Dice Sarkozy que si los directivos son buenos es normal que ganen mucho dinero. Nadie cuestiona que ganen mucho. Lo que algunos censuramos desde una óptica de responsabilidad social de las empresas es que el abanico salarial se haya disparado a proporciones estratosféricas.
Lo que sigue siendo incomprensible, innecesario y absolutamente injusto es que en una empresa la desproporción salarial entre sus empleados sea, como lo es en demasiadas compañías multinacionales, de 1 a 1000. La lógica salarial del mundo hasta hace muy pocos años establecía como proporcionados y razonables abanicos de 1 a 10 ó 1 a 20. Podemos admitir que el fichaje de “ejecutivos milagrosos” transforman los resultados de las empresas y merecen abanicos de 1 a 100. Pero es evidente, que nada ni nadie puede justificar salarios multimillonarios que ofenden a la ética y a la dignidad humana.
Pero lo que es peor, no es el abanico. Lo que es peor, es que además, en muchos casos esos ingresos se producen sin ninguna correspondencia a los resultados como por ejemplo los contratos blindados y los ingresos extrasalariales (fondos de pensiones, etc….), ajenos a resultados y en muchos casos percibidos paralelamente a sonoros fracasos empresariales.




