Cada 10 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Legumbres, una fecha que busca reconocer la importancia de alimentos como frijoles, lentejas, garbanzos, chícharos y habas, fundamentales por su valor nutricional, su accesibilidad y su papel en la seguridad alimentaria a nivel global.
Las legumbres han sido, históricamente, un pilar de la alimentación en México. Su presencia en la cocina tradicional responde tanto a su versatilidad, como también a su capacidad para aportar nutrientes esenciales y adaptarse a distintos contextos sociales y económicos. En un escenario donde la seguridad alimentaria sigue siendo un reto, estos alimentos cobran especial relevancia por su potencial para fortalecer dietas equilibradas y sostenibles.
Desde el trabajo que impulsa Saber Nutrir, se ha identificado que el impacto de las legumbres no se limita a su consumo, sino que está estrechamente ligado a su aprovechamiento y conservación. Contar con alimentos nutritivos disponibles durante más tiempo permite a las familias planear mejor su alimentación, reducir pérdidas y fortalecer su autosuficiencia alimentaria.
En comunidades rurales, una parte clave de este proceso es el almacenamiento adecuado de granos y legumbres. A través de herramientas como los silos, es posible proteger estos alimentos de la humedad, las plagas y la contaminación, alargando su vida útil y asegurando su disponibilidad a lo largo del año. En este sentido, Saber Nutrir ha entregado, en total, 127 silos en comunidades de Yucatán y el Estado de México, contribuyendo a una mejor conservación de alimentos básicos y al aprovechamiento de los recursos locales.
Desde el punto de vista nutricional, las legumbres son una fuente importante de proteína vegetal, además de aportar fibra, minerales como hierro, calcio y magnesio, y vitaminas del complejo B. La fibra favorece la digestión y ayuda a regular los niveles de glucosa y colesterol en sangre, mientras que su contenido de micronutrientes las convierte en aliadas de una alimentación equilibrada.
Las proteínas que aportan las legumbres están formadas por aminoácidos, pequeñas moléculas esenciales para el funcionamiento del organismo. De los 20 aminoácidos que el cuerpo necesita, 9 son esenciales, ya que no los produce por sí mismo y deben obtenerse a través de la alimentación. Aunque las legumbres carecen de alguno de estos aminoácidos, al combinarse con cereales como maíz, arroz, trigo o avena, se obtiene una proteína vegetal de alto valor biológico, una práctica común en la cocina tradicional mexicana.
Conmemorar el Día Mundial de las Legumbres es una oportunidad para reconocer que una buena nutrición no sólo depende de lo que se produce, sino también de cómo se conserva, se combina y se aprovecha. Decisiones cotidianas, tanto en el hogar como en las comunidades, pueden contribuir a sistemas alimentarios más justos, resilientes y sostenibles.
Te invitamos a celebrar este día con una receta simple y práctica:
Ensalada tibia de lentejas con verduras y limón
Ingredientes (4 porciones):
· 1 taza de lentejas cocidas
· ½ taza de jitomate picado
· ½ taza de pepino en cubos
· ¼ de cebolla morada finamente picada
· 1 cucharada de aceite de oliva
· Jugo de 1 limón
· Sal y pimienta al gusto
· Opcional: perejil o cilantro fresco
Preparación:
Mezcla las lentejas cocidas con el jitomate, pepino y cebolla. Agrega el aceite de oliva, el jugo de limón, sal y pimienta. Integra bien y termina con hierbas frescas al gusto. Puede consumirse sola o acompañarse con arroz o tortillas de maíz para lograr una combinación de proteína vegetal de alto valor biológico.
En el marco del programa Adopta una Playa, que forma parte de la Estrategia Nacional de Limpieza y Conservación de Playas y Costas de México 2025–2030, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en colaboración con Tetra Pak, llevaron a cabo jornadas de limpieza y educación ambiental en playas de Oaxaca y Jalisco, como parte de las primeras 12 actividades previstas para este 2026, en las que se recolectaron más de 280 kilogramos de residuos.
Las acciones se realizaron los días 29, 30 y 31 de enero en las playas Agua Blanca, San Agustinillo y la Bocabarra de la Laguna del Palmar, en Oaxaca; así como también el 30 y 31 en Melaque–Barra de Navidad y Punta Pérula, en Jalisco. Adicionalmente, se tiene programada una jornada en La Manzanilla, Jalisco, para el próximo 15 de febrero.
La participación de Tetra Pak, empresa de soluciones de envasado y procesamiento de alimentos, fue clave para el diseño e implementación de las jornadas, al aportar su experiencia en economía circular y reciclaje, así como su conocimiento en el manejo responsable de materiales posconsumo. A través de estas actividades, la compañía reafirma su compromiso con el desarrollo de soluciones sostenibles que contribuyan a la protección de los ecosistemas costeros y al fortalecimiento de las capacidades locales.
“En Tetra Pak entendemos que la sostenibilidad va más allá de nuestros procesos productivos; implica trabajar de manera conjunta con autoridades, comunidades y organizaciones para generar cambios reales. Estas jornadas reflejan nuestro compromiso por impulsar una cultura del reciclaje y del cuidado ambiental que tenga un impacto duradero en las costas del país”, señaló Alfredo Román, gerente de Sostenibilidad en Tetra Pak México.
De manera complementaria, se llevaron a cabo actividades de sensibilización dirigidas a la población local y a visitantes, enfocadas en la correcta separación de residuos y la importancia de conservar los espacios naturales.
Las playas seleccionadas representaron contextos estratégicos para la implementación de acciones integrales de conservación, al permitir el intercambio de experiencias entre comunidades, autoridades y sector privado, y generar aprendizajes replicables en otros puntos del país.
AWOMAN, la plataforma de talento y desarrollo para mujeres más relevante de México, anuncia su edición 2026. Este encuentro marca quince años de construir espacios seguros e inspiradores para mujeres que buscan crecer, reconectar consigo mismas y avanzar con mayor claridad y confianza en su camino personal y profesional.
A lo largo de su trayectoria, AWOMAN se ha consolidado como un referente de historias reales, aprendizaje práctico y una energía colectiva que ha impulsado a miles de mujeres a confiar en su voz y atreverse a ir por más.
La edición 2026 se llevará a cabo el 28 de febrero y 1 de marzo y, por primera vez, tendrá como sede Campo Marte, uno de los espacios más emblemáticos de la Ciudad de México. Este cambio marca un nuevo capítulo para el evento, elevando la experiencia a un formato más grande, inmersivo y vibrante.
La experiencia de dos días ofrecerá una agenda integral con conferencias, workshops y paneles con más de 60 ponentes, abarcando temas clave como emprendimiento, finanzas, bienestar físico y emocional, y desarrollo personal. Además, AWOMAN 2026 contará con espacios diseñados para generar conversaciones auténticas, un bazar de marcas mexicanas y activaciones pensadas para conectar de forma natural con cada asistente.
“AWOMAN es ese espacio que nos recuerda que no estamos solas. Aquí aprendemos, compartimos y nos llevamos herramientas reales que nos acompañan más allá del evento. Esta edición es una celebración de todo lo que hemos construido juntas”, comentó Irma Zapata, COO y Socia de AWOMAN.
Este año, la experiencia se renueva integrando nuevas voces, formatos y marcas aliadas que comparten la visión de impulsar a las mujeres en todas sus facetas: emocional, física, profesional y financiera.
Como antesala a la edición 2026, hoy se llevó a cabo la conferencia de prensa, conducida por Mónica Basilia, donde se compartió una probadita de lo que se vivirá en AWOMAN. Más que una presentación tradicional, fue un espacio cercano y dinámico que dejó ver que este encuentro es de esos que se quedan contigo y te mueven por dentro.
Durante la sesión, las asistentes participaron en distintas actividades que reflejaron la esencia del evento y la conversación fue fluyendo casi como entre amigas. Primero llegó Claudia Torre y, entre ejemplos y risas, nos hizo ver que el orden no se trata solo de acomodar cosas, sino de crear espacios que te den paz y claridad. Como si nos dijera bajito que soltar no es perder, es volver a encontrarte.
Luego Ceci Valdés nos sorprendió con una dinámica tan simple como poderosa: un hilo que iba pasando de mano en mano hasta formar una red visible entre todas. En ese momento se entendió sin muchas palabras lo que pasa cuando las mujeres se apoyan y se impulsan; esa sensación de que juntas siempre llegamos más lejos.
Después Pamela Herrera abrió el tema del placer desde un lugar inesperado, casi como quien lanza una pregunta en voz alta para que todas pensemos. Con tarjetas y ejercicios prácticos fuimos descubriendo pequeñas formas de disfrute que normalmente se nos escapan, ampliando la mirada más allá de lo evidente.
Más adelante, Vanessa Pelayo nos llevó a conectar con el cuerpo de una manera muy consciente, enseñándonos que incluso con nuestras propias manos podemos liberar tensiones y toxinas. Fue un momento breve pero muy presente, de esos que te recuerdan que el autocuidado también puede ser sencillo.
Y ya para cerrar, Andrea Fit subió la energía del lugar invitándonos a movernos, sudar un poco y reconectar con nuestra fuerza. Un cierre ligero pero poderoso que dejó claro que sentirnos fuertes también es bienestar.
En conjunto, fue un adelanto íntimo y significativo de lo que AWOMAN busca generar: experiencias que inspiran, conectan y dejan huella mucho más allá del momento.Para conocer la agenda completa y adquirir boletos, visita las redes sociales oficiales, @awomanmx, y el sitio web.
De acuerdo con el Índice de Mascotas Sin Hogar realizado por Mars a nivel global, México enfrenta una de las crisis más severas del mundo con más de 29.7 millones de perros y gatos viviendo en las calles del país. Es por ello que, Mars Petcare, líder global en nutrición y bienestar animal, reafirma su propósito de crear “Un Mundo Mejor para las Mascotas“, mediante sus programas Pedigree Adóptame™ y Ciudad Para las Mascotas, consolidando las campañas de esterilización como un pilar preventivo ante esta problemática.
En colaboración con el Instituto de Protección Animal y el Gobierno Municipal de El Marqués, Mars anuncia jornadas gratuitas de esterilización y vacunación en la comunidad de Matanzas. Esta iniciativa es histórica, ya que busca convertir a Matanzas en la primera comunidad en Querétaro con una población de perros y gatos 100% esterilizada.
“Como líderes de la categoría de alimento para mascotas, sentimos la responsabilidad de mitigar esta problemática desde sus diversos frentes. Este fin de semana marcará, para muchas familias de la comunidad de Matanzas, un primer acceso a servicios veterinarios confiables y accesibles, lo que se vuelve imprescindible en un contexto en donde, sin un manejo responsable de la reproducción, la cantidad de perros puede duplicarse cada seis meses, pasando de 2 a 2,048 en tan sólo cinco años”, señaló Daniel Cosío, Gerente de Asuntos Públicos de Mars Pet Nutrition.
Tan solo en nuestro país, Mars en su división de mascotas ha facilitado más de 490,000 esterilizaciones y ha ayudado a más de 83,000 animales a encontrar un hogar. El Índice de Mascotas Sin Hogar de Mars revela que, en México, la tasa de esterilización en perros es de apenas el 25%, una cifra que Mars busca elevar mediante esfuerzos que transformen esta realidad.
Entre los principales beneficios de la esterilización de perros y gatos son:
Reduce el riesgo de cáncer:
En hembras, disminuye la probabilidad de cáncer de mama, ovarios y útero.
En machos, previene el cáncer testicular y reduce problemas de próstata.
Evita infecciones graves
Suelen vivir más tiempo y con menos complicaciones médicas a largo plazo.
Menos agresividad y peleas, sobre todo en machos.
Disminuye el marcaje con orina y los escapes en busca de pareja.
Menos ansiedad sexual: no entran en celo ni muestran conductas asociadas (maullidos, aullidos, inquietud).
Evita camadas no deseadas, que muchas veces terminan en abandono o refugios saturados.
Facilita una convivencia más tranquila en casa y con otros animales.
Ayuda a controlar la sobrepoblación animal, reduciendo el número de animales en la calle y el sacrificio en refugios.
Es un acto de tenencia responsable.
Con acciones como esta, Mars Petcare no solo atiende una urgencia de salud pública, sino que establece un modelo de colaboración replicable entre iniciativa privada y gobierno. La meta es clara: asegurar que cada mascota en México tenga la oportunidad de vivir en un entorno seguro, saludable y con un hogar responsable.
