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Ya son 1093 empresas grandes comprometidas con la responsabilidad social empresarial

Cemefi entregará el Distintivo ESR a 1093 empresas grandes durante la décimo novena edición del Encuentro Latinoamericano Empresas Socialmente Responsables, que se realizará el 19 de mayo en el WTC de la ciudad de México.

Con poco más de 400 empresas, el sector económico de Servicios es el más representativo dentro de las empresas de la convocatoria de empresas grandes 2026. El segundo sector con más empresas es la industria manufacturera, con más de 320 compañías; lo cual es relevante pues este sector suele generar un impacto ambiental considerable debido a su consumo de recursos y su generación de residuos, lo que implica una mayor responsabilidad social en términos de sustentabilidad, eficiencia energética y gestión de desechos.

El proceso para obtener el Distintivo ESR les permite a las empresas evaluar el nivel de desarrollo de sus programas de responsabilidad social de manera objetiva, su desempeño en áreas clave como medio ambiente, contexto global, gobernanza y responsabilidad social. Esto ayuda a identificar fortalezas y áreas de mejora, y facilita la toma de decisiones informadas para implementar políticas y acciones concretas.

En esta convocatoria, el indicador con mayor desarrollo es el de Impacto de emisiones (perteneciente al criterio ambiental). Este rubro consolidó un nivel de desarrollo de 2.93, un crecimiento promedio anual de 8.8% en las últimas dos convocatorias.

Y en la distribución por estado, Nuevo León está a la cabeza, con 110 empresas; seguido de Jalisco, con 97 y el Estado de México, con 89 empresas grandes. Les siguen Chihuahua, con 42 y Guanajuato, con 38.

Cada vez son más empresas que se comprometen con la responsabilidad social. Este año son 102 compañías que recibirán la acreditación por primera vez y suman 52 aquellas que la han obtenido por 21 o hasta por 26 años consecutivos.

“Vivimos tiempos de enormes contrastes. Tenemos avances tecnológicos extraordinarios  y una gran capacidad de generar riqueza. Pero también enfrentamos pobreza,  desigualdad, deterioro ambiental  y desconfianza social. Y frente a ello, la pregunta ya no es si las empresas deben involucrarse, o no. La pregunta es cómo ampliar y acelerar  su contribución  al desarrollo sostenible”; afirma Javier de la Calle Pardo, Presidente del Consejo Directivo de Cemefi.

“En Cemefi estamos impulsando una cultura empresarial cada vez más responsable a través del Distintivo ESR, de tal modo que los indicadores relacionados con derechos humanos y la aplicación ética de la inteligencia artificial en los negocios cobrarán más relevancia en la evaluación 2027- 2030”, señala Evodio Sánchez Rodríguez.

El Encuentro Latinoamericano de Empresas Socialmente Responsables 2026 tiene por tema Negocios Sostenibles: entienden, atienden y transforman. El evento será inaugurado por Alicia Bárcena Ibarra, Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México; Zoé Robledo Aburto, Director General del Instituto Mexicano del Seguro Social; Mario López Roldán, Representante de la OCDE en México; y Ana María Aguilar Argáez, Directora Ejecutiva del Consejo Mexicano de Negocios.

El programa del Encuentro incluye paneles y conversatorios, como:

  • El liderazgo empresarial frente a los retos del desarrollo sostenibleLey de economía circular: ¿reír, llorar o prepararse?
  • Programas sociales del IMSS en beneficio de trabajadores y sus familias.
  • Tecnologías críticas, emergentes y estratégicas para la transformación 2025–2035
  • Cuando la inversión social suma al modelo de negocio.

Ver programa completo aquí.

La filantropía cambió: ya no se trata solo de generosidad

Por Edgar López

TIME publicó su especial “TIME100 Philanthropy” y creo que, más allá de los nombres que aparecen en la lista, lo verdaderamente interesante es lo que revela sobre cómo está cambiando la filantropía.

La portada no habla de “las personas más generosas del mundo”. Habla de “las personas más influyentes moldeando el futuro de dar”.
Creo que esa diferencia nos revela la manera en que está cambiando la filantropía contemporánea. Porque el concepto central ya no es bondad. Es incidencia.

La filantropía contemporánea parece estar dejando atrás la lógica tradicional de la caridad para convertirse en otra cosa: una herramienta de reputación, posicionamiento y construcción de legitimidad pública.

Antes las empresas competían por mercado, los gobiernos por territorio y los medios por audiencia. Hoy también vemos a fundaciones, empresarios, celebridades e incluso influencers disputando relevancia social y capacidad de marcar conversaciones públicas.

Incluso la estructura del especial lo deja ver. Las categorías —Titans, Leaders, Trailblazers, Innovators— se parecen más a un ranking de liderazgo empresarial o a un ecosistema startup que a un listado clásico de beneficencia. La filantropía moderna ya no solo quiere ayudar; quiere escalar, posicionarse, construir narrativa y demostrar capacidad de transformación.

Y eso conecta muchísimo con ESG, reputación y propósito.
Porque actualmente el éxito económico, por sí solo, ya no parece suficiente para construir legitimidad pública. Las grandes figuras económicas y culturales necesitan también una narrativa social visible. Necesitan demostrar impacto, propósito e incidencia.

Quizás por eso este tipo de listas resultan tan interesantes. Porque ya no solo reconocen riqueza, fama o poder político. También empiezan a validar capacidad de incidencia social.

Pero también creo que este tipo de listas abren preguntas interesantes. Porque cuando la capacidad de “hacer el bien” también otorga estatus, legitimidad y capacidad de influencia pública, la filantropía deja de ser únicamente altruismo y empieza a convertirse también en una forma de poder cultural.

Porque, consciente o no, TIME no solo está celebrando a quienes dan.
También está ayudando a definir quiénes tienen autoridad para influir en la conversación social contemporánea.

Y honestamente, creo que eso dice mucho más sobre nuestro tiempo que sobre la filantropía misma.

🔗 https://lnkd.in/gajYX_3f

Artículo de Sam Jacobs de TIME
Con colaboración de Harry BoothNikita OstrovskyTharin Pillay


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Del residuo a la energía positiva: las Eco Jornadas LTH promueven la cultura del cuidado del medio ambiente en México

En un contexto donde la generación de residuos sigue en aumento, el reciclaje se ha consolidado como una de las herramientas más efectivas para avanzar hacia modelos de economía circular. En México, se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día, de los cuales solo alrededor del 9% se recicla, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Este panorama refleja la necesidad de fortalecer la cultura ambiental y promover prácticas responsables desde la vida cotidiana.

Más allá de la infraestructura, el reto es cultural. Impulsar hábitos de reciclaje, fomentar la separación adecuada de residuos y acercar información clara a la población son factores clave para reducir el impacto ambiental y aprovechar materiales que aún tienen valor dentro de nuevos ciclos productivos.

En este escenario, las Eco Jornadas LTH se posicionan como una iniciativa que busca transformar la relación de las personas con su entorno, promoviendo la educación ambiental y la participación activa a través de experiencias cercanas, didácticas y accesibles para toda la familia.

A la fecha, el programa ha tenido presencia en parques, escuelas y espacios públicos en distintas regiones del país, incluyendo Chihuahua, Guanajuato, Celaya, Monterrey y Aguascalientes, beneficiando a más de 120 mil personas en lo que va del año en México y otros países de Latinoamérica como Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana. Estas acciones han sido posibles gracias al trabajo conjunto con organizaciones como PRESERVAMB, Fundación La Planta, Fundación Ozama Verde (en Rep. Dominicana) y el Centro Costarricense de Logoterapia.

El programa está diseñado para sensibilizar a niñas, niños, jóvenes y adultos sobre la importancia del cuidado del medio ambiente, mostrando cómo, a través de acciones concretas como el cuidado de las plantas o el reciclaje, es posible contribuir a la mejora del medio ambiente. A través de dinámicas interactivas, contenidos educativos y actividades lúdicas, las Eco Jornadas convierten conceptos ambientales en experiencias tangibles que facilitan la comprensión y fomentan la adopción de nuevos hábitos. 

Su participación en eventos de alto alcance como Cumbre Tajín, donde se impactó a más de 5 mil asistentes, así como su primera participación en la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes, ha permitido amplificar este mensaje y acercar la educación ambiental a miles de personas en algunos de los encuentros culturales más relevantes del país.

Desde esta perspectiva, acciones como el cuidado de las plantas y el reciclaje dejan de ser acciones aisladas para convertirse en un proceso integral que involucra conciencia, corresponsabilidad y participación social. Cada residuo correctamente gestionado representa una oportunidad para incorporar materiales a la cadena productiva, reducir la presión sobre los recursos naturales y avanzar hacia un modelo más sostenible. Cada planta bien cuidada representa una contribución directa al equilibrio ambiental, a la regeneración de los espacios naturales y al fortalecimiento de entornos más saludables para las comunidades

En México, aún existen desafíos importantes en materia de gestión ambiental, frente a este panorama, iniciativas como Eco Jornadas LTH contribuyen a cerrar la brecha entre la conciencia y la acción, generando espacios donde la sostenibilidad se vive de manera práctica. Al acercar la educación ambiental con temas como el reciclaje a las personas y promover una cultura de responsabilidad compartida, el programa impulsa un cambio de mentalidad que resulta clave para enfrentar los desafíos ambientales actuales.

Transformar residuos en valor no es sólo una posibilidad técnica, sino una decisión colectiva. En esa transición, la información, la educación y la participación social son los motores que permiten avanzar hacia un futuro donde el cuidado del entorno forme parte de la vida diaria. El alcance regional de las Eco Jornadas LTH refleja cómo la educación ambiental puede convertirse en un motor de transformación social cuando se impulsa desde la colaboración y la participación comunitaria.

Empresas sin créditos de carbono: la omisión que debería preocuparnos

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Durante los últimos años, el discurso empresarial sobre sostenibilidad ha ganado fuerza como nunca antes. Cada vez más compañías anuncian metas de reducción de emisiones, compromisos de neutralidad climática y planes de transición alineados con la ciencia. A simple vista, pareciera que el sector privado finalmente está acelerando su respuesta frente al cambio climático. Sin embargo, detrás de esta narrativa optimista existe una contradicción silenciosa que merece más atención.

Mientras miles de organizaciones formalizan objetivos de cero emisiones netas, muchas siguen evitando involucrarse en mecanismos de financiamiento climático como los créditos de carbono. El resultado es una brecha creciente entre lo que las empresas prometen y aquello que realmente financian para acelerar la mitigación del calentamiento global. Hablar de empresas sin créditos de carbono ya no es una discusión marginal, sino una conversación necesaria sobre coherencia y responsabilidad climática.

De hecho, entre finales de 2023 y mediados de 2025, el número de empresas con objetivos científicos a corto plazo y de neutralidad climática aumentó 227%, impulsado por nuevas regulaciones de divulgación en Europa, mayores exigencias de inversionistas en Asia y los acuerdos derivados de la COP28. Más de 10 mil compañías cuentan hoy con metas validadas por Science-Based Targets, representando más del 40% de la capitalización bursátil global. Aunque el avance es evidente, también abre una pregunta incómoda: ¿qué ocurre después de fijar metas?

Empresas sin créditos de carbono: una brecha que pocos quieren discutir

De acuerdo con Trellis, en paralelo al auge de compromisos climáticos, el mercado voluntario de carbono ha mostrado señales opuestas. Durante 2025, las cancelaciones de créditos de carbono disminuyeron 7%, alcanzando 157 millones de toneladas métricas. Es decir, mientras la ambición climática corporativa aumenta, las herramientas diseñadas para financiar acciones concretas fuera de la cadena de valor se están utilizando menos.

Esto refleja una realidad incómoda: muchas compañías continúan viendo los créditos de carbono como un riesgo reputacional y no como un mecanismo de corresponsabilidad ambiental. El temor a críticas públicas, acusaciones de greenwashing o cuestionamientos sobre la calidad de los proyectos ha provocado que numerosas organizaciones adopten una postura de distancia. Así, el fenómeno de las empresas sin créditos de carbono comienza a convertirse en una omisión estructural más que en una simple decisión estratégica.

El problema es que la inacción también comunica. Una empresa que promete metas ambiciosas, pero no participa en mecanismos de financiamiento climático adicionales, deja abierta la interrogante sobre cómo planea contribuir más allá de sus operaciones inmediatas.

La transición climática no ocurre únicamente dentro de las paredes corporativas; requiere inversiones externas que aceleren cambios sistémicos.

El doble rasero del debate climático

Durante los últimos tres años, el escrutinio se ha concentrado principalmente en las empresas que sí compran créditos de carbono. Analistas, medios e inversionistas cuestionan constantemente la calidad de los créditos, las motivaciones detrás de las compras y la transparencia en la comunicación corporativa. Este nivel de vigilancia ha impulsado mejoras necesarias dentro del mercado, pero también ha creado un desequilibrio importante.

Curiosamente, las compañías que no participan en este tipo de mecanismos reciben mucha menos presión pública. Pocas veces se cuestiona si cuentan con una estrategia de mitigación más allá de su cadena de valor o si sus compromisos climáticos realmente están respaldados por financiamiento concreto. Este doble estándar ha terminado por normalizar la existencia de empresas sin créditos de carbono, aun cuando sus objetivos climáticos puedan quedarse cortos frente a la magnitud del desafío.

Los datos contradicen además uno de los argumentos más frecuentes: que comprar créditos es una forma de evitar la descarbonización interna. Investigaciones de Ecosystem Marketplace muestran que las empresas compradoras tienen casi el doble de probabilidades de reducir progresivamente sus propias emisiones y triplican las inversiones destinadas a descarbonizar su cadena de suministro. Por su parte, datos de Trove Research, ahora parte de MSCI, indican que las empresas que usan grandes volúmenes de créditos avanzan aproximadamente al doble de velocidad en sus procesos de reducción de emisiones.

Empresas sin créditos de carbono y el miedo reputacional

Parte del rechazo empresarial proviene de una percepción anclada en debates del pasado. Hace apenas unos años, el mercado de carbono enfrentaba cuestionamientos relevantes sobre integridad, calidad y trazabilidad. Muchos proyectos fueron criticados por no demostrar reducciones reales o permanentes, generando una crisis de confianza.

Sin embargo, el ecosistema ha evolucionado considerablemente. Hoy existen estándares independientes de calidad más rigurosos, metodologías verificadas y organismos especializados que evalúan con mayor precisión la integridad de los créditos. A finales de 2025, el Consejo de Integridad del Mercado Voluntario del Carbono había aprobado decenas de metodologías y rechazado aquellas que no cumplían con criterios estrictos.

Aun así, varias compañías siguen utilizando argumentos de 2023 para justificar su desvinculación total. La consecuencia es preocupante: la cautela termina convirtiéndose en inmovilidad. Y en un contexto donde el tiempo es un recurso escaso para enfrentar la crisis climática, quedarse quietos puede representar un riesgo mayor que actuar.

