Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
Trendy – Rincón de la infamia
Coca-Cola y McDonald’s: señalados por “ejercer presión” para retrasar ley sobre residuos y economía circular
Desde 2023 AT&T México ha rehabilitado 100 canchas como parte de la iniciativa Revive tu Cancha. En alianza con Comex por un México Bien Hecho y Blue Women Pink Men, y gracias a los más de 3,200 voluntarios que han sumado más de 19,100 horas, el proyecto ha fomentado el bienestar y cohesión comunitaria de más de 500 mil personas en todo el país a través del deporte.
En AT&T México invertimos, generamos miles de empleos formales, innovamos y también impulsamos iniciativas como “Revive tu cancha”, que fortalecen a las comunidades donde operamos”, mencionó Mónica Aspe, Directora General de AT&T México. “Nuestro propósito va más allá de la conectividad. A través del voluntariado de nuestro equipo, refrendamos el compromiso de generar un impacto positivo y duradero en las personas”.
A la inauguración de la cancha 100 ubicada en la alcaldía Álvaro Obregón asistieron Mónica Aspe, Directora General de AT&T México, Mai Hernández Castro, Directora de Asuntos públicos y Responsabilidad Social de PPG Comex, Silvio González, Ministro Consejero para Diplomacia Pública de la Embajada de Estados Unidos en México, Rubén Kuri, Cofundador de Blue Women Pink Men y Javier López Casarín, Alcalde de Álvaro Obregón, quienes celebraron el espacio diseñado y rehabilitado por voluntarios de AT&T México. La rehabilitación de esta cancha beneficiará a 16 mil habitantes de la zona al convertirse en un espacio renovado donde se promoverán actividades deportivas y de convivencia.
Para la rehabilitación de estas 100 canchas, AT&T México, Comex y Blue Women Pink Men, trabajaron de la mano con las alcaldías y municipios de cada localidad, además de 48 artistas locales para desarrollar diseños únicos que reflejen la importancia de estos espacios para las comunidades.
“Para PPG Comex, inaugurar la cancha número 100 junto a AT&T México es un hito que demuestra el poder de la colaboración entre el sector público y privado para reconstruir el tejido social. A 10 años de la creación de ‘Comex por un México Bien Hecho’, nos enorgullece haber transformado entornos dignos y seguros que ya benefician a más de 30 millones de mexicanos. Seguiremos firmes en nuestra misión de proteger y embellecer la vida de las personas, convirtiendo estos lugares en verdaderos puntos de encuentro y cohesión comunitaria”, compartió Mai Hernández Castro, Directora de Asuntos Públicos y Responsabilidad Social de PPG Comex.
“La cancha número 100 de Revive tu Cancha es la prueba de que las alianzas pueden cambiar realidades. Agradecemos a AT&T por sumar su energía a este esfuerzo que promueve el deporte, fortalece comunidades y refleja el espíritu de generosidad y compromiso de las empresas americanas con México en el marco de la celebración de 250 años de Independencia de Estados Unidos #Freedom250.” Compartió Silvio Gonzalez, Ministro Consejero para Diplomacia Pública de la Embajada de Estados Unidos en México.
“Nos emociona mucho en Blue Women Pink Men ver una meta alcanzada gracias a las empresas y a las personas que han creído en nuestra misión de recuperar espacios públicos a través del arte para promover el deporte en las infancias de nuestro país, AT&T México y Comex han sido pilares fundamentales para promover e impulsar en toda la república el objetivo de ofrecerle a los niños y niñas canchas seguras, llenas de color, y que los invita a explorar su creatividad y talento. Nuestro más grande reconocimiento y agradecimiento a ambas marcas por ser los mejores aliados, es un día de mucha celebración.” añadió Rubén Kuri, cofundador de BWPM.
Amazon recorta 16,000 posiciones corporativas. Cisco elimina el 5% de su plantilla. Morgan Stanley reduce 2,500 empleos. General Motors prescinde del 10% de su área de TI. Ninguna de estas empresas está en crisis. Todas siguen creciendo.
Eso es lo que me lleva meses llamando la atención. No son despidos por resultados negativos. Son rediseños organizacionales impulsados por una lógica diferente: si la tecnología puede hacer lo que hacen varias capas de la organización, ¿para qué mantener esas capas?
Y luego lees que las Big Four —Deloitte, EY, KPMG, PwC— están publicando más ofertas de trabajo para especialistas en IA que para auditores. Que los roles de IA representaron casi el 7% de sus vacantes en 2025. Que tres cuartas partes de esas posiciones pedían habilidades de programación. Que el resto buscaba algo más difícil de entrenar: la capacidad de explicar la tecnología a clientes, de ayudar a adoptarla, de vender confianza en medio de la incertidumbre.
Financial Times – 20 de mayo 2026
Entonces inevitablemente pensé en ESG, sustentabilidad y en todo ese ecosistema con el que trabajo todos los días.
En los últimos años creció un mundo enorme alrededor de todo esto: reportes, materialidades, cuestionarios, plataformas de datos, indicadores, estándares, revisiones de terceros. Un trabajo importante, sin duda. Pero también altamente estructurable. Altamente automatizable.
¿Qué parte de ese trabajo es realmente insustituible?
No es una amenaza para este campo como conocimiento. Es una amenaza para este campo reducido a burocracia.
Si el valor que ofrece un equipo interno o una firma consultora se mide principalmente en formularios respondidos, bases de datos alimentadas, reportes formateados e indicadores compilados… entonces esa propuesta de valor está en riesgo. No porque sea falsa. Sino porque ya existe tecnología que puede hacer gran parte de eso más rápido, más barato y con menos error humano.
Pero hay algo que la IA no puede hacer. No puede sentarse con la dirección de una empresa y entender por qué una decisión que parece eficiente a corto plazo puede destruir reputación a mediano plazo. No puede leer el contexto político detrás de una regulación emergente y saber cómo va a impactar en la estrategia de un sector específico. No puede navegar la tensión entre lo que un consumidor espera y lo que un accionista exige. No puede distinguir entre lo que una empresa comunica y lo que realmente está dispuesta a cambiar.
Eso requiere criterio. Contexto. Experiencia. Y la capacidad de hablar con franqueza cuando la respuesta más cómoda no es la más honesta.
La imagen que me queda es esta: las organizaciones están pasando de pirámides a obeliscos. Menos capas intermedias de ejecución y procesamiento. Más concentración en los extremos: tecnología en la base, criterio estratégico en la punta. Lo que queda en el medio —si no tiene una razón clara para estar ahí— se va reduciendo.
¿Y esto es malo para la sustentabilidad y para su gremio de promotores? Depende de quién seas y qué estés haciendo.
Es una amenaza real si tu trabajo consiste principalmente en administrar información, responder cuestionarios de calificadoras, o producir reportes que nadie lee pero todos exigen. No porque ese trabajo sea inútil, sino porque cada vez más puede hacerse sin ti.
Es una oportunidad —quizá la mejor en años— si puedes ayudar a una empresa a tomar decisiones complejas en contextos de alta incertidumbre. Si entiendes la regulación antes de que impacte. Si sabes cómo traducir presión social en estrategia de negocio. Si puedes ser la voz que dice lo que nadie más dice en la sala.
Las empresas van a necesitar eso más que nunca. Precisamente porque el mundo se está volviendo más incierto, no menos.
Entonces no, no creo que la IA sea el fin de la sustentabilidad corporativa. Pero sí creo que es el fin de cierta forma de practicarla. Y la distinción importa.
La pregunta que me hago —y que les dejo— no es si la tecnología va a cambiar este campo. Eso ya está pasando. La pregunta es si quienes trabajamos en esto vamos a esperar a que el cambio llegue, o vamos a decidir hacia dónde queremos ir.
Menos pirámides. Más obeliscos. Y la sustentabilidad, si evoluciona bien, en la punta.
Las cifras de recortes citadas corresponden a anuncios públicos de Amazon, Cisco, Morgan Stanley y General Motors en 2025–2026. Los datos sobre contratación en IA en las Big Four provienen de un análisis de FT Research sobre más de 50,000 ofertas de trabajo publicadas en EE.UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Irlanda.
R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
Durante décadas, el sistema energético mundial dependió casi por completo de combustibles fósiles cuya disponibilidad, precio e impacto ambiental condicionaron el desarrollo económico de países y empresas. Sin embargo, la urgencia climática, las crecientes metas de descarbonización y la volatilidad de los mercados energéticos están acelerando un cambio que ya no parece opcional. Gobiernos, industrias y consumidores buscan alternativas capaces de garantizar seguridad energética sin profundizar la crisis ambiental. En ese escenario, la transición energética dejó de ser una aspiración lejana para convertirse en una prioridad estratégica global.
