Por qué la RSC se parece más a un Ferrari de lo que crees

Por Edgar López

Hace unos días leí que Ferrari está enviando algunos de sus vehículos altamente personalizados por vía aérea a clientes ultra-ricos en Medio Oriente. Ante las restricciones en el transporte marítimo derivadas del conflicto en la región, la marca italiana optó por asumir un costo entre cuatro y cinco veces superior al habitual para cumplir con las entregas prometidas.

Financial Times
Financial Times

Desde un punto de vista puramente operativo, la decisión parece un exceso injustificable. Pero desde la lógica de la marca —que vende no solo autos, sino exclusividad, personalización y un cumplimiento absoluto—, se trata de una elección coherente y estratégica.

Esa noticia me hizo entender algo que rara vez se ve con tanta claridad en el mundo empresarial: cuando una promesa de valor es realmente central para tu marca, no se suspende ni siquiera cuando se vuelve cara o incómoda.

Y eso me llevó a pensar tanto en la RSC como en el ESG y en cómo se viven hoy dentro de muchas empresas. En la práctica, muchas organizaciones han avanzado en integrar la responsabilidad social y la sustentabilidad a su discurso e incluso a su operación. Pero cuando el contexto aprieta —presiones geopolíticas, exigencias de corto plazo o la necesidad de proteger márgenes—, reaparece una pregunta clásica, la que suele surgir en mesas de consejo o en conversaciones con liderazgos financieros: ¿y todo esto para qué?, ¿qué estamos ganando realmente?

Aunque nunca haya tenido un Ferrari, su modelo deja una idea clara: el valor no se declara; se construye.

Entonces, con esa lógica en mente, al ver este caso (Ferrari) se me vienen a la mente cinco cosas que pueden ayudar a entender mejor por qué algunas estrategias de RSC se sostienen… y otras no.

1. El estatus no está en el cumplimiento, sino en la elección visible

El estatus de un Ferrari no proviene únicamente de poseer el auto. Proviene de cómo se configura. Los materiales, los acabados, los detalles, los tiempos y hasta la disposición a asumir costos extraordinarios forman parte de la señal. El comprador no se distingue por cumplir con un estándar, sino por elegir algo más allá de lo necesario, y por hacerlo visible.

www.ferrari.com
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En sostenibilidad ocurre algo similar. Cumplir ya no diferencia; es el punto de partida. Lo que empieza a construir valor es la capacidad de ir más allá de lo obligatorio y hacerlo de forma perceptible. No se trata solo de “tener ESR” o de contar con una política ambiental, sino de cómo se interpreta esa responsabilidad, qué causas se priorizan, qué renuncias se aceptan y qué decisiones concretas modifican la operación. El estatus, también aquí, no viene del cumplimiento básico, sino de decisiones que no eran forzosas y que, precisamente por eso, adquieren significado.

2. La personalización es narrativa, no solo operación

En la nota sobre Ferrari, la palabra “personalización” podría leerse de forma superficial, como si hablara solo de estética. Pero en realidad describe una lógica de negocio: el cliente no compra un objeto estándar, compra una expresión de identidad. No paga únicamente por transporte o desempeño; paga por una configuración que dice algo sobre él. En el lujo, la personalización no es decoración: es narrativa.

Ferrari - Tailor Made
Ferrari – Tailor Made

Ese es uno de los grandes vacíos del ESG corporativo. Muchas empresas gestionan bien sus programas, pero pocas construyen una postura propia. Repiten agendas, replican discursos, adoptan iniciativas similares. El resultado es predecible: hay actividad, pero poca identidad. Una empresa responsable empieza a diferenciarse cuando deja de limitarse a decir “tenemos un programa ambiental” y puede afirmar, con hechos, “decidimos salir de esta práctica”, “dejamos de vender este producto”, “asumimos esta posición aunque nos incomodara”. Ahí la sostenibilidad deja de ser solo gestión y empieza a convertirse en relato corporativo con carácter.

3. El estatus se nota más cuando implica una decisión difícil

Enviar un Ferrari por avión no es la solución más eficiente. Justamente por eso comunica tanto. El sobrecosto deja de ser un problema logístico y se convierte en una prueba visible de coherencia: la marca sostiene su promesa aunque eso implique un trade-off claro, y el cliente está dispuesto a valorarlo.

En ESG ocurre algo parecido. Muchas empresas buscan que la sostenibilidad sea impecable en el discurso y, al mismo tiempo, que no altere realmente la operación. El problema es que cuando no hay renuncias reales ni decisiones que cambien el negocio, su valor estratégico se vuelve frágil.

El mercado y los equipos internos suelen reconocer mejor a las organizaciones que toman decisiones incómodas: cambiar proveedores más caros pero responsables, retirar productos problemáticos o transparentar prácticas que antes se toleraban.

La responsabilidad que no exige ninguna decisión difícil puede ser técnicamente correcta… pero rara vez construye valor. La que sí implica renunciar a algo es la que construye credibilidad.

4. La exclusividad no es elitismo; es coherencia difícil de replicar

Ferrari no es para todos. Y una parte esencial de su valor consiste precisamente en eso. No solo por precio, sino porque su lógica de compra exige un tipo de relación con el producto, con el tiempo y con el estatus que no todos pueden ni quieren sostener. La exclusividad no es un accidente; es parte del sistema de valor.

Ferrari - Tailor Made
Ferrari – Tailor Made

En sostenibilidad hay una lección importante allí. No todas las empresas pueden sostener con consistencia ciertas prácticas, ciertos niveles de trazabilidad, ciertas decisiones difíciles o ciertas renuncias. Y eso no necesariamente es una falla del sistema; también puede ser la fuente del posicionamiento. El verdadero diferencial no está en afirmar “somos responsables”, sino en demostrar “hacemos esto que pocos están dispuestos a hacer de forma sostenida”. Visto así, la exclusividad no tiene que ver con elitismo, sino con una coherencia que no es fácil de replicar.

5. El estatus no se comunica; se filtra

Sería extraño que alguien comprara un Ferrari altamente personalizado, aceptara pagar más para recibirlo antes y luego decidiera esconderlo. El producto está hecho para ser visto. No porque necesite propaganda, sino porque su valor se vuelve evidente en la medida en que circula, aparece y se reconoce. El estatus no necesita ser explicado en exceso; se percibe.

En ESG sucede con demasiada frecuencia lo contrario. Hay empresas que siguen tratándolo como algo que debe hacerse bien, pero no necesariamente verse. O, peor aún, que intentan compensar con storytelling lo que no alcanza a sostenerse en la operación. El problema es que, en el mercado, lo que no se ve difícilmente construye valor, y lo que se sobreactúa sin respaldo termina pareciendo cosmético. La salida no es más discurso, sino mejor evidencia. La reputación responsable no se grita; se filtra cuando la coherencia es suficientemente sólida como para volverse visible por sí misma.

PortAventura – Ferrari

Ferrari no envía autos por avión por capricho. Lo hace porque no cumplir rompería el significado mismo de lo que vende. Sus clientes lo aceptan porque entienden que el valor está en la coherencia, no solo en la eficiencia.

La gran lección para las empresas es similar: no basta con tener programas, reportes y narrativas bonitas. Llega un momento en que la pregunta clave deja de ser “¿la responsabilidad corporativa genera valor?” y se convierte en otra más incómoda:

¿Estamos realmente dispuestos a sostenerla cuando implique una decisión difícil? Y, sobre todo, ¿alguien lo notaría si dejáramos de hacerlo?


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Por qué las sequías están impulsando el regreso de los combustibles fósiles?

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Las sequías están revelando una de las contradicciones más incómodas de la transición energética: incluso los sistemas diseñados para reducir emisiones pueden volverse vulnerables ante los efectos del propio cambio climático. En Europa, la caída del caudal de ríos y embalses ha debilitado la generación hidroeléctrica en momentos clave, obligando a varios países a recurrir nuevamente a fuentes convencionales para sostener el suministro eléctrico.

