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¡Maldita productividad!

Si la economía fuera una religión, la productividad sería uno de sus principales mandamientos. La productividad está detrás del progreso económico, del desarrollo de una persona, de una empresa y de un país, de las utilidades corporativas, del incremento de los salarios, del ingreso personal y de quién sabe qué cosas más. Por eso se han inventado cientos y miles de productos y servicios, de metodologías, de formas de operar, de programas de capacitación, etcétera. No ser productivo es el equivalente a un pecado mortal y merece más que la excomunión.

Pero ahora resulta que la productividad es el peor enemigo que existe en el planeta para enfrentar el desempleo, ese mal que trae irremediablemente cualquier crisis económica por pequeña que sea. Eso es lo que más me llamó la atención de las reflexiones hechas por Dominique Strauss-Kahn, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien en la pasada asamblea anual del organismo dijo que “el crecimiento es bueno, pero quizá no baste si es un crecimiento sin empleo. En muchos países el crecimiento no será suficientemente vigoroso como para reducir el desempleo; o bien el crecimiento será muy elevado pero con una productividad tan alta que el efecto en el desempleo será muy bajo”.

Su afirmación la acompañó con números. Durante la crisis económica mundial se perdieron alrededor de 30 millones de puestos de trabajo, y si el crecimiento internacional en los próximos cinco años es de 2.5 por ciento, se pueden salvar o crear 30 millones de trabajos. Es decir, apenas recuperar lo perdido.

Sin embargo, el dirigente del FMI llama la atención al estimar que en la próxima década 450 millones de personas se incorporarán al mercado de trabajo. “Nos enfrentamos al riesgo de una generación perdida. Sin empleo, la salud probablemente se deteriorará. Sin empleo, la educación de los hijos probablemente se deteriorará. Sin empleo, la estabilidad social probablemente se deteriorará, lo cual representa una amenaza para la democracia e incluso para la paz. Así que no nos engañemos. Todavía no hemos salido del peligro. Y para el hombre de la calle, una recuperación sin empleo no significa mucho. Tenemos que apostar por el crecimiento sostenible, pero también tenemos que apostar por el empleo”.

Visto así, entonces hay que gritar a todo pulmón ¡maldita productividad! Pero, ¿con qué se va a sustituir? ¿Dónde está la respuesta que deben dar los gobernantes, políticos y economistas?

Dominique Strauss-Kahn dice que se debe cambiar el modelo de crecimiento. “Debemos pensar en nuevas fuentes de crecimiento, incluido el crecimiento verde. Significa que debemos pensar más en reequilibrar la estructura de crecimiento entre la parte privada y la parte pública del crecimiento. Significa que debemos también trabajar para lograr un reequilibrio entre los países superavitarios y los deficitarios, y eso implica que necesitamos una mayor cooperación y una mejor estructura de gobierno”.

¿En qué consistirá ese reequilibrio en la estructura de crecimiento público y privado? Ya nos lo dirán, pero creo que es cierto lo que pregona el funcionario, que estamos frente a un mundo nuevo, o quizá algo lo hemos vivido ya: que el gobierno ya no esté tan delgado y sea un motor en la generación de empleos, aunque no sean tan productivos.

Fuente: Suplemento Milenio Diario, Revista M Semanal, pp 34
Escrito por: J. Jesús Rangel M.
Publicada: 18 de Octubre 2010

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