ADM, empresa líder global en nutrición humana y animal, mantiene su compromiso con la seguridad alimentaria en México mediante su alianza estratégica con la Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX), como parte de su programa de inversión social corporativa ADM Cares.
Desde 2020, esta colaboración ha permitido rescatar y redistribuir alimentos en apoyo a personas y comunidades en situación de vulnerabilidad, contribuyendo a la reducción del hambre y al combate de la pérdida y desperdicio de alimentos. Para este año, ADM de la mano de la Red BAMX, busca beneficiar a más de 200 mil personas, aproximadamente 50 mil familias, por medio de la compra de alimento básico, entrega de paquetes alimentarios y apoyo a la infraestructura de los Bancos de Alimento.
Se estima que en México cada año se desperdician más de 30 millones de toneladas de alimento, de las cuales, 40% se pierde a nivel agricultura, 20% en la distribución y otro 40% es comida que los consumidores tiran, todo esto alcanza un valor económico de más de 400 mil millones de pesos, con base en datos del Banco Mundial y la FAO.
“Garantizar la seguridad alimentaria es fundamental para el desarrollo social. ADM Cares en alianza con la Red de Bancos de Alimentos de México hacemos disponible el alimento a las comunidades cercanas a nuestras instalaciones. Además, fomentamos que los insumos se aprovechen en forma equitativa y sostenible”, señaló Aurora Adame, directora de Asuntos Corporativos de ADM.
Esta alianza se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, particularmente el de Hambre Cero, y, aunado al beneficio de las más de 200 mil personas aproximadamente, ambas organizaciones han apoyado a 500 familias de Culiacán durante la crisis de inseguridad acrecentada en los últimos años, por medio de un donativo para la compra y entrega de alimento. Asimismo, realizaron la entrega de 359 toneladas de comida durante la activación del plan de remediación por el Huracán OTIS en Acapulco.
Además del rescate de alimentos, ADM apoya de manera anual a la mejora de instalaciones en cuatro Bancos de Alimento por medio de donación de equipos de refrigeración, adecuación de comedores, compra de materiales para operación, entre otros, para así poder beneficiar a más de 100 mil personas.
Estas acciones se complementan con otras iniciativas de ADM Cares enfocadas en el acceso al agua potable, el apoyo a comunidades vulnerables y el bienestar animal, reafirmando el enfoque integral para generar progreso social, económico y ambiental.
Con esta alianza, ADM y la Red BAMX, integrada por más de 50 Bancos de Alimentos con cobertura en 30 estados del país, solidifican sus esfuerzos para enfrentar uno de los mayores retos sociales del país, demostrando que la colaboración entre empresas y organizaciones es clave para construir sistemas alimentarios más justos, sostenibles y resilientes.
Cuando se unen voluntades, el impacto en la comunidad llega lejos. Gracias a la participación de clientes, asociados y asociadas en todo el país y organizaciones civiles, la primera Colecta del año, Haz Más por los Demás, de The Home Depot beneficiará a más de 69 mil personas a través de la rehabilitación de 28 espacios comunitarios, 35 cirugías y la entrega de 87 becas universitarias.
La Colecta estuvo vigente del 1 de enero al 30 de abril en las 143 tiendas de The Home Depot, donde los clientes realizaron aportaciones voluntarias al momento de sus compras para apoyar proyectos sociales que contribuyan al bienestar de comunidades en situación de vulnerabilidad. Con esta primera colecta, la empresa logró movilizar la solidaridad de clientes, asociados(as) y aliados de la compañía.
Como resultado de esta edición, se recaudaron más de $7.3 millones de pesos que permitirán impulsar proyectos de recuperación de espacios públicos, salud y desarrollo comunitario en distintos estados del país.
“Los resultados de esta colecta reflejan el poder de la colaboración entre clientes, asociados, asociadas, organizaciones y aliados estratégicos. Gracias a este esfuerzo conjunto, podremos impulsar proyectos que generan bienestar, inclusión y oportunidades para miles de personas en distintas comunidades del país. En The Home Depot estamos convencidos de la importancia de Devolver a la Comunidad y que, cuando trabajamos unidos, podemos construir un mejor futuro para todos”, destacó Erika Díaz, Vicepresidenta de Marketing, eCommerce y Relaciones Públicas de The Home Depot México.
Los recursos serán canalizados a través de organizaciones sociales que trabajan de forma ejemplar en sus comunidades:
Institución
Alcance
Descripción del Proyecto
All Hands and Hearts A.C.
Nacional
Rehabilitar escuelas e implementar programas de prevención de desastres, salud mental, higiene menstrual y prácticas WASH (Agua, Saneamiento e Higiene) en Veracruz e Hidalgo.
Centro Cultural Rosa de los Vientos A.C.
Nuevo León
Brindar mantenimiento y mejora a sus instalaciones con enfoque en el elevador del edificio.
Centro Regiomontano de Educación Especial A.C. (CREE)
Nuevo León
Ampliar y adecuar las instalaciones del centro para impartir terapias especializadas a niños, niñas y jóvenes con discapacidades.
Destellos de Luz A.B. P
Nuevo León
Realizar cirugías y tratamientos visuales integrales a personas de bajos recursos para mejorar o recuperar su vista.
Esperanza al Débil, A.C.
Nuevo León
Construir un nuevo comedor en Juárez, Nuevo León para brindar atención alimentaria a niños, jóvenes y adultos.
Fundación Placemaking México
Nacional
Rehabilitar de 2 canchas para la creación de espacios deportivos de convivencia.
Fundación Tarahumara José A. Llaguno ABP
Chihuahua
Brindar becas universitarias para jóvenes de la Sierra Tarahumara.
Instituto Nuevo Amanecer A.B.P.
Nuevo León
Renovar las áreas de atención para niños, niñas y jóvenes con Parálisis Cerebral.
Lazos IAP
Nacional
Construir espacios de dignos en el área sanitaria para estudiantes en Yucatán.
Parques Alegres IAP
Sinaloa
Instalar porterías y reflectores en Rincón del Parque Cuarto Poder y pintar las canchas deportivas en la Unidad Deportiva Los Ángeles Elektra y Lomas de Tamazula, Sinaloa.
Taller de Expresión y Desarrollo Integral, A. C. (TEDI)
Nuevo León
Ampliar el salón de jóvenes en campus San Pedro, con el fin de garantizar el desarrollo de habilidades y del aprendizaje de nuestros alumnos con síndrome down.
Sobre la Colecta Haz Más por los Demás
Desde 2010, Haz Más por los Demás ha canalizado más de 185 millones de pesos en apoyo de 347 organizaciones de la sociedad civil, impulsando proyectos que generan bienestar en comunidades de todo el país.
Asimismo, The Home Depot arrancó el 1 de mayo la segunda Colecta del 2026, la cual estará vigente hasta el 31 de agosto, enfocada en la construcción y mejora de vivienda para comunidades en situación de vulnerabilidad. En colaboración con Construyendo Comunidades Integrales, Fundación Vive Mejor A.C. y Un Techo Para Mi País México A.C., esta iniciativa busca contribuir a la construcción y mejoramiento de más de 250 viviendas en distintas regiones del país.
The Home Depot México continúa así construyendo un impacto positivo y duradero, al lado de organizaciones que transforman vidas con transparencia, compromiso y resultados.
La evaluación ESG de SpaceX ha encendido el debate sobre la coherencia entre innovación tecnológica y responsabilidad corporativa. El proveedor de índices MSCI otorgó a la compañía de Elon Musk la calificación CCC, la más baja en su escala de sostenibilidad de siete niveles. Esta evaluación coloca a SpaceX en el mismo nivel que países con altos niveles de riesgo estructural, debido a preocupaciones sobre la gestión de riesgos ambientales, sociales y de gobernanza.
Space X reprueba en RSE: la lectura detrás de la calificación CCC
La calificación CCC otorgada por MSCI implica que la empresa se encuentra en el nivel más bajo de desempeño ESG dentro del universo evaluado. En términos técnicos, indica que la organización presenta “medidas de gestión muy deficientes” y una exposición elevada a controversias graves. En el caso de SpaceX, el índice reporta una puntuación de 1 sobre 10 en controversias, acompañada de una “bandera naranja”, que señala su involucramiento directo o indirecto en incidentes considerados serios.
El área más crítica identificada por MSCI es la gobernanza, donde SpaceX obtuvo 3.2 sobre 10, partiendo de una base teórica de 10 puntos que se reduce conforme aparecen “banderas de gobierno corporativo”. Este resultado sugiere debilidades estructurales en mecanismos de supervisión, transparencia y gestión de riesgos internos.
Estos elementos explican por qué Space X reprueba en RSE de forma sistemática en el índice. Más allá de la nota, la evaluación refleja una tendencia consistente en la que la empresa no logra cumplir con estándares mínimos de sostenibilidad corporativa. En este sentido, la calificación no es una anomalía, sino la consolidación de una percepción acumulada sobre su desempeño.
Space X reprueba en RSE: controversias laborales, regulatorias y de gobernanza
El desempeño ESG de SpaceX no puede entenderse sin revisar su historial reciente de controversias. La empresa ha enfrentado acusaciones de seguridad laboral inadecuada, conflictos sindicales y denuncias de discriminación y represalias contra trabajadores. En 2023, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una demanda alegando que la compañía desalentaba la contratación de solicitantes de asilo y refugiados, un caso que fue posteriormente retirado en 2025.
Asimismo, la Junta Nacional de Relaciones Laborales investigó despidos de empleados que habían criticado públicamente a Elon Musk, lo que reavivó el debate sobre libertad de expresión y condiciones laborales dentro de la organización. Aunque algunos casos fueron desestimados, el conjunto de incidentes ha contribuido a deteriorar su perfil de riesgo social.
En paralelo, otras empresas del ecosistema de Musk han enfrentado cuestionamientos similares. Tesla fue excluida de índices ESG relevantes tras denuncias de discriminación racial y condiciones laborales deficientes en su planta de Fremont, California. Este antecedente refuerza la narrativa de que Space X reprueba en RSE no como un caso aislado, sino como parte de un patrón más amplio en su ecosistema corporativo.
Elon Musk says SpaceX will build cities on the Moon and Mars and send spaceships to other systems. pic.twitter.com/DigrhkDfgZ
Space X reprueba en RSE: el dilema entre innovación extrema y responsabilidad corporativa
El caso adquiere mayor relevancia si se contrasta con la posición financiera y de influencia de Elon Musk. De acuerdo con Forbes, el magnate cuenta con un patrimonio estimado en 1.2 billones de dólares, por lo que es el empresario más rico del mundo. Sin embargo, una de sus compañías más emblemáticas ha recibido la peor calificación posible en responsabilidad corporativa, lo que plantea una tensión estructural entre capacidad económica e inversión en sostenibilidad.
Desde una perspectiva crítica, este contraste reabre el debate sobre la relación entre concentración de riqueza y huella ambiental. En términos generales, los grandes conglomerados industriales y tecnológicos tienen una capacidad desproporcionada de impacto climático y social. Sin embargo, la evaluación de MSCI sugiere que esa capacidad no siempre se traduce en inversión suficiente para mitigar riesgos ESG o mejorar estándares laborales y ambientales.
La postura pública de Musk frente a estas evaluaciones añade otra capa de complejidad. En redes sociales, ha descalificado los criterios ESG, calificándolos como “una estafa” o incluso como el “diablo encarnado”. Esta visión contrasta con la creciente presión global que exige a las grandes corporaciones integrar sostenibilidad en sus modelos de negocio, no como un accesorio reputacional, sino como un componente estratégico.
En este contexto, el caso de SpaceX plantea una pregunta incómoda para el ecosistema empresarial global: hasta qué punto la innovación tecnológica puede desligarse de la responsabilidad social sin generar riesgos sistémicos. Cuando una empresa con capacidad de transformar industrias enteras muestra debilidades estructurales en gobernanza y gestión social, el problema trasciende lo corporativo y se convierte en un tema de interés público.
KAYLEIGH MCENANY: “I want to emphasize Elon Musk and what he has done for the world.
“I stood alongside President Trump as SpaceX achieved America’s first crewed rocket launch in nearly a decade. It was SpaceX.
La calificación CCC de MSCI no solo representa un diagnóstico negativo para SpaceX, sino también una señal de alerta para el mercado sobre los límites de la innovación sin estructuras robustas de responsabilidad corporativa. El hecho de que Space X reprueba en RSE evidencia que el liderazgo tecnológico no garantiza, por sí mismo, estándares adecuados de sostenibilidad.
Para inversionistas, reguladores y especialistas en sostenibilidad, este caso subraya la necesidad de evaluar el desempeño empresarial más allá de la rentabilidad o el crecimiento. La gobernanza, el impacto social y la gestión ambiental se han convertido en variables críticas para la estabilidad de largo plazo de cualquier organización.
En última instancia, el caso SpaceX muestra que la frontera entre disrupción e irresponsabilidad corporativa es más delgada de lo que suele admitirse en el discurso tecnológico contemporáneo. Y en esa frontera se juega una parte fundamental del futuro de la responsabilidad empresarial global.
La reunión comenzó como todas las demás. Finanzas ya estaba sentado en la cabecera revisando números. Operaciones observaba un tablero lleno de rutas, tiempos y costos. Marketing hablaba sin que nadie le hubiera preguntado.
Sostenibilidad llegó unos minutos después y ocupó su lugar.
No siempre había tenido uno. Durante años permaneció cerca de la pared, esperando una oportunidad para intervenir. Cuando hablaba, algunos asentían con cortesía; otros revisaban sus teléfonos.
Un día le pidieron revisar un informe antes de publicarlo. Después llegaron las invitaciones a reuniones antes vedadas. Luego las preguntas sobre proveedores, emisiones, comunidades, reputación y riesgos que pocos consideraban prioritarios. Los informes comenzaron a mencionarla. Los inversionistas también. Más tarde, los clientes.
Y sin darse cuenta, lo que había sido una conversación periférica se acercó al centro de la mesa.
Sostenibilidad no ocupaba la cabecera —esa seguía perteneciendo a Finanzas—, pero ya nadie dudaba de que tenía un lugar en la sala.
Durante algún tiempo pensó que aquella era la historia completa: el largo camino para ser escuchada.
Lo que no sabía era que apenas entraba en otro capítulo.
Aquella mañana había una silla nueva. Vacía. Nadie parecía saber para quién era.
La puerta se abrió poco después. El recién llegado cargaba varios mapas bajo el brazo. No saludó. Caminó hasta la mesa, apartó algunos documentos y desplegó rutas comerciales, puertos, corredores energéticos, minerales estratégicos y fronteras marcadas con tinta roja.
—¿Quién eres? —preguntó Marketing.
—Geopolítica.
La sala guardó silencio. Finanzas dejó de mirar sus números. Operaciones se inclinó hacia adelante.
