IA y reciclaje: la estrategia tecnológica para gestionar mejor la basura

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Durante décadas, la industria del reciclaje ha enfrentado un problema estructural: su incapacidad para escalar de manera eficiente. A pesar de los avances en infraestructura y concientización, el modelo tradicional —basado en trituración o clasificación manual— ha demostrado ser limitado, costoso y poco rentable. La contaminación de materiales, la dependencia de mano de obra intensiva y los márgenes estrechos han impedido que el reciclaje alcance el nivel de eficiencia que exige la economía circular.

Los datos son contundentes: solo en Estados Unidos se generan cerca de 300 millones de toneladas de basura al año, y apenas el 21% de los residuos reciclables domésticos se recupera, una cifra que además va en descenso. Frente a este escenario, la apuesta por la IA y reciclaje surge como una posible solución transformadora. Hoy, las empresas del sector están integrando inteligencia artificial para optimizar procesos, mejorar la separación de materiales y redefinir el modelo de negocio del reciclaje. Los primeros resultados muestran que esta tecnología no solo mejora la eficiencia, sino que puede cambiar por completo la lógica económica del sector.

La apuesta de la industria: inversión estratégica en IA y reciclaje

La transición hacia modelos más eficientes de gestión de residuos está siendo impulsada por inversiones significativas en automatización e inteligencia artificial. Empresas líderes como Waste Management, una de las más grandes en norteamérica, están destinando más de 1,400 millones de dólares para modernizar sus instalaciones de reciclaje mediante sistemas automatizados basados en IA. Esta apuesta refleja un cambio estructural: dejar atrás procesos mecánicos obsoletos y avanzar hacia sistemas inteligentes capaces de identificar, clasificar y valorizar residuos con mayor precisión.

IA y reciclaje

Por su parte, compañías como AMP están diseñando plantas completamente basadas en inteligencia artificial, donde la visión computacional y los robots reemplazan gran parte del trabajo manual. Según su fundadora, Matanya Horowitz, “prácticamente cualquier cosa que tú y yo podamos identificar, ella puede aprender a identificarla”. Este avance posiciona a la IA y reciclaje como una dupla estratégica capaz de transformar no solo la eficiencia operativa, sino también la rentabilidad del sector. Los siguientes son algunos de los principales avances tecnológicos en materia.

Aplicaciones clave de la IA que están transformando el reciclaje

Clasificación inteligente

Uno de los mayores avances en la IA y reciclaje es la capacidad de identificar y separar materiales con precisión. A diferencia de la trituración tradicional, que degrada la calidad de los materiales, los sistemas de visión artificial permiten reconocer objetos individuales en cintas transportadoras y clasificarlos adecuadamente. Esto reduce la contaminación y aumenta el valor de los materiales recuperados.

Además, estos sistemas pueden alcanzar tasas de identificación de hasta el 90% de los residuos, lo que representa un salto significativo frente a los métodos tradicionales. Este nivel de precisión no solo mejora la eficiencia, sino que también abre nuevas oportunidades de negocio, como la venta de materiales mejor clasificados o la reducción de costos asociados al transporte y disposición final.

IA y reciclaje

Robótica aplicada al reciclaje electrónico

El reciclaje de residuos electrónicos ha sido históricamente uno de los procesos más complejos y costosos. Sin embargo, la IA está permitiendo automatizar tareas que antes requerían intervención manual intensiva. Empresas emergentes están desarrollando robots capaces de desarmar dispositivos electrónicos utilizando visión artificial para identificar componentes clave.

Un ejemplo revelador es el procesamiento de pantallas planas: mientras una operación manual puede procesar 25 unidades por hora con pérdidas, una línea robótica puede alcanzar hasta 120 unidades por hora. Este incremento en productividad es crucial si se considera que componentes como las placas lógicas contienen materiales valiosos —como oro, cobre y paladio— cuyo valor puede ser hasta 100 veces mayor que el de materiales como el acero.

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Separación avanzada de materiales

La industria textil enfrenta un desafío particularmente complejo debido a la mezcla de fibras en las prendas. Aquí, la IA y reciclaje está facilitando la clasificación automatizada de textiles según su composición, estado y potencial de reutilización. Sistemas desarrollados en centros de investigación permiten separar prendas aptas para reventa de aquellas que deben someterse a procesos de reciclaje químico.

Esta tecnología ya se está implementando en mercados como Estados Unidos e Indonesia. Sin embargo, persisten barreras económicas: los materiales vírgenes suelen ser más baratos que los reciclados, lo que limita la demanda. Aun así, la IA está sentando las bases para un sistema más eficiente que podría escalar con el apoyo adecuado de políticas públicas y compromisos corporativos.

Nuevos modelos de negocio impulsados por IA

Más allá de la eficiencia operativa, la IA y reciclaje está redefiniendo el modelo de negocio del sector. En lugar de depender exclusivamente de tarifas municipales o del precio de las materias primas, las empresas pueden generar ingresos a partir de múltiples fuentes: venta de materiales clasificados, producción de biocarbón con créditos de carbono y reducción de costos logísticos.

Este enfoque permite procesar residuos sin necesidad de que los consumidores los separen previamente, ampliando el alcance del reciclaje a sectores históricamente excluidos, como edificios multifamiliares o zonas sin infraestructura adecuada. En este sentido, la IA no solo optimiza procesos, sino que democratiza el acceso al reciclaje.

IA y reciclaje

El reto del mercado y la paradoja de la sostenibilidad

A pesar de los avances, el desarrollo de la IA y reciclaje enfrenta un obstáculo crítico: la falta de demanda para los materiales recuperados. Aunque algunas tecnologías pueden clasificar hasta el 90% de los residuos, solo existe mercado para el 50% o 60% de ellos. Esto limita la viabilidad económica de muchas operaciones y evidencia que la innovación tecnológica, por sí sola, no es suficiente.

El reto ahora es generar incentivos para que empresas y gobiernos adopten estas soluciones. Invertir en IA aplicada al reciclaje podría acelerar significativamente la transición hacia modelos más sostenibles, pero también requiere cambios estructurales en regulación, diseño de productos y hábitos de consumo. La fragmentación del sector y los bajos márgenes dificultan la adopción de tecnologías costosas, especialmente para operadores pequeños.

Sin embargo, este debate abre una reflexión más profunda. Como señala la experta Callie Babbitt:

Desde una perspectiva de sostenibilidad, es mucho mejor prevenir los residuos que reciclarlos”.

En este contexto, la IA podría desempeñar un papel aún más relevante aguas arriba: ayudando a diseñar productos más reciclables, optimizando cadenas de suministro o incluso reduciendo la generación de residuos desde su origen. En última instancia, la IA y reciclaje no deben entenderse como una solución aislada, sino como una herramienta dentro de una estrategia más amplia. Su verdadero potencial no está solo en gestionar mejor la basura, sino en replantear cómo la producimos, utilizamos y evitamos. Para los líderes en sostenibilidad, el desafío será integrar esta tecnología en una visión sistémica que priorice, por encima de todo, la reducción de residuos.

