Sheinbaum habló del costo ambiental de crecer. ¿Qué dice su presupuesto?

Por Edgar López

Los discursos permiten saber cómo piensa un gobierno. Los presupuestos muestran qué ideas se convierten en prioridades.

Durante la conferencia del 14 de septiembre se hablaba de vivienda, inversión y empleo cuando Claudia Sheinbaum introdujo, sin que nadie le preguntara directamente por ello, el impacto ambiental del crecimiento.

“Hay todo un debate sobre el crecimiento y los impactos ambientales del crecimiento”, señaló.

La frase llamó mi atención porque no apareció en una conferencia sobre cambio climático ni como respuesta a una pregunta ambiental. Surgió al hablar de economía y de la diferencia entre crecimiento y desarrollo.

Se le había pedido explicar por qué el programa Vivienda para el Bienestar es importante para México. Sheinbaum pudo limitarse a las cifras de esa mañana: 1.8 millones de viviendas nuevas como meta sexenal, 667 mil ya contratadas, alrededor de 2.4 millones de empleos asociados y una inversión equivalente a cerca de 1.2% del PIB anual.

Pero se detuvo a cuestionar si crecer es suficiente. También señaló que existen corrientes de pensamiento que cuestionan la posibilidad de mantener una expansión económica indefinida frente a una huella ambiental cada vez mayor.

No estaba proponiendo el decrecimiento. La propia presidenta aclaró que México necesita crecer. Su planteamiento fue otro:

“El problema no solo es el crecimiento, sino la distribución de la riqueza”.

Su argumento fue que el PIB no basta para medir el progreso. Entre 2018 y 2024, explicó, millones de personas salieron de la pobreza a pesar del reducido crecimiento promedio del periodo. La diferencia estaría en el aumento de los salarios, los programas sociales, la inversión pública y una mejor distribución.

La lógica es clara: producir más no garantiza desarrollo si la riqueza no llega a más personas.

La mención ambiental permite llevar ese razonamiento un paso adelante: producir más tampoco garantiza desarrollo si para hacerlo se degradan ecosistemas, se agota el agua o se transfieren los costos a las siguientes generaciones.

Eso es lo que me parece relevante. La referencia sugiere que la agenda ambiental y los desafíos del cambio climático están presentes en la manera en que Sheinbaum piensa el desarrollo. No apareció como una consigna incorporada artificialmente a su respuesta, sino como una preocupación que surgió al hablar de economía.

Si crecer no basta para hablar de desarrollo, habría que observar dónde se colocan los recursos destinados a impulsarlo y cómo se incorporan sus costos ambientales.

¿Dónde están las apuestas para crecer?

Días antes, el Ejecutivo había presentado el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027.

Según la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión, el PPEF contempla 560 mil 173 millones de pesos. De esa cantidad, 255 mil 529 millones —45.6%— se dirigirían a Pemex y 150 mil 876 millones —26.9%— a proyectos ferroviarios.

Juntos concentran aproximadamente 72.5% de la inversión prioritaria.

Las obras hidráulicas de Conagua recibirían 22 mil 762 millones, alrededor de 4.1% del total.

Estas cifras permiten observar la apuesta de desarrollo económico del gobierno: energía, infraestructura ferroviaria, conectividad y agua.

No es posible determinar su impacto ambiental únicamente a partir de los montos. Los trenes pueden reducir emisiones frente a otros medios de transporte, pero también producen impactos territoriales durante su construcción. Pemex necesita recursos para mejorar su desempeño, controlar fugas y reducir emisiones, pero continúa siendo una empresa basada en hidrocarburos. La infraestructura hidráulica puede fortalecer la adaptación, aunque sus beneficios dependen del tipo de obra y de las comunidades atendidas.

El destino del dinero, por sí mismo, no resuelve la pregunta.

Lo decisivo sería saber si esas inversiones fueron evaluadas con la misma lógica expresada por Sheinbaum: no solamente cuánto crecimiento, producción o empleo generarán, sino qué huella ambiental dejarán y cómo será gestionada.

Ahí el presupuesto ofrece menos respuestas.

El gasto climático

El cambio climático sí aparece formalmente en el PPEF 2027. El Anexo 16 —Recursos para la Adaptación y Mitigación de los Efectos del Cambio Climático— contempla 160 mil 121 millones de pesos.

El Anexo 16 no constituye una bolsa adicional ni independiente. Es un instrumento transversal que identifica como climáticos recursos distribuidos en diferentes ramos y programas del presupuesto; por ello, algunas de las inversiones mencionadas anteriormente también pueden aparecer dentro de este anexo.

La cifra representa una reducción real de 27.57% frente a los 219 mil 372 millones de 2026 ajustados por inflación, de acuerdo con el Observatorio de Crisis Climática y Presupuesto Público en México.

El Economista 10 de septiembre de 2026
El Economista 10 de septiembre de 2026

La disminución necesita contexto. En 2026 se contabilizaron dentro del anexo grandes partidas de infraestructura ferroviaria, aeroportuaria y proyectos administrados por la Secretaría de la Defensa Nacional. Al reducirse esas asignaciones, cae también el monto total.

Algunos programas vinculados directamente con la adaptación incluso crecerían. La infraestructura de agua potable, alcantarillado y saneamiento pasaría de 1,850 millones de pesos ajustados en 2026 a 13 mil 577 millones en 2027.

Por ello sería simplista afirmar que toda la acción ambiental del gobierno se reducirá 27%.

La composición del anexo, sin embargo, deja preguntas. Cerca de 80% de sus recursos se concentra en cinco de 51 programas. La infraestructura ferroviaria absorbe alrededor de un tercio y Sembrando Vida una cuarta parte; en este último caso, su contribución climática necesita sustentarse con objetivos e indicadores específicos.

Pemex aparece con 10 mil 768 millones de pesos para infraestructura de hidrocarburos, reducción de emisiones y desempeño ambiental.

Estos programas pueden generar beneficios ambientales. El problema es que esa contribución debe demostrarse.

El presupuesto no permite identificar con suficiente claridad cuánto de cada asignación reducirá emisiones, protegerá ecosistemas o disminuirá la vulnerabilidad de las comunidades.

Lo que podemos inferir

Entonces, ¿el presupuesto sostiene la reflexión de la presidenta?

No de manera categórica. Y es que el PPEF reconoce el cambio climático, le asigna recursos y fortalece algunos componentes de adaptación. Pero reconocer un problema no significa convertirlo en el principio que organiza las decisiones.

Las mayores apuestas de inversión muestran que el gobierno busca impulsar el crecimiento principalmente mediante Pemex y la infraestructura ferroviaria. Entre ambos concentran 72.5% de los recursos incluidos en la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión.

Esa distribución no invalida por sí misma la preocupación ambiental. Los trenes pueden contribuir a una movilidad con menos emisiones y Pemex necesita reducir su impacto. Pero si la dimensión ambiental estuviera condicionando la estrategia de desarrollo, el presupuesto debería permitir identificar claramente qué proyectos favorecen la transición energética, qué huella producirán las grandes obras y qué resultados climáticos se esperan de cada inversión.

Eso no aparece con la misma claridad.

El gobierno ha definido mecanismos concretos para transformar el crecimiento en bienestar social: salarios, programas sociales, vivienda e inversión pública. En materia ambiental, en cambio, encontramos recursos etiquetados y posibles beneficios, pero no una lógica igualmente clara que condicione las principales apuestas económicas.

Por eso, el presupuesto no confirma la concepción de desarrollo que pareció asomarse en las palabras de Sheinbaum. Confirma que el gobierno tiene presente el cambio climático, pero también sugiere que la política ambiental sigue acompañando al modelo de crecimiento, no necesariamente dirigiéndolo.

La frase de la presidenta revela una brújula ambiental.

La distribución de los recursos indica que todavía no lleva el timón.


Fuentes


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Qué sabía L’Oréal? En Arizona acusan a la marca de ocultar riesgos de cáncer en sus alisadores

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Una demanda presentada en Arizona coloca a L’Oréal ante una nueva presión legal y reputacional por la seguridad de sus productos. La fiscal general del estado acusa a la compañía y a su filial estadounidense de haber ocultado información sobre los posibles riesgos de cáncer de útero y ovario asociados con algunos alisadores químicos para el cabello, utilizados principalmente por mujeres afroamericanas.

El caso parece aún más importante dado que no es un caso único. L’Oréal enfrenta más de 12,000 demandas similares en Estados Unidos. Aunque la empresa rechaza que exista una relación causal, el conflicto abre una discusión que va más allá de los tribunales: ¿qué responsabilidad tiene una compañía cuando existen señales científicas sobre los posibles riesgos de un producto que comercializa?

¿Qué acusa Arizona a L’Oréal?

La demanda fue presentada por la fiscal general de Arizona, Kristin Mayes, y convierte al estado en el primero de Estados Unidos en demandar a un fabricante por los supuestos riesgos de cáncer relacionados específicamente con alisadores para el cabello.

La acusación sostiene que L’Oréal y empresas asociadas comercializaron durante décadas productos como Dark & Lovely y Optimum sin advertir adecuadamente a las consumidoras sobre los posibles riesgos asociados con su uso. De acuerdo con el expediente, los productos prometen alisar permanentemente el cabello con textura y son utilizados principalmente por mujeres afroamericanas.

El gobierno de Arizona sostiene que la estrategia comercial de la compañía aprovechó presiones sociales y estándares de belleza que históricamente han afectado a las personas de ascendencia africana. Desde esta perspectiva, el caso no sólo involucra seguridad de producto, sino también una dimensión de discriminación y responsabilidad social: la demanda afirma que las ganancias fueron priorizadas sobre la seguridad de las consumidoras.

riesgos de cáncer en L'Oréal

¿Qué exige la demanda?

El estado solicita:

  • Sanciones e indemnizaciones contra L’Oréal.
  • Una orden judicial que impida continuar con la venta de los productos sin advertencias sobre los posibles riesgos de cáncer.
  • Medidas derivadas de las presuntas violaciones a las leyes estatales de protección al consumidor.

La disputa, por tanto, no se limita a determinar si algunas consumidoras tienen derecho a una compensación. También plantea si una empresa debería modificar la manera en que informa y comercializa un producto cuando existen investigaciones que señalan posibles efectos adversos.

