Nestlé identificó el riesgo. Pero ¿de quién es realmente la responsabilidad?

Por Edgar López

En enero de 2026, Nestlé retiró del mercado, en más de 60 países, varios lotes de fórmulas infantiles (marcas SMA, BEBA, NAN y otras) por posible contaminación con cereulide, una toxina producida por la bacteria Bacillus cereus. El origen se ubicó en un ingrediente suministrado por un proveedor tercero. Miles de familias ya habían comprado y estaban usando los productos cuando se activó la alerta.

El episodio no fue del todo imprevisto. En su Non-Financial Statement 2025, la compañía reconoce de forma explícita el riesgo general de que productos inseguros lleguen al consumidor final.

En la matriz de materialidad (páginas 18 y 25), Nestlé catalogó el impacto “Consumption of unsafe products” como uno de sus 39 impactos negativos materiales, ubicándolo en la fase downstream (consumo final). El texto del documento es claro:

“This negative impact in our downstream value chain relates to how compromised product safety or inaccurate allergen labeling can pose health risks to consumers.”

Nestlé
Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

Nestlé divide su cadena de valor en tres niveles nítidos: upstream (proveedores), own operations (operaciones propias) y downstream (consumo final). Aunque el origen técnico del problema estuvo upstream, la capacidad de control y decisión —y, por tanto, la responsabilidad operativa— se ubica en las own operations de la compañía: aprobación de proveedores, controles de calidad finales y decisión de lanzar el producto bajo su marca. Es ahí donde el riesgo pudo haberse contenido antes de llegar al consumidor.

El informe aplica a todos sus impactos el mismo marco: identificar, prevenir, monitorear y remediar. Ese es, en esencia, su modelo de debida diligencia. Nestlé afirma seguir las directrices de la OCDE y cuenta con procesos específicos de Human Rights and Environmental Due Diligence (HREDD). No promete eliminar todos los riesgos en su origen, sino gestionarlos a lo largo de la cadena.

Nestlé
Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

El retiro de las fórmulas infantiles ilustra con precisión cómo funciona ese modelo en la práctica. El riesgo downstream ya estaba documentado, pero se materializó de todos modos. Con este caso es razonable suponer que el resto de los impactos negativos que Nestlé reconoce —deforestación, contaminación de agua, pérdida de biodiversidad, riesgos de trabajo infantil o salarios insuficientes— se manejan bajo la misma lógica: se identifican, se mapean, se publican y se gestionan, pero no siempre se previenen por completo.

Nestlé
Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

La compañía también reportó avances medibles en 2025: reducción neta del 24,52 % en emisiones de gases de efecto invernadero desde 2018, 28 % menos uso de plástico virgen, 87,5 % de empaques diseñados para reciclarse y 27,6 % de ingredientes clave bajo prácticas de agricultura regenerativa.

El valor del Non-Financial Statement 2025 no está solo en lo que promete. Está en lo que permite entender. Nestlé había identificado el riesgo general. Su sistema funcionó para detectarlo y retirar el producto. Pero el caso deja abierta una pregunta más relevante: ¿hasta qué punto gestionar los riesgos es suficiente cuando se trata de productos que ya están en manos del consumidor?

Más aún, este tipo de episodios obliga a ir un paso más allá en la lectura del propio modelo: ¿deberían algunas de estas categorías de impacto —aunque se materialicen downstream— reconsiderarse como responsabilidad de own operations, dado el nivel de control que la empresa ejerce sobre el producto final?

Este caso no lo uso para sensacionalizar, sino para comprender mejor el modelo de responsabilidad de una empresa de esta escala. Revela lo complejo que resulta sostener promesas sobre seguridad, responsabilidad y bienestar cuando los productos ya están en manos del consumidor.

Los informes de sostenibilidad como este son valiosos precisamente porque muestran —con mayor nivel de detalle— cómo las grandes compañías identifican, categorizan y atienden sus asuntos materiales. No ocultan los riesgos; los publican.

La verdadera prueba está en cómo esa transparencia se traduce en resultados concretos. Y en si las empresas están dispuestas no solo a gestionar los impactos que identifican, sino a asumir —y, en su caso, redefinir— aquellos que dependen directamente de sus propias decisiones.


Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Nestlé identified the risk. But who is really responsible?

By Edgar López

In January 2026, Nestlé recalled several batches of infant formula (brands SMA, BEBA, NAN, and others) in more than 60 countries due to possible contamination with cereulide, a toxin produced by the bacterium Bacillus cereus. The source was traced to an ingredient supplied by a third-party provider. Thousands of families had already purchased and were using the products when the alert was issued.

The episode was not entirely unforeseen. In its 2025 Non-Financial Statement, the company explicitly acknowledges the general risk that unsafe products may reach the end consumer.

In its materiality matrix (pages 18 and 25), Nestlé categorized the impact “Consumption of unsafe products” as one of its 39 material negative impacts, placing it in the downstream phase (final consumption). The document states clearly:

“This negative impact in our downstream value chain relates to how compromised product safety or inaccurate allergen labeling can pose health risks to consumers.”

Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

Nestlé divides its value chain into three distinct levels: upstream (suppliers), own operations, and downstream (final consumption). Although the technical origin of the issue was upstream, the capacity for control and decision-making—and therefore operational responsibility—lies within the company’s own operations: supplier approval, final quality controls, and the decision to launch the product under its brand. This is where the risk could have been contained before reaching the consumer.

The report applies the same framework to all its impacts: identify, prevent, monitor, and remediate. This is, essentially, its due diligence model. Nestlé states that it follows OECD guidelines and has specific Human Rights and Environmental Due Diligence (HREDD) processes in place. It does not promise to eliminate all risks at their source, but rather to manage them throughout the value chain.

Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

The recall of infant formula illustrates precisely how this model works in practice. The downstream risk had already been documented, yet it still materialized. Based on this case, it is reasonable to assume that the other negative impacts Nestlé acknowledges—deforestation, water pollution, biodiversity loss, risks of child labor, or insufficient wages—are managed under the same logic: they are identified, mapped, disclosed, and managed, but not always fully prevented.

Non-Financial Statement 2025 – Nestlé

The company also reported measurable progress in 2025: a net 24.52% reduction in greenhouse gas emissions since 2018, 28% less use of virgin plastic, 87.5% of packaging designed for recycling, and 27.6% of key ingredients sourced under regenerative agriculture practices.

The value of the 2025 Non-Financial Statement lies not only in what it promises, but in what it helps us understand. Nestlé had identified the general risk. Its system worked to detect it and withdraw the product. But the case raises a more important question: to what extent is managing risks sufficient when it comes to products already in consumers’ hands?

Moreover, this type of episode pushes us to go a step further in interpreting the model itself: should some of these impact categories—even if they materialize downstream—be reconsidered as part of own operations responsibility, given the level of control the company exerts over the final product?

This case is not used to sensationalize, but to better understand the responsibility model of a company of this scale. It reveals how complex it is to uphold promises of safety, responsibility, and well-being when products are already in consumers’ hands.