Gen Z pide explicaciones a las empresas por sus compromisos ambientales

Durante años, la sostenibilidad fue tratada por muchas empresas como un elemento accesorio dentro de su narrativa corporativa: un valor agregado útil para la reputación, pero no necesariamente central para la estrategia de negocio. Sin embargo, esta visión ha quedado rebasada ante la intensificación de la crisis climática, el endurecimiento regulatorio y, sobre todo, la presión de consumidores cada vez más informados y exigentes. Hoy, la sostenibilidad no solo se comunica: se evalúa, se mide y se cuestiona.

En este nuevo contexto, la Generación Z —jóvenes nacidos entre 1995 y 2009— emerge como un grupo clave. Se trata de consumidores que han crecido en un entorno marcado por incendios forestales, fenómenos meteorológicos extremos y debates globales sobre el cambio climático. Esto los convierte en un segmento altamente atractivo por su poder de consumo presente y futuro, pero también en uno particularmente crítico. La Gen Z exige RSE con una mirada vigilante: no solo observa lo que las empresas dicen, sino que cuestiona activamente lo que hacen, evaluando la coherencia entre discurso y acción.

Un escrutinio activo: Gen Z exige RSE

Esta tendencia no es anecdótica. Un estudio reciente, liderado por Elisenda Estanyol de la Universitat Oberta de Catalunya, en colaboración con la Universidad Pompeu Fabra y el monitor MERCO, analizó las percepciones de 8,980 personas en seis países: España, Italia, Portugal, Chile, Colombia y México. El objetivo fue medir cómo distintas generaciones perciben el compromiso ambiental de las empresas y cómo esto impacta en su reputación. Los resultados son contundentes: la Gen Z exige RSE de manera activa, crítica y constante.

Lo más llamativo es que la Generación Z no es indiferente ni complaciente: observan, evalúan y juzgan activamente el comportamiento de las empresas”, afirma Estanyol.

Gen Z exige RSE

Esta generación no solo consume productos, sino que construye —o destruye— la reputación corporativa a partir de la evidencia ambiental que percibe.

Además, el estudio revela una sensibilidad particularmente alta frente al ecoblanqueo. “El estudio muestra una generación especialmente sensible al ecoblanqueo y dispuesta a exigir responsabilidades cuando las empresas dicen una cosa y hacen otra”, advierte la investigadora. En este sentido, la Gen Z exige RSE no como una narrativa aspiracional, sino como un estándar verificable.

Diferencias geográficas: expectativas diversas, misma exigencia

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que, aunque la exigencia es transversal, las expectativas varían según el contexto geográfico. En Europa, particularmente en España, los jóvenes muestran un nivel de escrutinio más elevado hacia las empresas. Esto responde a una mayor concienciación social, una cobertura mediática más intensa sobre la crisis climática y una histórica desconfianza hacia las grandes corporaciones.

En España, la Generación Z no da por sentado el compromiso medioambiental: exige pruebas, transparencia y resultados tangibles”, explica Estanyol. En este contexto, la Gen Z exige RSE con un enfoque más crítico, donde la comunicación sin evidencia carece de valor.

En contraste, países latinoamericanos como México y Colombia registran percepciones más positivas sobre las acciones empresariales. Sin embargo, esto no necesariamente implica un mayor desempeño ambiental. Según el estudio, en contextos donde la regulación es menos estricta, cualquier esfuerzo visible se percibe como significativo. Aun así, la tendencia es clara: la sostenibilidad ha dejado de ser opcional y comienza a consolidarse como un estándar mínimo esperado.

Gen Z exige RSE

Reputación sectorial: no todas las industrias parten del mismo lugar

El estudio también evidencia que la reputación ambiental no se distribuye de manera homogénea entre sectores, y que la exigencia no se aplica en un vacío: hay industrias que enfrentan un escrutinio estructuralmente más alto. En particular, sectores como el tabaco, los combustibles fósiles, los juegos de azar y las bebidas azucaradas parten con una desventaja reputacional significativa. Esto se debe a que sus modelos de negocio están directamente asociados a impactos negativos —ya sea en la salud pública, el medio ambiente o el bienestar social— lo que condiciona la forma en que los consumidores interpretan cualquier mensaje de sostenibilidad.

Por ejemplo, las empresas de combustibles fósiles son cuestionadas por su contribución directa al cambio climático, lo que hace que cualquier iniciativa ambiental sea evaluada bajo un lente de escepticismo estructural. En el caso del tabaco y las bebidas azucaradas, el problema radica en el impacto comprobado en la salud, lo que genera una percepción de incoherencia cuando estas compañías comunican compromisos responsables. Por su parte, la industria del juego enfrenta críticas por su impacto social, particularmente en temas de adicción y vulnerabilidad económica. En todos estos casos, la Gen Z exige RSE con un nivel de rigor mucho más alto, ya que percibe una brecha más amplia entre el core del negocio y los principios de sostenibilidad.

Esto implica que, para estas industrias, no basta con implementar iniciativas aisladas o campañas de comunicación bien diseñadas. La Gen Z exige RSE desde una lógica de transformación profunda, donde los esfuerzos deben estar alineados con cambios reales en el modelo de negocio o, al menos, con estrategias claras de mitigación de impactos. De lo contrario, cualquier acción puede ser interpretada como ecoblanqueo. En este sentido, el desafío no es solo comunicar mejor, sino demostrar una evolución genuina frente a un público que no concede beneficios de la duda.

Gen Z exige RSE

Sin neutralidad ni simulación: claves para responder a una generación que exige

La evidencia es clara: para la Generación Z, la neutralidad no es una opción. La Gen Z exige RSE con una lógica de recompensa o castigo inmediato, donde la coherencia entre discurso y acción determina la confianza y la legitimidad social de las empresas.

En este contexto, las organizaciones que buscan conectar con este segmento deben considerar varias recomendaciones estratégicas:

Primero, priorizar la evidencia sobre la narrativa. Las afirmaciones vagas o los eslóganes sin sustento generan desconfianza. Como señala Estanyol: “No basta con hablar de sostenibilidad: hay que demostrarla constantemente”. Esto implica desarrollar indicadores claros, reportar avances y someterse al escrutinio público.

Segundo, fomentar la interacción. La Gen Z no es un receptor pasivo; utiliza plataformas digitales para cuestionar, dialogar y exigir explicaciones. Las empresas deben estar preparadas para participar en estas conversaciones de manera transparente y ágil.

Tercero, adaptar los mensajes a contextos específicos. Las expectativas varían según el país, el entorno regulatorio y el nivel de concienciación social. Una estrategia uniforme puede resultar ineficaz o incluso contraproducente.

Finalmente, asegurar coherencia organizacional. La sostenibilidad no puede ser un esfuerzo aislado del área de RSE; debe integrarse en la operación, la cadena de valor y la toma de decisiones estratégicas. Solo así será posible responder a una generación que no tolera inconsistencias.

