Las vacaciones deberían representar una pausa para recuperar energía, fortalecer la salud mental y regresar al trabajo con mayor motivación. Sin embargo, para la mayoría de los trabajadores mexicanos ese objetivo sigue siendo difícil de alcanzar. Un estudio realizado por OCC revela que el 71% de las personas no logra una verdadera desconexión laboral durante sus días de descanso, una realidad impulsada principalmente por una cultura organizacional que normaliza la disponibilidad permanente y por la presión que ejercen algunos líderes para mantenerse en contacto con sus equipos.
El estudio también evidencia que la tecnología ha convertido la hiperconectividad en uno de los principales obstáculos para disfrutar plenamente de las vacaciones. Mensajes, llamadas y correos electrónicos continúan llegando incluso cuando los colaboradores se encuentran fuera de la oficina, lo que prolonga el estado de alerta y limita la recuperación física y mental. Estos resultados ponen sobre la mesa un desafío que trasciende el cumplimiento legal: construir una cultura empresarial donde la desconexión laboral sea entendida como un elemento estratégico para el bienestar de las personas y la sostenibilidad de las organizaciones.
¿Por qué la desconexión laboral sigue siendo una meta lejana?
Aunque el periodo vacacional tiene como propósito ofrecer un descanso efectivo, la realidad demuestra que millones de trabajadores permanecen conectados a sus responsabilidades laborales incluso lejos de la oficina.
De acuerdo con la encuesta de OCC, el 63% de los trabajadores consigue desconectarse únicamente de manera parcial, mientras que un 8% reconoce que ni siquiera logra hacerlo a medias. Esto significa que apenas tres de cada diez personas disfrutan realmente de unas vacaciones libres de obligaciones laborales, una cifra que refleja la profundidad del problema.
La situación se vuelve aún más preocupante cuando se analiza la frecuencia con la que los colaboradores son contactados durante sus vacaciones. El estudio muestra que el 50% recibe mensajes, llamadas o correos relacionados con el trabajo de manera recurrente, mientras que otro 35% es contactado en situaciones específicas. En consecuencia, únicamente el 15% experimenta una desconexión laboral plena durante sus días de descanso.

Detrás de esta realidad existen causas profundamente arraigadas en la cultura organizacional. Para los trabajadores, los principales factores que impiden desconectarse son:
- La cultura laboral, mencionada por el 37%.
- La presión ejercida por los líderes o jefes, también con 37%.
- La falta de personal para cubrir las actividades, señalada por el 30%.
- La ausencia de políticas formales de desconexión laboral, igualmente con 30%.
En menor medida, los participantes también identifican el hábito personal de permanecer siempre disponibles y la sobrecarga de trabajo como elementos que dificultan desconectar por completo.
Estos datos muestran que el problema no depende únicamente de la voluntad individual de los colaboradores. La manera en que las empresas organizan el trabajo, distribuyen las responsabilidades y ejercen el liderazgo tiene un impacto directo sobre la capacidad de las personas para descansar.
Cuando descansar se vuelve imposible: el costo humano de la hiperconectividad
La imposibilidad de desconectarse no solo reduce la calidad de las vacaciones; también tiene consecuencias importantes sobre la salud mental, el desempeño y la permanencia del talento dentro de las organizaciones.
Según la encuesta de OCC, el 34% de los trabajadores afirma que la falta de descanso pleno incrementa su estrés y agotamiento, mientras que 18% considera que disminuye su motivación laboral y 10% asegura que afecta directamente su vida personal.
Para Nora Taboada, fundadora de AFE-Liderazgo Consciente, estos resultados tienen una explicación desde la neurociencia.
“El cerebro necesita pausas para funcionar bien. Cuando alguien vive reaccionando constantemente a mensajes, llamadas y notificaciones, entra en un estado de alerta permanente que termina afectando concentración, creatividad y toma de decisiones”.
La especialista explica que la hiperconectividad favorece un estado de ansiedad constante que dificulta desconectarse psicológicamente del trabajo, incluso cuando la jornada laboral ha terminado. En ese contexto, revisar mensajes durante las vacaciones deja de ser una excepción para convertirse en un comportamiento cotidiano que impide la recuperación emocional.
Las implicaciones también alcanzan a las empresas. Un colaborador que nunca logra descansar plenamente tiene mayores probabilidades de experimentar agotamiento, disminuir su compromiso e incluso buscar oportunidades laborales donde el equilibrio entre la vida personal y profesional sea más respetado.
En otras palabras, la falta de descanso no solo deteriora la experiencia del empleado; también incrementa los riesgos de rotación, pérdida de talento, ausentismo, menor productividad y reducción de la capacidad innovadora de los equipos.