Sustainability reports like this are valuable precisely because they show—in greater detail—how large companies identify, categorize, and address their material issues. They do not hide risks; they publish them.

The real test lies in how that transparency translates into concrete results—and whether companies are willing not only to manage the impacts they identify, but also to assume—and, if necessary, redefine—those that depend directly on their own decisions.


Edgar López Pimentel is currently a Director at Expok, where he exercises his leadership every day with a strong passion for social responsibility and sustainable development. His work has significantly contributed to positioning leading companies in the field of corporate social responsibility.

His academic background, enriched by executive education programs in Senior Management at IPADE Business School and IE Business School, as well as a master’s degree in Corporate Social Responsibility from Universidad Anáhuac México Norte, supports his leadership.

Mars beneficiará a 48,400 animales con la creación del Fondo de Impacto Mars

Mars Incorporated, líder global en snacking, alimentos, nutrición y cuidado de las mascotas, anunció el lanzamiento del Fondo de Impacto Mars (Mars Impact Fund), un nuevo vehículo filantrópico de nivel empresarial diseñado para acelerar un cambio significativo y duradero en las comunidades donde opera la compañía.

El Fondo ha seleccionado a Humane World for Animals como uno de sus beneficiarios iniciales y aprobó una subvención de $726,000 dólares para ser distribuidos en sus proyectos de India y México que expanden el acceso equitativo a servicios veterinarios de alta calidad, incluyendo servicios preventivos, vacunación y esterilización, así como fortalecer la capacitación profesional en comunidades específicas.

“La generación de impacto comienza por escuchar a las comunidades y colaborar con organizaciones que comprenden las necesidades locales”, señaló Michelle Grogg, Directora Ejecutiva del Fondo de Impacto Mars. Nuestra alianza con Humane World for Animals refleja este enfoque al contribuir a la expansión del acceso al cuidado veterinario y a la capacitación en las comunidades donde más se necesita”. 

Se prevé que esta subvención constituya la fase inicial de una colaboración plurianual, estableciendo las bases para una mayor escala en el futuro.

“En Mars Pet Nutrition México, nos llena de orgullo contribuir de manera significativa al bienestar de los animales de compañía y a promover un acceso equitativo a servicios veterinarios de calidad. Nuestro más reciente Índice de las Mascotas sin Hogar revela que México es uno de los siete mercados que concentran el 92% de las mascotas en situación de calle a nivel global, lo que subraya la importancia y urgencia de este tema tanto para nosotros como para la sociedad en general. Por ello, nos complace profundamente que nuestro país haya sido seleccionado para recibir una de las primeras subvenciones del Fondo de Impacto Mars, a través de Humane World for Animals. Esta oportunidad nos permitirá contribuir, de manera aún más relevante, a mejorar la vida de las familias y sus animales de compañía en nuestras comunidades. Sin duda, esta iniciativa está plenamente alineada con nuestro Propósito de hacer Un Mundo Mejor para las Mascotas”, afirmó Miguel Fuertes, Director General de Mars Pet Nutrition México. 

Mars ha trabajado con Humane World for Animals durante varios años. Han sido aliados estratégicos para la división de Mars Petcare, a través de iniciativas como el Índice de las Mascotas Sin Hogar, entre otros proyectos locales. Asimismo, han colaborado en esfuerzos de asistencia durante la pandemia y en otros desastres o crisis en distintas regiones del mundo, con el objetivo de asegurar el cuidado y el rescate de las mascotas. 

Fondo de Impacto Mars

Se estima que los programas en India y México mejoren directamente la vida de 48,400 animales e indirectamente la de 400,000 adicionales. Es igual de importante anticipar la obtención de aprendizajes relevantes que contribuyan a informar y fortalecer una alianza estratégica de largo plazo en estos países y en otras geografías con poblaciones vulnerables de animales de compañía.

En México, Humane World for Animals ampliará su trabajo actual en Aguascalientes mediante clínicas móviles de acceso a cuidados veterinarios, alianzas para la capacitación de veterinarios y un mayor involucramiento comunitario. Adicionalmente, la organización evaluará oportunidades en la Ciudad de México, una de las zonas urbanas más grandes del mundo, para la expansión de la atención veterinaria y capacitación.

“Junto con Mars, estamos eliminando una de las mayores barreras para lograr mejores resultados en la salud y el bienestar de los animales de compañía: el acceso a una atención veterinaria de calidad. Nuestro programa en Aguascalientes está llegando a perros y gatos en comunidades desatendidas, fortaleciendo las capacidades veterinarias y fomentando la educación humanitaria”, dijo Anton Aguilar, Director Ejecutivo de Humane World for Animals México. “Está haciendo más que solo mejorar la vida de los animales: está creando soluciones duraderas para comunidades más saludables, felices y seguras aquí en nuestro país”. 

Estas primeras subvenciones reflejan el compromiso del Fondo de colaborar con aliados estratégicos para beneficiar de forma tangible a comunidades alrededor del mundo. De manera integral, el Fondo de Impacto Mars se enfocará en tres prioridades alineadas con el negocio y los valores de la compañía:

1. Fortalecer la resiliencia de la comunidad de proveedores para mejorar la calidad de vida, el bienestar y la resiliencia de las familias y comunidades del sector agrícola.

2. Ampliar y diversificar la banca de científicos, expandiendo las oportunidades para los científicos, especialmente en los campos de alimentos, agricultura y cuidado de las mascotas.

3. Mejorar el bienestar de los animales de compañía al incrementar el acceso a la atención veterinaria y el apoyo para mascotas en hogares y comunidades desfavorecidas.

Como empresa familiar guiada por principios, Mars ha mantenido, a lo largo del tiempo, la convicción de que los negocios deben ser una fuerza para el bien. Con base en este legado, el Fondo de Impacto Mars está diseñado para complementar los esfuerzos existentes en materia de sustentabilidad y las actividades de sus fundaciones mediante inversiones estratégicas de largo plazo. Entre 2025 y 2027, el Fondo de Impacto Mars habrá contribuido con $85 millones de dólares y se prevé que, a partir de 2028, se distribuyan $50 millones de dólares anuales en capital filantrópico.

Para más información sobre el Fondo de Impacto Mars, puede visitar el siguiente enlace.

Arquitectura con segunda vida: ¿cómo diseñar edificios desde la economía circular?

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Durante décadas, las ciudades se han transformado bajo una lógica silenciosa: construir rápido, usar durante un tiempo limitado y, cuando cambian las necesidades, demoler para empezar de nuevo. En Europa y el Reino Unido, esta dinámica se ha vuelto especialmente visible. Cada año se derriban decenas de miles de edificios, incluso cuando muchos de sus materiales y estructuras aún podrían seguir funcionando durante décadas. En ese contexto surge una pregunta cada vez más urgente: ¿cómo pasar de un modelo lineal a uno más responsable con los recursos y con el planeta?

