Confianza digital, punto clave para gestionar riesgos de IA, gobernanza y resiliencia empresarial

La confianza digital (Digital Trust) ya es un activo estratégico indispensable para las organizaciones que operan bajo la presión de amenazas avanzadas, la proliferación de inteligencia artificial y entornos tecnológicos interdependientes. A medida que las corporaciones aceleran su transformación digital, es vital garantizar prácticas confiables, seguras y éticas, diferenciadores competitivos que impactan la reputación, la continuidad operativa y la toma de decisiones de negocio.

Leonardo García, Auditor e Instructor Senior en BSI, subraya que la confianza digital es una prioridad inmediata en la agenda de dirección y riesgo corporativo: “La adopción responsable de soluciones digitales exige marcos sólidos que integren seguridad, privacidad y ciber resiliencia de forma coherente”.

De acuerdo con el Global Digital Trust Insights 2026, la encuesta anual de PwC —que recoge la visión de casi 4 mil ejecutivos de negocio y tecnología— el 60 % de las organizaciones está incrementando inversión en gestión de riesgo cibernético como respuesta a la volatilidad global, aunque apenas un 6% ha implementado completamente medidas de gestión de riesgos de datos.

En el caso de México, la edición local de la encuesta Digital Trust Insights 2026 evidencia que 69 % de las empresas identifica el malware potenciado por IA como su principal preocupación, y 66 % aumentará su presupuesto en seguridad digital para el próximo año. Estos resultados ilustran una brecha significativa entre intención y ejecución, abriendo oportunidades para que las normas ISO ayuden a estructurar estrategias sólidas y efectivas centradas en confianza digital.

gestionar riesgos de IA

El desafío de la IA y nuevos focos de riesgo. Su avance ha multiplicado la superficie de ataque y cambiado radicalmente la naturaleza de las amenazas. Informes recientes señalan que organizaciones están adoptando estrategias de gobernanza de datos tipo Zero Trust para contrarrestar riesgos de datos generados o manipulados por IA, como sesgos, datos contaminados (“model collapse”) y brechas en la verificación de autenticidad de la información.

Además, la creciente sofisticación de fraudes con IA —como deepfakes y phishing altamente personalizados— está erosionando la confianza del consumidor y socios de negocio por igual. Estos riesgos no solo afectan sistemas y activos, sino también experiencias digitales críticas, como transacciones financieras y mecanismos de autenticación

La norma ISO 27001:2022 como base estructural. Esta ISO es una de las referencias más importantes para establecer un Sistema de Gestión de Seguridad de la Información (SGSI) que articule políticas, personas y tecnologías hacia objetivos organizacionales claros.

Este marco permite establecer un lenguaje común entre las áreas de tecnologías de la información, el negocio y el cumplimiento legal, facilitando una comprensión compartida de los riesgos y responsabilidades. Al mismo tiempo, ayuda a priorizar las inversiones con base en riesgos reales y medibles, alineándolas con los objetivos corporativos de la organización.

De esta manera, la gestión de la seguridad deja de ser un asunto exclusivamente operativo para integrarse a la estrategia de negocio, lo que facilita sustentar y justificar decisiones ante la alta dirección, juntas directivas y órganos reguladores.

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La norma también sirve como punto de integración con otros marcos clave que fortalecen la confianza digital, como:

  • ISO 31000 — gestión de riesgos.
  • ISO 27005 — orientación en riesgos de seguridad de la información.
  • ISO 42001 — gestión de sistemas de IA.
  • ISO 22301 — continuidad de negocio y resiliencia.
  • ISO/IEC 27701 — gestión de privacidad de datos.
  • ISO 27017 y 27018 — seguridad en la nube y protección de datos personales.

Este conjunto de normas permite construir un ecosistema robusto que responde a las demandas de auditoría, cumplimiento regulatorio y gestión de terceros, áreas donde muchas organizaciones aún muestran vulnerabilidades importantes.

La confianza digital no se logra de manera inmediata, requiere un enfoque estratégico sostenido desde la alta dirección, acompañamiento con métricas claras, comunicación efectiva de riesgos y beneficios, y una plataforma normativa integrada que permita gestionar amenazas en un entorno tecnológico en constante cambio.

BSI mantiene su compromiso con las organizaciones para fortalecer sus capacidades en Sistemas de Gestión de Seguridad de la Información (SGSI), alineándolos con los elementos esenciales de la confianza digital: ciberseguridad, cadena de suministro digital y gobernanza de ecosistemas digitales e IA, entre otros.

“Solo con un compromiso serio hacia prácticas éticas, resilientes y transparentes, la confianza digital puede convertirse en verdadero diferenciador estratégico; para ello, las organizaciones deben situar a la ISO 27001:2022 y a todo su ecosistema de normas como pilares de su estrategia global de seguridad”, concluye García.

Incentivos fiscales al cine: ¿política cultural, desarrollo económico o nueva palanca empresarial?

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De subsidio cultural a política industrial creativa: el crédito fiscal del 30% ancla cadenas de valor y posiciona a México en el nearshoring audiovisual

El 15 de febrero de 2026, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció —y al día siguiente se publicó en el Diario Oficial de la Federación— un nuevo esquema de incentivos para la industria cinematográfica y audiovisual. El instrumento central consiste en un crédito fiscal contra el ISR de hasta 30% del gasto realizado en territorio nacional, con un tope de 40 millones de pesos por proyecto o proceso, condicionado a que al menos 70% de la proveeduría sea nacional.

“No es que una producción internacional llegue con todo y se vaya; aquí se tiene que desarrollar el talento mexicano”, señaló la presidenta durante el evento.

No es un detalle técnico menor. Es un cambio de arquitectura: pasa de apoyos directos dependientes del presupuesto anual a un mecanismo que activa inversión privada bajo reglas claras y con candados locales para garantizar derrama real en el país.

El anuncio no fue aislado. Se inserta en un paquete más amplio que incluye el fortalecimiento del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), un incremento del 25% al presupuesto del IMCINE para 2026, la permanencia normativa del FOCINE y la nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual —presentada días antes—, que establece una cuota obligatoria del 10% de exhibición de cine nacional en salas.

