El Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) y su programa, Caracol de Plata®, abre oficialmente la convocatoria para participar en el Reconocimiento Iberoamericano Caracol de Plata 2026, el certamen que reconoce las mejores campañas de comunicación social realizadas por empresas, agencias, instituciones y estudiantes en Iberoamérica.
El concurso busca destacar proyectos que, mediante estrategias creativas y efectivas de comunicación, promuevan el cambio social positivo y contribuyan a la solución de problemáticas relevantes en la región.
¿Quiénes pueden participar?
Empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil: campañas de comunicación con impacto social.
Agencias de publicidad y comunicación: proyectos desarrollados para clientes con causa social.
Estudiantes universitarios: Tema 2026: “El Voluntariado empieza contigo”
Fechas clave
Apertura de convocatoria: 21 de enero de 2026
Cierre de inscripciones: 31 de marzo de 2026
Ceremonia de premiación: Finales de agosto de 2026, Auditorio Bolsa Mexicana de Valores CDMX México
🌟 ¡Ya está abierta la convocatoria del Concurso Caracol de Plata 2026! 🌟 Premiamos las mejores campañas de comunicación con impacto social en Iberoamérica. 📅 Inscripciones abiertas hasta el 15 de marzo. 👉 Registra tu proyecto en https://t.co/4s1qwbHchg@Cemefipic.twitter.com/YTde1bSBG8
“La comunicación tiene la capacidad de abrir miradas, generar empatía y transformar realidades. En Cemefi trabajamos para visibilizar causas que inspiran acción y compromiso social. Con el Caracol de Plata®, reconocemos a quienes utilizan la comunicación con causa para impulsar una sociedad más responsable, con la participación activa de empresas, organizaciones y ciudadanía”, afirma Ricardo Bucio Mújica, presidente ejecutivo de Cemefi.
“En el Grupo Bolsa Mexicana de Valores creemos firmemente que la comunicación con causa y la educación financiera son herramientas clave para generar impacto social. Por ello, nos honra acompañar una nueva edición del Premio Caracol de Plata®, una iniciativa que reconoce ideas capaces de informar, sensibilizar y transformar la sociedad”, comentó Jorge Alegría Formoso, director general del Grupo BMV.
Por su parte, Salvador Villalobos, presidente ejecutivo del Consejo de la Comunicación señaló: “Hoy en día, las empresas buscan cumplir con su responsabilidad social y económica, aportando al desarrollo de México y mejorando la calidad de vida de miles de familias. Una forma clave de apoyar a la sociedad es mediante la difusión de mensajes con impacto positivo. Por ello, iniciativas como el Reconocimiento Iberoamericano Caracol de Plata® resultan fundamentales, ya que inspiran a las organizaciones a comprometerse y asumir plenamente su dimensión social, utilizando una de las herramientas más poderosas: la comunicación responsable”.
Información adicional
Los interesados pueden consultar las bases completas y registrar sus proyectos en la página oficial.
Por Felipe Araiz — Gerente de Desarrollo Sustentable y Fundación Holcim
El mundo de la construcción y la infraestructura se basa en la resiliencia y la durabilidad. Buscamos materiales que soporten el paso del tiempo, el embate del clima y la presión del desarrollo humano. Sin embargo, en el planeta existen infraestructuras naturales, como los arrecifes de coral construidas durante milenios, cuya destrucción está comprometiendo la sostenibilidad de nuestras costas y ecosistemas.
Estos ecosistemas cumplen un papel esencial para la vida marina y humana. Su compleja arquitectura brinda refugio y alimento a miles de especies, y al mismo tiempo atenúa la fuerza del oleaje, actuando como una primera línea de defensa para las comunidades costeras.
Un análisis publicado por el World Resources Institute, confirma que los arrecifes actúan como rompeolas naturales que disipan de manera decisiva la energía del mar. Gracias a ello, más de 200 millones de personas en el mundo ven reducido su riesgo de inundaciones y erosión costera. Cuando esta defensa desaparece, las comunidades quedan expuestas y nos enfrentamos a la necesidad de construir soluciones artificiales más costosas y menos efectivas.
La crisis de los corales no es una fatalidad futura, sino una emergencia que se desarrolla a un ritmo sin precedentes. La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) y la ICRI han confirmado que entre 2023 y 2025, el mundo ha experimentado el evento de blanqueamiento más intenso y extendido jamás registrado, afectando a más del 80% de los arrecifes en el planeta.
Esta devastación tiene dos frentes de ataque principales. El primero es el cambio climático: el aumento de la temperatura oceánica provoca el blanqueamiento masivo, obligando a los corales a expulsar las algas que les dan sustento. A esto se suma la acidificación oceánica causada por el exceso de CO2, que dificulta su capacidad de construir su esqueleto calcáreo.
El segundo factor nos incluye directamente desde nuestro campo de acción. La contaminación terrestre derivada de la planificación urbana, industrial y agrícola es un veneno constante. Los escurrimientos de sedimentos y nutrientes sofocan y degradan la calidad del agua, un impacto que se magnifica con una gestión costera deficiente.
Desde nuestra posición, este panorama exige una estrategia dual. En primer lugar, es ineludible la mitigación global. Gobiernos y empresas deben adoptar metas de descarbonización ambiciosas, pues solo frenando las emisiones lograremos aliviar el estrés térmico fundamental que afecta a los océanos.
En segundo lugar, se requiere innovación y acción local. Debemos invertir seriamente en la ciencia de la restauración de corales, también conocida como “jardinería marina”. Este esfuerzo de repoblación, que busca trasplantar y propagar especies más resistentes, es un complemento vital para ayudar a los arrecifes a recuperar su funcionalidad ecológica.
Además, desde la gestión de la tierra, debemos garantizar que toda obra de infraestructura costera y el desarrollo adyacente incorpore la gestión de escurrimientos como una prioridad absoluta. La protección de los arrecifes comienza a kilómetros de distancia, en la forma en que construimos y utilizamos el territorio.
La pérdida de esta infraestructura natural invaluable es una advertencia clara sobre la fragilidad de nuestro planeta. Al proteger los arrecifes, no sólo estamos salvaguardando la biodiversidad, sino que estamos tomando una decisión de responsabilidad fiscal, social y humanitaria. Es momento de pasar de la conciencia a la inversión estratégica en la resiliencia de la naturaleza.
