. Sin embargo, bajo el nuevo estándar, estos distritos podrían desaparecer o reducirse significativamente, afectando directamente la capacidad de las minorías para elegir representantes alineados con sus intereses.
El caso de Luisiana es ilustrativo. A pesar de que los votantes negros representan aproximadamente un tercio de la población, el mapa electoral previo solo contemplaba un distrito de mayoría negra. La intervención judicial había buscado corregir esta inequidad, pero el nuevo fallo revierte esa lógica.
En este contexto, la discriminación racial adopta formas más sofisticadas, donde la exclusión no es explícita, pero sí sistemática. La dificultad para probar intención discriminatoria convierte al sistema electoral en un espacio menos accesible y equitativo para amplios sectores de la población.
Estados Unidos y el retroceso en inclusión: una tendencia estructural
Este fallo no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia de debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales. Desde la decisión de 2013 que eliminó el requisito de supervisión federal en estados con historial de discriminación, el marco de protección ha sido progresivamente erosionado.
Para analistas ESG, este tipo de decisiones plantea riesgos reputacionales y sistémicos. La gobernanza democrática es un componente clave del entorno en el que operan las empresas, y su deterioro puede afectar la estabilidad institucional y la confianza en los mercados.
Además, el discurso que acompaña estas decisiones —centrado en la “neutralidad racial”— ignora las desigualdades históricas que siguen moldeando la realidad social. Este enfoque puede legitimar prácticas que perpetúan la discriminación racial bajo una apariencia de igualdad formal.
En conjunto, estos elementos sugieren que Estados Unidos avanza hacia un modelo menos inclusivo, donde las garantías legales para la equidad se reducen. Para el ámbito de la responsabilidad social, esto implica repensar el rol de las empresas en la defensa de valores democráticos y derechos fundamentales.
Democracia en tensión y desafíos para el ESG
El debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales representa un desafío estructural para la democracia estadounidense. Al limitar las herramientas para combatir la discriminación racial, el sistema corre el riesgo de consolidar desigualdades que afectan no solo a las minorías, sino a la legitimidad del proceso democrático en su conjunto.
Para los líderes en sostenibilidad y responsabilidad social, este contexto exige una postura más activa. La defensa de la inclusión y la equidad ya no puede limitarse al ámbito corporativo interno, sino que debe extenderse al entorno institucional. En un escenario donde la discriminación racial se vuelve más difícil de detectar pero no menos presente, la vigilancia, la transparencia y el compromiso serán elementos clave para sostener una agenda ESG creíble y efectiva.
La crisis global del plástico ya no es sólo un problema ambiental, sino que se ha convertido en un problema estructural de gobernanza internacional. En este contexto, los países exportadores de plástico juegan un papel determinante en la redistribución global de residuos, ya que trasladan el impacto ambiental hacia economías con menor capacidad de gestión. Este fenómeno revela una dinámica compleja donde el consumo interno y la responsabilidad extendida del productor no siempre están alineados.
En los últimos años, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico ha aumentado, particularmente tras las restricciones impuestas por China a la importación de residuos. Esto obligó a redirigir los flujos hacia el sudeste asiático, América Latina y África, generando nuevas tensiones socioambientales. Entender quién exporta, cuánto exporta y hacia dónde lo hace es clave para evaluar la coherencia de los compromisos ESG en el ámbito global.
Países exportadores de plástico: liderazgo global y destinos clave
De acuerdo con los datos más recientes del Basel Action Network (BAN), los principales países exportadores de plástico incluyen a Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Bélgica, Francia y Países Bajos. Estas economías concentran gran parte del comercio internacional de residuos plásticos, consolidando un sistema donde los países desarrollados externalizan el tratamiento de sus desechos.
Con base en el resumen anual global más reciente del BAN, los países exportadores de plástico hacia economías fuera de la OCDE presentan una distribución clara tanto en volumen como en concentración geográfica. Japón lidera con 615,742 toneladas exportadas en 2024, posicionándose como el principal actor en el comercio internacional de residuos plásticos bajo este criterio.
Le siguen países europeos con volúmenes relevantes: Alemania exportó 235,411 toneladas, mientras que los Países Bajos alcanzaron 200,573 toneladas, consolidándose como hubs logísticos clave dentro del sistema global. Bélgica registró 81,688 toneladas, y el Reino Unido 77,857 toneladas, lo que refleja el peso estructural de Europa en la externalización de residuos plásticos.
Estados Unidos, aunque históricamente dominante, aparece con un volumen significativamente menor en este segmento específico, con 61,926 toneladas exportadas a países no OCDE. Australia, por su parte, registra 27,921 toneladas, evidenciando que incluso economías con menor escala participan activamente en estos flujos internacionales.
Estos datos muestran que los países exportadores de plástico no operan únicamente en función de su generación total de residuos, sino de su capacidad para insertarse en redes comerciales que permiten redirigirlos hacia destinos específicos. En términos geográficos, los principales receptores siguen concentrándose en Asia y otras regiones en desarrollo, lo que refuerza la lógica de desplazamiento de impactos ambientales hacia mercados con menor capacidad de regulación y gestión.
Por otro lado, es importante mencionar que los destinos de estas exportaciones han cambiado significativamente tras las restricciones asiáticas. Malasia, Vietnam, Indonesia, Turquía y Tailandia se han convertido en receptores clave, absorbiendo grandes volúmenes de residuos. Este desplazamiento ha generado presiones en sistemas locales de gestión de residuos que, en muchos casos, carecen de infraestructura adecuada.
El patrón revela una asimetría estructural: mientras los países exportadores de plástico mantienen estándares ambientales elevados en sus territorios, transfieren los riesgos a regiones con regulaciones más laxas. Esto cuestiona la integridad de las estrategias de sostenibilidad que muchas de estas economías promueven a nivel internacional.
Además, el comercio de residuos plásticos no siempre garantiza reciclaje efectivo. Una proporción significativa termina en vertederos informales o es incinerada, amplificando impactos ambientales y sociales. Este contexto refuerza la necesidad de replantear los modelos de producción y consumo desde una perspectiva sistémica.
Estados Unidos: variaciones en sus exportaciones de residuos plásticos
Estados Unidos se mantiene como uno de los principales países exportadores de plástico a nivel global, aunque con variaciones importantes en sus flujos comerciales en los últimos años. Tras el cierre del mercado chino, el país redirigió sus exportaciones hacia nuevos destinos, especialmente en Asia y América del Norte, consolidando una red diversificada pero inestable.
En términos agregados, las exportaciones estadounidenses muestran una tendencia a la baja en 2025. Los envíos hacia países que no pertenecen a la OCDE descendieron a 125 millones de kg/año, frente a los 148 millones de kg/año en 2024. Asimismo, las exportaciones hacia países de la OCDE también registraron una ligera disminución, pasando de 265 millones de kg/año en 2024 a 260 millones de kg/año en 2025, lo que refleja un ajuste generalizado en los volúmenes exportados.
A nivel territorial, la actividad exportadora se concentra en ciertos estados clave. Nueva Jersey lidera con el 22% del total, seguido por California con 17% y Texas con 10%, lo que evidencia una geografía industrial específica vinculada a infraestructura logística y capacidades de procesamiento. En cuanto a materiales, destaca que las exportaciones de residuos plásticos de PVC hacia países no OCDE alcanzaron 1,1 millones de kg/año en 2025, manteniendo nichos específicos dentro del comercio global.
Respecto a los destinos, el comportamiento es mixto. Canadá se consolida como el principal receptor, con un aumento a 144 millones de kg/año en 2025, seguido por México, aunque con una caída significativa a 70 millones de kg/año desde 87 millones en 2024. En Asia, los flujos muestran ajustes relevantes: Malasia disminuyó a 20 millones de kg/año, India a 32 millones, y Vietnam a 17 millones, mientras que Indonesia registró un incremento notable hasta 35 millones de kg/año.
Desde una perspectiva ESG, estos datos evidencian una transición más que una reducción estructural. Aunque los volúmenes totales tienden a moderarse, la redistribución hacia distintos mercados confirma que Estados Unidos sigue dependiendo del comercio internacional de residuos como mecanismo de gestión. Esto refuerza las críticas sobre la falta de una estrategia integral que priorice la reducción en origen sobre la externalización del impacto.
Unión Europea vs EUA: compromisos divergentes en sostenibilidad
La Unión Europea también figura entre los principales países exportadores de plástico, pero su enfoque regulatorio presenta diferencias relevantes frente a Estados Unidos. A nivel discursivo y normativo, la UE ha impulsado políticas más ambiciosas en economía circular, incluyendo restricciones a plásticos de un solo uso y objetivos de reciclaje más estrictos.