En el marco del acto inaugural del XIII Congreso Ticare, que se celebra en Valladolid los días 6 y 7 de febrero, se ha presentado la Fundación Moving for Care. Esta entidad, sin ánimo de lucro, ha sido impulsada por el compromiso con la ciencia y la sociedad de Mozo Grau-Ticare, empresa vallisoletana pionera en implantología dental que este año celebra su 30 Aniversario.
La Fundación Moving for Care promueve una implantología más segura, basada en evidencia científica y en la salud periimplantaria a largo plazo de las personas con implantes dentales o que se vayan a someter a este tratamiento. Trabaja desde una perspectiva independiente y ética, actuando como nexo entre los profesionales clínicos, la investigación científica y la sociedad.
En palabras del presidente del Patronato de la Fundación, Fernando Mozo: “La Fundación Moving for Care nace en un contexto de madurez y responsabilidad del sector de la implantología dental en España. Nuestro objetivo es contribuir al avance del conocimiento científico y clínico en la salud periimplantaria, fomentando la prevención, la cooperación, la divulgación de buenas prácticas y la innovación clínica”.
Tras la presentación, a cargo de Ángel Mozo, patrono de la Fundación, se ha concedido el primer reconocimiento de la entidad. El galardonado ha sido el Profesor Doctor Carlos Navarro Vila, por su dedicación a los pacientes oncológicos y por su contribución al ámbito de la implantología dental. Fernando Mozo ha sido el encargo de hacerle entrega del galardón.
XIII Congreso Ticare
El Congreso Ticare ha sido declarado de Interés Sanitario por la Junta de Castilla y León y cuenta con el respaldo de diversas sociedades científicas del ámbito odontológico. El acto inaugural de su XIII edición ha sido presidido por Fernando Rubio, director de la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico de Valladolid.
Este evento reúne en la Feria de Valladolid a cerca de 1.500 profesionales del sector, entre odontólogos, cirujanos maxilofaciales, protésicos, higienistas y responsables de clínicas, así como a más de 55 ponentes nacionales e internacionales.
La sostenibilidad dejó de ser un “programa” para convertirse en un criterio estratégico que define la viabilidad de las organizaciones. Hoy, las empresas que realmente transforman su impacto no son las que comunican mejor, sino las que deciden distinto en cada nivel de su operación. El verdadero cambio ocurre cuando la visión social y ambiental deja de estar aislada y se integra en la lógica de negocio, desde la planeación hasta la ejecución.
Hablar de sostenibilidad en la toma de decisiones es hablar de coherencia, de procesos que conectan propósito con resultados, y de liderazgos que entienden el largo plazo como una ventaja competitiva. No se trata de sumar iniciativas, sino de rediseñar la forma en que se elige, se prioriza y se mide. Esta nota propone un recorrido práctico y estratégico para lograr que la sostenibilidad sea el eje que guíe cada elección relevante dentro de la organización.
De área funcional a principio organizacional
Durante años, la sostenibilidad se concentró en un solo departamento, con presupuestos y metas aisladas del core del negocio. Esto generó avances relevantes, pero también una brecha entre el discurso y la realidad operativa. El primer paso es reconocer que el impacto no se gestiona en silos, sino en decisiones transversales.
Cuando la sostenibilidad se convierte en un principio organizacional, cada área comienza a cuestionar cómo sus acciones afectan a la cadena de valor. Finanzas, compras, operaciones y talento humano empiezan a compartir la responsabilidad.
La cultura deja de ver la RSE como un “extra” y la entiende como parte del modelo de negocio.
Este cambio implica revisar estructuras, procesos y métricas internas. No basta con reportar resultados; es necesario que las decisiones cotidianas se evalúen bajo criterios sociales, ambientales y económicos. Así, la sostenibilidad se convierte en una guía práctica, no en un ideal abstracto.
Sostenibilidad en la toma de decisiones: un cambio de mentalidad
Integrar la sostenibilidad en la toma de decisiones exige un giro profundo en la forma de pensar el crecimiento. Ya no se trata de maximizar beneficios a corto plazo, sino de crear valor que resista el tiempo y las crisis. Este enfoque redefine el concepto de éxito empresarial.
Las organizaciones que adoptan esta lógica comienzan a analizar riesgos y oportunidades desde una perspectiva sistémica. El impacto social y ambiental deja de ser un costo y se convierte en un factor estratégico para la innovación. Cada decisión se evalúa por su capacidad de generar resiliencia.
Este cambio no ocurre de la noche a la mañana. Requiere liderazgo, comunicación constante y una narrativa interna que conecte propósito con resultados. Cuando las personas entienden el porqué, el cómo se vuelve más claro y alcanzable.
Gobernanza y liderazgo como catalizadores
La integración real de la sostenibilidad comienza en el nivel más alto de la organización. Consejos directivos y comités ejecutivos deben asumir un rol activo, incorporando criterios ESG en sus procesos de aprobación. Sin este respaldo, cualquier iniciativa pierde fuerza.
El liderazgo debe traducir la visión en reglas claras de operación. Políticas, códigos de conducta y sistemas de incentivos alineados refuerzan el mensaje de que la sostenibilidad no es negociable. Cada decisión estratégica refleja ese compromiso.
Cuando la alta dirección actúa con coherencia, se genera un efecto cascada. Los equipos replican ese enfoque y lo integran en sus procesos diarios. La gobernanza se convierte en el puente entre la estrategia y la acción.
Datos, impacto y toma de decisiones informada
No se puede gestionar lo que no se mide, y la sostenibilidad no es la excepción. Contar con indicadores claros permite evaluar el impacto real de cada decisión. La información se transforma en una herramienta de mejora continua.
Los sistemas de medición ayudan a identificar áreas de riesgo y oportunidades de innovación. Al integrar estos datos en los tableros de control, la sostenibilidad se vuelve parte de la conversación estratégica. Las decisiones dejan de basarse solo en intuición. Este enfoque fortalece la credibilidad interna y externa. Los resultados se comunican con transparencia y se utilizan para ajustar procesos. La organización aprende de sus propios datos y evoluciona con ellos.
Sostenibilidad en la toma de decisiones en la cadena de valor
La verdadera transformación ocurre cuando la sostenibilidad en la toma de decisiones se extiende más allá de la empresa. Proveedores, aliados y clientes se convierten en parte del mismo ecosistema de impacto. Cada elección afecta a toda la red. Seleccionar socios con criterios responsables fortalece la reputación y reduce riesgos. Las decisiones de compra, logística y producción se alinean con estándares éticos y ambientales. La cadena de valor se convierte en un motor de cambio.
Este enfoque genera relaciones de largo plazo basadas en confianza. La sostenibilidad deja de ser un requisito y se convierte en una ventaja competitiva compartida. El impacto se multiplica cuando se trabaja en red.
Cultura organizacional y aprendizaje continuo
La integración de la sostenibilidad no se sostiene sin una cultura que la respalde. Capacitar, comunicar y reconocer buenas prácticas refuerza el comportamiento esperado. Las personas se convierten en agentes de cambio. El aprendizaje continuo permite adaptar la estrategia a nuevos contextos. Las organizaciones que escuchan a sus colaboradores y comunidades toman decisiones más informadas. La sostenibilidad se vive, no solo se declara.
Cuando la cultura se alinea con la estrategia, cada decisión refleja el propósito. La coherencia se convierte en un valor compartido que guía el crecimiento. Así, la empresa evoluciona junto con su entorno
Integrar la sostenibilidad en la toma de decisiones no es una tendencia, es una necesidad para construir organizaciones resilientes y relevantes. Significa repensar cómo se define el éxito y cómo se mide el impacto. Cuando la sostenibilidad se convierte en el eje de cada elección, la empresa no solo responde al presente, sino que construye el futuro con responsabilidad y visión de largo plazo.
La promesa de un futuro “cero emisiones” se ha convertido en una de las banderas más visibles de las grandes corporaciones. En un mercado saturado de discursos verdes, los compromisos climáticos funcionan como símbolos de modernidad, innovación y responsabilidad. Sin embargo, cuando estas declaraciones no se sostienen con datos claros, metas verificables y planes públicos de transición, el mensaje se transforma en un riesgo reputacional de alto impacto. La historia reciente de Shein es una prueba de cómo la narrativa puede derrumbarse cuando se enfrenta al escrutinio legal y social.
Según un artículo de edie, en Alemania, uno de los mercados más exigentes en materia de consumo responsable, la plataforma de moda rápida decidió dar un paso atrás. Shein retira sus afirmaciones climáticas más visibles tras una denuncia por lavado verde que cuestiona la falta de sustento detrás de su promesa de cero emisiones netas para 2050. El caso no solo pone en jaque la credibilidad de la empresa, sino que abre un debate más amplio sobre el uso de compromisos ambientales como estrategia de marketing. La discusión ya no es si las marcas deben ser sostenibles, sino cómo demostrarlo con hechos.
Shein retira sus afirmaciones climáticas y enfrenta su primer gran reto legal
La organización ambiental Deutsche Umwelthilfe (DUH) presentó una demanda contra Infinite Styles Services Co., operador de la plataforma de Shein en Alemania. El argumento central fue que las declaraciones de “cero emisiones netas” violaban las leyes de protección al consumidor. Según DUH, no existían explicaciones claras ni evidencia que respaldaran el compromiso.
Para el consumidor promedio, estas afirmaciones transmitían la idea de que el impacto ambiental de la empresa ya estaba disminuyendo. Esa percepción, señalaron los activistas, generaba una ventaja competitiva injusta frente a otras marcas que sí transparentan sus procesos. La demanda expuso la brecha entre el discurso y la realidad operativa de la compañía.
Ante la presión legal, Shein optó por presentar una declaración de cese y desistimiento. Este acuerdo es legalmente vinculante y contempla sanciones económicas si se incumple en el futuro. En lugar de llevar el caso a los tribunales, la empresa eligió retirar sus mensajes climáticos más visibles, reconociendo implícitamente la fragilidad de su narrativa.
Un compromiso alineado con estándares, pero sin resultados visibles
A principios de 2025, Shein anunció su meta de cero emisiones netas para 2050. El objetivo se alineaba con el Estándar Corporativo de Cero Neto de la iniciativa Science Based Targets (SBTi). Esto implicaba reducir en un 90% sus emisiones absolutas respecto a una línea base de 2023.
El compromiso incluía emisiones de Alcance 1, 2 y 3, abarcando desde operaciones directas hasta toda su cadena de suministro. En teoría, se trataba de un enfoque integral y ambicioso. Sin embargo, la falta de una hoja de ruta pública y verificable debilitó la credibilidad del anuncio.
La contradicción más evidente llegó con sus propios informes. En 2024, las emisiones totales de Shein aumentaron un 23% interanual. Este dato desató cuestionamientos sobre la viabilidad real de su promesa y reforzó la percepción de que el compromiso estaba más cerca del marketing que de la transformación estructural.
Un gigante con huella ambiental descomunal
Shein es una de las cadenas de moda más grandes del mundo. Su modelo de producción acelerada y de bajo costo ha redefinido la industria, pero también ha multiplicado su impacto ambiental. En 2024, reportó 26 millones de toneladas métricas de CO₂e en todos los alcances.
Esta cifra casi duplica las emisiones reportadas por Inditex, la empresa matriz de Zara. La comparación ilustra la magnitud del desafío al que se enfrenta Shein si realmente busca una transición climática creíble. No se trata solo de optimizar procesos, sino de replantear un modelo de negocio completo.
La escala de sus operaciones convierte cualquier promesa en un compromiso de alto riesgo. Cada palabra pesa, y cada omisión se amplifica. En este contexto, la narrativa climática no puede separarse de los números, porque son ellos los que determinan la legitimidad de cualquier declaración.
El efecto en la confianza del consumidor
DUH sostuvo que el consumidor promedio interpretaría la promesa de cero emisiones como una señal de mejora ambiental inmediata. Esa percepción, sin datos que la respalden, puede inducir a decisiones de compra basadas en información incompleta o engañosa.
La confianza, uno de los activos más frágiles de una marca, se erosiona cuando se detectan inconsistencias. En mercados con regulaciones estrictas, como Alemania, la transparencia ya no es opcional. Es un requisito básico para operar con legitimidad.