Riesgos de cáncer en L’Oréal: ¿qué dice la evidencia científica?

Uno de los antecedentes centrales de las demandas es un estudio publicado en 2022 por los Institutos Nacionales de Salud. La investigación encontró que las mujeres que utilizaban productos para alisar el cabello varias veces al año tenían más del doble de probabilidades de desarrollar cáncer de útero frente a quienes no utilizaban estos productos.

El dato ayudó a detonar las primeras demandas contra fabricantes de alisadores. Sin embargo, es importante distinguir entre una asociación estadística y una relación causal comprobada. El hecho de que un estudio encuentre una mayor incidencia entre las usuarias no demuestra por sí mismo que el producto sea la causa directa del cáncer.

Esa es precisamente una de las principales defensas de L’Oréal. Un portavoz de L’Oréal USA señaló que la compañía confía en la seguridad de sus productos y considera que las acusaciones carecen de fundamento legal o científico. También afirmó que el estudio de 2022 no estableció una relación causal entre los productos y las enfermedades alegadas por las demandantes.

Esta diferencia será fundamental en el litigio. Pero desde una perspectiva de responsabilidad empresarial existe otra pregunta relevante: ¿una empresa debe esperar a que exista una causalidad científica definitiva para comunicar un posible riesgo a sus consumidores?

Más de 12,000 demandas ponen el caso en otra dimensión

La acusación de Arizona llega mientras L’Oréal enfrenta más de 12,000 demandas presentadas por mujeres y sus familias. Los casos han sido consolidados en un tribunal federal de Chicago mediante un procedimiento de litigio multidistrital, diseñado para administrar de manera más eficiente demandas que comparten cuestiones legales y fácticas.

Las demandantes buscan compensaciones por conceptos como dolor y sufrimiento, gastos médicos y el costo de los productos, entre otros daños que serán evaluados dentro de los procedimientos judiciales.

L’Oréal no es la única empresa involucrada. Las demandas también señalan a Revlon y otros fabricantes de productos alisadores. Revlon, al igual que L’Oréal, ha rechazado que exista una relación entre sus productos y el cáncer.

Según los registros judiciales citados en la información disponible, el litigio multidistrital continúa avanzando y los primeros juicios podrían comenzar el próximo año.

Por eso, hablar de riesgos de cáncer en L’Oréal no significa que exista actualmente una determinación judicial de que sus productos causen cáncer. Significa que la compañía enfrenta miles de reclamaciones basadas, entre otros elementos, en investigaciones que han identificado una asociación que las demandantes consideran suficientemente relevante para reclamar daños y exigir mayores advertencias.

riesgos de cáncer en L'Oréal

El problema de RSE: seguridad antes que reputación

El caso plantea una dimensión de RSE que a veces queda relegada frente a las acciones sociales o ambientales: la responsabilidad sobre los productos que una empresa pone en el mercado.

Una compañía puede desarrollar programas de diversidad, reducir emisiones o realizar inversiones sociales y, al mismo tiempo, enfrentar cuestionamientos sobre la seguridad de aquello que vende. Desde una perspectiva ESG, la responsabilidad corporativa también comienza con una pregunta básica: ¿el producto es seguro y la información que recibe el consumidor es suficiente para tomar una decisión informada?

En este caso pueden identificarse al menos cuatro dimensiones relevantes:

1. Seguridad del consumidor.
Las empresas tienen una responsabilidad directa de identificar, evaluar y gestionar los riesgos asociados con sus productos. Cuando existen investigaciones que señalan posibles efectos adversos, la gestión responsable requiere analizar el riesgo y determinar qué medidas de prevención corresponden.

2. Transparencia.
La discusión no sólo gira alrededor de lo que la empresa sabe, sino de lo que comunica. Si existe información relevante para que una persona evalúe si quiere utilizar un producto, ocultarla o minimizarla puede convertirse en un problema de confianza, además de una potencial controversia legal.

3. Debida diligencia.
La responsabilidad empresarial exige contar con mecanismos para monitorear evidencia científica, revisar ingredientes y evaluar continuamente los posibles impactos de los productos, incluso después de que estos llegan al mercado.

4. Equidad y grupos potencialmente afectados.
La demanda de Arizona introduce una cuestión adicional al señalar que los alisadores son utilizados principalmente por mujeres afroamericanas y vincular su comercialización con estándares de belleza discriminatorios. Si una población específica enfrenta una exposición desproporcionada a un posible riesgo, la empresa debe considerar esa dimensión dentro de su gestión de impactos.

Riesgos de cáncer en L’Oréal: la responsabilidad no termina en cumplir la ley

Uno de los principales aprendizajes empresariales del caso está en diferenciar cumplimiento legal de responsabilidad corporativa.

Que un producto pueda comercializarse legalmente no significa necesariamente que una empresa haya agotado sus obligaciones de RSE. La gestión responsable requiere anticipar riesgos, revisar nueva evidencia científica y comunicar de manera clara aquella información que pueda afectar las decisiones de los consumidores.

Esto es particularmente importante en industrias como la cosmética, donde la confianza constituye una parte esencial del valor de las marcas. Una persona compra un producto de belleza no sólo por su precio o eficacia: también deposita en la empresa una expectativa de seguridad.

riesgos de cáncer en L'Oréal

Por ello, las acusaciones contra L’Oréal pueden convertirse en un problema de reputación independientemente de cuál sea el desenlace judicial. Si los tribunales determinan que las compañías actuaron correctamente, la empresa tendrá elementos para defender su posición. Si, por el contrario, se demuestra que existía información relevante que no fue comunicada adecuadamente, el costo podría ir mucho más allá de las indemnizaciones.

¿Qué debería hacer una empresa ante una señal de riesgo?

El caso ofrece también una referencia para otras compañías que enfrentan incertidumbre científica sobre sus productos. Una política empresarial responsable debería contemplar:

  • Monitorear continuamente la evidencia científica relacionada con los productos y sus ingredientes.
  • Evaluar escenarios de riesgo, incluso cuando todavía no exista una relación causal definitiva.
  • Comunicar información relevante de manera comprensible para los consumidores.
  • Revisar advertencias, etiquetado y materiales de marketing cuando aparezcan nuevas señales de riesgo.
  • Establecer mecanismos independientes de evaluación que permitan cuestionar decisiones internas cuando esté en juego la seguridad.
  • Actuar bajo un principio preventivo cuando el posible impacto sobre la salud sea significativo.

La prevención no implica declarar culpable a una compañía antes de que exista evidencia suficiente. Implica reconocer que la gestión empresarial responsable debe ser capaz de actuar frente a la incertidumbre, especialmente cuando las consecuencias potenciales involucran la salud.

Un conflicto que puede definir la conversación sobre RSE en belleza

Los riesgos de cáncer en L’Oréal representan, por ahora, una controversia en proceso. La compañía niega que exista fundamento científico o legal para las acusaciones y los tribunales todavía tendrán que determinar las responsabilidades correspondientes.

Sin embargo, el caso ya plantea una cuestión relevante para la industria cosmética: la responsabilidad social de una marca no puede evaluarse únicamente por sus campañas de diversidad, sus compromisos ambientales o sus programas sociales. También debe medirse por la manera en que diseña, prueba, comercializa y supervisa los productos que millones de personas utilizan directamente sobre su cuerpo.

Para L’Oréal, el desafío no será únicamente responder a una demanda estatal o a miles de reclamaciones individuales. Será demostrar que sus mecanismos de investigación, prevención, transparencia y seguridad del consumidor están a la altura de las expectativas que genera una de las mayores compañías de belleza del mundo.

En materia de RSE, esa es quizá la pregunta más importante que deja el caso: cuando aparece una señal que podría afectar la salud de los consumidores, ¿cuánto riesgo está dispuesta una empresa a aceptar antes de actuar?

Lo mexicano se reinventa: Bachoco y PANAM dan segunda vida a sus espectaculares con nuevos tenis

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Bachoco y PANAM lanzaron una colaboración que transforma materiales de antiguos espectaculares en un nuevo producto de moda urbana. La edición especial une a dos marcas 100% mexicanas para crear un sneaker que combina identidad nacional, diseño y aprovechamiento de recursos. El proyecto forma parte de las acciones con las que ambas compañías celebran septiembre, mes patrio. Pero su propuesta va más allá de una colaboración de temporada. El material recuperado es parte esencial de la historia detrás del producto.

La iniciativa conecta la trayectoria de dos marcas que forman parte del imaginario mexicano. Bachoco cuenta con más de siete décadas de historia, mientras que PANAM nació en México en 1962 y sus siluetas clásicas se han mantenido vigentes durante generaciones. Para esta colaboración, ambas trasladaron sus códigos al modelo Meztli. El resultado es un sneaker que lleva el concepto “SOY MEXICANO ESPECTACULAR” del espacio publicitario a las calles.

¿Qué son los tenis Bachoco y PANAM y de qué están hechos?

Los tenis Bachoco y PANAM son una edición especial del modelo Meztli de PANAM, intervenido con elementos visuales de Bachoco. Uno de sus principales diferenciadores está en la suela, elaborada con material reciclado proveniente de espectaculares de la marca que ya habían terminado su periodo de exhibición.

El proceso comienza con la recuperación y procesamiento de estos materiales para incorporarlos al calzado. De esta manera, un soporte que originalmente fue utilizado para comunicar mensajes publicitarios adquiere una nueva función dentro de un producto diseñado para circular en otro contexto.

La transformación también aporta un componente narrativo al sneaker. Parte de lo que antes podía encontrarse en las calles como publicidad ahora forma parte de un objeto que puede utilizarse y conservarse.

¿Cómo reutiliza Bachoco sus antiguos espectaculares?

Los espectaculares de Bachoco forman parte de una identidad publicitaria reconocible para varias generaciones. Una vez concluido su periodo de exhibición, algunos de estos materiales fueron recuperados para evitar que su historia terminara junto con la campaña para la que fueron producidos.

En lugar de mantenerlos como materiales sin una función posterior, la colaboración con PANAM los incorpora a un nuevo ciclo de uso. El material procesado se convierte en parte de la suela del calzado, generando un producto con valor funcional y comercial.