No obstante, los datos del BAN evidencian una paradoja: a pesar de estos compromisos, la UE continúa exportando grandes volúmenes de residuos plásticos. Turquía se posiciona como el principal destino, concentrando una proporción significativa de estas exportaciones, lo que genera cuestionamientos sobre la coherencia entre política interna y práctica externa.
En comparación, Estados Unidos exporta volúmenes similares pero con menor narrativa de sostenibilidad. Esto genera un contraste interesante: mientras la UE lidera en compromisos formales, ambos bloques participan activamente en la externalización de residuos.
El análisis comparativo sugiere que la diferencia no radica únicamente en los volúmenes exportados, sino en la gobernanza del sistema. La UE ha comenzado a implementar controles más estrictos sobre exportaciones, incluyendo restricciones a países no pertenecientes a la OCDE. Estados Unidos, en cambio, carece de un marco equivalente a nivel federal.
Más allá de las cifras: implicaciones para el futuro del ESG
El comportamiento de los países exportadores de plástico plantea desafíos críticos para la agenda ESG global. La externalización de residuos contradice principios fundamentales como la responsabilidad extendida del productor y la trazabilidad de impactos.
Además, este modelo dificulta la transición hacia una economía circular real. Mientras los residuos sigan siendo exportados en lugar de gestionados localmente, se perpetúa un sistema lineal disfrazado de reciclaje. Esto afecta la credibilidad de las estrategias corporativas y gubernamentales en sostenibilidad.
Para los líderes empresariales, el reto es claro: no basta con cumplir regulaciones locales si los impactos se trasladan a otras geografías. La gestión responsable del plástico debe considerar toda la cadena de valor, incluyendo el destino final de los residuos.
Finalmente, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico seguirá intensificándose. En un entorno donde la transparencia y la rendición de cuentas son cada vez más relevantes, las decisiones sobre residuos plásticos se convertirán en un indicador clave de liderazgo ESG.
Recientemente, la iniciativa Science Based Targets (SBTi) ha publicado una actualización de sus normas, una reconfiguración que ha abierto, de nueva cuenta, el debate sobre la credibilidad de los objetivos climáticos corporativos. Bajo el nuevo esquema, SBTi se reinicia en un momento crítico, cuando las empresas enfrentan crecientes presiones regulatorias, financieras y reputacionales para demostrar avances tangibles en descarbonización. Este ajuste no es menor: redefine el equilibrio entre ambición climática y viabilidad operativa, abriendo preguntas clave sobre la integridad del marco.
Para los especialistas en sostenibilidad, el cambio implica una lectura más compleja del progreso ESG. Si bien SBTi se reinicia con el objetivo de ampliar la adopción empresarial, también introduce tensiones respecto a su alineación con la ciencia climática. La discusión ya no gira únicamente en torno a quién establece objetivos, sino a qué tan consistentes son estos con la trayectoria de 1,5°C propuesta por la comunidad científica. En este contexto, entender los matices de la actualización es fundamental para la toma de decisiones estratégicas.
SBTi se reinicia: de la ambición teórica a la viabilidad operativa
El ajuste normativo elimina la exigencia de reducciones lineales rígidas hacia 2030, permitiendo a las empresas redistribuir sus esfuerzos de mitigación a lo largo del tiempo. Anteriormente, se requería una reducción anual de al menos 4,2% en emisiones de Alcance 1 y 2, lo que implicaba recortes acumulados cercanos al 42% para 2030. Este umbral fue considerado, en muchos casos, poco realista.
Con la actualización, algunas empresas podrían reducir ese compromiso a aproximadamente 21% en el mismo periodo. Para el Alcance 3, los objetivos también se flexibilizan, pasando de reducciones superiores al 20% a cerca del 15%. Esta modificación responde a una necesidad práctica: muchas organizaciones no contaban con capacidades técnicas o financieras para cumplir con las metas anteriores.
Desde una perspectiva estratégica, el cambio busca evitar la exclusión de empresas del sistema SBTi. Diversos consultores señalaron que varias organizaciones habían abandonado el proceso debido a la dificultad de cumplir con los requisitos previos. La flexibilización, por tanto, reabre la puerta a actores que habían quedado fuera del marco.
Sin embargo, esta transición hacia objetivos más alcanzables también implica una redefinición del concepto de liderazgo climático. La pregunta central ya no es únicamente quién participa, sino bajo qué nivel de ambición lo hace. Esto reconfigura los criterios de diferenciación dentro del ecosistema ESG.
Impacto para las empresas: entre oportunidad y disrupción estratégica
Para las empresas que aún no habían establecido objetivos, el nuevo marco representa una oportunidad clara. La posibilidad de diseñar trayectorias de reducción menos abruptas facilita la alineación interna y la aprobación por parte de la alta dirección, un obstáculo frecuente en procesos de descarbonización.
No obstante, el cambio introduce un elemento de inequidad temporal. Las empresas que ya habían presentado o validado objetivos bajo las normas anteriores no pueden ajustar sus compromisos retroactivamente. Esto genera tensiones internas, especialmente en organizaciones donde alcanzar dichos objetivos implicó inversiones significativas o negociaciones complejas.
Además, la forma en que se comunicó la actualización ha sido objeto de crítica. La falta de transparencia previa y el anuncio tardío generaron incertidumbre en el mercado. Para los especialistas en RSE, esto pone en evidencia la importancia de la gobernanza en iniciativas globales como SBTi.
Desde el punto de vista operativo, las empresas deberán revisar sus hojas de ruta climáticas. La redistribución de esfuerzos puede liberar recursos en el corto plazo, pero también exige una planificación más rigurosa para evitar concentrar riesgos en etapas futuras del proceso hacia cero emisiones netas.
Alineación con la ciencia: ¿compromiso diluido o pragmatismo necesario?
Uno de los puntos más sensibles del debate es la coherencia de estos cambios con las recomendaciones del IPCC. La ciencia climática establece que es necesario reducir aproximadamente un 43% de las emisiones globales para 2030 para mantener el objetivo de 1,5°C. Bajo este parámetro, la flexibilización de SBTi genera dudas legítimas.
Aunque la iniciativa sostiene que el nivel de ambición general no ha cambiado y que el objetivo de cero emisiones netas para 2050 se mantiene, la redistribución de reducciones implica mayores emisiones acumuladas en el corto plazo. Este factor es crítico, ya que el presupuesto de carbono global depende no solo del destino final, sino de la trayectoria.
En términos prácticos, esto significa que incluso si las empresas cumplen sus objetivos a largo plazo, el retraso en las reducciones iniciales podría dificultar el cumplimiento del objetivo climático global. Algunos expertos advierten que el supuesto de que todos los actores cumplirán sus metas podría ya no ser suficiente para sostener la narrativa de alineación con 1,5°C.
No obstante, también existe un argumento pragmático. Sin una base amplia de empresas comprometidas, la ambición teórica pierde impacto real. Desde esta óptica, SBTi se reinicia como un mecanismo de inclusión que prioriza la participación masiva sobre la exigencia extrema, aunque ello implique concesiones en el corto plazo.
Redefiniendo el estándar de la ambición climática corporativa
El hecho de que SBTi se reinicia marca un punto de inflexión en la evolución de los estándares ESG. La iniciativa parece transitar de un enfoque normativo rígido hacia uno más adaptativo, donde la viabilidad empresarial adquiere mayor peso. Este giro puede fortalecer la adopción global, pero también diluir la percepción de rigor científico.
Para los líderes en sostenibilidad, el desafío será interpretar correctamente este nuevo contexto. Más allá del cumplimiento formal, las empresas deberán evaluar si sus estrategias climáticas siguen siendo coherentes con los límites planetarios. En un entorno donde la credibilidad ESG está bajo escrutinio, la ambición voluntaria podría convertirse en el nuevo diferenciador competitivo.
La sostenibilidad empresarial ya no se mide por compromisos declarativos, sino por resultados concretos, métricas verificables y su capacidad para integrarse al corazón del negocio. Bajo esta lógica, HSBC, en colaboración con EY, ha abierto la convocatoria a la quinta edición del Premio ELIS HSBC, una iniciativa que busca identificar a las empresas que están traduciendo la agenda ESG en ventajas competitivas reales.
A cinco años de su lanzamiento, el Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable (ELIS) se ha consolidado como un espacio de referencia para reconocer estrategias que generan impacto tangible en México, al tiempo que impulsan innovación, crecimiento y resiliencia. Más que un distintivo, el premio opera como una plataforma que conecta sostenibilidad con negocio y posiciona a las organizaciones frente a los desafíos —y oportunidades— del futuro.
