Hablar del mercado laboral mexicano únicamente a partir de la tasa de desempleo puede ofrecer una fotografía incompleta de la realidad. Aunque 1.8 millones de personas están activamente buscando trabajo y no lo encuentran, existen otros grupos que también enfrentan dificultades para acceder a las oportunidades laborales que necesitan. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el desempleo por sí solo no refleja toda la magnitud de estos desafíos.
Por eso, en su más reciente informe Hacer que los mercados laborales funcionen: mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe propone mirar el déficit de empleo desde una perspectiva más amplia. Bajo esta medición, la brecha laboral en México alcanza a 10.4 millones de personas, equivalentes al 15.7% de la fuerza de trabajo potencial. La cifra incluye a quienes no tienen empleo, pero también a quienes trabajan menos horas de las que necesitan y a quienes han dejado de buscar trabajo por desaliento.
¿Qué es la brecha laboral en México y por qué importa?
La brecha laboral en México es un indicador que permite dimensionar la necesidad de empleo más allá de la desocupación tradicional. De acuerdo con El Economista, su planteamiento tiene como antecedente el trabajo de los economistas David Blanchflower y Andrew Levin, quienes señalaron que, después de una recesión y durante una recuperación lenta, la atonía del mercado laboral no puede medirse únicamente con la tasa de desempleo.
El indicador contempla tres grupos. El primero está integrado por las personas desempleadas que buscan activamente una oportunidad; el segundo, por quienes tienen un empleo, pero trabajan menos horas de las que necesitan y están disponibles para trabajar más; y el tercero, por aquellas personas que están fuera de la fuerza laboral, pero tienen disponibilidad para incorporarse y han dejado de buscar empleo porque se sienten desalentadas.

Esta perspectiva permite entender que tener un empleo no necesariamente significa que las necesidades laborales de una persona estén cubiertas. Como señala el BID en su estudio, “muchos trabajadores contabilizados como ‘ocupados’ desearían trabajar más horas, pero no encuentran empleos adecuados”, mientras que otros abandonan la búsqueda después de intentos infructuosos.
Por ello, la brecha laboral funciona como una medida de la subutilización de la fuerza laboral. No sustituye a la tasa de desempleo, sino que la complementa para ofrecer una visión más completa sobre cuánto talento, tiempo y capacidad productiva permanecen desaprovechados en una economía.
10.4 millones de personas revelan un mercado laboral subutilizado
Los datos de la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) permiten dimensionar cada componente de esta problemática. En México, la tasa de desempleo es de 2.9%, equivalente a 1.8 millones de personas que buscan activamente un trabajo sin encontrarlo.
A este grupo se suman 3.9 millones de personas subocupadas, que representan 6.5% de la población ocupada. Son trabajadores que cuentan con un empleo, pero tienen una jornada reducida y necesitan y están disponibles para trabajar más horas de las que actualmente les ofrece el mercado.
El tercer componente está conformado por 4.7 millones de personas disponibles para trabajar que permanecen fuera de la población económicamente activa porque se han desalentado de buscar una oportunidad. Aunque no aparecen en las estadísticas tradicionales de desempleo, su situación también refleja una necesidad de incorporarse al mercado laboral.
Al sumar los tres grupos, la brecha laboral en México llega a 15.7% de la fuerza de trabajo potencial, lo que equivale a 10.4 millones de hombres y mujeres con necesidad de empleo. En términos comparativos, es una cifra casi seis veces superior a los 1.8 millones de personas contabilizadas como desempleadas.

El contraste también resulta relevante frente al contexto regional. Según el BID, la brecha laboral en América Latina alcanza 13.5%, por lo que México se encuentra por encima del promedio. Esto significa que el desafío no consiste únicamente en generar más puestos de trabajo, sino en crear oportunidades capaces de aprovechar de mejor manera la disponibilidad y las capacidades de quienes forman parte de la fuerza laboral potencial.
¿Qué pueden hacer las empresas frente a esta brecha?
Para las compañías, el dato de 10.4 millones de personas plantea una conversación que va más allá de la generación de empleos. Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, también obliga a preguntarse qué tan accesibles, suficientes y adecuados son los puestos de trabajo que ofrece el sector privado.
Una primera respuesta está en diseñar oportunidades laborales que respondan a diferentes necesidades de las personas. La flexibilidad, por ejemplo, puede ayudar a que quienes actualmente trabajan menos horas puedan ampliar su participación laboral cuando así lo desean. Del mismo modo, esquemas de capacitación y desarrollo de habilidades pueden contribuir a que personas que han abandonado la búsqueda encuentren nuevas rutas de incorporación.
Las empresas también pueden revisar sus procesos de reclutamiento para identificar barreras que excluyen innecesariamente a determinados perfiles. Ampliar los criterios de selección, fortalecer programas de formación y establecer rutas de crecimiento profesional puede permitir que más personas encuentren oportunidades acordes con sus capacidades.
El reto, sin embargo, no consiste únicamente en contratar más. También implica avanzar hacia empleos de mayor calidad, con condiciones que permitan a las personas desarrollar su potencial y obtener ingresos suficientes. Para las áreas de responsabilidad social, recursos humanos y sostenibilidad, la brecha laboral puede convertirse así en un indicador para evaluar qué tan incluyentes son sus estrategias de talento y cuánto contribuyen realmente a la movilidad social.

Reducir la brecha laboral en México requiere, por tanto, una responsabilidad compartida entre gobierno, empresas y otros actores del mercado. Las compañías tienen capacidad para incidir mediante empleos dignos, capacitación, inclusión laboral y modelos de trabajo que respondan a las necesidades reales de las personas. Atender esta dimensión no solo puede beneficiar a quienes buscan mejores oportunidades; también permite que las organizaciones aprovechen una mayor cantidad de talento disponible.
Una cifra que obliga a mirar más allá del desempleo
La principal aportación de la medición propuesta por el BID es mostrar que el mercado laboral puede enfrentar un déficit importante incluso cuando la tasa de desempleo parece relativamente baja. Los 1.8 millones de personas sin trabajo que buscan activamente una oportunidad son solo una parte del problema: detrás de ellas existen millones de trabajadores subocupados y personas disponibles que han abandonado la búsqueda.
Para las empresas, conocer esta realidad significa ampliar la conversación sobre empleo y productividad. Una economía que no logra aprovechar plenamente el talento y el tiempo de su población también está dejando escapar oportunidades de crecimiento, generación de riqueza y movilidad social. Por ello, cerrar la brecha laboral en México no debería entenderse únicamente como un desafío estadístico, sino como una oportunidad para construir un mercado laboral más productivo, incluyente y capaz de ofrecer mejores condiciones para las personas.