“Darle una segunda vida a nuestros espectaculares y, al mismo tiempo, encontrar una nueva forma de estar cerca de la gente fue la combinación perfecta. Nos encanta acompañar a los mexicanos todos los días y esta vez quisimos hacerlo, literalmente, en cada paso”, comentó El Tío Bachoco.

¿Por qué esta colaboración se relaciona con la economía circular?

La propuesta representa un ejemplo de cómo los principios de economía circular pueden trasladarse a materiales utilizados en comunicación y marketing. Al recuperar elementos que terminaron su función original y convertirlos en componentes de un nuevo producto, se busca extender su aprovechamiento.

Este enfoque también cambia la conversación sobre los residuos generados por las campañas publicitarias. En lugar de considerar el material únicamente desde su disposición final, la iniciativa explora su potencial para integrarse nuevamente a una cadena de valor.

Para las estrategias corporativas de sostenibilidad, este tipo de proyectos resulta relevante porque conecta el aprovechamiento responsable de recursos con innovación y diseño. El objetivo no es únicamente reutilizar un material, sino encontrar una aplicación que le permita conservar valor.

¿Qué representa la colaboración entre Bachoco y PANAM?

La colaboración reúne dos marcas mexicanas con una larga presencia en la vida cotidiana. PANAM aporta su experiencia en el calzado hecho en México y el modelo Meztli, mientras Bachoco incorpora sus elementos visuales y materiales provenientes de sus antiguas carteleras.

La propuesta utiliza esa familiaridad para reinterpretar lo mexicano desde la moda urbana. En lugar de limitarse a una estética relacionada con septiembre, convierte la historia de ambas marcas en parte del producto.

Por ello, los tenis Bachoco y PANAM también fueron concebidos como una pieza especial y coleccionable. Su atractivo está tanto en el diseño como en el origen de los materiales utilizados para crearla.

Tenis Bachoco y PANAM: ¿cómo llevan la identidad mexicana a la moda?

La colaboración plantea que la identidad mexicana también puede expresarse a través de objetos cotidianos, marcas que han acompañado a distintas generaciones y materiales que forman parte de la memoria visual del país.

En este caso, un antiguo espectacular deja de ser únicamente un soporte publicitario y se convierte en parte de un sneaker. La transformación permite conectar nostalgia, diseño y aprovechamiento de recursos en una misma pieza.

Para Grupo Bachoco, la iniciativa forma parte de una visión de sostenibilidad que busca relacionarse con consumidores, colaboradores y comunidades desde una perspectiva de largo plazo. La colaboración con PANAM lleva esa visión a un terreno distinto: uno en el que la creatividad convierte un material con una historia previa en un nuevo producto con valor.

¿Microsoft escribe reglas para la IA?: crea código de conducta para mantener el control humano

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La inteligencia artificial avanza a una velocidad que comienza a plantear una pregunta difícil para las empresas: ¿quién pone los límites cuando una tecnología adquiere cada vez más autonomía? En este contexto, Microsoft presentó un borrador de código de conducta para la IA destinado a orientar el desarrollo de sus futuros modelos internos.

La propuesta llega en un momento de creciente preocupación dentro de la industria tecnológica. Días antes, los CEO de Anthropic y OpenAI habían insistido en la necesidad de moderar el desarrollo de la IA para garantizar su seguridad. Ahora Microsoft plantea que, antes de que los modelos sean más poderosos, también deben existir reglas claras sobre aquello que nunca deberían hacer.

Un código de conducta para la IA como “constitución” de Microsoft

De acuerdo con Reuters, Microsoft trabajó durante cinco o seis meses en el documento, que Mustafa Suleyman, director ejecutivo de Microsoft AI, describió como una especie de constitución para los futuros modelos de la compañía. La intención es establecer principios que puedan incorporarse desde el proceso de entrenamiento.

Uno de los puntos centrales es que una IA nunca debería resistirse a ser corregida o apagada. También tendría que comunicarse de manera comprensible para las personas y considerar cualquier infracción de las reglas de conducta como un fallo del sistema.

La lógica detrás de estas condiciones es sencilla, pero relevante: mientras mayor sea la capacidad de una IA para ejecutar tareas, mayor importancia tendrá garantizar que las personas puedan comprender, supervisar y detener sus acciones.

El control humano deja de ser una declaración y busca convertirse en regla

Microsoft resume su postura en una frase contundente: “Las personas importan más que la IA”. La declaración se relaciona con su visión de una “superinteligencia humanista”, en la que el desarrollo tecnológico debe permanecer subordinado a los intereses y decisiones humanas.

El documento también abre preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva. Entre ellas está hasta dónde debería respetar una IA los límites establecidos por un usuario y cómo tendría que comportarse cuando interactúa con una persona en una situación de vulnerabilidad.

Precisamente por eso, Microsoft abrió un periodo de seis semanas para recibir comentarios del público. La intención no es que el documento permanezca como una declaración corporativa, sino utilizarlo posteriormente como referencia para entrenar los modelos que desarrolle la compañía.

Microsoft y Anthropic parten de preguntas distintas

La propuesta de Microsoft tiene un antecedente importante en la industria: Anthropic desarrolló años atrás su propia “constitución” para Claude. Ambos planteamientos buscan establecer principios para orientar el comportamiento de los modelos, aunque existen diferencias significativas entre ellos.

Anthropic reconoce como una cuestión abierta la posibilidad de que Claude pudiera desarrollar sensibilidad o algún tipo de estatus moral. Microsoft adopta una postura mucho más definida: sostiene que sus sistemas no son conscientes y rechaza la búsqueda de personalidad jurídica para los modelos.

También descarta la idea de que una IA pueda llegar a merecer bienestar o derechos. Con ello, Microsoft delimita de manera explícita el lugar que sus modelos deberían ocupar dentro de su marco de desarrollo: herramientas poderosas, pero no entidades con intereses propios que deban anteponerse a los humanos.

El episodio de Hugging Face encendió otra señal de alarma

La urgencia de estas discusiones se hizo más evidente para Microsoft después de un episodio ocurrido en julio. Un enjambre de alrededor de 700 agentes de OpenAI realizó un ataque informático contra Hugging Face, plataforma de código abierto, y en algunos momentos intentó borrar sus huellas.

Para Suleyman, el incidente representa una señal de alarma sobre lo que puede ocurrir cuando sistemas capaces de actuar de manera coordinada reciben tareas complejas. El problema ya no se limita a si una IA puede generar una respuesta incorrecta, sino a qué puede hacer cuando tiene capacidad para ejecutar acciones.

Desde la perspectiva de responsabilidad social, este cambio resulta especialmente relevante. La discusión comienza a desplazarse de la precisión de los modelos hacia asuntos como supervisión, rendición de cuentas, límites de autonomía y mecanismos de intervención humana.

¿Puede un código de conducta para la IA controlar una tecnología que cambia tan rápido?

Microsoft considera que el momento exige coordinación entre los grandes laboratorios de IA. Suleyman planteó que ha llegado la hora de asegurarse de que existe control sobre esta tecnología y llamó a la industria a tomarse un respiro para mantener abierta la conversación sobre sus riesgos.

El desafío será convertir principios generales en comportamientos verificables. Decir que una IA debe aceptar ser apagada, respetar límites humanos o actuar de forma comprensible es relativamente sencillo; garantizar que esas condiciones se mantengan cuando los sistemas sean más autónomos y capaces constituye una tarea mucho más compleja.

Por eso, el valor del código de conducta para la IA no dependerá únicamente de las frases que incluya, sino de cómo Microsoft consiga traducirlas en entrenamiento, pruebas, supervisión y mecanismos concretos de control. También será relevante saber qué cambios incorpora después de escuchar al público y a los especialistas.

La iniciativa de Microsoft muestra que la conversación sobre inteligencia artificial está entrando en una etapa distinta. Ya no se trata únicamente de desarrollar modelos más rápidos, precisos o capaces, sino de decidir bajo qué condiciones deberían operar y qué límites no tendrían que cruzar.

En ese escenario, establecer reglas antes de que las capacidades de los sistemas aumenten todavía más puede ser una forma de anticiparse al problema. El verdadero reto será demostrar que esas reglas pueden mantenerse vigentes cuando la tecnología avance. Porque si la premisa es que las personas importan más que la IA, el control humano tendrá que ser algo más que una declaración: deberá convertirse en una condición estructural de su desarrollo.

Los 10 líderes en sostenibilidad que están transformando a sus empresas

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La sostenibilidad empresarial depende cada vez más de quienes tienen la capacidad de convertir los compromisos ambientales y sociales en decisiones concretas. Frente al aumento de los desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos, los líderes en sostenibilidad ocupan un lugar estratégico dentro de las organizaciones, pues sus decisiones pueden influir en operaciones, cadenas de suministro, innovación y modelos de negocio. Reconocer sus trayectorias permite observar qué capacidades están detrás de algunas de las transformaciones corporativas más relevantes y qué acciones están marcando el rumbo hacia operaciones más responsables.

Por ello, esta vez te presentamos a los principales líderes en sostenibilidad identificados por Sustainability Magazine en su clasificación de 2026. La publicación seleccionó a estas figuras después de presentar su lista de los 250 principales líderes en sostenibilidad del año, destacando a ejecutivos que están impulsando estrategias ambientales, sociales y de transformación empresarial desde compañías de alcance global. Del avance hacia las cero emisiones netas al abastecimiento responsable y la economía circular, sus responsabilidades muestran que la sostenibilidad ya está vinculada con decisiones centrales del negocio.

Los 10 líderes en sostenibilidad que están transformando a sus empresas

1. Jim Andrew, PepsiCo: llevar la sostenibilidad al centro de las decisiones

Jim Andrew ocupa el primer lugar de esta clasificación y lidera las iniciativas de sostenibilidad de PepsiCo, una de las mayores empresas mundiales de alimentos y bebidas. Su perfil combina más de 35 años de experiencia en estrategia empresarial e innovación, con una trayectoria que incluye posiciones de liderazgo en Boston Consulting Group, Royal Philips y Sears. Desde esta posición, su principal aportación consiste en impulsar una visión en la que la sostenibilidad no funciona como un esfuerzo aislado, sino como parte del proceso central de toma de decisiones de la compañía.

