Más de 120 mil MDD: la factura global de los desastres climáticos en 2025

La cifra impresiona, pero no alcanza a dimensionar el impacto real. Más de 120 mil millones de dólares en pérdidas económicas es el saldo visible de un año marcado por fenómenos meteorológicos extremos que afectaron a millones de personas en todos los continentes. Detrás de ese número hay hogares destruidos, comunidades desplazadas y sistemas productivos interrumpidos durante meses o incluso años.

De acuerdo con un artículo de edie, hablar de los desastres climáticos en 2025 implica ir más allá del recuento financiero. El año dejó claro que la crisis climática ya no es un escenario futuro, sino una constante que redefine prioridades para gobiernos, empresas y organizaciones sociales, al tiempo que pone a prueba la capacidad de respuesta colectiva frente a eventos cada vez más frecuentes y severos.

El costo humano de los desastres climáticos en 2025

Las pérdidas económicas no siempre reflejan la magnitud del daño social. En California, los incendios forestales de Palisades y Eaton se convirtieron en el evento más costoso del año, con daños superiores a los 60 mil millones de dólares. A ello se sumaron 31 muertes directas y cientos de fallecimientos indirectos asociados a problemas de salud derivados del desastre.

Estos incendios evidenciaron cómo incluso economías robustas son vulnerables cuando confluyen altas temperaturas, sequía prolongada y una urbanización que no siempre considera el riesgo climático.

La reconstrucción, además de costosa, ha sido desigual, dejando al descubierto brechas sociales preexistentes.

desastres climáticos en 2025

Asia bajo el agua: ciclones, inundaciones y desplazamientos

Entre noviembre y finales de año, el sur y sudeste asiático enfrentaron ciclones e inundaciones que afectaron a países como Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, Vietnam y Malasia. Más de 1,750 personas perdieron la vida y los daños económicos se estimaron en 25 mil millones de dólares.

A estos eventos se sumaron las inundaciones en China entre junio y agosto, que desplazaron a miles de personas y provocaron pérdidas por 11,700 millones de dólares. En ambos casos, la rapidez de los eventos superó la capacidad de respuesta local, subrayando la urgencia de fortalecer sistemas de alerta temprana y planeación territorial.

Huracanes, tifones y sequías: un año de extremos

El huracán Melissa dejó una huella significativa en el Caribe, con daños cercanos a los 8 mil millones de dólares en Jamaica, Cuba y las Bahamas. Aunque las cifras finales de víctimas aún se evalúan, el impacto económico ya compromete la recuperación de la región.

En paralelo, Filipinas enfrentó una sucesión de tifones que provocaron desplazamientos y pérdidas por más de 5 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, la sequía en Brasil entre enero y junio afectó al sector agrícola y energético, con pérdidas estimadas en 4,750 millones de dólares, mostrando que los extremos no siempre llegan en forma de tormenta.

desastres climáticos en 2025

África, Medio Oriente y Oceanía: crisis menos visibles, impactos profundos

En África, las inundaciones en Nigeria y en la República Democrática del Congo afectaron a miles de personas, con hasta 700 fallecimientos solo en Nigeria. Estos eventos, aunque menos cubiertos mediáticamente, tuvieron consecuencias devastadoras en regiones con menor infraestructura y capacidad de respuesta.

Australia y territorios cercanos también enfrentaron eventos severos. El ex ciclón tropical Alfred y el ciclón Garance dejaron daños superiores a los 2,000 millones de dólares en conjunto. A ello se sumaron impactos ambientales como el blanqueamiento de corales en Australia Occidental, una señal clara del estrés acumulado en los ecosistemas.

La adaptación y la resiliencia como eje estratégico

El informe de Christian Aid subraya que el costo de no actuar seguirá aumentando. La mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero es indispensable, pero insuficiente si no se acompaña de estrategias sólidas de adaptación y resiliencia, especialmente en comunidades vulnerables.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que los países en desarrollo necesitarán hasta 365 mil millones de dólares anuales para 2035 solo para adaptarse. Sin embargo, la financiación internacional actual está muy por debajo de ese umbral, lo que limita la capacidad de preparación frente a futuros eventos extremos.

desastres climáticos en 2025

Aprendizajes que dejan los desastres climáticos en 2025

Las decisiones tomadas en foros multilaterales reflejan avances, pero también tensiones. La COP30 acordó triplicar la financiación para la adaptación hasta alcanzar 120 mil millones de dólares anuales, una señal política relevante que, no obstante, sigue sin cubrir las necesidades reales de los países más expuestos.

Además, la adopción de 59 indicadores globales de adaptación plantea un marco común, aunque su implementación efectiva dependerá de la voluntad política y de la alineación con estrategias locales.

Los desastres climáticos en 2025 dejaron claro que medir no basta: es necesario actuar con rapidez y coherencia.

El saldo de más de 120 mil millones de dólares no es solo una cifra récord; es un recordatorio de que la crisis climática tiene consecuencias económicas, sociales y ambientales profundamente interconectadas. Cada incendio, inundación o sequía amplifica desigualdades existentes y pone a prueba la resiliencia de comunidades enteras.

Mirar hacia adelante implica asumir que los desastres climáticos en 2025 no fueron una anomalía, sino parte de una tendencia que exige nuevas formas de colaboración. Para gobiernos, empresas y sociedad civil, el reto ya no es reconocer el problema, sino traducir ese reconocimiento en acciones sostenidas que reduzcan riesgos, fortalezcan capacidades locales y prioricen a las personas en el centro de la respuesta climática.

10 formas en que los ODS impactan la vida cotidiana (aunque no lo notemos)

Cuando se habla de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, suele pensarse en agendas multilaterales, compromisos de alto nivel o estrategias corporativas de largo plazo. Sin embargo, esa narrativa muchas veces invisibiliza el verdadero alcance de la Agenda 2030: su capacidad para permear la vida diaria de las personas a través de decisiones públicas y privadas que moldean hábitos, oportunidades y bienestar.

Entender cómo ODS impactan la vida cotidiana no es un ejercicio retórico, sino estratégico. Traducir lo global en experiencias concretas permite diseñar programas más relevantes, comunicar con mayor claridad y fortalecer la legitimidad de las acciones de sostenibilidad frente a distintos grupos de interés.