Durante las siguientes horas la conversación giró en torno a conflictos, aranceles, dependencia tecnológica, seguridad energética y cadenas de suministro.
Sostenibilidad escuchó con atención. No porque aquellos temas le resultaran ajenos. Precisamente porque le resultaban familiares.
Las semanas siguientes llegaron otros invitados: Inteligencia Artificial con respuestas para preguntas que nadie había formulado, Seguridad ocupando cada vez más espacio, Competitividad regresando a reuniones que llevaba años sin visitar, y Resiliencia, que había permanecido en segundo plano, mencionada ahora con frecuencia.
La mesa se hizo más grande. Las conversaciones también.
Y por primera vez en años, Sostenibilidad dejó de ser la voz más buscada de la sala. Aquello le incomodó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Una tarde, al terminar la reunión, encontró a Geopolítica guardando sus mapas.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Claro. —¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
Geopolítica sonrió. —Creo que no has entendido. —¿Entendido qué?
—Que yo no vine a reemplazarte.
Tomó uno de los mapas y lo extendió sobre la mesa.
—Cuando hablo de energía, termino hablando de transición. Cuando hablo de recursos estratégicos, termino hablando de sostenibilidad. Cuando hablo de estabilidad institucional, termino hablando de gobernanza. Cuando hablo de cadenas de suministro, termino hablando de resiliencia.
Hizo una pausa.
—La diferencia es que ahora hay más personas en la conversación.
Aquella respuesta acompañó a Sostenibilidad durante varios días.
Hasta que una noche, cuando todos se habían marchado y la sala permanecía en silencio, comprendió algo que no había entendido durante años:
Nunca había luchado por convertirse en la conversación más importante. Había luchado para que las conversaciones importantes no ocurrieran sin ella.
Se levantó y observó la mesa. Los mapas de Geopolítica seguían abiertos. Los modelos de Inteligencia Artificial ocupaban cada vez más espacio. Los informes de Seguridad se acumulaban en una esquina.
Por un instante pensó que era la única que se sentía incómoda. Pero entonces notó algo que antes no había visto:
Marketing ya no hablaba con la misma seguridad. Recursos Humanos replanteaba preguntas que creía resueltas. Incluso Finanzas comenzaba a desconfiar de modelos que hasta hace poco consideraba suficientes.
La sala seguía siendo la misma. Y, sin embargo, ya no era la misma.
Nadie parecía tener completamente claro cuál sería la conversación dominante de los próximos años. Ni siquiera quién ocuparía las mejores sillas.
Sostenibilidad sonrió.
Tal vez la incertidumbre no era un problema suyo. Tal vez era la nueva condición de todos.
Apagó la luz. Cerró la puerta detrás de sí.
A la mañana siguiente habría otra reunión. Y, con toda seguridad, llegarían nuevos invitados.
Este cuento está inspirado en el briefing “The geopolitical multinational” publicado por The Economist el 17 de enero de 2026.
R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
El fútbol, como espejo de la sociedad, no solo refleja lo que ocurre dentro del campo, sino también las transformaciones culturales que lo rodean. En el Mundial 2026, una de esas transformaciones se expresa de manera clara en un espacio históricamente invisible: el arbitraje. Hoy la disciplina, la preparación y la autoridad femenina están reescribiendo las reglas del juego. Y lo hacen en el torneo de mayor visibilidad del planeta.
En este contexto, el arbitraje femenino deja de ser una excepción simbólica para convertirse en una evidencia estructural de cambio. El Mundial 2026 no solo reúne a las mejores selecciones del mundo, también visibiliza a mujeres que han alcanzado la élite del arbitraje internacional por mérito propio. Su presencia no responde a una narrativa decorativa, sino a trayectorias consolidadas en lo físico, lo técnico y lo mental. Así, las arbitras en el mundial 2026 representan una evolución profunda en la manera en que el deporte entiende la autoridad, la equidad y el liderazgo.
Del precedente al presente: la evolución del arbitraje femenino
El camino hacia esta edición del Mundial no comenzó en 2026, sino que es resultado de un proceso progresivo que ha ido abriendo espacio a las mujeres en el arbitraje de élite. El Mundial de Catar 2022 marcó un punto de inflexión al incorporar por primera vez árbitras en partidos masculinos, rompiendo una barrera histórica dentro de la FIFA. A partir de ahí, la presencia femenina dejó de ser experimental para convertirse en una ruta de desarrollo profesional más sólida.
Este avance no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de la inclusión, sino también desde el rendimiento. Las árbitras han demostrado durante años que su capacidad de lectura del juego, toma de decisiones y resistencia física está a la altura de las exigencias del fútbol de alto nivel. El Mundial 2026 es, en ese sentido, una consecuencia natural de ese proceso: un escenario donde la equidad ya no se discute como posibilidad, sino como práctica instalada.
Aplausos para ella. ❤⚽️
Durante el Mundial de Qatar 2022, Stéphanie Frappart fue la primera mujer árbitra en pitar un partido oficial de una Copa del Mundo varonil. Fue precisamente cuando Alemania enfrentó a Costa Rica en el Grupo E.
Arbitras en el mundial 2026: el trío que hizo historia en el césped
Uno de los momentos más representativos del torneo ocurrió en el partido entre República Checa y Sudáfrica, donde el arbitraje estuvo a cargo de Tori Penso, acompañada por Brooke Mayo y Kathryn Nesbitt. Este equipo arbitral se convirtió en el primer trío femenino estadounidense en dirigir un partido de Copa del Mundo masculina, marcando un precedente histórico dentro del torneo.
Más allá del resultado deportivo, su presencia tuvo un valor simbólico y estructural. Las tres árbitras portaron un uniforme con detalles en rojo, blanco y azul, que reforzó su identidad sin restar profesionalismo a su labor. Su desempeño en el campo confirmó que la autoridad arbitral se construye desde la preparación y la experiencia, no desde el género. En ese sentido, las arbitras en el mundial 2026 comienzan a consolidarse como parte natural del máximo nivel competitivo del fútbol.
🚨🇪🇨 El Ecuador vs. Alemania del jueves tendrá como jueza principal a la estadounidense Tori Penso. pic.twitter.com/ZhZs3Td7Cd
Trayectorias que redefinen el liderazgo en el arbitraje
Las historias de estas profesionales muestran que el arbitraje de élite es el resultado de decisiones profundas y trayectorias no lineales. Kathryn Nesbitt dejó el ámbito académico en química para dedicarse por completo al arbitraje, después de haber alcanzado un doctorado. Su transición representa un cambio de vocación que la llevó a convertirse en una de las figuras más relevantes del arbitraje internacional.
Por su parte, Brooke Mayo también dejó su trabajo en el ámbito educativo para consolidar su carrera en el fútbol profesional, mientras que Tori Penso pasó del marketing a convertirse en una de las árbitras centrales más reconocidas en la MLS y competencias FIFA. Estas trayectorias evidencian que el arbitraje femenino no es un complemento, sino una carrera de alto rendimiento que exige preparación constante y decisiones de vida determinantes.
#mundialdefútbol2026 A sus 37 años, Kathryn Nesbitt, cambió las clases en laboratorios por el arbitraje de élite. Hoy es una de las asistentes en la Copa del Mundo 2026. pic.twitter.com/O6MdBYQAsO
Arbitras en el mundial 2026: liderazgo latinoamericano y representación regional
En el panorama latinoamericano, la presencia de Katia Itzel García ha sido clave para consolidar la representación regional en el arbitraje de élite. Su carrera ha estado marcada por hitos importantes, como su participación en la Liga MX masculina, los Juegos Olímpicos y torneos organizados por la FIFA. Su inclusión en el Mundial 2026 como parte del equipo arbitral refuerza la presencia de México en la élite del arbitraje global.
Junto a ella, Sandra Ramírez aporta una trayectoria sólida en finales mundialistas y competencias internacionales. Ambas representan una generación que ha logrado abrirse camino en un entorno altamente competitivo, consolidando el papel de América Latina dentro del arbitraje femenino mundial. Su presencia amplía la diversidad del torneo y refuerza el impacto del talento regional en escenarios globales.
¡Katia Itzel García haciendo historia! 🇲🇽
La silbante pitará el duelo entre Túnez 🇹🇳 y Países Bajos 🇳🇱
Innovación, tecnología y nuevos espacios de decisión
El Mundial 2026 también ha sido escenario de una expansión del liderazgo femenino hacia áreas tecnológicas del arbitraje, como el VAR. En este ámbito, destaca Tatiana Guzmán, quien se convirtió en la primera mujer en formar parte del sistema VAR en una Copa del Mundo masculina. Su incorporación representa un avance significativo en la integración de mujeres en espacios de análisis y decisión crítica dentro del fútbol.
Este avance se complementa con la experiencia de árbitras como Sandra Ramírez, que han participado en instancias de alta exigencia donde la precisión y la interpretación del juego son fundamentales. La incorporación femenina en estas áreas no solo amplía la representación, sino que también fortalece la calidad del arbitraje en su conjunto. El resultado es un ecosistema más diverso, técnico y equilibrado.
El Mundial 2026 no solo está redefiniendo la historia del fútbol en el terreno deportivo, sino también en la estructura de quienes lo hacen posible. La presencia de estas seis mujeres en el arbitraje internacional evidencia un cambio que ya no es incipiente, sino consolidado. Las arbitras en el mundial 2026 representan una nueva forma de entender la autoridad en el deporte: basada en la preparación, la experiencia y el mérito.
Más allá del impacto inmediato en el torneo, sus trayectorias abren conversaciones más amplias sobre equidad, acceso y liderazgo en industrias tradicionalmente masculinizadas. El arbitraje, en este contexto, se convierte en un espacio donde la transformación social se hace visible en cada decisión. Y en ese proceso, estas mujeres no solo participan en la historia del fútbol: la están reescribiendo desde el centro del juego.
Durante años, la narrativa dominante ha sido clara: la electrificación del transporte es una de las principales vías para enfrentar la crisis climática. En ese relato, los autos SUV eléctricos aparecen como protagonistas inevitables del futuro sostenible. Sin embargo, detrás de su crecimiento acelerado comienza a emerger una paradoja incómoda que cuestiona esa promesa.
La expansión de estos vehículos no solo redefine el mercado automotriz, sino también la forma en que habitamos las ciudades, respiramos el aire y nos movemos en el espacio público. El problema no es únicamente su motorización, sino su tamaño, su peso y el modelo de ciudad que refuerzan. En ese contexto, los autos SUV eléctricos se han convertido en un símbolo de transición, pero también de contradicción.
La expansión global de los autos SUV eléctricos y su peso en el mercado
El crecimiento de los autos SUV eléctricos es hoy una tendencia global difícil de ignorar. En China, representaron más del 60% de las ventas de vehículos eléctricos en 2025, mientras que en Europa alcanzaron cerca del 75%. En Estados Unidos, su dominio es aún más marcado, superando el 85% del mercado eléctrico.
Estas cifras reflejan no solo una preferencia del consumidor, sino también una estrategia de la industria automotriz que ha apostado por modelos más grandes y rentables. El resultado es una electrificación que, en lugar de diversificar la movilidad, parece concentrarse en un solo tipo de vehículo.
El riesgo es evidente: si la transición energética se inclina hacia vehículos cada vez más grandes, la promesa de sostenibilidad puede diluirse en un modelo de movilidad intensivo en recursos y espacio.
Emisiones, materiales y el impacto oculto de los autos SUV eléctricos
Aunque los autos SUV eléctricos no generan emisiones de escape, su huella ambiental no desaparece, sino que se desplaza. Estos vehículos requieren baterías más grandes, mayor cantidad de minerales críticos y más energía en su producción, lo que incrementa su impacto en toda la cadena de valor.
Además, su peso implica un mayor desgaste de llantas, frenos y superficies viales, generando partículas finas que afectan la calidad del aire. Estas emisiones no visibles están vinculadas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que introduce una dimensión de salud pública que suele pasar desapercibida.
En este sentido, el debate no es solo sobre emisiones de carbono, sino sobre el conjunto de impactos que acompañan a una movilidad electrificada pero sobredimensionada.
Salud pública y seguridad: cuando el tamaño también importa
El crecimiento de vehículos más grandes en las ciudades no solo transforma el ambiente, sino también la seguridad vial. Estudios en Gran Bretaña han mostrado que los niños atropellados por SUV tienen un 77% más de probabilidades de sufrir lesiones mortales en comparación con otros vehículos.
Para los menores de nueve años, el riesgo se triplica, lo que evidencia que el diseño del parque vehicular influye directamente en la vulnerabilidad de los peatones. En este escenario, los autos SUV eléctricos no eliminan este problema estructural, sino que pueden reproducirlo bajo una nueva tecnología.
A esto se suma un efecto urbano importante: cuando las calles se llenan de vehículos grandes, caminar o andar en bicicleta pierde atractivo. Así, el transporte activo disminuye, reduciendo beneficios clave para la salud física y mental de la población.
Movilidad, desigualdad y la ciudad dominada por el automóvil
La expansión de los autos SUV eléctricos también tiene implicaciones sociales profundas. En ciudades donde predominan estos vehículos, el espacio público tiende a reorganizarse en función del automóvil, generando entornos menos accesibles y más inseguros para quienes no conducen.
Los hogares de menores ingresos suelen ser los más afectados. Aunque tienen menos probabilidades de adquirir vehículos eléctricos nuevos, enfrentan de manera desproporcionada el ruido, la congestión y la contaminación indirecta asociada al tráfico.
Esto plantea una tensión central en la transición energética: no basta con electrificar el parque vehicular si no se reduce la dependencia estructural del automóvil como eje de la vida urbana.
Evitar, cambiar y mejorar: repensar la transición más allá de los autos SUV eléctricos
El enfoque de evitar, cambiar y mejorar propone una lectura más integral de la descarbonización del transporte. Evitar implica reducir viajes innecesarios mediante ciudades más compactas y el trabajo remoto. Cambiar supone priorizar caminar, la bicicleta y el transporte público. Mejorar se refiere a hacer más eficientes los vehículos que aún son necesarios.
El problema surge cuando el sistema se concentra únicamente en “mejorar”. Una ciudad llena de autos SUV eléctricos puede reducir emisiones directas, pero seguir enfrentando congestión, desigualdad, sedentarismo y pérdida de espacio público.
Por ello, el orden de estas estrategias es clave: sin reducción de la dependencia del automóvil, la electrificación por sí sola no transforma el modelo de movilidad.
¿Demasiado grandes para ser verdes? Cultura, mercado y decisiones de consumo
El auge de los vehículos grandes no es casualidad. Los autos SUV eléctricos se han posicionado como símbolos de seguridad, estatus y comodidad, impulsados por campañas publicitarias que refuerzan su atractivo emocional más allá de su funcionalidad.