Fundación Aleatica para la Seguridad Vial participó en la inauguración de la exposición “Ruta de las Empresas”, una iniciativa del Consejo de la Comunicación en conjunto con Locos por el Arte, que transforma al Paseo de la Reforma en una galería al aire libre, donde 17 empresas de distintos sectores presentan sus acciones de responsabilidad social a través de esculturas en forma de mundo.
En este contexto, Fundación Aleatica llama a colocar la seguridad vial en el centro de las prioridades. De acuerdo con datos del Monitor de la Seguridad Vial, México se está alejando de la meta internacional de reducir en al menos 50% las fatalidades y lesiones graves para 2030. Actualmente se registran más de 16 mil fallecimientos al año y cerca de 44 mil lesionados graves por siniestros de tránsito. Los usuarios más vulnerables son peatones, ciclistas y motociclistas, quienes representan el 70% de las fatalidades.
De continuar esta tendencia, el país podría alcanzar más de 25 mil fatalidades anuales en 2030, lo que implicaría 279% más fallecimientos y lesiones por encima de la meta proyectada en el marco del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial de Naciones Unidas (2021–2030).
Además, 97% de los hechos de tránsito ocurre en ciudades, lo que apunta a la necesidad de enfocar esfuerzos en el entorno urbano. En este contexto, Fundación Aleatica participa en “Ruta de las Empresas” para concientizar a las personas sobre la importancia de la seguridad vial para salvar vidas.
Durante su mensaje, Fernanda Espinosa, directora de Fundación Aleatica, explicó que la organización nació con el objetivo de lograr que el derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial sea una realidad para todas las personas.
La Fundación impulsa esta agenda mediante programas que apuntan a incidir en políticas públicas, generan datos para la correcta toma de decisiones, incentivan la participación multisectorial y promueven la formación y concientización, con el respeto a la vida en el centro de sus acciones.
La esfera de Fundación Aleatica, titulada “Caminos cruzados con respeto”, fue creada por Angélica Gatica, artista plástica con estilo geométrico abstracto. La pieza simboliza la Tierra como un espacio compartido y en constante movimiento, donde la seguridad vial es una responsabilidad de todas y todos.
Mediante un lenguaje visual que combina geometría y formas orgánicas, la obra alude a la precisión de la ingeniería vial y a su impacto directo en la vida diaria de las personas.
En esta pieza se integran mensajes como “Uno x uno”, “Somos seguridad vial” y “La seguridad vial es nuestro derecho”, que refuerzan que cada acción individual contribuye al bienestar colectivo. Asimismo, el uso de colores como el rojo, azul, amarillo, verde y naranja representa valores asociados a la prevención, la confianza, la visibilidad, el avance responsable y el compromiso comunitario.
Con esta iniciativa, Fundación Aleatica reafirma su compromiso de promover una movilidad más segura y sostenible, con la convicción de que todas y todos tenemos derecho a llegar sanos y salvos a nuestro destino, porque siempre hay alguien esperándonos en casa.
La exposición estará abierta del 25 de enero al 6 de marzo; se sitúa del Ángel de la Independencia a la Glorieta del Ahuehuete, y se estima que alcanzará a más de 4 millones de personas.
En los últimos años, el debate sobre sostenibilidad ha puesto el foco en prácticas extractivas que van más allá de la minería, el petróleo o los recursos naturales. Cada vez con mayor fuerza aparece un concepto incómodo pero necesario: entender qué es el extractivismo social y cómo opera dentro de los modelos económicos, productivos y hasta filantrópicos que hoy dominan al mundo. No se trata solo de lo que se extrae del territorio, sino de lo que se toma de las personas, las comunidades y los vínculos sociales.
Comprender qué es el extractivismo social implica reconocer una lógica que prioriza el beneficio inmediato sobre el bienestar colectivo, que usa a las personas como medios y no como fines, y que suele justificarse bajo discursos de progreso, desarrollo o incluso impacto social. Este fenómeno atraviesa industrias, cadenas de suministro, políticas públicas y estrategias empresariales, dejando consecuencias profundas que rara vez se miden con la misma rigurosidad que los indicadores financieros.
¿Qué es el extractivismo social y cómo se manifiesta hoy?
Para entender qué es el extractivismo social, es necesario ir más allá de la extracción de recursos naturales. Este concepto se refiere a prácticas que se apropian de tiempo, trabajo, conocimientos, territorios, cultura y capital social de comunidades y personas, sin una retribución justa ni una distribución equitativa de los beneficios generados.
El extractivismo social se manifiesta cuando las poblaciones locales cargan con los costos sociales, ambientales y emocionales de proyectos productivos, mientras los beneficios se concentran en actores externos. También aparece en modelos laborales precarios, en cadenas de suministro que dependen de desigualdades estructurales o en iniciativas que instrumentalizan a comunidades bajo la narrativa del “impacto”, sin empoderamiento real ni participación genuina.
6 ejemplos de extractivismo social y sus consecuencias
1. Cadenas de suministro basadas en trabajo precario
Un ejemplo claro de extractivismo social ocurre en cadenas de suministro que dependen de mano de obra mal remunerada, sin seguridad social ni condiciones dignas. Industrias como la textil, agrícola o electrónica suelen externalizar costos sociales a comunidades donde la regulación es débil y la necesidad económica alta.
La consecuencia directa es la reproducción de pobreza estructural y desigualdad. Aunque estos modelos generan productos competitivos a bajo costo, dejan detrás desgaste físico, falta de oportunidades y una imposibilidad real de movilidad social para quienes sostienen la producción.
2. Proyectos extractivos que ignoran la voz comunitaria
Cuando empresas desarrollan proyectos mineros, energéticos o de infraestructura sin consulta previa ni consentimiento informado, se incurre en extractivismo social. Las comunidades son tratadas como obstáculos a gestionar, no como actores con derechos.
Esto genera conflictos sociales, criminalización de la protesta y rupturas internas. A largo plazo, la pérdida de confianza en instituciones y empresas debilita la gobernanza local y deja cicatrices sociales difíciles de reparar.