Como afirmó la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, el objetivo es que el sector “sea sostenible” y que los apoyos no se concentren en unos cuantos, sino que se democratice la producción.

El mensaje es inequívoco: el cine es cultura, pero también industria, empleo y soberanía narrativa.

Incentivos fiscales al cine

De subsidio cultural a política industrial creativa

Durante años, producciones mexicanas migraron hacia países con mejores esquemas fiscales. Canadá, España o República Dominicana consolidaron sistemas de cash rebate y tax credits que hicieron financieramente más atractivo filmar fuera que dentro del país.

El nuevo crédito fiscal busca revertir esa lógica. Al exigir que al menos 70% del gasto se realice en territorio nacional y que exista participación de una productora mexicana, el incentivo no solo atrae producción: ancla cadenas de valor.

La productora Inna Payán lo explicó con claridad durante el evento: “Cada unidad de apoyo genera entre tres y nueve unidades de actividad económica agregada”.

Si esa estimación se confirma en la práctica, el impacto no es simbólico: es estructural, con potencial para posicionar a México como hub de nearshoring audiovisual en un contexto global favorable.

La diferencia con un subsidio directo es conceptual. Un subsidio depende del presupuesto anual; un crédito fiscal activa inversión privada bajo reglas claras. Es un instrumento de política industrial aplicado deliberadamente a un sector creativo.

Incentivos fiscales al cine

Desarrollo sostenible en clave económica y cultural

En términos de desarrollo sostenible —entendido como crecimiento económico con cohesión social y continuidad institucional— el incentivo fortalece con claridad dos dimensiones.

Por un lado, genera empleo especializado, promueve industrias creativas de alto valor agregado y activa economías regionales sin recurrir a actividades extractivas. Por otro, consolida la producción audiovisual como patrimonio cultural y vehículo de identidad colectiva.

Como afirmó la presidenta, “la cultura es un derecho, no un privilegio”, pero el diseño del instrumento revela que también es considerada un sector productivo estratégico.

No se trata solo de producir contenido. Se trata de fortalecer una industria que forma talento, preserva memoria y construye narrativa nacional.

El cruce con EFICINE y el papel empresarial

El nuevo esquema no sustituye a EFICINE (artículo 189 de la Ley del ISR), que opera bajo una lógica de mecenazgo cultural con créditos fiscales acotados. Ambos instrumentos pueden coexistir y complementarse.

Aquí aparece una arista relevante para el sector corporativo. Las empresas pueden limitarse a aprovechar el beneficio fiscal. Pero también pueden integrarse como actores dentro de un ecosistema creativo fortalecido.

El incentivo incluye largometrajes y series documentales, un formato con implicaciones estratégicas profundas. El documental puede convertirse en vehículo para abordar asuntos del país: desarrollo regional, transformación industrial, innovación tecnológica, historia empresarial o legado institucional.

En ese punto, la discusión trasciende lo tributario. El audiovisual puede ser instrumento de documentación, reputación y memoria económica. La diferencia radicará en el enfoque: uso táctico para optimización fiscal o participación estratégica en la construcción de narrativa pública. 

Incentivos fiscales al cine

Más que cultura

El evento dejó ver una visión sistémica: formación, regulación, producción, exhibición y preservación como partes de una misma arquitectura.

Eso se parece menos a un programa cultural tradicional y más a una política industrial creativa.

La pregunta de fondo no es si el cine merece apoyo. La pregunta es si México logrará consolidar este modelo como estrategia de largo plazo.

Por ahora, el mensaje es contundente: el cine regresa al centro de la política pública como sector económico estratégico.

Y cuando un país decide tratar su industria audiovisual como industria —y no solo como expresión cultural— cambia la conversación. No solo sobre cine. Sobre desarrollo.

La nieve que no cae, se produce: el costo climático que sostienen los Juegos Olímpicos

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En la antesala de los Juegos Olímpicos de Invierno, la ciudad alpina que albergará varias de las pruebas ha tenido que asegurar —literalmente— el terreno de competencia. Ante un invierno cada vez más errático, los organizadores comenzaron a fabricar millones de metros cúbicos de nieve artificial para garantizar las condiciones técnicas que exige el alto rendimiento deportivo. Aunque recientes nevadas naturales han aliviado parcialmente la presión, la infraestructura ya estaba en marcha frente a unas condiciones meteorológicas en las que producir nieve se ha vuelto prácticamente un requisito, no un respaldo.

El fenómeno no es aislado, sino sintomático de una transformación estructural en los deportes de invierno. A medida que el calentamiento global acorta las temporadas frías, la nieve natural deja de ser un recurso confiable. En este contexto, el impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno adquiere una nueva dimensión: sostener la viabilidad de la competencia implica intervenir artificialmente los ecosistemas, con costos ambientales que trascienden la duración del evento.

El impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno en la era del deshielo

La producción masiva de nieve artificial no es una innovación reciente. Las estaciones de esquí llevan décadas utilizándola para compensar la variabilidad meteorológica. Hoy, alrededor del 60% de los complejos de esquí del mundo dependen de estos sistemas, y el antecedente más extremo se vivió en los Juegos de Invierno de 2022, donde casi el 100% de la nieve fue artificial.

El proceso dista mucho de la formación natural de los copos. La nieve fabricada se produce al pulverizar agua mezclada con aire comprimido, generando microperlas de hielo que, al acumularse, simulan la textura de la nieve real. La diferencia física es relevante: su densidad y compactación alteran tanto el suelo como los ciclos de deshielo.

impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno

Desde la óptica de sostenibilidad, el problema central es su intensidad material. La fabricación de nieve requiere enormes volúmenes de agua y energía. Un estudio hecho en Canadá reveló  que producir 1400 millones de pies cúbicos de nieve durante un invierno promedio conlleva el uso de aproximadamente 478 000 megavatios-hora (MWh) de electricidad y genera más de 130 mil toneladas métricas de emisiones de carbono.