El caso de Shein demuestra que el greenwashing no solo es un problema ético, sino también legal. Las empresas que no acompañan sus discursos con métricas claras y verificables se exponen a sanciones, pérdida de reputación y boicots de consumidores cada vez más informados.
Más allá del “cero neto”: otras afirmaciones bajo la lupa
Durante la investigación, DUH también encontró etiquetas como “ecológico” y “100 % natural” en productos de Shein. Estas afirmaciones carecían de respaldo técnico, lo que motivó nuevas acciones legales. El proceso sigue en curso y podría ampliar el alcance del caso.
Este patrón revela un problema sistémico en la comunicación de la marca. No se trata de un error aislado, sino de una estrategia basada en términos aspiracionales sin sustento verificable. La consecuencia es una crisis de credibilidad que se extiende a toda su narrativa ESG.
Para las empresas globales, el mensaje es claro: cada palabra debe estar respaldada por datos, auditorías y planes de acción. En la era de la rendición de cuentas, la ambigüedad ya no es una opción.
Un nuevo liderazgo frente a una crisis de credibilidad
Hace aproximadamente un año, Shein nombró a su primer director global de sostenibilidad. Mustan Lalani, con experiencia previa en Tetra Pak, asumió el reto de construir una estrategia ambiental creíble desde cero. Su llegada marcó un intento por profesionalizar la gestión ESG de la empresa.
Sin embargo, el contexto no podría ser más complejo. Hereda una narrativa cuestionada, cifras en aumento y procesos legales en marcha. El desafío no es solo comunicar mejor, sino transformar estructuras internas que permitan una reducción real de emisiones.
El liderazgo en sostenibilidad, en este caso, deberá demostrar que el cambio es posible incluso en modelos de negocio intensivos en recursos. La coherencia entre discurso y acción será la medida de su éxito.
Shein retira sus afirmaciones climáticas: una lección para la industria
La decisión de retirar sus mensajes más visibles no elimina el problema de fondo. Al contrario, lo expone ante una audiencia global. Shein retira sus afirmaciones climáticas como respuesta a una presión que seguirá creciendo en otros mercados.
El caso se convierte en un precedente para la industria de la moda rápida. Las promesas sin sustento ya no pasan desapercibidas. Cada compromiso debe ser medible, auditado y comunicado con claridad. De lo contrario, el riesgo reputacional supera cualquier beneficio de marketing.
Para el sector, esta historia marca un punto de inflexión. El futuro no se construye con slogans, sino con transformaciones reales. La sostenibilidad dejó de ser una narrativa aspiracional para convertirse en un estándar exigible.
La historia de Shein refleja el momento crítico que atraviesa la comunicación corporativa en temas ambientales. Las marcas ya no pueden esconderse detrás de declaraciones ambiguas ni de metas lejanas sin planes concretos. Shein retira sus afirmaciones climáticas como resultado de un sistema que exige coherencia, evidencia y responsabilidad.
Más allá de este caso, la lección es clara: la sostenibilidad no se promete, se demuestra. En una era de consumidores informados y regulaciones estrictas, solo las empresas que alineen su discurso con acciones verificables podrán construir confianza duradera y un verdadero impacto positivo.
La inteligencia artificial se ha convertido en una de las herramientas más poderosas para enfrentar los grandes desafíos ambientales de nuestra era. Desde la optimización de sistemas energéticos hasta la predicción de riesgos climáticos, su capacidad para procesar grandes volúmenes de información abre oportunidades inéditas para acelerar la transición hacia modelos más responsables. Sin embargo, este mismo motor de cambio encierra una contradicción: su operación exige enormes cantidades de recursos naturales.
De acuerdo con We Forum, cada modelo entrenado, cada centro de datos en expansión y cada actualización de hardware nos recuerda que el progreso digital también tiene una huella física. Cuanto más confiamos en la tecnología para resolver los problemas del planeta, mayor es el riesgo de crear nuevos desequilibrios. Por eso, integrar sostenibilidad en la IA no es un lujo, sino una condición indispensable para que la innovación no rebase los límites ambientales.
La paradoja tecnológica que no podemos ignorar
La IA promete ser aliada de la descarbonización, la conservación de ecosistemas y la eficiencia industrial. Pero al mismo tiempo, su crecimiento implica un aumento significativo en el consumo energético y de agua, así como una mayor presión sobre los minerales críticos. Esta tensión define el punto de partida del debate actual.
Si no se establecen criterios claros, la tecnología que pretende salvarnos puede terminar agravando la crisis. La clave está en reconocer que el impacto no es un efecto colateral, sino una variable que debe ser gestionada desde el diseño.
Sostenibilidad en la IA: una nueva definición de progreso
Durante años, el avance se midió casi exclusivamente por la precisión de los modelos y su rendimiento en pruebas. Hoy, ese parámetro resulta insuficiente frente a los retos ambientales que enfrentamos. La sostenibilidad en la IA propone ampliar la noción de “estado del arte”. No solo importa qué tan bien funciona un sistema, sino cuánto cuesta al planeta. Modelos más pequeños, reutilizables y energéticamente eficientes redefinen el valor de la innovación.
No se puede gestionar lo que no se mide. A diferencia de otros sectores, la IA carece de marcos estandarizados para evaluar su huella ambiental a lo largo de todo su ciclo de vida. Esto genera diagnósticos incompletos y decisiones basadas en suposiciones.
La integración de datos en tiempo real y evaluaciones holísticas permite identificar dónde se concentran los mayores impactos. Solo así es posible reducir riesgos, fortalecer la resiliencia y construir una estrategia coherente.
Iniciativas como el Índice Energético de IA y el Compute Carbon Intensity abren una nueva etapa de transparencia. Estas métricas permiten comparar, priorizar y tomar decisiones informadas sobre eficiencia. Cuando la sostenibilidad se vuelve visible, deja de ser un ideal abstracto y se transforma en una hoja de ruta. La inversión ya no se guía solo por la potencia, sino por el equilibrio entre desempeño y responsabilidad.
Acciones para un cambio inmediato
Diseñar arquitecturas eficientes, optimizar centros de datos, extender la vida útil del hardware, usar datos de forma responsable y establecer barandillas de gobernanza son pasos concretos. No requieren esperar al futuro: pueden implementarse hoy. Cada acción, por pequeña que parezca, reduce la presión sobre los recursos y envía una señal clara a toda la cadena de valor. El impacto acumulado es lo que redefine el sistema.
Ningún actor puede resolver este desafío por sí solo. Proveedores, desarrolladores, reguladores y clientes comparten la responsabilidad de construir estándares abiertos y prácticas comunes.
La colaboración crea coherencia y acelera el aprendizaje colectivo. Así, la sostenibilidad en la IA deja de ser un esfuerzo aislado y se convierte en una meta compartida por todo el ecosistema.
Innovar sin comprometer el futuro
Lejos de frenar el progreso, la eficiencia impulsa mejores soluciones. Modelos más ligeros, costos más bajos y sistemas escalables fortalecen la competitividad de las organizaciones.
Al mismo tiempo, la sociedad gana acceso a herramientas poderosas sin hipotecar el planeta. La tecnología demuestra que puede ser parte de la solución cuando se alinea con valores claros.
Integrar criterios ambientales en cada decisión tecnológica es una responsabilidad ineludible. No se trata de elegir entre innovación y cuidado del entorno, sino de comprender que ambos deben avanzar juntos.
El camino hacia un mundo más limpio comienza con medir lo que importa, diseñar con conciencia y asumir que la sostenibilidad en la IA es el nuevo estándar para un desarrollo verdaderamente responsable.
La narrativa de la sostenibilidad durante años se sostuvo en metáforas grandilocuentes como “romper barreras”, “superar límites” o “llegar más lejos”, frases que prometían transformación sin necesariamente demostrarla. Ese lenguaje épico construyó una ilusión de avance, aunque muchas veces no existía un cambio estructural detrás. Hoy, ese tipo de discurso ha perdido fuerza frente a audiencias más críticas y líderes que exigen resultados tangibles. En este nuevo escenario, el activismo corporativo en 2026 surge como una respuesta inevitable ante una realidad que ya no tolera simulaciones.
De acuerdo con edie, durante el último año, los criterios ESG enfrentaron cuestionamientos que sacudieron al ecosistema empresarial, generando incertidumbre y obligando a revisar su verdadero impacto. Al mismo tiempo, las tensiones geopolíticas, los eventos climáticos extremos y la crisis del costo de vida reforzaron la urgencia de tomar decisiones más responsables. La sostenibilidad dejó de percibirse como un complemento reputacional para convertirse en un factor de resiliencia. En este contexto, las organizaciones comenzaron a replantear su papel frente a la sociedad.
La continuidad de los compromisos con la descarbonización, la transparencia en la cadena de suministro y la inclusión laboral demuestra que el cambio no se ha detenido, sino que ha evolucionado. Hoy se evalúan estas acciones desde una lógica más estratégica, alineada con la gobernanza y la creación de valor. La pregunta ya no es si las empresas deben involucrarse, sino cómo hacerlo de forma coherente.
La neutralidad ha dejado de ser una opción creíble.
Del eslogan a la estrategia
Las frases inspiracionales que durante años impulsaron campañas de sostenibilidad ya no son suficientes para movilizar confianza. Sin métricas claras y decisiones operativas, el discurso pierde legitimidad ante públicos cada vez más informados. El cambio más profundo no es retórico, sino estructural: la acción debe sostener a la narrativa. Hoy, la coherencia es el nuevo lenguaje del liderazgo corporativo.
Este viraje refleja una madurez del ecosistema, donde ya no se celebra la intención sino la capacidad de ejecución. Las organizaciones están dejando atrás el simbolismo para concentrarse en procesos, inversiones y resultados medibles. La sostenibilidad se integra en la planeación estratégica, no como una moda, sino como una ventaja competitiva. Así, se consolida una visión de largo plazo que redefine el éxito.
La conversación ahora gira en torno a conceptos como continuidad del negocio, gestión de riesgos, eficiencia de recursos y retención del talento. Estos términos revelan que la sostenibilidad se ha vuelto un componente central de la operación. Ya no se trata de “romper” sistemas, sino de rediseñarlos con paciencia y consistencia.
El cambio real se construye con decisiones cotidianas.
La sala de juntas como nuevo epicentro
Las dudas sobre la validez de los criterios ESG trasladaron el debate directamente a los consejos de administración. La sostenibilidad dejó de ser un tema exclusivo de comunicación para convertirse en un asunto de gobierno corporativo. Este movimiento obligó a priorizar iniciativas con impacto real. Cada decisión ahora refleja convicciones estratégicas.
Integrar estos temas en la gobernanza permite establecer métricas más sólidas de inversión y desempeño. Las organizaciones ya no reaccionan, sino que anticipan escenarios. El propósito se traduce en lineamientos claros que guían la toma de decisiones. La estrategia se vuelve el puente entre impacto y rentabilidad.
Este enfoque también redefine el concepto de valor, incorporando dimensiones sociales y ambientales. La empresa ya no se mide solo por su crecimiento económico, sino por su contribución al entorno. Así, la sostenibilidad se convierte en un criterio operativo. El liderazgo se ejerce desde la coherencia.
Activismo corporativo en 2026: menos ruido, más impacto
En los últimos meses, muchas marcas redujeron campañas públicas en torno a temas ESG para concentrarse en la ejecución interna. Este silencio estratégico no implica retroceso, sino una evolución hacia acciones más profundas. El cambio ya no se anuncia, se demuestra. La credibilidad se construye con hechos.
El activismo corporativo en 2026 se define por convicciones reflejadas en decisiones difíciles y sostenidas en el tiempo. Cada iniciativa adoptada o suspendida revela el verdadero compromiso de la organización. La reputación ya no depende del discurso, sino de la consistencia. El impacto se vuelve tangible.
Este nuevo enfoque responde a una necesidad de autenticidad en un entorno saturado de mensajes. Las empresas entienden que el valor se genera cuando el propósito se integra en la operación. Así, el activismo se convierte en una herramienta estratégica. La transformación es interna antes de ser pública.
Cambiar la conversación con autenticidad
La forma de comunicar la sostenibilidad ahora depende de la cultura y los objetivos estratégicos de cada organización. La prioridad es el impacto, no la visibilidad. Se busca conectar con realidades tangibles y resultados verificables. La autenticidad reemplaza a la señalización de virtudes.
