Hawái inaugura los impuestos verdes al turismo

Imagina que el paraíso que elegiste para tus vacaciones te envía una factura adicional por el simple hecho de existir en sus costas. Durante décadas, el turismo de masas operó bajo un modelo donde los beneficios eran privados y los costos ambientales —como la erosión y la degradación de arrecifes— se cargaban a la cuenta de las comunidades locales. Pero el 2026 marca un punto de no retorno. Hawái ha decidido que la sostenibilidad dejará de ser un “extra” opcional en los folletos para convertirse en una tasa de supervivencia obligatoria. Al ratificar un recargo del 11% sobre la tarifa de los cruceros, el estado no solo busca recaudar; está rediseñando las reglas de la responsabilidad corporativa. Si te interesa el impacto real de las empresas en el entorno, prepárate: estás presenciando el nacimiento de una nueva fiscalidad ética que pronto llegará a cada puerto del planeta.

Un análisis comparativo: ¿es realmente el primer impuesto en su tipo?

Para entender la magnitud de este hito desde una perspectiva de políticas públicas, debes distinguir entre las tasas turísticas convencionales y estas nuevas tasas de resiliencia climática profunda.

  • Innovación en el sector: Aunque existen casos como Venecia o Barcelona, el modelo de Hawái es disruptivo por su estructura. No es una tasa fija por “cabeza” que el viajero apenas nota; es un impuesto porcentual sobre la tarifa bruta del viaje. Esto eleva la carga fiscal de unos pocos dólares a cientos de dólares en itinerarios de lujo. Es una penalización directa al valor económico generado por la actividad, no solo a la presencia física del turista.
  • Enfoque en resiliencia: A diferencia de las tasas europeas que se diluyen en presupuestos generales, el “Green Fee” está legalmente vinculado a la protección de los recursos naturales. Te encuentras ante el primer estado que implementa un impuesto ambiental de esta escala aplicado específicamente a una industria que, históricamente, había navegado en un vacío fiscal envidiable.
impuestos verdes al turismo

Implicaciones para el turismo global: el inicio de la gestión de capacidad

Desde la óptica de la responsabilidad social y la gestión de la reputación, este impuesto altera tres pilares fundamentales del desarrollo sostenible:

  • Reconfiguración del valor frente al precio: El mercado turístico se ha segmentado históricamente por la agresividad de sus precios. Un impuesto que añade un 11% al costo total obliga a las empresas a ser mucho más transparentes sobre su impacto ambiental. Para el consumidor consciente de 2026, este costo será visto como una “inversión en el destino”; para el mercado masivo, será la barrera que obligue a decidir en qué lado del espectro ético se quiere situar el viajero.
  • La batalla legal como riesgo reputacional: La férrea oposición de las asociaciones industriales representa un riesgo reputacional masivo en el contexto actual de la RSE. En una era donde las corporaciones publican reportes de sostenibilidad presumiendo metas de descarbonización, demandar a un destino por proteger sus costas genera una disonancia que el público informado no pasa por alto. No se puede ser “sostenible” en el informe anual y “obstruccionista” en los tribunales sin fracturar la integridad de la marca.
  • Estrategia de desmarketing y capacidad de carga: Para quienes estudian la sostenibilidad, el éxito de Hawái no se mide solo en los 100 millones de dólares proyectados. Se mide en su capacidad de moderar el flujo de visitantes. Estamos ante una estrategia de “desmarketing” deliberada: si el impuesto reduce el volumen de turistas pero aumenta el fondo de conservación, el destino gana en salud ecosistémica. Es un cambio radical en los indicadores de éxito: del volumen de llegadas al valor de la retención ambiental.
impuestos verdes al turismo

El precedente: ¿qué destinos seguirán la senda de Hawái?

Hawái ha abierto la “caja de Pandora” de la fiscalidad climática. El precedente judicial que respalda esta ley servirá de hoja de ruta para otros destinos vulnerables que buscan un turismo más equilibrado.

  • El Caribe: Si sigues de cerca la situación en Quintana Roo o en naciones insulares, observa con lupa. Si Hawái implementa esto con éxito, el Caribe seguirá el ejemplo para financiar su propia supervivencia ante la erosión costera que ya amenaza su viabilidad económica.
  • Noruega y el Ártico: Para este 2026, ya existen legislaciones en Noruega que permiten gravar con mayor dureza a las industrias extractivas de turismo. El éxito legal en Hawái fortalece la posición de los reguladores para exigir un retorno directo a la naturaleza.
  • Destinos de última oportunidad: En lugares como las Galápagos, podrías ver la transición de tasas de entrada fijas a impuestos porcentuales basados en el valor del viaje, asegurando que los servicios de mayor impacto económico sean los que más aporten a la restauración del entorno.
impuestos verdes al turismo

El rol de la estrategia de sostenibilidad ante el nuevo paradigma

Para cualquier persona interesada en el futuro de la responsabilidad corporativa, la conclusión es clara: la era de la sostenibilidad cosmética ha terminado. Las organizaciones deben dejar de ver estos impuestos como una amenaza y empezar a integrarlos en su narrativa de impacto. Aquellas empresas que incorporen el “Green Fee” como un elemento de orgullo —explicando cómo esos fondos restauran los arrecifes que sus clientes valoran— ganarán la batalla de la lealtad y la coherencia.

El 2026 nos está demostrando que ya no se financiará la conservación con donaciones voluntarias de fundaciones, sino con una reingeniería de la estructura de costos del sistema. Hawái no es el final de los viajes; es el comienzo de una era de transparencia donde finalmente se pagan las facturas ambientales pendientes. Como observadores y líderes en sostenibilidad, nuestro trabajo es entender que esta transición es la única forma de asegurar que los destinos que amamos sigan existiendo para la próxima generación.

Tecnología y sostenibilidad, los retos empresariales según KPMG

Por: Jesús Luna, Socio Líder de Private Enterprise de KPMG México

Las empresas privadas abarcan todo tipo de industrias a nivel global, e incluyen empresas familiares, de tecnología, startups, o los llamados emerging giants (empresas con rápido crecimiento). Su importancia para el desarrollo económico es crucial; sin embargo, actualmente enfrentan una serie de retos económicos, tecnológicos, geopolíticos, regulatorios, de talento, entre otros. 

