Durante años, Starbucks fue considerada una de las compañías que ayudó a posicionar la sostenibilidad corporativa como un componente estratégico del negocio. Desde sus compromisos climáticos hasta sus programas de abastecimiento ético de café y promoción de envases reutilizables, la empresa construyó una reputación asociada a la responsabilidad social y ambiental. Sin embargo, los recientes ajustes organizacionales plantean interrogantes sobre el lugar que estos temas ocupan actualmente dentro de las prioridades corporativas.
La cadena de cafeterías anunció una nueva ronda de recortes que afectó a más de 300 empleados y que forma parte de un proceso de reestructuración más amplio impulsado por el director ejecutivo Brian Niccol desde septiembre de 2024. Entre las personas afectadas se encuentran figuras clave de la estrategia ESG de la compañía, una decisión que ha generado preocupación entre especialistas que observan cómo la presión por mejorar la rentabilidad está transformando la gestión de la sostenibilidad en algunas de las empresas más influyentes del mundo.
Los despidos de Starbucks llegan al corazón de su estrategia ESG
Los más recientes despidos de Starbucks alcanzaron a dos perfiles estratégicos para la agenda de sostenibilidad de la compañía: Marika McCauley Sine, directora de sostenibilidad, y Chris McFarlane, responsable de la estrategia de empaques reutilizables. Ambos desempeñaban funciones directamente relacionadas con los compromisos ambientales y la reducción de residuos de la empresa.
Tras la salida de estos ejecutivos, los integrantes restantes del equipo de sostenibilidad corporativa pasarán a reportar a Kelly Goodejohn, actual directora de Impacto Social y líder de la fundación Starbucks. Según un portavoz de la compañía, la decisión responde a una estrategia para integrar sostenibilidad e impacto social bajo una misma estructura de liderazgo, al considerar que ambos ámbitos están estrechamente vinculados tanto en las tiendas como en las comunidades productoras de café.
No obstante, para diversos observadores la reorganización refleja una tendencia más amplia dentro del sector empresarial. Desde septiembre de 2024, Starbucks ha eliminado aproximadamente 2,300 puestos corporativos y administrativos, afectando prácticamente todas las áreas de soporte de la organización. En ese contexto, la sostenibilidad no ha quedado exenta de las presiones asociadas a la eficiencia operativa y el control de costos.
La magnitud de estos cambios resulta especialmente relevante porque Starbucks ha sido considerada durante años un referente en la incorporación de criterios ambientales y sociales dentro de su modelo de negocio. Por ello, los despidos de Starbucks generan preguntas sobre cómo evolucionará la gobernanza de sus compromisos ESG en los próximos años.

Una reestructuración que coincide con desafíos climáticos pendientes
La salida de Marika McCauley Sine ocurre apenas unos meses después de su incorporación a Starbucks en noviembre de 2024. La ejecutiva había llegado procedente de Mars para sustituir a Michael Kobori, primer director de sostenibilidad de la empresa y uno de los principales impulsores de los objetivos climáticos anunciados en 2020.
Bajo esos compromisos, Starbucks se propuso reducir en 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero, su consumo de agua y la generación de residuos para 2030. Sin embargo, los avances han sido más lentos de lo previsto. De acuerdo con los datos públicos más recientes, la huella de carbono de la empresa aumentó 3% entre 2019 y 2024, siendo las emisiones asociadas al café y a los productos lácteos algunos de los principales factores detrás de este crecimiento.
A ello se suma otro elemento que ha llamado la atención de especialistas y grupos de interés: Starbucks no ha publicado su Informe Global de Impacto 2026, documento que tradicionalmente presenta durante el mes de abril y que constituye una herramienta clave para evaluar el progreso de sus metas ambientales y sociales.
La coincidencia entre los desafíos para alcanzar sus objetivos climáticos y los recientes despidos de Starbucks alimenta el debate sobre el nivel de prioridad que la compañía está otorgando actualmente a su agenda de sostenibilidad frente a las exigencias de rentabilidad y crecimiento financiero.
¿Qué mensaje envían estos recortes al mundo corporativo?
Quizá uno de los aspectos más relevantes de esta situación es el mensaje que envía al ecosistema empresarial. Durante años, Starbucks fue vista como una organización capaz de demostrar que la sostenibilidad y el desempeño financiero podían avanzar de manera paralela. Hoy, algunos excolaboradores consideran que esa visión se está modificando.
Katie Herod, ex estratega global de café que perdió su puesto tras 13 años en la empresa, expresó esta percepción en una publicación de LinkedIn:
“Los líderes hablaban abiertamente de humanidad, dignidad, sostenibilidad y comunidad, y luego ponían en práctica esos valores. (…) Últimamente, la filosofía parece diferente”.
La declaración refleja la inquietud de quienes observan una posible transformación cultural dentro de la organización.

Al mismo tiempo, Starbucks mantiene algunas de sus iniciativas más visibles, especialmente en materia de reciclaje y reutilización de envases. Durante los últimos cinco años, la empresa ha sido una de las principales impulsoras de programas orientados a reducir los residuos generados por vasos y empaques de un solo uso, una estrategia que precisamente era liderada por Chris McFarlane antes de los recortes.
Para los profesionales de responsabilidad social, el caso constituye un recordatorio de que la sostenibilidad sigue siendo vulnerable cuando las organizaciones atraviesan procesos de reestructuración. Más allá de los discursos corporativos, la permanencia de estas agendas depende de que estén plenamente integradas en la estrategia de negocio y cuenten con mecanismos sólidos de gobernanza.
La sostenibilidad a prueba en tiempos de ajuste
Los recientes despidos de Starbucks representan mucho más que una reorganización interna. Al afectar directamente a líderes y equipos vinculados con la sostenibilidad y el impacto social, la decisión abre un debate sobre cómo las compañías equilibran sus compromisos ESG con las presiones de rentabilidad en contextos económicos complejos.
Para Starbucks, el desafío ahora será demostrar que la integración de sostenibilidad e impacto social bajo una nueva estructura no implica una reducción de ambición en sus objetivos ambientales y sociales. En un entorno donde inversionistas, consumidores y reguladores exigen cada vez más transparencia y resultados medibles, la verdadera prueba será comprobar si los compromisos sobreviven a los cambios organizacionales o si terminan convirtiéndose en una de las áreas sacrificadas durante los procesos de transformación corporativa.











