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1 de cada 4 partidos del Mundial 2026 podría disputarse con calor excesivo

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El futbol suele ser visto como un espacio de celebración, rivalidad y emoción colectiva. Sin embargo, de cara a la Copa del Mundo de 2026, otro protagonista podría robarse parte de la atención: el aumento de las temperaturas. Un reciente estudio científico advierte que uno de cada cuatro partidos del torneo podría disputarse bajo condiciones de calor que representarían riesgos para la salud de jugadores y aficionados. El dato no solo preocupa a especialistas en deporte, sino también a quienes observan el impacto creciente de la crisis climática en la vida cotidiana.

La próxima Copa del Mundo, organizada entre México, Estados Unidos y Canadá, será histórica por múltiples razones: contará con 48 selecciones y 104 partidos, pero también podría marcar un antes y un después en la relación entre deporte y clima. Lo que antes parecía una variable secundaria hoy comienza a modificar horarios, protocolos y decisiones operativas. El debate sobre el calor en el Mundial 2026 ya no pertenece únicamente a la conversación científica, sino también a la deportiva y económica.

El deporte global frente a un nuevo rival

De acuerdo con El País, el cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en un fenómeno tangible que afecta prácticamente todos los ámbitos, incluido el deporte profesional. Competencias internacionales como los Juegos Olímpicos de Invierno y grandes vueltas ciclistas ya han tenido que adaptarse a eventos meteorológicos extremos, desde olas de calor hasta falta de nieve.

La Copa Mundial Masculina de la FIFA tampoco parece escapar a esta tendencia. Un análisis elaborado por científicos de World Weather Attribution (WWA), liderados por Frederick Otto y Theodore Keeping del Imperial College de Londres, estima que 26 de los 104 encuentros programados podrían jugarse en condiciones consideradas de riesgo térmico. La preocupación crece porque se trata del evento deportivo más visto del planeta y uno de los espectáculos con mayor concentración de personas.

Calor en el Mundial 2026: qué dice la ciencia

El estudio parte de una métrica poco conocida fuera de ámbitos especializados: la Temperatura de Bulbo Húmedo y Globo (WBGT, por sus siglas en inglés), una medida que no solo contempla el calor ambiente, sino también humedad, radiación solar y velocidad del viento. Es decir, refleja con mayor precisión el estrés térmico que experimenta el cuerpo humano durante actividad física intensa.

Los investigadores concluyeron que 26 partidos probablemente superarán los 26 grados Celsius WBGT, umbral que el sindicato internacional de futbolistas FIFPRO considera riesgoso y que requiere pausas obligatorias de enfriamiento. Más preocupante aún: cinco encuentros podrían superar los 28 grados WBGT, nivel considerado objetivamente peligroso y que, según recomendaciones médicas y deportivas, justificaría retrasar o posponer partidos.

La comparación histórica también resulta reveladora. Al replicar el análisis con las mismas sedes utilizadas en el Mundial de Estados Unidos de 1994, los científicos encontraron que el riesgo de enfrentar condiciones extremas prácticamente se ha duplicado. En promedio, las temperaturas actuales son alrededor de 0.7 grados más elevadas que hace tres décadas.

Los equipos más expuestos al riesgo térmico

Aunque el torneo será compartido entre tres países anfitriones, no todas las selecciones enfrentarán el mismo escenario climático. Portugal aparece como el combinado con mayor probabilidad de disputar sus encuentros bajo calor extremo, con un riesgo cercano al 80 % de superar los 26 grados WBGT en fase de grupos.

Países Bajos, Arabia Saudita y Cabo Verde también enfrentarían probabilidades elevadas. En contraste, selecciones anfitrionas como México, Estados Unidos y Canadá tienen menos del 5 % de probabilidad de superar dichos umbrales térmicos durante sus primeros partidos, debido principalmente a la ubicación y condiciones climáticas de sus sedes.