ELIS: una plataforma que conecta sostenibilidad y negocio
Desde su origen, ELIS ha buscado algo más que reconocer iniciativas aisladas. Su propuesta radica en identificar y visibilizar estrategias integrales que incorporen la sostenibilidad en el núcleo del negocio, generando impacto tangible y valor a largo plazo. En este sentido, el Premio ELIS HSBC se distingue por promover una visión donde la sostenibilidad no es un área paralela, sino un eje transversal de crecimiento, innovación y competitividad.
A lo largo de sus ediciones, el premio ha logrado consolidar una comunidad de empresas que no solo responden a los desafíos actuales —como el cambio climático, la desigualdad o la gobernanza corporativa—, sino que están redefiniendo las reglas del juego. Este enfoque resulta especialmente relevante en un entorno donde inversionistas, reguladores y consumidores exigen cada vez mayor transparencia y compromiso.
Para HSBC, esta iniciativa también refleja su propia estrategia: acompañar a sus clientes en la transición hacia una economía baja en carbono, alineando capital, conocimiento y soluciones financieras. Así, ELIS se posiciona como una extensión de este compromiso y que funciona como un espacio de reconocimiento, aprendizaje y proyección.
Categorías y criterios de evaluación del Premio ELIS HSBC
El Premio ELIS HSBC evalúa a las empresas a partir de cinco categorías clave que reflejan los pilares del enfoque ESG:
Ambiental: estrategias orientadas a la reducción de emisiones, economía circular y conservación de la biodiversidad.
Social: iniciativas que generen impacto positivo en comunidades, promuevan condiciones laborales dignas y reduzcan desigualdades.
Gobernanza: integración de la sostenibilidad en políticas corporativas, gestión de riesgos y mejores prácticas de gobierno corporativo.
Climate Tech: desarrollo o implementación de tecnologías innovadoras para la mitigación y adaptación al cambio climático.
Mención honorífica en Transición Climática: reconocimiento especial a proyectos que destaquen por su enfoque integral en descarbonización y transición justa.
Un elemento clave es que las estrategias participantes deben haber sido implementadas al menos 12 meses antes de la convocatoria y demostrar un impacto cuantificable en México. Este criterio refuerza la credibilidad del premio y asegura que las iniciativas reconocidas trascienden el discurso y tengan resultados medibles.
Quiénes pueden participar: perfil, proceso y fechas clave
La convocatoria está dirigida a empresas legalmente constituidas en México, con actividad económica en el país y ventas superiores a los 250 millones de pesos al cierre de 2025. Es importante considerar que no podrán participar instituciones financieras, organizaciones no gubernamentales y tampoco fundaciones, así como entidades con actividades ilícitas o contrarias a la normativa.
El proceso de inscripción está diseñado para ser estructurado y transparente:
Registro: del 27 de abril al 30 de junio de 2026
Envío de evidencias: hasta el 10 de julio de 2026
Evaluación y deliberación: a cargo de un jurado independiente
Resultados: 15 de octubre de 2026, durante la ceremonia de premiación
Las empresas interesadas deberán registrarse en la plataforma oficial, crear un usuario, completar el formulario correspondiente y cargar la documentación que respalde la implementación de sus estrategias.
Más allá de cumplir con un requisito administrativo, este proceso representa una oportunidad para que las organizaciones estructuren, midan y comuniquen sus avances en sostenibilidad, un ejercicio cada vez más valorado en los mercados.
Un reconocimiento que impulsa la competitividad
Participar en ELIS no es únicamente aspirar a un reconocimiento; es integrarse a una conversación estratégica sobre el futuro de los negocios. En un entorno donde la sostenibilidad define cada vez más la capacidad de las empresas para atraer inversión, talento y clientes, iniciativas como el Premio ELIS HSBC funcionan como aceleradores de posicionamiento y credibilidad.
Para las compañías líderes en ESG, este tipo de plataformas ofrecen visibilidad, validación externa y la posibilidad de compararse con estándares de alto nivel, pero, sobre todo, permiten consolidar una narrativa de valor que conecta propósito con resultados.
Para aquellas organizaciones que ya están transformando su modelo de negocio o buscan dar el siguiente paso, ELIS representa una oportunidad concreta para demostrar que la sostenibilidad, bien ejecutada, no solo es responsable, sino también rentable y estratégica. La invitación a ser parte está abierta. ¡Participa dando click aquí!
En un entorno donde la responsabilidad social empresarial (RSE) ha pasado de ser un valor agregado a un criterio de decisión para consumidores y comunidades, la declaración no es menor. Cada 23 de abril, México conmemora el Día Nacional de la Responsabilidad Social, una fecha que invita a replantear el papel de las organizaciones en la construcción de una economía más justa, sostenible y centrada en la dignidad humana.
Impulsada por organismos como el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI) y COPARMEX, esta agenda ha evolucionado hacia conceptos más exigentes como el ingreso digno, por encima del mínimo legal y la debida diligencia en derechos humanos, colocando a las empresas frente a un nuevo estándar ético.
En ese contexto, el modelo cooperativo ha cobrado relevancia al priorizar el bienestar colectivo sobre la rentabilidad inmediata. Valladolid Caja Financiera es un ejemplo de ello: su estrategia de responsabilidad social no se limita a acciones aisladas, sino que forma parte de su operación cotidiana y de su vínculo con las comunidades.
“En Valladolid Caja Financiera nuestro modelo cooperativo coloca a las personas en el centro de cada decisión, con una visión enfocada en transformar vidas y fortalecer el tejido social en las regiones donde tenemos presencia”, afirma Erika Arellano Martínez, gerente de recursos humanos de la institución.
Durante 2025, esta visión se tradujo en una de sus apuestas más significativas: la educación como motor de transformación social. La institución destinó más de 15.5 millones de pesos en becas para 4 mil 440 menores ahorradores, además de apoyos adicionales para hijos de colaboradores y programas dirigidos a menores con discapacidad, reforzando un enfoque de inclusión y equidad.
Pero el alcance va más allá de las aulas. A través de programas como +Talentum y el modelo de Educación Dual, la Cooperativa busca cerrar la brecha entre la formación académica y la vida profesional, impulsando a jóvenes a incorporarse al mundo laboral con herramientas reales y experiencia práctica.
La responsabilidad social también se expresa en el territorio. Desde el respaldo a eventos deportivos y culturales hasta la rehabilitación de espacios educativos y de infraestructura comunitaria, las acciones de la institución apuntan a generar entornos más dignos, seguros y cohesionados.
Sin embargo, más allá de las cifras, el fondo del debate sobre la RSE en México radica en su autenticidad. En un escenario donde algunas prácticas pueden percibirse como estrategias de reputación, el reto es demostrar que el compromiso social es estructural y no circunstancial.
En ese sentido, Valladolid Caja Financiera sostiene que su identidad cooperativa le permite actuar desde la cercanía con las personas y no desde una lógica exclusivamente corporativa. La diferencia, sostienen especialistas, radica en que la responsabilidad social deja de ser sólo discurso y evoluciona para ser una de las principales guías en la operación de las instituciones.
Así, en el marco de esta conmemoración, la reflexión se vuelve inevitable: en una economía donde cada vez pesa más el impacto social de las organizaciones, elegir una institución también implica decidir qué tipo de desarrollo se quiere impulsar. “Porque, al final, la responsabilidad social no solo define a las empresas, sino también a las comunidades que ayudan a construir”, concluye Erika Arellano.
Apotex Inc., la empresa farmacéutica más grande de Canadá, anunció la apertura de la convocatoria 2026 de su Fondo de Acceso a la Salud Global (Global Health Access Fund). Esta iniciativa está dirigida a Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en Latinoamérica que desarrollen proyectos de alto impacto destinados a mejorar la salud materna en comunidades vulnerables de la región.
Con 52 años de historia y casi 30 de presencia en América Latina, Apotex refuerza su compromiso con el bienestar de las mujeres. Esta es la segunda edición del Fondo de Acceso a la Salud Global de Apotex, una iniciativa que actualmente apoya proyectos de salud materna a través de organizaciones no gubernamentales en Canadá, Estados Unidos, India y México.
“Nuestro compromiso es a largo plazo y va más allá de proporcionar medicamentos de alta calidad; se trata de ser un aliado activo en la salud pública”, afirmó André Soresini, vicepresidente y director general de Apotex para Latinoamérica. “Estamos comprometidos con el fortalecimiento del acceso a la atención médica para las mujeres e invertimos en el futuro al apoyarlas a ellas y a la niñez”.
El Fondo de Acceso a la Salud Global de Apotex respalda programas que promueven la equidad en salud y abordan las causas fundamentales de las disparidades sanitarias. El fondo se enfoca en solucionar el acceso desigual a la atención y la baja alfabetización en salud en comunidades con determinantes sociales de salud deficientes, donde la raza, el nivel económico y otros factores constituyen barreras de acceso.