Para los Juegos, las estimaciones apuntan a más de 84 millones de pies cúbicos de agua —equivalentes a cientos de piscinas olímpicas— destinados exclusivamente a este fin. El impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno comienza, así, mucho antes de que se encienda la antorcha.

Agua, energía y emisiones: la huella oculta del espectáculo

El origen de los recursos utilizados resulta determinante para dimensionar la huella ambiental de los Juegos Olímpicos. En muchas sedes, el agua proviene de embalses de montaña que capturan escorrentías primaverales. Entre el 80% y el 90% retorna posteriormente a la cuenca al derretirse, lo que mitiga parcialmente el impacto hídrico directo, pero no elimina las alteraciones ecológicas.

La energía representa un desafío aún mayor. Si la electricidad utilizada procede de redes intensivas en combustibles fósiles, la fabricación de nieve contribuye directamente al calentamiento global que, paradójicamente, obliga a producirla. Este círculo de retroalimentación evidencia la complejidad del impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno.

Algunos avances buscan reducir esta carga, como el uso de electricidad renovable en la producción de nieve. No obstante, incluso bajo esquemas energéticos más limpios, persisten efectos ecológicos locales: compactación del suelo, afectaciones a la vegetación y retrasos en los ciclos de floración debido a un deshielo más tardío.

Existe, sin embargo, un argumento compensatorio. Permitir esquiar en regiones cercanas a grandes centros urbanos puede evitar viajes aéreos de larga distancia hacia destinos nevados, reduciendo emisiones globales asociadas al turismo de invierno. La ecuación climática, por tanto, no es lineal.

impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno

Tecnología vs. clima: la encrucijada de la industria invernal

La expansión de la nieve artificial revela una tensión estructural: la industria de los deportes de invierno —y los propios Juegos— intenta adaptarse al cambio climático mediante soluciones tecnológicas que, en muchos casos, incrementan la presión ambiental.

Estudios recientes proyectan que, hacia la década de 2050, poco más de la mitad de las sedes históricas ofrecerán condiciones climáticas fiables para albergar los Juegos. Algunas ciudades ya registran más de 40 días menos de frío al año que en el siglo pasado.

Además, la producción de nieve artificial depende de temperaturas cercanas al punto de congelación. Si los inviernos continúan calentándose, ni siquiera la tecnología podrá garantizar su viabilidad operativa.

Expertos en hidrología de la nieve advierten que esta práctica no constituye una solución estructural. Puede comprar tiempo, pero no revertir la tendencia climática. Apostar exclusivamente por innovación técnica sin abordar las causas profundas del calentamiento amplifica el impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno en lugar de mitigarlo.

impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno

Más allá del espectáculo: redefinir la viabilidad futura

Los Juegos Olímpicos de Invierno enfrentan hoy el mismo dilema que la industria que los sostiene: adaptarse o transformarse. La fabricación de nieve permite mantener viva la tradición deportiva, pero a costa de intensificar el uso de recursos en un planeta que precisamente intenta reducirlos.

Para los tomadores de decisión en sostenibilidad, la pregunta ya no es técnica sino estratégica: ¿hasta qué punto es viable sostener megaeventos dependientes de condiciones climáticas que el propio modelo económico ha contribuido a erosionar?

El impacto climático de los Juegos Olímpicos de invierno obliga a repensar sedes, calendarios, infraestructuras y criterios de selección bajo nuevas métricas de resiliencia ambiental. Porque, en un mundo que se calienta, producir invierno artificialmente puede mantener el espectáculo… pero también evidenciar los límites físicos del planeta que lo hospeda.

¿Qué está haciendo Coach para evitar que su moda termine en vertederos?

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En un contexto global adverso para la agenda ambiental —marcado por el resurgimiento del negacionismo climático impulsado políticamente por Donald Trump y por el desplazamiento de la sostenibilidad en las prioridades corporativas— la industria de la moda enfrenta una presión contradictoria: acelerar ventas mientras responde a su impacto socioambiental. Este entorno ha debilitado compromisos, ralentizado inversiones verdes y devuelto protagonismo a modelos de negocio intensivos en recursos. Sin embargo, no todas las compañías han optado por replegarse.

La firma estadounidense Coach continúa apostando por transformar su modelo operativo desde la circularidad, el rediseño de materiales y la innovación creativa aplicada a residuos textiles. Lejos de asumir la sostenibilidad como discurso reputacional, la marca ha integrado esta visión en su narrativa de producto, en su propuesta estética y en su estrategia comercial. Hoy, la sustentabilidad de Coach es un eje de diferenciación competitiva en tiempos de escepticismo climático.

De taller familiar a laboratorio creativo sostenible: la visión de Vevers

Fundada en 1941 como un pequeño taller familiar en Nueva York, Coach evolucionó hasta convertirse en una casa global de accesorios de lujo accesible, reconocida por su artesanía en cuero y su vínculo con la cultura juvenil estadounidense. Esta herencia —anclada en la durabilidad y la reparación— sentó bases culturales que hoy facilitan su tránsito hacia la circularidad.

El punto de inflexión contemporáneo llegó con la dirección creativa del diseñador británico Stuart Vevers, pues, según información de The Guardian, hace apenas una década, Vevers se sentía culpable de trabajar en la industria de la moda debido a su huella ambiental. Ese conflicto ético se transformó en motor de cambio, cuando el diseñador se dio cuenta que en lugar de sentirse mal debía hacer algo: “No te sientas culpable, actúa”, se dijo. Desde entonces, su liderazgo ha buscado reconciliar creatividad y responsabilidad.

Su optimismo —“no ciego”, como él mismo lo define— descansa en la convicción de que las nuevas generaciones demandan marcas con propósito. Esta lectura generacional ha sido clave para alinear estética, valores y negocio. Bajo su dirección, Coach fusiona cultura juvenil, diseño de género fluido y reaprovechamiento material, construyendo un lenguaje creativo donde la sustentabilidad de Coach no limita la innovación, sino que la inspira.

sustentabilidad de Coach

Sustentabilidad de Coach desde la materia prima

Uno de los pilares más visibles de la estrategia ambiental de la marca radica en la reinvención de materiales existentes. Por ejemplo, los jeans desgarrados que Vevers mostró en pasarela durante la Semana de la Moda en Nueva York no respondían a un efecto estético artificial: estaban confeccionados íntegramente con mezclilla reciclada. 

