De citas a narcomenudeo: el nuevo uso de Grindr en la CDMX

Una investigación de N+ (nmas) ha puesto en evidencia una transformación alarmante de Grindr en la Ciudad de México: de ser una aplicación de citas ha pasado a funcionar también como un canal para el comercio de drogas. El narcomenudeo en Grindr se ha integrado de forma discreta a la dinámica cotidiana de la plataforma, aprovechando su geolocalización, anonimato y alta concentración de usuarios.

Este fenómeno no solo revela un uso ilegítimo de la tecnología, sino una falla sistémica donde confluyen omisiones empresariales y vacíos regulatorios. Para especialistas en responsabilidad social, el caso plantea preguntas urgentes sobre la obligación de las plataformas digitales de prevenir daños cuando sus servicios facilitan prácticas que atentan contra la salud, la seguridad y la vida de las personas.

¿Cómo opera el narcomenudeo en Grindr?

El narcomenudeo en Grindr funciona mediante códigos visuales y prácticas normalizadas dentro de la app. Consumidores y vendedores se identifican con emojis como diamantes, anillos, cubos de hielo, truenos o cohetes, señales que indican la disponibilidad de drogas como cristal, marihuana, MDMA, cocaína o poppers.

Josué —nombre ficticio para proteger su identidad— relata cómo esta lógica se volvió parte de su rutina hasta causarle una adicción por la que tuvo que entrar a rehabilitación y por la que , hasta la fecha, debe tomar medicamentos psiquiátricos:

Es de muy fácil acceso, lo tienes a la vuelta de la esquina… ya es como si fuera un Didi, pero de drogas”.

La geolocalización permite saber a cuántos metros se encuentra el vendedor, reduciendo el riesgo y el tiempo de entrega. La operación suele migrar rápidamente a WhatsApp. 

“Los contactas, te piden WhatsApp, te dan su catálogo… venden cristal, marihuana, poppers, MDMA, tusi, coca… muchas cosas”, detalla Josué.

En minutos, el intercambio se concreta sin intermediarios visibles. La entrega, cuenta Josué,  ocurre con frecuencia en hoteles del Centro de la CDMX, debido al auge de prácticas como el chemsex, que consiste en la combinación de sexo y dogas químicas.

Hay gente que vive en el hotel y ellos venden… incluso hay quien te aplica slam y te cobra por la aplicación”, añade. 

Colonias como Tabacalera, Centro, Doctores y Obrera concentran esta dinámica, donde el “servicio al cuarto” elimina cualquier punto físico de venta.

narcomenudeo en Grindr

Un mercado sin investigación: Estado ausente y crisis de salud pública

Pese a la evidencia documentada, el narcomenudeo en Grindr no ha sido investigado formalmente por las autoridades capitalinas. Tanto la Secretaría de Seguridad Ciudadana como la Fiscalía de la CDMX han reconocido que no existen indagatorias abiertas porque “no hay una denuncia formal”, una respuesta que deja en el abandono a víctimas y familias.

Esta omisión estatal resulta especialmente grave si se considera el impacto del consumo de metanfetaminas. Datos del SISVEA indican que entre 2019 y 2023 el cristal se convirtió en la principal droga por la que se demanda tratamiento en centros no gubernamentales: 60 % de los pacientes ingresaron por esta sustancia, un aumento de 64.8 % en solo cinco años.

Los Centros de Integración Juvenil reportan consumos por encima de la media nacional en estados como Tlaxcala (72.6 %), Estado de México (71 %) e Hidalgo (68.1 %). En la población LGBTIQ+, el Diagnóstico Situacional de la UNAM (2024) señala que 10 % de los hombres gay ha probado cristal al menos una vez, el porcentaje más alto entre los subgrupos analizados.

Especialistas como el doctor Juan Carlos Mendoza, de la UNAM, explican que factores como la discriminación, la búsqueda de aceptación y el deseo de desinhibición incrementan la vulnerabilidad. En combinación con el chemsex, estas prácticas derivan en adicciones más severas y recaídas frecuentes, con consecuencias médicas y psiquiátricas de largo plazo.

narcomenudeo en Grindr

La RSE de Grindr en entredicho: ¿plataformas que se lavan las manos?

El crecimiento del narcomenudeo en Grindr expone una profunda falta de responsabilidad social empresarial. Aunque la plataforma tiene acceso a los mensajes intercambiados, su política de privacidad establece que no verifica identidades ni antecedentes penales, y solo actúa si un perfil es reportado por otros usuarios.

Este enfoque reactivo genera un vacío crítico: mientras no haya reportes internos, la empresa no está obligada a investigar ni a prevenir actividades ilegales que se facilitan a través de su tecnología. En los hechos, la carga de la vigilancia se traslada a los usuarios, incluso cuando hay riesgos evidentes para la salud y la vida.

Grindr no respondió a las solicitudes de prensa sobre este caso. El silencio corporativo refuerza la percepción de que la empresa opta por deslindarse, aun cuando su plataforma está siendo utilizada para fines que exceden con creces la “libertad de interacción” entre usuarios.

Desde una perspectiva de RSE, este caso ilustra el peligro de permitir que las plataformas se amparen en políticas mínimas para eludir responsabilidades. La neutralidad tecnológica es insostenible cuando el diseño, la geolocalización y la falta de controles facilitan mercados ilegales activos las 24 horas.

Regulación, prevención y responsabilidad ineludible

El narcomenudeo en Grindr no es un problema marginal ni un uso desviado aislado: es el resultado de la convergencia entre tecnología sin salvaguardas, un Estado ausente y una crisis de salud pública en expansión. Las consecuencias ya están cobrando vidas y saturando centros de rehabilitación y hospitales.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, el mensaje es claro: ninguna empresa debería poder “lavarse las manos” cuando su plataforma facilita prácticas ilegítimas y peligrosas. La prevención activa, la colaboración con autoridades y la adopción de controles efectivos no son opcionales. Sin regulaciones claras y exigibles, este tipo de mercados seguirá creciendo en silencio, con costos humanos que ninguna app debería ignorar.

Demandas por suicidios de adolescentes: Google y Character.AI buscan solución

Las recientes demandas por suicidios de adolescentes que involucran a Google y a la plataforma Character.AI han encendido una alerta global sobre los riesgos de la inteligencia artificial conversacional cuando interactúa con menores de edad. Más allá del impacto mediático, los casos han puesto en evidencia vacíos regulatorios, fallas de diseño y una falta de salvaguardas adecuadas en tecnologías que ya forman parte del día a día de millones de jóvenes.

