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Tu reloj podría escuchar conversaciones ajenas: el dilema de privacidad que enfrentan Apple y Amazon

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Un reloj inteligente puede ayudar a organizar el día, registrar actividades y resumir conversaciones. Sin embargo, cuando la inteligencia artificial comienza a interpretar lo que dicen las personas que están alrededor, surge una pregunta clave: ¿qué sucede cuando alguien procesa una conversación sin el consentimiento de quienes participan en ella?

Apple, Amazon y otras empresas tecnológicas están desarrollando dispositivos con IA capaces de analizar el habla y extraer información sin necesariamente conservar el audio original. Aunque los fabricantes aseguran que sus productos incorporan medidas de protección de datos, especialistas en derecho advierten que estas funciones podrían plantear problemas legales. En algunos estados de Estados Unidos, incluso el usuario que lleva puesto el dispositivo podría enfrentar consecuencias por captar comunicaciones privadas sin el consentimiento requerido.

¿Cómo funcionan los dispositivos con IA que escuchan conversaciones?

Los primeros asistentes de voz generaron controversias por activaciones accidentales, almacenamiento de grabaciones y envío de audio a servidores externos. La nueva generación de dispositivos plantea un escenario distinto: algunos sistemas pueden interpretar palabras, identificar información relevante y generar resúmenes sin guardar el audio original.

Esta diferencia abre un debate jurídico: ¿procesar el contenido de una conversación constituye una interceptación si no existe una grabación convencional? Según especialistas consultados por CNBC, algunas leyes estatales se centran en la obtención del contenido de una comunicación privada, no únicamente en la conservación de un archivo de audio.

El problema también involucra a quienes no utilizan estos productos. Una persona puede aceptar que su reloj procese conversaciones, pero esa decisión no significa que sus compañeros de trabajo, familiares o desconocidos hayan autorizado el análisis de sus palabras.

Apple Watch y Amazon Bee: ¿cómo protegen la privacidad de las conversaciones?

El Apple Watch Series 12, presentado en septiembre, incorporará Siri Recap, una función que toma notas durante el día y genera resúmenes de conversaciones. También incluirá Live Rewind, que permite resumir 15 segundos de una conversación mediante una transcripción de texto. Apple afirma que estas funciones no almacenan audio, no envían grabaciones a sus servidores y no requieren revisión humana.

Por su parte, Amazon presentó el 15 de octubre los dispositivos Bee Frontier y Bee Eclipse, con precios iniciales de 74.99 y 99.99 dólares, respectivamente. La empresa asegura que el audio no se almacena y que las conversaciones se procesan en un entorno seguro al que nadie, ni siquiera Amazon, puede acceder. Además, sus dispositivos incorporan un indicador LED para mostrar cuándo están encendidos.

Amazon también modificó el funcionamiento de Bee después de adquirir la startup que lo desarrolló. Según Bloomberg, los dispositivos dejaron de escuchar y resumir conversaciones automáticamente: ahora, los usuarios deben presionar un botón para iniciar la captura de audio. Aunque estas decisiones pueden reducir ciertos riesgos, no resuelven por sí solas las dudas sobre el consentimiento de las personas que se encuentran cerca.

¿Las leyes de privacidad consideran una interceptación escuchar sin grabar?

Las leyes estadounidenses sobre interceptación de comunicaciones podrían abarcar algunas de estas funciones, incluso cuando no se conserva el audio. Colin Zick, abogado especializado en privacidad y seguridad de datos de Foley Hoag, explicó a CNBC que la legislación de Massachusetts contempla equipos capaces de transmitir, recibir, amplificar o grabar comunicaciones. En su opinión, un sistema que capta palabras y genera un resumen escrito podría entrar en esa definición.

Daniel Pi, profesor asociado de la Facultad de Derecho Franklin Pierce de la Universidad de New Hampshire, considera que la legislación de ese estado también podría aplicarse. La norma contempla la adquisición auditiva o de otro tipo del contenido de una comunicación, lo que abre la posibilidad de que el procesamiento de palabras sea relevante para determinar si existe una interceptación.

Pi señaló que un usuario podría enfrentar responsabilidad civil o penal en New Hampshire, aunque considera menos probable que se inicie un proceso judicial. La aplicación de estas normas dependerá de las circunstancias y de la interpretación legal correspondiente. Por ahora, el debate evidencia que la legislación puede enfrentarse a dificultades para abordar tecnologías que procesan conversaciones de formas distintas a las grabaciones tradicionales.