La transformación, no obstante, va mucho más allá de sustituir una fuente de energía por otra. Requiere innovación tecnológica, infraestructura, inversión y modelos de generación más resilientes capaces de responder a nuevas demandas económicas y sociales. Aquí es donde las energías renovables adquieren un papel protagónico. Desde la solar y la eólica hasta opciones más especializadas como la geotérmica o la marina, estas tecnologías están redefiniendo la matriz energética mundial y demostrando que un futuro bajo en carbono es técnicamente posible. En este artículo exploraremos diez energías renovables que, según Sustainability Magazine, hoy están funcionando como auténticos motores de la transición energética, así como las compañías que están impulsando su desarrollo a escala global.
Las 10 de las energías que están impulsando la transición energética mundial
10. Energía marina: el océano como fuente constante de electricidad
La energía marina, que incluye tecnologías undimotrices y mareomotrices, continúa siendo una de las apuestas más fascinantes dentro del universo de las energías renovables. Aunque su capacidad instalada global todavía es reducida —alrededor de 490 MW—, posee una ventaja difícil de igualar: la predictibilidad. A diferencia del sol o el viento, las mareas obedecen ciclos naturales altamente estables, lo que convierte a esta fuente en una opción estratégica para sistemas eléctricos que requieren confiabilidad.
Su potencial radica precisamente en esa consistencia. Los océanos representan una enorme reserva energética capaz de generar electricidad sin emisiones directas y con menor dependencia de condiciones atmosféricas variables. Sin embargo, el desarrollo tecnológico y los elevados costos de infraestructura han limitado la expansión comercial de muchos proyectos, haciendo que la energía marina permanezca como un nicho altamente innovador, pero todavía emergente.
Una de las compañías que ha demostrado que esta tecnología puede funcionar a gran escala es EDF. Fundada en 1946 y con Carine de Boissezon como Directora de Impacto, la empresa opera la central mareomotriz de La Rance, en Bretaña, Francia, con una capacidad de 240 MW, considerada una de las más grandes del mundo.
El caso de EDF demuestra que las energías renovables no avanzan únicamente mediante soluciones masivas ya consolidadas, sino también a través de tecnologías especializadas capaces de ampliar la diversificación energética. En un mundo que busca independencia energética y resiliencia climática, los océanos podrían convertirse en aliados mucho más relevantes durante las próximas décadas.
9. Energía solar de concentración (CSP): almacenar el sol para usarlo cuando se necesita
La energía solar de concentración o CSP (Concentrated Solar Power) representa una evolución sofisticada del aprovechamiento solar. Con 8.422 MW instalados globalmente, esta tecnología utiliza espejos o lentes para concentrar radiación solar y generar calor de alta temperatura, el cual puede almacenarse —frecuentemente mediante sales fundidas— y utilizarse posteriormente para producir electricidad.
Ese componente de almacenamiento es justamente lo que convierte al CSP en un motor relevante de la transición energética. Mientras la energía solar fotovoltaica depende directamente de la disponibilidad de radiación, la CSP permite almacenar energía térmica y despacharla cuando la red la necesita, ofreciendo una flexibilidad particularmente valiosa para países con alta irradiación.
En esta tecnología destaca ACWA Power, fundada en 2004 y liderada en sostenibilidad corporativa por Rusha Al-Rawaf. La compañía opera más de 70 proyectos energéticos y de desalinización en Arabia Saudita y se ha consolidado como uno de los actores más influyentes de Oriente Medio.
El liderazgo de ACWA Power ilustra cómo las energías renovables también pueden responder a necesidades hídricas y de desarrollo regional. El CSP no solo produce electricidad limpia; también fortalece seguridad energética y gestión de recursos en zonas altamente expuestas al estrés climático.
8. Energía geotérmica: el calor oculto bajo nuestros pies
La geotermia ha ganado notoriedad gracias a los avances en perforación y a la búsqueda global de energía firme y continua. Con 15.674 MW instalados, esta tecnología aprovecha el calor almacenado en el subsuelo para producir electricidad o calefacción, ofreciendo una característica particularmente valiosa: generación de base.
A diferencia de otras fuentes renovables intermitentes, la geotermia puede operar las 24 horas del día sin depender del clima. Esto la convierte en una herramienta estratégica para estabilizar redes eléctricas y reducir dependencia de combustibles fósiles en calefacción y refrigeración urbana.
ENGIE, empresa energética francesa fundada en 2008 y con Daxita Rajcoomar como Directora de Sostenibilidad en la región AMEA, se ha convertido en uno de los principales promotores de esta tecnología. La empresa expande proyectos geotérmicos globalmente y, mediante Tabreed, inauguró la primera planta de refrigeración urbana geotérmica de Oriente Medio.
El renovado interés en esta fuente confirma que las energías renovables no dependen exclusivamente del viento o del sol. La geotermia aporta estabilidad, seguridad y diversificación a sistemas eléctricos cada vez más complejos.
7. Energía eólica marina: conquistar el viento en alta mar
La eólica marina ha protagonizado uno de los crecimientos más impresionantes del sector energético. En apenas tres décadas pasó de un experimento danés a superar los 91.380 MW instalados en el mundo, incorporando solo en 2025 cerca de 9,3 GW nuevos.
El atractivo de esta tecnología radica en la intensidad y constancia de los vientos marinos, que suelen superar a los terrestres y permiten producir grandes cantidades de electricidad limpia con factores de capacidad más elevados.
La empresa danesa Ørsted lidera este proceso. Fundada en 2006 y con Anders Johannes Enghild como director global de sostenibilidad, desarrolla más de 10 GW de capacidad eólica marina en distintos continentes y es reconocida como pionera del primer parque eólico marino del mundo, inaugurado en Vindeby en 1991.
La expansión de la eólica marina evidencia cómo las energías renovables evolucionan desde soluciones locales hacia infraestructura energética global capaz de competir con tecnologías convencionales.
6. Bioenergía: aprovechar residuos y biomasa para descarbonizar sectores difíciles
Con 154.399 MW instalados, la bioenergía ocupa un lugar relevante dentro de la transición energética, especialmente porque atiende sectores donde la electrificación total aún enfrenta desafíos, como transporte pesado y actividades industriales.
La bioenergía transforma materia orgánica —residuos agrícolas, forestales o biocombustibles— en energía aprovechable. Su potencial no solo reside en producir combustibles alternativos, sino en generar modelos circulares donde residuos se convierten en insumos energéticos.
Chevron, fundada en 1879 y dirigida por Mike Wirth, impulsa este sector mediante Chevron Renewable Energy, ofreciendo biodiésel, diésel renovable, gas natural renovable e hidrógeno bajo en carbono para transporte terrestre, ferroviario y marítimo.
En un contexto donde la transición energética exige múltiples soluciones simultáneas, la bioenergía demuestra que la descarbonización no dependerá de una sola tecnología, sino de un portafolio diverso de alternativas complementarias.
5. Hidroeléctrica de bombeo: la batería gigante que sostiene las redes eléctricas
La hidroeléctrica de bombeo suele recibir menos atención pública que la solar o la eólica, pero desempeña un papel decisivo en la transición energética moderna. Con 159.822 MW instalados, esta tecnología funciona como un enorme sistema de almacenamiento: cuando existe exceso de electricidad, el agua se bombea hacia un embalse superior; cuando la demanda aumenta, esa misma agua desciende para generar energía nuevamente.
Su importancia crece conforme aumenta la penetración de fuentes renovables variables. Las redes eléctricas requieren estabilidad, control de frecuencia y capacidad de respuesta inmediata, funciones que históricamente proporcionaban centrales fósiles. La hidroeléctrica de bombeo permite cubrir esas necesidades sin incrementar emisiones y fortalece la resiliencia energética de los países.
GE Vernova, fundada en 2024 y con Roger Martella como director corporativo y de sostenibilidad, se ha especializado en esta infraestructura mediante turbinas, generadores y sistemas eléctricos auxiliares para centrales hidroeléctricas de bombeo.
La compañía planea invertir 9.000 millones de dólares en investigación y desarrollo hasta 2028, con el objetivo de acelerar electrificación e innovación energética. Su apuesta confirma que las energías renovables necesitan almacenamiento y flexibilidad para consolidar su expansión.