Para acelerar soluciones hacia 2026, el activismo debe escalar de forma estratégica. Algunas empresas liderarán desde la política pública, mientras otras integrarán cambios graduales en su operación. Ambos enfoques son válidos si parten de un propósito claro. La clave es la coherencia.
Este cambio de conversación fortalece la relación con los grupos de interés. La confianza se construye cuando las acciones reflejan los valores declarados. Así, la sostenibilidad se convierte en una práctica cotidiana. El relato se alinea con la realidad.
El valor del activismo silencioso
El activismo silencioso demuestra que no todo cambio necesita visibilidad. Los métodos no confrontativos permiten transformar sistemas sin polarizar. Este enfoque genera confianza y facilita el diálogo. La discreción se convierte en una estrategia. En un mundo fragmentado, esta forma de actuar abre espacios de colaboración. Las organizaciones pueden avanzar sin cerrar puertas. El cambio se vuelve un proceso compartido. La transformación se consolida.
El impacto a largo plazo se logra cuando las prácticas reemplazan al statu quo. La constancia supera al ruido. Así, el activismo se redefine como una fuerza sostenida. El progreso se construye paso a paso.
Colaborar para desafiar lo establecido
La colaboración con ONG y organismos profesionales permite abordar temas complejos sin temor a represalias. Estas alianzas amplían el alcance del cambio. La acción colectiva fortalece la legitimidad. El impacto se multiplica. Ejemplos como la Coalición Empresarial para un Tratado Global sobre Plásticos muestran el poder de unir voces. Las empresas ya no actúan solas. La cooperación redefine el liderazgo. El cambio se acelera.
Incluso cuando los métodos cambian, el objetivo sigue siendo desafiar el statu quo. Cuestionar sistemas obsoletos es parte del proceso. La sostenibilidad madura exige valentía. El futuro se construye hoy.
Activismo corporativo en 2026 como determinación estratégica
El año que viene no será de gestos, sino de decisiones alineadas con un propósito medible. La sostenibilidad se consolida como valor estratégico. Cada acción refleja convicciones. El cambio se institucionaliza. Aquí, el activismo corporativo en 2026 se posiciona como herramienta para construir resiliencia. No es un ejercicio de imagen, sino de transformación. La coherencia se vuelve diferencial. El impacto es real.
Hablar con discreción no es venderse, es elegir otra forma de generar valor. Las marcas que adopten esta lógica liderarán el progreso. La neutralidad ya no es viable. El futuro exige compromiso. Las empresas que prosperen serán aquellas capaces de pasar del discurso a la acción. La coherencia entre propósito y operación define el liderazgo. La sostenibilidad se vuelve un eje estratégico. El impacto es la medida del éxito.
En este horizonte, el activismo corporativo en 2026 representa una evolución necesaria. Es la expresión de una responsabilidad madura. El propósito se convierte en motor. El cambio es irreversible.
La noticia sacudió tanto a los círculos empresariales como a quienes siguen de cerca la evolución de la diversidad corporativa: una de las marca deportivas más influyentes del mundo enfrenta una investigación federal por presunta discriminación laboral en Nike. El caso no solo involucra documentos, demandas y citaciones judiciales, sino una discusión profunda sobre los límites de las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en el contexto actual de Estados Unidos. En el centro del debate está la pregunta de si promover la representación puede, paradójicamente, generar nuevas formas de exclusión.
De acuerdo con Aristegui Noticias, lo que comenzó como una revisión administrativa se ha convertido en un símbolo de una tensión mayor entre justicia social, legalidad y percepción pública. La intervención del gobierno estadounidense, a través de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC), ha colocado a Nike bajo un reflector incómodo. El caso trasciende a la empresa y pone en juego la credibilidad de los programas corporativos que buscan corregir desigualdades históricas sin violar los principios de igualdad ante la ley.
Discriminación laboral en Nike y el inicio de la investigación
La EEOC presentó una demanda ante un tribunal federal para obligar a Nike a entregar documentos relacionados con sus prácticas de contratación y desarrollo profesional. El organismo sostiene que la empresa pudo haber aplicado criterios raciales en decisiones laborales, lo que podría contravenir el Título VII de la Ley de Derechos Civiles.
La investigación se enfoca en programas de mentoría, liderazgo y capacitación con restricciones raciales.
Según la agencia, existen indicios de un “patrón o práctica” de trato desigual contra trabajadores blancos. Estas acusaciones abarcan desde ascensos y despidos hasta el acceso a oportunidades de crecimiento. Algunas se remontan a 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, lo que amplía el alcance temporal del caso.
La demanda se justifica, afirma la EEOC, porque Nike no habría proporcionado toda la información solicitada en las citaciones previas. Para la agencia, este paso legal es necesario para determinar si hubo violaciones sistémicas a las leyes federales contra la discriminación.
Discriminación laboral en Nike y el papel de los programas DEI
El foco principal está en los objetivos de representación que la compañía estableció para 2025 en Estados Unidos. Nike buscaba alcanzar un 30% de minorías raciales y étnicas en puestos directivos y un 35% en su fuerza laboral corporativa. Para la EEOC, estas metas podrían haber derivado en decisiones que excluyeron a otros grupos.
Andrea Lucas, presidenta de la agencia, afirmó que cuando existan indicios contundentes de que los programas DEI pueden violar la ley, la EEOC actuará con firmeza. Aseguró que la protección contra la discriminación aplica a todas las razas, sin distinciones de color.
Este posicionamiento reabre un debate complejo: ¿hasta qué punto las metas de diversidad pueden coexistir con un marco legal que exige neutralidad racial? La respuesta, aún incierta, tendrá implicaciones para cientos de empresas que adoptaron estrategias similares.
El contexto político y legal detrás del caso
La investigación se inscribe en un entorno político donde el gobierno de Donald Trump ha reforzado la aplicación estricta de las leyes de derechos civiles. Bajo este enfoque, la EEOC ha intensificado sanciones e investigaciones contra organizaciones acusadas de prácticas discriminatorias, incluso cuando estas se presentan como iniciativas de inclusión.
Lucas, quien impulsó la acusación original en 2024 cuando era comisionada, sostuvo que Nike pudo haber tomado “medidas ilegales” al intentar construir una fuerza laboral representativa de sus consumidores. Para ella, la intención no justifica métodos que puedan vulnerar derechos.
Este contexto convierte al caso en un precedente potencial para el sector privado. Lo que se decida podría redefinir cómo se diseñan y comunican los programas DEI en el futuro.
La respuesta de Nike y su estrategia de defensa
La compañía calificó la investigación como una “escalada sorprendente e inusual”. En un comunicado, aseguró haber colaborado de buena fe con la EEOC y haber compartido miles de páginas de información, además de respuestas detalladas a las solicitudes recibidas.
Nike sostiene que continúa en proceso de entregar datos adicionales, a pesar de la versión de la agencia sobre una supuesta falta de cooperación. Para la marca, este conflicto no refleja una negativa, sino diferencias en la interpretación de los alcances legales de la investigación.
Desde su perspectiva, sus programas buscan crear entornos más justos y representativos, sin intención de excluir. Sin embargo, la disputa ahora se resolverá en los tribunales.
El impacto en la reputación y la confianza pública
Más allá del resultado legal, el caso ya ha generado un impacto en la percepción pública de la empresa. La posibilidad de una discriminación laboral en Nike plantea dudas sobre la coherencia entre sus valores declarados y sus prácticas internas.
Para muchos, este episodio demuestra que la transparencia y el diseño ético de políticas internas son tan importantes como los objetivos que se persiguen. La confianza se construye no solo con metas ambiciosas, sino con procesos claros y auditables. El caso también invita a otras organizaciones a revisar sus estrategias de diversidad, asegurando que estén alineadas con la ley y con principios de equidad real.
Un debate que trasciende a una sola empresa
La controversia no se limita a Nike. Refleja una conversación global sobre cómo equilibrar justicia histórica, representación y legalidad. En un mundo cada vez más polarizado, las empresas se encuentran en la delgada línea entre la innovación social y el riesgo legal.
La discriminación laboral en Nike se ha convertido en un símbolo de esta tensión. Lo que suceda marcará un antes y un después en la forma en que las compañías estructuran sus compromisos con la diversidad. Este caso no solo es un proceso judicial, sino una llamada de atención para el sector empresarial. Demuestra que las buenas intenciones deben ir acompañadas de marcos claros, inclusivos y legalmente sólidos.
Al final, el verdadero reto no es elegir entre diversidad o igualdad, sino construir modelos que integren ambas sin sacrificar derechos. La historia que hoy rodea a Nike podría ser el punto de inflexión para redefinir cómo se entiende la responsabilidad social en el siglo XXI.
El desperdicio de alimentos representa una de las contradicciones sociales y económicas más graves en México. Cada año se pierden alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 34 % de la producción nacional. Esta pérdida no solo implica un impacto económico superior a los 400 mil millones de pesos, sino también un enorme desperdicio de recursos naturales como agua, energía y suelo, en un contexto de creciente presión ambiental.
Al mismo tiempo, 27.5 millones de personas carecen de acceso a una dieta suficiente, nutritiva y de calidad. Esta realidad expone una brecha estructural: mientras millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo humano se desechan, millones de familias enfrentan diariamente la incertidumbre de no saber si podrán cubrir una de sus necesidades más básicas.
Frente a estos desafíos, alianzas como la de Corporativo Kosmos —líder nacional en servicios de alimentación— y el Banco de Alimentos AMA —organización de la sociedad civil dedicada a rescatar, revalorizar y distribuir alimentos a familias en situación vulnerable— han unido capacidades y recursos para brindar apoyo alimentario en México y así ayudar a quienes más lo necesitan.
Corporativo Kosmos y AMA brindan apoyo alimentario en México
La alianza entre el Banco de Alimentos AMA y el brazo social de Corporativo Kosmos, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), inició en 2018 como una apuesta estratégica para ampliar el alcance del apoyo alimentario en México y fortalecer la lucha contra el hambre. En ese momento, tal cómo explicó María Contreras, Directora del Banco de Alimentos AMA, la organización tenía apenas tres años de operación, pero una visión clara: rescatar alimentos aptos para el consumo humano y llevarlos a las familias que más lo necesitaban.
Para AMA, la confianza de la FPL significó un parteaguas, pues les permitió incrementar de manera significativa el número de hogares beneficiados y consolidar un modelo de colaboración de largo plazo. Desde entonces, la FPL dona alimentos provenientes de distintas filiales de Corporativo Kosmos que han perdido su valor comercial, pero que aún pueden ser aprovechados, así como productos no perecederos:
“Nos convocan cuando van a sacar productos de sus almacenes por cuestiones de calidad, pero que aún son aptos para el consumo humano; nosotros los recibimos y los revalorizamos para canalizarlos a familias de bajos recursos”, detalla Contreras.
Gracias a esto, AMA logra beneficiar a grupos altamente vulnerables, como madres y padres solteros, personas adultas mayores, personas con discapacidad y familias cuyos ingresos mensuales no superan los 4 mil 700 pesos, los cuales pueden acceder a dietas suficientes, variadas y nutritivas a través de este tipo de alianzas.
Alimentos que alivian el hambre y el estrés cotidiano
Las familias beneficiadas reciben los insumos mediante el programa Canastas que Nutren, el cual les permite obtener una canasta semanal con alimentos perecederos —como frutas, verduras y otros productos frescos— y una canasta mensual de alimentos no perecederos, acompañada de un kit de higiene. Esta frecuencia permite que cada semana se apoye a familias distintas y que, de manera constante, más hogares cuenten con alimentos suficientes.
Las donaciones de Corporativo Kosmos y la Fundación Pablo Landsmanas no sólo representan el 13% de los productos que recibe AMA, sino que han hecho posible que más de 2 mil familias reciban un apoyo alimentario en México de manera mensual.
Más allá de cubrir una necesidad básica, este respaldo libera a las familias del estrés permanente que implica no saber si podrán comer al día siguiente. Además, contribuye a mejorar su salud, les brinda tranquilidad y les permite elevar su calidad de vida al reducir la carga económica destinada a la alimentación.