Hoy, la conversación sobre sostenibilidad en arquitectura ya no se limita a la eficiencia energética. También implica repensar el ciclo completo de los materiales y la vida útil de las construcciones. Aquí es donde aparecen los edificios con economía circular, un enfoque que busca mantener los recursos en uso el mayor tiempo posible, reducir residuos y diseñar espacios capaces de evolucionar con la sociedad en lugar de desaparecer prematuramente.

El problema detrás de la demolición masiva

De acuerdo con edie, en el Reino Unido se demuelen alrededor de 50 000 edificios cada año, de acuerdo con la Red Climática de Arquitectos. Esta cifra refleja un sistema que todavía funciona bajo una lógica lineal: extracción de materias primas, construcción, uso limitado y eliminación. A pesar de la creciente conciencia ambiental, muchos inmuebles siguen considerándose productos temporales.

Diversos estudios muestran que la vida útil promedio de un edificio ronda los 71 años, aunque en el caso de los edificios comerciales europeos puede caer hasta los 43 años. En muchos casos no se trata de fallas estructurales, sino de decisiones económicas o de diseño que vuelven obsoletos los espacios antes de tiempo. La obsolescencia funcional y la falta de flexibilidad terminan siendo más determinantes que la resistencia del propio edificio.

edificios con economía circular

Cuando el diseño impide el futuro de los edificios con economía circular

Uno de los principales retos es que muchos edificios se diseñan pensando en un único uso. Techos bajos, estructuras compactas o instalaciones difíciles de modificar limitan la posibilidad de reconvertirlos. Con el paso del tiempo, estos elementos hacen que la renovación parezca más costosa o compleja que la demolición.

Ejemplos recientes en Europa han generado debate, como propuestas de derribo de edificios reconocidos por su valor arquitectónico que podrían haberse adaptado a nuevas funciones. Este tipo de casos revela una tensión creciente entre desarrollo inmobiliario, sostenibilidad y conservación del valor material y cultural de las construcciones.

Oportunidades que hoy se están perdiendo

La construcción es responsable de una gran parte de los residuos globales. Solo en el Reino Unido se generan alrededor de 222 millones de toneladas de residuos al año, y el sector de la construcción representa cerca del 62% de ese total, principalmente por demoliciones. A esto se suma que aproximadamente el 13% de los materiales de construcción se desechan sin siquiera haber sido utilizados.

El impacto no solo es físico, también climático. Cada edificio contiene carbono incorporado en sus materiales y procesos de construcción. Cuando se demuele prematuramente, ese valor ambiental y económico se pierde. Además, muchos edificios de oficinas presentan niveles de ocupación inferiores al 40 o 50%, lo que evidencia un desajuste entre cómo se diseñan los espacios y cómo realmente se utilizan.

edificios con economía circular

Diseñar edificios con economía circular desde el inicio

La economía circular propone algo aparentemente simple, pero transformador: mantener los materiales en uso el mayor tiempo posible mediante reparación, reutilización, reciclaje y remanufactura. En arquitectura, esto implica pensar los edificios como sistemas dinámicos que pueden desmontarse, adaptarse y evolucionar.

Una de las ideas más influyentes proviene del concepto de “capas del edificio”, desarrollado a partir del trabajo de Frank Duffy y retomado por Stewart Brand. Según este enfoque, un edificio está compuesto por elementos con diferentes ciclos de vida: estructura, fachada, instalaciones o distribución interior. Cuando estos sistemas se diseñan para cambiar de forma independiente, el edificio puede actualizarse sin necesidad de ser demolido.

Nuevas herramientas para reutilizar materiales

El sector también está incorporando herramientas para aprovechar mejor los recursos existentes. Las auditorías previas a la demolición permiten identificar qué materiales pueden recuperarse y reutilizarse. Además, el diseño para desmontaje facilita que componentes completos vuelvan a entrar en el mercado.

Otra innovación clave son los llamados pasaportes de materiales, registros digitales que documentan el origen, composición e impacto ambiental de los componentes de un edificio. Plataformas especializadas almacenan estos datos para que, en el futuro, los materiales puedan reincorporarse a nuevas construcciones, manteniendo su valor dentro del sistema.

edificios con economía circular

Proyectos que ya están marcando el camino

Alrededor del mundo comienzan a surgir ejemplos que muestran el potencial de este modelo. Algunos proyectos han logrado reutilizar grandes porcentajes de estructuras existentes o construir edificios completos con materiales recuperados, reduciendo significativamente las emisiones de carbono.

También hay desarrollos que integran prefabricación, diseño modular y materiales reciclados desde la fase conceptual. En varios casos, estas estrategias no solo reducen residuos, sino que también disminuyen costos y mejoran la adaptabilidad de los espacios, lo que refuerza el valor económico a largo plazo de los edificios con economía circular.

Cuando la circularidad también impulsa la economía

Más allá del impacto ambiental, la transición hacia modelos circulares puede representar una oportunidad económica importante. Diversos análisis estiman que una economía circular aplicada al sector de la construcción podría generar hasta 1.8 billones de euros en valor para la Unión Europea hacia 2030.

El cambio implica repensar toda la cadena: desde fabricantes que recuperan materiales al final de su vida útil hasta plataformas que comercializan excedentes de construcción. Incluso residuos inesperados —como textiles, plásticos o subproductos agrícolas— comienzan a transformarse en nuevos materiales de alto rendimiento para la arquitectura contemporánea.

El debate sobre el futuro de nuestras ciudades ya no gira únicamente en torno a cuánto construimos, sino a cómo lo hacemos y cuánto tiempo puede mantenerse útil lo que ya existe. Pensar en el entorno construido como un banco de materiales y no como un conjunto de estructuras desechables abre una nueva narrativa para el urbanismo sostenible.

En este escenario, los edificios con economía circular representan mucho más que una tendencia arquitectónica. Son una estrategia para reducir emisiones, preservar recursos y fortalecer la resiliencia de las ciudades. Si el diseño logra anticipar el cambio y permitir la adaptación, la arquitectura podría dejar de ser parte del problema ambiental y convertirse en una de sus soluciones más visibles.

Del escenario al planeta: ¿cómo el K-pop se volvió aliado de la sostenibilidad?

La cultura pop suele asociarse con entretenimiento, consumo y tendencias pasajeras. Sin embargo, en los últimos años algo distinto comenzó a suceder dentro de una de las industrias musicales más influyentes del mundo: el K-pop. Lo que empezó como un fenómeno cultural originado en Corea del Sur hoy es una conversación global donde millones de personas no solo siguen a sus artistas favoritos, sino que también cuestionan el impacto ambiental de la industria que aman.

Detrás de los éxitos internacionales de grupos como BTS o BLACKPINK existe una comunidad organizada y altamente movilizada. En lugar de limitarse a consumir música o mercancía, parte de ese fandom ha decidido involucrarse en temas de sostenibilidad, consumo responsable y presión corporativa. Lo que estamos viendo es el surgimiento de una narrativa distinta dentro del entretenimiento global.