Gen Z exige RSE

La sostenibilidad como licencia social para operar

La irrupción de la Generación Z está redefiniendo las reglas del juego en materia de sostenibilidad corporativa. Ya no se trata de comunicar compromisos, sino de demostrar resultados. La Gen Z exige RSE como un requisito básico para otorgar confianza, reputación y legitimidad a las empresas.

Para los líderes en responsabilidad social, el mensaje es contundente: ignorar estas expectativas no solo implica un riesgo reputacional, sino también una pérdida de competitividad en mercados cada vez más conscientes. En cambio, aquellas organizaciones que logren alinear estrategia, operación y comunicación bajo principios de sostenibilidad verificable estarán mejor posicionadas para construir relaciones sólidas con esta generación.

En un entorno donde la transparencia es la nueva norma, la sostenibilidad deja de ser una opción estratégica y se convierte en una condición indispensable para operar. La pregunta ya no es si las empresas deben actuar, sino qué tan rápido pueden hacerlo antes de que la Gen Z deje de esperar y comience a reemplazarlas.

Alianza por la salud: Corporativo Kosmos y FUTEJE impulsan la prevención del cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en el mundo. Actualmente es el tercer tipo de cáncer más frecuente a nivel global y se considera la segunda causa de muerte por esta enfermedad, una realidad que ha encendido las alertas de los sistemas sanitarios, especialmente porque su incidencia comienza a observarse cada vez con mayor frecuencia en personas jóvenes.

La situación también es preocupante cuando se observa el panorama del cáncer colorrectal en México, pues, según datos oficiales, tan solo en 2022 se registraron 16,082 nuevos casos y más de 8,000 defunciones asociadas a esta enfermedad, lo que la convierte en una de la causas de muerte por cáncer más frecuentes del país, sin duda un contexto que refrenda la necesidad de hacer de la prevención y la detección temprana nuestros mejores aliados para salvar vidas.

Por ello, en el marco del Día Internacional contra el Cáncer Colorrectal, que se conmemora el 31 de marzo, la Fundación Fomento de Desarrollo Teresa de Jesús (FUTEJE), que brinda apoyo integral a pacientes con cáncer colorrectal y gástrico, y Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, a través de su brazo social, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), unieron esfuerzos para impulsar la prevención a través del deporte, la alimentación saludable y la concientización.

Deporte y concientización frente al cáncer colorrectal en México

En línea con su visión de impulsar una alimentación más saludable y promover la salud de los mexicanos, la Fundación Pablo Landsmanas se sumó por segundo año consecutivo como aliada de FUTEJE en la quinta edición de su Carrera contra el Cáncer Colorrectal, un instrumento que busca generar conciencia sobre el cáncer colorrectal en México, así como promover hábitos de vida saludables que ayuden a reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Como parte de su participación, la fundación realizó la donación de 1,300 plátanos y 1,300 naranjas para la recuperación de los corredores al finalizar la carrera, un apoyo que, aunque a simple vista podría parecer un apoyo pequeño, para FUTEJE representa un aporte significativo que permite fortalecer sus programas de prevención y atención a pacientes. Francisco Freyría Sutcliffe, director general de la fundación, lo explica con claridad:

“Contar con el apoyo de la Fundación Pablo Landsmanas es muy importante para nosotros. Son más de mil corredores y, si no tuviéramos este respaldo, tendríamos que asumir ese gasto, pero gracias a su ayuda este ahorro se destina directamente a seguir apoyando tratamientos para pacientes y a nuestros programas de prevención y detección oportuna”.

Además del beneficio económico para la organización, esta donación cumple un papel importante en la recuperación física de quienes participan en la carrera, dado que consumir frutas ricas en vitaminas y minerales ayuda a reponer energía después del esfuerzo físico. Además, esta acción también permite reforzar el mensaje central de la iniciativa: la importancia de combinar el ejercicio con una alimentación equilibrada como dos hábitos poderosos para prevenir esta y otras enfermedades.

Los propios corredores reconocen el valor de este apoyo, como es el caso de Juan Antonio González Aguilar, uno de los corredores que destacó la importancia de estos alimentos para quienes realizan actividad física:

“Los alimentos que nos dan aquí son muy buenos para nosotros porque muchos venimos en ayunas y después del ejercicio una naranja o un plátano ayudan mucho a recuperar lo que el cuerpo perdió”.

Prevención y detección: claves frente al cáncer colorrectal

Sin lugar a dudas, la prevención juega un papel fundamental frente al cáncer colorrectal en México, ya que se trata de una enfermedad que puede detectarse oportunamente y que, si se diagnostica a tiempo, tiene altas probabilidades de curación.

De acuerdo con especialistas, algunos de los factores de riesgo más comunes incluyen el sedentarismo, el consumo excesivo de carnes procesadas o grasas, la baja ingesta de frutas y verduras, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y la obesidad. Por eso, Francisco Freyría, director general de FUTEJE, hace hincapié en los hábitos saludables que debemos adoptar para evitar desarrollar este padecimiento:

“Hacer ejercicio y tener una sana alimentación, comer más fibra, más fruta, más verduras y reducir el consumo de grasas y carne roja. También hay que evitar el tabaco y el alcohol, porque son factores de riesgo importantes”.

cáncer colorrectal en México

A estas recomendaciones se suman otras medidas clave, como realizar actividad física de forma regular, mantener un peso adecuado y acudir al médico ante cualquier síntoma sospechoso, como cambios en los hábitos intestinales, presencia de sangre en las heces, dolor abdominal persistente o pérdida de peso inexplicable.

Álvaro Calzadilla, beneficiario de FUTEJE y sobreviviente de cáncer colorrectal, compartió su experiencia con la esperanza de generar conciencia en las personas que lo escuchen:

 “Todas las personas deberían hacerse estudios. El cuerpo nos avisa cuando algo no está bien. Si hay algún cambio o molestia, hay que atenderse y acudir al médico”.

Asimismo, Calzadilla reflexionó sobre la importancia de procurar hábitos de vida saludables y cómo esto puede hacer la diferencia:

“Yo creo que en mi caso influyó mucho la mala alimentación durante muchos años, porque yo siempre comía en la calle y eso perjudicó mi colon. Hoy trato de comer mejor y cuidar más mi salud. Ojalá las personas aprendan a prevenir y no tengan que pasar por lo que yo viví”.

Otro testimonio relevante es el de Leonor Osnaya, sobreviviente de esta enfermedad, quien destaca la importancia de escuchar al cuerpo: “Les recomiendo que pongan mucha atención a su salud. Si tienen síntomas constantes, atiéndanse y hagan estudios. El ejercicio y cuidar la alimentación también son muy importantes”.

cáncer colorrectal en México

Cuando las alianzas también salvan vidas

La lucha contra enfermedades como el cáncer colorrectal requiere mucho más que tratamientos médicos. Implica construir una cultura de prevención y es en este contexto que iniciativas como la carrera organizada por FUTEJE demuestran que la colaboración entre instituciones puede convertirse en poderosos motores de transformación.

