Fundación BBVA México abre la primera convocatoria de las Becas Leonardo en el país

BBVA México, a través de Fundación BBVA México, anunció la apertura de la primera convocatoria nacional de las Becas Leonardo, una iniciativa  de Fundación BBVA orientada a impulsar el talento de investigadores científicos, desarrolladores tecnológicos y creadores culturales en una etapa clave de su trayectoria.

El programa llega por primera vez a México como parte de su expansión a América Latina y busca apoyar proyectos personales e innovadores con potencial para contribuir al avance del conocimiento, la tecnología, las humanidades, la cultura y las artes.

En esta primera edición, Fundación BBVA México otorgará 50 becas individuales de hasta 50,000 dólares cada una, equivalentes aproximadamente a un millón de pesos, para el desarrollo de proyectos en un plazo de entre 12 y 18 meses.

Las Becas Leonardo están dirigidas a personas de entre 30 y 45 años que cuenten con una trayectoria destacada y presenten propuestas de alto impacto en su ámbito de especialización. La convocatoria impulsa perfiles que se encuentran en una etapa intermedia de su carrera profesional, con experiencia comprobada y alto potencial de crecimiento.

En México, la convocatoria contempla proyectos en áreas como Biología y Biomedicina; Ciencias Básicas; Ciencias de la Computación, Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial; Ingenierías; Tecnología Limpia y Biodiversidad; Artes Plásticas; Creación Literaria y Artes Escénicas; Música y Ópera; Ciencias Sociales, y Humanidades.

Becas Leonardo

La selección se realizará mediante un proceso competitivo, con comisiones evaluadoras integradas por expertos e investigadores nacionales e internacionales, en colaboración con instituciones con trayectoria acreditada en los ámbitos científico y cultural. Las propuestas serán valoradas con base en la trayectoria de la persona solicitante, así como en la originalidad, viabilidad e impacto del proyecto presentado.

Además del apoyo económico, las personas seleccionadas se integrarán a la Red Leonardo, una comunidad internacional que reúne a investigadores y creadores beneficiarios del programa, con el objetivo de fortalecer la visibilidad de sus proyectos, promover el intercambio de conocimiento y acompañar el desarrollo de sus trayectorias.

La convocatoria está disponible en el sitio oficial de Fundación BBVA México y en la plataforma de la Red Leonardo donde las personas interesadas podrán consultar los requisitos, las áreas participantes, los formatos de postulación y los criterios de evaluación.

Las solicitudes podrán presentarse hasta el 21 de septiembre de 2026 a través de la plataforma www.programaleonardo.com.

Nestlé Waters impulsa conservación del Izta-Popo con una jornada de reforestación de más 3,000 árboles y alianzas comunitarias

En un esfuerzo continuo por preservar los recursos hídricos y la biodiversidad de la región Izta-Popo, Nestlé Waters llevó a cabo su jornada anual de voluntariado de reforestación bajo el lema #SomosCadaGota. El evento, que reunió a alrededor de 100 voluntarios, incluyendo colaboradores de la compañía, miembros de la comunidad y autoridades ejidales, sirvió como marco para visibilizar el profundo impacto socioambiental del modelo de conservación que la compañía opera en Puebla.

Durante la jornada, que tuvo lugar en el bosque de Santa María en Tlahuapan, los participantes sembraron 3,000 árboles de especies endémicas de la zona, tales como Pinus montezumae, Pinus pseudostrobus y Pinus patula. Con esta siembra voluntaria, Nestlé Waters avanza en una trayectoria de reforestación histórica en la cuenca, la cual acumula, actualmente, un total de 789,904 árboles plantados a lo largo de la zona.

Una alianza sin precedentes por el bosque

Además del voluntariado forestal, el núcleo del éxito en la conservación del manantial de la zona radica en una sólida alianza estratégica de largo plazo con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR). Bajo el esquema de Mecanismos Locales de Pago por Servicios Ambientales (MLPSA) a través de Fondos Concurrentes, la compañía y la dependencia federal han consolidado dos convenios clave que abarcan los periodos 2022-2026 y 2024-2028.

Gracias a este fondo conjunto, se han protegido y conservado más de 4,800 hectáreas y reforestado más de 750 hectáreas de bosque, beneficiando de manera directa a 18 núcleos agrarios y ejidos de la Cuenca Hidrográfica del Alto Atoyac.

Nestlé Waters

Guardianes del bosque: Impacto social y prevención de incendios

La inversión conjunta no solo se limita a mantener la cobertura forestal, sino que funciona como un motor de desarrollo social y resiliencia comunitaria:

  • Brigadas de Protección: Se financia la integración y equipamiento de 18 brigadas forestales integradas por 180 brigadistas locales encargados de la vigilancia y el combate de incendios.
  • Viveros Forestales Comunitarios: Producción local de 504,500 plantas nativas (como ocote chino, pino religioso y encinos), generando empleo local y asegurando que las especies plantadas cuenten con la genética adecuada para sobrevivir.
  • Proyectos Productivos: Se ha impulsado el ecoturismo local mediante la construcción de cabañas, instalación de tirolesas y el desarrollo de senderos interpretativos para el avistamiento de luciérnagas, diversificando los ingresos de las familias de Tlahuapan sin comprometer el suelo.
Nestlé Waters

“La conservación de esta cuenca no es una tarea de un solo día, es una forma de habitar el territorio en armonía”, señaló Miguel García, Business Executive Officer de Nestlé Waters durante el encuentro. “Hoy sembramos 3,000 árboles con nuestra familia de Tlahuapan, pero la verdadera noticia es el ecosistema de apoyo que hemos construido con CONAFOR y los ejidatarios durante décadas. Cada gota de agua que brota de este manantial es el resultado de miles de hectáreas protegidas por manos locales”.

Con actividades de concientización ambiental y un rally de reconocimiento botánico dirigidas a los asistentes, la jornada reafirmó que la sustentabilidad hídrica depende enteramente de la salud del bosque y del bienestar de quienes lo habitan.

Errores que más accidentes provocan en vacaciones: Quálitas

En México, hablar de seguridad vial sigue representando un desafío que va más allá de respetar señales de tránsito o usar el cinturón de seguridad. El verdadero reto, asegura Pancho Name, piloto profesional de automovilismo y vocero de la campaña permanente Conducta Vial Quálitas, es fortalecer una cultura de prevención que acompañe a los conductores todos los días y no solo después de un accidente.

“Hoy existe mayor conciencia sobre algunos hábitos de seguridad vial, pero todavía nos hace falta entender que manejar implica una responsabilidad permanente. Muchas veces reaccionamos hasta que ocurre un incidente”, explicó.

Desde su experiencia dentro y fuera de las pistas, Pancho Name considera que uno de los errores más frecuentes entre los automovilistas es confiarse de más al conducir en carretera, especialmente durante temporadas vacacionales, cuando aumentan los viajes largos, el flujo vehicular y el cansancio acumulado.

Aunque su carrera está ligada a la velocidad y la competencia, el piloto de rallies asegura que conducir en pista y manejar en carretera son escenarios completamente distintos.

