Aunque más de 84% del personal turístico afirma conocer qué es la trata de personas, más de 40% nunca ha recibido capacitación específica para identificarla y actuar ante un posible caso.
La diferencia entre reconocer el delito y saber responder frente a él mantiene abiertos importantes puntos ciegos en hoteles, aeropuertos, terminales de autobuses, restaurantes y alojamientos contratados mediante plataformas digitales.
Así lo advierte el estudio Panorama de la Trata de Personas en el Turismo en México, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), con apoyo financiero de Aeroméxico. La investigación analizó las condiciones de Ciudad de México, Cancún y Puerto Vallarta, tres destinos donde confluyen una elevada actividad turística y distintos factores de vulnerabilidad social.
El diagnóstico revela que 21.3% del personal de hospitalidad consultado ha observado alguna situación sospechosa en su lugar de trabajo. Los casos referidos estuvieron relacionados principalmente con posibles situaciones de explotación sexual y mendicidad forzada, frecuentemente vinculadas con mujeres, niñas, niños y adolescentes.
En el sector transporte, 15.8% de las personas participantes reportó haber detectado situaciones que podrían estar relacionadas con explotación sexual.
Protocolos generales, pero no contra la trata
El problema no es necesariamente la ausencia absoluta de medidas de seguridad, sino que estas pocas veces están diseñadas para responder específicamente a la trata de personas.
Mientras 72.3% de las empresas de hospitalidad cuenta con protocolos generales para atender situaciones de riesgo, solo 43.6% dispone de uno especializado contra la trata. En el sector transporte, la proporción disminuye a 26.3%.
La capacitación presenta una brecha similar. Solo 40.4% del personal de hospitalidad señaló haber recibido formación reciente, mientras que 52.6% de quienes trabajan en transporte reconoció no haber recibido capacitación especializada.
Estas carencias pueden resultar decisivas. Una persona puede mostrar miedo o sumisión, desconocer el destino de su viaje, no tener en su poder sus documentos, teléfono o dinero, o permitir que alguien más responda por ella. Sin preparación, esas señales pueden confundirse con situaciones cotidianas y pasar inadvertidas.
El estudio identificó además tres momentos particularmente vulnerables dentro de la experiencia turística: la reservación mediante plataformas digitales, los traslados y el registro de entrada o check-in. También señala deficiencias en la verificación del parentesco o tutoría de niñas, niños y adolescentes, tanto en establecimientos de hospedaje como en medios de transporte.
Un delito que permanece oculto
Entre 2015 y 2025 fueron identificadas 9 mil 18 víctimas de trata de personas en México. Del total de casos registrados entre 2020 y 2023, 63% correspondió a trata con fines de explotación sexual, cuyas principales víctimas fueron mujeres y niñas.
Sin embargo, la dimensión real puede ser considerablemente mayor: se estima que 93.2% de los casos no llega a investigarse.
En las zonas estudiadas también aparecen condiciones que pueden facilitar la explotación. La informalidad laboral supera 40% en Cancún y Puerto Vallarta; en el municipio de Benito Juárez, donde se encuentra Cancún, 12.7% de la población es migrante. A ello se suman pobreza, movilidad constante, alta rotación laboral y desconfianza en las autoridades.
La investigación advierte que algunas organizaciones evitan reconocer públicamente el problema por temor a perjudicar la reputación y la actividad económica de los destinos. Sin embargo, ocultarlo puede producir el efecto contrario: debilita la prevención y deja a las redes criminales mayores espacios de operación.
El sector turístico como primera línea de protección
Junto con el estudio, UNODC presentó un ABC de actuación para trabajadores y empresas turísticas. La guía explica cómo reconocer señales de alerta, activar protocolos internos y reportar posibles casos sin confrontar directamente a las personas involucradas ni poner en riesgo al personal.
Aeroméxico participó como aliado y financiador del proyecto, sin intervenir —según establece la nota de transparencia— en la metodología, los hallazgos o las conclusiones. La aerolínea cuenta desde 2016 con un protocolo de detección y forma parte de la campaña Corazón Azul de UNODC.
El estudio plantea que la respuesta no puede quedar en manos de una sola empresa. Hoteles, aerolíneas, transportistas, restaurantes, plataformas de hospedaje, autoridades y organizaciones sociales forman parte de una cadena que puede facilitar el delito, pero también convertirse en una red de detección y protección.
La advertencia central es clara: saber que la trata existe no basta. El desafío comienza cuando una posible víctima aparece frente al mostrador de un hotel, durante un traslado o en la sala de un aeropuerto y nadie sabe exactamente qué hacer.
Me lo terminó de explicar un lugar bastante inesperado: The Economist.
La semana pasada, The Economist cuestionó uno de esos acuerdos que durante años parecieron difíciles de discutir: si una persona o una empresa dona dinero a una buena causa, ¿por qué no incentivar esa decisión permitiéndole deducir parte de ese donativo de sus impuestos?
La lógica parece impecable. El donante aporta, la organización recibe, la sociedad se beneficia y el Estado, mediante el incentivo fiscal, busca que más recursos privados lleguen a problemas que muchas veces él mismo no alcanza a resolver.
Sólo que The Economist hace un planteamiento interesante: ¿y si las cuentas no salen?
El artículo cita una investigación según la cual, si los incentivos fiscales reducen 10% el costo efectivo de donar, las aportaciones aumentan apenas 6%. En otras palabras, el Estado podría dejar de recaudar más de lo que consigue movilizar como filantropía adicional.
Pero el problema más interesante no es contable. Es otro: ¿quién decide qué merece ser financiado?
Porque el incentivo fiscal no cambia quién toma la decisión. Una persona o una empresa puede elegir destinar su donativo a educación, salud, cultura o medio ambiente. La causa sigue siendo elegida privadamente, aunque esa elección tenga un costo para la recaudación pública.
Y ahí pensé en México.
Una vieja desconfianza
Quizá ahora entiendo un poco mejor una de las obsesiones de la llamada Cuarta Transformación: eliminar intermediarios.
No porque la discusión de The Economist y la de López Obrador fueran iguales. No lo eran. En un caso hablamos de incentivos fiscales a decisiones filantrópicas privadas; en el otro, de una política que buscó reducir la intermediación de organizaciones sociales en el ejercicio de recursos públicos.
Pero ambas discusiones rozan una pregunta que me parece interesante: ¿quién debe decidir cómo se canalizan recursos destinados al bienestar?
La OCDE documenta esta relación en Private Philanthropy for Development in Mexico. Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno, señala, la relación entre el sector filantrópico y el gobierno federal se volvió crecientemente tensa. En 2019 se eliminó el financiamiento federal al tercer sector, incluido el Programa de Coinversión Social. Después desapareció INDESOL y distintas modificaciones fiscales endurecieron las condiciones bajo las cuales operan las organizaciones.
La lógica política era conocida: reducir intermediarios y privilegiar que el Estado entregara directamente los apoyos. Mi lectura es que ahí había algo más que una decisión administrativa: una concepción del Estado como protagonista del bienestar, no sólo como financiador.
Eso no significa que la 4T negara la capacidad de empresas, fundaciones u organizaciones para contribuir. Pero sí puso bajo sospecha una idea que durante años habíamos aceptado con relativa comodidad: que intermediar recursos para una causa social otorgaba, por sí mismo, legitimidad.
Vista desde ahí, la pregunta adquiere otra dimensión: que una decisión sea pública no significa necesariamente que sea mejor; pero que sea privada tampoco garantiza que responda mejor a las necesidades sociales.
Porque la filantropía mexicana no es marginal
La OCDE analizó información de más de 300 organizaciones y encontró algo que ayuda a dimensionar la discusión. Entre 2020 y 2023, las 328 mayores organizaciones filantrópicas nacionales desembolsaron alrededor de 3,400 millones de dólares.
En el mismo periodo, 27 donantes filantrópicos internacionales aportaron 274 millones y la ayuda oficial al desarrollo proveniente de miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE sumó 3,160 millones. Es decir, la filantropía nacional movilizó incluso un volumen ligeramente superior al de la ayuda oficial al desarrollo recibida por México en esos cuatro años.
Pero esos recursos están altamente concentrados. Los diez mayores financiadores representan casi la mitad del total, y entre ellos aparecen varios nombres estrechamente vinculados con el mundo empresarial mexicano. Fundación Carlos Slim encabezó la lista con aproximadamente 676 millones de dólares desembolsados entre 2020 y 2023; Fundación BBVA México registró 302 millones; Fundacion Telmex Ac, 68 millones; Fundación FEMSA , 67 millones; y Fundación Coppel, 56 millones.
