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Negocios inclusivos llegan al último rincón del Soconusco

En las faldas del Volcán Tacana, ubicado en los límites de México y Guatemala, un centenar de familias integran la comunidad chiapaneca de Talquián. Quienes han estado ahí se refieren al lugar como el “último rincón del Soconusco”, por su ubicación aunque también por su abandono.

Alrededor de la cuarta parte de las familias dependen de la cosecha de café, devastada actualmente por la roya, un hongo que hace apenas unos años no existía y hoy se ha convertido en problemática nacional para los cafeticultores.

De acuerdo con la Asociación Nacional de la Industria del Café (Anacafé), la cosecha nacional caerá 23% este año a cusa del hongo. A eso se suma que los cafetos de Talquián tienen entre 30 y 40 años y ya no producen.

Ante esta situación, los pequeños productores no tienen para donde hacerse y, sin embargo, a cualquier posibilidad de un cambio positivo responden con desconfianza y resistencia por las décadas de abandono que arrastran.

Llegar a comunidades así no es tarea fácil para organizaciones y empresas interesadas en generar un impacto social.

Acusaciones de brujería o de que les vamos a quitar sus tierras. Incluso el sindicato de maestros llegó a una reunión que teníamos con productores para ver qué estábamos haciendo”, recordó Gustavo Pérez, director de Responsabilidad Social y Sustentabilidad de Toks, sobre lo que tuvieron que enfrentar para integrar a cafeticultores de Talquián en la cadena de valor de los restaurantes.

Como parte de la estrategia de impulso a pequeños productores que tiene Toks, con la cual busca alimentos como mermelada o miel que compra directamente al productor y luego usa en sus restaurantes, hizo alianza con Garcomex, una empresa productora y comercializadora de café.

Cadena pulverizada

Debido a que la cadena de producción del café se encuentra completamente pulverizada, con productores que tienen tierras de una hectárea o hectárea y media, resulta inviable para una cadena restaurantera comprar directamente al productor, debido a la gran cantidad de insumo que demanda.

Aun así se puede integrar una cadena de valor que favorezca al pequeño productor. Con Garcomex llegamos a Talquián, el último rincón del país, en el Soconusco, en las faldas del Volcán Tacan, donde la mitad es chiapaneco y la otra, guatemalteco”, dijo, en el marco del 2o Encuentro Líderes Agentes de Cambio.

Consiguieron un subsidio de Fira y de manera tripartita aportaron recursos económicos y conocimiento técnico para lanzar, hace tres años, un piloto con cinco de los 25 cafeticultores de la comunidad, el cual busca “quintuplicar o sextuplicar” la productividad de las cosechas de café y los ingresos de los productores, que en promedio ganan 800 pesos al mes.

Para una segunda etapa se sumaron tres productores y en la cosecha que viene, que suele ser entre diciembre y marzo, se logrará integrar a los 25. La asesoría y el acompañamiento otorgados han permitido incrementar 47% la productividad de los cafetaleros en las dos primeras cosechas; han sido estos resultados los que convencieron a la totalidad de los productores de integrarse.

Las plantas que se les dan a los productores son híbridos de nueva generación, resistentes a la roya y producen hasta cinco veces más en sólo tres años, cuando lo normal son periodos de cinco años”, explicó Jesús Garza, director general de Garcomex.

La próxima cosecha permitirá medir los resultados de esas plantas; se estima que la productividad de los primeros cinco agricultores involucrados al programa pase de dos quintales por hectárea (un quintal equivale a 100 kilos) a entre 12 y 15 quintales.

Si todo sale bien, asegura Pérez Berlanga, el café de Talquián estará en los restaurantes Toks en 2015 y, aunque en un inicio la cantidad no será significativa en el total que compra la cadena, se buscará replicar el mismo programa en comunidades vecinas para ampliar los alcances.

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