10 formas en que los ODS impactan la vida cotidiana

1. Acceso al agua

El acceso cotidiano al agua potable y al saneamiento adecuado responde directamente al ODS 6, pero su impacto va mucho más allá de la infraestructura básica. La calidad del agua, la continuidad del servicio y la gestión eficiente de cuencas influyen en la salud pública, la productividad y la cohesión social, especialmente en contextos urbanos en expansión.

En la vida diaria, esto se traduce en prácticas cada vez más normalizadas: sistemas de captación de agua pluvial en viviendas, monitoreo del consumo en empresas o campañas para reducir fugas.

Son acciones aparentemente simples que reflejan una transformación estructural en la manera en que se concibe un recurso finito.

ODS impactan la vida cotidiana

2. Alimentación más consciente y cadenas de suministro responsables

La forma en que elegimos qué comer está profundamente atravesada por el ODS 2 y el ODS 12. Hoy, conceptos como seguridad alimentaria, nutrición adecuada y producción responsable se integran en políticas públicas, estándares corporativos y decisiones de consumo cotidiano.

En la práctica, esto se refleja en una mayor trazabilidad de los alimentos, el impulso a productores locales y la reducción del desperdicio.

Comer deja de ser un acto meramente individual para convertirse en una decisión que conecta al consumidor con sistemas agrícolas, laborales y ambientales más amplios.

3. Ciudades que se sienten más habitables

El ODS 11 propone ciudades inclusivas, seguras y resilientes, y su impacto se percibe en la manera en que habitamos el espacio urbano. La planeación de movilidad, el acceso a áreas verdes y la recuperación del espacio público influyen directamente en la calidad de vida de las personas.

Estas transformaciones modifican rutinas diarias: trayectos más cortos, opciones de transporte sostenible y mayor interacción comunitaria.

La ciudad deja de ser solo un lugar de tránsito para convertirse en un entorno que promueve bienestar y pertenencia.

ODS impactan la vida cotidiana

4. Empleo digno: otra forma en que los ODS impactan la vida cotidiana

El ODS 8 redefine la noción de trabajo al incorporar variables como dignidad, estabilidad y desarrollo humano. Las políticas laborales responsables influyen en cómo las personas experimentan su jornada, su seguridad económica y sus posibilidades de crecimiento profesional.

En lo cotidiano, esto se refleja en esquemas de flexibilidad laboral, programas de capacitación y entornos más seguros e inclusivos.

El empleo deja de ser solo una fuente de ingreso para convertirse en un factor clave de bienestar integral.

5. Educación que trasciende el aula

El ODS 4 impulsa una visión de la educación como un proceso continuo, relevante y adaptable. Más allá de la escolarización formal, este objetivo ha influido en la expansión del aprendizaje digital, la formación técnica y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

En la vida diaria, esto se traduce en plataformas de capacitación, certificaciones profesionales y programas de upskilling dentro de las organizaciones.

Aprender ya no es una etapa, sino una constante que acompaña las trayectorias personales y laborales.

ODS impactan la vida cotidiana

6. Salud preventiva y bienestar integral

El ODS 3 amplía la noción de salud al incorporar la prevención, el bienestar emocional y los determinantes sociales. Este enfoque ha transformado la manera en que se diseñan políticas públicas, programas corporativos y servicios comunitarios.

Hoy, la vida cotidiana incorpora chequeos preventivos, promoción de hábitos saludables y una conversación más abierta sobre salud mental.

El bienestar deja de ser reactivo y se convierte en una práctica constante y compartida.

7. Igualdad que se vive en lo cotidiano

Los ODS 5 y 10 impulsan cambios estructurales en torno a la igualdad de género y la reducción de desigualdades. Estos objetivos se materializan en políticas de inclusión, equidad salarial y representación diversa en espacios de decisión.

En el día a día, esto impacta en oportunidades reales: acceso a puestos de liderazgo, corresponsabilidad en los cuidados y entornos laborales más justos.

La igualdad deja de ser un ideal abstracto para convertirse en una experiencia tangible.

8. Consumo responsable que redefine elecciones diarias

El ODS 12 ha transformado la relación entre consumidores y marcas. Hoy, elegir un producto implica evaluar su impacto ambiental, social y ético, incluso de forma inconsciente. Así, ODS impactan la vida cotidiana al influir en qué compramos, cuánto consumimos y cómo gestionamos residuos.

Cada elección cotidiana se convierte en un mensaje que impulsa —o frena— modelos de producción más sostenibles.

ODS impactan la vida cotidiana

9. Energía más limpia en casa y en la ciudad

El ODS 7 ha acelerado la transición hacia fuentes de energía más limpias y accesibles. Este cambio se refleja tanto en grandes proyectos como en soluciones domésticas que optimizan el consumo energético. En la rutina diaria, esto se manifiesta en electrodomésticos eficientes, iluminación LED y energías renovables distribuidas.

La sostenibilidad energética se integra al hogar sin necesidad de grandes discursos.

10. Comunidades más resilientes y colaborativas

El ODS 17 subraya la importancia de las alianzas para lograr un desarrollo sostenible. En la práctica, esto se traduce en colaboraciones entre empresas, gobiernos, academia y sociedad civil a nivel local. Participar en redes comunitarias, voluntariados o iniciativas colectivas fortalece la resiliencia social.

La sostenibilidad deja de ser individual para convertirse en un esfuerzo compartido.

Entender cómo ODS impactan la vida cotidiana permite a las personas expertas en responsabilidad social conectar estrategia, operación y narrativa. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no viven únicamente en planes maestros o reportes de impacto, sino en decisiones diarias que moldean el presente.

Reconocer esta dimensión cotidiana no solo fortalece la implementación de la Agenda 2030, sino que también abre nuevas oportunidades para comunicar, innovar y generar valor social desde lo cercano. Ahí, precisamente, radica su verdadero poder transformador.