El problema del silencio corporativo

Existe otra consecuencia menos visible, pero igual de importante: muchas empresas que sí adquieren créditos han decidido hacerlo de forma anónima. Según análisis recientes de Carbon Direct, más del 55% de las bajas en el mercado spot durante los últimos años ocurrieron sin revelar públicamente la identidad del comprador.

La lógica parece comprensible. Ante un entorno de críticas permanentes, el anonimato se percibe como un mecanismo de protección reputacional. Pero este silencio tiene costos colectivos. Si nadie comunica sus esfuerzos, se debilita la percepción de legitimidad del mercado y se limita la posibilidad de generar señales claras de demanda para nuevos proyectos climáticos.

Además, esta opacidad alimenta narrativas escépticas. Cuando las empresas esconden su participación, pareciera que ninguna organización seria está dispuesta a respaldar públicamente los créditos de carbono. Poco a poco, esa percepción puede convertirse en una barrera para acelerar inversiones climáticas de alto impacto.

Del miedo al compromiso estratégico

La conversación no debería reducirse a una decisión binaria sobre comprar o no comprar créditos. El verdadero reto consiste en diseñar una estrategia climática integral, donde la reducción interna de emisiones conviva con mecanismos de financiamiento complementarios.

La evidencia científica apunta hacia modelos diversificados. Las soluciones basadas en la naturaleza, como restauración de ecosistemas o conservación forestal, permiten reducciones a gran escala y generan beneficios adicionales para biodiversidad, agua y comunidades. Por otro lado, tecnologías de eliminación de carbono ofrecen mayor permanencia, aunque siguen siendo costosas y se encuentran en etapas tempranas de desarrollo.

Para las empresas, esto implica pensar los créditos de carbono como una inversión estratégica y no como un gasto reputacional. Un enfoque sólido debe considerar estándares independientes de calidad, equilibrio entre distintos tipos de soluciones y una comunicación transparente sobre avances, límites y aprendizajes.

El costo de quedarse atrás

Las compañías que permanecen inmóviles podrían estar interpretando erróneamente la prudencia como una ventaja competitiva. En realidad, el riesgo es otro: quedar rezagadas frente a organizaciones que ya están construyendo portafolios climáticos más robustos y alineados con la evolución regulatoria.

El mercado del carbono dista de ser perfecto, pero ha avanzado significativamente en transparencia, gobernanza y supervisión. Las herramientas para actuar con mayor integridad existen y continúan fortaleciéndose. En ese contexto, mantener distancia absoluta parece responder más a supuestos desactualizados que a un análisis contemporáneo del riesgo.

La transición climática exige mucho más que metas aspiracionales. Requiere financiamiento, mecanismos verificables y decisiones capaces de generar resultados medibles más allá de las fronteras operativas de una empresa. El crecimiento de las empresas sin créditos de carbono revela una tensión entre ambición y acción que ya no puede ignorarse.

Quizá la pregunta ya no sea si los créditos de carbono son perfectos, porque ningún instrumento de mercado lo es. La verdadera conversación debería centrarse en si las organizaciones están haciendo todo lo posible para contribuir a una economía baja en emisiones. Porque, frente a la urgencia climática, la omisión también tiene consecuencias.

Presionan a la OMS para reconocer la crisis climática como emergencia sanitaria mundial

Durante años, la crisis climática fue abordada principalmente desde una perspectiva ambiental, económica o energética. Sin embargo, las olas de calor extremas, la propagación de enfermedades infecciosas y el deterioro de la calidad del aire han comenzado a evidenciar una realidad difícil de ignorar: el cambio climático también es una amenaza directa para la salud humana. Hoy, expertos internacionales piden a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que lo reconozca formalmente como una emergencia sanitaria mundial.

La solicitud no surge de un impulso alarmista, sino de evidencia científica acumulada y de una creciente preocupación por los impactos que ya están ocurriendo. La comisión paneuropea independiente sobre clima y salud, convocada por la OMS, advierte que si no se actúa con rapidez, millones de personas podrían morir innecesariamente debido a fenómenos climáticos extremos, enfermedades emergentes, inseguridad alimentaria y sistemas sanitarios incapaces de adaptarse a un entorno cambiante.

¿Por qué expertos exigen declarar una emergencia sanitaria mundial?

De acuerdo con The Guardian, la petición tiene fundamentos claros. La comisión independiente, integrada por exministros de salud, especialistas climáticos y científicos internacionales, concluyó que el calentamiento global representa una amenaza tan severa que la OMS debería declararlo una “emergencia de salud pública de interés internacional” (PHEIC, por sus siglas en inglés), el nivel más alto de alerta sanitaria global.

Este mecanismo ya ha sido utilizado frente a crisis como la COVID-19, el mpox o epidemias infecciosas con riesgo transfronterizo. Aunque declarar una emergencia sanitaria mundial no resolvería automáticamente el cambio climático, sí podría activar mecanismos de cooperación internacional, financiamiento y respuestas coordinadas que hoy avanzan con lentitud frente a una amenaza de escala planetaria.

Katrín Jakobsdóttir, expresidenta de Islandia y presidenta de la comisión, ha sido enfática: la crisis climática quizá no sea una pandemia, pero continúa siendo una emergencia de salud pública que pone en riesgo la supervivencia humana. Para ella, la diferencia entre actuar ahora o retrasar decisiones podría traducirse en millones de vidas afectadas.

emergencia sanitaria mundial

Del dengue a las olas de calor: así impacta el clima en la salud

Las consecuencias sanitarias del cambio climático ya son visibles. El incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como dengue y chikungunya, muestra cómo el aumento de temperaturas permite que mosquitos transmisores lleguen a regiones donde antes no sobrevivían.

A ello se suman los impactos de olas de calor prolongadas, inundaciones, incendios forestales y contaminación atmosférica. Sir Andrew Haines, asesor científico principal de la comisión, advierte que mantener los niveles actuales de emisiones aumentará el número de muertes relacionadas con calor extremo, enfermedades infecciosas y complicaciones respiratorias derivadas de la mala calidad del aire.

Además, el informe advierte sobre riesgos menos visibles pero igualmente preocupantes: nacimientos prematuros, desnutrición asociada con la inseguridad alimentaria y afectaciones psicológicas derivadas de eventos climáticos extremos. La crisis climática no solo enferma cuerpos; también deteriora la estabilidad emocional y social.

Subsidios fósiles: una contradicción que agrava la crisis

Uno de los puntos más duros del informe apunta hacia los subsidios a los combustibles fósiles. Según los expertos, Europa destina aproximadamente 444 mil millones de euros anuales a apoyar la producción de petróleo y gas, industrias directamente relacionadas con cientos de miles de muertes prematuras cada año.

En al menos 12 países europeos, estos subsidios superan el 10% del gasto nacional en salud, mientras que en cuatro naciones incluso rebasan el presupuesto sanitario completo. Para Jakobsdóttir, esta situación refleja una contradicción profunda: los gobiernos financian actividades que terminan saturando hospitales y debilitando la salud pública.

La advertencia es contundente. En un contexto de tensiones geopolíticas y aumento de precios energéticos, regresar a estrategias centradas en combustibles fósiles podría tener consecuencias sanitarias devastadoras, especialmente para comunidades vulnerables.

Combatir la desinformación: el reto para impulsar una emergencia sanitaria mundial

La conversación climática también enfrenta una barrera social importante: la desinformación. De acuerdo con la comisión, parte del escepticismo persiste porque muchas personas aún perciben la crisis climática como un problema lejano o futuro, desconectado de su vida cotidiana.

Sin embargo, los especialistas sostienen que el fenómeno ya está ocurriendo en tiempo real. El cambio climático reduce la esperanza de vida, incrementa hospitalizaciones y genera ansiedad, estrés y otros trastornos relacionados con la incertidumbre ambiental. Reconocerlo como una emergencia sanitaria mundial permitiría también fortalecer campañas de comunicación basadas en evidencia científica y prevención.

Jakobsdóttir plantea una idea poderosa: cuando el argumento climático y el argumento de salud se convierten en uno solo, resulta mucho más difícil oponerse a políticas sostenibles.

Aire limpio, transporte activo, viviendas eficientes y alimentación sostenible no solo reducen emisiones; también mejoran la calidad de vida inmediata.

Sistemas de salud vulnerables ante un planeta más extremo

El informe también subraya una realidad poco discutida: los sistemas de salud no están preparados para enfrentar el cambio climático. Muchos hospitales fueron construidos antes de que existieran temperaturas extremas tan frecuentes o lluvias torrenciales capaces de colapsar infraestructura crítica.

Expertos como Andrew Haines consideran indispensable evaluar la ubicación de hospitales, especialmente aquellos situados en zonas inundables o con poca eficiencia energética. Incluso países templados como Reino Unido han comenzado a registrar dificultades para mantener condiciones seguras dentro de centros hospitalarios durante olas de calor.

La adaptación no es opcional. Los sistemas sanitarios deberán evolucionar para responder a nuevas amenazas epidemiológicas, climáticas y sociales si quieren seguir protegiendo a las poblaciones en las próximas décadas.

El propio sector salud también debe transformarse

Paradójicamente, el sector salud también forma parte del problema. El informe señala que representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra que obliga a repensar la forma en que operan hospitales, clínicas y cadenas de suministro médico.

La resiliencia sanitaria pasa por edificios energéticamente eficientes, infraestructura sostenible y mejores sistemas de abastecimiento. De lo contrario, la atención médica podría verse comprometida justamente cuando más se necesite.

Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, sostiene que actuar frente al cambio climático ya no es únicamente un asunto ambiental. También es una decisión económica, de seguridad y de salud pública que definirá la calidad de vida de las próximas generaciones.

La presión sobre la OMS para declarar la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial refleja un cambio profundo en la manera de entender el calentamiento global. Ya no se trata solo de proteger ecosistemas o reducir emisiones: el foco está puesto en preservar vidas humanas frente a amenazas que ya están ocurriendo.

Mientras aumentan las enfermedades infecciosas, las muertes por calor extremo y la fragilidad de los sistemas sanitarios, el debate deja una pregunta abierta: ¿cuánto tiempo puede seguir tratándose la crisis climática como un problema del mañana, cuando sus consecuencias ya están saturando hospitales y alterando la salud de millones de personas hoy?

¿IA para la humanidad o intereses comerciales?Altman derrota a Musk en tribunales

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La inteligencia artificial ha dejado de ser una conversación exclusiva de laboratorios tecnológicos para convertirse en uno de los debates éticos, económicos y sociales más relevantes de nuestra era. Mientras algunas voces defienden su potencial para resolver desafíos globales, otras alertan sobre los riesgos de que unos cuantos actores concentren demasiado poder tecnológico. En este escenario, la reciente batalla judicial entre Sam Altman y Elon Musk encendió nuevamente las alarmas sobre quién debe controlar el futuro de la IA y con qué propósito.

De acuerdo con Quartz, la disputa no solo enfrentó a dos de los empresarios más influyentes del planeta, sino que también abrió preguntas de fondo sobre gobernanza, transparencia y responsabilidad corporativa. El caso, que culminó con una victoria judicial para OpenAI y Microsoft, colocó bajo el reflector la tensión entre ideales fundacionales y expansión comercial. Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, el debate trasciende el tribunal: ¿puede una tecnología creada para beneficiar a la humanidad mantenerse fiel a esa misión cuando entran miles de millones de dólares en juego?

Sam Altman vs Elon Musk: el juicio que puso a prueba la misión de OpenAI

El conflicto legal comenzó cuando Elon Musk acusó a Sam Altman, Greg Brockman y Microsoft de traicionar la esencia con la que OpenAI fue fundada: desarrollar inteligencia artificial para el beneficio de toda la humanidad. Según Musk, la organización se desvió de sus principios originales al adoptar una estructura comercial y consolidar una poderosa alianza con Microsoft, movimiento que, desde su perspectiva, privilegió intereses financieros por encima del bien común.

Durante el juicio, Musk argumentó que sus aportaciones —estimadas en alrededor de 38 millones de dólares— fueron realizadas bajo la expectativa de apoyar un proyecto sin fines lucrativos. Entre sus solicitudes legales figuraban medidas drásticas: desde la devolución de hasta 134 mil millones de dólares hasta la destitución de Altman y Brockman, además de revertir la reestructuración organizacional de 2025.

Sam Almant vs Elon Musk

Sin embargo, el desenlace favoreció completamente a OpenAI. Tras un juicio de tres semanas, la jueza Yvonne Gonzalez Rogers respaldó la conclusión del jurado consultivo: no existía responsabilidad legal de los acusados. El elemento decisivo fue el plazo de prescripción, ya que el jurado consideró que Musk había esperado demasiado tiempo para presentar las acusaciones, imposibilitando sanciones contra los demandados.

¿Promover la IA para la humanidad o competir en el mercado?

Más allá del resultado jurídico, el caso reabrió una conversación incómoda: ¿es posible impulsar inteligencia artificial con impacto social sin adoptar modelos comerciales? La defensa de OpenAI argumentó que competir con gigantes como Google DeepMind volvió inevitable evolucionar hacia una estructura con fines de lucro para garantizar sostenibilidad, infraestructura y talento especializado.

En ese sentido, OpenAI sostuvo que Musk conocía perfectamente las presiones competitivas del sector y que, incluso, había sugerido anteriormente convertir la organización en una empresa comercial, siempre y cuando él pudiera mantener el liderazgo. Bajo esta narrativa, el litigio habría sido una reacción posterior al fracaso de Musk por dirigir la compañía.

Para quienes trabajan temas de responsabilidad social empresarial, este dilema resulta especialmente relevante. La tensión entre propósito e ingresos no es nueva: también se observa en empresas sociales, fundaciones corporativas y modelos ESG que deben equilibrar impacto y rentabilidad. La diferencia es que, en este caso, la tecnología en disputa podría redefinir el futuro económico y social global.

Sam Almant vs Elon Musk: testimonios, poder y credibilidad

Uno de los momentos más tensos del juicio fueron los testimonios directos de ambos protagonistas. Sam Altman aseguró que Musk insistía en mantener control sobre cualquier versión comercial de OpenAI y que, al cuestionarle qué sucedería con esa autoridad tras su muerte, habría respondido que el control pasaría a sus hijos.

Por otro lado, el equipo legal de Musk intentó debilitar la credibilidad de Altman recordando episodios polémicos, incluida su destitución temporal como CEO de OpenAI en 2023. Exdirectivos y miembros del consejo habían cuestionado previamente su honestidad, aunque el ejecutivo fue restituido rápidamente tras el respaldo de colaboradores e inversionistas.

El episodio refleja una realidad común en las grandes organizaciones: las decisiones de gobernanza y liderazgo pueden redefinir la percepción pública de legitimidad. En industrias emergentes, donde aún existen pocos marcos regulatorios sólidos, la confianza institucional puede ser tan importante como la innovación misma.