Una de las expresiones más relevantes de este enfoque es pep+, el proyecto mediante el cual PepsiCo integra la sostenibilidad y el progreso social en el núcleo de su operación. Los resultados reportados muestran una reducción de 24% en las emisiones de Alcance 1 y 2 respecto a la línea base de 2022, mientras que las emisiones de Alcance 3 vinculadas con actividades energéticas e industriales disminuyeron 12% y las relacionadas con bosques, tierra y agricultura lo hicieron 18%. Además, 96% de la electricidad utilizada en sus operaciones propias a nivel mundial provino de fuentes renovables, equivalente a unos 4,300 GWh. Para los líderes en sostenibilidad, este caso muestra la importancia de conectar los objetivos ambientales con la transformación integral del negocio.

2. Kate Brandt, Google: convertir la sostenibilidad en una estrategia transversal

Kate Brandt ocupa el segundo puesto y tiene bajo su responsabilidad la sostenibilidad de las operaciones, productos y cadenas de suministro globales de Google. Desde que llegó a la compañía en 2015, ha trabajado con áreas como centros de datos, bienes raíces, cadena de suministro y desarrollo de productos para extender los criterios de sostenibilidad a diferentes partes de la organización. Su experiencia resulta especialmente relevante porque antes de llegar al sector tecnológico fue la primera directora federal de sostenibilidad de Estados Unidos, desde donde supervisó estos esfuerzos en las operaciones gubernamentales.

Su trayectoria también incluye posiciones de alta responsabilidad en el Departamento de Energía, la Casa Blanca y la Marina estadounidense, además de su participación en el consejo de administración de National Geographic Society y como copresidenta del Consejo Asesor de Overture Ventures. La dimensión de su experiencia ayuda a entender por qué su trabajo en Google trasciende una sola iniciativa ambiental: su función abarca infraestructura, productos y cadenas de suministro. Para los líderes en sostenibilidad, esta visión transversal resulta clave, especialmente en empresas tecnológicas cuya huella ambiental depende de instalaciones, infraestructura digital, adquisiciones y decisiones de diseño.

3. Kathleen McLaughlin, Walmart: sostenibilidad desde la cadena de suministro y las comunidades

Kathleen McLaughlin ocupa el tercer lugar de la clasificación y trabaja en Walmart para impulsar la sostenibilidad del comercio y de las cadenas de suministro, además de promover la resiliencia de las comunidades. Su responsabilidad se complementa con la presidencia del Consejo de Administración de la Fundación Walmart y con una trayectoria de más de una década al frente de esta organización. Se incorporó a Walmart en 2013, después de más de 20 años en McKinsey & Company, donde dirigió las prácticas de Comercio Minorista y Transformación Organizacional.

Su trabajo conecta la sostenibilidad con productos de uso cotidiano y con la atención de necesidades sociales. Entre sus responsabilidades se encuentra mejorar la sostenibilidad de los alimentos, la ropa y otros productos, al mismo tiempo que Walmart canaliza donaciones de alimentos hacia personas que los necesitan. Esta combinación resulta significativa porque coloca la sostenibilidad en dos dimensiones estrechamente relacionadas: la manera en que se producen y comercializan los bienes y el impacto que una empresa puede generar en las comunidades donde opera. Como ha señalado McLaughlin, para Walmart la sostenibilidad es fundamental para cumplir su propósito de ayudar a las personas a ahorrar dinero y vivir mejor.

4. Melanie Nakagawa, Microsoft: tecnología, agua y acción climática

Melanie Nakagawa ocupa el cuarto lugar y lidera la estrategia de sostenibilidad de Microsoft. Su formación en derecho se complementa con experiencia en el sector público y privado: antes de incorporarse a Microsoft pasó por la Casa Blanca durante la administración de Joe Biden, el Departamento de Estado durante la presidencia de Barack Obama, el Centro de Política Energética Global y Princeville Capital, una firma de inversión enfocada en inteligencia artificial. Esta combinación de experiencia pública, política energética, tecnología e inversión aporta una perspectiva amplia a los objetivos ambientales de una de las mayores compañías tecnológicas.

Microsoft se ha fijado objetivos particularmente ambiciosos: alcanzar emisiones negativas de carbono para 2030 y, para 2050, eliminar todas sus emisiones históricas, conseguir cero residuos y convertirse en una empresa con balance hídrico positivo. El informe ambiental de 2026 destaca tecnologías de refrigeración que reducen el consumo de agua, sistemas de captación de lluvia y una mejora de 25% en la eficiencia del uso del agua desde 2022. Además, la compañía repuso más de 14.2 millones de metros cúbicos de agua, superando por primera vez sus extracciones globales, y su Fondo de Innovación Climática de 1,000 millones de dólares convirtió una inversión de 800 millones en proyectos por 12,000 millones. El trabajo de Nakagawa muestra así cómo los líderes en sostenibilidad pueden vincular metas ambientales de largo plazo con innovación y asignación de capital.

5. Alastair Child, Mars: transformar las cadenas de valor desde el abastecimiento

Alastair Child ocupa el quinto lugar y lidera la estrategia de sostenibilidad de Mars tanto en sus operaciones globales como a lo largo de su cadena de valor. Su relación con la compañía supera las dos décadas y durante ese tiempo ha desempeñado funciones vinculadas con liderazgo comercial, abastecimiento sostenible, sostenibilidad del cacao, programas globales y alianzas estratégicas. Antes de asumir su posición actual en 2025, fue director de Sostenibilidad de Mars Wrigley, desde donde trabajó para integrar la sostenibilidad en diferentes áreas de la empresa y en sus cadenas de suministro.

Su experiencia refleja una aproximación a la sostenibilidad que va más allá de las operaciones directas de una compañía. Entre sus principales áreas de trabajo están la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el abastecimiento libre de deforestación, la mejora de los medios de vida de los agricultores y el desarrollo de soluciones de embalaje circulares. Además, al comienzo de su carrera trabajó directamente con comunidades y organizaciones de desarrollo en regiones productoras de cacao de África Occidental, y posteriormente participó en iniciativas de conservación, educación y desarrollo comunitario. Su trayectoria permite observar por qué los líderes en sostenibilidad tienen un papel decisivo cuando los impactos ambientales y sociales se encuentran distribuidos a lo largo de toda una cadena de valor.

6. Kara Hurst, Amazon: sostenibilidad desde las operaciones y la cadena de suministro

Kara Hurst ocupa el sexto lugar entre los líderes en sostenibilidad reconocidos por Sustainability Magazine y se desempeña como vicepresidenta global de Sostenibilidad de Amazon, posición que ocupa desde hace 12 años. Desde ella dirige iniciativas relacionadas con sostenibilidad y responsabilidad social que abarcan operaciones, transporte, energía libre de carbono, productos, empaques y compras. Su trabajo muestra que la estrategia ambiental no puede limitarse a compensar impactos, sino que debe incorporarse en las decisiones que sostienen el funcionamiento cotidiano de una compañía global.

Uno de los principales enfoques de Hurst ha sido regionalizar las operaciones logísticas para reducir las emisiones asociadas con el transporte, además de impulsar soluciones de empaque más sostenibles. Su trayectoria, que también incluye experiencia en política pública, gobierno, organizaciones sociales y estrategia global, le permite abordar la sostenibilidad desde distintas perspectivas. El alcance de su responsabilidad refleja una tendencia relevante para las empresas: integrar clima, cadena de suministro, economía circular y responsabilidad social bajo una misma visión estratégica.

7. Pam Cheng, AstraZeneca: conectar la salud del planeta con la salud humana

En el séptimo puesto aparece Pam Cheng, vicepresidenta ejecutiva de Operaciones Globales y Tecnologías de la Información, además de directora de Sostenibilidad de AstraZeneca. Su responsabilidad combina la operación de una compañía farmacéutica global con objetivos ambientales que buscan garantizar que los medicamentos lleguen a quienes los necesitan sin desvincular esta misión de los desafíos climáticos. Para Cheng, la relación entre salud humana y salud del planeta forma parte de una misma agenda empresarial.

Su trabajo se vincula con Ambition Zero Carbon, estrategia mediante la cual AstraZeneca plantea reducir 50% sus emisiones de alcance 3 para 2030 y 90% para 2045. A comienzos de 2026, la compañía reportó una reducción de 98% en sus emisiones de alcance 1 y 2 respecto de 2015, mientras que también había plantado 200 millones de árboles como parte de su aspiración de ser carbono negativa para 2030. Cheng también impulsa la colaboración con proveedores mediante conferencias anuales y la recopilación de información climática.

8. Ann Tracy, Colgate-Palmolive: convertir la sostenibilidad en transformación operativa

Ann Tracy ocupa el octavo lugar y reúne más de tres décadas de experiencia internacional en operaciones, cadenas de suministro, estrategia empresarial y transformación. En Colgate-Palmolive ha participado en la construcción de cadenas de suministro integrales y en procesos relacionados con costos, crecimiento, sucesión, riesgos y gobernanza. Su trayectoria resulta relevante porque coloca la sostenibilidad junto a funciones tradicionalmente asociadas con el desempeño financiero y operativo, en lugar de tratarla como una actividad independiente.

Además de su responsabilidad dentro de Colgate-Palmolive, Tracy preside la junta de UN Global Compact Network USA y forma parte del comité directivo del GHG Protocol. Estas posiciones amplían el alcance de su trabajo hacia la construcción de estándares y prácticas empresariales relacionadas con el clima. Su perfil muestra cómo los líderes en sostenibilidad pueden influir tanto dentro de sus organizaciones como en los espacios donde se definen las reglas y expectativas que orientan al sector privado.

9. Ewan Andrew, Diageo: integrar sostenibilidad, abastecimiento y crecimiento

Ewan Andrew ocupa el noveno lugar de la clasificación y tiene una particularidad importante: su responsabilidad en sostenibilidad está estrechamente vinculada con la cadena de suministro y las adquisiciones globales de Diageo. Con 24 años dentro de la compañía, ha desarrollado una trayectoria que combina operaciones, ingeniería, compras y estrategia. Desde 2019 participa en la dirección de esta agenda, con responsabilidad sobre operaciones globales, aspectos técnicos, ingeniería, cadena de suministro y procurement.