Por qué las empresas pierden legitimidad cuando hablan de diversidad solo en fechas clave

Cada año, el calendario corporativo se llena de colores, consignas y comunicados alineados con el Día del Orgullo, el 8M o el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. En esos momentos, los mensajes sobre inclusión y diversidad se multiplican, pero también crece el escepticismo. No es casualidad: cuando el discurso aparece solo en fechas emblemáticas, las empresas pierden legitimidad frente a audiencias cada vez más informadas y críticas.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, este fenómeno no es nuevo. Sin embargo, sigue siendo un reto vigente porque toca el corazón de la reputación corporativa: la coherencia. La diversidad no es una campaña ni un recurso narrativo estacional; es una práctica continua que se refleja —o se contradice— en decisiones, políticas y cultura organizacional a lo largo del año.

La raíz del problema: cuando las empresas pierden legitimidad desde el calendario

La narrativa corporativa basada en efemérides suele partir de una buena intención: visibilizar causas relevantes. El problema surge cuando estas acciones no están respaldadas por una estrategia integral ni por cambios estructurales dentro de la organización. El mensaje se percibe entonces como oportunista. Para los públicos especializados, el calendario no es el problema, sino su uso como sustituto de una política sólida. Cuando la conversación sobre diversidad se limita a ciertos días, se vuelve predecible y superficial, lo que debilita su impacto real.

En este punto, las audiencias ya no preguntan “¿qué publicaste?”, sino “¿qué hiciste el resto del año?”. Esa diferencia marca el inicio de la pérdida de confianza.

empresas pierden legitimidad

Diversidad como discurso reactivo: por qué las empresas pierden legitimidad ante audiencias expertas

Un discurso reactivo responde a la presión social del momento, no a una convicción interna. En diversidad, esto se traduce en mensajes bien diseñados que no dialogan con la realidad cotidiana de la empresa. Las personas expertas en responsabilidad social identifican rápidamente esta disonancia. Revisan indicadores, composición de equipos directivos, brechas salariales y políticas internas, no solo campañas externas.

Cuando el relato no coincide con los datos, las empresas pierden legitimidad porque el storytelling se rompe: la historia que cuentan no coincide con la que viven sus grupos de interés.

El efecto boomerang en la reputación corporativa

Hablar de diversidad solo en fechas clave puede generar el efecto contrario al esperado. En lugar de fortalecer la reputación, expone inconsistencias que antes pasaban desapercibidas. Las redes sociales y los espacios especializados amplifican estas contradicciones. Una campaña puede detonar conversaciones incómodas sobre prácticas internas que la empresa no está lista para sostener públicamente.

Así, la diversidad deja de ser un activo reputacional y se convierte en un riesgo, especialmente cuando no hay una base sólida que la respalde.

empresas pierden legitimidad

La brecha entre comunicación y cultura organizacional

La legitimidad se construye desde adentro hacia afuera. Si la cultura organizacional no integra la diversidad como un valor transversal, cualquier mensaje externo se percibe vacío. Esto implica revisar procesos de contratación, desarrollo de talento, liderazgo inclusivo y toma de decisiones. Sin estos elementos, la comunicación se queda en la superficie. En este contexto, no sorprende que las empresas pierden legitimidad cuando el discurso no refleja la experiencia real de quienes trabajan dentro de la organización.

Los stakeholders no esperan silencio en fechas clave; esperan continuidad el resto del año. La diferencia está en usar esos momentos como hitos de una narrativa más amplia, no como únicos espacios de acción. Una estrategia madura integra metas claras, indicadores públicos y rendición de cuentas. La comunicación acompaña el proceso, no lo sustituye. Cuando esto ocurre, la diversidad deja de ser un tema estacional y se convierte en parte del ADN corporativo, reduciendo el riesgo de desgaste reputacional.

Medir, rendir cuentas y sostener el relato en el tiempo

La medición es clave para sostener la credibilidad. Reportar avances y desafíos con transparencia fortalece el vínculo con audiencias especializadas. No se trata de mostrar perfección, sino progreso. Reconocer lo que falta por hacer también construye confianza y humaniza a la organización. Sin estos elementos, incluso los mensajes mejor intencionados terminan erosionando la percepción pública y alimentando la idea de incoherencia.

En un entorno donde la responsabilidad social exige profundidad y consistencia, hablar de diversidad solo en fechas clave ya no es suficiente. Cuando el discurso no está alineado con la práctica, las empresas pierden legitimidad porque su historia se percibe incompleta. El verdadero desafío —y la gran oportunidad— está en convertir la diversidad en una práctica cotidiana, medible y sostenida, capaz de trascender el calendario y consolidar una reputación basada en hechos, no solo en mensajes.

Crece la preocupación por imágenes falsas de mujeres y niñas generadas por Grok AI, ¿y la RSE?

0

La conversación sobre inteligencia artificial suele avanzar al ritmo del asombro tecnológico, pero pocas veces se detiene a mirar el impacto social que dejan sus errores —o sus omisiones—. En los últimos días, Grok, el chatbot de IA de la plataforma X, ha puesto en el centro del debate un tema incómodo: la facilidad con la que una herramienta de gran alcance puede ser usada para denigrar, sexualizar y vulnerar derechos, especialmente de mujeres y niñas.

Lo ocurrido no es un desliz aislado ni un “mal uso” anecdótico. Revela una tensión profunda entre innovación, libertad de expresión y responsabilidad empresarial. Cuando la tecnología escala más rápido que las salvaguardas éticas, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve social: ¿quién responde por el daño y qué papel juega la responsabilidad social empresarial en este nuevo escenario digital?

Imágenes falsas de mujeres y el viejo patrón de la explotación digital

De acuerdo con The Guardian, existe una regla no escrita —y profundamente preocupante— en internet: cada nueva herramienta termina siendo utilizada, antes que nada, para desnudar a mujeres. Grok no fue la excepción. En cuestión de minutos, usuarios solicitaron ediciones para eliminar ropa de imágenes reales, muchas de ellas de mujeres jóvenes y, en algunos casos, de menores.