Este fenómeno genera un efecto de normalización del tamaño: cuanto más grandes son los vehículos, más difícil resulta imaginar alternativas compactas o sistemas de movilidad distintos. La inversión económica en estos autos también refuerza la dependencia del automóvil a largo plazo.
En ese sentido, el mercado no solo responde a la demanda, sino que también la construye, moldeando aspiraciones y decisiones de movilidad que pueden ir en contra de los objetivos climáticos.
El debate sobre los autos SUV eléctricos revela que la transición energética no es únicamente una cuestión tecnológica, sino también urbana, social y cultural. Reducir emisiones es un avance necesario, pero no suficiente si el modelo de movilidad sigue basado en vehículos grandes y dominantes.
El reto está en redefinir qué entendemos por progreso en el transporte: no solo coches más limpios, sino ciudades más habitables, seguras y equitativas. Esto implica repensar el espacio público, las prioridades de inversión y la forma en que nos movemos cotidianamente.
Durante décadas, la industria de la moda construyó su crecimiento sobre una premisa silenciosa: que el clima era estable, predecible y, sobre todo, externo a las decisiones de negocio. Sin embargo, esa narrativa se está fracturando a medida que los eventos climáticos extremos se vuelven parte del balance operativo cotidiano. Inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas ya no aparecen como anomalías, sino como variables recurrentes que interrumpen producción, encarecen la logística y tensionan las cadenas globales de valor.
De acuerdo con Sustainable Brands, en este nuevo escenario, el impacto deja de ser ambiental para convertirse en financiero. Las empresas no solo enfrentan daños físicos en infraestructura o retrasos en sus operaciones; también absorben costos invisibles que erosionan márgenes y redefinen proyecciones de rentabilidad. La industria de la confección y el calzado, altamente dependiente de sistemas globalizados y materias primas sensibles al clima, se encuentra en el centro de esta transformación estructural.
Las consecuencias de la inacción climática en la nueva lógica de riesgo global
El cambio climático ha dejado de ser un factor periférico en la gestión empresarial para convertirse en un eje central del riesgo operativo. En la industria de la moda, esta transición se refleja en una mayor exposición a interrupciones simultáneas en producción, transporte y abastecimiento. Las cadenas globales, diseñadas para la eficiencia, muestran ahora una fragilidad creciente frente a eventos extremos que afectan múltiples regiones al mismo tiempo.
Un análisis del Apparel Impact Institute estima que las presiones climáticas podrían reducir hasta en 34% las ganancias del sector hacia 2030. Este dato no solo representa una alerta financiera, sino un punto de inflexión en la forma en que las empresas entienden su continuidad operativa. La consecuencias de la inacción climática ya no se manifiesta como un riesgo futuro, sino como una presión acumulativa que altera decisiones presentes de inversión, abastecimiento y expansión.
El carbono como punto de quiebre en la rentabilidad de la moda
La incorporación del carbono como variable económica está redefiniendo la estructura de costos en la industria global. Los sistemas de comercio de emisiones y los impuestos al carbono avanzan en distintas regiones del mundo, convirtiendo las emisiones en un componente tangible del precio final de producción. Para la moda, esto implica que cada etapa de la cadena de valor comienza a tener un impacto directo en la rentabilidad.
En este contexto, el Apparel Impact Institute proyecta que los costos asociados al carbono podrían incrementar hasta en 13% el costo de los bienes vendidos hacia 2040. Este aumento, aunque gradual, tiene un efecto acumulativo significativo en industrias de márgenes reducidos. Aquí, la consecuencias de la inacción climática se traduce en una pérdida silenciosa de competitividad frente a empresas que sí avanzan en la descarbonización de sus procesos.
Materias primas y energía: la presión invisible que reconfigura la industria
La dependencia del algodón y otras fibras naturales expone a la industria a una volatilidad cada vez más marcada por el clima. Sequías prolongadas, cambios en los patrones de lluvia y temperaturas extremas afectan directamente los rendimientos agrícolas, generando incertidumbre en los precios y disponibilidad de insumos clave. Este fenómeno introduce una inestabilidad estructural en la planificación de compras y producción.
A la par, el consumo energético de la manufactura textil continúa siendo altamente dependiente de combustibles fósiles. La transición energética global, sumada a la volatilidad en los precios de la energía, añade una capa adicional de presión sobre los costos operativos. La consecuencias de la inacción climática se vuelve visible aquí en forma de mayor exposición a riesgos energéticos y pérdida de control sobre estructuras de costos a largo plazo.
Del riesgo ambiental al lenguaje del capital: cuando el clima entra en la sala de juntas
Uno de los cambios más significativos en el análisis del Apparel Impact Institute es el desplazamiento del tema climático hacia el centro de la toma de decisiones financieras. El estudio está dirigido principalmente a directores financieros y líderes de negocio, no únicamente a áreas de sostenibilidad, lo que refleja una transformación en la narrativa corporativa.
El dato es contundente: cerca del 99% de las emisiones del sector provienen del Alcance 3, es decir, de proveedores, transporte y producción externa. Esto obliga a las empresas a replantear su influencia real sobre su huella climática. La gestión del riesgo ya no se limita a operaciones directas, sino que se expande hacia toda la cadena de valor, donde la inversión estratégica se convierte en el principal mecanismo de mitigación.
La industria de la moda se encuentra en un punto de inflexión donde el cambio climático ha dejado de ser una variable ambiental para convertirse en una fuerza económica estructural. Las cifras no solo alertan sobre pérdidas futuras, sino sobre una reconfiguración profunda del modelo de negocio global.
En este contexto, la diferencia entre adaptación e inacción marcará la viabilidad del sector en la próxima década. La verdadera discusión ya no gira en torno a si el cambio ocurrirá, sino a qué tan preparados estarán los actores de la industria para operar dentro de un sistema donde el clima define, cada vez más, las reglas del mercado.
En las grandes ciudades, la pregunta qué es el coliving ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una pista clave sobre el futuro de la vivienda. En un contexto donde las rentas aumentan, los traslados se vuelven más largos y la vida urbana se encarece, las soluciones tradicionales empiezan a mostrar límites evidentes. En ese escenario, Guadalajara se ha colocado en el mapa global tras el reconocimiento de ONU-Habitat a un modelo habitacional integrado al Practices Hub del World Urban Forum 2026. Más que una innovación inmobiliaria, el tema abre una discusión sobre cómo se está reorganizando el derecho a habitar la ciudad.
El acceso a la vivienda en zonas urbanas se ha convertido en uno de los principales desafíos contemporáneos. La presión del mercado inmobiliario ha reducido la asequibilidad en ciudades que concentran empleo, servicios y conectividad, obligando a muchas personas a buscar alternativas más flexibles. En este contexto, surge una pregunta inevitable sobre qué tipo de vivienda puede responder a una vida urbana más dinámica, sin renunciar a la ubicación ni a la calidad de vida. Es ahí donde el coliving comienza a posicionarse como una respuesta posible.
¿La nueva lógica de la vivienda conectada?
El modelo seleccionado por ONU-Habitat en el World Urban Forum 2026, desarrollado por Estudio 3.14 en Guadalajara, propone SiVi Coliving como una alternativa a los esquemas tradicionales de arrendamiento. Su planteamiento integra espacios privados con áreas compartidas y servicios comunitarios, ubicados en zonas urbanas bien conectadas. La lógica es clara: optimizar el uso del espacio sin sacrificar ubicación ni acceso a servicios.
En este sentido, el coliving puede entenderse como una forma de habitar que reorganiza la relación entre costo, espacio y ciudad. No se trata únicamente de compartir vivienda, sino de construir modelos que permitan vivir en zonas estratégicas a través de esquemas más eficientes y comunitarios. Este enfoque responde a una realidad urbana donde vivir cerca del transporte y de los centros de actividad se ha vuelto cada vez más determinante.
Qué es el coliving y su vínculo con movilidad y sostenibilidad urbana
El coliving no puede analizarse sin su relación con la movilidad urbana, especialmente a través del enfoque de desarrollo orientado al transporte. Este modelo impulsa la construcción de vivienda cerca de estaciones y corredores de movilidad, lo que reduce la dependencia del automóvil y acorta los tiempos de traslado. En ciudades donde el tráfico y la distancia forman parte de la rutina diaria, este enfoque representa un cambio significativo en la forma de diseñar el espacio urbano.
Al mismo tiempo, este tipo de esquemas introduce una dimensión de sostenibilidad que va más allá de lo ambiental. Al acercar la vivienda a los puntos clave de la ciudad, se reduce el tiempo perdido en desplazamientos y se incrementa la eficiencia del uso del territorio urbano. La vivienda deja de ser un punto aislado y se convierte en parte activa de la estructura de la ciudad.
Un modelo construido desde la investigación urbana
El caso de SiVi Coliving no surge como una respuesta improvisada al mercado inmobiliario, sino como resultado de un proceso de investigación iniciado en 2017 por Estudio 3.14. A partir del análisis territorial y del estudio de necesidades habitacionales en zonas de alta demanda, el proyecto comenzó a delinear una nueva forma de entender la vivienda urbana. Desde 2021, el modelo opera como un esquema de renta que busca adaptarse a las dinámicas reales de las ciudades.
Este proceso incluyó trabajo directo con usuarios para comprender cómo viven las personas en entornos urbanos complejos. Más allá de los metros cuadrados, el diseño del modelo consideró factores como movilidad, accesibilidad y calidad de vida. El resultado es una propuesta que no solo construye espacios, sino que interpreta patrones de habitar en la ciudad contemporánea.
Tecnología y análisis territorial para nuevas ciudades
Uno de los elementos más relevantes del modelo es el uso de herramientas digitales para identificar oportunidades de desarrollo urbano. En el caso de Guadalajara, se han detectado más de 2,600 predios con potencial para albergar proyectos similares, lo que permite visualizar un crecimiento más ordenado y estratégico. Esta aproximación introduce una capa de planificación basada en datos que transforma la forma en que se expande la ciudad.
La incorporación de tecnología en la planeación habitacional permite anticipar necesidades en lugar de reaccionar a ellas. Esto representa un cambio importante en la manera en que se entiende el desarrollo urbano, ya que integra información territorial, movilidad y demanda habitacional en un mismo sistema. La vivienda deja de ser solo construcción y se convierte en un ejercicio de análisis urbano continuo.
Reconocimiento global y futuro de la vivienda urbana
La selección de este modelo por ONU-Habitat en el Practices Hub del World Urban Forum 2026 representa un reconocimiento dentro de un espacio que reunió 171 prácticas de 88 países en Bakú, Azerbaiyán. Este foro concentró soluciones innovadoras frente a los retos de vivienda, movilidad y sostenibilidad que enfrentan las ciudades a nivel global. En ese contexto, la propuesta de Guadalajara destaca por su enfoque en accesibilidad y comunidad.
Más allá del reconocimiento, su integración a la futura Housing Knowledge Platform de ONU-Habitat amplifica su alcance internacional. Este repositorio buscará documentar experiencias replicables que contribuyan a repensar la vivienda en distintas ciudades del mundo. En ese sentido, el proyecto se convierte en parte de una conversación global sobre cómo deben diseñarse las ciudades del futuro.
La evolución de la vivienda urbana está obligando a replantear modelos que durante décadas parecían inamovibles. En este contexto, el coliving aparece como una alternativa que no solo responde a la crisis de asequibilidad, sino también a la necesidad de ciudades más conectadas y funcionales.
Experiencias como la desarrollada en Guadalajara muestran que el futuro de la vivienda no depende únicamente de construir más, sino de construir mejor articulando comunidad, movilidad y sostenibilidad en un mismo modelo urbano.
El Mundial 2026 ya ha reconfigurado hábitos en millones de hogares mexicanos. La promesa de una experiencia más inmersiva, con mejor resolución, sonido envolvente y pantallas más grandes, está impulsando una ola de renovación tecnológica. En apariencia, se trata de una celebración deportiva que también dinamiza el consumo. Sin embargo, detrás de esta narrativa festiva se empieza a dibujar una advertencia ambiental que no puede ignorarse.
Cada nuevo televisor que entra a un hogar suele significar otro aparato que sale de circulación. Y en un país que ya enfrenta una creciente acumulación de aparatos eléctricos desechados, esta dinámica podría intensificar la crisis de residuos electrónicos. El reto no es menor: lo que hoy parece una mejora en la experiencia de entretenimiento podría convertirse mañana en un problema ambiental de gran escala.
El Mundial como detonador del consumo tecnológico
De acuerdo con ESG Expansión, la llegada del Mundial 2026 ha acelerado la decisión de compra de televisores en miles de hogares. Las campañas comerciales y la expectativa del evento han convertido la actualización de equipos en una especie de “ritual previo” al torneo. No se trata solo de ver futbol, sino de vivirlo con la mayor calidad posible.
Este fenómeno, aunque comprensible desde lo emocional y tecnológico, tiene un efecto colateral evidente: la sustitución acelerada de dispositivos aún funcionales. Es precisamente en este punto donde la crisis de residuos electrónicos comienza a tomar forma con mayor intensidad.
México frente a un volumen creciente de desechos
México genera alrededor de 1.5 millones de toneladas de residuos electrónicos cada año, una cifra que lo posiciona como el tercer mayor productor en América. Solo Estados Unidos y Brasil lo superan, con volúmenes significativamente mayores, pero también con infraestructuras más desarrolladas.
El problema no es únicamente la cantidad, sino la velocidad con la que estos residuos crecen frente a la capacidad del país para gestionarlos. La crisis de residuos electrónicos se profundiza cuando la generación supera ampliamente la recolección formal, dejando millones de aparatos sin destino adecuado.
El punto ciego del reciclaje formal
Aunque existen esfuerzos institucionales y privados, la brecha es evidente: apenas el 3.5% de los residuos electrónicos generados en México entra a procesos formales de reciclaje. El resto se dispersa en mercados informales, almacenamiento doméstico o disposición inadecuada.
Esta falta de cobertura refuerza la crisis de residuos electrónicos, ya que limita la recuperación de materiales valiosos y aumenta la exposición a prácticas peligrosas. El desafío no solo es recolectar más, sino construir un sistema integral que funcione de principio a fin.
Cuando la basura electrónica se vuelve un riesgo invisible
Los aparatos eléctricos contienen sustancias como plomo, mercurio, cadmio y cromo hexavalente. Cuando estos dispositivos terminan en tiraderos o son manipulados sin control, los contaminantes pueden filtrarse al suelo y al agua, afectando ecosistemas completos.
La crisis de residuos electrónicos adquiere aquí una dimensión sanitaria. No se trata únicamente de residuos, sino de materiales capaces de permanecer décadas en el ambiente y entrar en la cadena alimentaria humana. A pesar del panorama, especialistas coinciden en que existe una oportunidad para cambiar el modelo actual. Los residuos electrónicos contienen metales valiosos como oro, plata y cobre, lo que abre la puerta a esquemas de economía circular más eficientes.