Los bolsos de la marca, elaborados con antiguos guantes de béisbol representan otro ejemplo emblemático. El desgaste original del material no se oculta: se convierte en atributo de diseño. Según Vevers, cuanto más antiguo el guante, más carácter adquiere el bolso final. La narrativa del producto incorpora así memoria, deporte y reutilización.

Además, la expansión del denim reciclado desde colecciones cápsula hacia líneas comerciales permanentes confirma la escalabilidad de la apuesta. A ello se suman gabardinas fabricadas con pantalones chinos reutilizados y colaboraciones como la realizada con Bank & Vogue —matriz de Beyond Retro— para producir bolsos de pana reciclada.

La sustentabilidad de Coach se materializa, literalmente, en cada fibra recuperada y reimaginada, acciones que responden a una lógica sistémica de circularidad orientada a reducir vertederos textiles. 

sustentabilidad de Coach

Crecer en tiempos de escepticismo climático: sostenibilidad que también vende

Persistir en la agenda ambiental en Estados Unidos no es sencillo en el actual clima político-cultural. El debilitamiento del consenso climático y la presión por resultados financieros de corto plazo han llevado a muchas marcas a moderar sus ambiciones verdes. Sin embargo, Vevers mantiene su convicción: esto importa, y seguirá importando.

Los resultados comerciales parecen respaldarlo. Coach registró un crecimiento del 25% en ventas, alcanzando 2.100 millones de dólares en el último trimestre de 2025, un desempeño que sugiere que la sostenibilidad no erosiona la rentabilidad; puede potenciarla cuando se integra auténticamente al ADN de marca.

Parte del éxito radica en su posicionamiento estratégico: precios más accesibles que el ultra lujo inflacionado, diseño alineado con la Generación Z y productos con narrativa ambiental tangible. El consumidor no solo compra un bolso; compra historia material, creatividad responsable y pertenencia cultural.

Construir un negocio con visión sostenible transforma la cadena de valor desde los cimientos: abastecimiento, diseño, manufactura, storytelling y comercialización. La sustentabilidad de Coach demuestra que es posible crear moda deseable sin depender exclusivamente de materia prima virgen ni de modelos lineales de descarte.

De este modo, la marca confirma que priorizar el cuidado ambiental no es una desventaja estratégica, sino una oportunidad para redefinir el lujo contemporáneo —uno donde innovación, circularidad y crecimiento económico pueden coexistir.

Ámsterdam hace historia: prohíbe la publicidad de carne para frenar su huella en el planeta

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Ámsterdam se ha convertido en la primera capital del mundo en prohibir la publicidad de carne en el espacio público, una decisión que marca un precedente regulatorio en la intersección entre política climática, salud pública y responsabilidad institucional. La medida responde a una lógica de coherencia ambiental: si las ciudades buscan reducir emisiones y transformar sus sistemas alimentarios, resulta contradictorio promover —desde el propio entorno urbano— productos con elevada huella ecológica.

La decisión también busca incidir en la conciencia social, pues limitar la publicidad de carne no prohíbe su consumo, pero sí cuestiona su normalización cultural y su promoción masiva

La norma: alcances y entrada en vigor de la prohibición

La prohibición fue aprobada el 22 de enero por el consejo municipal de la ciudad, con el respaldo de 27 de los 45 escaños del consejo municipal de la ciudad. Además, la norma fue impulsada conjuntamente por el Partido por los Animales (Partij voor de Dieren) y la formación Izquierda Verde (GroenLinks), y logró incorporarse mediante una modificación de la Ordenanza Local (APV).

La medida entrará en vigor el 1 de mayo y se aplicará a vallas, pantallas digitales, mobiliario urbano, espacios abiertos y a la red de transporte público. Es decir, toda publicidad de carne visible en la vía pública quedará restringida.

publicidad de carne

No obstante, la regulación establece límites claros para evitar sobrerregulación. Los anuncios podrán seguir exhibiéndose dentro de establecimientos que comercialicen productos cárnicos —como carnicerías o supermercados— así como en sus escaparates o en la proximidad inmediata del local. Asimismo, la restricción no afecta a prensa escrita, radio, televisión ni medios digitales.

La norma se inserta además en un paquete más amplio que prohíbe la promoción pública de otros productos de alto impacto ambiental, como vuelos, cruceros, combustibles fósiles y automóviles de gasolina.

Coherencia climática y transición alimentaria

La decisión busca alinear la comunicación urbana con los compromisos climáticos de la ciudad. Ámsterdam respalda el Plant Based Treaty, iniciativa internacional que promueve sistemas alimentarios basados en vegetales, y se ha fijado el objetivo de que para 2050 la dieta de su población sea 50% vegetal.

Ante estos objetivos, la restricción de la publicidad de carne se concibe como una herramienta de política pública para favorecer elecciones alimentarias con menor huella ambiental, sin imponer prohibiciones de consumo. El enfoque es gradualista: desincentivar la promoción masiva mientras se fomenta la accesibilidad a alternativas vegetales.

Jenneke van Pijpen, representante de Izquierda Verde, sintetizó esta lógica con contundencia: 

“No puedes decir que te tomas en serio la política climática y seguir permitiendo estos anuncios”.

publicidad de carne

La medida, por tanto, no es simbólica; busca coherencia entre discurso institucional y práctica regulatoria.  Por su parte, Anke Bakker, del Partido por los Animales, subrayó:

“Ámsterdam no tiene nada que ganar promoviendo una industria que solo causa sufrimiento animal y daño al medioambiente”.

