Ambas se retroalimentan y son inherentes a las empresas e instituciones.

Es imposible no comunicar. Todo lo que hacemos y no hacemos está comunicando algo de nosotros. Esta certeza me guía en mi vida personal y profesional. Y como es imposible dejar de comunicar, es lógico pensar que cuidar esa comunicación inevitable es lo que más hábil te vuelve para responder de forma adecuada y beneficiosa.

Tampoco podemos evitar la repercusión de nuestra comunicación en nuestro entorno. Por acción o por omisión, provocamos un impacto a nuestro alrededor, y ahí es donde radica nuestra responsabilidad como personas: ¿tomamos conciencia y gestionamos las consecuencias de nuestra comunicación? Visto así, la responsabilidad, la cuidemos o no, también es inevitable.

Pero la habilidad para comunicarse no es sólo la esencia de las relaciones humanas, también las organizaciones se relacionan con la sociedad en la que existen a través de la comunicación, y también son inevitablemente responsables de ella. De hecho, la Comunicación condiciona los resultados de una empresa, y puede potenciar o empañar su inevitable Responsabilidad Corporativa.

Esta es la lógica por la que creo que la Responsabilidad Corporativa es algo consustancial a las empresas. Así que desde este punto de vista, tanto la Comunicación como la RSC son inherentes al propio hecho de su existencia. Otra cosa es que las cuiden, exactamente igual que ocurre con las personas.

De la Comunicación a la RSC

Ante la disyuntiva empresarial de hacer o no Comunicación Corporativa hay que aclarar que es imposible elegir, porque es imposible no comunicar. Si lo pensamos un momento, la no-comunicación lleva mucho mensaje, y lo que es peor, facilita algo bastante peligroso en particular para las empresas: si no comunicas, cualquiera puede convertirse en tu portavoz y comunicar por ti.

También está la Comunicación Corporativa a medias, la maquillada o manipulada. Comunicar mentiras o medias verdades es en mi opinión peor que no comunicar, porque ya sabemos que las mentiras tienen las patas cortas, más cortas cuanta más gente está implicada en mantener esa mentira. ¿Cuántos empleados tiene una empresa u organización? Las incoherencias no se sostienen. Es cuestión de tiempo.

Y por fin encontramos la Comunicación Corporativa responsable, o responshábil, que es esa que la empresa decide cuidar y planificar. Su objetivo es proyectar los valores que la mueven, actuando con coherencia, porque así es como consigue más fácilmente ser transparentes hacia dentro y hacia fuera, generar confianza, ganar resistencia, ser organizaciones responsables que además cuidan su RSC.

De la RSC a la comunicación

Si nos centramos en el significado de la sigla RSC, ésta es la responsabilidad de las empresas con la sociedad en la que desarrollan sus actividades. Una buena RSC es aquella que empieza por garantizar que la organización cumple con sus obligaciones legales y que además se compromete para mejorar su respuesta a esa sociedad, y el vehículo más natural de la capacidad para responder es la Comunicación Corporativa.

Por eso una empresa responsable sobre todo se comunica. Se comunica con sus trabajadores, con sus vecinos, con sus proveedores, con las instituciones de su entorno, con sus clientes, con todos sus públicos de interés. Se comunica en el sentido más amplio del término, lo que implica escuchar casi más que hablar, y construir idearios compartidos que impulsen acciones colectivas coherentes en beneficio de todos.

Mirado así, la Comunicación Corporativa es la proyección pública de esos mensajes compartidos, de los valores, de los objetivos de mejora y de las acciones responsables y coherentes que hacen a la empresa más rentable, más respetada y respetuosa, y más consecuente.

Por todo esto la comunicación es la base más sólida de la Responsabilidad Corporativa, y este tipo de Comunicación Corporativa es la que convierte a la organización en un valor social que ofrece bastante más que un producto o un servicio.

Fuente: Huelva

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