Microsoft, los miles de millones y el punto de ruptura

Musk aseguró que el verdadero quiebre ocurrió cuando Microsoft se preparaba para invertir 10 mil millones de dólares en OpenAI en 2023. Desde su perspectiva, aquella operación consolidó la transformación de una organización altruista hacia una empresa con ambiciones comerciales.

En el estrado, Musk declaró que le preocupaba una posible apropiación indebida de una organización creada con fines benéficos. Sin embargo, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, sostuvo ante el tribunal que Musk nunca expresó objeciones sobre los términos de inversión cuando estos se negociaban.

La discusión ilustra uno de los mayores desafíos contemporáneos en innovación responsable: la entrada de capital masivo puede acelerar soluciones de alto impacto, pero también generar dudas sobre independencia, transparencia y alineación con el propósito original.

La carrera hacia la bolsa y el futuro de la inteligencia artificial

El veredicto llega en un momento particularmente estratégico. Tanto OpenAI como el ecosistema empresarial de Musk se preparan para nuevas etapas de crecimiento financiero. Una ronda de inversión cerrada recientemente otorgó a OpenAI 122 mil millones de dólares en nuevo capital, elevando su valoración a más de 850 mil millones.

Mientras tanto, SpaceX —ya integrada con xAI— avanza hacia una posible salida a bolsa, fortaleciendo la competencia directa entre ambos empresarios en el terreno de la inteligencia artificial. Esto convierte el conflicto legal en algo más que una diferencia ideológica: también representa una disputa por liderazgo tecnológico, inversionistas y legitimidad frente al mercado.

Desde una óptica social, este contexto plantea preguntas urgentes: ¿quién supervisará el desarrollo de tecnologías tan poderosas?, ¿cómo garantizar que los beneficios lleguen a toda la sociedad?, y ¿qué mecanismos evitarán una concentración excesiva de capacidades tecnológicas?

El caso Sam Almant vs Elon Musk deja una lección importante para quienes observan el desarrollo tecnológico desde una perspectiva ética y de responsabilidad social: los grandes ideales pueden enfrentarse a enormes tensiones cuando intervienen capital, liderazgo y competencia global. Aunque OpenAI obtuvo la victoria judicial, el debate sobre su misión original permanece abierto.

A medida que la inteligencia artificial se convierte en infraestructura esencial para sectores económicos, educativos y sociales, la discusión ya no trata únicamente de quién ganó un juicio. El verdadero reto será construir modelos de innovación capaces de equilibrar competitividad con responsabilidad, asegurando que el progreso tecnológico siga orientado hacia el beneficio colectivo y no solo hacia los intereses comerciales.

¿Qué es la despolimerización y cómo podría permitir reutilizar plásticos infinitamente?

Cada semana, millones de hogares alrededor del mundo desechan envases plásticos sin imaginar el largo recorrido —o el abrupto final— que tendrán esos residuos. Aunque durante años el reciclaje se ha presentado como una de las respuestas más prometedoras ante la crisis de contaminación, la realidad es más compleja: gran parte de los plásticos nunca vuelven a convertirse en nuevos productos. En muchos casos, terminan incinerados, enterrados en vertederos o degradados en materiales de menor calidad.

Los datos son contundentes. Según la encuesta de ciencia ciudadana Big Plastic Count, un hogar promedio en Reino Unido desecha alrededor de 60 envases plásticos por semana, lo que equivale a aproximadamente 1,700 millones de piezas descartadas semanalmente en todo el país. Aunque Reino Unido es considerado uno de los países con mejor desempeño en reciclaje, solo el 17% del plástico logra reciclarse localmente, y en México se recicla menos del 10% de los residuos que se generan anualmente. Las cifras son alarmantes si tomamos en cuenta que a nivel global menos del 10% de los residuos plásticos regresan a la cadena productiva como nuevos materiales.

¿Qué es la despolimerización y por qué promete cambiar el reciclaje?

Durante décadas, el reciclaje mecánico ha sido el método dominante para reaprovechar residuos plásticos. Este proceso consiste en lavar, triturar y fundir materiales para transformarlos en nuevos productos. Sin embargo, tiene un límite importante: el plástico pierde calidad con cada ciclo. Las largas cadenas moleculares que conforman los polímeros se acortan progresivamente, debilitando el material y reduciendo sus posibilidades de reutilización.

De acuerdo con un artículo especializado de Chemistry World, aquí surge una alternativa que ha comenzado a captar la atención de investigadores, empresas y gobiernos: entender qué es la despolimerización implica hablar de una tecnología capaz de revertir el proceso de fabricación del plástico. En lugar de reciclar el material tal como está…

Esta técnica rompe las cadenas de polímeros hasta recuperar sus componentes originales, llamados monómeros, los cuales pueden volver a utilizarse para fabricar plásticos prácticamente idénticos a los vírgenes.

La relevancia de este avance va más allá de una mejora técnica. En un contexto donde la economía circular se ha convertido en una prioridad estratégica para empresas y gobiernos, la posibilidad de reciclar plásticos repetidamente sin degradar su calidad representa una oportunidad inédita para disminuir la dependencia de combustibles fósiles y reducir residuos de forma significativa.

Un sistema de reciclaje que está llegando a su límite

El reciclaje convencional ha sido útil, pero enfrenta restricciones físicas imposibles de ignorar. Por ejemplo, las botellas de PET utilizadas en bebidas suelen reciclarse alrededor de cinco veces antes de perder funcionalidad, mientras que algunos envases de polietileno de alta densidad (HDPE), como los de leche, pueden soportar hasta diez ciclos antes de degradarse.

Cuando estos materiales ya no pueden reincorporarse como envases, se convierten en productos de menor valor, como fibras textiles, macetas, alfombras o muebles de plástico. Este fenómeno, conocido como downcycling, extiende temporalmente la vida del material, pero no resuelve el problema de fondo: la mayoría termina, eventualmente, en rellenos sanitarios o incineradoras.

El reto se vuelve aún más evidente si se considera la enorme diversidad de plásticos existentes. Muchos incluyen tintes, adhesivos o mezclas de materiales que dificultan enormemente el reciclaje mecánico. Incluso objetos aparentemente simples, como empaques de alimentos o envases de colores, representan un desafío tecnológico y económico para las plantas de reciclaje actuales.

¿Qué es la despolimerización y cómo funciona en la práctica?

La lógica detrás de este proceso puede parecer compleja, pero responde a un principio relativamente sencillo: desarmar para volver a construir. Los plásticos están compuestos por largas cadenas moleculares llamadas polímeros. La despolimerización rompe esas cadenas mediante procesos químicos o catalíticos para recuperar los monómeros originales.

qué es la despolimerización

Una vez obtenidos, estos monómeros pueden purificarse y utilizarse nuevamente para fabricar plástico con propiedades prácticamente idénticas a las de un material recién producido a partir del petróleo. A diferencia del reciclaje mecánico, no existe una degradación progresiva significativa, lo que abre la posibilidad de un reciclaje potencialmente infinito.

Expertos en química de polímeros sostienen que esta característica podría cambiar completamente la forma en que entendemos los residuos. En teoría, un envase plástico podría reutilizarse una y otra vez sin perder resistencia, calidad o estabilidad térmica.

La ecuación dejaría de ser “producir–usar–desechar” para acercarse más a un sistema verdaderamente circular.

El caso del PET: el plástico más prometedor para un reciclaje infinito

Uno de los materiales que más expectativas ha despertado es el tereftalato de polietileno (PET), ampliamente utilizado en botellas, empaques alimentarios y textiles de poliéster. Aunque algunos productos de PET pueden reciclarse mecánicamente, los envases con tintes o mezclas de materiales suelen quedar fuera de este circuito.

En 2024, la empresa química Eastman inauguró en Tennessee, Estados Unidos, una planta enfocada en la despolimerización de PET difícil de reciclar. El sistema utiliza metanol para descomponer el plástico y recuperar monómeros de alta pureza que posteriormente vuelven a polimerizarse para fabricar nuevos productos, incluso empaques de alimentos.

El rendimiento de estos procesos ha sorprendido a especialistas: alrededor del 90% de los residuos plásticos introducidos pueden convertirse nuevamente en materia prima útil. No obstante, el principal obstáculo sigue siendo económico. Recolectar, separar y clasificar residuos continúa siendo costoso, lo que hace que muchos plásticos reciclados aún sean más caros que sus equivalentes vírgenes.

De la ropa deportiva al futuro circular: el reciclaje de textiles

El potencial de la despolimerización no se limita a botellas y empaques. Uno de los sectores más observados es el textil, particularmente las prendas fabricadas con nailon 6 o poliéster, materiales ampliamente utilizados en ropa deportiva, alfombras y accesorios.

La empresa química BASF inauguró en Shanghái una planta dedicada al reciclaje químico de textiles de poliamida 6, también conocida como nailon 6. Allí, residuos textiles se transforman nuevamente en caprolactama, el monómero original del material, para producir nuevas fibras con calidad equivalente a las vírgenes.

El interés empresarial ya es evidente. Grandes marcas han comenzado a explorar estos materiales reciclados en colecciones limitadas, demostrando que la circularidad puede integrarse a industrias de alto consumo. Sin embargo, el reto sigue siendo construir sistemas eficientes de recolección y clasificación para prendas usadas, uno de los grandes pendientes globales.

Los plásticos blandos: el desafío más difícil de resolver

Bolsas de supermercado, empaques de frituras, envolturas de alimentos y películas plásticas representan algunos de los residuos más difíciles de reciclar. Históricamente, estos materiales terminaban directamente incinerados o enterrados debido a su baja rentabilidad.

Investigadores de la Universidad de California, Berkeley, trabajan actualmente en procesos capaces de transformar poliolefinas como polietileno y polipropileno en compuestos reutilizables mediante catalizadores industriales. Aunque estos métodos todavía están en desarrollo, algunos experimentos han alcanzado rendimientos superiores al 90%.

Este tipo de innovación resulta especialmente relevante si se considera que varios países, incluido Reino Unido, están ampliando la recolección de plásticos blandos como parte de nuevas políticas públicas. Sin infraestructura de reciclaje avanzada, el aumento en la recolección podría no traducirse necesariamente en una solución efectiva.

Una pieza clave para evitar el greenwashing en economía circular

Hablar de innovación en reciclaje también implica mirar el panorama con cautela. Aunque la despolimerización promete transformar el manejo de residuos, aún enfrenta barreras económicas, regulatorias y tecnológicas importantes. No existe una única tecnología capaz de resolver el problema de todos los plásticos, especialmente cuando cada producto contiene mezclas específicas de tintes, materiales y aditivos.

Para empresas comprometidas con estrategias ESG y responsabilidad social, esto representa una conversación relevante. Apostar únicamente por mensajes de “plástico reciclable” sin considerar infraestructura real, escalabilidad o diseño de producto podría derivar en acusaciones de greenwashing. Diseñar envases pensando en reciclabilidad, reducir materiales complejos y apoyar innovación tecnológica serán factores decisivos.

La pregunta ya no es únicamente qué es la despolimerización, sino qué papel jugarán las empresas, gobiernos y consumidores para hacer viable esta transición. La economía circular no dependerá de una solución mágica, sino de múltiples herramientas trabajando en conjunto.

Durante años, el reciclaje ha operado bajo limitaciones que parecían inevitables: materiales degradados, cadenas productivas incompletas y enormes volúmenes de residuos imposibles de procesar. La despolimerización ofrece una alternativa distinta al proponer un modelo donde el plástico no necesariamente pierde valor con cada ciclo de uso.

Aun así, pensar en un futuro de “plástico infinito” requiere algo más que innovación científica. Será indispensable construir infraestructura, impulsar políticas públicas, incentivar inversiones y rediseñar productos desde su origen. Solo entonces la promesa de reutilizar plásticos de forma prácticamente ilimitada podrá pasar del laboratorio a convertirse en una realidad tangible para la economía circular global.

Zara destrona a Nike como la marca de moda más valiosa del mundo, pero ¿qué tan responsable es?

Zara acaba de consolidar uno de los hitos más relevantes en la industria global de la moda: superar a Nike como la marca de moda más valiosa del mundo dentro del ranking Kantar BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands 2026. El ascenso no es menor. La firma insignia de Inditex logró incrementar 18% su valor de marca hasta superar los 44 mil millones de dólares, colocándose en la posición 66 del listado global, mientras Nike descendió al lugar 69.

El avance confirma el enorme peso que Zara ha ganado dentro de la economía global del consumo, especialmente gracias a su capacidad para interpretar tendencias, acelerar cadenas de suministro y adaptar la experiencia de compra a los nuevos hábitos digitales. Herramientas de inteligencia artificial, personalización comercial y estrategias omnicanal han fortalecido su posicionamiento frente a consumidores que buscan inmediatez, novedad y conexión emocional con las marcas. Sin embargo, detrás del éxito financiero emerge una pregunta inevitable: ¿el crecimiento económico de Zara también refleja un avance real en materia ambiental y social?

¿Cómo Zara logró superar a Nike en valor de marca?

El ascenso de Zara dentro del ranking Kantar BrandZ responde a una combinación de factores estratégicos que van mucho más allá del diseño de ropa. La marca ha sabido transformar la velocidad en una ventaja competitiva estructural. Mientras muchas compañías textiles aún dependen de cadenas logísticas rígidas y tiempos prolongados de producción, Zara consolidó un modelo ágil capaz de responder casi en tiempo real a las tendencias del mercado.

Además, la firma española ha convertido la experiencia de compra en un ecosistema híbrido donde lo físico y lo digital conviven de manera integrada. El uso de inteligencia artificial, análisis de datos y personalización comercial ha permitido a la marca mantener relevancia entre consumidores cada vez más cambiantes y exigentes. El informe de Kantar destaca precisamente cómo las marcas con mayor capacidad de adaptación tecnológica son las que actualmente logran fortalecer más rápido su valor reputacional y financiero.

Otro elemento relevante ha sido la estrategia de colaboraciones. Zara ha logrado generar expectativa constante mediante alianzas con otras marcas y colecciones limitadas que rápidamente se convierten en fenómenos de consumo. Un ejemplo fue su colaboración con Clarks, que reinventó modelos clásicos bajo una estética más contemporánea y atractiva para nuevas generaciones.

Sin embargo, el crecimiento de Zara también refleja algo más profundo: el consumidor actual no solo compra productos, compra narrativas de marca. Y en ese terreno, la sostenibilidad empieza a desempeñar un papel cada vez más importante como generador de valor económico y diferenciación competitiva.

Responsabilidad social de Zara: ¿el éxito financiero también es sostenible?

Aunque el crecimiento de Zara resulta indiscutible desde el punto de vista financiero, la conversación cambia cuando se analiza el impacto ambiental del modelo fast fashion. Es bien sabido que la industria textil es responsable de una enorme cantidad de emisiones contaminantes, consumo intensivo de agua, generación de residuos y explotación de recursos naturales, y Zara, como una de las mayores exponentes globales de la moda rápida, inevitablemente forma parte de esa discusión.