Cuando la música se convierte en movimiento

El K-pop es mucho más que un género musical. Combina pop, hip-hop, R&B y música electrónica en una industria altamente estructurada que conecta música, moda, tecnología y cultura digital. Este ecosistema ha convertido a Corea del Sur en una potencia cultural con impacto económico tangible.

Solo en su país de origen, el sector representa cerca del 0,5 % del producto interno bruto y genera ingresos anuales que superan los 10.000 millones de euros. La influencia del K-pop no solo se mide en listas de popularidad o reproducciones en streaming, sino también en tendencias de consumo y comportamiento social.

Ese alcance global explica por qué cualquier cambio dentro del ecosistema K-pop puede amplificarse rápidamente. Cuando millones de fans comparten una preocupación común, el impacto trasciende la música.

sostenibilidad del K-pop

La comunidad que cambió el papel de los fans

Durante años, los fandoms fueron vistos únicamente como audiencias apasionadas. Sin embargo, la evolución de las redes sociales transformó a estas comunidades en actores capaces de organizar campañas, presionar a empresas y generar conversación pública.

Hoy, el fandom del K-pop suma alrededor de 90 millones de personas en todo el mundo. Esa escala permite coordinar acciones colectivas con rapidez y visibilidad global.

Lo que antes era apoyo a artistas ahora también puede convertirse en activismo climático.

Este cambio refleja una tendencia más amplia: consumidores jóvenes que esperan coherencia ambiental de las industrias que admiran. El entretenimiento ya no queda fuera de esa expectativa.

K-pop con propósito y la fuerza del fandom climático

Una de las iniciativas más representativas de esta transformación es #Kpop4planet, una plataforma creada por fans preocupados por la crisis climática. El movimiento nació en 2021 y reúne a participantes de más de 220 países, con decenas de miles de apoyos activos.

A diferencia de muchas campañas ambientales tradicionales, esta no surge desde organizaciones o artistas, sino desde la comunidad. Son fans comunes quienes investigan, organizan campañas y dialogan con empresas relacionadas con la industria del entretenimiento.

Este fenómeno demuestra que el poder cultural del fandom puede trasladarse a agendas sociales. La misma energía que impulsa tendencias musicales ahora también impulsa demandas de sostenibilidad.

Streaming, conciertos y la huella invisible de la música

Para muchos consumidores, escuchar música en streaming parece una actividad sin impacto ambiental. Sin embargo, detrás de cada reproducción existe una cadena tecnológica que consume electricidad: centros de datos, redes digitales y dispositivos. Diversos estudios señalan que largas sesiones de streaming pueden generar más impacto ambiental que formatos físicos como CD o vinilo. Esto ha llevado a que fans y activistas cuestionen el modelo de consumo digital que domina la industria musical actual.

Los conciertos, por su parte, siguen siendo una de las mayores fuentes de emisiones dentro del sector musical global. Viajes, logística, iluminación y producción generan una huella significativa que pocas veces se discute en el debate público.

Melon y el cambio hacia energías renovables

Uno de los primeros logros visibles del activismo de fans ocurrió con Melon, la principal plataforma de streaming en Corea del Sur. Con más de 30 millones de usuarios activos, su infraestructura tecnológica representa un consumo energético considerable. En 2023, activistas vinculados al movimiento realizaron una campaña pública solicitando que la empresa adoptara energía renovable. La presión incluyó acciones en calles de Seúl y movilización digital internacional.

Tiempo después, la plataforma anunció su compromiso de migrar sus centros de datos a energía 100 % renovable hacia 2030. Aunque no siempre es posible atribuir directamente la decisión a una campaña, el caso ilustra cómo la conversación ambiental ya forma parte del ecosistema del K-pop.

Cuando el fandom presiona a grandes corporaciones

El impacto del movimiento no se ha limitado a empresas musicales. Algunas campañas han señalado a marcas globales que utilizan ídolos del K-pop como embajadores, buscando coherencia entre marketing y sostenibilidad. Un ejemplo relevante fue la presión ejercida sobre Hyundai, uno de los mayores fabricantes de automóviles del mundo. La compañía había firmado un acuerdo para el suministro de aluminio con una empresa vinculada a la industria del carbón.

Tras la campaña climática respaldada por fans, la empresa anunció que pondría fin a ese acuerdo y exploraría alternativas de suministro. Este episodio evidenció cómo el fandom puede influir incluso fuera de la industria musical.

El desafío del consumo dentro del K-pop

El crecimiento del K-pop también ha traído consigo prácticas de marketing que incentivan el consumo excesivo. Entre ellas destacan la producción masiva de álbumes físicos y estrategias que empujan a los fans a comprar múltiples versiones del mismo producto. Fotocards aleatorias, sorteos para conocer a artistas y rankings basados en ventas han impulsado lo que muchos llaman “inflación de álbumes”. El resultado es un aumento significativo en residuos, especialmente plásticos y materiales difíciles de reciclar.

Este tema ha generado debate dentro de la propia comunidad fan. Cada vez más personas reconocen que apoyar a un artista no debería implicar necesariamente un impacto ambiental negativo.

K-pop con propósito frente al problema de los álbumes de plástico

Una de las campañas más visibles del movimiento ha sido la que denuncia la producción excesiva de álbumes físicos. Bajo diferentes iniciativas, los fans han pedido a agencias de entretenimiento transparencia sobre residuos y emisiones. También han propuesto cambios concretos: reducir empaques, eliminar incentivos que fomentan compras duplicadas y ofrecer opciones digitales más sostenibles. Algunas agencias ya comenzaron a experimentar con nuevos formatos de álbumes.

Aunque el cambio aún es parcial, la conversación ha llegado al centro de la industria. Lo que antes era un tema marginal hoy forma parte del debate sobre el futuro del K-pop.

El inicio de una transformación cultural

Más allá de campañas específicas, lo que está ocurriendo es un cambio en la relación entre fandom e industria. Los fans ya no se ven únicamente como consumidores, sino como participantes activos en la construcción del ecosistema cultural. Esta transformación es particularmente significativa porque la mayoría de estas comunidades está compuesta por jóvenes altamente conectados y conscientes del cambio climático. Su influencia digital les permite amplificar causas con rapidez.

El resultado es una nueva forma de activismo cultural donde entretenimiento, sostenibilidad y ciudadanía se cruzan constantemente.

El fenómeno que rodea al K-pop demuestra que la cultura popular puede convertirse en un espacio de transformación social. Lo que comenzó como un movimiento de fans interesados en reducir residuos o exigir energías limpias hoy es una conversación global sobre responsabilidad dentro de la industria del entretenimiento.

Si esta tendencia continúa, el impacto podría ir más allá del K-pop. La combinación de comunidades digitales organizadas, presión social y expectativas ambientales podría redefinir cómo funcionan otras industrias culturales en el futuro. En ese escenario, la música no solo seguiría moviendo emociones, sino también cambios reales.