“En una competencia todo está diseñado para minimizar riesgos: hay protocolos, condiciones controladas y equipos especializados. En carretera ocurre lo contrario; nunca sabes qué puede pasar más adelante; puedes encontrar lluvia, baches, tráfico inesperado o conductores con poca experiencia, por eso siempre hay que manejar anticipando cualquier escenario”, señaló.

Mientras millones de familias se preparan para salir a carretera durante las vacaciones, autoridades federales advierten que los accidentes viales en México suelen aumentar hasta 20% en temporadas vacacionales, principalmente por exceso de velocidad, fatiga y errores humanos al volante.

Errores que más accidentes provocan

De acuerdo con el campeón mexicano, uno de los factores que más accidentes provoca durante periodos de alta movilidad es la prisa. “La gente quiere llegar rápido y eso hace que tome decisiones impulsivas: rebasar sin visibilidad, exceder la velocidad o manejar cansado. En carretera, la prisa puede convertirse en el mayor riesgo”, advirtió.

Entre los errores más comunes que identifica durante esta temporada destacan exceder los límites de velocidad, utilizar el celular al volante, no mantener una distancia segura, salir a carretera sin revisar el vehículo y conducir fatigado.

A esto se suma un factor que muchas veces pasa desapercibido: el estado físico y emocional del conductor.

“Manejar cansado o bajo estrés disminuye reflejos y capacidad de reacción. A veces creemos que podemos seguir manejando, aunque estemos agotados, y ahí es donde comienzan muchos accidentes”, explicó.

Uno de los aprendizajes más importantes que el automovilismo le ha dejado, asegura, es la capacidad de anticipación. Leer el camino, detectar riesgos antes de que ocurran y entender el comportamiento de otros conductores son habilidades que pueden marcar la diferencia en cualquier trayecto.

“La experiencia ayuda, pero la conciencia salva vidas. La conducción defensiva se desarrolla poniendo atención al entorno y entendiendo que cualquier distracción puede cambiarlo todo”, comentó.

Además de la prevención, Pancho Name destacó la importancia de contar con un seguro vehicular vigente ante cualquier imprevisto en carretera.

“El seguro no debe verse únicamente como un requisito. Es una herramienta de respaldo para ti, tu familia y las personas que te rodean. El verdadero problema no es pagar una póliza; es enfrentar una emergencia sin protección”, afirmó.

De cara a las temporadas vacacionales y periodos de alta movilidad, el mensaje de Pancho Name es claro: “Porque en carretera, llegar unos minutos después siempre será mejor que no llegar. Manejar con paciencia, respetar los límites y tomar decisiones responsables puede hacer toda la diferencia. La mejor meta siempre será llegar seguro”, finalizó.

Los residuos que nadie quiere reciclar: TerraCycle apuesta por darles una segunda vida

0

Cada día, millones de productos terminan su vida útil en la basura sin que exista una alternativa viable para recuperarlos. Envolturas de botanas, tubos de pasta dental, colillas de cigarro o residuos médicos suelen quedar fuera de los sistemas tradicionales de reciclaje, alimentando un problema ambiental que crece a la par del consumo. En ese contexto, surge una pregunta clave: ¿realmente existen materiales imposibles de reciclar?

Esa interrogante ha guiado durante más de dos décadas el trabajo de TerraCycle, empresa que decidió enfocarse precisamente en aquellos residuos que la mayoría de las industrias evita procesar. Su historia demuestra que la innovación en economía circular no solo consiste en reciclar más, sino en replantear el valor de aquello que normalmente se considera un desecho, impulsando una verdadera segunda vida a los residuos.

De una inquietud infantil a una empresa global

La relación de Tom Szaky con la basura comenzó mucho antes de fundar una empresa. Como inmigrante húngaro en Canadá, le sorprendía encontrar televisores y otros objetos funcionales abandonados junto a los residuos domésticos. Esa experiencia despertó una reflexión que marcaría su carrera: todos los bienes que poseemos terminan, tarde o temprano, convertidos en propiedad de la industria de los residuos.

Con esa idea en mente, Szaky cofundó TerraCycle en 2001 mientras estudiaba en la Universidad de Princeton. El proyecto inició con la producción de fertilizante orgánico elaborado a partir de excremento de lombriz, un producto que incluso llegó a comercializarse en cadenas como Walmart. Sin embargo, pocos años después la empresa dio un giro estratégico hacia el reciclaje de materiales difíciles de recuperar.

Desde 2007, TerraCycle ha construido un modelo de negocio enfocado en recolectar y transformar residuos que normalmente no tienen cabida en las plantas convencionales. Actualmente genera ingresos anuales superiores a los 47 millones de dólares, demostrando que es posible encontrar oportunidades económicas donde otros solo ven basura.

Segunda vida a los residuos: el desafío de reciclar lo que otros descartan

El principal diferenciador de TerraCycle es su capacidad para ofrecer una segunda vida a los residuos que tradicionalmente terminan en rellenos sanitarios o incineradoras. Entre ellos se encuentran envoltorios flexibles, cepillos de dientes, tubos de pasta dental, asientos para automóvil e incluso colillas de cigarro, materiales cuya composición dificulta su procesamiento.

Este enfoque ha permitido desarrollar programas de recolección junto a grandes empresas de consumo, facilitando que ciertos residuos regresen a cadenas de aprovechamiento. Más allá del reciclaje convencional, la compañía apuesta por ampliar los límites de lo que puede recuperarse mediante procesos especializados y alianzas con diferentes sectores.

No obstante, el reto sigue siendo enorme. Estos materiales representan una fracción pequeña del total de residuos generados, pero concentran un alto nivel de complejidad técnica y logística, lo que explica por qué la mayoría de las empresas del sector evita procesarlos.

Entre la innovación y las críticas por ecoblanqueo

El modelo de TerraCycle también ha despertado cuestionamientos. Algunos especialistas consideran que los programas patrocinados por marcas pueden transmitir la percepción de que estos materiales ya cuentan con sistemas de reciclaje ampliamente disponibles, cuando en realidad dependen de esquemas específicos de recolección.

Investigadores como Calvin Lakhan, de la Universidad de York, señalan que iniciativas como la recuperación de colillas de cigarro podrían generar una falsa sensación de escalabilidad. Desde esta perspectiva, el verdadero desafío consiste en evitar que estas soluciones sean interpretadas como una respuesta masiva cuando aún operan bajo modelos limitados.

Frente a estas críticas, TerraCycle sostiene que realiza auditorías independientes para verificar los resultados de sus programas y que su objetivo nunca ha sido sustituir los sistemas tradicionales, sino atender aquellos flujos de residuos que actualmente carecen de alternativas viables.

Crecer para atender los residuos más complejos

Durante los últimos cinco años, TerraCycle incrementó sus ingresos en 93 %, impulsada tanto por su crecimiento orgánico como por una estrategia de adquisiciones. La empresa ha incorporado compañías especializadas en residuos altamente regulados, fortaleciendo su capacidad para procesar materiales que requieren infraestructura y permisos específicos.

Una de sus adquisiciones más recientes fue NLR, especializada en lámparas, aparatos electrónicos, baterías y dispositivos que contienen mercurio. Gracias a esta integración, TerraCycle amplía su presencia en segmentos donde la infraestructura de reciclaje continúa siendo insuficiente.