3. Uso instrumental de comunidades en iniciativas de “impacto social”
Algunas estrategias de responsabilidad social utilizan a comunidades vulnerables como casos de éxito o narrativa reputacional, sin generar cambios estructurales reales. El extractivismo social aparece cuando se extrae valor simbólico sin empoderamiento genuino.
La consecuencia es doble: por un lado, se perpetúa la dependencia; por otro, se vacía de sentido el concepto de impacto social. Las comunidades quedan expuestas y los problemas de fondo permanecen intactos.
4. Economía digital y extracción de tiempo y datos
Plataformas digitales que dependen de trabajo flexible o no remunerado —como repartidores, creadores de contenido o moderadores— son otro ejemplo de extractivismo social. Se extrae tiempo, datos y energía emocional sin garantías ni protección laboral.
Esto provoca precarización, estrés crónico y falta de seguridad económica. Además, normaliza modelos donde el riesgo se transfiere a las personas mientras el valor se concentra en pocas empresas tecnológicas.
5. Turismo que consume cultura sin retribución justa
El turismo masivo puede convertirse en extractivismo social cuando se apropia de tradiciones, territorios y cultura local sin beneficiar a las comunidades anfitrionas. La identidad se convierte en mercancía.
Las consecuencias incluyen pérdida cultural, desplazamiento de poblaciones locales y aumento del costo de vida. Lo que se vende como desarrollo termina erosionando la base social que lo hace posible.
6. Modelos laborales que exigen propósito sin cuidado
Organizaciones que apelan al “compromiso”, la vocación o el impacto social para justificar jornadas extensas y sobrecarga emocional incurren en extractivismo social del capital humano. Se extrae motivación y sentido sin límites claros.
Esto deriva en burnout, desafección y alta rotación. A largo plazo, las empresas pierden talento y credibilidad, demostrando que incluso el propósito puede volverse una forma de explotación si no va acompañado de cuidado real.
¿Por qué el extractivismo social es un problema?
El extractivismo social es un problema porque se basa en una lógica que prioriza la obtención de valor inmediato sobre el bienestar de las personas y la sostenibilidad de las comunidades. Al tratar el trabajo, el tiempo, la cultura o los vínculos sociales como recursos explotables, este modelo deshumaniza las relaciones económicas y normaliza prácticas que generan daño estructural. Aunque sus efectos no siempre son visibles a corto plazo, sus consecuencias se acumulan y profundizan con el tiempo.
Otro aspecto crítico es que el extractivismo social distorsiona la idea de desarrollo. Bajo narrativas de progreso, competitividad o impacto, se justifican dinámicas que concentran beneficios en pocos actores y trasladan los costos sociales a poblaciones con menor capacidad de defensa. Esto debilita la cohesión social, reduce la confianza en las instituciones y limita la posibilidad de construir economías locales resilientes y justas.
Finalmente, el extractivismo social es un problema porque está estrechamente ligado a la crisis ambiental y al agotamiento de los sistemas que sostienen la vida. Una sociedad que acepta la extracción ilimitada de valor humano tiende a reproducir la misma lógica frente a la naturaleza. Superarlo es indispensable para avanzar hacia modelos de desarrollo que integren justicia social, equilibrio ambiental y bienestar de largo plazo.
La urgencia de cambiar esta visión extractiva
La permanencia del extractivismo social revela un problema de fondo: seguimos midiendo el éxito con indicadores que no consideran el bienestar colectivo ni los límites del planeta. Cambiar esta visión no es solo deseable, es urgente si se quiere avanzar hacia modelos verdaderamente sostenibles.
Adoptar una perspectiva más consciente implica repensar cómo se diseñan los proyectos, cómo se distribuye el valor y quién toma las decisiones. Las comunidades no deben ser solo beneficiarias pasivas, sino actores con voz, poder y capacidad de co-creación.
Cuidar el medio ambiente y a las personas requiere transitar de la extracción al cuidado, de la explotación al vínculo, y de la rentabilidad inmediata al valor de largo plazo. Este cambio no es solo ético, también es estratégico para la estabilidad social y económica.
Del extractivismo al cuidado colectivo
Entender qué es el extractivismo social obliga a replantear de fondo la manera en que se conciben el desarrollo, el progreso y el éxito económico. No se trata solo de identificar prácticas injustas, sino de reconocer que muchos modelos vigentes siguen operando bajo una lógica de extracción que desgasta a las personas, debilita a las comunidades y acelera la crisis ambiental. Ignorar estos impactos ya no es una opción viable en un mundo interconectado y socialmente consciente.
Superar el extractivismo social implica transitar hacia enfoques basados en el cuidado, la corresponsabilidad y la creación de valor compartido. Esto requiere decisiones estructurales, métricas que integren lo social y lo ambiental, y una participación real de las comunidades en los procesos que afectan su vida. Solo así será posible construir modelos de desarrollo que no solo generen crecimiento, sino bienestar duradero para las personas y el planeta.
En un contexto en el que la sostenibilidad aún lucha por consolidarse como un eje estructural en la industria deportiva, el Liverpool FC se ha posicionado como una excepción notable. Durante la temporada 2023-24, el club fue reconocido con nueve premios de sostenibilidad y, en 2025, su estrategia insignia recibió el galardón a la Iniciativa de comunicaciones del año por edie. Estos reconocimientos no responden a acciones aisladas, sino a una visión de largo plazo integrada en la cultura del club.
La sostenibilidad de Liverpool FC ha demostrado que es posible ir más allá del cumplimiento reputacional y convertir los compromisos ambientales y sociales en un proyecto compartido. A través de una estrategia clara, medible y comunicada de forma creativa, el club ha logrado involucrar tanto a su personal interno como a millones de aficionados, mostrando que la sostenibilidad es más efectiva cuando se vive de manera colectiva.
Fuente: https://www.liverpoolfc.com/theredway
Sostenibilidad de Liverpool FC: una estrategia alineada con estándares globales
La estrategia de sostenibilidad del club, conocida como The Red Way, fue lanzada en 2021 y se articula en torno a tres pilares: personas, planeta y comunidades. Aunque esta estructura no es nueva, su diferencial radica en su alineación explícita con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y con el Marco de Acción Climática del Deporte de Naciones Unidas.