No se trata únicamente de litigios, sino de la obligación ética de las empresas tecnológicas de anticipar daños, proteger a los usuarios más vulnerables y asumir que la innovación sin responsabilidad puede derivar en consecuencias irreversibles, especialmente en contextos de salud mental y desarrollo adolescente.

Demandas por suicidios de adolescentes y el origen del conflicto legal

Las demandas por suicidios de adolescentes fueron interpuestas por familias de distintos estados de EE. UU. —entre ellos Colorado, Texas y Nueva York— cuyos hijos murieron o sufrieron graves afectaciones psicológicas tras interactuar con chatbots alojados en Character.AI. Los documentos judiciales incluyen cargos por negligencia, homicidio culposo, prácticas comerciales engañosas y responsabilidad por producto defectuoso.

Uno de los casos más citados es el de Sewell Setzer III, un adolescente de 14 años que sostuvo conversaciones sexualizadas con un chatbot inspirado en Juego de Tronos antes de quitarse la vida. Para los demandantes, la ausencia de límites claros y filtros de seguridad contribuyó a normalizar conductas de alto riesgo.

Otro expediente judicial describe a un joven de 17 años cuyo chatbot supuestamente promovía la autolesión e incluso sugería que asesinar a sus padres era una respuesta razonable ante restricciones de tiempo frente a la pantalla. Estos testimonios reforzaron la percepción de que los sistemas de IA pueden amplificar vulnerabilidades psicológicas existentes.

Aunque Google y Character.AI alcanzaron un “acuerdo de principio” para resolver las demandas, los documentos no revelan los términos ni reconocen responsabilidad. No obstante, el solo hecho de buscar una salida negociada refleja la presión reputacional y legal que enfrentan ambas compañías.

El vínculo entre Google y Character.AI bajo escrutinio

Character.AI fue fundada en 2021 por Noam Shazeer y Daniel De Freitas, exingenieros de Google que previamente trabajaron en LaMDA, el modelo conversacional de la compañía. Este antecedente ha sido clave para los abogados de las familias, quienes sostienen que Google es corresponsable de la tecnología que presuntamente causó daño a los menores.

El debate se intensificó cuando, en agosto de 2024, Google volvió a contratar a ambos fundadores y licenció parte de la tecnología de Character.AI en un acuerdo valuado en 2 700 millones de dólares. Actualmente, Shazeer es codirector de Gemini y De Freitas investigador en DeepMind, lo que refuerza la percepción de una relación técnica y estratégica directa.

Desde la óptica de la RSE, este punto es crítico. La transferencia de talento y tecnología no exime a las empresas de evaluar impactos sociales previos, especialmente cuando los productos están vinculados a daños graves a menores de edad.

Google no emitió comentarios públicos sobre el acuerdo, mientras que los abogados de las familias y de Character.AI también declinaron pronunciarse. El silencio corporativo, en este contexto, ha sido interpretado por analistas como una estrategia legal, pero también como un desafío a la transparencia.

demandas por suicidios de adolescentes

Medidas de seguridad, regulación y límites de la autorregulación

Ante el aumento de las demandas por suicidios de adolescentes, Character.AI anunció cambios relevantes en su plataforma. En octubre de 2025, la empresa prohibió a menores de 18 años participar en chats abiertos con personajes de IA e implementó un nuevo sistema de verificación de edad para segmentar a los usuarios.

La compañía afirmó que estas medidas “priorizan la seguridad de los adolescentes y van más allá de la competencia”. Sin embargo, abogados de las familias advirtieron que una implementación deficiente podría generar efectos adversos, como la interrupción abrupta de vínculos emocionales ya establecidos con los chatbots.

Estas acciones coincidieron con un creciente escrutinio regulatorio, incluida una investigación de la Comisión Federal de Comercio (FTC) sobre el impacto de los chatbots en niños y adolescentes. El mensaje es claro: la autorregulación ya no es suficiente cuando los riesgos son sistémicos.

Para las áreas de cumplimiento y ESG, el caso subraya la necesidad de integrar evaluaciones de impacto en derechos humanos y salud mental desde la fase de diseño, no como una reacción posterior a la presión legal.

Dependencia emocional y riesgos psicosociales de la IA conversacional

Los acuerdos llegan en un contexto de creciente dependencia de los jóvenes hacia los “compañeros de IA”. Un estudio de Common Sense Media, publicado en julio de 2025, reveló que el 72 % de los adolescentes estadounidenses ha interactuado con este tipo de tecnologías y que más de la mitad las usa de forma regular.

Expertos han advertido que las mentes en desarrollo son particularmente vulnerables, tanto por la dificultad de comprender las limitaciones de los chatbots como por el aumento de problemas de salud mental y aislamiento social. En este escenario, la IA puede convertirse en un sustituto problemático de relaciones humanas reales.

demandas por suicidios de adolescentes

Además, ciertas decisiones de diseño —como el tono antropomórfico, la memoria de datos personales y la capacidad de mantener conversaciones prolongadas— fomentan vínculos emocionales profundos. Sin controles adecuados, estas características pueden intensificar la dependencia y normalizar narrativas dañinas.

Desde la responsabilidad social, el reto no es eliminar la tecnología, sino redefinirla bajo principios de prevención de daño, cuidado del usuario y corresponsabilidad empresarial.

Tecnología, ética y responsabilidad compartida

Las demandas por suicidios de adolescentes contra Google y Character.AI marcan un precedente que trasciende a las empresas involucradas. El mensaje para la industria es contundente: cuando la innovación impacta directamente en la salud mental de menores, la omisión de salvaguardas no es solo un error técnico, sino una falla ética.

Este caso refuerza la urgencia de exigir modelos de IA seguros, auditables y diseñados con enfoque de derechos humanos. La confianza social en la tecnología dependerá, cada vez más, de la capacidad de las empresas para demostrar que el bienestar de las personas —especialmente de las más vulnerables— está verdaderamente al centro de sus decisiones.

Más horas laboradas, menos bienestar: un riesgo para los criterios ESG

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 41.7% de la fuerza laboral en México experimenta un desequilibrio entre la vida personal y laboral, una de las proporciones más altas a nivel global. Esta realidad no solo evidencia una cultura de trabajo intensivo en horas, sino también una problemática estructural que impacta directamente en el bienestar integral de los colaboradores, particularmente en aspectos como el descanso, el autocuidado y la salud mental.