La empresa también busca expandirse hacia sectores como paneles solares, baterías, residuos electrónicos y materiales provenientes de laboratorios médicos. Estos últimos representan un desafío creciente debido a las estrictas normas sanitarias y al elevado volumen de empaques y equipos desechables utilizados diariamente.

Segunda vida a los residuos como oportunidad de inversión e innovación

El crecimiento de TerraCycle no solo depende de la tecnología, sino también de una estrategia financiera enfocada en acelerar su expansión. En 2025 obtuvo cinco millones de dólares mediante un esquema de financiamiento colectivo y actualmente busca recaudar otros 75 millones para continuar adquiriendo empresas especializadas.

Alrededor del 80 % del capital obtenido se destinará a nuevas adquisiciones, con el objetivo de fortalecer una red capaz de gestionar residuos que hoy permanecen fuera de los sistemas convencionales. La rentabilidad sostenida durante la última década ha permitido respaldar esta estrategia de crecimiento.

Esta visión parte de una idea sencilla, pero poderosa: prácticamente todos los materiales poseen algún valor si existen la infraestructura, la tecnología y el modelo económico adecuados para recuperarlos. Esa filosofía continúa impulsando el desarrollo de soluciones para dar una segunda vida a los residuos que antes parecían imposibles de aprovechar.

Más allá del reciclaje: el futuro está en la reutilización

Aunque el reciclaje sigue siendo el corazón del negocio, TerraCycle también apuesta por reducir la generación de residuos desde el origen mediante Loop, su plataforma de envases reutilizables. La iniciativa ya ha recibido inversiones cercanas a los 50 millones de dólares y representa una evolución del concepto de economía circular.

Actualmente, Loop concentra su crecimiento en Europa, especialmente en Francia, donde la regulación obliga a los minoristas a incorporar envases rellenables antes de finalizar 2027. La empresa también prepara su expansión al Reino Unido, donde ya ha concretado acuerdos con importantes cadenas comerciales.

La experiencia ha permitido identificar que muchos envases actuales pueden reutilizarse sin modificar significativamente las cadenas de suministro. Botellas de detergente, frascos de pepinillos, envases de vidrio o recipientes de salsas son algunos ejemplos de productos diseñados con un potencial de reutilización mucho mayor del que normalmente se aprovecha.

La historia de TerraCycle refleja que la economía circular necesita mirar más allá de los materiales fáciles de reciclar. Resolver el problema de los residuos más complejos implica innovación tecnológica, inversión constante y la colaboración entre empresas, consumidores y autoridades para desarrollar nuevos modelos de recuperación y reutilización.

Si bien persisten debates sobre el alcance real de estas iniciativas, también es evidente que abrir oportunidades para una segunda vida a los residuos amplía las posibilidades de reducir el impacto ambiental de productos que durante décadas fueron considerados irrecuperables. En un contexto donde la generación de desechos continúa aumentando, explorar soluciones para estos materiales dejará de ser una alternativa para convertirse en una necesidad.

De la estrategia a la acción: este es el nuevo desafío ESG que deben resolver las empresas

0

La conversación sobre sostenibilidad empresarial ha evolucionado con rapidez durante la última década. Si antes el foco estaba casi exclusivamente en reducir emisiones de carbono y cumplir metas climáticas, hoy las organizaciones enfrentan una realidad mucho más compleja. La contaminación atmosférica ha dejado de ser un problema ambiental aislado para convertirse en un factor que impacta la salud pública, la competitividad empresarial, la estabilidad económica y las decisiones de inversión.

Este cambio obliga a las compañías a replantear la manera en que gestionan sus riesgos ambientales. La calidad del aire ya no puede tratarse únicamente como un tema de cumplimiento regulatorio, sino como un elemento estratégico que influye en la continuidad del negocio, la confianza de los inversionistas y la creación de valor a largo plazo. En este contexto, el desafío ESG consiste en transformar los compromisos en acciones medibles, transparentes y con resultados tangibles.

El costo invisible que redefine el desafío ESG

De acuerdo con un artículo de Reuters, cada año, la contaminación atmosférica provoca millones de muertes prematuras y se mantiene como el segundo mayor factor de riesgo de mortalidad a nivel mundial. Además de su enorme impacto sanitario, representa pérdidas económicas estimadas en alrededor de 6 billones de dólares anuales, derivadas de menores niveles de productividad, interrupciones en las cadenas de suministro y un crecimiento económico más lento.

Sin embargo, las consecuencias no afectan a todos por igual. Las comunidades de menores ingresos suelen enfrentar una mayor exposición a contaminantes, lo que convierte la calidad del aire en una cuestión de justicia climática y de derechos humanos. Para las empresas, este escenario implica reconocer que sus decisiones ambientales tienen repercusiones sociales mucho más amplias que las tradicionalmente consideradas.

El nuevo desafío ESG exige mirar más allá del carbono

Durante años, gran parte de las estrategias corporativas se concentró en reducir emisiones de gases de efecto invernadero para avanzar hacia objetivos de carbono neutral. Aunque estos esfuerzos siguen siendo indispensables, ya no son suficientes para responder a los riesgos actuales.

desafío ESG

El desafío ESG ahora requiere incorporar otros contaminantes altamente dañinos para la salud, como las partículas finas (PM2.5) y los óxidos de nitrógeno (NOx). Estos contaminantes, responsables de numerosos problemas respiratorios y cardiovasculares, continúan siendo poco medidos y escasamente divulgados por muchas organizaciones, generando vacíos importantes para inversionistas, reguladores y grupos de interés.

Regulaciones más estrictas cambian las reglas del juego

La presión regulatoria está aumentando en distintas regiones del mundo. La Unión Europea, por ejemplo, ha fortalecido sus exigencias mediante la Directiva sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que obliga a las empresas a reportar riesgos, impactos y oportunidades ambientales bajo el enfoque de doble materialidad.

A ello se suman estándares internacionales como GRI y SASB, así como nuevas regulaciones para el sector automotriz, entre ellas la futura norma Euro 7, que amplía el análisis hacia emisiones generadas por neumáticos y frenos. Paralelamente, ciudades como Londres, París y Milán continúan endureciendo las restricciones para tecnologías altamente contaminantes, incrementando el riesgo de obsolescencia para determinados activos empresariales.

Los inversionistas ya consideran la calidad del aire como un riesgo financiero

La contaminación atmosférica está dejando de verse únicamente como un problema ambiental para convertirse en un criterio relevante dentro de las finanzas sostenibles. Cada vez más inversionistas entienden que sus efectos son sistémicos, pues afectan simultáneamente a las comunidades, los ecosistemas y la actividad económica.

Una muestra de esta tendencia es la Iniciativa Aire Limpio de ShareAction, integrada por más de 30 inversionistas que administran más de 1.8 billones de dólares en activos. Su objetivo es impulsar mejores prácticas de gestión de riesgos en sectores como transporte, logística e industrias con altas emisiones, promoviendo una mayor transparencia corporativa y regulaciones más robustas.

El mayor obstáculo sigue siendo la falta de información confiable

Uno de los principales problemas es que muchas organizaciones aún no generan datos consistentes sobre contaminación atmosférica. En numerosos casos, la divulgación depende de las propias evaluaciones de materialidad realizadas por las empresas, lo que provoca reportes incompletos y difíciles de comparar entre sectores.