Lo preocupante no es solo la dependencia momentánea, sino lo que este fenómeno deja al descubierto. Cuando el agua escasea y la energía renovable no alcanza a cubrir la demanda, el regreso de los combustibles fósiles aparece como una solución inmediata, aunque costosa en términos ambientales, económicos y sociales. El resultado es un círculo que se retroalimenta: el clima extremo reduce la capacidad renovable, se usan combustibles fósiles, aumentan las emisiones y con ello se intensifican las condiciones que harán más frecuentes estas crisis.

Cuando las renovables no logran cubrir la brecha

La vulnerabilidad se hace evidente en la energía hidroeléctrica, una de las fuentes renovables más importantes de Europa. Su desempeño depende casi por completo de la disponibilidad de agua, por lo que una temporada prolongada de sequía puede reducir de forma drástica su capacidad de generación. El problema no es menor: cuando esa fuente pierde fuerza, la solar y la eólica no siempre consiguen llenar el vacío con la rapidez necesaria.

regreso de los combustibles fósiles

Es en ese punto donde varios países se ven obligados a activar centrales de respaldo o aumentar importaciones eléctricas para evitar interrupciones en el suministro. En la práctica, esto se ha traducido en el regreso de los combustibles fósiles como una respuesta inmediata a la caída de la oferta renovable. De hecho, un estudio realizado por investigadores como Francesco Cherubini y Xianping Hu del Programa de Ecología Industrial de la NTNU entre 2017 y 2023, en 25 países europeos, reveló que esta sustitución elevó en 180 teravatios-hora la generación fósil dentro de la Unión Europea.

Más allá de la cifra, lo que este comportamiento muestra es la fragilidad de una transición energética que aún no termina de blindarse frente a fenómenos climáticos extremos. La sequía ya no es solo un problema ambiental: se ha convertido en un factor que pone a prueba la estabilidad de todo el sistema.

El regreso de los combustibles fósiles acelera el círculo climático

Lo más inquietante es la rapidez con la que se activa el efecto de retroalimentación. Cuando cae la generación hidroeléctrica, el sistema compensa con gas, carbón o lignito; al hacerlo, las emisiones aumentan y contribuyen a agravar el calentamiento global, que a su vez hace más frecuentes e intensas las sequías.

Durante los años analizados, este regreso de los combustibles fósiles dejó como saldo 141 millones de toneladas adicionales de CO2 equivalente, una cifra que supera las emisiones anuales por combustibles fósiles de países como los Países Bajos. No se trata de una acumulación lenta, sino de un incremento que puede producirse en una sola temporada crítica.

regreso de los combustibles fósiles

Este punto es clave porque demuestra que la crisis climática no solo genera daños visibles como incendios, inundaciones o pérdida de cosechas; también erosiona silenciosamente la capacidad de los sistemas energéticos para sostener la descarbonización. La transición, en otras palabras, está empezando a sufrir el impacto de los mismos riesgos que intenta resolver.

Un problema ambiental que también afecta la salud

El aumento de emisiones no se limita al CO2. Cada vez que el sistema recurre al carbón, al lignito o incluso al gas natural, también libera contaminantes que tienen consecuencias inmediatas sobre la calidad del aire.

El estudio puso atención en tres de los más relevantes: dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas PM2.5. Estas últimas son especialmente preocupantes porque su tamaño microscópico les permite entrar al torrente sanguíneo y afectar tanto al sistema respiratorio como al cardiovascular. Aunque representaron solo una pequeña parte de las emisiones adicionales, fueron responsables de una proporción mucho mayor del daño total a la salud.

Esto explica por qué países como Bulgaria, España e Italia registraron impactos más severos. Su combinación de ubicación geográfica y matriz energética amplificó la exposición a contaminantes provenientes de distintas regiones. El dato también obliga a ampliar la conversación: el regreso de los combustibles fósiles durante sequías no solo compromete metas climáticas, también tiene efectos directos en bienestar social y salud pública.

regreso de los combustibles fósiles

El costo oculto detrás de la sequía energética

La factura de este fenómeno no termina en el medio ambiente. Los investigadores estimaron que el mayor uso de combustibles fósiles durante estos episodios tuvo un costo cercano a 26 mil millones de dólares, considerando daños sanitarios, ambientales y presión sobre la infraestructura energética.

Para la población, este impacto se vuelve tangible en el aumento de las tarifas eléctricas y en la incertidumbre sobre el suministro. Francesco Cherubini lo resume de forma clara al señalar que este es uno de los efectos del cambio climático que las personas experimentan directamente “en el bolsillo”, a través de facturas más altas y sistemas menos estables.

Desde la perspectiva de sostenibilidad, esto refuerza la idea de que la crisis climática no es un problema distante ni abstracto. Se manifiesta en costos cotidianos, en la competitividad de las industrias y en la capacidad de los países para sostener su seguridad energética.

regreso de los combustibles fósiles

Cómo evitar que la próxima sequía reactive el regreso de los combustibles fósiles

La salida no pasa por cuestionar la transición energética, sino por hacerla más resiliente. Una de las claves está en fortalecer las interconexiones entre países para mover electricidad con mayor facilidad desde regiones con excedentes hacia aquellas que enfrentan déficit temporal.

La flexibilidad en la demanda también será determinante. Desplazar ciertos consumos a horas de menor presión, como la carga de vehículos eléctricos o procesos industriales no urgentes, puede aliviar significativamente la tensión sobre la red en momentos de escasez.

A esto se suma el papel de nuevas soluciones tecnológicas como el almacenamiento en baterías y el hidrógeno limpio, capaces de conservar excedentes renovables para utilizarlos cuando la hidroelectricidad cae. La meta es clara: evitar que cada evento extremo termine provocando un nuevo regreso de los combustibles fósiles.

Resiliencia para no retroceder

La lección que deja Europa es tan clara como incómoda: la transición energética no puede medirse solo por la expansión de renovables, sino por su capacidad para resistir fenómenos extremos sin perder estabilidad.

Las sequías han demostrado que, sin infraestructura flexible, almacenamiento y redes mejor conectadas, el sistema seguirá recurriendo a soluciones de corto plazo que aumentan emisiones y costos. El regreso de los combustibles fósiles es, en ese sentido, menos una decisión política que una señal de vulnerabilidad estructural.

El verdadero desafío hacia adelante será construir sistemas capaces de soportar el estrés climático sin renunciar a la descarbonización. Porque la transición no solo debe ser limpia; también necesita ser lo suficientemente robusta para no retroceder justo cuando más se la necesita.

¿Cerveza hecha con sobrantes de pan? La innovación que podría reducir la huella de esta bebida

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Hoy, industrias enteras están siendo llamadas a revisar no sólo su consumo energético, sino también la manera en que diseñan sus cadenas de suministro, gestionan residuos y aprovechan materiales que históricamente han sido descartados. En ese contexto, la economía circular se ha convertido en una ruta concreta de innovación, especialmente en sectores de consumo masivo donde el volumen y la recurrencia multiplican la huella ambiental.

La industria cervecera ofrece un ejemplo particularmente revelador. Frente al impacto climático de la cerveza, asociado tanto a materias primas como a procesos industriales, ha surgido una compañía cuya propuesta es elaborar cerveza a partir de sobrantes de pan, un modelo que, por un lado, reduce la dependencia de cebada y las emisiones vinculadas a su cultivo y malteado; por otro, rescata toneladas de pan que de otro modo terminarían en vertederos, demostrando que la innovación sostenible puede convertir residuos en valor económico, ambiental y social.

Del desperdicio al insumo: una compañía que redefine el impacto climático de la cerveza

Se trata de Toast Brewing, una empresa de Reino Unido fundada en 2016 que nació con el objetivo de intervenir uno de los flujos de desperdicio más normalizados en la vida cotidiana: el pan. Millones de rebanadas terminan diariamente en la basura entre hogares, panaderías, cadenas de sándwiches y establecimientos de hospitalidad, pese a que detrás de cada pieza existe una carga material importante de agua, suelo, energía y trabajo. Frente a ello, la empresa creó una solución circular: recolectar sobrantes, secarlos, convertirlos en migas e incorporarlos en todas sus recetas de cerveza.