Este último compromiso implica objetivos ambiciosos, como alcanzar cero emisiones netas para 2040 y establecer metas intermedias alineadas con la ciencia para 2030. En este sentido, la sostenibilidad de Liverpool FC se inserta en marcos internacionales verificables, lo que refuerza su credibilidad ante audiencias especializadas en responsabilidad social.
Los avances ya son tangibles. El club ha reducido sus emisiones de carbono en un 15 % respecto a su línea base de 2019, impulsando proyectos de descarbonización como la compra de electricidad renovable, el uso de HVO en los autobuses del equipo y la inversión en combustibles de aviación sostenibles para vuelos nacionales.
Liderazgo y responsabilidad compartida dentro del club
Rishi Jain, director de impacto del Liverpool FC, atribuye buena parte del éxito de The Red Way al respaldo temprano y continuo de la alta dirección. Desde su inicio, la estrategia contó con patrocinadores ejecutivos en el más alto nivel, incluyendo al director comercial, al director jurídico y a responsables clave de operaciones y finanzas.
“La dirección de la organización es muy alta… se espera mucho de nosotros, que lideremos y demostremos un progreso mensurable”, afirma Jain.
Un elemento central de la sostenibilidad de Liverpool FC es que los 18 objetivos de la estrategia no recaen exclusivamente en el equipo de impacto. Por ejemplo, los programas de gestión de residuos en días de partido son responsabilidad directa del equipo de instalaciones, lo que refuerza la apropiación operativa de los objetivos.
Jain se define más como un coordinador que como un ejecutor único: su rol es monitorear avances, reportar resultados y acompañar a los equipos en la mejora de sus programas. Este modelo de corresponsabilidad ha permitido integrar la sostenibilidad en “todo lo que hace el club”, en palabras del propio directivo.
🤩 We’re so proud to have Liverpool FC boss Jürgen Klopp as an ambassador!
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Afición, cultura y cambio de comportamiento sostenible
Uno de los logros más significativos del Liverpool FC ha sido involucrar a sus aficionados en la estrategia. Actualmente, el club alcanza una tasa de recolección del 96 % de botellas de plástico en Anfield, las cuales se reciclan para convertirse en nuevos equipos deportivos.
Además, un rediseño del sistema de envases ha permitido reducir el uso de aproximadamente 350.000 botellas de plástico al año, priorizando alternativas reutilizables y libres de plástico. Estos cambios no se impusieron de forma abrupta, sino a través de incentivos iniciales, campañas de comunicación intensivas y la participación de jugadores.
Con el tiempo, estas intervenciones se han reducido porque el comportamiento sostenible se ha normalizado:
“Los aficionados tienen un sentido de orgullo y reconocen su responsabilidad”, señala Jain, evidenciando cómo la sostenibilidad de Liverpool FC ha permeado la identidad del club.
Hoy, más de un tercio de los aficionados conoce The Red Way, frente a solo el 5 % registrado al final de la temporada 2021-22. Este crecimiento demuestra que la sostenibilidad, cuando se comunica de forma estratégica y auténtica, puede convertirse en un elemento de conexión emocional con la afición.
Cuando la sostenibilidad se vuelve cultura
El caso del Liverpool FC confirma que la sostenibilidad es más efectiva cuando deja de ser un área aislada y se convierte en el centro de la cultura organizacional. La combinación de liderazgo, responsabilidad compartida, métricas claras y comunicación creativa ha permitido al club posicionarse como uno de los más sostenibles del mundo.
La sostenibilidad de Liverpool FC no solo ha generado premios y reconocimiento internacional, sino que ha demostrado que incluso en industrias altamente competitivas, como el fútbol de élite, es posible alinear desempeño, propósito e impacto. Como concluye Rishi Jain, esta posición puede verse como una carga o como una oportunidad: el Liverpool ha optado claramente por lo segundo.
La brecha entre los discursos climáticos y las decisiones financieras globales vuelve a quedar en evidencia. Así lo demuestra el análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el cual revela que, mientras la crisis climática y la pérdida de biodiversidad se aceleran, el mundo sigue destinando la mayor parte de su capital a actividades que degradan los ecosistemas. Las cifras no solo son alarmantes, sino profundamente contradictorias con los compromisos internacionales asumidos en la última década.
De acuerdo con el informe, en 2023 se canalizaron 7,3 billones de dólares hacia actividades que dañan directamente a la naturaleza, una cantidad 30 veces superior a la destinada a soluciones basadas en la naturaleza. Este desequilibrio financiero confirma que las inversiones contra la naturaleza no son una excepción del sistema económico global, sino una de sus reglas estructurales más persistentes.
Inversiones contra la naturaleza: un flujo financiero dominante
El PNUMA identificó 4,9 billones de dólares en flujos financieros privados considerados “negativos para la naturaleza”. Una parte significativa de este capital se dirigió a servicios públicos, con casi 1,6 billones de dólares, así como a sectores industriales y tecnológicos, que concentraron cerca de 1,4 billones. Estas actividades están directamente vinculadas con la sobreexplotación de recursos, la contaminación y la degradación de ecosistemas clave.
Según la ONU, la actividad humana ya ha alterado el uso del 70 % de la tierra a nivel global, un dato que da contexto a la magnitud de estas inversiones contra la naturaleza. Lejos de revertir esta tendencia, los flujos financieros actuales la profundizan, consolidando modelos económicos incompatibles con la regeneración ambiental.
“Podemos invertir en la destrucción de la naturaleza o impulsar su recuperación: no hay término medio”, advirtió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.
Su declaración resume la encrucijada a la que se enfrentan gobiernos, empresas e inversionistas.
Financiar la naturaleza: la gran deuda pendiente
En contraste con los billones destinados a actividades dañinas, solo 220.000 millones de dólares se invirtieron en soluciones basadas en la naturaleza durante 2023. Más preocupante aún es que el 90 % de esta financiación provino de fuentes públicas, lo que evidencia la reticencia del capital privado a involucrarse en este tipo de proyectos.