Para las empresas, este escenario representa un riesgo que trasciende el ámbito operativo. El deterioro del balance vida-trabajo se ha convertido en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas, ya que influye en la productividad, la retención de talento y la sostenibilidad del modelo de negocio. Ignorar este desequilibrio no solo afecta a las personas, sino que también compromete el desempeño social y financiero de las organizaciones.

Jornadas laborales extensas: un riesgo social creciente para los criterios ESG en las empresas

Las jornadas laborales extensas ya son identificadas como el tercer mayor riesgo social para las empresas en México, solo por detrás de la generación de emisiones y residuos, según el informe Panorama ASG en México y Centroamérica de KPMG. El 36% de los ejecutivos en el país reconoce este riesgo, una cifra superior al promedio regional, lo que confirma que el impacto del tiempo de trabajo en el balance vida-trabajo es una preocupación creciente en la agenda corporativa, pues, como explica Olivia Segura, socia de Asesoría en Capital Humano y Gestión del Talento de KPMG en México, este factor de riesgo:

“Tiene que ver con esa consciencia social, el enfoque en el talento y el capital humano, en cómo nos sensibilizamos en temas que se han normalizado, como las jornadas laborales extensas”.

La especialista advierte que estas prácticas afectan la salud mental y el bienestar integral, aspectos que antes se pasaban por alto y hoy inciden directamente en la evaluación social de las compañías dentro de los criterios ESG en las empresas.

criterios ESG en las empresas

Desde una perspectiva empresarial, las consecuencias son claras: mayor rotación, ausentismo, desgaste del talento y afectaciones a la reputación corporativa. En términos de salud, la reducción del tiempo disponible para dormir y realizar actividades personales incrementa el riesgo de estrés crónico, enfermedades cardiovasculares y trastornos emocionales, lo que termina reflejándose en costos operativos y financieros.

Seguridad y salud: prioridad estratégica en la agenda ESG

Ante este contexto, no resulta sorprendente que para el 40% de las organizaciones en México la seguridad y salud de los colaboradores sea el aspecto estratégico más relevante dentro de su agenda ASG, solo por detrás de la sostenibilidad de la cadena de suministro, de acuerdo con KPMG. Esta prioridad confirma que el bienestar laboral se ha convertido en un eje central de los criterios ESG en las empresas, particularmente en el componente social.

Si el exceso de carga de trabajo hoy detona rotación, ya se le está pegando al componente social y hay que asumir que ese porcentaje baja la valuación de la empresa”, advierte Olivia Segura. La gestión del balance vida-trabajo, explica, es un indicador medible que impacta directamente en los estados financieros y en la percepción de valor de la organización.

Expertos coinciden en que cuidar este equilibrio genera beneficios tangibles: mayor productividad, reducción del ausentismo, mejora del clima laboral y fortalecimiento del compromiso del talento. Datos de la Fundación MásFamilia indican que las empresas que apuestan por la conciliación vida laboral–personal logran incrementos de productividad de entre 31% y 40%, además de reducir el ausentismo hasta en un 51%. Estos resultados refuerzan la idea de que el bienestar no es un costo, sino una inversión estratégica alineada con los criterios ESG en las empresas.

criterios ESG en las empresas

Reforma laboral de 40 horas: una oportunidad para reforzar el balance vida-trabajo

La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México reafirma la urgencia de replantear la gestión del tiempo de trabajo. El proyecto impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum propone una disminución gradual a partir de 2027, hasta alcanzar el nuevo límite en 2030, lo que obligará a las empresas a revisar procesos, cargas de trabajo y modelos de eficiencia.

Este contexto, dar prioridad al balance vida-trabajo será un elemento clave para una correcta implementación de la reforma. “No es una agenda exclusiva de Recursos Humanos, es una planeación en conjunto”, subraya Olivia Segura, quien enfatiza la necesidad de comprender las dinámicas operativas y eliminar actividades redundantes que hoy justifican jornadas extensas. Avanzar en esta dirección permitirá no solo cumplir con la normativa, sino fortalecer los criterios ESG en las empresas desde una cultura organizacional centrada en el talento.

criterios ESG en las empresas

Bienestar laboral como ventaja competitiva sostenible

La evidencia es clara: más horas laboradas no se traducen en mayor productividad ni en mejores resultados empresariales. Por el contrario, el desequilibrio entre trabajo y vida personal se ha consolidado como un riesgo social que impacta la salud de los colaboradores y la sostenibilidad de las organizaciones, convirtiéndose en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas.

En un entorno donde la agenda ESG gana peso en la toma de decisiones, apostar por jornadas laborales razonables y por el bienestar integral del talento no solo responde a una responsabilidad social, sino a una estrategia de negocio inteligente. Reducir las horas, mejorar la planeación y priorizar la salud laboral será clave para construir empresas más productivas, resilientes y alineadas con las expectativas del mercado y la sociedad.

¿Por qué los programas sociales fracasan?: 6 errores que siguen repitiéndose

Cada año, gobiernos, empresas y organizaciones civiles invierten millones de pesos en iniciativas sociales con la intención de reducir desigualdades, mejorar la calidad de vida y generar desarrollo sostenible. Sin embargo, una pregunta persiste entre especialistas y ciudadanos por igual: por qué los programas sociales fracasan aun cuando cuentan con presupuesto, aliados y buenas intenciones. La respuesta rara vez es simple y casi nunca se limita a la falta de recursos económicos.

Entender por qué los programas sociales fracasan exige mirar más allá de los indicadores de impacto y analizar los errores estructurales que se repiten una y otra vez. Esta nota busca ofrecer una mirada clara, crítica y accesible sobre esos fallos recurrentes, con el objetivo de aportar aprendizajes útiles y que permitan mejorar la planificación y ejecución de la acción social.

6 errores que siguen haciendo fracasar los programas sociales

1. Diseñarse desde el escritorio y no desde el territorio

Uno de los principales motivos por los que los programas sociales fracasan es que se conciben sin un diagnóstico profundo de las realidades locales. Muchas iniciativas parten de supuestos generales que no consideran contextos culturales, económicos o sociales específicos, lo que provoca que las soluciones no respondan a las necesidades reales de las comunidades.

