La discapacidad nos enfrenta cara a cara con un duelo permanente. Se pierde al hijo que siempre se anheló; se pueden perder los logros esperados en un niño, como caminar, jugar y hablar; se pueden perder éxitos cuando hay retrocesos en la terapia; se puede también iniciar un nuevo duelo cuando se presentan enfermedades y circunstancias provocadas por la discapacidad de un hijo.
El reto que plantea la discapacidad es permanente y pone a los padres a prueba todo el tiempo; los obliga a crecer y a ser mejores seres humanos, no sólo para sus hijos, sino para darle sentido a la vida, comenta Gabriela Soulé, terapeuta especializada en atención a niños con capacidades especiales, directora de la Fundación Umbral y autora del libro Papás especiales para Niños Especiales.
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