Esta falta de estandarización limita la capacidad de los mercados para identificar riesgos reales, evaluar el desempeño ambiental de las compañías y dirigir inversiones hacia aquellas que implementan mejores prácticas. Además, muchos informes continúan enfocándose únicamente en emisiones climáticas, dejando fuera indicadores fundamentales relacionados con la calidad del aire y sus efectos sobre la salud.

Integrar salud, derechos humanos y sostenibilidad será la diferencia

Otro de los grandes pendientes consiste en incorporar la contaminación atmosférica dentro de las estrategias corporativas de derechos humanos. A pesar del creciente desarrollo de la debida diligencia empresarial, todavía son pocas las compañías que analizan cómo sus emisiones afectan directamente a las personas y a las comunidades donde operan.

Las empresas que actúen de forma anticipada podrán reducir riesgos regulatorios, fortalecer su eficiencia operativa y construir mayor resiliencia frente a un entorno cada vez más exigente. Esto implica establecer metas claras de reducción de contaminantes, fortalecer la medición a lo largo de toda la cadena de valor e integrar la calidad del aire con las estrategias climáticas, de biodiversidad y de protección de los derechos humanos.

La contaminación atmosférica se encuentra en un momento similar al que vivía el cambio climático hace una década: existe amplio consenso sobre su gravedad, pero todavía falta incorporarla plenamente en las decisiones empresariales y financieras. Mientras los reguladores endurecen las exigencias y los inversionistas elevan sus expectativas, las organizaciones ya no pueden limitarse a cumplir con requisitos mínimos de reporte.

Convertir la calidad del aire en un eje estratégico permitirá a las empresas anticipar riesgos, fortalecer su competitividad y generar mayor confianza entre inversionistas y sociedad. En adelante, el verdadero liderazgo en sostenibilidad no dependerá únicamente de anunciar compromisos climáticos, sino de demostrar con datos, transparencia y resultados que el aire limpio forma parte de la creación de valor empresarial y del bienestar colectivo.

Microsoft y el reto de cumplir sus metas ambientales: su huella aumenta 25%

0

La carrera por liderar la inteligencia artificial ha transformado la estrategia de las grandes empresas tecnológicas, pero también ha puesto a prueba sus compromisos climáticos. Microsoft es uno de los ejemplos más representativos de esta nueva realidad: mientras acelera la expansión de su infraestructura digital para responder a la creciente demanda de servicios en la nube e IA, su impacto ambiental también crece a un ritmo significativo.

El más reciente informe de sostenibilidad de la compañía revela un incremento del 25% en sus emisiones durante el año fiscal 2025, un dato que reaviva el debate sobre la viabilidad de las metas ambientales de Microsoft en un contexto donde el desarrollo tecnológico exige enormes cantidades de energía, agua e infraestructura. Lejos de ocultar el desafío, la empresa reconoce las tensiones y plantea nuevas estrategias para equilibrar innovación y sostenibilidad.

Las metas ambientales de Microsoft frente al auge de la inteligencia artificial

La expansión de la inteligencia artificial está redefiniendo la operación de las empresas tecnológicas. En el caso de Microsoft, el crecimiento acelerado de los centros de datos necesarios para alimentar plataformas de IA y servicios en la nube provocó un aumento del 25% en sus emisiones durante el año fiscal 2025.

El incremento no ocurre de forma aislada. Google reportó un aumento del 18% en sus emisiones y Amazon registró un crecimiento del 16%, reflejando que el sector tecnológico enfrenta un desafío compartido: sostener el desarrollo de nuevas capacidades digitales sin comprometer sus compromisos climáticos.

A pesar del panorama, la compañía aseguró que mantiene intacto su objetivo de alcanzar sus compromisos ambientales. Brad Smith, vicepresidente y presidente de Microsoft, y Melanie Nakagawa, directora de sostenibilidad, señalaron que este escenario no representa un motivo para retroceder, sino una oportunidad para replantear la manera en que la organización ejerce el liderazgo climático.

Transparencia para reconocer avances y desafíos

Una de las principales novedades del informe fue el nivel de apertura con el que Microsoft presentó sus indicadores ambientales. Por primera vez, la empresa publicó información detallada sobre el consumo de electricidad y agua de cada una de sus principales instalaciones, una decisión que busca fortalecer la rendición de cuentas.

La compañía reconoce que el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial exige una gestión ambiental mucho más rigurosa. De acuerdo con Melanie Nakagawa, el informe ofrece una visión honesta sobre los avances alcanzados, las áreas donde persisten dificultades y los aspectos que requieren nuevas soluciones.

Este enfoque responde también a una creciente presión social. Las comunidades donde se construyen nuevos centros de datos demandan mayor información sobre el consumo de recursos y los posibles impactos ambientales, por lo que la transparencia comienza a convertirse en un elemento estratégico para conservar la confianza pública.

Cómo impactan las metas ambientales de Microsoft el consumo de energía y agua

Uno de los cambios más notorios del reporte corresponde a las emisiones relacionadas con el consumo eléctrico. Estas pasaron de representar el 2% de la huella ambiental total en 2024 al 13% en 2025, debido tanto al incremento de la demanda energética como a modificaciones en la metodología contable utilizada para medir las emisiones de Alcance 2.

Durante 2025, Microsoft consumió alrededor de 37 millones de megavatios-hora de electricidad, un 24% más que el año anterior. Esa cantidad sería suficiente para abastecer durante un año a aproximadamente 3.4 millones de hogares en Estados Unidos, siendo América del Norte la región con mayor participación en ese consumo.

En materia hídrica, la empresa extrajo cerca de 13 millones de metros cúbicos de agua y reportó la reposición de 14 millones como parte de sus programas de gestión hídrica. Asimismo, reveló que su centro de datos ubicado en Boydton, Virginia, fue el de mayor demanda energética dentro de toda su infraestructura global.

metas ambientales de Microsoft

La búsqueda de una matriz energética más limpia

Aunque Microsoft continúa siendo uno de los mayores compradores corporativos de energía renovable del mundo, la realidad operativa ha obligado a la empresa a complementar algunos proyectos con plantas de gas natural para garantizar el suministro eléctrico de nuevos centros de datos.

Actualmente mantiene contratos por hasta 40 gigavatios de energía renovable, de los cuales 19 ya se encuentran en funcionamiento. Sin embargo, la velocidad con la que crece la demanda de procesamiento para inteligencia artificial requiere inversiones adicionales que aseguren capacidad energética constante.

Frente a esta situación, la empresa también explora alternativas de largo plazo como la energía geotérmica, la energía nuclear de nueva generación e incluso proyectos relacionados con fusión nuclear. Paralelamente, impulsa contratos de energía limpia por 1.5 gigavatios distribuidos en más de 100 comunidades cercanas a sus operaciones.

Innovación tecnológica para reducir la huella ambiental

Más allá de incorporar nuevas fuentes de energía, Microsoft trabaja en soluciones tecnológicas que permitan disminuir el consumo energético de sus operaciones. Una de ellas consiste en automatizar la distribución de cargas de trabajo de inteligencia artificial entre centros de datos que operan directamente con electricidad renovable.