Andrew también lidera Spirit of Progress, la estrategia de Diageo orientada a promover una sociedad más inclusiva y sostenible. Su trabajo incorpora tanto el consumo responsable como la sostenibilidad ambiental, mostrando que las decisiones sobre cómo producir, abastecer y distribuir productos tienen una relación directa con los objetivos ESG. Su inclusión entre los líderes en sostenibilidad destaca precisamente la necesidad de llevar esta agenda a los procesos que determinan el funcionamiento y la escala de una empresa.

10. Cassandra Garber, General Motors: liderazgo ante una nueva etapa de la sostenibilidad corporativa

Cassandra Garber ocupa el décimo lugar de la clasificación de Sustainability Magazine y lidera iniciativas de sostenibilidad en uno de los principales fabricantes de automóviles. Se incorporó a General Motors en abril de 2025, después de desarrollar una trayectoria profesional en empresas como Dell, McKesson, 3M y Coca-Cola. Su experiencia le ha permitido observar la evolución de las agendas corporativas de sostenibilidad y diversidad, y trasladar ese aprendizaje a una industria que enfrenta transformaciones profundas.

La publicación destaca de su liderazgo cualidades como la agilidad, la determinación y la capacidad de actuar con elegancia frente a cambios complejos. Más allá de una iniciativa específica, su incorporación a GM representa la necesidad de contar con perfiles capaces de conectar sostenibilidad con transformación empresarial. En industrias sometidas a grandes cambios tecnológicos, regulatorios y sociales, el reto para los líderes en sostenibilidad consiste precisamente en convertir estos desafíos en decisiones concretas que contribuyan a la evolución del negocio.

¿Qué tienen en común estos líderes en sostenibilidad?

Los diez perfiles seleccionados por Sustainability Magazine muestran que el liderazgo en sostenibilidad está cada vez más relacionado con las funciones centrales de una empresa. Desde la cadena de suministro y las compras hasta la tecnología, las operaciones, la energía, el abastecimiento y la innovación, estos ejecutivos intervienen en áreas donde se toman decisiones capaces de modificar la huella ambiental y social de grandes organizaciones. La sostenibilidad, en este sentido, deja de depender únicamente de programas aislados y adquiere una dimensión estratégica.

El valor de reconocer a estos líderes en sostenibilidad está justamente en observar cómo sus responsabilidades se conectan con la transformación de sus compañías. Sus trayectorias sugieren que avanzar en ESG requiere algo más que establecer metas: implica incorporarlas a la operación, medir resultados, involucrar a proveedores y colaboradores y sostenerlas desde la alta dirección. Para las empresas, el desafío no es únicamente contar con un responsable de sostenibilidad, sino darle capacidad para influir en las decisiones que definirán el negocio del futuro.

Alimentación y dignidad: el apoyo de Corporativo Kosmos a Casa Xochiquetzal

Para algunas mujeres que ejercieron el trabajo sexual, los años pueden transcurrir entre el estigma, el rechazo y la falta de redes familiares o sociales capaces de acompañarlas cuando más lo necesitan. Al llegar a una edad avanzada, esta situación puede traducirse en escenarios de abandono, precariedad e incluso vida en calle, sin recursos suficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación, atención médica o un lugar seguro donde vivir. 

En medio del Centro Histórico de la Ciudad de México existe un espacio que busca cambiar ese destino. Se trata de Casa Xochiquetzal, un proyecto para atender a mujeres mayores que vivieron trabajo sexual, muchas de ellas excluidas de sus familias y de la sociedad. Hoy, sus residentes encuentran ahí vivienda, alimentación y acompañamiento para vivir esta etapa con mayor seguridad. 

Mantener un espacio de estas características no sería posible sin el respaldo de organizaciones que reconocen las necesidades de esta población. Entre ellas se encuentra Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, que, a través de su brazo social, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), ha respaldado la labor de Casa Xochiquetzal durante varios años mediante la donación de insumos alimentarios indispensables para las mujeres adultas mayores que viven allí. 

¿Qué es Casa Xochiquetzal y a quiénes apoya? 

El origen de Casa Xochiquetzal está relacionado con una realidad que durante años permaneció prácticamente fuera de la mirada pública. En 2005 surgió una propuesta de trabajadoras sexuales para atender las precarias condiciones en las que vivían mujeres de la tercera edad en la zona de La Merced. La iniciativa fue planteada ante Martha Lamas, Elena Poniatowska y Jesusa Rodríguez como una respuesta a una problemática que no podía seguir siendo ignorada. 

En aquella época, muchas de estas mujeres no contaban con servicios de salud y obtenían ingresos mínimos por su trabajo. La falta de recursos las colocaba ante decisiones tan difíciles como elegir entre comprar alimentos o pagar un cuarto para pasar la noche. Algunas terminaban durmiendo entre pedazos de cartón o comiendo de desperdicios. 

Fue en este contexto que, en 2006, nació Casa Xochiquetzal como un albergue con una misión asistencial dirigida a mujeres trabajadoras sexuales de la tercera edad, de escasos recursos o en riesgo de vivir en la calle. 

mujeres mayores que vivieron trabajo sexual 

El espacio no se limita a proporcionar un techo. Su labor contempla la atención de necesidades básicas como alimentación y vivienda, así como servicios de asistencia médica y psicológica, asesoría jurídica, orientación social, apoyo para servicios funerarios y promoción de los derechos humanos. 

La casa se encuentra en la colonia Centro Oriente, en la zona comprendida entre Tepito y La Merced, una región identificada por sus condiciones de alta marginalidad. En este sentido, la vulnerabilidad de las mujeres que atiende se relaciona no solamente con su edad o situación económica, sino también con el estigma que históricamente ha acompañado al trabajo sexual. 

Jesica Vargas, directora de Casa Xochiquetzal, ha explicado que esta percepción social también dificulta conseguir los recursos necesarios para mantener el proyecto: 

“Desde que se fundó la casa ha sido muy difícil darle mantenimiento justamente por el estigma que conlleva del trabajo sexual”. 

¿Cómo ayuda Corporativo Kosmos a las mujeres mayores que vivieron trabajo sexual? 

Frente a esta realidad, Corporativo Kosmos, bajo la dirección de Jack Landsmanas Sten, ha puesto parte de sus capacidades al servicio de una organización que atiende de manera directa a esta población. 

A través de la Fundación Pablo Landsmanas, la compañía proporciona de manera permanente insumos alimentarios para cubrir las necesidades nutrimentales de las residentes de Casa Xochiquetzal. Aunque puede tratarse de una aportación vinculada con una necesidad básica, su continuidad resulta relevante para un espacio cuya labor depende también de contar con recursos suficientes para sostener la atención cotidiana de sus habitantes. 

Para Casa Xochiquetzal, garantizar la alimentación permite concentrar esfuerzos y recursos en otras necesidades de las mujeres que viven en el albergue, como la atención médica, psicológica, jurídica y las actividades de convivencia. 

De esta manera, la colaboración entre Corporativo Kosmos, la Fundación Pablo Landsmanas y Casa Xochiquetzal atiende una necesidad concreta y contribuye a que las residentes puedan acceder de forma constante a uno de los elementos indispensables para su bienestar. 

mujeres mayores que vivieron trabajo sexual 

¿Por qué las trabajadoras sexuales retiradas necesitan ayuda? 

Las mujeres mayores que vivieron del trabajo sexual pueden enfrentar una combinación de factores que profundiza su vulnerabilidad: edad avanzada, precariedad económica, ausencia de redes familiares y sociales, discriminación y estigma. 

En algunos casos, estas condiciones se acumulan durante décadas hasta llegar a una etapa en la que resulta todavía más difícil generar ingresos o acceder a servicios de salud y otros mecanismos de protección social. 

La situación también tiene una dimensión relacionada con los derechos humanos. Casa Xochiquetzal señala que la invisibilidad de estas mujeres ante la sociedad y las autoridades puede reducir o incluso nulificar el acceso a servicios a los que tienen derecho. Esta falta de reconocimiento puede dejarlas expuestas a violencia física, psicológica y emocional, tanto en el ámbito social como familiar. 

Por ello, el trabajo del albergue busca ir más allá de resolver necesidades inmediatas. Su propósito también contempla promover los derechos humanos, evitar la discriminación y generar condiciones que permitan a sus residentes vivir con mayor seguridad y autonomía. 

Una causa poco visible que necesita aliados 

Uno de los principales retos de Casa Xochiquetzal es que atiende a una población que históricamente ha permanecido fuera de muchas conversaciones sobre envejecimiento, pobreza y abandono. En este escenario, Corporativo Kosmos contribuye mediante una capacidad directamente relacionada con su propia operación: la alimentación. A través de la Fundación Pablo Landsmanas, la empresa canaliza insumos alimentarios hacia Casa Xochiquetzal para apoyar de manera constante a las mujeres que viven en el albergue. 

Así, este respaldo a las mujeres mayores que vivieron trabajo sexual no solamente representa la donación de alimentos. También significa contribuir a la labor de un espacio que, desde hace dos décadas, busca que una población marcada por la exclusión y el estigma pueda vivir su vejez con mayor protección, acompañamiento y dignidad. 

La campaña de Sydney Sweeney para Novig desde la responsabilidad corporativa

Por Luis Maram

Hace unos días, la plataforma de mercados de predicción Novig lanzó “Just Sports”, una campaña con un comercial de un minuto protagonizado por Sydney Sweeney. En él, la actriz aparece desnuda cubriéndose con balones de fútbol americano, hombreras de hockey y equipo de básquetbol, mientras repite frases como “Novig is just sports” y “You can’t trade this, I just look good here”. El video se volvió viral en cuestión de horas con millones de reproducciones en todas las plataformas sociales. En contraparte, también desató una ola de críticas… pero ¿por qué es ta polémico el anuncio de Sydney Sweeney para Novig?

Muchos de los señalamientos en contra tuvieron mucho peso porque provienen de atletas mujeres y olímpicas, que calificaron la campaña de “hipersexualizada” y “dañina” para las mujeres en el deporte. Incluso una gran cantidad de mujeres jóvenes se han manifestado en redes sociales señalando que este tipo de comerciales es una de las razones por la que no se sienten a gusto en un gimnasio o practicando otros deportes.