Cuando el diseño no incorpora la voz de las personas beneficiarias, los programas tienden a ser poco utilizados o mal apropiados. En lugar de ello, es fundamental realizar diagnósticos participativos, trabajo de campo y procesos de escucha activa que permitan construir intervenciones pertinentes, contextualizadas y con mayor probabilidad de impacto sostenible.

por qué los programas sociales fracasan

2. Falta de objetivos claros y métricas de impacto

Otro error recurrente que explica por qué los programas sociales fracasan es la ausencia de objetivos bien definidos y de indicadores que permitan medir resultados. Sin metas claras, los programas se diluyen en buenas intenciones y no es posible evaluar si realmente están generando cambios positivos.

Lo que debería hacerse es establecer objetivos específicos, medibles y alineados con una teoría de cambio sólida. Contar con indicadores de impacto, y no solo de actividad, permite corregir el rumbo a tiempo, justificar la inversión realizada y demostrar de manera transparente si el programa cumple con su propósito social.

3. Pensar en el corto plazo y no en la sostenibilidad

Muchos programas sociales nacen con una lógica asistencialista y de corto plazo, lo que contribuye a que los programas sociales fracasan una vez que se agotan los recursos o termina el financiamiento inicial. Esta visión limita la posibilidad de generar cambios estructurales o duraderos.

En lugar de acciones aisladas, es necesario diseñar programas que fortalezcan capacidades locales, promuevan la autonomía y contemplen planes de salida responsables. La sostenibilidad financiera, operativa y social debe ser un eje central desde el inicio, no un elemento que se intente resolver al final.

por qué los programas sociales fracasan

4. Falta de coordinación entre actores clave

La fragmentación institucional es otro factor clave para entender por qué los programas sociales fracasan. Cuando gobiernos, empresas, organizaciones sociales y comunidades trabajan de manera aislada, se duplican esfuerzos, se desperdician recursos y se reduce el alcance del impacto social.

Una mejor alternativa es promover esquemas de colaboración multisectorial, donde cada actor aporte desde su experiencia y capacidades. La articulación permite escalar soluciones, compartir aprendizajes y construir respuestas más integrales a problemas sociales complejos que ningún actor puede resolver por sí solo.

5. Ignorar la evaluación y el aprendizaje continuo

Muchos programas no fracasan de inmediato, sino que se vuelven ineficientes porque no se evalúan de forma sistemática. La falta de evaluaciones periódicas impide identificar errores, ajustar estrategias y aprender de la experiencia, lo que refuerza la percepción de que los programas sociales fracasan sin explicación aparente.

La evaluación debe entenderse como una herramienta de mejora continua, no como un mecanismo punitivo. Incorporar procesos de monitoreo y evaluación desde el diseño permite tomar decisiones basadas en evidencia y aumentar la efectividad de las intervenciones sociales.

6. Priorizar la visibilidad sobre el impacto real

Finalmente, un error cada vez más común es diseñar programas sociales pensando más en la reputación que en el impacto. Cuando la lógica de comunicación y posicionamiento domina la estrategia, se corre el riesgo de implementar acciones superficiales que no transforman las condiciones de fondo, reforzando la idea de por qué los programas sociales fracasan.

Lo que se requiere es un cambio de enfoque: poner el impacto social al centro y utilizar la comunicación como una herramienta para rendir cuentas y compartir resultados reales. La credibilidad y la legitimidad de los programas dependen, en última instancia, de su capacidad para generar cambios tangibles en la vida de las personas.

por qué los programas sociales fracasan

Aprender para no repetir

Comprender por qué los programas sociales fracasan no es un ejercicio de crítica estéril, sino una oportunidad para mejorar la forma en que abordamos los desafíos sociales. Los errores aquí descritos no son inevitables, pero sí persistentes cuando no se cuestionan las inercias institucionales y los enfoques tradicionales.

Si queremos programas sociales que realmente transformen realidades, es necesario pasar de la buena intención a la buena ejecución. Diagnósticos sólidos, participación comunitaria, evaluación constante y visión de largo plazo no son opcionales: son la base para construir intervenciones sociales efectivas, legítimas y sostenibles en el tiempo.

La dieta recomendada por EE. UU. en 2026: un termómetro ESG

Por Edgar López

Arrancando 2026, una de las señales más relevantes —y menos comentadas— en la conversación ESG viene desde EE. UU. y es el Make America Healthy Again (#MAHA), liderado por el Secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., y la publicación de las nuevas Dietary Guidelines for Americans 2025–2030.

El mensaje es claro: priorizar “alimentos reales” —proteínas de calidad (incluida la carne roja), lácteos enteros, grasas naturales como mantequilla o sebo de res, frutas y vegetales— junto con una postura firme frente a alimentos ultraprocesados (#UPF), azúcares añadidos, edulcorantes artificiales y colorantes sintéticos.

Aunque no son obligatorias (se emiten cada cinco años por HHS y USDA), su influencia es concreta y probada. Orientan programas federales masivos —comidas escolares, fuerzas armadas, SNAP— que mueven miles de millones de dólares y millones de comidas diarias, y históricamente han anticipado cambios regulatorios y reformulaciones industriales.

El mercado financiero leyó la señal de inmediato. Empresas altamente expuestas a ultraprocesados como Mondelēz International, Kraft Heinz, General Mills y Conagra Brands registraron ajustes moderados post-anuncio, reflejando una lectura anticipada de riesgo regulatorio, reputacional y de costos de reformulación.

Más que prohibiciones inmediatas, se perfila el patrón conocido: una ola de reformulaciones “virtuosas” —etiquetas limpias, menos aditivos, mayor densidad nutricional— presentadas como decisiones responsables (propósito de marca), aunque claramente detonadas por esta señal de política pública.

Lo relevante aquí no es si veremos más cambios —eso es prácticamente un hecho—, sino qué tan estructurales serán. Si estos ajustes tocarán el modelo de negocio o si se quedarán en la narrativa, en la reformulación superficial y en la gestión reputacional de corto plazo.

Para quienes trabajamos en #ESG y comunicación corporativa, la señal es clara: el terreno se está moviendo. La conversación deja de girar en torno a cómo se cuenta el propósito y empieza a centrarse en quién está dispuesto a demostrarlo cuando política pública, consumo y mercados financieros comienzan a alinearse.

¡Provechito y feliz año!

👉 aquí la Guía: https://lnkd.in/eTrk7aZk

dieta recomendada por EE. UU.