De la limitada financiación privada disponible, casi un tercio se destinó a unidades de compensación de biodiversidad. Estos mecanismos permiten a las empresas declarar que han “compensado” sus impactos ambientales, aunque diversos expertos cuestionan su efectividad real para detener la pérdida de ecosistemas.
El PNUMA estima que, si el mundo pretende frenar el deterioro de la naturaleza antes de 2030 —objetivo respaldado por más de 170 países—, la inversión anual en soluciones basadas en la naturaleza deberá multiplicarse por 2,5, hasta alcanzar al menos 571.000 millones de dólares. Sin una reorientación profunda de las inversiones contra la naturaleza, este objetivo parece inalcanzable.
La urgencia no es solo ambiental. El organismo subraya que seguir postergando estas inversiones incrementa los riesgos sistémicos para la economía global, la seguridad alimentaria y la estabilidad social.
Riesgos económicos y presión internacional creciente
El argumento económico para proteger la naturaleza es cada vez más contundente. En 2023, PwC señaló que el 55 % del PIB mundial depende directa o indirectamente de la naturaleza, una cifra que otros análisis consideran incluso conservadora. La degradación ambiental, por tanto, no es un riesgo periférico, sino un factor central para la estabilidad económica global.
Esta percepción también se refleja en los análisis de riesgo. El Foro Económico Mundial identificó recientemente la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas como la segunda amenaza global más grave y probable en los próximos diez años. Aun así, las inversiones contra la naturaleza continúan superando ampliamente a las destinadas a su protección.
En octubre, los gobiernos se reunirán en Armenia para evaluar por primera vez el avance del Marco Mundial de la Diversidad Biológica, adoptado en 2022. El encuentro estará marcado por la presión para presentar medidas concretas: redirigir subsidios, desbloquear financiación privada, fortalecer regulaciones y exigir mayor transparencia corporativa sobre impactos ambientales.
Como parte de este esfuerzo, el nuevo informe del PNUMA introduce la Curva de Transición de la Naturaleza, un marco que propone reducir simultáneamente los subsidios perjudiciales y aumentar la inversión en soluciones regenerativas, con beneficios sociales y económicos más amplios.
Entre compromisos y capital
El contraste entre los compromisos climáticos internacionales y la realidad financiera global es cada vez más difícil de ignorar. Mientras los discursos apelan a la urgencia de proteger la biodiversidad y frenar la crisis climática, los flujos de capital siguen apuntalando modelos que profundizan el daño ambiental.
Reducir las inversiones contra la naturaleza y redirigir recursos hacia una economía verdaderamente regenerativa no es solo una cuestión ética, sino una decisión estratégica para evitar riesgos económicos y sociales en cascada. Como advierte el PNUMA, el margen de maniobra se estrecha: el capital puede seguir financiando la degradación o convertirse en una palanca clave para la recuperación del planeta.
La sostenibilidad corporativa se ha consolidado como uno de los pilares estratégicos más relevantes para las empresas, pero también como uno de los frentes de mayor desgaste interno. En medio de expectativas crecientes, marcos regulatorios más estrictos y una vigilancia pública constante, los líderes de estas áreas enfrentan una presión que rara vez se reconoce: El burnout de la sostenibilidad, el cual, según un artículo de Eco-Business, comienza a emerger como un fenómeno estructural que amenaza la continuidad de los propios objetivos ESG.
Así lo señala un estudio elaborado por la Oxford Brookes Business School (2025), el cual advierte que la combinación de urgencia climática, presión regulatoria y demandas internas está generando fatiga crónica, desmotivación y rotación en estos equipos.
El agotamiento de los líderes en sostenibilidad
El estudio de la Oxford Brookes Business School (2025) representa uno de los análisis más completos hasta la fecha sobre el estado emocional y profesional de los líderes en sostenibilidad. Con base en encuestas y entrevistas a cientos de profesionales en diversos sectores, el informe identifica tendencias alarmantes que delinean cómo el agotamiento ha dejado de ser un síntoma aislado para convertirse en una característica definitoria del ejercicio profesional en sostenibilidad.
Primero, el 62 % de los encuestados reportó haber experimentado agotamiento significativo durante el último año, un porcentaje que supera con creces las tasas registradas en otros roles ejecutivos de responsabilidad corporativa. Aún más revelador, casi el 70 % afirmó haber tenido dificultades para mantener su motivación, lo que sugiere que el burnout de la sostenibilidad no solo refleja cansancio físico, sino también desgaste emocional y pérdida de sentido.
El estudio también muestra que este agotamiento está correlacionado con la percepción de falta de apoyo estructural. Muchos profesionales expresaron que dedicaban más tiempo a la recopilación de datos y al cumplimiento de requisitos de informes que a la construcción de estrategias o a la creación de valor tangible. La sostenibilidad se percibe cada vez más como una función reactiva, centrada en la gestión de expectativas y menos en la acción transformadora. Este hallazgo es crucial: cuando la sostenibilidad se reduce a un ejercicio de cumplimiento y rendición de cuentas, se erosiona el sentido de propósito, intensificando el desgaste emocional y físico del liderazgo.
Finalmente, el estudio destaca la fatiga moral como un factor significativo: la tensión entre los valores personales de los profesionales y las realidades organizacionales crea un conflicto interno que acelera el burnout de la sostenibilidad, diferenciándolo del estrés laboral tradicional.
Presiones crecientes sobre los líderes de sostenibilidad
Una de las presiones más relevantes es el llamado modo de informe perpetuo. Los líderes de sostenibilidad operan en ciclos constantes de recopilación de datos, justificación de métricas y atención a auditores, reguladores y agencias de calificación. Marcos como la CSRD en Europa o los estándares del ISSB han elevado el nivel de exigencia, sin que los equipos cuenten necesariamente con la infraestructura o los recursos adecuados.
A esto se suma la paradoja de la rendición de cuentas. Las CSO son responsables de resultados que dependen de áreas sobre las que no tienen autoridad directa, como compras, operaciones o finanzas. Investigaciones de 2024 muestran que muchos líderes se sienten obligados a “saberlo todo”, aun cuando carecen del mandato necesario para incidir en las decisiones clave, un caldo de cultivo directo para el burnout de la sostenibilidad.