El problema no es solo la existencia de estas solicitudes, sino que una parte de ellas fue atendida por el sistema. Esto confirma que los filtros, pruebas y límites éticos no fueron suficientemente robustos antes del lanzamiento, pese a tratarse de una empresa con recursos financieros y tecnológicos de sobra para anticipar estos riesgos.

 imágenes falsas de mujeres

Imágenes falsas de mujeres y niñas: una falla que no es técnica, sino de RSE

Cuando un sistema permite la generación de contenido sexualizado no consensuado, la discusión no puede reducirse a errores de programación. Aquí hablamos de decisiones de diseño, prioridades empresariales y una cultura organizacional que no consideró el daño como una variable crítica.

Otras plataformas con IA generativa han demostrado que sí es posible bloquear este tipo de contenido desde el origen. La diferencia no está en la capacidad tecnológica, sino en el compromiso con estándares mínimos de protección, especialmente hacia grupos históricamente vulnerados.

Uno de los argumentos esgrimidos por Grok para justificar ciertas imágenes fue la “sátira”.

Sin embargo, la sátira requiere contexto, intención crítica y conciencia social; no basta con invocarla para legitimar la humillación o la sexualización de personas reales.

Cuando la IA argumenta que “equilibra diversión con ética”, queda claro que los parámetros que definen ese equilibrio no han sido puestos a prueba con rigor. En entornos digitales, el humor sin responsabilidad se convierte rápidamente en una forma de violencia simbólica con consecuencias reales.

Deepfakes no consensuados: ilegalidad y normalización del daño

En múltiples jurisdicciones, compartir o crear imágenes íntimas no consensuadas —incluidas las generadas por IA— ya es ilegal. Aun así, la facilidad con la que estas imágenes circulan contribuye a su normalización, diluyendo la percepción del daño que causan.

Para las víctimas, el impacto no es abstracto: afecta su reputación, su salud mental y su sensación de seguridad. La tecnología amplifica el alcance del daño y reduce el control que las personas tienen sobre su propia imagen.

RSE en entornos digitales: cuando la omisión también es una decisión

La responsabilidad social empresarial no se limita a reportes de sostenibilidad o iniciativas filantrópicas. En el caso de plataformas tecnológicas, se expresa —sobre todo— en cómo diseñan, prueban y despliegan productos que afectan la vida pública.

Reducir equipos de confianza y seguridad, delegar la detección del daño a denuncias de usuarios y trasladar la responsabilidad a las autoridades no es neutral. Es una forma de gestionar el riesgo reputacional a corto plazo, aunque el costo social sea alto.

Ante la lentitud de algunas respuestas gubernamentales, la presión empieza a desplazarse hacia reguladores e inversores. Multas, investigaciones y exigencias de cumplimiento pueden convertirse en incentivos reales para modificar prácticas empresariales.

La experiencia demuestra que cuando el daño afecta la confianza del mercado y la reputación corporativa, las empresas reaccionan con mayor rapidez. En este contexto, la ética deja de ser solo un valor y se convierte en un factor de viabilidad del negocio.

 imágenes falsas de mujeres

El daño persiste, incluso si abandonamos la plataforma

Aunque muchas personas opten por alejarse de X, el problema no desaparece. Las imágenes siguen circulando, se replican en otros espacios y continúan afectando a quienes fueron objeto de estas manipulaciones. La violencia digital no reconoce fronteras de plataforma. Normalizarla en un entorno activo termina permeando todo el ecosistema digital, reforzando dinámicas de agresión que trascienden la experiencia individual de uso.

El caso de Grok no es solo una polémica más en la industria tecnológica; es un síntoma de cómo la innovación sin responsabilidad puede amplificar desigualdades y vulneraciones ya existentes. La discusión sobre imágenes falsas de mujeres y niñas obliga a replantear qué entendemos por progreso cuando el costo lo pagan siempre los mismos cuerpos.

Desde la óptica de la responsabilidad social, la pregunta clave no es si la tecnología puede hacer algo, sino si las empresas están dispuestas a asumir las consecuencias de lo que permiten. En un entorno donde la IA seguirá expandiéndose, la verdadera línea roja no es la regulación, sino la ausencia de ética en las decisiones corporativas.

La estrategia de Trump en Venezuela es un retroceso grave para el clima, ¿por qué?

La escena es potente y deliberadamente simbólica: un cambio de poder forzado, un discurso de recuperación económica y la promesa de “hacer rentable” uno de los territorios con mayores reservas petroleras del planeta. En el centro de esa narrativa aparece una idea que Donald Trump ha repetido como mantra durante años: perforar más, producir más y depender menos —al menos en el discurso— de acuerdos multilaterales y transiciones energéticas.

Pero cuando esa lógica se traslada fuera de las fronteras estadounidenses, las consecuencias se amplifican. La apuesta por reactivar masivamente la extracción petrolera en Venezuela no solo reconfigura la geopolítica regional, sino que reabre una herida profunda en la agenda climática global. En un momento en el que el mundo ya muestra señales claras de agotamiento ambiental, esta estrategia parece mirar al pasado en lugar de responder a los desafíos del presente.

Trump en Venezuela y el regreso del “perforar, perforar, perforar”

De acuerdo con The Guardian, la estrategia que impulsa Trump en Venezuela replica, a escala internacional, su política energética doméstica. Tras años de promover la expansión del petróleo y el gas en Estados Unidos, el foco se desplaza ahora hacia un país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, estimadas en unos 300 mil millones de barriles.

El mensaje es claro: abrir la puerta a empresas estadounidenses para invertir miles de millones de dólares, rehabilitar infraestructura deteriorada y aumentar rápidamente la producción.

Para Trump, se trata de una oportunidad económica largamente desaprovechada; para la agenda climática, es una señal alarmante de retroceso.

Trump en Venezuela

Un aumento de producción con impacto climático inmediato

La producción petrolera venezolana se encuentra hoy muy por debajo de sus máximos históricos. Sin embargo, incluso un incremento moderado tendría efectos significativos en las emisiones globales. Pasar de alrededor de un millón de barriles diarios a 1.5 millones implicaría la liberación de aproximadamente 550 millones de toneladas de CO₂ al año al quemar ese combustible.

Esa cifra supera las emisiones anuales de países enteros como el Reino Unido o Brasil. No se trata de un impacto marginal: es una carga adicional para una atmósfera que ya se encuentra cerca —o más allá— de los límites acordados para evitar un calentamiento peligroso.