4. Almacenamiento en baterías: el habilitador silencioso de la energía limpia
Aunque técnicamente no genera electricidad, el almacenamiento en baterías se ha convertido en uno de los pilares indispensables de la transición energética. Con una capacidad global cercana a 267.000 MW, esta tecnología permite capturar energía solar o eólica cuando es abundante y utilizarla posteriormente cuando disminuye la producción o aumenta la demanda.
Sin sistemas de almacenamiento, gran parte de la electricidad renovable se desperdiciaría o tendría dificultades para integrarse eficientemente a las redes eléctricas. Por ello, las baterías funcionan como un puente entre generación variable y confiabilidad energética, ayudando a estabilizar precios y reducir dependencia de combustibles fósiles.
CATL, fundada en 2011 y encabezada en sostenibilidad por Dennis Pan, domina el mercado global con más del 36% de participación en 2025. La empresa abastece a actores estratégicos como Tesla, Fluence y Sungrow, consolidándose como referente tecnológico.
Los avances de CATL en celdas LFP, mayor densidad energética y cadenas globales de suministro muestran que la transición no depende únicamente de producir electricidad limpia, sino también de almacenarla inteligentemente. En ese sentido, pocas tecnologías han resultado tan decisivas para el futuro de las energías renovables.
3. Energía eólica terrestre: la columna vertebral del viento
Con casi 1,2 TW de capacidad instalada —1.199.987 MW—, la energía eólica terrestre continúa siendo una de las tecnologías renovables más extendidas y competitivas del planeta. Sus aerogeneradores se encuentran en todos los continentes y han transformado paisajes rurales en polos de generación eléctrica y desarrollo económico.
El atractivo de esta fuente radica en su madurez tecnológica, costos cada vez más bajos y capacidad para generar empleo local. Además, la eólica terrestre suele desplegarse más rápidamente que otras grandes infraestructuras energéticas, facilitando el cumplimiento de metas climáticas nacionales.
NextEra Energy, fundada en 1925 y con Charles E. Sieving al frente de asuntos legales, ambientales y regulatorios federales, destaca como uno de los líderes mundiales del sector. La compañía administra cerca de 58 GW de generación, de los cuales aproximadamente 22 GW corresponden a energía eólica terrestre.
El crecimiento sostenido de esta tecnología demuestra por qué las energías renovables ya no representan una promesa futura, sino infraestructura crítica del presente. Su combinación con almacenamiento y redes inteligentes la convierte en una pieza esencial del sistema energético global.
2. Energía hidroeléctrica: la veterana que sigue dominando la electricidad limpia
La hidroeléctrica posee una larga historia y continúa siendo la mayor fuente renovable del mundo. Con 1.295.765 MW instalados y presencia en más de 150 países, aporta alrededor del 14,3% de la electricidad mundial y mantiene un rol estratégico en estabilidad y flexibilidad del sistema eléctrico.
Aunque el ritmo de expansión se ha moderado por la escasez de nuevos emplazamientos adecuados y por debates ambientales asociados a grandes represas, su relevancia permanece intacta. La capacidad de almacenar agua y responder rápidamente a fluctuaciones eléctricas convierte a la hidroenergía en un complemento natural de otras fuentes limpias.
China Three Gorges Corporation (CTG), fundada en 1993 y encabezada internacionalmente por Li Yinsheng, simboliza esta escala monumental. Su filial opera la presa de las Tres Gargantas, la mayor central hidroeléctrica del planeta, con 22,5 GW de capacidad.
CTG alcanzó 146 GW de capacidad instalada a finales de 2023 y el 96% de su generación provino de fuentes limpias, con operaciones en casi veinte países. Su trayectoria confirma que la transición energética también se construye a partir de tecnologías maduras capaces de sostener grandes sistemas eléctricos.
1. Solar: la reina de la transición energética global
La energía solar fotovoltaica ocupa hoy el primer lugar entre las tecnologías renovables, con una capacidad instalada superior a 2.383.162 MW. Más que una tendencia, se ha convertido en el rostro más visible de la descarbonización mundial gracias a la caída acelerada de costos y al perfeccionamiento tecnológico.
Su principal fortaleza es la escalabilidad. Puede abastecer desde viviendas y comercios hasta gigantescos parques solares conectados a redes nacionales. Además, la volatilidad de los precios eléctricos y la búsqueda de autonomía energética han impulsado una adopción masiva en hogares, industrias y gobiernos.
La Agencia Internacional de Energía prevé que la capacidad solar casi se triplique y alcance 1.500 GW adicionales, superando al gas natural en 2026 y al carbón en 2027 como principal tecnología energética individual.
First Solar, fundada en 1999 y dirigida por Mark Widmar, representa uno de los actores más innovadores del sector. Su tecnología de película delgada y su estrategia climática —que incluye alimentar toda su producción con renovables para 2028 y aspirar a neutralidad climática en 2050— muestran cómo la industria evoluciona hacia modelos cada vez más sostenibles.
La solar encabeza este ranking porque sintetiza el espíritu de la transición: accesibilidad, innovación y capacidad de despliegue masivo. Entre todas las energías renovables, es probablemente la que mejor ejemplifica cómo la descarbonización pasó de ser una aspiración ambiental a convertirse en una decisión económica y estratégica.
La transición energética no dependerá de una sola tecnología
La transformación energética que vive el mundo deja una lección clara: no existe una solución única capaz de resolver por sí sola el desafío climático y energético global. Desde la energía solar y la eólica terrestre hasta opciones menos visibles como la geotérmica, la marina o el almacenamiento en baterías, cada tecnología aporta fortalezas distintas para construir sistemas eléctricos más limpios, resilientes y seguros. El avance de las energías renovables demuestra que la innovación ya no es un escenario hipotético, sino una realidad respaldada por inversión, desarrollo tecnológico y nuevas estrategias empresariales.
Sin embargo, acelerar esta transición exigirá mucho más que capacidad instalada. También requerirá políticas públicas consistentes, infraestructura moderna, financiamiento y colaboración entre gobiernos, compañías y sociedad. Las empresas que lideran este cambio muestran que la competitividad y la sostenibilidad pueden avanzar juntas, aunque todavía persisten retos relacionados con almacenamiento, redes eléctricas y acceso equitativo a la energía. Las energías renovables no solo representan una oportunidad ambiental; se han convertido en un componente estratégico para la independencia energética, la estabilidad económica y el futuro de la descarbonización global.
Durante años, hablar de reciclaje ha sido casi sinónimo de responsabilidad ambiental. Desde campañas de separación de residuos hasta iniciativas empresariales de economía circular, la idea de reciclar se ha instalado como una solución ampliamente aceptada frente al problema de la contaminación y el exceso de desechos. Sin embargo, detrás de este concepto aparentemente simple existe una realidad mucho más compleja. No todos los procesos de reciclaje funcionan igual ni todos conservan el mismo valor de los materiales que transforman.
De hecho, auqnue el reciclaje suele presentarse como una práctica uniforme, existen distintas formas de aprovechar los residuos, cada una con implicaciones ambientales y económicas diferentes. Una de las menos conocidas es el downcycling, un proceso que cobra cada vez más relevancia en la conversación sobre sostenibilidad. Comprender qué es el downcycling resulta clave para entender por qué algunos materiales reciclados pierden calidad en el proceso y cómo, aun así, pueden convertirse en aliados para reducir residuos y fortalecer modelos de producción más circulares. En este artículo profundizaremos en su funcionamiento, sus beneficios ambientales y las oportunidades que ofrece tanto para consumidores como para empresas.
¿Qué es el downcycling y por qué es diferente de otros tipos de reciclaje?
El reciclaje suele imaginarse como un proceso en el que los residuos vuelven a convertirse en productos iguales o incluso mejores que los originales. Sin embargo, la realidad es más diversa. El downcycling —también conocido como reciclaje descendente o infrareciclaje— es un proceso mediante el cual un material reciclado pierde parte de su calidad, resistencia o valor funcional respecto a su forma original, aunque sigue encontrando una nueva utilidad y evita convertirse inmediatamente en basura.
En otras palabras, si un material no puede regresar a su condición inicial pero sí puede transformarse en otro producto aprovechable, aunque de menor calidad o valor, estamos frente a un caso de downcycling. Un ejemplo común es el plástico PET utilizado en botellas: en muchas ocasiones no vuelve a convertirse en envases de grado alimenticio, sino en fibras textiles, rellenos, alfombras o materiales industriales. Lo mismo ocurre con ciertos papeles que, tras varios ciclos de reciclaje, pierden longitud en sus fibras y terminan convertidos en cartón o empaques de menor calidad.
