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NoticiasAmbientalMuchos lattes, muchas emisiones: la deuda climática que Starbucks aún enfrenta

Muchos lattes, muchas emisiones: la deuda climática que Starbucks aún enfrenta

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Cuando una persona entra a una cafetería de Starbucks en cualquier rincón del mundo, difícilmente piensa en metano, cadenas de suministro agrícolas o huellas de carbono. El aroma del café recién hecho y la rutina del latte matutino parecen estar lejos de cualquier conversación climática.

Sin embargo, detrás de cada bebida existe una compleja ecuación ambiental que hoy coloca a la empresa frente a uno de sus mayores desafíos: cumplir las metas que ella misma se propuso. Las emisiones de Starbucks se han convertido en un termómetro para medir qué tan viable es descarbonizar una operación global basada en productos agrícolas.

La cadena de cafeterías más grande del planeta anunció en 2020 uno de los compromisos ambientales más ambiciosos del sector: reducir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de agua y la generación de residuos para 2030. La promesa, validada posteriormente por la iniciativa Science Based Targets (SBTi), parecía marcar el rumbo de un nuevo liderazgo corporativo. Sin embargo, el paso de los años ha revelado una tensión difícil de ignorar:

Mientras la compañía avanza en eficiencia operativa, su crecimiento global también expande el tamaño del reto climático.

El gigante del café y un compromiso climático bajo presión

A primera vista, Starbucks tiene argumentos para defender sus avances. De acuerdo con un artículo de Trellis, entre 2019 y 2024 logró reducir en 25 % sus emisiones por dólar de ingresos, una mejora considerable impulsada por eficiencias operativas, estándares en abastecimiento y transformaciones dentro de sus tiendas. La iniciativa de “Tiendas Más Ecológicas”, por ejemplo, ha conseguido disminuir hasta 30 % el consumo energético en establecimientos y generar importantes ahorros económicos.

Pero la historia cambia cuando se observan las cifras absolutas. Aunque la empresa mejoró la intensidad de sus emisiones, su huella total aumentó 3 % entre 2019 y 2024 debido a la apertura de más de 7 mil nuevas sucursales en el mundo. En otras palabras, Starbucks es más eficiente, pero también más grande, y eso complica el cumplimiento de su meta para 2030.

El dilema se vuelve aún más visible si se considera que, en el mismo periodo, los ingresos crecieron más de 37 %, alcanzando más de 36 mil millones de dólares. La pregunta ya no es si la empresa puede crecer, sino si puede hacerlo sin ampliar su impacto climático.

Emisiones de Starbucks: el costo ambiental detrás del latte

El gran protagonista de esta historia no es el café, sino la leche. Aunque Starbucks opera más de 40 mil establecimientos en 88 países, ninguna fuente individual representa más de 13 % de su huella total. Sin embargo, cuando se agrupan los dos ingredientes estrella —granos de café arábica y leche de vaca— aparece un dato contundente: juntos representan una cuarta parte del impacto climático de la compañía. Los lattes, insignia del menú, son parte central del problema:

Un latte preparado con leche de vaca puede generar más del triple de emisiones que un café negro, según estimaciones del sector.

El motivo principal es el metano producido por las vacas lecheras y por los cultivos destinados a su alimentación, un gas con una capacidad de calentamiento muy superior al dióxido de carbono. Entre 2019 y 2024, las emisiones absolutas de metano vinculadas a Starbucks crecieron 6 %, dejando claro que la transformación del menú podría ser tan importante como las mejoras operativas.

Un modelo de abastecimiento que sí muestra avances

No todo son señales de alerta. Starbucks ha logrado avances importantes en una de las partes más complejas de su operación: el cultivo del café. La compañía compra cerca del 3 % de la producción mundial de café arábica, por lo que cualquier mejora tiene efectos significativos.

Gracias a sus estándares CAFE (Coffee and Farmer Equity Practices), desarrollados junto con organizaciones ambientales, los productores asociados han reducido el uso de fertilizantes, mejorado la gestión de residuos y fortalecido prácticas de captura de carbono. Esto permitió disminuir aproximadamente 300 mil toneladas de CO2e en el abastecimiento de café desde 2019, pese al crecimiento del negocio.