El problema del crudo venezolano: más sucio, más costoso

No todo el petróleo es igual, y en este caso esa diferencia importa. Venezuela produce uno de los crudos con mayor intensidad de carbono del mundo. Sus reservas de crudo extrapesado, particularmente en la Faja del Orinoco, requieren procesos más complejos, mayor consumo energético y generan más emisiones de carbono y metano.

Esto significa que cada barril extraído y refinado tiene un impacto ambiental mayor que el promedio global. En un contexto donde muchas economías buscan descarbonizar sus cadenas de valor, apostar por este tipo de petróleo va a contracorriente de los compromisos climáticos y de las expectativas de inversionistas cada vez más atentos al riesgo ESG.

Trump en Venezuela como freno a la transición energética

Más allá de las emisiones directas, existe un efecto sistémico. Aumentar la oferta global de petróleo tiende a reducir los precios, lo que desincentiva la adopción de energías renovables y retrasa la electrificación del transporte. Es un golpe indirecto, pero profundo, al impulso que muchos países han logrado construir hacia una transición energética más limpia.

En otras palabras, no solo se suma carbono a la atmósfera: se resta velocidad al cambio estructural que el planeta necesita. El resultado es un círculo vicioso en el que la dependencia de los combustibles fósiles se prolonga, incluso cuando sus costos ambientales ya superan con creces los beneficios económicos de corto plazo.

Venezuela, clima y una paradoja social

La narrativa de crecimiento económico suele omitir un dato clave:

Venezuela es también altamente vulnerable a los impactos del cambio climático.

Sequías más severas, eventos climáticos extremos y afectaciones a sistemas alimentarios ya forman parte de su realidad.

Desde esta perspectiva, el aumento de la producción petrolera es una paradoja. Los beneficios económicos potenciales podrían verse rápidamente anulados por los costos climáticos y sociales que recaerán, en primer lugar, sobre la población local. El daño ambiental no reconoce fronteras, pero sus efectos suelen ser más duros en los países con menor capacidad de adaptación.

Trump en Venezuela

Riesgos económicos y promesas difíciles de cumplir

Incluso desde una lógica puramente financiera, la estrategia enfrenta obstáculos considerables. Reactivar la industria petrolera venezolana requiere inversiones multimillonarias, años de trabajo y una estabilidad política que hoy no está garantizada. Reparar infraestructura, modernizar instalaciones y desarrollar nuevos campos implica riesgos que muchas empresas no están dispuestas a asumir en plazos tan cortos.

Además, el crudo pesado venezolano compite directamente con productores estadounidenses. Esto genera tensiones internas en el propio sector energético de Estados Unidos, que durante años apoyó sanciones precisamente para limitar esa competencia.

Un debate que trasciende a las petroleras

Lo que está en juego va más allá de si Exxon, Chevron u otras compañías deciden invertir o no. La discusión de fondo es qué modelo de desarrollo se está promoviendo y a costa de qué. La idea de que el crecimiento económico debe sostenerse sobre una mayor extracción de combustibles fósiles ignora décadas de evidencia científica y compromisos internacionales.

Para muchas organizaciones y especialistas, este enfoque se asemeja a un nuevo tipo de imperialismo energético, donde los territorios se conciben como reservas a explotar y no como sociedades con derecho a decidir su propio futuro energético y ambiental.

Un camino que mira hacia atrás

La estrategia impulsada por Trump en Venezuela representa una visión anclada en el pasado. En un momento histórico que exige innovación, cooperación y una reducción drástica de emisiones, apostar por la expansión de uno de los petróleos más contaminantes del mundo resulta difícil de justificar.

Más que una solución económica, se perfila como un riesgo climático global y un precedente político preocupante. Si algo deja claro este escenario es que las decisiones energéticas ya no pueden evaluarse solo en términos de rentabilidad inmediata: su impacto ambiental, social y reputacional define, cada vez más, el verdadero costo de “perforar, perforar, perforar”.

Blue Monday: ¿realmente es “el día más triste del año” o solo un recordatorio de cuidar nuestra salud emocional?

Cada enero, el llamado Blue Monday —supuestamente “el día más triste del año”— circula en medios y redes sociales. Aunque su origen no proviene de la ciencia sino de una campaña publicitaria, el tema ha generado conversación sobre algo real: muchas personas sí experimentan tristeza, apatía o cansancio emocional durante este periodo. 

Desde la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM), explicamos que más allá del mito, enero puede coincidir con factores que influyen en el estado de ánimo: cierre de objetivos no cumplidos, presión económica tras las fiestas, cansancio acumulado, y un regreso abrupto a la rutina.

“Más que hablar de un solo día triste, lo importante es reconocer que muchas personas viven emociones complejas en estas fechas y necesitan espacios para comprenderlas y atenderlas”, señala Dolores Montilla Bravo, Presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. 

¿Por qué enero puede sentirse más pesado emocionalmente?

Algunos factores comunes son:

●     Fin de la euforia decembrina: La convivencia social disminuye.

●     Expectativas del año nuevo: Metas exigentes o poco realistas.

●     Estrés económico: Gastos acumulados.

●     Cansancio emocional: Tras semanas intensas.

●     Retorno laboral o escolar: Ajuste abrupto. 

Blue Monday

Todo esto no siempre genera depresión clínica —pero sí puede detonar tristeza, ansiedad o desmotivación. 

Lo importante: validar, no minimizar 

Desde el enfoque psicoanalítico, la tristeza cumple una función emocional: nos invita a detenernos, reflexionar y escuchar lo que sentimos. 

La Dra. Dolores Montilla Bravo explica: “Cuando una persona se permite hablar de lo que siente, sin vergüenza ni juicios, puede comprender mejor su mundo interno y encontrar caminos de alivio. En la Asociación Psicoanalítica Mexicana promovemos espacios de escucha profesional, humana y ética”.

No romantizar la tristeza… pero tampoco ocultarla. El problema con Blue Monday surge cuando:

●     trivializa el sufrimiento real

●     convierte la tristeza en tendencia

●     invisibiliza la depresión clínica

●     refuerza frases como “ya se te pasará”

La salud mental merece respeto y seriedad.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Se recomienda acompañamiento terapéutico cuando:

✔ la tristeza dura semanas

✔ hay pensamientos negativos recurrentes

✔ el sueño o apetito cambian

✔ aparece aislamiento

✔ se pierde el interés en actividades

✔ hay culpa o desesperanza constantes

Y siempre, cuando la persona lo necesita.

