Reducir emisiones no siempre implica apostar por una única tecnología, sino transformar las decisiones que mantienen en funcionamiento una operación. Esa es la ruta que está tomando LEGO para avanzar en su estrategia climática y fortalecer la sostenibilidad de LEGO, con cambios que van desde la generación de electricidad hasta la movilidad corporativa y la infraestructura de sus instalaciones. La compañía está ampliando el uso de energía solar, electrificando su flota y modernizando sus sistemas de construcción.
Las tres medidas tienen un objetivo común: disminuir las emisiones de Alcance 1 y 2 de sus operaciones globales y avanzar hacia sus metas climáticas basadas en la ciencia. Pero hay un elemento especialmente relevante en su estrategia: LEGO no está aplicando una fórmula idéntica en todas sus plantas, sino que adapta las inversiones a las condiciones energéticas y operativas de cada mercado. Así, la sostenibilidad de LEGO comienza a integrarse en decisiones cotidianas que tienen un impacto directo sobre cómo funciona la compañía.
La sostenibilidad de LEGO avanza con estas decisiones
Más energía solar para producir electricidad dentro de sus instalaciones
Uno de los cambios más importantes será el crecimiento de la capacidad solar instalada en las instalaciones de LEGO. La compañía prevé aumentarla 204% respecto a los niveles de 2025, con lo que una mayor proporción de la electricidad utilizada en sus operaciones podrá generarse directamente en sus propios emplazamientos.
La generación renovable in situ tiene una doble relevancia. Por un lado, permite reducir la dependencia de electricidad proveniente de fuentes con mayores emisiones; por otro, puede ofrecer mayor previsibilidad frente a la volatilidad de los mercados eléctricos en determinadas regiones.

Pero LEGO no está limitando la transformación a la generación de energía. La empresa también está instalando sistemas de climatización de menor consumo energético en sus instalaciones, incluyendo mejoras en calefacción, ventilación y aire acondicionado.
Este punto resulta particularmente interesante, ya que la compañía ha entendido una verdad crucial: descarbonizar no significa únicamente sustituir una fuente de energía por otra. También implica consumir menos energía para realizar las mismas actividades. La combinación de eficiencia energética y generación renovable permite abordar el problema desde ambos extremos.
Además, la estrategia reconoce una realidad que otras multinacionales deberían considerar: no todas las plantas tienen las mismas posibilidades. La disponibilidad de terrenos, las condiciones de la red eléctrica, los recursos renovables y las características del mercado energético cambian de un país a otro.
Por eso, LEGO apuesta por adaptar las soluciones a cada instalación, manteniendo el mismo objetivo climático. Esta flexibilidad evita convertir la estrategia de sostenibilidad en una receta rígida y permite que las inversiones respondan a las condiciones reales de cada operación.
2. De certificados a acuerdos de compra de energía renovable
El segundo cambio ocurre fuera de las plantas, pero tiene una relación directa con su operación: LEGO está modificando la manera en que adquiere electricidad renovable.
La compañía busca avanzar de una mayor dependencia de los certificados de energía renovable hacia los acuerdos de compra de energía (PPA). Estos contratos permiten establecer relaciones de largo plazo entre empresas consumidoras de electricidad y productores de energía renovable.
La diferencia es importante porque la transición energética corporativa ya no se evalúa únicamente por cuántos certificados compra una empresa. Cada vez existe mayor atención sobre dónde, cómo y bajo qué condiciones se genera la electricidad renovable que respalda sus operaciones.
Los PPA pueden ayudar a vincular de manera más directa la demanda corporativa con nuevos proyectos de generación renovable y, dependiendo del mercado y de las condiciones contractuales, proporcionar mayor certidumbre sobre los costos energéticos a largo plazo. Para los equipos de sostenibilidad y los responsables financieros, esto convierte la adquisición de energía renovable en una decisión que involucra simultáneamente emisiones, gestión de riesgos y planeación financiera.