Tres frentes, una misma solución
Cabe destacar que la alianza entre la Fundación Pablo Landsmanas y el Banco de Alimentos AMA permite abordar de forma estratégica no una, sino tres problemáticas graves que enfrenta México. La primera es la inseguridad alimentaria, ya que, tan sólo en 2025, esta colaboración logró poner al alcance de más de 26 mil familias los insumos necesarios para ejercer su derecho a una alimentación nutritiva y suficiente, un derecho que millones de personas ven vulnerado diariamente.
La segunda es el desperdicio de alimentos, pues en siete años de trabajo colaborativo, esta alianza ha permitido recuperar más de mil 670 toneladas de alimentos aptos para el consumo humano, evitando que terminen en la basura y que se pierdan también todos los recursos empleados para producirlos —agua, energía, trabajo y transporte.
La tercera son las emisiones contaminantes, pues al rescatar todos estos alimentos, estas organizaciones han evitado la emisión de cerca de 3 mil 850 toneladas de CO₂, lo que equivale a plantar más de 185 mil árboles y conservarlos durante un año, lo que posiciona a este tipo de alianzas como una herramienta poderosa para impulsar la sostenibilidad y el cuidado del planeta.
Colaboraciones que alimentan a miles de familias mexicanas
Durante 2025, la alianza entre estas organizaciones continuó fortaleciendo su alcance. AMA recolectó alimentos de más de 60 empresas, siendo la colaboración con Corporativo Kosmos una de las más relevantes por su volumen y constancia. Gracias a estas aportaciones, se logró beneficiar a miles de familias en 13 alcaldías de la Ciudad de México y 4 municipios del Estado de México, con especial énfasis en Iztapalapa, una de las alcaldías con mayor inseguridad alimentaria del país. María Contreras, directora del Banco de Alimentos AMA, expresó su agradecimiento por esta colaboración:
“Quiero agradecer a la Fundación Pablo Landsmanas, a su equipo directivo y a todas las personas de sus unidades de negocio por el compromiso y responsabilidad social que tienen con el combate al hambre y con ayudar a que miles de familias reciban los alimentos variados y nutritivos que merecen”.
Dado el volúmen y constancia del apoyo que Corporativo Kosmos brinda al banco de alimentos, la compañía líder en servicios de alimentación en México se ha convertido en uno de los aliados más destacados del banco, cuyo apoyo resulta indispensable para que AMA pueda lograr el objetivo de alimentar a más personas, pues, como destacó Contreras, sin este tipo de sinergias sería imposible cumplir su misión:
“Alianzas como esta nos permiten ampliar nuestro alcance de apoyo y llegar a más familias que lo necesitan; no podemos hacerlo solos, necesitamos el respaldo de empresas como ustedes”.
Corporativo Kosmos y AMA: sumando esfuerzos para transformar realidades
La colaboración entre Corporativo Kosmos, la Fundación Pablo Landsmanas y el Banco de Alimentos AMA demuestra que el trabajo conjunto entre el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil es una vía efectiva para enfrentar problemáticas estructurales como el hambre y el desperdicio de alimentos en México. Cuando los recursos, la logística y la voluntad social se alinean, el impacto se multiplica.
Más allá de las cifras, esta alianza refleja el valor de construir soluciones sostenibles que dignifican a las personas, cuidan el medio ambiente y fortalecen el tejido social. Apostar por este tipo de colaboraciones no solo es una estrategia de responsabilidad social, sino una contribución directa a un país más justo, donde el derecho a la alimentación deje de ser una deuda pendiente.
El debate sobre cómo financiar la respuesta global al cambio climático ha entrado en una fase decisiva. En un contexto marcado por desastres cada vez más frecuentes, desigualdades profundas y una crisis de confianza en los sistemas fiscales, la ONU vuelve a poner sobre la mesa una idea que durante años fue considerada políticamente inviable: que quienes más contaminan contribuyan directamente a reparar el daño causado. Hoy, la conversación ya no gira solo en torno a metas ambientales, sino a la arquitectura económica que las hace posibles.
De acuerdo con The Guardian, en este escenario, la propuesta de un impuesto climático se perfila como un punto de inflexión para la gobernanza global. No se trata únicamente de recaudar recursos, sino de redefinir responsabilidades históricas y abrir una vía de justicia para los países más golpeados por la crisis. Mientras las negociaciones avanzan en Nueva York, el mundo observa si esta vez el discurso se traducirá en reglas claras y vinculantes.
El llamado a que “quien contamina pague”: el impuesto climático como eje del nuevo debate
Las conversaciones sobre un tratado fiscal global han regresado a la sede de la ONU con una consigna central: hacer que los grandes contaminadores asuman parte del costo de la crisis climática. Decenas de países respaldan reglas más estrictas para que las ganancias extraordinarias de las petroleras no queden al margen de la responsabilidad ambiental.
Este impulso busca conectar dos crisis que hasta ahora se han tratado por separado: la climática y la fiscal. Para muchos negociadores, el impuesto climático no es solo una herramienta financiera, sino una señal política de que el modelo extractivo ya no puede sostenerse sin rendir cuentas.
El reto es que este principio no quede diluido en declaraciones generales. Los países en desarrollo reclaman que el texto final establezca con claridad cómo se vincularán los tributos ambientales con los compromisos climáticos reales.
Países vulnerables: cuando el clima destruye economías enteras
Para naciones expuestas a huracanes, sequías e inundaciones, la discusión no es teórica. Jamaica, por ejemplo, vio desaparecer en una noche el equivalente al 40 % de su PIB tras el paso del huracán Melissa, una experiencia que ilustra la urgencia de un sistema más justo.
Delegados de estas regiones subrayan que sin recursos propios no hay resiliencia posible. Depender de préstamos y deuda solo profundiza la fragilidad, mientras que un esquema fiscal global permitiría reconstruir de forma sostenible.
En este contexto, la tributación ambiental se convierte en una palanca de desarrollo. La demanda es clara: no puede haber sostenibilidad sin integrar el cambio climático en el diseño de las normas fiscales internacionales.
Un proceso lento y lleno de resistencias
El tratado, impulsado originalmente por países africanos en 2022, ha avanzado con lentitud. La salida de Estados Unidos de las conversaciones y la preferencia de algunos países ricos por discutir estos temas en la OCDE han generado tensiones sobre quién debe liderar la agenda.
Para muchos Estados, la ONU sigue siendo el único foro verdaderamente inclusivo, donde todas las voces tienen peso. Sin embargo, las propuestas iniciales se han suavizado, eliminando incluso la idea de un registro global de activos que facilitaría gravar a los ultrarricos.
Esta resistencia refleja un temor persistente: que un sistema fiscal más justo altere el statu quo económico. Aun así, la presión de la sociedad civil y de los países más afectados no deja de crecer.
Desigualdad global y beneficios extraordinarios
Mientras comunidades enteras luchan por sobrevivir, las cifras muestran un contraste extremo. El 0.001 % más rico del planeta acumula más riqueza que la mitad más pobre de la población, una brecha que sigue ampliándose.
Las petroleras, por su parte, han obtenido beneficios récord, impulsados por la volatilidad de los precios tras conflictos geopolíticos. Organizaciones como Eurodad estiman que un recargo del 20 % sobre las mayores productoras habría generado más de un billón de dólares desde 2015.
Este escenario refuerza el argumento de que el impuesto climático no es una penalización, sino una corrección necesaria para equilibrar un sistema profundamente asimétrico.
Paraísos fiscales: el agujero negro de la recaudación
La Red de Justicia Fiscal calcula que los países pierden casi 500 mil millones de dólares al año debido a la evasión facilitada por paraísos fiscales. Este dinero podría financiar infraestructura resiliente, transición energética y protección social. Sin mecanismos globales, los esfuerzos nacionales quedan limitados. Las empresas pueden trasladar ganancias y los individuos más ricos esconder activos, debilitando cualquier intento de tributación progresiva.
Por ello, la convención busca cerrar estas brechas mediante normas comunes. Solo así se podrá garantizar que los recursos fluyan hacia quienes más los necesitan.
Justicia climática y corresponsabilidad histórica
Para pequeños Estados insulares como Tuvalu, la crisis climática no es una amenaza futura, sino una realidad diaria. Sus representantes recuerdan que quienes menos han contribuido al problema son quienes enfrentan las peores consecuencias. Desde esta perspectiva, el impuesto climático se convierte en una herramienta de justicia, al reconocer la responsabilidad histórica de los mayores emisores y su obligación de apoyar a los más vulnerables.
Activistas insisten en que la tributación ambiental progresiva puede reducir desigualdades y fortalecer la cooperación internacional, alineando economía y sostenibilidad.
Hacia un nuevo pacto fiscal global
Algunos países ya exploran impuestos al consumo de combustibles fósiles, pero solo un acuerdo amplio permitiría gravar directamente la extracción y el patrimonio de los ultrarricos sin provocar una “carrera hacia el fondo”.
Estudios muestran que un impuesto anual de hasta 5 % sobre grandes fortunas podría recaudar 1.7 billones de dólares al año. Si se coordina globalmente, este mecanismo reduciría la evasión y ampliaría la base de recursos. El respaldo reciente de países como el Reino Unido al principio de “quien contamina paga” sugiere que el consenso, aunque frágil, comienza a tomar forma.
La propuesta de la ONU no es solo un ajuste técnico, sino un intento de redefinir las reglas del juego en una era marcada por la catástrofe climática. Vincular la tributación con la sostenibilidad implica reconocer que la economía global debe transformarse si quiere seguir siendo viable.
Si las negociaciones logran concretar un acuerdo ambicioso, el mundo podría dar un paso histórico hacia una gobernanza más justa. El desafío ahora es convertir la voluntad política en un sistema que haga realidad la promesa de que, esta vez, los costos no recaigan sobre quienes menos han contribuido al problema.
La desaparición de una especie rara vez ocurre de forma visible. No hay un momento exacto, ni un último registro que haga ruido en los titulares globales. Ocurre en silencio, mientras los ecosistemas se fragmentan, las poblaciones se reducen y las alertas científicas quedan atrapadas entre otras urgencias. Así, el mundo despertó en 2025 con una cifra que estremece: 44 especies declaradas extintas por la UICN.
No se trata solo de números ni de nombres en una lista. Cada pérdida representa un vacío ecológico, una historia interrumpida y una señal clara de que los sistemas naturales están llegando a puntos de no retorno. En un contexto donde la sostenibilidad se discute en foros empresariales, gobiernos y comunidades, esta realidad nos confronta con una pregunta incómoda: ¿qué tanto más podemos perder antes de cambiar?
El peso de las especies extintas en 2025 en los ecosistemas
De acuerdo con Aristegui Noticias, las especies extintas en 2025 no son casos aislados ni excepciones estadísticas. Forman parte de una tendencia que la ciencia describe como una aceleración sin precedentes en la historia reciente del planeta. Para la UICN, cada evaluación no solo confirma una desaparición, sino que evidencia una falla colectiva en la protección de la biodiversidad.
El término “irreversible” que utilizan los expertos no es retórico. Cuando una especie se extingue, desaparece también su función ecológica: su rol en la cadena alimentaria, su interacción con otras especies y su contribución al equilibrio de los hábitats. El impacto, aunque invisible a simple vista, se propaga en cascada.
Historias que ya no volverán
El zarapito fino (Numenius tenuirostris) surcó durante siglos los cielos de Eurasia y el norte de África. Su migración era parte del pulso natural entre continentes, una coreografía ancestral que hoy solo existe en registros científicos y relatos de observadores.
En el océano, el pequeño caracol Conus lugubris, endémico de Cabo Verde, también desapareció. Aunque su picadura era venenosa, cumplía una función clave en los ecosistemas marinos. Su pérdida es un recordatorio de que incluso las especies menos “carismáticas” sostienen la vida bajo la superficie.
Mamíferos que se extinguieron lejos del radar
La musaraña de la Isla de Navidad (Crocidura trichiura) fue vista por última vez en la década de 1980. Su desaparición se confirmó décadas después, cuando ya no quedaba rastro alguno de sus poblaciones. Pequeña, discreta y frágil, su historia resume el destino de muchas especies ignoradas.
Australia también perdió tres especies de bandicuts, marsupiales que durante siglos lograron adaptarse a ambientes extremos. Lo que no pudieron resistir fue la presión humana: pérdida de hábitat, especies invasoras y cambios en el uso del suelo terminaron por borrarlos del mapa.
Las especies extintas en 2025 se suman a una cifra aún más inquietante: más de 48,600 especies están hoy en peligro de extinción, lo que representa el 28 % de las evaluadas por la UICN. Algunos grupos enfrentan riesgos extremos, como las cícadas, los corales, los anfibios y los tiburones.