Por su parte, la participación de Corporativo Kosmos y de la Fundación Pablo Landsmanas en este tipo de iniciativas refleja cómo el sector empresarial puede contribuir activamente a la promoción de estilos de vida saludables y en la concientización sobre enfermedades prevenibles, pues, como expresó Freyría:

“El contar con el apoyo de empresas comprometidas con la salud como Corporativo Kosmos nos permite seguir impulsando la prevención y apoyar a más pacientes diagnosticados”.

Al final, estas organizaciones nos recuerdan una cosa: que adoptar hábitos saludables, realizarse chequeos médicos y fortalecer las alianzas en favor de la salud puede marcar la diferencia entre la detección tardía y la oportunidad de salvar vidas.

H&M acelera su acción climática con objetivos científicos en su cadena de valor

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La industria de la moda en masa enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia: transformar un modelo intensivo en recursos hacia uno que respete los límites planetarios y es por eso que las decisiones estratégicas ya no pueden basarse únicamente en compromisos aspiracionales, sino en marcos científicos que permitan medir, gestionar y reducir impactos de forma verificable. Es aquí donde iniciativas como la de H&M comienzan a redefinir las reglas del juego.

H&M acelera su acción climática al adoptar objetivos basados en la ciencia que no solo abordan emisiones, sino también la preservación de la naturaleza a lo largo de su cadena de valor. Este enfoque representa un cambio relevante: pasar de estrategias centradas en carbono a una visión integral que incluye biodiversidad, uso del suelo y resiliencia de los ecosistemas, elementos críticos para la sostenibilidad futura del sector.

H&M acelera su acción climática: del diagnóstico de impacto a la acción basada en ciencia

De acuerdo con información de edie, el punto de partida de esta estrategia fue un ejercicio de materialidad ambiental que permitió identificar dónde se concentran los mayores impactos del negocio. En el caso de H&M, la producción de materias primas —particularmente algodón y lana— emergió como el principal foco de presión sobre los ecosistemas, tanto por el uso de suelo como por el impacto en agua y biodiversidad.

A partir de este diagnóstico, la compañía desarrolló objetivos alineados con metodologías de la Science Based Targets Network (SBTN), los cuales además fueron validados a través del Accountability Accelerator. Este doble filtro no es menor: introduce rigor técnico y credibilidad en un momento en que el escrutinio sobre el greenwashing es cada vez mayor en la industria.

Uno de los compromisos más relevantes es evitar que los ecosistemas naturales se transformen para uso industrial en las etapas tempranas de la cadena de suministro, lo que implica un cambio estructural en la forma en que se obtienen las materias primas, al priorizar la conservación sobre la expansión productiva, algo poco común en modelos de fast fashion.

H&M acelera su acción climática

Adicionalmente, la empresa se ha fijado la meta de reducir su superficie total de tierras agrícolas en un 3,85 % para 2030, tomando como línea base 2019. Aunque el porcentaje puede parecer modesto, su implicación es significativa: optimizar el uso de recursos y desacoplar el crecimiento del negocio del uso intensivo de tierra.

Transformación territorial: agricultura regenerativa y resiliencia en la cadena de suministro

Más allá de los compromisos globales, la estrategia de H&M aterriza en iniciativas concretas que buscan generar impacto directo en territorios clave. Un ejemplo es el proyecto REEVA en el centro de India, enfocado en transformar las prácticas de cultivo de algodón hacia modelos más sostenibles y resilientes.

En paralelo, la compañía impulsa un proyecto de lana regenerativa en las praderas de Drakensberg, en Sudáfrica. Este tipo de iniciativas no solo buscan reducir impactos, sino regenerar ecosistemas, mejorando la salud del suelo, la biodiversidad y las condiciones de vida de las comunidades locales.

Ambos programas tienen un horizonte claro hacia 2030 y están diseñados para generar resultados tangibles tanto en lo ambiental como en lo social. Este enfoque territorial es clave, ya que reconoce que los desafíos ambientales no son homogéneos y requieren soluciones adaptadas a contextos específicos.

En este sentido, H&M acelera su acción climática al integrar a su cadena de suministro —agricultores, comunidades y socios locales— como actores centrales de la transformación. Esto no solo fortalece la resiliencia operativa, sino que también distribuye el valor de la sostenibilidad de manera más equitativa.

H&M acelera su acción climática

Ciencia, colaboración y escala como nuevo estándar competitivo

La apuesta de H&M no ocurre en aislamiento. Más de 150 empresas se preparan para adoptar objetivos similares relacionados con la naturaleza, mientras otras ya exploran áreas como agua dulce y océanos. Este movimiento colectivo sugiere que los objetivos basados en ciencia dejarán de ser diferenciadores para convertirse en un estándar mínimo esperado.

Así, es claro que H&M acelera su acción climática no solo como respuesta a riesgos ambientales, sino como una estrategia de negocio alineada con el futuro de la industria. Para los tomadores de decisiones en sostenibilidad, el mensaje es claro: integrar ciencia, acción territorial y colaboración en la cadena de valor ya no es opcional, sino una condición necesaria para competir en un mercado cada vez más exigente y regulado.

¿Innovación o falta de RSE? Jugadores de Pokémon GO entrenaron robots sin saberlo

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Desde su lanzamiento en 2016, Pokémon GO se convirtió en un fenómeno global que redefinió la relación entre el mundo físico y el digital. Millones de usuarios salieron a las calles para capturar criaturas virtuales, sin imaginar que, años después, esa misma interacción sería parte de un debate mucho más complejo. Hoy, una nueva revelación ha puesto bajo escrutinio el papel de las empresas tecnológicas en el uso de datos: los jugadores de Pokémon GO habrían contribuido, sin plena conciencia, al entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial.

El hallazgo, difundido por investigaciones recientes, apunta a que la empresa desarrolladora utilizó los datos generados por los usuarios —incluyendo imágenes y geolocalización— para construir modelos geoespaciales avanzados. En otras palabras, mientras los jugadores de Pokémon GO recorrían parques, calles o plazas, también estaban alimentando sistemas capaces de mapear el mundo en tres dimensiones y entrenar robots para navegarlo. La pregunta ya no es tecnológica, sino ética: ¿esto es innovación legítima o una falla en responsabilidad social empresarial?

Jugadores de Pokémon GO: de cazadores virtuales a entrenadores involuntarios de IA

El núcleo de la polémica radica en el uso de datos generados por los usuarios. A través de funciones como el escaneo de ubicaciones, millones de interacciones fueron convertidas en insumos para un modelo geoespacial de gran escala. Este sistema, basado en inteligencia artificial, permite a máquinas interpretar el entorno físico con mayor precisión.