Alcance y financiamiento
La organización seleccionada recibirá $100,000 CAD (aprox. $1,300,000 MXN) para ejecutar un proyecto de un año, con posibilidad de renovación por un segundo año. Las propuestas deben centrarse en áreas prioritarias, como emergencias obstétricas, atención prenatal, parto seguro y capacitación para el personal de salud o parteras en comunidades rurales y de difícil acceso.
“A través del Fondo de Acceso a la Salud Global, buscamos amplificar el alcance de las organizaciones de la sociedad civil que conocen de primera mano los desafíos locales en la defensa de los derechos humanos de las mujeres, como sus derechos a la salud y a los derechos reproductivos”, explicó Adriana Valdés, directora de Asuntos Corporativos para Latinoamérica en Apotex. “Nuestro objetivo es generar un impacto real, cualitativo y medible en el bienestar de las mujeres, acompañándolas en cada etapa de su camino hacia la salud”.
Hay apoyos que se cuantifican en cifras y otros que se viven en momentos: una conversación, una risa compartida, una tarde en la que todo parece, por un instante, volver a la normalidad. Sin embargo, este segundo tipo de ayuda rara vez ocupa un lugar central en la narrativa de la responsabilidad social. Y es ahí donde radica su valor: para quienes atraviesan situaciones complejas, estos gestos pueden ser tan significativos como un respaldo material o económico, al abrir espacios de contención, empatía y esparcimiento que también transforman.
La alianza entre la Fundación Dr. Sonrisas y Corporativo Kosmos, con motivo del Día del Niño (30 de abril), es un ejemplo claro de ello. Mientras que la Fundación Dr. Sonrisas, que se dedica a brindar momentos de felicidad a menores que atraviesan diagnósticos adversos o situaciones difíciles, organizó un evento recreativo con juegos y actividades diseñadas para que los menores pudieran reconectar con su infancia y pasar un momento recreativo, Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, a través de su brazo social, la Fundación Pablo Landsmanas, se sumó con la donación de alimentos y, sobre todo, con algo igual de valioso: presencia.
Por ello, mediante un voluntariado a favor de la niñez, colaboradores de la compañía participaron en la convivencia, brindando atención, cercanía y tiempo a los niños y sus familias, demostrando que el impacto también ocurre cuando el apoyo se traduce en acompañamiento.
Un día para sentirse niños otra vez: la alianza entre Dr. Sonrisas y Corporativo Kosmos
Fundación Dr. Sonrisas diseñó esta jornada con una intención muy clara: ofrecer a las niñas y niños un respiro dentro de realidades complejas, un momento para jugar, convivir y sentirse parte de un entorno donde la enfermedad o la vulnerabilidad no definen su experiencia.
Desde la operación misma del evento, esta visión se hizo evidente pues, como explica Lidia Sánchez, Directora de Programas de la fundación: “es importante que vuelvan a sentirse niños y que vuelvan a sentirse capaces… buscamos el cómo sí pueden hacer lo que quieren hacer”. Esta afirmación no solo describe una metodología, sino una forma de entender el acompañamiento: habilitar experiencias que reconstruyan la confianza y el sentido de posibilidad.
Paralelamente, el evento también consideró a las familias, en especial a madres, padres y cuidadores, como actores clave que requieren contención emocional y espacios de pausa para poder sostener el día a día. En esa misma línea, Piki Martínez, fundador de Dr. Sonrisas explicó cómo este tipo de encuentros son tan importantes como la medicina, ya que son “una inyección de amor, una inyección de ánimo… donde no solamente los niños, también los papás pueden desconectarse, descansar y llevarse muchas cosas: risas, momentos”. Lo que ocurre en estos espacios, entonces, no es menor: se trata de intervenciones que, aunque no siempre son medibles, inciden directamente en el bienestar emocional de los beneficiarios.
A esta propuesta se sumó Corporativo Kosmos, a través de la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), bajo un modelo de participación que integró lo material con lo humano. Por una parte, la fundación realizó la donación de 300 box lunch para complementar la experiencia de los asistentes con alimentos saludables y deliciosos, en línea con su compromiso con promover la alimentación saludable y suficiente entre quienes más lo necesitan, asegurando así que las familias contaran con opciones nutritivas y de calidad durante la jornada.
Por otra parte, la FPL también impulsó un voluntariado a favor de la niñez, mediante el cual movilizó a colaboradores de Corporativo Kosmos a participar donando su tiempo para convivir directamente con los menores y sus familias durante la celebración. A través de su presencia, juegos, conversaciones y cercanía, los voluntarios se convirtieron en un puente entre la intención institucional y la experiencia vivida, demostrando que el impacto social también ocurre cuando las acciones se traducen en acompañamiento.
Voluntariado a favor de la niñez: el valor de estar presentes
Si algo dejó claro esta alianza es que el acompañamiento a parte de ser un complemento de apoyo social, es uno de sus componentes más significativos. El voluntariado a favor de la niñez organizado por la Fundación Pablo Landsmanas permitió que la ayuda trascendiera la entrega de recursos y se transformara en experiencias compartidas.
Dafna Puszkar, Directora de la FPL, lo explica desde una perspectiva estratégica: “No hay fundación que pueda trabajar sola… se trata de hacer una cadena de ayuda y entre más eslabones hay, mayor es el impacto”. En este caso, esos eslabones se materializaron en personas que decidieron involucrarse activamente, entendiendo que su tiempo y su presencia también generan valor.
La experiencia de los voluntarios confirma esta lógica, tal como ocurrió en el caso de César, colaborador de Corporativo Kosmos, quien expresó emocionado:
“Es la primera vez que vengo a un evento así y estoy fascinado… es muy bonito ver cómo estos esfuerzos logran cosas muy grandes, como la felicidad de los niños”.
Más allá del entusiasmo inicial, este tipo de experiencias tienden a dejar una huella duradera. La convivencia directa rompe barreras, humaniza las problemáticas y genera una conexión que difícilmente se logra desde la distancia, tal como lo expresó Vanessa, otra de las voluntarias de Corporativo Kosmos:
“Creo que la importancia de estos apoyos radica en que así podamos tener en la mira este tipo de situaciones que por la misma dinámica social las vamos haciendo a un lado. Por eso participar en esto ayuda a que estas personas sean visibles y se les pueda entregar la ayuda que necesitan”.
Para las niñas y niños, significa sentirse vistos, escuchados y acompañados; para los voluntarios, implica una reconfiguración de prioridades y una mayor conciencia social. Para la compañía, esta es una forma de activar el propósito corporativo desde las personas, convirtiéndolas en agentes directos de cambio e impulsores de los valores y la visión que promueven.
Acompañar también es transformar
La alianza entre Fundación Dr. Sonrisas y Corporativo Kosmos confirma que el impacto social más significativo no siempre proviene de grandes inversiones, sino de la capacidad de integrar acciones que atiendan tanto lo material como lo emocional.
La donación de alimentos por parte de la Fundación Pablo Landsmanas resolvió una necesidad específica, pero fue el voluntariado a favor de la niñez lo que causó un impacto en el ánimo de los menores y sus familias. Por eso, apostar por el acompañamiento implica entender que este no es un complemento, sino un diferenciador y un recurso estratégico.
Iniciativas como esta demuestran que cuando el propósito corporativo se activa desde las personas, el impacto se vuelve más humano, más tangible y, sobre todo, más duradero pues, al final, lo que permanece no es solo la ayuda recibida, sino la experiencia vivida. Y en ese terreno, pocas acciones tienen tanto peso como aquellas que hacen sentir a alguien acompañado.
La escena de The Devil Wears Prada en la que Emily repite “amo mi trabajo” como un mantra al borde del colapso dejó de ser hace tiempo solo una referencia pop. Hoy funciona como espejo cultural de una generación que ha normalizado jornadas extensas, liderazgos hostiles y el desgaste emocional como precio del éxito. A casi dos décadas del estreno, el inminente regreso de la historia en una secuela reactivó una conversación que va mucho más allá del cine.
Esta vez, la discusión surgió por una declaración de Emily Blunt durante la gira promocional de la película. Su consejo —dejar un empleo que se detesta para buscar algo que apasione— detonó una pregunta más incómoda y profunda: ¿renunciar a un trabajo tóxico es realmente una decisión al alcance de todos? En un contexto marcado por inflación, despidos y mayor incertidumbre laboral, la respuesta parece menos individual y más estructural.
Cuando renunciar a un trabajo tóxico no depende solo de la voluntad
La idea de abandonar un entorno dañino suele plantearse como un acto de valentía personal, pero para millones de personas también está atravesada por renta, deudas, cuidados y supervivencia. Ahí es donde el consejo aspiracional choca con la precariedad. Para muchos trabajadores, renunciar a un trabajo tóxico no es una decisión emocional, sino un cálculo de riesgo.
