El crecimiento del comercio electrónico ha transformado los hábitos de consumo, pero también ha incrementado las exigencias ambientales de una industria que depende de extensas redes de almacenamiento, transporte y distribución. Frente a este desafío, Amazon inauguró en Stockton-on-Tees, Reino Unido, su primera estación de reparto diseñada para cumplir con el estándar británico de edificios con cero emisiones netas de carbono. Con una inversión de 40 millones de libras esterlinas, la instalación representa un avance en la descarbonización de la infraestructura logística y plantea una posibilidad para el futuro del sector: que las entregas sostenibles comiencen desde los propios edificios que las hacen posibles.
El proyecto destaca no solo por sus características constructivas, sino porque es la primera instalación de Amazon en Reino Unido y Europa en obtener la Certificación de Carbono Cero de Living Future. Sin embargo, su relevancia también debe analizarse a la luz de los desafíos que enfrenta la compañía para reducir su huella ambiental: mientras desarrolla infraestructura y transporte con menores emisiones, sus emisiones absolutas continúan creciendo. Esto convierte a la nueva estación en un caso interesante para evaluar hasta dónde puede llegar la descarbonización de una de las mayores redes de comercio electrónico del mundo.
¿Qué hace diferente a la nueva estación de reparto de Amazon?
La instalación de Stockton-on-Tees es el primer edificio de la red global de Amazon construido para cumplir con el estándar británico de edificios con cero emisiones netas de carbono. Además, su certificación de Living Future verifica que tanto las emisiones operativas como las incorporadas durante la construcción se redujeron y posteriormente neutralizaron.
Este último aspecto es especialmente relevante porque la huella ambiental de un centro logístico no comienza cuando entran en funcionamiento sus vehículos o sistemas de almacenamiento. También incluye los materiales utilizados, su fabricación, el transporte y los procesos de construcción.
Para reducir este impacto, Amazon incorporó distintas medidas:
- Acero bajo en carbono: utilizó aproximadamente 1,500 toneladas de acero con contenido reciclado, producido mediante electricidad renovable.
- Hormigón de bajas emisiones: empleó más de 4,400 metros cúbicos de este material para reducir la huella asociada a la construcción.
- Proveedores locales: priorizó el abastecimiento de proximidad y cadenas de suministro más cortas para reducir impactos asociados al transporte de materiales.

La estrategia amplía la discusión sobre el reparto con cero emisiones: no basta con sustituir los vehículos de combustión por eléctricos si los edificios, materiales e infraestructura que sostienen las entregas siguen generando una huella ambiental elevada.
Como señaló Alex Hallimond, gerente sénior de operaciones de Amazon en Stockton-on-Tees, la instalación busca establecer un modelo que pueda influir en el diseño de futuras instalaciones de la compañía tanto en Reino Unido como en otros mercados.
El proyecto también tiene una dimensión económica y laboral. Forma parte del compromiso de Amazon de invertir 40 mil millones de libras esterlinas en Reino Unido entre 2025 y 2027 y generó 100 empleos en la región, con salarios iniciales superiores a 31 mil libras anuales para los puestos de tiempo completo.
Reparto con cero emisiones: ¿cómo está transformando Amazon su logística?
La construcción de instalaciones más sostenibles forma parte de una estrategia de descarbonización más amplia. Durante los últimos cinco años, Amazon ha invertido 3,500 millones de libras esterlinas en energía limpia, embalaje sostenible y transporte con bajas emisiones de carbono.
En materia de distribución, la compañía informó que durante el último año entregó más de 2,400 millones de paquetes utilizando vehículos de cero emisiones. También se ha propuesto desplegar 100 mil vehículos eléctricos de reparto para 2030 y ya superó la mitad de ese objetivo en términos de matriculaciones.
Estas iniciativas son relevantes porque la última milla, es decir, el tramo final del recorrido de un producto hasta el consumidor, representa uno de los principales retos ambientales del comercio electrónico. La multiplicación de entregas, las rutas urbanas, los tiempos de distribución y la necesidad de responder a expectativas de rapidez incrementan la complejidad de reducir las emisiones.
Por ello, el reparto con cero emisiones requiere mucho más que electrificar las flotillas. También implica rediseñar las instalaciones, optimizar rutas, incorporar energías renovables y reducir los impactos de la infraestructura que conecta los centros de distribución con los consumidores.
La estación de Stockton-on-Tees introduce precisamente esta visión más integral: intervenir tanto en la construcción como en la operación de los espacios logísticos. Si el modelo puede replicarse a mayor escala, podría modificar los criterios con los que se diseñan y construyen las instalaciones del comercio electrónico.