Private Philanthropy for Development in Mexico – OCDE
Juntas, esas cinco organizaciones representan alrededor de 1,169 millones de dólares en cuatro años. No es poca cosa.
Y tampoco estamos hablando exclusivamente de entregar cheques. La filantropía mexicana concentra buena parte de sus recursos en protección social, salud y educación. Según la OCDE, esos tres ámbitos recibieron casi tres cuartas partes de los desembolsos nacionales analizados.
Es decir, estamos hablando de recursos que intervienen directamente en algunos de los mismos problemas que intenta atender la política pública.
Private Philanthropy for Development in Mexico – OCDE
Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿estaríamos necesariamente mejor si esos recursos nunca hubieran pasado por las fundaciones y hubieran sido recaudados y ejercidos exclusivamente por el Estado?
No encuentro evidencia suficiente para responder que sí. Pero tampoco para responder que no. Porque aquí aparece la otra incomodidad: la filantropía tampoco distribuye necesariamente sus recursos de acuerdo con dónde existe mayor necesidad.
Ciudad de México recibió unos 780 millones de dólares entre 2020 y 2023, cerca de 90 dólares por habitante. Nuevo León también aparece entre las entidades con mayor financiamiento per cápita. La propia OCDE observa que parte de esa concentración puede estar relacionada con la ubicación de las fundaciones.
Más revelador todavía: cuando se compara el financiamiento con los niveles de pobreza, la relación va ligeramente en sentido contrario al que esperaríamos. Los municipios con mayores niveles de pobreza tienden, en promedio, a recibir menos financiamiento filantrópico per cápita. Estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, pese a sus elevados niveles de pobreza, reciben niveles apenas promedio de apoyo.
Aquí la pregunta de The Economist vuelve a cobrar fuerza. Si una parte de la filantropía es incentivada mediante recursos que el Estado deja de recaudar, ¿deberíamos conformarnos con que esos recursos terminen donde el donante prefiera y no necesariamente donde existe mayor necesidad?
Probablemente no. Pero la pregunta cambia cuando quien aporta los recursos es una empresa.
¿Y si la causa también beneficia a la empresa?
La discusión se vuelve todavía más compleja cuando dejamos la filantropía tradicional y entramos en el terreno de la inversión social empresarial.
Durante años hemos celebrado que las empresas abandonen la lógica de repartir donativos entre causas inconexas y construyan estrategias sociales relacionadas con sus capacidades, territorios y negocios. La propia OCDE observa esa evolución en México: la responsabilidad social ha pasado de sus raíces filantrópicas hacia una práctica más estructurada y alineada con el negocio, impulsada también por las expectativas de los grupos de interés y los marcos ESG.
Y esa alineación puede generar beneficios para las compañías.
Una empresa que invierte en agua alrededor de sus operaciones puede contribuir al bienestar comunitario y, al mismo tiempo, reducir un riesgo real para su propia operación. Lo mismo ocurre con la educación: puede ampliar oportunidades para jóvenes y, a la vez, contribuir a formar el talento que la empresa necesita. Una intervención comunitaria bien diseñada puede mejorar condiciones de vida y fortalecer simultáneamente relaciones, reputación y licencia social para operar.
Eso no hace menos legítima la inversión. De hecho, la coincidencia entre valor social y valor empresarial puede hacer que una intervención tenga más posibilidades de mantenerse en el tiempo.
El problema aparece cuando confundimos ambos resultados: que algo sea conveniente para la empresa no demuestra, por sí mismo, que haya generado bienestar para la sociedad.
Invertir millones tampoco equivale a generar millones en impacto, aunque a veces el discurso corporativo trate ambas cosas como si fueran sinónimos.
La filantropía tampoco queda exenta
Porque si vamos a cuestionar al gobierno y a las empresas, debemos aplicar el mismo estándar a las fundaciones.
La OCDE encontró que cerca de dos terceras partes de las organizaciones encuestadas publican informes anuales o evaluaciones de desempeño, pero menos de la mitad publica estados financieros auditados y todavía menos transparenta estrategias de otorgamiento de recursos, procesos o planes estratégicos. Seis organizaciones dijeron no hacer pública ninguna de esas categorías de información.
Con la medición ocurre algo parecido. Los reportes de campo, la retroalimentación de beneficiarios y las evaluaciones de proceso son relativamente comunes. Pero conforme aumenta la complejidad metodológica, disminuye su utilización: las evaluaciones de costo-efectividad son menos frecuentes y las evaluaciones de impacto son utilizadas aproximadamente por un tercio de las organizaciones.
Y eso importa porque donar no es sinónimo de generar impacto. Como tampoco lo es invertir socialmente. Ni ejecutar un programa gubernamental.
Quizá elegimos mal la discusión
Durante años hemos planteado este debate como una competencia entre Estado y sociedad civil, entre impuestos y filantropía, entre programas sociales e inversión privada.
Pero la evidencia de la OCDE apunta hacia otro lugar.
La filantropía puede asumir riesgos que un gobierno difícilmente asumiría, experimentar con soluciones y aportar conocimiento especializado. El Estado, en cambio, tiene una capacidad de escala, cobertura y redistribución que ninguna fundación puede sustituir. Y las organizaciones sociales pueden aportar algo que ambos pierden con facilidad: conocimiento especializado y cercanía con determinadas comunidades.
Quizá el error está en preguntarnos quién debería sustituir a quién.
La OCDE propone algo bastante menos espectacular y probablemente más útil: más transparencia, mejores datos, mayor evaluación, menos barreras burocráticas y, sobre todo, mayor colaboración entre gobierno y filantropía. Hoy, más de dos terceras partes de las fundaciones encuestadas reportan poca o ninguna interacción con instituciones federales en el diseño e implementación de sus proyectos.
Hay incluso una señal hacia adelante: en octubre de 2024, 1,518 organizaciones expresaron formalmente su disposición a colaborar con la nueva administración de Claudia Sheinbaum.
Tal vez ésa sea una conversación mucho más productiva para México.
Al final, todos tienen que demostrarlo
Después de leer The Economist y contrastarlo con los datos de la OCDE, entiendo un poco mejor de dónde surgió parte de la desconfianza de la 4T hacia la intermediación filantrópica. Entenderla no significa asumir que la respuesta elegida haya sido la correcta.
The Economist pregunta si el bienestar adicional generado por un incentivo fiscal justifica lo que el Estado deja de recaudar. Las fundaciones pueden cuestionar si el gobierno necesariamente identificaría mejor las necesidades o utilizaría los recursos con mayor eficacia. Y las empresas pueden sostener, con razón, que generar valor social y valor para el negocio no son objetivos incompatibles.
Pero ninguna de esas posiciones responde por sí sola a lo verdaderamente importante:
¿Qué cambió? ¿Para quién? ¿Cuánto de ese cambio puede atribuirse razonablemente a la intervención? ¿Y el beneficio generado justifica los recursos utilizados?
Ahí es donde, para mí, cambia la discusión.
El Estado decide. Las fundaciones deciden. Las empresas deciden.
Lo que ninguno puede decidir es que tuvo impacto. Tiene que demostrarlo.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
Cuando hablamos del futuro del trabajo e, incluso, del de la educación, la conversación suele llevarnos a una misma pregunta: ¿qué habilidades necesitarán las nuevas generaciones para desenvolverse con éxito? Hoy la respuesta sigue apuntando hacia el área de las carreras STEM (por sus siglas en inglés, Science, Technology, Engineering & Mathematics), las cuales abarcan disciplinas que van desde la programación y la robótica hasta el análisis de datos, el diseño tecnológico y diversas ramas de la ingeniería.
De acuerdo con la OCDE, cerca del 75% de los empleos de rápido crecimiento requieren habilidades STEM, mientras que, en México, quienes trabajan en estas áreas perciben ingresos hasta 8% superiores a los de profesionistas de otros sectores. Paradójicamente, la demanda mundial de este talento continúa siendo mayor que la cantidad de profesionales disponibles.
Frente a este panorama, impulsar el interés de niñas, niños y jóvenes por estas disciplinas se ha convertido en una tarea indispensable para elevar la empleabilidad, percepción salarial y calidad de vida de las y los mexicanos y es precisamente por ello que Clarios, líder global en soluciones avanzadas de almacenamiento de energía, ha decidido invertir en el desarrollo del talento joven en carreras STEM como parte de su compromiso con sus comunidades. Su iniciativa más reciente: Clarios Robotics Cup, permitió a cientos de estudiantes poner a prueba sus conocimientos en robótica y programación, mientras descubrían las oportunidades que las carreras STEM pueden abrir para su futuro.