Las reacciones en redes lo hicieron evidente: no era un rechazo a la búsqueda de bienestar, sino a romantizar elecciones que no siempre existen. Porque si bien la conversación sobre salud mental laboral ha avanzado, la estructura económica sigue imponiendo límites muy concretos a quién puede irse y quién tiene que resistir.
El contexto de 2026 ha intensificado esa tensión. Nuevas olas de despidos, reestructuras y automatización han vuelto más frágil la sensación de seguridad laboral, incluso en sectores tradicionalmente estables. Casos recientes citados en el panorama laboral incluyen recortes en empresas como Workday, Meta, Microsoft y otras tecnológicas que han reducido miles de puestos, reforzando una percepción extendida de incertidumbre. En ese escenario, cambiar de empleo o abandonar uno dañino no siempre parece una ruta viable para todas las personas.
Cultura laboral tóxica: del meme a un problema sistémico
Durante años, la toxicidad laboral fue trivializada bajo narrativas de meritocracia: “ponerse la camiseta”, “aguantar para crecer”, “así es en puestos de alto desempeño”. Pero lo que antes se celebraba como ambición hoy es cuestionado como agotamiento normalizado.
El personaje de Emily en The Devil Wears Prada se convirtió en meme porque miles se reconocieron en él. No por glamour, sino por ansiedad. Esa identificación colectiva revela que la cultura laboral tóxica no es un caso aislado, sino un síntoma de modelos organizacionales que han confundido exigencia con desgaste.
La conversación actual también expone un cambio cultural: nuevas generaciones no están aceptando tan fácilmente que el éxito implique deterioro emocional. Eso ha obligado a revisar prácticas de liderazgo, bienestar y condiciones laborales desde otro ángulo.
¿Renunciar a un trabajo tóxico o transformar el trabajo?
El debate suele plantearse en términos individuales: irse o quedarse. Pero esa dicotomía es limitada. La pregunta también debería ser por qué tantos espacios siguen expulsando talento por ambientes insostenibles.
Hablar de renunciar a un trabajo tóxico no debería ocultar otra discusión más relevante: la responsabilidad de las organizaciones para no producir esos entornos. Desde cargas excesivas hasta jefaturas abusivas, muchas dinámicas no son accidentes culturales, sino decisiones de gestión.
Aquí emerge una tensión importante para empresas y liderazgos: el problema no se resuelve solo invitando a las personas a irse si algo les hace daño, sino construyendo culturas donde no tengan que elegir entre estabilidad y dignidad.
El mercado laboral cambió y el consejo también necesita matices
Hay una razón por la que el comentario de Emily Blunt generó tanto ruido: tocó una herida contemporánea. En otra coyuntura, “sigue tu pasión” podía leerse como inspiración. Hoy, en un mercado tensionado, también puede sonar desconectado. Eso no invalida el fondo del mensaje. Hay valor en recordar que ningún empleo debería exigir la renuncia a uno mismo. Pero el bienestar laboral no puede pensarse sin hablar de salarios dignos, redes de protección, movilidad y condiciones materiales.
Quizá la verdadera enseñanza no sea “deja tu trabajo mañana”, sino reconocer cuándo un empleo erosiona más de lo que sostiene, y entender que buscar alternativas —aunque sea gradualmente— también es una forma de cuidado.
Una conversación que interpela a la responsabilidad social
Desde una mirada de responsabilidad social, el debate no debería quedarse en si Emily Blunt tiene razón o no. Lo relevante es lo que la reacción colectiva revela: el trabajo sigue siendo un espacio donde bienestar y desigualdad conviven de manera incómoda. Hablar de renunciar a un trabajo tóxico también obliga a preguntarse qué tan responsables son las empresas frente a los factores que empujan a una persona al burnout o la resignación. La conversación conecta con derechos laborales, salud mental, productividad sostenible y ética corporativa.
Desde esta perspectiva, no se trata de romantizar la renuncia ni de glorificar la resistencia. Se trata de reconocer que una cultura laboral saludable no es solo un beneficio organizacional, sino una dimensión de sostenibilidad social. Y eso cambia la discusión: deja de ser un dilema personal para convertirse en una conversación sobre diseño del trabajo.
En ese sentido, la postura más razonable quizá no sea elegir entre “aguanta” o “vete”, sino asumir que las organizaciones tienen una corresponsabilidad en evitar que esa sea la única disyuntiva.
La polémica abierta por Emily Blunt no gira realmente en torno a un consejo de celebridad, sino a una pregunta de época: ¿quién puede darse el lujo de elegir su bienestar sin poner en riesgo su estabilidad? Allí está el centro del debate. Porque más que discutir si se debe o no renunciar, la conversación urgente es cómo construir entornos donde sobrevivir no implique soportar toxicidad para conservar un ingreso. Y esa discusión, inevitablemente, también es social.
Las relaciones entre crimen organizado, instituciones públicas y gobernabilidad volvieron a colocarse bajo tensión tras una nueva ofensiva judicial de Estados Unidos. Esta vez, el foco está en Sinaloa, donde el gobernador Rubén Rocha Moya fue incluido en una investigación del Departamento de Justicia estadounidense por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, en un caso que eleva el tono de las acusaciones por narcotráfico a un nivel político sin precedentes.
Más allá del impacto diplomático, el caso abre preguntas profundas sobre legalidad, confianza pública y rendición de cuentas. No se trata solo de una acusación contra un funcionario en activo, sino de una narrativa que conecta presunta protección institucional, redes criminales y una investigación que, según autoridades estadounidenses, se ha ido construyendo durante años. Las acusaciones por narcotráfico colocan así a Sinaloa en el centro de una discusión que rebasa fronteras.
Acusaciones por narcotráfico apuntan a presunta red de protección política
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Rocha Moya y otros funcionarios y ex funcionarios habrían conspirado con líderes del Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de narcóticos hacia territorio estadounidense a cambio de apoyo político y sobornos. La dimensión del señalamiento no radica solo en el cargo presentado, sino en la presunta estructura de colaboración descrita por los fiscales.
La acusación sostiene que integrantes de Los Chapitos habrían contribuido a la llegada de Rocha Moya al poder mediante intimidación contra adversarios políticos. Ya en funciones, el gobernador habría sostenido reuniones con integrantes del grupo criminal y ofrecido protección a sus operaciones, según la narrativa judicial presentada en Nueva York.
El caso fue anunciado por el Fiscal Federal del Distrito Sur de Nueva York, Jay Clayton, y por la DEA, que encabeza una investigación de largo alcance. La causa quedó asignada a la jueza Katherine Polk Failla y se suma a una serie de procesos abiertos desde 2023 relacionados con la misma organización criminal.
Las acusaciones por narcotráfico escalan más allá del gobernador
El expediente no se limita al mandatario sinaloense. Nueve personas más fueron acusadas, entre ellas el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez; el senador Enrique Inzunza; y otros perfiles vinculados con áreas de seguridad, procuración de justicia y administración pública.
Uno de los señalamientos más graves involucra al subprocurador estatal Dámaso Castro Zaávedra, quien presuntamente habría recibido pagos mensuales del cártel a cambio de filtrar información y proteger a sus integrantes. La acusación plantea, así, una presunta infiltración institucional que rebasa responsabilidades individuales.
El caso de Juan Valenzuela Millán, excomandante policial, elevó aún más la gravedad del expediente. Se le atribuyen cargos adicionales por el secuestro y asesinato de una fuente confidencial de la DEA y un familiar, en hechos que, de confirmarse, mostrarían cómo estas acusaciones por narcotráfico también tocan dimensiones de violencia contra quienes colaboran con investigaciones internacionales.
Un caso que pone presión sobre instituciones y cooperación bilateral
El impacto del caso no es solo judicial. También reabre el debate sobre la fragilidad institucional frente al crimen organizado y sobre los límites de la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. Cuando las acusaciones alcanzan a autoridades electas y mandos de seguridad, la conversación cambia de escala.
Para especialistas, este tipo de procesos también ponen a prueba la legitimidad de las instituciones. Las investigaciones pueden convertirse en un punto de inflexión: o fortalecen mecanismos de rendición de cuentas o profundizan la desconfianza ciudadana si no hay claridad, debido proceso y respuestas institucionales sólidas.
La acusación, además, llega en un contexto donde la discusión sobre gobernanza, corrupción y captura institucional tiene una creciente dimensión internacional. No es casual que estas acusaciones por narcotráfico generen atención más allá del ámbito penal: también interpelan al sistema político.