Esta innovación no sólo atiende la gestión de residuos, sino que modifica la intensidad material del producto final. Al sustituir aproximadamente 25% de la cebada por pan recuperado, la marca reduce la dependencia de materias primas vírgenes y ataca una de las fuentes más relevantes del impacto climático de la cerveza: la malta, cuya producción exige fertilizantes, agua y energía térmica. A esto se suma un componente social diferenciador: la empresa dona sus utilidades a organizaciones ambientales, ampliando el alcance del valor compartido.

De migaja a lata: cómo funciona el proceso y por qué reduce emisiones

El proceso conserva la lógica central de la elaboración cervecera, pero introduce una sustitución inteligente en la etapa de materias primas. El pan sobrante, proveniente de panaderías y sandwicherías, se deshidrata y se transforma en migas con un perfil apto para integrarse al macerado. Su contenido de almidón y azúcares lo convierte en un reemplazo funcional de parte de la cebada, siempre que la proporción se mantenga en niveles que no alteren el sabor ni incrementen excesivamente la salinidad.

Desde la perspectiva climática, el beneficio es doble. Por un lado, cada kilogramo de pan reutilizado evita emisiones derivadas de su descomposición como residuo; por otro, reduce la demanda de cebada malteada, cuyo procesamiento es intensivo en calor y agua. Diversos análisis muestran que cada kilo de pan transformado en cerveza puede evitar casi medio kilo de CO₂, lo que convierte esta práctica en una vía concreta para disminuir el impacto climático de la cerveza. Además, en un contexto de calentamiento global que amenaza cultivos templados como la cebada, esta sustitución parcial también fortalece la resiliencia futura de la cadena de suministro.

impacto climático de la cerveza

Los retos del modelo y la circularidad como visión estratégica

Aunque el modelo de Toast Brewing es un referente de innovación circular, su operación diaria enfrenta desafíos mucho más complejos de lo que podría suponerse desde fuera. El primero está en la gestión de la materia prima recuperada. A diferencia de la cebada malteada, que llega con estándares homogéneos de humedad, tamaño y composición, el pan sobrante proviene de distintas fuentes —panaderías, cadenas de sándwiches, hospitalidad— y cada lote puede variar en salinidad, densidad, nivel de azúcares e incluso frescura. Esto obliga a la empresa a implementar procesos rigurosos de clasificación, secado, triturado y análisis nutricional para asegurar que la receta mantenga consistencia en sabor, fermentación y calidad, lo que incrementa costos operativos y complejidad logística.

A ello se suma el reto de la rentabilidad del modelo, uno de los puntos más sensibles para cualquier innovación ESG que busque escalabilidad. Existe la percepción de que, al utilizar un “residuo”, el costo debería disminuir, pero en realidad ocurre lo contrario: recolectar pan en múltiples puntos, transportarlo, acondicionarlo y verificar que sea apto para producción puede hacer que el costo final sea comparable al de la cebada tradicional. Desde la óptica de negocio, esto obliga a sostener una propuesta de valor robusta donde la diferenciación por sostenibilidad, reputación de marca y fidelidad del consumidor compensen la menor eficiencia económica inicial.

En el plano técnico, el propio proceso de elaboración presenta barreras específicas. Durante el macerado, el pan puede alterar la textura del mosto y provocar obstrucciones en las tinas, reduciendo el flujo del líquido azucarado y disminuyendo el rendimiento por lote. Este tipo de incidentes afecta directamente la productividad industrial, ya que se obtiene menos mosto fermentable y, por ende, menos cerveza comercializable. Para mitigar este riesgo, la empresa ha tenido que introducir ajustes como el uso de cáscaras de arroz para mejorar la filtración, lo que evidencia que la circularidad requiere rediseños de proceso y no sólo sustitución de insumos.

Finalmente, uno de los retos más estratégicos está en el mercado y la percepción cultural del consumidor. A pesar del avance de la sostenibilidad, todavía persisten sesgos sobre el sabor, la calidad o incluso la seguridad de un producto elaborado con ingredientes recuperados. Convencer al consumidor de que el pan aporta azúcares fermentables, pero no un “sabor a pan”, exige inversión en comunicación, degustación, narrativa de marca y educación sobre economía circular. Precisamente ahí radica la relevancia de este caso para la RSE: reducir el impacto climático de la cerveza no sólo depende de la innovación técnica, sino de la capacidad de transformar imaginarios de consumo y demostrar que los residuos pueden convertirse en productos premium, deseables y competitivos.

impacto climático de la cerveza

Cuando la sostenibilidad convierte residuos en valor

La cerveza hecha con sobrantes de pan demuestra que la innovación climática más poderosa no siempre surge de tecnologías complejas, sino de nuevas formas de observar los materiales que ya existen en la economía. Lo que antes era desperdicio hoy sustituye recursos agrícolas intensivos, reduce presión sobre cadenas vulnerables al cambio climático y redefine el ciclo de vida de uno de los productos más consumidos del mundo.

Para líderes de sostenibilidad y responsabilidad social, el aprendizaje es profundo: abordar el impacto climático de la cerveza exige pensar más allá de la eficiencia y avanzar hacia modelos regenerativos y circulares. Esta propuesta también instala una nueva ética industrial: en una economía verdaderamente sostenible, todo tiene valor, todo puede reimaginarse y ningún recurso debería terminar prematuramente como residuo.

Sin contrato: así trabajan 17.1 millones de personas en México; ¿las consecuencias?

La fotografía más reciente de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) confirma una de las fracturas más persistentes del mercado laboral mexicano: 17.1 millones de personas subordinadas y remuneradas trabajan sin un contrato por escrito, lo que equivale a 41.4% del total bajo relación de subordinación. La cifra no sólo revela un rezago en la formalización del empleo, sino una falla estructural en la gobernanza laboral de miles de organizaciones que siguen tratando la certeza documental como una formalidad secundaria.

Para quienes observan el fenómeno desde la responsabilidad social, el dato es más que estadístico: millones de trabajadores sin contrato sostienen operaciones, ventas, logística, manufactura y servicios sin una base clara sobre salario, funciones, jornada, causales de rescisión o beneficios adicionales. Aunque la ley protege sus derechos, la ausencia del documento incrementa la opacidad de la relación laboral y erosiona la confianza en el estado de derecho dentro de la empresa.

Más preocupante aún, la tendencia no mejora con la velocidad necesaria. De hecho, de acuerdo con El Economista, al cierre de 2025, la proporción de personal sin contrato repuntó 0.7 puntos porcentuales, y en la última década apenas se ha reducido 4.6 puntos, lo que evidencia que la formalización documental sigue avanzando a un ritmo insuficiente para la escala del problema.

La lectura crítica es contundente: cuando la incertidumbre contractual alcanza a millones de personas, el problema deja de ser administrativo y se convierte en un riesgo material para derechos humanos, reputación corporativa, productividad y cumplimiento.

 trabajadores sin contrato

Precariedad documental y normalización del incumplimiento

El hallazgo más revelador no es sólo el número, sino lo que representa en términos culturales. Como advierte Katia Everardo, especialista en relaciones laborales, la falta de contratos es uno de los incumplimientos más comunes porque “se pasa por alto y se percibe como una formalidad”. Ese punto es clave: la cifra sugiere que en México todavía persiste una cultura empresarial donde la relación laboral se activa operativamente antes que jurídicamente.

Esto genera un entorno donde los trabajadores sin contrato operan con menor claridad sobre su categoría, alcance de funciones, indicadores de desempeño y mecanismos de salida. Vanessa Díaz, directora de Laboral MX, subraya que el contrato no sólo acredita la relación, sino que delimita con precisión qué debe hacer el colaborador y qué ocurre si incumple. Sin ese marco, la gestión del talento queda sujeta a interpretaciones ambiguas, fricciones internas y mayor conflictividad.