Las iniciativas de Clarios impulsan la educación del futuro
Clarios ha convertido el impacto social y ambiental en uno de sus distintivos. La compañía, que en México tiene presencia en estados como Nuevo León, Coahuila y Guanajuato, entiende que contribuir al desarrollo de las comunidades también implica generar oportunidades para que las nuevas generaciones accedan a una educación de mayor calidad y a mejores perspectivas laborales. Por ello, mediante el pilar Educación para el Futuro de su Estrategia de Impacto Social, ha impulsado, desde hace varios años, el programa Aulas Tecnológicas, cuyo propósito es brindar a estudiantes de secundarias técnicas públicas de Nuevo León oportunidades de aprendizaje en disciplinas STEM.
A través de este programa, las y los estudiantes aprenden robótica, programación y diseño 3D mediante actividades prácticas que, además del conocimiento técnico, fortalecen competencias como liderazgo, trabajo en equipo y resolución de problemas. Además, consciente de la brecha de género que aún existe en esta área, Clarios ha decidido destinar el 60% de los lugares de este programa a mujeres, con el objetivo de ayudar a cerrar la brecha de género en el desarrollo de talento STEM.
No obstante, Clarios también ha entendido que el aprendizaje alcanza un nuevo nivel cuando el conocimiento sale del aula y se enfrenta a retos reales, y es por eso que este 2026 decidió complementar su programa Aulas Tecnológicas con una experiencia distinta: se trata de Clarios Robotics Cup, una competencia donde las y los estudiantes pudieron demostrar todo lo aprendido mientras convivían con jóvenes de otras escuelas y descubrían que la tecnología también puede ser emocionante.
¿Qué es Clarios Robotics Cup y cómo ayuda a desarrollar habilidades STEM?
Como parte de su estrategia para fortalecer el talento STEM, Clarios México llevó a cabo la Clarios Robotics Cup 2026, una iniciativa que reunió a los estudiantes que forman parte del programa Aulas Tecnológicas en el municipio de García, Nuevo León, donde cerca de 500 adolescentes han sido beneficiados con estos cursos.
La gran final congregó a alrededor de 90 estudiantes de las secundarias técnicas #108 “Julio Cortázar” y #98 “Juan Soriano”, quienes diseñaron y programaron robots autónomos para competir en un desafiante torneo de fútbol robótico. Más que una exhibición tecnológica, la competencia representó la oportunidad de aplicar en un entorno práctico todo lo aprendido durante meses de formación.
Aprender haciendo: el verdadero valor de la competencia
Aunque el torneo tuvo ganadores, el mayor triunfo fue el aprendizaje. Clarios Robotics Cup permitió que las y los estudiantes fortalecieran competencias técnicas como programación, pensamiento lógico y robótica, pero también habilidades blandas que hoy son altamente valoradas por las empresas: trabajo en equipo, comunicación, pensamiento crítico, resolución de problemas y capacidad para tomar decisiones bajo presión.
Asimismo, convivir con alumnos de otras escuelas les permitió conocer distintas formas de resolver un mismo desafío, compartir ideas y enriquecer sus propios proyectos. La experiencia demostró que la robótica puede dejar de ser un concepto cuando los jóvenes tienen la oportunidad de llevarlo a la práctica, experimentar, equivocarse, mejorar y competir en un ambiente colaborativo.
Además, en línea con los objetivos de Clarios, esta iniciativa permitió acercar a las juventudes tecnologías que hoy son fundamentales para su vida profesional de una forma lúdica, innovadora y que les permite explorar vocaciones que, de otra forma, quizá nunca habrían descubierto. Tal como señaló Octavio Salinas, Gerente de Asuntos Corporativos y Responsabilidad Social para Clarios LATAM:
“Esta experiencia nos permite acercarlos a la tecnología desde la práctica, despertar su curiosidad y mostrarles que la innovación también puede nacer desde sus propias ideas, su creatividad y su capacidad para resolver retos en equipo“.
Sin duda, las iniciativas de Clarios muestran cómo las empresas pueden ayudar a transformar comunidades desde la educación y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la brecha de talento STEM que enfrentan las industrias de todo el mundo.
Al invertir en el desarrollo de habilidades tecnológicas, fomentar la inclusión y crear espacios donde aprender resulta tan emocionante como competir, la compañía líder en soluciones de almacenamiento de energía no solo está impulsando el talento de cientos de jóvenes mexicanos, sino que también contribuye a construir un futuro con mayores oportunidades, innovación y prosperidad para el país.
Más de 12,000 atenciones odontológicas especializadas podrán realizarse durante los próximos años como parte del fortalecimiento de la infraestructura de Centro SUMA, proyecto en el que participan Fundación Pablo Landsmanas, brazo social de Corporativo Kosmos, y Fundación Magdalena Ruiz Del Valle I.A.P., con el objetivo de ampliar las capacidades de atención para niñas, niños y adolescentes con labio y paladar hendido.
Centro SUMA es una organización de la sociedad civil especializada en la atención integral de esta condición congénita, cuyo tratamiento requiere la participación coordinada de distintas especialidades médicas durante buena parte del desarrollo de los pacientes. Tan sólo durante 2025, su Programa de Atención Dental realizó más de 1,400 procedimientos odontológicos especializados.
La salud bucal es un componente fundamental del tratamiento de pacientes con labio y paladar hendido, ya que está directamente relacionada con la alimentación, el desarrollo del habla, la preparación para procedimientos quirúrgicos y la prevención de complicaciones médicas.
En alianza con Fundación Magdalena Ruiz Del Valle I.A.P., Fundación Pablo Landsmanas contribuirá al fortalecimiento de la infraestructura odontológica de Centro SUMA, permitiendo mantener una capacidad aproximada de 1,500 atenciones especializadas cada año para pacientes provenientes principalmente de Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Hidalgo, Veracruz, Oaxaca y Guerrero.
El proyecto permitirá contribuir a más de 12,000 atenciones durante los próximos años y, al mismo tiempo, dejar capacidad instalada de largo plazo en Centro SUMA. De esta manera, el apoyo no se limita a atender una necesidad inmediata, sino que fortalece la infraestructura y el patrimonio de una organización especializada para que pueda mantener y ampliar sus servicios.
“En Fundación Pablo Landsmanas estamos convencidos de que generar un impacto verdadero significa ir más allá de atender una necesidad inmediata. Buscamos fortalecer a las organizaciones que todos los días trabajan por el bienestar de niñas, niños y adolescentes, para que cuenten con mejores herramientas y puedan ampliar el alcance de su labor. Al sumar esfuerzos, podemos construir capacidades que permanezcan y se traduzcan en más oportunidades y una mejor calidad de vida para quienes más lo necesitan”, señaló Jack Landsmanas, director general de Corporativo Kosmos.
El proyecto forma parte de una estrategia de Fundación Pablo Landsmanas orientada a fortalecer las capacidades de organizaciones sociales especializadas, particularmente aquellas que trabajan con poblaciones en situación de vulnerabilidad. Bajo este modelo, la Fundación busca que las alianzas generen beneficios que permanezcan más allá de una intervención puntual.
A través de Fundación Pablo Landsmanas, Corporativo Kosmos mantiene su compromiso de colaborar con organizaciones de la sociedad civil que cuentan con experiencia directa en las necesidades de sus comunidades, sumando capacidades para impulsar proyectos en materia de alimentación, salud, educación y desarrollo comunitario.
Hay despedidas que pertenecen a un jugador y otras que parecen pertenecer a todo un país. Lionel Messi puso este 31 de agosto de 2026 punto final a su historia con la selección argentina después de 21 años, 207 partidos y 125 goles con la camiseta albiceleste. La decisión llegó después de la final del Mundial 2026, en la que Argentina cayó ante España, y cierra una etapa que incluyó la Copa del Mundo de 2022, las Copas América de 2021 y 2024 y una transformación definitiva de su relación con el público argentino.
Pero hablar del legado de Messi únicamente desde los títulos sería dejar fuera una parte importante de la historia. Desde 2007, cuando nació la Fundación Leo Messi, el futbolista ha canalizado recursos, influencia y visibilidad hacia proyectos relacionados principalmente con la salud, la educación y el deporte para niñas, niños y adolescentes. En 2010, además, se convirtió en Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, una posición desde la que ha participado en campañas internacionales y acciones dirigidas a la infancia vulnerable.