El escrutinio por greenwashing y el riesgo reputacional agravan aún más la presión. En un contexto donde cada declaración pública puede convertirse en un pasivo legal o reputacional, la sostenibilidad se vive como caminar sobre una cuerda floja. A ello se suma la dilución estructural del rol, cuando la sostenibilidad se integra a otras funciones sin una línea clara de autoridad, dejando a los líderes en posiciones ambiguas y desgastantes.
¿Qué consecuencias pueden tener estas presiones en los líderes?
El impacto va mucho más allá del cansancio operativo. El desgaste que viven los líderes de sostenibilidad tiene una dimensión emocional y moral profunda. A diferencia de otros roles corporativos, este trabajo suele estar impulsado por valores personales vinculados al impacto social, la justicia climática y la equidad, lo que intensifica la frustración cuando el avance es lento o simbólico.
Este choque entre propósito y realidad organizacional genera fatiga moral. Estudios recientes señalan que enfrentar de manera constante problemas globales —crisis climática, desigualdad, pérdida de biodiversidad— sin ver resultados tangibles incrementa el riesgo de desconexión, cinismo y abandono del rol. Así, el burnout de la sostenibilidad no solo afecta a las personas, sino que amenaza la continuidad y efectividad de la agenda ESG dentro de las empresas.
Las consecuencias ya son visibles: mayor rotación de CSO hacia consultoría, pérdida de conocimiento institucional y debilitamiento de la acción climática corporativa. No se trata de riesgos marginales, sino de impactos directos sobre la gobernanza y la credibilidad empresarial.
¿Qué deben hacer las organizaciones para combatir el burnout de la sostenibilidad?
El burnout de la sostenibilidad no es un problema individual, sino una falla estructural. Combatirlo requiere decisiones organizacionales deliberadas que vayan más allá del discurso de bienestar y se traduzcan en cambios reales de gobernanza, recursos y cultura interna. Entre las acciones clave que las empresas deben implementar destacan las siguientes:
Redefinir el mandato y la autoridad del liderazgo en sostenibilidad Las organizaciones deben otorgar a los líderes de sostenibilidad poder real de decisión, no solo responsabilidad por los resultados. Esto implica acceso directo a la alta dirección y a los consejos, así como claridad en su rol dentro de la estructura de gobierno corporativo.
Alinear rendición de cuentas con control operativo No es sostenible exigir avances en metas climáticas, sociales o de cadena de suministro sin otorgar influencia directa sobre las áreas que las ejecutan. Las empresas deben corregir la paradoja de “responsabilidad sin autoridad” que alimenta el desgaste crónico.
Distribuir la responsabilidad ESG entre todas las áreas del negocio La sostenibilidad no puede recaer en una sola persona o equipo. Capacitar a finanzas, legal, compras y operaciones en criterios ESG reduce el aislamiento del rol y evita que los líderes de sostenibilidad funcionen como únicos traductores internos.
Optimizar y racionalizar los procesos de reporte En lugar de acumular marcos, indicadores y solicitudes de datos, las empresas deben invertir en infraestructura tecnológica, controles internos y automatización que reduzcan la carga operativa y liberen tiempo para el trabajo estratégico.
Proteger a los líderes frente al riesgo reputacional y legal En un contexto de creciente escrutinio por greenwashing, las organizaciones deben compartir el riesgo de las decisiones y mensajes públicos, evitando que los líderes de sostenibilidad sean los únicos responsables de la credibilidad corporativa.
Reconocer el burnout como un riesgo estratégico El agotamiento no debe tratarse como una debilidad personal, sino como una amenaza para la continuidad del liderazgo y la ejecución de la estrategia ESG. La supervisión del bienestar desde el consejo, la rotación de roles y el acceso a coaching especializado son medidas preventivas clave.
Crear redes internas y externas de apoyo profesional Facilitar espacios de intercambio entre pares, mentoría y comunidades profesionales ayuda a reducir la carga emocional y la fatiga moral asociadas al trabajo en sostenibilidad.
Implementar estas acciones no solo protege a los líderes, sino que fortalece la capacidad de las empresas para cumplir sus objetivos de sostenibilidad de manera creíble, consistente y a largo plazo.
Un rol crítico que debe volverse sostenible
El desgaste que viven hoy los líderes de sostenibilidad no es una debilidad individual, sino una señal de alerta organizacional. Las presiones acumuladas —regulatorias, reputacionales, estructurales y morales— han convertido al burnout de la sostenibilidad en un problema sistémico que amenaza el avance real de la agenda climática y social.
Si las empresas esperan resultados ambiciosos, deben empezar por hacer sostenible el propio rol. El liderazgo en sostenibilidad no puede seguir expandiéndose sin evolucionar. De lo contrario, el costo no será solo humano, sino estratégico, en un momento en el que el mundo necesita más que nunca decisiones corporativas sólidas, coherentes y lideradas con resiliencia.
El análisis del mercado laboral mexicano en 2025 arroja un contraste inquietante entre cantidad y calidad, pues, según El Economista, aunque las cifras oficiales muestran una baja tasa de desocupación y un crecimiento neto del empleo, los datos revelan que este avance ocurrió bajo condiciones cada vez más precarias, ya que la generación de puestos de trabajo no solo se concentró en la informalidad, sino que además profundizó brechas estructurales ya existentes.
En este contexto, hablar de empleos en 2025 implica ir más allá del número de plazas creadas y analizar quiénes acceden a ellas y en qué condiciones. El más reciente reporte del Inegi confirma que el mercado laboral se sostuvo sobre bases frágiles: informalidad creciente, menor participación laboral y una exclusión casi total de las mujeres del crecimiento del empleo.
Empleos en 2025: crecimiento numérico, deterioro estructural
Durante 2025 se generaron un millón 57 mil 970 empleos en México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Sin embargo, este crecimiento tuvo un rasgo común: el 100% de las nuevas plazas se ubicó en la economía informal, mientras que en el empleo formal se perdieron 103 mil 956 puestos de trabajo.