Desde una óptica de calidad de vida, esta falta de certeza se traduce en estrés financiero, dificultad para planear patrimonio, obstáculos para acceder a crédito y una sensación constante de vulnerabilidad frente a cambios unilaterales en jornada, salario o beneficios.

¿Por qué ocurre? Entre cultura de informalidad, formatos genéricos y omisión patronal

Las razones detrás del fenómeno son múltiples, pero convergen en una lógica estructural: muchas empresas siguen subestimando el valor estratégico del contrato. En algunos casos, la explicación es operativa: pymes sin área laboral robusta, procesos de contratación acelerados o dependencia de formatos descargados que no reflejan la realidad del puesto. En otros, responde a una visión de corto plazo que privilegia flexibilidad y rapidez sobre certeza jurídica.

Aquí emerge otro hallazgo crítico: el problema no es sólo la ausencia del documento, sino la falta de personalización. Las especialistas coinciden en que copiar formatos genéricos sin adaptarlos a industria, puesto, necesidades del negocio o modalidad de contratación debilita la capacidad probatoria del patrón y la claridad funcional del colaborador. En otras palabras, no basta con “tener contrato”; debe ser un instrumento coherente con la realidad del trabajo.

Para los trabajadores sin contrato, esta omisión abre la puerta a sobrecarga de tareas, redefinición arbitraria del puesto y dificultades para defender límites razonables de responsabilidad, lo que repercute directamente en bienestar, engagement y permanencia.

regreso de los combustibles fósiles

Consecuencias para empresa y trabajador: certeza jurídica rota, litigio y deterioro de vida laboral

La Ley Federal del Trabajo es clara. El artículo 24 establece que las condiciones laborales deben constar por escrito, y el artículo 26 precisa que la falta del contrato no priva al trabajador de sus derechos, sino que la omisión se imputa al patrón. Esto hace que el mayor riesgo recaiga sobre la empresa.

El impacto jurídico es profundo: ante una controversia, el empleador carece del elemento central para acreditar salario, horario, jornada, prestaciones o beneficios supralegales. Como ejemplifica Katia Everardo, si un colaborador acredita razonablemente una jornada extensa, un salario superior o incluso un fondo de ahorro, la ausencia del contrato suele inclinar la interpretación a favor del trabajador. Esto puede derivar en litigios costosos, contingencias laborales y pasivos no previstos.

Para el empleado, la consecuencia más visible es la reducción de calidad de vida. Los trabajadores sin contrato viven con menor certidumbre sobre vacaciones, días de descanso, bonos, crecimiento interno y condiciones de salida. Esta ambigüedad debilita la sensación de justicia organizacional, aumenta ansiedad y reduce la percepción de dignidad laboral, un componente central en cualquier agenda ESG seria.

El papel de las empresas: formalizar como estrategia de responsabilidad social y debida diligencia

El combate a este problema no puede limitarse al cumplimiento normativo. Para las empresas, formalizar contratos debe entenderse como una herramienta de sostenibilidad social, gestión del riesgo y construcción de confianza. La certeza documental protege al colaborador, fortalece la posición jurídica del patrón y mejora la claridad de expectativas, funciones y mecanismos de evaluación.

 trabajadores sin contrato

Desde la RSE, esto implica profesionalizar procesos de contratación, entregar copia del documento antes del inicio de labores, adaptar cada contrato al puesto real y evitar formatos genéricos que no resistan auditoría o juicio. También supone integrar esta práctica en políticas de derechos humanos, compliance laboral y debida diligencia de cadena de suministro, especialmente en proveedores intensivos en mano de obra.

La lección estratégica es clara: reducir el universo de trabajadores sin contrato no sólo fortalece el estado de derecho, también mejora clima laboral, productividad, reputación y resiliencia corporativa. En un mercado donde la legitimidad empresarial depende cada vez más de la calidad del empleo, la formalización ya no es burocracia: es una ventaja competitiva ética.

¿Empaques sostenibles o greenwashing? Señalan a Unilever, Mondelez, Mars, Kraft Heinz

La sostenibilidad se ha convertido en uno de los territorios más disputados dentro de la comunicación corporativa. En particular, los empaques han pasado de ser un elemento funcional a un símbolo visible del compromiso ambiental de las marcas. En los supermercados europeos, frases como “cero residuos plásticos” o “100 % reciclado” no solo informan: seducen, construyen confianza y orientan decisiones de compra.

Sin embargo, en paralelo a este auge narrativo, crece también el escrutinio. Diversas investigaciones han comenzado a cuestionar la veracidad de estas afirmaciones, revelando que detrás de muchas soluciones aparentemente sostenibles existen procesos complejos, poco transparentes y, en algunos casos, contradictorios con los objetivos climáticos. Es en este punto donde el concepto de greenwashing en empaques sostenibles deja de ser una sospecha para convertirse en una conversación urgente.

La promesa verde que conquista supermercados

De acuerdo con Voxeurop, recorrer los pasillos de cualquier supermercado europeo es encontrarse con una narrativa cuidadosamente construida. Productos icónicos de marcas globales destacan sus credenciales ambientales en empaques, etiquetas y campañas digitales. Desde chocolates hasta alimentos procesados, la sostenibilidad se presenta como un atributo casi estándar dentro de la oferta.

Empresas como Unilever, Mondelez, Mars y Kraft Heinz han integrado estos mensajes como parte central de su posicionamiento. En sus sitios web y reportes corporativos, enfatizan el uso de materiales reciclados, la reducción de emisiones y su contribución a la economía circular. Para el consumidor, esto genera la percepción de estar frente a decisiones responsables y alineadas con el cuidado del planeta.

Empaques sostenibles o greenwashing

No obstante, esta narrativa —aunque potente— no siempre refleja la complejidad detrás de los procesos productivos. La distancia entre lo que se comunica y lo que realmente ocurre en la cadena de suministro comienza a abrir una brecha que merece ser analizada con mayor rigor.

El rol oculto de la industria petrolera

Detrás de estos empaques “sostenibles” se encuentra una red industrial mucho más amplia de lo que parece a simple vista. En el centro de esta red está Saudi Aramco, considerada la mayor contribuyente corporativa al calentamiento global, que a través de su filial SABIC suministra materiales plásticos utilizados por grandes marcas de consumo.

Esta relación introduce una paradoja difícil de ignorar: la misma industria que ha impulsado el uso masivo de combustibles fósiles ahora se posiciona como proveedora de soluciones circulares. Aunque el discurso se enfoca en innovación y reciclaje, la base del sistema sigue siendo el petróleo. Para especialistas en sostenibilidad, este vínculo no es menor. Implica que los avances en empaques pueden estar condicionados por intereses económicos que priorizan la continuidad del modelo fósil, más que una transformación real hacia alternativas sostenibles.

Greenwashing en empaques sostenibles: la narrativa vs la realidad

El greenwashing en empaques sostenibles se hace evidente cuando se analizan las herramientas que permiten a las empresas sostener sus afirmaciones. Una de las más utilizadas es el balance de masas, un sistema contable que asigna contenido reciclado a productos finales sin que este esté necesariamente presente de forma física.

En términos prácticos, esto significa que un envase puede comercializarse como reciclado aunque contenga una proporción mínima de material recuperado.

La diferencia entre lo real y lo declarado queda diluida en cálculos técnicos que el consumidor promedio no tiene forma de verificar.

Este mecanismo, aunque legal en ciertos contextos, plantea cuestionamientos éticos relevantes. Especialmente en un momento donde la transparencia y la trazabilidad son pilares fundamentales de la responsabilidad social empresarial.

greenwashing en empaques sostenibles

Reciclaje químico: ¿solución o simulación?