La empresa también optimiza el uso energético dentro de sus instalaciones existentes mediante una redistribución inteligente de cargas informáticas, con el objetivo de aprovechar mejor la infraestructura disponible antes de ampliar la capacidad instalada.

Además, Microsoft financia tecnologías emergentes como cables superconductores capaces de transportar mayores volúmenes de electricidad con menores pérdidas. Estas innovaciones podrían convertirse en un componente clave para construir centros de datos más eficientes y compactos durante los próximos años.

La eliminación de carbono sigue siendo una prioridad

A pesar del aumento en sus emisiones, Microsoft mantiene su liderazgo como uno de los principales compradores corporativos de créditos de eliminación de carbono. Durante 2025 firmó acuerdos para 29 proyectos de largo plazo que contribuirán a retirar más de 45 millones de toneladas métricas de emisiones durante las próximas tres décadas.

La empresa también desmintió versiones sobre una supuesta reducción de sus inversiones en este tipo de tecnologías. Según Melanie Nakagawa, no existe ningún cambio en la estrategia para respaldar iniciativas capaces de generar reducciones permanentes de carbono.

Entre los proyectos apoyados destacan soluciones como la captura directa de aire, la mejora de la meteorización de rocas y tecnologías que aumentan la alcalinidad de los océanos, consideradas algunas de las apuestas más prometedoras para enfrentar las emisiones difíciles de eliminar.

El crecimiento de la inteligencia artificial está obligando a las grandes tecnológicas a enfrentar un desafío que parecía lejano: expandir su capacidad digital sin poner en riesgo sus compromisos climáticos. El incremento del 25% en las emisiones demuestra que la transición hacia una economía baja en carbono no siempre avanza en línea recta, especialmente cuando la innovación acelera el consumo de recursos.

Las metas ambientales de Microsoft seguirán siendo observadas de cerca por inversionistas, reguladores, comunidades y especialistas en sostenibilidad. La transparencia mostrada en su más reciente informe, junto con las inversiones en energías limpias, eficiencia y eliminación de carbono, marcarán si la compañía logra convertir este complejo momento en una oportunidad para redefinir el liderazgo climático dentro de la industria tecnológica.

10 casos de éxito en sostenibilidad dentro de la industria automotriz

La industria automotriz atraviesa una de las transformaciones más importantes de su historia. La electrificación, la descarbonización y la economía circular ya no son iniciativas complementarias, sino factores que determinan la competitividad de las empresas y su capacidad para responder a las expectativas de inversionistas, consumidores y reguladores. En este contexto, la innovación tecnológica avanza de la mano de una mayor responsabilidad ambiental y social.

Hoy, hablar de sostenibilidad en la industria automotriz implica mucho más que fabricar vehículos eléctricos. También supone rediseñar cadenas de suministro, utilizar materiales con menor impacto ambiental, impulsar energías renovables, promover condiciones laborales justas y adoptar modelos de negocio más circulares. Estas acciones han convertido a diversos fabricantes en referentes globales de la transición hacia una movilidad más sostenible.

Sostenibilidad en la industria automotriz: empresas que están transformando el sector

1. Tesla: acelerar la transición hacia una movilidad sostenible

Tesla ha construido su estrategia bajo una premisa clara: acelerar la transición mundial hacia la energía sostenible. Más allá de popularizar los vehículos eléctricos, la compañía ha invertido en tecnologías que buscan hacer más eficiente la producción, el almacenamiento y el consumo de energía limpia.

Su visión integra innovación y sostenibilidad como parte de una misma estrategia empresarial. En su Reporte de Sostenibilidad 2025, la empresa destaca que el desarrollo tecnológico es un aliado para ampliar el acceso a soluciones de movilidad con menores emisiones y seguir impulsando la electrificación a gran escala.

2. LTH: economía circular que da una segunda vida a las baterías

LTH, marca de Clarios en México, ha desarrollado uno de los modelos de economía circular más consolidados de la industria automotriz. Su sistema comienza desde el punto de venta: cuando un cliente adquiere una batería, el negocio te permite entregar la batería usada (el “casco”) a cambio de un descuento en el nuevo producto. Esto es un incentivo económico que evita que las baterías terminen en la basura. Gracias a este esquema de logística inversa, las baterías llegan a las plantas de reciclaje de la compañía en Nuevo León, evitando que terminen en tiraderos o sean manejadas de forma inadecuada.

La efectividad del modelo radica en que 99% de los materiales de una batería pueden recuperarse. En sus plantas, las baterías se trituran para separar el plomo, el polipropileno y el electrolito. El plomo se funde y refina para fabricar nuevas placas; el plástico se convierte en pellets que dan origen a nuevas carcasas, mientras que el ácido se neutraliza y se transforma en sulfato de sodio para uso industrial. De esta forma, prácticamente todos los componentes regresan al ciclo productivo, reduciendo la necesidad de extraer materias primas vírgenes.

Eco Jornadas LTH 2025

3. Volkswagen Group: una estrategia que integra naturaleza, personas y negocio

Con su iniciativa regenerate+, Volkswagen busca generar un impacto positivo tanto para el medio ambiente como para la sociedad. La empresa trabaja en proyectos de descarbonización, economía circular, abastecimiento responsable y fortalecimiento del talento humano.

Uno de sus principales diferenciadores es incorporar los criterios ESG en todas las áreas del grupo. Desde el diseño de vehículos hasta las alianzas estratégicas y la transparencia corporativa, la sostenibilidad forma parte de las decisiones de largo plazo.

4. Volvo Group: transporte con menor impacto ambiental

Volvo Group centra sus esfuerzos en desarrollar soluciones de transporte con menores emisiones mediante la electrificación y el uso de energías renovables en sus operaciones. Paralelamente, impulsa modelos de producción más eficientes y responsables con los recursos naturales.

La compañía también trabaja junto con sus proveedores para reducir emisiones en toda la cadena de suministro, reforzando una visión colaborativa de la descarbonización que trasciende las operaciones propias.

5. Ford: innovación eléctrica para distintos segmentos

Ford ha transformado gradualmente su portafolio para priorizar vehículos electrificados, tanto para consumidores como para clientes comerciales. Modelos como la F-150 Lightning representan la apuesta de la empresa por combinar desempeño, funcionalidad y menor impacto ambiental.

La estrategia no se limita al producto final. La marca también desarrolla tecnologías que mejoran la eficiencia energética y facilitan la adopción de soluciones eléctricas en sectores donde tradicionalmente predominaban los motores de combustión.

6. General Motors: una plataforma para acelerar la electrificación

General Motors ha impulsado una transformación profunda mediante el desarrollo de la plataforma Ultium, diseñada para simplificar la fabricación de vehículos eléctricos y facilitar su escalabilidad.

Además de ampliar su oferta de movilidad eléctrica, la compañía busca reducir las emisiones asociadas a la producción y demostrar que la innovación tecnológica puede convertirse en un motor para avanzar hacia una economía baja en carbono.

7. BMW: la economía circular como eje de producción

BMW ha demostrado que la sostenibilidad también comienza dentro de las plantas de manufactura. La empresa reutiliza aproximadamente el 70% de los recortes de aluminio y acero generados durante sus procesos productivos, reduciendo significativamente el desperdicio de materiales.