Además, la empresa ha invertido millones de dólares en agricultura regenerativa y ha distribuido más de 100 millones de árboles resistentes al cambio climático, una apuesta que también busca proteger el futuro del propio café frente al aumento de temperaturas.

Emisiones de Starbucks y el desafío del metano

Si Starbucks quiere acercarse a sus objetivos climáticos, el metano parece ser el frente más urgente. Expertos e inversionistas coinciden en que reducir las emisiones provenientes de la industria láctea será decisivo para lograr avances reales.

Entre las alternativas que hoy se discuten aparecen prácticas avanzadas para el manejo del estiércol, tecnologías que reducen emisiones en granjas y aditivos alimentarios capaces de disminuir el metano generado durante la digestión del ganado. Aunque las soluciones ya existen, todavía enfrentan barreras económicas y de escalabilidad.

La empresa ha comenzado a explorar este camino. Desde 2023, Starbucks fortaleció estándares de sostenibilidad para proveedores lácteos e invirtió cerca de 20 millones de dólares en pruebas relacionadas con alimentación animal y gestión de residuos ganaderos. Sin embargo, aún no queda claro si estas medidas bastarán para cerrar la brecha hacia 2030.

¿La respuesta está en la leche vegetal?

Una de las soluciones más visibles podría estar frente al consumidor. Starbucks eliminó recientemente el cobro extra por bebidas con leches vegetales, una decisión que, aunque fue presentada desde la perspectiva comercial, también podría reducir significativamente su huella ambiental.

Algunas cafeterías especializadas ya han dado un paso más allá al convertir las alternativas vegetales en la opción predeterminada. Para Starbucks, incentivar cambios en el comportamiento del consumidor podría representar una vía relativamente rápida para disminuir emisiones sin afectar directamente la experiencia de marca.

La incógnita es si millones de clientes están listos para modificar hábitos tan profundamente arraigados como el latte tradicional.

Entre la ambición climática y la realidad del negocio

El reto climático de Starbucks tampoco ocurre en aislamiento. Diversas empresas del sector alimentos y bebidas han tenido que replantear sus estrategias ESG ante cambios económicos, presión de inversionistas y nuevas prioridades de negocio. Nestlé, Coca-Cola y PepsiCo enfrentan conversaciones similares sobre cómo sostener objetivos ambientales ambiciosos en contextos financieros cada vez más exigentes.

En Starbucks, esta tensión se acentúa con la llegada de Brian Niccol como director ejecutivo en 2024. Su misión principal ha sido revitalizar ventas y crecimiento, pero hasta ahora ha hablado poco sobre el futuro de los compromisos climáticos de la compañía. Esto ha generado inquietud entre analistas e inversionistas que esperan una hoja de ruta más clara.

¿Replantear metas o acelerar la transición?

El escenario más incómodo para Starbucks quizá no sea fallar, sino decidir cómo comunicarlo. Algunos especialistas consideran que, si reducir 50 % de las emisiones para 2030 ya no resulta realista, la empresa debería actualizar sus objetivos de forma transparente, tal como otras compañías del sector ya han hecho.

No obstante, modificar metas sin perder credibilidad exige una narrativa basada en evidencia, honestidad y avances medibles. La sostenibilidad corporativa ya no se mide solo por ambición, sino por la capacidad de demostrar resultados tangibles y explicar con claridad los obstáculos.

La historia de Starbucks revela una paradoja cada vez más común en las grandes empresas: crecer y descarbonizar al mismo tiempo no siempre avanzan al mismo ritmo. Las emisiones de Starbucks muestran que incluso las organizaciones con compromisos robustos enfrentan tensiones profundas cuando el modelo de negocio depende de cadenas agrícolas complejas y hábitos de consumo difíciles de transformar.

La próxima década definirá si Starbucks logra convertir su ambición climática en resultados o si termina convirtiéndose en un caso emblemático de las promesas ESG difíciles de cumplir. Mientras tanto, cada latte seguirá recordando que, en sostenibilidad, incluso los pequeños hábitos cotidianos pueden tener un impacto global.

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