Por ello, hablar de la responsabilidad social de Zara implica reconocer una dualidad compleja. Por un lado, la empresa ha impulsado avances importantes en eficiencia, innovación y materiales de menor impacto; por otro, continúa operando bajo un modelo basado en ciclos acelerados de consumo y renovación constante de prendas.

La propia compañía ha comenzado a posicionar la sostenibilidad como uno de sus ejes estratégicos. Según la información publicada por la marca, Inditex busca reducir 53% sus emisiones para 2030 respecto a 2018, incluyendo operaciones propias y cadena de valor. Además, plantea que para 2030 el 100% de las fibras textiles utilizadas provengan de materiales de menor impacto ambiental. En 2025, el grupo reportó haber alcanzado ya 88% de este objetivo.

La responsabilidad social de Zara también se refleja en alianzas con organizaciones como WWF, Conservation International y Water.org, enfocadas en proyectos de restauración ambiental y protección de ecosistemas. Según la compañía, estos esfuerzos han contribuido a proteger, restaurar o regenerar más de cinco millones de hectáreas.

Aun así, la pregunta persiste: ¿puede una marca basada en producción masiva y consumo acelerado ser verdaderamente sostenible? La respuesta probablemente no sea absoluta. Más bien, el caso de Zara muestra cómo incluso los modelos históricamente cuestionados están siendo obligados a transformarse por presión regulatoria, reputacional y de mercado.

Innovación sostenible: cuando la sostenibilidad también mejora el negocio

Uno de los ejemplos más interesantes de esta transformación es la colaboración entre Zara, Nilit y BASF bajo el paraguas del Sustainability Innovation Hub de Inditex. La iniciativa busca desarrollar productos fabricados con materiales sostenibles, incluyendo plásticos reciclados y algodón orgánico.

Más allá del componente ambiental, este tipo de alianzas tienen implicaciones estratégicas relevantes. La utilización de materiales reciclados y procesos más eficientes no solo reduce impactos ecológicos; también puede disminuir costos de fabricación, fortalecer cadenas de suministro y mejorar la durabilidad de los productos. En otras palabras, la sostenibilidad también es una herramienta de eficiencia empresarial.

La colaboración también busca reducir el uso de materiales plásticos no reciclables y minimizar químicos utilizados en procesos textiles. Esto aporta valor agregado para consumidores que ya no solo evalúan diseño o precio, sino también origen de materiales, trazabilidad y huella ambiental de las prendas.

Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la responsabilidad social de Zara: la sostenibilidad no está siendo presentada únicamente como filantropía corporativa, sino como una ventaja competitiva. Las prendas elaboradas con materiales responsables permiten construir diferenciación de marca, fortalecer reputación y conectar con consumidores cada vez más sensibles a criterios ESG.

Además, este tipo de colecciones generan un componente aspiracional distinto. Ya no se trata solo de comprar moda, sino de adquirir productos con narrativa ética, innovación material y menor impacto ambiental. En una industria donde la diferenciación resulta cada vez más compleja, el valor reputacional asociado a la sostenibilidad puede convertirse en uno de los activos más importantes.

responsabilidad social de Zara

El desafío pendiente: desacelerar el modelo de consumo

Pese a los avances, el debate sobre la responsabilidad social de Zara sigue abierto porque la sostenibilidad no depende únicamente de usar materiales reciclados o reducir emisiones. También implica cuestionar la lógica de hiperconsumo sobre la que se construyó gran parte del fast fashion.

Las mejoras operativas y ambientales son importantes, pero muchos especialistas sostienen que el verdadero desafío para la industria textil será desacelerar la producción excesiva y fomentar modelos de consumo más circulares y duraderos. En ese sentido, y pese a su iniciativa, Zara Pre-Owned, que busca impulsar la reventa y reparación de prendas para alargar su vida útil, la marca enfrenta una contradicción similar a la de muchas grandes compañías: mientras impulsa iniciativas sostenibles, su éxito económico sigue dependiendo de vender grandes volúmenes de ropa de manera constante.

Sin embargo, también sería simplista ignorar los avances logrados. La magnitud de Zara dentro de la industria hace que cualquier cambio operativo tenga potencial de generar impactos significativos a gran escala. Si una empresa con millones de consumidores comienza a incorporar fibras de menor impacto, reciclaje y eficiencia energética, el efecto multiplicador puede ser considerable.

responsabilidad social de Zara

Sostenibilidad como estrategia de valor y competitividad

El ascenso de Zara por encima de Nike demuestra que la competitividad global ya no depende únicamente del producto, sino también de la capacidad de adaptación tecnológica, eficiencia operativa y construcción de valor reputacional. La sostenibilidad forma parte creciente de esa ecuación.

El caso de Zara también evidencia algo relevante para el mundo empresarial: las estrategias ambientales no solo responden a exigencias éticas o regulatorias, sino que pueden convertirse en motores de innovación, eficiencia y diferenciación comercial. Materiales sostenibles, cadenas más eficientes y productos con narrativa responsable no solo reducen impactos; también fortalecen marcas, generan valor agregado y conectan con consumidores más conscientes. El reto hacia adelante será demostrar que este progreso puede ir más allá de la reputación y traducirse en una transformación verdaderamente profunda del modelo de consumo en la industria de la moda.

La inclusión financiera también depende de productos que no expulsen al usuario por complejidad

Durante años, buena parte de la conversación sobre inclusión financiera se concentró en el acceso: cuántas personas podían abrir una cuenta, obtener una tarjeta o entrar al sistema formal. Pero esa lectura ya no alcanza. En la práctica, la inclusión no depende solo de estar dentro, sino de poder permanecer dentro sin que el producto resulte confuso, costoso o difícil de administrar. Por eso, hoy empieza a cobrar más relevancia una discusión menos visible, pero igual de importante: qué tipo de herramientas financieras ayudan realmente a que más personas puedan usar crédito con claridad y continuidad. En ese contexto, las opciones sin anualidad han ganado peso porque reducen una barrera fija de entrada y responden a una lógica de uso más cotidiana. La guía 2026 del blog de Novacard sobre tarjetas sin anualidad refleja esa demanda creciente en México.

Ese cambio importa especialmente en un país donde una parte importante de la relación con el crédito todavía está mediada por desconfianza, trámites complejos o productos difíciles de interpretar. Cuando una tarjeta exige demasiada atención para entender fechas, costos o condiciones, el problema deja de ser solo financiero y se vuelve también de usabilidad. Y un producto poco usable tiende a excluir, incluso cuando técnicamente está disponible.

La exclusión no siempre ocurre por falta de acceso

En términos sociales, suele asumirse que alguien queda fuera del sistema financiero cuando no logra obtener un producto. Pero también existe otra forma de exclusión: la de quienes sí acceden, pero terminan usando mal la herramienta por exceso de fricción, poca claridad o costos que no lograron anticipar.

Ahí es donde la discusión se vuelve más interesante. Una tarjeta puede ampliar la inclusión no solo por aprobar a más usuarios, sino por estar diseñada de manera que el cliente entienda mejor cómo usarla. Eso incluye desde el proceso de solicitud hasta la manera en que se explican los beneficios, el ciclo de pago y el costo de extender el saldo. En un entorno donde la confianza en los productos financieros todavía se construye con dificultad, la legibilidad del producto también funciona como una forma de inclusión.

Menos costo fijo, más posibilidad de permanencia

Uno de los elementos que más ha cambiado la conversación es la anualidad. Durante años fue vista como un costo casi inevitable por tener acceso a una tarjeta. Sin embargo, para muchos usuarios de gasto cotidiano, pagar una cuota fija anual no siempre resulta razonable. La ausencia de anualidad, por lo tanto, no solo opera como un beneficio comercial; también puede ser leída como una manera de reducir una barrera económica de permanencia.

Eso explica por qué las tarjetas sin anualidad dejaron de verse solo como una promoción y comenzaron a consolidarse como una categoría propia. Cuando el producto elimina ese costo fijo, el usuario puede evaluar con mayor claridad si el valor está en el uso real y no en una obligación de pago previa. Desde una perspectiva más amplia, esa lógica ayuda a acercar el crédito formal a perfiles que buscan herramientas más racionales, transparentes y compatibles con su vida diaria.

El diseño del producto también es una decisión social

La inclusión financiera suele discutirse en términos de infraestructura, regulación o cobertura. Pero también tiene una dimensión de diseño. Un producto financiero más claro, digital y fácil de seguir puede hacer una diferencia concreta para personas que antes evitaban el crédito por sentirlo demasiado enredado o poco predecible.

En la página de producto de Novacard, por ejemplo, la marca se presenta como una tarjeta mexicana, perteneciente a la red de pagos de  Mastercard, sin anualidad, con línea de hasta $200,000 MXN, solicitud digital en menos de cinco minutos y tarjeta digital inmediata. También comunica 5% de cashback en supermercados, 0.5% en compras generales* y un esquema de 14 días para comprar y 14 para pagar sin comisiones si se liquida a tiempo, con una comisión fija diaria de $29 MXN + IVA cuando el saldo se extiende fuera del periodo gratuito. Más allá de la evaluación comercial que cada usuario haga, el producto sirve para ilustrar una tendencia más amplia: la búsqueda de herramientas que combinen acceso con reglas comprensibles.

La sostenibilidad financiera también pasa por la comprensión

En un medio como Expoknews, hablar de sostenibilidad suele implicar mirar cómo las organizaciones construyen relaciones más responsables con sus audiencias. En finanzas, esa responsabilidad no se agota en cumplir con regulación o ampliar cobertura. También pasa por ofrecer productos que el usuario pueda leer con menos fricción, anticipar con mayor claridad y sostener sin sentirse atrapado por complejidades innecesarias.

Por eso, una inclusión financiera más robusta probablemente no se construya solo sumando usuarios al sistema, sino mejorando la calidad de su experiencia dentro de él. Si el crédito va a seguir siendo una herramienta clave de movilidad y organización económica, la pregunta ya no es solo quién puede acceder, sino bajo qué condiciones de claridad, previsibilidad y compatibilidad con la vida cotidiana.
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Cómo crear un entorno ciberseguro durante la Copa del Mundo

La Copa del Mundo representa una gran oportunidad económica para las empresas de Norteamérica. Hoteles, restaurantes, comercios y servicios turísticos suelen recibir un aumento significativo de clientes locales e internacionales.

Sin embargo, este crecimiento en México, Canadá y Estados Unidos también viene acompañado de un mayor riesgo de fraudes online y ataques cibernéticos dirigidos a empresas y consumidores. Te contamos cómo prepararte con anticipación para que tu negocio pueda aprovechar esta oportunidad sin riesgos.

¿Por qué la Copa del Mundo aumenta los riesgos de ciberseguridad?

Los eventos deportivos de alta magnitud generan un enorme volumen de actividad. En medio de la urgencia por conseguir reservas, entradas o promociones, muchos usuarios hacen pagos sin prestar atención a posibles señales de fraude. Este es el escenario que los ciberdelincuentes aprovechan para estafar y lanzar ataques dirigidos tanto a consumidores como empresas.

Entre los riesgos más comunes se encuentran:

  • Correos electrónicos falsos que imitan a proveedores, plataformas de reservas o entidades oficiales.
  • Páginas web fraudulentas diseñadas para robar datos bancarios.
  • Intentos de suplantación en comunicaciones por emails empresariales.
  • Uso de redes WiFi públicas sin protección adecuada.

En México, donde el turismo aumenta significativamente durante estos eventos, el impacto puede ser especialmente alto para negocios locales que dependen de transacciones digitales constantes.

¿Cómo proteger a empresas y clientes durante la Copa del Mundo?

Un esquema de ciberseguridad completo descansa en la combinación de buenas prácticas, sistemas seguros y personal capacitado. Estas son algunas de las estrategias que pueden ayudar a proteger a empresas y, en consecuencia, a sus clientes.

Capacitación del equipo como primera línea de defensa

El factor humano sigue siendo uno de los puntos más vulnerables en ciberseguridad. Por eso, es clave capacitar al personal antes y durante el evento.

Algunas prácticas recomendadas incluyen:

  • Identificar emails sospechosos antes de abrir enlaces o archivos.
  • Verificar solicitudes de pago a través de canales alternativos.
  • Evitar compartir credenciales de acceso a sistemas internos.
  • Reportar cualquier actividad inusual de forma inmediata.

El uso de una VPN como medida esencial

Aunque lo ideal es evitar operaciones sensibles en redes inseguras, durante la Copa del Mundo muchas personas deben conectarse desde hoteles, aeropuertos o redes WiFi públicas mientras trabajan. En estos casos, una VPN (red privada virtual) ayuda a cifrar el tráfico de internet y proteger información sensible frente a posibles interceptaciones.

Implementar una VPN en dispositivos empresariales y personales ayuda a:

  • Proteger datos corporativos en conexiones remotas.
  • Evitar ataques de intermediarios en redes públicas.
  • Asegurar la comunicación entre equipos distribuidos.
  • Mantener la privacidad de transacciones y accesos online.

Durante eventos de alta movilidad como la Copa del Mundo, donde empleados y clientes se conectan desde distintos lugares, esta capa de protección resulta especialmente importante.

Protección de sistemas y acceso seguro

Una contraseña sola ya no es suficiente para proteger sistemas empresariales. Por eso, muchas empresas implementan la autenticación multifactor (MFA), que exige más de una verificación para iniciar sesión y dificulta el acceso de hackers incluso si las credenciales fueron robadas. Estos factores suelen dividirse en tres tipos:

  • Algo que sabes: contraseñas, PIN o preguntas de seguridad.
  • Algo que tienes: un dispositivo físico o digital, como una app autenticadora o una llave USB de seguridad.
  • Algo que eres: datos biométricos, como huella dactilar o reconocimiento facial.

Otro aspecto fundamental es mantener actualizados los sistemas operativos, plataformas de pago y herramientas de gestión, ya que muchas actualizaciones corrigen vulnerabilidades conocidas. También se recomienda separar las redes internas de las redes WiFi para invitados, especialmente en hoteles, restaurantes y espacios turísticos.

Proteger la experiencia del cliente

Una brecha de ciberseguridad puede afectar la experiencia del usuario. Un solo incidente puede dañar la confianza y afectar la reputación del negocio.

Por eso, es recomendable:

  • Usar pasarelas de pago seguras y reconocidas.
  • Comunicar de forma clara los canales oficiales de reserva.
  • Advertir sobre posibles fraudes relacionados con el evento.
  • Evitar redirigir a los usuarios a páginas web no verificadas.

La transparencia en estos procesos reduce el riesgo de fraude y mejora la percepción de seguridad.