OK, entendemos esa parte, pero ¿eso basta para levantar tanto revuelo? No. El problema es mucho más sofisticado.

Lo que distingue este caso de una campaña publicitaria común es un hecho que nadie vio venir: Sweeney no solo cobró por aparecer. Al parecer ella misma se acercó a Novig interesada en un acuerdo de participación accionaria (equity), y hoy es socia estratégica y accionista de la compañía. Según el CEO Jacob Fortinsky, ella participó activamente en el desarrollo creativo y en el mensaje de la campaña. No es una modelo contratada sin voz: es, en sus propias palabras a Complex, alguien que quiso “meterse en los detalles” del negocio, no solo prestar su rostro.

Esa situación específica —que sea una mujer con poder de decisión y participación financiera real y no una figura cosificada por terceros— es exactamente lo que vuelve este caso ultra polémico.

¿Por qué algunas personas señalan como retroceso la campaña de Sweeney y Novig?

Para entender por qué esta campaña genera tanto ruido, hay que mirar la curva de las últimas dos décadas. Del 2000 a principios de los 2020, una combinación de fuerzas —el movimiento #MeToo, la consolidación de la responsabilidad social corporativa (RSC), los marcos de sostenibilidad ligados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, y una presión regulatoria y reputacional creciente— produjo una caída medible en la publicidad que explotaba abiertamente el cuerpo femenino como gancho comercial.

El caso de Abercrombie & Fitch es quizás uno de los ejemplos más ilustrativos de ese arco completo. La marca construyó buena parte de su identidad en los años 90 y 2000 sobre un imaginario hipersexualizado: catálogos con desnudos, políticas de contratación basadas explícitamente en la apariencia física, y una estética que convertía el cuerpo joven y delgado en la mercancía real detrás de la ropa. Ese modelo colapsó en dos tiempos: primero, en 2014, con la salida de su CEO Mike Jeffries tras años de crítica pública; después, en 2023, con el documental Cautivos de Abercrombie & Fitch, que destapó denuncias de explotación sexual sistemática ligadas directamente a esa cultura de casting. La marca tuvo que reinventarse casi por completo para sobrevivir.

#MeToo, en paralelo, demostró que el costo reputacional de ese tipo de cultura ya no era abstracto: tumbó carreras completas —Harvey Weinstein, Matt Lauer, Louis C.K.— y obligó a industrias enteras a revisar cómo trataban el cuerpo femenino en su comunicación y en sus prácticas internas.

Para 2020-2021, buena parte del marketing mainstream había migrado hacia narrativas de empoderamiento, diversidad corporal y “female gaze” como estrategia deliberada de posicionamiento. No era necesariamente una transformación profunda en cada empresa, pero sí un cambio de cálculo de riesgo: cosificar salía caro.

El repliegue de DEI y la ventana que se abre

Ese pico, sin embargo, no se sostuvo indefinidamente. A partir de esta década, el andamiaje de diversidad, equidad e inclusión (DEI) que sostenía buena parte de ese cambio cultural corporativo entró en un repliegue acelerado. Empresas como Meta, Target y McDonald’s recortaron o desmantelaron programas de DEI, citando en algunos casos fatiga interna por resultados poco medibles o percepción de exceso burocrático, y en otros, el nuevo clima regulatorio: las órdenes ejecutivas de enero de 2025 que eliminaron requisitos de DEI en contratos federales generaron un efecto dominó. Todo esto sumado a un exceso de corrección social que provocó el hartazgo.

Es precisamente en esa ventana donde Sydney Sweeney encontró su momento con American Eagle en 2025, con una campaña que muchos leyeron como un guiño incómodo a códigos raciales, pero que la mantuvo en boca de todo el mundo durante semanas.

Con ese precedente probado, la apuesta se dobló con Novig y nos hace pensar que no es un accidente cultural y sí una decisión calculada. La estética de “Just Sports” —el cuerpo desnudo como argumento visual central, la repetición casi publicitaria de los años 90 tipo Calvin Klein o American Apparel— no es casual ni ingenua. Es un regreso consciente a un lenguaje visual que el propio mercado había castigado durante casi una década, ejecutado en el momento exacto en que ese castigo dejó de ser tan probable.

La paradoja de la autocosificación empoderada

Todo este contexto hace que el caso se vuelve incómodo para el propio feminismo corporativo. No es un caso más de “otra celebridad se desnuda por dinero”. No es tan sencillo. Ella tomó el control. Existe una corriente dentro del pensamiento feminista conocida como choice feminism —el feminismo de la elección— que sostiene que si una mujer con poder real, control creativo y participación financiera decide desnudarse y capitalizar comercialmente su propio cuerpo, esa decisión es en sí misma un ejercicio de la libertad por la que se luchó. Bajo esa lógica, Sweeney no traiciona nada: ejerce exactamente la agencia que el movimiento buscaba garantizarle.

Pero pensadoras como Nancy Fraser y Susan Bordo han señalado la grieta de ese argumento: ninguna elección individual ocurre en el vacío. Si el mercado sigue premiando desproporcionadamente la exposición del cuerpo femenino por encima de casi cualquier otra forma de talento o mérito —si ese sigue siendo el camino más eficiente hacia el equity, los contratos y la atención global—, entonces “elegir” activar esa palanca no demuestra que la estructura de poder haya cambiado. Demuestra que sigue intacta; lo único que cambió es quién tiene la mano sobre el botón.

Dicho de otro modo: la lucha de las últimas dos décadas no buscaba garantizarle a la mujer el derecho a cosificarse a sí misma con beneficio propio. Buscaba que cosificarse dejara de ser la moneda de cambio más rentable que el mercado le ofrece a una mujer para acceder a mejores condiciones. Que hoy sea la propia protagonista quien decide accionar esa moneda —con equity de por medio y control creativo total— no cierra esa tensión: la vuelve más difícil de señalar, porque ya no hay un villano externo evidente a quien culpar. El “villano”, si lo hay, es el mercado mismo, que sigue pagando mejor la exposición del cuerpo que casi cualquier otra propuesta de valor, incluso a mujeres que llegaron a la mesa de decisiones.

Eso podría explicar, al menos en parte, por qué la reacción de atletas olímpicas y deportistas de alto rendimiento ha sido tan visceral. No se trata solo de pudor o de una reacción moral genérica. Es la sensación —que ellas mismas han verbalizado públicamente— de que el techo de cristal que empezaba a resquebrajarse, el de ser vistas por mérito deportivo y no por cuerpo, se agrieta desde adentro, con decisión femenina y una cifra de equity de por medio, no con un ejecutivo depredador como en el pasado.

¿Qué gana Sydney Sweeney y Novig con la campaña?

Más allá de la polémica sobre sexismo, el componente puramente comercial es probable que sea el motor real detrás de la decisión. Tanto Sweeney como Novig entendían con precisión lo que estaban comprando: una controversia calculada equivale a una cobertura mediática global que ningún presupuesto publicitario convencional podría igualar. Es el mismo manual que usaron Calvin Klein y American Apparel hace treinta años, pero ahora, según parece, ejecutado por una mujer en lugar de un director creativo hombre.

Ese cambio de posición —de objeto de la estrategia a arquitecta de la estrategia— es real y merece reconocerse como tal. Pero no resuelve la pregunta de fondo que el caso deja abierta: si la forma más rentable de ejercer poder recién adquirido sigue siendo replicar exactamente la estética que ese poder debía desmontar, ¿qué tanto cambió realmente la estructura? Probablemente… esta sigue intacta, y he allí lo álgido de toda esta polémica.

Una nota sobre este análisis: se trata de una lectura desde el marketing, la evolución de los movimientos sociales y la responsabilidad corporativa. No pretende interpretar ni dictar lo que las mujeres deben sentir frente a su propio cuerpo — esa es una conversación que les corresponde enarbolar a ellas, y de hecho ya lo están haciendo, con voces como las de las atletas olímpicas citadas más adelante. Este texto se limita a lo que puede analizarse desde afuera: patrones de mercado, ciclos históricos y decisiones corporativas.

El artículo se publicó inicialmente en el sitio del autor.


Luis Maram, Marketing y sostenibilidad
Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación

Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas

Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.

Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa y sus clientes. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.

“Están apostando nuestras vidas con la IA”: el caso de Jacob Coxon, la respuesta corporativa y el futuro

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En septiembre de 2026, la renuncia pública de un investigador de Anthropic desató una cadena de eventos que llevó a los directores de las principales empresas de inteligencia artificial del mundo —Anthropic, OpenAI, xAI y Google DeepMind— a coincidir públicamente en algo inusual: que la industria debe frenar su propio ritmo de desarrollo. Días después, la Casa Blanca respondió que ganar la carrera importa más que frenarla. El episodio es un caso de estudio sobre gobernanza corporativa, transparencia y los límites de la autorregulación empresarial.

Lo que necesitas saber 

  • Jacob Coxon, investigador de 27 años que trabajó en OpenAI y Anthropic, renunció el 8 de septiembre de 2026 acusando a ambas empresas de “apostar con nuestras vidas” en la carrera hacia una IA cada vez más autónoma.
  • Su hilo en X acumuló más de 150 millones de vistas en días, superando por amplio margen renuncias similares de otros investigadores de la industria.
  • Un líder de seguridad de Anthropic y el Premio Nobel de Física 2024, Geoffrey Hinton, respaldaron públicamente una estimación de riesgo de extinción humana superior al 10% en la próxima década.
  • El CEO de Anthropic, Dario Amodei, respondió con una propuesta concreta de tres etapas para desacelerar el desarrollo, comenzando con evaluadores externos independientes.
  • Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind) respaldaron la propuesta, un hecho inédito entre competidores directos.
  • El presidente Donald Trump rechazó la idea, argumentando que Estados Unidos no puede permitirse perder terreno frente a China.

¿Quién es Jacob Coxon y por qué su renuncia importa?

La mayoría de las renuncias públicas en la industria de la inteligencia artificial vienen de equipos de seguridad: personas cuyo trabajo es precisamente vigilar los riesgos. El caso de Coxon fue distinto. Este investigador británico, egresado de Cambridge, pasó tres años haciendo lo contrario: entrenar y hacer más potentes a los propios modelos, primero en OpenAI (donde contribuyó al desarrollo de GPT-4o) y después en Anthropic.