Esta modalidad se diferencia del reciclaje tradicional y del upcycling. El reciclaje convencional suele aspirar a recuperar materiales con características similares a las originales, mientras que el upcycling busca elevar su valor mediante creatividad o rediseño, transformando residuos en productos de mayor utilidad o atractivo. Entender qué es el downcycling permite reconocer que no todos los residuos mantienen intacto su potencial, pero que incluso aquellos que degradan sus propiedades pueden seguir desempeñando un papel relevante dentro de sistemas de producción más sostenibles.
Los beneficios ambientales del downcycling y su vínculo con la economía circular
Durante años, el downcycling fue visto como una alternativa imperfecta frente al reciclaje ideal. Sin embargo, esta percepción ha comenzado a cambiar conforme avanza la discusión sobre gestión integral de residuos y circularidad. Aunque los materiales pierdan parte de sus propiedades, prolongar su vida útil representa un beneficio ambiental considerable en comparación con la extracción constante de materias primas vírgenes.
Uno de sus principales aportes consiste en disminuir la presión sobre los ecosistemas y reducir la demanda de recursos naturales. Cada vez que un residuo encuentra un segundo uso mediante downcycling, se evita parcialmente la necesidad de extraer petróleo, madera, minerales o fibras nuevas para fabricar determinados productos. Esto puede traducirse en menor degradación ambiental, menor consumo energético y reducción asociada de emisiones contaminantes.
Además, el downcycling contribuye a reducir el volumen de residuos enviados a rellenos sanitarios o sistemas de disposición final. En un contexto donde muchas ciudades enfrentan saturación de infraestructura para manejo de basura, extender el aprovechamiento de materiales se vuelve una estrategia ambiental y logística de gran valor. No elimina el problema de fondo, pero sí ayuda a ralentizar la generación de desechos.
Otro beneficio poco discutido radica en su capacidad para funcionar como etapa intermedia dentro de la economía circular. La circularidad no siempre implica ciclos infinitos y perfectos; en muchos casos, significa maximizar el tiempo de uso de un recurso antes de su descarte definitivo. Desde esta perspectiva, el downcycling puede actuar como un “último circuito útil” que mantiene materiales en circulación por más tiempo y retrasa su conversión en residuos sin valor.
Comprender qué es el downcycling también obliga a abandonar una visión simplificada del reciclaje. No todos los materiales pueden reciclarse indefinidamente ni conservar intactas sus propiedades. Aun así, aprovecharlos de manera estratégica puede generar impactos ambientales acumulativos significativos y complementar otras acciones de sostenibilidad como el ecodiseño, la reducción en origen y el consumo responsable.
Downcycling en casa: pequeñas acciones con impacto tangible
Aunque suele asociarse con procesos industriales, el downcycling también puede aplicarse en la vida cotidiana. Muchas prácticas domésticas que buscan aprovechar objetos antes de desecharlos responden, en realidad, a esta lógica de reciclaje descendente.
Un ejemplo sencillo es reutilizar ropa desgastada para fabricar paños de limpieza, bolsas reutilizables o rellenos textiles. La prenda pierde su función original y posiblemente parte de su valor, pero gana una segunda vida útil que evita desecharla prematuramente. Lo mismo sucede con cajas de cartón convertidas en organizadores o con frascos que dejan de almacenar alimentos para transformarse en contenedores domésticos.
Los muebles también ofrecen oportunidades interesantes. Tablas provenientes de mobiliario deteriorado pueden reutilizarse para estantes, macetas o piezas decorativas. Aunque la madera ya no conserve la calidad o el acabado del producto inicial, sigue siendo funcional y evita la compra de nuevos materiales.
En el ámbito del plástico existen numerosos ejemplos prácticos. Envases rígidos pueden emplearse como sistemas de almacenamiento, separadores o recipientes auxiliares. Incluso algunos empaques flexibles, difíciles de reciclar convencionalmente, encuentran nuevas aplicaciones mediante procesos comunitarios o artesanales.
Para quienes buscan adoptar hábitos más sostenibles, entender qué es el downcycling ayuda a mirar los residuos con una lógica distinta: no como objetos destinados automáticamente a la basura, sino como materiales cuyo valor puede extenderse mediante creatividad y aprovechamiento consciente.
Downcycling y empresas: una herramienta estratégica para fortalecer el desempeño ambiental
En el entorno corporativo, el downcycling suele analizarse desde la gestión de residuos. Sin embargo, limitarlo a esa dimensión puede hacer que las compañías pierdan oportunidades estratégicas vinculadas con eficiencia operativa, innovación y reputación ESG.
Para las compañías, el downcycling puede convertirse en un mecanismo auxiliar para avanzar hacia modelos productivos más circulares sin esperar transformaciones tecnológicas radicales o inversiones prohibitivas. La clave está en identificar corrientes de residuos que, aun sin poder reincorporarse plenamente al proceso original, conservan valor material susceptible de ser aprovechado.
La industria automotriz, por ejemplo, ha empleado plásticos recuperados y textiles reciclados en componentes interiores y aislamientos. En construcción, residuos de concreto y materiales pétreos se utilizan como agregados secundarios para nuevas aplicaciones. Sectores como empaque, manufactura y bienes de consumo han comenzado a incorporar materiales reciclados de menor grado en productos secundarios, mobiliario operativo o soluciones logísticas.
Desde la óptica empresarial, el primer paso consiste en mapear residuos internos y clasificarlos según potencial de reutilización, valor residual y viabilidad técnica. Muchas organizaciones descubren que parte de sus descartes industriales no necesariamente son “basura”, sino subproductos con posibilidades de reincorporación mediante alianzas, rediseño o mercados secundarios.
Aquí aparece un concepto clave para la gestión ESG moderna: la simbiosis industrial. Bajo este enfoque, los residuos de una empresa pueden transformarse en insumos para otra. Lo que representa pérdida económica y costo de disposición para una compañía puede convertirse en materia prima de menor valor para otro actor productivo. El downcycling facilita precisamente este intercambio y fortalece ecosistemas industriales más resilientes.
También existe una dimensión reputacional y regulatoria. Conforme avanzan las exigencias sobre economía circular y responsabilidad extendida del productor, las empresas enfrentan mayor presión para demostrar trazabilidad y aprovechamiento de residuos. Integrar estrategias de downcycling puede fortalecer indicadores ambientales, respaldar reportes ESG y mostrar evidencia concreta de reducción de desperdicios.
No obstante, el downcycling no debe entenderse como una solución absoluta ni como sustituto del rediseño sostenible. Su mayor potencial surge cuando se integra dentro de una jerarquía ambiental más amplia que priorice reducción, reutilización y diseño circular. Bajo esta lógica, puede funcionar como un puente práctico entre los residuos inevitables y modelos de producción con menor impacto.
Para tomadores de decisiones, la pregunta ya no es únicamente si reciclar o no, sino cómo maximizar el valor de cada flujo material dentro de la organización. Y ahí reside una de las razones por las que comprender qué es el downcycling puede marcar la diferencia entre una estrategia ambiental reactiva y una gestión corporativa verdaderamente orientada a la circularidad.
Mirar el reciclaje con nuevos matices
Durante mucho tiempo, el reciclaje fue presentado como una respuesta universal frente a la crisis de residuos. Sin embargo, la sostenibilidad exige análisis más sofisticados y una comprensión más profunda de cómo circulan los materiales en la economía. El downcycling demuestra que la gestión responsable no siempre implica recuperar un producto idéntico al original, sino encontrar formas inteligentes de extender su utilidad y reducir impactos.
Lejos de ser un reciclaje “inferior”, el downcycling representa una herramienta pragmática para aprovechar recursos que de otro modo terminarían desechados. Tanto en casa como en el entorno empresarial, puede convertirse en un aliado para disminuir residuos, fomentar innovación y fortalecer estrategias de economía circular. Porque al final, entender mejor cómo reciclamos también puede ayudarnos a decidir mejor cómo producimos y consumimos.
Durante años, las metas climáticas corporativas se presentaron como una hoja de ruta clara hacia la descarbonización. Grandes compañías fijaron objetivos basados en ciencia, prometieron reducir emisiones y colocaron la sostenibilidad en el centro de sus narrativas institucionales. Sin embargo, conforme se acerca 2030, varias organizaciones comienzan a reconocer que cumplir esos compromisos es mucho más complejo de lo previsto. La brecha entre la ambición y la capacidad real de ejecución empieza a hacerse visible.