Para conocer las estrategias que las directoras y directores generales (CEO, por sus siglas en inglés) de las empresas privadas más importantes del mundo están llevando a cabo para alcanzar sus objetivos de negocio y gestionar adecuadamente los riesgos, el informe KPMG Global private company CEO Outlook revela que tienen un optimismo notable en el crecimiento de sus compañías (80% así lo menciona), incluso frente a incertidumbres como aranceles, conflictos y volatilidad económica. 

Por otro lado, la apuesta por realizar fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) sigue presente, aunque con menor apetito tratándose de grandes operaciones: solo 30% busca grandes acuerdos, frente a 45% del año anterior. La preferencia por crecimiento orgánico refleja contención ante un entorno cambiante, donde la capacidad de adaptación pesa más que la escala. 

Tecnología y sostenibilidad

Asimismo, la tecnología, y en particular la inteligencia artificial (IA), se consolida como prioridad estratégica y también como impulsora del relativo optimismo, ya que 71% de las y los CEO la consideran una prioridad de inversión clave para mejorar decisiones y ser más eficientes. Inclusive, 66% contemplan destinar entre 10% y 20% de su presupuesto a iniciativas de IA en los próximos 12 meses. Sin embargo, el entusiasmo convive con dilemas éticos y regulatorios: sesgos, privacidad y falta de transparencia son barreras que 61% reconoce como críticas. El entusiasmo en el potencial de la IA es enorme, pero exige que las empresas privadas la implementen a través de gobernanza sólida y datos confiables para evitar riesgos reputacionales. 

De igual manera, la atracción, retención y capacitación del talento emerge como otro frente decisivo. La brecha entre habilidades actuales y requeridas para la era digital es el mayor desafío para atraer y retener perfiles especializados. Además, la tensión generacional complica la ecuación: mientras las generaciones jóvenes abrazan la tecnología, la fuerza laboral con mayor experiencia muestra mayor resistencia. La respuesta atraviesa temas como la comunicación abierta y efectiva con el talento, que entusiasme a los equipos para abordar el potencial transformador de la IA con planes y programas de reskilling y upskilling.

Otro factor crucial es el de la sostenibilidad de las empresas privadas, pues esta ha dejado de ser una consideración de mero cumplimiento para convertirse en un elemento estratégico que puede agregar valor. Aunque 58% afirma haber integrado los temas ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) en su estrategia, aún están rezagadas frente al avance que tienen las empresas que cotizan en bolsa. La presión por demostrar un impacto real y cumplir con las metas de descarbonización se intensifica, y la IA surge como una potencial aliada para modelar riesgos climáticos y optimizar eficiencia energética. 

Al ofrecer un marco más estructurado a sus compromisos sociales y medioambientales, las empresas privadas pueden ayudar a preservar su legado y construir modelos de negocio aún más sostenibles. Asimismo, una gobernanza sólida puede ayudar a la planificación sucesoria y a incorporar aún con más fuerza los indicadores ASG y otros asuntos clave. 

Tecnología y sostenibilidad

En conclusión, el estudio KPMG Global private company CEO Outlook subraya cómo las empresas privadas están priorizando su enfoque hacia la tecnología, especialmente la IA, con un liderazgo que invierte significativamente; sin embargo, están menos seguras de la capacidad de su talento para adoptar plenamente la IA, debido a preocupaciones sobre las brechas generacionales en cuanto a habilidades. 

Las empresas privadas parece que deben aprovechar su agilidad para navegar a través de un entorno donde la tecnología y la sostenibilidad no son opcionales, sino imperativos estratégicos. El reto en 2025 y 2026 gira alrededor de equilibrar velocidad con responsabilidad, innovación con ética, y crecimiento con propósito.

Nota: las ideas y opiniones expresadas en este escrito son de quienes firman el artículo y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG México.

Por qué la colaboración entre sectores es clave para el impacto social

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Los grandes problemas sociales y ambientales de nuestro tiempo —desigualdad, crisis climática, pobreza, exclusión— tienen algo en común: son demasiado complejos para ser resueltos por un solo actor. Gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil enfrentan límites claros cuando actúan de manera aislada, incluso con los mejores recursos o intenciones. En este contexto, la colaboración deja de ser un ideal aspiracional para convertirse en una condición necesaria del impacto social.

La colaboración entre sectores surge así como una respuesta estratégica a desafíos sistémicos. No se trata solo de sumar esfuerzos, sino de integrar capacidades distintas, alinear incentivos y construir soluciones que ningún sector podría lograr por sí solo. Para quienes trabajan en responsabilidad social —y para quienes comienzan a explorar este campo— entender por qué esta lógica es clave resulta fundamental para generar cambios duraderos y escalables.

5 razones por las que la colaboración entre sectores es clave para el impacto social

1. Permite abordar problemas complejos desde una visión sistémica

Los desafíos sociales no tienen una sola causa ni una única solución. La pobreza, por ejemplo, está relacionada con educación, empleo, salud, género, territorio y políticas públicas. Cuando cada sector actúa por separado, las intervenciones suelen ser parciales y de corto alcance.

La colaboración entre sectores permite conectar estas dimensiones y diseñar respuestas integrales. Mientras el sector público aporta marco normativo y alcance territorial, el privado suma innovación y eficiencia, y la sociedad civil contribuye con conocimiento local y legitimidad social. Juntos, construyen soluciones que atacan el problema desde su raíz, no solo sus síntomas.

colaboración entre sectores

2. Maximiza recursos y reduce duplicidades

En un contexto de recursos limitados, actuar de manera fragmentada no solo es ineficiente, sino costoso. Proyectos que se duplican, esfuerzos que compiten entre sí y aprendizajes que no se comparten son fallas comunes cuando no existe coordinación intersectorial.

La colaboración entre sectores permite optimizar inversiones financieras, humanas y técnicas. Al compartir infraestructura, datos, redes y experiencia, los actores involucrados amplifican el impacto de cada peso invertido. Además, esta lógica favorece la transparencia y la rendición de cuentas, elementos clave para la confianza social.

3. Impulsa innovación social con soluciones más robustas

La innovación social rara vez surge en entornos homogéneos. Es en la intersección de miradas distintas donde aparecen nuevas ideas, modelos híbridos y enfoques disruptivos. La colaboración crea ese espacio de fricción creativa donde se desafían supuestos y se replantean soluciones tradicionales.