Los datos no son menores. Se estima que se han recopilado más de 30,000 millones de imágenes, muchas de ellas capturadas por los propios jugadores de Pokémon GO al interactuar con el juego. Esta base de datos tiene un valor estratégico enorme, ya que permite entrenar sistemas que van más allá del entretenimiento.

La aplicación práctica de esta tecnología incluye desde mapas tridimensionales hasta navegación para robots repartidores. Empresas de robótica ya están colaborando con esta infraestructura para mejorar la eficiencia de sus dispositivos, reduciendo errores en entornos urbanos complejos.

Sin embargo, lo que para la industria representa un avance significativo, para muchos usuarios representa una revelación inquietante: su participación en este proceso nunca fue plenamente comprendida. La línea entre juego y explotación de datos se vuelve difusa.

Entre la innovación y la controversia: ¿por qué los usuarios están reaccionando?

La reacción de los usuarios no ha sido homogénea, pero sí significativa. En foros y comunidades digitales, muchos jugadores de Pokémon GO han expresado sorpresa, confusión e incluso molestia al descubrir el uso secundario de sus datos.

El problema no radica únicamente en el uso de la información, sino en la percepción de falta de transparencia. Aunque la empresa ha señalado que las funciones de escaneo son opcionales, la realidad es que pocos usuarios dimensionan el alcance de lo que implica compartir este tipo de datos.

Además, el debate se intensifica cuando se consideran posibles aplicaciones futuras. Expertos han advertido que tecnologías de este tipo podrían eventualmente integrarse en sistemas más complejos, incluso en contextos sensibles como seguridad o defensa. Como señaló la analista Elise Thomas: “es sintomático de la época” que herramientas de entretenimiento puedan terminar alimentando sistemas con usos potencialmente controvertidos.

Esto coloca a los jugadores de Pokémon GO en una posición incómoda: participantes de una innovación que no necesariamente eligieron de forma informada. La crítica no es al avance tecnológico en sí, sino a la falta de claridad en su desarrollo.

Consentimiento, datos y responsabilidad empresarial: el verdadero dilema

El punto más crítico de este caso es el consentimiento. ¿Hasta qué punto los usuarios sabían que sus acciones dentro del juego podían ser utilizadas para entrenar inteligencia artificial? Aunque los términos y condiciones pueden contemplar el uso de datos, la realidad es que estos documentos rara vez se leen o comprenden en su totalidad.

Aquí emerge un dilema central para la responsabilidad social empresarial: cumplir legalmente no siempre equivale a actuar éticamente. Los jugadores de Pokémon GO pueden haber aceptado ciertas condiciones, pero difícilmente anticiparon el desarrollo de modelos geoespaciales de inteligencia artificial cuando descargaron la aplicación hace casi una década.

Además, el valor de los datos generados por los usuarios es considerable. Estos datos no solo alimentan innovación, también generan ventajas competitivas y potenciales ingresos para las empresas. Sin embargo, los usuarios rara vez participan en ese valor o siquiera son conscientes de su contribución.

Esto plantea una pregunta clave: ¿deben las empresas hacer más para garantizar un consentimiento informado real? Desde una perspectiva de RSE, la respuesta apunta a la necesidad de mayor transparencia, comunicación clara y mecanismos que permitan a los usuarios tomar decisiones informadas sobre el uso de su información.

jugadores de Pokémon GO

Cuando la innovación avanza más rápido que la ética

El caso de los jugadores de Pokémon GO evidencia una tendencia más amplia en la economía digital: el uso de datos para entrenar inteligencia artificial sigue avanzando más rápido que los marcos éticos que deberían regularlo. Lo que comienza como una experiencia lúdica puede convertirse, sin que el usuario lo perciba, en una contribución clave para desarrollos tecnológicos de gran escala.

Para las organizaciones, este escenario representa un reto estratégico. La confianza se ha convertido en un activo crítico, y su pérdida puede tener consecuencias reputacionales profundas. No basta con innovar; es necesario hacerlo con responsabilidad, transparencia y respeto por quienes hacen posible esa innovación.

En última instancia, este caso demuestra que el consentimiento informado sigue siendo una deuda pendiente en la era de la inteligencia artificial. Mientras los usuarios no comprendan plenamente el alcance del uso de sus datos, la pregunta persistirá: ¿realmente están eligiendo participar, o simplemente forman parte de un sistema que aún no logran ver en su totalidad?

¿Por qué la crisis global del agua también es un problema de género?

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Hablar de la crisis global del agua suele remitir a sequías, infraestructura insuficiente o cambio climático. Sin embargo, hay una dimensión que permanece sistemáticamente subestimada: su impacto diferenciado en mujeres y niñas. La escasez de agua no se distribuye de manera equitativa; por el contrario, se entrelaza con estructuras sociales que asignan roles, responsabilidades y limitaciones en función del género.

Entender por qué la crisis global del agua es también un problema de género implica mirar más allá de los indicadores técnicos y adentrarse en las dinámicas cotidianas de millones de hogares. Es ahí, en la vida diaria, donde se evidencia que la falta de acceso al agua no solo genera escasez, sino también desigualdad, exclusión y pérdida de oportunidades para las mujeres.

Crisis global del agua: cuando el acceso depende del género

Una de las razones por las que la crisis global del agua es un problema de género tiene que ver con la distribución del trabajo. De acuerdo con The Guardian, en más del 70 % de los hogares rurales sin acceso a agua potable, son las mujeres quienes deben recolectarla. No se trata de una elección, sino de un mandato social profundamente arraigado.

Este dato adquiere otra dimensión cuando se traduce en tiempo: 250 millones de horas diarias invertidas por mujeres y niñas en recolectar agua. Esa cifra no solo refleja esfuerzo físico, sino una renuncia estructural a otras oportunidades. Mientras unos estudian o trabajan, otras caminan kilómetros para garantizar la supervivencia del hogar.

Aquí radica una de las claves: la crisis global del agua no solo limita recursos, redefine el uso del tiempo y, con ello, el futuro de quienes cargan con esa responsabilidad. La desigualdad hídrica se convierte así en desigualdad educativa, económica y social.

Además, esta carga suele ser invisible. No aparece en indicadores económicos tradicionales, pero condiciona profundamente el desarrollo de comunidades enteras. 

crisis global del agua

Más calor, más pobreza: cómo la crisis climática profundiza la desigualdad

La segunda razón por la que la crisis global del agua es un problema de género es que los impactos de esta se intensifican con el cambio climático, y nuevamente, no afectan por igual a hombres y mujeres, pues se estima que el aumento de 1 °C en la temperatura reduce los ingresos de los hogares encabezados por mujeres en un 34 % más que en aquellos liderados por hombres.

Este dato revela una vulnerabilidad estructural: las mujeres no solo enfrentan mayores cargas, sino también menores márgenes de adaptación. A medida que el agua escasea, sus responsabilidades aumentan, pero sus recursos disminuyen, generando un círculo difícil de romper y que se traduce en más tiempo dedicado a tareas, en promedio, 55 minutos más a la semana que los hombres debido a estas condiciones, lo que se convierte en un esfuerzo acumulado que limita su autonomía económica.

