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México y los biocombustibles, ¿qué está haciendo?

Las alternativas al uso de la gasolina están creciendo en este país, lo que abre nichos con buenas perspectivas de mercado.

La energía renovable dejó de ser un concepto utópico para convertirse en una realidad. A pesar de la gran dependencia mundial del crudo tradicional -la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima la demanda global en más de 90 millones de barriles de petróleo (bdp) al día-, fuentes alternativas de combustibles renovables comienzan a despuntar.

Los biocumbustibles, que pueden utilizarse como sustitutos de la gasolina, el diesel e incluso de la turbosina, que es el combustible utilizado por los aviones, además de la biomasa o el bioetanol son algunos de los nuevos productos “verdes” que podrían servir para echar a andar los más de cuatro millones de coches que circulan a diario en la Ciudad de México y los más de 28 millones en todo el país, según la estimación del parque vehicular de Plataforma México y la Secretaría de Seguridad Pública.

El sector aeroespacial será uno de los principales beneficiados. Sólo en México las principales aerolíneas estiman comprar 530 nuevos aviones hacia el año 2030. Mientras que Airbus y Boeing, los principales fabricantes, prevén que América Latina tenga una demanda de dos mil 500 nuevos aviones en los próximos 20 años, lo que abre una posibilidad al uso de bioturbosina. No hay que olvidar que en México ya se realizó el primer vuelo con este biocombustible, que, según Airbus, es capaz de reducir entre un 50 y un 80% las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI). Asimismo, la empresa europea prevé que el 15% de todo la turbosina se transforme en bioturbosina hacia el año 2020.

Impulso legal y empresarial

Cancún fungió de ciudad sede para la COP 16, el principal foro contra el cambio climático en todo el mundo, lo que revela la importancia del tema para México, que está demostrando su liderazgo en el cultivo de energías renovables. No obstante, hay mucho por hacer para levantar al país que aún ocupa el puesto 84 en sostenibilidad, según el índice de Desempeño elaborado por la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

El mayor campo de energía eólica de América Latina se inauguró en Oaxaca durante 2012. Este proyecto contó con una inversión de cerca de 600 millones de dólares (mdd), según cifras oficiales y, entre los principales inversionistas se encuentraban Bimbo y Femsa, dos de las empresas más importantes del país.

Durante la Cumbre de Negocios Verdes que acogió el Tecnológico de Monterrey en octubre pasado, el director general de Grupo Bimbo, Daniel Servitje, criticó la política de subsidios a las gasolinas, que cuesta al gobierno más de 20 mil mdd anuales y declaró que hasta que no se pague un precio justo por la gasolina “no se podrá crear un mejor ambiente para la economía verde”.

Otras grandes empresas, como General Electric, se han comprometido a comprar cinco mil millones de galones de biocombustibles por año, con el objetivo de utilizarlo en las pruebas para motores de aviones.

Desde el sector privado organizaciones como la Asociación de Productores de Biocumbustibles impulsan un proyecto para aprobar una Ley de Biocombustibles, que permita crear un sector dinámico y competitivo, capaz de producir e incluso exportar combustible renovable. No hay que olvidar que dos países latinoamericanos, Brasil y Argentina, son junto con Estados Unidos, los tres mayores exportadores de biocombustibles en el mundo.

En algunos Estados, como Chiapas, las iniciativas para producir combustible “verde” han sido emprendidas por varias empresas y sectores de forma conjunta. Durante el verano de 2012, la Unión de Sociedades Bioenergéticas de Chiapas anunció una inversión de 600 millones de pesos (mdp) para el cultivo de 10 mil hectáreas de jatropa. Una planta que permite extraer aceite que puede ser utilizado como combustible para biodiesel. El Estado chiapaneco ya cuenta con una planta y una expendedora de este combustible.

El cultivo de jatropa ha sido impulsado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que, a través de un acuerdo con el Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa, planea delinear una estrategia que permita el cultivo y procesamiento de esta planta para su transformación en biocombustible, de forma específica para el parque de aeronaves.

Variedades de cultivo

Si bien la soya, el maíz, la caña o el sorgo son cultivos comestibles que se utilizan para producir biocombustibles, otros, como las algas, también son potencialmente cultivos aptos para generar biomasa y biodiesel.
Expertos del sector estiman que cuatro mil metros cuadrados de cultivo de jatropa pueden generar más de 700 litros de combustibles por año; 300 litros en el caso de la soya; mil 500 litros en el de la camelina; dos mil 300 en el caso de la palma, en donde Costa Rica destaca como uno de los principales productores; y hasta 275 mil en el caso de las algas.

En México, la jatropa y el sorgo son dos de los cultivos que mayor impulso tienen hasta el momento. Aunque otros productores han encontrado diferentes métodos para crear combustible a partir, por ejemplo, del aceite usado de cocina.

Fuente: Alto Nivel

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