Este panorama no es estático. En los últimos cinco años, 310 especies pasaron oficialmente a la categoría de “Extinta”. Aunque parte del aumento se debe a proyectos de investigación más amplios, la tendencia confirma que la tasa de desaparición sigue creciendo.
Cómo se mide el riesgo de desaparecer
La UICN evalúa a las especies mediante criterios cuantitativos que analizan el tamaño de sus poblaciones, su distribución, el grado de fragmentación y la velocidad de su declive. Estos indicadores permiten estimar la probabilidad de extinción y clasificarlas desde “Preocupación Menor” hasta “Extinta”.
Este sistema no solo ordena datos; también establece prioridades de conservación. Cada categoría es una alerta temprana que, si se ignora, puede convertirse en una sentencia definitiva.
Las especies extintas en 2025 comparten patrones claros: destrucción de hábitat, sobreexplotación, introducción de especies invasoras, enfermedades emergentes y el impacto creciente del cambio climático. Ninguna de estas amenazas actúa de forma aislada; se refuerzan entre sí.
En muchos casos, la presión humana acelera procesos que, de otro modo, tomarían siglos. La diferencia hoy es la velocidad: los ecosistemas no logran adaptarse con la misma rapidez con la que se transforman.
Un reto que también es corporativo y social
Para quienes trabajan en responsabilidad social, esta crisis no es ajena. La pérdida de biodiversidad afecta cadenas de suministro, seguridad alimentaria, estabilidad económica y bienestar comunitario. No es solo un problema ambiental, es un riesgo sistémico. Integrar la conservación en las estrategias empresariales ya no es opcional. Proteger la naturaleza es proteger la continuidad de los modelos de negocio, las comunidades y los recursos de los que dependemos.
Las especies extintas en 2025 son más que una estadística alarmante: son un reflejo de nuestra relación con el planeta. Cada nombre en la Lista Roja representa una oportunidad perdida para actuar a tiempo y una señal de que la sostenibilidad debe ir más allá del discurso.
Frente a esta crisis silenciosa, el desafío es transformar la conciencia en acción. La biodiversidad no es un recurso infinito, y su desaparición es una advertencia clara: proteger la vida en todas sus formas es, en última instancia, proteger nuestro propio futuro.
El cambio climático dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en una variable crítica que ya está afectando la productividad, la salud y la estabilidad de los mercados. Hoy, las disrupciones ambientales redefinen cadenas de suministro, elevan costos operativos y exponen la fragilidad de modelos de negocio que no fueron diseñados para un planeta en transformación. En este contexto, hablar de sostenibilidad ya no es una conversación aspiracional, sino una discusión sobre continuidad empresarial y competitividad a largo plazo.
Sin embargo, la brecha entre lo que las organizaciones reconocen y lo que realmente integran en su estrategia sigue siendo alarmante. A pesar de la evidencia, solo una minoría se prepara de forma estructural para enfrentar estos riesgos. El informe Crecimiento frente a la disrupción climática, presentado en el Foro Económico Mundial, confirma esta distancia: mientras los riesgos ambientales escalan en la agenda global, las empresas frente al cambio climático avanzan con lentitud, sin incorporar aún estos factores como ejes centrales de decisión.
Empresas frente al cambio climático: un riesgo que ya es financiero
De acuerdo con Aristegui Noticias, los riesgos ambientales llevan ocho años consecutivos entre las principales amenazas económicas globales. No se trata únicamente de eventos extremos, sino de impactos sistémicos que afectan la productividad, la salud y la estabilidad social. Las proyecciones indican pérdidas de más de 1.5 billones de dólares anuales hacia 2050 si no se adoptan medidas de adaptación.
Para las compañías, esto se traduce en impactos directos en su operación de hasta 1.2 billones de dólares por año. Índices globales advierten que sin estrategias claras, el riesgo climático deja de ser externo y se convierte en un factor material que compromete resultados, valor de mercado y reputación.
Del discurso a la estrategia: la brecha del 35%
A pesar de estas cifras, solo 35% de las organizaciones cuenta con planes sólidos para adaptarse a los cambios físicos del planeta. Esto revela una desconexión profunda entre el reconocimiento del problema y su incorporación real en la gestión corporativa.
La mayoría de las compañías continúa tratando el clima como un tema paralelo, aislado de la planeación financiera y del gobierno corporativo. En consecuencia, las empresas frente al cambio climático permanecen en una zona de alto riesgo, reaccionando tarde a disrupciones que ya están ocurriendo.
El papel del consejo de administración
Uno de los grandes retos es que el riesgo climático aún no se asume como una responsabilidad fiduciaria. Desde la perspectiva de Chapter Zero, los consejos deben entender que el impacto financiero del cambio climático los obliga a integrar este tema como parte central de su mandato.
Cuando el consejo lidera la conversación, la sostenibilidad deja de ser un área operativa para convertirse en un eje estratégico. Esto permite alinear decisiones de inversión, innovación y crecimiento con una visión de largo plazo que proteja el valor de la empresa.
En México, el trabajo con consejeros ha demostrado que la formación es clave para romper inercias. Programas ejecutivos especializados traducen variables ambientales en lenguaje de negocio, mostrando cómo afectan la productividad, la operación y el desempeño financiero.
Con alrededor de 30 horas de formación en clima, naturaleza y sostenibilidad, los participantes adquieren herramientas prácticas para evaluar riesgos, identificar oportunidades y replantear modelos de negocio. Este enfoque busca que las empresas frente al cambio climático pasen de la reacción a la anticipación.
Cuatro principios para una transformación real
El primer principio establece que los temas climáticos son responsabilidad directa del consejo, por su impacto financiero. El segundo señala que la estrategia climática debe ser parte integral de la estrategia de negocio, no un apéndice.
El tercer principio se enfoca en identificar riesgos y oportunidades materiales, con datos estructurados y gobernanza clara. El cuarto pone énfasis en el reporte y la transparencia, garantizando que la información ambiental sea tan consistente como la financiera.
Del riesgo a la oportunidad
Cuando el consejo comprende el impacto de la crisis climática, también identifica nuevas oportunidades: innovación, eficiencia, nuevos mercados y modelos de negocio alineados con una economía baja en carbono y circular.
Este cambio de enfoque permite que la sostenibilidad deje de verse como un costo y se convierta en un motor de resiliencia y competitividad. Así, las empresas frente al cambio climático pueden construir ventajas en un entorno cada vez más incierto.
La crisis climática no es un escenario futuro, es una condición presente que redefine las reglas del juego. Ignorarla no solo incrementa los riesgos, también limita la capacidad de adaptación y crecimiento de las organizaciones. Integrar estos factores en la toma de decisiones ya no es opcional.
Las empresas que comprendan esta transformación y actúen desde su máximo órgano de gobierno estarán mejor preparadas para enfrentar la disrupción. El verdadero reto no es reconocer el problema, sino convertirlo en una palanca estratégica para asegurar la permanencia y el valor en el largo plazo.
Durante años, las organizaciones midieron su éxito únicamente en términos financieros, confiando en que los números reflejaban su verdadera fortaleza. Sin embargo, los escándalos corporativos, las crisis sociales y la hipertransparencia digital demostraron que los activos intangibles pueden destruir o multiplicar valor en cuestión de horas. Hoy, la confianza se ha convertido en una moneda más poderosa que cualquier inversión material.
En este contexto surge una pregunta clave: qué es el capital reputacional y por qué se ha transformado en un factor estratégico. No se trata de una tendencia pasajera, sino de un componente estructural del valor de marca. Comprenderlo implica reconocer que cada decisión impacta la percepción pública y, por ende, la viabilidad del negocio.
Qué es el capital reputacional y por qué ya no es intangible
Qué es el capital reputacional sino la suma de percepciones, emociones y expectativas que los grupos de interés proyectan sobre una empresa a partir de su comportamiento. No vive en un balance contable, pero se manifiesta en la preferencia de clientes, en la lealtad de empleados y en la confianza de inversionistas. Es un activo vivo que se construye todos los días.
Este capital no se compra ni se improvisa; se cultiva a partir de coherencia entre discurso y acción. Cada política interna, cada alianza y cada respuesta ante una crisis deja una huella que refuerza o debilita la credibilidad. Por eso, su valor no depende de campañas, sino de consistencia.
Cuando una organización entiende que la reputación es una forma de capital, deja de verla como un área aislada. Comienza a integrarla en su estrategia, conectando sostenibilidad, gobernanza y propósito. Así, lo intangible se vuelve medible a través de impactos reales en el negocio.
De la percepción al valor económico
El capital reputacional se traduce en preferencia, y la preferencia se traduce en ingresos. Una marca confiable reduce costos de adquisición, retiene talento y accede con mayor facilidad a financiamiento.
En mercados saturados, la reputación se convierte en un diferenciador tan relevante como el precio o la calidad.
Las empresas con una narrativa creíble logran resistir mejor las crisis porque cuentan con un “colchón de confianza”. Este respaldo no elimina el riesgo, pero sí amortigua sus efectos y acelera la recuperación. La reputación actúa como un seguro invisible que protege el valor de la organización.
En este sentido, qué es el capital reputacional no es una pregunta teórica, sino una ecuación práctica. Donde hay coherencia, hay estabilidad; donde hay confianza, hay crecimiento sostenible. La reputación deja de ser un intangible para convertirse en un motor económico.
El rol de la sostenibilidad en la construcción de confianza
La sostenibilidad dejó de ser un área complementaria para convertirse en un pilar de credibilidad. Las empresas que integran criterios sociales, ambientales y de gobernanza en su estrategia fortalecen su reputación porque demuestran visión de largo plazo. No se trata de “verse bien”, sino de “hacerlo bien”.
Cuando las acciones responden a necesidades reales de la comunidad, se genera una conexión emocional con los grupos de interés. Esa conexión es la base de una reputación sólida, porque trasciende el producto y se ancla en valores compartidos. La empresa deja de ser solo una marca para convertirse en un actor social.
Aquí, qué es el capital reputacional se entiende como el reflejo de una gestión responsable. Cada iniciativa auténtica suma credibilidad, mientras que cualquier incoherencia resta confianza.
La sostenibilidad no es el discurso: es la evidencia.
Liderazgo, cultura y reputación corporativa
El capital reputacional comienza dentro de la organización. Los colaboradores son los primeros embajadores de la marca y, al mismo tiempo, los primeros críticos. Una cultura alineada con el propósito fortalece la credibilidad hacia afuera porque nace de una convicción real.
El liderazgo juega un papel decisivo en este proceso. Las decisiones éticas, la transparencia y la escucha activa construyen una narrativa coherente que se replica en todos los niveles. Cuando el ejemplo viene desde arriba, la reputación se vuelve parte del ADN corporativo.
Así, qué es el capital reputacional se conecta directamente con la cultura interna. No puede existir una marca confiable sin personas que crean en ella. La reputación no se impone: se vive.
Gestión de riesgos y resiliencia reputacional
Las crisis son inevitables, pero su impacto depende de la fortaleza reputacional previa. Las organizaciones con credibilidad enfrentan los errores con mayor margen de maniobra, porque la sociedad les concede el beneficio de la duda. La reputación funciona como un amortiguador estratégico.
Gestionar este capital implica anticipar riesgos, monitorear percepciones y responder con transparencia. No se trata de controlar la narrativa, sino de asumir responsabilidades con coherencia. Cada crisis es una oportunidad para demostrar valores.
Desde esta perspectiva, qué es el capital reputacional también es una herramienta de resiliencia. Permite atravesar momentos críticos sin perder legitimidad, siempre que exista una base sólida de confianza.
Medir lo invisible: indicadores y estrategia
Aunque intangible, el capital reputacional puede analizarse a través de métricas de confianza, engagement, atracción de talento y percepción de marca. Estas señales permiten evaluar cómo las acciones impactan en la credibilidad de la empresa. Lo que no se mide, no se gestiona.
Integrar estos indicadores en la estrategia corporativa ayuda a tomar decisiones más conscientes. La reputación deja de ser reactiva para convertirse en un eje de planificación. Cada proyecto se evalúa no solo por su rentabilidad, sino por su impacto reputacional.