El 8 de septiembre de 2026 publicó en X un hilo de siete mensajes anunciando su salida. Sus palabras, sin rodeos, fueron que ninguna de las dos empresas está actuando con responsabilidad y que ambas están “corriendo directo hacia una superinteligencia autosuperable, apostando con nuestras vidas”.

Según relató después a medios como TIME y CNN, no hubo un descubrimiento puntual detrás de su decisión, sino dos conclusiones que fue acumulando:

  • Las cosas se están acelerando de forma evidente.
  • Ese proceso no está bajo control.

El impacto mediático fue extraordinario. Para comparar: la renuncia de Jan Leike, exdirectivo de seguridad de OpenAI, había generado unos 6 millones de vistas en 2024. La de Coxon superó los 150 millones y las 750,000 interacciones en cuestión de días, con entrevistas subsecuentes en CNN, TIME, Axios y WIRED, entre otros.

El respaldo que le dio credibilidad científica

Una advertencia viral puede quedarse en eso: viral. Lo que le dio peso al caso de Coxon fue el respaldo de dos figuras difíciles de ignorar.

Evan Hubinger, líder del equipo de Alignment Science en Anthropic, escribió públicamente que coincidía con Coxon y que, en su estimación personal, existe una probabilidad superior al 10% de que la IA cause la extinción humana en la próxima década. Añadió algo igual de relevante para cualquier conversación sobre gobernanza: que su propia empresa “no tiene todavía un plan” para resolver el problema de alinear una superinteligencia con los intereses humanos.

Días más tarde, en una entrevista con BBC Newsnight, la periodista Victoria Derbyshire le preguntó directamente a Geoffrey Hinton —ganador del Premio Nobel de Física 2024 y conocido como “el padrino de la IA”— si esa cifra del 10% le parecía razonable. Su respuesta fue clara: aunque advirtió que es un juicio intuitivo y no un cálculo científico preciso (ya que la humanidad nunca ha enfrentado un escenario comparable), consideró que asumir un riesgo de apenas 1% sería “muy imprudente”, y que el 10% le parecía “una estimación no descabellada”.

La respuesta corporativa: un plan de tres pasos

El 12 de septiembre, Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un ensayo titulado “We Must Pace the Frontier” (“Debemos marcar el ritmo de la frontera”), replicado también en X. No pidió detener el desarrollo de la IA, sino desacelerarlo deliberadamente para dar tiempo a que las medidas de seguridad avancen al mismo ritmo que las capacidades técnicas.

Su plan se estructura en tres etapas:

  1. Evaluadores externos con acceso de empleado. Anthropic se comprometió, de forma unilateral, a dar a organizaciones independientes (como METR) acceso permanente a sus instalaciones, comparable al de su propio personal: credencial, equipo de trabajo y permiso para revisar código, procesos de entrenamiento e informes de incidentes, con derecho a publicar sus hallazgos sin control editorial de la empresa. Amodei comparó este modelo con el de los inspectores de alimentos o los supervisores bancarios.
  2. Coordinación regulatoria entre democracias occidentales, para fijar estándares mínimos de seguridad antes de autorizar modelos de gran escala.
  3. Coordinación internacional que incluya a China, como fase final y más ambiciosa.

Entre las motivaciones que citó, destacan dos:

  • El fenómeno de la automejora recursiva, es decir, sistemas de IA que ayudan a construir la siguiente generación de sistemas, acelerando el ciclo de desarrollo cada mes.
  • Un incidente reciente entre OpenAI y Hugging Face, en el que un grupo de agentes de IA, durante una prueba de ciberseguridad, actuó de forma colectiva contra objetivos que no le habían sido asignados, e intentó interferir con el propio sistema que evaluaba su desempeño.

Un frente insólito entre competidores

Lo que convirtió este episodio en un caso de estudio de gobernanza corporativa fue la reacción de los principales rivales de Anthropic. En un sector donde estas empresas compiten directamente por talento, inversión y cuota de mercado, tres de sus máximos responsables coincidieron públicamente con la propuesta de desacelerar:

  • Sam Altman, CEO de OpenAI, escribió que coincidía con Amodei sobre la necesidad de moderar el ritmo en la frontera de la IA, y anunció que su empresa también abriría sus sistemas a evaluadores independientes con acceso similar al de sus empleados.
  • Elon Musk, fundador de xAI, respaldó el planteamiento con un mensaje breve en X: “Dario tiene razón”.
  • Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, se sumó también, aunque matizando que “los detalles todavía deben resolverse”.

Para varios analistas, esta convergencia —viniendo de compañías que normalmente compiten con dureza— es en sí misma una señal relevante, más allá de cualquier medida concreta. Sin embargo, conviene no perder de vista una lectura más cautelosa: el propio ensayo de Amodei reconoce que no existe todavía un acuerdo operativo entre las empresas, y que el compromiso concreto de Anthropic se limita, por ahora, al primer paso del plan. El respaldo de sus competidores podría reflejar tanto una preocupación genuina compartida como un gesto de posicionamiento público ante reguladores y opinión pública, sin que ello implique renunciar a ninguna ventaja comercial real.

Trump entra al debate: “Quien gane la IA, gana”

El domingo 13 de septiembre, en Irlanda, un periodista le preguntó a Donald Trump sobre la propuesta de desacelerar la IA. Su respuesta marcó un contraste directo con las advertencias del sector:

“Podemos poner salvaguardas, podemos hacer esto y aquello. Pero creo que hay muchas fuerzas negativas planteando el tema que no deberían estar planteándolo. Y están planteando cosas que no van a suceder. Pero quien gane con la IA, gana.”

Trump insistió en que Estados Unidos lidera actualmente a China en esta tecnología y que su prioridad es mantener esa ventaja, por encima de cualquier pausa motivada por riesgos de seguridad a largo plazo.

La respuesta encontró eco dividido en el Congreso estadounidense:

  • El republicano Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, coincidió con Trump y rechazó una moratoria de emergencia, argumentando que frenar unilateralmente permitiría a China tomar la delantera.
  • El demócrata Hakeem Jeffries, líder de la minoría en la Cámara Baja, pidió lo contrario: que el Congreso actúe con urgencia para ralentizar el desarrollo de la IA y proteger a la ciudadanía.

Qué le deja este episodio a la agenda de RSE

Más allá del vértigo tecnológico, el caso ofrece varias lecciones para quienes piensan la responsabilidad social empresarial desde la gobernanza y la rendición de cuentas:

  • La autorregulación tiene límites visibles. Que las propias empresas pidan supervisión externa —comparándose con inspectores de alimentos o reguladores bancarios— es un reconocimiento implícito de que el mercado, por sí solo, no está resolviendo el problema.
  • La transparencia como activo reputacional. El compromiso de Anthropic de dar acceso “tipo empleado” a evaluadores independientes, con derecho a publicar sin filtro editorial, es un estándar de transparencia poco común en cualquier industria, y podría convertirse en referencia para otros sectores de alto riesgo.
  • Los incentivos comerciales y el interés público no siempre convergen. La distancia entre el discurso de las empresas tecnológicas y la postura del gobierno estadounidense ilustra una tensión clásica de la RSE: hasta dónde una industria puede autolimitarse cuando el entorno regulatorio y geopolítico empuja en dirección contraria.
  • Los stakeholders ya no son solo accionistas o clientes. Investigadores internos, premios Nobel, legisladores de ambos partidos y gobiernos extranjeros forman ahora parte de la conversación sobre cómo se desarrolla una tecnología con impacto potencialmente civilizatorio.

El desenlace de este pulso —entre las empresas que piden frenar y un gobierno que prioriza ganar la carrera— seguirá marcando, en los próximos meses, hasta dónde llega la responsabilidad corporativa cuando entra en tensión directa con la geopolítica.

L’Oréal groupe lidera la conversación sobre el poder transformador y la esencialidad de la belleza en la sociedad

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Lejos de ser un concepto superficial o efímero, la belleza constituye una necesidad humana universal profundamente ligada a la dignidad, la salud, la autoestima y la cohesión social. Bajo esta premisa, L’Oréal Groupe celebró en el Museo Kaluz de la Ciudad de México el encuentro regional “La Esencialidad de la Belleza: una mirada sobre su impacto en nuestras vidas y en la sociedad”, convocando a diplomáticos, autoridades, líderes sectoriales y medios de comunicación de América Latina.

La jornada ofreció una agenda integral de diálogo, reflexión, ciencia y arte:

  • Apertura y propósito: Carolina Delgado, Vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de L’Oréal Latinoamérica, inauguró el encuentro invitando a mirar más allá del espejo y a reflexionar sobre la belleza no como un accesorio, sino como nuestro primer lenguaje de identidad, pertenencia y dignidad humana.
  • Panorama, impacto y resiliencia regional: Ersi Pirishi, Presidenta de L’Oréal Latinoamérica, destacó que la belleza es una industria esencial y profundamente resiliente, capaz de sostener un crecimiento continuo aun frente a entornos macroeconómicos complejos. Mencionó los resultados del estudio de Asterès, los cuales demuestran el extraordinario efecto multiplicador socioeconómico del Grupo en la región: en México, cada empleo directo en L’Oréal genera 15 empleos en la economía nacional (alcanzando más de 46,670 empleos totales), mientras que en Brasil el multiplicador es de 1 a 14 (con más de 43,300 empleos generados). Ersi enfatizó que liderar el sector en Latinoamérica implica dinamizar una vasta cadena de valor que conecta desde la agricultura sostenible y la manufactura local de vanguardia hasta cientos de miles de estilistas, dermatólogos y comercios, todo bajo un modelo que opera con energía 100% renovable, ciencia ética y programas sociales que transforman vidas en sus 17 mercados.
  • Presentación del Decálogo de la Esencialidad de la Belleza: El equipo de Asuntos Corporativos de L’Oréal Latinoamérica presentó los 10 principios que fundamentan por qué la belleza es esencial, conectando la actividad de la industria con el motor económico, el impacto humano, el patrimonio cultural, la creatividad, la salud y prevención, el bienestar emocional, la ciencia ética, la diversidad, la longevidad y la sostenibilidad (L’Oréal por el Futuro).
L’Oréal
  • Muestra fotográfica “La Belleza nos Habita”: En colaboración con el fotógrafo mexicano Cristian Salvatierra, se presentó una curaduría de 10 retratos de personas de la región que dan rostro y alma a cada uno de los pilares del decálogo, visibilizando historias reales de resiliencia, autenticidad y orgullo latinoamericano.
  • Cine Documental – Meeting the Moment: Producido por L’Oréal Groupe y The New York Times, el filme ilustra cómo los rituales de autocuidado y la salud mental son determinantes para la confianza y resiliencia en atletas de alto rendimiento.
  • Panel de Identidad y Soberanía: Moderado por la periodista Anna Lagos, contó con la participación de la luchadora mexicana Persephone, una de las protagonistas del documental Meeting the Moment, quien compartió su testimonio sobre la decisión de despojarse de la máscara tradicional para abrazar su propia expresividad, abordando el cuidado personal como una auténtica armadura psicológica y un acto de soberanía.