Blue Monday

Cómo cuidarte emocionalmente en enero

La APM sugiere:

●     Hablar de lo que sientes

●     Evitar sobrecargarte

●     Respetar tiempos de descanso

●     Buscar redes de apoyo

●     Considerar psicoterapia

La psicoterapia psicoanalítica ofrece un espacio para comprender nuestro mundo interno, nuestros vínculos y experiencias, dando sentido a lo que nos duele.

Lincoln es reconocida como una de las mejores marcas de lujo automotriz

Lincoln alcanzó un hito histórico al escalar hasta el séptimo lugar general entre las 34 empresas automotrices evaluadas globalmente por Consumer Reports, una organización independiente que evalúa rigurosamente la satisfacción de los clientes. Además, Lincoln es la cuarta compañía mejor calificada en el segmento de vehículos de lujo, entre un total de 14 competidores.

El reporte anual Consumer Reports analiza la fiabilidad predicha, la satisfacción del propietario, la seguridad y el desempeño en pruebas de carretera. La organización representa la referencia definitiva para los consumidores exigentes.

Con una puntuación sobresaliente de 75/100, Lincoln superó a firmas europeas y asiáticas de gran renombre. Este salto estadístico no solo es el más grande registrado por cualquier fabricante en este periodo, sino que valida el compromiso de la marca con la excelencia técnica y la calidad de manufactura.

Este éxito se fundamenta en una mejora sustancial de la fiabilidad y en el liderazgo tecnológico indiscutible de la firma. El sistema Lincoln BlueCruise ha sido calificado nuevamente por Consumer Reports como la mejor asistencia activa a la conducción en el mercado, destacando por su seguridad y precisión. Además, las pruebas de carretera de la marca siguen destacando gracias a la potencia y el refinamiento que definen la experiencia de manejo de la marca.

El puntaje obtenido es el resultado de un portafolio de SUVs consistente y equilibrado. Mientras que la agilidad de Lincoln Corsair y la innovación de la nueva Lincoln Nautilus han sido piezas clave para elevar los índices de fiabilidad y recomendación, los buques insignia Lincoln Aviator y Lincoln Navigator se mantienen como los pilares que sostienen las máximas calificaciones en satisfacción del cliente y confort. Esta sinergia asegura que, desde el modelo de entrada hasta el más robusto, el cliente reciba un “Santuario” de alta calidad y solidez mecánica.

Con estos resultados, Lincoln demuestra que el lujo americano ha evolucionado para ofrecer una de las mejores decisiones de compra respaldada por datos. Este reconocimiento de Consumer Reports confirma que elegir un Lincoln es optar por una marca que hoy lidera en confianza, tecnología y satisfacción real de sus propietarios.

Balance anual de Greenpeace: lo que nos dejó (y quitó) 2025 en materia ambiental

Desde la organización destacaron que 2025 fue un año lleno de contrastes en materia ambiental: mientras, por una parte, la comunidad internacional logró importantes avances en materias claves para la conservación ambiental, por otro lado, a nivel local ha primado el ‘regresionismo’ y el abandono de algunas comunidades.

“En 2024 celebramos que nuestro país fue uno de los primeros del mundo en ratificar el Tratado de los Océanos y este año podemos festejar que este instrumento alcanzó las 60 ratificaciones necesarias para su entrada en vigor en los próximos meses. Sin embargo, mientras celebramos la vigencia de este instrumento de protección internacional de nuestros océanos, a nivel local debemos lamentar que cada vez más especies chilenas nativas fueron reclasificadas a categorías de mayor amenaza, pasando a Vulnerable, En Peligro o En Peligro Crítico por el Ministerio del Medio Ambiente, lo que da cuenta del profundo deterioro de la biodiversidad en nuestro país”, aseguró Silvana Espinosa, geógrafa y experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace Chile.

Para la organización ambientalista, este escenario a nivel local pone en relieve la importancia de contar con una sociedad civil fuerte y profundamente involucrada en estos asuntos, capaz de develar y denunciar estos problemas, pero también de aportar en su mitigación y reparación; pero por sobre todo denota lo fundamental que es contar con ciudadanos organizados y comprometidos con las causas ambientales, para que sean capaces de defender a sus comunidades de los abusos de los que pueden ser víctima sus territorios. 

A continuación, más detalle de los hitos que Greenpeace destacó en su balance anual. 

Lo bueno

En septiembre de 2025, luego de más de 20 años de negociaciones, el Tratado Global de los Océanos (BBNJ, por sus siglas en inglés) alcanzó las 60 ratificaciones necesarias para su entrada en vigor. “Esta es una una medida clave en el actual contexto de crisis climática y ecológica, ya que fortalece la seguridad alimentaria, mejora la capacidad de regulación climática y protege la biodiversidad marina; esta herramienta nos permitirá avanzar hacia la protección del 30% de las aguas internacionales a 2030, mediante la creación de santuarios marinos en alta mar”, recalcó Espinosa.

Otra muy buena noticia, fue el nuevo triunfo de Chile en los World Travel Awards (WTA) Sudamérica 2025, los llamados “Premios Óscar del turismo”, donde este año Chile fue galardonado en las categorías de Turismo Aventura, Destino Romántico, Destino Verde, Destino de Naturaleza y Destino de Cruceros, lo que consolida a nuestro país y su diversa geografía como uno de los líderes indiscutidos (desde hace más de 10 años) en diversas categorías. 

Balance anual Greenpeace

En 2025, una normativa chilena recibió un importante reconocimiento a nivel internacional: la Relatora Especial de la ONU sobre el derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible, Astrid Puentes destacó a la Ley Lafkenche y los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPOs) como una buena práctica a nivel global en materia de gobernanza oceánica, conservación marina y protección de los derechos de los pueblos indígenas. “Este reconocimiento es especialmente relevante porque valida un modelo que pone en el centro la protección del océano desde los territorios y las comunidades que históricamente lo han habitado”, explicó la vocera de Greenpeace. 