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

¿A ellas no les suben el sueldo?: la realidad de las trabajadoras en México

Hablar de igualdad salarial en México implica reconocer que, para miles de mujeres, el aumento de sueldo sigue siendo una promesa lejana. Aunque las leyes establecen el principio de salario igual por trabajo igual, en la práctica las brechas de género continúan marcando la trayectoria laboral de las trabajadoras en México, especialmente cuando se trata de negociar incrementos salariales.

Este problema no se limita a una sola causa. Estereotipos de género, sesgos en la evaluación del desempeño y dinámicas organizacionales poco transparentes confluyen para generar un escenario donde ellas tienen menos probabilidades de pedir un aumento y, cuando lo hacen, menos posibilidades de conseguirlo. Esta realidad plantea un reto estructural y de equidad laboral.

Pedir un aumento: una barrera invisible para las trabajadoras en México

Solicitar un aumento salarial sigue siendo una conversación incómoda. El estudio Work in Progress de Buk revela que solo una de cada cuatro personas en Latinoamérica negoció su sueldo al recibir una oferta laboral; en México lo hizo poco más del 27%, de las cuales casi seis de cada diez tuvieron éxito.

Más allá del desconocimiento sobre cuándo o cómo pedir un incremento, los estereotipos juegan un papel determinante. De acuerdo con la Radiografía de las Mujeres en el Trabajo de Buk, ellas son menos propensas a solicitar un aumento, una diferencia que comienza a manifestarse desde edades tempranas y que se profundiza con el paso del tiempo.

“El estudio detalla que las diferencias en crianza y expectativas sociales influyen en la confianza al momento de negociar el salario”, señala el informe. Mientras el 35% de los hombres pide un aumento, solo el 33% de las mujeres lo hace, una brecha que se amplía entre la población más joven.

trabajadoras en México

La situación es aún más crítica cuando se considera la maternidad. Según Buk, las mujeres con hijos son el grupo con menor probabilidad de obtener un aumento una vez solicitado, debido a sesgos que asocian la maternidad con menor disponibilidad o compromiso laboral, afectando directamente a las trabajadoras en México.

Brecha salarial: el problema estructural detrás de los aumentos

Las dificultades para acceder a incrementos salariales no pueden analizarse sin considerar la brecha de género. Datos de la Total Remuneration Survey de Mercer muestran que la diferencia salarial entre hombres y mujeres en puestos directivos alcanza el 20%, mientras que en niveles profesionales y operativos llega hasta el 22%.

Aunque la Ley Federal del Trabajo establece la obligación de garantizar un salario igualitario, la realidad dista de lo que marca la normativa.

No importa lo que diga la ley, la realidad económica es otra”, afirma Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, al referirse a las disparidades persistentes en el mercado laboral.

trabajadoras en México

Desde una perspectiva académica, Gina Aran, experta en economía y empresas de la Universidad Abierta de Cataluña, señala que muchas mujeres no negocian aumentos porque consideran que aún no “merecen” más, temen al rechazo o a ser percibidas como “ingratas”. Esta percepción está profundamente arraigada en las normas sociales.

El resultado es un círculo vicioso: las mujeres suelen ingresar al mercado laboral con salarios más bajos, solicitan menos aumentos y, cuando lo hacen, tienen menores tasas de éxito. Así, su trayectoria salarial se distancia progresivamente de la de los hombres, reproduciendo la desigualdad que enfrentan las trabajadoras en México.

El papel de las empresas en la desigualdad salarial

La experta también ejemplifica cómo, desde el reclutamiento, se reproducen desigualdades: ofrecer salarios más bajos a mujeres basándose en su ingreso previo refuerza una desventaja que se arrastra a lo largo de toda la carrera profesional. Estas prácticas afectan directamente las posibilidades de aumento para las trabajadoras en México.

Si bien la confianza y el llamado síndrome del impostor influyen, el problema no recae únicamente en las mujeres, pues, como Masse advierte, las decisiones empresariales también perpetúan las brechas:

“El reto es más profundo, tiene que ver con el ecosistema, la estructura y el ambiente laboral”.

trabajadoras en México

Ante este panorama, especialistas recomiendan implementar tabuladores salariales claros y rangos definidos por puesto. La transparencia en las estructuras de compensación no solo reduce la discrecionalidad, sino que brinda a las personas trabajadoras mejores herramientas para negociar.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) también subraya la importancia de medir y estandarizar la brecha salarial dentro de las organizaciones. Con datos claros, las empresas pueden identificar sus áreas de riesgo y diseñar estrategias efectivas para avanzar hacia una mayor equidad.

Cerrar la brecha también es responsabilidad social

La dificultad de las mujeres para acceder a aumentos salariales no es un problema individual, sino un reflejo de desigualdades estructurales profundamente arraigadas. Los datos muestran que las trabajadoras en México enfrentan barreras sistemáticas que limitan su crecimiento económico y profesional, a pesar de contar con las capacidades y el desempeño necesarios.

Cerrar esta brecha exige un compromiso real por parte de las empresas, más allá del cumplimiento legal. Diseñar políticas salariales transparentes, eliminar sesgos en la evaluación del desempeño y promover una cultura de equidad no solo es una cuestión de justicia social, sino un pilar fundamental de la responsabilidad social empresarial y del desarrollo económico sostenible del país.

La huella invisible del alimento para perros: ¿más alta que la humana?

Cuando se habla de cambio climático, la conversación suele centrarse en lo que comemos las personas: carne, lácteos o alimentos ultraprocesados. Sin embargo, hay un factor que rara vez se menciona y que está presente en millones de hogares: la alimentación de las mascotas. En particular, la comida para perros comienza a mostrar un impacto ambiental mucho mayor del que imaginamos.

En un contexto donde cada vez más familias conviven con uno o más perros, entender el impacto climático de la comida de perros se vuelve clave. Las decisiones que tomamos al llenar el plato de nuestras mascotas también influyen en la huella ambiental, incluso en niveles comparables —y en algunos casos superiores— a la alimentación humana.

Cuando el impacto climático de la comida de perros pasa desapercibido

Un estudio reciente publicado en Journal of Cleaner Production analizó casi mil alimentos comerciales para perros disponibles en el Reino Unido. Se trata de la investigación más amplia realizada hasta ahora sobre este tema y pone sobre la mesa una realidad poco conocida: algunas dietas caninas generan más emisiones de gases de efecto invernadero que la alimentación de sus propios dueños.