La crisis global del agua, en este sentido, actúa como un amplificador de desigualdades existentes. No crea la brecha de género, pero sí la profundiza, haciendo que los impactos económicos y sociales recaigan con mayor peso sobre quienes ya estaban en desventaja.

crisis global del agua

Del hogar a la exclusión estructural: salud, educación y violencia

La tercera razón es que la falta de agua y saneamiento tiene consecuencias directas en la salud y la dignidad de las mujeres. Más de 2100 millones de personas carecen de agua potable segura y 3400 millones de saneamiento adecuado, una realidad que afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas.

Un ejemplo claro es el impacto en la educación: entre 2016 y 2022, 10 millones de adolescentes faltaron a la escuela o actividades por la falta de baños. La ausencia de infraestructura básica no solo incomoda, excluye. Y quienes quedan fuera, en su mayoría, son mujeres.

A esto se suma un componente crítico: la seguridad. Tener que recorrer largas distancias para recolectar agua expone a mujeres y niñas a riesgos de violencia de género. Lo que debería ser un derecho básico se convierte en una situación de vulnerabilidad constante.

Incluso en contextos de atención médica, la falta de agua adecuada incrementa riesgos durante el parto, provocando muertes evitables. La crisis global del agua no solo afecta la calidad de vida, puede determinar la supervivencia.

Sin voz en las decisiones: el origen de una solución incompleta

Finalmente, la crisis global del agua también es un problema de género porque las mujeres están sistemáticamente excluidas de las decisiones sobre su gestión. Menos de una de cada cinco personas en servicios de agua en países en desarrollo son mujeres, lo que limita su influencia en soluciones.

Esta exclusión se agrava por la desigualdad en la propiedad de la tierra. En muchos países, los hombres poseen el doble de superficie que las mujeres, lo que les otorga mayor control sobre recursos hídricos vinculados a la producción agrícola.

Sin embargo, cuando las mujeres participan, los resultados cambian. Experiencias comunitarias demuestran que su inclusión mejora la salud, impulsa economías locales y fortalece la resiliencia. No es una cuestión simbólica, es una ventaja estratégica.

El problema, entonces, no es solo la escasez, sino quién decide sobre ella. Sin la participación de las mujeres, cualquier respuesta a la crisis global del agua será parcial e insuficiente.

crisis global del agua

Entender el problema para no perpetuarlo

La crisis global del agua es un problema de género porque se construye sobre desigualdades previas y las intensifica. No se trata únicamente de acceso al recurso, sino de cómo ese acceso —o su ausencia— redefine roles, limita oportunidades y expone a riesgos diferenciados.

Reconocer esta dimensión no es un ejercicio teórico, es el primer paso para diseñar soluciones efectivas. Sin perspectiva de género, las estrategias seguirán abordando síntomas y no causas. Y en un contexto de creciente presión hídrica, eso no solo es insuficiente: es insostenible.

Nunca hubo tanto CO₂ en la atmósfera; advierten posibles impactos en el organismo

La conversación sobre cambio climático ha estado dominada por sus efectos ambientales y económicos, pero nuevas evidencias comienzan a abrir una línea de análisis más inquietante: el impacto directo en la biología humana. Un estudio reciente sugiere que el aumento sostenido de los niveles de dióxido de carbono no solo está calentando el planeta, sino que podría estar alterando procesos fundamentales en nuestro organismo, incluyendo la composición química de la sangre.

El hallazgo, liderado por el fisiólogo respiratorio Alex Larcombe, plantea una hipótesis que hasta hace poco parecía marginal: la contaminación atmosférica, en particular el CO₂, podría estar generando cambios medibles en la química sanguínea a escala poblacional. “Pensé: ‘Esto suena raro’”, reconoció el propio investigador. Sin embargo, tras analizar décadas de datos, su conclusión es clara: “cada vez se acumulan más indicios de que algo está sucediendo”, y ese “algo” podría redefinir la forma en que entendemos los niveles de dióxido de carbono como un riesgo no solo ambiental, sino sanitario.

Niveles de dióxido de carbono: cómo se hizo el estudio y qué revela sobre los límites del cuerpo

Para entender este fenómeno, los investigadores analizaron más de dos décadas de datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos. Este repositorio incluye información detallada sobre la química sanguínea de aproximadamente 7000 personas evaluadas cada dos años entre 1999 y 2020.

El objetivo era identificar marcadores en sangre relacionados con la exposición al CO₂. El punto de partida es relevante: los seres humanos evolucionaron en un entorno con aproximadamente 300 ppm de CO₂, mientras que hoy los niveles de dióxido de carbono superan las 420 ppm, un incremento sin precedentes en la historia humana.

El estudio encontró cambios consistentes en la química sanguínea que parecen seguir esta tendencia ascendente. Aunque el cuerpo humano tiene mecanismos de adaptación —como el aumento de la respiración o ajustes en el equilibrio ácido-base—, estos podrían no ser suficientes frente a una exposición crónica y creciente.

niveles de dióxido de carbono

Algunos estudios previos sugieren que el organismo puede tolerar incrementos de CO₂ sin efectos inmediatos, pero Larcombe advierte que este enfoque ignora la exposición acumulativa a lo largo de la vida. “No podemos afirmar con certeza que estos cambios se deban al 100% al cambio climático”, explicó, pero subrayó que la correlación es suficientemente consistente como para encender alertas.

Más bicarbonato en sangre: la respuesta del cuerpo y sus riesgos

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el aumento en los niveles de bicarbonato en sangre, que han crecido aproximadamente un 7 % desde 1999. Este incremento sigue de cerca la curva de aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera.

El bicarbonato es una herramienta clave del organismo para regular la acidez sanguínea. A medida que inhalamos más CO₂, la sangre tiende a volverse más ácida, y el cuerpo responde produciendo y reteniendo bicarbonato para neutralizar ese efecto.

Sin embargo, este mecanismo de compensación podría tener límites. Si la tendencia continúa, los niveles de bicarbonato podrían alcanzar rangos perjudiciales en las próximas décadas. Esto plantea una paradoja: lo que hoy es una respuesta adaptativa podría convertirse en un factor de riesgo a largo plazo.

Además, esta alteración no es trivial. Cambios sostenidos en el equilibrio ácido-base pueden afectar múltiples sistemas del cuerpo, desde la función celular hasta el metabolismo general. La evidencia aún es incipiente, pero apunta a un proceso silencioso de adaptación con posibles consecuencias acumulativas.

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Más allá de la sangre: impactos en calcio, fósforo y función renal

El estudio también identificó cambios en otros indicadores clave, como el calcio y el fósforo. Entre 1999 y 2020, los niveles de calcio en sangre disminuyeron un 2 %, mientras que los de fósforo cayeron alrededor de un 7 %.