Ese parece ser el caso de McDonald’s. En una reciente publicación firmada por sus principales responsables de cadena de suministro e impacto global, la compañía anticipó que no logrará alcanzar uno de sus compromisos ambientales más relevantes para esta década: reducir a la mitad las emisiones industriales y energéticas asociadas a su enorme red global de suministro y franquicias. La noticia coloca nuevamente bajo la lupa el debate sobre cuánto dependen las metas climáticas corporativas de las acciones internas y cuánto del contexto económico, político y tecnológico que rodea a las empresas.
McDonald’s falla en meta de sostenibilidad: las razones que expone la compañía
La admisión no llegó en un reporte técnico escondido entre indicadores ESG, sino en una comunicación abierta firmada por Warren Anderson, Director de la Cadena de Suministro, y Jon Banner, Director de Impacto Global. Ambos reconocieron que la empresa no prevé alcanzar su objetivo climático de 2030 relacionado con emisiones industriales y energéticas dentro de su cadena de valor.
En su mensaje, los ejecutivos sostienen que la magnitud del reto excede la capacidad de acción de una sola compañía. Entre los obstáculos identificados mencionan tensiones geopolíticas, fragilidad en las cadenas globales de suministro y un despliegue desigual de energías limpias en distintas regiones del mundo. La declaración de Anderson y Banner fue contundente:
“Un progreso significativo requiere un cambio sistémico en todos los sectores, infraestructuras y políticas, y no puede depender únicamente de las acciones de una sola marca…el progreso en las emisiones de Alcance 3 no solo dependerá de lo que haga McDonald’s, sino también de la rapidez con que cambie el mundo que nos rodea”.
McDonald’s always knows how to steal the spotlight 🍟🔥 Another iconic moment from the golden arches. https://t.co/CDjdt9H96x
El argumento no es menor. Para empresas con cadenas globales altamente fragmentadas, la descarbonización depende de variables difíciles de controlar: disponibilidad de energía renovable, proveedores agrícolas, infraestructura logística, regulación local y velocidad de adopción tecnológica. McDonald’s sostiene que, aun con esfuerzos propios, el ecosistema necesario para avanzar no se ha desarrollado al ritmo esperado.
No obstante, esta explicación también abre un debate incómodo para la comunidad ESG. Si bien los factores sistémicos son reales, las metas basadas en ciencia precisamente buscan impulsar transformaciones empresariales capaces de acelerar cambios sectoriales y no solo reaccionar a ellos. El reconocimiento de la compañía, por tanto, puede interpretarse tanto como un ejercicio de transparencia como una señal de los límites actuales de los compromisos climáticos corporativos.
Las señales estaban ahí desde el reporte de 2025
La noticia sorprendió al mercado, pero no surgió de manera repentina. Desde su Purpose & Impact Report 2025, McDonald’s ya dejaba entrever que el camino hacia 2030 se estaba complicando.
El informe señalaba múltiples barreras estructurales asociadas a las emisiones indirectas y a la complejidad operativa de su red de franquicias. A diferencia de empresas con operaciones totalmente centralizadas, McDonald’s trabaja bajo esquemas diversos de gestión y licenciamiento, donde algunas decisiones ambientales dependen del corporativo y otras recaen en operadores regionales o franquiciatarios independientes.
Beth Hart, directora de sostenibilidad de la compañía, reconoció esta realidad en declaraciones a Trellis:
“Cuando asumimos nuestro compromiso, entendíamos que las acciones e inversiones de la industria en general avanzarían a un ritmo similar y que el marco regulatorio motivaría a otros donde fuera necesario”, explicó.
Y anadió que: “Eso no ha sucedido en la escala que todos esperábamos, y además nos enfrentamos a multitud de otros desafíos que ninguno de nosotros podría haber previsto”.
La ejecutiva también confirmó que el análisis más reciente de datos internos reforzó la preocupación sobre el cumplimiento de las metas. “A medida que hemos estado analizando nuestros datos más recientes para 2025, hemos obtenido una visión más clara tanto de nuestro progreso como de los desafíos que tenemos por delante, en particular el riesgo para la entrega del Alcance 3”, afirmó. “Consideramos importante compartir esta perspectiva ahora”.
La raíz del problema se encuentra precisamente en esas emisiones de Alcance 3. Aunque McDonald’s avanza favorablemente en sus emisiones operativas y de electricidad —las vinculadas directamente a sus instalaciones—, ese universo representa apenas una fracción de su huella climática. La mayor carga ambiental proviene de la producción agrícola, la compra de carne, las actividades energéticas e industriales ligadas a proveedores y franquicias.
Según su reporte de septiembre de 2025, la empresa redujo apenas alrededor de 3% sus emisiones de Alcance 3 respecto a 2018, muy lejos de la reducción del 50.4% comprometida para 2030. Esa diferencia explica por qué McDonald’s falla en meta de sostenibilidad no es únicamente un problema de desempeño operativo, sino un desafío profundamente ligado a la estructura de su modelo de negocio.
El caso además no es aislado. PepsiCo adoptó un discurso similar al rebajar sus objetivos ambientales en 2025, argumentando que las condiciones políticas y el alto costo de tecnologías bajas en carbono frenan el avance.
“Podemos abogar, podemos colaborar, podemos trabajar para intentar avanzar, pero hay un límite a lo que podemos hacer”, declaró su director de sostenibilidad, Jim Andrew.
Éxito financiero y deuda climática: la contradicción de McDonald´s
La paradoja es evidente. Mientras enfrenta dificultades para cumplir sus metas climáticas de 2030, McDonald’s mantiene una posición privilegiada en términos de valor de marca global.
La compañía apareció nuevamente en el Kantar BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands y, más aún, logró mantenerse dentro del selecto Top 10 mundial. En la edición 2025 ocupó el octavo lugar, con un valor de marca estimado en más de 221 mil millones de dólares.
Ese posicionamiento no es menor. Permanecer entre las marcas globales más valiosas refleja resiliencia comercial, capacidad de adaptación y una conexión extraordinaria con consumidores y mercados. Sin embargo, también plantea una pregunta incómoda para la conversación ESG contemporánea: ¿debe el crecimiento económico venir acompañado de una aceleración proporcional en desempeño ambiental?
La respuesta parece menos clara de lo que muchas narrativas corporativas sugieren. Aunque McDonald’s conserva enorme fortaleza financiera y reputacional, sus avances climáticos en Alcance 3 no se han movido al mismo ritmo que su consolidación comercial. El desacople entre valor económico y velocidad de descarbonización sigue siendo uno de los dilemas más importantes para las multinacionales globales.
Eso no significa que la empresa abandone sus compromisos. Hart reiteró que McDonald’s mantiene vigente su objetivo de alcanzar cero emisiones netas hacia 2050 y promete ofrecer mayor claridad en su próximo informe de impacto.
Para intentar corregir el rumbo, la compañía planea invertir al menos mil millones de dólares durante la próxima década con el fin de fortalecer la resiliencia de su cadena de suministro. Parte de estos recursos se dirigirán a agricultura regenerativa enfocada en insumos críticos como carne de res, soya, aceite de palma, café y fibra para empaques.
La apuesta no es nueva. McDonald’s lleva años impulsando iniciativas relacionadas con ganadería y conservación. En septiembre de 2025 destinó 200 millones de dólares para apoyar prácticas de pastoreo regenerativo y conservación de fauna en más de cuatro millones de acres de ranchos.
Incluso en empaques la empresa reporta avances. Según su actualización más reciente, alcanzó 95.8% de abastecimiento de materiales renovables, reciclables o certificados para sus envases, acercándose a su meta del 100%. Pero Anderson y Banner advierten que mantener ese progreso también depende de regulación y mercados capaces de hacer más accesibles los materiales reciclados y renovables.
Lo que este caso enseña a los líderes de sostenibilidad
Para quienes trabajan en sostenibilidad corporativa, el caso McDonald’s deja lecciones relevantes que van mucho más allá de una meta incumplida.
La primera es que fijar objetivos ambiciosos sigue siendo valioso, pero no basta por sí mismo. Durante años, McDonald’s alineó sus compromisos con ciencia climática, fortaleció métricas, avanzó en empaques y promovió programas de agricultura regenerativa. Esa infraestructura ESG importa y demuestra que la empresa no partió desde la inacción.