DiDi y CENEVAL anuncian alianza para ofrecer inglés especializado para conductores y repartidores

En el contexto de la preparación de México para recibir a millones de visitantes internacionales durante la Copa Mundial 2026, DiDi y el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL) anuncian una alianza estratégica para ofrecer capacitaciones y certificaciones accesibles en inglés especializado orientadas al sector turístico.

Este convenio busca impulsar la capitalización de oportunidades laborales a través de la microcredencial “Habla Mundial, inglés para el turismo”, así como en las diferentes certificaciones del programa “CENEVAL Certifica”: Pensamiento Crítico, Calidad en el Servicio al Cliente e Inglés para Negocios, entre otras. Estas certificaciones estarán disponibles para toda la red de más de 500 mil personas que se conectan a la Súper App de DiDi, así como por medio de la suscripción DiDi Club. 

Como parte del acuerdo, la comunidad de DiDi podrá tener acceso a un precio preferencial durante 2026, con un descuento del 15% sobre el precio vigente de las microcredenciales del CENEVAL en: https://microcredenciales.ceneval.edu.mx/didi/ 

“Habla mundial parte de una idea muy concreta: reconocer habilidades que ya existen y que hoy son indispensables en sectores como la movilidad, el turismo y los servicios. Porque detrás de cada trayecto y cada atención hay personas que saben resolver, orientar, comunicarse y generar confianza. Lo importante es que esas capacidades puedan hacerse visibles, acreditarse y convertirse en nuevas oportunidades de desarrollo”, señaló la Dra. Carmen Enedina Rodríguez Armenta, Directora General del CENEVAL.

Habla mundial integra una capacitación intensiva de inglés para atención turística, impartida por Platzi, plataforma latinoamericana líder en educación profesional en línea, y una certificación avalada por el CENEVAL para validar capacidades aplicadas al servicio y atención de visitantes internacionales.

DiDi y CENEVAL

“La tecnología es un habilitador de oportunidades que nos permite no solo hacer la vida de las personas mejor todos los días, también generar empleos y potenciarlos por medio de la flexibilidad y un ecosistema integral”, comentó Vicente Roqueñi, Director Senior de Relaciones con Gobierno y Política Pública para América Latina en DiDi. “Esta alianza suma un factor clave en el crecimiento de nuestros conductores y repartidores: la adquisición de habilidades para mejorar aún más y romper cualquier barrera frente a ellos. Confiamos que este esfuerzo ofrecerá las herramientas necesarias para que puedan alcanzar su máximo potencial”. 

Durante la firma del convenio estuvieron presentes y acompañando en presídium, el Mtro. José Omar Sánchez Molina, Director General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP); Mtro. Emmanuel Romain Ernest Rey, Director Ejecutivo de Promoción y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Turismo (SECTUR); Lic. Eduardo Ayala Rodríguez, Titular de los Sectores de Bebidas, Deporte, Turismo Verde, Ciclismo y Montañismo en la Secretaría de Economía (SE); la Mtra. Isabel Prieto Prieto, Country Manager de Platzi México; el Lic. Enrique Diego Escandón Valencia, Tesorero Nacional de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC).

Estas certificaciones son parte del Plan México, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para atender la demanda de sectores estratégicos, como la movilidad y el turismo. Además, responde a la demanda prevista por la Secretaría de Turismo, quien estima la llegada de más de 5.5 millones de visitantes internacionales durante esta temporada de futbol. 

Por medio de esta alianza, DiDi y el CENEVAL buscan apoyar a la adquisición de habilidades clave y certificación, con el objetivo de fortalecer la empleabilidad, la atención turística y la preparación de perfiles vinculados a la economía de servicios en México.

Más información sobre “Habla Mundial” y CENEVAL Certifica:

Registro para comunidad DiDi a las microcredenciales: https://microcredenciales.ceneval.edu.mx/didi/

CENEVAL Certifica: https://microcredenciales.ceneval.edu.mx/  

Tetra Pak® recicla más de 55 mil toneladas de envases en México y fortalece la infraestructura circular

En el marco del Día Mundial del Reciclaje, que se conmemora este 17 de mayo, Tetra Pak® México informó que durante el último año recicló más de 55 mil toneladas de envases postconsumo, un avance que fortalece la infraestructura nacional de recuperación, impulsa nuevos mercados para sus materiales y genera oportunidades de desarrollo económico en distintas cadenas productivas.

Este resultado, alcanzado a través de la iniciativa Aliados en Reciclaje y en colaboración con 18 empresas mexicanas, refleja la consolidación de un modelo en el que los residuos dejan de verse como desecho para convertirse en materia prima de valor para nuevas aplicaciones industriales, desde productos de papel y materiales de construcción hasta mobiliario urbano.

“Hoy el reciclaje ya no debe entenderse solo como separación de residuos, sino como una cadena de valor completa que comienza desde el diseño del envase, pasa por la infraestructura de acopio y culmina en la creación de nuevos mercados para sus materiales”, destacó Alfredo Román, gerente de Sostenibilidad de Tetra Pak® México.

Los envases de Tetra Pak® están compuestos por 72% cartón, 23% polietileno y 5% aluminio, materiales que pueden reincorporarse a nuevos ciclos productivos. Además, el cartón proviene de fuentes responsables certificadas por Forest Stewardship Council (FSC), lo que respalda el aprovechamiento responsable de los recursos forestales.

Tetra Pak

Una vez reciclados, estos materiales se transforman en productos de uso cotidiano e industrial como papel higiénico, servilletas, cajas, tubos de cartón, láminas para techado, pisos permeables, madera alternativa, juegos infantiles y mobiliario urbano, entre otros.

Uno de los avances más relevantes en el país ha sido la consolidación de infraestructura. Durante 2025, la compañía fortaleció una red de más de 820 centros de acopio a nivel nacional, conectados con plantas recicladoras y aliados industriales que permiten incrementar la recuperación de envases postconsumo y ampliar su aprovechamiento en nuevos sectores.

Además del impacto ambiental, esta cadena de reciclaje genera actualmente 420 empleos directos, impulsando también el desarrollo de emprendimientos y nuevas aplicaciones en sectores como construcción, mobiliario y manufactura.

Como parte de su estrategia para ampliar la participación ciudadana, Tetra Pak® mantiene una alianza con la plataforma digital Ecolana, que permite a las personas localizar su centro de acopio más cercano mediante un mapa digital, facilitando la correcta separación y recuperación de residuos.

Con más de 25 años de operación de Aliados en Reciclaje, la compañía reafirma su visión de impulsar una economía circular donde el envase postconsumo deja de ser un residuo final para convertirse en un recurso estratégico que fortalece cadenas productivas, detona innovación industrial y abre nuevas oportunidades de desarrollo para el país.

Mercado Libre recupera casi el 90% de los residuos de sus operaciones en México durante 2025

En el marco del Día Mundial del Reciclaje, Mercado Libre informa que durante 2025 recuperó el 89.4% de los residuos generados en sus operaciones en México, equivalente a casi 9 de cada 10 kg de residuo, con cartón, madera y plástico como los materiales de mayor volumen reciclado. Este resultado forma parte de la estrategia de circularidad con la que la compañía gestiona el impacto ambiental de su operación en el país.

De forma complementaria, Mercado Libre impulsa iniciativas orientadas a reducir el material utilizado desde el origen, como el programa SIOC (Shipping in Own Container), que utiliza modelos de datos para determinar automáticamente si un producto puede enviarse directamente en su embalaje original sin requerir empaque adicional. Este programa aplica ya a más del 20% de los envíos en México, evitando la introducción de nuevo material al mercado desde el origen.

Asimismo, opera un software de optimización que selecciona el tamaño exacto de caja o bolsa para cada pedido, eliminando el desperdicio por sobredimensionamiento y reduciendo los residuos generados.

En conjunto, estas iniciativas responden a una estrategia basada en tres ejes: reducir el material utilizado, reemplazar materiales vírgenes por reciclados y reciclar los residuos generados. Mercado Libre integra tecnología y diseño inteligente de empaques como palancas concretas para disminuir el impacto ambiental de su operación, en línea con su visión de triple impacto frente a los desafíos ambientales y sociales de América Latina. Adicionalmente, en México cuenta con un portal de circularidad donde informa a usuarios y vendedores sobre la correcta disposición de empaques.

A nivel regional, los empaques de Mercado Libre incorporan en promedio 47% de plástico reciclado y 38% de cartón reciclado en su composición. De manera continua, se trabaja para incrementar estos porcentajes en línea con la Ley General de Economía Circular y el programa de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Asimismo, su programa de logística inversa procesó 11.8 millones de unidades devueltas durante 2025 en toda la región, recuperando y valorizando más del 90% de ellas mediante donación, reventa o reciclaje, y minimizando así la destrucción de producto.

Coca-Cola y McDonald’s: señalados por “ejercer presión” para retrasar ley sobre residuos y economía circular 

La filtración de una carta firmada por más de 100 empresas del sector de alimentos y bebidas volvió a colocar bajo escrutinio el verdadero compromiso ambiental de algunas de las compañías más influyentes del planeta. Entre las firmas señaladas aparecen The Coca-Cola Company, McDonald’s, Heineken, Kraft Heinz y Mondelez International, quienes habrían solicitado a las instituciones europeas retrasar parte de la entrada en vigor del Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR), una de las piezas centrales de la estrategia comunitaria de economía circular y de la actual ley sobre residuos en Europa.

El documento, fechado el 29 de abril, revela la preocupación empresarial ante la aplicación de nuevas obligaciones relacionadas con reutilización de envases, contenido reciclado, restricciones a plásticos de un solo uso y limitaciones a sustancias químicas PFAS. Aunque las compañías aseguran respaldar la transición hacia modelos más sostenibles, la petición de aplazar disposiciones clave de esta ley sobre residuos ha sido interpretada por organizaciones ambientales como un intento de debilitar una regulación que busca reducir la contaminación plástica y acelerar la circularidad en la industria del packaging.

La carta filtrada y la petición empresarial para modificar la ley sobre residuos

La carta filtrada expone cómo las empresas solicitaron a la Comisión Europea ajustar la fecha de aplicación prevista para el 12 de agosto de 2026 y reabrir aspectos esenciales del PPWR. Entre las disposiciones que buscan reconsiderar destacan las relacionadas con metas obligatorias de reutilización, normas de reciclabilidad, restricciones a determinados formatos de envases desechables y límites sobre sustancias químicas PFAS.

Los firmantes argumentaron que la implementación enfrenta “incertidumbre jurídica y técnica sin resolver”. En el documento afirmaron que “existe el riesgo de que la PPWR no se implemente según lo previsto sin una aclaración inmediata de los requisitos clave de cumplimiento”. Según las compañías, las directrices emitidas hasta ahora por la Comisión Europea no ofrecen suficiente claridad sobre métodos de prueba, estándares técnicos ni cronogramas de aplicación.

Esta postura resulta especialmente significativa porque el PPWR representa una de las iniciativas más ambiciosas de la Unión Europea en materia de economía circular. La legislación pretende transformar la forma en que se diseñan, producen, reutilizan y reciclan los envases en el continente, estableciendo obligaciones vinculantes para las empresas y reforzando el enfoque preventivo de la actual ley sobre residuos.

Las compañías sostienen que algunos requerimientos podrían generar impactos financieros y operativos difíciles de absorber en el corto plazo. Particularmente, cuestionan los sistemas obligatorios de reutilización para comida para llevar y recipientes de bebidas, alegando que requerirían inversiones multimillonarias sin garantizar beneficios ambientales equivalentes en países que ya cuentan con altos índices de reciclaje.

¿Qué regula la PPWR y por qué las empresas buscan retrasarla?

El Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR) busca reducir el volumen de residuos generados por envases en Europa mediante medidas que obligan a las empresas a rediseñar sus sistemas de producción y distribución. Entre sus principales disposiciones destacan objetivos de reutilización, incorporación obligatoria de contenido reciclado, criterios estrictos de reciclabilidad y prohibiciones a ciertos formatos de plásticos de un solo uso.

La normativa forma parte de una visión más amplia de economía circular impulsada por la Unión Europea, en la que los materiales deben permanecer en uso durante más tiempo y reducir su impacto ambiental desde el diseño. En ese contexto, la ley sobre residuos no solo persigue disminuir la contaminación, sino también modificar patrones de consumo y producción históricamente dependientes de materiales desechables.

Las empresas firmantes reconocieron en su carta que apoyan “la ambición de la UE de impulsar la circularidad de los envases”, pero insistieron en que el plazo actual es insuficiente debido a la falta de definiciones técnicas claras. También señalaron que aún existen vacíos regulatorios relacionados con pruebas de cumplimiento y mecanismos de implementación.

ley sobre residuos

Otro de los argumentos centrales es el económico. Las compañías advirtieron que adaptar infraestructura, logística y procesos industriales para cumplir con las obligaciones de reutilización implicaría inversiones de miles de millones de euros. Además, cuestionan si ciertos modelos reutilizables generan realmente beneficios ambientales superiores en mercados donde el reciclaje ya opera con relativa eficiencia.

Sin embargo, este razonamiento también abre un debate relevante dentro de la sostenibilidad corporativa: ¿la ausencia de absoluta claridad técnica justifica frenar una regulación ambiental ya negociada durante años? Para muchos especialistas en responsabilidad social, el problema no es solicitar lineamientos más precisos, sino condicionar el avance regulatorio a una nueva negociación que podría retrasar objetivos ambientales urgentes.

PFAS, salud pública y la presión corporativa sobre los envases

Uno de los puntos más sensibles del PPWR es la restricción a determinados PFAS, conocidos como “químicos eternos” debido a su persistencia en el ambiente. Estas sustancias son utilizadas en materiales de contacto alimentario por su resistencia al agua y la grasa, pero diversas investigaciones las han vinculado con posibles riesgos como cáncer, infertilidad y alteraciones del sistema inmunológico.

Las empresas argumentaron que actualmente no existe un método armonizado a nivel europeo para comprobar el cumplimiento de estas restricciones. Además, sostuvieron que todavía no hay alternativas viables disponibles comercialmente a gran escala para algunas aplicaciones de envasado alimentario.

La preocupación empresarial no es menor. Sustituir materiales ampliamente utilizados implica rediseñar cadenas de suministro completas, validar nuevos materiales y asumir costos operativos elevados. No obstante, desde la perspectiva de salud pública, el principio precautorio ha ganado fuerza en la regulación europea, especialmente frente a sustancias potencialmente peligrosas cuya permanencia ambiental puede extenderse durante décadas.

El debate evidencia una tensión frecuente en sostenibilidad empresarial: la velocidad de adaptación tecnológica frente a la urgencia ambiental y sanitaria. Mientras la industria reclama tiempos más amplios y definiciones técnicas robustas, organizaciones ambientales sostienen que esperar más podría perpetuar daños ambientales y riesgos para consumidores.

ley sobre residuos

La reacción ambientalista ante “un intento descarado” de debilitar normas

Tras la solicitud de las empresas, la respuesta de organizaciones ambientales, académicos y grupos de consumidores no se hizo esperar. Más de 160 entidades vinculadas a la coalición Break Free From Plastic enviaron una carta en la que pidieron a los líderes europeos rechazar cualquier retraso o reapertura del reglamento.