¿Cómo afectan los dispositivos inteligentes la privacidad de terceros?

El riesgo no afecta únicamente a quienes compran estos productos. Michael Stokes, exoficial de la CIA y vicepresidente sénior de tecnologías emergentes de Veilant, describió a CNBC el «problema del espectador»: una persona puede ser vigilada sin poseer el dispositivo que recopila la información ni saber que está siendo observada.

Las gafas inteligentes de Meta, capaces de tomar fotografías, grabar videos y guardar notas de voz, ilustran cómo estas capacidades se extienden más allá de los relojes. También existen grabadoras con inteligencia artificial del tamaño de una tarjeta, desarrolladas por empresas como Plaud y Pocket, así como el collar de Friend.

Para Stokes, el cambio más significativo es la facilidad con la que la inteligencia artificial puede analizar grandes volúmenes de información. Datos que antes requerían numerosas horas de trabajo para organizarse e interpretarse ahora pueden procesarse de forma automatizada, facilitando la identificación de hábitos, relaciones y otros detalles personales.

¿Quién es responsable por grabar o procesar conversaciones sin consentimiento?

La responsabilidad legal podría recaer no solo en los fabricantes, sino también en las personas que utilizan estos dispositivos. Si una función procesa una conversación privada sin el consentimiento exigido por la legislación local, quien la activa podría exponerse a consecuencias legales, aunque no haya tenido la intención de vulnerar la privacidad de los demás.

Colin Zick cuestionó que las personas que no compraron el reloj, no aceptaron los términos de Apple ni eligieron utilizar la función puedan ver procesadas sus conversaciones. El caso evidencia una limitación de los mecanismos tradicionales de consentimiento: aceptar las condiciones de un producto no equivale a obtener el permiso de todas las personas afectadas por su funcionamiento.

Karen Panetta, decana de estudios de posgrado de la Facultad de Ingeniería de Tufts y miembro del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos, también advirtió sobre esta diferencia. El consentimiento de una persona para que se registre una conversación no implica que todos los presentes hayan aceptado participar. Por ello, las empresas deben considerar los derechos de terceros al diseñar funciones capaces de captar e interpretar el habla.

¿Qué medidas pueden proteger la privacidad ante los dispositivos con IA?

La preocupación por las grabaciones no consentidas también ha impulsado el desarrollo de herramientas para detectar o dificultar la captura de conversaciones. Aida Baradari, fundadora de la startup Deveillance, creó Spectre I, un dispositivo con forma de disco de hockey que utiliza inteligencia artificial para identificar dispositivos cercanos y emitir señales diseñadas para distorsionar el habla antes de que los micrófonos puedan procesarla.

Esta propuesta busca dar más control a las personas frente a la presencia de micrófonos, cámaras y sensores en objetos cotidianos. Sin embargo, también evidencia las dificultades de proteger la privacidad cuando la tecnología puede recopilar información de quienes no han elegido utilizarla.

Para las empresas, una respuesta responsable requiere incorporar medidas de protección desde el diseño, explicar con claridad cuándo se procesa una conversación y ofrecer controles accesibles. Entre las medidas relevantes se encuentran:

  • Activación manual: permitir que el usuario decida cuándo comienza el procesamiento de audio.
  • Indicadores visibles: informar cuándo el dispositivo está activo y puede captar conversaciones.
  • Transparencia sobre los datos: explicar qué información se procesa, dónde se gestiona y si se conserva.
  • Consentimiento de terceros: considerar cómo informar y proteger a las personas que participan en una conversación sin utilizar el dispositivo.
  • Protección desde el diseño: evaluar los riesgos para la privacidad antes de incorporar nuevas funciones de inteligencia artificial.

La privacidad debe acompañar la innovación tecnológica

Los dispositivos con IA están transformando la manera de capturar y procesar conversaciones. La ausencia de una grabación de audio no garantiza, por sí sola, que la privacidad esté protegida: un resumen escrito también puede revelar información personal. Por eso, las promesas de los fabricantes deben evaluarse junto con el funcionamiento real de sus productos y las implicaciones legales de su uso.

El desafío para las empresas tecnológicas y las autoridades es establecer límites que permitan aprovechar estas herramientas sin normalizar la vigilancia involuntaria. La innovación responsable exige considerar tanto a quienes activan una función como a quienes quedan expuestos a ella sin haberlo decidido. La pregunta ya no es solamente qué pueden escuchar estos dispositivos, sino quién tiene derecho a autorizar que una conversación sea procesada y bajo qué condiciones.

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