El reto de Amazon: reducir su huella mientras sigue creciendo
Pese a sus inversiones y avances operativos, los resultados ambientales de Amazon muestran que la descarbonización de una compañía de esta escala está lejos de resolverse.
De acuerdo con su informe de sostenibilidad de 2025, las emisiones absolutas de la empresa aumentaron 16% durante ese año, después de haber crecido 6% en el periodo anterior. Su huella de carbono pasó de 69.55 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente en 2024 a 80.85 millones en 2025. La intensidad de carbono también registró un incremento de 3%.
Uno de los datos más relevantes es que las emisiones de su cadena de suministro representan más de tres cuartas partes de su huella total y aumentaron una quinta parte respecto a 2024. Esta categoría incluye la construcción de edificios y centros de datos, el combustible utilizado por proveedores externos de transporte y la fabricación de productos y hardware de la marca.
La magnitud de estas emisiones evidencia una dificultad estructural: una empresa puede mejorar la eficiencia de determinadas operaciones y, al mismo tiempo, aumentar su impacto ambiental si el crecimiento de su infraestructura, actividad logística y cadena de suministro supera los beneficios de esas mejoras.
Amazon destaca que, desde 2019, ha reducido 38% su intensidad de carbono, mientras sus ingresos crecieron 156%. Este avance muestra que ha conseguido disminuir las emisiones por unidad de actividad económica, pero no significa que haya reducido su contribución absoluta al cambio climático.
La distinción es fundamental para evaluar sus compromisos ESG. Una menor intensidad de carbono puede reflejar una operación más eficiente, pero el clima responde a la cantidad total de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera, no únicamente a la eficiencia con la que una compañía genera ingresos.
Amazon mantiene su objetivo de alcanzar cero emisiones netas en todas sus operaciones para 2040. Sin embargo, el crecimiento de su huella demuestra que cumplirlo requerirá transformar no solo sus instalaciones y vehículos, sino también las actividades de sus proveedores y las condiciones bajo las cuales se expande su negocio.

¿Puede este modelo cambiar el futuro del comercio electrónico?
La estación de Stockton-on-Tees representa una innovación importante porque incorpora la huella de carbono de la construcción a la estrategia de descarbonización logística. También demuestra que las empresas de comercio electrónico pueden utilizar sus inversiones en infraestructura para impulsar nuevos estándares de eficiencia y materiales de menor impacto.
Su potencial, sin embargo, dependerá de que deje de ser una instalación excepcional y se convierta en una referencia replicable. Para ello será necesario evaluar los costos de construcción, la disponibilidad de materiales bajos en carbono, las condiciones energéticas de cada mercado y la capacidad de adaptar el modelo a redes logísticas de distintas dimensiones.
El desafío también alcanza al resto del sector. La presión por entregar productos cada vez más rápido y a menor costo ha favorecido modelos operativos intensivos en transporte, embalaje e infraestructura. Por eso, avanzar hacia un reparto con cero emisiones exige revisar no solo cómo se realizan las entregas, sino también cómo se diseñan las redes que las hacen posibles.
La apuesta de Amazon abre una ruta para reducir los impactos de la logística desde su origen, pero también pone de manifiesto que una instalación certificada no compensa automáticamente el crecimiento de las emisiones de toda una compañía.
El verdadero avance estará en conseguir que este tipo de proyectos se multiplique y contribuya a reducir la huella absoluta del negocio. Para Amazon y para el comercio electrónico en general, el reto ya no es únicamente entregar más paquetes de manera eficiente, sino demostrar que el crecimiento de sus operaciones puede desacoplarse realmente de las emisiones que genera.