Los impactos ambientales y sanitarios del consumo de carne

La evidencia científica respalda el enfoque adoptado por esta ciudad. De acuerdo con organismos internacionales como la ONU, los alimentos de origen animal —especialmente carnes rojas y lácteos— presentan mayores niveles de emisiones de gases de efecto invernadero que los alimentos vegetales. Además, requieren más tierra, agua y energía para su producción.

Asimismo, organizaciones como ProVeg sostienen que la mayoría de las emisiones del sistema alimentario provienen de la producción cárnica. Investigaciones publicadas en la revista Nature indican que las emisiones globales derivadas de alimentos de origen animal duplican a las de los productos vegetales.

El debate no se limita al clima. También existe un ángulo sanitario relevante. Informes recientes señalan que la población neerlandesa consume actualmente un 60% de proteína animal frente a un 40% vegetal, proporción que el Consejo de Salud de los Países Bajos recomienda invertir.

Las guías alimentarias actualizadas en 2025 promueven reducir la ingesta de carne y aumentar el consumo de legumbres, frutos secos y otras fuentes vegetales, destacando beneficios simultáneos para la salud humana y el medioambiente. En este contexto, limitar la publicidad de carne también opera como intervención preventiva en salud pública.

publicidad de carne

De política local a tendencia internacional: el efecto replicador

Aunque Ámsterdam es la primera capital en adoptar esta prohibición, no es la primera ciudad en implementarla. Haarlem aprobó la medida en 2021 —iniciando su aplicación en 2024— y posteriormente se sumaron municipios como Utrecht y Bloemendaal, mientras otras localidades neerlandesas exploran regulaciones similares.

Este efecto dominó regulatorio evidencia cómo las ciudades funcionan como laboratorios de innovación climática. Restringir la publicidad de carne en el espacio público envía una señal política clara: los compromisos ambientales deben reflejarse en decisiones tangibles, incluso cuando implican confrontar industrias consolidadas.

Implementar medidas de este tipo resulta crucial para avanzar en objetivos de descarbonización y transformación de sistemas alimentarios. Los compromisos climáticos proclamados en foros internacionales solo adquieren legitimidad cuando se traducen en normativas, incentivos y restricciones concretas.

Cambiar un modelo de consumo arraigado durante décadas exige intervenir no solo la oferta y la producción, sino también los imaginarios culturales que la publicidad construye. Ámsterdam lo entiende así: regular la promoción es también regular el futuro climático.

¿Por qué en sostenibilidad diagnosticar ya no es suficiente?

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Durante años, la sostenibilidad corporativa avanzó bajo una lógica de diagnóstico: medir huella de carbono, mapear riesgos, identificar impactos y reportar indicadores. Ese proceso fue —y sigue siendo— necesario para estructurar la agenda sostenible empresarial. Sin embargo, el contexto actual ha cambiado las reglas del juego. Hoy, el desafío no es entender los problemas, sino responder a ellos con velocidad, inversión y rediseño operativo.

Como ya lo ha señalado Expansión ESG, en la actualidad, la transición desde el análisis hacia la acción se ha vuelto urgente, puesto que las variables críticas del sistema comienzan a tensionarse: la escasez de recursos, la presión regulatoria y la exposición reputacional están elevando el costo de la inacción. La agenda sostenible ya no puede limitarse a diagnósticos técnicos o reportes de desempeño: debe integrarse en la toma de decisiones estratégicas que definen crecimiento, continuidad y resiliencia empresarial.

Agenda sostenible: cuando medir ya no alcanza

En las agendas corporativas de América Latina, temas como carbono, clima, productividad o inteligencia artificial han ganado centralidad. Todos son relevantes, pero comparten una base sistémica que aún no ocupa un lugar estructural en la planeación: el agua.

Integrar este recurso en la agenda sostenible implica abordarlo con el mismo rigor que los activos financieros. No se trata de filantropía ambiental, sino de gestión de riesgos operativos. Sin agua, no hay producción posible.

Las proyecciones globales indican que hacia 2030 el suministro hídrico podría cubrir apenas el 60% de la demanda en algunos países. Este dato redefine la conversación: no es un problema ambiental aislado, sino una restricción directa al crecimiento económico.

Ninguna planta industrial, ciudad o sistema agrícola fue diseñado para operar bajo estrés hídrico estructural. Diagnosticar el problema sin rediseñar operaciones equivale a postergar una disrupción inevitable.

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México como caso crítico: agua, industria y continuidad operativa

México ilustra con claridad por qué la acción debe reemplazar al diagnóstico. La expansión industrial, el nearshoring y la relocalización de cadenas productivas dependen de la disponibilidad hídrica regional.

La gestión del agua a nivel de cuenca se vuelve determinante para la estabilidad económica. Regiones completas condicionan su viabilidad productiva a la infraestructura y gobernanza del recurso.

Datos de organismos internacionales como el Foro Económico Mundial y Naciones Unidas ubican la escasez hídrica entre los principales riesgos globales de la próxima década.

El CDP estima que las empresas enfrentan costos potenciales superiores a 77,000 millones de dólares asociados al agua, considerando disrupciones operativas y en la cadena de suministro. Incorporar estas cifras a la agenda sostenible transforma la sostenibilidad en inteligencia financiera aplicada.

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De recurso natural a activo estratégico empresarial

Cuando el agua se gestiona con rigor técnico y visión de largo plazo, deja de ser una fuente de incertidumbre y se convierte en un activo estructurador del sistema productivo.

Este cambio de enfoque redefine la agenda sostenible: ya no se trata solo de reducir impactos, sino de asegurar viabilidad operativa futura. La sostenibilidad pasa de reputacional a estratégica.

Medir consumo sin que esa información influya en inversión, planeación o innovación limita el alcance de cualquier política corporativa. Reportar sin integrar es, en la práctica, otra forma de inacción.

En sectores clave para México —alimentos y bebidas, energía, manufactura— el agua no es una variable externa. Es parte constitutiva del modelo de negocio. Gestionarla con datos comparables y criterios claros debe formar parte del estándar empresarial.

Tecnología, reportes y acción: la brecha pendiente

Muchas organizaciones han invertido en métricas, certificaciones y disclosure ambiental. Ese avance es positivo, pero insuficiente frente a la velocidad del deterioro sistémico.