La segunda lección es más incómoda: muchas estrategias climáticas corporativas subestimaron la complejidad del Alcance 3. Descarbonizar operaciones propias puede depender de decisiones internas; transformar sistemas agrícolas, proveedores globales y modelos de franquicia implica gobernanza compartida, incentivos económicos y coordinación multisectorial.
También existe una lección sobre comunicación y credibilidad. Aunque admitir retrasos puede generar críticas, transparentar dificultades suele ser preferible a sostener narrativas poco realistas. En un contexto donde el escrutinio sobre greenwashing aumenta, reconocer límites puede fortalecer la confianza si viene acompañado de planes concretos y rendición de cuentas.
Sin embargo, McDonald’s tampoco queda exento de cuestionamientos. El argumento sistémico es válido, pero corre el riesgo de diluir responsabilidad cuando se utiliza sin una narrativa robusta sobre liderazgo e innovación. Las compañías con enorme capacidad financiera y presencia global no solo reaccionan al entorno: también influyen sobre él mediante compras, inversión y presión hacia proveedores.
Ahí reside probablemente la mayor enseñanza. McDonald’s falla en meta de sostenibilidad no significa necesariamente que la sostenibilidad corporativa haya fracasado, pero sí evidencia que la transición climática es mucho más compleja que publicar objetivos aspiracionales. Para los líderes de RSE y ESG, el reto consiste en diseñar estrategias que combinen ambición con realismo operativo, transparencia con accountability y colaboración sistémica con liderazgo empresarial genuino.
Porque si algo deja claro este episodio es que el verdadero examen de las metas climáticas no ocurre cuando se anuncian, sino cuando el contexto cambia y las organizaciones deben decidir si ajustan el rumbo o redefinen el nivel de liderazgo que están dispuestas a ejercer.
La salud suele presentarse como un derecho universal, pero la experiencia cotidiana demuestra que no todas las personas acceden a ella en igualdad de condiciones. El sexo y el género continúan influyendo en la forma en que se investigan las enfermedades, se interpretan los síntomas y se diseñan los servicios médicos. Esta realidad tiene consecuencias profundas: diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y barreras persistentes que afectan la calidad de vida e incluso la supervivencia de millones de personas alrededor del mundo.
El costo de esta desigualdad rara vez se mide únicamente en cifras económicas. También se traduce en sufrimiento acumulado, invisibilidad y desconfianza hacia los sistemas sanitarios. La llamada brecha de salud por género se manifiesta cuando ciertas personas son ignoradas, no reciben atención adecuada o quedan fuera de políticas y estudios médicos diseñados desde perspectivas limitadas. Un reciente informe elaborado en Escocia vuelve a colocar este problema en el centro del debate y deja claro que se trata de una deuda estructural que trasciende fronteras.
Cuando la salud se vuelve invisible: una realidad que va más allá de un solo país
El informe (IN)VISIBLE, publicado por Voluntary Health Scotland (VHS) y construido a partir de las aportaciones de más de cincuenta organizaciones del tercer sector y profesionales de salud, ofrece un diagnóstico contundente: miles de personas permanecen “invisibles” dentro del sistema sanitario escocés debido a desigualdades relacionadas con el sexo y el género.
La investigación concluye que muchas personas reciben atención deficiente, son ignoradas o simplemente no son escuchadas cuando buscan ayuda médica. El problema no se limita al acceso a servicios, sino que atraviesa todo el recorrido sanitario, desde la investigación clínica hasta la calidad de la atención y los resultados de salud obtenidos.
El director ejecutivo de VHS, Tejesh Mistry, resumió esta situación con una declaración particularmente reveladora:
“Demasiadas personas no son vistas, escuchadas ni creídas, y en definitiva no reciben el apoyo que necesitan”.
Añadió además que, aunque el tercer sector cumple un papel esencial para atender a poblaciones vulnerables, “se requieren medidas urgentes por parte del gobierno, del Servicio Nacional de Salud (NHS) y de todo el sistema para subsanar estas inaceptables deficiencias”.
Sin embargo, reducir esta problemática al contexto escocés sería un error. La brecha de salud por género es un fenómeno ampliamente documentado en numerosos países y sistemas sanitarios. Mujeres cuyos síntomas cardiovasculares son minimizados, hombres que evitan buscar apoyo psicológico por normas sociales vinculadas a la masculinidad o personas trans y no binarias que enfrentan exclusión médica son ejemplos de desigualdades que aparecen repetidamente en diferentes regiones del mundo.
El informe muestra cómo esta invisibilidad se intensifica cuando el género se cruza con otras condiciones sociales. Las desigualdades se ven “agravadas aún más” cuando una persona es mayor, tiene alguna discapacidad, pertenece a la comunidad LGBTQ+ o forma parte de una minoría étnica.
Las evidencias recopiladas son preocupantes. El estudio identifica la percepción de muchas mujeres mayores que consideran que acudir al médico las convierte en una carga, pese a haber sido tradicionalmente cuidadoras principales de sus familias. Asimismo, documenta que mujeres migrantes y mujeres con discapacidad continúan enfrentando discriminación dentro del sistema de maternidad escocés.
Sarah Latto, autora del informe y responsable de políticas y asuntos públicos de VHS, sintetizó esta realidad con claridad:
“Este informe refleja la realidad cotidiana de muchísimas personas. Al unir las historias de estigma, discriminación y misoginia compartidas por nuestros miembros, emerge una narrativa de profundas desigualdades en materia de salud”.
Las raíces de la brecha de salud por género
El informe no atribuye la desigualdad a un único factor, sino a una combinación de fallas estructurales, culturales e institucionales que terminan reproduciendo exclusión dentro del sistema sanitario.
Uno de los principales problemas identificados es la forma en que históricamente se ha desarrollado la investigación médica. (IN)VISIBLE señala que los ensayos clínicos continúan reclutando un número desproporcionado de hombres, lo que genera sesgos en el conocimiento médico disponible y limita la comprensión de cómo ciertas enfermedades afectan a distintos grupos.
Esta práctica tiene implicaciones directas. Cuando la investigación no incorpora diversidad suficiente, los síntomas y manifestaciones clínicas pueden interpretarse erróneamente o pasar desapercibidos. El informe destaca precisamente la distinta percepción de enfermedades según el género y denuncia la falta casi total de investigación clínica sobre los cambios experimentados por personas trans que reciben atención relacionada con su identidad de género.
Otro factor clave tiene que ver con la estructura institucional del NHS. Las entrevistas y grupos de discusión identificaron sistemas que fallan al registrar y monitorear adecuadamente a personas trans y no binarias, lo que dificulta continuidad de atención y reconocimiento de necesidades específicas.
El documento también revela cómo las normas sociales influyen en la relación con la salud. Existen barreras relacionadas con el género que desincentivan a muchos hombres a pedir ayuda para su salud mental, al tiempo que invisibilizan la salud de mujeres cuidadoras que priorizan constantemente las necesidades de otros sobre las propias.
La brecha de salud por género aparece además alimentada por el estigma y la discriminación. Algunas personas evitan acudir a servicios sanitarios porque anticipan prejuicios, rechazo o experiencias previas negativas. El informe sostiene que estos patrones muestran cómo los principios de una Medicina Realista y centrada en las personas se están debilitando, en parte porque el personal sanitario enfrenta sobrecarga y pérdida de continuidad asistencial.
En este contexto, la desigualdad deja de ser un incidente aislado y se convierte en una característica sistémica del funcionamiento sanitario.
Qué propone el informe para reducir la desigualdad
Frente a este panorama, (IN)VISIBLE plantea seis recomendaciones dirigidas a responsables políticos, investigadores y servicios de salud. Aunque Sarah Latto reconoce que son deliberadamente amplias —porque aún queda mucho por investigar—, constituyen un mapa inicial para abordar esta problemática.
1. Diseñar políticas de salud que reflejen todas las desigualdades relacionadas con sexo y género
El informe pide abandonar visiones simplificadas y reconocer la diversidad de experiencias sanitarias. Las políticas públicas deben considerar cómo el sexo y el género interactúan con edad, discapacidad, origen étnico u orientación sexual.
2. Mejorar investigación y datos sanitarios
Una recomendación central es garantizar que la evidencia médica refleje adecuadamente el impacto del sexo y el género en experiencias y resultados de salud. Esto implica producir datos más representativos y cerrar vacíos de conocimiento que actualmente invisibilizan poblaciones.