Estos cambios están relacionados con otra estrategia del cuerpo para manejar el exceso de CO₂: utilizar los huesos como reserva, almacenando el carbono en forma de compuestos como carbonato de calcio y fosfato. Este proceso, aunque funcional en el corto plazo, podría debilitar la estructura ósea con el tiempo.

A esto se suma el posible deterioro en la función renal. Los riñones desempeñan un papel clave en la regulación del bicarbonato y del equilibrio mineral, pero una exposición prolongada a altos niveles de dióxido de carbono podría afectar su eficiencia.

De mantenerse estas tendencias, los niveles de calcio y fósforo podrían caer por debajo de rangos saludables hacia finales de siglo. El estudio advierte que estos son “cambios permanentes y crecientes en la química sanguínea humana”, lo que abre interrogantes sobre su impacto en enfermedades óseas, renales y metabólicas.

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La contaminación como riesgo sistémico para la salud

Los hallazgos sobre los niveles de dióxido de carbono marcan un punto de inflexión en la narrativa climática. Ya no se trata únicamente de ecosistemas en riesgo o eventos climáticos extremos; la evidencia comienza a mostrar que la contaminación atmosférica podría estar modificando procesos biológicos fundamentales.

Aunque aún se requiere más investigación, el consenso emergente es claro: el cambio climático no es solo un desafío ambiental, sino un problema de salud pública en evolución. Como señaló Larcombe, el mensaje no es alarmista, pero sí urgente: “algo está sucediendo y queremos explorarlo más a fondo”.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, esto implica ampliar el enfoque. La gestión del carbono ya no puede limitarse a métricas de emisiones; debe integrar sus implicaciones en la salud humana. Porque, en última instancia, los niveles de dióxido de carbono no solo definen el futuro del planeta, sino también el del cuerpo humano.

Padres deportados sin sus hijos: el señalamiento contra la administración Trump

Un informe elaborado por la Comisión de Mujeres Refugiadas (WRC) y Médicos por los Derechos Humanos (PHR) documenta una práctica alarmante en Estados Unidos: padres y madres detenidos y deportados en cuestión de días, sin ser consultados sobre sus hijos ni tener oportunidad de organizar su cuidado. 

El fenómeno de padres deportados sin sus hijos no solo revela fallas operativas, sino posibles violaciones a derechos humanos fundamentales cometidos por parte de la administración Trump, especialmente cuando los procesos se ejecutan sin información, sin consentimiento y sin alternativas reales para la reunificación.

Padres deportados sin sus hijos: decisiones sin consentimiento ni debido proceso

Uno de los hallazgos más críticos del informe es la ausencia de protocolos básicos durante la detención. De acuerdo con testimonios recabados en Honduras, muchos padres nunca fueron interrogados sobre si tenían hijos. “No me preguntaron nada”, relató una madre de 22 años deportada sin su hija de dos años, evidenciando una omisión sistemática.

Este vacío no es menor. Implica que las decisiones de deportación se toman sin considerar el interés superior del menor, un principio reconocido internacionalmente. En la práctica, esto se traduce en separaciones abruptas donde los padres no pueden decidir si sus hijos los acompañan o quedan bajo resguardo.

La rapidez de los procesos agrava el problema. Algunos padres fueron detenidos y deportados en cuestión de días, sin acceso a asesoría legal ni posibilidad de coordinar con familiares. Michele Heisler, de PHR, señaló: “Hablamos con padres que fueron detenidos un día y deportados un par de días después”.

padres deportados sin sus hijos

Aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que existen opciones para los padres, los testimonios y hallazgos contradicen esta narrativa. El fenómeno de padres deportados sin sus hijos evidencia una brecha entre la política declarada y su implementación real.

Impactos humanos: trauma, salud mental y vulnerabilidad infantil

Las consecuencias de estas separaciones son profundas y duraderas. La evidencia médica y psicológica apunta a niveles extremos de angustia emocional en padres deportados, especialmente en mujeres embarazadas o en periodo posparto. Ansiedad, pánico y depresión son síntomas recurrentes documentados en los centros de recepción.

Para los niños, el impacto es aún más crítico. La separación repentina genera una sensación de abandono que puede marcar su desarrollo emocional. Estudios citados en el informe advierten que el trauma temprano tiene efectos psicológicos y fisiológicos de largo plazo.

Casos particularmente graves incluyen la separación de bebés y niños con condiciones como el autismo. Una madre relató haber sido detenida al dejar a su hijo en la escuela: “No me preguntaron nada, simplemente me esposaron”. Este tipo de experiencias expone la falta de sensibilidad institucional ante contextos de alta vulnerabilidad.

En este sentido, el fenómeno de padres deportados sin sus hijos no solo es una cuestión migratoria, sino una crisis de salud pública y protección infantil que trasciende fronteras.

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Cambios normativos y debilitamiento de protecciones

El contexto normativo también ha evolucionado en detrimento de las familias migrantes. En 2025, la administración modificó la “Directiva sobre Padres Detenidos”, eliminando disposiciones que obligaban a considerar la situación familiar antes de ejecutar una deportación.

Esta modificación representa un retroceso significativo. Mientras la versión anterior contemplaba el rol parental como un factor relevante, la nueva directiva reduce ese compromiso, facilitando escenarios de separación. Sin embargo, el informe sugiere que incluso estas normas debilitadas no se están cumpliendo. Zain Lakhani, del WRC, fue contundente:

Hemos encontrado pruebas significativas de que los funcionarios no preguntan por los hijos ni garantizan su cuidado”.

Esto refuerza la idea de que el problema no es solo legal, sino estructural. El resultado es un sistema donde los padres deportados sin sus hijos enfrentan barreras casi insalvables para la reunificación. Procesos complejos, costos elevados y falta de coordinación institucional convierten el reencuentro en una posibilidad remota.

Responsabilidad compartida: el papel de gobiernos y organismos internacionales

Frente a este panorama, la respuesta no puede limitarse a la crítica. El informe plantea recomendaciones claras que apuntan a una acción coordinada entre gobiernos y organismos internacionales. Entre ellas, fortalecer los sistemas de reintegración en países de origen como Honduras.

Asimismo, se subraya la necesidad de que organismos internacionales, incluidas las Naciones Unidas, participen activamente en la provisión de salud mental, atención médica y apoyo a la reunificación familiar. La crisis requiere una respuesta multisectorial.

En el ámbito legislativo, se insta al Congreso de Estados Unidos a codificar protecciones para familias migrantes, garantizando que el interés superior del menor sea un criterio vinculante. También se propone la creación de un coordinador nacional para la reunificación familiar.

El fenómeno de padres deportados sin sus hijos plantea una pregunta de fondo para la agenda de responsabilidad social: ¿hasta qué punto los Estados y las instituciones están dispuestos a priorizar los derechos humanos sobre la lógica de control migratorio?