La tecnología permite monitorear consumos, modelar riesgos y proyectar escenarios. Sin embargo, cuando no se traduce en CAPEX, rediseño de procesos o cambios de sourcing, su impacto es limitado.

Aquí emerge la brecha crítica de la agenda sostenible contemporánea: saber más no necesariamente implica actuar mejor. La sofisticación diagnóstica no siempre deriva en transformación operativa.

Cerrar esa brecha exige gobernanza interna, incentivos ejecutivos alineados y métricas vinculadas a desempeño financiero. Solo así la sostenibilidad deja de ser periférica y se vuelve estructural.

agenda sostenible

De la conciencia a la decisión

La sostenibilidad corporativa atraviesa un punto de inflexión. Durante dos décadas, el énfasis estuvo en entender los impactos. Hoy, la prioridad es gestionarlos con la misma disciplina que cualquier otro riesgo estratégico. La agenda sostenible del futuro no se medirá por la calidad de sus diagnósticos, sino por la contundencia de sus decisiones.

México ofrece un espejo claro de esta transición. El estrés hídrico, la presión industrial y la competencia por recursos obligan a pasar del análisis a la acción sistémica. Para CEOs y líderes de RSE, la lección es inequívoca: diagnosticar fue el primer paso. Actuar —con inversión, rediseño y gobernanza— es el único camino para sostener la viabilidad empresarial en el largo plazo.

¿Crisis de confianza?: Nestlé retira productos infantiles en 60 países por contaminación

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El inicio de año encendió una alerta global en la industria alimentaria ante la noticia de que Nestlé retiraría productos de nutrición infantil en más de 60 países tras detectar contaminación bacteriana en cientos de lotes de fórmula. La magnitud geográfica del retiro —que incluye mercados estratégicos como México y Reino Unido— activó protocolos sanitarios, ajustes operativos y medidas extraordinarias de producción para evitar desabasto. Sin embargo, más allá de la contingencia logística, el caso abre un debate estructural sobre control de calidad y gobernanza en la cadena de suministro.

La presencia de cereulide —toxina asociada a la bacteria Bacillus cereus— implica riesgos gastrointestinales para una población especialmente vulnerable: los lactantes. Esto eleva el umbral reputacional del incidente. Cuando Nestlé retira productos destinados a la primera infancia, el impacto trasciende lo sanitario y se traslada al terreno de la confianza corporativa. Para líderes de responsabilidad social, el episodio constituye un caso crítico de análisis sobre prevención, trazabilidad y gestión de crisis en sectores de alta sensibilidad.

Origen de la contaminación: fallas en la cadena de suministro

La investigación interna identificó trazas de cereulide en fórmulas infantiles, toxina que puede provocar náuseas, vómitos y complicaciones gastrointestinales. La detección activó el protocolo de retiro inmediato, priorizando la seguridad del consumidor.

Nestlé atribuyó el origen de la contaminación a materias primas específicas dentro de su red de abastecimiento. El señalamiento directo recayó sobre Cabio Biotech Wuhan, proveedor de aceite de ácido araquidónico (ARA), insumo habitual en nutrición infantil.

Este elemento revela un punto crítico: la vulnerabilidad sistémica de las cadenas globalizadas. Incluso con estándares robustos, la dependencia de terceros amplifica riesgos biológicos, regulatorios y reputacionales.

El hecho de que competidores como Danone y Abbott también reportaran contaminación asociada al mismo proveedor confirma que la crisis no es aislada, sino estructural. Cuando Nestlé retira productos, el efecto dominó alcanza a toda la industria.

Nestlé retira productos

Nestlé retira productos y tensiona el abastecimiento mundial

El retiro masivo obligó a la compañía a operar bajo esquemas extraordinarios. La firma solicitó autorización a autoridades suizas para implementar turnos nocturnos y jornadas festivas en su planta de Konolfingen.

El objetivo: compensar la caída de inventarios y evitar una escasez prolongada de fórmula infantil. La nutrición en etapas tempranas no admite interrupciones, lo que eleva la presión logística y ética.

Mercados como Reino Unido ya reportan faltantes tanto para mayoristas como consumidores. La expectativa es que el desabasto se replique en otros países conforme avance el retiro.

El incidente de Nestlé no sólo ha creado tensión sanitaria: también es operativa. La resiliencia industrial —capacidad de producir más rápido sin comprometer calidad— se vuelve un activo estratégico.

Nestlé retira productos

México en el radar sanitario: alertas y retiros focalizados

México figura entre las 60 naciones donde se detectaron lotes contaminados, aunque la compañía no ha detallado si sus 18 plantas locales adoptarán medidas extraordinarias de producción.

Las autoridades regulatorias actuaron de forma preventiva. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios emitió una alerta sanitaria desde inicios de año tras identificar la bacteria en fórmulas.

Como medida cautelar, se retiraron voluntariamente cuatro lotes de NAN Alfamino y Alfamino en presentación de 400 gramos. La acción buscó evitar riesgos de intoxicación infantil.

No obstante, el daño perceptual es inevitable. Cuando Nestlé retira productos en categorías sensibles, la confianza del consumidor se erosiona incluso si los protocolos funcionan correctamente.

Nestlé retira productos

Confianza, trazabilidad y gobernanza: lecciones para la alta dirección

La crisis evidencia que la seguridad del producto ya no se evalúa únicamente en planta, sino a lo largo de toda la cadena de valor. Trazabilidad profunda, auditorías a proveedores y diversificación de abastecimiento dejan de ser buenas prácticas para convertirse en requisitos reputacionales. En industrias críticas, el riesgo de terceros es riesgo propio.

Para CEOs y líderes de RSE, el caso deja una lección clara: la confianza tarda décadas en construirse y horas en ponerse en duda. Nestlé retira productos hoy para proteger al consumidor, pero el desafío real será restaurar credibilidad mañana. La gestión transparente, la comunicación proactiva y la inversión en control preventivo definirán si el episodio queda como contingencia operativa… o como punto de inflexión en la percepción global de la marca.