La coalición calificó la intervención empresarial como “un intento descarado” de los grandes contaminadores para debilitar normas ambientales ya acordadas y proteger modelos de negocio basados en envases desechables. También advirtió que reabrir el acuerdo socavaría la confianza en los procesos legislativos europeos, especialmente después de extensas negociaciones entre Parlamento, Consejo y Comisión.

En su respuesta, las organizaciones defendieron las disposiciones relacionadas con PFAS, reutilización y plásticos de un solo uso, argumentando que son fundamentales para reducir residuos y proteger la salud pública. “Cualquier retroceso en esta etapa perjudicaría a los líderes y desalentaría la inversión y la innovación”, señalaron.

Los grupos ecologistas también enfatizaron que las empresas han tenido años para prepararse para la entrada en vigor de la normativa. Desde esta óptica, nuevas prórrogas enviarían un mensaje peligroso: que incluso las regulaciones ambientales más relevantes pueden retrasarse mediante presión corporativa cuando afectan intereses económicos de gran escala.

ley sobre residuos

Entre la prudencia técnica y la contradicción reputacional

La discusión no es completamente blanco o negro. Resulta razonable que empresas globales soliciten lineamientos técnicos claros antes de implementar transformaciones profundas en empaques, materiales y logística. Las dudas sobre métodos de prueba armonizados, tiempos de adaptación o disponibilidad de alternativas tecnológicas son desafíos reales dentro de cualquier transición regulatoria compleja.

Sin embargo, el problema radica en la forma y el momento de la petición. Solicitar claridad técnica no necesariamente tendría que traducirse en intentar reabrir una regulación ya aprobada. Existen mecanismos complementarios —guías técnicas, periodos de acompañamiento, criterios transitorios o incentivos para innovación— que podrían atender las preocupaciones empresariales sin comprometer la ambición ambiental de la normativa.

Desde la perspectiva de responsabilidad social corporativa, esta solicitud también tiene implicaciones reputacionales importantes. Empresas que durante años han comunicado compromisos con sostenibilidad, reciclaje y reducción de residuos enfrentan ahora cuestionamientos sobre la coherencia entre sus discursos y sus acciones de lobby regulatorio.

La situación comunica un mensaje complejo: aunque las compañías respaldan públicamente la economía circular, parte del sector aún parece resistirse cuando las obligaciones ambientales implican cambios estructurales costosos o transformaciones profundas de sus modelos operativos. Para consumidores, inversionistas ESG y especialistas en sostenibilidad, esta contradicción podría convertirse en un factor de creciente escrutinio.

La sostenibilidad no puede depender solo de la conveniencia empresarial

La controversia alrededor del PPWR demuestra que la transición hacia modelos verdaderamente circulares seguirá enfrentando tensiones entre competitividad económica, capacidad técnica y urgencia ambiental. Las empresas tienen derecho a exigir claridad regulatoria y condiciones de implementación viables, especialmente cuando las inversiones necesarias son multimillonarias y afectan cadenas globales de suministro.

Sin embargo, también resulta evidente que retrasar una ley sobre residuos diseñada para combatir la contaminación plástica y proteger la salud pública puede interpretarse como una señal contradictoria frente a los compromisos de sostenibilidad que muchas de estas compañías promueven globalmente. El verdadero desafío no será únicamente cumplir con la regulación, sino demostrar que la innovación, la responsabilidad corporativa y la rentabilidad pueden avanzar al mismo tiempo sin sacrificar el interés ambiental colectivo.

¿Qué pasó tras el cierre de USAID? Alertan aumento de violencia global

Durante más de seis décadas, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) representó mucho más que ayuda humanitaria. En decenas de países, sus programas sostuvieron hospitales, garantizaron acceso a agua potable, respaldaron proyectos agrícolas y financiaron iniciativas de estabilidad social. Para muchas comunidades vulnerables, su presencia era una red silenciosa de apoyo que evitaba el colapso económico y social. Sin embargo, esa estructura dejó de existir abruptamente en 2025.

La decisión de la administración de Donald Trump de cerrar USAID, tras 64 años de funcionamiento, marcó un punto de inflexión en la política internacional estadounidense. Aunque la narrativa oficial justificó el desmantelamiento bajo argumentos de eficiencia y combate al despilfarro, nuevas investigaciones sugieren que las consecuencias del cierre de USAID podrían ir mucho más allá del ámbito diplomático o presupuestario: el mundo estaría enfrentando un aumento significativo de violencia, conflictos armados e inestabilidad regional.

Consecuencias del cierre de USAID: del apoyo humanitario al vacío económico

De acuerdo con TIME, cuando John F. Kennedy creó USAID en 1961, lo hizo bajo una visión clara: demostrar que el desarrollo económico podía caminar de la mano con la democracia. Durante décadas, el organismo canalizó asistencia internacional hacia más de 60 países mediante programas de salud, seguridad alimentaria, educación y fortalecimiento comunitario.

El cierre impulsado en 2025 ocurrió en medio de los recortes promovidos por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). La eliminación inmediata de recursos dejó suspendidos miles de proyectos locales, afectando empleos, cadenas de suministro y programas sociales que dependían de la continuidad financiera estadounidense.

El impacto no tardó en hacerse visible. Un estudio publicado en The Lancet advirtió que la desaparición de USAID podría derivar en hasta 14 millones de muertes adicionales hacia 2030 debido a la interrupción de servicios esenciales. No obstante, un nuevo artículo publicado en Science agrega una dimensión aún más alarmante: las consecuencias del cierre de USAID también incluyen un aumento acelerado de la violencia en regiones previamente apoyadas por la agencia.

Cuando desaparece la ayuda, aumenta el riesgo de conflicto

El estudio encabezado por Austin Wright, profesor de políticas públicas de la Universidad de Chicago, analizó 870 regiones beneficiarias de USAID entre marzo de 2024 y noviembre de 2025. La investigación cruzó información sobre programas de asistencia internacional con bases de datos que documentan episodios de violencia y conflictos.

Los hallazgos revelan un patrón preocupante. En promedio, las regiones donde se suspendió la ayuda registraron un aumento del 6.5 % en la probabilidad de conflicto, comparadas con territorios similares que no dependían de ese financiamiento. Más aún, las protestas y disturbios crecieron un 10 %, mientras que los enfrentamientos armados aumentaron 6.9 %.

consecuencias del cierre de USAID

La violencia tampoco fue un episodio temporal. Los investigadores encontraron que el repunte comenzó casi de inmediato tras la suspensión de la ayuda y permaneció elevado durante meses, lo que refleja una transformación estructural del entorno social y económico de las comunidades afectadas.

Consecuencias del cierre de USAID: más violencia y conflictos más severos

El análisis no solo contabilizó incidentes violentos, sino también su gravedad. Según los investigadores, las batallas en contextos de conflicto aumentaron más del 10 %, lo que significa que no solo existen más enfrentamientos, sino que estos también son potencialmente más destructivos.

Las regiones que antes recibían mayores montos de asistencia fueron las más golpeadas. Paradójicamente, aquellos territorios donde USAID tenía mayor presencia mostraron incrementos proporcionalmente más altos de violencia tras el retiro de fondos.

Una dependencia estructural construida durante años, en la que la interrupción repentina de recursos generó un vacío económico difícil de absorber.

Para especialistas en desarrollo internacional, el hallazgo deja una lección importante: los programas de cooperación no operan únicamente como ayuda asistencial. También funcionan como mecanismos de estabilidad, prevención de conflictos y fortalecimiento institucional. En este contexto, las consecuencias del cierre de USAID parecen evidenciar el costo social de retirar apoyo sin mecanismos de transición.

El costo reputacional para Estados Unidos

El impacto no se limita a los países receptores. De acuerdo con Wright, la desaparición de USAID también afecta la posición estratégica de Estados Unidos en el mundo. La cancelación abrupta de contratos y alianzas habría debilitado relaciones diplomáticas construidas durante décadas con organizaciones civiles, gobiernos y actores locales.

Mientras Washington reduce su presencia internacional, otros actores globales han ocupado espacios de influencia. China, por ejemplo, continúa ampliando relaciones mediante su Iniciativa de la Franja y la Ruta, financiando infraestructura y fortaleciendo vínculos económicos con países históricamente aliados de Estados Unidos.

Este reacomodo geopolítico podría tener implicaciones duraderas. Para muchas organizaciones internacionales, el cierre de USAID proyectó incertidumbre y debilitó la confianza en la continuidad de los compromisos estadounidenses, una percepción que no se revierte fácilmente.

Yemen y el riesgo de nuevos focos de inseguridad

Uno de los ejemplos más sensibles es Yemen, país que recibió alrededor de 768 millones de dólares en ayuda de USAID durante 2024. El territorio, además de enfrentar una crisis humanitaria severa, es bastión de los hutíes, grupo respaldado por Irán y catalogado como organización terrorista extranjera por Estados Unidos.

La preocupación de los investigadores es que la reducción de apoyo internacional abra espacios para que grupos armados ganen mayor legitimidad o capacidad operativa. En ausencia de oportunidades económicas, servicios básicos y programas comunitarios, las poblaciones pueden volverse más vulnerables al reclutamiento o a la radicalización.

Desde esta perspectiva, las consecuencias del cierre de USAID también representan un tema de seguridad nacional para Estados Unidos, ya que la inestabilidad en otras regiones puede generar efectos indirectos que eventualmente repercutan en el equilibrio internacional.

¿Es posible reconstruir lo perdido?

Aunque un eventual cambio de administración podría intentar restablecer la agencia o crear un mecanismo similar, los especialistas advierten que la reconstrucción será compleja. Muchas oficinas locales cerraron, los centros logísticos desaparecieron y numerosas alianzas estratégicas quedaron suspendidas.

Además, el daño no es únicamente operativo. La confianza internacional, una de las principales monedas de la cooperación global, requiere años para consolidarse y puede perderse rápidamente. Reanudar programas implicaría reconstruir infraestructura, redes diplomáticas y relaciones comunitarias que tomaron décadas en fortalecerse.

Austin Wright resume el desafío con una frase contundente: revertir el impacto “no es tan sencillo como volver a encender las luces”.

El cierre de USAID dejó de ser únicamente una decisión política interna para convertirse en un caso de estudio sobre cómo la interrupción abrupta de programas de desarrollo puede alterar ecosistemas sociales completos. Más allá de cifras presupuestarias, lo ocurrido parece demostrar que la cooperación internacional también cumple una función silenciosa de prevención de violencia y estabilidad territorial.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y desarrollo comunitario, este episodio deja una reflexión clave: retirar apoyo sin una transición estructurada puede amplificar riesgos que terminan afectando no solo a comunidades vulnerables, sino también a la seguridad y gobernanza global. En un mundo interdependiente, las decisiones locales pueden desencadenar impactos internacionales de largo alcance.

¿La sostenibilidad corporativa en 2026 se desacelera? Los datos dicen otra cosa

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En los últimos años, hablar de sostenibilidad empresarial ha significado navegar entre narrativas contradictorias. Por un lado, las tensiones económicas, los cambios regulatorios y el debate político han alimentado la idea de que las estrategias ESG están perdiendo fuerza. Por otro, las cifras, la innovación tecnológica y las decisiones de inversión cuentan una historia distinta: lejos de frenarse, las empresas están redefiniendo cómo hacen sostenible su operación para responder a nuevas presiones del mercado y de sus grupos de interés.

La conversación sobre la sostenibilidad corporativa en 2026 no gira únicamente en torno al cumplimiento normativo o la reputación. Hoy, el foco está en la rentabilidad, la resiliencia y la eficiencia operativa. Desde el sector energético hasta la industria del entretenimiento, cada vez más organizaciones descubren que integrar prácticas sostenibles no solo reduce impactos ambientales, sino que también genera valor económico y fortalece su competitividad en un entorno de alta incertidumbre.

La sostenibilidad corporativa en 2026 se mueve más por el mercado que por la política

Una de las ideas más repetidas en foros internacionales recientes es que la sostenibilidad empresarial ya no depende exclusivamente de incentivos regulatorios o políticas gubernamentales. Aunque algunos programas de apoyo, como los créditos fiscales a energías renovables, comienzan a transformarse o reducirse, la demanda del mercado continúa siendo un motor determinante.

Clientes, inversionistas y otros grupos de interés siguen exigiendo operaciones más limpias, cadenas de valor responsables y soluciones energéticas eficientes. Este comportamiento está obligando a las compañías a mantener el rumbo, incluso cuando el contexto político cambia. La evidencia sugiere que la sostenibilidad ya no responde a una tendencia temporal, sino a una expectativa estructural de negocio.

Energía renovable sin aumentar costos: el nuevo reto empresarial

El sector energético está demostrando que sostenibilidad y rentabilidad pueden avanzar juntas. Un ejemplo es el caso de Berkshire Hathaway Energy, que ha logrado incorporar una mayor proporción de energía renovable en su cartera sin trasladar costos adicionales a los consumidores, gracias a mejoras en eficiencia operativa y modernización de infraestructura.

La estrategia no solo consistió en sumar fuentes limpias de energía, sino también en optimizar la red eléctrica. La actualización de infraestructura obsoleta, como tuberías y equipos de gas natural, permitió reducir fugas y disminuir emisiones de gases de efecto invernadero, mientras se mantenían tarifas estables. Esto evidencia una transformación clave: la sostenibilidad ya no es vista como un gasto extra, sino como una inversión operativa inteligente.

Además, las empresas del sector están tomando decisiones con una visión de largo plazo. La vida útil de los activos energéticos obliga a planear más allá de coyunturas políticas momentáneas, apostando por sistemas eléctricos más eficientes y resilientes ante futuras demandas.

Sostenibilidad corporativa en 2026 frente al reto de la inteligencia artificial

La acelerada expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos está transformando el panorama energético global. Lo que antes parecía una discusión exclusiva de empresas tecnológicas ahora involucra a gobiernos, utilities y sectores industriales completos, debido al enorme consumo eléctrico que requiere la infraestructura digital.

El auge de los centros de datos está generando nuevos desafíos: mayor presión sobre las redes eléctricas, necesidad urgente de ampliar capacidades de transmisión y un equilibrio complejo entre confiabilidad energética y metas de descarbonización. El crecimiento económico impulsado por la IA dependerá, en gran medida, de qué tan rápido se adapten los sistemas energéticos.

Pero esta presión también está impulsando innovación. Nuevas tecnologías de monitoreo en líneas de transmisión permiten medir en tiempo real temperatura, tensión y capacidad real de las redes eléctricas. Esto ayuda a utilizar mejor la infraestructura existente y a incrementar el suministro energético de forma segura, evitando desperdicios y mejorando la eficiencia del sistema.