Transformar la crisis de residuos electrónicos en una oportunidad implica rediseñar la cadena de valor: desde los puntos de venta como centros de acopio hasta la colaboración entre fabricantes, gobiernos y recicladores certificados. El Mundial, en este sentido, podría ser un punto de inflexión si se aprovecha estratégicamente.
El riesgo de repetir errores del pasado
México ya vivió una transición tecnológica masiva con el apagón analógico, que dejó millones de televisores sin un destino claro. Muchos de ellos terminaron almacenados, en mercados informales o en la basura común. Hoy, el Mundial podría reproducir ese mismo patrón. La crisis de residuos electrónicos corre el riesgo de agravarse si el incremento en la compra de televisores no viene acompañado de una estrategia robusta de recolección y reciclaje.
El cambio comienza antes de la compra. Evaluar si el dispositivo anterior aún funciona, considerar su reparación o darle una segunda vida son pasos clave para reducir el impacto ambiental. Solo cuando estas opciones se agotan debería recurrirse a canales certificados de disposición. Este enfoque permite contener la crisis de residuos electrónicos desde el origen, evitando que el consumo impulsivo se traduzca automáticamente en contaminación y pérdida de recursos valiosos.
El Mundial 2026 ya es una de las experiencias tecnológicas más intensas para los hogares mexicanos. Sin embargo, también pone sobre la mesa un dilema ambiental que no puede seguir postergándose: la gestión responsable de los dispositivos que quedan fuera de uso.
Si no se fortalece la infraestructura de recolección, reciclaje y economía circular, la crisis de residuos electrónicos podría profundizarse en los próximos años, convirtiendo la celebración deportiva en un problema ambiental de largo alcance.
El reto no está en renunciar a la tecnología, sino en aprender a circularla mejor. Porque detrás de cada pantalla nueva, hay una responsabilidad que ya no puede seguir quedando en segundo plano.
Casa Ronald McDonald México acerca la magia del fútbol a niñas, niños y familias que forman parte de su comunidad, como parte de su compromiso por impulsar experiencias que contribuyan al bienestar emocional, la integración familiar y el desarrollo integral de quienes enfrentan procesos médicos lejos de casa.
El pasado 17 de junio, cuatro niños de Casa Ronald McDonald México vivieron una experiencia única en la Ciudad de México, donde asistieron a un emocionante partido de fútbol internacional, sumándose a la gran fiesta deportiva y cultural que se vive este verano en nuestro país.
Durante la jornada, los niños tuvieron la oportunidad de recorrer el área lateral de la cancha durante el calentamiento de los jugadores, convivieron con las mascotas del mundial y se les concedieron dos minutos en pantalla durante la transmisión del estadio, así mismo, presenciar la ceremonia previa al partido y disfrutar del encuentro desde las gradas, en una experiencia pensada para reconocer su fortaleza y entusiasmo.
“Buscamos que las familias de Casa Ronald McDonald México vivan momentos que les recuerden que no están solas. A través de experiencias como esta, queremos fomentar la unión, el trabajo en equipo y el amor por el deporte, pero sobre todo regalarles un recuerdo significativo en medio de los retos que enfrentan. Estas familias nos inspiran todos los días con su valentía, y merecen vivir momentos llenos de alegría”, señaló Gabriela Gatica, Directora Ejecutiva de Casa Ronald McDonald México.
La iniciativa forma parte de las acciones con las que Casa Ronald McDonald México busca acompañar de manera integral a niñas, niños y familias que deben trasladarse de sus lugares de origen para acceder a atención médica especializada. Además de brindar hospedaje, alimentación, traslados, lavandería y espacios de descanso, la organización promueve experiencias que fortalecen el ánimo, la convivencia familiar y el bienestar emocional.
“Si de por sí uno ya iba emocionado, la afición te transmitía otra emoción, cuando anotaban los goles, cómo festejaban. Yo también los festejé, brinqué, fue una experiencia lo que le sigue de padre. Nunca me imaginé estar ahí”,Axel Monzon, beneficiario de Casa Ronald McDonald.
Con más de 29 años de trabajo en México, Casa Ronald McDonald México ha acompañado a miles de familias de las 32 entidades del país, ofreciendo un entorno seguro, cercano y cálido para que las familias puedan continuar sus tratamientos médicos acompañados por sus seres queridos. Quienes deseen sumarse a esta causa y ayudar a que más familias reciban apoyo pueden visitar el sitio oficial y conocer las distintas formas de colaborar.
Fundación INTER anunció la entrega de cien mil paquetes de pasta fortificada para sopa, destinados a comedores comunitarios en tres de las ciudades más grandes del país: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. La acción, que lleva el nombre de Juntos Jugamos por México, constituye la primera edición simultánea del programa INTER hasta en la Sopa, una iniciativa social que, desde 2021, entrega una pasta de semolina enriquecida con hierro, zinc y ácido fólico para contribuir a la seguridad alimentaria y combatir la desnutrición.
Esta característica distingue la iniciativa de los modelos tradicionales de asistencia. En lugar de distribuir productos genéricos, la fundación desarrolló un alimento que plasma la identidad de la organización, transformando el apoyo en un símbolo de compromiso y acompañamiento con las comunidades beneficiarias.
El programa cuenta con una sólida base de validación técnica e institucional. Desde 2021, el equipo de Fundación INTER implementó fases piloto de distribución en diversas instituciones. Este trabajo de campo permitió estandarizar los mecanismos de selección de beneficiarios, fortalecer la cadena de suministro y evaluar la pertinencia del producto antes de ampliar su alcance a una escala mayor.
La operación en campo se desarrolla bajo un modelo de alianza multiactor con organizaciones referentes y de consolidada trayectoria en la nutrición infantil en México, como Fundación CMR, que aporta su experiencia metodológica en el diseño y supervisión de programas de apoyo alimentario. Esta colaboración horizontal garantiza que la donación se integre de forma orgánica a través de capacidades ya instaladas, maximizando el impacto y fortaleciendo el seguimiento nutricional.
En los espacios comunitarios donde se ha iniciado la distribución, la recepción de la pasta fortificada ha sido sumamente favorable. Las coordinaciones de los comedores reportan que este alimento se integra de manera versátil a las planeaciones nutricionales existentes y que su formato facilita la preparación a gran escala. Asimismo, las familias receptoras coinciden en que estos centros no solo operan como puntos de complementación alimentaria, sino también como espacios seguros de cohesión, dignidad y apoyo cotidiano para el tejido social.
En coordinación con Fundación CMR, se han programado jornadas adicionales de distribución y voluntariado comunitario: cinco en la Ciudad de México, tres en Monterrey y tres en Guadalajara, las cuales se ejecutarán durante 2026. Esta continuidad programática, definida desde la etapa de diseño, garantiza la permanencia del proyecto y fortalece su alcance en las comunidades participantes.
El reto hacia el futuro para Fundación INTER radica en consolidar esta plataforma de mediano a largo plazo, adaptando el modelo de intervención a otros contextos prioritarios del país. Por ahora, Juntos Jugamos por México se presenta como un referente de colaboración entre sociedad civil, sector privado y comunidades, donde la identidad institucional se pone al servicio de la nutrición y el trabajo en red con el tercer sector.
L’Oréal renueva su Fondo de Emergencia Climática. Con un compromiso adicional de 20 millones de euros hasta 2030, el Grupo reafirma su compromiso de apoyar a las comunidades más vulnerables del mundo ante el aumento de los desastres provocados por el cambio climático.
La urgencia nunca ha sido mayor. Solo en 2025, se registraron 358 desastres relacionados con riesgos naturales a nivel mundial. El impacto humano también se está acelerando, con más de 110 millones de personas afectadas en 2025, de las cuales el 85% se vio afectado por eventos relacionados con el clima (tormentas, inundaciones, sequías, incendios forestales y temperaturas extremas).
Es en este contexto que el Fondo de Emergencia Climática de L’Oréal trabaja para marcar la diferencia. Desde 2023, el Fondo ha respaldado más de 30 proyectos en 32 países.
En la India, en colaboración con HERA (antes Climate Resilience for All) y la Asociación de Mujeres Autónomas (SEWA), el Fondo lanzó un programa de seguro contra el calor, el primero de su tipo, para 50 000 trabajadoras del sector informal. Durante olas de calor extremas, el programa ofrece pagos directos para compensar la pérdida de ingresos y cubrir las necesidades de atención médica, estableciendo así un modelo global replicable para la economía informal urbana.
En Perú y Ecuador, en colaboración con World Vision Francia, el Fondo contribuye al desarrollo de un sistema de inteligencia artificial que integra el conocimiento indígena con datos científicos, lo que permite a las comunidades amazónicas anticiparse mejor y adaptarse a las inundaciones y otras amenazas climáticas.
En Kenia, reconociendo que el cambio climático está agravando una crisis mundial de salud mental, el Fondo, junto con Slum Dwellers International, trabaja para capacitar a 1,300 jóvenes en los asentamientos informales de Nairobi. Estos jóvenes líderes reciben capacitación para dirigir programas comunitarios de apoyo emocional, estableciendo así un modelo de base para la resiliencia en salud mental que se construye desde adentro.
“La belleza, en su máxima expresión, es una manifestación de dignidad y confianza”, afirmó Nicolas Hieronimus, CEO de L’Oréal Groupe. “Pero esto no significa nada sin salud, seguridad y las condiciones básicas para una vida mejor. Este compromiso renovado con nuestro Fondo de Emergencia Climática forma parte de cómo cumplimos con nuestra misión: crear la belleza que mueve al mundo”.
“El cambio climático tiene repercusiones de gran alcance en el medio ambiente, la salud de las personas, sus medios de vida y su sentido de seguridad. Es imprescindible fortalecer la resiliencia”, señaló Ezgi Barcenas, Directora de Responsabilidad Corporativa de L’Oréal. “Estamos ampliando nuestra capacidad para ayudar a las comunidades a prepararse y recuperarse de las crisis climáticas mediante un mejor acceso a la atención médica, el agua potable y la seguridad alimentaria».
Respaldado por tres años de pruebas de campo exitosas y una rigurosa validación de soluciones junto con nuestros socios, el Fondo lanza ahora su siguiente fase: ampliar los modelos probados mediante el fortalecimiento tanto de la prevención de riesgos como de la respuesta ante emergencias.
El Fondo para la Emergencia Climática es el eje central de un amplio ecosistema respaldado por L’Oréal para abordar los desafíos globales desde múltiples ángulos: dotaciones filantrópicas (Fondo L’Oréal para las Mujeres y Fondo L’Oréal para la Emergencia Climática), inversión de impacto (Fondo L’Oréal para la Regeneración de la Naturaleza y Fondo de Innovación Circular), deuda (Fondo Solstice) y su aceleradora de innovación sostenible, L’AcceleratOR. En conjunto, estas iniciativas representan un compromiso total de 415 millones de euros hasta la fecha, lo que constituye una piedra angular del programa L’Oréal para el Futuro.
La conversación sobre sostenibilidad suele centrarse en las emisiones globales, la pérdida de biodiversidad o la escasez de recursos naturales. Sin embargo, un nuevo estudio aporta una perspectiva distinta al cuantificar cuánto cuesta realmente el impacto ambiental generado por los patrones de consumo de los sectores más acomodados de la población. El hallazgo es contundente: el 10% de las personas con mayor consumo en el mundo genera daños ambientales valorados en 5.7 billones de dólares al año.
La investigación, elaborada por especialistas de las universidades de Oxford y Leiden y publicada en la revista Communications Sustainability, revela que esta cifra supera el tamaño de la economía de todos los países del mundo, con excepción de Estados Unidos y China. El dato pone sobre la mesa una discusión cada vez más relevante para las agendas ESG: el costo ambiental de millonarios y grandes consumidores no solo agrava las crisis climática y de biodiversidad, sino que también evidencia profundas desigualdades en la distribución de los impactos ambientales.
¿Quiénes integran el 10% más rico y por qué generan tanto impacto?
Los llamados megaconsumidores se concentran principalmente en el hemisferio norte. Según el estudio, representan más de la mitad de la población de Estados Unidos y entre el 40% y el 45% de la población de la Unión Europea. Aunque tradicionalmente se asocian con las economías desarrolladas, el fenómeno también está creciendo en mercados emergentes.
De hecho, los investigadores encontraron que el costo promedio de los daños ambientales generado por el 10% más rico de China ya supera al registrado entre el 10% más rico de Alemania, reflejando cómo los patrones de consumo intensivos en recursos se están expandiendo a medida que aumentan los niveles de ingreso en distintas regiones del mundo.
Las principales fuentes de impacto se concentran en dos categorías. La primera es la alimentación, particularmente el consumo de carne roja, considerado uno de los principales motores de la deforestación global y de la pérdida de ecosistemas. La segunda es el uso intensivo de energía, que incluye vuelos frecuentes, sistemas de calefacción y refrigeración, así como otros servicios que dependen en gran medida de combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón.
Los datos muestran además una brecha significativa entre regiones. Mientras el costo anual promedio por daños ambientales para una persona perteneciente al 10% más rico oscila entre 2,300 y 7,500 dólares, en Estados Unidos esa cifra se eleva hasta un rango de entre 19,000 y 63,000 dólares por persona.
El costo ambiental de millonarios y las regiones más afectadas
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la composición de los daños generados por estos niveles de consumo. La pérdida de biodiversidad representa entre el 47% y el 56% de la factura ambiental total, convirtiéndose en el componente más costoso del impacto ecológico asociado a los sectores de mayores ingresos.
Por su parte, la crisis climática explica entre el 36% y el 45% del daño económico calculado por los investigadores. Esto confirma que los efectos ambientales no se limitan a las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que abarcan una degradación más amplia de los sistemas naturales que sostienen la actividad económica y el bienestar humano.
Las regiones donde se concentra la mayor parte de estos impactos coinciden con aquellas que presentan los mayores niveles de consumo per cápita. Sin embargo, las consecuencias suelen manifestarse con mayor intensidad en territorios vulnerables a la pérdida de biodiversidad, la degradación de ecosistemas y los efectos del cambio climático, muchos de ellos ubicados fuera de los países donde se origina el consumo.
Para los especialistas, el costo ambiental de millonarios refleja una realidad incómoda: una parte relativamente pequeña de la población mundial genera una proporción desproporcionada de los daños ecológicos, mientras que las consecuencias son compartidas por toda la sociedad.
Una factura conservadora que ya rebasa los límites planetarios
Aunque los 5.7 billones de dólares anuales constituyen una cifra impactante, los autores advierten que el cálculo probablemente subestima la magnitud real del problema. El análisis solo considera cuatro de los nueve límites planetarios identificados por la comunidad científica y se enfoca exclusivamente en el consumo directo.