Sinaloa bajo una narrativa que rebasa el expediente judicial
El caso se suma a más de 30 imputados vinculados al Cártel de Sinaloa procesados en el mismo distrito desde 2023, lo que refuerza la idea de una estrategia sostenida por parte de autoridades estadounidenses. No se presenta como un hecho aislado, sino como parte de una investigación más amplia.
En ese contexto, las acusaciones contra Rocha Moya adquieren un peso simbólico mayor. Colocan nuevamente a Sinaloa en una narrativa global asociada con crimen organizado, pero también con el desafío de demostrar fortaleza institucional frente a señalamientos de esta magnitud.
Aunque los acusados permanecen en México y el proceso apenas comienza, el caso ya abrió una discusión inevitable sobre responsabilidad pública, presunción de inocencia y el costo social de cualquier posible colusión entre poder político y estructuras criminales.
Más allá del desenlace judicial, el caso marca un momento de alta tensión para la relación entre justicia, política y seguridad en la región. Las acusaciones por narcotráfico contra un gobernador en funciones no son un episodio menor: son un recordatorio de que la integridad institucional sigue siendo un terreno en disputa.
En una época en la que la confianza pública es un activo crítico, este proceso también deja una pregunta de fondo: cómo responden los Estados cuando las sospechas alcanzan a quienes deberían garantizar legalidad. La respuesta, más que jurídica, podría ser una prueba de gobernabilidad.
Durante años, las cadenas de suministro globales se construyeron bajo una lógica de eficiencia: reducir costos, acelerar tiempos y responder a una demanda cada vez más volátil. Pero esa arquitectura, diseñada para operar al límite, hoy enfrenta tensiones para las que no fue preparada. Sequías, olas de calor, interrupciones logísticas y crisis sanitarias están revelando que las amenazas a la cadena de suministro no provienen únicamente de factores comerciales, sino también de riesgos sistémicos profundamente conectados.
Cada vez resulta más claro que la resiliencia económica no puede entenderse sin hablar de salud y clima. Lo que antes parecían agendas paralelas hoy convergen en un mismo punto crítico: la capacidad de sostener producción, empleo y bienestar en contextos de disrupción. Desde esta perspectiva, las amenazas a la cadena de suministro no son un escenario futuro, sino una condición presente que está reconfigurando la conversación sobre sostenibilidad y continuidad operativa.
Cuando el clima y la salud dejan de ser riesgos separados
De acuerdo con un artículo de Sustainability Mag, las señales se acumulan en múltiples geografías. Inundaciones que paralizan puertos, calor extremo que reduce horas seguras de trabajo, enfermedades transmitidas por vectores que afectan comunidades productivas completas. No son eventos aislados, sino síntomas de una presión estructural que expone vulnerabilidades largamente ignoradas.
El problema es que muchas cadenas globales crecieron sin integrar plenamente variables como protección social, acceso a servicios médicos o adaptación climática. Esa desconexión comienza a cobrar factura. Cuando una región productiva enfrenta crisis sanitaria y estrés climático al mismo tiempo, el impacto trasciende a proveedores: se convierte en una amenaza para industrias enteras.
En Davos, líderes empresariales y sociales han insistido en que la salud de la fuerza laboral ya no puede considerarse un tema periférico. Es un componente de continuidad económica. Y esa visión está modificando la manera en que se entiende el riesgo corporativo.
Amenazas a la cadena de suministro: la fragilidad detrás de la eficiencia
La eficiencia ha sido una ventaja competitiva, pero también una fuente de fragilidad. Modelos “just in time” o redes de abastecimiento altamente concentradas funcionan bien en estabilidad, pero se vuelven vulnerables frente a shocks climáticos o crisis sanitarias prolongadas.
A ello se suman brechas profundas en acceso a salud. Miles de millones de personas aún enfrentan barreras para recibir atención esencial, y esa realidad tiene efectos directos en productividad, ausentismo, rotación laboral y capacidad de respuesta comunitaria. Cuando los trabajadores no cuentan con sistemas de apoyo resilientes, la cadena completa se debilita.
Diversos análisis sobre riesgos laborales ya ubican el aumento de costos sanitarios, la escasez de talento y la exposición climática como factores estratégicos. Bajo ese panorama, las amenazas a la cadena de suministro dejan de ser una discusión logística para convertirse en una discusión social, económica y ambiental.
La exposición climática de la fuerza laboral redefine el riesgo
Casi siete de cada diez trabajadores en el mundo están expuestos a riesgos asociados al clima. Esa cifra cambia la conversación. Ya no se trata solo de proteger activos físicos, sino de proteger a las personas que sostienen la operación.
El calor extremo puede disminuir capacidad laboral; inundaciones interrumpen movilidad y acceso a servicios; los cambios epidemiológicos elevan presiones sobre sistemas de salud ya frágiles. Todo ello erosiona productividad, afecta comunidades proveedoras y multiplica costos invisibles para las empresas.
Además, la cobertura financiera frente a pérdidas climáticas sigue siendo insuficiente. Cuando menos de la mitad de esos daños está asegurada, la exposición se traslada a economías locales, familias trabajadoras y cadenas globales. Esa es una dimensión crítica que muchas estrategias de sostenibilidad apenas comienzan a incorporar.
Amenazas a la cadena de suministro también son desafíos de justicia social
Hablar de resiliencia sin hablar de desigualdad deja fuera una parte central del problema. Las regiones más vulnerables al clima suelen coincidir con mayores carencias en infraestructura sanitaria, protección laboral y financiamiento para adaptación.
Eso significa que las amenazas a la cadena de suministro también tienen una dimensión de justicia social. Porque cuando proveedores pequeños, trabajadores informales o comunidades agrícolas absorben desproporcionadamente los impactos, el riesgo no desaparece: se desplaza.
Este enfoque está empujando a repensar la debida diligencia. Ya no basta con revisar emisiones o trazabilidad. Hoy comienza a ganar fuerza una mirada que integra salud, derechos laborales y adaptación como parte de una misma ecuación de sostenibilidad.
Replantear la salud como infraestructura estratégica
Uno de los cambios más relevantes es entender la salud de la fuerza laboral no como gasto, sino como infraestructura crítica. Ese giro puede parecer conceptual, pero tiene implicaciones profundas para las decisiones de inversión.
Empresas, aseguradoras y gobiernos exploran mecanismos como seguros paramétricos, modelos compartidos de atención primaria y soluciones de financiamiento preventivo. Más que medidas de bienestar, empiezan a verse como herramientas de adaptación.
La lógica es clara: cadenas de suministro más resilientes dependen de ecosistemas saludables. Y eso exige invertir no solo en tecnología o diversificación de proveedores, sino también en capacidades comunitarias que permitan absorber crisis.
De la reacción a la resiliencia sistémica
Durante mucho tiempo, la gestión de riesgos operó de forma reactiva: responder al desastre, ajustar procesos y seguir adelante. Pero la convergencia entre clima y salud exige otro marco. Uno sistémico.
Eso implica reconocer que la resiliencia no se construye únicamente dentro de una empresa, sino en toda la red que la sostiene. Proveedores, territorios, trabajadores y sistemas públicos forman parte del mismo entramado.
En ese contexto, las empresas que integren adaptación climática con bienestar laboral probablemente no solo mitigarán disrupciones, sino que fortalecerán competitividad, reputación e impacto social en el largo plazo.
Una nueva agenda para las cadenas de valor
Lo que está en juego no es solo evitar interrupciones. Es redefinir qué significa una cadena de suministro sostenible en un entorno marcado por volatilidad climática y brechas sociales persistentes. Esa discusión ya dejó de ser teórica.
Las organizaciones más avanzadas empiezan a entender que gestionar las amenazas a la cadena de suministro pasa por invertir en salud, fortalecer comunidades y asumir que la adaptación es parte del modelo de negocio, no un complemento.
Las crisis climáticas y las desigualdades en salud están revelando una verdad incómoda: muchas cadenas globales fueron diseñadas para rendir, no necesariamente para resistir. Y en un contexto de disrupciones cada vez más frecuentes, esa diferencia importa. Mucho.
La oportunidad está en convertir esa vulnerabilidad en una agenda de transformación. Porque construir resiliencia hoy no solo implica asegurar insumos o diversificar proveedores; implica reconocer que el bienestar humano y la estabilidad climática son también infraestructura económica. Y quizás ahí reside la respuesta más sólida frente a los riesgos del futuro.
Por más avanzada que parezca una civilización, la naturaleza sigue recordándonos que su fuerza está por encima de cualquier frontera, infraestructura o desarrollo humano. Huracanes, terremotos, inundaciones e incendios forestales son fenómenos capaces de transformar paisajes enteros en cuestión de horas y de poner en pausa la vida cotidiana de millones de personas. Cuando un desastre natural ocurre, no hay ciudad, economía o tecnología que permanezca completamente intacta.