A ello suma una hoja de ruta hacia 2030 enfocada en disminuir emisiones a lo largo de toda su cadena de valor. Su estrategia combina reciclaje, eficiencia energética, innovación en materiales y reducción de la huella de carbono desde el diseño hasta la fabricación de sus vehículos.

8. Stellantis: descarbonización con una transición justa

Stellantis ha fijado la meta de alcanzar emisiones netas cero para 2050, acompañada de objetivos intermedios que incluyen reducciones en emisiones de Alcance 1, 2 y 3 antes de finalizar esta década.

Su estrategia incorpora electrificación, economía circular y un enfoque de transición justa para trabajadores y comunidades. De esta manera, busca que los beneficios de la transformación industrial también generen valor social y económico.

9. Mercedes-Benz: una visión integral de creación de valor

Para Mercedes-Benz, la sostenibilidad significa crear valor permanente para clientes, colaboradores, inversionistas y demás grupos de interés. Bajo su estrategia Ambition 2039, la empresa pretende que toda su flota de vehículos nuevos sea carbono neutral durante las próximas décadas.

Este compromiso también incluye reducir las emisiones de sus operaciones, fortalecer la gestión responsable de su cadena de suministro y acelerar el desarrollo de modelos completamente eléctricos.

10. Toyota: transparencia y mejora continua

Toyota mantiene una de las estrategias ESG más documentadas del sector mediante su Sustainability Data Book, donde presenta indicadores, políticas y resultados relacionados con su desempeño ambiental y social.

La empresa busca que todas sus operaciones cumplan con estándares nacionales e internacionales mientras continúa impulsando tecnologías de movilidad con menor impacto ambiental. Su enfoque refleja una cultura de mejora continua respaldada por datos y objetivos medibles.

Los casos de estas diez compañías muestran que la sostenibilidad en la industria automotriz ya no depende únicamente del desarrollo de vehículos eléctricos. El liderazgo del sector se construye mediante decisiones que abarcan toda la cadena de valor: desde la selección de materiales y la eficiencia energética hasta la economía circular, la gestión responsable de proveedores y el compromiso con las comunidades.

A medida que aumentan las exigencias regulatorias y las expectativas sociales, la sostenibilidad en la industria automotriz se consolida como un elemento estratégico para la competitividad. Las empresas que integran criterios ambientales, sociales y de gobernanza en sus modelos de negocio no solo reducen su impacto, sino que también fortalecen su capacidad de innovar, generar confianza y liderar la movilidad del futuro.

Más de la mitad de las horas laborales en México ya son automatizables: el reto de una transición responsable

La automatización dejó de ser una posibilidad lejana para convertirse en un proceso que ya está transformando la manera en que las personas trabajan. En México, el 59% de las horas laborales automatizables podría ejecutarse con tecnologías disponibles actualmente, de acuerdo con un análisis del McKinsey Global Institute sobre el futuro del trabajo en América Latina.

Sin embargo, detrás de esta cifra no solo existe una oportunidad económica, sino también un desafío social para las empresas: garantizar que la adopción tecnológica no ocurra a costa de las personas. La pregunta central ya no es únicamente qué tareas pueden hacer las máquinas, sino cómo preparar a los colaboradores para convivir con ellas.

El estudio estima que esta transformación podría generar hasta 204,000 millones de dólares anuales de valor económico en México hacia 2030, impulsada principalmente por sectores como la manufactura. Pero para que ese beneficio sea sostenible, las organizaciones deberán asumir un papel activo en capacitación, reconversión laboral y protección del talento.

La automatización no significa necesariamente la desaparición masiva de empleos. El análisis de McKinsey aclara que la medición corresponde a actividades específicas dentro de los puestos de trabajo y no al número de plazas que podrían eliminarse. El verdadero cambio estará en la forma en que las personas realizan sus funciones.

¿Qué significa que 59% de las horas laborales automatizables puedan transformarse?

Hablar de horas laborales automatizables implica analizar aquellas actividades dentro de una ocupación que una tecnología puede realizar con las capacidades actuales. Esto incluye desde procesos digitales ejecutados por software hasta tareas físicas realizadas mediante robots, sin que esto signifique que un puesto completo pueda sustituirse.

McKinsey analizó cerca de 800 ocupaciones en cada país estudiado para identificar qué actividades tienen mayor potencial de automatización. En México, el resultado muestra una combinación entre herramientas digitales capaces de resolver procesos cognitivos y sistemas físicos aplicados principalmente en operaciones industriales.

A nivel regional, América Latina presenta un promedio de 57% de actividades potencialmente automatizables. México se encuentra por encima de esta cifra, con 59%, una proporción que refleja tanto su capacidad industrial como el peso de sectores donde la tecnología puede integrarse rápidamente.

La diferencia frente a otras economías también revela un reto: mientras algunas regiones automatizan principalmente mediante software, América Latina mantiene una alta presencia de actividades físicas. Cerca de la mitad de las horas laborales de la región requieren capacidades físicas, frente a una tercera parte en Estados Unidos y Europa.

México ante una oportunidad económica de 204,000 millones de dólares

La automatización representa una oportunidad significativa para las organizaciones mexicanas. Bajo un escenario intermedio de adopción tecnológica, McKinsey calcula que el país podría liberar hasta 204,000 millones de dólares anuales hacia 2030, la cifra más alta entre las economías latinoamericanas analizadas.

El potencial económico está relacionado con una mayor productividad, reducción de actividades repetitivas y la posibilidad de que los colaboradores dediquen más tiempo a tareas de mayor valor estratégico. En este escenario, la tecnología no solo sustituye procesos, también puede ampliar las capacidades humanas.

México y Brasil concentrarían cerca de 75% del valor económico regional generado por la automatización. En el caso mexicano, aproximadamente una quinta parte estaría vinculada con la manufactura, debido al tamaño de su industria, su fuerza laboral y la presencia de cadenas globales de producción.

No obstante, este beneficio dependerá de cómo las empresas implementen la transformación. La automatización puede generar eficiencia, pero también profundizar desigualdades si únicamente beneficia a las organizaciones sin considerar el desarrollo profesional de quienes forman parte de ellas.

La brecha entre automatización y talento: el desafío de las habilidades en IA

Aunque la tecnología avanza rápidamente, la preparación de la fuerza laboral mexicana mantiene un ritmo más lento. La demanda de habilidades relacionadas con inteligencia artificial creció entre 2023 y 2025, pero todavía representa una proporción limitada del mercado laboral.

Actualmente, las vacantes que solicitan conocimientos de IA se acercan al 15% de las ocupaciones en México, aunque estas representan apenas 2.4% del empleo nacional. Esto muestra que la adopción de nuevas capacidades todavía no alcanza el ritmo al que avanzan las herramientas tecnológicas.

A nivel regional, la demanda de fluidez en IA aumentó casi 11 veces en ese periodo. Además, este crecimiento ya no se concentra únicamente en perfiles técnicos: cada vez más áreas administrativas, operativas y comerciales requieren personas capaces de utilizar herramientas inteligentes en sus actividades diarias.