Cuando la eficiencia energética se convierte en ventaja competitiva

Uno de los aprendizajes más relevantes de este momento es que las empresas más avanzadas en sostenibilidad no necesariamente son las que más invierten, sino las que logran operar de manera más inteligente. La eficiencia energética se está consolidando como un diferenciador competitivo capaz de reducir costos, fortalecer la resiliencia y responder mejor a las expectativas del mercado.

En este escenario, las organizaciones están entendiendo que el verdadero desafío no consiste únicamente en “ser verdes”, sino en diseñar modelos de negocio preparados para un contexto donde los recursos energéticos serán cada vez más estratégicos. Quienes consigan producir más con menos tendrán una ventaja significativa.

Economía circular: del discurso ambiental a los ahorros reales

La industria del entretenimiento también está ofreciendo señales interesantes sobre cómo aterrizar la sostenibilidad en operaciones concretas. En recintos deportivos y musicales, los vasos reutilizables están ganando terreno como una alternativa que reduce residuos y costos asociados a la recolección de basura.

El modelo es relativamente simple: los recintos reciben vasos reutilizables, los asistentes los usan durante los eventos y posteriormente son recolectados, sanitizados y reincorporados para futuros usos. Aunque el costo unitario inicial puede ser ligeramente superior al de un vaso desechable, la reducción de residuos plásticos genera ahorros importantes en tarifas de manejo y disposición.

Además, el impulso normativo está acelerando esta transición. Legislaciones relacionadas con responsabilidad ampliada del productor y restricciones a plásticos de un solo uso están empujando a las empresas a replantear empaques, envases y modelos de consumo más circulares.

La innovación sostenible deja de ser opcional

Si algo muestran las discusiones recientes sobre sostenibilidad es que la innovación tecnológica y ambiental avanzan cada vez más de la mano. Soluciones como redes eléctricas inteligentes, energías renovables, monitoreo de infraestructura y modelos circulares están demostrando que es posible impulsar crecimiento económico mientras se reducen impactos ambientales.

En ese contexto, la sostenibilidad corporativa en 2026 se perfila menos como una meta reputacional y más como una estrategia integral de negocio. Las organizaciones que logren traducir sostenibilidad en eficiencia, resiliencia e innovación tendrán mayores posibilidades de adaptarse a un mercado cada vez más exigente.

Aunque algunos discursos apuntan a una supuesta desaceleración, los datos y las decisiones empresariales parecen decir otra cosa. La sostenibilidad sigue ganando terreno porque responde a necesidades reales del mercado: reducir costos, mejorar operaciones, fortalecer la reputación y atender una demanda creciente por productos y servicios de menor impacto ambiental.

La gran diferencia es que hoy las empresas buscan soluciones más medibles y rentables. La sostenibilidad corporativa en 2026 no se construirá únicamente desde compromisos aspiracionales, sino desde decisiones operativas concretas que combinen innovación, eficiencia y visión de largo plazo. Quienes entiendan este cambio probablemente liderarán la próxima etapa del crecimiento económico sostenible.

Del telar al Mundial 2026: Adidas lleva el arte de artesanas mexicanas a la cancha

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En un país donde los textiles tradicionales cuentan historias de identidad, territorio y memoria, el Mundial de Futbol 2026 abrirá una ventana inesperada para que el trabajo artesanal mexicano llegue a millones de personas alrededor del mundo. Esta vez, no será desde un museo ni una exposición cultural, sino desde uno de los escenarios deportivos más vistos del planeta. Los bordados hechos a mano por mujeres indígenas de Puebla formarán parte de una colección que une deporte, diseño y tradición.

La apuesta representa mucho más que una colaboración estética. Detrás de cada puntada hay un modelo de trabajo inclusivo que reconoce el valor económico, cultural y simbólico de las comunidades. Gracias a esta alianza, el talento de artesanas mexicanas de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla, no solo estará presente en prendas inspiradas en el Mundial, sino también en una narrativa global que revaloriza el trabajo manual desde una perspectiva contemporánea.

Cómo las artesanas mexicanas llegaron al Mundial 2026

La colección creada en colaboración entre Adidas y la marca mexicana Someone Somewhere está integrada por seis modelos intervenidos con bordados elaborados por mujeres artesanas de Naupan, Puebla. Cada pieza fusiona diseño contemporáneo con técnicas textiles ancestrales, demostrando que la tradición puede dialogar con la innovación sin perder autenticidad.

Uno de los elementos más representativos es una reinterpretación del tercer jersey de la Selección Mexicana rumbo al Mundial 2026. La prenda fue transformada en una versión lifestyle con cuello tipo polo, una silueta más casual y detalles bordados a mano que convierten la camiseta en algo más que una pieza deportiva: un objeto cultural con identidad propia.

Detrás de esta iniciativa hubo un esfuerzo colectivo de gran escala. De acuerdo con Antonio Nuño, cofundador de Someone Somewhere, más de 300 personas participaron en el proyecto y al menos 150 fueron mujeres artesanas, consolidando un modelo de colaboración que pone al centro a las comunidades productoras.

El impacto social detrás del trabajo de artesanas mexicanas

Más allá del diseño, el proyecto destaca por su dimensión social. La colección generó más de 165 mil horas de trabajo inclusivo para mujeres indígenas, permitiendo que muchas de ellas participaran en esquemas laborales adaptados a sus tiempos, dinámicas familiares y necesidades comunitarias.

Este tipo de iniciativas pone sobre la mesa una conversación relevante para las empresas: cómo construir cadenas de valor más humanas e incluyentes. Cuando las oportunidades económicas se diseñan desde el contexto local, las comunidades no solo participan como proveedoras, sino como protagonistas de procesos de innovación y crecimiento.

Además, cada prenda incorpora el nombre de la artesana que la elaboró y un código QR que permite conocer la historia detrás de la pieza. Esta decisión fortalece el vínculo entre quien crea y quien consume, al tiempo que aporta trazabilidad y reconocimiento al trabajo de las artesanas mexicanas involucradas.

Una pieza artesanal que quedará en la historia de Adidas

El impacto de esta colaboración no terminará cuando ruede el balón en 2026. Una de las piezas más emblemáticas de la colección —el jersey lifestyle bordado a mano— será resguardada en el archivo histórico de Adidas en Alemania, un espacio donde la marca conserva artículos icónicos que marcaron hitos en la historia del deporte.

El valor simbólico del reconocimiento es significativo. En ese archivo conviven objetos tan emblemáticos como los primeros tenis para correr fabricados por Adidas en 1925 y los balones utilizados en finales mundialistas desde 1970. Que una prenda confeccionada por manos mexicanas forme parte de esta colección representa un reconocimiento al patrimonio textil del país desde una plataforma global.

El jersey destaca por incorporar bordados hechos a mano en elementos clave como el escudo de la Federación Mexicana de Futbol, el logotipo de la marca y detalles florales en las mangas. El resultado es una pieza única donde el diseño deportivo se convierte en vehículo de identidad cultural.

De Naupan a Alemania: un momento simbólico para el trabajo artesanal

Como parte de este reconocimiento, Petra y Cata, dos de las artesanas participantes, viajaron a Alemania para entregar personalmente la prenda al archivo histórico de la marca. El gesto fue mucho más que protocolario: representó el cruce simbólico entre tradición local y reconocimiento internacional.

El espacio donde se resguardará el jersey cuenta con estrictos controles de temperatura y humedad para preservar piezas históricas de alto valor. Según explicó Antonio Nuño, el acceso es limitado y requiere incluso el uso de guantes, lo que dimensiona la relevancia de que una creación elaborada por manos mexicanas ocupe ahora un lugar en este patrimonio global.

La llegada de los bordados de artesanas mexicanas al Mundial 2026 demuestra que la innovación también puede construirse desde la tradición. En un contexto donde las marcas buscan conectar con narrativas auténticas y generar impacto social tangible, esta colaboración evidencia cómo el diseño puede convertirse en un puente entre comunidades locales y escenarios globales.

Más allá de una colección de ropa, el proyecto deja una lección relevante: cuando el trabajo artesanal se reconoce, se remunera justamente y se integra de manera digna en las cadenas de valor, las historias locales tienen el potencial de trascender fronteras y convertirse en parte de la conversación mundial.

10 aliados estratégicos de Fundación Pablo Landsmanas que fortalecen el impacto social 

Las alianzas intersectoriales se han convertido en una de las herramientas más importantes para impulsar el desarrollo sostenible y generar bienestar colectivo. Incluso, las Naciones Unidas han reconocido que ningún actor puede resolver por sí solo los grandes desafíos sociales, ambientales y económicos de la actualidad, razón por la cual el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17 (ODS 17) plantea la necesidad de construir alianzas sólidas para alcanzar el resto de los objetivos de la Agenda 2030. Y es que, a través de las colaboraciones es posible unir capacidades, compartir conocimientos y potenciar recursos para lograr soluciones más amplias, sostenibles y efectivas.

Organizaciones civiles, empresas, fundaciones y distintos actores sociales pueden generar sinergias que faciliten la atención de problemáticas complejas relacionadas con la salud, la alimentación, la educación o la protección de grupos vulnerables. Precisamente bajo esta visión es que el impacto social de Fundación Pablo Landsmanas se ha consolidado a lo largo de los años mediante una estrategia de colaboración constante con diversas organizaciones sociales.

La Fundación Pablo Landsmanas (FPL), brazo social de Corporativo Kosmos —empresa líder nacional en servicios de alimentación— ha convertido las alianzas en uno de sus principales modelos de acción social. Consciente de que trabajar de manera colectiva permite llegar más lejos y ayudar mejor, la fundación ha establecido múltiples colaboraciones con organizaciones dedicadas a atender distintas problemáticas sociales, fortaleciendo así el alcance de sus programas e iniciativas en beneficio de quienes más lo necesitan.

El valor de las alianzas estratégicas para amplificar el alcance social

Trabajar mediante alianzas estratégicas permite que las acciones sociales sean más integrales, sostenibles y de mayor alcance. Cuando organizaciones con experiencia en distintos ámbitos unen capacidades, no sólo optimizan recursos, también generan soluciones más humanas y especializadas para atender las necesidades de poblaciones vulnerables. Este modelo colaborativo favorece además la innovación social y fortalece el cumplimiento de objetivos alineados con el desarrollo sostenible y el bienestar colectivo.

Bajo esta lógica, desde la dirección de Corporativo Kosmos, encabezada por Jack Landsmanas —dueño y Director General de Corporativo Kosmos— se ha impulsado a la Fundación Pablo Landsmanas a trabajar mediante esquemas de colaboración con organizaciones de la sociedad civil. Gracias a ello, la fundación ha construido una sólida red de apoyo que le ha permitido ampliar significativamente el alcance de sus programas sociales y reforzar su impacto social en distintos sectores de la población.

Actualmente, la FPL brinda apoyo a más de 30 organizaciones enfocadas en acciones relacionadas con alimentación, salud y educación, pilares que sostienen el trabajo social de la fundación. A través de estas alianzas, la institución contribuye a mejorar la calidad de vida de niñas, niños, adolescentes, personas adultas mayores, mujeres en situación de violencia, personas migrantes y otros grupos en condición de vulnerabilidad. Entre las múltiples organizaciones con las que colabora Fundación Pablo Landsmanas, se encuentran las siguientes:  

impacto social de Fundación Pablo Landsmanas

10 organizaciones a las que apoya la Fundación Pablo Landsmanas

1. Casa Hogar Sumando Por Ti

La Fundación Pablo Landsmanas brinda apoyo a esta casa hogar dedicada a ofrecer herramientas, educación y acompañamiento emocional a niñas, adolescentes y jóvenes en situación de abandono y riesgo social, para que puedan reconstruir su proyecto de vida y desarrollarse en entornos seguros y dignos.

2. FUNFAI

FUNFAI trabaja con niñas y niños que nacieron en prisión o cuyas madres se encuentran privadas de la libertad y sin redes de apoyo suficientes. Atender a esta población es fundamental para romper ciclos de exclusión y garantizar condiciones de desarrollo adecuadas desde la infancia.

3. CAFEMIN

La FPL también colabora con CAFEMIN, organización que acoge y acompaña a mujeres, niñas, niños y familias migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo. Su trabajo es esencial para impulsar la integración social y proteger los derechos humanos de quienes enfrentan procesos de movilidad forzada.

4. Casa Hogar Margarita

Esta institución brinda protección, educación y atención integral a niñas en situación de vulnerabilidad o violencia intrafamiliar. La educación y el acompañamiento emocional que ofrece Casa Hogar Margarita son clave para que las menores puedan aspirar a un futuro más seguro y con mayores oportunidades.

5. Fundación Dar y Amar Daya I.A.P.

La organización atiende a niñas, adolescentes y madres jóvenes que han vivido situaciones de violencia y extrema vulnerabilidad. El respaldo que reciben les permite acceder a espacios de protección y reconstrucción emocional que favorecen su bienestar y autonomía.

6. Fundación Ser Humano

La Fundación Ser Humano brinda asistencia médica, psicológica, alimentaria y educativa a niñas, niños y jóvenes que viven con VIH/SIDA. Atender integralmente a esta población contribuye a reducir estigmas y garantizar mejores condiciones de vida y desarrollo para ellos.

7. Fundación Renacimiento

La FPL apoya a esta institución que trabaja con niñas, niños y jóvenes en situación de abandono social. A través de programas interdisciplinarios y espacios seguros, Fundación Renacimiento impulsa la reinserción social y la construcción de una vida digna para sus beneficiarios.

8. Fundación Camino a Casa

Esta organización acompaña a niñas, niños y adolescentes sobrevivientes de trata de personas, explotación sexual y explotación laboral. Su trabajo es indispensable para la recuperación integral de las víctimas y la restitución de sus derechos fundamentales.

9. Asilo de Ancianos San Judas Tadeo

El asilo brinda atención médica, cuidados especializados y acompañamiento a personas adultas mayores. Atender a este grupo poblacional resulta prioritario para promover una vejez digna y fortalecer la inclusión social de quienes muchas veces enfrentan abandono o carencias.

10. Fundación Quinta Carmelita

La organización proporciona atención integral a niñas y niños en situación de abandono mientras trabaja para restituir su derecho a vivir en familia mediante procesos de reintegración familiar o adopción. Su labor permite ofrecer nuevas oportunidades de vida a la infancia vulnerable.

impacto social de Fundación Pablo Landsmanas

Alianzas que construyen bienestar colectivo

Sin duda, las alianzas estratégicas representan hoy una de las vías más efectivas para impulsar el bienestar social y avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Cuando los esfuerzos se articulan bajo una visión compartida, el alcance de las acciones sociales puede multiplicarse de manera significativa.

