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Más de cien mil niños mexicanos trabajan en las calles

No están de paso. La calle les fue heredara. Su papá lleva 20 años ganándose la vida en el crucero de Cuauhtémoc y Eje 6, igual que la tía y sus primos. Están organizados, los cuatro más chicos viven de la caridad, las dos niñas de 5 y 8 años piden limosna entre los automóviles y los dos niños de 12 y 16 limpian parabrisas, los dos adultos se las arreglan en el comercio informal, la tía vende pistaches y el papá rosas rojas. Juntos logran regresar a casa con 500 pesos diarios, en promedio.

No hay descanso porque aprovechan cada minuto que el semáforo les regala un color rojo. Es su forma de vida, con lo que ganan aquí seis personas sobreviven 12, es parejo, no importa la edad, aunque cuatro de ellos sean menores de 16 años. Viven en Santa Catarina, un barrio que se encuentra cerca de la carretera México-Puebla desde donde se trasladan todos los días hasta el Eje 6, Àngel Urraza. El horario es variable, pero nunca esperan la noche para volver.

El papá, prefiere no decir su nombre, pero cuenta que él viene a vender al mismo sitio junto con su hermana desde que tenían 15 años. Los dos llegaron de Oaxaca a la ciudad de México hace más de 20 años; han trabajado desde niños, por eso no es raro que sus hijos y sobrinos aporten dinero y sigan sus pasos, pues han encontrado en el crucero la forma de llevarse 80 o 100 pesos diarios por niño.

La inocencia es la palabra más ausente en el crucero de Avenida Cuauhtémoc. Es difícil engañarlos, son desconfiados con quien se les acerca con alguna intención más allá que para regalarles un peso. No hablan más de lo necesario. Tampoco dan explicaciones de su forma de vida. Para ellos es un trabajo, es su crucero, uno que tienen por derecho de antigüedad y que difícilmente van a soltar porque “nadie nos dará lo que ganamos aquí”, dice el papá.

Más de un salario mínimo
No es solo una historia aislada, en el país la misma se repite por más de 100 mil veces. Los niños trabajan en las calles solos o acompañados por sus padres desde siempre. Según la UNICEF, 117 mil niños trabajan en cruceros y avenidas en cien ciudades de México.

Aunque los del DF y Estado de México se cuentan aparte. El DIF mantiene un censo que rebasa los 14 mil en cada una de las entidades e incluso concluyen que es difícil terminar con la situación, pues el 77.7% de ellos logra ingresos diarios superiores a dos salarios mínimos (más de cien pesos) en la vía pública.

De acuerdo con el informe “Niños, Niñas y Jóvenes Trabajadores en el Distrito Federal”, del total de niños que trabajan en la calle 6.6% logran percepciones superiores a los 10 salarios mínimos en un día. Un 66.7 % de ese porcentaje lo consigue porque ejerce la prostitución, seguido de un 17.6% alcanzado por voceadores; un 10%, por boleros y vendedores ambulantes; seguidos por los cuidacoches, con 5.3%; y hay un sorpresivo 2.9% logrado por limosneros.

El estudio señala que la mayoría de los niños que trabajan lo hacen en tiendas de autoservicio, puestos ambulantes o ayudando a su padres en mercados públicos, pero el 18% del total se dedica directamente al trabajo informal en las calles y cruceros de la ciudad, como la familia del crucero de Eje 6 y Cuauhtémoc que le pone carne y hueso a una parte de las cifras, pues de ese 18% que vive de la calle casi la tercera parte se dedica a limpiaparabrisas, como ellos, el resto se divide entre boleros, pepenadores, cuidacoches, mendigos y payasitos.

Aunque los número son más graves, pues estudios de ONG’s encargadas de derechos infantiles aseguran que, por lo menos, hay cinco millones de niños mexicanos realizando trabajos de alto riesgo, y que si abandonan esas tareas la pobreza extrema infantil se duplicaría.
Para Rogelio Padilla, presidente de la Red por los Derechos de la Infancia, es una realidad que las aportaciones de los niños que realizan trabajos ayuda a sobrevivir a las familias mexicanas. Las cifras indican que 50 millones de mexicanos viven en pobreza, de ése número 20 millones son niños y 5 millones de ellos sobreviven en pobreza extrema. De dejar sus empleos, la cifra crecería a 10 millones, dice.

