En un contexto donde el desperdicio de alimentos representa un reto ambiental, social y operativo, la trazabilidad y la circularidad están cobrando mayor relevancia como herramientas para hacer más eficiente la cadena de suministro alimentaria. Para compañías vinculadas con la producción, distribución, comercialización y consumo de alimentos, mejorar la visibilidad del flujo de productos y aprovechar mejor los recursos logísticos puede marcar la diferencia entre una operación eficiente y una cadena con mayores pérdidas.
La necesidad es cada vez más urgente. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es fundamental para avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles y resilientes. En paralelo, las Naciones Unidas reportan que cada año se desperdician alrededor de 1000 millones de toneladas de alimentos y cerca del 60% del desperdicio ocurre en los hogares, mientras que el resto se distribuye entre servicios de alimentación y comercios.
Ante este escenario, especialistas del sector destacan que una mayor visibilidad del flujo de productos y una gestión más eficiente de los activos logísticos pueden ayudar a las empresas a anticipar riesgos, detectar puntos críticos y disminuir pérdidas a lo largo de la operación.
La trazabilidad permite monitorear el recorrido de productos y activos a lo largo de la red de suministro, identificar desviaciones, mejorar tiempos de respuesta y tomar decisiones con base en datos. En la práctica, esto se traduce en mayor control sobre inventarios, tiempos de tránsito y áreas donde pueden generarse mermas o ineficiencias operativas.
A su vez, los modelos circulares promueven un mejor aprovechamiento de recursos mediante esquemas de compartir, recuperar, reparar y reutilizar activos logísticos. Este enfoque no solo contribuye a reducir residuos, sino también a disminuir la presión sobre materias primas y a recortar emisiones asociadas a modelos lineales de operación.
Para CHEP y Brambles, la combinación de trazabilidad y circularidad representa una vía concreta para construir cadenas de suministro más eficientes, colaborativas y resilientes. De acuerdo con su más reciente Sustainability Review, Brambles reportó que su modelo circular ayudó a evitar 2,289.3 kilotoneladas de residuos y 2,690.9 kilotoneladas de CO₂.

En México, esta visión también se refleja en la colaboración de CHEP con la Red de Bancos de Alimentos de México, una organización clave en la recuperación y distribución de alimentos para comunidades en situación de vulnerabilidad. A través de este tipo de alianzas, la compañía contribuye a fortalecer modelos colaborativos que permiten aprovechar mejor los recursos disponibles, facilitar el movimiento de alimentos y apoyar iniciativas orientadas a reducir pérdidas dentro del sistema alimentario.
“Reducir desperdicios en la cadena alimentaria exige una visión integral de la cadena de suministro. La trazabilidad permite identificar oportunidades de mejora, mientras que la circularidad ayuda a operar con mayor eficiencia y mejor aprovechamiento de recursos”, señaló Jorge Montaño, Jorge Montaño, Head of Supply Chain Latam de CHEP.
El directivo añadió que ambos elementos se han vuelto cada vez más relevantes para las compañías que buscan fortalecer su desempeño operativo al mismo tiempo que avanzan en sus objetivos de sostenibilidad.
En este contexto, la trazabilidad, la circularidad y la colaboración se consolidan como factores estratégicos para reducir desperdicios, optimizar recursos y fortalecer cadenas alimentarias más resilientes, ágiles y sostenibles en el largo plazo.