El derecho a la desconexión digital existe en la ley, pero aún no en la cultura organizacional
El reconocimiento del derecho a la desconexión laboral dio un paso importante el 3 de marzo de 2026, cuando la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad modificaciones a la Ley Federal del Trabajo que universalizan la desconexión digital para todas las personas trabajadoras. Entre los cambios más relevantes destaca la incorporación, en el Artículo 3o. Ter, de una definición legal de este derecho, entendiéndolo como la facultad de abstenerse de participar en cualquier tipo de comunicación con el centro de trabajo al término de la jornada laboral, así como durante horarios no laborables, vacaciones, permisos y licencias.
Asimismo, la reforma incorpora en el Artículo 132 una nueva obligación para los empleadores: respetar el derecho a la desconexión digital y emitir una política interna que garantice su cumplimiento. El objetivo es favorecer el equilibrio entre la vida laboral y personal, evitando que la disponibilidad permanente se convierta en una expectativa normalizada dentro de las organizaciones.
Sin embargo, la legislación todavía enfrenta un desafío mayor: trasladarse de los ordenamientos jurídicos a la cultura organizacional de las empresas. Los datos muestran que, pese al avance normativo, la hiperconectividad continúa siendo una práctica habitual en los centros de trabajo mexicanos.
El estudio Expectativas 2026 y vacaciones, elaborado por Rankmi, refleja esta brecha entre la ley y la realidad. México registra la proporción más baja de Latinoamérica de trabajadores que logran una desconexión efectiva durante sus periodos de descanso: solo el 40% lo consigue, frente a un promedio regional del 52%.
Además, el país lidera el indicador de trabajadores que mantienen un contacto crónico con su empleo durante las vacaciones. El 31% de los colaboradores mexicanos continúa siendo contactado de manera constante, una cifra cuatro veces superior a la de Chile y 3.4 veces mayor que la registrada en Colombia.
Para Felipe Cuadra, cofundador y director de Recursos Humanos de Rankmi, esta situación representa mucho más que un problema de cumplimiento legal.
“El descanso no es un beneficio; es infraestructura de desempeño. Hoy, una empresa que no garantiza la desconexión no solo incumple con la regulación, también compromete la sostenibilidad de su talento. En México estamos viendo una tensión clara entre la exigencia operativa y la capacidad real de recuperación de las personas, y eso ya se traduce en desgaste, rotación y menor productividad.”
Los resultados evidencian que reconocer el derecho a la desconexión digital en la Ley Federal del Trabajo constituye un avance significativo, pero insuficiente por sí solo. Mientras las organizaciones no transformen las prácticas de liderazgo, la planeación del trabajo y la expectativa de disponibilidad permanente, la desconexión laboral seguirá siendo un derecho vigente en el papel, pero todavía lejano en la experiencia cotidiana de millones de trabajadores mexicanos.

La responsabilidad social también se construye respetando el descanso
En las organizaciones socialmente responsables suele hablarse de sostenibilidad, impacto social y bienestar. Sin embargo, ninguna estrategia de responsabilidad social puede considerarse completa si no comienza por cuidar a quienes hacen posible la operación diaria de la empresa.
Garantizar la desconexión laboral implica mucho más que evitar enviar correos electrónicos durante las vacaciones. Requiere transformar la cultura organizacional para dejar atrás la idea de que estar siempre disponible es sinónimo de compromiso o productividad. También exige capacitar a los líderes para planificar mejor el trabajo, fortalecer los esquemas de cobertura durante los periodos vacacionales y establecer políticas claras que protejan el tiempo personal de los colaboradores.
Fomentar una verdadera cultura del descanso representa una inversión estratégica. Las personas que recuperan energía regresan con mayor capacidad de concentración, creatividad, aprendizaje y resolución de problemas. Además, muestran mejores niveles de compromiso, reducen el riesgo de agotamiento y fortalecen su vínculo con la organización.
En este contexto, las reformas a la Ley Federal del Trabajo relacionadas con las vacaciones y el derecho a la desconexión deben dejar de ser únicamente avances legislativos para convertirse en prácticas cotidianas dentro de las empresas. El reto no consiste únicamente en otorgar más días de descanso, sino en asegurar que esos días realmente permitan descansar.
Porque cuando las organizaciones respetan el tiempo personal de sus colaboradores, no solo protegen su salud física y mental: también fortalecen la innovación, la productividad y la permanencia del talento. En un entorno donde el bienestar se ha convertido en un indicador clave de sostenibilidad, construir una cultura del descanso ya no es un beneficio adicional, sino una responsabilidad empresarial que impacta directamente en el éxito de largo plazo.