Con este comportamiento, la informalidad no solo dejó de ser un fenómeno coyuntural, sino que se consolidó como el principal motor del empleo. La tasa de informalidad laboral pasó de 53.7% a 54.6% en un año, alcanzando a 32 millones 988 mil 763 personas que trabajan sin acceso pleno a seguridad social ni derechos laborales.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo #ENOE, en diciembre 2025, la Población Económicamente Activa (PEA) fue de 61.9 millones.
Por su parte, algunas tasas de los indicadores seleccionados de la #PEA fueron las siguientes:
Este escenario obliga a replantear la narrativa positiva en torno a los empleos en 2025. La creación de plazas ocurrió, sí, pero bajo esquemas de alta vulnerabilidad, baja protección y escasas posibilidades de desarrollo profesional.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo también mostró una ligera caída en la tasa de participación laboral, que pasó de 59.4% a 59.1%. Este dato sugiere que menos personas están buscando o accediendo activamente a un empleo, lo que matiza la lectura de una tasa de desempleo aparentemente estable.
La exclusión de las mujeres en la creación de empleo
Uno de los datos más críticos del mercado laboral en 2025 es su marcado sesgo de género. Del total de empleos creados en el año, el 99.6% fue ocupado por hombres, lo que equivale a un millón 53 mil 333 plazas. En contraste, el empleo femenino apenas creció en 4 mil 637 puestos, es decir, solo el 0.4% del total.
Este desequilibrio evidencia que los empleos en 2025 no solo fueron informales, sino profundamente excluyentes. Las mujeres quedaron prácticamente fuera del crecimiento laboral, reforzando una tendencia que limita su autonomía económica y su participación en el mercado de trabajo.
Para Janeth Quiroz, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Monex, este comportamiento refleja una moderación del mercado laboral alineada con el debilitamiento de la actividad económica:
“Si bien la tasa de desempleo se mantuvo en niveles bajos, este comportamiento ocurre en un contexto de menor participación laboral y un repunte de la informalidad”, explicó.
Esta exclusión plantea riesgos relevantes. La falta de oportunidades laborales formales para las mujeres impacta directamente en la desigualdad de ingresos, en la pobreza de los hogares y en el desarrollo económico de largo plazo.
Sectores que crecen… y sectores que se debilitan
El análisis sectorial del empleo muestra un comportamiento mixto, aunque con señales claras de fragilidad estructural. El sector servicios registró un saldo positivo de 735 mil 564 plazas, impulsado principalmente por el comercio y por restaurantes y hoteles, actividades caracterizadas por alta rotación y bajos niveles de formalidad.
En paralelo, el sector agropecuario reportó la creación de 500 mil 652 empleos, consolidándose como uno de los principales generadores de trabajo. No obstante, este sector también presenta históricamente elevados niveles de informalidad y condiciones laborales precarias.
El sector secundario fue el único con un balance anual negativo, con la pérdida de 153 mil 132 puestos de trabajo. La industria manufacturera concentró la mayor parte de esta caída, con 237 mil 652 plazas menos, lo que refleja un debilitamiento de actividades tradicionalmente asociadas con mayor formalidad.
Este panorama sectorial refuerza la lectura crítica de los empleos en 2025: el crecimiento se concentró en actividades de baja productividad y escasa protección laboral, mientras que los sectores clave para el desarrollo económico perdieron dinamismo.
El reto de la calidad del empleo
Los datos del mercado laboral en 2025 confirman que el reto ya no es solo crear empleo, sino garantizar su calidad, inclusión y sostenibilidad. La combinación de informalidad creciente, menor participación laboral y exclusión de las mujeres configura un escenario preocupante para el desarrollo social y económico del país.
Como advierte Janeth Quiroz, hacia 2026 el mercado laboral podría enfrentar un entorno aún más frágil, con menor creación de empleo y mayores presiones sobre su calidad. El análisis de los empleos en 2025 deja un mensaje claro: sin políticas públicas y estrategias empresariales que prioricen la formalidad y la equidad de género, el crecimiento del empleo seguirá siendo un dato incómodo, más que una buena noticia.
Para la niñez, el Día de Reyes representa mucho más que regalos: es una fecha cargada de ilusión, esperanza y alegría que es capaz de disipar aún las experiencias más amargas. Cuando la infancia atraviesa situaciones de vulnerabilidad, como una enfermedad grave, preservar esa magia cobra un valor aún más profundo, pues se convierte en una forma de cuidado emocional que fortalece el ánimo y la resiliencia tanto de las y los menores, como de sus familias.
En concordancia con esta visión, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), el brazo social de Corporativo Kosmos, empresa líder en servicios de alimentación en México, decidió efectuar una de las primeras donaciones de Corporativo Kosmos en 2026 durante el evento de Día de Reyes organizado por Casa de la Amistad, organización que ofrece hospedaje, medicamentos, comida, transporte y apoyo emocional y educativo a niñas y niños con cáncer. Te contamos.
Donaciones de Corporativo Kosmos: un compromiso con la protección de la infancia
Para Corporativo Kosmos y la Fundación Pablo Landsmanas, la niñez en situación de vulnerabilidad es un grupo prioritario dentro de su visión de bienestar social. Proteger su desarrollo, su salud y también su derecho a vivir experiencias propias de la infancia forma parte del compromiso que motiva sus acciones.
Bajo esta premisa, este enero de 2026 la FPL se sumó al festejo del Día de Reyes organizado por la Fundación Casa de la Amistad. El evento, realizado el 15 de enero, fue posible gracias a la colaboración de distintos donantes: mientras un grupo de aliados organizó la colecta y entrega de regalos, la Fundación Pablo Landsmanas contribuyó con la donación de 100 box lunch para las y los menores y sus familias.
Durante el evento, Mónica Peimbert, directora operativa de Casa de la Amistad, subrayó la relevancia de este tipo de colaboraciones, las cuales, no solo fortalecen la labor de la institución, sino que multiplican su impacto, ya que permiten ofrecer un acompañamiento más completo a las familias:
“Al trabajar con socios colaboradores tanto de empresas, como del sector público lo que hacemos es fomentar la solidaridad, el compromiso y todo lo que se requiere para poder dar un tratamiento integral a los menores y que ellos puedan tener una mejor calidad de vida. Definitivamente ni nosotros ni ninguna institución puede sola, entonces tener estos aliados como Corporativo Kosmos es algo importantísimo para nosotros”.