La transformación laboral exige cambiar la idea de que aprender tecnología es responsabilidad exclusiva de especialistas. La inteligencia artificial comienza a integrarse en múltiples profesiones, por lo que desarrollar nuevas competencias será una necesidad transversal para trabajadores y organizaciones.

La responsabilidad empresarial frente a la automatización laboral

Ante este escenario, las empresas tienen un papel clave para construir una transición laboral responsable. Si la automatización permite aumentar la productividad, también debe convertirse en una oportunidad para fortalecer el talento humano mediante programas de capacitación, actualización y movilidad interna.

Las organizaciones que incorporen nuevas tecnologías deberán preguntarse qué ocurrirá con las personas cuyas tareas cambien. La respuesta no puede limitarse a reemplazar funciones, sino que debe considerar estrategias para que los colaboradores adquieran nuevas habilidades y puedan participar en los nuevos modelos de trabajo.

La capacitación continua será uno de los principales compromisos empresariales. Preparar a los equipos en competencias digitales, análisis de datos, pensamiento crítico y uso responsable de inteligencia artificial permitirá que la tecnología sea una herramienta de crecimiento y no una fuente de exclusión laboral.

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, la automatización plantea una nueva dimensión del cuidado hacia los colaboradores. Así como las compañías gestionan impactos ambientales o sociales en sus cadenas de valor, también deberán gestionar el impacto humano de la transformación tecnológica.

Más allá del reemplazo: trabajadores que colaboran con máquinas

Uno de los principales hallazgos del análisis es que la automatización cambiará la distribución de tareas dentro de muchos puestos, más que eliminar completamente las ocupaciones. Los trabajadores podrían asumir nuevas responsabilidades relacionadas con supervisar sistemas, interpretar información y tomar decisiones estratégicas.

De acuerdo con el estudio, 66% de las habilidades solicitadas por empleadores latinoamericanos se utiliza tanto en actividades automatizables como en aquellas que todavía dependen del criterio humano. Esto demuestra que la colaboración entre personas y tecnología será una característica central del futuro laboral.

Las capacidades relacionadas con bases de datos y procesamiento de información financiera tienen mayor exposición a la automatización. En contraste, aquellas vinculadas con interacción humana, empatía y resolución de situaciones inesperadas mantienen una menor posibilidad de sustitución.

El reto para las empresas será identificar qué habilidades humanas deben fortalecerse. La creatividad, comunicación, liderazgo, pensamiento crítico y capacidad de adaptación serán elementos esenciales en equipos donde las máquinas asumirán cada vez más tareas repetitivas.

Construir una transición tecnológica con enfoque social

La automatización no solo es un asunto tecnológico; también es un tema de responsabilidad empresarial. Las decisiones que tomen hoy las organizaciones definirán si esta transformación amplía oportunidades o genera nuevas brechas entre quienes tienen acceso a las habilidades del futuro y quienes quedan rezagados.

Las empresas deberán integrar la capacitación como parte de su estrategia de sostenibilidad y gestión de talento. Invertir en las personas permitirá reducir riesgos laborales, mejorar la adaptación al cambio y generar confianza durante los procesos de transformación digital.

Además, será necesario establecer políticas internas que acompañen la transición: diagnósticos de habilidades, planes de reskilling y upskilling, comunicación transparente y mecanismos para escuchar las inquietudes de los colaboradores.

La tecnología puede convertirse en un motor de progreso cuando está acompañada de una visión humana. La verdadera innovación no consiste únicamente en implementar nuevas herramientas, sino en asegurar que las personas puedan evolucionar junto con ellas.

El avance de las horas laborales automatizables en México representa una de las transformaciones más importantes para el futuro del trabajo. La posibilidad de generar miles de millones de dólares mediante tecnología abre una oportunidad económica relevante, pero también plantea preguntas sobre el papel de las empresas frente a sus colaboradores.

La automatización será inevitable, pero sus impactos no están predeterminados. La diferencia estará en la manera en que las organizaciones decidan implementarla: como un proceso centrado únicamente en eficiencia o como una estrategia responsable que combine innovación, productividad y desarrollo humano.

Preparar a las personas para trabajar junto con las máquinas será una de las principales responsabilidades empresariales de los próximos años. En este nuevo escenario, las compañías que logren equilibrar tecnología y talento estarán mejor posicionadas para construir un futuro laboral más competitivo e inclusivo.

“Negocio social”: cuando el marketing toma prestado un concepto técnico

Por Edgar López

Hace poco más de un año comenté una campaña del Dr. Simi porque me pareció un ejercicio notable de construcción simbólica. Recientemente, otra pieza del mismo grupo me volvió a llamar la atención.

En un spot que se escucha con mucha frecuencia en la radio nacional, Farmacias de Similares presenta la Simi Casa Museo —junto con su kiosco y el Café Simi— bajo una premisa que suena generosa y contundente:

“Es un negocio social porque ganan los que menos tienen”.

El anuncio explica que la Simi Casa Museo tiene tres objetivos: divertir, enseñar y ayudar. Señala que lo obtenido por entradas, kiosco y café se entregará a fundaciones enfocadas en personas con discapacidad, adultos mayores y mejoramiento del medio ambiente. Incluso menciona una primera entrega mínima de $300,000 tras un periodo experimental con entrada gratuita.

Hasta ahí, la iniciativa puede entenderse como una acción positiva: un espacio cultural que busca generar recursos para causas sociales. Sin embargo, el spot va más lejos. No solo comunica una donación o una iniciativa con causa; hace una distinción explícita entre dos tipos de negocios: los comerciales, donde gana el dueño, y los sociales, donde ganan quienes menos tienen.

Esa distinción es muy poderosa desde el punto de vista del marketing. En pocos segundos, la campaña no vende una entrada, un café o una visita al museo, sino una idea sobre la naturaleza del grupo: la existencia de negocios cuyo propósito sería generar beneficio para otros. Es una forma eficaz de convertir una iniciativa específica en un símbolo reputacional más amplio.

Ese es, quizás, el efecto más relevante a observar. Cuando una organización construye un atributo reputacional a partir de una unidad de negocio específica, ese atributo rara vez permanece contenido. Tiende a expandirse hacia el resto de la marca, incluyendo las operaciones comerciales de mayor escala que no comparten esa misma estructura. Es un mecanismo conocido en branding: el halo de una parte pequeña bien comunicada termina iluminando al conjunto.

No hay nada inherentemente indebido en ese efecto. Toda estrategia de marca busca, hasta cierto punto, que sus mejores atributos se generalicen. Pero cuando el atributo en cuestión es un término técnico como “negocio social”, el riesgo cambia de naturaleza: ya no es solo que una buena percepción se extienda, sino que una condición estructural específica —no distribuir dividendos, reinvertir el total de las utilidades— parezca aplicarse, por asociación, a un negocio que en realidad opera bajo una lógica distinta y mucho más grande.

El punto no es cuestionar el valor de la Simi Casa Museo. El punto es la palabra elegida para construir ese posicionamiento.