Los científicos, de las universidades de Edimburgo y Exeter, evaluaron la huella de carbono asociada a los ingredientes utilizados en la comida para perros. Es decir, midieron las emisiones generadas para producir carne, cereales y vegetales, antes de que el alimento llegue a las fábricas.

El análisis comparó distintos tipos de productos: comida seca, húmeda, cruda, opciones “premium”, dietas sin cereales y alternativas de origen vegetal. Esto permitió observar grandes diferencias en el impacto climático de la comida de perros, dependiendo de su composición.

Uno de los hallazgos más llamativos es que, entre los productos con mayor y menor huella ambiental, puede existir una diferencia de hasta 65 veces más emisiones. En otras palabras, no todas las croquetas o alimentos húmedos afectan al planeta de la misma forma.

impacto climático de la comida de perros

El papel de la carne y las dietas “premium”

El estudio identificó que los alimentos ricos en carne, especialmente los húmedos y crudos de gama alta, son los que presentan mayor impacto ambiental. Esto se debe a que muchos utilizan cortes de carne “aptos para humanos”, cuya producción genera altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el contrario, los productos que emplean partes del animal con menor demanda humana, pero igualmente nutritivas para los perros, tienden a tener una huella climática menor. Esto demuestra que no se trata solo de cuánta carne contiene un alimento, sino de qué tipo de carne se utiliza.

Según los investigadores, este fenómeno explica por qué algunos perros alimentados con dietas de alta gama pueden tener una “huella de carbono dietaria” mayor que la de sus propios dueños, sobre todo si estos siguen una alimentación moderada en carne.

A nivel nacional, la producción de ingredientes para comida de perros representa alrededor del 1% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del Reino Unido. Puede parecer poco, pero el dato cobra otra dimensión cuando se observa el crecimiento global de la población de mascotas.

¿Por qué la comida para perros también importa en la crisis climática?

Los científicos estiman que producir comida del tipo que consumen los perros en el Reino Unido para alimentar a todos los perros del mundo generaría emisiones equivalentes a más de la mitad de las producidas anualmente por el combustible de la aviación comercial. Este cálculo ayuda a dimensionar el verdadero impacto climático de la comida de perros.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron la información que aparece en las etiquetas de los productos y la cruzaron con bases de datos de emisiones asociadas a cada ingrediente. El estudio también encontró que productos etiquetados como “naturales” o “premium” pueden tener impactos ambientales muy distintos entre sí.

impacto climático de la comida de perros

Esto plantea un reto importante para los consumidores, ya que hoy no resulta sencillo identificar qué alimentos para mascotas son más sostenibles. La falta de información clara sobre el origen y tipo de carne utilizada dificulta tomar decisiones más responsables.

Además, aunque existen alternativas de origen vegetal con menor impacto ambiental, los expertos advierten que todavía son pocas y no permiten sacar conclusiones definitivas sobre su viabilidad a gran escala.Alimentar con conciencia también es cuidar el planeta

El mensaje central del estudio es claro: alimentar a nuestros perros no es un acto neutral para el medio ambiente. El impacto climático de la comida de perros es real y puede ser considerable, especialmente cuando se opta por dietas altas en carne de alta calidad sin conocer su huella ambiental.

Concientizar sobre este tema no implica dejar de cuidar la salud de las mascotas, sino entender que existen formas de hacerlo con menor impacto ambiental. Informarse, leer etiquetas y cuestionar ciertas tendencias de consumo es un primer paso para que la relación con nuestras mascotas también sea más responsable con el planeta.

¿Qué significa realmente “poner a las personas al centro”?

0

En los últimos años, poner a las personas al centro se ha convertido en una de las frases más repetidas en discursos empresariales, informes de sostenibilidad y estrategias ESG. Se menciona en planes de cultura organizacional, campañas de marca empleadora y narrativas de propósito corporativo. Sin embargo, su uso constante también ha diluido su significado, convirtiéndola en un concepto atractivo, pero muchas veces vacío.

Entender qué implica realmente poner a las personas al centro es clave para diferenciar entre una declaración aspiracional y una transformación genuina. No se trata de beneficios aislados ni de iniciativas cosméticas, sino de un cambio profundo en la forma en que las organizaciones toman decisiones, gestionan riesgos y miden el éxito. Para empresas y organizaciones sociales, este enfoque ya no es opcional: es un factor crítico de sostenibilidad y legitimidad.

¿Qué implica en la práctica poner a las personas al centro?

Diseñar decisiones desde el impacto humano, no solo desde la eficiencia

Poner a las personas al centro significa evaluar cada decisión estratégica considerando cómo afecta la vida, la salud y la dignidad de quienes forman parte de la organización. Esto incluye a colaboradores, proveedores, comunidades y clientes, no únicamente a los accionistas. La eficiencia operativa deja de ser el único criterio de éxito.

En la práctica, este enfoque obliga a anticipar riesgos sociales: sobrecargas de trabajo, estrés crónico, rotación no deseada o impactos negativos en comunidades locales. Las empresas que adoptan esta visión entienden que los costos humanos ignorados tarde o temprano se traducen en costos financieros, reputacionales y legales.

poner a las personas al centro

Reconocer a las personas como titulares de derechos, no como recursos

Uno de los cambios más profundos es dejar atrás la lógica de “capital humano” entendido solo como un insumo productivo. Poner a las personas al centro implica reconocerlas como sujetos de derechos, con expectativas legítimas de condiciones laborales dignas, equidad, seguridad y bienestar.

Este enfoque está alineado con los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos. No se trata de filantropía, sino de responsabilidad. Las organizaciones que lo comprenden integran el respeto a los derechos humanos en sus políticas internas, procesos de debida diligencia y cadenas de suministro.

Escuchar activamente y tomar decisiones informadas por la experiencia real

Escuchar no es aplicar encuestas anuales que terminan archivadas. Poner a las personas al centro requiere crear canales reales de diálogo, donde las voces internas y externas influyan en la toma de decisiones. Esto implica aceptar retroalimentación incómoda y actuar en consecuencia.

Las empresas más avanzadas incorporan mecanismos de consulta continua, análisis cualitativos y espacios seguros para expresar preocupaciones. La experiencia cotidiana de las personas se convierte en una fuente estratégica de información, no en un dato secundario.

Medir el éxito más allá de los indicadores financieros

Cuando las personas están al centro, el desempeño no se mide únicamente en utilidades, crecimiento o productividad. Se incorporan indicadores de bienestar, seguridad, desarrollo profesional, equidad salarial y clima organizacional. Lo que no se mide, no se gestiona.