“La belleza en Latinoamérica no es un lujo ni un concepto superficial; es un sector estratégico y profundamente resiliente que impacta de manera directa en la salud, la dignidad y el desarrollo de nuestros 670 millones de habitantes. En L’Oréal Groupe, como líderes de la industria, asumimos la responsabilidad de traducir este valor esencial en un motor económico que genera empleo en toda nuestra cadena, en ciencia de vanguardia libre de pruebas en animales y en un compromiso activo con la sostenibilidad y la equidad social en toda la región”, afirmó Ersi Pirishi, Presidenta de L’Oréal Latinoamérica.

Por su parte, Carolina Delgado, Vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de L’Oréal Latinoamérica, añadió: “Si la belleza fuera superficial, la humanidad no habría invertido en ella desde sus orígenes. La belleza no es un accesorio; fue, es y será nuestro primer lenguaje y un motor de crecimiento constante: la forma en que decimos ‘aquí estoy, este soy yo y pertenezco a este mundo’”.

¿Puede la IA crear armas biológicas? Anthropic revela cómo intentaron usar Claude

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La inteligencia artificial generativa ya no solo plantea preguntas sobre productividad, empleo o desinformación. Sus capacidades también están siendo evaluadas por actores que buscan utilizarlas con fines ilícitos. Anthropic reveló que detectó varios intentos de emplear Claude para actividades relacionadas con el desarrollo de armas biológicas y otras amenazas, aunque aclaró que no identificó casos en los que se hubiera creado o utilizado directamente un arma de este tipo.

El hallazgo abre una discusión que va más allá de la seguridad de un solo modelo: ¿qué tan preparada está la industria de IA para anticipar los usos peligrosos de tecnologías cada vez más capaces? Para las empresas que desarrollan estos sistemas, el desafío ya no consiste únicamente en impedir respuestas indebidas, sino en demostrar que sus mecanismos de prevención evolucionan al mismo ritmo que sus modelos.

Armas biológicas creadas por la IA: ¿qué detectó Anthropic?

En su reporte de amenazas de septiembre, Anthropic analizó actividades registradas entre diciembre de 2025 y agosto de 2026. Entre ellas identificó intentos de utilizar modelos avanzados para investigaciones relacionadas con biología de doble uso, es decir, conocimientos que pueden tener aplicaciones científicas legítimas, pero también ser desviados hacia fines dañinos.

De acuerdo con la compañía, modelos anteriores como Claude Opus 4 y Claude Sonnet 4.5 no tenían capacidades suficientes para ayudar de manera significativa a un usuario avanzado a realizar investigaciones biológicas peligrosas. Sin embargo, el avance de modelos posteriores llevó a Anthropic a reconocer que necesitaba ampliar sus mecanismos de protección.

armas biológicas creadas por la IA

La empresa identificó cinco tipos de solicitudes consideradas especialmente sensibles:

  • investigaciones destinadas a incrementar características peligrosas de patógenos
  • consultas sobre la adaptación de virus para mejorar su propagación
  • modificaciones de toxinas
  • búsqueda de proveedores de síntesis genética con controles débiles
  • solicitudes para trabajar con patógenos peligrosos sin las credenciales o el contexto institucional correspondiente

Anthropic asegura que bloqueó estas actividades, suspendió las cuentas y claves API involucradas y reforzó sus clasificadores y filtros para restringir una gama más amplia de consultas relacionadas con investigación biológica de doble uso.

El problema no es solo que la IA pueda hacerlo

El caso resulta relevante porque muestra un cambio en la naturaleza del riesgo. Una IA no necesita crear por sí misma un arma biológica para convertirse en un factor de riesgo. Basta con que reduzca las barreras de conocimiento, tiempo o recursos que enfrentaría una persona interesada en desarrollar una actividad peligrosa.

Por eso, el concepto de armas biológicas creadas por la IA debe analizarse con cautela. Anthropic no afirma que Claude haya producido un arma biológica funcional. Lo que documenta son intentos de utilizar sus capacidades como una herramienta para avanzar en investigaciones que podrían tener aplicaciones dañinas.

La diferencia es importante, pero no elimina el problema empresarial. Si los modelos son cada vez más capaces, las compañías necesitan evaluar no solamente qué pueden hacer en condiciones normales, sino qué podría ocurrir cuando esas capacidades son utilizadas deliberadamente para superar controles de seguridad.

armas biológicas creadas por la IA

¿La industria está reaccionando antes o después del riesgo?

Aquí aparece una de las principales preguntas de responsabilidad social empresarial para el sector tecnológico.

El desarrollo de modelos más potentes suele estar acompañado por evaluaciones de seguridad y mecanismos de protección. Sin embargo, el propio caso de Anthropic evidencia que las capacidades de un modelo pueden avanzar hasta un punto en el que las barreras existentes dejan de ser suficientes.

La respuesta de la empresa —detectar, suspender cuentas y reforzar filtros— representa una medida necesaria. Pero desde una perspectiva de RSE, también plantea una cuestión más exigente: ¿por qué esperar a identificar nuevos patrones de abuso para ampliar las salvaguardas?

En tecnologías con potencial de impacto sistémico, la responsabilidad no puede limitarse a responder cuando aparece el incidente. Las empresas deben incorporar evaluaciones prospectivas de riesgos, pruebas adversariales, monitoreo continuo y mecanismos capaces de detectar nuevas formas de abuso antes de que se conviertan en daños reales.

Esto es especialmente relevante cuando los riesgos involucran salud pública, seguridad, derechos humanos o infraestructura crítica.

Armas biológicas creadas por la IA: una responsabilidad compartida

El reporte también muestra que el problema no termina en Anthropic. Si una compañía desarrolla un modelo con nuevas capacidades, otras empresas pueden intentar replicarlas o adquirirlas mediante prácticas que reduzcan el tiempo y costo de desarrollo.

Anthropic identificó, por ejemplo, intentos de destilación ilícita. La destilación puede utilizarse legítimamente para entrenar o ajustar otros sistemas a partir de los conocimientos generados por un modelo avanzado. Sin embargo, cuando se realiza sin autorización, puede permitir que terceros extraigan capacidades de modelos de frontera para incorporarlas a otros sistemas.

El reporte menciona actividades vinculadas con laboratorios chinos de IA y señala específicamente a DeepSeek, Xiaomi, Moonshot y Alibaba. Según Anthropic, actores relacionados con Alibaba realizaron su mayor ataque de destilación identificado hasta ahora, dirigido a transcripciones de razonamiento de modelos avanzados para contribuir al entrenamiento de modelos Qwen.

DeepSeek

Esto agrega otra dimensión al debate: la seguridad de la IA no depende exclusivamente de la compañía que desarrolla el modelo original. La competencia tecnológica, la transferencia de capacidades y los intentos de replicación también pueden modificar el perfil de riesgo del ecosistema.

¿Qué deberían hacer las empresas de IA?

El caso deja varias lecciones para una industria que todavía está definiendo sus estándares de responsabilidad.

1. Evaluar riesgos antes del lanzamiento.
Las pruebas de seguridad no deberían limitarse a identificar fallas conocidas. Deben considerar escenarios de abuso derivados de las nuevas capacidades que incorpora cada generación de modelos.

2. Actualizar las salvaguardas continuamente.
Un filtro adecuado para un modelo menos avanzado puede resultar insuficiente para uno con mayores capacidades. La seguridad debe evolucionar junto con el producto.

3. Monitorear el uso real.
Las políticas de uso responsable pierden efectividad si la empresa no cuenta con mecanismos para identificar patrones de comportamiento que puedan indicar un intento de abuso.

4. Fortalecer la gobernanza.
Las decisiones sobre lanzamiento, acceso y restricciones deben involucrar criterios técnicos, legales, científicos y éticos, especialmente cuando existen riesgos para terceros.

5. Transparentar los incidentes relevantes.
Informar sobre los intentos de abuso permite que investigadores, reguladores y otras empresas comprendan nuevas amenazas y desarrollen mejores mecanismos de prevención.

Armas biológicas creadas por la IA: el verdadero desafío es anticiparse

El caso de Anthropic no demuestra que Claude haya creado un arma biológica. Sí demuestra que los avances en IA están acercando estas herramientas a áreas donde un error de diseño, una vulnerabilidad o un uso deliberadamente malicioso puede tener consecuencias mucho más graves que una respuesta incorrecta.

Por eso, hablar de armas biológicas creadas por la IA no debería reducirse a una discusión sobre si un chatbot puede producir determinado contenido. El desafío empresarial es más amplio: determinar qué capacidades deben ofrecerse, bajo qué condiciones, con qué controles y con qué mecanismos para responder cuando esos controles son insuficientes.

Para la industria tecnológica, la responsabilidad no debería medirse únicamente por la capacidad de bloquear un abuso después de detectarlo. También por la capacidad de anticipar cómo una nueva tecnología puede ser utilizada para causar daño y actuar antes de que ese riesgo se materialice.

En una carrera por desarrollar modelos cada vez más poderosos, la pregunta de fondo no es solamente qué puede hacer la IA, sino qué están haciendo sus desarrolladores para asegurarse de que esas capacidades no terminen siendo utilizadas contra la sociedad.