Sociedades más justas, equitativas y solidarias: FUNDACIÓN ADO

En el marco del Día Mundial de la Justicia Social, una fecha que invita a reflexionar sobre la equidad, la inclusión y el acceso justo a oportunidades, FUNDACIÓN ADO comparte su visión sobre el papel que juegan las alianzas, el liderazgo comunitario y la movilidad como habilitadores de desarrollo social sostenible.

Para la Fundación, la justicia social no se limita a reducir brechas de manera inmediata, sino a construir capacidades locales, fortalecer liderazgos comunitarios y generar condiciones para que las personas y sus comunidades impulsen su propio desarrollo con autonomía, identidad y arraigo territorial.

En este contexto, el Día Mundial de la Justicia Social 2026, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas, se conmemora bajo el lema “Empoderar la inclusión y cerrar brechas para la justicia social”, un llamado global que pone en el centro prioridades como la reducción de la pobreza, la igualdad de género, el empleo decente y el acceso a sistemas de protección social como bases del desarrollo sostenible.

En México, este desafío también se refleja en indicadores como el coeficiente de Gini, una medida que permite observar el nivel de desigualdad en la distribución del ingreso —donde valores más cercanos a cero indican mayor igualdad—. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, este indicador se ubicó en 0.391, una mejora frente al 0.402 registrado en 2022; sin embargo, persisten brechas territoriales y sociales profundas, particularmente en comunidades donde el acceso a oportunidades, servicios y participación continúa siendo desigual. Este panorama refuerza la importancia de impulsar modelos de acción social con enfoque local y visión de largo plazo.

FUNDACIÓN ADO

Bajo este enfoque, el fortalecimiento de mujeres líderes comunitarias se ha consolidado como un eje estratégico para FUNDACIÓN ADO, reconociendo su papel como agentes de transformación en sus territorios. A través de procesos de formación y acompañamiento, se impulsa su participación activa en la toma de decisiones locales, el desarrollo de proyectos comunitarios y la construcción de entornos más equitativos e inclusivos.

Esta visión se materializa en iniciativas como Espacio Nuuch, un modelo de intervención comunitaria que promueve el desarrollo integral a partir de la identidad comunitaria, el trabajo colectivo y el aprovechamiento de las capacidades locales. Más que un espacio físico, Nuuch funciona como un punto de encuentro para fortalecer el tejido social y generar oportunidades con impacto duradero.

La acción social de FUNDACIÓN ADO se articula de manera transversal con el ecosistema de MOBILITY ADO, donde cada viaje contribuye al impulso de proyectos sociales y comunitarios, integrando la responsabilidad social como parte del modelo operativo y del compromiso cotidiano con las comunidades donde opera.

“La justicia social se construye cuando las soluciones nacen desde el territorio y se sostienen en el tiempo. En FUNDACIÓN ADO creemos en acompañar procesos, fortalecer liderazgos y generar alianzas que permitan a las comunidades avanzar con sus propias herramientas”, señaló Andrés Pérez Peña, gerente de FUNDACIÓN ADO.En el Día Mundial de la Justicia Social, FUNDACIÓN ADO refrenda su convicción de que el desarrollo sostenible se logra cuando la acción social se convierte en una práctica permanente, alineada al contexto local y orientada a generar impacto real y duradero.

IMU Recicla se suma al Mega Reciclatrón UNAM 2026 y refuerza el reciclaje de pilas en la CDMX

En línea con las políticas públicas ambientales impulsadas en la capital del país, el Mega Reciclatrón UNAM 2026 se consolidó como una de las iniciativas más relevantes para la gestión responsable de residuos eléctricos, electrónicos y pilas. Organizado en coordinación con autoridades ambientales y la Universidad Nacional Autónoma de México, este esfuerzo busca fomentar la economía circular y reducir el impacto ambiental de desechos altamente contaminantes.

Durante las jornadas realizadas los días 29, 30 y 31 de enero de 2026, la respuesta ciudadana superó las expectativas: más de 5,800 personas participaron activamente y se logró la recolección de 86 toneladas de residuos, entre aparatos electrónicos, eléctricos y pilas. Estas cifras posicionan al Mega Reciclatrón como un referente de participación social y corresponsabilidad ambiental en la Ciudad de México.

En este contexto, Grupo IMU tuvo una participación activa a través de su programa IMU Recicla, iniciativa enfocada en el acopio, manejo y disposición adecuada de pilas. La intervención del programa permitió fortalecer la logística del evento y asegurar que estos residuos —que contienen metales pesados de alto riesgo— fueran tratados conforme a procesos ambientales certificados, evitando su filtración en suelos y cuerpos de agua.

Mega Reciclatrón UNAM 2026

La presencia de IMU Recicla en el Mega Reciclatrón UNAM 2026 subraya la importancia de la colaboración entre iniciativa privada, academia y gobierno para atender retos ambientales de gran escala. Asimismo, reafirma el compromiso de Grupo IMU con la sustentabilidad urbana y con la construcción de soluciones de largo plazo que promuevan una cultura de reciclaje responsable entre la ciudadanía.

Con resultados tangibles y una alta convocatoria social, el Mega Reciclatrón UNAM 2026 se perfila como un modelo de acción colectiva en favor del medio ambiente, donde programas como IMU Recicla juegan un papel clave para transformar la gestión de residuos en México.

¿Por qué el turismo activa nuestro lado menos sostenible?

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Durante años, el discurso de la sostenibilidad ha colocado al turista consciente como un actor clave en la transición hacia economías más responsables. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Queensland introduce una paradoja incómoda: quienes en su vida cotidiana mantienen hábitos ambientales sólidos, al viajar tienden a relajarlos. No se trata de desconocimiento ni de falta de valores, sino de un fenómeno psicológico que transforma temporalmente la forma en que las personas se perciben a sí mismas. Esta evidencia obliga a repensar las estrategias de sostenibilidad en el turismo desde la raíz conductual, no sólo desde la infraestructura o la regulación.

