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¿Flexibilidad laboral? Mundial 2026 evidencia falta de ella en las empresas

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El Mundial de Fútbol 2026 y los decretos para suspender clases en días de partidos pusieron sobre la mesa una tensión que miles de familias enfrentan de forma cotidiana: la dificultad para conciliar las jornadas laborales con las responsabilidades de cuidado. Cuando las escuelas cierran, madres, padres y otras personas cuidadoras deben resolver en pocas horas quién acompañará a niñas, niños y adolescentes mientras cumplen con sus obligaciones profesionales.

La coyuntura deportiva hizo visible una desconexión estructural entre las políticas laborales, la organización escolar y la disponibilidad de servicios de cuidado. En México, las jornadas rígidas y la limitada apertura de muchas empresas al teletrabajo o a los permisos flexibles dejan a las familias con pocas alternativas para garantizar un cuidado digno, seguro y compatible con el empleo formal.

Flexibilidad laboral en México: una deuda que el Mundial hizo visible

Tal como explicó Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, para El Economista, “El Mundial es una situación más, en esta ocasión de coyuntura, que te evidencia que no hay una buena coordinación entre cómo funciona el mundo laboral y cómo funcionan los cuidados que hoy tenemos disponibles en México”. La especialista advierte que, cuando las políticas laborales están desalineadas de las necesidades de cuidado, se genera un problema directo para quienes trabajan y cuidan.

Los decretos emitidos durante las primeras semanas de la Copa Mundial de Fútbol ejemplificaron esta falta de coordinación. El gobierno suspendió clases e implementó trabajo remoto en áreas no esenciales del sector público durante los partidos de la Selección Mexicana y en las ciudades sede; para el sector privado, en cambio, solo se emitió un llamado a implementar medidas de flexibilidad.

flexibilidad laboral en México

Esta diferencia dejó a muchas personas frente a un dilema concreto: resolver el cuidado de sus hijas e hijos sin clases y, al mismo tiempo, asistir al centro de trabajo. Para Maya Dadoo, CEO y cofundadora de Worky, la medida afectó de manera particular a madres y padres, pues el cierre escolar tuvo efectos dobles: alteró la continuidad educativa y trasladó a los hogares una responsabilidad de cuidado sin que existiera una obligación equivalente para que las empresas habilitaran trabajo remoto o permisos.

“A menos que tengas una red de apoyo muy sólida, es difícil saber qué hacer con eso para poder ejecutar las tareas que te tocan, digamos en lo profesional”, señala Masse. El problema, por tanto, no es exclusivo de los días de partido. El Mundial solo expuso una realidad cotidiana: para muchas familias, la falta de flexibilidad laboral en México convierte cualquier cierre escolar, enfermedad o emergencia familiar en una decisión entre cuidar o cumplir con el empleo.

Escuelas cerradas, empleos rígidos y una carga que recae en las familias

En México viven 25.8 millones de niñas, niños y adolescentes de 6 a 17 años, es decir, en edad escolar, de acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC). Detrás de esa cifra hay millones de hogares que dependen de la escuela no solo como espacio de aprendizaje, sino también como una pieza esencial de la organización diaria del cuidado.

Cuando ese espacio se suspende, las alternativas públicas suelen ser insuficientes. No existen redes de atención temporal ampliamente disponibles para acompañar a menores durante cierres escolares extraordinarios, y las familias que no cuentan con abuelas, abuelos, otros parientes o recursos para contratar cuidados privados enfrentan una presión inmediata. La situación puede ser aún más compleja para hogares monoparentales, personas con trabajos presenciales o quienes tienen jornadas extendidas.

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El comportamiento de las empresas tampoco compensó esta falta de opciones. Según el Sondeo del Mundial 2026 de KPMG, solo 18% de las compañías en México permitió teletrabajo durante los partidos de la Selección Mexicana y apenas dos de cada diez empleadores contempló pausas para seguir los encuentros. Aunque las decisiones organizacionales no pueden basarse únicamente en eventos deportivos, estos datos reflejan el margen limitado que muchas plantillas tienen para reorganizar su tiempo ante necesidades familiares imprevistas.

El jueves 11 de junio, la asistencia a los centros de trabajo disminuyó 13%, principalmente porque las personas solicitaron vacaciones para ver la inauguración del Mundial. Sin embargo, Dadoo matiza que las ausencias no pueden explicarse solo por el interés deportivo: muchas personas pidieron el día porque sus hijas e hijos no tendrían clases y no había con quién dejarlos.

Esta realidad exige que las empresas comprendan que las personas trabajadoras no llegan al empleo desligadas de su vida familiar. La flexibilidad laboral en México no debe limitarse a una concesión excepcional, sino entenderse como una herramienta de productividad, retención de talento, igualdad de oportunidades y bienestar.

La escuela no puede sustituir un sistema de cuidados

El problema de fondo no se resuelve únicamente con pedir a las empresas que permitan home office. La falta de opciones de cuidado coloca a la escuela en una función que rebasa su objetivo principal: garantizar el aprendizaje, la socialización y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes.