Cuando empresas, gobiernos y organizaciones sociales colaboran, combinan tecnología, política pública y experiencia comunitaria. El resultado son soluciones más adaptadas a la realidad, con mayor probabilidad de adopción y sostenibilidad en el tiempo. Aquí, la colaboración entre sectores se convierte en un motor de innovación con impacto real.

colaboración entre sectores

4. Fortalece la legitimidad y la confianza social

Uno de los grandes desafíos del impacto social es la desconfianza. Comunidades que no creen en las empresas, ciudadanos que dudan de los gobiernos y organizaciones sociales que operan en entornos de alta expectativa y poco margen de error.

La colaboración entre sectores ayuda a construir legitimidad compartida. Cuando distintos actores respaldan una iniciativa, esta gana credibilidad y aceptación social. Además, la corresponsabilidad reduce el riesgo reputacional individual y refuerza la percepción de que el proyecto responde a un interés colectivo, no a una agenda particular.

5. Escala el impacto y lo hace sostenible en el tiempo

Muchos proyectos sociales funcionan bien a pequeña escala, pero fracasan al intentar crecer. La falta de financiamiento, de apoyo institucional o de capacidades técnicas suele limitar su expansión. Aquí es donde la colaboración marca la diferencia.

A través de la colaboración entre sectores, las iniciativas pueden integrarse a políticas públicas, cadenas de valor o marcos regulatorios que aseguran su continuidad. El impacto deja de depender de voluntades individuales y se incorpora a estructuras más amplias, capaces de sostenerlo y replicarlo en otros contextos.

colaboración entre sectores

Colaborar no es opcional, es estratégico

En un mundo atravesado por crisis múltiples, la idea de que un solo sector puede generar impacto social significativo resulta cada vez más obsoleta. La colaboración entre sectores no es una moda ni un discurso bien intencionado, sino una estrategia basada en evidencia para enfrentar problemas complejos de manera efectiva.

Para quienes lideran agendas de responsabilidad social —y para quienes comienzan a interesarse en el tema— el reto está en pasar del discurso a la práctica. Construir alianzas auténticas, con objetivos claros y responsabilidades compartidas, es lo que permitirá que el impacto social deje de ser marginal y se convierta en transformador, escalable y duradero.

Los océanos no los diluyen: químicos permanentes se concentran en ballenas y delfines

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Durante décadas se asumió que la inmensidad del océano funcionaba como un amortiguador natural frente a la contaminación química. Sin embargo, un artículo de Eco-Business sostiene que, en la actualidad, no existe hoy un solo rincón marino libre de las llamadas “sustancias químicas permanentes”, conocidas como PFAS. Su presencia generalizada confirma que la contaminación humana ha alcanzado incluso los ecosistemas más remotos.

Este fenómeno no solo plantea un desafío ambiental, sino también un dilema ético y de gobernanza para la sostenibilidad global. El impacto ambiental de químicos permanentes se manifiesta con especial crudeza en ballenas y delfines, especies clave en la cadena trófica marina y verdaderos indicadores de la salud del océano. Lo que ocurre en sus cuerpos anticipa riesgos que eventualmente alcanzan a toda la biosfera.

Qué son los PFAS y por qué el impacto ambiental de químicos permanentes es crítico

Las PFAS conforman un grupo de más de 14,000 sustancias químicas sintéticas utilizadas desde la década de 1950 en productos cotidianos como utensilios antiadherentes, envases de alimentos, ropa impermeable, espumas contra incendios y cosméticos. Su valor industrial reside en su resistencia al calor, al agua y a las grasas.

El problema es precisamente esa resistencia. Estas sustancias no se degradan de forma natural, por lo que persisten durante décadas o siglos en el ambiente. Transportadas por el aire y el agua, terminan acumulándose en su destino final: los océanos, donde penetran en sedimentos y aguas profundas.

impacto ambiental de químicos permanentes

Una vez en el entorno marino, los PFAS ingresan a la red alimentaria a través de organismos pequeños y se biomagnifican conforme ascienden en la cadena trófica. Este proceso explica por qué los grandes depredadores marinos concentran niveles particularmente elevados.

El impacto ambiental de químicos permanentes revela una falla estructural en los modelos de producción y consumo, donde la conveniencia inmediata ha sido priorizada sobre la seguridad a largo plazo.

Ballenas y delfines: bioacumulación más allá del hábitat

Investigaciones recientes basadas en el análisis de muestras hepáticas de 127 ballenas y delfines de 16 especies revelan un hallazgo inquietante: el lugar donde vive un animal no predice su nivel de contaminación por PFAS. Es decir, no importa si habita zonas costeras o bucea en aguas profundas.

Este resultado desafía supuestos previos que asociaban mayor exposición con cercanía a fuentes humanas de contaminación. Algunas especies de buceo profundo, como zifios y cachalotes, presentan concentraciones comparables o incluso superiores a las de especies costeras.

La clave no está en el hábitat, sino en la biología. Los animales de mayor edad y tamaño acumulan más PFAS a lo largo de su vida, lo que confirma la naturaleza acumulativa de estos compuestos. El impacto ambiental de químicos permanentes se mide, así, en décadas.

Además, los machos suelen presentar cargas más altas que las hembras, debido a que estas transfieren parte de los contaminantes a sus crías durante la gestación y la lactancia. Este patrón se repite de forma consistente entre distintos tipos de PFAS.

impacto ambiental de químicos permanentes

Mamíferos marinos como sistema de alerta temprana

Las ballenas y los delfines cumplen una función comparable a la de los “canarios en la mina”: su salud refleja el estado general del ecosistema marino. Como depredadores longevos y situados en la cima de la cadena alimentaria, integran en sus cuerpos los efectos acumulados de la contaminación ambiental.

Este enfoque se alinea con el concepto One Health, que reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental. El impacto ambiental de químicos permanentes en mamíferos marinos anticipa riesgos que también afectan a las poblaciones humanas.

Regiones como Nueva Zelanda ofrecen una oportunidad única para este tipo de estudios, al concentrar más de la mitad de las especies de odontocetos del mundo. Allí, incluso especies en peligro crítico, como los delfines de Māui, muestran señales claras de exposición a PFAS.

La presencia de estos contaminantes en especies que nunca entran en contacto directo con actividades humanas demuestra que la contaminación química ya está completamente integrada en las redes tróficas oceánicas.

impacto ambiental de químicos permanentes

Riesgos acumulados y presiones múltiples

La presencia de PFAS no actúa de manera aislada. Estos químicos pueden alterar funciones hormonales, inmunológicas y reproductivas, debilitando la capacidad de las especies para adaptarse a otros factores de estrés, como el cambio climático o la disminución de presas.