“Negocio social” no nació como un recurso publicitario. Es un concepto con desarrollo académico y empresarial, popularizado sobre todo por Muhammad Yunus, para referirse a empresas creadas con el propósito central de resolver un problema social, operar de manera financieramente sostenible y reinvertir sus utilidades para ampliar el impacto. No se trata únicamente de donar recursos; se trata de un modelo de negocio con una lógica, una estructura y una expectativa de rendición de cuentas distintas.

Por eso la diferencia importa. Una cosa es una empresa o una unidad de negocio que destina parte de sus ingresos o utilidades a causas sociales. Otra cosa es un negocio social. Ambas pueden ser valiosas, pero no significan lo mismo.

Quizá no necesitaba adoptar ese término para comunicarlo. Pudo llamarse, con la misma calidez y mayor precisión, “un negocio con causa”.

Esta discusión va más allá de un spot. En la comunicación con propósito ocurre algo cada vez más frecuente: conceptos que nacieron en el mundo del emprendimiento social, la sostenibilidad o la responsabilidad corporativa migran al lenguaje publicitario porque comunican bien, no siempre porque describan con exactitud lo que está ocurriendo. Ha pasado con palabras como economía circular, carbono neutral, regenerativo, comercio justo o impacto social.

El problema no suele ser la mala fe. El problema es que, cada vez que un concepto técnico se usa de manera laxa, pierde algo de su capacidad para significar. Y eso afecta especialmente a quienes sí operan bajo esos modelos con rigor.

Quizá esa sea la pregunta que vale la pena dejar sobre la mesa para quienes diseñamos comunicación con propósito: no solo si el mensaje emociona o si la campaña funciona, sino si la palabra que elegimos describe con precisión lo que la organización efectivamente es.

Porque cuando una campaña usa un concepto técnico para construir reputación, la creatividad ya no basta. También necesita precisión.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Cómo podría el cambio climático reducir el tamaño del cerebro de algunas especies?

0

Los océanos no solo regulan el clima del planeta, también albergan algunas de las formas de vida más sorprendentes que existen. Entre ellas destacan los calamares, animales capaces de resolver problemas, aprender de la experiencia y comunicarse mediante complejos cambios de color. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que estas extraordinarias capacidades podrían verse comprometidas por el aumento del dióxido de carbono en los mares.

Aunque durante años se ha hablado de la acidificación oceánica y de sus efectos sobre corales o moluscos, ahora la ciencia apunta hacia una consecuencia mucho más inquietante. Un estudio reciente sugiere que la exposición a altos niveles de CO₂ puede reducir significativamente el tamaño del cerebro de ciertas especies de calamar, ampliando el panorama de las consecuencias del cambio climático sobre la biodiversidad y los ecosistemas marinos.

Las sorprendentes habilidades de los calamares frente a las consecuencias del cambio climático

De acuerdo con un artículo de TIME, los calamares son considerados algunos de los invertebrados más inteligentes del planeta. Sus aproximadamente 375 especies habitan todos los océanos y destacan por su capacidad para navegar laberintos, coordinar estrategias de caza en grupo, reconocer personas e incluso recordar soluciones aprendidas para escapar de situaciones complejas.

Su cerebro posee un nivel de complejidad comparable, neurona por neurona, al de algunos mamíferos como los perros. Junto con pulpos y sepias, representan un ejemplo extraordinario de evolución cognitiva entre los invertebrados. Precisamente por ello, cualquier alteración en su sistema nervioso despierta una profunda preocupación entre la comunidad científica.

Un experimento revela una reducción cerebral alarmante

Para comprender cómo influye el aumento del dióxido de carbono en estos animales, investigadores de la Universidad de Acadia, en Canadá, y de la Academia Sinica, en Taiwán, criaron calamares de arrecife de aleta grande recién nacidos en dos ambientes distintos. Un grupo permaneció en agua con niveles actuales de CO₂ y otro fue expuesto a concentraciones proyectadas para el año 2100.

Tras 90 días de desarrollo, los científicos realizaron resonancias magnéticas a los ejemplares. Los resultados mostraron que los calamares expuestos al mayor nivel de dióxido de carbono presentaban un volumen cerebral 49 % menor que el del grupo de control. Las regiones más afectadas fueron los lóbulos ópticos y el tracto óptico, fundamentales para procesar la información visual y coordinar conductas esenciales.

Los investigadores todavía buscan explicar el mecanismo detrás de este fenómeno. Una de las hipótesis plantea que el cerebro no recibe suficiente energía durante el desarrollo, mientras que otra apunta al estrés oxidativo y a una posible atrofia cerebral derivada de las nuevas condiciones ambientales.

Consecuencias del cambio climático en la conducta y supervivencia de los calamares

Este hallazgo se suma a investigaciones previas que ya habían documentado alteraciones importantes en el comportamiento de estos animales. Un estudio publicado en Communications Biology mostró que apenas siete días de exposición a niveles elevados de CO₂ redujeron en un 65 % la actividad de caza de calamares adultos, mientras que los ejemplares expuestos desde el nacimiento cazaron 42 % menos durante sus primeros meses de vida.

Aunque los animales utilizados en el experimento no sobrevivieron para observar directamente sus cambios de conducta, los investigadores consideran probable que la disminución del volumen cerebral afecte su capacidad para tomar decisiones. Más que convertirlos en depredadores menos eficientes, podrían volverlos más indecisos al momento de alimentarse, reaccionar ante amenazas o interactuar con otros individuos.

Las implicaciones también alcanzan aspectos sociales. Los calamares dependen en gran medida de señales visuales para comunicarse y realizar rituales de apareamiento. Si las regiones cerebrales encargadas de interpretar estos estímulos continúan deteriorándose, podrían modificarse tanto la organización de sus poblaciones como sus posibilidades de reproducción.

Un llamado para proteger los océanos y su biodiversidad

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima que los océanos absorben cerca del 30 % del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas. Como consecuencia, la acidez del agua ha aumentado aproximadamente un 30 %, afectando ya a corales, ostras, caracoles marinos y numerosos organismos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.

Las proyecciones indican que la acidificación oceánica podría incrementarse entre un 100 % y un 150 % antes de finalizar este siglo. Si este escenario se cumple, especies altamente desarrolladas como los calamares podrían enfrentar alteraciones neurológicas similares a las observadas en laboratorio, ampliando aún más las consecuencias del cambio climático sobre la vida marina.

Para las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad, estos descubrimientos representan un recordatorio de que la reducción de emisiones no solo busca frenar el aumento de la temperatura global. También significa proteger procesos biológicos invisibles que sostienen la diversidad, la productividad de los océanos y el funcionamiento de cadenas alimentarias completas.

Durante décadas, el impacto del cambio climático sobre la biodiversidad se ha medido principalmente por la pérdida de hábitats o la disminución de poblaciones. Sin embargo, estudios como este muestran que las afectaciones pueden alcanzar incluso el desarrollo cerebral de especies altamente inteligentes, ampliando la comprensión de las consecuencias del cambio climático en niveles antes poco explorados.

La evidencia científica sigue revelando que los océanos responden de manera compleja al incremento del dióxido de carbono. Comprender estos procesos resulta indispensable para impulsar políticas públicas, estrategias empresariales y acciones de conservación que contribuyan a reducir las consecuencias del cambio climático, antes de que sus efectos transformen de forma irreversible la vida marina.