La investigación revela que el viajero no abandona sus principios, sino que entra en un “modo mental” distinto. Este hallazgo desplaza el debate desde la moralidad individual hacia el diseño de experiencias, políticas y mensajes. Si el turismo activa una identidad menos responsable, entonces la sostenibilidad en el turismo no puede depender únicamente de la buena voluntad del visitante. Debe diseñarse como un sistema que anticipe, contenga y reoriente ese cambio conductual inevitable.

La identidad vacacional: cuando el viaje suspende la responsabilidad

El estudio identifica un concepto clave: la “identidad de lugar de vacaciones”. Según la investigadora Dorine von Briel, este estado psicológico emerge cuando las personas se desplazan —o incluso cuando se imaginan— en un entorno vacacional. A diferencia de la identidad de origen, asociada con rutinas, normas y responsabilidad cotidiana, la identidad vacacional se vincula con libertad, indulgencia y desconexión. Es, en términos pedagógicos, un “paréntesis moral percibido”.

Los investigadores realizaron tres estudios independientes y hallaron un patrón consistente: los participantes se autoevaluaban como menos responsables ambientalmente al situarse mentalmente en vacaciones que cuando pensaban en su vida diaria. Esto implica que el cambio no es circunstancial, sino estructural. No depende del destino ni del ingreso, sino del significado simbólico que atribuimos al viajar.

La Dra. Anna Zinn subraya que los cambios de identidad no son extraños —pasamos de profesionales a padres, de ciudadanos locales a nacionales—, pero esta es la primera vez que se mide una identidad vacacional con implicaciones ambientales directas. Para el ámbito empresarial, esto introduce un reto crítico, puesto que los programas de sostenibilidad en el turismo están diseñados para un sujeto racional y coherente, pero el turista real opera bajo una lógica emocional y temporalmente permisiva.

sostenibilidad en el turismo

Cuando el descanso se traduce en mayor huella ambiental

Las consecuencias de esta identidad son tangibles. El estudio confirma que los viajeros consumen más recursos, desperdician más y conservan menos durante sus desplazamientos. Esto ocurre incluso entre personas con alta conciencia ambiental en su vida cotidiana. La profesora Sara Dolnicar señala que aquí radica una falla estratégica:

“Los mensajes de sostenibilidad suelen fracasar porque se dirigen a los turistas cuando la identidad de su lugar de vacaciones ya es dominante”.

Pedir reutilizar toallas o reducir duchas cuando el viajero ya está inmerso en la lógica de indulgencia resulta poco eficaz. Es como intentar frenar un vehículo cuesta abajo. La investigación sugiere que las intervenciones deben activarse antes del viaje, cuando la identidad de origen —más responsable— aún está presente.

Este hallazgo reconfigura la sostenibilidad en el turismo como un reto de timing conductual. No basta con informar; hay que intervenir en el momento psicológico adecuado. Campañas previas a la salida, recordatorios en procesos de reserva o compromisos anticipados podrían tener mayor impacto que la señalética en hoteles.

sostenibilidad en el turismo

Evidencia estructural: el peso climático del turismo

El fenómeno no ocurre en el vacío. Investigaciones previas de la Universidad de Queensland estiman que el turismo representa cerca del 9 % de las emisiones globales de carbono. Esta cifra sitúa al sector al nivel de economías nacionales completas en términos de impacto climático.

El dato es relevante porque desmonta la narrativa del turismo como industria “ligera”. Transporte aéreo, consumo energético hotelero, desperdicio alimentario y presión sobre ecosistemas convierten al viajero promedio en un multiplicador de huella ambiental. Cuando la identidad vacacional reduce los frenos conductuales, ese impacto se amplifica.

Desde la óptica de RSE, esto plantea una responsabilidad compartida. No sólo del turista, sino de aerolíneas, operadores, destinos y gobiernos. La sostenibilidad en el turismo no puede descansar en decisiones individuales cuando el sistema incentiva el consumo intensivo como parte de la experiencia vacacional.

Reconfigurar incentivos: del discurso a la arquitectura de comportamiento

Expertos del sector sostienen que la industria tiene capacidad —y obligación— de rediseñar estas dinámicas. Eric Ricaurte, consultor en turismo sostenible, señala que operadores y hoteles pueden liderar prácticas responsables mediante campañas, compromisos y narrativas locales.

Aquí emerge una idea clave: las iniciativas funcionan mejor cuando conectan la conducta del turista con la preservación del destino que disfruta. No se trata de culpa, sino de corresponsabilidad emocional.

Algunos países ya experimentan con mecanismos innovadores:

  • En Palaos, los visitantes firman el “Compromiso de Palaos”, un acuerdo formal para proteger naturaleza y cultura local.
  • Nueva Zelanda promueve la “Promesa Tiaki”, que invita a cuidar el territorio, respetar comunidades y viajar con seguridad.
  • Bután aplica una política de “alto valor y bajo volumen”, incluyendo una tasa diaria de desarrollo sostenible destinada a conservación, educación y salud.

Estos modelos no sólo regulan el flujo turístico; redefinen la identidad del visitante antes de su llegada. Es un rediseño cultural del viaje.

sostenibilidad en el turismo

Gobernar la psicología del viajero

El principal aporte del estudio no es evidenciar que los turistas contaminan más —eso ya se sabía—, sino explicar por qué ocurre incluso entre individuos conscientes. La identidad vacacional introduce una desconexión temporal entre valores y conducta. Entender esta brecha permite diseñar intervenciones más sofisticadas. La sostenibilidad en el turismo debe evolucionar desde campañas informativas hacia arquitecturas de comportamiento que anticipen la relajación ética del viajero.

De cara al futuro, el reto no es pedirle al turista que sea perfecto, sino construir sistemas que faciliten decisiones responsables incluso en modo vacaciones. Destinos que integren compromisos, operadores que rediseñen incentivos y políticas públicas que alineen experiencia con conservación serán decisivos. Si el viaje suspende la responsabilidad, entonces la tarea de la sostenibilidad es reinstalarla —no como obligación, sino como parte natural de la experiencia de explorar el mundo.