Este cambio es clave para la agenda ESG. Las organizaciones que avanzan en este camino vinculan métricas sociales con resultados de negocio, demostrando que el bienestar y la rentabilidad no son objetivos opuestos, sino interdependientes.

Asumir que el liderazgo también es corresponsable del bienestar

Poner a las personas al centro redefine el rol del liderazgo. Ya no basta con dirigir resultados; se espera que quienes toman decisiones comprendan su impacto humano y asuman responsabilidad sobre él. La cultura organizacional deja de ser un discurso y se refleja en comportamientos concretos.

Esto implica formar líderes con capacidades de empatía, gestión ética y toma de decisiones conscientes. Las organizaciones que ignoran este punto suelen enfrentar crisis internas que erosionan la confianza y el compromiso de sus equipos.

poner a las personas al centro

Integrar el bienestar como parte del modelo de negocio, no como un beneficio extra

Finalmente, poner a las personas al centro significa que el bienestar no es un “plus” ni una iniciativa aislada de recursos humanos. Forma parte del modelo de negocio, de la planeación estratégica y de la gestión de riesgos.

Las empresas que lo entienden diseñan procesos más sostenibles, reducen la rotación, fortalecen su reputación y mejoran su capacidad de adaptación en contextos de crisis. No es una concesión: es una ventaja competitiva de largo plazo.

¿Por qué este enfoque es cada vez más relevante?

Personas, riesgos y sostenibilidad

El creciente foco en factores sociales responde a una realidad clara: los riesgos más costosos para las organizaciones ya no son solo financieros o ambientales. El desgaste del talento, los conflictos laborales y la pérdida de confianza social tienen impactos directos en la continuidad del negocio.

De la narrativa al escrutinio público

Hoy, clientes, inversionistas y reguladores observan con mayor atención si las empresas hacen lo que dicen. La coherencia entre discurso y práctica se ha vuelto un factor crítico de reputación. Poner a las personas al centro sin evidencia concreta puede convertirse rápidamente en un riesgo reputacional.

Un puente entre ESG y cultura organizacional

Este enfoque funciona como un punto de conexión entre las estrategias ESG y la vida cotidiana dentro de las organizaciones. Permite que conceptos abstractos como sostenibilidad, propósito o impacto social se traduzcan en acciones tangibles y medibles.

poner a las personas al centro

Poner a las personas al centro no es una moda

Poner a las personas al centro no es una tendencia pasajera ni una consigna de comunicación. Es una redefinición profunda de cómo se entiende el éxito organizacional en un contexto de crisis sociales, económicas y ambientales cada vez más complejas. Las empresas que lo asumen con seriedad están mejor preparadas para enfrentar la incertidumbre.

Más que una promesa, este enfoque exige coherencia, medición y voluntad de cambio. Cuando se implementa de forma auténtica, poner a las personas al centro deja de ser una frase atractiva y se convierte en una estrategia sólida para construir organizaciones más justas, resilientes y sostenibles en el tiempo.

Este país podría quedar inhabitable por sequía extrema: millones de personas en riesgo

Irán se aproxima peligrosamente a un escenario que hasta hace poco parecía impensable: convertirse en un país incapaz de sostener a su propia población debido a la falta de agua. La combinación de años de precipitaciones por debajo de la media, embalses al límite y una gestión ambiental negligente ha colocado al país al borde del llamado Día Cero, el momento en que el agua deja de salir del grifo. Hoy, esta amenaza ya no es una advertencia de científicos, sino una posibilidad reconocida públicamente por el propio gobierno.

El presidente Masoud Pezeshkian lo dijo sin rodeos: si no llueve, Teherán —una megalópolis de más de 10 millones de habitantes— podría tener que ser evacuada. Las presas que abastecen a la capital están en mínimos históricos, una de ellas completamente seca y otra por debajo del 8 % de su capacidad. Los recortes de presión nocturnos ya no bastan y, para millones de personas, el acceso al agua potable se ha vuelto intermitente, desigual y profundamente injusto.

Este país en sequía extrema enfrenta una tormenta perfecta en la que la crisis hídrica se entrelaza con el colapso económico, la inflación descontrolada, la escasez energética y una creciente ira social. Más allá de las amenazas externas, las sanciones o la presión militar de Estados Unidos e Israel, el golpe más severo para el régimen puede venir de algo mucho más básico: la imposibilidad de sostener la vida cotidiana sin agua.

Irán, un país en sequía extrema y al borde del Día Cero

A finales de 2025 y comienzos de 2026, las protestas que estallaron en el Gran Bazar de Teherán por la caída de la moneda y el aumento de los precios se extendieron rápidamente a más de veinte provincias. El rial iraní perdió cerca del 60 % de su valor desde mediados de 2025, mientras que la inflación alimentaria ronda el 64 %, empujando a millones de hogares a la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria.

A este deterioro se suma una crisis energética crónica. A pesar de sus vastas reservas de petróleo y gas, Irán sufre apagones en verano y escasez de gas en invierno debido a décadas de subinversión, subsidios mal diseñados, corrupción y sanciones. Esta fragilidad energética afecta directamente al suministro de agua: sin electricidad estable, los sistemas de bombeo fallan y las ciudades quedan aún más expuestas.

En este contexto, Teherán se ha convertido en el símbolo más inquietante del colapso ambiental. Que un gobierno admita la posibilidad de evacuar su capital revela hasta qué punto el país en sequía extrema ha agotado sus márgenes de maniobra. 

Negligencia climática: cómo Irán agotó su propia agua

Aunque el cambio climático ha intensificado las sequías, la crisis hídrica iraní es, ante todo, una crisis política. Durante décadas, el Estado trató el agua como un recurso ilimitado y el cuidado ambiental como una variable negociable. La escasez actual es el resultado previsible de esa visión.

Entre los principales errores de la administración iraní destacan:

  • Promover agricultura intensiva en zonas áridas, en nombre de la autosuficiencia alimentaria, con cultivos altamente demandantes de agua.
  • Apoyar industrias con enorme huella hídrica, sin evaluar su viabilidad ecológica a largo plazo.
  • Construcción masiva de presas y trasvases, que secaron ríos, lagos y humedales en lugar de restaurarlos.
  • Sobreexplotación de acuíferos, mediante perforación legal e ilegal de pozos, agotando reservas estratégicas.
  • Subsidios al agua y la energía, que incentivaron el despilfarro y desincentivaron la eficiencia.
  • Infraestructura obsoleta, con redes de distribución plagadas de fugas.
  • Desprotección de los ecosistemas, considerados un lujo prescindible frente a la “economía de resistencia”.