Además de la dieta, existe evidencia de que los mamíferos marinos podrían absorber PFAS a través de la piel, ampliando las vías de exposición. Esta multiplicidad de mecanismos incrementa la incertidumbre sobre los impactos reales en la salud poblacional.

Para especies ya amenazadas, la combinación de contaminación química, enfermedades emergentes y alteraciones del ecosistema puede resultar crítica. El impacto ambiental de químicos permanentes debe entenderse como un amplificador de riesgos sistémicos.

Desde la óptica de la sostenibilidad corporativa y la política pública, estos hallazgos obligan a replantear la gestión de sustancias químicas a lo largo de todo su ciclo de vida, desde el diseño hasta su eliminación.

Una contaminación que no reconoce fronteras

La evidencia es clara: ni la profundidad ni la distancia protegen a los océanos de la contaminación química. Incluso las ballenas que habitan los entornos más remotos presentan concentraciones elevadas de PFAS, confirmando que los océanos no diluyen, sino que acumulan.

Responder al impacto ambiental de químicos permanentes ya no es una opción, sino una responsabilidad compartida. Este desafío exige regulaciones más estrictas, innovación en materiales seguros y decisiones basadas en ciencia. Proteger a ballenas y delfines es, en última instancia, proteger la salud de los océanos —y la nuestra.

La carrera contra el plástico: ¿pueden los gobiernos alcanzar el ritmo del problema?

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La contaminación plástica se ha convertido en una de las crisis ambientales más complejas de nuestro tiempo. De acuerdo con una investigación reciente de The Pew Charitable Trusts, si el mundo no reduce su dependencia de plásticos —especialmente en envases y textiles—, la contaminación plástica podría duplicarse para 2040. Esto implica que, durante los próximos 15 años, el planeta recibirá el equivalente a un camión de basura por segundo lleno de residuos plásticos.

Este escenario plantea una pregunta incómoda para la agenda de sostenibilidad global: ¿están los gobiernos actuando con la velocidad y la ambición que exige el problema? Aunque existen iniciativas multilaterales y marcos regulatorios emergentes, la falta de consenso internacional evidencia que la carrera entre la magnitud del daño y la respuesta institucional sigue profundamente desbalanceada, incluso para los gobiernos contra el plástico que buscan liderar el cambio.

Plástico y daños sistémicos: el costo ambiental y social de la inacción

La contaminación plástica afecta simultáneamente ecosistemas terrestres y marinos, deteriorando hábitats críticos como arrecifes de coral y manglares. Estos daños no solo amenazan la biodiversidad, sino que debilitan servicios ecosistémicos clave para la seguridad alimentaria y la resiliencia climática de comunidades costeras.

Desde la perspectiva de la salud pública, el impacto es igualmente alarmante. Estudios citados por The Lancet estiman que las enfermedades asociadas a la contaminación plástica —que van desde afecciones cardíacas hasta infecciones— generan pérdidas económicas globales por 1.5 billones de dólares anuales, una cifra que rara vez se integra al debate regulatorio.

A ello se suma la huella climática del plástico. Fabricado a partir de combustibles fósiles, su ciclo de vida es responsable del 3.4 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, según la OCDE. En un contexto de transición energética, este dato coloca al plástico como un obstáculo estructural para cumplir metas climáticas.

gobiernos contra el plástico

Este panorama deja claro que el problema del plástico no es sectorial ni aislado. Es una falla sistémica que exige una respuesta coordinada entre políticas públicas, mercados y modelos de producción.

Gobiernos contra el plástico: avances regulatorios y límites estructurales

A pesar de la gravedad del problema, los avances regulatorios han sido desiguales. En las negociaciones para un tratado global de las Naciones Unidas sobre plásticos, más de 100 países respaldaron propuestas para reducir la producción; sin embargo, la resistencia de países productores de petroquímicos ha bloqueado acuerdos vinculantes.

Este estancamiento refleja una tensión central para los gobiernos contra el plástico: regular un material barato, altamente subsidiado y profundamente integrado en las cadenas globales de suministro. Mientras la producción siga siendo económicamente atractiva, las políticas correctivas seguirán compitiendo con incentivos contradictorios.

Algunos países han optado por instrumentos como la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que traslada a las empresas el costo del reciclaje y la gestión del final de vida de los productos. Aunque es un avance relevante, su impacto depende de capacidades institucionales que muchas economías emergentes aún no tienen.

El resultado es un mosaico regulatorio fragmentado, donde los esfuerzos nacionales avanzan más rápido que la cooperación internacional, limitando el alcance real de las políticas públicas.

gobiernos contra el plástico

¿Prohibiciones o incentivos? Lo que funciona y lo que no

Un informe de 2023 de la iniciativa Back to Blue concluyó que las prohibiciones de plásticos de un solo uso son las medidas más efectivas para reducir el consumo. Estas políticas envían señales claras al mercado y aceleran la innovación en materiales alternativos y modelos de reutilización.

No obstante, el estudio advierte que incluso si estas prohibiciones se aplicaran en todos los países del G20, el consumo global de plástico en 2050 seguiría siendo 1.5 veces mayor que el actual si no se acompañan de otras medidas estructurales. La regulación aislada no es suficiente frente a un problema de escala global.

La Unión Europea ha dado un paso relevante al aprobar en 2024 un acuerdo para reducir residuos de envases y prohibir diversos plásticos de un solo uso, con entrada en vigor en febrero. Aunque incluye exenciones sectoriales, marca una hoja de ruta clara para los gobiernos contra el plástico que buscan combinar regulación y transición industrial.

Para el sector empresarial, estas políticas también redefinen riesgos y oportunidades, especialmente en innovación, economía circular y rediseño de productos.

El desafío económico: producción barata, costos invisibles

Uno de los mayores obstáculos para reducir el consumo de plástico es su bajo costo de producción, impulsado por subsidios a los combustibles fósiles. Mientras estos incentivos persistan, el plástico virgen seguirá siendo más competitivo que las alternativas recicladas o reutilizables.