Aquí aparece otro elemento valioso de la sostenibilidad de LEGO: la descarbonización no está aislada dentro del departamento de sostenibilidad. También empieza a influir en la forma en que la compañía toma decisiones de compra y administra sus recursos.
3. Casi la mitad de sus vehículos corporativos ya son eléctricos
El tercer frente está relacionado con la movilidad. Actualmente, casi 50% de los coches de empresa de LEGO en todo el mundo son eléctricos, reduciendo la dependencia de vehículos de combustión interna dentro de su flota corporativa.
La electrificación tiene un impacto directo sobre las emisiones de Alcance 1 cuando los vehículos pertenecen a la compañía o están bajo su control. No obstante, el beneficio climático final también depende de la fuente de electricidad utilizada para cargar esos automóviles.
Por ello, esta acción cobra mayor fuerza cuando se observa junto con las otras dos. Una flota eléctrica puede reducir emisiones, pero su impacto aumenta cuando la electricidad utilizada procede cada vez más de fuentes renovables. Del mismo modo, la generación solar y los acuerdos de compra de energía adquieren mayor sentido cuando forman parte de una estrategia que también contempla la eficiencia energética y el transporte.
LEGO está, en otras palabras, tratando edificios, vehículos y electricidad como piezas de un mismo sistema operativo. Y esa integración es precisamente lo que permite que una estrategia climática pase del discurso a las decisiones que ocurren todos los días.

LEGO: sostenibilidad que se construye desde las operaciones
El principal valor de estas medidas no está únicamente en que LEGO esté instalando más paneles solares, utilizando más vehículos eléctricos o firmando nuevos contratos de energía. Lo relevante es dónde está colocando la sostenibilidad dentro de su modelo de gestión: en las decisiones sobre infraestructura, compras, energía y movilidad.
Para las empresas que buscan avanzar en sus propios objetivos climáticos, este enfoque ofrece varios aprendizajes. El primero es que establecer metas basadas en la ciencia es solo el punto de partida. El verdadero desafío aparece cuando esas metas deben traducirse en inversiones concretas, presupuesto, cambios tecnológicos y decisiones operativas.
El segundo es la importancia de evitar soluciones universales. Una multinacional puede tener un mismo objetivo global, pero necesitar estrategias diferentes en cada instalación. La disponibilidad de energía renovable, las características de la red eléctrica, el espacio físico y las condiciones del mercado determinan qué alternativas son realmente viables.
El tercero es que la transición debe poder medirse. Que casi la mitad de la flota corporativa sea eléctrica o que la capacidad solar vaya a crecer 204% son indicadores concretos de implementación. Sin embargo, el verdadero desempeño tendrá que observarse en las reducciones absolutas y cuantificables de emisiones y en el avance hacia sus objetivos climáticos.
Esta es, quizá, la lección más relevante para la RSE: la sostenibilidad avanza cuando deja de ser una estrategia paralela y comienza a formar parte de las operaciones diarias. Cuando el área de compras considera de dónde viene la electricidad, mantenimiento evalúa el consumo energético, infraestructura incorpora generación solar y movilidad electrifica los vehículos, la estrategia climática deja de depender únicamente de declaraciones corporativas.
LEGO muestra así una ruta basada menos en una gran transformación aislada y más en la suma de decisiones operativas. El reto para la compañía será demostrar que esas inversiones se traducen en reducciones reales de emisiones y que pueden escalarse en sus diferentes mercados.
Para otras organizaciones, el mensaje es claro: descarbonizar una operación no empieza necesariamente con una innovación espectacular. Puede comenzar preguntando cómo se genera la electricidad, cuánto consume un edificio, qué tipo de vehículos utiliza una empresa y qué está comprando cuando afirma que su energía es renovable. La sostenibilidad se vuelve creíble cuando esas preguntas dejan de ser excepcionales y pasan a formar parte de la manera habitual de hacer negocios.