Sin embargo, estas tragedias también revelan otro rostro profundamente humano: la solidaridad. En medio de viviendas destruidas, caminos bloqueados y familias desplazadas, emergen redes de apoyo que permiten reconstruir no sólo espacios físicos, sino también esperanza.
Ante desastres naturales 7 fundaciones empresariales se han convertido en uno de los actores más relevantes para responder a esas emergencias, debido a su capacidad para coordinar recursos, movilizar personal y activar cadenas de suministro, todo lo cual permite ampliar significativamente el apoyo en desastres naturales y las posiciona como aliadas imprescindibles en momentos de enorme vulnerabilidad.
¿Cómo es que ante desastres naturales 7 fundaciones empresariales pueden hacer la diferencia?
La relevancia de las fundaciones empresariales durante una emergencia va mucho más allá del número de personas beneficiadas. Estas organizaciones cuentan con estructuras operativas, experiencia administrativa y redes logísticas que les permiten actuar con rapidez cuando cada hora puede marcar la diferencia entre la seguridad y el riesgo para una comunidad afectada.
Mientras que muchas instituciones enfrentan desafíos para coordinar suministros o acceder a regiones dañadas, las fundaciones vinculadas al sector empresarial suelen disponer de transporte, centros de distribución, alianzas estratégicas y equipos especializados capaces de movilizar ayuda hacia lugares de difícil acceso. Esa combinación de capacidad operativa y visión social permite que alimentos, medicinas, materiales de reconstrucción y artículos de primera necesidad lleguen a quienes más los necesitan.
Además, estas organizaciones no sólo responden a la emergencia inmediata, sino que muchas desarrollan esquemas de reconstrucción y fortalecimiento comunitario que extienden su impacto durante meses e incluso años después del desastre. Por ello, se han convertido en piezas estratégicas dentro del ecosistema de apoyo en desastres naturales en México.
Aunque existen muchas organizaciones que brindan apoyo en estos contextos, algunas de las fundaciones empresariales más destacadas en esta materia son las que te presentamos a continuación.
Frente a los desastres naturales 7 fundaciones empresariales destacan por su labor:
1. Fundación Gigante
Fundación Gigante ha convertido la atención a desastres en uno de los pilares más claros de su estrategia social. Lo relevante de su modelo es que la ayuda no se entiende únicamente como donación inmediata, sino como acompañamiento integral para la recuperación de personas y comunidades afectadas. Esa visión ha permitido que la fundación fortalezca su presencia como uno de los referentes nacionales en materia de atención humanitaria en desastres naturales.
Por ejemplo, tras el impacto del huracán Otis en 2023, Fundación Gigante desplegó una intervención que benefició a 187 colaboradores afectados, mediante una inversión superior a 6 millones 400 mil pesos. Este apoyo incluyó la entrega de 3 mil 490 despensas; más de 800 muebles, entre comedores, refrigeradores, colchones y lavadoras; más de 2 mil 100 láminas para techos y 34 tinacos, además de diversos materiales de construcción y la reconstrucción de seis viviendas.
A ello se suma su participación en Multiplicando Alegrías, una alianza que ya ha hecho posible la reconstrucción de 12 de las 16 escuelas de Acapulco y Coyuca de Benítez que ayudará a rehabilitar esta iniciativa. Sin duda, estos impactos colocan a Fundación Gigante como una de las organizaciones empresariales con mayor compromiso en la recuperación comunitaria posterior a fenómenos naturales.
2. Fundación Carlos Slim
Uno de los ejemplos más visibles de atención estructurada ante emergencias es Fundación Carlos Slim. Tras el devastador paso del huracán Otis en Acapulco y localidades cercanas, la organización activó una respuesta coordinada junto con Fundación Telmex Telcel y Fundación Inbursa para atender de forma inmediata las necesidades humanitarias y de salud de la población.
Su estrategia combinó ayuda directa con esquemas de coinversión social. Por cada peso donado por miles de ciudadanos, Fundación Inbursa aportó dos pesos adicionales, multiplicando así el alcance de la asistencia y fortaleciendo el apoyo en desastres naturales mediante mecanismos de corresponsabilidad.
Los resultados reflejan la magnitud de su intervención. La fundación participó en la limpieza y remoción de cientos de toneladas de escombros, acumulando más de 21 mil 450 horas dedicadas a estas tareas. Además, aplicó 40 toneladas de cal en espacios públicos para labores de sanitización y fumigó más de 30 mil hectáreas para reducir riesgos sanitarios asociados con dengue y fauna nociva.
La acción de la organización no se limitó a la fase de emergencia. La Fundación Carlos Slim también impulsó la rehabilitación educativa y habitacional mediante la reconstrucción de 55 escuelas, la terminación de 20 viviendas nuevas, seis rehabilitaciones concluidas y decenas de obras adicionales en proceso, consolidando así un modelo de intervención de largo plazo.
3. Fundación BBVA
Fundación BBVA ha desarrollado un esquema de ayuda humanitaria basado en la preparación anticipada y la coordinación institucional. En alianza con la Secretaría de la Defensa Nacional y Fundación Televisa, mantiene inventarios de despensas disponibles para responder de forma inmediata cuando se activa el Plan DN-III (Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre) o alguna otra declaratoria de emergencia.
La fortaleza de este modelo radica en que combina suministro alimentario, logística militar y capacidad financiera. Las despensas diseñadas por la fundación están pensadas para alimentar de forma balanceada a familias de cuatro integrantes durante cinco días, mientras que la SEDENA asegura el resguardo y distribución.
Durante 2024, Fundación BBVA realizó entregas relevantes tras el huracán John y el huracán Nadine. Tan sólo en Guerrero distribuyó 3 mil despensas, mientras que para Oaxaca entregó mil 200 despensas y mil kits de higiene.
El impacto acumulado al final de este año alcanzó 32 mil 800 beneficiarios directos, 7 mil 200 despensas entregadas y más de 43 toneladas de alimentos distribuidas, acompañadas por una inversión superior a 2.9 millones de pesos. Estas cifras la posicionan como un actor de alta capacidad operativa en emergencias.
La ayuda a las comunidades más afectadas por #Otis sigue. En conjunto con Fundación Televisa y la Secretaría de la Defensa Nacional, hemos apoyado a 52 mil habitantes en Guerrero con 11,200 despensas, 2,000 kits de higiene, un total de 67.2 toneladas de alimentos. pic.twitter.com/fcENlsMUfd
Fundación Coppel entiende que la atención oportuna puede modificar el destino de comunidades enteras. Su estrategia parte de una premisa clara: los desastres naturales amplían desigualdades preexistentes y pueden convertirse en obstáculos permanentes para la movilidad social cuando la ayuda no llega a tiempo.
Por ello, la organización trabaja bajo un modelo de respuesta rápida que busca mitigar daños y acompañar a las regiones afectadas desde las primeras etapas de la emergencia. Su operación se apoya en alianzas con organizaciones especializadas que permiten identificar fenómenos, localizar comunidades vulnerables y canalizar asistencia.
El alcance logrado es significativo, pues Fundación Coppel ha apoyado a más de 60 mil personas afectadas por distintas contingencias, desde huracanes hasta inundaciones y terremotos. No obstante, más allá del volumen de ayuda, destaca su capacidad para estructurar procesos que abarcan desde la identificación del riesgo hasta la intervención directa, fortaleciendo así la resiliencia de las comunidades más vulnerables.
5. Fundación Walmart
Fundación Walmart opera mediante el pilar Apoyo en Situaciones Emergentes, un esquema diseñado para canalizar ayuda inmediata y organizada cuando ocurre una contingencia.
La organización aprovecha la experiencia logística de Walmart y su Centro de Continuidad de Operaciones, que funciona las 24 horas del día durante todo el año. Este sistema permite identificar, clasificar y responder rápidamente ante emergencias que afectan tanto operaciones comerciales como comunidades.
Su capacidad diferencial radica en los recursos que puede movilizar en campo: generadores portátiles, combustible, camiones y personal operativo preparado para responder a crisis.
Gracias a esa infraestructura, Fundación Walmart ha logrado consolidarse como un actor de respuesta temprana, particularmente valioso cuando el acceso a suministros básicos resulta limitado o las cadenas tradicionales de distribución se encuentran interrumpidas.
6. Fundación Grupo México
Mediante su eje de Apoyo en Contingencias, Fundación Grupo México ha desarrollado acciones dirigidas a responder con rapidez y eficacia ante emergencias y crisis de diversa naturaleza.