The Pew Charitable Trusts propone soluciones claras: recortar subsidios, frenar nueva capacidad productiva donde ya existe sobreoferta y apoyar a empresas que apuestan por la reutilización. Estas medidas atacan el problema desde la raíz económica, no solo desde la gestión de residuos.

gobiernos contra el plástico

Incorporar los costos reales del plástico —incluidos los impactos en salud y medio ambiente— al precio final de los productos podría transformar el mercado. Internalizar estas externalidades haría más atractivo el uso de materiales reciclados y reduciría la demanda de plástico virgen.

Para los gobiernos contra el plástico, este enfoque implica una reforma fiscal y regulatoria profunda, pero también una oportunidad para alinear política económica y sostenibilidad.

Una carrera que exige cooperación global

La evidencia es contundente: la contaminación plástica avanza más rápido que las respuestas políticas actuales. Sin un tratado global que establezca criterios comunes sobre qué plásticos son innecesarios y cómo deben gestionarse, los esfuerzos nacionales seguirán siendo insuficientes frente a cadenas de suministro globalizadas.

Para cerrar la brecha, los gobiernos contra el plástico deberán combinar ambición regulatoria, reformas económicas y cooperación internacional. Al mismo tiempo, el sector privado tiene un rol clave en impulsar soluciones escalables, transparentes y alineadas con el interés público. La carrera contra el plástico no se ganará con medidas aisladas, sino con decisiones estructurales tomadas a tiempo.

¿Cuál es el rol del voluntariado en la reconstrucción del tejido social?

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En contextos marcados por la desigualdad, la violencia, la desconfianza institucional o las crisis recurrentes, el voluntariado emerge como una de las herramientas sociales más poderosas para reconstruir vínculos. No se trata solo de ayudar, sino de crear relaciones, fortalecer comunidades y recuperar la noción de corresponsabilidad social. Desde acciones locales hasta programas corporativos estructurados, el voluntariado conecta a personas con causas y territorios.

Hoy, individuos, empresas y organizaciones de la sociedad civil (OSC) reconocen que el impacto social sostenible no se logra únicamente con recursos económicos. El tiempo, el conocimiento y el compromiso humano son activos clave para generar cambios duraderos. En este sentido, el rol del voluntariado va más allá de la asistencia: se convierte en un motor de cohesión social y participación ciudadana.

Cuando el voluntariado se impulsa de forma estratégica, inclusiva y con enfoque de largo plazo, puede contribuir a regenerar el tejido social deteriorado. Aporta confianza donde hay fragmentación, cooperación donde hay aislamiento y sentido de propósito donde prevalece la exclusión. Comprender su alcance es fundamental para quienes buscan transformar positivamente a la sociedad.

El rol del voluntariado en la reconstrucción del tejido social: 6 razones clave

1. Fortalece el sentido de comunidad y pertenencia

El voluntariado crea espacios de encuentro entre personas que, de otro modo, difícilmente interactuarían. Al colaborar por un objetivo común, se rompen barreras sociales, culturales y económicas. Este contacto directo permite reconstruir la confianza interpersonal, uno de los pilares del tejido social.

Además, participar en acciones voluntarias genera un sentido de pertenencia que muchas comunidades han perdido. Las personas dejan de verse solo como beneficiarias o espectadores y asumen un rol activo en la solución de problemas colectivos. Así, el rol del voluntariado se manifiesta como un catalizador de identidad comunitaria.

rol del voluntariado

2. Promueve la solidaridad y la empatía social

El voluntariado permite comprender realidades distintas desde la experiencia directa. Al involucrarse en causas sociales, quienes participan desarrollan empatía y una mayor conciencia sobre las desigualdades estructurales que afectan a otros grupos.

Esta experiencia transforma percepciones y reduce prejuicios. La solidaridad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una práctica cotidiana. Por ello, el rol del voluntariado es clave para construir sociedades más empáticas y menos polarizadas.

3. Impulsa la participación ciudadana y la corresponsabilidad

Una sociedad con bajo nivel de participación tiende a delegar todos los problemas al Estado o a las instituciones. El voluntariado rompe esta lógica al demostrar que el cambio social también depende de la acción colectiva.

Cuando personas y empresas se involucran de manera voluntaria, se fortalece la corresponsabilidad social. El rol del voluntariado aquí es estratégico: fomenta una ciudadanía activa que no solo exige derechos, sino que también contribuye a construir soluciones.

4. Fortalece a las organizaciones y al capital social

Las OSC y proyectos comunitarios encuentran en el voluntariado una fuente invaluable de talento, ideas y energía. Más allá de apoyar operaciones, las personas voluntarias aportan nuevas perspectivas y capacidades que fortalecen a las organizaciones.

Este intercambio genera capital social: redes de confianza, colaboración y apoyo mutuo que permanecen incluso después de concluir una acción puntual. Así, el rol del voluntariado trasciende la intervención inmediata y deja bases para procesos sociales sostenidos.

rol del voluntariado

5. Conecta al sector privado con las realidades sociales

El voluntariado corporativo bien diseñado permite a las empresas acercarse de forma auténtica a las comunidades. No se trata de filantropía superficial, sino de experiencias que sensibilizan a los equipos y alinean la cultura organizacional con valores sociales.

Para las empresas, el rol del voluntariado también es una herramienta de impacto interno. Fortalece el compromiso de los colaboradores, desarrolla habilidades y refuerza el propósito corporativo, al tiempo que contribuye a la reconstrucción del tejido social.

6. Fomenta la resiliencia comunitaria y la capacidad de respuesta ante crisis

El voluntariado juega un papel crucial cuando las comunidades enfrentan emergencias sociales, económicas o ambientales. Las redes de personas voluntarias permiten reaccionar con rapidez, coordinar apoyos y cubrir vacíos que las instituciones formales no siempre alcanzan a atender. Esta capacidad de respuesta inmediata reduce el impacto de las crisis y acelera los procesos de recuperación.

Además, el rol del voluntariado no se limita a la atención de la emergencia, sino que fortalece la preparación a largo plazo. Comunidades con una base sólida de voluntariado desarrollan mayores capacidades de organización, prevención y adaptación. Esto las vuelve más resilientes, menos dependientes de apoyos externos y mejor preparadas para enfrentar futuros desafíos colectivos.

rol del voluntariado

Voluntariado como inversión social estratégica

El rol del voluntariado en la reconstrucción del tejido social es profundo y transformador. No solo atiende necesidades inmediatas, sino que fortalece relaciones, promueve valores compartidos y reactiva la participación colectiva. En un mundo cada vez más fragmentado, el voluntariado ofrece una vía concreta para volver a conectar a las personas entre sí.

