La sostenibilidad suele competir con otras prioridades dentro de las empresas: requiere inversión, cambios operativos y, sobre todo, modificar hábitos que durante años se han realizado de una determinada manera. Pero ¿qué pasaría si parte de ese esfuerzo pudiera convertirse en un reto? La gamificación está demostrando que introducir dinámicas de juego, competencia y reconocimiento puede ayudar a que los equipos se involucren en objetivos ambientales que también generan beneficios económicos para las organizaciones.
Un ejemplo concreto de ello se encuentra en el sector farmacéutico, donde AstraZeneca y Amgen estuvieron entre los ganadores del Freezer Challenge 2026, una competencia que invitó a laboratorios y organizaciones a reducir el consumo energético de los congeladores utilizados para almacenar muestras biológicas. Más de 4,000 laboratorios y cerca de 270 organizaciones participaron en las acciones que permitieron ahorrar casi 30 gigavatios hora (GWh) de energía. El resultado muestra que fomentar la sostenibilidad no necesariamente implica comenzar con grandes inversiones: también puede depender de conseguir que las personas cambien la manera en que realizan tareas cotidianas.
¿Cómo puede la gamificación fomentar la sostenibilidad?
La gamificación consiste en incorporar elementos propios de los juegos —como retos, rankings, premios, reconocimientos o metas— en actividades que no son necesariamente lúdicas. En el ámbito corporativo, esta estrategia puede convertir una meta ambiental en un desafío colectivo y hacer visible quién está avanzando, qué prácticas están funcionando y qué resultados pueden conseguirse.
El Freezer Challenge es un ejemplo particularmente claro porque vincula el comportamiento de los trabajadores con un indicador ambiental concreto: el consumo de energía. Los laboratorios participantes modificaron la forma en que operaban y mantenían sus congeladores de muestras biológicas. Una de las principales acciones consistió en elevar la temperatura de almacenamiento de -80 °C a -70 °C, un ajuste que no afecta a la mayoría de las muestras, además de garantizar un mantenimiento adecuado de los equipos.
El potencial de estas medidas se explica por el elevado consumo energético de estos aparatos. James Connelly, director ejecutivo de My Green Lab, organización que gestiona el desafío, estima que un solo congelador de ultrabaja temperatura puede consumir tanta energía como dos hogares estadounidenses.

Por eso, convertir este tipo de acciones en una competencia puede ser más que una estrategia para mejorar la participación. Permite relacionar una práctica cotidiana con un resultado medible: menos energía utilizada, menores emisiones asociadas y, al mismo tiempo, potencialmente menores costos operativos.
Para las áreas de responsabilidad social y sostenibilidad, este punto es especialmente relevante. Fomentar la sostenibilidad requiere que los objetivos ambientales lleguen a las personas que toman decisiones todos los días, incluso cuando esas decisiones parecen pequeñas. Una dinámica gamificada puede hacer visible el impacto acumulado de miles de acciones.
AstraZeneca y Amgen: cuando ahorrar energía se convierte en un reto
El Freezer Challenge 2026 reunió a más de 4,000 laboratorios y cerca de 270 organizaciones, que en conjunto consiguieron ahorrar casi 30 GWh de energía al modificar la operación y mantenimiento de sus congeladores.
Entre los participantes destacados estuvieron dos gigantes farmacéuticos. Amgen obtuvo el premio a la Mejor Organización después de conseguir un ahorro promedio de 5,314 kWh diarios durante la primera mitad de 2026.
Por su parte, AstraZeneca, con sede en Reino Unido, alcanzó un ahorro diario de 5,244 kWh, resultado que le permitió obtener el reconocimiento a la Racha Ganadora debido a su desempeño constante a lo largo del desafío.
Los resultados permiten dimensionar el potencial de convertir una meta ambiental en una competencia. En lugar de plantear únicamente que los laboratorios deben consumir menos energía, el desafío proporciona una estructura que incentiva a los equipos a identificar oportunidades, aplicar cambios y comparar resultados.
Además de Amgen y AstraZeneca, Siemens Healthineers obtuvo el reconocimiento a Mejor Organización en la categoría de hospitales, mientras que el Instituto de Investigación del Cáncer del Reino Unido ganó en la sección académica.