Por eso, su retiro de la selección también permite mirar hacia otro marcador: el de las personas alcanzadas por sus acciones socialmente responsables. La responsabilidad social de Messi no se encuentra en una sola donación ni en una campaña aislada, sino en una trayectoria de alianzas con hospitales, organismos internacionales, fundaciones y comunidades. Por eso, los siguientes son algunos ejemplos que ayudan a dimensionar lo que ocurre cuando una de las figuras deportivas más reconocidas del planeta decide utilizar parte de sus recursos y de su enorme capacidad de convocatoria para impulsar causas sociales.
[LIONEL MESSI EN SU CUENTA DE INSTAGRAM]
"Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección…
Fue una decisión que dolió y duele en el alma pero entiendo que es el momento. Les juro que siempre dejé todo,… pic.twitter.com/eqr8tno16n
1. Ayudó a llevar educación a niños sirios afectados por la guerra
Una de las acciones más significativas de la Fundación Leo Messi se produjo en Siria, donde una donación permitió a UNICEF instalar 20 aulas prefabricadas en Tartus y zonas rurales de Damasco. El proyecto hizo posible que más de 1,600 niños sirios afectados por el conflicto acudieran a clases en espacios equipados para continuar su educación. Más de 60% de los estudiantes beneficiados habían sido desplazados de sus hogares por los enfrentamientos.
El contexto permite dimensionar mejor el alcance de la iniciativa: después de más de seis años de conflicto, 1.75 millones de niños en Siria estaban fuera de la escuela y una de cada tres escuelas no podía utilizarse porque había sido destruida o empleada como refugio o instalación militar. En este caso, la responsabilidad social de Messi se tradujo en infraestructura educativa para una población infantil que había perdido buena parte de sus espacios cotidianos de aprendizaje y protección.
2. Distribuyó kits educativos para 50,630 niños y niñas en Siria
La labor en Siria no terminó con las aulas. En 2020, la Fundación Leo Messi colaboró nuevamente con UNICEF para distribuir 50,630 kits educativos en nueve provincias del país. Los materiales estaban diseñados para distintas etapas de desarrollo e incluían kits para primera infancia, actividades recreativas y materiales escolares.
La importancia de esta acción está en que no se limitó a entregar útiles: buscó recuperar oportunidades de aprendizaje y estimular habilidades cognitivas y sociales mediante el juego. El proyecto alcanzó localidades como Aleppo, Hama, Homs, Damasco y otras zonas afectadas por la guerra. Es otro ejemplo de cómo la responsabilidad social de Messi ha utilizado alianzas con organizaciones especializadas para convertir una aportación privada en una intervención con alcance internacional.
3. Impulsó uno de los grandes centros de oncología pediátrica de Europa
El vínculo de Messi con la lucha contra el cáncer infantil es probablemente uno de los capítulos de mayor escala de su trayectoria filantrópica. La Fundación Leo Messi fue uno de los donantes fundadores e impulsores del SJD Pediatric Cancer Center Barcelona, desarrollado por el Hospital Sant Joan de Déu. Messi, además, se convirtió en uno de los principales rostros de la campaña #ParaLosValientes para movilizar a ciudadanos y empresas.
La campaña consiguió 30 millones de euros entre febrero de 2017 y octubre de 2018 para construir el centro y posteriormente obtuvo otros 7 millones de euros para completar las obras. Más de 150 empresas y miles de particulares participaron en el proyecto. El centro permite elevar la capacidad del hospital de alrededor de 300 nuevos casos pediátricos de cáncer al año a hasta 400, un incremento aproximado de 35%.
4. Destinó recursos a la investigación de leucemia infantil
La responsabilidad social de Messi también ha llegado a un terreno menos visible que las grandes campañas públicas: la investigación científica. La Fundación Leo Messi estableció una colaboración con la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia para financiar proyectos centrados en formas poco frecuentes y especialmente agresivas de leucemia infantil.
Uno de ellos estudia la leucemia linfoblástica aguda pro-B del lactante con translocación t(4;11), un subtipo que afecta especialmente a bebés menores de un año y que tiene un pronóstico muy desfavorable. La propia Fundación Leo Messi reportó que apoyaría el proyecto llamado “Ningún niño con leucemia” durante dos años con el objetivo de fortalecer la investigación médica de este tipo de leucemia que a menudo tiene un diagnóstico fatal para los menores y que en España afecta a aproximadamente 6 niños al año.
5. Apoyó a hospitales durante la pandemia de COVID-19
Cuando la pandemia puso bajo presión a los sistemas sanitarios, Messi también utilizó sus recursos para responder a una emergencia que afectaba a millones de personas. En marzo de 2020, el Hospital Clínic de Barcelona confirmó públicamente haber recibido una donación del futbolista destinada, entre otras cosas, a la investigación y a la adquisición de equipos de respiración asistida para atender a pacientes graves.
Los registros de la Fundación Leo Messi permiten dimensionar aún más la aportación: durante 2020 destinó 496,564.38 euros a la adquisición de equipamiento y material médico, principalmente respiradores, entregado a la Fundación Clínic para la Investigación Biomédica. Además, aportó 500,000 euros a la Fundación Garrahan, en Argentina, para adquirir material sanitario y equipamiento médico para diversos hospitales.
6. Financió una residencia para madres de bebés prematuros en Argentina
En Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, la Fundación Leo Messi colaboró con UNICEF para construir, equipar y acondicionar una residencia para madres dentro del Hospital Zonal General de Agudos “Mi Pueblo”. La aportación permitió financiar 60% del proyecto, que creó un espacio de aproximadamente 220 metros cuadrados con capacidad para 12 madres.
La iniciativa atendió una necesidad especialmente sensible: que las madres pudieran permanecer cerca de sus bebés prematuros mientras estos continuaban hospitalizados. El hospital realiza alrededor de 6,000 partos al año y cuenta con una unidad de neonatología de 44 camas; aproximadamente 1.5% de los recién nacidos pesa menos de 1,500 gramos. La intervención muestra una dimensión concreta de la responsabilidad social de Messi: no solo financiar tratamientos, sino mejorar las condiciones humanas alrededor de la atención médica.
7. Apoyó programas de nutrición infantil en Mozambique
En Mangundze, una zona rural de la provincia de Gaza, Mozambique, la Fundación Leo Messi se involucró en un programa contra la desnutrición infantil mediante la creación de comedores escolares. El proyecto contempló desayunos y meriendas nutritivas para estudiantes de comunidades donde únicamente 1% de la población tenía acceso a agua potable y electricidad.
Gracias a la Fundación Leo Messi, más de 15,000 niños, muchos de los cuales tenían que caminar entre ocho y 10 kilómetros para llegar a la escuela, tendrán acceso a una comida nutritiva diaria. El proyecto buscaba atacar simultáneamente dos problemas: la nutrición y la permanencia escolar. La Fundación señaló que alrededor de 40% de los menores de cinco años de la localidad sufría retraso en el crecimiento asociado con la desnutrición crónica, por lo que la intervención buscó mejorar tanto su alimentación como su rendimiento académico.
8. Respaldó la inclusión deportiva de personas con discapacidad intelectual
El deporte también ocupa un lugar central en la estrategia social vinculada a Messi. A través de la Fundación Leo Messi, se han desarrollado colaboraciones con Special Olympics Catalunya para promover la actividad deportiva y mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes con discapacidad intelectual, con un objetivo explícito de combatir la discriminación.
En 2021, los programas conjuntos beneficiaron directamente a 859 jóvenes atletas y alcanzaron indirectamente a 1,718 personas. Las organizaciones trabajan juntas desde 2015 y sus programas están dirigidos a menores de entre 2 y 16 años. Durante la pandemia, además, la Fundación apoyó a la Fundación Baccigalupo para mantener entrenamientos y actividades deportivas mediante Zoom y cursos en línea para atletas con discapacidad intelectual.
9. Llevó apoyo sanitario a niños vulnerables en Haití
La relación de Messi con UNICEF también lo llevó a Haití después del terremoto de enero de 2010. En junio de ese año visitó Puerto Príncipe para conocer de primera mano las consecuencias del desastre y las iniciativas dirigidas a la infancia. Posteriormente, la Fundación Leo Messi realizó una donación para fortalecer programas de UNICEF destinados a bebés prematuros y atención primaria para niños en situación de riesgo.
El proyecto apoyó específicamente la iniciativa conocida como “madres canguro”, orientada a mejorar la supervivencia y el desarrollo de bebés prematuros, así como otros servicios de salud infantil. La Fundación reportó una aportación de 128,507 dólares y señaló que el programa estaba dirigido a niños haitianos de entre seis y nueve meses, un grupo en el que 22% sufría desnutrición crónica.