Impulsar el voluntariado no es un acto aislado de buena voluntad, sino una estrategia eficaz para mejorar nuestras sociedades. Individuos, OSC y sector privado tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de fomentar modelos de voluntariado inclusivos, estructurados y de largo plazo. Apostar por el voluntariado es apostar por comunidades más fuertes, resilientes y cohesionadas.

Moda frente al calentamiento global: ¿puede la industria adaptarse a tiempo?

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La moda frente al calentamiento global ya no es una discusión futura, sino un dilema operativo, financiero y ético que atraviesa a toda la cadena de valor. A diez años del Acuerdo de París, el debate climático ha estado dominado por la reducción de emisiones, mientras la adaptación —clave para millones de trabajadores— ha quedado relegada en prioridades, financiamiento y rendición de cuentas.

Para la industria de la moda, esta brecha no es ajena, pues fenómenos climáticos como el calor extremo, las inundaciones y la degradación ambiental afectan directamente a los principales países proveedores. En este contexto, la moda frente al calentamiento global revela una verdad incómoda: no adaptarse no solo tiene un costo humano inaceptable, sino un impacto económico que amenaza la viabilidad misma del sector.

Moda frente al calentamiento global: adaptación tardía y riesgos crecientes

Durante años, la adaptación climática fue una preocupación marginal para marcas y minoristas. La prioridad estaba en la eficiencia, los costos bajos y la mitigación de emisiones en el discurso corporativo. Sin embargo, el deterioro climático avanza más rápido que las respuestas de la industria.

El calor extremo y las inundaciones intensas ya afectan la productividad, la salud y la seguridad de millones de trabajadores textiles. Países como Bangladesh, Camboya, Pakistán y Vietnam concentran riesgos climáticos crecientes y una alta dependencia económica del sector moda.

moda frente al calentamiento global

La moda frente al calentamiento global enfrenta aquí una contradicción central. Aunque el problema es ampliamente reconocido, la acción ha sido lenta y fragmentada. La adaptación se percibe como un costo adicional, no como una inversión estratégica.

Este retraso tiene consecuencias claras. Ignorar la adaptación significa operar en contextos cada vez más inestables, donde la interrupción de la producción y la pérdida de fuerza laboral serán cada vez más frecuentes.

El alto costo económico de no adaptarse

El impacto financiero de la inacción ya puede medirse pues, según el informe Higher Ground, del Global Labor Institute, si no se abordan el calor extremo y las inundaciones, la industria textil podría perder alrededor de 65 mil millones de dólares en ganancias y hasta un millón de empleos potenciales para 2030.

Estas pérdidas no son abstractas. Se traducen en menor productividad, mayores tasas de ausentismo, rotación laboral y riesgos legales y reputacionales para las marcas. La moda frente al calentamiento global se convierte así en un problema de competitividad.

Paradójicamente, las soluciones técnicas existen. Refrigeración adecuada, mejoras en infraestructura, control de emisiones y diseño de fábricas más resilientes ya están siendo implementadas por algunos proveedores líderes. El obstáculo no es tecnológico.

El verdadero problema es político y financiero. ¿Quién paga la adaptación? Hoy, el costo recae desproporcionadamente en los trabajadores, que pagan con su salud y su bienestar. Mantener este modelo es insostenible económica y socialmente.

moda frente al calentamiento global

Financiamiento, poder y corresponsabilidad hacia 2026

La experiencia climática global muestra un patrón conocido: compromisos ambiciosos, financiamiento insuficiente y rendición de cuentas débil. En la moda, esta dinámica se repite. Las promesas de una transición justa siguen lejos de los talleres, fábricas y hogares de quienes producen la ropa.

La moda frente al calentamiento global exige un cambio en la distribución del poder y de los costos. Compradores, fabricantes, gobiernos y prestamistas deben compartir de manera vinculante la inversión en adaptación, como ya ocurre en mecanismos como el Acuerdo Internacional en Bangladesh y Pakistán.

Además de la adaptación física, es indispensable invertir en adaptación social. Salarios dignos, protección social, derechos de negociación colectiva y viviendas seguras son tan importantes como el aire acondicionado en las fábricas. Sin estas condiciones, la resiliencia es imposible.

Mirar hacia 2026 implica pasar del discurso a acuerdos concretos. Desglosar el financiamiento en paquetes manejables y orientados a resultados claros —salud, seguridad y bienestar— es el único camino para sostener la cadena de suministro en un clima cada vez más hostil.

moda frente al calentamiento global

Adaptarse no es opcional

La moda frente al calentamiento global ha llegado a un punto de inflexión. La industria puede seguir postergando decisiones, asumiendo pérdidas crecientes y profundizando desigualdades, o puede reconocer que la adaptación es una condición mínima para su continuidad.

No invertir hoy en trabajadores, infraestructura y resiliencia climática tendrá un costo económico y reputacional mucho mayor mañana. En un mundo que se calienta rápidamente, la explotación bajo calor extremo no solo es inaceptable: es un modelo de negocio condenado al fracaso. Adaptarse a tiempo ya no es una opción, es una necesidad estratégica.

Igualdad de género en 2025: avances, retrocesos y las preguntas incómodas

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La igualdad de género en 2025 se mueve en una tensión permanente entre el progreso visible y la fragilidad estructural. Tras décadas de incidencia política, movilización social y reformas normativas, hoy existe un liderazgo feminista más articulado, joven y global que nunca. Las adolescentes y mujeres jóvenes participan activamente en debates sobre justicia climática, autonomía corporal, educación y derechos sexuales y reproductivos.

No obstante, tal como lo ha señalado un artículo de Eco-Business, 2025 también ha dejado al descubierto una realidad incómoda: los avances logrados no están asegurados. Los sistemas que sostienen los derechos siguen siendo vulnerables porque nunca fueron diseñados para colocar a las mujeres y a las personas de género diverso en el centro. Esta contradicción define el momento actual de la igualdad de género en 2025.

Igualdad de género en 2025: avances reales sobre bases frágiles

En distintos continentes, el liderazgo feminista ha ganado visibilidad e influencia. Redes juveniles, organizaciones comunitarias y movimientos sociales han logrado incidir en agendas públicas y marcos internacionales. La igualdad de género en 2025 no puede entenderse sin este empuje colectivo desde la base social.

