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Visiones de Esperanza: Jean-Michel Cousteau

COMO ESTUDIANTE DE ARQUITECTURA, APRENDÍ QUE UN buen diseño generalmente se deriva de las formas que se encuentran en la naturaleza. La geometría pura es interesante, pero fría. En los seres vivos existe una lógica y una proporción, la cual tiene la capacidad de llenarnos de alegría. Mi forma favorita es la del caparazón del nautilo flamígero, puesto qe no sólo es la esencia de la eficacia aerodinámica sino que también, desde el punto de vista de la física, éste en armonía con la luz, la profundidad, la temperatura y otros factores ambientales que son esenciales para su supervivencia.

También las sociedades humanas son tan buenas como sus diseños y deben estar preparadas para sobrevivir. Sin embargo, para sobrevivir deben estar en armonía con su amiente natural.

Desde los sumerios hasta los mayas, pasando por los pueblos de la Isla de Pascua, la lección de historia que nos dan es que cualquier sociedad que no esté en equilibrio con su ambiente, no sobrevive. Las presiones ambientales, tales como la sobreexplotación de los recursos naturales, la sobrepoblación o la combinación de ambas, llevan a la tensión social, la injusticia, la inseguridad y la guerra.

Todo esto ha sucedido en el pasado ¿Qué tal lo estamos haciendo en el presente? No del todo bien.

En lugar de disfrutar un equilibrio de recursos, la familia de los humanos se ha dividido entre lo que se tiene y lo que no se tiene. Las creencias étnicas, reliiosas, de género y políticas, se utilizan para justificar que algunos se beneficien a expensas de los demás. En la cima de la pila, se rigen por la ley, mientras que en el fondo, los imperativos para sobrevivir se dan con una cruel simplicidad.

En 1998, de las 49 guerras que se registraron, 48 se llevaron a cabo en el mundo en desarrollo, al tiempo que su población creciente de pobres luchaba por magros restos.

¿Qué nos depara el futuro? ¿Continuaremos peléandonos por los recursos o ascenderemos a una distribución más clara de la bondad de la naturaleza? Si seguimos tratando a la naturaleza como si fuera un tesoro que pillar, estaremos siempre en lucha unnos contra otros.

Las semillas para futuros conflictos ya se sembraron.

En el porvenir no vamos a pelear por el petróleo, el oro o la tierra, sino por el agua. El agua, la sangre que da vida al planeta, está escaseando y provocamos que lo haga aín más cuando cotaminamos la poca que tenemos. Como resultado, un tercio de la familia de los seres humanos no tiene acceso a agua limpia, potable. No se puede mantener tal desigualdad, por lo cual se le prestará atención -ya sea de manera pacífica o militar- pero se hará.

¿Acaso es muy tarde para prevenirnos acerca de la autodestrucción? No. Tenemos la capacidad de forjar nuestro propio fututro de aprender de los seres vivos que nos rodean y de hacer que nuestros valores y acciones den resultados según los necesite la naturaleza. Sin embargo, primero tenemos que darnos cuenta de que los asuntos ecológicos, sociales y económicos se entrelazan profundamente. No puede haber solución para uno sin haber solución para los demás.

Del mismo modo que las formas geométricas frías, los sistemas económicos y políticos son abstracciones que se ven bien en papel, pero no pueden alimentar nuesras necesidades de una belleza viva y proporcionar un modelo para la supervivencia de nuestra especie.
Sólo la naturaleza lo puede hacer.

Obtenido del Libro: Arquitectos de la Paz
Publicado por: Michael Collopy, durante este año

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