Una política migratoria que violenta los derechos

El caso de los padres deportados sin sus hijos expone las tensiones entre seguridad, legalidad y derechos humanos. Más allá del debate político, lo que está en juego es la integridad de miles de familias y el bienestar de niños que enfrentan separaciones traumáticas sin explicación ni acompañamiento.

Para la comunidad internacional y los líderes en responsabilidad social, el desafío es claro: no basta con documentar estas prácticas, es necesario incidir para transformarlas. Sin mecanismos de rendición de cuentas y sin voluntad política, la separación familiar seguirá siendo una consecuencia silenciosa —pero devastadora— de las políticas migratorias.

La lluvia como aliada: soluciones locales para el acceso al agua

En México, el acceso al agua potable ha registrado avances importantes en las últimas décadas; sin embargo, aún existen hogares, principalmente en zonas rurales y periurbanas, donde el suministro de agua dentro de la vivienda puede ser limitado o irregular, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En estos contextos, contar con alternativas que fortalezcan la gestión local del recurso hídrico puede contribuir a mejorar la disponibilidad y favorecer un uso más planificado de éste en las actividades cotidianas.

Ante este panorama, los sistemas de captación de agua de lluvia se posicionan como una alternativa complementaria que contribuye a fortalecer la gestión local del recurso hídrico. A través de cisternas, es posible recolectar y almacenar agua durante la temporada de lluvias para su uso posterior, lo que permite contar con reservas adicionales en periodos de menor disponibilidad.

Como parte de su enfoque de desarrollo comunitario, Saber Nutrir ha impulsado la instalación de cisternas con sistemas de captación de agua de lluvia en distintas regiones del país. Tan sólo en 2025, se implementaron 33 nuevos proyectos, entre ellos 4 cisternas. En total, a lo largo de su trayectoria, el programa ha otorgado 289 cisternas, beneficiando a comunidades del Estado de México (183), Yucatán (75) y Jalisco (31).

De manera estimada, una cisterna con sistema de captación de agua de lluvia puede permitir la recolección de entre 20,000 y 40,000 litros de agua al año, dependiendo de las condiciones climáticas de cada región. Este volumen representa un apoyo relevante para complementar necesidades cotidianas y promover prácticas de aprovechamiento responsable del agua.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona requiere entre 50 y 100 litros de agua diarios para cubrir necesidades básicas de consumo, higiene y saneamiento. En este sentido, contar con infraestructura de almacenamiento facilita la planificación del uso del recurso y promueve hábitos que contribuyen al bienestar familiar y comunitario.

acceso al agua

Además, el agua almacenada puede integrarse como un recurso clave para proyectos productivos, como huertos familiares o gallineros, fortaleciendo iniciativas locales orientadas a la seguridad alimentaria y al aprovechamiento sostenible de los recursos disponibles. Desde una perspectiva ambiental, la captación de agua de lluvia impulsa una cultura de cuidado y fomenta soluciones adaptadas a las condiciones de cada territorio.

En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora cada 22 de marzo, resulta valioso reconocer iniciativas que promueven el uso consciente de esta desde un enfoque comunitario. Las cisternas representan una herramienta que contribuye a mejorar las condiciones de vida y a fortalecer capacidades locales para una gestión responsable del recurso hídrico.

Grupo Herdez reafirma que la sostenibilidad no es un esfuerzo paralelo, sino el modelo a través del cual operamos. A través de los resultados tangibles de Saber Nutrir, demostramos que la inversión en infraestructura hídrica comunitaria es el camino más directo para garantizar el desarrollo social, fortalecer el campo mexicano y asegurar que sigamos alimentando el futuro de nuestra tradición.

P&G y Nación Verde impulsan proyecto para fortalecer la seguridad hídrica y conservar bosques en el Sistema Cutzamala 

Procter & Gamble (P&G), en alianza con Nación Verde, anunció una iniciativa integral de restauración ambiental destinada a fortalecer la seguridad hídrica del Sistema Cutzamala, una de las principales fuentes de agua para la zona metropolitana del país.

El proyecto comenzó con la intervención de los terrenos que rodean la Presa El Bosque en Zitácuaro, Michoacán, mediante la implementación de prácticas de conservación de suelos, prevención de incendios y reforestación, reduciendo así la escorrentía superficial y mejorando la infiltración de agua.

En P&G integramos la sostenibilidad ambiental en la forma en que operamos nuestro negocio a lo largo de nuestras operaciones, cadena de suministro y marcas. Reflejo de ello es nuestro compromiso con contribuir a un Futuro Positivo para el Agua, donde el agua pueda sostener a las personas, la naturaleza y las operaciones de P&G ahora y para las generaciones venideras. Estamos trabajando con una red de socios locales para apoyar proyectos de largo plazo que mejoren, gestionen o protejan fuentes de agua dulce. Implementar este proyecto dentro de la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca es parte de ese trabajo: soluciones basadas en la naturaleza que fortalecen los bosques, mejoran la infiltración y apoyan la recarga de los acuíferos que abastecen al Sistema Cutzamala”, señaló Shannon Quinn, Líder Global de Gestión Responsable del Agua de P&G.

La estrategia ahora se está expandiendo hacia la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, un sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO. Como parte de esta expansión, el proyecto contempla la plantación de 20,000 árboles nativos, contribuyendo a la protección del hábitat de la mariposa monarca y al fortalecimiento de la resiliencia del ecosistema frente al cambio climático.

P&G y Nación Verde

Además de los beneficios ambientales, se espera que la iniciativa genere oportunidades de empleo temporal para comunidades vulnerables de la región, apoyando los medios de vida locales mientras se avanza en esfuerzos de conservación a largo plazo.

Se estima que estas acciones reduzcan la escorrentía en aproximadamente 1,200 millones de litros de agua al año, contribuyendo a la recarga de acuíferos dentro del Sistema Cutzamala, clave para el abastecimiento de agua de la Ciudad de México y el Estado de México.

Un bosque eterno no se construye con acciones aisladas. Se construye cuando la comunidad aporta su territorio, su trabajo y el orgullo de heredarlo como un legado verde, mientras Nación Verde aporta el rigor técnico, la metodología científica y la implementación necesaria para garantizar su permanencia. Alianzas como la P&G son fundamentales para lograr este tipo de proyectos.” aseguró Octavio López, CEO de Nación Verde

Esta colaboración forma parte de la estrategia “Futuro Positivo para el Agua” de P&G, que se enfoca en reducir el uso de agua en sus operaciones, contribuir a restaurarla en zonas con estrés hídrico y atender los desafíos relacionados con el agua mediante innovación y alianzas. Seleccionados por su potencial de generar un impacto positivo para las personas y la naturaleza, proyectos como este buscan fortalecer la seguridad hídrica y la resiliencia de los ecosistemas en regiones que abastecen de agua a la Ciudad de México, apoyando la recarga de acuíferos y mejorando la calidad del agua mediante reforestación y prácticas sostenibles de manejo de tierras.