Por CaRloS Muñoz
Hace cosa de tres días circulaba sobre una avenida muy conflictiva de Santa Fe. Los claxonazos cargados de emoción y mala “vibra” se escuchaban a un km. a la redonda. Rostros acalorados, intensos rayos solares cayendo sobre los cientos de peatones que circulaban con pies de plomo sobre las banquetas, muchos de ellos empleados que, extrañamente, no se quitan los gafetes de sus empresas, y que aprovechan los espacios al aire libre para echarse un “buen” tabaco e ir a cualquiera de los muchos restaurantes de la zona o a los tacos de canasta sazonados delicadamente con la contaminación y que predominan afuera de las construcciones.