Estos avances han permitido ampliar narrativas y cuestionar estructuras históricas de exclusión. Hoy se habla con mayor claridad de derechos reproductivos, justicia interseccional y participación política de las mujeres jóvenes. El discurso ha evolucionado y, en muchos espacios, se ha sofisticado.

igualdad de género en 2025

No obstante, este progreso convive con retrocesos alarmantes. En varios países, los derechos de las mujeres se ven amenazados por decisiones políticas, crisis humanitarias y el fortalecimiento de grupos antiderechos. La reversibilidad del avance es una constante.

La igualdad de género en 2025 expone así una paradoja: nunca habíamos llegado tan lejos en términos de organización y conciencia, pero tampoco habíamos sido tan conscientes de lo fácil que resulta perder lo ganado cuando el poder no se redistribuye.

Promoción sin recursos: el financiamiento en riesgo

Uno de los mayores desafíos para la igualdad de género en 2025 es la brecha entre el discurso y los recursos. Aunque gobiernos e instituciones afirman su compromiso con la agenda de género, el financiamiento no es suficiente ni sostenible. En muchos casos, incluso está en retroceso.

Las organizaciones de mujeres, especialmente en contextos de crisis, dependen de fondos internacionales cada vez más inestables. Recortes a la ayuda global han puesto en riesgo la operación de colectivos que sostienen la resiliencia comunitaria y brindan atención directa a mujeres y niñas.

Cuando estas organizaciones cierran, el impacto es inmediato. Se debilitan redes de protección, se pierden servicios esenciales y se profundizan las desigualdades. La igualdad de género en 2025 no puede consolidarse si quienes la impulsan carecen de recursos para sostener su labor.

Este escenario evidencia que promover la igualdad sin garantizar financiamiento adecuado es una forma de precarizar el cambio. Sin inversión real, los compromisos quedan en declaraciones y los avances se vuelven frágiles.

igualdad de género en 2025

Hacia 2026: un nuevo modelo para sostener el progreso

Mirar hacia 2026 implica reconocer que el modelo actual no es suficiente. Para sostener los avances en igualdad de género se requiere una transformación profunda en la forma en que se ejerce y se distribuye el poder. No se trata solo de más políticas, sino de nuevas reglas del juego.

Un enfoque feminista colectivo exige apoyar a las organizaciones locales como protagonistas del cambio. También demanda que los gobiernos de la Mayoría Global ejerzan liderazgo sin depender de esquemas heredados de control externo. La rendición de cuentas debe ser compartida y efectiva.

Este nuevo modelo implica pasar del apoyo simbólico a compromisos medibles. Significa escuchar a las comunidades, redistribuir recursos y garantizar que niñas, jóvenes y organizadoras feministas tengan una influencia real en la toma de decisiones.

La igualdad de género en 2025 marca el límite de lo que puede lograrse sin cambiar las estructuras. 2026 debe ser el punto de inflexión para construir sistemas capaces de sostener el progreso a largo plazo.

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Lo logrado no basta si no se protege

La igualdad de género en 2025 demuestra que el progreso es posible, pero profundamente vulnerable. Los avances alcanzados son resultado de años de lucha, organización y resistencia, pero siguen dependiendo de sistemas frágiles y de voluntades políticas cambiantes.

El reto hacia adelante no es solo avanzar, sino sostener. Esto exige financiamiento justo, redistribución del poder y un compromiso real con un nuevo modelo que permita que la igualdad deje de ser reversible y se convierta, finalmente, en una base sólida para el desarrollo y la justicia social.

La metamorfosis de Lamborghini hacia la sostenibilidad

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En el ecosistema del alto rendimiento automotriz, la sostenibilidad fue vista durante mucho tiempo como un límite a la libertad creativa. Sin embargo, el análisis de la trayectoria actual de Lamborghini revela una realidad distinta: la transición hacia la descarbonización se ha convertido en el catalizador de su mayor revolución tecnológica y operativa. Bajo la estrategia Direzione Cor Tauri, la firma italiana no solo está rediseñando sus motores, sino que está reconstruyendo su identidad corporativa para alinear el lujo extremo con las demandas climáticas del siglo XXI.

Esta transformación no es un evento aislado, sino un proceso sistémico que abarca desde la descarbonización del producto hasta la reingeniería total de sus procesos de manufactura. Para un experto en sostenibilidad, el caso de Lamborghini es un estudio de cómo una marca de nicho puede liderar una transición compleja sin alienar su herencia ni comprometer su viabilidad económica.

Direzione Cor Tauri: Una hoja de ruta fundamentada en la ciencia

El nombre de la estrategia, que hace referencia a la estrella más brillante de la constelación de Tauro, simboliza el compromiso de la marca con la electrificación. Esta hoja de ruta se divide en fases claras y verificables que buscan un objetivo ambicioso: la reducción del 50% de las emisiones de CO2 de su flota para el año 2030.

La primera fase de este proceso ha culminado con la hibridación total de su gama. Con la llegada del Revuelto (el primer superdeportivo V12 híbrido enchufable), el Urus SE y el reciente Temerario, Lamborghini ha logrado integrar sistemas de baterías de alto voltaje para mejorar el rendimiento. Este enfoque demuestra que la sostenibilidad en el sector del lujo no tiene por qué ser un juego de suma cero; la hibridación permite una reducción inmediata de las emisiones de escape mientras se mantiene la relevancia competitiva del producto en mercados con regulaciones ambientales cada vez más estrictas, como la normativa Euro 7.

La revolución de la Manifattura Lamborghini

El verdadero núcleo de esta transformación no se encuentra solo en el asfalto, sino en la planta de Sant’Agata Bolognese. La denominada Manifattura Lamborghini es un modelo de producción 4.0 que ha logrado integrar la artesanía tradicional con la digitalización avanzada y la inteligencia artificial.

A diferencia de las líneas de montaje rígidas del pasado, Lamborghini ha implementado líneas de producción flexibles. Esta capacidad operativa permite que vehículos con configuraciones motrices drásticamente diferentes —térmicos, híbridos y, eventualmente, eléctricos— se ensamblen en la misma infraestructura. Desde la perspectiva de la eficiencia de recursos, esta flexibilidad minimiza la huella industrial y optimiza el uso de energía y materiales, un pilar fundamental de la producción responsable.