3. Capacitación obligatoria para personal sanitario
El documento propone que todo el personal de salud reciba formación específica sobre el impacto del sexo y el género en diagnósticos, atención y resultados clínicos, integrando principios de Medicina Realista y atención centrada en la persona.
4. Invertir en servicios y espacios inclusivos
El informe señala la necesidad de fortalecer sistemas y servicios especializados que eliminen barreras comunes asociadas al género y reduzcan la “falta de representación” dentro del sistema sanitario.
5. Sensibilización pública
Las campañas de información ocupan un lugar relevante. El objetivo es aumentar comprensión social sobre cómo sexo y género afectan experiencias médicas y combatir estigmas que inhiben la búsqueda de ayuda.
6. Reconocer el papel estratégico del tercer sector
Para VHS, las organizaciones sociales poseen conocimiento indispensable sobre desigualdades interseccionales y experiencias vividas. Integrarlas plenamente puede mejorar diseño de servicios y fortalecer inclusión.
Latto subrayó esta visión durante la presentación del informe: “Las recomendaciones son deliberadamente generales porque, si bien el informe es rico en detalles, solo aborda superficialmente las desigualdades en salud relacionadas con el sexo y el género”. Añadió además que “VHS no somos los expertos. Son nuestros más de 300 miembros quienes tienen información vital sobre las diferentes piezas de este gran rompecabezas”.
Una deuda sanitaria que exige liderazgo
La brecha de salud por género no es un problema marginal ni exclusivo de Escocia. Es una manifestación de desigualdades más amplias que atraviesan sistemas médicos, prácticas científicas y normas sociales profundamente arraigadas. Cuando ciertas personas no son escuchadas, investigadas o consideradas adecuadamente, el resultado no es únicamente una falla administrativa: es una vulneración del derecho a la salud.
Para quienes trabajan en responsabilidad social, políticas públicas y derechos humanos, el informe (IN)VISIBLE deja una lección relevante. Corregir estas desigualdades exige liderazgo institucional, mejores datos y voluntad política, pero también escuchar a quienes históricamente han permanecido fuera de la conversación. La brecha de salud por género no desaparecerá únicamente con discursos sobre inclusión; requiere transformar la manera en que entendemos, investigamos y prestamos atención sanitaria para que nadie vuelva a ser invisible dentro del sistema.
En un momento en que cada vez más empresas se preguntan cómo trascender su operación y convertirse en agentes de desarrollo social, FUNDACIÓN ADO abrió una conversación sobre liderazgo, propósito e inversión social estratégica a partir de la experiencia construida durante dos décadas de trabajo comunitario.
En el espacio de entrevistas Líderes MOBILITY, Andrés Pérez-Peña Campos, Gerente General de la fundación, compartió una reflexión sobre los elementos que deben considerarse para construir una organización capaz de generar impacto social real, sostenible y medible, así como los aprendizajes acumulados a lo largo de 20 años acompañando procesos comunitarios en distintas regiones del país.
Durante la conversación, Andrés Pérez-Peña subrayó que la creación de una fundación requiere tiempo, método y claridad desde el origen. Más que una decisión aislada, explicó que se trata de una construcción estratégica que debe partir de preguntas esenciales: a qué población se busca acompañar, qué problemática social se quiere atender y en qué territorio se desea intervenir. Desde su perspectiva, identificar con precisión estos elementos permite establecer una ruta de trabajo con mayor foco, pertinencia y capacidad de evolución.
Uno de los mensajes centrales del diálogo fue que el desarrollo social no puede pensarse sin comprensión territorial. En ese sentido, conocer el contexto, escuchar a las comunidades y entender la dinámica de los gobiernos locales y aliados en cada región resulta indispensable para colaborar de forma efectiva. A partir de ese entendimiento, señaló Andrés, es posible construir acuerdos, sumar capacidades y desarrollar estrategias con mayor profundidad, en lugar de operar respuestas desconectadas de la realidad local.
La conversación también puso énfasis en la importancia de contar con indicadores claros y mecanismos de evaluación constantes. Desde esta visión, medir no es un componente secundario, sino una herramienta indispensable para comprender si una intervención realmente está generando cambios positivos o si es necesario replantear la estrategia. Bajo este enfoque, la organización refrenda una visión de inversión social que prioriza procesos sostenibles, objetivos definidos y acompañamiento continuo como parte del camino para fortalecer comunidades.
Otro de los puntos relevantes del intercambio fue la diferencia entre una fundación empresarial estratégica y una lógica exclusivamente asistencialista. Si bien Andrés reconoció que existen situaciones urgentes que requieren atención inmediata —como los desastres naturales— también subrayó la importancia de no perder de vista las causas estructurales de los problemas sociales. Desde esa mirada, la apuesta de largo plazo consiste en construir capacidades, generar alianzas y desarrollar soluciones que permitan transformar contextos de manera más profunda y sostenible.
“Crear una fundación empresarial implica tomarse el tiempo para definir con claridad a quién quieres acompañar, qué problema social buscas transformar y cómo vas a medir ese proceso en el territorio. Cuando existe foco, colaboración y una visión compartida, la inversión social puede convertirse en una herramienta real de desarrollo para las comunidades”, señaló Andrés Pérez-Peña Campos, Gerente General de FUNDACIÓN ADO.
A partir de esta experiencia, el brazo social de MOBILITY ADO también busca abrir la conversación con otras empresas y organizaciones interesadas en fortalecer o construir iniciativas de impacto social. Más que posicionarse como un modelo único, apuesta por compartir aprendizajes, metodologías y experiencias que puedan contribuir al desarrollo de proyectos más sostenibles, colaborativos y con visión de largo plazo.
Desde esta perspectiva, la coinversión, la articulación entre actores y el acompañamiento estratégico representan no solo una forma de trabajo, sino una oportunidad para construir un ecosistema social más conectado, donde más organizaciones puedan sumar capacidades y generar impacto desde sus propias realidades y objetivos.
A 20 años de su creación, FUNDACIÓN ADO reafirma así una convicción construida desde la experiencia: el desarrollo sostenible se fortalece cuando las organizaciones colaboran, escuchan al territorio y construyen soluciones junto con las comunidades.
Eli Lilly y Compañía de México (Lilly) y UNICEF USA anunciaron hoy una colaboración con el objetivo de mejorar la prevención y atención de enfermedades no transmisibles (ENT) en niños, alcanzando a más de 30 millones de jóvenes y cuidadores en 21 países de ingresos bajos y medianos.
En el marco de su 150° aniversario, Lilly está destinando 50 millones de dólares a UNICEF en Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de UNICEF dirigidos a fortalecer los sistemas de atención primaria de salud; con el fin de prevenir, detectar y manejar de mejor manera las enfermedades no transmisibles como diabetes, cardiopatías congénitas, anemia falciforme y enfermedades respiratorias en niños y adolescentes. También fortalecerá la prevención, atención y apoyo para niños que viven con sobrepeso y obesidad, ayudando a reducir los riesgos de salud a largo plazo para los niños, sus familias y sus comunidades.
Sumado a esto, UNICEF apoyará a los gobiernos para integrar la prevención y la atención como parte de los servicios de salud rutinarios, ampliando el acceso a atención de calidad en las comunidades, capacitando y apoyando al personal de salud y mejorando el diagnóstico temprano y la atención a largo plazo para niños y adolescentes. Este enfoque ayudará a los países a ofrecer una atención más coordinada y sostenible, ampliando finalmente el acceso más cerca del hogar y apoyando a los niños a lo largo de sus vidas.
Este compromiso de seis años (2026–2032) se basa en un modelo de UNICEF que ha evolucionado de programas piloto a un enfoque sostenible y multinacional integrado en los sistemas nacionales de salud. “Millones de niños están privados de los elementos fundamentales necesarios para una salud de por vida debido a factores de riesgo de enfermedades no transmisibles establecidos desde etapas tempranas de la vida”, afirmó Kitty van der Heijden, Directora Ejecutiva Adjunta de Alianzas de UNICEF. “Nuestra colaboración con Lilly está transformando el camino para asegurar que los niños tengan un futuro saludable, y marca un presedente frente al impacto que puede tener el sector privado para impulsar resultados a gran escala”.
Este tipo de enfermedades están aumentando rápidamente entre niños y adolescentes en todo el mundo, con el mayor impacto en países de ingresos bajos y medianos, los cuales representan el 82 por ciento de las muertes prematuras vinculadas a estas condiciones. Los sistemas de salud débiles y el acceso limitado a alimentos nutritivos y entornos seguros dificultan que los niños se mantengan saludables y prosperen. Sin prevención y manejo oportunos de estas enfermedades, estas condiciones pueden derivar en desafíos de salud de por vida; sin embargo, el acceso a detección temprana, atención y apoyo a largo plazo sigue siendo limitado.