Comprender qué es el capital reputacional también implica asumir que su gestión requiere inversión, tiempo y coherencia. No es un resultado inmediato, sino un proceso continuo de construcción.
El capital reputacional es el puente entre lo que una empresa dice y lo que realmente es. Su valor no se limita a la percepción, sino que se traduce en estabilidad, crecimiento y legitimidad social. En un entorno donde la confianza es escasa, las organizaciones que la cultivan se posicionan como referentes.
Entender qué es el capital reputacional es reconocer que la reputación no es un accesorio, sino un activo estratégico que define el futuro de las empresas. Aquellas que lo gestionen con autenticidad no solo sobrevivirán, sino que liderarán el cambio hacia modelos de negocio más responsables y sostenibles.
El Super Bowl no solo es una final deportiva: es un ritual global que conecta a más de 120 millones de personas frente a una pantalla, alrededor de un mismo espectáculo. Cada pase, cada anuncio y cada acorde del show de medio tiempo convierten a este evento en un fenómeno cultural con un impacto que va mucho más allá del deporte. Pero junto con esa magnitud también llegan preguntas incómodas sobre su huella ambiental.
De acuerdo con un artículo de Sustainability Mag, en 2026, el Super Bowl LX vuelve a poner el tema en la conversación pública, no como un accesorio, sino como parte central del relato. Con la presión de la opinión global y la urgencia climática como telón de fondo, la NFL, PepsiCo y Levi’s Stadium buscan demostrar que un Super Bowl LX sostenible no es una utopía, sino un experimento real a escala masiva que podría redefinir cómo se conciben los grandes eventos.
El escenario del desafío global
El domingo 8 de febrero de 2026, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se enfrentarán en el Levi’s Stadium, casa de los San Francisco 49ers. No se trata solo de una final más, sino del evento deportivo más visto del planeta, con una logística comparable a la de una ciudad temporal. Energía, agua, alimentos y residuos se mueven en volúmenes extraordinarios.
Cada Super Bowl deja tras de sí toneladas de desechos y una huella difícil de justificar en tiempos de emergencia ambiental. Por eso, la edición LX se convierte en un laboratorio vivo para probar si es posible reducir impactos sin sacrificar la experiencia del fan. La pregunta ya no es si se debe intentar, sino cómo hacerlo.
La expectativa es alta, porque el alcance mediático del evento puede amplificar cualquier avance. Lo que funcione aquí tiene el potencial de replicarse en otros estadios y ligas. En ese sentido, el reto es tan simbólico como operativo.
PepsiCo y la apuesta por la reutilización
Una de las iniciativas más visibles nace de la alianza entre los 49ers y PepsiCo, que introdujo vasos reutilizables en el estadio desde la pretemporada 2025. Estos recipientes duraderos se integran en un sistema de circuito cerrado: el fan devuelve el vaso, se desinfecta y vuelve a circular. La lógica es simple, pero el impacto es profundo.
Durante la temporada regular, este modelo evitó que más de 32.000 vasos desechables terminaran en vertederos. Para el Super Bowl LX, el programa se ampliará con más contenedores de retorno y zonas piloto en áreas de asientos seleccionadas. Bold Reuse y Levy se encargan de la operación, demostrando que la logística de la reutilización es posible incluso en eventos de alta densidad.
Burgess Scott Davis, director de sostenibilidad de PepsiCo Norteamérica, lo resume con claridad: avanzar en la reutilización requiere colaboración y un cambio sistémico.
No se trata solo de tecnología, sino de transformar hábitos y hacer que la opción sostenible sea la más conveniente.
¿Qué tan viable es un Super Bowl LX sostenible?
Más allá de los vasos, la estrategia se extiende a la gestión integral de residuos. PepsiCo apoya la instalación de unidades Oscar Sort, sistemas interactivos con inteligencia artificial que guían a los asistentes para clasificar correctamente sus desechos. La tecnología se convierte así en una aliada pedagógica.
Se suman más de 200 contenedores de reciclaje plegables y reutilizables distribuidos por el estadio y zonas de eventos. Además, personal especializado en sostenibilidad estará disponible para orientar a los fanáticos, cerrando la brecha entre intención y acción. El objetivo es reducir la contaminación cruzada en los flujos de residuos.
Este enfoque integral muestra que un Super Bowl LX sostenible no depende de una sola medida, sino de un ecosistema de soluciones coordinadas. La experiencia del usuario sigue siendo prioritaria, pero ahora con una narrativa ambiental que invita a participar.
Donar, reutilizar y cerrar el ciclo
La NFL planea dar una segunda vida a los materiales y alimentos que queden tras el evento. Más de 30 organizaciones locales, entre bancos de alimentos y escuelas, recibirán donaciones que en ediciones pasadas superaron los 800.000 dólares en valor. Para 2026, se espera igualar o incluso superar esa cifra.
Esta fase posterior al evento es clave, porque conecta la sostenibilidad con la justicia social. No se trata solo de reducir residuos, sino de redistribuir recursos hacia quienes más los necesitan. Así, el impacto trasciende el estadio y se ancla en la comunidad.
Además, se están probando nuevos protocolos de clasificación que podrían convertirse en estándar para futuros eventos.
Cada Super Bowl se transforma en un ensayo que deja aprendizajes replicables.
Un legado verde para el Área de la Bahía
El compromiso no termina cuando se apagan las luces. La NFL busca dejar un “legado verde” en la región, priorizando donaciones y proyectos que generen beneficios duraderos. La idea es que el evento sea un catalizador de cambios locales, no una carga temporal.
Las organizaciones comunitarias participan activamente en este proceso, asegurando que los recursos se utilicen de manera estratégica. Este enfoque refuerza la noción de que la sostenibilidad no es un gesto simbólico, sino una inversión en resiliencia social.
Aquí, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un puente entre el espectáculo global y la transformación local. Un recordatorio de que los grandes escenarios también pueden servir a causas mayores.
Colaboración como motor del cambio
Ninguna empresa puede resolver por sí sola los desafíos de los envases y los residuos. El valor de este esfuerzo radica en la colaboración entre la NFL, PepsiCo, el Levi’s Stadium y los propios fanáticos. Cada actor aporta una pieza al rompecabezas.
La participación del público es crucial. Devolver un vaso, separar un residuo o apoyar una donación son gestos pequeños, pero multiplicados por miles generan un efecto tangible. La sostenibilidad se vuelve un deporte de equipo.
Este modelo colaborativo ofrece una hoja de ruta para otros eventos masivos. No es perfecto, pero demuestra que el cambio sistémico empieza con alianzas estratégicas.
El poder de la visibilidad global
Con millones de personas observando, cada acción se amplifica. La narrativa del Super Bowl LX sostenible no solo se vive en el estadio, sino que viaja por pantallas de todo el mundo. La visibilidad convierte a la sostenibilidad en parte del espectáculo.
Este alcance tiene un efecto cultural: normaliza prácticas responsables y las presenta como parte del futuro del entretenimiento. Lo que antes era un esfuerzo silencioso ahora se integra al relato principal. Así, el evento no solo entretiene, sino que educa e inspira. La sostenibilidad deja de ser un tema de nicho para ocupar el centro del escenario.
El Super Bowl LX demuestra que incluso los eventos más complejos pueden reinventarse cuando existe voluntad, innovación y colaboración. No se trata de alcanzar la perfección, sino de avanzar con pasos concretos que marquen una diferencia real.
En ese camino, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un símbolo de lo que es posible cuando el deporte, la industria y la comunidad trabajan juntos. Un recordatorio de que, incluso en los escenarios más grandes, cada acción cuenta.
Con la visión de que la sostenibilidad social puede y debe convertirse en una oportunidad real de negocio, Martha Herrera, Secretaria de Igualdad e Inclusión, anunció el III Foro ESG Nuevo León: Innovación como motor de Igualdad e Inclusión, que se llevará a cabo el próximo 3 de marzo en el Auditorio del EGADE Business School.
Martha Herrera, titular de la dependencia, destacó que desde la dependencia se impulsa una visión de gobierno que reconoce a las empresas como aliadas estratégicas del desarrollo social, generando sinergias que permiten vincular el crecimiento económico con causas sociales prioritarias.
La Secretaría ha consolidado un modelo de colaboración público-privada que acompaña a las empresas para transformar su compromiso social en impacto medible, valor reputacional y ventajas competitivas reales.
“Nos propusimos desde el principio el trabajo colaborativo entre gobierno, academia, empresas, sociedad civil y gobierno estatal para poder realmente promover la sostenibilidad social dentro de las empresas. Entonces, Nuevo León, siendo un estado motor económico del país, pues definitivamente depende de la sostenibilidad de sus propias empresas. Y cuando hablo de la sostenibilidad de sus propias empresas, no hablo nada más de las empresas grandes, porque se creería que nada más las empresas grandes tienen que tener todos estos mecanismos para lograr su sostenibilidad económica, ambiental, social y de gobernanza”, dijo Martha Herrera.
El Foro es un evento sin costo, abierto, inclusivo y con causa, diseñado para que empresas de todos los tamaños accedan a información estratégica, herramientas prácticas y casos reales que les permitan integrar la sostenibilidad social en sus modelos de negocio y cadenas de suministro, en línea con las exigencias de los mercados globales.
“Hoy las empresas no necesitan más discursos; necesitan aliados. Las empresas son generadoras de riqueza y bienestar, y cuando les va bien, le va bien a todo el estado. Desde el Gobierno de Nuevo León estamos construyendo un modelo que las acompaña para integrar la sostenibilidad social como una ventaja competitiva real, que les permita crecer, atraer inversión y abrirse a nuevos mercados”, afirmó Martha Herrera, Secretaria de Igualdad e Inclusión.
En un entorno donde las grandes inversiones que llegan al estado exigen cadenas de suministro responsables, la Secretaría impulsa este espacio como una vía para vincular a las empresas locales y a las personas a los beneficios del desarrollo económico, fortaleciendo la competitividad de Nuevo León frente a las cadenas globales de valor.
En este contexto, la academia y la formación de liderazgo juegan un papel clave para preparar a las empresas frente a los retos de la sostenibilidad, la innovación y la competitividad global.
Miguel Treviño, Director de la Sede Monterrey de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, señaló que “la innovación, el conocimiento y la formación de líderes son factores clave para que las empresas puedan competir en un entorno global cada vez más exigente. Espacios como el Foro ESG Nuevo León permiten traducir la sostenibilidad social en capacidades reales para las organizaciones, fortaleciendo su toma de decisiones, su talento y su impacto en la economía y en la sociedad”.
Durante el Foro se abordarán temas clave sobre cómo aumentar la valuación empresarial a partir de criterios ESG, la innovación en proyectos de impacto social, los nuevos modelos de financiamiento con propósito y el uso responsable de la inteligencia artificial en sostenibilidad.
Además, se realizará el lanzamiento del curso en línea gratuito para el cálculo del Retorno Social de la Inversión (SROI), que permitirá a empresas y organizaciones medir, gestionar y comunicar su impacto social alineado a estándares internacionales.
Uno de los momentos centrales será la presentación de resultados y la entrega del Premio Igualdad e Inclusión Corporativa 2025, un esquema de acompañamiento diseñado a partir del análisis de 16 certificaciones y estándares internacionales, que hoy reconoce a 26 empresas de distintos tamaños y sectores, desde grandes corporativos hasta empresas pequeñas, instituciones educativas y organizaciones del sector creativo.
Desde la perspectiva del sector privado, las alianzas estratégicas se consolidan como un factor clave para convertir la sostenibilidad social en valor económico y en una ventaja competitiva sostenible en el tiempo.
Ana Margarita Garza-Villarreal, Directora de Asuntos Públicos LATAM de Clarios, destacó que “la visión que compartimos con la Secretaría y con la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey es la de sumar a cada vez más empresas a este ecosistema donde todos hacemos equipo para multiplicar el efecto positivo de nuestras acciones individuales. La invitación a empresas e instituciones de todos los tamaños es a informarse, prepararse, tomar conciencia y actuar con responsabilidad ante los desafíos que enfrentamos como estado y como humanidad, incluyéndonos como parte activa de la solución”.
Con este Foro, la Secretaría de Igualdad e Inclusión reafirma que la innovación con enfoque social no es un costo, sino una estrategia para hacer más y mejores negocios, impulsando proyectos público-privados que generan impacto medible, crecimiento económico y bienestar para las personas.
