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De lo voluntario a lo obligatorio

El debate sobre si la crisis ha borrado de un plumazo el movimiento de la responsabilidad social empresarial o si, por el contrario, las empresas que tengan implantado este tipo de modelo de gestión lograrán salir más reforzadas de la actual coyuntura, llena ya más páginas y se aborda en un mayor número de foros que el verdadero análisis de lo que es la RSC, para qué sirve y cuáles son sus verdaderas ventajas, ya que no es más que un nuevo modelo empresarial; una nueva forma de gestión, más allá de las acciones sociales o de la mera filantropía.

Lo cierto es que sólo la perspectiva que proporciona el paso del tiempo permitirá saber quiénes tenían razón. ¿Ganarán los descreídos que opinan que la RSC no era más que humo envuelto en un traje atractivo y vendido por los expertos en marketing en los tiempos de bonanza? ¿O, por el contrario, saldrán victoriosos quienes creen que la responsabilidad saldrá reforzada al comprobarse que la crisis que sufrimos se ha visto impulsada precisamente por un amplio movimiento de irresponsabilidad?

Estos últimos sin embargo, se enfrentan al doble reto de mantener una opinión en contra de la corriente de pesimismo y de demostrar en el seno de sus organizaciones que no es un gasto sino una inversión que tiene retorno. Las grandes empresas que habían integrado en su gestión la responsabilidad social antes de la crisis han comenzado a percibir, aunque sea sólo en su reputación, el retorno del valor proporcionado por su aplicación.

A pesar de los avances, si hasta antes de la llegada de la crisis a la RSC se le presuponía el valor; con la llegada de ésta, las empresas quieren poder medir lo que de verdad están ganando gracias a esta apuesta. Algunas consultoras, como McKinsey, se han adelantado a lo que en el futuro será una demanda por parte de las empresas para diseñar las herramientas que permitan medir o al menos explicar los beneficios que para cada empresa reporta la aplicación de criterios responsables.

El binomio crisis y la responsabilidad está presente en todos los debates empresariales. También en el seno del Consejo Estatal de RSE constituido en el seno del Ministerio de Trabajo. Uno de sus grupos tiene precisamente el objetivo de analizar qué está pasando con la crisis. Los resultados podrán conocerse en poco tiempo.

Son muchos los expertos que llevan tiempo apostando por que la responsabilidad saldrá incluso reforzada de la crisis. Es el caso de Bernardo Kliksberg, economista, sociólogo y columnista de CincoDías. En su opinión, la empresa privada es un motor de progreso y la RSC es fundamental para su competitividad. Considera además que la responsabilidad no es un tema más, sino que es parte fundamental de la solución a los problemas que estamos viviendo. Kliksberg defiende que la RSC es una inversión y no un gasto. «Una empresa responsable es mucho más competitiva. Una de las mejores inversiones en el siglo XXI es la RSC. Está demostrado que el rendimiento promedio de los empleados de las empresas con altos niveles de responsabilidad social corporativa es cinco veces superior el de una empresa sin RSC, porque su personal se siente parte de una empresa que crea valor social». Además, continúa, en un mundo globalizado, la información sobre RSC se divulga rápidamente y la buena imagen se traslada a todos los países en los que opera una empresa. Pero de la misma forma que se traslada la buena imagen, aún más rápido lo hace la mala, según argumenta este experto en responsabilidad corporativa que está tan convencido de la importancia de la RSC en la educación que dirige la Red Iberoamericana de Universidades por la Responsabilidad Empresarial (integrada por 150 universidades de América Latina, España y Portugal).

Buena prueba de que las empresas, al menos las más grandes, están cada vez más preocupadas por establecer una buena política de RSC es que ya se ha colado en la agenda de los consejos de administración. Muchas sociedades han creado comisiones específicas en el seno de los órganos de administración que se ocupan de vigilar el cumplimiento de la responsabilidad en el seno de la empresa.

Una de las últimas en estrenar un comité de este tipo ha sido REE que ha modificado su comisión de Nombramientos, Retribuciones y Gobierno Corporativo para denominarse desde ahora, de Gobierno y Responsabilidad Corporativa. La compañía explica que el motivo de este cambio «responde a la mayor implicación que la compañía viene demostrando por la responsabilidad corporativa, a la que considera elemento clave de la gestión y uno de los pilares esenciales para afrontar el desafío del desarrollo sostenible».

El Club de Excelencia en Sostenibilidad, una asociación empresarial integrada por empresas como Cepsa, Endesa, FCC, Iberdrola, Telefónica o Vodafone, entre otras, abona la idea de que la RSC es en una herramienta en medio de la crisis. Su secretario general, Juan Alfaro, afirma que ya no son pocos los estudios que muestran la relación entre actuar de forma responsable y la creación de valor tangible e intangible para la organización.

A pesar de la importancia que las empresas parecen prestar a las RSC, el hecho de que cada una pueda arrimar el ascua a su sardina no termina de convencer a muchos grupos de interés -los conocidos como stakeholders- por lo que ya han surgido voces que piden un marco regulatorio que promueva la transparencia en la información sobre sostenibilidad.

Es el caso del Observatorio de RSC, integrado por Economistas sin Fronteras, Greenpeace, CECU e Intermón Oxfam, que hace pocas semanas publicó un manifiesto con motivo de la presidencia española de la UE. En el documento se insta al Gobierno a que impulse algún tipo de regulación europea que asegure que la información de responsabilidad social corporativa que ofrecen las empresas pueda ser verificable, comparable y que disponga de un desglose suficiente por país y por empresas filiales, ya que hasta ahora, la decisión sobre el grado de información que se debe dar, sobre qué aspectos y con qué criterios, es voluntaria. En EE UU algunos grupos de inversores también han pedido a la SEC que regule la información que sobre sostenibilidad ofrecen las empresas cotizadas.

En Europa habrá que esperar a los resultados del congreso de la UE que se celebrará en Palma de Mallorca los días 25 y 26 de marzo, pero el director general de la Economía Social del Trabajo Autónomo y de la Responsabilidad Social de las Empresas, Juan José Barrera, explicó recientemente a este periódico que cree «profundamente en la voluntariedad de la RSC sin excluir el desarrollo de un marco normativo que impulse su promoción. La RSC está por encima de las normas legales, pero se puede hacer una política para fomentar una mayor presencia».

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