“Cada niño, en cualquier lugar, merece un futuro saludable. Eso comienza trabajando para fortalecer los sistemas de salud en entornos con recursos limitados para detener el aumento de las enfermedades” afirmó Patrik Jonsson, Vicepresidente Ejecutivo y Presidente de Lilly International.
“A lo largo de nuestros 150 años de historia, nos hemos mantenido enfocados en las áreas terapéuticas que podrían tener el mayor impacto para la humanidad, incluida la diabetes, y nuestro impacto va más allá de nuestros medicamentos. A través de nuestra colaboración con UNICEF, buscamos mejorar la salud global mediante la prevención y atención de ENT; ayudando a cambiar la trayectoria de salud de millones de niños y adolescentes desde sus primeros años”.
El apoyo de Lilly está alineado con su iniciativa 30×30 para mejorar el acceso a una atención médica de calidad para 30 millones de personas en entornos con recursos limitados cada año para 2030. Lilly superó esa meta en 2025, alcanzando a más de 30 millones de personas cinco años antes de lo previsto. Esta colaboración amplía ese impulso al expandir la prevención y atención de ENT dentro de los sistemas de salud de los que más dependen los niños y las familias.
Desde 2022, gracias al apoyo de Lilly a UNICEF USA, UNICEF ha llegado a casi 16 millones de niños y cuidadores mediante la prestación de servicios esenciales de salud y atención para enfermedades no transmisibles infantiles, además de promover la concientización y fortalecer los sistemas de salud en entornos con recursos limitados.
Hace apenas unos años, hablar de inteligencia artificial frente a estudiantes universitarios habría despertado curiosidad, fascinación e incluso optimismo. Hoy, en algunos campus de Estados Unidos, el panorama parece distinto: discursos solemnes sobre innovación tecnológica son interrumpidos por abucheos, silencios incómodos y muestras abiertas de descontento. Lo que parecía una narrativa inevitable de progreso comienza a encontrar resistencia, especialmente entre quienes pronto ingresarán al mercado laboral.
La escena más reciente ocurrió en la Universidad de Florida Central, donde Gloria Caulfield, ejecutiva del sector inmobiliario, intentó motivar a recién graduados de artes, humanidades y comunicación asegurando que “el auge de la IA es la próxima revolución industrial”. La reacción fue inmediata: un coro de abucheos resonó entre el público. El video se viralizó, pero más allá de lo anecdótico, el episodio abrió una conversación más profunda sobre el creciente rechazo a la IA entre las nuevas generaciones.
El creciente rechazo a la IA en las ceremonias universitarias
Lo ocurrido en Florida no fue un caso aislado. Durante el mismo fin de semana, Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google, enfrentó una reacción similar mientras presidía una ceremonia de graduación en la Universidad de Arizona. Frente a miles de estudiantes, el empresario insistió en un mensaje recurrente dentro de Silicon Valley: la inteligencia artificial transformará todas las industrias y las nuevas generaciones deberán participar en su construcción. La respuesta, sin embargo, fueron abucheos.
De acuerdo con el País, en ambos casos, el contraste resulta revelador. Durante años, las universidades han sido espacios donde la innovación tecnológica se celebra como símbolo de futuro. No obstante, el entusiasmo parece haberse debilitado cuando el discurso tecnológico se presenta como inevitable o incuestionable. Para muchos estudiantes, la narrativa sobre la IA ya no inspira; ahora genera dudas sobre autonomía, empleo y desigualdad.
¿Por qué surge el rechazo a la IA entre los jóvenes?
Las razones detrás de este malestar parecen múltiples y complejas. Por un lado, existe una preocupación genuina sobre el futuro laboral. Las generaciones más jóvenes observan cómo herramientas de automatización comienzan a reemplazar tareas creativas, analíticas e incluso estratégicas, justo en el momento en que están por integrarse profesionalmente.
Por otro lado, también hay un cansancio evidente frente a lo que algunos perciben como una narrativa excesivamente optimista sobre la tecnología. En la Universidad de Florida Central, una polémica reciente sobre una asignatura llamada “Arte de la IA” ilustró esta tensión. Un estudiante cuestionó el sentido de pagar una matrícula para aprender habilidades artísticas si posteriormente se le incentivaba a utilizar inteligencia artificial generativa que, en su opinión, terminaría sustituyendo el aprendizaje práctico.
De la fascinación al escepticismo generacional
Las encuestas recientes ayudan a comprender mejor este cambio de percepción. Un estudio de Gallup publicado en abril reveló que la visión de la Generación Z sobre la inteligencia artificial se ha vuelto significativamente más negativa en el último año. El porcentaje de jóvenes entusiasmados con esta tecnología cayó 14 puntos, mientras aumentó el número de quienes expresan inconformidad o desconfianza.
Sin embargo, los datos también muestran matices importantes. Una encuesta global de Pew Research indica que las personas mayores de 50 años continúan siendo el grupo más preocupado por la IA a nivel internacional. En contraste, los jóvenes de entre 18 y 34 años siguen siendo, en promedio, los menos alarmados. Pero Estados Unidos destaca como una excepción: allí, las preocupaciones juveniles comienzan a acercarse a las de generaciones mayores, reflejando una inquietud cada vez más transversal.
Grandes tecnológicas bajo una nueva lupa ética
El malestar tampoco parece dirigirse únicamente hacia la tecnología en sí, sino hacia quienes la representan. Las grandes compañías tecnológicas han construido durante años un relato aspiracional alrededor de la innovación, pero hoy enfrentan cuestionamientos más duros sobre ética, privacidad, concentración de poder y responsabilidad social.
En el caso de Eric Schmidt, los abucheos estuvieron atravesados además por factores reputacionales. Organizaciones estudiantiles habían distribuido folletos llamando a manifestarse durante la ceremonia, mientras persisten controversias personales relacionadas con el exejecutivo. Este contexto evidencia cómo las audiencias universitarias evalúan cada vez más no solo el mensaje, sino también la legitimidad moral de quien lo emite.
La industria creativa también siente la presión de la automatización
La conversación se vuelve especialmente sensible en sectores como el arte, la música o la comunicación. Scott Borchetta, ejecutivo de la industria musical, vivió una situación similar durante un discurso en la Universidad Estatal de Middle Tennessee al afirmar que la IA ya está transformando la producción musical. Ante los abucheos, respondió improvisando: “Es una herramienta. O me escuchan ahora o me pagan después”.
Sus palabras reflejan una tensión central del debate actual: mientras algunos líderes empresariales defienden la inteligencia artificial como una oportunidad de adaptación, muchos estudiantes sienten que la velocidad de cambio amenaza con volver obsoletas las competencias que apenas comienzan a desarrollar. La incertidumbre no está únicamente en la tecnología, sino en la capacidad de las instituciones educativas para preparar profesionales en un entorno cambiante.
¿Estamos frente a una nueva conversación sobre responsabilidad tecnológica?
Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, estos episodios ofrecen una señal importante. El rechazo a la IA no necesariamente representa una oposición absoluta a la tecnología, sino una demanda de mayor transparencia, ética y participación en las decisiones sobre cómo se implementará en la vida cotidiana.
La conversación ya no parece centrarse únicamente en qué puede hacer la inteligencia artificial, sino en quién se beneficia, quién asume los costos y qué mecanismos existen para evitar consecuencias sociales negativas. La resistencia estudiantil puede interpretarse, en ese sentido, como un llamado a construir innovación con mayor legitimidad social.
Los abucheos en ceremonias universitarias podrían parecer simples actos de rebeldía generacional, pero también revelan una transformación cultural más profunda. La promesa tecnológica ya no se acepta de forma automática, especialmente entre jóvenes que enfrentan un mercado laboral incierto y una creciente concentración de poder corporativo. El rechazo a la IA surge así como una expresión de escepticismo frente a discursos que, para muchos, parecen ignorar preocupaciones reales.
Más que una oposición definitiva a la inteligencia artificial, lo que emerge es una exigencia de diálogo. Las nuevas generaciones parecen estar enviando un mensaje claro: no basta con prometer innovación; también es necesario explicar sus impactos, límites y beneficios colectivos. En un momento donde la tecnología redefine industrias enteras, escuchar esas inquietudes podría ser tan importante como desarrollar la siguiente gran herramienta digital.