Esto significa que quedan fuera factores potencialmente más relevantes, como las emisiones y los impactos asociados a las inversiones financieras, la propiedad de activos y la participación accionaria en industrias intensivas en carbono. Según Paul Behrens, coautor del estudio y profesor de estudios globales en Oxford, una parte sustancial de la huella ambiental de las personas más ricas proviene de lo que poseen y financian, más que de sus hábitos cotidianos de consumo.
Además, incluso con una metodología conservadora, los resultados muestran que los daños ya exceden los límites ecológicos compatibles con la estabilidad de los sistemas terrestres. Por ello, los autores plantean la necesidad de abordar de manera conjunta las crisis climática y de biodiversidad, evitando tratarlas como desafíos independientes.
Esta realidad plantea un desafío fundamental para las estrategias de sostenibilidad. Si bien el 10% más rico concentra una porción considerable de los daños ambientales, también posee una capacidad extraordinaria para impulsar cambios sistémicos. Como inversionistas, empleadores, líderes empresariales y actores con influencia sobre los mercados, sus decisiones pueden acelerar o frenar la transición hacia modelos económicos bajos en carbono. En otras palabras, quienes más contribuyen al problema son también quienes cuentan con más herramientas para formar parte de la solución.
La dimensión financiera de este fenómeno quedó evidenciada en una investigación reciente de Greenpeace, que estimó que los activos controlados por el 1% más rico del mundo están asociados con cerca de una cuarta parte de las emisiones globales y generan daños climáticos cercanos a un billón de dólares anuales. Este dato refuerza la idea de que la responsabilidad ambiental no puede medirse únicamente por los hábitos de consumo visibles, sino también por el destino del capital y las actividades económicas que éste financia.
Desde una perspectiva de responsabilidad social y sostenibilidad corporativa, los hallazgos fortalecen los argumentos a favor de mecanismos basados en el principio de “quien contamina paga”, como los impuestos al carbono, a los bienes de lujo o a la riqueza. Sin embargo, más allá de los instrumentos regulatorios, el estudio plantea una cuestión ética: quienes concentran mayores recursos y capacidad de influencia tienen también una responsabilidad proporcional para liderar la transformación. La magnitud de la crisis climática y de biodiversidad exige que los grupos con mayor poder económico asuman un papel más activo, no solo reduciendo su huella directa, sino utilizando su influencia para impulsar inversiones, modelos de negocio y patrones de consumo compatibles con los límites del planeta.
La responsabilidad de quienes más influyen
Más allá de la magnitud de las cifras, el estudio plantea una reflexión de fondo sobre el papel que desempeñan los grupos de mayores ingresos en la transición hacia una economía sostenible. El costo ambiental de millonarios evidencia que la capacidad de influir en los sistemas productivos, financieros y de consumo es tan relevante como las emisiones que generan directamente.
Los investigadores destacan que este sector no solo concentra una parte significativa del impacto ambiental, sino también una influencia desproporcionada como inversionistas, empleadores, líderes empresariales y creadores de tendencias. En un contexto donde la crisis climática y la pérdida de biodiversidad avanzan con rapidez, la transformación de los patrones de consumo y de inversión de quienes más recursos poseen podría convertirse en uno de los factores más determinantes para construir un futuro compatible con los límites del planeta.
La Copa Mundial de la FIFA suele ser una celebración del talento deportivo, la diversidad cultural y la pasión de millones de aficionados alrededor del mundo. Sin embargo, en esta edición del torneo, otro protagonista ha comenzado a ocupar espacio dentro de la conversación global: las temperaturas extremas. Lo que ocurre dentro y fuera de los estadios de Norteamérica está mostrando que el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad que afecta incluso a los eventos deportivos más importantes del planeta.
Los encuentros disputados en ciudades como Miami y Monterrey han puesto en evidencia cómo el calor extremo puede convertirse en un riesgo para jugadores, trabajadores y espectadores. Los datos analizados por The Guardian revelan que varios partidos se desarrollaron bajo condiciones térmicas que expertos y representantes de los futbolistas consideran potencialmente peligrosas. Más allá del resultado deportivo, el calor sofocante en los partidos se ha convertido en una señal de alerta sobre los desafíos que enfrentará el deporte en un mundo cada vez más cálido.
El calor sofocante en los partidos pone a prueba los límites de la competencia
Entre los primeros encuentros del Mundial, dos destacaron por registrar algunas de las condiciones térmicas más severas observadas hasta ahora en el torneo. El partido entre Arabia Saudita y Uruguay en Miami, así como el encuentro entre Suecia y Túnez en Monterrey, se disputaron con temperaturas de bulbo húmedo de 28 °C o superiores, incluso cuando ambos comenzaron durante la noche.
La temperatura de bulbo húmedo es uno de los indicadores más utilizados para medir el estrés térmico, ya que combina factores como temperatura ambiente, humedad y nubosidad. A diferencia de una lectura convencional del clima, esta métrica permite evaluar qué tan eficiente puede ser el cuerpo humano para enfriarse mediante la transpiración.
Maxi Araújo steps up with a late equaliser against Saudi Arabia on his World Cup debut.
El sindicato mundial de futbolistas, Fifpro, ha señalado previamente que los partidos deberían retrasarse o aplazarse cuando la temperatura de bulbo húmedo alcanza los 28 °C. Según especialistas en salud pública, una vez superado ese umbral, la capacidad del organismo para disipar el calor disminuye considerablemente, aumentando el riesgo de agotamiento, golpes de calor y otras afectaciones graves.
El análisis también mostró que seis de los primeros 24 partidos se disputaron en lugares donde las condiciones térmicas alcanzaron o superaron ese nivel. Aunque algunos estadios cuentan con aire acondicionado o techos que reducen significativamente la exposición al calor, el fenómeno deja claro que las condiciones climáticas están comenzando a influir directamente en la organización y desarrollo de las competencias deportivas internacionales.
Más que una incomodidad: los riesgos para jugadores, trabajadores y aficionados
El debate sobre las altas temperaturas no se limita al desempeño de los futbolistas. Los expertos advierten que el impacto del calor extremo se extiende a todas las personas involucradas en el evento.
Los aficionados representan uno de los grupos más vulnerables, especialmente aquellos que permanecen durante horas en zonas sin sombra mientras esperan ingresar a los estadios o se desplazan entre distintas sedes. Las temperaturas récord registradas en algunas ciudades anfitrionas provocaron situaciones de gran incomodidad e incluso riesgos para la salud de los asistentes.
La preocupación también alcanza al personal operativo. Trabajadores encargados del montaje, mantenimiento, seguridad y logística suelen realizar actividades físicas intensas muchas horas antes del inicio de los partidos, frecuentemente utilizando equipo de protección que dificulta la regulación de la temperatura corporal.
Robbie Parks, epidemiólogo ambiental de la Universidad de Columbia, ha advertido que la exposición directa al sol puede representar un riesgo incluso cuando las temperaturas aparentan ser moderadas. En este contexto, medidas como la instalación de áreas de sombra, la libre disponibilidad de agua potable, los sistemas de nebulización y los espacios refrigerados dejan de ser servicios complementarios para convertirse en elementos esenciales de protección.
La FIFA ha implementado diversas acciones para mitigar los riesgos, incluyendo pausas obligatorias para hidratación, protocolos médicos específicos para el estrés térmico, distribución adicional de agua y monitoreo permanente de las condiciones meteorológicas. Sin embargo, la magnitud del problema sugiere que la adaptación climática deberá ocupar un papel cada vez más relevante en la planificación de futuros eventos deportivos.
La crisis climática llega al deporte global
Lo ocurrido en Miami y Monterrey no puede analizarse como un hecho aislado. Los científicos han señalado reiteradamente que las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas debido al calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
¡MANITA DE SUECIA Y ES LÍDER! 🇸🇪🔥
Con goles de Ayari x2, Isak, Gyökeres y Svanberg, Suecia derrotó 5-1 a Túnez en el Estadio de Monterrey. pic.twitter.com/LUmwrRIBik
El calor extremo es actualmente considerado el fenómeno climático más letal del planeta, causando más muertes cada año que huracanes, inundaciones e incendios forestales combinados. A medida que aumentan las temperaturas globales, eventos masivos como los mundiales de fútbol enfrentan desafíos que hace apenas unas décadas resultaban excepcionales.
Paradójicamente, los grandes torneos deportivos también forman parte de esta conversación debido a su propia huella ambiental. De acuerdo con estimaciones de la plataforma de contabilidad de carbono Greenly, esta Copa Mundial podría generar alrededor de 7.8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, aproximadamente el doble de las emisiones asociadas al torneo celebrado en Qatar.
Esta realidad plantea preguntas importantes sobre el futuro del deporte internacional. ¿Será necesario modificar calendarios, horarios y sedes? ¿Deberán diseñarse nuevos estándares de seguridad climática? ¿Qué papel jugarán la infraestructura resiliente y las estrategias de descarbonización? Lo que hoy parece una discusión logística podría convertirse en una prioridad estratégica para las próximas décadas.
Una lección para la sostenibilidad y la gestión de riesgos
El calor sofocante en los partidos ofrece una lección que trasciende el ámbito deportivo. Las organizaciones de todos los sectores están comenzando a comprender que la crisis climática no solo genera impactos ambientales, sino también riesgos operativos, financieros, laborales y reputacionales.
La experiencia del Mundial demuestra la importancia de incorporar criterios de adaptación climática dentro de la gestión de riesgos. La capacidad para anticipar fenómenos extremos, proteger a las personas y mantener la continuidad de las operaciones será cada vez más relevante para empresas, gobiernos y organizadores de eventos masivos. Lo que ocurre hoy en los estadios podría anticipar desafíos similares en fábricas, centros logísticos, obras de infraestructura y espacios públicos alrededor del mundo.
El deporte como espejo de un planeta más cálido
Los partidos disputados bajo temperaturas extremas en Miami y Monterrey son mucho más que una anécdota dentro de la Copa Mundial. Representan una evidencia visible de cómo el cambio climático está modificando actividades cotidianas que tradicionalmente parecían ajenas a los riesgos ambientales.
El calor sofocante en los partidos también envía un mensaje para líderes empresariales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil: adaptarse ya no es una opción secundaria. La resiliencia climática se está convirtiendo en una condición indispensable para proteger la salud, garantizar la seguridad y mantener el funcionamiento de actividades económicas y sociales en un mundo donde los eventos extremos serán cada vez más frecuentes.
Los incendios forestales han dejado de ser un problema estacional para convertirse en una de las amenazas ambientales más complejas de nuestro tiempo. Cada año consumen millones de hectáreas de bosques, desplazan comunidades enteras, deterioran la calidad del aire y generan enormes pérdidas económicas. A medida que el cambio climático intensifica las condiciones de calor y sequía en distintas regiones del mundo, la capacidad de actuar con rapidez se ha convertido en un factor determinante para evitar que un pequeño incendio se transforme en una catástrofe.
En este contexto, el Fondo Bezos para la Tierra anunció una inversión de 26 millones de dólares para impulsar FireSat, una innovadora constelación de satélites diseñada específicamente para detectar incendios forestales desde el espacio. La iniciativa, desarrollada por Earth Fire Alliance y Muon Space, busca proporcionar información casi en tiempo real a bomberos, científicos y autoridades, abriendo una nueva etapa en la prevención y gestión de uno de los riesgos climáticos con mayor impacto social, ambiental y económico.
FireSat: la tecnología creada para detectar incendios forestales antes de que se propaguen
La apuesta de FireSat parte de una idea sencilla pero poderosa: cuanto antes se identifique un incendio, mayores serán las posibilidades de contenerlo. Para lograrlo, el sistema utiliza satélites equipados con sensores infrarrojos avanzados capaces de identificar focos de calor de pequeñas dimensiones apenas minutos después de que se producen.
Los tres primeros satélites operativos entrarán en órbita este verano y tendrán la capacidad de monitorear regiones críticas al menos dos veces al día. Entre las áreas prioritarias se encuentra la cuenca amazónica, una de las regiones más importantes para la regulación climática global y una de las más vulnerables a los incendios.
La ambición del proyecto, sin embargo, va mucho más allá de esta primera fase. Para 2029, FireSat espera detectar incendios forestales de apenas 4.5 metros por 4.5 metros en cualquier lugar del planeta en menos de una hora. Cuando la constelación alcance su despliegue completo a principios de la próxima década, contará con aproximadamente 50 satélites capaces de observar cada punto de la Tierra cada 20 minutos o menos.
Esta capacidad representa un salto significativo frente a los sistemas de monitoreo actuales, que en muchos casos identifican los incendios cuando ya han alcanzado una escala difícil de controlar.
Una inversión climática con impacto más allá de los bosques
Aunque la conversación suele centrarse en los daños ambientales, los incendios forestales tienen consecuencias mucho más amplias. En algunos años son responsables de hasta la mitad de la pérdida de cobertura forestal mundial y generan enormes cantidades de emisiones de carbono que aceleran el calentamiento global.
La dimensión humana también resulta relevante. Durante los últimos años, incendios en países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Portugal y Brasil han evidenciado cómo estos eventos pueden afectar la salud pública, obligar a evacuaciones masivas y generar pérdidas económicas multimillonarias.
Lauren Sánchez Bezos, vicepresidenta del Fondo Bezos para la Tierra, destacó precisamente esta dimensión al explicar el origen de la iniciativa:
“Durante los incendios de Los Ángeles, vi cómo amigos y familiares lo perdían todo. Ese sentimiento te marca y te hace preguntarte: ¿Y si pudiéramos responder más rápido? Eso es lo que FireSat intenta hacer”.
La reflexión pone sobre la mesa un aspecto cada vez más importante en la acción climática: la necesidad de invertir no solo en mitigación, sino también en herramientas que permitan anticipar riesgos y fortalecer la resiliencia de las comunidades.
De la emergencia a la estrategia: por qué FireSat importa para la RSE y la gestión del riesgo climático
La financiación de FireSat refleja una tendencia que está ganando fuerza dentro de la sostenibilidad corporativa: el creciente interés por las tecnologías de prevención y adaptación climática.
Tradicionalmente, gran parte de las inversiones ambientales se concentraban en la reducción de emisiones o la conservación de ecosistemas. Sin embargo, el aumento de fenómenos extremos está impulsando una nueva generación de soluciones orientadas a gestionar riesgos antes de que se conviertan en crisis.
Desde la perspectiva empresarial, la información que genere FireSat podría tener aplicaciones relevantes. Sectores como el asegurador, energético, agrícola, logístico e inmobiliario dependen cada vez más de datos climáticos precisos para evaluar riesgos, proteger activos y garantizar la continuidad operativa.