5 millones de toneladas de CO2 en 14 días: la huella de la guerra entre EE. UU. e Irán

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Las guerras suelen medirse en territorios ocupados, vidas perdidas y daños económicos. Sin embargo, cada vez con más fuerza, también se empiezan a medir en emisiones. En las primeras dos semanas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, un análisis reciente estimó que se liberaron más de 5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. La cifra no solo impacta por su magnitud, sino por lo que revela: los conflictos armados también aceleran la crisis climática. Entender la huella climática de la guerra permite observar un costo que rara vez se incorpora al debate público.

De acuerdo con un artículo de The Guardian, mientras los ataques con drones, misiles y bombardeos han dejado devastación humana y material en varios países de Oriente Medio, también han convertido la región en un escenario de daños ambientales masivos. Infraestructura energética incendiada, ciudades afectadas y operaciones militares intensivas en combustible han generado una enorme carga de carbono. En ese contexto, el análisis difundido internacionalmente abre una conversación urgente sobre cómo los conflictos geopolíticos están ligados a la estabilidad del planeta.

La huella climática de la guerra: un costo que rara vez se contabiliza

Durante décadas, los impactos ambientales de los conflictos armados se han documentado principalmente en términos de contaminación local, destrucción de ecosistemas o crisis humanitarias. Sin embargo, el reciente análisis del costo climático del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán introduce una dimensión distinta: el efecto directo sobre el presupuesto global de carbono.

El estudio estima que las emisiones generadas en tan solo 14 días equivalen a lo que muchos países producen en meses o incluso años. De hecho, la cifra se acerca a las emisiones combinadas de decenas de economías con baja huella de carbono. Esto significa que los conflictos no solo generan impactos inmediatos, sino que también comprometen los esfuerzos globales para limitar el calentamiento del planeta.

Para especialistas en sostenibilidad, este dato confirma una realidad que empieza a discutirse más abiertamente: los sistemas energéticos, la política exterior y la seguridad global siguen profundamente conectados con la dependencia de los combustibles fósiles.

la huella climática de la guerra

Cuando la infraestructura civil se convierte en emisiones masivas

Uno de los principales factores detrás del alto volumen de emisiones es la destrucción de infraestructura. Según estimaciones basadas en reportes humanitarios, cerca de 20.000 edificios civiles resultaron dañados durante los primeros días del conflicto.

La reconstrucción, el colapso estructural y los materiales involucrados en estos daños representan el mayor componente del costo climático. Solo este sector habría generado alrededor de 2,4 millones de toneladas de CO2 equivalente. Es un recordatorio de que cada edificio destruido no solo implica pérdidas sociales y económicas, sino también un impacto ambiental que puede tardar décadas en compensarse.

Además, los daños en infraestructura crítica suelen desencadenar efectos secundarios: reconstrucciones intensivas en recursos, nuevos procesos industriales y mayor consumo energético.

Combustible militar: el motor invisible de las emisiones

Las operaciones militares modernas dependen de enormes volúmenes de combustible. En este conflicto, bombarderos estadounidenses realizaron misiones desde bases ubicadas a miles de kilómetros de distancia, mientras buques y vehículos de apoyo operaban de forma constante.

El análisis estima que entre 150 y 270 millones de litros de combustible fueron utilizados por aeronaves, barcos y vehículos militares en solo dos semanas. Esto se traduce en aproximadamente 529.000 toneladas de CO2 equivalente liberadas a la atmósfera. Más allá de la cifra puntual, el dato evidencia cómo la logística militar global se sostiene sobre infraestructuras energéticas altamente intensivas en carbono, algo que rara vez se incluye en las discusiones sobre transición energética.

la huella climática de la guerra

Incendios petroleros y la imagen de un cielo oscuro

Uno de los momentos más impactantes del conflicto ocurrió cuando ataques a depósitos de combustible generaron enormes incendios cerca de Teherán. Las imágenes de nubes oscuras y lluvia negra recorrieron el mundo y simbolizaron el impacto ambiental inmediato de la guerra.

De acuerdo con el análisis, entre 2,5 y 5,9 millones de barriles de petróleo se habrían quemado en ataques a instalaciones energéticas y represalias regionales. Estas combustiones liberaron cerca de 1,88 millones de toneladas de CO2 equivalente. Más allá del daño climático, este tipo de incidentes también genera contaminación del aire, riesgos para la salud pública y efectos duraderos en el entorno urbano.

Armas, equipos militares y su costo de carbono

Otro componente menos visible del impacto climático está en la destrucción del propio material militar. Aeronaves, buques de guerra y sistemas de lanzamiento de misiles contienen grandes cantidades de carbono incorporado debido a su fabricación.

Durante los primeros 14 días del conflicto se reportó la pérdida de múltiples aeronaves, decenas de embarcaciones militares y cientos de lanzadores de misiles. La destrucción de este equipo generó alrededor de 172.000 toneladas de CO2 equivalente en emisiones incorporadas. A esto se suma el uso intensivo de armamento. Miles de misiles, drones y sistemas de defensa fueron desplegados por ambas partes, contribuyendo con decenas de miles de toneladas adicionales de emisiones.

la huella climática de la guerra

La huella climática de la guerra y el presupuesto global de carbono

Si se proyectan las emisiones registradas en estas dos semanas a lo largo de un año, el resultado sería comparable con las emisiones anuales de economías dependientes de combustibles fósiles. El total estimado de 5.055.016 toneladas de CO2 equivalente en 14 días evidencia cómo la huella climática de la guerra puede escalar rápidamente.

Este fenómeno ocurre en un momento particularmente crítico. Científicos climáticos han advertido que el mundo dispone de un presupuesto limitado de emisiones para mantener una probabilidad razonable de evitar que el calentamiento global supere 1,5 °C.

Al ritmo actual de emisiones globales, ese margen podría agotarse antes de que termine la década. Conflictos que incrementan la quema de combustibles fósiles o destruyen infraestructura energética aceleran aún más ese escenario.

Los conflictos armados siempre dejan cicatrices visibles: ciudades destruidas, comunidades desplazadas y crisis humanitarias profundas. Sin embargo, cada vez es más claro que también dejan una marca menos evidente, pero igual de trascendente: su impacto sobre el clima. Analizar la huella climática de la guerra permite ampliar la conversación sobre seguridad, energía y sostenibilidad en un mismo marco.

La evidencia sugiere que los conflictos asociados a la geopolítica de los combustibles fósiles no solo prolongan tensiones internacionales, sino que también agravan la crisis climática. En un mundo que intenta reducir emisiones con urgencia, cada guerra representa un retroceso difícil de compensar. Entender esta dimensión puede ser clave para replantear cómo se toman decisiones globales que afectan tanto a las personas como al planeta.

¿Qué es la manosfera y cómo alimenta discursos machistas?