Las sanciones internacionales y la presión externa reforzaron esta lógica. Bajo el asedio económico, el régimen justificó la extracción insostenible como un acto patriótico. Así, el sacrificio de los recursos naturales se convirtió en parte del proyecto político. El resultado es un país en sequía extrema que ha entrado en bancarrota hídrica.

país en sequía extrema

El costo social de quedarse sin agua

La escasez de agua no hace más que profundizar la crisis económica. La agricultura —fuente de ingresos para millones— se vuelve inviable; la industria reduce su actividad; los precios de los alimentos suben aún más. En provincias como Juzestán, Chaharmahal y Bakhtiari, agricultores y comunidades enteras han salido a las calles para protestar por el desvío del agua hacia megaproyectos asociados a intereses políticos y militares.

El agua actúa como un “multiplicador de riesgos”: convierte el malestar económico en indignación social y la frustración en movilización política. Las protestas recientes han unido a campesinos, trabajadores, estudiantes y familias empobrecidas bajo consignas que exigen servicios básicos y denuncian la incompetencia gubernamental. El costo humano de la negligencia climática se mide en migraciones forzadas, pobreza, enfermedades y una creciente sensación de abandono estatal.

Paradójicamente, mientras Washington reactiva su doctrina de “máxima presión” y el Consejo de Seguridad endurece sanciones, el golpe más devastador no proviene del exterior. Proviene de los ríos y acuíferos agotados. La sequía amenaza con hacer lo que ni las sanciones ni las bombas lograron: poner en jaque la continuidad del régimen.

https://twitter.com/Javanmardi75/status/2009001685746860341?s=20

De la economía de resistencia a la sostenibilidad

Si Irán quiere evitar el colapso, debe cambiar de rumbo de manera radical. Enfrentar esta crisis exige abandonar la lógica de la resistencia a cualquier precio y transitar hacia una estrategia de sostenibilidad y resiliencia.

Entre las medidas que este país debería impulsar con urgencia destacan:

  • Eliminar gradualmente cultivos altamente demandantes de agua en regiones áridas.
  • Reducir la dependencia de industrias intensivas en consumo hídrico, reorientando la economía.
  • Reformar los subsidios al agua y la energía, protegiendo a los más pobres pero incentivando la eficiencia.
  • Invertir en infraestructura, para reducir fugas y modernizar la distribución.
  • Restaurar ecosistemas como ríos, lagos y humedales, en lugar de seguir expandiendo presas.
  • Gestionar el agua como un recurso estratégico y finito, no como un botín político.

La experiencia iraní es una advertencia para el mundo. Lo que hoy vive este país en sequía extrema anticipa el futuro de otros Estados que siguen posponiendo la inversión ambiental y la transición hacia modelos sostenibles. Cuidar el medioambiente y los recursos naturales no es una opción ideológica ni un lujo para tiempos de bonanza: es una condición básica de estabilidad social, económica y política. Ignorarla puede terminar poniendo en jaque no solo a un régimen, sino a toda una nación.

Beisbol para ciegos, una realidad en México 

La National Beep Baseball Association (NBBA) otorgó la autorización oficial a BBAT México, para fungir como promotor y organizador nacional del beep baseball en nuestro país, marcando un paso histórico para el desarrollo del deporte adaptado en tierras aztecas.

Con esta autorización, se podrá organizar, desarrollar y promover el beep baseball a nivel nacional, en apego a los valores de inclusión, accesibilidad, seguridad y respeto que rigen a la NBBA, con el objetivo de generar oportunidades deportivas reales para personas con ciegas y con discapacidad visual.

¿Qué es el beep baseball?

El beep baseball es una modalidad adaptada del béisbol diseñada específicamente para personas ciegas. En este deporte, la pelota emite un sonido (beep) que permite a los jugadores localizarla al momento del bateo, mientras que las bases también cuentan con señales auditivas. Los equipos están conformados por jugadores con ciegos o con discapacidad visual y guías videntes, lo que convierte al beep baseball en una disciplina altamente competitiva, estratégica e inclusiva.

Se juega con una pelota especial que emite sonido. Dos equipos de 6 jugadores cada uno deben estar con los ojos vendados en todo momento sin importar la discapacidad que tengan para estar en igualdad de situaciones. Se lanza la pelota y se sigue el sonido distintivo de la base para anotar antes que la defensa atrape la bola que tiene su sonido distinto. Existen solo dos bases: una en la línea de primera base y otra en la de tercera, cada una a 30 metros del home. Un operador de base activa una base aleatoriamente cuando se batea la pelota. El objetivo es anotar la mayor cantidad de carreras.

El bateador anota un punto si llega a la base activada antes de que el fildeador atrape la pelota. Si el fildeador atrapa la pelota primero, el bateador queda out y no se anota ningún punto. Esto crea una competencia acelerada entre el bateador y la defensa.

La iniciativa contempla la creación de programas de entrenamiento, el desarrollo de ligas locales, la realización de campañas de concientización y el impulso de un esquema de crecimiento a largo plazo que permita consolidar esta modalidad de beisbol en el país y proyectarlo hacia competencias internacionales.

Beisbol para ciegos

Esta autorización representa un antes y un después para el deporte adaptado en México. El beep baseball no solo es competencia y alto rendimiento, es una herramienta de inclusión, autonomía y trabajo en equipo. Nuestro objetivo es llevar este deporte a diferentes estados del país, formar jugadores y sentar las bases para que México tenga, en el futuro, sus propios equipos nacionales compitiendo a nivel internacional”, afirmó Aleksei Báez Cestelos, director general de BBAT México.

Esta autorización abre caminos para impulsar la difusión y el crecimiento de este deporte en México, con miras a que el país se integre al circuito competitivo internacional bajo los lineamientos de la NBBA.

Con este paso, México se suma a una disciplina que combina pasión deportiva, innovación y compromiso social, abriendo nuevas oportunidades para atletas con discapacidad visual y fortaleciendo el panorama del deporte inclusivo en el país.

Actualmente el beisbol parra ciegos tiene presencia en países como Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Japón y ahora en México.