Una detección más rápida de incendios forestales puede mejorar los modelos de riesgo, reducir pérdidas económicas y fortalecer la capacidad de respuesta ante eventos extremos. Asimismo, permite a gobiernos y autoridades asignar recursos con mayor eficiencia durante las temporadas de incendios.
La iniciativa también ilustra cómo las alianzas multisectoriales se están convirtiendo en un elemento clave de la sostenibilidad contemporánea. Además del Fondo Bezos para la Tierra, el proyecto cuenta con el respaldo de Google.org, la Fundación Gordon y Betty Moore, organizaciones científicas y agencias de bomberos de diversas regiones del mundo. Este modelo colaborativo demuestra que los desafíos climáticos requieren capacidades, recursos y conocimientos que ninguna organización puede aportar por sí sola.
La prevención como nueva frontera de la acción climática
El caso de FireSat pone de manifiesto una transformación importante en la forma en que gobiernos, empresas y organizaciones filantrópicas abordan los desafíos ambientales. Frente a un escenario donde los incendios forestales son cada vez más frecuentes, intensos y costosos, la prevención comienza a adquirir el mismo nivel de relevancia que la respuesta ante emergencias.
Para los profesionales de responsabilidad social empresarial, esta iniciativa ofrece una lección valiosa: las inversiones en tecnología climática no solo generan beneficios ambientales, sino que también fortalecen la resiliencia económica y social. La capacidad de anticipar riesgos, proteger comunidades y preservar ecosistemas se está convirtiendo en un componente esencial de las estrategias de sostenibilidad de largo plazo.
Una mirada al futuro desde la órbita terrestre
El éxito de FireSat no dependerá únicamente de su capacidad tecnológica o del número de satélites que logre poner en órbita. Su verdadero impacto se medirá en la rapidez con la que la información llegue a quienes toman decisiones sobre el terreno y en su capacidad para evitar que pequeños focos de incendio evolucionen hacia desastres de gran escala.
La inversión de 26 millones de dólares realizada por el Fondo Bezos para la Tierra representa mucho más que una apuesta tecnológica. Es una señal de hacia dónde se dirige la acción climática global: soluciones basadas en datos, colaboración multisectorial y prevención. En un mundo cada vez más expuesto a los efectos del cambio climático, detectar incendios forestales con mayor rapidez podría convertirse en una de las herramientas más valiosas para proteger tanto a las personas como a los ecosistemas de los que depende nuestro futuro.
La salud mental se ha convertido en uno de los principales desafíos para las organizaciones modernas, pero en México el problema ha alcanzado dimensiones especialmente preocupantes. Mientras las empresas buscan aumentar su competitividad, atraer talento y mejorar su productividad, una creciente proporción de trabajadores enfrenta niveles de agotamiento que comprometen tanto su bienestar como su desempeño profesional. El fenómeno ya no puede considerarse un asunto individual, sino un reto estructural con implicaciones económicas y sociales.
Los hallazgos más recientes muestran que el estrés laboral en México afecta al 62% de las personas trabajadoras, ubicando al país como la tercera economía con mayores niveles de burnout en el mundo, solo por detrás de Turquía e Italia. Este escenario plantea un dilema para las organizaciones: ¿cómo impulsar resultados de negocio sostenibles cuando una parte significativa de su capital humano enfrenta condiciones que deterioran su salud mental, reducen su productividad y aumentan el riesgo de ausentismo y rotación?
Estrés laboral en México: una tendencia que continúa agravándose
De acuerdo con el Reporte de Salud Mental 2026 de Axa, los niveles de estrés laboral en México aumentaron cinco puntos porcentuales durante el último año, una señal que confirma la consolidación de una tendencia preocupante para el mercado laboral nacional.
El estudio identifica grupos particularmente vulnerables. Las personas de entre 35 y 44 años presentan los niveles más elevados de estrés, ya que el 71% reporta experimentar burnout. De igual forma, quienes ocupan posiciones de gestión alcanzan una incidencia del 68%, superando el promedio nacional.
Estos datos revelan una paradoja frecuente en las organizaciones. Los profesionales que suelen concentrar mayores responsabilidades, liderar equipos y ejecutar decisiones estratégicas son también quienes enfrentan mayores niveles de desgaste emocional. Esto sugiere que las cargas laborales, la presión por resultados y la incertidumbre económica están impactando de manera significativa a quienes ocupan posiciones clave dentro de las estructuras corporativas.
Más allá de una cifra estadística, el aumento del estrés laboral en México refleja una transformación profunda en la relación entre las personas y el trabajo. Factores como la incertidumbre económica, las exigencias de disponibilidad constante y los cambios acelerados en los entornos laborales están configurando escenarios donde el agotamiento se convierte en una condición cada vez más frecuente.
Cuando el burnout deja de ser un problema personal
Una de las principales conclusiones del informe es que el burnout trasciende el ámbito individual y genera consecuencias directas tanto para los trabajadores como para las organizaciones. Por ejemplo, el 82% de quienes experimentan estrés laboral reporta al menos una afectación en su vida cotidiana.
Entre las consecuencias más comunes destacan los problemas para dormir, dolores de cabeza, irritabilidad, dificultades para concentrarse, disminución de la productividad y procrastinación. Estas afectaciones impactan directamente la calidad de vida de las personas, pero también se traducen en pérdidas de eficiencia para las empresas.
Uno de los indicadores más relevantes es el ausentismo laboral. Durante el último año, el 28% de los trabajadores tomó una licencia médica relacionada con salud mental. El dato resulta especialmente significativo porque evidencia que el agotamiento emocional ya no permanece oculto, sino que se manifiesta en interrupciones operativas que afectan la continuidad de los negocios.
Sin embargo, el problema se ve agravado por la falta de apertura para abordar estos temas dentro de los centros de trabajo. Aunque el 64% considera que puede hablar sobre salud mental en su entorno profesional, apenas el 17% percibe que puede sostener estas conversaciones con sus líderes. La brecha evidencia que todavía persisten barreras culturales que dificultan la construcción de espacios psicológicamente seguros.
El papel de las empresas: de los programas de bienestar a la transformación organizacional
Para muchas organizaciones, la respuesta frente a la crisis de salud mental ha consistido en implementar programas de bienestar, sesiones de meditación, clases de yoga o esquemas de apoyo emocional. Aunque estas iniciativas representan avances importantes, los datos sugieren que son insuficientes para abordar las causas estructurales del problema.
La evidencia muestra una contradicción relevante. Mientras el 95% de los trabajadores en México estaría dispuesto a participar en programas de salud mental —la proporción más alta registrada a nivel global—, únicamente el 41% tiene acceso a este tipo de beneficios dentro de su empresa.
No obstante, el verdadero desafío no consiste únicamente en ampliar la cobertura de estos programas. Los factores que más afectan la salud mental de las personas están relacionados con la inseguridad laboral, la inestabilidad financiera y la incertidumbre sobre el futuro. En otras palabras, muchas de las causas del estrés se encuentran en las condiciones organizacionales y económicas que rodean al trabajo.
Esto implica que las compañías deben ir más allá de las estrategias de bienestar tradicionales. La construcción de entornos laborales saludables requiere revisar cargas de trabajo, fortalecer el liderazgo empático, promover la estabilidad laboral, mejorar la comunicación interna y generar culturas organizacionales donde hablar sobre salud mental no represente un riesgo para la carrera profesional.
Las organizaciones que ignoren esta realidad podrían enfrentar consecuencias cada vez más visibles: menor productividad, incremento del ausentismo, dificultades para atraer y retener talento, deterioro del clima laboral y una pérdida progresiva de competitividad. Por el contrario, aquellas que integren la salud mental como un componente estratégico de sus políticas ESG estarán mejor posicionadas para construir negocios resilientes y sostenibles.
Una prioridad estratégica para la sostenibilidad empresarial
Los resultados del Reporte de Salud Mental 2026 de AXA muestran que el estrés laboral en México ha dejado de ser un asunto secundario y se ha convertido en un desafío estratégico que involucra a empresas, líderes y tomadores de decisiones. Cuando seis de cada diez trabajadores experimentan niveles significativos de agotamiento, las implicaciones trascienden el bienestar individual y alcanzan la productividad, la innovación y la capacidad de crecimiento de las organizaciones.
En un contexto donde la sostenibilidad corporativa exige colocar a las personas en el centro de la estrategia empresarial, atender la salud mental ya no puede considerarse una acción complementaria. Las empresas que logren transformar sus culturas laborales, generar entornos más seguros y abordar las causas estructurales del burnout no solo contribuirán al bienestar de sus colaboradores, sino que también fortalecerán su capacidad para competir, retener talento y crear valor a largo plazo.
Cuando vemos a un futbolista disputar un partido internacional, a un corredor cruzar la meta de un maratón o a una persona entrenando en el gimnasio, pocas veces pensamos en el origen de la ropa que llevan puesta. Sin embargo, detrás de muchas de esas camisetas deportivas existe una historia que comienza mucho antes de llegar a las tiendas: la de miles de botellas de plástico recuperadas que han sido transformadas en fibras textiles de alto rendimiento.
Esta transformación está redefiniendo una de las industrias más influyentes del mundo. Ante la urgencia de reducir emisiones, disminuir residuos y responder a consumidores cada vez más conscientes, gigantes como Adidas, Nike y Puma han apostado por convertir el poliéster reciclado en uno de los pilares de sus estrategias de sostenibilidad. Lo que comenzó como una iniciativa ambiental se está consolidando como un nuevo estándar de producción que podría marcar el futuro de la moda deportiva.
De botella de plástico a camiseta deportiva
El poliéster es uno de los materiales más utilizados en la ropa deportiva. Su ligereza, resistencia y capacidad para expulsar la humedad lo convierten en una fibra ideal para actividades de alto rendimiento. El problema es que tradicionalmente se fabrica a partir de derivados del petróleo, lo que implica un importante consumo de recursos naturales y emisiones de carbono.
Frente a este desafío, las principales marcas deportivas han encontrado una alternativa en el reciclaje de residuos plásticos. Botellas de PET que antes terminaban en rellenos sanitarios o ecosistemas naturales ahora son recolectadas, limpiadas, trituradas y transformadas en nuevas fibras textiles capaces de ofrecer prácticamente las mismas prestaciones que el material original.
Los beneficios ambientales son relevantes. Según estimaciones de Waste and Resources Action Programme (WRAP), la producción de poliéster reciclado puede reducir hasta un 32% las emisiones de CO₂ respecto al poliéster convencional. Además, una sola tonelada de este material puede reutilizar alrededor de 60,000 botellas de plástico, evitando la extracción de nuevas materias primas derivadas del petróleo.
No se trata únicamente de una mejora técnica. También refleja un cambio cultural. Los consumidores buscan cada vez más productos alineados con criterios de sostenibilidad, obligando a las empresas a demostrar avances tangibles en la reducción de su impacto ambiental.
La carrera de las grandes marcas por transformar sus materiales
La transición hacia materiales reciclados ya no es una tendencia aislada, sino una estrategia de negocio compartida por los principales actores del sector.
La compañía ha señalado que el siguiente paso será profundizar en la circularidad, aumentando el uso de residuos textiles reciclados para fabricar nuevos productos. Su meta para 2030 es que al menos el 10% del poliéster empleado provenga de textiles recuperados y no únicamente de botellas de plástico.
Puma también ha logrado avances destacados. La empresa informó haber alcanzado anticipadamente su objetivo de fabricar nueve de cada diez productos con materiales reciclados o certificados. Dentro de esa estrategia, el poliéster reciclado ya representa aproximadamente tres cuartas partes del material utilizado por la compañía.
Por su parte, Nike incorporó durante 2024 más de 115 mil toneladas métricas de poliéster reciclado, equivalentes al 63% del poliéster total utilizado en la fabricación de sus productos. Además, continúa ampliando el uso de caucho, algodón y espuma reciclados dentro de una estrategia más amplia de economía circular.
Más allá de las diferencias entre compañías, el mensaje es claro: el futuro de la ropa deportiva pasa por reducir la dependencia de materiales vírgenes y aprovechar recursos que ya existen dentro de la economía.
El siguiente desafío: que una camiseta vuelva a convertirse en otra camiseta
Aunque los avances son importantes, la industria reconoce que aún queda mucho camino por recorrer. Actualmente, la mayor parte del poliéster reciclado disponible proviene de botellas de PET. Esta práctica ayuda a reducir residuos plásticos, pero no resuelve por completo otro problema creciente: la acumulación de prendas textiles desechadas.
Por ello, las inversiones más ambiciosas del sector están dirigidas al llamado reciclaje textil a textil. El objetivo es desarrollar tecnologías capaces de recuperar fibras de ropa usada, separar materiales, eliminar contaminantes y fabricar nuevas telas con características similares a las originales.
La visión es sencilla de explicar, pero compleja de ejecutar: que una camiseta deportiva no termine como residuo al finalizar su vida útil, sino que pueda convertirse nuevamente en otra camiseta deportiva.
De acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur y diversos estudios de la industria deportiva, este modelo representa uno de los pilares fundamentales de la economía circular. En lugar de extraer recursos, producir, consumir y desechar, las empresas buscan mantener los materiales en circulación durante el mayor tiempo posible.
Lo que esta transformación significa
Más allá de los beneficios ambientales inmediatos, el avance del poliéster reciclado ofrece una lectura especialmente relevante para quienes trabajan en sostenibilidad y responsabilidad social empresarial.
En primer lugar, demuestra cómo la innovación puede convertirse en una herramienta de gestión estratégica. Las decisiones sobre materiales, diseño de productos y cadenas de suministro están dejando de ser cuestiones exclusivamente operativas para convertirse en factores clave de competitividad, reputación y resiliencia empresarial.
En segundo lugar, evidencia una evolución en la manera en que las organizaciones entienden la sostenibilidad. Durante años, muchas iniciativas se concentraron en reducir impactos dentro de las operaciones propias. Hoy, las empresas líderes están interviniendo en toda la cadena de valor, desde el abastecimiento de materias primas hasta el destino final de los productos una vez que son desechados por los consumidores.
Finalmente, este caso pone de manifiesto un aprendizaje relevante para cualquier sector: la sostenibilidad difícilmente puede alcanzarse de forma aislada. El desarrollo de modelos circulares exige colaboración entre fabricantes, proveedores, empresas de reciclaje, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y consumidores. Como ha ocurrido con Adidas, Nike y Puma, las transformaciones más significativas suelen surgir cuando la innovación ambiental deja de verse como un costo y comienza a entenderse como una oportunidad para rediseñar industrias completas.
Implicaciones estratégicas para la industria global del deporte
Más allá de las cifras individuales, la adopción del poliéster reciclado marca un cambio estructural en la forma en que las marcas deportivas gestionan su cadena de valor. La sostenibilidad deja de ser un atributo reputacional para convertirse en una variable de competitividad industrial.