Para Connelly, la gamificación del ahorro energético es “una de las estrategias que utilizamos para generar impacto”. Su valor radica en que introduce una dinámica diferente en una conversación que con frecuencia se concentra en riesgos, obligaciones y cumplimiento.
“Hoy en día, gran parte de la sostenibilidad se centra en el pesimismo y el cumplimiento normativo”, señaló Connelly. Frente a ello, los premios y reconocimientos pueden ofrecer una motivación adicional para que los equipos hagan algo que ya resulta conveniente para la propia organización: ahorrar energía y dinero.
De la competencia al cambio cultural: el valor de reconocer los avances
El caso también plantea una cuestión importante para las empresas que buscan fomentar la sostenibilidad: ¿qué motiva realmente a los empleados y directivos a cambiar sus prácticas?
Una competición no necesariamente tiene que ofrecer una recompensa económica. El reconocimiento público, la comparación entre equipos y la posibilidad de destacar por un buen desempeño pueden ser suficientes para generar participación. En el Freezer Challenge, la recompensa es principalmente el reconocimiento, pero los participantes también pueden obtener un beneficio directo al reducir su consumo energético.
Esta lógica puede trasladarse a otros ámbitos de la gestión ambiental. Una empresa podría establecer desafíos para reducir residuos, disminuir el consumo de agua, optimizar el uso de energía o reducir desplazamientos contaminantes. La clave estaría en convertir cada objetivo en una acción que pueda medirse y en proporcionar retroalimentación sobre los resultados.
La gamificación también puede funcionar hacia arriba en la estructura corporativa. Los profesionales de sostenibilidad señalan que las clasificaciones empresariales pueden motivar a altos directivos y consejos de administración a financiar proyectos ambientales, incluso cuando el premio es reconocimiento y no dinero.
Existen diversos ejemplos de este mecanismo en el ámbito corporativo. Entre ellos se encuentran la Corporate A List de CDP, que reconoce a empresas con altos niveles de desempeño y transparencia ambiental; el Green Power Partnership National Top 100 de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, que clasifica organizaciones de acuerdo con sus compras de energía limpia; y la lista Global 100 de Corporate Knights.
Estos mecanismos tienen un elemento en común con el Freezer Challenge: hacen visible el desempeño. Cuando una organización puede comparar sus resultados con los de otras, la sostenibilidad deja de ser únicamente una meta interna y puede convertirse también en un elemento de reconocimiento y reputación.
Para las empresas, esto abre una oportunidad: diseñar sistemas de gamificación que no se limiten a generar entusiasmo temporal, sino que estén conectados con indicadores ambientales relevantes para su estrategia. De esa manera, el juego puede convertirse en una herramienta de gestión capaz de movilizar comportamientos y acelerar objetivos.

Jugar para convertir la sostenibilidad en acción
El Freezer Challenge 2026 demuestra que fomentar la sostenibilidad también puede pasar por cambiar la manera en que las organizaciones involucran a sus colaboradores. Los resultados de AstraZeneca y Amgen muestran que una dinámica de competencia y reconocimiento puede impulsar modificaciones concretas en las operaciones: solo estas dos compañías consiguieron ahorros diarios superiores a 5,000 kWh durante el desafío. En conjunto, los participantes alcanzaron casi 30 GWh de ahorro energético.
El verdadero potencial de la gamificación está en convertir objetivos ambientales en comportamientos visibles, medibles y compartidos. No sustituye las inversiones en tecnología, infraestructura o eficiencia, pero puede ayudar a que las personas adopten y mantengan nuevas prácticas. Para las áreas de RSE y sostenibilidad, fomentar la sostenibilidad mediante retos puede ser una forma de conectar cultura organizacional, eficiencia operativa e impacto ambiental. Al final, el objetivo no es simplemente ganar una competencia, sino conseguir que las prácticas que hicieron posible esa victoria se conviertan en parte de la manera habitual de trabajar.