10. Utilizó el deporte como herramienta de convivencia y prevención de la violencia
En Colombia, la Fundación Leo Messi aportó recursos a un proyecto de UNICEF y la Corporación Prodepaz dentro de la estrategia Deportes para la Paz. La iniciativa partió de una idea que atraviesa buena parte de la trayectoria social del futbolista: el deporte no solo puede formar atletas, también puede generar espacios de convivencia y ayudar a niños y adolescentes a construir proyectos de vida alejados de la violencia.
La acción permitió financiar actividades deportivas dirigidas a comunidades colombianas y se vinculó con la participación de niños y niñas en el encuentro “La Batalla de las Estrellas, Messi y sus amigos”, realizado en Bogotá en 2012. Más allá del monto económico, el valor de la iniciativa está en asociar una figura deportiva de alcance mundial con una causa que utiliza el futbol como vehículo de inclusión, convivencia y protección de la infancia. Así, la responsabilidad social de Messi conecta directamente su principal herramienta de influencia —el deporte— con objetivos sociales.
¿Por qué la responsabilidad social de Messi puede inspirar a millones?
La dimensión más interesante del legado social de Messi quizá no esté únicamente en cuánto dinero se ha destinado a una causa, sino en lo que ocurre cuando una persona con una audiencia global decide poner su nombre al servicio de un problema que normalmente recibe mucha menos atención. UNICEF lo incorporó como Embajador de Buena Voluntad en 2010 y destaca que su trabajo filantrópico se ha concentrado especialmente en niños vulnerables, salud, educación e inclusión.
Ese alcance importa porque la filantropía de una celebridad funciona en dos niveles. El primero es financiero: una donación puede construir infraestructura, comprar equipamiento, financiar investigación o ampliar un programa. El segundo es simbólico: la presencia de una figura como Messi puede conseguir que millones de personas conozcan una causa que probablemente nunca habría aparecido en su radar.
El caso del centro de oncología pediátrica de Barcelona es especialmente ilustrativo. La campaña #ParaLosValientes no dependió exclusivamente de un gran donante: consiguió sumar a más de 100,000 particulares, 150 empresas y donantes fundadores para alcanzar los recursos necesarios. Messi fue uno de los rostros capaces de convertir una necesidad hospitalaria especializada en una causa pública con capacidad para movilizar a ciudadanos y organizaciones.
Y ahí aparece una reflexión que trasciende al futbol. La responsabilidad social no debería entenderse únicamente como algo reservado para multimillonarios, corporaciones o celebridades. Sin embargo, también es cierto que mientras más recursos, influencia y visibilidad tiene una persona, mayores son las oportunidades que tiene en sus manos para generar un impacto positivo.
Gracias Leo Messi por ser una inspiración #ParaCadaInfancia tanto adentro como afuera de la cancha.
Lo dejaste todo por 🇦🇷, así como lo hacés por cada niña, niño y adolescente en el mundo. pic.twitter.com/CTxc9AvAJu
Messi representa una versión particularmente visible de esa ecuación. Puede aportar dinero, pero también puede aportar algo que muchas organizaciones necesitan tanto como los recursos económicos: atención. Una publicación, una visita, una campaña, una fotografía o la celebración de un gol pueden llevar una causa a audiencias que de otro modo nunca la conocerían.
Por eso, el legado de la responsabilidad social de Messi puede leerse como una extensión de su propia trayectoria: talento, recursos y exposición convertidos en herramientas para abrir oportunidades a otros. Su retiro de la selección argentina cierra un capítulo deportivo de 21 años, pero no necesariamente el capítulo de su influencia social. Si algo demuestra su recorrido es que el verdadero alcance de una figura pública no se mide solamente por lo que consigue para sí misma, sino también por lo que puede ayudar a conseguir para los demás.
El legado que queda fuera de la cancha
Messi se va de la selección argentina como máximo goleador y jugador con más partidos en su historia, pero también deja una trayectoria social construida durante casi dos décadas. La Fundación Leo Messi nació en 2007 con una misión centrada en niños y adolescentes en situación de riesgo y ha desarrollado proyectos junto con organizaciones especializadas en salud, educación y deporte.
Ese dato ayuda a poner su despedida en perspectiva. Los 125 goles con Argentina son una cifra que quedará en los libros; los niños que pudieron volver a estudiar en Siria, los pacientes pediátricos que podrán recibir atención en Barcelona, los bebés prematuros cuyas madres pudieron permanecer cerca de ellos o los jóvenes con discapacidad que encontraron en el deporte un espacio de inclusión representan otro tipo de estadística.
Y quizá ese sea uno de los aprendizajes más relevantes de su historia: la responsabilidad social no comienza cuando una persona tiene la capacidad de resolver todos los problemas, sino cuando decide utilizar aquello que sí tiene —dinero, tiempo, conocimientos, contactos o influencia— para ayudar a resolver alguno.
La camiseta número 10 quedará asociada para siempre con Messi. Su legado social, en cambio, puede ser mucho más amplio: demostrar que cuando el talento se combina con recursos y voluntad de colaborar, una persona puede convertir su visibilidad en oportunidades para quienes no cuentan con ella.
Preparar el lunch escolar puede parecer una tarea cotidiana sin grandes implicaciones ambientales. Sin embargo, las decisiones que se toman cada mañana —desde la cantidad de comida que se empaca hasta el tipo de recipientes que se utilizan— pueden ayudar a reducir el desperdicio de alimentos y la generación de residuos.
El reto es especialmente relevante en México. De acuerdo con datos retomados por la FAO, en el país se pierden o desperdician aproximadamente 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes a cerca del 34% de la producción nacional analizada. Este problema también representa un impacto ambiental importante por los recursos utilizados para producir alimentos que finalmente no se consumen.
Por eso, preparar una lonchera sostenible no significa comprar todos los recipientes reutilizables disponibles ni transformar la alimentación de un día para otro. El punto de partida puede ser mucho más sencillo: empacar lo que realmente se va a comer y construir, poco a poco, hábitos que generen menos desperdicio.
¿Qué es una lonchera sostenible?
Una lonchera sostenible busca reducir dos impactos principales: el desperdicio de alimentos y la generación innecesaria de residuos. Para lograrlo, conviene pensar primero en la comida y después en los recipientes.
La regla más importante es sencilla: el lunch más sostenible es aquel cuyos alimentos realmente se consumen. Un recipiente reutilizable pierde parte de su propósito si, de manera constante, termina regresando a casa lleno de comida que después debe desecharse.
La especialista en sostenibilidad Lizzie Horvitz, citada en la información de referencia, recomienda observar durante algunos días qué alimentos regresan intactos. Ese ejercicio permite identificar patrones y ajustar las porciones según lo que realmente come cada niño.
8 acciones para preparar una lonchera sostenible y reducir el desperdicio
1. Observa qué alimentos regresan a casa
Antes de cambiar por completo la rutina, revisa durante una o dos semanas qué vuelve en la lonchera.
Preguntas como estas pueden ayudar:
¿Qué alimentos siempre regresan intactos?
¿Qué porciones quedan constantemente?
¿Qué productos ni siquiera se abrieron?
¿Hay alimentos que sí se comen siempre?
Esta información permite dejar de preparar el lunch basándose únicamente en lo que “debería” llevar y comenzar a hacerlo considerando los hábitos reales de quien lo consume.
2. Pregunta por qué no se comió algo
Ver la comida que sobra es importante, pero también lo es entender la razón. Quizá el niño no tuvo suficiente tiempo para comer, el alimento era difícil de abrir o preparar, o simplemente el horario del almuerzo no coincidía con su nivel de hambre.
La recomendación es mantener una conversación curiosa, no acusatoria. Entender qué ocurre durante el recreo puede evitar que alimentos perfectamente comestibles terminen desperdiciándose.
3. Empaca porciones que realmente pueda consumir
Uno de los errores más comunes es llenar los recipientes simplemente porque hay espacio disponible. Sin embargo, una porción más grande no necesariamente significa una mejor alimentación si termina en la basura.
Las necesidades cambian según la edad, el nivel de actividad y los horarios. Por ello, conviene ajustar las cantidades y observar los resultados. Si durante varios días sobra comida, reducir ligeramente la porción puede ser más efectivo que asumir que el alimento dejó de gustarle.
4. Reutiliza las sobras de comida en buen estado
La cena del día anterior puede convertirse en una excelente opción para el lunch. Verduras, arroz, pasta, sopas o preparaciones que ya se sabe que gustan pueden aprovecharse en recipientes adecuados.