El reciclaje químico ha sido presentado como una de las grandes innovaciones para enfrentar la crisis del plástico. A través de procesos como la pirólisis, los residuos se transforman en materia prima que puede reincorporarse a la producción de nuevos materiales. Sin embargo, la evidencia sugiere que esta tecnología dista de ser una solución definitiva. Diversos estudios muestran que puede generar más emisiones que la producción de plástico virgen, debido a su alta demanda energética y a la complejidad del proceso.

Además, su eficiencia es limitada. Solo una fracción del material procesado logra convertirse en nuevos polímeros, mientras que el resto se pierde o se destina a otros usos. Esto reduce significativamente su impacto positivo en términos ambientales.

greenwashing en empaques sostenibles

La ilusión de la circularidad

La economía circular se ha convertido en uno de los conceptos más utilizados dentro del discurso empresarial. No obstante, en el caso de los plásticos, su implementación real sigue siendo marginal frente a la magnitud del problema.

A nivel global, apenas el 6 % del plástico producido proviene de materiales reciclados, mientras que el 94 % restante sigue dependiendo de resinas vírgenes de origen fósil.

Esta proporción evidencia que la circularidad, en muchos casos, es más aspiracional que operativa. En este contexto, hablar de empaques sostenibles sin abordar la reducción en la producción de plástico puede resultar insuficiente. La circularidad no solo implica reciclar mejor, sino producir menos y diseñar de forma más inteligente.

greenwashing en empaques sostenibles

Greenwashing en empaques sostenibles: métricas bajo sospecha

Otro elemento clave en esta discusión es la forma en que se construyen las métricas ambientales. Muchas empresas basan sus afirmaciones en análisis de ciclo de vida que comparan sus procesos con escenarios hipotéticos, como la incineración de residuos. Este enfoque permite generar cifras de “emisiones evitadas” que no necesariamente reflejan reducciones reales. En algunos casos, incluso procesos más contaminantes pueden parecer positivos bajo estas metodologías.

El resultado es una narrativa respaldada por datos que, aunque técnicamente válidos, pueden inducir a interpretaciones engañosas. Para los expertos, esto subraya la necesidad de estándares más estrictos y comparables.

Regulación europea: avances y contradicciones

La Unión Europea ha dado pasos importantes para regular el uso de plásticos y promover el reciclaje. Normativas como el PPWR buscan incrementar el contenido reciclado en envases y reducir su impacto ambiental. Sin embargo, la inclusión de mecanismos como el balance de masas dentro de este marco regulatorio ha generado controversia. Mientras algunos lo ven como una herramienta pragmática, otros lo consideran una concesión a la industria.

Esta ambigüedad regulatoria refleja la tensión entre avanzar en sostenibilidad y mantener la competitividad económica. Un equilibrio que, hasta ahora, sigue siendo difícil de alcanzar.

El peso del lobby y los incentivos económicos

El desarrollo del reciclaje químico no puede entenderse sin considerar la influencia de la industria petroquímica en la toma de decisiones. A través de inversiones, alianzas y actividades de cabildeo, estas empresas han logrado posicionar sus soluciones como parte de la agenda política. Además, una cantidad significativa de recursos públicos ha sido destinada a financiar estas tecnologías. Esto plantea interrogantes sobre la eficiencia de estas inversiones y su alineación con los objetivos climáticos.

En este escenario, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en un tema de gobernanza y poder económico.

Alternativas: rediseño y reutilización

Frente a las limitaciones del reciclaje químico, diversas organizaciones y expertos proponen enfoques más estructurales. Entre ellos, destacan el rediseño de envases, la eliminación de materiales innecesarios y la promoción de sistemas de reutilización. El reciclaje mecánico, aunque menos sofisticado, sigue siendo más eficiente y menos intensivo en carbono. Además, avanzar hacia envases monomateriales puede facilitar su procesamiento y aumentar su tasa de recuperación.

Estas soluciones requieren cambios profundos en la forma en que se diseñan y consumen los productos. Pero también representan una oportunidad real para reducir el impacto ambiental.

greenwashing en empaques sostenibles

El consumidor en medio de la complejidad

En medio de esta discusión, el consumidor enfrenta un entorno cada vez más complejo. La abundancia de etiquetas, certificaciones y mensajes ambientales dificulta distinguir entre prácticas genuinas y estrategias de marketing. Esto no solo afecta la confianza, sino también la capacidad de tomar decisiones informadas. Cuando todo parece sostenible, nada lo es realmente. Por ello, la transparencia se vuelve un elemento clave. No basta con comunicar; es necesario hacerlo de manera clara, verificable y alineada con la realidad operativa.

El debate sobre los empaques sostenibles pone en evidencia las tensiones entre narrativa, regulación e impacto real. Aunque existen avances importantes, también persisten prácticas que pueden caer en el greenwashing en empaques sostenibles, debilitando la credibilidad del sector.

Superar este desafío implica ir más allá de la innovación tecnológica y apostar por una transformación sistémica. Esto incluye repensar los modelos de producción, fortalecer la regulación y, sobre todo, alinear el discurso con acciones verificables. La sostenibilidad, en última instancia, no se construye en las etiquetas, sino en las decisiones estructurales que definen cómo producimos, consumimos y nos relacionamos con el entorno.

¿Por qué los líderes empresariales están dejando de hablar de sostenibilidad?

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Durante el pico de ambición corporativa entre 2021 y 2022, la sostenibilidad ocupó un lugar privilegiado en los discursos de los CEO: compromisos net zero, hojas de ruta ESG, promesas de cadenas limpias y anuncios públicos de transformación dominaron reportes, foros y llamadas con inversionistas. Sin embargo, ese protagonismo comenzó a diluirse cuando las organizaciones pasaron del storytelling a la implementación. Lo que Bain & Company identifica como una “recesión” del tema en la conversación ejecutiva no refleja desinterés, sino un ajuste estratégico frente a la complejidad real de ejecutar objetivos climáticos en contextos de presión financiera, incertidumbre regulatoria y cadenas de suministro fragmentadas.

Tal cómo señala Sustainability Magazine, hoy el panorama muestra que los líderes han vuelto a hablar de sostenibilidad, pero ya no desde la lógica aspiracional de hace unos años. El lenguaje se ha desplazado hacia costos, resiliencia operativa, inversiones de capital, proveedores y competitividad industrial. En otras palabras, la sostenibilidad regresa menos como discurso autónomo y más como infraestructura de desempeño empresarial. Esta transición, lejos de restarle relevancia, la está insertando en decisiones críticas sobre electrificación, emisiones de Alcance 3, abastecimiento de minerales estratégicos e inteligencia artificial aplicada a eficiencia.

¿Por qué los líderes empresariales dejaron de hablar de sostenibilidad?

La aparente reducción en la visibilidad del tema durante un periodo respondió, en gran medida, a un baño de realidad corporativo. Tras una primera fase marcada por metas ambiciosas, muchos CEO descubrieron que hablar de sostenibilidad era mucho más sencillo que traducirla en decisiones operativas consistentes a lo largo de cadenas globales, presupuestos restringidos y métricas auditables. La complejidad de descarbonizar proveedores, rediseñar portafolios y absorber CAPEX verde obligó a un replanteamiento que temporalmente sacó el tema del centro del discurso.

Sin embargo, ese silencio relativo está tocando fondo. La sostenibilidad está regresando con prioridades diferentes, anclada menos en reputación y más en creación de valor, continuidad del negocio y capacidad de respuesta frente a shocks geopolíticos, tecnológicos y de mercado. Para los CEO, volver a hablar de sostenibilidad hoy implica discutir vehículos eléctricos, cadenas de baterías, materiales críticos, presión de clientes B2B y trazabilidad de emisiones, es decir, una agenda más instrumental, menos simbólica y potencialmente más transformadora.

hablar de sostenibilidad

De la narrativa al desempeño: cómo cambian las prioridades al hablar de sostenibilidad

Uno de los hallazgos más reveladores de Bain & Company surge del análisis de más de 35 mil declaraciones de CEO de 150 empresas líderes entre 2018, 2022 y 2024. Mientras en 2018 predominaban referencias al cumplimiento normativo y al beneficio social, hoy las menciones se concentran en variables de negocio: costos, clientes, inversiones de capital y riesgo operativo. El dato es clave porque muestra que hablar de sostenibilidad ya no se articula como una agenda paralela, sino como una lente para gestionar desempeño empresarial y competitividad.