Para obtener más información o registrarse sin costo pueden visitar el sitio www.foroesgnuevoleon.com.
Por Vinod Bijlani, AI Practice Leader para APAC, HPE
A medida que la inteligencia artificial transforma las industrias a una velocidad vertiginosa, las organizaciones se apresuran a implementar soluciones de IA sin tener en cuenta su impacto ambiental. ¿El resultado? Una crisis oculta que amenaza tanto los objetivos medioambientales como la sostenibilidad empresarial. Aquí hay cinco errores críticos que debe evitar al crear su estrategia de IA.
1. Elegir modelos de gran tamaño para tareas simples
Implementar grandes modelos de lenguaje para tareas que los modelos de lenguaje pequeños podrían manejar con la misma eficacia.
Muchas organizaciones adoptan los modelos de IA más recientes y de mayor tamaño: pensando que cuanto más grande, mejor. Sin embargo, ejecutar inferencias en modelos masivos puede consumir entre 10 y 100 veces más energía por consulta que alternativas más pequeñas y optimizadas. Usar un modelo de 175 mil millones de parámetros para clasificar correos electrónicos de clientes o extraer datos básicos es como usar un camión de carga para hacer la compra. Considere si su caso de uso realmente requiere capacidades de vanguardia, o si un modelo más pequeño y eficiente—o incluso el aprendizaje automático tradicional—podría ofrecer resultados similares con una fracción del costo ambiental.
2. Ignorar la infraestructura y el despliegue de eficiencia energética
Ejecutar cargas de trabajo de IA sin optimizar la eficiencia energética ni considerar la intensidad de carbono de su infraestructura informática.
No todos los componentes de infraestructura o centros de datos son iguales en cuanto al uso de energía y las emisiones de carbono. Ejecutar el mismo modelo en centros de datos alimentados por carbón frente a aquellos que funcionan con energía renovable puede resultar en diferencias de hasta 10 veces en la huella de carbono. Del mismo modo, no implementar técnicas de optimización de modelos como la cuantificación, poda o destilación de conocimiento significa que sus modelos consumen cantidades innecesarias de energía durante la inferencia. Las organizaciones inteligentes auditan los compromisos de energía renovable de sus proveedores de centros de datos o en la nube y optimizan las arquitecturas de modelos para la eficiencia, no solo para precisión.
3. Descuidar las prácticas de gestión y almacenamiento de datos
Almacenar grandes conjuntos de datos indefinidamente sin políticas de gobernanza, conduce a un consumo innecesario de energía en los centros de datos.
Los datos son el combustible de la IA, pero una mala higiene de datos genera costos ocultos enormes. Muchas organizaciones recopilan y almacenan grandes cantidades de datos “por si acaso,” sin políticas para la gestión del ciclo de vida de los datos. Los datos redundantes, obsoletos o triviales aún requieren energía para ser almacenados y respaldados. Implemente marcos de gobernanza de datos que evalúen regularmente el valor de los datos, establezcan políticas de retención y utilicen técnicas de compresión.
Considere si realmente necesita almacenar los datos sin procesar de manera permanente, o si se procesan, conjuntos de datos más pequeños serían suficientes para sus aplicaciones de IA.
4. No invertir en las personas y en una comunicación clara
Implementar IA sin capacitar adecuadamente a su fuerza laboral o comunicar cómo la IA complementará en lugar de reemplazar los roles humanos.
Una mala gestión del cambio en la adopción de la IA genera resistencia organizativa, reduce la eficiencia y, en última instancia, desperdicia la energía invertida en los sistemas de IA. Cuando los empleados temen la pérdida de empleo o carecen de las habilidades para trabajar eficazmente con herramientas de IA, las organizaciones enfrentan menores tasas de adopción, esfuerzos duplicados y resultados subóptimos. Esta fricción humana hace que las implementaciones de IA sean menos sostenibles tanto ambiental como económicamente. Una comunicación clara que posicione la IA como una herramienta colaborativa—ayudando a los humanos a centrarse en trabajos creativos y de mayor valor—combinada con programas de capacitación integral, asegura que sus inversiones en IA generen los beneficios previstos mientras se mantiene el compromiso y la productividad de la fuerza laboral.
5. No medir y monitorear el impacto total de la IA en la sostenibilidad
Tratar la sostenibilidad de la IA como un pensamiento posterior en lugar de integrar la medición y el monitoreo desde el primer día de sus operaciones de IA.
Usted no puede gestionar lo que no se mide. La mayoría de las organizaciones no tienen visibilidad del consumo de energía ni de las emisiones de carbono de sus sistemas de IA, lo que hace imposible identificar oportunidades de optimización o realizar un seguimiento del progreso hacia los objetivos de sostenibilidad. Implemente herramientas y marcos de trabajo que monitoreen métricas clave de eficiencia, como tokens procesados por kilovatio-hora, solicitudes de inferencia por unidad de energía consumida, tiempo de respuesta del modelo frente a la carga computacional y emisiones de carbono por interacción del usuario. Realice un seguimiento tanto de los KPI de impacto ambiental (consumo de energía por tarea, reducción de la huella de carbono, porcentaje de uso de energía renovable) como de los KPI de aumento de productividad (reducción del tiempo de realización de tareas, horas humanas ahorradas, mejoras en la eficiencia de la automatización de procesos) junto con las métricas de rendimiento tradicionales como precisión y latencia. Este enfoque de medición dual permite la mejora continua, ayuda a identificar cuándo los modelos funcionan de manera ineficiente y proporciona métricas concretas para justificar inversiones en prácticas de IA más eficientes.
Incorporar la sostenibilidad en la IA desde el principio
La sostenibilidad de la IA no se trata solo de emisiones de carbono y mitigación de riesgos ambientales, es un negocio inteligente. Los sistemas de IA más eficientes reducen los costos operativos, mejoran el rendimiento y preparan las inversiones en tecnología para el futuro contra el aumento de los costos de energía y las regulaciones climáticas. Al evitar estos errores comunes, las organizaciones pueden aprovechar el poder transformador de la IA mientras construyen un futuro digital más sostenible.
La clave es integrar el pensamiento de sostenibilidad en su estrategia de IA desde el principio, no añadirlo posteriormente. A medida que la IA se vuelve omnipresente, las organizaciones que dominen las prácticas sostenibles de IA hoy tendrán una ventaja competitiva significativa mañana.
Con el objetivo de fortalecer el desarrollo de soluciones innovadoras para la gestión del agua en México y en el marco del Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua y la Sustentabilidad, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), en colaboración con HEINEKEN México, brindó a emprendedores orientación estratégica durante el HEINEKEN Water Challenge 2025, una iniciativa que forma parte de los compromisos asumidos por HEINEKEN para contribuir activamente a la gestión responsable y sostenible del recurso hídrico en el país.
Este esfuerzo contó con el acompañamiento de aliados clave como el Tecnológico de Monterrey, Banco Santander y la Embajada de los Países Bajos en México, consolidando un espacio de colaboración multisectorial orientado a transformar la innovación en acciones concretas de impacto social y ambiental.
A través de esta iniciativa, CONAGUA y HEINEKEN México abrieron la oportunidad para que emprendedores con proyectos enfocados en la gestión, conservación y acceso al agua recibieran acompañamiento especializado, lo que permitió fortalecer sus modelos, evaluar su viabilidad técnica y potenciar su implementación en contextos reales. Este enfoque busca cerrar la brecha entre la innovación y la ejecución, uno de los principales desafíos que enfrentan los emprendimientos de impacto.
El HEINEKEN Water Challenge 2025 se consolidó como una plataforma que trasciende la generación de ideas, al priorizar proyectos con potencial de convertirse en soluciones aplicables y escalables. En este marco, la participación de CONAGUA contribuyó a enriquecer el diálogo y a brindar un referente institucional que permite a las iniciativas participantes visualizar posibles rutas para su desarrollo e implementación, alineadas con los objetivos del Acuerdo Nacional.
De acuerdo con datos de CONAGUA, el 96% de la población mexicana tiene acceso a fuentes mejoradas de agua potable, reflejo de avances importantes en infraestructura hídrica. Sin embargo, persisten desafíos significativos en la preservación de cuerpos de agua y en el acceso equitativo al recurso, especialmente en comunidades vulnerables. Frente a este panorama, la articulación entre sector público, iniciativa privada y emprendedores resulta clave para detonar soluciones innovadoras que complementen los esfuerzos públicos y contribuyan al cumplimiento del derecho humano al agua.
Los proyectos apoyados se enfocan en dos áreas prioritarias:
Mejora de cuerpos de agua, mediante soluciones orientadas a la preservación, recuperación y reducción de contaminantes en ríos, lagos y otros ecosistemas.
Acceso al agua potable para comunidades vulnerables, con propuestas que buscan garantizar agua limpia y segura, mejorando la calidad de vida de las personas.
Con este esfuerzo conjunto, CONAGUA y HEINEKEN México reafirman su compromiso con el Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua y la Sustentabilidad, impulsando el talento emprendedor como un aliado estratégico para la gestión sostenible del agua. A través del HEINEKEN Water Challenge 2025, ambas instituciones fortalecen una plataforma que conecta innovación, impacto social y acción concreta, con una meta compartida: transformar buenas ideas en proyectos reales que contribuyan a una gestión responsable y sostenible del agua en México.
Durante el ejercicio 2025, la asociación civil Fuente de Sabiduría consolidó su presencia y fortaleció su impacto social mediante la ejecución de acciones estratégicas orientadas al desarrollo educativo, comunitario y humano en los municipios de Ensenada y Tijuana, Baja California, reafirmando su compromiso como una organización formalmente constituida y socialmente responsable.
Las actividades iniciaron en abril con la participación en el Holiday Bazar, a través de un stand de difusión institucional enfocado en dar visibilidad a la labor de la Asociación Civil y promover sus programas de apoyo educativo.
En mayo, se llevó a cabo un evento de recaudación y donación de ropa y calzado en beneficio de la comunidad del Valle de Guadalupe, además de la colaboración con IAMAEASYING y la Psicóloga Pamela Cassis, quien impartió talleres de educación y crianza en Ensenada.
“Cada actividad que realizamos tiene como eje central la dignidad y el bienestar de las niñas, los niños y sus familias; no entregamos apoyos, entregamos oportunidades”, afirmó Verónica Rosas, Directora de Fuente de Sabiduría A.C.
En julio, dio inicio el programa de recorridos en escuelas becadas de Ensenada para la captación de datos oficiales del ciclo escolar 2025, beneficiando a jardines de niños y primarias de la zona.
Posteriormente, en agosto, el programa de becas se amplió a la ciudad de Tijuana, alcanzando un total de 3 mil 404 beneficiarios entre ambos municipios.
Este crecimiento incluyó la entrega de paquetes escolares más completos, incorporando material de limpieza para los planteles, resmas de hojas, material didáctico y equipo deportivo, además de la realización de un magno evento de entrega simbólica de becas en el Auditorio Municipal de Tijuana.
Durante septiembre y octubre se realizaron las entregas presenciales de becas en Ensenada y Tijuana, otorgando mil 800 becas en Ensenada y 2 mil 400 becas en Tijuana, cada una integrada por uniforme escolar completo, uniforme deportivo, zapatos, tenis y kits de útiles escolares asignados por grado.
En este mismo periodo, la Asociación brindó apoyo integral a Alberto, un niño originario de Mexicali con una condición cardíaca congénita, cubriendo en su totalidad estudios médicos y viáticos para su atención especializada en la Ciudad de México.
“El crecimiento de la Asociación es reflejo de la confianza de la comunidad y de la suma de voluntades; nuestro compromiso es seguir ampliando el impacto social con transparencia y responsabilidad”, destacó la Directora de Fuente de Sabiduría, Verónica Rosas.
El año concluyó con la realización, en diciembre, del Bingo Navideño con Causa, a beneficio de Fuente de Sabiduría A.C. y Mujeres por Mujeres, integrando además la actividad “Abriga a una familia”, mediante la donación de cobijas para comunidades en situación vulnerable.
Asimismo, se incorporó la Escuela Primaria Gustavo Aubanel, en Tijuana, al programa de becas, beneficiando a otras 520 niñas y niños.
Con estas acciones, Fuente de Sabiduría A.C. reafirma su misión de generar oportunidades reales para la niñez y las comunidades de Baja California, consolidándose como un referente de impacto social, educación solidaria y compromiso comunitario.