El sol podría convertirse en una de las principales cartas de México para avanzar hacia una mayor soberanía energética. En un escenario marcado por la presión sobre los mercados internacionales de petróleo y gas, el país busca ampliar su capacidad de generación con fuentes renovables. La energía solar en México aparece así como una oportunidad estratégica que combina disponibilidad de recursos, reducción de costos y menores impactos ambientales. Pero detrás de cada panel existe una pregunta menos visible: ¿quién fabrica la tecnología que permite aprovechar esa radiación? La respuesta revela uno de los principales desafíos de la transición energética nacional.
La planeación eléctrica hacia 2030 ya coloca a la generación solar como la principal fuente para añadir nueva capacidad al sistema. Los contratos de asociación mixta anunciados por la Secretaría de Energía contemplan 37 proyectos capaces de sumar 6,500 megavatios (MW) de capacidad renovable. Cerca de 60% de ese volumen provendría de esquemas de generación solar. El movimiento abre una ventana para acelerar la descarbonización del sector eléctrico y fortalecer la seguridad energética. Sin embargo, también pone sobre la mesa la necesidad de construir una cadena de suministro menos dependiente del exterior.
La energía solar en México toma velocidad con 37 nuevos proyectos
La dimensión de esta apuesta puede entenderse a partir de los números: 37 proyectos y 6,500 MW representan una expansión relevante de la capacidad renovable del país. De acuerdo con Jorge Guillermo Musalem Ruben, comisionado en la Coordinación de Proyectos de Energías Limpias de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la planeación del sistema eléctrico hacia 2030 contempla a la solar como la principal fuente de adición de capacidad.
Para Musalem, el escenario podría ser todavía más ambicioso si las nuevas inversiones incorporaran generación fotovoltaica acompañada de almacenamiento. Durante una mesa de diálogo en el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), señaló que México podría acercarse más rápido a la soberanía energética si las inversiones en generación se orientaran hacia plantas solares con sistemas de almacenamiento.
La clave está en que producir electricidad cuando hay sol no necesariamente resuelve el desafío de abastecer la demanda durante todo el día. Por ello, el desarrollo de baterías y otros sistemas de almacenamiento será determinante. La regulación y los modelos de negocio para estas tecnologías se encuentran en proceso de diseño, con el objetivo de establecer reglas claras para su desarrollo en México.

Energía solar en México: el reto detrás de los paneles
La expansión fotovoltaica también revela una paradoja industrial. México tiene uno de los territorios con mayor potencial para aprovechar la radiación solar, pero buena parte de la tecnología necesaria para hacerlo depende de un solo país: China. Sergio Aceves Borbolla, coordinador del Comité de Energía del CICM, advirtió que esta dependencia representa un desafío desde la perspectiva de la soberanía energética.
China concentra actualmente alrededor de 80% de la producción mundial de paneles solares y 95% del polisilicio, material fundamental para fabricar células fotovoltaicas. La dimensión de esta concentración permite entender por qué una transición hacia fuentes renovables no significa automáticamente independencia energética. Si México aumenta su generación solar, pero continúa dependiendo del exterior para obtener los componentes esenciales, la soberanía tendrá un límite.
Guillermo Musalem explicó que en México sí existe manufactura de paneles, aunque principalmente mediante el ensamblaje de componentes como aluminio, vidrio y cableado. En contraste, las grandes fábricas asiáticas pueden producir entre 1 y 10 GW de módulos fotovoltaicos al año gracias a procesos altamente automatizados y a fuertes inversiones. El desafío, por tanto, no consiste únicamente en instalar más paneles, sino en desarrollar capacidades industriales propias.
Un recurso abundante frente a una matriz dominada por el gas
La oportunidad resulta especialmente relevante porque la matriz eléctrica mexicana todavía depende ampliamente de los combustibles fósiles. Actualmente, la generación solar representa alrededor de 6% de la electricidad nacional, mientras que el gas natural concentra 57.7%. Esta diferencia muestra tanto la magnitud del reto como el espacio disponible para que las renovables ganen terreno.
México cuenta, además, con una ventaja geográfica difícil de ignorar. Alrededor de 70% del territorio nacional tiene condiciones para producir cerca de 1,700 kilovatios-hora (kWh) por cada kW instalado, una cifra superior al promedio mundial. El recurso está disponible; la discusión gira ahora en torno a la infraestructura, la inversión, la regulación y la capacidad de convertir esa ventaja natural en electricidad confiable.
El descenso de los costos también ha cambiado las reglas del juego. La instalación fotovoltaica pasó de costar alrededor de 100 dólares por watt hace cinco décadas a aproximadamente 10 centavos en la actualidad. Esta transformación ayuda a explicar por qué la generación solar dejó de ser una alternativa marginal para convertirse en una pieza cada vez más relevante de las estrategias energéticas globales.
¿Puede la energía solar en México convertirse en soberanía?
Para los especialistas, la respuesta apunta hacia un escenario en el que la generación solar tendrá un peso cada vez mayor. Musalem incluso planteó que, antes de 2050, podría convertirse en la principal fuente de energía del mundo, desplazando gradualmente a una matriz que todavía está dominada por el carbón. México, con sus condiciones de radiación, tiene posibilidades de formar parte de ese cambio.
Pero el verdadero desafío será evitar que la transición se limite a importar tecnología e instalar infraestructura. Una estrategia de soberanía energética tendría que considerar también el desarrollo de proveedores nacionales, investigación, talento especializado, manufactura de componentes, reciclaje de paneles y sistemas de almacenamiento. La transición energética, vista desde la responsabilidad social, también implica preguntarse quién captura el valor económico de esa transformación.

En ese sentido, los 37 proyectos anunciados pueden representar mucho más que una cifra de capacidad renovable. Pueden ser el punto de partida para construir un ecosistema energético con mayor participación de tecnologías limpias y, al mismo tiempo, impulsar nuevas capacidades industriales dentro del país. El reto será que el crecimiento de la generación solar se traduzca también en empleos, innovación y resiliencia para las comunidades.
El siguiente paso no está solo en el cielo
México tiene un recurso solar extraordinario y una oportunidad concreta para acelerar la transformación de su sistema eléctrico. Los 6,500 MW contemplados en los nuevos proyectos muestran que la generación renovable puede pasar de la conversación a una expansión de escala nacional. Pero alcanzar una verdadera soberanía energética exigirá mirar más allá de la cantidad de electricidad generada.
La transición será más sólida si México consigue desarrollar las capacidades que hoy están concentradas en otros mercados. Aprovechar el sol puede reducir emisiones y diversificar la matriz eléctrica, pero convertir ese recurso en soberanía requerirá almacenamiento, infraestructura, regulación e industria nacional. El futuro energético del país podría estar, literalmente, sobre nuestras cabezas; la cuestión será cuánto valor logramos construir alrededor de él.