La fundación destacó particularmente por su participación durante los sismos de 2017 en Oaxaca y Ciudad de México, así como por las acciones desplegadas durante la contingencia sanitaria por COVID-19. Estas intervenciones muestran que su visión de emergencia contempla tanto fenómenos naturales como crisis de alcance social y sanitario.
La organización sostiene que mejorar la calidad de vida de los mexicanos implica estar presente cuando las comunidades atraviesan situaciones de riesgo extremo. Su disposición para actuar de manera inmediata convierte a Fundación Grupo México en un aliado importante dentro del entramado empresarial que fortalece la respuesta humanitaria nacional.
7. Fundación Chedraui
Fundación Chedraui cuenta con una trayectoria histórica en atención a personas afectadas por desastres naturales. Su intervención suele combinar apoyo económico y entrega de artículos esenciales como alimentos, medicamentos, productos de higiene y limpieza.
La organización también ha participado en acciones de reparación y reconstrucción de viviendas, incluyendo mobiliario y artículos para el hogar, reconociendo que la recuperación no termina cuando cesa la emergencia inmediata.
Uno de sus casos más representativos ocurrió tras el huracán Grace en 2021. Ante las severas inundaciones registradas en Veracruz, principalmente en Poza Rica y Xalapa, la fundación destinó más de 3 millones de pesos para apoyar a 14 mil 462 damnificados.
Este tipo de intervenciones evidencian cómo el sector empresarial puede responder con rapidez y alcance territorial cuando la magnitud del desastre rebasa las capacidades ordinarias de atención.
Las familias afectadas por el huracán Otis en Acapulco aún nos necesitan 👊. Por ello, las acciones de Fundación Chedraui no se detienen. pic.twitter.com/1m6P6Aw9Je
Los desastres naturales seguirán siendo una realidad imposible de evitar por completo, pero la manera en que las sociedades responden a ellos puede transformar profundamente sus consecuencias. En México, las fundaciones empresariales han demostrado que la ayuda organizada, profesional y estratégica puede salvar vidas, acelerar procesos de recuperación y devolver estabilidad a miles de familias.
En ese panorama, organizaciones como Fundación Carlos Slim o Fundación Gigante destacan por la profundidad y continuidad de sus intervenciones. Mientras unas aportan infraestructura, salud y reconstrucción masiva, otras fortalecen la recuperación comunitaria mediante vivienda, escuelas y acompañamiento directo. Su labor confirma que, en los momentos de mayor necesidad, la solidaridad respaldada por capacidad operativa se convierte en una de las fuerzas más poderosas para reconstruir esperanza y futuro.
Entre los diagnósticos que más trastocan la vida de niñas y niños mexicanos se encuentran la discapacidad, el cáncer y el autismo, pues, además de los retos médicos y emocionales que implican, muchas veces también representan dificultades económicas, sociales y de acceso a servicios básicos como la alimentación, la educación o la atención especializada. Es por ello que el apoyo a infancias con discapacidad y otros padecimientos complejos resulta indispensable para construir entornos más dignos e incluyentes.
Consciente de esta realidad y en línea con su misión de apoyar a los grupos más vulnerables del país mediante acciones que contribuyan a mejorar su acceso a la alimentación, la salud y la educación,Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, a través de su brazo solidario, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), se unió aFundación Teletón para celebrar el Día del Niño (30 de abril) junto a menores con discapacidad, cáncer y autismo atendidos en el Centro de Rehabilitación Teletón Ciudad de México.
La alianza permitió crear una jornada llena de alegría, convivencia y acompañamiento para decenas de familias que diariamente enfrentan desafíos físicos, emocionales y económicos y, más allá del festejo, la iniciativa se convirtió en una muestra de cómo la colaboración entre empresas y organizaciones sociales puede generar espacios de inclusión y bienestar para quienes más lo necesitan.
Corporativo Kosmos brinda apoyo a infancias con discapacidad mediante alimentación y acompañamiento
Como parte de esta celebración, la Fundación Pablo Landsmanas realizó la donación de 300 box lunch para niñas y niños atendidos por Teletón y sus familias, con el objetivo de contribuir a que pudieran disfrutar de una alimentación nutritiva durante el evento. La iniciativa buscó demostrar que la comida también puede convertirse en una experiencia de cuidado, cercanía y bienestar para las infancias.
Para la FPL, este tipo de acciones forman parte de su compromiso con impulsar una alimentación digna y saludable para sectores vulnerables. Dafna Puszkar, directora de la Fundación, destacó que decidieron sumarse a la celebración porque los menores con este tipo de diagnósticos “necesitan una alimentación sana y decidimos apoyar este día con alimentos sanos y saludables”.
Además, el impacto de este apoyo alimentario resulta especialmente significativo si se considera que muchas de las familias atendidas por Teletón enfrentan dificultades económicas que incluso les impiden cubrir gastos básicos. Edna Ortiz, procuradora de fondos de Teletón, explicó con claridad cómo un donativo de este tipo puede hacer una diferencia real en la vida cotidiana de las personas beneficiadas:
“Familias que a veces ni siquiera tienen para desayunar, ni tienen para comer, entonces el hecho de que nosotros les podamos brindar un alimento gracias a su ayuda, hace toda la diferencia”.
La especialista también señaló que este tipo de alianzas ayudan a aliviar, aunque sea por un momento, la carga emocional y económica que enfrentan diariamente las familias cuidadoras. “Tener aliados que se quieran sumar para consentir a nuestros niños, para sacarles una sonrisa y alivianar un poco el día a día que llevan, la verdad es un regalazo”, afirmó.
En ese sentido, para Teletón contar con aliados como la Fundación Pablo Landsmanas resulta fundamental para ampliar el alcance de sus acciones y generar un mayor impacto social. Dafna subrayó que trabajar de la mano con organizaciones con una trayectoria como la de Teletón fortalece el compromiso social de Corporativo Kosmos y permite atender de manera más integral las necesidades de estas poblaciones y destacó cómo “sumando esfuerzos somos más fuertes”.
Un espacio seguro de inclusión y bienestar para las familias
Además del apoyo alimentario, la alianza entre la Fundación Pablo Landsmanas y Teletón permitió crear un espacio donde niñas, niños y cuidadores pudieron disfrutar de una jornada de convivencia, juego y esparcimiento en un entorno seguro y accesible, ya que para muchas familias que viven con discapacidad, cáncer o autismo, acceder a este tipo de actividades recreativas suele resultar complicado debido a los gastos médicos, de transporte o cuidados especializados que enfrentan diariamente.
Por ello, este tipo de iniciativas no solo generan momentos de alegría, sino también espacios donde las familias pueden sentirse acompañadas, escuchadas y libres de prejuicios. Marifer Hernández, promotora de obras generadoras de Teletón, destacó que el acompañamiento humano es tan importante como cualquier apoyo material pues “lo primero es que sientan que no están solos y ya después todo lo material que podamos darles”, expresó.
La celebración también permitió reforzar mensajes de inclusión y sensibilización entre los asistentes y voluntarios. Para Edna Ortiz, este tipo de actividades ayudan a construir una sociedad más abierta y empática hacia las personas con discapacidad y otros diagnósticos complejos. “La meta es generar que México se vuelva más inclusivo”, afirmó, al explicar que estas alianzas ayudan a que las infancias puedan convivir en espacios públicos sin ser excluidas o discriminadas.
Esta perspectiva evidencia cómo el apoyo a infancias con discapacidad cobra aún más relevancia cuando se entiende que muchas veces las barreras sociales pesan tanto como las económicas. Por ello, acciones como esta buscan no solo atender necesidades inmediatas, sino también contribuir a construir comunidades más sensibles e incluyentes.
Asimismo, la colaboración entre ambas organizaciones permitió recordar que la alimentación es un derecho fundamental para el desarrollo infantil. Desde la Fundación Pablo Landsmanas señalaron que garantizar comida nutritiva para niñas y niños vulnerables representa una responsabilidad social prioritaria y una forma concreta de generar bienestar a largo plazo.
Una alianza que alimenta sonrisas
La colaboración entre Corporativo Kosmos y Teletón demuestra que las alianzas entre empresas y organizaciones sociales pueden convertirse en motores reales de cambio para las poblaciones más vulnerables. Más allá de la donación de alimentos, la iniciativa permitió brindar acompañamiento, inclusión y momentos de felicidad a familias que diariamente enfrentan retos complejos relacionados con la salud y la economía.
A través de acciones como esta, Corporativo Kosmos reafirma su compromiso con el apoyo a infancias con discapacidad, cáncer y autismo, impulsando iniciativas que colocan el bienestar humano en el centro. En un país donde miles de familias aún enfrentan carencias alimentarias y barreras de inclusión, sumar esfuerzos para generar espacios dignos, seguros y llenos de empatía puede marcar una diferencia profunda en la vida de quienes más lo necesitan.