La planta de Lamborghini ha sido certificada como CO2 neutral desde 2015, un hito que la empresa ha mantenido y expandido. No se trata solo de compensación de emisiones, sino de una reducción real a través de:

  • Energía solar: El uso de una de las plantas fotovoltaicas más grandes del sector industrial en la región de Emilia-Romaña.
  • Biomasa y biogás: Sistemas de calefacción centralizada que reducen la dependencia de combustibles fósiles.
  • Gestión del agua: Implementación de sistemas de recuperación de agua y reducción del consumo hídrico en los procesos de pintura y manufactura.

Sostenibilidad social y formación

Un aspecto crítico de la RSE que a menudo se ignora en las notas tecnológicas es el impacto en el capital humano. La transición hacia la movilidad eléctrica e híbrida requiere un conjunto de habilidades completamente nuevo. Lamborghini ha abordado este reto a través de un programa de formación continua para sus colaboradores, asegurando que la transición tecnológica sea también una transición justa.

La integración de la inteligencia artificial en la planta no tiene como objetivo la sustitución del trabajador, sino el soporte en tareas de alta complejidad técnica, como la gestión de los sistemas de alto voltaje en las baterías. Este enfoque humanocéntrico de la tecnología fortalece el pilar social de la marca, reduciendo el riesgo de obsolescencia laboral y fomentando un entorno de innovación colaborativa.

Economía circular y el futuro eléctrico

La estrategia de sostenibilidad de la marca también se extiende a la economía circular. Lamborghini ha reportado iniciativas para el reciclaje de materiales compuestos, como la fibra de carbono, y el manejo responsable de los residuos de cuero y otros materiales nobles utilizados en sus interiores. El objetivo es crear un ciclo cerrado donde el residuo de un proceso se convierta en el insumo de otro.

El siguiente hito de esta ruta será el lanzamiento de su primer vehículo 100% eléctrico (basado en el concepto Lanzador) proyectado para finales de la década. Este paso completará el ecosistema de sostenibilidad de la marca, pero su éxito depende de la infraestructura y el aprendizaje acumulado durante esta fase híbrida actual.

Lamborghini hacia la sostenibilidad

El valor estratégico de la responsabilidad

El análisis del caso Lamborghini confirma que la sostenibilidad es hoy la mayor ventaja competitiva en la industria automotriz de lujo. La empresa no está simplemente cumpliendo con leyes ambientales; está protegiendo su valor de marca a largo plazo. Al descarbonizar su cadena de valor y su flota, Lamborghini asegura su derecho a operar en un futuro donde el carbono tendrá un costo cada vez más alto.

Para los líderes de otras industrias, la lección es clara: la transición hacia modelos de negocio sostenibles requiere inversión (como los más de 1,900 millones de euros comprometidos por la firma para la fase inicial de hibridación), pero sobre todo requiere una visión integral que una la ingeniería, la ética ambiental y la responsabilidad social. Lamborghini ha demostrado que incluso el toro más potente puede aprender a correr de manera más limpia, demostrando que el futuro del alto rendimiento es, inevitablemente, sostenible.

La primera mujer en la historia al frente de una planta en HEINEKEN México

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Detrás de Noche Buena, una de las cervezas más queridas por los mexicanos, hay algo más que historia: hay personas que, año con año, hacen posible que llegue a las mesas del país. Esta edición estacional se elabora exclusivamente en un solo sitio: la Planta Toluca de HEINEKEN México. Ahí, más que producir cerveza, se construye tradición gracias al talento y la dedicación de quienes mantienen vivo el orgullo cervecero mexicano.

Hoy, la planta mexiquense se enorgullece de contar con trabajadores que impulsan sus siete líneas de producción: cinco de botella, una de lata y una de barril; además de la dirección y visión estratégica de Amariliz García Solano, directora de la Planta Toluca, siendo la primera mujer en la historia de HEINEKEN México en ocupar un puesto de dirección en una de sus plantas cerveceras y cuyo liderazgo representa el empoderamiento femenino dentro de la industria cervecera.

Amariliz y su equipo en la planta Toluca producen nueve marcas de las cervezas favoritas en México, incluyendo todas de la familia Bohemia, lo que reafirma su papel clave dentro de la operación nacional.

“En esta planta no solo producimos cerveza; construimos tradición. Cada botella de Noche Buena lleva impreso el talento, la dedicación y el corazón de nuestra gente, quienes la hacen posible cada temporada con los más altos estándares de calidad. Nos llena de orgullo saber que lo que se crea aquí forma parte de las celebraciones de millones de hogares mexicanos. Y más aún, saber que esta planta es ejemplo de innovación y excelencia operativa”, comentó Amariliz García, Directoria de Planta Toluca de HEINEKEN México.

Con más de un siglo de historia, Noche Buena se ha consolidado como una de las cervezas más emblemáticas del país. Su legado comenzó en 1924, cuando Otto Neumaier, maestro cervecero alemán, llegó a Orizaba y transformó su pasión por la cerveza en una tradición que ha trascendido generaciones. Desde entonces, esta edición estacional se ha convertido en un emblema de amor, unión y orgullo cervecero, marcando cada año el inicio de las celebraciones decembrinas.

Noche Buena

Este año, como parte del reconocimiento a quienes hacen posible esta temporada, la marca colaboró con la chef Lula Martín del Campo, quien es referente de la gastronomía mexicana contemporánea con el objetivo de crear una propuesta culinaria inspirada en los sabores de invierno, pensada para acompañar cervezas de la familia Bohemia, incluida la edición estacional Noche Buena. Bacalao a la vizcaína, sopa de jitomate rostizado, cerdo glaseado y mousse de chocolate abuelita formaron parte de un menú pensado para enaltecer los ingredientes y tradiciones del país, con un maridaje que demuestra la versatilidad de Bohemia como cerveza gastronómica.

“Este momento representa el cierre perfecto para un año lleno de logros compartidos. Noche Buena no solo es una de nuestras cervezas más queridas, también es el símbolo de todo lo que Bohemia representa: pasión por la excelencia, orgullo por nuestras raíces y la convicción de que cada temporada merece ser celebrada”, expresó Alexa López, Brand Manager de Bohemia.

En cada botella se encuentra una historia que une tradición y visión contemporánea; un logro construido con el corazón de quienes la hacen posible. Por eso, HEINEKEN México alza su cerveza Noche Buena para brindar por el talento que impulsa esta planta, incluido el liderazgo femenino que hoy fortalece y renueva la tradición cervecera del país.