El caso de la Fundación Pablo Landsmanas ejemplifica cómo las sinergias bien construidas permiten ayudar más y mejor a quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad. A través de su red de organizaciones aliadas, la fundación ofrece apoyos que benefician a distintos sectores de la población. Así, el impacto social de Fundación Pablo Landsmanas demuestra que trabajar de forma colaborativa amplifica resultados, así mismo, contribuye a construir comunidades más humanas, solidarias y sostenibles.

Google y Meta recurren a Plaza Sésamo para promover moderación digital, mientras incentivan más tiempo en pantalla

En un momento en el que las pantallas forman parte de la infancia desde edades cada vez más tempranas, el debate sobre la relación de niñas, niños y adolescentes con la tecnología ha tomado una nueva dimensión. Mientras familias, especialistas y escuelas buscan herramientas para fomentar hábitos saludables, algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo han apostado por presentarse como aliadas en la educación digital.

Sin embargo, una serie de documentos internos y comunicados públicos ha puesto bajo escrutinio las alianzas entre Meta y Google con organizaciones infantiles de alta confianza como Plaza Sésamo, las Girl Scouts y la revista Highlights. De acuerdo con Forbes, aunque estas colaboraciones buscaban enseñar moderación digital, las críticas señalan una aparente contradicción: promover un uso responsable de la tecnología mientras las propias plataformas diseñan experiencias que incentivan permanecer más tiempo conectado.

Moderación digital: el mensaje educativo respaldado por gigantes tecnológicos

Con inversiones de decenas de millones de dólares, Meta y Google impulsaron campañas educativas dirigidas a niñas, niños y familias. A través de personajes conocidos, revistas ilustradas, canciones y actividades pedagógicas, las organizaciones aliadas compartieron contenidos sobre seguridad en línea, equilibrio frente a las pantallas y hábitos tecnológicos más saludables.

La apuesta parecía responder a una preocupación social creciente. La necesidad de impulsar la moderación digital ha ganado relevancia frente al incremento en el tiempo de exposición a dispositivos móviles y redes sociales. Para muchas familias, recibir orientación desde instituciones infantiles con décadas de credibilidad representó una oportunidad valiosa para abordar un problema cada vez más complejo.

Sin embargo, detrás del componente educativo comenzaron a surgir cuestionamientos difíciles de ignorar.

¿Puede una empresa cuyo modelo de negocio depende del tiempo de permanencia en pantalla convertirse, al mismo tiempo, en promotora de hábitos de desconexión?

La paradoja del tiempo en pantalla

Las plataformas de Meta y Google generan miles de millones de dólares mediante publicidad dirigida, incluyendo segmentos vinculados con audiencias jóvenes. Aunque ambas compañías han promovido herramientas de bienestar digital, críticos argumentan que sus productos continúan integrando funciones diseñadas para maximizar el tiempo de interacción.

Notificaciones constantes, recomendaciones automatizadas y sistemas de reproducción continua son algunos de los mecanismos señalados por especialistas como elementos que dificultan la desconexión, especialmente entre usuarios más jóvenes. Esto ha llevado a organizaciones de padres a cuestionar la imparcialidad de los mensajes educativos financiados por las propias tecnológicas.

Emily Boddy, codirectora del movimiento U.S. Smartphone Free Childhood, ha advertido que las recomendaciones de compañías cuyos ingresos dependen del uso prolongado difícilmente pueden considerarse neutrales. Desde esta perspectiva, la educación digital impulsada por estas marcas podría responder más a una estrategia reputacional que a un cambio estructural.

Las organizaciones infantiles frente a un dilema de confianza

El involucramiento de marcas tan reconocidas como Plaza Sésamo ha intensificado el debate. Durante décadas, este tipo de organizaciones han construido relaciones de confianza con familias y comunidades, posicionándose como referentes en educación y bienestar infantil.

Para defensores de derechos parentales, asociarse con corporaciones tecnológicas acusadas de diseñar plataformas adictivas representa un riesgo reputacional importante. La preocupación no solo radica en el mensaje transmitido, sino también en la percepción de legitimidad que estas alianzas podrían otorgar a empresas actualmente enfrentadas a múltiples litigios.

Una de las críticas más contundentes vino de Rose Bronstein, madre de un adolescente que murió tras sufrir acoso cibernético. Su comparación fue especialmente dura: cuestionó si enseñar un uso “seguro” de redes sociales mediante aliados infantiles no equivaldría a normalizar un problema estructural.

Demandas, salud mental y un entorno bajo presión

El contexto legal tampoco ayuda a reducir las tensiones. Meta y Google enfrentan diversas demandas que las acusan de contribuir a afectaciones en la salud mental de jóvenes mediante productos diseñados para generar dependencia digital.

Uno de los casos más emblemáticos concluyó con una sentencia de seis millones de dólares contra ambas compañías, reforzando el escrutinio público sobre la responsabilidad corporativa en el diseño tecnológico. Aunque las empresas han defendido sus iniciativas educativas, el debate sobre los límites éticos de estas estrategias continúa creciendo.

La conversación se vuelve especialmente sensible cuando se considera que pediatras y especialistas han advertido que antes de cierta edad muchos menores no cuentan con las herramientas emocionales necesarias para gestionar adecuadamente el uso intensivo de teléfonos inteligentes.

Moderación digital o gestión reputacional: una pregunta incómoda

De acuerdo con Nora Kenworthy, investigadora de salud pública de la Universidad de Washington Bothell, las corporaciones históricamente han recurrido a instituciones confiables para fortalecer su imagen pública. Desde industrias como la tabacalera hasta compañías refresqueras, las alianzas filantrópicas han sido utilizadas para reducir cuestionamientos reputacionales.

En este contexto, surge una pregunta inevitable: ¿las campañas sobre moderación digital responden genuinamente al bienestar infantil o forman parte de una estrategia de gestión de reputación? Para especialistas en responsabilidad social, el reto no está únicamente en financiar programas educativos, sino en alinear el mensaje con prácticas empresariales coherentes.

Cuando existe una brecha entre narrativa y operación, el riesgo de enfrentar acusaciones de inconsistencias —o incluso de lavado reputacional— aumenta significativamente.

El impacto financiero y la presión del mercado

Mientras la conversación pública se intensifica, el comportamiento financiero de ambas empresas muestra panoramas distintos. En lo que va del año, las acciones de Meta han registrado una caída del 6%, mientras Alphabet, matriz de Google, ha experimentado un crecimiento del 27%.

Aunque el desempeño bursátil responde a múltiples factores, el entorno regulatorio y reputacional se ha convertido en una variable cada vez más relevante para inversionistas. La gobernanza corporativa, la protección de usuarios vulnerables y los riesgos asociados al bienestar digital forman parte creciente de los criterios ESG observados por el mercado.

El caso de Meta y Google evidencia una tensión que muchas compañías enfrentan actualmente: la distancia entre el propósito que comunican y las dinámicas que sostienen su rentabilidad. Promover hábitos responsables mientras el modelo económico premia la atención constante genera preguntas legítimas sobre coherencia corporativa.

Para quienes observan la evolución de la responsabilidad social empresarial, este episodio deja una lección importante: impulsar programas educativos puede generar valor, pero solo cuando existe congruencia entre el mensaje y las prácticas del negocio. En un entorno donde la confianza es uno de los activos más frágiles, la autenticidad ya no es opcional.

1 de cada 4 partidos del Mundial 2026 podría disputarse con calor excesivo

El futbol suele ser visto como un espacio de celebración, rivalidad y emoción colectiva. Sin embargo, de cara a la Copa del Mundo de 2026, otro protagonista podría robarse parte de la atención: el aumento de las temperaturas. Un reciente estudio científico advierte que uno de cada cuatro partidos del torneo podría disputarse bajo condiciones de calor que representarían riesgos para la salud de jugadores y aficionados. El dato no solo preocupa a especialistas en deporte, sino también a quienes observan el impacto creciente de la crisis climática en la vida cotidiana.

La próxima Copa del Mundo, organizada entre México, Estados Unidos y Canadá, será histórica por múltiples razones: contará con 48 selecciones y 104 partidos, pero también podría marcar un antes y un después en la relación entre deporte y clima. Lo que antes parecía una variable secundaria hoy comienza a modificar horarios, protocolos y decisiones operativas. El debate sobre el calor en el Mundial 2026 ya no pertenece únicamente a la conversación científica, sino también a la deportiva y económica.

El deporte global frente a un nuevo rival

De acuerdo con El País, el cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en un fenómeno tangible que afecta prácticamente todos los ámbitos, incluido el deporte profesional. Competencias internacionales como los Juegos Olímpicos de Invierno y grandes vueltas ciclistas ya han tenido que adaptarse a eventos meteorológicos extremos, desde olas de calor hasta falta de nieve.

La Copa Mundial Masculina de la FIFA tampoco parece escapar a esta tendencia. Un análisis elaborado por científicos de World Weather Attribution (WWA), liderados por Frederick Otto y Theodore Keeping del Imperial College de Londres, estima que 26 de los 104 encuentros programados podrían jugarse en condiciones consideradas de riesgo térmico. La preocupación crece porque se trata del evento deportivo más visto del planeta y uno de los espectáculos con mayor concentración de personas.

Calor en el Mundial 2026: qué dice la ciencia

El estudio parte de una métrica poco conocida fuera de ámbitos especializados: la Temperatura de Bulbo Húmedo y Globo (WBGT, por sus siglas en inglés), una medida que no solo contempla el calor ambiente, sino también humedad, radiación solar y velocidad del viento. Es decir, refleja con mayor precisión el estrés térmico que experimenta el cuerpo humano durante actividad física intensa.

Los investigadores concluyeron que 26 partidos probablemente superarán los 26 grados Celsius WBGT, umbral que el sindicato internacional de futbolistas FIFPRO considera riesgoso y que requiere pausas obligatorias de enfriamiento. Más preocupante aún: cinco encuentros podrían superar los 28 grados WBGT, nivel considerado objetivamente peligroso y que, según recomendaciones médicas y deportivas, justificaría retrasar o posponer partidos.

La comparación histórica también resulta reveladora. Al replicar el análisis con las mismas sedes utilizadas en el Mundial de Estados Unidos de 1994, los científicos encontraron que el riesgo de enfrentar condiciones extremas prácticamente se ha duplicado. En promedio, las temperaturas actuales son alrededor de 0.7 grados más elevadas que hace tres décadas.

Los equipos más expuestos al riesgo térmico

Aunque el torneo será compartido entre tres países anfitriones, no todas las selecciones enfrentarán el mismo escenario climático. Portugal aparece como el combinado con mayor probabilidad de disputar sus encuentros bajo calor extremo, con un riesgo cercano al 80 % de superar los 26 grados WBGT en fase de grupos.

Países Bajos, Arabia Saudita y Cabo Verde también enfrentarían probabilidades elevadas. En contraste, selecciones anfitrionas como México, Estados Unidos y Canadá tienen menos del 5 % de probabilidad de superar dichos umbrales térmicos durante sus primeros partidos, debido principalmente a la ubicación y condiciones climáticas de sus sedes.

Argentina, vigente campeona del mundo, tendrá un panorama especialmente desafiante. Uno de sus partidos en Dallas, programado al mediodía del 22 de junio, presenta una probabilidad del 100 % de rebasar el límite de 26 grados WBGT, además de una posibilidad considerable de llegar a temperaturas aún más peligrosas.

México, estadios climatizados y el desafío de las sedes

No todas las ciudades sede enfrentarán el mismo nivel de exposición. Según los investigadores, Houston, Dallas y Atlanta figuran entre los recintos con mayor riesgo climático. La buena noticia es que estos estadios cuentan con sistemas de aire acondicionado y estructuras parcialmente cubiertas que ayudarían a mitigar el impacto.

En el caso de Guadalajara, por ejemplo, uno de los partidos de España tendría probabilidades prácticamente nulas de rebasar niveles peligrosos. Sin embargo, otras ciudades como Miami preocupan más, especialmente en estadios sin climatización, donde selecciones como Colombia podrían enfrentar escenarios complicados.

La fase eliminatoria tampoco estará exenta de tensión climática. Incluso la gran final, programada para disputarse en Nueva York el 19 de julio, presenta un 12 % de probabilidad de superar temperaturas consideradas peligrosas. Aunque el porcentaje parezca moderado, refleja una tendencia creciente frente a ediciones anteriores.

Calor en el Mundial 2026 y las pausas de hidratación

Ante este escenario, FIFA implementará por primera vez una medida inédita: pausas obligatorias de hidratación en todos los partidos, sin importar el pronóstico climático, el estadio o la hora del encuentro. Habrá descansos de tres minutos alrededor de los minutos 22 y 67, una decisión que busca reducir el impacto del estrés térmico sobre futbolistas.

La medida, sin embargo, ha generado debate. Algunos especialistas consideran que sería más efectivo reprogramar los partidos para horarios nocturnos, cuando las temperaturas descienden. Pero la realidad del negocio deportivo pesa considerablemente: gran parte de los horarios están diseñados para coincidir con las audiencias televisivas europeas, consideradas las más rentables del torneo.

Por ello, partidos clave como la inauguración y la final se mantendrán en horarios donde el calor suele alcanzar sus máximos diarios. Para algunos críticos, las pausas también podrían representar nuevas oportunidades comerciales, al abrir espacios adicionales para publicidad en transmisiones de alta audiencia.

El impacto en aficionados y comunidades

El debate sobre el calor en el Mundial 2026 no solo gira alrededor de los futbolistas. Los aficionados podrían enfrentar riesgos incluso mayores, especialmente quienes permanezcan largas horas al aire libre antes de ingresar a los estadios o en zonas de convivencia masiva sin supervisión médica.

El profesor Frederick Otto ha advertido que, a diferencia de los jugadores, las personas asistentes suelen tener menor acceso a hidratación controlada, sombra o atención inmediata. Esto convierte al evento en un reto de salud pública para las ciudades anfitrionas, que deberán reforzar protocolos de emergencia, espacios frescos y campañas preventivas.

Más allá de lo deportivo, el Mundial podría convertirse en un caso emblemático de cómo las industrias del entretenimiento tendrán que replantear su operación frente al avance del cambio climático.

¿El futuro del futbol será en invierno?

La experiencia de Qatar 2022 ya había obligado a mover un Mundial a meses invernales para evitar temperaturas extremas. Hoy, investigadores comienzan a plantear que futuras Copas del Mundo podrían celebrarse cada vez más en regiones frías o fuera del verano tradicional.

La conversación ya está abierta: ¿deberán priorizarse condiciones climáticas seguras por encima de intereses comerciales o hábitos históricos del calendario? Lo cierto es que el calor en el Mundial 2026 podría convertirse en uno de los temas que redefinan el futuro del futbol internacional.

La próxima Copa del Mundo promete estadios llenos, narrativas épicas y millones de espectadores frente a la pantalla. Pero también será un termómetro —literal y simbólico— de qué tan preparada está la industria deportiva para responder a un planeta cada vez más caliente. El balón rodará, sí, pero esta vez el clima también jugará su propio partido.