Esta práctica ayuda a reducir el desperdicio doméstico y evita preparar alimentos adicionales cuando todavía existen opciones disponibles en el refrigerador. Como señala la chef Jessica Randhawa en el material de referencia, el recipiente importa menos que lograr que la comida sea consumida.
Eso sí: siempre es fundamental considerar la seguridad alimentaria y mantener correctamente refrigerados o calientes los alimentos perecederos.
5. Prioriza recipientes reutilizables, pero usa primero lo que ya tienes
No es necesario comprar un juego completo de recipientes nuevos para tener una lonchera sostenible. Antes de adquirir productos, vale la pena revisar qué hay en casa y aprovechar los recipientes que todavía funcionan.
La sostenibilidad también implica extender la vida útil de los objetos. Comprar nuevos productos reutilizables para reemplazar artículos que aún pueden utilizarse puede generar un consumo innecesario.
Si se adquieren nuevos recipientes, conviene elegir opciones resistentes, fáciles de lavar y que puedan utilizarse repetidamente.
6. Reduce los empaques de un solo uso cuando sea posible
Comprar alimentos a granel y dividirlos en porciones dentro de recipientes reutilizables puede ayudar a disminuir la cantidad de envolturas que llegan diariamente a la escuela.
La misma lógica aplica a las bebidas: una botella reutilizable suele generar menos residuos que enviar constantemente envases individuales.
Sin embargo, la sostenibilidad también requiere considerar el desperdicio de comida. Un producto individual que permanece cerrado y puede consumirse otro día puede ser preferible a una porción de alimento abierto que termina desechándose. El objetivo no es la perfección, sino encontrar soluciones que funcionen en la vida diaria.
7. No confundas “compostable” con “sostenible”
Los envases que se anuncian como compostables no necesariamente resolverán el problema de los residuos. Muchos requieren instalaciones especializadas para degradarse correctamente.
Antes de elegir este tipo de productos, es importante saber si en la comunidad existe un sistema que realmente pueda procesarlos. De lo contrario, pueden terminar en un relleno sanitario como cualquier otro residuo.
Por eso, cuando sea posible, la prioridad puede ser sencilla: reducir, reutilizar y después buscar alternativas para los residuos inevitables.
8. Haz cambios graduales y convierte la sostenibilidad en un hábito
Intentar eliminar todos los residuos de una sola vez puede resultar frustrante. Una estrategia más realista es elegir un cambio, incorporarlo a la rutina y avanzar después hacia otro.
Puede comenzar con una botella reutilizable, después reducir una envoltura de un solo uso o aprender a aprovechar mejor las sobras. Los pequeños hábitos sostenidos suelen tener más impacto que un cambio radical que no logra mantenerse.
¿Por qué es importante hacer más sostenibles las elecciones del lunch?
Hablar de una lonchera sostenible puede parecer un tema pequeño frente a desafíos como el cambio climático o la pérdida de alimentos a gran escala. Sin embargo, la sostenibilidad también se construye a partir de decisiones cotidianas.
Cada alimento que se desperdicia representa recursos que ya fueron utilizados para producirlo: agua, energía, suelo, trabajo y transporte. En México, el problema tiene una dimensión significativa. Un análisis citado por la FAO señala que la pérdida y desperdicio de alimentos en el país genera importantes costos ambientales, económicos y sociales, mientras millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria.
Además, el consumo responsable forma parte de la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que busca reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena alimentaria. México continúa avanzando en la medición de estos indicadores junto con instituciones como INEGI y la FAO, una muestra de la importancia que tiene conocer el problema para poder tomar mejores decisiones.
Por supuesto, una lonchera individual no resolverá por sí sola el desperdicio alimentario del país. Pero sí puede convertirse en un espacio para aprender algo fundamental: la sostenibilidad no depende únicamente de grandes decisiones empresariales o políticas públicas.
También está presente en aquello que compramos, en la cantidad que servimos, en lo que reutilizamos y en los alimentos que elegimos no tirar.
Al final, preparar una lonchera sostenible no exige alcanzar la perfección. Se trata de observar, ajustar y crear hábitos. Porque cuando millones de decisiones cotidianas comienzan a cambiar, incluso acciones aparentemente pequeñas —como empacar la cantidad correcta de comida— pueden formar parte de una transformación mucho más grande.
Instalar paneles solares puede representar una inversión capaz de reducir el gasto energético de un hogar durante años. Sin embargo, existe una diferencia importante entre poder pagar un sistema al contado y tener que financiarlo: los intereses pueden reducir considerablemente los ahorros e incluso hacer que muchas familias descarten la idea antes de empezar.
Ese es el problema que busca resolver una propuesta surgida en Reino Unido: los llamados bonos solares, un mecanismo que podría conectar a inversionistas interesados en obtener rendimientos estables con propietarios que necesitan financiamiento más barato para instalar energía fotovoltaica. La idea abre una conversación interesante sobre cómo acelerar la transición energética: no basta con desarrollar mejores tecnologías; también es necesario crear nuevas formas de hacerlas accesibles.
¿Qué son los bonos solares y cómo funcionan?
Para entender qué son los bonos solares, puede ser útil pensar en los bonos tradicionales que gobiernos y ciudades utilizan para financiar infraestructura.
En términos sencillos, el modelo propone que inversionistas aporten capital a través de instrumentos respaldados o estructurados para financiar la instalación de paneles solares. A cambio, reciben una rentabilidad moderada. Ese dinero permitiría ofrecer a los hogares préstamos con tasas de interés inferiores a las disponibles en el mercado comercial.
La propuesta analizada en Reino Unido contempla una estructura en la que:
Los inversionistas reciben un rendimiento estable por su capital.
Los propietarios acceden a financiamiento más barato para instalar paneles solares.
El sistema solar comienza a generar ahorros en la factura energética.
El préstamo puede vincularse a la propiedad, en lugar de depender exclusivamente de la persona que lo solicitó.
Este último punto es especialmente relevante. Si una persona vende su vivienda, el compromiso financiero podría permanecer asociado al inmueble y trasladarse bajo las condiciones establecidas al nuevo propietario, en lugar de convertirse en un obstáculo para mudarse.
La propuesta promovida por el think tank Common Wealth plantea que este tipo de mecanismo podría reducir significativamente el costo de los préstamos para sistemas solares. En Reino Unido, las instalaciones domésticas pueden costar entre 5,000 y 10,000 libras, mientras que algunos préstamos comerciales tienen tasas cercanas al 9% o 10%, capaces de absorber buena parte de los beneficios económicos iniciales de generar electricidad propia.
¿Por qué son necesarios los bonos solares?
La respuesta a porqué son los bonos solares tan buena idea está relacionada con una barrera fundamental de la transición energética: el costo del capital.
Un hogar que tiene suficientes recursos para comprar e instalar paneles solares al contado puede comenzar a beneficiarse de la reducción en su factura eléctrica prácticamente desde el primer día. Pero quienes necesitan un crédito enfrentan una realidad distinta.
Cuando el financiamiento tiene intereses elevados, parte importante de los ahorros obtenidos gracias a la energía solar termina destinándose al pago del préstamo.
Esto genera una paradoja: una tecnología que puede ayudar a reducir gastos energéticos y emisiones puede quedar disponible principalmente para quienes ya cuentan con capacidad económica para pagarla.
Los bonos solares buscarían romper esa barrera mediante un modelo de financiamiento más accesible.
Los bonos solares frente a otras formas de financiar paneles
Los paneles solares ya pueden adquirirse mediante diferentes esquemas de financiamiento. En Estados Unidos, por ejemplo, existen contratos de arrendamiento, acuerdos de compra de energía y préstamos ofrecidos por bancos verdes en algunos estados.
Sin embargo, cada alternativa presenta limitaciones.
Arrendamiento o leasing
Permite instalar paneles sin realizar una gran inversión inicial, pero el propietario de la vivienda puede no convertirse en dueño del sistema. Esto significa que parte de los beneficios económicos de largo plazo permanece en manos de la empresa propietaria de la instalación.
Préstamos verdes
Pueden ofrecer mejores condiciones que algunos créditos comerciales y facilitar el acceso a tecnologías limpias. Sin embargo, generalmente el préstamo permanece vinculado al prestatario.
Bonos solares
La propuesta busca cubrir un espacio adicional: ofrecer capital de menor costo y, potencialmente, vincular el mecanismo de pago a la propiedad.