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En el documental Dentro de la machosfera, disponible en Netflix, el cineasta británico Louis Theroux se sumerge en un ecosistema digital que, desde hace años, influye en la manera en que algunos jóvenes interpretan la masculinidad. A través de entrevistas con creadores de contenido y streamers, la película muestra cómo se construye una narrativa que mezcla aspiraciones de riqueza, notoriedad en redes y una visión rígida de lo que significa “ser hombre”. La experiencia de verlo deja más preguntas que respuestas.

De acuerdo con un artículo de The New York Times, más allá del espectáculo, lo que emerge es un retrato de un fenómeno cultural que combina economía de la atención, algoritmos y discursos provocadores. El documental deja ver que este entorno digital no solo produce contenido viral, también fabrica identidades y aspiraciones. En ese contexto, entender qué está ocurriendo se vuelve clave para quienes analizan cultura digital, comunicación y responsabilidad social.

¿Qué es la manosfera en el ecosistema digital actual?

Cuando se intenta explicar qué es la manosfera, es útil pensarla como una red de pódcasts, canales de video, cuentas virales y foros donde algunos creadores promueven visiones ultraconservadoras sobre género y poder. A este espacio también se le ha llamado androsfera o machosfera, y lleva al menos 15 años circulando en internet. Con el tiempo, su discurso se volvió más visible en el debate público.

Durante el primer mandato de Donald Trump, este tipo de contenido comenzó a aparecer con mayor frecuencia en conversaciones mediáticas y políticas. El fenómeno no surgió de la nada: retoma ideas tradicionales sobre masculinidad —dinero, fuerza física, dominación— y las empaqueta en formatos diseñados para atraer audiencias jóvenes. Redes sociales y transmisiones en vivo amplificaron el alcance de estas narrativas.

En el documental aparecen creadores como HSTikkyTokky o Sneako, quienes reproducen estos mensajes con una estética aspiracional: autos de lujo, gimnasios y estilos de vida hiperexpuestos. Aunque el discurso parece moderno por el formato, muchas de sus ideas tienen raíces en visiones de género mucho más antiguas.

Narrativas virales: masculinidad, dinero y provocación

Una característica central de este ecosistema es la construcción de narrativas que mezclan éxito económico con provocación constante. Los creadores presentan un modelo de vida donde la riqueza rápida y el estatus masculino se convierten en metas prioritarias. Para sostener la atención del público, la exageración se vuelve parte del espectáculo.

El documental muestra cómo, en muchas conversaciones, el discurso termina derivando hacia teorías conspirativas o afirmaciones extremas. Estas ideas no son nuevas: algunas circulan desde el siglo XIX en panfletos o propaganda política. Sin embargo, en el entorno digital adquieren una nueva velocidad y un alcance global.

Esto genera un efecto particular en las audiencias jóvenes. En lugar de un debate complejo sobre identidad masculina o bienestar emocional, el contenido se reduce a provocaciones que generan clics, comentarios y polémica. En otras palabras, el algoritmo premia lo escandaloso más que lo reflexivo.

Influencers, economía de la atención y modelos de negocio

Algo que el documental revela con claridad es que muchos de estos creadores entienden perfectamente cómo funciona la economía de la atención. Algunos incluso reconocen que su crecimiento en redes depende de decir cosas cada vez más impactantes. La controversia se convierte en estrategia.

En transmisiones en vivo, al estilo de un reality permanente, sus vidas cotidianas se convierten en contenido continuo. Sin embargo, la rutina por sí sola no basta para sostener audiencias. Por eso, los comportamientos se intensifican: desde insultos hasta situaciones diseñadas para volverse virales.

El objetivo final, según sugiere el propio documental, no siempre es ideológico. En muchos casos, se trata de vender cursos, asesorías financieras dudosas o plataformas educativas no acreditadas dirigidas a adolescentes que buscan escapar de la incertidumbre laboral. Allí es donde el fenómeno se conecta con riesgos reales para audiencias vulnerables.

La dimensión política y cultural del fenómeno

El auge de estos discursos no puede separarse del contexto político reciente. En la película, se establece un vínculo entre la popularidad de ciertas figuras digitales y la influencia cultural del entorno político asociado a Donald Trump. Algunos creadores incluso presumen cercanía simbólica con ese universo político.

Durante su segundo mandato, el uso intensivo de memes y narrativas digitales dentro de la comunicación gubernamental generó un ambiente donde la frontera entre política, entretenimiento y provocación se volvió difusa. Para algunos analistas, esto fortaleció un estilo de comunicación basado en la viralidad.

Sin embargo, también produjo desgaste. El exceso de espectáculo en la esfera pública puede terminar diluyendo el impacto inicial que atraía a ciertas audiencias jóvenes, especialmente aquellas que buscaban discursos transgresores o contraculturales.

¿Por qué la manosfera conecta con algunos jóvenes?

Para comprender qué es la manosfera, también es necesario mirar el contexto generacional. Muchos jóvenes enfrentan incertidumbre económica, presión social y expectativas contradictorias sobre éxito y masculinidad. Este entorno puede hacer que mensajes simples —aunque problemáticos— resulten atractivos.

Los creadores ofrecen una narrativa clara: riqueza rápida, reconocimiento social y control sobre la vida personal. Ese discurso funciona como una promesa de sentido en un momento donde las trayectorias tradicionales, como el empleo estable, parecen menos accesibles. El problema surge cuando esas promesas se sostienen en estereotipos o en soluciones poco realistas.

Aun así, los datos recientes muestran un panorama más complejo. Encuestas internacionales señalan que una parte significativa de hombres jóvenes considera positivo que más mujeres ocupen posiciones de liderazgo en empresas y gobiernos. Esto sugiere que el discurso dominante en redes no necesariamente representa a toda una generación.

Señales de desgaste en la influencia de la manosfera

Aunque el fenómeno sigue generando debate, algunos indicadores sugieren que su influencia podría estar cambiando. Encuestas recientes muestran una caída en el apoyo político entre hombres jóvenes hacia ciertos liderazgos asociados con estos discursos. Ese cambio refleja una relación menos estable entre audiencias jóvenes y narrativas radicalizadas.

También aparecen tensiones dentro del propio ecosistema. Figuras que antes compartían espacios digitales ahora discuten públicamente entre sí, especialmente sobre temas políticos o geopolíticos. El conflicto constante, que antes era parte del atractivo, puede terminar fragmentando a sus propias comunidades.

Además, algunos jóvenes parecen empezar a cuestionar las promesas económicas o de éxito que estos creadores venden. La distancia entre el estilo de vida que proyectan y la realidad cotidiana de sus seguidores se vuelve cada vez más visible.

Entre el espectáculo y la responsabilidad social

Desde una mirada de responsabilidad social, el debate no se limita a señalar discursos problemáticos. También implica preguntarse por el rol de plataformas digitales, creadores de contenido y audiencias en la construcción de conversaciones más saludables. El fenómeno revela fallas estructurales en la forma en que circula la información.