Jean-Charles van den Branden, socio sénior y líder global de sostenibilidad en Bain, lo resume con precisión:

“Puede que los directores ejecutivos hablen menos sobre sostenibilidad, pero lo compensan con hechos”.

Esta “brecha entre lo que se dice y lo que se hace” redefine el papel del liderazgo. La lectura crítica es clara: la madurez del tema no se mide por volumen discursivo, sino por su capacidad de integrarse a decisiones financieras, compras, pricing, resiliencia de cadena y planeación de crecimiento.

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Hablar de sostenibilidad desde la transformación industrial: baterías, EV y geopolítica

El segundo gran cambio está en el enfoque. La sostenibilidad ya no se limita a compromisos climáticos abstractos, sino que se expresa en transformaciones industriales concretas. Los vehículos eléctricos y la tecnología de baterías son quizá el mejor ejemplo. La caída global en costos, junto con la política industrial china y la expansión de empresas como CATL y BYD, ha acelerado la adopción mucho más rápido de lo previsto, demostrando que la sostenibilidad se vuelve estratégica cuando converge con escala, eficiencia y ventaja competitiva.

Los datos son contundentes: China hoy refina 70% del litio grado batería y 90% del grafito grado batería del mundo. Esto obliga a los CEO a hablar de sostenibilidad desde una óptica geoeconómica: acceso a materias primas, seguridad de suministro y soberanía industrial. Para las empresas, la transición ya no depende únicamente del consumidor final, sino del control upstream de insumos críticos y de la capacidad para construir ecosistemas productivos resilientes.

La nueva instrumentalización: ejecución, alcance 3 e IA

El tercer desplazamiento ocurre en la forma de ejecutar. Hoy, la conversación se ha desplazado hacia la ejecución fina: cómo traducir esos compromisos en sistemas, procesos, datos y decisiones de negocio que resistan la presión financiera y la complejidad de cadenas globales. En este sentido, volver a hablar de sostenibilidad implica menos énfasis en promesas aspiracionales y más atención a capacidades internas de implementación, monitoreo y corrección.

El punto más crítico de esta instrumentalización está en las emisiones de Alcance 3, precisamente porque representan la parte menos controlable de la huella corporativa. Para muchas industrias, estas emisiones pueden superar ampliamente a las emisiones directas, ya que dependen de proveedores, logística, uso del producto y fin de vida. Esto obliga a las empresas a desarrollar nuevos mecanismos de gobernanza con su cadena de valor: trazabilidad de insumos, cláusulas contractuales de descarbonización, programas de acompañamiento a proveedores, métricas compartidas y esquemas de compras que premien desempeño ambiental. Para especialistas en RSE, aquí se está redefiniendo la frontera entre sostenibilidad y procurement, ya que hablar de sostenibilidad hoy exige intervenir las decisiones de abastecimiento con el mismo rigor con el que se gestionan costos o calidad.

La dificultad está en que esta presión no se distribuye de manera homogénea. Los clientes, especialmente en entornos B2B, están elevando sus expectativas más rápido de lo que muchos proveedores pueden transformar sus operaciones. Bain advierte que en sectores vinculados a energía, electrificación y manufactura, cada vez más ejecutivos prevén que los objetivos net zero llegarán más tarde de lo previsto justamente por la fragilidad de la cadena extendida. Esto genera una tensión estratégica: mientras las empresas líderes endurecen sus exigencias, buena parte de su ecosistema aún carece de capital, tecnología o visibilidad de datos para responder. Por ello, hablar de sostenibilidad se ha vuelto inseparable de la gestión de riesgo sistémico y continuidad operativa.

En paralelo, la inteligencia artificial está emergiendo como la capa tecnológica que vuelve posible esta nueva etapa de ejecución. La IA no sólo ayuda a automatizar reportes ESG; su valor real está en la capacidad para anticipar ineficiencias, modelar escenarios y optimizar decisiones complejas en tiempo real. Desde algoritmos que identifican hotspots de emisiones en redes logísticas, hasta modelos predictivos para consumo energético, mantenimiento de activos, planeación de rutas o simulación de demanda, la IA convierte la sostenibilidad en una disciplina de precisión. Las compañías más avanzadas ya la utilizan para mapear emisiones de proveedores, detectar riesgos de interrupción en minerales críticos y priorizar inversiones con mejor retorno climático-financiero.

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Menos discurso, más arquitectura empresarial

La aparente disminución del protagonismo del tema en la voz de los CEO no significa que la sostenibilidad haya perdido centralidad; significa que ha dejado de ser un discurso ornamental y se ha convertido en una arquitectura de negocio. La verdadera evolución no está en cuántas veces un líder decide hablar de sostenibilidad, sino en cuántas decisiones críticas —desde CAPEX hasta abastecimiento de litio— ya están siendo filtradas por criterios climáticos, de resiliencia y competitividad.

Para quienes lideran algún área de responsabilidad social, esta transición exige una lectura más sofisticada. La sostenibilidad corporativa madura cuando deja de depender de grandes anuncios y empieza a expresarse en cadena de suministro, política industrial, IA, electrificación y gestión del riesgo. En ese sentido, que los CEO vuelvan a hablar de sostenibilidad desde la ejecución puede ser una señal mucho más poderosa que el entusiasmo retórico de años anteriores: menos promesa, más transformación real.

Nueva evidencia muestra que pesticidas y microplásticos podrían acelerar la resistencia de las bacterias a los antibióticos

Los pesticidas y los microplásticos —dos contaminantes que suelen estudiarse de forma independiente— podrían estar interactuando en el medio ambiente de maneras que intensifican el estrés microbiano y aceleran la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Esta es la advertencia que surge del proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticides, un esfuerzo de investigación internacional en curso en el que el Tecnológico de Monterrey desempeña un papel central a través del trabajo del Prof. Manish Kumar, profesor distinguido de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC), bajo el programa Faculty of Excellence del Tecnológico de Monterrey.

Las proliferación de las bacterias resistentes a los antibióticos ya es considerada una “pandemia silenciosa”, que podría ser responsable de más muertes anuales que el VIH/SIDA y la malaria combinados. Esta nueva investigación sugiere que los contaminantes ambientales —y no solo el mal uso clínico de los antibióticos— podrían estar contribuyendo a su propagación.

Los pesticidas están viajando mucho más lejos de lo que se esperaba. Durante décadas, los investigadores se han centrado en la contaminación por pesticidas en los suelos, los residuos de cultivos y la escorrentía de agua. Sin embargo, el consorcio ha descubierto una ruta inquietante y pasada por alto: ahora se están encontrando residuos de pesticidas en muestras de aire a altitudes significativas e incluso en regiones donde no se ha producido un uso reciente de estos químicos.

El consorcio sobre Soluciones a la Contaminación por Pesticidas está emitiendo una fuerte alarma sobre esta vía atmosférica subestimada. Los pesticidas pueden volatilizarse, adherirse a partículas en el aire y ser transportados a grandes distancias, extendiendo la contaminación mucho más allá de los campos donde fueron aplicados originalmente.

“Nuestro objetivo inicial era monitorear la contaminación del suelo y del agua”, explica el Dr. Kumar. “Sin embargo, cuando descubrimos que las concentraciones de pesticidas en el aire eran significativamente más altas que en el agua o el suelo, nuestra investigación tomó un nuevo giro crítico. La atmósfera está emergiendo ahora como un medio de transporte activo para los productos químicos agrícolas, y este desarrollo es profundamente preocupante, con implicaciones de gran alcance que apenas comenzamos a comprender”.

pesticidas y microplásticos

Microplásticos: los “vehículos” que amplifican la amenaza

Uno de los componentes más sorprendentes de la investigación es el papel de los microplásticos. Una vez que se dispersan en el medio ambiente —a través de la degradación de envases, tejidos, residuos industriales o desechos urbanos— estas partículas interactúan tanto con contaminantes químicos como con microorganismos.