Por eso, los bonos solares no necesariamente tendrían que reemplazar las opciones existentes. Su mayor valor podría estar en ampliar el número de alternativas disponibles para distintos tipos de hogares.
¿Por qué los bonos solares podrían acelerar la instalación de paneles?
Si el financiamiento es uno de los principales obstáculos para adoptar energía solar residencial, reducir su costo puede tener un efecto directo sobre la demanda.
La experiencia reciente del Reino Unido demuestra que existe un fuerte interés por la generación distribuida. En 2025 se realizaron 269,000 instalaciones solares, el mayor número registrado en un año en el país y 37% más que el año anterior. Además, alrededor del 95% correspondió a instalaciones en techos de hogares, empresas y otros edificios.
En este contexto, responder qué son los bonos solares implica entenderlos también como una herramienta para ampliar el mercado. Si más familias pueden acceder a préstamos asequibles, más viviendas podrían instalar sistemas fotovoltaicos.
¿Cómo pueden impulsar la sostenibilidad?
Los beneficios potenciales van más allá del ahorro individual. Una mayor adopción de paneles solares puede contribuir a:
Reducir la dependencia de combustibles fósiles para generar electricidad.
Impulsar la generación distribuida, produciendo energía cerca del lugar donde se consume.
Proteger a los hogares frente a la volatilidad de los precios energéticos.
Movilizar capital privado hacia infraestructura limpia.
Democratizar el acceso a la transición energética, evitando que quede limitada a quienes pueden pagar la inversión inicial.
Crear mercados financieros vinculados con objetivos climáticos.
Este último punto es especialmente importante desde la perspectiva de sostenibilidad y finanzas verdes. La transición energética requiere enormes inversiones, y los gobiernos difícilmente podrán financiar por sí solos toda la infraestructura necesaria.
Por eso, instrumentos capaces de conectar el ahorro privado con proyectos de energía limpia podrían desempeñar un papel cada vez más relevante.
El desafío: ¿cómo se recupera el dinero?
La idea es relativamente sencilla; la implementación es más compleja.
Uno de los principales retos consiste en establecer un sistema eficiente para cobrar los pagos. En Reino Unido, una posibilidad sería incorporar el cargo correspondiente a la factura energética y mantenerlo asociado al inmueble.
Replicar el modelo en otros países requeriría adaptar el mecanismo a cada sistema energético y financiero.
En Estados Unidos, por ejemplo, la gran cantidad de empresas de servicios públicos y estructuras tarifarias dificulta crear un programa federal uniforme. Sin embargo, un modelo desarrollado estado por estado podría resultar más viable.
Esta es una de las principales lecciones que deja la propuesta: los bonos solares no son únicamente un producto financiero; necesitan reglas claras, mecanismos de cobro transparentes y protección para los consumidores.
¿Podrían los bonos solares ser una idea para otros países?
La propuesta británica abre una pregunta relevante para economías que buscan acelerar la transición energética: ¿qué ocurriría si el financiamiento de tecnologías limpias fuera tan accesible como otros créditos para infraestructura?
En México, donde la radiación solar representa una oportunidad importante para la generación fotovoltaica, mecanismos financieros innovadores podrían ayudar a abordar una de las barreras habituales para la adopción residencial: el costo inicial de la instalación.
No significa que el modelo británico pueda trasladarse automáticamente. Cada país tendría que analizar sus propias condiciones regulatorias, el funcionamiento de su mercado eléctrico y los mecanismos de protección al consumidor.
Pero la lógica detrás de los bonos solares resulta aplicable a una conversación global: si queremos que la energía limpia llegue a más hogares, debemos pensar no solo en cómo producir mejores paneles, sino también en cómo hacer posible pagarlos.
La transición energética suele presentarse como un desafío tecnológico. Los bonos solares plantean otra perspectiva: también es un desafío financiero. Y si reducir el costo del capital permite que más personas instalen paneles, una innovación en el mundo de las finanzas podría convertirse en una herramienta tan importante para la sostenibilidad como la propia tecnología que busca impulsar.
Gustavo Pérez Berlanga, Director de Responsabilidad Social de Grupo Restaurantero Gigante (GRG), participó como conferencista en la Junta Anual del Consejo Directivo de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC), celebrada el pasado 26 de agosto de 2026 en el Centro Banamex de la Ciudad de México.
Durante su intervención, Pérez Berlanga abordó la importancia de incorporar la sustentabilidad en la estrategia y operación de los establecimientos restauranteros, particularmente de las pequeñas y medianas empresas. Asimismo, compartió algunas de las experiencias y buenas prácticas desarrolladas por GRG en materia ambiental, social y de gobernanza.
El directivo destacó que la sustentabilidad no debe entenderse únicamente como una tendencia, sino como una forma de gestión que permite fortalecer la competitividad, reducir riesgos, mejorar la eficiencia operativa y generar valor para los colaboradores, clientes, proveedores, comunidades y demás grupos de interés.
Como parte de este compromiso con el fortalecimiento del sector, Grupo Restaurantero Gigante también abrió las puertas de su Centro de Distribución en México a un grupo de empresarios restauranteros, quienes tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano sus procesos operativos, logísticos y de abastecimiento.
La visita fue coordinada por Ángeles Guzmán Berlin, Directora del CEDIS de GRG, quien fungió como una anfitriona excepcional y compartió con los asistentes la experiencia, las capacidades y las principales prácticas que respaldan la operación de las marcas del grupo.
Estas actividades reflejan la convicción de GRG de que la responsabilidad social también implica compartir conocimientos, aprendizajes y experiencias que contribuyan a construir negocios más sólidos, responsables e incluyentes y, con ello, una industria restaurantera cada vez más sustentable.
La participación de Gustavo Pérez Berlanga y la apertura del Centro de Distribución fueron posibles gracias al liderazgo de Juan Carlos Alverde Losada, Director General de Grupo Restaurantero Gigante, quien ha impulsado una cultura empresarial basada en la colaboración, la innovación, la responsabilidad social y la generación de valor compartido.
Con este tipo de iniciativas, GRG refrenda su compromiso de colaborar con la CANIRAC y con los empresarios del sector para promover mejores prácticas y avanzar conjuntamente hacia una industria restaurantera más competitiva, responsable y sustentable.
A veces, ayudar a otras personas no requiere una donación multimillonaria, ni acciones monumentales, sino que puede comenzar con algo tan pequeño como comprar una galleta y aún así puede marcar la diferencia. Esto es algo que Panda Express —cadena de restaurantes de comida chino-americana perteneciente a Grupo restaurantero Gigante (GRG)— comprende muy bien.
Por ello, a través de una iniciativa organizada por su brazo filantrópico, Panda Cares —cuya misión es apoyar a niñas, niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad—, logró recaudar fondos destinados a financiar cirugías para niñas, niños y adolescentes de bajos recursos que viven con enfermedades complejas y para los que una intervención quirúrgica significa acceder a una mejor calidad de vida. De esta forma, las donaciones de Panda Express demostraron que un gesto cotidiano puede terminar teniendo un impacto trascendental para quienes reciben la ayuda.
Campaña de Panda Express ayuda a niñas y niños con enfermedades complejas
La campaña de Panda Express y Panda Cares permaneció activa de agosto de 2025 a agosto de 2026 en 27 sucursales de la cadena. La dinámica combinó donativos en alcancías y en caja de cobro con la venta de la Galleta Panda, un producto con causa por el que se destinaban cinco pesos a la iniciativa por cada pieza vendida. También se habilitaron mecanismos de donación en medios digitales y puntos de venta.
El objetivo era apoyar al Centro de Cirugía Especial de México (CCEM), institución que brinda cirugías gratuitas a niñas y niños en condición de pobreza extrema que presentan malformaciones, deformidades graves o secuelas de parálisis cerebral, entre otras condiciones. Su trabajo busca reducir el grado de discapacidad y aumentar la independencia de los pacientes, con la intención de favorecer su integración en la familia, la escuela y la sociedad.
¿Por qué es tan relevante la campaña de Panda Express?
De acuerdo con el Dr. Salvador Mercado, fundador y director del CCEM, la infancia representa una etapa particularmente importante para intervenir este tipo de condiciones, ya que, según explica, entre los dos y los ocho años existe una “ventana de oportunidad” en la que es posible obtener mejores resultados mediante procedimientos quirúrgicos que, en muchos casos, pueden ser menos complejos, mientras que al crecer las cirugías pueden volverse más agresivas y los periodos de recuperación más largos.