La vicepresidenta senior de abastecimiento global de Adidas, Hoa Ly, lo resume en el Sporting Goods Report:
“Las empresas pueden reducir su huella de carbono tomando decisiones más conscientes sobre los materiales que utilizan y transformando la manera en que fabrican sus productos”.
Esta visión refuerza la idea de que la innovación material es hoy un eje estratégico para la industria.
El reto pendiente no es menor: escalar tecnologías de reciclaje textil, garantizar infraestructura de recolección global y asegurar que el poliéster reciclado no dependa exclusivamente de flujos de residuos externos, sino de un sistema cerrado y regenerativo.
El poliéster reciclado como nueva infraestructura material del deporte
La consolidación del poliéster reciclado como estándar en Adidas, Nike y Puma evidencia un cambio estructural en la industria deportiva global. Lo que antes era una iniciativa aislada de sostenibilidad hoy se ha convertido en un eje central de diseño, producción y estrategia corporativa.
Sin embargo, el verdadero desafío no es solo sustituir el material virgen, sino cerrar el ciclo completo de los productos textiles. La transición hacia sistemas de reciclaje textil a textil determinará si la industria puede pasar de una lógica de mitigación de impacto a una verdadera economía circular. En ese escenario, el poliéster reciclado no es el destino final, sino el punto de partida de una transformación más profunda del modelo productivo global.
Durante décadas, la Fórmula 1 fue vista como un símbolo de velocidad, innovación tecnológica y alto consumo energético. Sin embargo, en un contexto donde inversionistas, patrocinadores y aficionados exigen compromisos ambientales más sólidos, la categoría reina del automovilismo ha emprendido una transformación que busca demostrar que el crecimiento global y la descarbonización pueden avanzar de manera simultánea.
Los resultados más recientes sugieren que ese objetivo comienza a tomar forma. De acuerdo con su último Informe de Impacto, la Fórmula 1 ha reducido su huella de carbono en 35% respecto a los niveles de 2018, eliminando cerca de 80 mil toneladas de CO2e de sus operaciones. El avance resulta especialmente significativo si se considera que durante el mismo periodo el calendario pasó de 21 a 24 carreras anuales. Más allá del deporte, el caso ofrece lecciones valiosas para empresas que buscan reducir emisiones sin comprometer su expansión ni su competitividad.
La sostenibilidad de la F1 se apoya en una transformación logística
Uno de los mayores desafíos para cualquier organización global es reducir las emisiones derivadas del transporte. En el caso de la Fórmula 1, la complejidad es aún mayor debido al traslado constante de monoplazas, refacciones, infraestructura técnica, equipos de retransmisión y personal entre distintos continentes.
Para enfrentar este reto, la categoría ha comenzado a modificar de manera estructural su modelo logístico. Entre las medidas más relevantes destaca la decisión de trasladar una mayor proporción de mercancías desde el transporte aéreo hacia rutas marítimas y centros regionales de distribución. El objetivo es que para 2030 más de la mitad de la carga relacionada con eventos y transmisiones se transporte por vía marítima.
La estrategia refleja una tendencia cada vez más visible en el ámbito empresarial: la necesidad de abordar las emisiones de Alcance 3 asociadas a cadenas de suministro y transporte. Para muchas compañías multinacionales, estos rubros representan una de las fuentes más complejas de descarbonización, por lo que la experiencia de la Fórmula 1 puede convertirse en un caso de estudio relevante.
La racionalización del calendario y la optimización de rutas también forman parte de esta transformación. Según la organización, estas medidas permitirán generar reducciones adicionales a partir de la temporada 2026, reforzando la apuesta por una logística más eficiente y menos intensiva en carbono.
Combustibles sostenibles y energías renovables impulsan los avances
La reducción de emisiones no se limita al transporte de mercancías. La Fórmula 1, sus equipos y la FIA han incrementado de manera sostenida sus inversiones en combustible de aviación sostenible (SAF), duplicando los recursos destinados a esta tecnología cada año desde 2024.
Los resultados comienzan a ser visibles. De acuerdo con el informe, el uso de SAF ha permitido reducir aproximadamente 40% las emisiones asociadas a vuelos chárter, evitando más de 20 mil toneladas de CO2e. Además, la categoría realizó en 2025 su primera inversión en combustible marítimo sostenible, ampliando las alternativas de menor impacto para el transporte internacional de carga.
Las instalaciones también han desempeñado un papel fundamental. Fábricas, oficinas y centros operativos registraron una reducción superior a las 37 mil toneladas de CO2e, equivalente a una disminución de 64% respecto a 2018. Este resultado se atribuye principalmente a la adopción de energías renovables tanto por parte de la Fórmula 1 como de los 11 equipos que participan en el campeonato.
La sostenibilidad de la F1 demuestra que la transición energética no depende de una única solución tecnológica. Por el contrario, requiere combinar combustibles alternativos, eficiencia operativa, electrificación y energías renovables para generar reducciones significativas a gran escala.
De los circuitos a la estrategia corporativa global
Los fines de semana de Gran Premio representan otro de los principales focos de emisiones debido a la energía necesaria para operar paddocks, zonas técnicas, hospitalidad corporativa y sistemas de transmisión. Consciente de ello, la Fórmula 1 implementó durante 2025 soluciones energéticas alternativas en todas las carreras europeas.
Estas medidas incluyeron el uso de HVO (aceite vegetal hidrotratado), energía solar y sistemas de almacenamiento mediante baterías. Como resultado, las emisiones asociadas a la organización de eventos se redujeron 17% por carrera, evitando más de mil toneladas de CO2e.
Stefano Domenicali, presidente y director ejecutivo de la Fórmula 1, destacó que los avances responden a una estrategia integral. “Hemos reducido nuestra huella ambiental mientras el deporte continúa creciendo y llegando a nuevas audiencias en todo el mundo”, afirmó. Por su parte, Ellen Jones, directora de ESG de la categoría, subrayó que “la sostenibilidad sustenta cada decisión que tomamos, no solo en la pista, sino también en la forma en que producimos y llevamos a cabo nuestros eventos emblemáticos”.
Para los especialistas en responsabilidad social, la sostenibilidad de la F1 ofrece una enseñanza relevante: las metas climáticas pueden integrarse a la estrategia de crecimiento cuando existe coordinación entre múltiples actores, desde proveedores y patrocinadores hasta operadores logísticos y equipos deportivos.
Una carrera que trasciende el automovilismo
La reducción de 35% en la huella de carbono posiciona a la Fórmula 1 como uno de los ejemplos más visibles de transformación ambiental dentro de la industria del entretenimiento y los eventos globales. Más allá de las cifras, el logro demuestra que es posible implementar cambios estructurales en logística, energía y operaciones sin sacrificar alcance internacional ni crecimiento económico.
No obstante, el verdadero desafío apenas comienza. Alcanzar el objetivo de cero emisiones netas para 2030 exigirá mantener el ritmo de innovación y profundizar las medidas actualmente en marcha. Si logra cumplir esa meta, la sostenibilidad de la F1 podría convertirse en un referente para otras ligas deportivas, organizadores de eventos y empresas con cadenas logísticas complejas. En ese sentido, la sostenibilidad de la F1 ya no es únicamente una cuestión ambiental, sino también un modelo de gestión estratégica para un mundo cada vez más comprometido con la transición hacia economías bajas en carbono.
Durante años, Starbucks fue considerada una de las compañías que ayudó a posicionar la sostenibilidad corporativa como un componente estratégico del negocio. Desde sus compromisos climáticos hasta sus programas de abastecimiento ético de café y promoción de envases reutilizables, la empresa construyó una reputación asociada a la responsabilidad social y ambiental. Sin embargo, los recientes ajustes organizacionales plantean interrogantes sobre el lugar que estos temas ocupan actualmente dentro de las prioridades corporativas.
La cadena de cafeterías anunció una nueva ronda de recortes que afectó a más de 300 empleados y que forma parte de un proceso de reestructuración más amplio impulsado por el director ejecutivo Brian Niccol desde septiembre de 2024. Entre las personas afectadas se encuentran figuras clave de la estrategia ESG de la compañía, una decisión que ha generado preocupación entre especialistas que observan cómo la presión por mejorar la rentabilidad está transformando la gestión de la sostenibilidad en algunas de las empresas más influyentes del mundo.
Los despidos de Starbucks llegan al corazón de su estrategia ESG
Tras la salida de estos ejecutivos, los integrantes restantes del equipo de sostenibilidad corporativa pasarán a reportar a Kelly Goodejohn, actual directora de Impacto Social y líder de la fundación Starbucks. Según un portavoz de la compañía, la decisión responde a una estrategia para integrar sostenibilidad e impacto social bajo una misma estructura de liderazgo, al considerar que ambos ámbitos están estrechamente vinculados tanto en las tiendas como en las comunidades productoras de café.
No obstante, para diversos observadores la reorganización refleja una tendencia más amplia dentro del sector empresarial. Desde septiembre de 2024, Starbucks ha eliminado aproximadamente 2,300 puestos corporativos y administrativos, afectando prácticamente todas las áreas de soporte de la organización. En ese contexto, la sostenibilidad no ha quedado exenta de las presiones asociadas a la eficiencia operativa y el control de costos.
La magnitud de estos cambios resulta especialmente relevante porque Starbucks ha sido considerada durante años un referente en la incorporación de criterios ambientales y sociales dentro de su modelo de negocio. Por ello, los despidos de Starbucks generan preguntas sobre cómo evolucionará la gobernanza de sus compromisos ESG en los próximos años.
Una reestructuración que coincide con desafíos climáticos pendientes
La salida de Marika McCauley Sine ocurre apenas unos meses después de su incorporación a Starbucks en noviembre de 2024. La ejecutiva había llegado procedente de Mars para sustituir a Michael Kobori, primer director de sostenibilidad de la empresa y uno de los principales impulsores de los objetivos climáticos anunciados en 2020.
Bajo esos compromisos, Starbucks se propuso reducir en 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero, su consumo de agua y la generación de residuos para 2030. Sin embargo, los avances han sido más lentos de lo previsto. De acuerdo con los datos públicos más recientes, la huella de carbono de la empresa aumentó 3% entre 2019 y 2024, siendo las emisiones asociadas al café y a los productos lácteos algunos de los principales factores detrás de este crecimiento.
A ello se suma otro elemento que ha llamado la atención de especialistas y grupos de interés: Starbucks no ha publicado su Informe Global de Impacto 2026, documento que tradicionalmente presenta durante el mes de abril y que constituye una herramienta clave para evaluar el progreso de sus metas ambientales y sociales.
La coincidencia entre los desafíos para alcanzar sus objetivos climáticos y los recientes despidos de Starbucks alimenta el debate sobre el nivel de prioridad que la compañía está otorgando actualmente a su agenda de sostenibilidad frente a las exigencias de rentabilidad y crecimiento financiero.
¿Qué mensaje envían estos recortes al mundo corporativo?
Quizá uno de los aspectos más relevantes de esta situación es el mensaje que envía al ecosistema empresarial. Durante años, Starbucks fue vista como una organización capaz de demostrar que la sostenibilidad y el desempeño financiero podían avanzar de manera paralela. Hoy, algunos excolaboradores consideran que esa visión se está modificando.
Katie Herod, ex estratega global de café que perdió su puesto tras 13 años en la empresa, expresó esta percepción en una publicación de LinkedIn:
“Los líderes hablaban abiertamente de humanidad, dignidad, sostenibilidad y comunidad, y luego ponían en práctica esos valores. (…) Últimamente, la filosofía parece diferente”.
La declaración refleja la inquietud de quienes observan una posible transformación cultural dentro de la organización.
Al mismo tiempo, Starbucks mantiene algunas de sus iniciativas más visibles, especialmente en materia de reciclaje y reutilización de envases. Durante los últimos cinco años, la empresa ha sido una de las principales impulsoras de programas orientados a reducir los residuos generados por vasos y empaques de un solo uso, una estrategia que precisamente era liderada por Chris McFarlane antes de los recortes.
Para los profesionales de responsabilidad social, el caso constituye un recordatorio de que la sostenibilidad sigue siendo vulnerable cuando las organizaciones atraviesan procesos de reestructuración. Más allá de los discursos corporativos, la permanencia de estas agendas depende de que estén plenamente integradas en la estrategia de negocio y cuenten con mecanismos sólidos de gobernanza.
La sostenibilidad a prueba en tiempos de ajuste
Los recientes despidos de Starbucks representan mucho más que una reorganización interna. Al afectar directamente a líderes y equipos vinculados con la sostenibilidad y el impacto social, la decisión abre un debate sobre cómo las compañías equilibran sus compromisos ESG con las presiones de rentabilidad en contextos económicos complejos.
Para Starbucks, el desafío ahora será demostrar que la integración de sostenibilidad e impacto social bajo una nueva estructura no implica una reducción de ambición en sus objetivos ambientales y sociales. En un entorno donde inversionistas, consumidores y reguladores exigen cada vez más transparencia y resultados medibles, la verdadera prueba será comprobar si los compromisos sobreviven a los cambios organizacionales o si terminan convirtiéndose en una de las áreas sacrificadas durante los procesos de transformación corporativa.
Durante años, las iniciativas sociales y ambientales fueron consideradas un complemento a la estrategia empresarial. Sin embargo, los cambios en las expectativas de consumidores, inversionistas y otros grupos de interés han transformado esta percepción. Hoy, las compañías que generan valor para la sociedad también están encontrando nuevas oportunidades para fortalecer su reputación, fidelizar clientes y mejorar su desempeño financiero.
Un estudio realizado por la firma de investigación HundredX sobre miles de empresas encontró que aquellas que obtienen altas calificaciones en aspectos como confianza, valores de marca, sostenibilidad, postura social y apoyo comunitario logran convertir estas inversiones en resultados económicos tangibles. Según la investigación, los consumidores muestran una mayor intención de recompra cuando perciben que una organización contribuye positivamente a la sociedad, lo que confirma que las empresas con impacto social están mejor posicionadas para construir relaciones duraderas con sus audiencias.
Con el objetivo de reconocer a las organizaciones que han logrado combinar éxito empresarial con contribuciones significativas a la sociedad, Forbes y HundredX elaboraron una nueva edición de su ranking anual de las Mejores Marcas para el Impacto Social. La clasificación se basa en más de 4.5 millones de evaluaciones realizadas por más de 205 mil consumidores sobre cerca de 5,500 marcas. A continuación, presentamos las primeras 10 compañías del listado y las acciones que las han convertido en referentes globales de cómo el éxito financiero y el impacto social pueden avanzar de la mano.