Empleos infantiles fuera de la ciudad
Por lo menos un millón y medio de esos cinco millones de niños pobres se emplea en el sector agrícola, y no se descarta que en manos infantiles esté el cuidado y conservación de plantíos de droga en el país. Tres millones y medio más están involucrados en otras actividades peligrosas: moviendo maquinaria y herramienta en talleres y ladrilleras, en el comercio informal, en trabajos nocturnos, en tareas domésticas, en trabajos callejeros y en la explotación sexual.

A pesar de que las cifras oficiales indican que 3.6 millones de niños trabajan en México, Organizaciones No Gubernamentales consideran que la cifra es de 5.1 millones. Incluso instituciones del Estado como la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) han reconocido que buena parte de esos empleos son “trabajos peligrosos” para un menor, pues van en contra de su salud por realizarse en lugares cerrados, en contacto con fungicidas o en otras situaciones de riesgo.

La Confederación Nacional Campesina (CNC) da sus propias cifras y asegura que 50% de los seis millones de jornaleros agrícolas que se emplean en los campos del país son niños y adolescentes que aportan cerca del 35% del ingreso familiar, en un entorno en el que son escasos los esfuerzos para evitar la explotación laboral de los menores.

Destacan que, en el noreste del país, la cuarta parte de la fuerza laboral son menores de edad que aportan el 35% del ingreso familiar con jornadas que rebasan las ocho horas diarias, con salarios inferiores al mínimo, y están expuestos a condiciones insalubres y desprovistos de cualquier tipo de seguridad social.

Pero el peligro es un mal necesario, pues millones de niños aportan un salario a hogares donde el padre, la madre y el resto de los hijos salen a trabajar todos los días. “Éstos niños evitan con sus aportaciones que la familia caiga en situación de pobreza extrema, sin embargo, no es un asunto que ellos deban resolver, es trabajo del Estado, deben crear más empleos y mejor paga para los adultos”, dice Rogelio Padilla.

Padilla asegura que las familias mexicanas se convierte en un centro de trabajo donde el que no trabaja no come. “No es real que los niños traen una torta bajo el brazo cuando nacen, más bien ellos van por su propia torta cuando cumplen 5 años y entran al mundo laboral por necesidad y para sumar esfuerzos que los rescatan de morir de hambre”, dice.

Según el INEGI, los niños y las niñas realizan algún trabajo económico para pagar su escuela o sus propios gastos, o para aprender un oficio. Los sectores donde más menores desempeñan alguna actividad laboral son el campo, el comercio, servicios y la industria manufacturera.

El presidente de la Red por los Derechos de la Infancia explica que, en 20 años que la ONG tiene funcionando, han llegado y se han ido sexenios completos en los que no se soluciona el problema, pues el trabajo infantil no se erradica por decreto. “No pueden prohibir el empleo infantil si no dan soluciones a estas familias. Además, ningún presidente ha pasado del dicho al hecho, vaya, ni siquiera se han cumplido acuerdos internacionales a los que México se comprometió a favor de la infancia”.

Los programas públicos existentes que se llevan a cabo desde la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría del Trabajo, apenas dan apoyo educativo a 7 mil de los más de un millón de niños que trabajan en el sector agrícola.

Para Rogelio Padilla, esos porcentajes son una burla, pues la necesidad de los niños que se enfrentan al peligro diariamente es de dimensiones mucho mayores.

A pesar de que el Estado reconoce su obligación de proteger a la infancia contra el desempeño de trabajos nocivos para la salud, la educación o su desarrollo, fijando edades mínimas de admisión y reglamentando las condiciones del mismo, existen diversas posturas respecto de la interpretación de esta ley.

Para las ONG’s, el gobierno sólo aspira a erradicar la explotación infantil al considerar que el trabajo es un derecho humano que no debe desarrollarse en situaciones de explotación, sino de dignidad, y en condiciones aceptables y reguladas. Sin embargo, con ello no se da una solución para evitar el trabajo infantil. La clave está en el empleo de los padres, que debe ser mejor remunerado.

“Aún hay muchos pendientes. Todavía no contamos con un organismo intersectorial que ayude a los niños para erradicar el trabajo infantil. En el caso de América Latina no se ha ratificado el Convenio 138 que establece la edad mínima para el ingreso al mercado laboral. En el caso de México, se puede trabajar a los 14 años con autorización de los padres, pero creemos que debe ser a los 15 años como en otros países, que es compatible con la edad de termino de la educación básica”, dice Rogelio Padilla.

Fuente: El Universal; Kiosko, p. 11
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