¡Alimentando la ilusión del Día de Reyes!
El festejo estuvo marcado por momentos de alegría y convivencia. Las y los menores recibieron la visita de los Reyes Magos, se tomaron fotografías, partieron la tradicional rosca y compartieron tiempo con sus familias en un ambiente pensado para hacerles olvidar los tratamientos y generar alegría. Para Casa de la Amistad, este tipo de celebraciones son fundamentales, ya que ayudan a que los niños recuerden que siguen siendo niños, más allá del hospital y las terapias.
Dentro del evento, uno de los momentos más significativos fue la hora de la comida, patrocinada por la Fundación Pablo Landsmanas, puesto que no solo permitió que las familias compartieran alimentos durante la celebración, sino que reforzó un aspecto clave del tratamiento oncológico: la nutrición.
“Una buena alimentación le permite al niño estar en las condiciones adecuadas para enfrentar el tratamiento y salir adelante…el apoyo de la Fundación Pablo Landsmanas ha permitido que los niños, además de que tengan una ilusión en un evento tan especial como el día de hoy, también puedan continuar con una alimentación sana y oportuna y esto suma a todo lo que hacemos en Casa de la Amistad”.
Mónica Peimbert, directora operativa de Casa de la Amistad.
Un apoyo que trasciende el festejo
Para las familias de las y los menores beneficiarios, el Día de Reyes representa una pausa luminosa dentro de un proceso largo y marcado por tratamientos médicos, hospitalizaciones y una constante incertidumbre, tal como lo compartió Janet Gómez Jiménez, madre de uno de los beneficiarios de Casa de la Amistad:
“Este camino es muy complejo, es mucho tiempo en el hospital y muchas cosas difíciles que vivimos todos los días. Que tengan un espacio como este día los llena de mucha alegría, porque no saben qué esperar de esta sorpresa”.
Además de la ilusión, el acompañamiento que brindan este tipo de iniciativas representa un alivio tangible para las familias, muchas de las cuales enfrentan complicaciones económicas derivadas del tratamiento:
“Nosotros como papás nos sentimos apoyados, por ejemplo, para uno como mamá pues ya no trabajas y el papá pues es el que aporta y a veces si no hay pues es más difícil entonces el que nos apoyen pues es un rayito de luz que podemos darles a ellos. Gracias Fundación Pablo Landsmanas por hacer este día más feliz para nuestros hijos”.
Janet Gómez Jiménez, madre de beneficiario.
Para Evelyn Núñez, madre de otro beneficiario, este tipo de apoyos significan algo más profundo que ayuda material:
“Para nosotros este apoyo significa acompañamiento y seguridad. Transmite empatía con el problema de salud que viven nuestros hijos y nos hace sentir que no estamos solos en este proceso, que nos tomen en cuenta es muy importante”.
Estos testimonios reflejan cómo el donativo de alimentos y la celebración del Día de Reyes no se quedan en un solo momento, sino que fortalecen emocionalmente a las familias y les recuerdan que no están solas. De esta forma, las donaciones de Corporativo Kosmos se convierten en un gesto que acompaña, sostiene y da ánimo en uno de los trayectos más difíciles que puede enfrentar una familia.
¡Iniciativas que cuidan el cuerpo y el ánimo de las infancias!
Casa de la Amistad destacó cómo estos apoyos permiten a las y los menores continuar con un proyecto de vida al sentirse respaldados por una red de personas e instituciones comprometidas. Asimismo, fomentan valores como la empatía, la solidaridad y el compromiso social, indispensables para construir una sociedad más consciente y participativa.
Más allá de los alimentos entregados, la participación de la Fundación Pablo Landsmanas en este evento reafirma una visión de responsabilidad social centrada en la infancia en la que la alimentación, entendida como una forma de cuidado y cariño, se convierte en una herramienta para fortalecer tanto el tratamiento médico, como el bienestar emocional de niñas y niños con cáncer.
De esta forma, las donaciones de Corporativo Kosmos demuestran cómo las alianzas entre empresas y organizaciones sociales pueden alimentar el cuerpo, cuidar la salud y preservar la ilusión de las infancias, recordando que celebrar también es una forma de acompañar y proteger a la niñez en México.
El constante ir y venir de garrafones en las oficinas del país, con su logística, costos y el espacio que consumen, podría estar llegando a su fin. La empresa mexicana Agua Óptima informó que, gracias a la instalación de más de 18,000 de sus sistemas de purificación, sus clientes corporativos han dejado de consumir el equivalente a 54 millones de botellas de PET de un solo uso al año.
Esta cifra no solo representa un respiro para el medio ambiente, sino que se traduce en un cambio tangible en la operación diaria de oficinas, hoteles, hospitales y plantas industriales. La adopción de esta tecnología elimina la necesidad de comprar garrafones —cuyo costo puede alcanzar los 59 pesos por unidad—, liberando a las empresas de gastos recurrentes y de la compleja logística de recepción, almacenamiento y sustitución.
Más allá del evidente beneficio ecológico y financiero, la disponibilidad de agua purificada de forma continua impacta directamente en el bienestar y la productividad de los equipos de trabajo. Se eliminan los tiempos muertos y se garantiza que los colaboradores tengan acceso ininterrumpido a la hidratación, un factor clave para la concentración y el desempeño.
“Hemos demostrado que la sustentabilidad es un buen negocio. No se trata de sacrificar, sino de optimizar”, comentó Alfonso Escalante, director general de Agua Óptima. “Nuestros clientes no solo obtienen ahorros significativos, que en conjunto suman 540 millones de pesos, sino que mejoran su ambiente laboral y dan un paso firme y medible en sus metas de responsabilidad ambiental (ESG)”.
La iniciativa de Agua Óptima refleja una tendencia creciente en el mundo corporativo: la búsqueda de soluciones que integren eficiencia operativa con un compromiso real por el planeta. Al eliminar millones de botellas plásticas que de otro modo terminarían en los ecosistemas, las empresas mexicanas están redefiniendo lo que significa ser un negocio moderno y responsable.