10 compañías que están marcando la diferencia a través de su impacto social en 2026
1. H-E-B: fortalecer comunidades desde la alimentación y la educación
Fundada en 1905, H-E-B es una de las cadenas de supermercados más importantes de Texas y México, con una red de 455 tiendas que le ha permitido consolidarse como un actor clave en el sector minorista. Más allá de su crecimiento comercial, la compañía ha construido una sólida estrategia de responsabilidad social enfocada en mejorar la calidad de vida de las comunidades donde opera.
Uno de sus programas más emblemáticos es “Adopta una Escuela”, iniciativa que busca fomentar hábitos saludables y actividad física entre estudiantes de escuelas públicas mediante talleres, juegos y actividades impartidas por colaboradores voluntarios. El programa ha logrado establecer alianzas de largo plazo con instituciones educativas para impulsar cambios positivos en la salud y el bienestar infantil.
Los resultados son significativos. Hasta la fecha, H-E-B ha colaborado con más de 600 escuelas públicas y ha beneficiado a alrededor de 210 mil estudiantes. Estas cifras reflejan una apuesta sostenida por la educación y la prevención como herramientas para generar desarrollo social desde edades tempranas.
La compañía también impulsa becas universitarias para aproximadamente 385 jóvenes cada año, además de colaborar con 15 Bancos de Alimentos en distintas ciudades. Gracias a esta alianza, más de 510 mil personas y 1,800 instituciones han recibido apoyo alimentario. A ello se suman las “Fiestas Compartir”, una iniciativa que organiza eventos comunitarios diseñados para fortalecer la convivencia familiar en zonas vulnerables, consolidando a H-E-B como un referente de cómo las empresas con impacto social pueden generar beneficios concretos y medibles.
2. REI: sostenibilidad como eje de transformación empresarial
Recreational Equipment, Inc. (REI) es una cooperativa especializada en productos y experiencias para actividades al aire libre que se ha convertido en una de las organizaciones más influyentes en materia de sostenibilidad dentro de la industria minorista. Su modelo de negocio combina la promoción del deporte y la recreación con una estrategia ambiental respaldada por metas verificables y transparencia corporativa.
La empresa cuenta con la certificación Climate Label y trabaja para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en 47% para 2030, con la meta de alcanzar cero emisiones netas en 2050. Para lograrlo, ha incorporado materiales de menor impacto ambiental, incluyendo más de 50% de poliéster reciclado y más de 65% de tejidos certificados por Bluesign, uno de los estándares más rigurosos de la industria textil.
REI también destaca por impulsar cadenas de suministro más responsables. La organización promueve productos con certificación de Comercio Justo y realiza aportaciones económicas destinadas a fondos de desarrollo comunitario administrados por trabajadores de fábricas certificadas. Tan solo en 2025, la compañía contribuyó con 770 mil dólares a estos programas, acumulando más de 3.2 millones de dólares desde 2016.
Además de transformar sus propias operaciones, REI busca influir en todo el sector. La empresa mantiene acuerdos con innovadores en reciclaje textil para acelerar la economía circular, utiliza materiales elaborados a partir de emisiones capturadas de gases de efecto invernadero y divulga públicamente información detallada sobre sus proveedores y avances ambientales. Su estrategia demuestra que las empresas con impacto social pueden convertir la sostenibilidad en un motor de innovación, competitividad y generación de valor a largo plazo.
3. Subaru: una cultura de apoyo que trasciende la movilidad
Aunque Subaru es reconocida globalmente por la fabricación de automóviles y soluciones aeroespaciales, una parte importante de su identidad corporativa está vinculada al fortalecimiento de las comunidades. La compañía ha integrado los principios de Diversidad, Equidad, Inclusión y Pertenencia (DEIB) en su estrategia empresarial, obteniendo de forma recurrente las máximas calificaciones en evaluaciones de igualdad e inclusión.
Su programa “Subaru Loves to Help” concentra gran parte de sus esfuerzos sociales. A través de alianzas con organizaciones especializadas, la empresa apoya a familias en situación vulnerable mediante la entrega de alimentos, ropa de abrigo y asistencia comunitaria. Uno de sus proyectos más destacados es su colaboración con Operation Warm, iniciativa con la que ha beneficiado a más de 430 mil niños.
La compañía también se ha convertido en el principal donante del sector automotriz para Meals on Wheels America. Junto con su red de concesionarios ha contribuido a la entrega de más de 5.2 millones de comidas para adultos mayores y personas en situación de vulnerabilidad. Además, ha apoyado la donación de 150 millones de comidas a través de Feeding America.
La estrategia social de Subaru también abarca educación, salud y medio ambiente. Mediante alianzas con organizaciones como AdoptAClassroom.org, la Cruz Roja Americana y diversas fundaciones ambientales, la empresa demuestra que las iniciativas de impacto pueden integrarse de manera transversal a toda la operación corporativa.
Costco Wholesale se ha consolidado como uno de los principales minoristas del mundo gracias a su modelo de membresías y almacenes mayoristas. Paralelamente, la compañía ha desarrollado una estrategia de responsabilidad social enfocada en fortalecer comunidades vulnerables mediante el acceso a alimentos, educación y apoyo en situaciones de emergencia.
Uno de los proyectos más relevantes de los últimos años ha sido su participación en el Fondo de Depósitos de Impacto de Inclusiv. A través de una inversión de 3 millones de dólares, Costco contribuye a ampliar las oportunidades económicas de comunidades históricamente marginadas mediante el fortalecimiento de cooperativas financieras y organizaciones de desarrollo comunitario.
En México, la compañía ha canalizado recursos económicos y donaciones en especie para apoyar programas de educación, salud y atención a desastres naturales. Entre sus acciones más destacadas se encuentra la colaboración con la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), mediante la cual ayudó a más de 450 mil personas a través de la entrega de 1,850 toneladas de alimentos.
A ello se suman donaciones para atender emergencias humanitarias, la entrega de más de 16 mil mochilas con útiles escolares para estudiantes de escasos recursos y el apoyo a comunidades afectadas por inundaciones y fenómenos climáticos. Estas acciones han convertido a Costco en una referencia entre las empresas con impacto social que utilizan su capacidad logística para responder a necesidades urgentes.
5. USAA: fortaleciendo a quienes sirven a su país
Fundada en 1922 por oficiales militares estadounidenses, USAA ofrece servicios financieros, bancarios y de seguros a miembros de las Fuerzas Armadas, veteranos y sus familias. Su propósito corporativo está estrechamente ligado al bienestar de la comunidad militar, lo que ha dado origen a algunos de los programas sociales más ambiciosos del sector financiero.
La iniciativa “Honor Through Action” representa un compromiso de 500 millones de dólares a cinco años para mejorar la calidad de vida de militares y veteranos. El programa busca impulsar oportunidades laborales, fortalecer la seguridad financiera y promover el bienestar integral de quienes han servido a su país.
Otro de sus proyectos insignia es “Face the Fight”, una plataforma diseñada para prevenir el suicidio entre veteranos mediante campañas de sensibilización, acceso a servicios de salud mental y programas de acompañamiento. La iniciativa ha permitido ampliar el acceso a evaluaciones y atención especializada para miles de personas.
6. Trader Joe’s: combatir el desperdicio alimentario desde el comercio minorista
Trader Joe’s ha construido una reputación sólida gracias a su modelo de supermercados enfocado en productos diferenciados y experiencias de compra cercanas. Sin embargo, uno de los aspectos menos visibles de su operación es el impacto social generado a través de su estrategia de donación de alimentos y apoyo comunitario.
La compañía opera el programa Neighborhood Shares, mediante el cual dona el 100% de los alimentos aptos para consumo que no son vendidos. Esta iniciativa permite que productos que de otro modo podrían desperdiciarse lleguen a bancos de alimentos, refugios y organizaciones comunitarias en todo Estados Unidos.
El alcance del programa es notable. Cada año, Trader Joe’s dona aproximadamente 98 millones de libras de alimentos y colabora con más de 2,100 organizaciones comunitarias. Tan solo en 2023, el valor total de sus donaciones alcanzó los 469 millones de dólares, posicionándola como una de las empresas más activas en la lucha contra la inseguridad alimentaria.
La organización también destaca por sus políticas laborales. Ofrece beneficios de salud, descuentos para empleados y aumentos salariales periódicos, además de fomentar esquemas de trabajo más flexibles. Esta combinación de apoyo comunitario y bienestar laboral demuestra cómo las empresas con impacto social pueden generar valor tanto dentro como fuera de la organización.
7. Disney Cruise Line: entretenimiento con impacto comunitario y ambiental
Disney Cruise Line ha logrado posicionarse como una de las líneas de cruceros más comprometidas con la sostenibilidad dentro de la industria turística. Su liderazgo ambiental ha sido reconocido en 13 ocasiones con el premio Blue Circle, otorgado a las compañías marítimas que destacan por reducir emisiones y minimizar su impacto ambiental.
Una de sus iniciativas más importantes consiste en utilizar energía eléctrica terrestre mientras sus embarcaciones permanecen atracadas en puerto. Gracias a esta medida, barcos como el Disney Wonder pueden apagar sus motores durante las escalas, disminuyendo significativamente las emisiones asociadas a sus operaciones.
La compañía también impulsa programas enfocados en el desarrollo de las comunidades donde opera. A través de The Play Project, desarrollado junto con la organización love.fútbol, ha construido espacios recreativos para jóvenes en las Bahamas, generando miles de horas de actividad física y convivencia cada año.
Además, mediante Discover Your Destiny y Disney VoluntEARS, la empresa promueve oportunidades educativas y laborales para jóvenes interesados en las industrias marítima y del entretenimiento, mientras que sus tripulaciones participan regularmente en actividades de voluntariado, apoyo alimentario y programas educativos en distintas comunidades portuarias.
8. Mary Kay: empoderamiento económico para millones de mujeres
Desde su fundación en 1963, Mary Kay ha construido su modelo de negocio sobre una misión clara: enriquecer la vida de las mujeres. Actualmente opera en cerca de 40 mercados alrededor del mundo y ha convertido el empoderamiento económico femenino en uno de los pilares de su estrategia de sostenibilidad e impacto social.
La compañía articula gran parte de sus esfuerzos a través de su programa global Pink Changing Lives®, una iniciativa que busca generar cambios positivos en la vida de las mujeres y sus familias mediante el apoyo a la investigación del cáncer femenino, la prevención de la violencia doméstica, el fortalecimiento de la independencia económica y la protección de los recursos naturales.
Los resultados reflejan la magnitud de este compromiso. Desde 1996, Mary Kay y sus fundaciones patrocinadas han destinado más de 230 millones de dólares en donaciones monetarias y en especie a organizaciones benéficas de todo el mundo. Además, desde 2008, la campaña Pink Changing Lives® ha aportado más de 18 millones de dólares para financiar proyectos relacionados con la salud, la seguridad y el bienestar de mujeres y familias.
La empresa también apuesta por el desarrollo de las futuras generaciones de líderes. Solo en 2024, más de 600 mil mujeres fueron impactadas por programas de emprendimiento y liderazgo impulsados por la compañía, mientras que jóvenes de 16 países recibieron becas y apoyos para desarrollarse en disciplinas STEM. Gracias a esta combinación de empoderamiento económico, educación y filantropía, Mary Kay se ha consolidado como una de las marcas con mayor reconocimiento en materia de impacto social a nivel global.
🤩 Queremos agradecer enormemente la donación de 20.000€ que ha realizado @marykayespana.
La labor de las consultoras solidarias va a lograr que las vidas de 40 mujeres cambien por completo 💗
9. Sony: educación y ayuda humanitaria para construir resiliencia
Sony es una de las compañías tecnológicas y de entretenimiento más importantes del mundo, con operaciones que abarcan desde videojuegos y música hasta soluciones electrónicas avanzadas. Más allá de su liderazgo tecnológico, la empresa ha mantenido una estrategia de impacto social centrada en la educación y la respuesta ante emergencias humanitarias.
Inspirada en la visión de su cofundador, Masaru Ibuka, la organización impulsa programas educativos enfocados en disciplinas STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas). Estas iniciativas buscan despertar la curiosidad de niños y jóvenes, brindándoles acceso a herramientas y experiencias que fortalezcan sus capacidades para enfrentar los retos del futuro.
Sony también mantiene una sólida política de ayuda humanitaria. Tan solo entre 2025 y 2026 realizó aportaciones económicas y en especie para atender emergencias provocadas por inundaciones, incendios y otros desastres naturales en países como Mozambique, Tailandia, Indonesia y Hong Kong, colaborando con organizaciones como Save the Children y distintas sociedades de la Cruz Roja.
La combinación de innovación tecnológica, apoyo educativo y capacidad de respuesta ante crisis ha permitido a Sony ampliar su contribución social más allá de sus productos, consolidando una visión corporativa orientada al desarrollo sostenible.
10. Cadillac: acelerar la transición hacia una movilidad más sostenible
Cadillac ha intensificado sus esfuerzos para reducir el impacto ambiental de la industria automotriz mediante inversiones en energías renovables, electrificación y economía circular. La compañía considera que la innovación tecnológica debe ir acompañada de acciones concretas para enfrentar los desafíos climáticos actuales.
Entre sus principales avances destaca el uso de energía eólica y solar en diversas instalaciones de manufactura. Asimismo, la marca ha incorporado más de 11 millones de libras de plástico PET reciclado en sus procesos productivos, contribuyendo a reducir el consumo de materias primas vírgenes y las emisiones asociadas.
Su apuesta más ambiciosa consiste en lograr que el 100% de sus nuevos modelos sean eléctricos hacia el final de la década. Esta transformación busca acelerar la transición hacia formas de movilidad con menores emisiones y responder a la creciente demanda de soluciones de transporte sostenibles.
La estrategia de Cadillac también contempla acciones de diversidad e inclusión dentro de la organización. En 2026, Cadillac Racing recibió el Premio DHL a la Resistencia Sostenible por sus avances en logística responsable, reducción de residuos y participación comunitaria, demostrando que las empresas con impacto social pueden impulsar simultáneamente innovación, competitividad y sostenibilidad.
El impacto social como indicador del liderazgo empresarial del futuro
Las compañías que encabezan el ranking de Forbes y HundredX demuestran que el éxito empresarial ya no puede medirse únicamente por ingresos, participación de mercado o crecimiento financiero. En un entorno donde consumidores, inversionistas y colaboradores exigen mayor responsabilidad corporativa, las organizaciones que generan valor para la sociedad están construyendo ventajas competitivas más sólidas y relaciones de confianza más duraderas.
Desde programas de seguridad alimentaria y acceso a la educación hasta iniciativas de sostenibilidad, inclusión y apoyo comunitario, estas empresas han convertido el impacto social en una parte integral de su estrategia de negocio. Su experiencia confirma que crear valor económico y contribuir al bienestar colectivo no son objetivos opuestos, sino elementos complementarios que definirán a los líderes empresariales de la próxima década.