Lo malo

Lamentablemente, durante 2025 también se registraron retrocesos importantes en materia ambiental. “Uno que nos preocupa largamente es que este año se reclasificaron varias especies chilenas nativas a categorías de mayor amenaza, pasando a ‘Vulnerable’, ‘En Peligro’ o ‘En Peligro Crítico’”, aseguró Espinosa. Ejemplo de ello, es la actualización del estado de conservación del pingüino de Humboldt, quien pasó de la categoría “Vulnerable” a “En Peligro”, bajo los estándares de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), similar a lo que ocurrió con otras especies como la rana de pecho espinoso del Catedral, el dragón de la patagonia, el cascarudo de peña o el chaura de laraquete.

Otra tendencia negativa para el mundo ambiental ha sido la aprobación y avance de normas regresivas que debilitan estándares de protección ya consolidados, como la llamada “Ley de Permisología” o las modificaciones a la Ley de Plásticos de un Solo Uso. “En las mencionadas normativas vemos que se ha vulnerado el principio de no regresión -que establece que la protección ambiental, la salud, la biodiversidad, la participación y la transparencia no pueden retroceder-, dando cuenta del enorme poder del lobby empresarial, capaz de retrotraer leyes que incluso fueron altamente celebradas, tanto en el plano local como en el internacional”, puntualizó Espinosa. 

Balance anual Greenpeace

Urgencias y esperanzas

En los últimos meses se hicieron públicas nuevas intoxicaciones masivas en la Región de Valparaíso, que afectaron a más de 200 personas -principalmente niñas, niños y adolescentes- de Quintero y Puchuncaví. “Este no es un problema nuevo, pero no podemos continuar normalizándolo”, aseguró al respecto la geógrafa, y añadió que “si esto ocurriera en Santiago, jamás se le permitiría a una industria seguir funcionando luego de que un centenar de niños se intoxique por el sólo hecho de asistir al colegio. Es urgente generar un mayor accountability tanto entre las industrias como en las instituciones del Estado y exigir que de una vez por todas se identifiquen con claridad los gases, elementos y compuestos emitidos por TODAS las industrias de la bahía que dañan la salud de las personas”, aseguraron desde la ONG ambientalista.

Por otra parte, desde la organización sostuvieron que aún hay razones para sentir esperanza, y esto es evidente al hablar del proyecto Dominga: “Pese a todas las presiones, la insistencia y todo el dinero que han utilizado para convencer a la opinión pública y, al parecer, al Poder Judicial (según las últimas informaciones que vinculan a los abogados en prisión por el caso de la Muñeca Bielorrusa con la empresa Andes Iron, el titular de Dominga), este proyecto minero portuario sigue estando rechazado”, afirmó Espinosa. “Que Dominga no se haya construido hasta ahora también es resultado de una persistente defensa del territorio, sostenida por comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil, evidencia científica robusta y decisiones fundadas. La permanencia del rechazo al proyecto refuerza la idea de que no todo es negociable y que existen límites ecológicos que deben ser respetados”, concluyó la vocera de Greenpeace.

Arranque laboral de 2026: cautela, incertidumbre y la búsqueda de certidumbre empresarial

México inicia 2026 en un periodo de máxima prudencia, donde el panorama laboral será definido por la incertidumbre externa, el aumento de los costos operativos y el desafío persistente de la informalidad. 

De acuerdo con el análisis de Alberto Alesi, Director General de ManpowerGroup para México, Caribe y Centroamérica, el escenario dista de ofrecer certidumbre, proyectando un año “notablemente más conservador” si se mantiene la tendencia observada en 2025. Las decisiones empresariales serán cada vez más prudentes, obligando a monitorear de cerca la productividad y la evolución de los factores macroeconómicos.

Reducción de jornada: impacto en costos y necesidad de ajuste gradual

La propuesta de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales se perfila como un tema definitorio para el ámbito empresarial en los próximos cinco años, generando un aumento considerable en los costos. Alberto Alesi advierte que esta medida podría forzar a muchas Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) a aumentar su personal, traduciéndose en un incremento en los costos laborales estimado entre el 10 y el 15 por ciento, y disparando los costos operativos hasta más de un 30 por ciento en algunos sectores. No obstante, la implementación gradual, proyectada entre 2027 y 2030, facilitará a las compañías la realización de pruebas piloto y ajustes progresivos. Un aspecto crucial a vigilar es la evolución de la productividad, que podría mantenerse a pesar de la reducción de horas y el potencial aumento de la plantilla.

Arranque laboral de 2026

Informalidad: el mayor reto del empleo en el país

Aunque el balance de empleo formal en 2025 es favorable, con una estimación neta de entre 40 mil y 150 mil nuevos puestos, este se encuentra matizado por la incorporación de trabajadores de plataformas digitales al Instituto Mexicano del Seguro Social. Excluyendo este efecto, las cifras hubieran sido inferiores o incluso negativas. El verdadero desafío, sin embargo, sigue siendo la informalidad, que ya abarca a más del 55% de la Población Ocupada. 

El directivo de ManpowerGroup alerta que, con más de un millón de personas que se integran anualmente a la población económicamente activa, el país no está generando suficientes empleos formales para absorber este crecimiento, lo que impulsa inevitablemente a la población hacia la informalidad.

Arranque laboral de 2026

T-MEC y certidumbre interna: requisitos para detonar la inversión

La relación comercial con Estados Unidos es uno de los principales focos de inquietud, con la amenaza recurrente de nuevos aranceles y el inicio del proceso de renegociación del T-MEC, cuya revisión genera una incertidumbre fundamental para la economía mexicana. De cara al 2026, la cautela laboral es palpable, con un 13% de los empleadores que se muestran inseguros sobre las modificaciones en su plantilla. Además, la capacidad del país para atraer o expandir inversiones se verá limitada sin certeza jurídica, seguridad física y acceso garantizado a recursos esenciales como agua, energía e infraestructura.