Argentina, vigente campeona del mundo, tendrá un panorama especialmente desafiante. Uno de sus partidos en Dallas, programado al mediodía del 22 de junio, presenta una probabilidad del 100 % de rebasar el límite de 26 grados WBGT, además de una posibilidad considerable de llegar a temperaturas aún más peligrosas.

México, estadios climatizados y el desafío de las sedes

No todas las ciudades sede enfrentarán el mismo nivel de exposición. Según los investigadores, Houston, Dallas y Atlanta figuran entre los recintos con mayor riesgo climático. La buena noticia es que estos estadios cuentan con sistemas de aire acondicionado y estructuras parcialmente cubiertas que ayudarían a mitigar el impacto.

En el caso de Guadalajara, por ejemplo, uno de los partidos de España tendría probabilidades prácticamente nulas de rebasar niveles peligrosos. Sin embargo, otras ciudades como Miami preocupan más, especialmente en estadios sin climatización, donde selecciones como Colombia podrían enfrentar escenarios complicados.

La fase eliminatoria tampoco estará exenta de tensión climática. Incluso la gran final, programada para disputarse en Nueva York el 19 de julio, presenta un 12 % de probabilidad de superar temperaturas consideradas peligrosas. Aunque el porcentaje parezca moderado, refleja una tendencia creciente frente a ediciones anteriores.

Calor en el Mundial 2026 y las pausas de hidratación

Ante este escenario, FIFA implementará por primera vez una medida inédita: pausas obligatorias de hidratación en todos los partidos, sin importar el pronóstico climático, el estadio o la hora del encuentro. Habrá descansos de tres minutos alrededor de los minutos 22 y 67, una decisión que busca reducir el impacto del estrés térmico sobre futbolistas.

La medida, sin embargo, ha generado debate. Algunos especialistas consideran que sería más efectivo reprogramar los partidos para horarios nocturnos, cuando las temperaturas descienden. Pero la realidad del negocio deportivo pesa considerablemente: gran parte de los horarios están diseñados para coincidir con las audiencias televisivas europeas, consideradas las más rentables del torneo.

Por ello, partidos clave como la inauguración y la final se mantendrán en horarios donde el calor suele alcanzar sus máximos diarios. Para algunos críticos, las pausas también podrían representar nuevas oportunidades comerciales, al abrir espacios adicionales para publicidad en transmisiones de alta audiencia.

El impacto en aficionados y comunidades

El debate sobre el calor en el Mundial 2026 no solo gira alrededor de los futbolistas. Los aficionados podrían enfrentar riesgos incluso mayores, especialmente quienes permanezcan largas horas al aire libre antes de ingresar a los estadios o en zonas de convivencia masiva sin supervisión médica.

El profesor Frederick Otto ha advertido que, a diferencia de los jugadores, las personas asistentes suelen tener menor acceso a hidratación controlada, sombra o atención inmediata. Esto convierte al evento en un reto de salud pública para las ciudades anfitrionas, que deberán reforzar protocolos de emergencia, espacios frescos y campañas preventivas.

Más allá de lo deportivo, el Mundial podría convertirse en un caso emblemático de cómo las industrias del entretenimiento tendrán que replantear su operación frente al avance del cambio climático.

¿El futuro del futbol será en invierno?

La experiencia de Qatar 2022 ya había obligado a mover un Mundial a meses invernales para evitar temperaturas extremas. Hoy, investigadores comienzan a plantear que futuras Copas del Mundo podrían celebrarse cada vez más en regiones frías o fuera del verano tradicional.

La conversación ya está abierta: ¿deberán priorizarse condiciones climáticas seguras por encima de intereses comerciales o hábitos históricos del calendario? Lo cierto es que el calor en el Mundial 2026 podría convertirse en uno de los temas que redefinan el futuro del futbol internacional.

La próxima Copa del Mundo promete estadios llenos, narrativas épicas y millones de espectadores frente a la pantalla. Pero también será un termómetro —literal y simbólico— de qué tan preparada está la industria deportiva para responder a un planeta cada vez más caliente. El balón rodará, sí, pero esta vez el clima también jugará su propio partido.

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