Las simulaciones de laboratorio y los análisis de campo sugieren que:

●  Los microplásticos absorben los pesticidas fácilmente, actuando como depósitos móviles.

●  Transportan bacterias en sus superficies, creando microecosistemas llamados “plastiesferas”.

●  Las condiciones abrasivas y de estrés de estas superficies pueden aumentar las tasas de mutación microbiana.

El Dr. Kumar resume el fenómeno con una analogía sencilla: “Los microplásticos actúan como taxis. Transportan pasajeros —metales, pesticidas y microbios— juntos. Y cuando las bacterias experimentan estrés químico, como la exposición a microcontaminantes como pesticidas o metales, comienzan a intercambiar genes de supervivencia. Algunos de esos genes son precisamente los que causan la resistencia a los antibióticos”.

Esta interacción crea lo que los científicos llaman “puntos críticos de desarrollo de RAM (Resistencia a los Antimicrobianos)”, entornos que fomentan el intercambio de genes entre microbios, acelerando la evolución de cepas resistentes que luego pueden llegar a los animales, las plantas y los seres humanos.

Estamos ante un problema complejo en la intersección de la agricultura, la contaminación y la salud global: el proyecto de investigación integra disciplinas que rara vez se combinan en los estudios ambientales tradicionales: rastreo isotópico ambiental, análisis microbiológico y genómico, muestreo atmosférico, química del suelo, ingeniería agrícola y modelado ambiental.

Al reunir estas perspectivas, el consorcio descubrió patrones que no serían visibles a través de estudios aislados.

“Los problemas ambientales no se presentan en categorías separadas. Microplásticos, pesticidas, bacterias: todos coexisten en los mismos ecosistemas. La complejidad de su interacción es exactamente la razón por la que muchos de estos fenómenos han permanecido ocultos”, añade el Dr. Kumar.

pesticidas y microplásticos

Un consorcio global: 8 países, 21 investigadores y una misión científica compartida

El proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticide (Comprensión microcósmica de las rutas de contaminación y soluciones para pesticidas) reúne a expertos de: India, Japón, México, Reino Unido, Alemania, Australia y varios países de la Unión Europea, representando diversos campos como la hidrología, la ciencia del suelo, la química atmosférica, la ingeniería química, la ecología microbiana y la toxicología ambiental. La colaboración busca crear datos comparables entre regiones, mejorando la capacidad de rastrear el movimiento global de contaminantes y desarrollar estrategias internacionales de mitigación.

El Tecnológico de Monterrey contribuye mediante herramientas avanzadas de isótopos ambientales e investigación en microbiología ambiental, reforzando su creciente liderazgo en sostenibilidad, transformación de la industria y salud, los tres pilares de la Escuela de Ingeniería y Ciencias.

Perspectivas científicas clave que surgen del estudio:

1.- El transporte de pesticidas por aire está más extendido de lo esperado: Los pesticidas pueden moverse a través de la atmósfera y depositarse en ecosistemas mucho más allá de las fronteras agrícolas.

2.- Los microplásticos están alterando el comportamiento de las bacterias ambientales: La exposición a mezclas de contaminantes cambia las vías metabólicas microbianas, los mecanismos de supervivencia y las respuestas al estrés.

3.- Los contaminantes combinados pueden acelerar la resistencia a los antimicrobianos: El estrés químico aumenta las tasas de transferencia horizontal de genes, el proceso mediante el cual las bacterias intercambian rasgos de resistencia.

4.- Las mezclas de contaminantes se comportan de forma diferente a los contaminantes individuales: Los marcos regulatorios evalúan los químicos mayoritariamente de forma aislada; esta investigación sugiere que las mezclas del mundo real se comportan de maneras que no pueden predecirse estudiando los contaminantes por separado.

5.- Las poblaciones vulnerables están expuestas de manera desproporcionada: Los niños, los trabajadores agrícolas y las comunidades rurales pueden estar experimentando rutas de exposición ocultas.

pesticidas y microplásticos

El Dr. Jürgen Mahlknecht, líder del Núcleo de Investigación en Clima y Sostenibilidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, y co-investigador del consorcio, también destaca la urgencia de abordar el tema, que muestra profundas implicaciones globales y regionales en los sistemas de salud, la agricultura y la regulación: “Si los contaminantes ambientales están acelerando la resistencia a los antimicrobianos, entonces esto no es solo un problema agrícola: se convierte en un problema de salud, un problema de seguridad alimentaria y un problema social”.

La investigación subraya la necesidad de fortalecer la regulación de los contaminantes atmosféricos y de microplásticos, actualizar los estándares ambientales para incluir mezclas de contaminantes, adoptar tecnologías de aplicación de pesticidas más controladas e invertir en vigilancia ambiental que vincule la contaminación con las bacterias resistentes a los antibióticos.

En América Latina, donde el uso de pesticidas es elevado y el monitoreo de microplásticos aún es incipiente, los hallazgos son particularmente relevantes. México, debido a sus condiciones climáticas e intensidad agrícola, podría enfrentar una dispersión acelerada de contaminantes suspendidos en el aire.

El consorcio continuará con: experimentos de microcosmos controlados para analizar eventos de transferencia de genes, modelado de transporte atmosférico, huella isotópica de contaminantes a través de los continentes y el desarrollo de recomendaciones de mitigación para los gobiernos y la industria. La siguiente fase también incluye esfuerzos de comunicación más amplios para ayudar al público a comprender la conexión entre la contaminación ambiental y la resistencia a los antimicrobianos.

Cuatro años transformando tapitas en acciones: Moen y Banco de Tapitas consolidan su impacto social y ambiental

Lo que comenzó como un esfuerzo local hace cuatro años, hoy se consolida como un pilar de responsabilidad compartida. Moen, la marca de grifería número 1 en Norteamérica, anuncia el inicio de su cuarta campaña anual de recolección de tapitas, tras cerrar un 2025 donde la participación ciudadana y de sus colaboradores permitió recolectar 162 kilogramos.

Esta iniciativa, realizada en alianza estratégica con Plaza Avanta y a beneficio de Banco de Tapitas A.C., no es solo un programa de reciclaje; es un ecosistema de economía circular que genera recursos directos para tratamientos oncológicos de niños y jóvenes de hasta 21 años en todo el país.

“Llegar a nuestro cuarto año consecutivo no es solo una cifra, es la prueba de que la constancia genera cambios reales. En Moen no solo gestionamos el agua de forma inteligente, también gestionamos nuestro impacto en el planeta. Cada kilogramo recolectado es una doble victoria: retiramos plástico del ecosistema y brindamos una oportunidad de vida a un niño“, señala May Ann Nadonga, vicepresidente de ventas y marketing para Moen México.

Moen y Banco de Tapitas

La campaña está profundamente arraigada en Mission Moen, la ambiciosa estrategia global de la marca que busca proteger los recursos hídricos y reducir la huella de plástico en los océanos. Al recolectar 162 kg en el último año, Moen ha logrado evitar la emisión de aproximadamente 215 kg de CO2 a la atmósfera, demostrando que el diseño de lujo y la conciencia ecológica pueden y deben coexistir.

El contenedor ubicado en Plaza Avanta, en Monterrey, Nuevo León, se ha convertido en un punto de referencia para la comunidad. Durante este 2026, Moen invita nuevamente a sus colaboradores, aliados y al público en general a depositar sus tapitas de plástico (de alimentos, productos de aseo y cuidado personal).

¿Cómo participar en 2026?