Cuando las familias dependen de la escuela como la única respuesta disponible durante la jornada laboral, cualquier suspensión de actividades genera una crisis doméstica. Esto no significa que los centros educativos no cumplan una función social relevante, sino que el país requiere una infraestructura complementaria que permita a madres, padres y personas cuidadoras trabajar sin trasladar toda la responsabilidad a las instituciones escolares.

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Maya Dadoo plantea que las decisiones públicas deben acompañarse de alternativas concretas. “Si vas a cerrar las escuelas tres días al mes, cómo quieres que trabajemos. Genera alternativas, centros donde podamos llevar a los hijos que estén con cuidadores certificados”, recomienda. Este tipo de medidas puede incluir centros de cuidado temporal, programas comunitarios, apoyos para familias y servicios accesibles en zonas cercanas a los centros de trabajo.

Además, una política de cuidados integral debe reconocer que no todas las responsabilidades se relacionan con la infancia. Hay personas que cuidan a adultos mayores, familiares con discapacidad temporal o permanente o integrantes del hogar con necesidades de salud. Por ello, las soluciones uniformes suelen ser insuficientes: cada necesidad demanda esquemas distintos de tiempo, presencialidad, permisos y acompañamiento.

¿Cómo impulsar una flexibilidad laboral en México que responda a las familias?

La flexibilidad no consiste en aplicar una única medida para toda la plantilla. Fátima Masse advierte que uno de los errores más frecuentes de los empleadores es implementar soluciones generalizadas sin conocer las condiciones de sus colaboradores. Antes de definir una política, las organizaciones deben escuchar, segmentar necesidades y evaluar qué ajustes son viables según cada función.

Las empresas pueden avanzar hacia entornos más corresponsables mediante acciones como las siguientes:

  • Realizar diagnósticos de necesidades de cuidado. Encuestas confidenciales, grupos de escucha y análisis de datos internos pueden ayudar a identificar cuántas personas tienen responsabilidades de cuidado, qué situaciones enfrentan y qué medidas serían más útiles para cada área.
  • Implementar esquemas de flexibilidad por objetivos. Cuando la naturaleza del puesto lo permita, sustituir el control rígido de horarios por metas, entregables y acuerdos claros puede facilitar la organización del tiempo sin afectar los resultados.
  • Ofrecer trabajo remoto o híbrido con criterios transparentes. El home office no aplica para todas las actividades, pero debe evaluarse como una alternativa real para los puestos que sí pueden desempeñarse a distancia, especialmente ante cierres escolares, emergencias o contingencias.
  • Crear permisos de cuidado y bancos de horas. Las empresas pueden habilitar permisos pagados, jornadas comprimidas, entrada y salida escalonadas o mecanismos para recuperar horas, evitando que las personas tengan que recurrir siempre a vacaciones o ausencias no remuneradas.
  • Diseñar protocolos para cierres escolares y contingencias. Contar con lineamientos previos permite responder con rapidez cuando se suspenden clases, hay fenómenos climáticos, problemas de movilidad o situaciones de salud pública.
  • Capacitar a liderazgos y mandos medios. Una política corporativa pierde eficacia si las jefaturas penalizan a quienes la utilizan. Es necesario formar a líderes para gestionar equipos por resultados, evitar sesgos y comprender la corresponsabilidad de los cuidados.
  • Impulsar alianzas para ampliar servicios de cuidado. Las compañías pueden colaborar con gobiernos locales, organizaciones civiles, proveedores especializados y otras empresas para acercar servicios de cuidado certificados, temporales y asequibles a sus plantillas.
  • Medir el impacto de las medidas. Indicadores de rotación, ausentismo, uso de permisos, satisfacción laboral, promoción interna y brechas de género permiten evaluar si las políticas están reduciendo cargas desiguales y mejorando las condiciones de trabajo.

La flexibilidad laboral en México debe partir de una premisa básica: las necesidades de cuidado no son excepciones individuales, sino una realidad social que atraviesa a las organizaciones. Atenderlas con políticas claras permite reducir riesgos de rotación, ausentismo y desgaste, pero también fortalece una cultura laboral más justa y sostenible.

flexibilidad laboral en México

El Mundial en México terminó, pero el reto de cuidar continúa

La Copa Mundial de Futbol funcionó como una tarjeta amarilla para autoridades y empleadores. La suspensión de clases y las recomendaciones no vinculantes para el sector privado mostraron que las decisiones públicas y laborales siguen operando de forma desconectada, mientras las familias absorben los costos de esa falta de coordinación.

Construir condiciones de trabajo más humanas exige reconocer que el cuidado sostiene la economía y que las empresas forman parte de la solución. Avanzar en flexibilidad laboral en México, fortalecer los sistemas públicos y comunitarios de cuidado y promover una corresponsabilidad real entre Estado, empresas, familias y comunidades son pasos necesarios para que madres, padres y personas cuidadoras no tengan que elegir entre cumplir con su empleo y cuidar con dignidad.

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