Las empresas tecnológicas, los medios y las organizaciones que trabajan en educación digital tienen un papel importante para fortalecer el pensamiento crítico. Comprender cómo funcionan los algoritmos, la viralidad y la desinformación es clave para reducir el impacto de contenidos que se aprovechan de la vulnerabilidad emocional o económica.

Al mismo tiempo, este momento abre una oportunidad para impulsar narrativas distintas sobre masculinidad, liderazgo y bienestar. Narrativas que no se basen en la confrontación constante ni en la explotación de audiencias jóvenes.

El documental deja una sensación clara: detrás del ruido mediático y las provocaciones virales, el fenómeno revela más sobre el funcionamiento de internet que sobre la masculinidad en sí misma. Muchos de estos creadores parecen operar dentro de un modelo donde el escándalo es rentable, pero también efímero.

En paralelo, la cultura audiovisual también ha comenzado a abordar este fenómeno. La serie Adolescence (2025) ha contribuido a poner sobre la mesa cómo ciertos discursos asociados a la manosfera pueden influir en adolescentes que pasan gran parte de su tiempo en entornos digitales. A través de su narrativa, la producción muestra cómo los algoritmos, las comunidades en línea y la búsqueda de identidad pueden llevar a algunos jóvenes a entrar en contacto con contenidos que refuerzan visiones polarizadas sobre género y relaciones.

Entender qué es la manosfera hoy implica reconocer tanto su impacto como sus límites. Aunque ha influido en debates culturales y políticos, también existen señales de que nuevas generaciones están cuestionando sus promesas. En ese proceso, el reto para quienes analizan comunicación y responsabilidad social será seguir observando cómo evoluciona este ecosistema digital y qué narrativas ocuparán su lugar.

Donatarias revocadas: algo más que una depuración

Por Edgar López

Hay cosas que pasan cada año y, por lo mismo, dejamos de mirar con atención. El padrón de donatarias es una de ellas. Entran, salen, se ajusta. Parte del sistema.

Revisando la actualización 2026 del Servicio de Administración Tributaria, hubo algunos nombres que me brincaron. No por escándalo, sino por lo que representan.

El motivo es el de siempre: no cumplir con los requisitos para mantener la autorización como donataria. Nada nuevo. Lo interesante empieza cuando dejas de ver la lista como lista… y empiezas a leer los casos.

Moverse Vector A.C., por ejemplo. Ahí el contexto es difícil de ignorar. Hay un vínculo claro con Vector Casa de Bolsa, y 2025 no fue un año cualquiera para la firma: temas de #PLD, intervención, presión regulatoria. En ese escenario, es razonable pensar que las cosas se mueven. Cuando una organización ajusta su operación, también cambia lo que la rodea, incluida la forma en la que canaliza su acción social. No digo que esa sea la razón de la revocación, pero sí que es un caso que se deja leer con contexto.

Otros no. Como Procura, A.C. y Amigos de Filantrofilia A.C. (mejor conocida como #Filantrofilia): organizaciones que no están en campo, que no reparten apoyos y cuyo trabajo no siempre es visible. Su rol ha sido otro: ayudar a que otras ONG consigan recursos, ordenar procesos, profesionalizar, acompañar.

Y justo por eso su caso llama la atención.

También hay otro tipo de organizaciones que, aunque no operan programas sociales directos, sí trabajan en terrenos especialmente sensibles para el momento que vive México. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) A.C., México Evalúa, la Fundación Barra Mexicana, A.C. o Mexicanos Primero no están en campo, pero sí en la conversación donde se disputan temas como políticas públicas, contrapesos, justicia, elecciones y educación.

Y en el México de hoy, eso no es menor.

No prueba nada por sí mismo, pero sí sugiere que estos casos no pueden leerse solo en clave administrativa. Hay un entorno más tenso, más sensible a la observación, menos cómodo con ciertos contrapesos.

El nivel de exigencia ha subido. Y eso, bien visto, también era necesario. El problema es que, cuando el sistema se vuelve más estricto, también se vuelve más difícil de sostener.

No sé si esto sea una señal de alarma o simplemente un ajuste natural del sistema.

Pero sí deja ver algo: el entorno para las organizaciones —incluso para aquellas que ayudan a fortalecer a otras— se está volviendo más exigente, y ya no se trata solo de hacer mejor las cosas, sino de poder sostenerlas en un sistema que ya no funciona igual.

🔗 https://www.sat.gob.mx/minisitio/DonatariasAutorizadas/documentos/padron_donatarias/Revocaciones2026.pdf


Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Eco Jornadas LTH regresan a Cumbre Tajín 2026 para inspirar a nuevas generaciones en el cuidado del planeta

En el marco de Cumbre Tajín 2026, uno de los festivales culturales más emblemáticos del país, LTH®, marca líder de baterías en México y parte de Clarios, reafirma su compromiso con la sostenibilidad al acercar a niñas, niños y familias experiencias educativas que combinan juego, aprendizaje y acción en favor del medio ambiente.

En un contexto donde la educación ambiental cobra una relevancia creciente, las Eco Jornadas LTH regresan por sexta ocasión al festival como un espacio de participación activa y reflexión colectiva. De la mano de la organización sin fines de lucro Preservamb A.C., el programa ofrece actividades interactivas que invitan a las y los asistentes a comprender la importancia de preservar el entorno, adoptar hábitos responsables y reconocer el impacto de sus acciones en la construcción de comunidades más sostenibles.

La sostenibilidad forma parte central de la estrategia de LTH, no como un eje aislado, sino como un principio que orienta sus decisiones y la manera en que genera valor. A través de iniciativas como Eco Jornadas, la compañía trasciende su portafolio de productos para invertir en educación ambiental, apostando por la formación de nuevas generaciones y por la construcción de un impacto social de largo plazo en las comunidades donde tiene presencia.

Cumbre Tajín, reconocida por su enfoque en la preservación cultural y ambiental, se consolida como una plataforma clave para amplificar este mensaje. En ediciones anteriores, más de 10 mil niñas y niños han participado en las Eco Jornadas dentro del festival, convirtiéndose en agentes de cambio en sus hogares y entornos. Tan solo en la edición de 2025, más de 3,000 niñas y niños formaron parte de estas actividades, reflejando el alcance y la conexión del programa con el público infantil.

Eco Jornadas LTH

Más allá de este encuentro, el impacto del programa es contundente. Desde su creación en 2010, las Eco Jornadas LTH han beneficiado directamente a más de 1.7 millones de personas y generado un impacto indirecto superior a los 7 millones, con presencia en más de 40 ciudades del país, miles de escuelas y decenas de parques. En 2025, el programa alcanzó a más de 300 mil personas, consolidándose como una de las iniciativas de educación ambiental más relevantes en México y la región.

Hoy, las compañías enfrentan el reto de generar un impacto que trascienda su actividad comercial. En este sentido, iniciativas como las Eco Jornadas reflejan cómo el crecimiento empresarial puede ir de la mano con el fortalecimiento de comunidades más conscientes, mejor informadas y activamente involucradas en su entorno.