  • Lugar: contenedor oficial Moen en Plaza Avanta, Monterrey.
  • Qué recolectamos: tapas de plástico de cualquier tipo de envase.
  • El objetivo: superar la meta de 2025 y seguir convirtiendo residuos en esperanza de vida.

“En Moen, creemos que la innovación debe ser humana. Este cuarto año reforzamos nuestro compromiso con el Banco de Tapitas A.C., porque estamos convencidos de que el futuro se construye con acciones circulares, sociales y sostenibles“, concluye Nadonga.

Consulta la página www.moen.com.mx para conocer más sobre la marca.

El agua diseña nuestra vida, ¿quién diseña para el agua?

Moen

El Movimiento Va por Mi Cuenta supera los 62 millones de pesos y fortalece la seguridad alimentaria en México

Fundación Alsea, A.C. anunció que la campaña 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta recaudó $62,337,122 pesos, alcanzando un récord y superando los $51.8 millones obtenidos en la edición anterior.

La campaña, que se llevó a cabo del 1 de octubre al 14 de diciembre de 2025, invitó a clientes, colaboradores y aliados a sumarse a través de distintas formas de participación, como donativos en restaurantes, aportaciones a través de la página oficial y la compra de productos con causa dentro de las marcas de Alsea, en cerca de 2,000 unidades a nivel nacional.

El monto beneficiará en este 2026 a más de 1 millón 400 mil personas en comunidades vulnerables de todo el país, a través de iniciativas enfocadas en seguridad alimentaria, implementadas de manera directa y en colaboración con organizaciones aliadas.

Como parte de este esfuerzo, Fundación Alsea, A.C. informó que integrará a siete nuevas organizaciones beneficiarias durante este 2026 que fueron seleccionadas a través de su convocatoria de inversión social 2025, lo que permitirá ampliar su impacto en distintas comunidades del país apoyando a más de 15 organizaciones que trabajan en pro de la alimentación este año.  

Las instituciones que se suman como aliadas son: Un Kilo de Ayuda, BiFAM, Christel House México, Fundación ¿Sabías Qué…?, Fundación Nutriendo por un Futuro, Fundación para la Asistencia Educativa (FAE) y Patronato Pro Zona Mazahua.

“Este resultado refleja la confianza en el Movimiento y demuestra que, a través de acciones cotidianas, es posible generar un cambio significativo y sostenible en las comunidades donde estamos presentes”, señaló Ivonne Madrid, directora de Fundación Alsea, A.C.

Gracias a esta inversión, durante 2026 Fundación Alsea, A.C. apoyara un total de 22 proyectos relacionados con la alimentación, para contribuir a su misión de generar bienestar en personas y comunidades vulnerables, a través de inversión social sustentable.

El anuncio se realizó en el marco de la mesa de diálogo “Impacto de la RSE en la industria restaurantera para la transformación social de México”, organizada por Fundación Alsea, A.C. en Casa Cemefi, sede del Centro Mexicano para la Filantropía.

El encuentro contó con la participación de Iliana Jiménez, directora de mercadotecnia de Domino’s Pizza; Jaime Vásquez, Director de Restaurantes Alsea; Saraí Jiménez, directora de Construcción y Reputación de Marca de Starbucks México; Valentina Villa Ordorica, directora general de Fundación Santander México; y Ricardo Bucio, presidente ejecutivo del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), quienes reflexionaron sobre los retos y oportunidades de la responsabilidad social empresarial en la industria.

El Movimiento Va por Mi Cuenta suma más de una década impulsando la colaboración entre colaboradores de Alsea, sus marcas, clientes y aliados estratégicos para contribuir a la seguridad alimentaria en comunidades vulnerables. A la fecha, la iniciativa ha servido cerca de 10 millones de comidas nutritivas.

En su intervención, Valentina Villa Ordorica destacó la importancia de la coinversión como un mecanismo para potenciar el alcance de este tipo de iniciativas.

“Ser reconocidos como aliado del Movimiento refleja el valor de sumar capacidades entre sectores para atender desafíos complejos como la educación. Desde Fundación Santander México, entendemos que la colaboración permite generar soluciones más integrales y sostenibles. Compartimos con Fundación Alsea una visión clara de impacto social, centrada en ampliar oportunidades y fortalecer el bienestar de las comunidades a las que llegamos de manera conjunta.”, señaló Valentina Villa Ordorica, Directora General de Fundación Santander México.

Por su parte, Ricardo Bucio enfatizó la relevancia de la colaboración entre iniciativa privada y sociedad civil para generar soluciones sostenibles que respondan a los principales retos del país.

“Hablar de hambre hoy no es solo hablar de escasez, sino de desigualdad en el acceso a una alimentación digna y nutritiva. La responsabilidad social empresarial en la industria alimentaria tiene un papel clave en esta transformación: desde cómo se produce, hasta cómo se distribuye y se evita el desperdicio. Si queremos avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, necesitamos empresas que integren la sostenibilidad y los derechos humanos en el centro de sus decisiones, entendiendo que garantizar la alimentación es también garantizar salud, educación y desarrollo para México” comentó el presidente ejecutivo del Cemefi. 

Los resultados de la campaña consolidan al Movimiento Va por Mi Cuenta como una de las iniciativas colaborativas más relevantes en materia de seguridad alimentaria en México, demostrando el impacto que puede lograrse cuando empresas, clientes y sociedad civil trabajan en conjunto.

Guardianas de vida: las biznagas de Terralago

Retratos de la naturaleza

En medio del paisaje natural que rodea a Terralago, miles de biznagas comienzan a florecer, recordando la riqueza biológica de los ecosistemas semiáridos de México. Estas cactáceas, emblemáticas de nuestro país, forman parte de un programa de preservación ambiental impulsado dentro del desarrollo, cuyo objetivo es proteger la vegetación nativa y contribuir al equilibrio ecológico de la zona.

Actualmente, más de 3,600 biznagas se resguardan y cuidan en el vivero del conjunto urbano, donde reciben monitoreo constante y las condiciones adecuadas para su conservación. Muchas de ellas fueron rescatadas durante las primeras etapas del proyecto y hoy continúan su ciclo natural, mostrando en esta temporada sus delicadas y aromáticas flores, un fenómeno que refleja la adaptación y vitalidad de estas especies.

biznagas de Terralago

Joyas mexicanas

En el vivero de Terralago se resguardan cerca de cuatro mil biznagas, cactáceas emblemáticas del paisaje semiárido mexicano que hoy florecen como parte de un programa de preservación ambiental que protege y da continuidad a la vegetación.

biznagas de Terralago
biznagas de Terralago

Flora preservada en Terralago

NOMBRE CIENTÍFICO  NOMBRE COMÚN  NÚMERO DE EJEMPLARES
Agave americanaAgave arroqueño3
Agave angustifoliaAgave espadín3
Agave salmianaAgave pulquero168
Coryphantha elephantidensBiznaga colmillos de elefante21
Opuntia ficus-indicaNopal común2,497
Opuntia streptacanthaNopal Chamacuelo12
Stenocactus crispatusBiznaga ondulada crespada3,720
TOTAL 6,424

Arquitectura natural

Las biznagas que originalmente habitaban esta zona fueron cuidadosamente rescatadas y ubicadas al vivero del desarrollo, donde hoy reciben monitoreo constante y cuidados especializados que favorecen su conservación.

biznagas de Terralago

Un refugio de vida: biodiversidad protegida.

El vivero del conjunto urbano funciona como un espacio dedicado al resguardo y monitoreo de estas especies. Aquí, las biznagas reciben cuidados especializados que permiten observar su crecimiento y adaptación, favoreciendo su conservación y la continuidad de su ciclo natural.

biznagas de Terralago

Herencia que perdura

Las biznagas son una de las especies más representativas de los paisajes áridos de México. Su extraordinaria capacidad de adaptación y resistencia las ha convertido en un símbolo de la biodiversidad local, donde continúan creciendo y floreciendo incluso en condiciones climáticas extremas.

Fotorreportaje realizado con información de Terralago.

www.terralago.com