Para el centro, las donaciones de Panda Express llegan en un momento especialmente relevante, ya que la institución enfrentó dificultades para mantener sus operaciones después de la pandemia debido a la disminución de los donativos empresariales y llegó a estar cerca de cerrar. Además, acumuló una lista de espera de 456 niñas y niños que requerían atención, por lo que hoy, contar con el apoyo de más donadores es crucial para seguir adelante:
“Gracias a Panda Cares vamos a poder realizar el tratamiento de nuevos niños que estaban en espera y que nos urge un poco resolverlo dentro de esta etapa que le llamamos ventana de oportunidad. Agradecemos el esfuerzo de Panda Cares y toda la gente que está involucrada”.
Dr. Salvador Mercado, fundador y director del CCEM.
Por eso, más que una cifra, para el CCEM este apoyo representa la posibilidad de atender a pacientes que no pueden esperar indefinidamente y para los cuales una cirugía puede marcar una diferencia significativa en su desarrollo y en su autonomía.
Logros de la campaña 2025-2026 de Panda Express
Donativo recaudado
Gracias a la campaña de Panda Express y a la colaboración de asociados y comensales, fue posible recaudar 178 mil 717.79 pesos, por lo que la compañía organizó un evento en elPanda Express Reforma, durante el cual se realizó la entrega simbólica del donativo.
Aporte adicional de Grupo Restaurantero Gigante
Al encuentro acudieron el Dr. Salvador Mercado, beneficiarios de la institución, así como integrantes y directivos de Panda Express y Grupo Restaurantero Gigante (GRG), entre ellos Gustavo Pérez Berlanga, Director de Responsabilidad Social en Grupo Restaurantero Gigante, quien durante la reunión anunció una aportación adicional de 71 mil 282.21 pesos, con el propósito de ampliar el apoyo a la institución.
Suma total de la campaña de Panda Express
De esta manera, el donativo final alcanzó los250 mil pesos, recursos que contribuirán a financiar cirugías para niñas, niños y adolescentes atendidos por el CCEM. Después de la entrega, los asistentes pudieron compartir el momento mientras degustaron algunos de los platillos de Panda Cares.
Tal como explicó Ana Paula Ochoa, Brand Manager de Panda Express, para la compañía este tipo de iniciativas forman parte de su manera de apoyar a las comunidades en las que está presente y en esta labor, Panda Cares funge como el vínculo entre los valores de la empresa y las acciones que realiza en sus tiendas y es por eso que como una de sus acciones de responsabilidad social más recientes han impulsado esta campaña para ayudar a financiar las cirugías de niñas y niños de bajos recursos, con la convicción de que todo suma cuando se trata de ayudar:
“Al final no hay esfuerzo pequeño y esta campaña hoy se ve traducida en este cheque simbólico que entregamos el día de hoy”.
¿Cuál es el impacto de las donaciones de Panda Express?
No obstante, los logros de una campaña de este tipo no pueden explicarse únicamente desde la compañía. Detrás del resultado estuvieron también los colaboradores que promovieron la iniciativa en las sucursales y los comensales que decidieron comprar la Galleta Panda o realizar una aportación.
Por eso, con el objetivo de honrar el ánimo solidario de quienes participan en las campañas de Panda Express existe un ritual que se realiza cada que alguien dona en alguna de las sucursales: los colaboradores hacen sonar una campana y responden con un “gracias”. La dinámica busca reconocer públicamente la voluntad de quien contribuye y, al mismo tiempo, despertar la curiosidad de otros clientes para que conozcan la causa.
Karen García, líder de cocina de Panda Express Reforma, explicó que algunos clientes preguntaban por qué sonaba la campana y, al conocer la campaña, otros se animaban a participar. De esta forma, la experiencia en las tiendas busca convertir la acción individual en una cadena.
Al final, un gesto tan pequeño como decidir comprar la Galleta Panda terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: la posibilidad de que más niñas y niños accedan a una cirugía capaz de transformar su vida. Un ejemplo de ello es el de Ivana, quien nació con artrogriposis múltiple congénita y enfrentó diversas complicaciones de salud. Su familia llegó al CCEM en busca de atención y, hasta ahora, ha recibido dos cirugías que han sido fundamentales para su desarrollo motriz.
Sus padres recuerdan que el panorama inicial era complejo y que existía la posibilidad de que Ivana no pudiera hablar o caminar. Sin embargo, su evolución ha sido distinta:
“La ayuda ha cambiado su vida increíblemente. Ahora ya le gusta cantar, ya empieza a caminar solita”, compartieron sus padres.
Historias como la de Ivana permiten dimensionar el alcance de las donaciones de Panda Express y cómo detrás de cada producto con causa, de cada peso aportado, existe la posibilidad de que una familia encuentre una alternativa para atender una condición que, de otro modo, podría representar años de espera o una carga económica imposible de asumir. Por eso, sus padres también quisieron agradecer a quienes participaron en la campaña:
“Gracias porque, aun si donaron desde un peso, a todas las familias que recibimos este apoyo nos cambiaron la vida de una manera increíble”.
¿Por qué los consumidores y colaboradores son vitales en una campaña como la de Panda Express?
La historia de esta campaña deja una idea sencilla: ayudar no siempre comienza con grandes acciones. Puede hacerlo una persona que compra una galleta, un colaborador que explica una causa, un gerente que impulsa una campaña o una empresa que decide ampliar un donativo. Cuando esos esfuerzos se encuentran, una aportación individual puede convertirse en recursos capaces de cambiar la vida de una familia.
Las donaciones de Panda Express destinadas al CCEM muestran justamente el valor de esa suma de voluntades y gracias a ello, los 250 mil pesos reunidos contribuirán a que niñas, niños y adolescentes que enfrentan limitaciones puedan acercarse a una cirugía que les permita recuperar funcionalidad, independencia y nuevas posibilidades para su futuro. Porque, al final, una galleta sí puede convertirse en algo mucho más grande: una oportunidad para vivir mejor.
Mercado Libre lanza la segunda edición de “CLIC, El Impulso de lo Nuestro”, una plataforma gratuita y permanente de capacitación en e-commerce dirigida a productores, cooperativas y micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) de México que dan sus primeros pasos en el comercio digital. Disponible en todo momento a nivel nacional, y sin requisitos previos, la plataforma incluye un diagnóstico personalizado de cada negocio, seis módulos prácticos de formación y el acompañamiento necesario para que cada participante pueda aplicar lo aprendido en nuevas oportunidades de negocio.
La iniciativa regresa en una nueva edición impulsada por los resultados de la primera, que en 2025 recibió más de 1,400 postulaciones y capacitó a 849 pymes, cooperativas y productores de alimentos, bebidas y belleza de estados como Oaxaca, Chiapas, Querétaro, Jalisco, Guanajuato y Ciudad de México. Como parte del cierre de dicha edición, los emprendimientos Pan Q’ Ayuda, Pergal y Habanerísima recibieron un fondo de $300,000 pesos para fortalecer sus marcas mediante mejoras en empaque, fotografía e identidad visual.
“CLIC nació de la convicción de que el e-commerce puede transformar el trabajo de quienes tienen un producto de calidad pero todavía no tienen presencia digital. La primera edición nos demostró que el modelo funciona y que hay una demanda real en todo el país. Con esta segunda edición damos el siguiente paso: hacer que la formación sea permanente, disponible en cualquier momento y orientada a resultados concretos dentro de Mercado Libre”, señaló Guadalupe Marín, Directora Regional de Sustentabilidad de Mercado Libre.
CLIC 2026 operará en dos fases. La primera, permanente y autoguiada, permite que las organizaciones accedan a la formación en cualquier momento del año y avancen a su propio ritmo, a través de un diagnóstico inicial del negocio y seis módulos de formación práctica sobre digitalización, estrategia de venta y operación dentro de Mercado Libre, con una duración aproximada de cinco horas.
La segunda fase de aceleración, prevista para mediados de agosto, seleccionará entre 30 y 40 organizaciones con prioridad en productos de alimentos, bebidas o belleza de producción local, para seis semanas de acompañamiento intensivo con mentorías grupales y masterclasses abiertas. El programa se desarrolla en alianza con FIBO, organización responsable de la facilitación de contenidos y el seguimiento de participantes durante la aceleración.
La iniciativa forma parte de la agenda de inclusión digital y desarrollo económico de Mercado Libre, que desde hace 26 años trabaja por democratizar el acceso al comercio en América Latina. CLIC está diseñado para reducir brechas geográficas y digitales y ofrece a productores con oficio y producto una vía concreta para llegar a los compradores de la plataforma de comercio electrónico más grande de la región.