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Mientras aumentan las emisiones, BP, Chevron y Shell verán duplicadas sus ganancias

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Las grandes compañías de combustibles fósiles atraviesan un nuevo periodo de bonanza económica en un momento en el que la crisis climática continúa agravándose. 

Un análisis de Oxfam revela que, impulsadas por el incremento de los precios del petróleo y el gas derivado de las tensiones geopolíticas, particularmente la guerra entre Israel e Irán, las seis mayores petroleras del mundo están en camino de duplicar sus ganancias. El fenómeno evidencia una paradoja: mientras crecen los beneficios corporativos, también se acelera el aumento de emisiones que alimenta el calentamiento global. 

El aumento de emisiones también impulsa ganancias históricas

De acuerdo con Oxfam, las seis mayores compañías de combustibles fósiles —BP, Chevron, Eni, ExxonMobil, Shell y TotalEnergies— podrían registrar beneficios sin precedentes durante este año. Basándose en estimaciones de S&P Capital IQ, la organización calcula que sus ingresos netos trimestrales pasarán de 23.000 millones de dólares a 45.000 millones, prácticamente el doble respecto al trimestre anterior.

Las ganancias anuales conjuntas alcanzarían 147.000 millones de dólares, una cifra que supera los beneficios combinados obtenidos por estas empresas durante los 21 meses previos. Para Oxfam, este crecimiento no responde únicamente a una mayor eficiencia empresarial, sino también a un contexto internacional marcado por conflictos geopolíticos que han disparado el precio de los hidrocarburos.

En la misma línea, The Guardian reportó que las 100 mayores compañías petroleras y gasistas del mundo obtuvieron 30 millones de dólares por hora en beneficios extraordinarios durante el primer mes del conflicto con Irán, reflejando cómo la volatilidad internacional continúa favoreciendo a la industria fósil.

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Frente a este escenario, Oxfam sostiene que existe margen suficiente para exigir una mayor contribución económica a estas empresas. La organización calcula que un impuesto global sobre las ganancias extraordinarias de los combustibles fósiles permitiría recaudar 400.000 millones de dólares en su primer año, recursos suficientes para cubrir los costos anuales de adaptación al cambio climático en los países del Sur Global.

Si este tipo de gravámenes se extendiera a todas las empresas del sector, la recaudación podría ascender hasta 680.000 millones de dólares. Actualmente, cerca del 28% de los países analizados ya han implementado impuestos temporales sobre estas ganancias extraordinarias, entre ellos Italia, Alemania, España, Portugal y Austria.

El costo del aumento de emisiones lo pagan las personas y el planeta

Mientras las utilidades de las petroleras siguen creciendo, las consecuencias del aumento de emisiones recaen sobre millones de personas alrededor del mundo.

Un análisis académico publicado en la revista Nature y retomado por Oxfam concluye que las emisiones generadas por estas seis compañías fueron suficientes para causar aproximadamente una cuarta parte de las olas de calor registradas a nivel mundial entre 2000 y 2023. El dato ilustra el enorme peso que tienen las emisiones corporativas sobre el agravamiento de los fenómenos climáticos extremos.

Las repercusiones ya son visibles. El incremento de las temperaturas está intensificando inundaciones, sequías, tormentas y olas de calor que destruyen viviendas, reducen las cosechas y afectan la seguridad alimentaria de millones de personas. Mariana Paoli, responsable de política climática de Oxfam, resume la contradicción de este modelo de desarrollo:

“Las corporaciones de combustibles fósiles están haciendo una fortuna, literal y figuradamente. Mientras el calor extremo, las inundaciones y las tormentas devastan comunidades en todo el mundo, la industria se prepara para otra bonanza de ganancias”.

La especialista añade que las familias enfrentan una triple carga: sufren la destrucción provocada por los eventos climáticos extremos, pagan precios cada vez más elevados por la energía y enfrentan un aumento del costo de vida derivado de la dependencia mundial de los combustibles fósiles.

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Los impactos económicos tampoco son menores. Un estudio citado por Oxfam estima que las olas de calor registradas en junio provocaron pérdidas de productividad equivalentes a 1.150 millones de libras esterlinas tan solo en Reino Unido, mientras que diversos países europeos registraron pérdidas multimillonarias en el sector agrícola debido a las altas temperaturas.

A ello se suma la volatilidad del mercado energético. En Reino Unido, los precios del gas aumentaron más de 46%, alcanzando su nivel más alto en tres años, un ejemplo de cómo la dependencia de los combustibles fósiles no solo alimenta el cambio climático, sino también la incertidumbre económica.

Más producción, menos posibilidades de alcanzar las cero emisiones netas

El crecimiento proyectado por las grandes petroleras también pone en evidencia la creciente distancia entre los compromisos climáticos internacionales y las decisiones de negocio del sector.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) señala que, bajo su Escenario de Compromisos Anunciados (APS), la demanda mundial de petróleo y gas debería disminuir alrededor de 2% anual hasta 2050 para cumplir los compromisos climáticos ya asumidos por gobiernos e industrias, mientras que su escenario de Emisiones Netas Cero (NZE) plantea un reto aún mayor: la demanda de combustibles fósiles tendría que reducirse más de 5% anual durante las próximas décadas para mantener viva la posibilidad de limitar el calentamiento global.

Sin embargo, la realidad corporativa avanza en sentido contrario. Una investigación de la London School of Economics and Political Science (LSE) concluye que las principales empresas petroleras planean incrementar su producción durante los próximos años. Para las 11 compañías que reportan esta información, la extracción conjunta alcanzaría 26,16 millones de barriles de petróleo equivalente por día en 2030, un incremento del 14% respecto a 2024.

El dato resulta especialmente preocupante porque incluso supera el crecimiento de la demanda proyectado por el Escenario de Políticas Actuales (CPS) de la propia AIE, un escenario que ya anticipa un aumento de la temperatura media global cercano a 2,9 °C para finales de siglo, muy por encima del límite de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París.

En otras palabras, mientras los discursos corporativos continúan hablando de transición energética y neutralidad climática, las decisiones de inversión siguen apostando por ampliar la producción de petróleo y gas, perpetuando el aumento de emisiones y alejando la posibilidad de cumplir los objetivos climáticos internacionales.

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La rentabilidad no puede seguir desligada de la responsabilidad climática

La discusión sobre los beneficios extraordinarios de las compañías de combustibles fósiles trasciende el ámbito financiero. También plantea una pregunta de fondo para la agenda ESG: ¿es aceptable que las empresas obtengan ganancias históricas mientras los costos ambientales y sociales recaen sobre gobiernos, comunidades y contribuyentes?

Los datos muestran que existe una profunda desconexión entre la capacidad económica de estas corporaciones y las inversiones necesarias para reparar o mitigar los daños derivados de sus emisiones. Si una parte de sus beneficios extraordinarios bastaría para financiar la adaptación climática de los países más vulnerables, resulta evidente que aún existe un amplio margen para fortalecer los mecanismos de responsabilidad corporativa.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, las petroleras no solo enfrentan el reto de reducir su huella ambiental. También deben asumir un papel más activo en la financiación de la transición energética, la adaptación al cambio climático y la reparación de los impactos sociales asociados a décadas de dependencia de los combustibles fósiles.

Mientras el aumento de emisiones continúe siendo compatible con beneficios récord, el mundo seguirá alejándose de los objetivos de cero emisiones netas. Alcanzar un planeta más resiliente requerirá mucho más que compromisos públicos: será necesario que las decisiones de inversión, las políticas fiscales y la estrategia empresarial evolucionen al mismo ritmo que la urgencia climática.

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