ManpowerGroup concluye que el mensaje para el inicio de 2026 es de prudencia. No se anticipa un escenario negativo, pero sí uno marcadamente más cauto. La trayectoria del empleo estará determinada, en gran medida, por el resultado de la renegociación del T-MEC, la política comercial estadounidense y la capacidad de México para generar certidumbre interna en un entorno global de alta volatilidad.

IA podría aumentar la desigualdad entre la niñez a nivel global

En un aula de Cambridge, Joseph, de 10 años, observa cómo su modelo de inteligencia artificial confunde una manzana con una sonrisa. No se ríe del error ni se frustra: ajusta los datos, vuelve a entrenar el sistema y corrige el fallo con naturalidad. En ese gesto sencillo hay algo revelador: para él, la IA no es una caja negra, sino una herramienta comprensible y perfectible.

De acuerdo con The Guardian, mientras gran parte del mundo adulto debate los riesgos futuros de la inteligencia artificial, una generación entera ya está creciendo junto a ella. Como ocurrió con la aviación o las redes sociales en décadas pasadas, estos niños no conocen un mundo sin algoritmos. Sin embargo, esa familiaridad no es homogénea. Y ahí surge una tensión central: el avance tecnológico podría estar ampliando brechas existentes en lugar de cerrarlas.

Desigualdad entre la niñez: la nueva brecha no visible

Diversos especialistas advierten que se está configurando una división profunda entre niñas y niños que entienden cómo funciona la inteligencia artificial y aquellos que solo interactúan con ella de forma pasiva. Esta diferencia no siempre se percibe de inmediato, pero tiene implicaciones de largo alcance en términos de autonomía, participación social y ejercicio de derechos.

La desigualdad entre la niñez ya no se limita al acceso a dispositivos o conectividad. Ahora incluye la capacidad de comprender, cuestionar y controlar tecnologías que influyen cada vez más en decisiones clave.

Saber cómo aprende un algoritmo puede marcar la diferencia entre ser un actor informado o un receptor sin voz dentro de sistemas automatizados.

desigualdad entre la niñez

Expertos en educación digital coinciden en que la alfabetización en inteligencia artificial debería considerarse una habilidad básica, al mismo nivel que la lectura o la escritura. No con el objetivo de formar programadores desde la infancia, sino de desarrollar pensamiento crítico frente a tecnologías que moldean la vida cotidiana.

Cuando la IA se percibe como “magia”, se pierde la posibilidad de evaluar sus límites, detectar sesgos o exigir explicaciones. Esta falta de comprensión genera dependencia y vulnerabilidad, especialmente en contextos donde los sistemas automatizados comienzan a intervenir en ámbitos como la salud, el bienestar social o el acceso a oportunidades.

Menos educación tecnológica, más automatización

A pesar del crecimiento acelerado del uso de la inteligencia artificial, en varios países ha disminuido el interés por estudiar informática en niveles escolares. Parte de esta tendencia se alimenta de la narrativa de que la IA hará innecesarias ciertas habilidades técnicas, al automatizar procesos como la programación.

Sin embargo, automatizar no equivale a comprender. Delegar tareas a sistemas inteligentes sin entender su lógica interna implica ceder control. Cuanto más influyentes son estos sistemas, mayor es la necesidad de que las personas conozcan cómo se entrenan, qué datos utilizan y qué errores pueden cometer.

Hoy la inteligencia artificial recomienda contenidos culturales; mañana puede influir en decisiones financieras, diagnósticos médicos o evaluaciones de riesgo social.

Para quienes no entienden cómo funcionan estos procesos, cuestionar una decisión automatizada será cada vez más difícil.

Este escenario plantea un desafío ético de gran escala. La falta de alfabetización tecnológica limita la capacidad de las personas para defender sus derechos frente a sistemas opacos. En este sentido, la educación en IA deja de ser solo un tema pedagógico y se convierte en una herramienta de inclusión social.

desigualdad entre la niñez

Desigualdad entre la niñez y origen socioeconómico

El acceso a la alfabetización en inteligencia artificial no se distribuye de manera equitativa. En muchos países, aprender cómo funciona un algoritmo, cómo se entrenan los modelos o cómo detectar errores y sesgos depende del tipo de escuela, del presupuesto educativo y del capital cultural de las familias. Así, mientras algunos niños crecen experimentando, programando y cuestionando la tecnología, otros solo la consumen sin herramientas para comprenderla.

Esta brecha no es únicamente tecnológica, sino estructural. Las escuelas con menos recursos suelen priorizar contenidos considerados “básicos” frente a materias digitales emergentes, no por falta de interés, sino por limitaciones de infraestructura, formación docente o políticas públicas insuficientes. El resultado es que la desigualdad entre la niñez se reproduce desde el aula, reforzando diferencias que ya existen por razones económicas, geográficas o sociales.

Además, en contextos vulnerables, la inteligencia artificial suele presentarse como un sistema que decide “por otros”: asigna apoyos sociales, evalúa riesgos o filtra oportunidades. Cuando niñas y niños crecen sin comprender cómo operan estas decisiones automatizadas, se normaliza una relación pasiva con la tecnología, donde cuestionar o impugnar resultados parece imposible. Esto debilita la noción de agencia y participación desde edades tempranas.

A largo plazo, esta disparidad puede traducirse en ciudadanos con capacidades muy distintas para interactuar con el mundo digital. Mientras unos estarán preparados para diseñar, supervisar o regular sistemas de IA, otros quedarán sujetos a ellos. Abordar esta brecha implica reconocer que la educación en inteligencia artificial no es un privilegio académico, sino una herramienta clave para la equidad social y la movilidad intergeneracional.

desigualdad entre la niñez

No se trata de frenar la innovación…

Joseph intuye algo fundamental: la inteligencia artificial puede ser útil, pero también equivocarse. Reconocer esos errores y saber cómo corregirlos es una forma temprana de ejercer ciudadanía en un entorno digital. No se trata de frenar la innovación, sino de asegurar que más personas comprendan sus reglas.

Si la IA será parte estructural de nuestras sociedades, la educación debe anticiparse a sus impactos. Garantizar que niñas y niños desarrollen alfabetización en inteligencia artificial es una condición necesaria para evitar nuevas desigualdades y construir un futuro donde la tecnología no concentre poder, sino que amplíe capacidades de forma equitativa.