Preservamb A.C, organización civil sin fines de lucro, impulsa la continuidad de programas de educación ambiental a partir de un trabajo constante y cercano con las comunidades, promoviendo procesos formativos que van más allá de la información y buscan la adopción de hábitos sostenibles. A través de su colaboración con LTH, ha contribuido a que miles de niñas y niños integren estos aprendizajes en su vida diaria y se conviertan en agentes multiplicadores de prácticas responsables en sus entornos.

Aunque el programa pone un énfasis especial en la niñez, su enfoque está diseñado para involucrar a personas de todas las edades, incluyendo familias y visitantes interesados en el cuidado y la conservación del medio ambiente.

La participación de las Eco Jornadas en Cumbre Tajín 2026 no solo refuerza el alcance del programa, sino que también abre un nuevo espacio para inspirar a más personas a involucrarse activamente en el cuidado del medio ambiente. Del 20 al 22 de marzo, en un horario de 10:00 a 18:00 horas, el estand 5000 será punto de encuentro para quienes buscan aprender, participar y formar parte de un cambio que comienza con acciones cotidianas.

¿Realmente son más limpios? Un estudio alerta sobre el impacto oculto de los combustibles “sin humo”

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En los últimos años, los llamados combustibles sin humo se han posicionado como una alternativa “más limpia” frente a opciones tradicionales como la leña, el carbón o la turba. Comercializados ampliamente para calefacción doméstica —especialmente en chimeneas abiertas y estufas ecológicas—, estos productos prometen reducir emisiones visibles y contribuir a mejorar la calidad del aire en entornos urbanos y residenciales. Su adopción ha sido incluso impulsada por políticas públicas en diversos países europeos que han restringido combustibles más contaminantes.

Sin embargo, un nuevo estudio ha puesto en entredicho esta narrativa. Aunque estos combustibles generan menos humo visible, la investigación revela que podrían emitir niveles significativamente más altos de partículas ultrafinas, invisibles al ojo humano pero potencialmente más peligrosas para la salud. Este hallazgo redefine la conversación sobre los combustibles sin humo, al evidenciar que “menos humo” no necesariamente implica menor riesgo ambiental o sanitario.

El estudio que cuestiona la narrativa de los combustibles sin humo

La investigación fue liderada por especialistas de la Universidad de Galway, quienes originalmente buscaban comparar el desempeño ambiental de distintos combustibles en estufas tradicionales y de diseño ecológico. El hallazgo clave surgió de forma inesperada durante las pruebas de laboratorio, lo que añade un elemento de relevancia metodológica al descubrimiento. La profesora Jurgita Ovadnevaite explicó: 

“Nadie había considerado la posibilidad de que una menor cantidad de humo pudiera provocar simultáneamente un aumento de las partículas ultrafinas. Tampoco habíamos previsto un efecto tan marcado hasta que vimos los datos”

combustibles sin humo

Este punto es particularmente relevante para quienes diseñan políticas públicas o estrategias ESG, ya que evidencia una brecha en la evaluación tradicional de emisiones.

El estudio analizó diferentes tipos de combustibles, incluidos ovoides de carbón sin humo y briquetas de huesos de aceituna. Aunque, como se esperaba, estos generaron menos partículas visibles que la madera o el carbón, también produjeron entre dos y tres veces más partículas ultrafinas por cada kilogramo quemado.

La Dra. Chunshui Lin subrayó el rigor del proceso: “Nos llevó casi dos meses, con la quema de muestras prácticamente a diario, para garantizar la calidad y la coherencia de los datos”. Este nivel de validación refuerza la credibilidad de los resultados y sugiere que el fenómeno observado no es marginal, sino estructural en el comportamiento de los combustibles sin humo.

Hallazgos clave: contaminación invisible y riesgos sistémicos

Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio es la capacidad de las partículas ultrafinas para penetrar profundamente en los pulmones. Debido a su tamaño —menor que la longitud de onda de la luz—, estas partículas no solo pasan desapercibidas, sino que también pueden depositarse en tejidos sensibles, incrementando riesgos de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

En términos cuantitativos, los datos son contundentes. En Dublín, más de la mitad de las partículas ultrafinas capaces de depositarse en los pulmones fueron atribuidas a los combustibles de baja emisión de humo. Además, estas partículas incluyen hidrocarburos poliaromáticos, algunos reconocidos como carcinógenos.

combustibles sin humo

El análisis de campo reforzó los hallazgos de laboratorio. Mediciones realizadas en Dublín y Birr detectaron concentraciones elevadas de partículas ultrafinas durante noches de invierno, coincidiendo con el uso doméstico de estos combustibles. En algunos casos, los niveles superaron los registrados en ciudades altamente contaminadas como Pekín y Shanghái, un dato que redefine la percepción de riesgo en contextos urbanos europeos.

Además, se observó un incremento sostenido de estas partículas a partir de 2021 en Dublín, alineado con la transición hacia combustibles sin humo tras la prohibición del carbón tradicional. Este efecto rebote plantea un dilema crítico: sustituir un combustible por otro sin evaluar integralmente sus impactos puede generar externalidades negativas no previstas.

Más allá del humo: desafíos regulatorios y responsabilidad corporativa

El estudio también pone sobre la mesa un vacío regulatorio importante. Si bien países como Reino Unido e Irlanda han avanzado en la eliminación del carbón doméstico, los combustibles de baja emisión de humo continúan siendo legales e incluso obligatorios en ciertas zonas urbanas.

Esto genera una paradoja regulatoria: combustibles promovidos como solución podrían estar contribuyendo a nuevas formas de contaminación. En palabras de Ovadnevaite:

“Necesitamos un enfoque más integral para abordar la contaminación del aire, uno que tenga en cuenta todos sus efectos”.

combustibles sin humo

Para las empresas que producen y comercializan combustibles sin humo, este contexto implica un desafío directo en materia de responsabilidad social corporativa. La evidencia sugiere que la comunicación ambiental basada únicamente en emisiones visibles puede ser insuficiente —e incluso engañosa— si no incorpora métricas más complejas como las partículas ultrafinas.

Hacia una visión integral de la sostenibilidad energética

El caso de los combustibles sin humo evidencia una lección crítica para la agenda ESG: no todas las soluciones “verdes” lo son en términos sistémicos. La transición energética, particularmente en el ámbito doméstico, requiere evaluaciones más sofisticadas que consideren no solo la reducción de emisiones visibles, sino también los impactos invisibles y acumulativos en la salud pública.

En este sentido, es fundamental impulsar mayor investigación científica que permita comprender a profundidad estos efectos. Asimismo, los gobiernos deben actualizar marcos regulatorios para incorporar nuevas evidencias, mientras que las empresas tienen la responsabilidad de transparentar los riesgos asociados a sus productos. La sostenibilidad real no se construye únicamente con narrativas de menor impacto, sino con evidencia robusta, responsabilidad compartida y decisiones informadas que prioricen el bienestar colectivo a largo plazo.